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El Libro de Enoc [Pasado][Privado]

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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 5 Mar 2021 - 18:51

¿Dónde se supone que estoy…? Me duele la cabeza y me siento débil. Estoy tendida en el “suelo”, rodeada de nubes blancas que se extienden hasta donde me alcanza la mirada. Un cielo azul y despejado se alza sobre mí. Intento levantarme, pero mis piernas me traicionan cuando estoy a punto de conseguirlo. A pesar del dolor y de la debilidad, me siento increíblemente… tranquila, como si por fin todo hubiera terminado. Una idea tonta se me pasa por la mente, una imagen de un futuro en el que no tengo que empuñar ningún arma ni exponerme a situaciones mortales, una imagen de un futuro en el que soy feliz.

Sin embargo, esa sensación tan impropia de alguien como yo desaparece cuando veo a la criatura grotescamente alta que me observa desde lo alto de una escalera. Creo que ni siquiera le llegaría a las rodillas. Tras la figura que lleva una armadura tan dorada como luminosa se hallan unas puertas hechas de oro y casi tan grandes como una montaña. Bajo el yelmo se ven destellos azules suspendidos en la nada. Han de ser los ojos de este… ser, ¿no? Y también tiene unas enormes alas de luz que nacen de su espalda.

Un sentimiento de peligro invade mi cuerpo cuando me apunta con su espada dorada, obligándome a ponerme de pie. Por inercia busco las dagas escondidas entre mis destartaladas prendas, pero no las encuentro. ¿En qué momento he sido desarmada…? Siempre traigo conmigo armas de difícil acceso para evitar situaciones como esta, joder.

—Por fin despiertas, Hija de la Luna. Te encuentras frente a las Puertas de Prahan —me dice con una voz profunda que escucho desde dentro de mi cabeza—. ¡Mi nombre es Auriel, Espíritu Protector de las Puertas de Prahan! —ruge con violencia, alzando los brazos al cielo. Vaya, parece que le gusta vanagloriarse—. ¿Cómo es que una simple humana ha llegado a este lugar…? No, esa no es la pregunta correcta. Quizá tú puedes detener a Enoc… No, debes detenerlo.

—Yo soy Anna de la Santa Inquisición, una humana cualquiera —es lo único que se me ocurre decir. ¡Lo siento, pero no tengo grandes títulos como esta cosa!—. ¿Me dirías qué es lo que hago aquí? Espera, si tú me preguntas cómo he llegado es porque no lo sabes. ¿Y quién es Enoc? No, da igual. No me interesa. ¿Hay una forma de regresar a donde sea que estaba antes de llegar?

—Sí, deteniendo al Supremo Emperador de los Cielos, Enoc —contesta, apuntándome otra vez con la espada. Qué puta manía con el arma—. Es posible que seas la única que no está en el Libro de Enoc, es posible que seas la única esperanza del Imperio de Prahan…

¿Debería decirle que no estoy entendiendo una mierda…? Decir que estoy confundida sería quedarme corta. Lo último que recuerdo es estar navegando en alta mar junto a Sophia cuando de pronto… Espera, ¿por qué hay un rayo de luz en mis memorias? ¡Agh, odio cuando no entiendo nada!

—¿En serio le estás pidiendo a una huérfana que se encargue de detener a un Supremo Emperador? Debes estar desesperado. Como sea, no es mi problema. Tendrás que encargarte tú solo y regresarme a donde estaba —respondo, cruzándome de brazos y frunciendo el ceño.

De pronto, el suelo se sacudió como si fuera golpeado por un terremoto, pero no tuvo ese característico ruido. Una sensación de aún más peligro eriza mis vellos y una voz dentro de mí me dice que corra, que salga inmediatamente de ese lugar, que pronto encontraré la muerte.

—¡No hay tiempo para explicar nada! ¡Debes detener a Enoc y a su séquito de ángeles! ¡Ya viene Luciel, debes alejarte de aquí! —vuelve a rugir, pero esta vez suena preocupado—. ¡Canta el himno cuando el sol ilumine la noche y acudiré a tu ayuda!

