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Risas y cenizas [Privado][Pasado][Víctor y Freites D. Irkenox Alpha]

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Mensaje por Víctor Kostalm el Sáb 9 Ene 2021 - 5:06

Los tablones que erguían la cantina retumbaban en armonía con la música. Dentro de los confines de esas cuatro paredes predominaba el gozo y la alegría. Al menos dos docenas de trabajadores y sus esposas, quienes frecuentaban el establecimiento tras el duro trabajo en el campo, sumaron sus corazones en honor a la celebración que estaba llevándose a cabo. Era el día del florecimiento de la hija del cantinero. La muchacha de cabellos rubios y figura esbelta no se parecía en nada a su padre con calvicie incipiente, brazos gruesos como el tronco de un árbol y mandíbula cuadrada. Tanto que los charlatanes del pueblo aseveraban que la única similitud entre ambos era el amor que el resto de la comunidad profesaba por ellos.

Los vientos condujeron a Víctor hasta esa velada crepuscular. Los trovadores que mantenían en lo alto el júbilo del gentío invitaron al aventurero a echarles una mano, y eso hizo. Víctor tocaba su flauta que resplandecía con la iluminación de la taberna. Los bardos y el flautista endulzaban con soltura el festejo mediante una melodía sencilla, caracterizada por apasionadas notas agudas remarcadas por otras más graves.

La cantina Merced del Señor estaba ubicada en una baronía más del montón, un rasgo distintivo del Reino de Hallstat. Rodeada por regios árboles desde el norte y el este, al sur se expandían las tierras de cultivo que servían de sustento para la demarcación. La fama de Hallstat no tenía límites, y Víctor no era precisamente un ignorante en la materia. Sin embargo, un punto más en el mapa como ese no disponía de sustanciosas fuentes de información confiable. Por lo que había escuchado hasta ahora, nada más que habladurías de charlatanes, el pueblucho alcanzaba centenar y medio de habitantes. Cabría esperar que una jerarquía social vertical como la de Hallstat diese cabida a abusos de poder, pero pocas quejas llegaron a oídos del casi-albino sobre el barón. La jurisdicción de esas tierras estaba en manos de la familia Gardenlance desde hacía generaciones, cuyo cabeza de familia, el barón Julius Gardenlance, gozaba de buen agrado por parte de sus súbditos. Y todo aquello no lo sorprendió. Víctor sabía que debían existir hombres que fuesen capaces de cargar honradamente con sus coronas, pero era difícil de creer que ese tal Julius fuese uno de ellos. A sus oídos llegó de una pareja de ancianos que logró hacer desembuchar sobre los trapos sucios del señor. No obtuvo nada que no fuesen rumores, pero sabía que algo no encajaba. Solo habían pasado dos días desde que llegó a ese pueblo perdido de la mano de Dios. Si tuviese más tiempo quizá pudiese reunir las pruebas suficientes para decidir su curso de acción. Tal vez descubrir que el barón era mejor hombre de lo que sus presentimientos le decían que era fuese satisfactorio.

Hasta entonces, se concedería unos momentos de paz. La justicia podría esperar. Al menos un poco.
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Mensaje por Freites D. Alpha el Dom 10 Ene 2021 - 17:59

Hallstat… aquí vamos otra vez. ¿Por qué digo eso? Es muy sencillo, el joven capitán pirata Alpha tiene más de una historia en esta isla y, en cada una, las cosas han sido un verdadero desastre. Todo tiene un principio, aquí fue donde ocurrió su primera gran cruzada, donde el solo se rodeado en una guerra. En un bando podías encontrar un ejército de miles al igual que el otro, y aunque cueste creerlo, en solo casi salió victorioso de aquella gran batalla.

Su derrota fue culpa de la inmadurez que él tenía en aquel entonces.

No todo fue malo, consiguió a tres grandes soldados que se convirtieron en parte de su familia, el trio de la demolición. También logro conseguir unas cuantas cosas más que solo se limitan a trofeos y pruebas de su casi victoria en las minas de Auria, lugar al que prometo regresar con su propio ejército y reclamarla.

