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La rebelión de Rosmandia [Privado][Pasado]

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Mensaje por Anna Bloodfallen el Sáb 9 Ene 2021 - 3:34

A pesar de que la gente muere de hambre por culpa de los altísimos impuestos, Rosmandia es un mejor lugar que Yhardum. Primero, no hay una neblina mortal que cae todas las noches; segundo, no hay monstruos mortales escondidos en las Brumas; tercero, no hay conspiraciones mortales; cuarto, ¡no hay malditas traiciones mortales! Si estoy aquí, recostada en esta cosa verde que tanto pica y bajo un árbol con hojas no grises, es porque me tendieron una trampa. Si a mí me hubieran encargado matar a Arthur… Vale, no. El hijo de perra de Len me la metió bien. Inculparme ha sido lo más listo que ha hecho en su vida, pero regresaré y me pedirá que acabe pronto con él. En los orfanatos enseñan muy bien cómo causar dolor.

Un trato que da la oportunidad de ver el mundo no pinta mal, ¿eh? El problema… No, los problemas son tantos que a veces pienso que debí haberme resignado en la prisión. El genio de Lucius Spendragon me entregó una barquita con provisiones para tres días. Igual debió haber pensado que soy una inquisidora, no un puto pez. ¿Qué espera que haga en un mundo donde hay más agua que tierra? ¡Estuve a nada de ahogarme más de siete veces! ¡Y eso fue en los primeros quince minutos! La única explicación a ese pájaro carpintero que agujereó mi barco de mierda es mi mala suerte. Esa perra me ha acompañado toda la vida y parece que todavía no piensa desaparecer. Pero esto no es todo, ni siquiera es la punta del iceberg.

¡Tengo que espiar al jodido Ejército Revolucionario! Lucius Spendragon prometió que limpiaría mi nombre y me aseguraría un puesto dentro de la Legislación si conseguía información importante del enemigo de Yhardum. También quiere un diario de mis «aventuras». ¿Cómo ese hombre tan irresponsable puede ser uno de los nobles más poderosos del reino? ¡Esto no es ninguna maldita aventura, estoy arriesgando mi vida en una misión suicida! Aún no estoy preparada para emprender un viaje así, ni siquiera estoy segura de si alguna vez llegaré a estarlo. El mundo… ¿Cómo puedo sobrevivir en un lugar desconocido si lo único que conozco es el infierno de Yhardum?

—Esto… ¿Por qué te comes las flores de mi jardín? ¿Quién eres?

Oh, así que estas cosas amarillas y con pelos blancos son flores. Y pensar que no todas son grises y negras… Jamás imaginé que un jardín sería un sitio donde coleccionar plantas. La vieja Isabella siempre quiso tener uno en la entrada del orfanato, pero siempre pareció un cementerio… El mundo es un lugar de locos, no puedo creer que alguien me esté preguntando por qué estoy comiendo.

—¿Porque tengo hambre? ¿Y tengo que decirte mi nombre? No quiero, vete —le echo con un gesto de mano y me echo otra flor a la boca. Ñam, dulce.

El hombre de cabello negro sigue mirándome con sus ojos rasgados. ¿Acaso dije algo extraño para que se vea tan confuso? Como siga espiándome le romperé la nariz y le meteré por el ano las malditas gafas que lleva. Ahora que me doy cuenta… Lleva una túnica que hasta una bruta como yo puede reconocer como cara. Bordado de oro y tela escarlata; es preciosa. Además, el hombre huele bien, mejor que todas las flores del jardín.

—Disculpa, no te he oído. ¿Podrías hablar más alto?

—¡¿Cómo que no me has oído?! ¡¿Eres sordo o algo?! —gruño y le tiro la flor masticada a la cara, así aprenderá a escuchar—. ¡He dicho que me estoy comiendo las flores porque tengo hambre! ¡¿Algún problema?!

—¡Lord Jansen, ¿qué hace sin sus guardaespaldas?!

Miro por encima del hombro de este tal lord Jansen y veo a… Espera, espera ,espera. ¿Cómo un hombre tan corpulento y con semejante armadura puede correr tan rápido? ¡¿Y por qué viene hacia nosotros?! Con el medidor de peligro en lo más alto, me levanto dispuesta a huir. Pero cuando me estoy dando la vuelta siento que el suelo se me aleja y ya no puedo mover mi pierna.

