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Mensaje por Rei Arslan Miér 20 Ene 2021 - 15:21

La luna llena se cernía sobre Bloothe y con ella el silencio de la oscuridad. Solo los pasos agitados de Rei corriendo sin un rumbo fijo causaban un sonido casi imperceptible. Jadeaba con dificultad hasta que se detuvo, apoyó las manos sobre las rodillas y respiró profundamente, mirando a su alrededor y las cuestas que todavía le quedaban para seguir avanzando. Estaba perdida en una de tantas callejuelas interminables de la villa pirata, rendida y sin esperanza. Ni siquiera tendría que estar en Bloothe puesto que su destino era Merveille, pero por casualidades de la vida terminó en la bella isla pirata de la que tanto había oído hablar a su padre.

Si bien su destino era Merveille, sabía que el desvío era necesario. La isla del cielo podía esperar, pero la información que tenía entre manos no. Un grupo de piratas había contactado con ella en esta misma isla, poseían datos sobre el gyojin y Rei no podía dejar escapar esa oportunidad. Se mantuvo quieta y mirando hacia los lados, sacó una carta arrugada del bolsillo de su chaqueta negra y la leyó detenidamente. No supo si fiarse en ningún momento, pero tampoco quería perder una pista sobre su padre. Solo tenía claro una cosa, obtener lo que quería y en cuanto se hiciera de día abandonar Bloothe para siempre. Sabía de sobra que este no era un lugar para ella.

La carta solo daba indicaciones escuetas sobre la localización, decían esperarla en la parte norte del Nido, en el callejón conocido como las Tres Espadas a medianoche. Rei no tenía ni idea de como llegar hasta allí, pero si sabía como ir hacia el norte. Miró al firmamento, fijándose en las constelaciones dibujadas y siguió la estrella que marcaba el norte. Las noches en Arabasta le habían servido para aprender a orientarse de noche, las estrellas eran su guía y compañía en aquella aventura y, aunque no sabía que le deparaba el destino, iba a conseguir la información que quería.

La pirata comenzó de nuevo su camino por las angostas calles del Nido mirando de vez en cuando al cielo nocturno. Por suerte para ella, a esas horas no había ni un alma. El hecho de que nada más llegar tuviera que escapar del barco en el que había navegado no le entusiasmó. Si no fuera porque era tan importante para ella este viaje, jamás se hubiera metido de polizón en un barco de maleantes. Por suerte les había dado esquinazo y ahora tan solo debía encontrar a los criminales que decían tener información. Guardó la nota en el bolsillo y avanzó silenciosamente, esperando encontrar alguna señal que indicara dónde estaban las tres espadas.
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Mensaje por Claude von appetit Miér 20 Ene 2021 - 20:22

¿Qué es lo que podría buscar el mejor espadachín del mundo en un lugar como este? Tal vez lo mejor sea que él mismo responda a esa cuestión. Por suerte para nosotros yo, Claude von Appetit, estoy dispuesto a contestar cuantas preguntas educadas decida hacerme a mí mismo mientras mato el aburrimiento: Busco sal. ¿Y me he ido tan lejos para encontrar sal? Sí, tío. Sal roja, la sal del mejor color. Es como la pelirroja de las sales, y encima está por toda la sierra. Solo tengo que subir hasta allí con un pico, un saco y... ¡Espera, aún mejor! Puedo subir con un pico y dos sacos. Así me llevo el doble de sal, lo cual está... Cuento con los dedos.

- ¡El doble de bien!

- ¿Pero qué dices, payaso? ¡Suelta la pasta!

Ah, sí. Me están atracando. Ya me lo habían advertido, en Bloothe todo es peligroso hasta que se demuestre lo contrario. Y si se demuestra lo contrario, probablemente sea una contrariedad peligrosa. Pero no importa, al fin y al cabo soy un pirata; ni seguridad social, ni pensión al jubilarme, ni dormir tranquilo en ninguna isla controlada por delincuentes. Que eso último es aplicable a los no piratas también, ¿no? Pero bueno. Que me atracan. Temblaría de miedo si no fuese porque no tengo miedo. ¿Qué se creen que soy, un gallina? Pues no, pero casi: Soy un gallo. Y esta gente tiene pinta de pato.

Abro mi morral, con una sonrisa confiada. No pasa nada, en un enfrentamiento solo hace falta mantener la calma y dar a la gente lo que necesita. Al fin y al cabo ellos también son piratas, por ende no tienen seguridad social y, a juzgar por sus caras les hace falta un buen dentista. O un chicle de menta. Joder, cómo les canta el aliento. En fin, rebusco metiendo el brazo hasta el fondo, tranquilizándolos con la otra mano mientras encuentro. No sé por qué se ponen nerviosos, si estoy colaborando. Si quisiera defenderme habría desenvainado mi espada... O mi cuchillo. Esta gente no se merece la limpieza que tendría que dar a Pluma después.

- En fin, aquí tenéis. -Les lanzo una bolsa de fusilli-. Hale, a pasar buena noche.

Durante un instante veo sus caras de desconcierto, pero las tomo como un permiso para marchar y me cuelo entre ellos. Sin embargo, tras varios segundos parecen reaccionar violentamente y, en pos de evitar una escena, salgo corriendo. Hay gente que nunca se conforma.

Pero bueno, me persiguen un rato hasta que les doy esquinazo. Por el lado bueno me he librado de ellos y no ha habido que matar a nadie. Por el lado malo al girar en una esquina me he chocado contra algo, cayendo de forma bastante poco cool. ¿Se puede decir "cool" en un pensamiento? Pero bueno, por lo menos en medio de una calle vacía a las tantas en una isla llena de tabernas nocturnas no tiene por qué haber nadie en la calle. Al menos, nadie sobrio.


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Mensaje por Rei Arslan Jue 21 Ene 2021 - 15:59

Todo iba bien, Rei había recuperado el aliento suficiente como para no detenerse más, pero por más que buscaba la señal del callejón de las tres espadas no encontraba nada. Pensó en buscar dónde pasar la noche y ya al día siguiente ir con la calma a dicho callejón, pero sin un alma en pena por las callejuelas era muy difícil orientarse. Las estrellas siempre la ayudaban con el norte, eran su brújula personalizada a excepción de cuando estaba nublado, lo cual no le gustaba mucho.

Las cuestas empinadas resultaban terribles para la pirata. ¿Cómo podía haber gente viviendo sin agotarse cuando se dirigían a sus hogares? Pensó. Nunca se acostumbraría a vivir en un lugar como aquel. Definitivamente, no era para nada de su agrado. Atravesó una calle ancha y se topó de frente con los maleantes del barco que la habían traído.

-¡Ahí está! - Bramó uno de ellos alzando el puño.

Rei abrió los ojos como platos y volvió a correr como un pollo sin cabeza. Aquella gente parecía que no se rendía fácilmente. Llevó su mano a la empuñadura de su katana, con la intención de desenvainarla, pero llevaría las de perder. Luchar contra dos maleantes no entraba en sus planes, por lo que tenía dos opciones, seguir despistándolos o dejarlos fuera de juego uno a uno.

Derramar sangre no era del agrado de la muchacha, pero si se seguían interponiendo en su camino no dudaría en hacerlo. Permaneció quieta, esperando a que ambos maleantes cuya apariencia parecía más de vagabundos que otra cosa. Permaneció serena y con los ojos entrecerrados, esperando a que se acercaran lo suficiente como para desenvainar su arma y atacar con la empuñadura la nuca del hombre más bajito. Tras eso se giró, rápidamente para darle un azote con la hoja al otro maleante, y después golpeándolo en el abdomen de la misma manera que al anterior.  

-Dejad de perder el tiempo persiguiéndome y volved a vuestro barco. Si al amanecer seguís en Bloothe iré a por todos vosotros - Ordenó con el ceño fruncido.

