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La rebelión de Rosmandia [Privado][Pasado]

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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 9 Ene 2021 - 3:34

A pesar de que la gente muere de hambre por culpa de los altísimos impuestos, Rosmandia es un mejor lugar que Yhardum. Primero, no hay una neblina mortal que cae todas las noches; segundo, no hay monstruos mortales escondidos en las Brumas; tercero, no hay conspiraciones mortales; cuarto, ¡no hay malditas traiciones mortales! Si estoy aquí, recostada en esta cosa verde que tanto pica y bajo un árbol con hojas no grises, es porque me tendieron una trampa. Si a mí me hubieran encargado matar a Arthur… Vale, no. El hijo de perra de Len me la metió bien. Inculparme ha sido lo más listo que ha hecho en su vida, pero regresaré y me pedirá que acabe pronto con él. En los orfanatos enseñan muy bien cómo causar dolor.

Un trato que da la oportunidad de ver el mundo no pinta mal, ¿eh? El problema… No, los problemas son tantos que a veces pienso que debí haberme resignado en la prisión. El genio de Lucius Spendragon me entregó una barquita con provisiones para tres días. Igual debió haber pensado que soy una inquisidora, no un puto pez. ¿Qué espera que haga en un mundo donde hay más agua que tierra? ¡Estuve a nada de ahogarme más de siete veces! ¡Y eso fue en los primeros quince minutos! La única explicación a ese pájaro carpintero que agujereó mi barco de mierda es mi mala suerte. Esa perra me ha acompañado toda la vida y parece que todavía no piensa desaparecer. Pero esto no es todo, ni siquiera es la punta del iceberg.

¡Tengo que espiar al jodido Ejército Revolucionario! Lucius Spendragon prometió que limpiaría mi nombre y me aseguraría un puesto dentro de la Legislación si conseguía información importante del enemigo de Yhardum. También quiere un diario de mis «aventuras». ¿Cómo ese hombre tan irresponsable puede ser uno de los nobles más poderosos del reino? ¡Esto no es ninguna maldita aventura, estoy arriesgando mi vida en una misión suicida! Aún no estoy preparada para emprender un viaje así, ni siquiera estoy segura de si alguna vez llegaré a estarlo. El mundo… ¿Cómo puedo sobrevivir en un lugar desconocido si lo único que conozco es el infierno de Yhardum?

—Esto… ¿Por qué te comes las flores de mi jardín? ¿Quién eres?

Oh, así que estas cosas amarillas y con pelos blancos son flores. Y pensar que no todas son grises y negras… Jamás imaginé que un jardín sería un sitio donde coleccionar plantas. La vieja Isabella siempre quiso tener uno en la entrada del orfanato, pero siempre pareció un cementerio… El mundo es un lugar de locos, no puedo creer que alguien me esté preguntando por qué estoy comiendo.

—¿Porque tengo hambre? ¿Y tengo que decirte mi nombre? No quiero, vete —le echo con un gesto de mano y me echo otra flor a la boca. Ñam, dulce.

El hombre de cabello negro sigue mirándome con sus ojos rasgados. ¿Acaso dije algo extraño para que se vea tan confuso? Como siga espiándome le romperé la nariz y le meteré por el ano las malditas gafas que lleva. Ahora que me doy cuenta… Lleva una túnica que hasta una bruta como yo puede reconocer como cara. Bordado de oro y tela escarlata; es preciosa. Además, el hombre huele bien, mejor que todas las flores del jardín.

—Disculpa, no te he oído. ¿Podrías hablar más alto?

—¡¿Cómo que no me has oído?! ¡¿Eres sordo o algo?! —gruño y le tiro la flor masticada a la cara, así aprenderá a escuchar—. ¡He dicho que me estoy comiendo las flores porque tengo hambre! ¡¿Algún problema?!

—¡Lord Jansen, ¿qué hace sin sus guardaespaldas?!

Miro por encima del hombro de este tal lord Jansen y veo a… Espera, espera ,espera. ¿Cómo un hombre tan corpulento y con semejante armadura puede correr tan rápido? ¡¿Y por qué viene hacia nosotros?! Con el medidor de peligro en lo más alto, me levanto dispuesta a huir. Pero cuando me estoy dando la vuelta siento que el suelo se me aleja y ya no puedo mover mi pierna.

—¡¿Quién eres y qué haces en el jardín de lord Jansen?! —me pregunta el hombre de dos metros, cabellos rubios y aspecto de caballero rudo.

—¡Estaba comiendo!

—¿Le robaste comida a un señor de Rosmandia…?

—Estás siendo demasiado rudo, Marcus… La niña solo se estaba comiendo mis flores, es como una cabra —responde el de las gafas con gesto despreocupado—. Soy Adam Jansen. ¿Cuál es tu nombre?

¿Lord Adam Jansen…? Creo que escuché ese nombre en el puerto. ¿Lord… Jansen…? ¡Pero si este mojigato es el duque de Rosmandia! Eso significa que… Ay, no. Ya me he metido en problemas. No estaría aquí si el mimo no me hubiera descubierto robándole su equipo de maquillaje. Si los señores de Rosmandia son la mitad de crueles que los de Yhardum, ya puedo darme por muerta. Debo encontrar una manera de escapar y… ¿La montaña me está bajando? Ah, sí, sí. Se lo ha ordenado su jefe.

—Lauren —me invento por el camino. No le voy a decir mi verdadero nombre.

—Si tienes hambre, ¿por qué no vienes a comer al palacio?
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Mensaje por Freites D. Alpha Dom 10 Ene 2021 - 18:52

-¿Qué reportes traes, Albert? – Preguntaba el pequeño capitán pirata, se encontraban el trio de la demolición discutiéndolo en la oficina del primer galeón de los Big Brother Kaizokudan, el resto de los tres galeones se encontraban un al lado de otro esperando instrucciones para actuar.

- Reino de Rosmandia – Respondió - gobernado por una monarquía donde su gobernante es el típico sujeto que solo ha tomado la corona por herencia, más que por merecerla. Como podrás intuir, capitán, el rey es el que se mantiene con todas las riquezas de la isla mientras el pueblo sufre de hambre, los militares abuzan del poder y, los pocos se alzaron contra ellos fueron asesinados o reducidos a meros esclavos.

- Suena como un gran botín, pequeñín – Dijo el Semigigante, Drukoff – ha pasado mucho tiempo desde la última vez que luchamos en contra de un reino.

- Pensemos con la cabeza – Añadio Lara – Si muy bien suena como un gran lugar para atacar, no olviden las normas impuestas por nuestro hermano mayor. Debemos respetarlas, al mismo tiempo que aplastamos a enemigos que espero que valgan la pena.

Alpha se encontraba con el codo apoyado en la maesa mientras apoyaba su mentón en la palma de la mano. Ojeaba el mapa una y otra vez intentando analizar la mejor manear de iniciar el ataque. Claro, no sería fácil, pero tampoco era imposible. – Primero lo primero, debemos tocar la puesta.

Y así, inicio el viaje.

Todo parecía ser normal en aquel lugar, un día cotidiano como cualquier otro. El sol brillaba, los pájaros cantaban, la pobreza arruinaba y el hambre mataba Magnifico ¿No lo creen? Aunque toda la esperanza había muerto y solo restaba esperar la muerte, una luz se reflejaría hoy. Una luz que brillaba mucho más que el sol. Una luz, que quemara todo a su paso.

Y de sus cenizas, renacerá un nuevo mundo.

Los cuatro galones estaban de los Big Brother Kaizokudan se acercaban más y más, llegando a estar muy cerca del puerto. Alpha desde el interior observaba que todo estuviera transcurriendo como debería, el resto del trio de la demolición se encontraba cada uno en el resto de los galeones. El pequeño capitán tomo un megáfono para comunicar a toda la gente en el puerto lo que estaba a punto de ocurrir.