—¡¿Quién eres y qué haces en el jardín de lord Jansen?! —me pregunta el hombre de dos metros, cabellos rubios y aspecto de caballero rudo.

—¡Estaba comiendo!

—¿Le robaste comida a un señor de Rosmandia…?

—Estás siendo demasiado rudo, Marcus… La niña solo se estaba comiendo mis flores, es como una cabra —responde el de las gafas con gesto despreocupado—. Soy Adam Jansen. ¿Cuál es tu nombre?

¿Lord Adam Jansen…? Creo que escuché ese nombre en el puerto. ¿Lord… Jansen…? ¡Pero si este mojigato es el duque de Rosmandia! Eso significa que… Ay, no. Ya me he metido en problemas. No estaría aquí si el mimo no me hubiera descubierto robándole su equipo de maquillaje. Si los señores de Rosmandia son la mitad de crueles que los de Yhardum, ya puedo darme por muerta. Debo encontrar una manera de escapar y… ¿La montaña me está bajando? Ah, sí, sí. Se lo ha ordenado su jefe.

—Lauren —me invento por el camino. No le voy a decir mi verdadero nombre.

—Si tienes hambre, ¿por qué no vienes a comer al palacio?
Anna Bloodfallen
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Mensaje por Freites D. Alpha el Dom 10 Ene 2021 - 18:52

-¿Qué reportes traes, Albert? – Preguntaba el pequeño capitán pirata, se encontraban el trio de la demolición discutiéndolo en la oficina del primer galeón de los Big Brother Kaizokudan, el resto de los tres galeones se encontraban un al lado de otro esperando instrucciones para actuar.

- Reino de Rosmandia – Respondió - gobernado por una monarquía donde su gobernante es el típico sujeto que solo ha tomado la corona por herencia, más que por merecerla. Como podrás intuir, capitán, el rey es el que se mantiene con todas las riquezas de la isla mientras el pueblo sufre de hambre, los militares abuzan del poder y, los pocos se alzaron contra ellos fueron asesinados o reducidos a meros esclavos.

- Suena como un gran botín, pequeñín – Dijo el Semigigante, Drukoff – ha pasado mucho tiempo desde la última vez que luchamos en contra de un reino.

- Pensemos con la cabeza – Añadio Lara – Si muy bien suena como un gran lugar para atacar, no olviden las normas impuestas por nuestro hermano mayor. Debemos respetarlas, al mismo tiempo que aplastamos a enemigos que espero que valgan la pena.

Alpha se encontraba con el codo apoyado en la maesa mientras apoyaba su mentón en la palma de la mano. Ojeaba el mapa una y otra vez intentando analizar la mejor manear de iniciar el ataque. Claro, no sería fácil, pero tampoco era imposible. – Primero lo primero, debemos tocar la puesta.

Y así, inicio el viaje.

Todo parecía ser normal en aquel lugar, un día cotidiano como cualquier otro. El sol brillaba, los pájaros cantaban, la pobreza arruinaba y el hambre mataba Magnifico ¿No lo creen? Aunque toda la esperanza había muerto y solo restaba esperar la muerte, una luz se reflejaría hoy. Una luz que brillaba mucho más que el sol. Una luz, que quemara todo a su paso.

Y de sus cenizas, renacerá un nuevo mundo.

Los cuatro galones estaban de los Big Brother Kaizokudan se acercaban más y más, llegando a estar muy cerca del puerto. Alpha desde el interior observaba que todo estuviera transcurriendo como debería, el resto del trio de la demolición se encontraba cada uno en el resto de los galeones. El pequeño capitán tomo un megáfono para comunicar a toda la gente en el puerto lo que estaba a punto de ocurrir.

- ¡Queridos ciudadanos de Rosmandia, escúchenme bien! ¡Soy Freites D. Alpha, capitán de los Big Brother Kaizokudan! ¡Mis demandas son mínimas! ¡Todo ciudadano que no desee sufrir una muerte horrible, busquen refugio y eviten cruzarse en nuestro camino! ¡Mi asunto es con su rey y la malicia! ¡Tienen treinta minutos para preparase y refugiarse!

Treinta minutos sería más que suficiente para que ellos tomaran sus debidas precauciones. Alpha tomo una botella de saque y se sentó justo debajo de su mástil. – Díganme cuando haya pasado el tiempo.