Los maleantes asintieron en el suelo, derrotados y hundidos moralmente. Rei no esperó a que estos se marcharan, por lo que envainó su arma y se dio la vuelta, echando a correr de nuevo hacia el norte. De nuevo, sin un rumbo fijo, huyó. Aquella gente no se rendiría tan fácilmente, pero por suerte ahora se libraría de ellos lo que quedaba de noche. Corrió tanto como sus piernas pudieron hasta que giró en una esquina.

No debió haber girado, no vio venir a nadie y mucho menos a esas horas. Lo primero que pasó por su cabeza fue que había salido más gente en su busca del barco en que llegó. Chocó contra algo duro y a la vez blandito, con la cabeza de lleno en el torso del hombre al que vio una vez cayó de espaldas. Se irguió, llevándose la mano a la frente y rezongando por la caída. Permaneció un par de segundos en el suelo, mirando contra quién se había topado y es que aquel muchacho no tenía pinta de ser de la banda de maleantes.

-Pero... Oye ten más cuidado - musitó un poco molesta por la caída. La verdad es que le dolía -. ¿Estás bien? Bueno, yo también debería tener más cuidado, no esperaba encontrarme a nadie a estas horas de la noche.

Se levantó, sacudiéndose el polvo de sus ropas y le tendió la mano al pelirrojo con el ceño fruncido. No tenía ni idea de quién era aquel joven, pero no terminaba de fiarse. ¿Y si era una trampa? Por una vez quería confiar, a lo mejor incluso la podía ayudar. De todas formas, si hubiese querido capturarla para llevarla a los piratas lo habría hecho sin problemas, parecía bastante fuerte a ojos de la semi gyojin.

-¿Eres de aquí? Estoy buscando el callejón de las tres espadas - sus ojos se iluminaron ante aquella pregunta, esperando obtener respuestas de una vez por todas.
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Mensaje por Claude von appetit Jue 21 Ene 2021 - 19:27

Vale, repasemos mi caída: Me he chocado contra algo, concretamente algo rojo. Si estuviese en una isla más civilizada apostaría por un buzón, pero estoy en Bloothe, y lo que sea que me ha golpeado el hombro con suficiente fuerza como para hacerme caer de culo es demasiado alto como para ser un buzón. De hecho, tiene demasiadas escamas para ser un buzón. Y habla. Aunque en un mundo como este uno no puede evitar pensar que, tal vez, haya buzones pez parlantes.

Con la caída me espacio un poco, la verdad. Ruedo por instinto contra la pared más cercana, pero me quedo en blanco a la espera de peligro -o hasta que me aburra de estar sentado, lo cual todos sabemos que sucederá primero-. ¿Cómo he podido chocar contra algo? Si estaba seguro de ya haber pasado por esta calle; no debería haber nada que me derribase. Y menos, en un cruce de caminos. Quien quiera que haya puesto algo ahí lo ha hecho después de que yo pasara. Y si yo ya pasé...

- ¡Tú no puedes existir! -grito, antes de enfocarme de nuevo en ella y darme cuenta de que, efectivamente, existe.

Es una muchacha de lo más extraño, ahora que me fijo. No se parece a un buzón, pero tampoco es humana. Bueno, tiene dos brazos y dos piernas, mantiene postura erguida y habla, lo cual la descarta automáticamente como uno de tantos bichos que se pueden comer. Aunque me recuerda a Goiro, él también es un engendro nacido del amor prohibido entre un pastor y su erizo. Bueno, esta chica tiene que ser fruto de un pescador depravado y... ¿Cuántos peces hay con una sola escama? No, definitivamente no puede ser un pez; eso sería estúpido. Si lo fuera, tendría cola, como Illje. Aunque Illje es una sirena de tierra.

Ahora que lo pienso, en vez de intentar resolver el por qué esta chica parece maquillada con pimentón tal vez debería disculparme por haber negado su existencia. O sea, ya hemos llegado los dos a la conclusión de que ella existe. Yo porque la he visto, y ella... Bueno, si ella no se ha dado cuenta de que existe significará que el golpe que me he dado es muy fuerte, y definitivamente ella es un buzón. Pero bueno, no importa. Asumamos que no.

- Disculpa. Es obvio que existes, chica buzón. Si no no habríamos chocado. -Me voy levantando con toda la tranquilidad que un fugitivo no debería, y le tiendo la mano-. Soy Claude, mejor espada del mundo y hombre de tus sueños... Y de los de todos, en realidad.

Me ahueco un poco el pelo por la parte de la nuca, sacudiéndolo para quitarle el polvo que pueda haberse acumulado. Ahora que me fijo, la chica buzón -que no es un buzón, pero entre nosotros nos entendemos así- es la inversión del pelirrojo tipo. De piel roja y cabello pálido, y no sé cómo sentirme al respecto. ¿Corpirroja? Sí, chica corpirroja suena mucho mejor que chica buzón. Aunque igual tiene nombre.

- No soy de por aquí, pero justo en el callejón de las tres espadas estaban atracándome hace un momento -comento, señalando hacia atrás-. No tiene pérdida. Es oscuro, sórdido y huele a pis, pero dicen que ahí se reúnen todos los facinerosos de vida pendenciera... Vamos, los traficantes y las putas. -Me quedo callado un segundo, dándome cuenta de que se puede malinterpretar el por qué estaba en ese callejón-. Yo iba a por sal. -Arreglado-. Si quieres te acompaño, pero como nos atraquen a mí ya no me queda pasta.

Miento. Aún me quedan unos pocos ñoquis. Pero son mis ñoquis.


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Mensaje por Rei Arslan Vie 22 Ene 2021 - 14:41

¿Cómo que no existía? Rei arqueó las cejas, dudosa y apartó la mano, echándose hacia atrás. Que chico más raro, pensó. ¿Estaría bajo los efectos de alguna droga? Había visto a gente por las callejuelas de Arabasta en estados así o peores, pero aun así parecía bastante cuerdo con lo que decía. Se llamaba Claude, y por su presentación, parecía bastante especial. Aun así, hablaba con toda la naturalidad del mundo, pero Rei no dudó en dar otros dos pasos atrás en cuanto la llamó buzón.

-No sé si el golpe que te has dado ha sido muy fuerte o... es que eres así normalmente - Comentó, sonriendo y dejando de lado la actitud del pelirrojo -. Soy Rei y yo también tengo una espada, pero aun me falta mucho para mejorar.

Definitivamente aquel muchacho estaba bajo los efectos de una droga, pero parecía majo. El hecho de que fuera a por sal a un callejón de traficantes y putas decía mucho de él, pero la muchacha opinaba que debería ser más sincero si este se ofrecía a ayudarla. Y así fue, se le iluminaron los ojos cuando señaló el callejón de las tres espadas. Había pasado por delante de esa calle como tres o cuatro veces cuando intentó darles esquinazo a los piratas.

La imagen que le había pintado del callejón no le daba buena espina, quizás no fuera tan buena idea después de todo. Si aquellos desconocidos querían ofrecerle información bien podrían habérsela enviado por carta, pero no, tenía que ser una reunión. Tampoco quería exponer al pelirrojo si ya le habían atracado, pero al menos intentaría que nada se fuese de las manos si se metían en problemas. Ella por suerte si tenía algún dinero, pero si pudo librarse de dos matones, podría librarse de quién quisiera, hasta del muchacho drogadicto.

-No deberían atracarnos - comentó mirándole mientras empezaba a caminar hacia la entrada del callejón y sacó la nota arrugada del bolsillo -. Un grupo contactó conmigo hace unos días, tienen una información especial para mí sobre alguien muy querido que desapareció hace años - Tomó una pausa mirando la nota -. Me citaron a medianoche en ese mismo callejón y tengo que preguntar por los Grajos. ¿Has oído hablar de ellos? Yo nunca.

Guardó la nota y una vez llegó al callejón, se llevó las manos a la nariz. El pelirrojo tenía razón, olía fatal allí. Alzó la vista y la calle no incitaba nada a entrar. Había poca gente, pero la que había tenía pinta de ser muy peligrosa por las miradas que echaban. Eso si que eran suburbios y no los de Arabasta. Rei se detuvo a la entrada del callejón y miró a Claude.