La segunda gran cruzada ocurriría tarde o temprano.

Pero ahora, eso no importaba mucho. Habían pasado ya unas semanas desde que Alpha se había topado en una encrucijada donde los soldados de Anthony luchaban fervientemente contra los seguidores de la reina legitima, Illiana Markov. En medio de aquella batalla Alpha se alzó en contra de ambos mandos demostrado su poder, recalcando que Anthony era solo un cobarde que se escondia detrás de sus tropas y que Illiana debería demostrar que era digna de gobernar. Después de todo, los nobles no deberían ser simplemente personas que exijan que cualquiera se incline ante sus reliquias o títulos inmerecidos, y en caso de tener un título, debería habérselo ganado con sudor y sangre.

Así lo dicta el código de la familia del pequeño expansionista pirata.

Pero hoy, es un día para relajarse. La cantina estaba de celebración y el pelilargo solo se disponía a beber y comer carne con total tranquilidad. Suzaku se encontraba afuera vigilando, era una lástima que no dejaran pasar animales en la taberna, aunque eso no molesto al pequeño herrero en ningún momento. El ambiente mejoraba cada vez más y más, el pirata no pudo detener evitar cantar, siguiendo el ritmo musical que se encontraba en el ambiente.

La voz de Alpha era majestuosa, como músico que era, él había decidido entrenar su voz como principal instrumento. Su concisión trataba sobre un pirata que cazaba a otros piratas, la gente quedaba anonada con lo que escuchaba, al finalizar, todos aplaudieron y él se sentó nuevamente a seguir en lo suyo.

Comer y beber, así era la vida de un pirata.
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Mensaje por Víctor Kostalm el Dom 10 Ene 2021 - 21:39

En un momento de la velada, la pasión que los músicos imprimían en la celebración se detuvo por la irrupción de una voz majestuosa, celestial, proveniente de las fauces de un jovenzuelo bajito de inmaculada melena. La flauta casi resbaló de las manos de Víctor por la sorpresa, quien tardó en recomponerse del asombro inicial. El canto terminó a la misma velocidad que dio inicio, seguido de aplausos por parte de todos los presentes.

Los últimos estertores del atardecer se proyectaban en el interior de la cantina a través de las ventanas. La proclama de la noche no pareció tener efecto en los ánimos de la fiesta, y los músicos retomaron su labor con renovado ahínco. Víctor, en cambio, rechazó la invitación a volver a tocar antes de retirarse a una mesa alejada de la jarana.

La mesa que el cantinero le tenía reservada era redonda y menuda, sostenida por dos pares de patas de madera. Un plato de comida humeante y una jarra de cerveza esperaban su llegada. Víctor tomó asiento en uno de los taburetes alrededor de la mesa, luego extendió una mano enguantada hasta el alcohol y lo olisqueó. No frecuentaba tabernas, ni mucho menos sentía mucho aprecio por las birras, pero el olor le permitió ordenar las cosas en su cabeza.

«¿Quién era ese sujeto?» preguntó para sus adentros, refiriéndose al joven dotado de una voz angelical. El kimono rojizo que vestía revelaba que no era oriundo de la zona, y si lo fuese tendría a su alcance recursos suficientes para considerarse parte de la alta nobleza. Víctor descartó la posibilidad de que se tratase de algún duque de costumbres excéntricas. Sin embargo, antes de seguir intentado deducir la identidad del enano reparó en algo extraño de la cantina: la hija del cantinero, inconfundible entre el gentío debido a su cabellera rubia y esbelta figura, no figuraba en la cantina.

Víctor se levantó bruscamente y el taburete cayó al suelo tras él. Mientras devolvía la jarra de cerveza a la mesa un aliento fétido inundó sus fosas nasales. Cuando el casi-albino giró hacia donde provenía el hedor se topó con un hombre larguirucho de pelo rapado y barba de unos pocos días. El sujeto, evidentemente bajo los efectos del alcohol, se tambaleaba con ambos puños cerrados a la altura del pecho.