- ¡Queridos ciudadanos de Rosmandia, escúchenme bien! ¡Soy Freites D. Alpha, capitán de los Big Brother Kaizokudan! ¡Mis demandas son mínimas! ¡Todo ciudadano que no desee sufrir una muerte horrible, busquen refugio y eviten cruzarse en nuestro camino! ¡Mi asunto es con su rey y la malicia! ¡Tienen treinta minutos para preparase y refugiarse!

Treinta minutos sería más que suficiente para que ellos tomaran sus debidas precauciones. Alpha tomo una botella de saque y se sentó justo debajo de su mástil. – Díganme cuando haya pasado el tiempo.

Y con total tranquilidad, sake comenzó a tomar.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Lun 11 Ene 2021 - 20:01

Diría que este palacio es el edificio más bonito, elegante y limpio al que he entrado, pero se queda corto con los grandes monumentos de Yhardum. Le falta un poco de… ¿Cómo decirlo? Divinidad, sí. Se nota que este palacio no está hecho para adorar a ningún dios. Como sea, han debido gastar muchísimo dinero en las interminables y anchas escaleras de piedra que llevan hacia la puerta principal, un cacho enorme de madera en forma de arco. Somos recibidos por un bien cuidado vestíbulo: suelo de mármol, tapetes carísimos y esculturas de personas. También hay cuadros con marcos de oro y un candelabro colgante, todo finísimo.

—Entonces, Lauren, ¿vamos al comedor? —me ofrece lord Jansen.

Sé muy bien que no soy atractiva. Huelo mal y siempre voy sucia, pero aun así hay hombres con un apetito sexual deplorable. Tengo preparada la daga por si a este señorito se le ocurre algo indebido. El problema es Marcus, el guardaespaldas. Es fuerte, rápido y porta una gigantesca armadura que me costaría mucho atravesar. Dejé las bombas incendiarias en Yhardum y no dispongo de los materiales para construirlas, así que estoy jodida.

No voy a mentir: esta es la mesa más larga que he visto en mi vida. ¿Cuántas personas podrían sentarse? ¿Unas treinta? Creo que este hombre tiene muchos amigos… O una familia numerosa, algo que me parece raro porque en lo que llevo de visita no he visto a nadie. Igual el lugar es tan grande que al final del día tienen que soltar a los perros para encontrar a los dueños. Hay un montón de candelabros dorados y con brillos adamantinos colgando del techo. Las sirvientas (no sé por qué, pero me gustaría tener uno de esos uniformes) traen una infinidad de manjares a la mesa: pollo asado, postres dulces y salados, vino. ¡Hay de todo!

—Adelante, adelante. Puedes comer lo que tú quieras.

Miro a lord Jansen con los ojos entrecerrados. ¿En serio piensa que confío en él? Esta comida puede estar envenenada, puede que todo esto sea una trampa para capturarme y enviarme de vuelta a Yhardum. No sé si los jefes tienen contacto con el mundo exterior, pero ahí está la posibilidad. No, no, de ninguna manera.

—Tú primero —le digo, llamando la atención del guardaespaldas.

—Oe, no le hables así a lord Jansen. Es un hombre honorable y…

—Está bien, está bien. No te preocupes tanto, Marcus —lo interrumpe con un tono amable. Acerca la mano a un bollo y se lo echa a la boca—. Delicioso. —Toma una copa de vino—. Refrescante.

Bueno, supongo que puedo comer un poco y probar la comida… Cojo un bollo y me lo como. ¡Oh, no puede ser! ¡Qué dulce! Busco el vino y le doy un sorbo. ¡Amargo! Pero todo está increíblemente rico, es como si esto fuera el paraíso. ¿En serio los ricos comen tan bien? Y yo conformándome con las migajas de un pan roñoso. Supongo que puedo… Espera, ¿por qué de pronto me siento tan débil? ¿Desde cuándo la mesa se mueve tanto? ¿Y por qué tengo ganas de vomitar? Ay, no. Soy una imbécil…

—Es hora de la diversion, señorita Lauren.

***

Despierto en una habitación húmeda, oscura y fría. Aquí no huele a comida, ¿eh? Mis manos y mis pies están atados con una cuerda. A mi lado hay una mesa con instrumentos de tortura; no hace falta ser muy lista para darse cuenta de lo que me harán. La pregunta es por qué. ¿Estará molesto por haberme comido sus plantas? ¿O acaso…? Oh, maldita sea. Hay cadáveres en la celda de en frente, y curiosamente tienen mi mismo tamaño. Genial, por gula he acabado en las mazmorras de un lunático. Y ahí viene.

—Por fin despiertas, Lauren —me dice con una sonrisa perturbadora—. He tardado un poco más de lo normal porque un loco intenta asediar la ciudad, pero no te preocupes. Tú y yo tendremos un buen momento.

Guardo silencio; no pienso darle la satisfacción de oírme gritar ni suplicar. Además, no es la primera vez que estoy en una situación como esta. Apenas comience a cortarme…

—Este se llama Gauss. —Tiene un cuchillo curvo en su mano derecha—. Le gustan los gritos, ¿sabes? Y este es Trump. —¿Por qué tiene unas tenazas?—. Tus partecitas íntimas lo disfrutarán… ¡Será como entrar a las puertas del cielo!

El hijo de perra de Jansen me hace un corte en la mejilla. El frío acero en la piel es una sensación recurrente, conocida, pero eso no le quita lo detestable. Me gustaría no volver a sentirla. Y la sangre comienza a escurrir.
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Mensaje por Freites D. Alpha Miér 13 Ene 2021 - 16:31

-¡Señor! ¡Al parecer el pueblo ha entrado en pánico y ha entrado a sus casas!

-¿En serio? – Respondió el pequeño – Por lo menos nos harán el trabajo más difícil, habrán de estar desesperados por salir de esta situación.

-¿Debería dar la señal a el resto? – Pregunto el grumete - Si me permite opinar, deberíamos ya iniciar el ataque, señor.

-¿Cuánto tiempo ha pasado? – Pregunto el capitán mientras daba un trago a su bebida.

- Les quedan cinco minutos. Y al parecer los soldados estas posicionándose.

-Es lo que menos me preocupa. – Con una sonrisa en su rostro, Alpha observo como el resto de galeones concentraban fuego en el puerto. Mancillando toda la defensa que el ejército del reino había intentado colocar. – Después de todo, estamos en un Blue. En el Grand Line me he enfrentado a cosas más peligrosas que estas. El trió ya tiene sus instrucciones. Yo tomare un paseo con Suzaku.

- ¿Ira solo, señor? – Pregunto el grumete, se le notaba claramente confundido.

-¿Eres bueno, verdad? – Preguntaba el pequeño mientras montaba sobre su compañera plumífera. – Cualquiera que me quiera acompañar puede hacerlo pero, no me hago responsable de nada.

Al llegar al puerto, los piratas se dividieron en grandes números. Si muy bien su ejército era pequeño, era suficiente para dominar en un Blue. Drukoff, Lara y Albert hacían lo suyo, comandando aproximadamente a unos doscientos soldados. Alpha, por su parte, tomaba un paseo por las calles de la ciudad. Muchos soldados se acercaban, armados con espadas y escudos, el joven pirata sonreía con amabilidad mientras que colocaba su brazo mecano en el lugar y, acto seguido, tomaba su alabarda en las manos. – Esto será muy divertido. – Y con su compañera, se lanzó a la carrera.

***

Un poco mas tarde, el trió se encontraba asediando las barracas. Aunque no parecía ser un trabajo difícil, el reino parecía oponer poca resistencia. – Esto es muy fácil, demasiado fácil – Musitaba Albert, Algo no cuadra definitivamente.

-Es por que estos son solamente soldados rasos. – Dijo una vieja que se encontraba en una ventada justo al lado del trio.