-¿Sabes qué? Igual no es tan buena idea entrar - Musitó.
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Mensaje por Claude von appetit Vie 22 Ene 2021 - 23:47

- ¿Así cómo? -pregunto. Aunque es una pregunta legítima, está insinuando que pueda ser tonto y lo cierto es que resulta ofensivo. Más aún de una chica bañada en remolacaha. Pero bueno, no importa; un error lo tiene cualquiera-. Seguro que te falta, pero eso es bueno porque tienes mucho margen de mejora, y es emocionante. A mí hace tanto tiempo que nada me plantea un reto que ya he empezado hasta a rechazar duelos.

En realidad, no hace tanto. Sí que es cierto que rechacé un duelo con Lysbeth Ardian, y que no saqué mi espada contra el enano cabezón del pollo, ni contra ese tal Ecchi... Pero en el duelo en la cima del mundo contra Dark Satou chocamos nuestros sables. Debería haberlo matado en ese momento, pero tenía que demostrarle que yo no soy como él. Aunque también hay que decir que toda la gente contra la que me vi obligado a pelear no estaba a la altura y fueron combates sumamente aburridos. Pero bueno, tampoco hay ninguna necesidad de aburrir con batallitas a la chica buzón.

- ¡Oh, los grajos! ¿Quién no ha oído hablar de los Grajos? -¿Quién carajo son los Grajos? No creo que una chica tan peculiar esté... ¡Ah! Es que está loca. Eso lo explica todo. Por eso habla tan raro-. ¡Por supuesto! Estaban charlando con las urracas en el patio del señor conejo, esperando para tomar el té con la señora Marmota. Te encantaría conocerla, habla por los codos y tiene una pequeña cotorra de mascota que habla más que ella, si cabe.

Vale, tal vez me he metido un poco demasiado en el papel, pero nunca sabes qué puede hacer una persona mentalmente inestable. Supongo que por lo menos mientras esté en su misma onda de pensamiento estoy a salvo de un ataque psicótico o cualquier cosa de esas. Aunque, de todos modos, por muy loca que esté, es simpática, y mientras los grajos sean su proyección de cualquier cosa que vaya de médicos de la peste para abajo, no hay ningún problema. Pero no puedo dejar que vaya sola por ahí, podría ser un peligro para sí misma. Las espadas cortan.

- ¡No, no no no no! Entrar es una buena idea -respondo, tratando de convencerla casi con emoción. Mientras vaya conmigo estará a salvo, aunque deba sacrificar mis... No, de ninguna manera. Pero puedo llevármela corriendo si las cosas se tuercen. Y a lo mejor no está loca y hay sirenas de aire, ¡como Illje, pero con plumas! Suena estúpido, pero más estúpido sería no creer-. Yo te protegeré, lo prometo.

Sonrío con seguridad. Ya por la mañana iniciaré el ascenso hacia las montañas.


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Mensaje por Rei Arslan Sáb 23 Ene 2021 - 15:24

Definitivamente Claude estaba drogadísimo. De hecho, incluso pensaba que el sal que había comprado eran de tan mala calidad que por eso decía cosas sin sentido. Rei no entendía como alguien en ese estado iba a ayudarla, pero tampoco tenía mejores opciones. Sin embargo, después de su comentario sobre los piratas del Grajo le hizo sonreír. A pesar de todo, el pelirrojo quería ayudarla y prometió protegerla. A lo mejor tenía que protegerlo ella a él si los efectos de la sal terminaban en el peor momento.

Rei no necesitaba que nadie la protegiera en verdad, desde que era una niña tuvo que valerse por si misma, pero tampoco era tan tonta como para rechazar una ayuda. Asintió decidida y entró en el callejón, mirando en ambas direcciones para localizar a los piratas. La gente que había los miraba fijamente y algunos incluso desviaban las miradas. Rei avanzó con cautela, preparada en cualquier momento por si debía llevar su mano a la katana para defenderse.

En la nota que guardó anteriormente, esta venía sellada con el símbolo de los piratas del Grajo. Su primera intención fue buscar el símbolo en algún cartel o algo que indicara la localización de los criminales, pero nada captaba su atención. Gruñó malhumorada, por no encontrar pistas. Ni siquiera tenía ni idea de como encontrar a sus contactos, pues estos no le habían dicho nada en especial y por lo que fuera, no le atraía nada la idea de preguntar a los transeúntes que vagaban por el lugar. No parecían de fiar.

-¿Rei Arslan? - Dijo una voz ronca desde atrás.

La pirata se giró y se quedó mirando al sujeto desconocido para ella. Era alto y portaba una túnica larga negra, acompañada de dos grandes puñales a cada lado en su cintura. Su cabeza estaba cubierta por una capucha en donde escapaban a la vista cabellos castaños sueltos. Ella no se acercó, pero el desconocido dio un paso al frente hasta quedarse a la altura de ambos jóvenes. Rei asintió al ver que preguntó por ella.

-Se suponía que debías venir sola - Espetó molesto mirando a Claude.

-Dame la información, tengo prisa - Musitó Rei, pero el desconocido negó con la cabeza.

-Yo no soy quién tiene la información, tendrás que seguirme a nuestra base de reuniones. Es aquí cerca.

La muchacha chasqueó la lengua molesta; tras eso miró al pelirrojo y luego al contacto.

-Él viene conmigo - comentó decidida, aunque por el gesto del informante no parecía de su agrado.

Le estaban dando muchos rodeos a lo que venía a saber y no le auguraba nada bueno. El desconocido comenzó a caminar hasta el local en donde se reunían, pero Rei aminoró el paso, susurrándole a Claude.

-Nos estamos metiendo en la boca del lobo. Cuando lleguemos déjame hablar a mi con el jefe, ¿vale? Necesito saber por qué hacen esto. Tu ten cuidado.
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Mensaje por Claude von appetit Sáb 23 Ene 2021 - 23:18

Parece que mi respuesta la complace, porque sonríe. Para estar chalada no parece mala chica. Un poco roja de más, pero si algo me ha enseñado la experiencia es que el mundo es muy grande y nunca deja de sorprendernos. Y que no todos los buzones antropomórficos con escamas tienen que ser terribles compañeros de viaje. Aunque la corpirroja no termina de parecer un buzón antrpomórfico. O sea, se eleva en vertical y tiene boca, pero no veo un logotipo de la empresa de correos local por ninguna parte. ¡Y eso es porque no hay ninguna empresa de correos en esta isla! Lo cual puede deberse a que el correo escrito está en decadencia desde los den den mushis pero también porque, bueno, en esta isla haya un índice de analfabetos muy elevado.

- Eso significa que si sabes leer tienes que ser un buzón. -No debería haber dicho eso en voz alta. No ante una persona mentalmente inestable con una espada. Pero parece que no pasa nada y comenzamos a internarnos en medio del sórdido callejón de las tres espadas.

Intento no respirar muy fuerte, pero incluso así noto el pestazo. A ratos, la oscuridad me confunde y piso algún que otro indigente, pero les pido disculpas con una silenciosa inclinación de cabeza -salvo al que le piso la cabeza, a ese le tiro una lata de judías para que pueda comer-. El caso es que vamos avanzando hasta que una voz ronca se hace oír a nuestra espalda. Si fuera por mí ya nos estaríamos largando, suena a violador y yo soy un caramelito, pero me he comprometido a ayudar a esta chica y lo voy a hacer hasta las últimas consecuencias.

- ¿Sí? -contesto dándome la vuelta y poniendo tono de "oseachupiguay", fingiendo ser Rei. Así ella estará a salvo hasta que sepamos si se trata de alguien peligroso-. Que sepas, o sea, que es de muy mala educación seguir a chiquillas por la calle. Es que me muero del susto. -Acompaño a mi tono con una actuación no demasiado exagerada que contiene muchos aspavientos y muchos movimientos de manos, así como posturas que no voy a describir para no parecer ridículo-. Y es que o sea, si me traigo a una amiga es mi problema, de verdad. Maleducado.