¿¡Ei, pibe, ké acei ein mi mezaí!?

Víctor no tardó mucho en descifrar el galimatías aderezado por el pútrido olor de su boca y sonrió al sujeto, manteniendo ambas manos en el aire en son de paz. No pretendía desencadenar una pelea de bar en un momento como ese. Quizá sus miedos sobre el barón local y la hija del cantinero estuviesen infundados, pero Víctor prefería asegurarse. No obstante, el gesto de reconciliación de Víctor no surtió efecto. El borracho siguió profiriendo improperios mientras lanzaba puñetazos al aire a escasos centímetros del rostro de Víctor, sin la suficiente fuerza para herirle si acertasen. Víctor retrocedió un paso, luego otro, y otro, hasta que su nuca rozó la pared de madera. A través de una ventana cercana observó que ya había caído la noche, el tiempo se le estaba agotando. El resto de la taberna lucía igual de embriagada que el larguirucho hombre que le exigía luchar, ya fuese por el alcohol o la pasión de los músicos.
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Mensaje por Freites D. Alpha el Mar 12 Ene 2021 - 14:27

La vida a veces puede llegar a ser un poco curiosa, incluso para personas como Alpha. Disculpen ¿he dicho persona? Quizás me he salido un poco de contexto. Decir que el joven rey de la forja era una persona era sinceramente hacerle un cumplido. Muy pocos sabían el oscuro secreto que albergaba el corazón de este ser.

El pequeño capitán pirata solo se disponía a disfrutar de sus alimentos y de la bebida pero, al parecer la paz estaría a punto de quebrantarse. La mirada de Alpha se postro en una situación un poco incómoda para el ambiente, al parecer uno de los clientes se había pasado de copas y buscaba pelea a uno de los músicos. Al mismo tiempo, la puerta de la entrada se abrió, el trió demolición había llegado.

Aquel borracho busca pleitos trataría de lanzar un golpe al músico, pero a mitad del camino su golpe fue interceptado por el semi-gigante, Drukoff. – Pequeño, todos están disfrrutarndo de la fiesta. No querremos problemas ¿De acuerrdo?– Junto a a Lara y Albert, que miraban con cara de pocos amigos al hostil, la reacción que tubo fue simplemente tragar saliva y salir del lugar. – Estos Borrachos – Suspiro el gigantón- ¿Estas bien, Chiquillo? – Pregunto amablemente a la persona de extraña cabellera de dos colores. – Yo soy Drukoff. Ellos son Lara y Albert ¿de casualidad no ha? ¡Pequeñin! – Grito al ver a Alpha que se encontraba comiendo – Comiendo sin sus soldados ¿Capitán?

- Comida y bebida, esa es la vida de nuestra gente, pequeño Drukoff.- Respondio el pelilargo. Acto seguido, el trio tomo asiendo en la mesa donde se encontraba el pirata. Ordenaros más comida y bebida. - ¿Qué han averiguado?

- Una prisión y una tesorería. – Murmuro Albert. – Sin duda ese castillo será un buen lugar para obtener un gran botín.


- Como tiene que ser – Dijo Alpha – Como tiene que ser.
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Mensaje por Víctor Kostalm el Mar 12 Ene 2021 - 23:09

Víctor maldijo para sus adentros. Si la hija del cantinero estaba en peligro frente a sus narices, no iba a perder el tiempo lidiando con un donnadie ebrio. Decidido a inutilizarlo antes de que su sentimiento de lucha se esparciese por los alrededores, su negligencia como única responsable, esperó pacientemente a que el borracho le golpease. Basado en la falta de precisión de sus movimientos, la mirada desorientada y el constante tambaleo, el impacto sería suficiente para que el hombre perdiese lo poco que le quedaba de equilibrio, y dudaba que pudiese ponerse en pie después de eso. Sin embargo, antes de que su plan surtiese efecto el puño del borracho fue atrapado en acción por un hombre corpulento. Demasiado corpulento. Víctor examinó con la mirada al recién llegado antes de concluir en vista de sus más de dos metros de altura que se trataba de un semi-gigante. A lo largo de su vida había visto a uno o dos híbridos de su clase, pero nunca a tan poca distancia. Sin haber perdido la compostura en ningún momento, soltó un silbido de admiración.