No me da tiempo para hacer más preguntas. Un haz de luz sale disparado de su arma, impactándome sin poder reaccionar. Siento que todo me da vueltas y estoy segura de que me he vomitado los pantalones. Maldita sea, ¿qué está pasando…? Ay no, estoy perdiendo el conocimiento. Todo se está volviendo negro, todo…
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Mensaje por Nayelis Vie 5 Mar 2021 - 19:14

La música fluía por mis dedos hasta tocar cada una de las piezas del piano aquella noche de primavera. La platea estaba llena, el piano en posición, y yo tocando como era de costumbre mi sonata nº23 ante todos aquellos que habían venido a verme. Era mi momento, mi momento de paz y tranquilidad. Para la gente era un espectáculo, pero para mi era conectar con mi yo interior.

Aquella noche en el café teatro había mucha gente, más de lo habitual. Sin embargo, mientras tocaba las delicadas piezas de mi instrumento ante la atenta mirada de todos notaba que algo o alguien me estaba mirando. ¿Irónico no? Era obvio que todos me estaban mirando, pero no era esa sensación de complicidad de un público entregado a mis notas musicales, sino de una mirada...oscura, poderosa, no sé....notaba que alguien me estaba clavando la mirada de muy mala manera. Llegué a emparanoiarme tanto que no pude evitar mirar al público por unos segundos, cortando así la música. Pero esa sensación se fue en el mismo momento en que posé los ojos sobre la Platea.

"Serán cosas mías" pensé antes de concluir la pieza y recibir los aplausos de todos los presentes.

Me retiré a la habitación que el gerente del local me había facilitadoa cambio de mis servicios musicales. No era gran cosa, pero con tener una cama decente para dormir esa noche, y una botella de vino junto a ella me valía.

Me tumbé en la cama nada más entrar, boca arriba mirando al techo. No sabía porqué pero seguía con esa sensación de que alguien me estaba observando, emparanoiándome todavía más. Miré por la ventana del cuarto, salí al pasillo de la habitación e incluso miré debajo de la cama, No había nada.

Seguro que era mi imaginación y a que estaba bastante cansado. No le di importancia, así que me dispuse a beberme la botella de vino entera. El problema de beber vino es que...bueno, pillas una cogorza del quince. No me importaba emborracharme siempre y cuando fuera a puerta cerrada.

El sueño empezó a invadirme, y la botella cayó de mi mano al suelo rodando hasta la puerta. En ese momento  escuché que la puerta de mi habitación se empezaba a abrir, una sombra entró...pero no sabía quién era. Sólo sabía que no debía beber más....porque me dormí.

No sé cuanto tiempo dormí pero empezaba a notar corriente en la cara y a escuchar ruidos raros a mi alrededor. Me desperté abriendo los ojos lentamente hasta que tuve que llevarme la mano a los ojos por el fulgor que había a mi alrededor, como cuando enciendes una luz en plena oscuridad.

Cuando mis ojos se iban adecuando a ella, me fui levantando poco a poco. Ya no estaba en mi cama, sino en un suelo marmóreo dorado. Entonces para cuando me había dado cuenta, los ojos se me abrieron como si me hubieran hecho un examen de próstata. Pues ya no estaba en el café teatro, sino en medio de una ciudad blanca y dorada cuyas torres se alzaban en el cielo. Sus construcciones apabullantes y grandes reflejaban la luz como agujas de marfil. Un gran bullicio me rodeaba y el oro que allí todo lo cubría me cegaba sin parar. ¿Dónde cojones estaba?.¿Me he habría pasado ayer con la bebida y me he muerto de un coma etílico? ¿Estaba en el cielo? Oh por favor no me jodas, no puedo morir tan joven.

Me erguí y me sacudí el traje, aunque todavía estaba algo débil y cansado, por no decir que mareado. El lugar donde me encontraba ahora parecía lo que los eruditos decían en sus cuentos como "la morada de los dioses". Nunca había visto una ciudad así, tan bella y elegante. Me di un pellizco en el brazo para ver si efectivamente estaba muerto o borracho. Era lo segundo.

Me llevé las manos a la cabeza, y en voz alta dije:

-¿Dónde cojones estoy? ¿Tinny? ¿Dónde estás Tinny?

