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[Pasado] [Privado: Prometeo] Cosas de revos (¿o no?)

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Mensaje por Ireri Vie 19 Feb 2021 - 0:27

+Todos las islas serían iguales si solo conoces sus puertos + pensaba para sí misma Ireri mientras desembarcaba en una isla cuyo nombre ni siquiera había tenido el tacto de preguntar, puesto que su contacto en la armada le había colado en aquel carguero para hacer su registro en la revolución, y si aquel maravilloso hombre no le había dado más especificaciones que una dirección y un horario de oficina es porque no les necesitaba, y no perdería su oportunidad de ingresar a la organización le brindaba la oportunidad de vengarse por su enfermiza curiosidad, al menos esa vez no lo arruinaría preguntando.

En su espalda una maleta ligera golpeteaba su blazer negro después de cada paso dado, mientras atravesaba los primeros metros de aquel desconocido lugar, aunque nada misterioso. Lo primero era simple encontrar donde pasar la noche y surtir su vicio, después de todo el horario entregado por Murata hacía media hora que había vencido y ningún esfuerzo en su primer día en “pérdida land” tendría sentido, por lo que rascando su nariz con un pulso ligeramente tembloroso pensó en voz alta. - Donde podría comprar cocaína y comer un buen corte al mismo tiempo… o un corte mediocre y buena cocaína…- aunque la pregunta era retórica, puesto que frente a esta un restaurant bar familiar alumbraba con un parpadeante anunció, el cual estaba más desgastado por el tiempo que por salitre, y eso era mucho decir. El negocio guardaba decoro del exterior con una cortina de tela delgada, la cual servía de puerta, aislando el establecimiento del exterior, y su estructura estaba construida con tablas tan podridas por fuera como por dentro, donde seis mesas clavadas al suelo construidas probablemente con las mismas tablas de la fachada se encontraban vacías, habiendo una sexta pegada a la entrada donde cuatro ficheras viejas y obesas hablaban y reían con sus roncas, y un cutis tan maltratado que no sería sorpresa para nadie el que estas estuviesen trabajando en ese lugar desde que abrió.

La pelirroja se sentó al fondo, y por un instante se distrajo con los garabatos grabados con navajas y tenedores, en la mesa “Natt me la pela” decía el más clásico de estos, y viera seguido leyéndolos hasta que una mesera se le acercará a ofrecerle la carta y las delicias fuera de esta, y ese era el plan, aunque para desgracia y al parecer sorpresa de nadie, aquel plan había sido interrumpido por un joven con una katana, el cual entraba amenazando al personal para entregar su efectivo, más a la chica al fondo le ignoraba, por lo que Ireri devolvió la cortesía haciendo lo mismo, jugando con su cabello, mientras aquel hombre terminaba de ganarse la vida. - Parece que tendré que esperar. -
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Mensaje por Prometeo Vie 19 Feb 2021 - 1:35

Hizo saltar el jugoso filete de pescado con tal destreza que cayó dado vuelta en la sartén sin salpicar una gota de aceite. Se giró como un bailarín sobre el escenario y comenzó a armar la ensalada de camarones. Las hojas frescas de lechuga servían hacían de cama; las capas de palta perfectamente cortadas, separaban los camarones. A la ensalada le dio la forma de una flor vista desde arriba sin siquiera perder el tiempo de fritura. Agregó trocitos de tomate, unas cuantas cucharaditas de jugo de limón y, por supuesto, el condimento. Ya tenía todas las piezas para armar el platillo que había pedido la señora Nana.

—Aquí tiene —dijo Prometeo, ofreciéndole el plato que tomaba con total seguridad—. Es ensalada de camarones envueltos en palta y tilapia frita bañada en salsa de perejil.