- ¿No debería estar adentro, señora? – Le pregunto el lancero a la amable anciana.

-Joven, ya he vivido lo suficiente. Además, ver una batalla en vivo y en directo es muy emocionante. Como sea, las barracas de nuestra isla solo tienen soldados rasos que no serán una molestia para ustedes. Los soldados de alto calibre se encuentran en el castillo, aquel que se encuentra atrás de esa enorme muralla - La amable señora señalo una enorme muralla que se encontraba al norte. Albert, muy educadamente, agradeció la información con una reverencia. Realizo una llamada rápida para informarle a su capitán lo que había averiguado.

-¿Ah sí? Voy para allá. Asegúrate de llevar el plan a cabo. – Y se dirigió hacia aquel lugar, dejando una pila de cadáveres atrás. Fundidos, quemados o atravesados, esa sería el destino de cualquiera que se ponga en frente de Freites D. Irkenox Alpha.

A menos que seas lo suficientemente fuerte como para detenerlo.


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Mensaje por Anna Bloodfallen Jue 14 Ene 2021 - 5:58

Está jugando conmigo. La cuchilla me acaricia con repugnante suavidad el estómago, y el hombre me mira a los ojos como queriéndome decir que soy su juguete. Su muñequita. Me retuerzo cuando el frío acero corta mi piel. Quiero gritar y maldecir el nombre de Jansen, pero me aguanto los gritos. Sonríe mientras retira sin prisa la sangre del arma. Seguramente es todo un espectáculo para él, sin embargo, no se da cuenta de que está cavando su propia tumba.

—Mal, mal, Lauren. ¿Por qué no cantas como las otras niñas? —me pregunta. No lo soporto, es humillante que un hombre así me tenga encerrada.

Se acerca a la mesa donde tiene sus juguetitos, y a mí ninguno de esos me gusta. Si cambiáramos de roles sería diferente, pero cuando eres la prisionera el juego no es divertido. Trago saliva. No quiero pensar en lo que viene por delante… Puedo aguantar el dolor, pero no significa que me gusta. Lo detesto, ¿a qué enfermo le gustaría? Sin embargo, las heridas son necesarias para escapar.

—¿Lord Jansen? Una flota de galeones pirata se ha tomado el puerto: les han dado treinta minutos a los ciudadanos para que puedan huir —dice el guardaespaldas al llegar—. Probablemente este palacio sea uno de sus objetivos, mi señor. ¿Cómo debemos actuar?

El noble chasquea la lengua y se deja caer sobre la pared, apoyando la espalda. Está pensando. No he estado mucho tiempo fuera de Yhardum, pero he oído cosas. ¿Es cierto…? No, no, imposible. No tiene sentido. ¿Pero y si…? Hmm, ahora que veo a Jansen… Entonces, ¿la gente que usa lentes es más lista que los demás? Maldita sea, con razón me ha capturado. He sido engañada por completo; necesito desconfiar aún más.

—Ya veo… ¿Cuántos barcos? ¡¿Cuatro?! Aplastarán a los rasos como moscas, pero nos dará tiempo para preparar el contragolpe. Despliega tropas: quiero que defiendan el castillo. Si las puertas caen pronto llegarán al palacio y será nuestro fin…

Jo, el hijo de perra se ve afectado por la situación. No puedo negar que no soy una rata, pero me vale verga mientras pueda seguir con vida. Tengo una idea que me ayudará a salir de aquí sin esforzarme demasiado.

—Puedo ayudar —digo mientras ellos siguen hablando, pero no me escuchan—. ¡Puedo ayudar, maldita sea! —termino gruñendo, devorándolos con la mirada—. Cuando el líder cae las tropas se desmoralizan, siempre ha sido así. —El hombre me mira, confuso—. Dejemos el pasado atrás: si te ayudo, tú me ayudas. ¿Qué dices?

—¿Te has vuelto loca? ¿Me estás diciendo que tú, una mocosa inútil, me traerá la cabeza del capitán pirata? Vaya, qué excusa más creativa para huir de mí, Lauren. Eres lista, debo admitirlo.

Maldita sea, el cuatro ojos es inteligente. Esas gafas le hacen ver cosas que a los otros no, ¿verdad? Necesito una de esas. Como sea, contaba desde el principio en que Jansen no aceptaría trabajar conmigo. Tengo otro plan por si el primero fallaba, pero debo esperar a que se marche Marcus. Un combate contra dos adultos es complicado, sobre todo si uno de ellos es un peso pesado de más de doscientos kilos.

—Supongo que tendremos que dejarlo para más tarde, Lauren… No te muevas, ¿vale?
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Mensaje por Freites D. Alpha Jue 14 Ene 2021 - 16:18

-Qué lindo día para una batalla ¿No lo crees, Suzaku? – La súper ave solo se limitaba a caminar mientras su pequeño compañero estaba realizando aquella matanza. Poco a poco el joven se estaba acercado al castillo del reino. Como era previsto, los soldados rasos dejaron de llegar, al parecer ya se habían acabo ¿Tal vez escaparon a la montaña? Quien sabe, pero igualmente no importaba.

-Mmm… es una increíble muralla – Allí estaba, era una increíble muralla de roca solida ¿Unos 20 metros de alto tal vez? Quizás unos treinta, calcular a ojo siempre ha sido un problema. - ¿Dónde estará la puerta? – Después de un rato de búsqueda, el pequeño logro encontrar la puerta de entrada, la clásica puerta de muralla que básicamente eran unas rejas bien gruesas y enormes.

-¡Alto allí!- Un grupo de unas diez personas se encontraban en las afueras del rejado, el que hablaba parecía ser el que los lideraba. – ¡No avances más, Sucio pirata!

- ¿Sucio? Creo que has usado mal tus palabras, señor. Si usted está en mi camino sabrá muy bien que tiene que está preparado para la batalla.

-¡Callate, Maldi-! – Y sin previo aviso, la cabeza de ese sujeto desapareció. Alpha había generado un orbe de calor en si mano y lo había arrojado con potencia justo en el blanco. Muy pocos podían aguantar 1800° de calor.

-A ver… ¿Quién sigue? – el resto del grupo de lanzo al ataque. Todos con espadas y lanza listos para atacar. El joven pirata realizo una respiración profunda y luego lanzo una llamarada de fuego desde su boca. Llevándose a la mitad del grupo en un instante. El resto lograron llegar e intentar atacar al pirata, pero no eran rival para él. Con total maestría y tranquilidad utilizaba la alabarda para atravesarlos con fuerza a todos. Suzaku se encargaba de esquivar mientras su compañero atacaba, una gran combinación.

- Deberíamos seguir. – Ambos se acercaron a la reja y alpha colocaría su mano en ella. Lentamente comenzó a fundir un espacio lo suficiente para que ellos pudieran pasar. Dentro, se encontraban más enemigos. Esta vez si parecía un poco más difícil, cañones y ballestas fueron añadidos a la formula. El pequeño pirata se sonó el cuello y se preparaba para el ataque. Eran muchos, pero nada que un trabajo en equipo no pueda solucionar.

Los cañones disparaban al igual de los arcos. Pero la súper ave era lo suficientemente rápida para reaccionar aquello. Corría con velocidad, rodeándolos a todos. El pequeño se limitaba a arrojar fuego por todos lados, atravesar con su alabarda a todo soldado que se interpusiese en el camino.

Todos gritaban, el pánico, la confusión ¿Acaso nadie podía detenerle? ¿Cómo un simple chiquillo podía dar tantos problemas? La respuesta era simple, él era simple.

El era algo que apuntaba a ser la criatura más fuerte.

Aunque en un punto los soldados tuvieron esperanza, unas flechas lograron darle al pelilargo en el peco y en el abdomen. Unas 5 en total, pensaron que finalmente le habían detenido, uno de los generales se lanzó a finiquitar el trabajo. Desenfundo su espada lanzándose en carrera para tratar de cortar la cabeza del pirata, que se encontraba sobre su súper ave, la cual se había detenido al percatarse que le habían dado a su compañero.