Y con total tranquilidad, sake comenzó a tomar.
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Mensaje por Anna Bloodfallen el Lun 11 Ene 2021 - 20:01

Diría que este palacio es el edificio más bonito, elegante y limpio al que he entrado, pero se queda corto con los grandes monumentos de Yhardum. Le falta un poco de… ¿Cómo decirlo? Divinidad, sí. Se nota que este palacio no está hecho para adorar a ningún dios. Como sea, han debido gastar muchísimo dinero en las interminables y anchas escaleras de piedra que llevan hacia la puerta principal, un cacho enorme de madera en forma de arco. Somos recibidos por un bien cuidado vestíbulo: suelo de mármol, tapetes carísimos y esculturas de personas. También hay cuadros con marcos de oro y un candelabro colgante, todo finísimo.

—Entonces, Lauren, ¿vamos al comedor? —me ofrece lord Jansen.

Sé muy bien que no soy atractiva. Huelo mal y siempre voy sucia, pero aun así hay hombres con un apetito sexual deplorable. Tengo preparada la daga por si a este señorito se le ocurre algo indebido. El problema es Marcus, el guardaespaldas. Es fuerte, rápido y porta una gigantesca armadura que me costaría mucho atravesar. Dejé las bombas incendiarias en Yhardum y no dispongo de los materiales para construirlas, así que estoy jodida.

No voy a mentir: esta es la mesa más larga que he visto en mi vida. ¿Cuántas personas podrían sentarse? ¿Unas treinta? Creo que este hombre tiene muchos amigos… O una familia numerosa, algo que me parece raro porque en lo que llevo de visita no he visto a nadie. Igual el lugar es tan grande que al final del día tienen que soltar a los perros para encontrar a los dueños. Hay un montón de candelabros dorados y con brillos adamantinos colgando del techo. Las sirvientas (no sé por qué, pero me gustaría tener uno de esos uniformes) traen una infinidad de manjares a la mesa: pollo asado, postres dulces y salados, vino. ¡Hay de todo!

—Adelante, adelante. Puedes comer lo que tú quieras.

Miro a lord Jansen con los ojos entrecerrados. ¿En serio piensa que confío en él? Esta comida puede estar envenenada, puede que todo esto sea una trampa para capturarme y enviarme de vuelta a Yhardum. No sé si los jefes tienen contacto con el mundo exterior, pero ahí está la posibilidad. No, no, de ninguna manera.

—Tú primero —le digo, llamando la atención del guardaespaldas.

—Oe, no le hables así a lord Jansen. Es un hombre honorable y…

—Está bien, está bien. No te preocupes tanto, Marcus —lo interrumpe con un tono amable. Acerca la mano a un bollo y se lo echa a la boca—. Delicioso. —Toma una copa de vino—. Refrescante.

Bueno, supongo que puedo comer un poco y probar la comida… Cojo un bollo y me lo como. ¡Oh, no puede ser! ¡Qué dulce! Busco el vino y le doy un sorbo. ¡Amargo! Pero todo está increíblemente rico, es como si esto fuera el paraíso. ¿En serio los ricos comen tan bien? Y yo conformándome con las migajas de un pan roñoso. Supongo que puedo… Espera, ¿por qué de pronto me siento tan débil? ¿Desde cuándo la mesa se mueve tanto? ¿Y por qué tengo ganas de vomitar? Ay, no. Soy una imbécil…

—Es hora de la diversion, señorita Lauren.

***

Despierto en una habitación húmeda, oscura y fría. Aquí no huele a comida, ¿eh? Mis manos y mis pies están atados con una cuerda. A mi lado hay una mesa con instrumentos de tortura; no hace falta ser muy lista para darse cuenta de lo que me harán. La pregunta es por qué. ¿Estará molesto por haberme comido sus plantas? ¿O acaso…? Oh, maldita sea. Hay cadáveres en la celda de en frente, y curiosamente tienen mi mismo tamaño. Genial, por gula he acabado en las mazmorras de un lunático. Y ahí viene.

—Por fin despiertas, Lauren —me dice con una sonrisa perturbadora—. He tardado un poco más de lo normal porque un loco intenta asediar la ciudad, pero no te preocupes. Tú y yo tendremos un buen momento.

Guardo silencio; no pienso darle la satisfacción de oírme gritar ni suplicar. Además, no es la primera vez que estoy en una situación como esta. Apenas comience a cortarme…

—Este se llama Gauss. —Tiene un cuchillo curvo en su mano derecha—. Le gustan los gritos, ¿sabes? Y este es Trump. —¿Por qué tiene unas tenazas?—. Tus partecitas íntimas lo disfrutarán… ¡Será como entrar a las puertas del cielo!