—Tú sí que sabes lo que haces, ¿Eh?

Después del espectáculo que atrajo unas cuantas miradas curiosas, el grandullón y sus acompañantes se retiraron hacia una de las mesas. Víctor se volvió hacia el borracho, topándose con que se había marchado más rápido de lo que creía posible en alguien de sus condiciones. Qué miedo infundía el fortachón. No sería apropiado permitir que un hombre ebrio deambulase por ahí causando problemas, pero el casi-albino tenía preocupaciones más importantes que atender. Nuevamente, estudió la taberna de un lado a otro, esperando que su pánico inicial era infundado y la hija del cantinero seguía festejando, mas no hubo éxito. Cuando estuvo a punto de emprender la búsqueda, una voz que no había escuchado antes llegó a sus oídos, apretujada entre los compases de la música.

—… ese castillo… para obtener un buen botín.

Al casi-albino no le interesaba perder un segundo más, puesto que una vida podía estar en peligro, pero si su intuición estaba en lo cierto y el barón pudiese estar involucrado de alguna manera en todo ese asunto, necesitaría algo más que unas palabras bonitas para salir con vida esa noche. Era consciente de sus limitaciones, no iba a comportarse como un héroe sin serlo en primer lugar.

Viró hacia la mesa que ocupaban los recién llegados y el joven del kimono rojizo ¿Sería un embajador de tierras lejanas? El estatus del pelilargo seguía siendo un misterio para Víctor, al igual que sus intenciones en la baronía. No obstante, si podía estar seguro de algo era que debía ser alguien importante, lo que volvía el asunto aún más desconcertante.

—Muchas gracias por ayudarme con ese sujeto —exclamó con una sonrisa de bobalicón en los labios, seguido de lo cual plantó ambas manos sobre la mesa para otorgarles cierto grado de privacidad—. Estaba pensando en ofrecerles algo como compensación, pero antes necesito que me hagan un favor. Es solo una pequeñez, le he perdido la pista a una hermosa dama y estoy preocupado por ella. Podremos hablar sobre el precio después, o antes, según lo prefieran.

Víctor se esforzó por emitir su risa más cautivadora. No lucían como un grupo particularmente amigable, y estaba preparado de antemano para el rechazo. Aunque más angustiante era encontrar una forma de pagar por sus servicios, si es que accedían a ayudarle.
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Mensaje por Freites D. Alpha el Jue 14 Ene 2021 - 15:14

-El trió miraron al casi albino y prestaron atención a sus palabras. –No ha sido nada, Pequeñin- Drukoff coloco su imponente mano en la cabeza y le dio un par de palmaditas. Era increíble cómo tan solo su mano ocupaba completamente el tamaño de su cabeza. - ¿Compensación? ¿Qué tipo de compensación? – Lara pregunto totalmente interesad, aunque Albert interrumpió para añadir. – Lara, sabes muy bien que eso no lo decidimos nosotros.- Los tres miraron al pequeño capitán pirata, el solo sonreía mientras disfrutaba del ambiente y el festejo. – Siéntate, eres invitado a la mesa de mi familia. – Dijo Alpha, quien se mostraba estar de muy buen humor.

Los meceros trajeron más comida y bebida a la mesa, todos en ella disfrutaban de la comida con total tranquilidad mientras que el pequeño prestaba atención al joven de cabellos alocados. Ciertamente era una persona que demostraba ser un joven amable. - ¿Una hermosa dama? ¿Acaso te has enamorado? – Alpha no seria capaz de jugarlo, las mujeres eran algo maravilloso y mortal a la vez.