Por algún motivo se da cuenta de que yo no soy Rei y se dirige directamente a ella, haciendo ver que debía venir sola. De hecho, me mira bastante mal. Está claro que esta gente pretende hacerle algo muy malo, y yo no lo voy a permitir. Sin embargo, cuando estoy a punto de hablar entran los dos en una dinámica de conversación que me excluye. Intento reaccionar con madurez, así que en lugar de interrumpirles simplemente inflo los mofletes y me cruzo dramáticamente de brazos, mirando hacia otro lado. Aunque todo eso se acaba cuando ella dice que o conmigo o nanay.

- ¡Ja, ja! ¡Creías que podías librarte de mí, pero ella me prefiere! ¡Chincha rabiñ...!

Rei me advierte de que esta gente es peligrosa, que tenga cuidado. No entiendo por qué tiene que decirme eso, ni que yo fuese haciendo el tonto por ahí. Pero bueno, es su aventura, son sus normas. Asiento.

- ¿Pero y puedo susurrar fingiendo que hago apartes hacia una falsa cuarta pared mientras fingís ignorarlo? ¡Es broma! -Sé que no podrían ignorarme.

De todos modos, seguimos avanzando hasta un cruce de caminos. Si el callejón ya parecía chungo, ahora hemos entrado en el callejón del callejón, pero nos paran delante de una puerta de madera desvencijada y un ventanuco se abre en ella. Puedo ver los ojos del hombre al otro lado, lo que me llama mucho la atención. Demasiado.

- No hay nada de qué preocuparse, Rei. Si han puesto al bizco de vigilante, es que solo son unos criminaluchos de poca monta.

Tal vez no debería haber dicho eso.


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Mensaje por Rei Arslan Dom 24 Ene 2021 - 15:54

Los comentarios de Claude aterrorizaban a Rei, no por ella, si no por cómo podían reaccionar los Grajos ante aquel comportamiento. Estaba segura de que no debía haberle metido en esto, no se perdonaría meter en problemas a una persona a la que no conocía de nada y se había dignado a ayudarla. No. Nunca lo permitiría. Respiró profundamente mientras un silencio incómodo se generaba hasta que llegaron a la puerta de la base de reuniones.

Llegaron hasta una puerta amplia de madera cuyo estado parecía lamentable y un pequeño ventanuco se abrió de golpe. Los ojos de un hombre se asomaron para preguntar quién pasaba y el criminal le dijo una especie de contraseña para que este abriera la puerta. Para Rei, sorbete de limón, no era una buena manera de protegerse de los desconocidos, pero quién era ella para juzgar a una banda pirata.

El comentario de Claude hizo que el desconocido se girara molesto, pero se calló pasando primero por la puerta. Rei, en cambio, no pudo aguantarse la risa ante aquella situación. Enseguida recobró la compostura, pero le había hecho demasiada gracia. Quizás no era tan mala idea que el pelirrojo fuera con ella, se le veía confiado al tratar con aquella gente.

La pirata pasó al momento, ojeando todo lo que había a su alrededor y esperó por Claude. En cuestión de segundos el hombre de ojos saltarines cerró la puerta de madera de golpe, protegiéndola por dentro con otra barra de madera. Demasiada protección, pensó Rei. El sujeto que les había traído les hizo una seña con la mano, tratando de captar su atención.

-Entrad ahí y esperad, ah y dejad vuestras armas a la vista sobre la mesa - dijo señalando las espadas de cada uno.

Rei entró primera, llevándose la mano a la empuñadura de Oasis. No quería apartarse de ella por si acaso, pero no tenía más opción. Sin embargo, un impulso la llevó a girarse y a decirle descaradamente al criminal que no tenía la más mínima intención de hacerlo.

-Y tú - miró a Claude -. Deberías esperar aquí fuera. Al jefe no le gustan los visitantes inesperados.

-Basta ya de rodeos, quiero que vengan ya los contactos, lo que tengáis que decir hacedlo de una vez - se calló durante unos segundos, pensando en que no debía perder los estribos por si se encaraban con ellos -. Y no vamos a dejar nuestras armas.

Tras eso se giró malhumorada y agarró del brazo a Claude, tirando de él con cierta brusquedad para entrar en la sala de reuniones. Que se atrevieran a intentar echarle y se las verían con ella. No tenía reparos en desenvainar a Oasis contra unos criminales de poca monta. El criminal suspiró resignado y se encogió de hombros. Parecía que no podía reprochar a Rei.

La sala era pequeña, pero acogedora. Poseía una mesa redonda de madera barnizada con numerosas sillas y las paredes estaban decoradas con helechos y cuadros que parecían ser valiosos. La muchacha se apoyó en una pared, de brazos cruzados pensando en lo que tendrían qué decirle sobre su padre.

-Siento haberte metido en esto - dijo en voz alta mirándole -. Si la cosa se complica... No sé qué haré. Lo único que quiero es encontrar a mi padre y como ves, la única manera parece contactar con gente de esta calaña - Tomó una pausa -. Aun así, gracias por ayudarme. Aunque me quedo con lo de criminaluchos de poca monta, ¿a quién se le ocurre poner a un bizco de vigilante? - Rio en voz baja para que no la escucharan desde fuera.
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Mensaje por Claude von appetit Lun 25 Ene 2021 - 1:20

Vibi parece un hombre particular. Con un ojo escruta mi alma, mientras que el otro está siempre puesto en el futuro. Sin embargo no parece mal tipo, tan solo algo distraído, descentrado, como si tuviese algo delante y no fuese capaz de enfocarse... Parece bizco. Bueno, en realidad, es bizco, pero eso no habla tan mal de él como del otro tipo, que me clava sus dos ojos y no siento nada. Como si me mirase un besugo. Debería darle vergüenza tener el doble de ojos con los que mirarme y no ser capaz de arrancarme un simple suspiro soslayado. Pero en cualquier caso, eso refuerza mi teoría de que se trata de una banda de pacotilla.

- Helado de ron con pasas -digo, mientras cruzo la puerta. Ellos tendrán su propia contraseña, pero yo les enseñaré por qué esta es mejor-. Más dulce, más frío y el ron en exceso también te deja con serias deficiencias visuales.

Vibi gruñe. Parece que no acepta del todo su condición, pero tampoco es esto un grupo de apoyo como para que le dé un abrazo. Bueno, en realidad iba a dárselo, pero de cerca he visto que tiene el ojo lechoso y no me apetece que me contagie conjuntivitis. Dios santísimo, Vibi es un campo de cultivo de enfermedades oftalmológicas. Además, aun si quisiera abrazarlo, un tipo me empuja hacia Rei para que no me quede rezagado. ¿Reizagado? ¡Por supuesto!

Llego riéndome con mis propios juegos de palabras a una sala que un tipo de ojos saltones asegura con una tabla de madera contra una puerta. Esto me lleva a hacer una reflexión, y tras comprobar a mi espalda que nos ha encerrado, no puedo evitarlo y lo digo en voz alta, señalándolo con el dedo:

- ¡Te llamaré sapito! -exclamo.

Bien pensado tal vez decirle eso no haya sido la mejor de las ideas, pero debe haberle hecho gracia porque veo su media sonrisa antes de que ordene que pongamos nuestras armas sobre la mesa. Yo, que ya sé por dónde va la cosa, me subo a la mesa para mirarlo desde lo alto, asegurándome de adoptar una pose imponente y señalarlo con el dedo.

- ¡Yo soy mi mayor arma, triste mortal! Ah, y el pimentón. -Saco un pequeño tarro con polvillo rojo en su interior de mi morral, dejándolo sobre la mesa-. Pero el pimentón no es suficiente y...

Ah, que debería esperar fuera. Vale, ahora me siento excluido. ¿Es eso lo que querías, Sapito? Pero no me voy, porque Rei me agarra del brazo y me lleva con ella. Como es lógico, ambos debemos aceptar esto con madurez y le saco la lengua mientras me alejo junto a ella, llegando hasta la sala de reuniones.