El hijo de perra de Jansen me hace un corte en la mejilla. El frío acero en la piel es una sensación recurrente, conocida, pero eso no le quita lo detestable. Me gustaría no volver a sentirla. Y la sangre comienza a escurrir.
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Mensaje por Freites D. Alpha el Miér 13 Ene 2021 - 16:31

-¡Señor! ¡Al parecer el pueblo ha entrado en pánico y ha entrado a sus casas!

-¿En serio? – Respondió el pequeño – Por lo menos nos harán el trabajo más difícil, habrán de estar desesperados por salir de esta situación.

-¿Debería dar la señal a el resto? – Pregunto el grumete - Si me permite opinar, deberíamos ya iniciar el ataque, señor.

-¿Cuánto tiempo ha pasado? – Pregunto el capitán mientras daba un trago a su bebida.

- Les quedan cinco minutos. Y al parecer los soldados estas posicionándose.

-Es lo que menos me preocupa. – Con una sonrisa en su rostro, Alpha observo como el resto de galeones concentraban fuego en el puerto. Mancillando toda la defensa que el ejército del reino había intentado colocar. – Después de todo, estamos en un Blue. En el Grand Line me he enfrentado a cosas más peligrosas que estas. El trió ya tiene sus instrucciones. Yo tomare un paseo con Suzaku.

- ¿Ira solo, señor? – Pregunto el grumete, se le notaba claramente confundido.

-¿Eres bueno, verdad? – Preguntaba el pequeño mientras montaba sobre su compañera plumífera. – Cualquiera que me quiera acompañar puede hacerlo pero, no me hago responsable de nada.

Al llegar al puerto, los piratas se dividieron en grandes números. Si muy bien su ejército era pequeño, era suficiente para dominar en un Blue. Drukoff, Lara y Albert hacían lo suyo, comandando aproximadamente a unos doscientos soldados. Alpha, por su parte, tomaba un paseo por las calles de la ciudad. Muchos soldados se acercaban, armados con espadas y escudos, el joven pirata sonreía con amabilidad mientras que colocaba su brazo mecano en el lugar y, acto seguido, tomaba su alabarda en las manos. – Esto será muy divertido. – Y con su compañera, se lanzó a la carrera.

***

Un poco mas tarde, el trió se encontraba asediando las barracas. Aunque no parecía ser un trabajo difícil, el reino parecía oponer poca resistencia. – Esto es muy fácil, demasiado fácil – Musitaba Albert, Algo no cuadra definitivamente.

-Es por que estos son solamente soldados rasos. – Dijo una vieja que se encontraba en una ventada justo al lado del trio.

- ¿No debería estar adentro, señora? – Le pregunto el lancero a la amable anciana.

-Joven, ya he vivido lo suficiente. Además, ver una batalla en vivo y en directo es muy emocionante. Como sea, las barracas de nuestra isla solo tienen soldados rasos que no serán una molestia para ustedes. Los soldados de alto calibre se encuentran en el castillo, aquel que se encuentra atrás de esa enorme muralla - La amable señora señalo una enorme muralla que se encontraba al norte. Albert, muy educadamente, agradeció la información con una reverencia. Realizo una llamada rápida para informarle a su capitán lo que había averiguado.

-¿Ah sí? Voy para allá. Asegúrate de llevar el plan a cabo. – Y se dirigió hacia aquel lugar, dejando una pila de cadáveres atrás. Fundidos, quemados o atravesados, esa sería el destino de cualquiera que se ponga en frente de Freites D. Irkenox Alpha.

A menos que seas lo suficientemente fuerte como para detenerlo.


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Mensaje por Anna Bloodfallen el Jue 14 Ene 2021 - 5:58

Está jugando conmigo. La cuchilla me acaricia con repugnante suavidad el estómago, y el hombre me mira a los ojos como queriéndome decir que soy su juguete. Su muñequita. Me retuerzo cuando el frío acero corta mi piel. Quiero gritar y maldecir el nombre de Jansen, pero me aguanto los gritos. Sonríe mientras retira sin prisa la sangre del arma. Seguramente es todo un espectáculo para él, sin embargo, no se da cuenta de que está cavando su propia tumba.

—Mal, mal, Lauren. ¿Por qué no cantas como las otras niñas? —me pregunta. No lo soporto, es humillante que un hombre así me tenga encerrada.