Esbozó una sonrisa cuando la pequeña anciana de cabellos canos probó su platillo. Los ojos de la señora brillaban como estrellas y el tenedor iba rápidamente del plato a la boca en un vaivén explosivo. Decía cosas, pero el teniente no podía entenderle con la boca llena, así que se limitaba a sonreír. Últimamente lo había aprendido bastante bien de los humanos. Si los ojos eran la puerta al alma, la sonrisa era su máxima expresión, ¿no?

—¡Etá delisioso! —dijo la señora Nana con las lágrimas corriendo a chorro.

—Me alegra que le guste —agradeció Prometeo—. Parece que alguien ha entrado al restaurante, iré a echar un vistazo.

Abandonó la cocina y recorrió el pequeño pasillo que la conectaba con el comedor. Desde la puerta miró a la mujer de cabellos rojos y tenida elegante. ¿Por qué una mujer tan bien vestida había elegido un lugar como ese? Si bien la comida de la señora Nana era excepcionalmente rica, no tenía el dinero para arreglar el restaurante puesto que debía pagar las deudas dejadas por su difunto esposo. Prometeo estaba a punto de acercarse para tomar su pedido (jamás había trabajado en un restaurante, pero había leído muchas novelas) cuando un joven entró con una katana peligrosa y temblorosa.

El teniente lo miró con expresión confundida.

—¿Dinero? Aquí no tenemos nada de eso —contestó con naturalidad y caminó sin miedo hacia el chico pese a sus amenazas—. Si tienes hambre, puedes elegir una mesa y con gusto cocinaré algo para ti, pero tienes que dejar la espada.

El alterado espadachín dudó por un segundo, pero la verdad salió a flote cuando el incómodo silencio fue roto por el rugido de su estómago. El rubor invadió su rostro y luego envainó el arma. Se limitó a asentir con la cabeza y tomó asiento en la punta opuesta a donde estaba la chica. Prometeo colocó su mano en el hombro del chico y le preguntó qué le gustaría comer.

—Un trozo de carne estaría bien…

—¿Carne? L-Lo siento, pero no puedo cocinar carne… Soy pescetariano—dijo el teniente un poco avergonzado, recibiendo la misma expresión de siempre: «¿Esa mierda qué es?»—. Puedes dejarme la elección a mí y te aseguro que te sorprenderé —comentó entonces con tono amable.

Luego de hablar con el muchacho, quien resultó llamarse Jochiro, caminó hacia la mujer de cabellos rojos.

—Buenas tardes, lamento que haya presenciado eso. ¿Qué le gustaría comer? Puedo preparar cualquier cosa del menú a excepción de los platillos que incluyan carnes rojas —le preguntó e informó al mismo tiempo. Era una aclaración que debía hacer como chef suplente. Llevaba “trabajando” (muy entre comillas porque ni siquiera tenía un sueldo, solo lo hacía como un favor) dos semanas en el restaurante de la señora Nana y la gente siempre pedía carne.
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Mensaje por Ireri Sáb 20 Feb 2021 - 17:06

No pasó mucho tiempo desde que aquel hombre, que si no fuese por su igiene Ireri podría jurar no que lo llegaba ni a los veinticinco años, irrumpió en el demacrado lugar, en el que pillaje parecía normal gracias a la reacción de uno de los empleados, el cual parecía un extravagante vestigio de la evolución, puesto que ante los ojos de Ireri aquel hombre parecía medir dos metros y medio, mas no contaba con los rastros de un gigante -Grande- Pronunció en voz baja y para sí misma la “casi” revolucionaria anonada por la altura y complexión del cocinero, el cual confrontado con más amabilidad de lo recomendado a un asaltante armado, logró convencerlo de cambiar su atraco por una comida decente. +Si yo llegara a un local a asaltar y un gigante me ofrece comida por no patearme el culo creo que también hubiera aceptado, de algún lugar debe sacar tantos huevos y en sus mil metros seguro tiene donde esconder bastantes + pensó para sí misma, mientras no sabia si sorprenderse mas por la reaccion de hombre del local, de su altura o de la prudencia del criminal.