Pero nadie sabía, que solo habían provocado más a la criatura.

Antes de que pudieran llegar a finiquitarlo, el joven pirata levanto su alabarda y le atravesó justo en el cuello. Le dio unos cuantos giros y lo arrojo contra el castillo, estrellándolo contra la roca. Sin lugar a dudar, era un fantástico día para la batalla. Tanto, que el joven rey de la forja, comenzaría a cantar, de felicidad.

Cegado por el odio traído por la caída
Como juro la muerte a todos
Sentirás mi venganza
Como yo reclamo tu alma mortal
Castigaré y destruiré
Los responsables de esta estratagema
Buscaré mil muertes
Traeré mil años de guerra
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 15 Ene 2021 - 23:24

¿Que no me mueva…? ¡Pero si me tiene encerrada aquí! Si bien puedo escapar en cualquier momento, no cambia el hecho de que, en principio, no debería poder moverme. La gente del mundo exterior es rara, antipática y está loca. Ya me encargaré de rajarle el cuello. Desde ahora en adelante esto se ha vuelto algo personal, muy personal. Sin embargo, ¿qué es lo que debería hacer? ¿Cuánto tiempo debería esperar? Cómo detesto carecer de información… ¡Agh! ¡Quiero matarlos a todos!

Creo que han pasado diez minutos desde que Jansen se fue con la mole de músculo. No lo sé, no estoy segura. Tampoco soy un reloj humano, ¿sabes? Ni siquiera estoy segura de si diez minutos es tiempo suficiente, pero me estoy aburriendo y los cañones se oyen a lo lejos. Es momento de escapar. ¿Hacia dónde me dirigiré una vez salga de las mazmorras? Es una muy buena pregunta, una que no tiene sentido responder porque, adivina, ¡no tengo ni puta idea dónde estoy! En fin, de nada sirve quejarse. Tengo que improvisar.

Por fin dejo de tensar los músculos; menos mal, me estaban empezando a doler. El amarre de las cuerdas cede, ya no es tan fuerte como antes. Con un poco de hop hop y ula ula consigo la libertad. ¡Libertad! Ah, una palabra que suena demasiado bien… No quiero ponerme con basura filosófica, pero si algo he aprendido en mis dieciséis años es que nadie, absolutamente nadie, es ni será libre. Es imposible. Siempre estaremos atados a algo. En mi caso, nunca dejaré de estar encadenada a estas ganas irracionales de continuar con vida. Sólo seré libre cuando… muera. Y no me apetece, si soy sincera.

Hago fluir un poco de sangre para formar una ganzúa. La sensación de que algo se mueve dentro de mí es rara, no es desagradable ni placentera, sólo es… rara. Como sea, no tardo en abrir la maldita puerta y ahora mismo estoy en un pasillo muy largo. Puedo ver bastante bien en la oscuridad, así que no me incomoda que no haya una sola antorcha encendida. Me dirijo en silencio y con precaución a la salida, esta no es una situación demasiado extraña para mí, pero estaré relajada cuando se trata de mi vida. Está en juego, ¿vale? Acerco la mano a la puerta de maderaAAAAH ¡¿Quién me ha tomado la pierna?! ¡Quita, quita, quita!

Echo patadas a la escuálida mano que me coge con fuerza y termino cayendo de espalda. Intento retroceder, pero esta cosa sigue sosteniéndome. Unos débiles ojos celestes aparecen entre la oscuridad, y poco a poco un rostro cadavérico comienza a surgir. El corazón me late rápido, muy rápido. Ahora mismo me siento como un conejo frente a un león o algo así. La buena noticia es que, sea lo que sea lo que se esconde entre las sombras, está tras los barrotes.

—Ayu… da… Por… favor...

¿Cómo decirle que no soy la persona indicada para ayudar a los demás?

—¿Quién eres? —le pregunto, intentando que no se me note el temblor en la voz. Como hablo bajito igual no me habrá escuchado. Eso es bueno.

—Soy… Sophia… Yo... —Tose. Creo que está enferma—. Lord Jansen me encerró aquí hace un mes… He comido poco desde entonces y...

—No tengo comida para ti, si es lo que quieres. Para ti ni para nadie —le interrumpo—. Además, ¿cómo es que tienes tanta fuerza si no has comido? Espera, no quiero saberlo.

—N-No, yo quiero salir… La ciudad está bajo fuego, ¿verdad? —Asiento con la cabeza sin estar segura de si me verá o no—. Es un buen momento para huir… Lo único que te pido es que abras esta reja… ¡No te haré daño, lo juro! —Vuelve a toser. Eso le pasa por levantar demasiado la voz—. Juntas podremos escapar…

Tengo mis dudas, es decir, no estoy muy acostumbrada a que una mujer-esqueleto me pida ayuda. Creo que es la primera vez que me pasa. ¿Debería hacerle caso y confiar en ella? Una puta mierda. Si hubiera desconfiado de Jansen no estaría aquí. Por otro lado… ¿Dijo que lleva un mes aquí? Eso es mucho tiempo, al menos el suficiente para saber cosas. Igual termina sabiendo algo del Ejército Revolucionario. Es bonito soñar, lo sé, aunque los marginados no podemos darnos ese lujo. La realidad es demasiado, bueno, real como para perder el tiempo en sueños.

—¿Qué gano si te ayudo? —le pregunto, recelosa.

—Yo… A cambio de mi libertad… Te daré mi espada. Es una vieja reliquia y seguro que-

—¿Una espada? ¿Y quieres que me la coma o algo? —le interrumpo, confundida. ¿No pudo haberme ofrecido dinero o algo así? Qué tonta—. No te sacaré de aquí. Lo siento, pero no puedo confiar en ti. Ofréceme una casa o algo y te sacaré, pero mientras no lo hagas, yo-

—¡Está bien! Tengo una casa en Hallstat, te daré las llaves y también mi espada.

—¡Pero qué manía con tu puta espada! Si tanto me la quieres dar, vale. Me quedaré con tu estúpida espada. Cierra los ojos, no quiero que veas como te saco.

Otra vez hago un poco de hop hop y ea, puerta abierta. La mujer comienza a levantarse y unos cabellos tan blancos como la nieve caen. ¡Buah! ¡Es enorme! Creo que esta criatura supera los dos metros de alto. ¿Es que todo el mundo sufre de gigantismo o algo? Puta mierda, ahora tengo que huir con una torre. Y encima está débil, huele mal y lo único que sé de ella es su nombre.

—Joder… Venga, vamos. Apúrate, no tengo todo el día. Hay mucho trabajo que hacer como para hacerse la vagabunda.
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Mensaje por Freites D. Alpha Miér 20 Ene 2021 - 15:34

Dentro del castillo la cosa ya era un total caos. Los soldados gritaban en pánico, los sirvientes corrían de aquí allá buscando un lugar seguro donde esconderse. Aunque eso no importaba mucho, el pequeño pirata se abría paso dentro de la fortaleza buscando a alguien en específico.

Al menos eso era lo que su pirada daba a entender.

Alpha atravesó una de las puertas con su alabarda. Allí dentro se encontraba un grupo de diez sirvientas que se resguardaban del peligro. Al ver que el pirata había entrado cabalgando una extraña ave, gritaron con mucha fuerza, lo más probable es que pensaran que iban a morir.

-¡Hey. hey! Dejen ya eso – Dijo el pequeño mostrándose algo molesto. – No tienen por qué gritar, diablos…

-¿N-No vas a matarnos? – Pregunto una de las sirvientas, poseía una pálida piel y una cabellera corta de color café.

- Yo no mato por deporte. – Respondió el capitán pirata.- ¿Dónde está su rey?