Se acerca a la mesa donde tiene sus juguetitos, y a mí ninguno de esos me gusta. Si cambiáramos de roles sería diferente, pero cuando eres la prisionera el juego no es divertido. Trago saliva. No quiero pensar en lo que viene por delante… Puedo aguantar el dolor, pero no significa que me gusta. Lo detesto, ¿a qué enfermo le gustaría? Sin embargo, las heridas son necesarias para escapar.

—¿Lord Jansen? Una flota de galeones pirata se ha tomado el puerto: les han dado treinta minutos a los ciudadanos para que puedan huir —dice el guardaespaldas al llegar—. Probablemente este palacio sea uno de sus objetivos, mi señor. ¿Cómo debemos actuar?

El noble chasquea la lengua y se deja caer sobre la pared, apoyando la espalda. Está pensando. No he estado mucho tiempo fuera de Yhardum, pero he oído cosas. ¿Es cierto…? No, no, imposible. No tiene sentido. ¿Pero y si…? Hmm, ahora que veo a Jansen… Entonces, ¿la gente que usa lentes es más lista que los demás? Maldita sea, con razón me ha capturado. He sido engañada por completo; necesito desconfiar aún más.

—Ya veo… ¿Cuántos barcos? ¡¿Cuatro?! Aplastarán a los rasos como moscas, pero nos dará tiempo para preparar el contragolpe. Despliega tropas: quiero que defiendan el castillo. Si las puertas caen pronto llegarán al palacio y será nuestro fin…

Jo, el hijo de perra se ve afectado por la situación. No puedo negar que no soy una rata, pero me vale verga mientras pueda seguir con vida. Tengo una idea que me ayudará a salir de aquí sin esforzarme demasiado.

—Puedo ayudar —digo mientras ellos siguen hablando, pero no me escuchan—. ¡Puedo ayudar, maldita sea! —termino gruñendo, devorándolos con la mirada—. Cuando el líder cae las tropas se desmoralizan, siempre ha sido así. —El hombre me mira, confuso—. Dejemos el pasado atrás: si te ayudo, tú me ayudas. ¿Qué dices?

—¿Te has vuelto loca? ¿Me estás diciendo que tú, una mocosa inútil, me traerá la cabeza del capitán pirata? Vaya, qué excusa más creativa para huir de mí, Lauren. Eres lista, debo admitirlo.

Maldita sea, el cuatro ojos es inteligente. Esas gafas le hacen ver cosas que a los otros no, ¿verdad? Necesito una de esas. Como sea, contaba desde el principio en que Jansen no aceptaría trabajar conmigo. Tengo otro plan por si el primero fallaba, pero debo esperar a que se marche Marcus. Un combate contra dos adultos es complicado, sobre todo si uno de ellos es un peso pesado de más de doscientos kilos.

—Supongo que tendremos que dejarlo para más tarde, Lauren… No te muevas, ¿vale?
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Mensaje por Freites D. Alpha el Jue 14 Ene 2021 - 16:18

-Qué lindo día para una batalla ¿No lo crees, Suzaku? – La súper ave solo se limitaba a caminar mientras su pequeño compañero estaba realizando aquella matanza. Poco a poco el joven se estaba acercado al castillo del reino. Como era previsto, los soldados rasos dejaron de llegar, al parecer ya se habían acabo ¿Tal vez escaparon a la montaña? Quien sabe, pero igualmente no importaba.

-Mmm… es una increíble muralla – Allí estaba, era una increíble muralla de roca solida ¿Unos 20 metros de alto tal vez? Quizás unos treinta, calcular a ojo siempre ha sido un problema. - ¿Dónde estará la puerta? – Después de un rato de búsqueda, el pequeño logro encontrar la puerta de entrada, la clásica puerta de muralla que básicamente eran unas rejas bien gruesas y enormes.

-¡Alto allí!- Un grupo de unas diez personas se encontraban en las afueras del rejado, el que hablaba parecía ser el que los lideraba. – ¡No avances más, Sucio pirata!

- ¿Sucio? Creo que has usado mal tus palabras, señor. Si usted está en mi camino sabrá muy bien que tiene que está preparado para la batalla.

-¡Callate, Maldi-! – Y sin previo aviso, la cabeza de ese sujeto desapareció. Alpha había generado un orbe de calor en si mano y lo había arrojado con potencia justo en el blanco. Muy pocos podían aguantar 1800° de calor.