Tinny era mi pequeño conejo blanco que venía a todos lados conmigo. No me había ni acordado del pobre mientras me emborrachaba en mi habitación. Seguro que el pobre estaba junto a mi cama y ni me enteré.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 6 Mar 2021 - 0:32

He despertado en un callejón, pero no se parece lo más mínimo a los de Yhardum. Aquí no hay cajas de madera ni vagabundos durmiendo, ratas escarbando en la basura ni botellas de alcohol rotas. Todo es tan pulcro que la única mancha de suciedad soy yo. O eso me gustaría admitir, pero la verdad es que hasta huelo bien. De alguna manera voy ataviada con una túnica de seda blanca e hilos de oro. ¡¿Cómo esto es posible?! ¡Las sandalias son la cosa más incómoda que existe! Incluso alguien se ha tomado la molestia de peinarme… He perdido la imagen de una huérfana arquetipo de Yhardum, si hasta parezco una adolescente de verdad. Es… raro.

Creo que necesito analizar la situación y considerar mis posibilidades, debo tranquilizarme: mi vida corre peligro. Mi objetivo principal es salir de este lugar por lo que debo saber cómo he llegado. Tiene que haber una razón por la que aparecí frente a una armadura parlanchina y con alas de pollo. Alguien tiene que saber algo, siempre funciona así. Y lo quiera o no, tengo una pista importante: debo detener al Supremo Emperador de Praha, Enoc. Sí, una pista que…

—¡¿Cómo me he metido en esta mierda?! ¡Se vea por donde se vea es injusto! Tiene que ser una mentira, ¿acabo de abandonar Yhardum y debo salvar un imperio porque un tonto con alas me lo dice? No es justo…

Pero tampoco me deprimiré. Si la vida jamás ha sido justa conmigo no esperaré que ahora lo sea. Encontraré la manera de regresar a Yhardum y sacaré a Helen y a Jaine de ese infierno. Si me han despojado de todas mis armas, convertiré mi propio cuerpo en una. Tiene que haber una respuesta en algún lado y la encontraré, sea como sea.

Cuando abandono callejón, el sol me encandila y el ruido me estremece. Cierro los ojos y me cubro los oídos. Los abro poco a poco, acostumbrándome a toda esta luz que me ha golpea de pronto, y a la vez me quito las manos, adaptándome al rugido de la ciudad. Decenas de personas, no, cientos de ellas caminan formadas unas detrás de otras, siempre manteniendo la distancia. Llevan túnicas como la mía, todas blancas. Qué injusto... No importa a quién mire, debería sentirme culpable por ser tan fea en comparación a estos ángeles. Es reconfortante saber que lo más impresionante, en realidad, es la cascada que se ve más allá de las murallas, transportando esas hipnóticas aguas mezcla del blanco y del dorado. Un río de luz. Sí, eso es.

Es importante conocer el terreno de operación, así que me he paseado un poco por la ciudad y he llegado a una conclusión: no sé a qué clase de superheroína espera Auriel, pero definitivamente esa no soy yo. En serio, hay que mirar de dónde vengo y compararlo con Praha. Los suburbios de Yhardum son todo oscuridad y suciedad, se puede respirar la putrefacción humana. ¿Y aquí ni en los callejones se camina con un pañuelo en el rostro? Por más que la recorro no encuentro barrios pobres. Es como si todo esto fuera un paraíso. Las calles principales son cortadas por canales de agua y sobre estos van los vehículos de Praha, unas grandes serpientes con aletas que parecían hechas de oro y plumaje blanco en lo que podría ser el cuello. Todo esto es como si fuera un sueño hecho realidad, pero estoy acostumbrada a las pesadillas...

En mitad de la calle, junto a unas enormes palmeras de hojas do… No, verdes. Al menos estas tienen las hojas verdes. Como decía, en la mitad de la calle veo a un chico casi tan desorientado como yo. Va vestido como el resto de los prahanes (no conozco su gentilicio, pero este suena bien), pero su grito lo ha delatado. Lo mismo me pregunto yo, lo mismo me pregunto yo… Por un lado me alivia saber que no soy la única en esta situación, pero por otro me decepciona no haber sido la heroína de turno.

—Oye, no deberías gritar en la calle. ¿No te lo enseñaron tus padres? —riño al chico en voz baja, mirándolo con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Sí, así es cómo se entra en confianza—. Estamos en la misma situación y por el momento solo podemos confiar el uno en el otro, al menos hasta que encontremos a más gente. Por cierto, soy Victoria.
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Mensaje por Nayelis Sáb 6 Mar 2021 - 8:55

Cada minuto que pasaba en aquel "paraíso" me confundía más. ¿Pero donde estaba?. Seguro que había muerto, pues la belleza de aquella ciudad era enorme. Los seres que por allí pululaban vestían blancas túnicas y joyería de oro y nácar. Oh dioses....aquí tiene que haber parné por narices. Seguro que algo podía robar de stranjis, no me llevaría el oro de los suelos, pero quizás alguna pulsera...baratija o así seguramente. Hay que comer ya sabes.