Las sirvientas se observaban una a otra, no sabían que responder, quizás era por el miedo o la confusión. Era entendible, un ataque pirata era cosa que no ocurría todos los días y más cuando el mismo que te está atacando te dice cosas extrañas. ¿No mataba por deporte? En efecto era cierto y la vez era muy confusa, Alpha tenía muy claro sus objetivos en esta isla.

Robar y fundir.

-¡No te lo diremos! – Respondió la chica de antes – Chicas, salgan de aquí.

- Pero Mady…

- ¡Salgan! Yo lo distraeré

-¿Distraerme? Claramente no te has dado cuenta que nunca he tenido la intención de lastimarlas, señorita. – La súper ave se hizo a un lado. Lentamente el resto de las chicas salió corriendo sin dudarlo ni un momento. odas, exceptuando una. – Adiós, señorita.

- Espera, he dicho que voy a distraerte. No puedo permitir que arruines la vida de todos.

-¿Arruinar? ¿Acaso te parece esto vida? ¿Servir a alguien que mata a su pueblo de hambre y abusa del poder? Vaya… y pensaba que yo era el malo.

-¡Callate! ¡Tú no sabes nada! - Ella saco de su vestido unos enormes guantes de acero. Entro en una guardia rápida y se lanzó al ataque. El joven rey de la forja en respuesta bloquearía con su alabarda aquel intento hostil con el costado de su alabarda. Luego de aquel choque, rápidamente ella retrocedió.

- Tú no eres una maid cualquiera ¿Verdad?

- Y tu aparentas ser un chiquillo cuando no lo eres

- Tengo diecisiete años ¿Sabes? ¿Podríamos dejar esto para otro momento? Tengo un rey que decapitar.

- ¡No te dejare hacerlo! – Ella dijo. – Si el muere, ese psicópata de Jensen tomara el control y todo será aun peor.

- ¿Jensen?

-Si… uno de los lords.

-Escucha… en lo que a mi concierne, todos ustedes están estancados un conformismo donde solo esperan morir cual ganado, por miedo a luchar. Para suerte de todos ustedes, esta isla será muy fácil de tomar y reducirla a polvo. Y no, no matamos civiles, todos ellos están a salvo. Asi funciona mi familia.

-… ¿Qué demonios eres?

- El hermano mayor – Dijo regalándole una sonrisa. - Ahora ¿Me dirás dónde está el rey?

- A cambio… ¿me dejarías cumplir mi venganza?

-Allí va… sabía que había algo oculto detas de tus palabras, eres libre de ver como terminara todo esto, Mady. – Le dijo sonriendo a la Maid. - Pero et aseguro que no será muy bonito.

Y con total tranquilidad se fue al lugar descrito por la joven, con ella misma de acompañante. Por su parte, el resto de la tripulación ya había completado el trabajo de inutilizar a los soldados rasos. Al llegar al castillo, pudieron ver el desastre que había provocado el pequeño pirata en solitario. Cadáveres por doquier, quemados, fundidos. Algunos agonizantes, era toda una locura.

- El capitán nunca cambia. – Dijo Albert. – Apresúrense, debemos encontrar la tesorería ¡Rápido!
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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 26 Ene 2021 - 2:11

Pese a que ha pasado poco tiempo desde el ataque, las nubes de humo cubren el cielo del palacio. Y entre todos los olores que lleva, distingo uno bien conocido: el de la sangre. Me da igual si Jansen sobrevive o no al saqueo pirata, pero sería un poco lamentable que perdiera sin ningún atisbo de victoria. Por cierto, ¿hacia dónde debería ir ahora que la ciudad está bajo fuego? Viéndolo desde un punto de vista no demasiado retorcido, mi secuestro ha mejorado notablemente mis probabilidades de salir con vida.

Me encuentro en un corredor de un segundo o tercer piso con vistas al edificio principal, un lujoso palacio con tejado azul y fachada platinada. Desde la prisión hasta este lugar no hemos pasado por mucho, un par de guardias derrotados y poca información sobre lo que está ocurriendo. Ambas sabemos que es algo malo.

—Jansen esconde lo que nos quita en una habitación del edificio principal. Allí encontraré mi espada y podré devolverte el favor, Lauren.

¿Por qué tan obsesionada con la espada…? Dejo caer un suspiro y la miro. Se ha recuperado bastante rápido. Cualquiera esperaría que una princesa se ocultase tras ese hermoso pelo blanco, pero si Sophia tuviera que ser princesa de algo, sería la de los cocodrilos. Tiene unos bonitos ojos celestes, pero de nada sirven con esa nariz castigada por un boxeador borracho. ¿Acaso se está volviendo más grande…?, me termino preguntando.

Si Jansen no me hubiera robado los libros de Pine no tendría motivos para hacer algo tan peligroso. Como los soldados de la periferia fueron masacrados los piratas no han tenido problemas para avanzar, pero aun así tardarán unos valiosos minutos que podría aprovechar para ganar ventaja y huir. Pero no, por ningún motivo se iría sin esos libros. Ahora bien, si los hombres de Jansen tienen una o dos neuronas tendrán todo esto en cuenta; si son un poco más listos, reforzarán la seguridad para impedir cualquier clase de infiltración enemiga. En las entradas principales habrá como mínimo un grupo de cuatro soldados, y eso en el mejor de los casos. Uno con un gran escudo, un espadachín, un lancero y un ballestero. Así los formaría yo.

Sin embargo, todos los edificios tienen ”entradas mágicas”. Los soldados tienden a subestimar la importancia de un balcón a la hora de elegir los puntos de guardia. Si bien la habitación que mencionó Sophia no está cerca de balcón que tengo en mente, ahora mismo es la opción más segura por dos razones: conozco los jardines y ese balcón. Mi único gran problema es que no puedo llevarme a esta señora. La única manera de recuperar nuestras cosas será trabajando sola.

—Puedes infiltrarte, ¿verdad? —dice de repente con la mirada puesta en el edificio principal—. Si no vuelves dentro de veinte minutos haré un escándalo para llamar la atención.

Qué bien, conoce su lugar, pienso con los ojos puestos en ella, inexpresivos e imperturbables.

—En los jardines de Jansen hay un laberinto de… ¿árboles? ¿plantas? Qué sé yo, no soy jardinera. Da igual, en diez minutos estaré en la entrada del laberinto.

Sophia asiente y, sin más explicación, parto. Lo único que necesita saber es que estaré ahí en diez minutos. Cómo lo haga es mi problema, ¿no? Mi objetivo principal es recuperar nuestras cosas antes de que lleguen los piratas, y el primer paso para ello es llegar al balcón. Camino fácil y conocido.
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Mensaje por Freites D. Alpha Sáb 6 Feb 2021 - 22:02

Normalmente la guerra suele emocionarme mucho, pero hoy no era ese caso. No he de negar que el calor de la batalla me mantenía motivado a seguir luchando, pero se trataba de una batalla donde los enemigos no presentaban ninguna amenaza o ningún desafío, quizás ese era el motivo por el cual me encontraba tan tranquilo, a pesar de toda la montaña de cadáveres que he dejado atrás. Mi corazón no late con velocidad, no puedo sentir esa presión, la cual me llena de adrenalina. No puedo sentir dolor, quitando estas diminutas heridas causadas por las flechas de mis enemigos, nadie más me ha herido ¿Qué demonios ocurren con los blues? ¿No se supone que en el norte nacen los más fuertes? Honestamente, esto está comenzando a ser… aburrido.

- No puedo creer que un ejército tan diminuto con soldados tan diminutos les hayan tenido en dictadura por tanto tiempo. – Mi comentario era directo y sin rodeos, era realmente lo que pensaba, podía entender que una de las razones por la cual nadie había hacho nada es por miedo. Pero en mi lugar, preferiría morir que vivir con miedo.