– ¿Cuál es tu oferta? – Pregunto nuevamente Lara – ¿Que tienes que ofrecerle a nuestro capitán?

- No lo presiones, Lara – Dijo el pequeño pirata – No vaya a ser que se asuste – En la sonrisa del pelilargo se formó una sonrisa amable y una mirada llena de tranquilidad absoluta. – Permíteme presentarme, soy Freites D. Alpha, capitán de los Big Brother Kaizokudan.

Todos en la taberna parecían estar en lo suyo, y mucho más en la mesa de los piratas. Todos los miembros de la tripulación pirata se quedaron mirando al joven que estaba justo allí sentado con ellos. ¿Realmente tenía algo que ofrecer? Incluso el mismo Alpha lo estaba dudando.

Quien sabe, la vida está llena de muchas posibilidades.

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Mensaje por Víctor Kostalm el Vie 15 Ene 2021 - 2:01

A Víctor no le tomaron por sorpresa las dimensiones del semigigante, ya había experimentado segundos antes lo abrumadora que podía resultar la experiencia de estar al lado de uno de ellos. Sin embargo, mantuvo un ojo encima del grandote, no fuese a ser que separase su cabeza del resto del cuerpo por error. Echó un vistazo rápido al otro par de rejo, restándole importancia a sus comentarios, y no supo qué opiniones le merecían ¿Guardaespaldas? ¿Mercenarios? Fuesen lo que fuesen, eran peligrosos. O debían serlo, al menos.

La mesa volvió a rellenarse de comida y bebida al cabo de un rato. Por su parte, Víctor ocupó uno de los taburetes libres de la mesa, conservando la compostura frente a los olores que incurrían en sus fosas nasales desde los platos recién servidos. No se trataba de falta de apetito, sino de una cuestión de principios ¿Cómo podría nadie detenerse a degustar de un plato de comida mientras una damisela corría potencialmente peligro?

—No, no estoy enamorado de esa persona —puntualizó como respuesta.

El casi-albino relajó el ceño, adoptando una expresión en cierta medida despreocupada. Había dado el primer paso; llamar su atención. Ahora necesitaba escoger las palabras apropiadas para convencerlos. Víctor sospechaba que no podría hacerles creer que obtendrían una recompensa inigualable tras cumplir el trabajo, pues, además de estar vendiéndoles humo, no era la persona indicada para engañar a tres matones y un niño y salir indemne. De ninguna manera sería sensato escoger ese camino.

—No lo presiones, Lara —dijo el pequeño pirata—. No vaya a ser que se asuste —en la sonrisa del pelilargo se formó una sonrisa amable y una mirada llena de tranquilidad absoluta—. Permíteme presentarme, soy Freites D. Alpha, capitán de los Big Brother Kaizokudan.

«Genial ¿No pudo habérseme ocurrido una mejor idea que esta?» Aunque recibió la noticia como un balde de agua fría por las mañanas, Víctor conservó una expresión frívola. Al menos una de sus interrogantes, más bien dos, quedaron resueltas. Tendría que apuntar a lo más alto si pretendía que lo apoyasen, pero ir en contra de la justicia era algo que no estaba dispuesto a hacer.

—Caballeros —Víctor hizo una pausa, dando cabida a cierta expectación por parte de los cuatro—, mi nombre es Víctor Kostalm. Asumiendo que no hayan venido a este lugar solo a tomar unas copas, les ofrezco unirse a mí para asaltar el castillo del barón Gardenlance. Todo el oro, joyas y similares que hallemos en el interior serán suyos. Bajo mi resguardo quedarán, en cambio, todos aquellos que no muestren resistencia. Sospecho que mi amiga se encuentra en el interior del castillo y no querría que saliese lastimada.

Soltó sin titubeos, tal vez demasiado alto. En realidad, sus motivos para renegar de la matanza sin sentido eran otros. Asesinar a hombres, mujeres y niños sin motivo no era algo con lo que Víctor estuviese de acuerdo.
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