Había muchas cosas que tratar en muy poco tiempo. Primero saber donde estaba, pues no recuerdo como demonios había llegado allí. Segundo robar algo y darme el piro en cuanto pudiera y tercer.....¿Dónde cojones está Tinny?

-¡Tinny!-gritaba en mitad de la calle ante la atenta mirada de los hogareños nativos que me miraban con caras raras mientras otros mantenían unas filas prietas dignas de elogio en cualquier ejército.

-Tinny conejo maleducado ¿Dónde estás?- repetía mientras lo buscaba con la mirada en aquel lugar, como si el conejo pudiera responderme. No estaba loco, pero para alguien, o algo a lo que le tengo aprecio no me gustaba perderlo de buenas a primeras.

"Donde demonios estarás, bueno, ya aparecerás, no me pienso ir sin ti" Pensé mientras me quitaba el polvo del traje y miraba al frente.

¿Que debía hacer ahora? No tenía ni puñetera idea. De repente me vi envuelto en una comedia de mal gusto, y estaba seguro de que alguien se estaba riendo de mi tras dejarme en aquel lugar digno de los dioses. Así que continué gritando hasta ver una pequeña figura en la lejanía que venía hacia mi.

Era una mujer, que no parecía ser una nativa del lugar. Al menos sus vestimentas así la delataban, del mismo modo que ha sido la única de todos esos idiotas que ha venido a junta mía. Pero vino para recriminarme. Encima la muchacha me decía que ambos "Estábamos iguales. ¿Que quería decir con esto? ¿También la habían secuestrado y tirado allí? Oh dioses, esto empieza a ponerse turbio e interesante. A pesar de que en otras circunstancias le hubiera pegado un bofetón a la cría, ahora mismo no estaba el horno para bollos. Y menos para llevar la contraria a la única persona que  podía saber algo sobre el porqué estaba allí. Así que me guardaría mi mal genio para otro momento. Al menos hasta que tuviera respuestas.

La muchacha se llamaba Victoria, bonito nombre. Me quedé mirándola de arriba abajo mientras colocaba mis manos en los bolsillos del pantalón de mi traje, y con un tono calmado y sin responderle a su regañina le dije:

-Disculpa, pero como entenderás estoy algo perdido y quisiera dejar de estarlo.- dije excusándome malamente- Yo soy Dregan.

Le ofrecí la mano a modo de saludo mientras continuaba tratando de buscar respuestas.

-¿Y que situación es esa Victoria? Me he despertado aquí sin saber ni cómo, he perdido a mi mascota, estoy muy mareado y parece que esté en el cielo como un muerto. ¿Dónde estamos? ¿Lo sabes?.

Vale, era un bombardeo de preguntas, pero necesitaba respuestas o me volvería loco.

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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 6 Mar 2021 - 17:08

¿Dregan…? Qué nombre más extraño, aunque considerando que últimamente todo lo que me pasa es raro tampoco le daré más vueltas. Como supuse, el chico está perdido y dice querer dejar de estarlo. Mira, ya tenemos algo en común. La diferencia entre nosotros es sutil pero importante: he salido a buscar información en vez de quedarme a gritar como una lunática. ¿Puedo culparlo? Si bien no soy la persona más empática y comprensiva del mundo, puedo entender que esta situación sobrepasaría a casi cualquiera. Cuando tiendo la mano para aceptar la suya me doy cuenta de algo: son suaves, mucho.

¿Será un noble…? Como mínimo es alguien que jamás ha usado sus manos para trabajar, mucho menos para entrenar. Espero que me sea útil, pienso mientras lo miro con expresión imperturbable.

—También he despertado aquí sin saber nada —contesto, encogiéndome de hombros—. Bueno, casi nada. Estamos en Praha, una ciudad del imperio que lleva el mismo nombre y que es gobernado por Enoc. Tenemos un gran punto de partida, ¿eh? —comento al final. El chico parece listo, así que igual entiende el sarcasmo.