- Ellos son muchos más fuertes. Muchos quisieron revelarse y fracasaron. – Mady se mostraba triste con su comentario, quizás alguno de sus seres queridos habrían caído tras tratar de revelarse contra esta gente, terminando en un total fracaso.

- Una causa bélica es un desafío logístico donde el más astuto es quien gana, Mady. – Dije mientras la miraba a los ojos. – Mi espía tiene en esta isla al menos unas dos semanas de las cuales investigo lo más importante para tomar esta ciudad.

Ella se quedaría meditando mis palabras. Luego, llegaríamos a una puerta de madera enorme. Me quede divisándola por un momento. Coloque mi mano sobre la entrada con la intención de fundirla, pero inmediatamente me di cuenta de que se encontraba abierta. Levante la ceja derecha algo consternado, no podía imaginarme a nadie no defendiendo a su rey en una situación como esta. Sorprendentemente al entrar, la habitación estaba totalmente vacía, al final de ella solo se encontraba un trono abandonado.

- Supongo que abandonaron el lugar por un pasaje secreto. – Dije sarcásticamente, aunque era una posibilidad. – Bueno, supongo que no podemos llorar sobre la leche derramada. Quizás atacar la ciudadela principal no suene tan mala idea, o quizás debería dejar eso a la revolución.

- ¿R-Revolucion?

- Sí, tengo un par de amigos en ella, pasare un informe sobre la situación de este lugar. Con un punto táctico como esté disponible, será más fácil para ellos salvar a toda esta gente. Una vez mi familia encuentre la tesorería, me largare de aquí.

Me di media vuelta, con las intenciones de reunirme con todos, pero antes la maid se atravesó en mi camino. – Quiero ir contigo. – Dijo mirándome a los ojos, esa mirada era una que tenía tiempo sin ver, era una mirada llena de determinación, eso me agradaba.

- Eres bienvenida a mi familia, Mady. – Dije mientras le sonreria con amabilidad. – Ahora, debemos ponernos en… - Fuimos interrumpidos por una chica. Tenía el cabello negro, muy corto y unos hermosos ojos rojos, carga consigo una interesante espada. De hecho, su diseño me daba mucha curiosidad. Note inmódicamente que tenía las intenciones de escapar, rápidamente saque mi arquebus y le apunte justo en la cabeza. Pero sin disparar. – No te recomiendo que te muevas, señorita. – Dije mientras Suzaku caminaba para colocarse justo al lado de ella. – Un movimiento en falso y adiós a tu cabeza. Mady ¿la conoces?

- Al juzgar por su apariencia, debería ser uno de los “juguetes” de lord Jansen.

- ¿Juguetes?

- Si, se divierte torturando mujeres.

Definitivamente eso me había puesto de mal humor, deje de apuntarle en la cabeza palpe los costados de mi super ave con los pies, inmediatamente ella se giró y nos alejamos. De momento, mi den den mushi comenzó a sonar.

- ¿Qué ocurre? – Pregunte al coger la llamada.

- Hemos conseguido la tesorería y hemos acabado con lo último de sus defensas. Lo único que queda aquí es uno de los líderes, un tal Jansen. ¿Debería matarlo?

- No, llévalo al patio, pregúntale donde oculta las mujeres que tortura o Lara se divertirá con él.

Claramente podía escuchar como aquel Lord cantaba como un canario, estaba desesperado por salir con vida de la situación, pero lo que no sabía es que era momento de pagarle con la misma moneda. Colgué, y me dispuse a ir al patio. No antes sin decirle a esa mujer.

- Si quieres verlo morir, puedes venir al patio. Pero a cambio quiero simplemente echarle un ojo a esa espada.

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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 6 Feb 2021 - 23:50

El humo de la ciudad ha oscurecido el cielo y el ruido de la batalla mantiene alerta a los guardias. Una persona con intención de triunfar aprovecharía estas condiciones y las voltearía a su favor. Los soldados apostados en las puertas vigilan con profesionalidad los alrededores, pero no pueden ver lo que está detrás de los arbustos. Tengo una visualización mental sobre los patrones de vigilancia de estos hombres. Cada cierto tiempo miran hacia el campo de batalla, perdiéndose en el sonido unos valiosos segundos. Y este tiempo lo uso para continuar avanzando.

El camino hasta el balcón no ha sido del todo sencillo, pero, sin apresurarme y estudiando a los vigías, por fin he llegado. Este se encuentra a tres metros del suelo y no traigo nada que pueda ayudarme. Bueno, «nada». Por fortuna la pared es de piedra: rugosa y fácil de escalar. Cual gato antes de saltar, dimensiono las distancias y entonces tomo algo de impulso para correr hacia la muralla. Doy un gran salto como tantas veces lo he hecho antes, y envío toda mi fuerza a mi pie derecho para volver a saltar. Ahora enfoco mi peso en el izquierdo. Y repito el proceso hasta alcanzar la barandilla.

Inmediatamente me agacho y aguzo el oído para comprobar si hay alguien dentro de la habitación, pero lo único que escucho son mis latidos. Dejo escapar un suspiro. La sangre en mi cuerpo toma la forma de una pequeña ganzúa y abro la cerradura de la doble puerta. Me encuentro en la habitación más limpia en la que alguna vez he estado. A cada lado hay estanterías con libros y un gran escritorio, hecho de madera con retoques de oro, mira hacia la puerta. Mis calludos y sucios dedos lo acarician casi como queriendo contemplarlo, pero se detienen cuando me doy cuenta de que he dejado una mancha en su reluciente superficie.

¿Y esto…? Distingo una diminuta cerradura en un cajón del escritorio. Repito el truco de la doble puerta y listo. En su interior hay una libreta de cuero, dos bolígrafos y una fotografía donde aparece Jansen junto a un bebé y una mujer. ¿Por qué guardaría estas cosas aquí? Cojo la libreta y entre que lo hago uno de los lápices golpea el fondo. ¿Por qué ha sonado así de hueco? Le doy un toque con los nudillos. Aquí debe haber algo. Retiro el falso fondo y me encuentro con… ¿Una carta? No tengo tiempo para estas estupideces. Guardo el papel con la libreta en uno de mis bolsillos y abandono la oficina.

Luego de escabullirme un par de veces, inspeccionar innumerables cuartos (solo con la vista, no tengo demasiado tiempo) y neutralizar a un soldado, he llegado a la «sala de los juguetes». Hay toda clase de objetos, desde peluches a vestidos, pasando sutilmente toda clase de armas. Encuentro mis cuchillos arrojadizos y aprovecho de vaciar las carteras. Por un momento dudo en llevarme la “espada” de Sophia, inventarme que no la he encontrado o algo, pero supongo que puedo venderla más adelante… Diría que es un estoque por lo delgada que es su inédita hoja, pero le hace falta el guardamanos. Más bien parece una aguja. Tiene una empuñadura delgada de color plateado con una curvatura en un cuenco ocupado por una gema escarlata. La hoja es del color de la sangre (bastante curioso, ¿no?) y tiene una inscripción grabada, pero desconozco este sistema de escritura.

Echo un ojo al reloj de bolsillo y chasqueo la lengua.

—He perdido mucho el tiempo en esta habitación.

Cuando me dirijo a la salida escucho pisadas y el corazón se me detiene. ¡¿Guardias?! ¡¿Justo aquí?! Puedo defenderme, pero no quiero hacer un escándalo. Me apoyo en la pared y asomo la cabeza. ¿Están heridos…? Uno de ellos tiene quemaduras. Lo único que debo hacer es llegar al laberinto y una vez ahí estaré a salvo. Me preparo mentalmente y entonces tomo una bocanada de aire. Inmediatamente salgo del cuarto y, al mismo tiempo que exhalo, arrojo un cuchillo. Le he dado en el ojo. El otro soldado levanta la guardia y el proyectil rebota en su escudo, pero me vale para echar a correr.