- ¿Sentirlo? -Veo a alguien acercarse por un pasillo, pero le cierro la puerta en las narices. Escucho el "ouch" desde este lado, pero aseguro la madera con otro tablón y prosigo, con tono sombrío-: Si me has traído justo a donde debía estar.

Avanzo por la sala, rozando con las yemas de los dedos la mesa redonda hasta que llego a un asiento preeminente, una suerte de trono en el que me siento, dejando los pies sobre la mesa y sonriendo malévolamente.

- Yo te he hecho venir, Rei, porque... -Es hora de la gran revelación-. Yo soy tu padre.

Justo en ese momento un hombre calvo y gordo rompe la puerta que he bloqueado de un cabezazo. No parece demasiado contento, pero seguro que con hacer una performance como la que le he dedicado a la corpirroja me gano su simpatía.

- Fuera de mi sitio, mentecato -exige.

- El que lo dice lo es -respondo yo. Así aprenderá.


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Mensaje por Rei Arslan Lun 25 Ene 2021 - 15:33

El tiempo pasa en aquel cubil de reuniones muy lentamente. Parece que las palabras de Rei llegaron a fondo a Claude el cual este comenzó a comportarse de manera extraña otra vez. Los gestos que hacía y los movimientos hicieron que Rei se acercara a la mesa y apoyara las manos sobre esta. Arqueó las cejas y miró fijamente al pelirrojo, esbozando una sonrisa entre medias. ¿Él tenía que estar aquí? No entendía nada de nada hasta que finalmente hizo la gran revelación.

-¡No! - Exclamó echándose hacia atrás -. Todo este tiempo buscándote... ¡Y estabas delante de mi!

En verdad no se parecían en nada. Eran totalmente opuestos, si bien Rei poseía los cabellos blancos como la nieve, Claude poseía la esencia del pelirrojismo y si bien ella poseía su piel un poco más rojiza, él era bastante blanquecino. El día y la noche. Como si al ser concebidos se hubieran intercambiado sus propios colores. Además, eran jóvenes ambos. Era totalmente imposible.

-Entonces, ¿surcaremos juntos los mares? - Inquirió tratando de ocultar la gracia de la situación. Tras eso alzó el brazo -. Tu y yo dominaríamos los mares.

Nada más terminar la frase, la puerta se rompe el mil pedazos y de repente la atraviesa un hombre bajito, calvo y gordo. Rei enseguida recobra la compostura y se pone seria al tratar con su contacto. Se habían puesto a hacer el tonto y eso no estaba bien. Se había dejado llevar demasiado. El que parecía el jefe no venía de buenas puesto que enseguida se encaró a Claude. El pelirrojo no tenía pinta de callarse nada y cuando le reprochó al calvo esta no pudo evitar dedicarle una mueca de disgusto.

-Vosotros de pie - Dijo mientras se acomodó en su gran silla y sacaba un puro cuando Rei iba a sentarse frente a él. - Así me gusta, obedientes. Habéis sido muy traviesos viniendo hacia aquí, ¿y tú planeabas encontrar a Yvain así?

Los ojos de la pirata se iluminaron al escuchar aquel nombre. Sabía que no tenían buenas intenciones y por suerte no estaba sola. Aquel Grajo solo la había contactado para hacer daño, para castigar a su padre como hicieron aquella vez con su madre.

-¿Dónde está? - Inquirió apenada.

-Estaba vivo hasta que trajiste a este idiota - dio una calada al puro -. Era él quién debía verte morir a ti, para que siguiera sufriendo como hicimos con tu madre en Arabasta. Para que pagara por sus crímenes - Remarcó.

Rei se rompió por dentro y miró al suelo, sin inmutarse ante aquellas palabras, pero quien la mirara a los ojos sabría que estaba sufriendo. No hizo nada, no se movió ni respondió, ni siquiera prestó atención al pelirrojo. Se había roto por completo por ir a ciegas.

-Ahora tu pagarás sus deudas trabajando para nosotros. No tienes elección. - Miró al pelirrojo mientras daba otra calada -. A ti solo te matarán en cuanto salgas de aquí, para que dejes de dar problemas.
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Mensaje por Claude von appetit Mar 26 Ene 2021 - 16:12

Por un momento mi corazón se detiene. ¿Cómo he podido hacerle una broma así a una chica tan perturbada? ¡Se lo ha creído! Podría llegar a ser gracioso si nos pareciésemos en algo, pero es que yo soy descabelladamente atractivo y ella el sueño húmedo de un buzón lascivo. Ay dio, en menudos líos me meto, a ver cómo puedo salir de esta. Tal vez debería disculparme, decirle que no soy su padre y reconocer que todo esto ha sido un error; que yo solo quería no dejarla sola porque me preocupaba que... ¿Qué? No. Ni de broma. Nada de dominar los mares, jovencita, ¿qué te hemos enseñado tu madre y yo? ¡A la cama sin cenar!

Es posible que haya dicho alguna de esas cosas en voz alta, pero no importa porque el verdadero protagonista de esta aventura, o más bien el antagonista de este pasaje concreto en el increíble e inverosímil libro de mis memorias hace su aparición. Derriba la puerta, me mira mal, me hace levantarme... No entiendo por qué debería ponerme de pie, pero lo hago, y él me mira con cierto hastío. Haciendo cierto esfuerzo más que consciente para ignorarme, se sienta sobre mis pies y apoya la espalda contra mis rodillas. Bueno, qué se le va a hacer.

Me quedo escuchando atentamente la conversación, intentando no perderme en mi propia mente mientras hablan de cosas que, en verdad, poco tienen que ver conmigo. Al parecer el hombre huevo tenía secuestrado al padre de Rei para hacerle pagar por sus crímenes, matando a su esposa y ahora a su hija. Pero no han matado a su hija sino que lo han matado a él para que ahora ella trabaje para ellos. Parece que el cerebro de este hombre es todo clara y nada de yema.

- ¿Hola? Tierra llamando a cabezahuevo -digo, dándole unos topetazos con el nudillo en la mollera-. Lo que dices no tiene ningún sentido, compañero.

Me levanto con no demasiada delicadeza, quitando los pies con tanta fuerza que hago al gordo caer, y me acerco a una suerte de cortina raída. A falta de pizarra, supongo que esto me valdrá. Menos mal que siempre llevo un lápiz de sombra de ojos encima, o tendría que pedirles algo para escribir, y no parecen muy colaborativos. En cualquier caso, empiezo a dibujar garabatos y palabras por toda su extensión a medida que me explico:

- O sea, punto uno: Sois criminales castigando a un hombre por sus crímenes. Hasta ahí bien, no sé qué autoridad os creéis que tenéis para eso, pero todo el mundo toma la justicia por su mano a veces. -Yo, por lo menos, lo hago-. Ahora, no sé en qué momento os parece lógico castigar a alguien matando a una persona. Eso solo os deja como una panda de hijos de puta. Por no hablar de que, al explicárselo a ella, podría decidir tomar venganza. Lo que nos lleva al punto número dos, también muy absurdo. Seguro que os encanta, yo lo llamo "vamos a matar a tu padre para perder nuestro único potencial mecanismo coercitivo sobre tu persona". -Hago una pausa. Rei parece catatónica, pero todos los demás parecen estar preparándose para abalanzarse sobre mí en cualquier momento. No obstante, yo no soy un gallina-. Es decir, ¿cómo esperáis que ella trabaje para vosotros? ¿Qué os garantiza que no se fugue? Aunque eso puede que tenga que ver con lo otro: Que me vais a matar si salgo. Y permitidme deciros que hay que ser muy osados para creer que podéis usarme a mí como moneda de cambio... O sea, que tenéis dos opciones: O la matáis ya o la dejáis libre, pero no va a trabajar para vosotros. -Saco mi cuchillo cebollero, aunque no me pongo en guardia lo más mínimo-. Ah, se me olvidaba. Tocadle un pelo y estáis todos muertos.