Debí haberlo probado antes, pero como soy medio tonta no se me ocurrió. Le digo a mi nuevo compañero, Dragni “El Suave”, que me espere un momento. Me acerco a la primera señorita que veo y la jalo de la manga de la túnica para que se fije en mí. Me mira con sus ojos increíblemente azules y luego sonríe. Parece que no le importa haber sido detenida por una desconocida.

—Hola, disculpa… Estoy un poco perdida —comienzo a decirle con un tono de voz bajo y tímido. De vez en cuando mostrarse como una niña débil es buena idea—. ¿Hay alguna forma de salir de la ciudad? Necesito volver a Rosmandia, mis padres me esperan y…

—¿Salir de la ciudad…? —La señorita se echa a reír, pero no percibo burla en ella. Me mira con ternura y se arrodilla para estar a mi altura—. Ay, qué cosas dices… Después de atravesar las Puertas de Praha nunca puedes volver. Me sorprende que alguien quiera regresar al infierno, la verdad… ¿Estás bien? —Sacudo la cabeza para que le quede claro que no estoy bien—. Ay, pequeña criaturita… ¿Por qué no vienes conmigo a casa hasta que todo se solucione? ¡Debes estar hambrienta!

¿Si atravieso las Puertas de Praha nunca puedo volver…? Para mí todo el espectáculo con Auriel fue un sueño, uno muy loco, pero si tuviera que asumirlo como realidad… Bueno, nunca crucé las puertas como tal. Y podría suponer que mi compañero tampoco. Como la maldita armadura parlanchina no me dijo nada debo encontrar información en cualquier lado, y creo que esta señorita puede contarme cosas muy interesantes. Luego iré a las Puertas para ver si puedo regresar.

—¿De verdad está bien que vaya? En ese caso…, ¿puede acompañarme un amigo? ¡Está en la misma situación que yo! ¡Por favor! —Qué asco tener que actuar como una niña indefensa y estúpida.

—¡Claro! Los mandamientos dicen que debes amar al prójimo como a ti mismo, ¿verdad?

No sé qué significa eso, pero suena bien. Le pido que me espere un momento y regreso con Dregan para comentarle mis grandes descubrimientos.

—La mujer dice que es imposible abandonar la ciudad y me ha ofrecido comida. ¿Vamos? Cualquier ciudadano sabe más de Praha que nosotros, es una buena opción.
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Mensaje por Nayelis Sáb 6 Mar 2021 - 17:28

La muchacha me parecía algo rara a primera vista. Aunque bueno, aqui ahora mismo ella no era la más rara del corral. Los nativos me preocupaban más ahora que mi nueva compañera. ¿Compañera? ¿De verdad he pensado esa palabra? Bueno, si, quizás pueda asumir que era mi nueva compañera tal y como estaban las cosas.  Me quedé mirándola mientras me hablaba de que estábamos en una ciudad llamada Praha, que estaba gobernada por un tal ¿Enoc? Nunca había escuchado tal nombre, aunque tampoco había oído hablar de Praha.

-Pues ya tenemos algo en común- le dije algo irónico por la situación - Pff pues la verdad es que sí....

Dicho esto la jovencita fue a hablar con una de las nativas. No sé que fardfullaban pero yo aproveché para mirar con calma a mi alrededor. ¿Conclusión? Ninguna. ¿De verdad que no había un puerto, una artazana o un metro por el que salir de aquel bendito lugar?. Me empezaba a poner nervioso y Tinny seguía sin aparecer.

Miré a las construcciones, pues estas me seguían maravillando. Sin embargo, yo veía berries donde había bonita arquitectura, cada uno ve el valor donde lo quiera ¿no?.

Cuando la muchacha volvía hacia mi me comunicó que efectivamente parecía ser imposible salir de la ciudad. En cuanto me dijo eso no pude evitar responderle:

-Oye, es es imposible, esto es una isla no una prisión. Debe haber alguna forma de poder escapar de este Olimpo perdido de la mano de los dioses.-dije tratando de calmarme .

Respiré profundamente en el mismo momento en que me dijo que nos iban a dar de comer. Pues oye, no me parecía mala idea. Había bebido mucho vino, lo admito, pero comer....lo que es comer poco. Quizás era buena idea llenar el estómago y acompañar a Victoria junto a aquella estirada, aunque fuera para llenar el buche.