-A ver… ¿Quién sigue? – el resto del grupo de lanzo al ataque. Todos con espadas y lanza listos para atacar. El joven pirata realizo una respiración profunda y luego lanzo una llamarada de fuego desde su boca. Llevándose a la mitad del grupo en un instante. El resto lograron llegar e intentar atacar al pirata, pero no eran rival para él. Con total maestría y tranquilidad utilizaba la alabarda para atravesarlos con fuerza a todos. Suzaku se encargaba de esquivar mientras su compañero atacaba, una gran combinación.

- Deberíamos seguir. – Ambos se acercaron a la reja y alpha colocaría su mano en ella. Lentamente comenzó a fundir un espacio lo suficiente para que ellos pudieran pasar. Dentro, se encontraban más enemigos. Esta vez si parecía un poco más difícil, cañones y ballestas fueron añadidos a la formula. El pequeño pirata se sonó el cuello y se preparaba para el ataque. Eran muchos, pero nada que un trabajo en equipo no pueda solucionar.

Los cañones disparaban al igual de los arcos. Pero la súper ave era lo suficientemente rápida para reaccionar aquello. Corría con velocidad, rodeándolos a todos. El pequeño se limitaba a arrojar fuego por todos lados, atravesar con su alabarda a todo soldado que se interpusiese en el camino.

Todos gritaban, el pánico, la confusión ¿Acaso nadie podía detenerle? ¿Cómo un simple chiquillo podía dar tantos problemas? La respuesta era simple, él era simple.

El era algo que apuntaba a ser la criatura más fuerte.

Aunque en un punto los soldados tuvieron esperanza, unas flechas lograron darle al pelilargo en el peco y en el abdomen. Unas 5 en total, pensaron que finalmente le habían detenido, uno de los generales se lanzó a finiquitar el trabajo. Desenfundo su espada lanzándose en carrera para tratar de cortar la cabeza del pirata, que se encontraba sobre su súper ave, la cual se había detenido al percatarse que le habían dado a su compañero.

Pero nadie sabía, que solo habían provocado más a la criatura.

Antes de que pudieran llegar a finiquitarlo, el joven pirata levanto su alabarda y le atravesó justo en el cuello. Le dio unos cuantos giros y lo arrojo contra el castillo, estrellándolo contra la roca. Sin lugar a dudar, era un fantástico día para la batalla. Tanto, que el joven rey de la forja, comenzaría a cantar, de felicidad.

Cegado por el odio traído por la caída
Como juro la muerte a todos
Sentirás mi venganza
Como yo reclamo tu alma mortal
Castigaré y destruiré
Los responsables de esta estratagema
Buscaré mil muertes
Traeré mil años de guerra
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Mensaje por Anna Bloodfallen el Vie 15 Ene 2021 - 23:24

¿Que no me mueva…? ¡Pero si me tiene encerrada aquí! Si bien puedo escapar en cualquier momento, no cambia el hecho de que, en principio, no debería poder moverme. La gente del mundo exterior es rara, antipática y está loca. Ya me encargaré de rajarle el cuello. Desde ahora en adelante esto se ha vuelto algo personal, muy personal. Sin embargo, ¿qué es lo que debería hacer? ¿Cuánto tiempo debería esperar? Cómo detesto carecer de información… ¡Agh! ¡Quiero matarlos a todos!

Creo que han pasado diez minutos desde que Jansen se fue con la mole de músculo. No lo sé, no estoy segura. Tampoco soy un reloj humano, ¿sabes? Ni siquiera estoy segura de si diez minutos es tiempo suficiente, pero me estoy aburriendo y los cañones se oyen a lo lejos. Es momento de escapar. ¿Hacia dónde me dirigiré una vez salga de las mazmorras? Es una muy buena pregunta, una que no tiene sentido responder porque, adivina, ¡no tengo ni puta idea dónde estoy! En fin, de nada sirve quejarse. Tengo que improvisar.

Por fin dejo de tensar los músculos; menos mal, me estaban empezando a doler. El amarre de las cuerdas cede, ya no es tan fuerte como antes. Con un poco de hop hop y ula ula consigo la libertad. ¡Libertad! Ah, una palabra que suena demasiado bien… No quiero ponerme con basura filosófica, pero si algo he aprendido en mis dieciséis años es que nadie, absolutamente nadie, es ni será libre. Es imposible. Siempre estaremos atados a algo. En mi caso, nunca dejaré de estar encadenada a estas ganas irracionales de continuar con vida. Sólo seré libre cuando… muera. Y no me apetece, si soy sincera.