No puedo creérmelo. ¡No los he amilanado! Seguro que ni siquiera saben quién soy, pero me siento insultado. Después de semejante discurso, de dar todas mis dotes interpretativas en él y poner todo mi carisma... Viene un retrasado con más músculo que cerebro -y no es que tenga mucho músculo- y me pega un puñetazo que me tuerce el gesto.

- ¡Siéntate! -grita el calvo al instante, como una orden a la que no me debería poder negar-. ¡No eres nadie para cuestionar nuestra manera de trabajar! ¡Ahora, obedece!

- No, en serio -digo, reencajándome la mandíbula como si no pasase nada. Joder, cómo duele-. ¿Dónde tenéis al padre? Porque seguro que verla así forma parte de otra tortura.

Me atiza otro.

- Al tercero cobras. -Escupo sangre-. Pero de ver...

Iba a llegar un tercero. De verdad, la gente nunca respeta las medidas de seguridad en la cocina. Regla número uno: No agredas al tío del cuchillo. Pues nada, navajazo en el pulmón. Tengo entendido que es agónico, pero debería sobrevivir. Ahora todos me miran de otra forma, pero yo pregunto de nuevo.

- ¿Dónde está su padre, cabezahuevo?


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Mensaje por Rei Arslan Mar 26 Ene 2021 - 20:13

Rei estaba perdida y confusa con aquella información. Todo había salido muy mal y ahora no veía la escapatoria de aquel lugar. Sabía que Claude no se tomaba en serio a los Grajos, pero si hubiera visto como asesinaron a su madre aquella noche en Arabasta, cambiaría de idea. La vio morir ante sus ojos y no perdonaron si quiera dejar el cadáver. Se quedó sola a una edad muy temprana, demasiado para una niña que estaba indefensa ante el mundo. Rei nunca pudo averiguar quiénes habían sido los asesinos de su madre, pero ahora todo cobraba sentido.

Aun así, es cierto que el padre de Rei, Yvain, se marchó sin dejar rastro de Wano con su banda pirata cuando esta tenía muy pocos años. ¿Por qué se seguía preocupando por alguien que no había dado señales de vida? ¿Por qué seguir mostrando interés en alguien que hizo perder a su ser más querido? Rei era humana al fin y al cabo, y las emociones siempre solían hacer mella muy fuerte en ella. Seguía siendo su padre y, aunque este huyera, siempre le hizo ilusión volver a reencontrarse.

Pero aquel calvo no tenía la más mínima intención de cooperar si no de aprovecharse de ella. Su mente comenzó a despejarse poco a poco, tratando de calmarse en el momento y escuchar todo lo que el pelirrojo tenía que decir. Habló muy rápido y con demasiados datos, incluso ella misma se perdió durante un momento, pero parecía tener sentido lo que decía. Se había dejado llevar muy rápido por sus emociones.

Miró a Claude seriamente al escuchar que de nuevo la protegería. Aquel muchacho había ejercido más tiempo de hermano mayor en tan solo unas horas que cualquier ser cercano que pudiera tener. Sin embargo, un hombre fornido entró en la habitación tras las amenazas del calvo. Este agredió bruscamente al pelirrojo más de una vez y Rei se enfadó, desenvainando a Oasis y apuntando al calvo tras el segundo golpe. No. A él no. Él ni siquiera debía estar ahí y estaba recibiendo todos los golpes.

-¡Parad! - Frunció el ceño -. Como alguien más se atreva a hacerle algo, haré correr toda vuestra sangre.

Escuchó el cuerpo caer del hombre fornido y tras eso dio un paso hacia delante. Acercó la hoja de su katana hasta el cuello del pirata viejo y la hundió ligeramente, sin llegar a hacer ninguna herida. Solo quería que sintiera la presión y el miedo. Que sintiera lo que ella sintió durante muchos años.

-Te ha hecho una pregunta - Bajó la cabeza - ¿Dónde está mi padre?

Rei había perdido toda la paciencia. Estaba cansada de evasivas, de secretos, de asesinatos. Aquella vida era horrible. ¿Por qué decidió ser una pirata? ¿Por qué buscar respuestas significaba derramar su sangre o la de otros? Estaba harta. El calvo tartamudeó, sudando por la situación.

-¡Habla! - Exclamó la pirata -. ¿Es que ahora no presumes de obediencia? No lo repetiré una segunda vez.

No habló. Solo se dedicó a suplicar por su vida y a pedir piedad. Un Grajo pidiendo piedad. Rei se preguntaba a cuanta más gente inocente habrían asesinado o de los que se habrían aprovechado. No. La piedad nunca existió para ella cuando se quedó sola. Nadie le mostró ni un ápice de generosidad. Apartó a Oasis lentamente y, con un corte limpio, cortó la mano del Grajo, haciendo que esta se moviera un par de metros por el suelo. Este gritó llevándose su mano sana al muñón que tendría ahora. La sangre comenzó a fluir rápidamente, haciendo un pequeño charco y Rei se echó hacia atrás, mirando su reflejo en Oasis. Tras eso se giró para mirar a Claude y, después hacia la puerta.

-Que no se acerque nadie o terminaré de matarle - Dijo en voz alta, refiriéndose al resto de piratas que habitaban el edificio.
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Mensaje por Claude von appetit Miér 27 Ene 2021 - 18:55

La situación ha dado la vuelta por completo. Los matones del hombre se mantienen a la espera de órdenes, a una distancia prudencial de Rei y discretamente alejándose de mí. La verdad es que nunca habría imaginado que debería utilizar este cuchillo de verdad para algo que no fuese cocinar, pero supongo que la vida está llena de sorpresas. Algunas veces son agradables y otras terminas limpiando la sangre de un criminal con alcohol desinfectante y un trozo de camisa desgastada. Que por cierto, esta gente ya podría tener ropa un poco mejor. Ni que su crimen fuese asesinar a la moda.

Termino de limpiar el cuchillo -aunque tendré que repasarlo más tarde- y tiro el cacho de tela sobre la cara del musculitos. No es que me parezca un trato justo apuñalar a un hombre por dos puñetazos, pero por mucho que el que avisa pueda ser un hijo de puta, no es traidor y he avisado no una, sino dos veces. En serio, sé que me repito, ¿pero en qué momento ignoras un cuchillo que puede atravesarte el torso de pecho a espalda? Hay muy poca gente que pueda hacer eso, y se cuentan con los dedos de una mano: Lysbeth, yo... Dark no, que ya lo he partido a la mitad una vez; podría hacerlo una segunda.

- Te arrepentirás -consigue articular el líder, tras un rato farfullando, con los ojos clavados en Rei, casi fuera de sus órbitas-. Si me matas a mí, los Grajos te perseguirán hasta que te arrepientas de haber nacido.

Comienza a reírse en un patrón histriónico. Si tuviese que apostar diría que lo hace en La sostenido, pero no tengo mucha idea de música y aunque la tuviera su voz vibra demasiado como para cantar. Sin embargo, más que su risa me preocupa que siga sin responder a la pregunta. No, más que eso: Me preocupa que todo el mundo aquí esté obsesionado con los grajos. Puede que la chica no esté loca, solo intoxicada por un alucinógeno presente en las aguas del lugar. Podría tener sentido que los ríos estén llenos de setas o incluso que los famosos "acuíferos" sean aguas estancadas con tanta mierda que podrían masticarse.

No quiero ni pensarlo, menudo asco. Además, tengo una labor formativa que no puedo abandonar: Sea mi hija o no, me ha reconocido como su padre, y eso es una responsabilidad que debo asumir cuanto antes. ¿Qué clase de padre consiente que su no-hija vaya por ahí poniendo una katana en el cuello a la gente de esa forma? Si hay muchos, no pienso saberlo. ¿O es que si todos sus amigos se tirasen por un puente debería permitírselo? No, señor. No bajo mi techo.

- ¡Rei Andrómeda von Appetit! -exclamo. No sé cómo se apellida, así que le elijo uno molón totalmente al azar-. ¡No me puedo creer que estés haciendo eso! ¿Qué va a pensar tu tía Gilda? -Gilda, así como dato para mí mismo, es el nombre de mi prima, pero estábamos muy unidos hasta que... Bueno, hasta que se casó con un gildipollas-. La espada no se sujeta así, que te va a dar problemas el túnel carpiano. Relaja la mano.