-Vamos, si con ello llenamos el estómago y nos responde algunas dudas será un comienzo. De todas maneras, no te fíes....aquí todo resplandece demasiado y tiene que haber mierda oculta por algún lado. Lo perfecto no existe...ni siquiera en este lugar.

Dicho esto procuré acompañar a mi "colega", pero sin quitar la vista a mis lados, pues como bien dije...no me fío ni un pelo de estos estirados. Así que quise aprovechar la caminata que tendríamos para preguntarle a Victoria por Tinny.

-Oye, no habrás visto un conejo blanco rondando por la zona ¿no?. Es mi mascota y viene siempre conmigo, pero desde que he despertado aquí no lo encuentro, ha desaparecido. Y no quiero moverme sin haberlo encontrado antes.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 6 Mar 2021 - 20:09

—Sí, debería ser imposible…, pero no creo que la lógica funcione en este lugar. Me han traído con un maldito rayo de luz, ¿sabes? —respondo como si estuviera conspirando—. Sin embargo, creo que es como tú dices: debe haber una manera de salir, aunque… ¿A qué te refieres con Olimpo perdido de la mano de los dioses? ¿Es un poema o algo?

Es curioso que alguien con las manos tan suaves me diga que la perfección no existe, que tiene que haber alguna mierda oculta en todo este paraíso. Si le contara cómo es Yhardum seguro que se ahorraría esta clase de comentarios, pero Dragni sabrá de mí solo lo que debe. Y a una parte de mí le gustaría que fuera recíproco, pues tendría la certeza de que estoy trabajando con un profesional. No digo que yo lo sea, pero es un comienzo, ¿verdad? Es que lo veo y me parece un chico normal; quizá viene de una buena familia. Lo descubriré en su momento, ahora es más importante conocer todas mis alternativas.

La señorita de melena dorada y ojos azules es Judith, un ángel que me saca por lo menos tres cabezas. Su rostro es mucho más femenino que el mío con esa nariz tan bien hecha, fina y respingada, y esos pómulos tan delicados. En los brazos lleva brazaletes con todo tipo de gemas y en los tobillos argollas de oro. Por si no fuera suficiente, su voz es como un sutil soplido en el oído.

—Pobrecito, ¿se ha perdido tu mascota? No te preocupes, pronto todo estará bien —lo consuela, ofreciéndole una mano amigable—. Él lo sabe todo, nada se escapa a su mirada, y es tan generoso que comparte el saber con nosotros, sus hijos. —Judith cierra los ojos mientras sonríe con tranquilidad. En su rostro aparecen marcas brillantes y azules, pero destaca una gema, como una estrella de ocho puntas, más brillante y azul que todo lo demás—. Han visto a un conejito en los alrededores del parque, y mi casa está justo al frente. Vamos a buscarlo, ¿cuál es su nombre?

Sea lo que sea que haya hecho, es jodidamente impresionante. Tengo unas ideas en mi cabeza, pero quiero oírlo de su propia boca. Quiero saber con exactitud qué es lo que ha hecho, así que simplemente se lo pregunto. No voy a cortarme con esto.

—¿En serio Auriel no te explicó nada…? Está bien, te lo explicaré. Para entrar a Praha tienes que firmar un contrato con Auriel, el Espíritu Protector de las Puertas, en el que te sometes por decreto divino a las leyes del imperio. Es un pequeño precio a pagar por vivir en un paraíso, dicen los que vienen de fuera —comenzó a decir, haciendo un montón de gestos con las manos—. Sin embargo, los que comparten sangre con el Supremo Emperador no deben firmar ningún contrato con Auriel, sino que tienen sus propias reglas y derechos. La «Marca de Enoc» es la prueba de la divinidad, y todos los hijos del Supremo Emperador tienen derecho a intervenir en las conciencias de los extranjeros. He entrado en las mentes de los ciudadanos para encontrar al conejito, eso es todo.

—¡¿Eso es todo?! ¡Es una locura! —susurro para mí, impactada. Cada vez comienzo a creer más en la existencia de un dios todopoderoso. Si los hijos de Enoc pueden entrar a las cabezas de la gente, eso significa que aquí nadie es libre, ¿no? Y si Judith tiene la Marca de Enoc, significa que comparte sangre con el Supremo Emperador. ¡Esto es una maldita locura!