Hago fluir un poco de sangre para formar una ganzúa. La sensación de que algo se mueve dentro de mí es rara, no es desagradable ni placentera, sólo es… rara. Como sea, no tardo en abrir la maldita puerta y ahora mismo estoy en un pasillo muy largo. Puedo ver bastante bien en la oscuridad, así que no me incomoda que no haya una sola antorcha encendida. Me dirijo en silencio y con precaución a la salida, esta no es una situación demasiado extraña para mí, pero estaré relajada cuando se trata de mi vida. Está en juego, ¿vale? Acerco la mano a la puerta de maderaAAAAH ¡¿Quién me ha tomado la pierna?! ¡Quita, quita, quita!

Echo patadas a la escuálida mano que me coge con fuerza y termino cayendo de espalda. Intento retroceder, pero esta cosa sigue sosteniéndome. Unos débiles ojos celestes aparecen entre la oscuridad, y poco a poco un rostro cadavérico comienza a surgir. El corazón me late rápido, muy rápido. Ahora mismo me siento como un conejo frente a un león o algo así. La buena noticia es que, sea lo que sea lo que se esconde entre las sombras, está tras los barrotes.

—Ayu… da… Por… favor...

¿Cómo decirle que no soy la persona indicada para ayudar a los demás?

—¿Quién eres? —le pregunto, intentando que no se me note el temblor en la voz. Como hablo bajito igual no me habrá escuchado. Eso es bueno.

—Soy… Sophia… Yo... —Tose. Creo que está enferma—. Lord Jansen me encerró aquí hace un mes… He comido poco desde entonces y...

—No tengo comida para ti, si es lo que quieres. Para ti ni para nadie —le interrumpo—. Además, ¿cómo es que tienes tanta fuerza si no has comido? Espera, no quiero saberlo.

—N-No, yo quiero salir… La ciudad está bajo fuego, ¿verdad? —Asiento con la cabeza sin estar segura de si me verá o no—. Es un buen momento para huir… Lo único que te pido es que abras esta reja… ¡No te haré daño, lo juro! —Vuelve a toser. Eso le pasa por levantar demasiado la voz—. Juntas podremos escapar…

Tengo mis dudas, es decir, no estoy muy acostumbrada a que una mujer-esqueleto me pida ayuda. Creo que es la primera vez que me pasa. ¿Debería hacerle caso y confiar en ella? Una puta mierda. Si hubiera desconfiado de Jansen no estaría aquí. Por otro lado… ¿Dijo que lleva un mes aquí? Eso es mucho tiempo, al menos el suficiente para saber cosas. Igual termina sabiendo algo del Ejército Revolucionario. Es bonito soñar, lo sé, aunque los marginados no podemos darnos ese lujo. La realidad es demasiado, bueno, real como para perder el tiempo en sueños.

—¿Qué gano si te ayudo? —le pregunto, recelosa.

—Yo… A cambio de mi libertad… Te daré mi espada. Es una vieja reliquia y seguro que-

—¿Una espada? ¿Y quieres que me la coma o algo? —le interrumpo, confundida. ¿No pudo haberme ofrecido dinero o algo así? Qué tonta—. No te sacaré de aquí. Lo siento, pero no puedo confiar en ti. Ofréceme una casa o algo y te sacaré, pero mientras no lo hagas, yo-

—¡Está bien! Tengo una casa en Hallstat, te daré las llaves y también mi espada.

—¡Pero qué manía con tu puta espada! Si tanto me la quieres dar, vale. Me quedaré con tu estúpida espada. Cierra los ojos, no quiero que veas como te saco.

Otra vez hago un poco de hop hop y ea, puerta abierta. La mujer comienza a levantarse y unos cabellos tan blancos como la nieve caen. ¡Buah! ¡Es enorme! Creo que esta criatura supera los dos metros de alto. ¿Es que todo el mundo sufre de gigantismo o algo? Puta mierda, ahora tengo que huir con una torre. Y encima está débil, huele mal y lo único que sé de ella es su nombre.

—Joder… Venga, vamos. Apúrate, no tengo todo el día. Hay mucho trabajo que hacer como para hacerse la vagabunda.
Anna Bloodfallen
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