Después de “atender” si es que así se puede llamar a algo que claramente fue perdonar la vida del bandido, este se acercó a la pequeña joven, pequeña al menos en proporción, puesto que está sentada no llegaba siquiera a la cadera de aquel gran hombre, y para seguramente aquello no cambiaría demasiado, este ofreció dar su pedido con la voz más dulce que la joven hubiese escuchado en un muelle. +Que clase de broma es esta, es como si dios hubiera puesto el alma de una vaca en el cuerpo de un rey marino+. Pensó lo anterior para sí misma, mientras le escuchaba hablar sobre la carne de res. -No hay problema, entonces pediré, una jarra de agua de mango, vodka en esta, una milanesa de pollo y veinticinco gramos de la mejor cocaína que tengas. - comento la chica con un rostro que reflejaba mas hambre que amabilidad, aunque se notaba al menos que lo intentaba.
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Mensaje por Prometeo Dom 28 Feb 2021 - 17:55

Como tenía buena memoria no necesitaba una libreta en la cual anotar el pedido de la joven, sino que todo lo almacenaba en su cabeza. Agua de mango, vodka, una milanesa de pollo y veinticinco gramos de cocaína… Prometeo miró extrañado a la mujer. Quizás no se había expresado bien. Por cuestiones filosóficas, por respeto a sus principios, nunca mancillaría sus manos cocinando carnes rojas. Comía diferentes productos del mar, como los ostiones o las jaibas, porque su cuerpo necesitaba determinados nutrientes que no podía conseguir de otra manera. Y los suplementos vitamínicos no eran una opción. Por otro lado, la chica se encontraba en un restaurante y no en una droguería, así que debía descartar la opción de conseguir una sustancia ilícita en una buena parte del mundo.

—Lo siento, creo que me expresé mal —se apresuró en decir—. Tratándose de carne, únicamente puedo preparar platillos relacionados con los «productos del mar», como mariscos o pescados. Espero que pueda entenderlo —explicó tan sereno como un riachuelo—. Ahora bien, ¿está segura de encontrarse en el lugar correcto? Aquí no ofrecemos cocaína, de hecho, si comienza a buscarla activamente puede tener problemas con la ley.

El Ejército Revolucionario no era ninguna «ley», pero mantenía principios éticos que debían ser inamovibles e incorruptibles. Si bien Prometeo creía que todo ser humano era libre de consumir lo que quisiera, tampoco podía dejar de lado las malas prácticas de los vendedores de drogas que involucraban a criaturas sin discernimiento de la realidad como lo era un niño. Además, veinticinco gramos de cocaína… Eso era bastante y, pese a que no era correcto juzgar a las personas por su apariencia, esa chica no lucía rica o algo por el estilo. ¿Sería una drogadicta como la de los libros? ¿Sería de esas que se gastaban todo el dinero en el vicio?

De pronto, la puerta fue abierta violentamente y un grupo conformado por tres hombres (dos de ellos verdaderos gorilas) entró con aires de superioridad. Miraban a todos los presentes por sobre el hombro, como si fueran criaturas inferiores. El hombre pequeño y delgado le dirigió una mirada lasciva a la mujer de la cocaína, y entonces caminó hacia una de las mesas disponible. Uno de sus acompañantes sacó un paño y limpió rápidamente el lugar, quitando una fina película de polvo. ¿Acaso Prometeo no había limpiado todas y cada una de las mesas? Bueno, igual era uno de esos personajes quisquillosos con el aseo.