—¿En serio lo crees…? ¡Es una experiencia agradable, siéntalo ustedes mismos!

Me gustaría decirle que no, pero su rostro está brillando una vez más. Necesito hacer cualquier cosa para impedirlo, si hasta me arrepiento de haber preguntado. Pero pasan los segundos y nada sucede. Espera, yo no he firmado ningún contrato con nadie, y si Dragni ha llegado más o menos como yo, tampoco lo ha hecho. Es bueno saber que somos dueños de nuestras cabezas, pero eso nos delataría. Somos diferentes del resto y eso siempre llama la atención.

—Hmm… Qué extraño —aquí viene—, no puedo entrar a sus conciencias. ¿Puede que sean hijos del Supremo Emperador sin saberlo? Debería llevarlos con Luciel, puede que él tenga más información, aunque primero encontraremos a tu conejito. ¡Vamos!
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Mensaje por Nayelis Sáb 6 Mar 2021 - 20:31

Parecía que mi compañera no era ducha en el arte de la poesía o la retórica. Me dispuse a responderle, pero luego no vi que fuera necesario ya que Judith, nuestra nueva anfitriona nos iba a dar todas las respuestas una tras otra.

La verdad es que la mujer era muy bella, y debo admitirlo, se me pasó por la cabeza hacer cosas muy feas y lascivas. Sin embargo era un caballero, al menos hasta que necesitara algo más de ella que su comida. Soy un pirata ¿Vale? No pretendas que sea buena gente.  Sin embargo y no sabía porqué me sentía "bien", quizás era por su melodiosa voz que decía que encontraría a Tinny en el parque de enfrente de su casa. Eso me gustaba, aunque estaba flipando a colores con lo que aquella tipa estaba haciendo con su mente.

Sin pararme torcí la dirección en la que íbamos caminando en el mismo momento que vi un parque. ¿Sería ese parque? Ni idea, pero estaba tan absorto en encontrar a mi mascota que obvie las posibilidades de que fuera el parque correcto. Por gracia de los dioses, acerté. Tinny estaba allí en la entrada del parque mirándome. Corrí hacia él, le di un achuchón sin que nadie me mirara ( Hay que mantener las apariencias) y me lo subí al hombro.

-La próxima vez que le hagas esto a papi te mando a la cazuela- le regañé señalándole con mi dedo índice su rosada nariz.

Tras eso volví a entrar en la casa, disculpándome por haberme ido tan de sopetón, pero con mi conejo no se juega. Me acerqué a Judith y le di las gracias.

-Te agradezco mucho tu ayuda, este pequeño bribón significa mucho para mi- dije acariciando la cabecita del animal antes de volver a mirar a la mujer de cabellos dorados  mientras nos exponía todo acerca de la "Sangre de Enoc".

Yo no había firmado ningún contrato, al igual que Victoria imagino...y sin embargo habíamos sido llamados a esa isla. No entendía nada francamente, y menos cuando me di cuenta de  que podíamos pertenecer a la marca de Enoc.

Era demasiada información a digerir y estaba flipando bastante. Sobre todo cuando Judith intentó leer nuestra mentes sin éxito, entonces tuve que interrumpirla.

-A ver, a ver...que yo me entere. Me estás diciendo que he despertado en este paraíso, no me he enterado de lo que me ha pasado, no me puedes leer la mente y eso significa que seamos hijos de un no se que Emperador? Pensaba que había bebido demasiado, pero joder...aquí los que se llevan la palma son ustedes- dije antes de llevarme la palma de la mano a la boca.

-Perdón, no pretendo ser ofensivo, pero no sé mi compañera, pero yo no conocí al bastardo de mi padre ni a mi madre. Y no es la primera vez que borracho acabo en el otro lado del mundo.

Era cierto, a veces pillaba cogorzas enormes y no me acordaba de nada, y Tinny parecía asentir con su cabecita a mis palabras. EL problema es que si no fuera suficiente con tener a aquella mujer enigmática enfrente,ahora nos nombra a otra.