Hago un gesto con las muñecas, a ver si comprende lo que intento decir. Y es que, amigos, cuando eres padre a veces tienes que elegir entre ser autoritario y apoyar a tus pequeños. ¿Que no estoy de acuerdo en que Rei vaya amenazando de muerte a la gente por ahí? Pues no, las cosas o se hacen o no se hacen, pero chantajear usando la vida está feo. Pero si ella va a hacerlo puedo reprenderla o aconsejarle para que lo haga de la mejor forma posible. ¡¿Lo oyes, mámá?! ¡Soy mejor padre que tú, y solo llevo siéndolo diez minutos!

No, claro que no me oye. Estamos en mi cabeza, nadie va a leer esto o algo por el estilo.

- De verdad, yo no sé nada, me han enviado aquí. Yo tenía que llevarte al Nido, solo... por favor...

Los cambios de humor de este hombre me hacen pensar que es bipolar, o simplemente imbécil. En fin... Me acerco a su espalda en silencio, y miro a Rei a los ojos. Sí, debo apoyarla, pero tiene que entender las consecuencias de sus acciones. Esa también es mi labor como padre.

- Rei, si utilizas la vida como moneda de cambio no vas a ser mejor que esta gente. Y no se merecen que te conviertas en un buzón asesino por ellos, no valen tanto.

- Eso -secunda el calvo. Parece que ahora sí que le gusta mi razonamiento.


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Mensaje por Rei Arslan Jue 28 Ene 2021 - 20:45

Rei arqueó los ojos al escuchar como Claude la llamaba así. ¿Andrómeda? Era un bonito nombre, le había gustado incluso, pero ella ya tenía su apellido propio por suerte. Rei Arslan, oriunda de Arabasta y Wano, la mezcla más rara junto con un padre gyojin y una madre humana. En otra vida no le hubiera importado apellidarse Von Appetit, pero por desgracia ya tenía su propio linaje.

Se había dejado llevar por el odio. Claude tenía toda la razón, si le asesinaba caería tan bajo como ellos, pero ¿acaso debía perdonar a alguien que le arrebató la vida a su madre? En cierto modo no sabía siquiera si había sido ese hombre en especial. Solo recordaba rostros borrosos, pero al menos tenía una pista. Bajó la katana, sin dejar de estar en guardia y asintió ante lo que dijo el pelirrojo.

Su padre no estaba allí. No había sido más que una estratagema para meterse en la boca del lobo y eso la enfadaba. De no haber sido por Claude nunca habría vuelto a salir de allí. Odiaba a los Grajos con todas sus fuerzas y si fuera por ella, se habría inmiscuido en una lucha encarnizada, pero sin ningún propósito más que la venganza. Chasqueó la lengua y bufó. Estaba confusa, no sabía que hacer, había llegado demasiado lejos en aquella banda pirata, pero ya se había arriesgado suficiente.

-Si le dejo con vida irán a por mí. Me perseguirán como hicieron con mi madre - Musitó, pero enseguida se dio cuenta de algo -. Aunque si le mato también.

-Hagamos un trato - comentó quejándose de dolor mientras apretaba su muñeca cortada -. Os dejo marchar... Tengo las pruebas suficientes para saber que huiste y que así vuelvan a perder tu pista por una buena temporada... agh.

Rei no se fiaba en absoluto. Había algo en el calvo que no le inspiraba confianza, que la hacía sentir intranquila. Respiró profundamente y tragó saliva. No tenía más opciones si quería abandonar Bloothe al alba. La pirata se agachó, quedándose a la altura del viejo y frunció el ceño. Este apartó la cabeza, intentando no mirarla a los ojos.

-¿Qué ha sido de mi padre? - Inquirió -. Es lo único que necesito saber y te dejaré vivir.

-Le perdimos la pista hace un tiempo porque consiguió huir de nuestra base y pensamos que si te teníamos como rehén, él regresaría - Tomó una pausa -. Ahora marchaos de aquí antes de que el resto de Grajos se enteren de lo ocurrido. ¡Que nadie les haga nada! - Bramó mirándolos -. Mi vida vale más que esto.

Los ojos de Rei se iluminaron durante un momento. ¡Aun tenía esperanza! Se levantó y envainó a Oasis, para después acercarse al pelirrojo. Estaba sorprendida de que fuese la voz de la razón en todo esto ya que gracias a él había conseguido la información que realmente necesitaba. Parecía alguien muy diferente a lo que le había parecido a primera vista. Le caía bien. Y Rei Andrómeda Von Appetit sonaba de maravilla.

-Aquí ya no tenemos nada que hacer - Esbozó una sonrisa, aliviada de toda aquella situación mientras se dirigía hacia la puerta.
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Mensaje por Claude von appetit Vie 29 Ene 2021 - 21:34

¿No es bonita la paternidad? Un día son pequeñas cajas de sellos y antes de que te des cuenta son preciosos buzones ahí estáticos, esperando al primer cartero que los lleve a ver mundo. Casi se me escapa una lagrimilla antes de darme cuenta de que el calvo empieza a ponerse lívido.

- Rei, cariño, los humanos necesitan sangre para vivir -apunto-. Igual se nos muere.

No es que me preocupe demasiado, pero tengo entendido que las amputaciones tienden a desangrar a la víctima y no puedo permitir que este pestuzo muera, así que mientras Rei decide que ya no necesita nada más del lugar yo busco la botella de licor con más graduación que encuentre. Casualmente, y sin que mi suerte natural intervenga en absoluto en esta hazaña, encuentro absenta. No es lo mejor, pero al fin y al cabo no es que vaya a hacer algo que ningún médico en su sano juicio fuese a aprobar. Pero me dan igual esos sabelotodos, es momento de salvar vidas.

Saco mi soplete de flambear y empiezo a echarle alcohol en la herida, que aún gotea. Hace relativamente poco salía a chorro, pero no debe quedar ya sangre suficiente. En fin, enciendo el soplete, lo acerco a la zona y... ¡Voilá! A primera vista, el espectáculo de luces impresiona a todos los guardaespaldas de este hombre, que todavía no terminan de decidirse a tomar cartas en el asunto. En su lugar miran con miedo porque deben haberse dado cuenta de la inestabilidad mental de Rei, pero lo ignoro. Es mejor así. Algunas gotas -por no decir chorros- han caído sobre su ropa, y tengo que apagarlas a pisotones, haciendo que los débiles alaridos de cabezahuevo se intensifiquen y agraven, acabando en un gañido gutural hasta que no puede más y su cerebro se apaga. Pero con el suficiente tiempo de descanso, algo de suerte y sobre todo con mucha suerte sobrevivirá. Seguramente se acuerde toda la vida de este dolor, o de que se metió con el buzón equivocado, pero sobre todo recordará que está vivo. Sin mano, pero vivo. La vida es hermosa, a su manera. Ahora gastará la mitad en guantes.

- Bueno, yo he terminado aquí. -Me levanto, limpiando cuidadosamente el soplete por si ha saltado sangre o saliva-. Aunque todavía queda una pregunta que resolver.

Rei ha llegado a esta isla buscando a su padre. Alguien le dio la información para tenderle esta trampa; alguien se ha asegurado de que ella estuviese aquí y ahora para, en principio, asegurarse de que ella se convirtiese en... Bueno, la verdad es que la guarida está hecha unos zorros, no les iría mal una asistenta.

- ¡Claro! ¡Querían usarte como asistenta! -Miro hacia los guardaespaldas, que entre aterrados y atónitos niegan lentamente con la cabeza, en completo silencio-. ¿Recadera? -Vuelven a negar-. ¿Esclava? -Inclinan la cabeza hacia los lados, y siguiendo la trayectoria de sus miradas entro en cólera-. ¡Ah, no! ¡A mi niña de ninguna manera!