—No me preguntes qué pediré, mesero, porque la señora escondida en la cocina ya lo sabe: quiero el restaurante completo.
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Mensaje por Ireri Jue 4 Mar 2021 - 17:51

Aquel gigante gentil comenzó a memorizar el pedido a la vez que su rostro se deformaba en una graciosa expresión de confusión, para después expresar un error en su menú, el cual al parecer tampoco incluía carne blanca, cosa que robó un suspiro de resignación a la chica, la cual entre tantos viajes comenzaba a hartarse de los sabores marinos, más si era lo que había no se pondría quisquillosa pues el hambre no le permitiría buscar otro puesto, además de que el aroma que desprendía la cocina le comenzaba a interesar - Nada crudo, ni algas entonces. -  respondió la chica con una voz tanto perdida, mientras asimilaba con tristeza la falta de cocaína en el menú - Disculpa, pero la apariencia del lugar… las damas de compañia en la entrada, francamente deberían poner un letrero de “aquí no vendemos drogas” porque la gente entra con cierta expectativa. - comentó en una evidente broma, para después rematar con una voz sobria. - Gracias por el consejo, pero da igual, con suerte a partir de mañana la cocaína será el menor de mis problemas con la marina - remanto su comentario con una de esas agradables sonrisas que suelen señalar la muerte de una plática.

Justo después de ordenar y tener algo que casi pudiese considerarse una plática personal con el mesero, el sonido de las puertas del local abriendo con violencia hicieron voltear a Ireri, la cual observó a lo que parecía ser un pez gordo, con sus dos estacas, el pez gordo, el cual era un flacucho enano sin gracia, observó a la Skypeana de forma lasciva, cosa que la joven respondió con una sonrisa amable, aunque por dentro, bajo su paladar, una saliva espesa producto del asco comenzaba a segregarse, aunque siempre era mejor evitar problemas con amabilidad y con suerte en toda la tarde no tendría nada que ver con su nefasta persona, por lo que bajando su mirada a los garabatos de la mesa, Ireri sacó al pseudo ganster de su campo de visión, prestando atención con sus demás sentidos a su alrededor, escuchando sin mucha dificultad, la orden del hombre de un alquilar el restaurante completo. -Entonces si rentaras todo el lugar, lo mejor es que me marche. - Comento la chica, mientras se levantaba de su asiento, dirigiéndose a la salida, pues no había que ser un genio o jesucristo para saber que estar encerrada con un ganster pervertido con su ego y masculinidad inflada por dos guardias era peligroso de cojones y el dejar la isla para escapar de la mafia local por patearles el trasero y luego robarles, no era un lujo que se pudiese dar, al menos no antes de ingresar a la armada revolucionaria.
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Mensaje por Prometeo Lun 8 Mar 2021 - 16:38

—La Marina, ¿eh? Debería tener cuidado para no ganarse una recompensa por su cabeza, como si fuera un premio —sugirió Prometeo con un tono amable pero preocupado.

La anciana dueña del restaurante salió para atender los extraños requerimientos del hombre delgado. Y al mismo tiempo la señorita de la cocaína decía que ya se iba. Era la decisión más sensata de todas, después de todo, el hombre que acababa de entrar olía a problemas. Sin embargo, cuando la jovencita se levantó de su asiento el sujeto, quien más tarde se presentaría como Justo, golpeó la mesa y dirigió otra mirada hacia ella, aunque esta vez de desapruebo y enfado.

—¿Quién te ha dado permiso para levantarte? ¡Compraré este maldito restaurante con sus personas incluidas! —rugió el hombre, volviendo a golpear la mesa—. Pero si no vas a sentarte… Klaus, tráela ante mí.

Uno de los guardaespaldas que acompañaba al hombre asintió con un gesto de cabeza y entonces caminó hacia la chica. Parecía un auténtico gorila ataviado con un traje negro y elegante. Cabeza rapada, gafas de sol y barba naciente. Prometeo pensaba que no era un mal hombre, solo uno que trabajaba para la persona equivocada. Y cuando llegó a donde estaba la jovencita de la cocaína, intentó cogerla del brazo para arrastrarla a la mesa de su jefe. No obstante, el guardaespaldas se paró en seco cuando vio que una llama anaranjada flotaba en la mano del revolucionario.