Creo que le he perdido luego de tanto huir, pero ahora me encuentro en otro problema. Un chico me está apuntando con su arma. ¿Y de dónde ha salido este? Dice que no me mueva y que, si lo hago, adiós a mi cabeza. No estoy segura de si puedo ser más rápida que su dedo, pero por el momento lo mejor es hacerle caso. Y es cuando su acompañante responde que algo le pica en la cabeza, no sé qué, pero deja de hacerlo. Dice que matará a Jansen y, a cambio de dejarme ver, quiere echarle un vistazo a la espada. Está… loco.

—Me da igual verlo morir o no —respondo en voz baja, práctica como siempre. Ahora lo que más importa es mi vida—. Además, alguien me espera en otro sitio. Ha dicho que montará un espectáculo si no regreso. No sé quién eres, pero adiós.

O hubiera estado genial decirle eso, pero de pronto la habitación en la que estamos (una de las importantes por lo que puedo ver) es rodeada por un pelotón de muchos soldados. Digo muchos porque perdí la cuenta en el treceavo. Llevan armaduras ostentosas y un hombre de buenas pintas parece ser el líder. Rubio, ojos celestes, sacado de algún cuento de fantasía. Su espada es genial, dorada y todo.

—Ríndanse ahora mismo, piratas, pagarán por los pecados que han cometido —dice con aire solemne como si de pronto fuera un héroe.
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Mensaje por Freites D. Alpha Lun 8 Feb 2021 - 17:46

Menuda persona más curiosa, a pesar de su apariencia, algo me dice que es más de lo que se ve a simple vista. Pero ahora tenía algo más de lo que preocuparme, un caballero bastante interesante lideraba a un gran grupo. Cabellos dorados, y una gran espada, como cualquier cuento de hadas.

- ¿Me hablas de pecado a mí? No soy el que tiene fascinación a torturar mujeres como tu señor. – Dije con total tranquilidad. De hecho, siempre estaba tranquilo, relajado y sumiso. Muchos solían decirme que ese era parte de mi encanto. De hecho, era cierto, mi naturaleza tranquila siempre hacia que las personas me siguieren por alguna extraña razón, tal vez era por eso que Mady ha decidido seguirme. Aun así, sigo sin estar emocionado por el oponente que tengo en frente, la señorita de curiosa apariencia sigue pareciéndome más fascinante.

- ¿Quién te crees que eres para hablar así de mi señor?

- Freites D. Alpha. Señor de la guerra para algunos, un buen amigo para otros.

- ¡Morirás!

El rubio se lanzó contra mí, lo único que hice fue bostezar del aburrimiento. Mi oponente dio un gran salto y se dispuso a caer en picada para cortarme. – Sonso… - Lo intercepte con mi alabarda, ambas hojas chocaron generando una pequeña corriente de aire a nuestro alrededor. Abrí un poco mis ojos al notar eso, este sujeto era fuerte o al menos eso daba a entender.

- Quizás tú puedas matar mi aburrimiento. – Le dije. Prepare mi ataque, retrocedo un poco mi alabarda y le apunto directamente en el pecho. El por su parte eleva la hoja de su espada y la sujeta con ambas manos preparándose para dejarla caer. Ambos lanzamos nuestras respectivas técnicas, yo pretendía perforando con mi onda, y el pretendía cortarme con la suya. El choque genero una gran corriente de aire que mando a todo aquel que no estuviese preparado para amortiguarla. El resultado de todo aquello resulto en un empate, yo miraba fijamente a mi oponente a los ojos. Aun seguir totalmente tranquilo, pero no podía evitar sonreír.

-Eres muy bueno, pero tengo prisa, no creo poder quedarme a jugar contigo.

-¿Cómo dices? ¿Jugar? ¿Acaso esto es un juego para ti?

-Todo lo que no resulte un desafío real, es un juego para mí. – di un profundo respiro y arroje una fuerte llamarada llevándome todo a mi paso. El rubio no la vio venir, tanto el cómo sus guerreros se tragaron aquellas llamas, terminando mal heridos.

Todos, menos mi oponente, que aún se encontraba de pie.

-Increíble, me sorprende que eso no te haya tumbado. - Dije sonriendo, me preparaba para poder darle el siguiente golpe. Pero me percate que mi oponente no se movía. Me acerque, le pinche la armadura para intentar moverlo, pero había caído inconsciente, con alguna que otra quemadura. – Ya está. Ahora… - dirigí mi mirada hacia la señorita con la espada interesante. – Eres libre de irte, señorita. – Le dije con una sonrisa amable y una mirada tierna. Suzaku no hacía que mirarle de arriba hacia abajo, con la intención de recordarle. – Parece que le has caído bien a mi compañera. Mady, nos vamos. – fue lo último que dije antes de retirarme, era una lástima que no pudiese ojear aquella espada.

Bueno, otro día será.

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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 12 Feb 2021 - 18:43

Todo esto es una locura. El intercambio de golpes ha dañado la puerta y la única ruta de huida viable ya no existe. ¿Por qué no pelean un poco más allá? Sin ninguna duda, este chico rarito es fuerte y tiene un poder aterrador. ¿Crear fuego solo con pensarlo? Eso es injusto. Por suerte me encuentro tras una columna que ha frenado un poco la ola de calor y los impactos del combate, aunque no sé cuánto vaya a resistir. Espero que mucho.

La batalla termina al poco tiempo después, y es que ninguno de estos hombres ha sido capaz de hacerle frente a ese… chico. La palabra «monstruo» le queda mejor, creo. El mundo me está mostrando que hay muchísima gente poderosa y, probablemente, la Santa Inquisición no esté ni cerca de ser la institución más brutal de este. Ya pensaré en ello, por ahora tengo que encontrarme con Sophia para huir. Menos mal que los libros no se han chamuscado… Me gustaría regañar a este idiota, porque eso es lo que es, pero no quiero terminar como el rubio de ahí. Hasta se me ha ocurrido una idea…

—Oye, eres fuerte. Mucho más que los guardias y pareces ser buena persona. —Ya, sí, una buena persona que acaba de carbonizar a todo un pelotón—. ¿Me ayudarías? Tengo que reunirme con… esto… una amiga. Sí, una amiga. El camino puede ser peligroso y, bueno, ¿me escoltarías? No está lejos.

Por supuesto que no es ninguna trampa. Tengo claro que este chico es el causante del asalto a la ciudad portuaria, y prefiero tener una alianza temporal con él que con los hombres de Jansen. Ahora que lo pienso… Si el puerto está tomado por los piratas, ¿cómo huiré de Rosmandia? Más importante aún, ¿cómo encontraré información del Ejército Revolucionario en este estado? Joder, al final sí que lo ha complicado todo. Igual debería darle una puñalada en el pecho como desahogo.

—A cambio… Esto… Te dejaré ver la espada, se llama… —Toda buena espada tiene un nombre, pero no se me está ocurriendo ninguno—. Escarlata. Sí, ese es su nombre. Sophia me contó que es una espada con un valor incalculable, seguro que te gustará.

Y ahora que he dicho lo que tengo que decir, solo me queda esperar la respuesta. ¿Debería presentarme? Bueno, lo haré solo si me pregunta mi nombre. Victoria, esa soy yo, una pobre chica que ha sido capturada y abusada por Jansen.
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Mensaje por Freites D. Alpha Vie 19 Feb 2021 - 16:44

Ya nos disponíamos a retirarnos, me disponía a terminar con la vida del miserable de Jansen antes de salir de esta isla, pero la señorita tenía otros planes. ¿Qué debería hacer? Seguramente aún quedaban grupos rezagados de guerreros listos para la batalla y ciertamente en el estado que la observo tal vez no durara mucho. Además, el diseño de esa espada me resultaba interesante. – A ver… déjame ver esa espada. – La curiosidad de herrero me pudo más. Extendí mi brazo para que me entregara la espada por unos momentos. De ella entregármela, me dispondría a examinarla de arriba hacia abajo. Reconozco el material. Lo que más me llama la atención es el diseño del mago y su color.