Me acerco a ellos todo lo rápido que puedo, agarrando de la mesa lo que parece un cepillo de limpiar la chimenea, lleno de hollín. Encaro a uno de ellos, el que la ha mirado de forma indecente, y le pongo el trasto muy cerca de la boca.

- ¡Te vas a tragar el cepillo! ¡Te lo vas a tragar! -le grito. Veo su miedo, y lo percibo en su silencio-. ¡Discúlpate! ¡Discúlpate, pervertido!

Entonces caigo en su camiseta. Es curiosa, de estas que lleva la gente joven hoy en día. Perdón, la gente joven y sin estilo hoy en día. Color plano, negro en este caso, y un mensaje que pone "soy sordomudo, no me agredas". Vaya, parece que me he precipitado. No, ni de coña. Le pego un palazo con el trasto que lo reviento en su cabeza, y me acerco a la puerta.

- Vámonos, sí. Será lo mejor. -No me olvido de dedicar a esta gente una mirada letal antes de atravesar el umbral, y me doy cuenta de que al final no he hecho la pregunta que tenía en la punta de la lengua. Y ya no puedo hacerla, porque... Bueno...

Me he olvidado de qué iba a preguntar.


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Mensaje por Rei Arslan Dom 31 Ene 2021 - 21:18

Pese a todo, Rei había sido demasiado impulsiva al cortarle la mano al viejo pirata. Quizás si en un principio todo hubiera sido con calma, las cosas habrían salido mejor, pero ni el mismísimo Grajo había puesto de su parte, aunque solo era un mandado. Por lo menos ahora tenía la información suficiente y ahora que les había dado esquinazo era el momento de adentrarse a fondo en esa organización para encontrar a Yvain. Era muy arriesgado, pero no descansaría hasta descubrir toda la verdad.

Rei se mordió el labio inferior al ver como Claude terminaba de arreglar el estropicio que ella misma había hecho. No sabía como actuar ni qué decir, solamente mirar la cara cada vez más pálida del pirata. Quería abandonar cuanto antes aquella base, el resto de Grajos cada vez los miraba más y más, como si no supieran cómo actuar y eso la hacía sentir incómoda.

No se inmutó cuando escuchó lo de la esclavitud. Estaba totalmente claro que si la llegaban a capturar no sería nada bueno para ella, pero al menos había contado con la ayuda de Claude para impedir aquel destino tan cruel. Aunque a saber por cuanto tiempo. Decidió pasar del tema y salió por la puerta, mirando al frente y escuchando de fondo al pelirrojo, mientras esbozaba una sonrisa. Definitivamente, era muy especial.

Empujó la puerta con delicadeza y de nuevo el olor insoportable regresó a su vida. Que asco le tenía a aquel callejón. Miró al firmamento y poco a poco comenzaban a verse los primeros atisbos de luz del alba. Menuda noche más movidita. En cuanto salieron del todo, los grajos cerraron rápidamente su base y Rei caminó con calma hacia la salida del callejón, con la intención de poder respirar mejor. Las miradas se seguían clavando en ambos jóvenes hasta que por fin abandonaron la conflictiva zona.

-Menos mal que todo ha terminado relativamente bien -comentó profundamente aliviada -. De no ser por ti, no sé si habría vuelto a ver otro amanecer. Estoy en deuda contigo.

Tras eso se abalanzó sobre él para darle un fuerte abrazo. Era lo menos que podía hacer para mostrar su gratitud. Duró unos segundos, pero fue cálido. El destino había sido muy amable con Rei por haber conocido al pelirrojo y esperaba volver a encontrárselo más veces en un futuro.

-Has sido el mejor padre que he tenido en mucho tiempo - dijo mientras esbozaba una sonrisa al separarse -. Pero nuestros caminos deben separarse ahora. Yo debo continuar mi senda y tú... te deseo suerte con lo que tengas entre manos.
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Mensaje por Claude von appetit Jue 4 Feb 2021 - 23:02

Vibi nos abre la puerta. No lo hace de buen grado, no lo hace con delicadeza, pero nos abre la puerta. Creo haber escuchado un gruñido animal salir de sus labios fruncidos al tiempo que da un portazo, tan fuerte que el estruendo hace caer una montaña de basura que había justo al lado, robando su pobre cobertura a una prostituta veterana y a un cliente particularmente inexperto. De hecho, a medida que me voy fijando en ellos puedo ver... Bueno, parece la danza de apareamiento de dos iguanas epilépticas. En fin, mientras ellos se lo pasen bien, ¿quién soy yo para juzgar?

Caminamos en silencio hasta abandonar el callejón del callejón, y luego el callejón. En una esquina tres maleantes se reparten mi pasta, y aunque me miran con inquina parece que tras el incidente con esta gente repentinamente soy intocable. Tal vez debería recuperar entonces el paquete, pero me dan algo de lástima: Nadie pide pasta, por violentos que sean sus modos, si no está desesperado. Esta gente podría haber intentado robarme carne, pescado -que por suerte no llevo encima, pero podría ser- o incluso dinero, pero me han exigido pasta. Inclino la cabeza hacia ellos en señal de respeto y pena, encogiéndome de hombros. Pobres diablos.

Nunca me ha gustado el silencio, en realidad. La tensión es palpable, y mucha gente nos observa a medida que avanzamos. Afortunadamente terminamos saliendo a una calle más amplia, una suerte de paseo de madera al borde del mar con olor a pescado -afortunadamente no muy descompuesto- desde el que la luna, de un tono macilento y tenue se va ocultando para dejar que nos bañe un sol moribundo. Es en ese momento que Rei decide hablar.

- Nah, no te preocupes -contesto, quitándole importancia-. Es cierto que te he salvado la vida y me he asegurado de que... -Me callo de golpe cuando ella me abraza. Noto su calidez, también cierto cariño, y correspondo devolviéndoselo. Es lo menos que puedo hacer, al fin y al cabo cree que soy su padre. ¿Y qué clase de padre no daría un abrazo a su pequeña?

Finalmente se separa. Es duro, los crías desde que son pequeñas cajas de correo y al final se convierten en un hermoso buzón de piel roja que va repartiendo sus cartas por el mundo. No voy a llorar, no voy a...

Se me escapa una lágrima.

- Pensé que nunca llegaría este día. -Jamás pensé que tendría una hija, de hecho-. Ahora pienso que es demasiado pronto. Pero antes de dejar que te marches en busca de tu camino, hay algo que debo darte. Es un remedio ancestral que en mi familia ha pasado de padres a hijos desde hace generaciones. -Empiezo a rebuscar en mi morral. Se me dibuja una sonrisa triste al tocar los ñoquis que ya no compartiremos, pero sigo buscando-. A veces, es normal que te pique. Ya sabes... Ahí. Es muy sensible, y cualquier cosa puede hacer que se irrite. Y tú... Las chicas... Bueno, Tú sabes cómo es tu cuerpo. -La tomo de la mano y centro mis ojos en los suyos-. Ojalá tu madre estuviese aquí para tener esta conversación contigo, pero... Bueno, todo lo que puedo hacer es darte esto. Te evitará las rojeces y las descamaciones.

Por fin soy capaz de sacar la puñetera crema solar del bolso. Se la pongo en las manos y sonrío con sinceridad. Sé que podrá ayudarle a que su piel deje de estar tan mal, o por lo menos evitará que esa piel tan roja termine en cáncer. Pero no es suficiente. Un padre debe compartir lo mejor con su hija, aunque sea renunciando a parte de su bienestar.

- Aparte... Toma. Sé que te gustará. Te dije que no tenía pasta, pero preparé estos ñoquis hace un par de días. -le tiendo una delicada bolsa llena de ñoquis. Debe haber casi un kilo. No puedo contener las lágrimas-. Están buenísimos al pesto, o con queso... Sé que usarás estos presentes como una verdadera von Appetit. Te quiero, Andrómeda. Eres la mejor hija que he tenido nunca.

Le doy un último abrazo. Uno pequeñito. Para mi buzoncito.


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