—Les recomiendo que se marchen —sentenció con un tono seco y duro—. Como Teniente del Ejército Revolucionario no toleraré que maltraten a esta gente. —Sus ojos celestes buscaron al jefe de los guardaespaldas—. Este lugar no está en venta ni lo estará por mucho dinero que ofrezca. Es un recuerdo de la señora Nana, uno que vale más que todo el dinero del mundo.

Probablemente nadie imaginó que ese chico con delantal de mesero era en realidad un teniente de la Armada Revolucionaria, uno que ostentaba una recompensa de más de sesenta millones de berries. Prometeo todavía se preguntaba cómo el Gobierno Mundial podía gastar tanto dinero en cazar personas en vez de ayudar a los que lo necesitaban. Muchas cosas estaban mal en el mundo y gran parte de la culpa era por hombres como Justo, hombres que creían tener una especie de autoridad absoluta sobre las demás personas. Pese a tener una personalidad afable y reservada, Prometeo empezaba a cansarse de encontrarse con gente así, comenzaba a molestarse.

—¡¿El Ejército Revolucionario?! ¡Ja, como si les tuviera miedo a unos malditos lunáticos! No son más que un intento de justicieros cuando lo único que hacen es pedir limosna y hacer daño a la gente honrada como yo. ¿Quieres un mundo más justo? ¡Empieza por ganar un poco de dinero, maldito vagabundo! —rugió Justo, lanzándole unas monedas a la cara a Prometeo—. Venga, recógelas y ve a dárselas a los pobres. Y déjame trabajar en paz.
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Mensaje por Ireri Mar 16 Mar 2021 - 18:51

+Problemas, problemas malditos problemas+ se gritaba a sí misma la chica mientras mientras su pulso comenzaba a acelerar preparándose para la batalla, puesto que nunca antes había dado la cara por ella y esta claramente no sería la primera vez. su pistola se encontraba bajo su blazer, cargada y lista, y sus cuchillos en la mochila, puesto que había tenido tiempo de acomodar sus asuntos en aquella problemática isla donde los capos asisten a bares locales mediocres, y donde al parecer no se comía pollo. -tranquilo tranquilo, pero debo decirle que soy una pésima esclava.- comentó Ireri mientras sonreía al bastardo en jefe mientras este daba la orden de llevarle a su presencia a un gigantón llamado Claus el cual a consideración de la chica, tanto su cara como su nombre eran culpables.

aquel gigantón llevó a cabo la misión, o al menos lo intento, pues camino hacia Ireri, mientras la chica se discutía entre dispararle a este, o guardar su disparo limpio al pequeño hombrecito enojon, quedando en una pelea en desventaja contra ambos grandulones. +Bueno al menos será a Claus+ se dijo a sí misma la chica, mientras llevaba la mano a su bolsillo con la intención de disparar desde este, mas fue detenida por una extraña segregación de fuego del mesero, el cual con la dulce y dura voz de un héroe de cuento de hadas, o al menos con la voz que Ireri atribuye a los príncipes en estas historias. más sus palabras caerían en los oídos sordos del bastardo chiquito el cual arrojando monedas insultaba y ninguneaba a la armada revolucionaria. +¡Él es mi contacto! le pedí cocaína a mi contacto para reclutarme, ¡estoy perdida!+ Tras darse cuenta de lo anterior la chica volvió a sentarse, mientras veía como un profesional se encargaba del problema, mas no sin dar un ligero empujón para que este explotase -¡Revolución! ¡Revolución!, patea el trasero de los que me quieren volver a comprar- pues de la nada la chica comenzó a gritar lo anterior mientras quitándose su blazer dejaba ver sus alas largas y blancas, lo cual le hacia un “objeto” de colección tan valioso que para un gandul como el bastardo, le sería imposible intentar tomar.
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