Esta espada es una auténtica joya.

- Memorizada. – Dije con tranquilidad. Devolví el arma y me dispuse a sonreírle a la dama. – Vale, es momento de cumplir mi parte. ¡Mady!

- ¿Capitán?

- Conoces este lugar mejor que yo. Se nuestra guía al destino que tenga que ir esta chica. Por cierto ¿A dónde te diriges?

Una vez la respuesta fuera dada. Nos dispondríamos a escoltar a la señorita hacia su destino. ¿Por qué la ayudo? Para comenzar, lo ha pedido de buena manera y en ningún momento se ha portado de manera grosera. De hecho, parecía una chica agradable. Quizás algo sucia y desarreglada, pero es lo de menos. El exterior de una persona es simplemente una portada donde en cualquier caso podrías encontrar un libro maravilloso. La pregunta es ¿Qué tipo de libro era esta señorita?

- Por aquí. – Nos indicaba Mady. Yo estaba relajado totalmente y me mantenía tranquilo. Uno que otro soldado se interponía en nuestro camino, yo simplemente los atravesaba uno tras otro con mi alabarda.

-Parece que se acaba la diversión. – Dije mostrándome aburrido. Lo único que tenía en mente era recolectar todo el botín y salir de esa isla cuanto antes. Tenía ganas de encerrarme un rato en mi habitación y trazar algunos diseños para mi nueva arma.

Una que sin lugar a duda seria increíble.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Dom 21 Feb 2021 - 22:28

—Me reuniré con mi amiga en el jardín —respondo cuando el niño-hace-fuego me pregunta—. ¿En serio me escoltarás? Gracias, la verdad es que este palacio me da mala espina.

Y así nos ponemos rumbo al jardín. No le he dicho específicamente que voy al laberinto porque igual termina traicionándome o algo. Tampoco es como si valiera algo para él, es decir, si puede carbonizar a los guardias con tan solo un movimiento de mano… ¿Podría ofrecerle algo? Por la forma en que miró a Escarlata debe saber mucho de armas. En el caso de que las cosas se pongan más peligrosas de lo que ya son, igual termino ofreciéndosela para salir con vida de este infierno. Infierno literalmente: la ciudad está en llamas.

Han pasado casi diez minutos desde que le dije a Sophia que estaría en el jardín-laberinto. La buena noticia es que estoy a nada de llegar y encima traigo buena compañía. ¿La mala? Bueno, al parecer el ejército de Rosmandia ha comenzado a organizarse. O eso he oído. Acabamos de pasar por fuera de una habitación con la puerta entreabierta. Dentro había un hombre hablando a susurros con otra persona. Yo no he dicho nada porque tampoco quiero meterme en problemas.

Resulta que esta ciudad portuaria no concentra ni el treinta por ciento de las fuerzas bélicas del reino. Con razón el tirano de turno puede abusar de la gente mientras se acaricia los huevos. Con tal ejército no es necesario asustarse de unos simples campesinos, supongo. A lo que voy es que dentro de una semana el ejército real estará en esta ciudad y exterminará a los piratas, a todo quien ose erguirse en contra de la corona. Si todo sale bien, estaré fuera de esta isla para entonces. O ese es el plan.

—Bueno, hemos llegado. Allá está mi compañera —digo, apuntando hacia… ejem, cualquier lugar—. Gracias por escoltarme. —No me queda de otra; necesito ser educada si es que no quiero convertirme en cenizas—. ¿Qué harás? Yo buscaré la manera de huir, no quiero morir en Rosmandia.

Lo último que le digo es verdad. Al final aquí no he encontrado demasiada información sobre el Ejército Revolucionario, yo diría que solo he perdido el tiempo. Me enemisté con un jodido mimo, casi fui torturada por un estúpido noble y ahora soy la protegida temporal de un pirata con los ánimos candentes. Ja, ¿se entiende? Como sea, al menos he conseguido esta aguja. A Escarlata. Las armas largas no son lo mío, pero todo buen asesino sabe de sobra que es fundamental dominar todo tipo de objeto que sirva para matar. Me gustan los cuchillos, aunque supongo que puedo darle una oportunidad a Escarlata.
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Mensaje por Freites D. Alpha Vie 26 Feb 2021 - 17:27

El recorrido había terminado finalmente, el camino hasta llegar hacia el destino de la joven estaba lleno de alguno que otro enemigo, pero ninguno resultaba ser un desafío, todos morían atravesados por mi alabarda.

Si, tenía totalmente la razón, todo lo emocionante había acabado.

- Fue un placer haberte ayudado. – Dije, sonriéndole con amabilidad. – ¿Que planeo hacer? Yo regresar a mis dominios, ya hice lo que vine a hacer. –Regresar al Erebus no sonaba tan mal después de una larga jornada de trabajo. Aún tenía una que otra herida menor en mi cuerpo que tratar, así que tengo trabajo para los médicos que se encuentras en mis galeones.

-Por cierto. – Me saco del kimono un papel con mi número de den den mushi anotado en él. – Si deseas mejorar o reparar esa espada que llevas, no dudes en llamarme. Todo el mundo que no esté por parte del gobierno esta bienvenido al Erebus. – Al entregarle mi número, me despedí haciendo una leve reverencia y me disponía a irme al lugar donde se encontraban todos. Allí se encontraban todos, listos para retirarnos.

-¿Ya es momento de irnos?– Me preguntaba Albert.

- Si, ya no tenemos anda que hacer aquí ¿Dónde está Jansen?

El lord de Rosmandia se encontraba atado en el suelo. Tenía los ojos llenos de lágrimas, probablemente sabía lo que estaba a punto de ocurrirle o tenía una vaga idea de ello. Personalmente, sujetos como estos me caen muy mal ¿Cómo puede divertirle torturar mujeres? Esto definitivamente ya era un poco más personal.

- Así que tú eres Jansen… - Dije bajándome de Suzaku. Camine hasta llegar a su lado. Tenía unos cuantos moretones y un poco el ojo hinchado. – Lara ¿Has sido tú? – Ella asiente. Yo solo sonreí. – Pues usted es una persona muy mala, señor Jansen.

- ¿Q-Que vas a hacerme?

- Darle un abrazo, un abrazo es justo lo que necesita.

El hombre se quedó un poco extrañado por mi respuesta. Indique que lo desencadenaran. El se levantó y se quedaba mirándome totalmente confundido. Yo simplemente abrí mis brazos esperando que viniera hacia mí. El dudaba, pero no tenía opción, si él se rehusaba probablemente alguno de los presentes lo lastimaría aún más. Se acercó lentamente y puso una rodilla en el suelo. Me rodeo con sus brazos y yo con los míos. El abrazo ya estaba dado.

Se lo dije, era lo que necesitaba.

- ¿Ya puedo irme? Prometo no...

-¡Shhh! No tiene que prometer nada, pronto todo terminara.

La temperatura comenzó a subir. Él se dio cuenta que algo andaba mal, pero ya era demasiado tarde. El proceso seria lento y doloroso. Podía sentir su desesperación, cuando mi calor llego hasta un punto insoportable, el comenzó a golpearme con todas sus fuerzas para tratar de liberarse. Yo solo sonriera y seguía chitándolo mientras le decía que todo estaba bien. Pronto su carne comenzó a calcinar. El gritaba desesperadamente, pedía ayuda y claramente se podía escuchar por todo el castillo. Pronto, su carne se comenzó a fundir y un último grito de dolor escuchado.

La vida de Lord Jansen, había terminado.

- Albert

- ¿Si, hermano mayor?

- Llama por den den mushi a la revolución. Indica que Rosmandia ha iniciado una revolución y que uno de sus lords ha caído. Entrégales estas coordenadas. Recojan nuestro botín, nos vamos.
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