-¿Quién es Luciel?- dije confuso.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 6 Mar 2021 - 21:33

El barrio donde vive Judith es precioso. Su casa está literalmente frente al parque, una de las cosas más bonitas que he visto en la vida. Más allá de la calle se encuentran los grandes árboles rodeados de un sinfín de flores. Hay muchos puentes como hechos de mármol con retoques de oro, bajo los cuales pasan los innumerables afluentes, largos brazos que parecieran llevar luz. No me extraña que el conejo de Dragni se haya quedado en este lugar, si hasta yo podría vivir como reina bajo el arbusto de ahí. ¿Qué comería…? Bueno, los prahanes parecen ser amigables y generosos porque así lo indica su religión, otra cosa completamente diferente de Yhardum.

Es un poco injusto que los «Hijos de Enoc» tengan poderes tan maravillosos, mientras que las «Hijas de la Luna» solo somos un poco más fuertes que el resto de los humanos. Ahora, tomando en serio la situación… ¿Este mundo es gobernado por más de un dios? ¿Yhardum pertenece a la Madre Luna y Praha a Enoc? Este descubrimiento le haría explotar la cabeza a los de la Santa Inquisición. Yo nunca fui muy creyente, como que me da igual. Pero no negaré que tengo muchas preguntas que me gustaría responder, preguntas sobre Yhardum y Praha.

Tras encontrar al peludito blanco (como tenga hambre me lo como) entramos a la casa de Judith. Nos recibe un gran vestíbulo todo hecho de mármol y oro, como si no tuvieran otros materiales. Muy bonito todo pero poca variedad, ¿eh? Nos conduce a un jardín envuelto de árboles y flores, incluso tiene una fuente de agua y los pájaros armonizan el ambiente con su canto. Creo que me dará un patatús; no estoy preparada para estar en un sitio así. Todo parece tan fino y elegante que siento que lo echaré a perder todo. Estoy incómoda, quiero salir de aquí.

—Luciel es uno de los «Príncipes de Praha» y también el Ministro del Ministerio de la Eterna Verdad. Es el indicado para saber cuán cercanos son al Supremo Emperador, ¿no es emocionante? Recuerdo que estuve super nerviosa cuando hice la prueba, no quería defraudar a mi familia —responde Judith y empieza a contar una historia de su “infancia”—. Si están preparados podemos partir de inmediato, seguro que quieren conocer la verdad.

—P-Pues la verdad es que no… —digo yo con un juego de palabras. Je—. E-Estamos cansados y… Esto… Mi amigo y yo aún no estamos preparados para saber algo así, creo que no es bueno para nuestra salud mental.

—Oh, ya veo… Siento mucho haberles presionado con un asunto tan importante.

Sí, definitivamente esta gente sigue al pie de la letra los mandamientos. Me da un poco de culpa tener que mentirle a Judith, pero aún no puedo confiar en ella, pienso tras decirle a mi anfitriona que no se preocupe. Y entonces le pido que me cuente una historia de Praha, cualquiera que me impresione.

—¿Una historia…? ¡Oh, tengo una! Hace ochocientos años, los veinte Arcángeles Supremos se reunieron en el centro del mundo y crearon un gran país al que llaman Gobierno Mundial. Quisieron que el Supremo Emperador se uniera, pero les dio la espalda y subió a los cielos para crear su propio paraíso, el Imperio de Praha —nos cuenta con los ojos brillando como estrellas—. Desde entonces ha aceptado a todos los que sean «dignos» de atravesar las Puertas. En comparación al resto del mundo, vivimos en un paraíso con la única condición de no poder abandonarlo jamás, pero ¿quién dejaría un lugar como este? Todos los que vienen del exterior dicen que el mundo es un sitio cruel y malvado, lleno de oscuridad y egoísmo, pero aquí no debemos preocuparnos por nada de eso. Somos felices porque Él lo permite.

Judith continúa con sus historias mientras cenamos, y solo cuando lo hace le comento a Dragni que debemos quedarnos en esta casa un tiempo más, al menos hasta que tengamos respuestas más precisas y un camino seguro. Ha sido un largo primer día y poco a poco tengo respuestas, pero aún faltan muchas más. ¿Cómo he llegado a este lugar? ¿Y por qué solo Dragni y yo somos inmunes al poder mental? ¿Por qué Auriel querría detener a Enoc, el dueño de este paraíso? Incluso la noche es maravillosa con todas esas estrellas en el firmamento, ¿cómo alguien querría hacerle daño a un lugar como este? Sí, aquí me siento inesperadamente tranquila, como si por fin todo hubiera terminado…

Sin embargo, cuando esa idea intenta echar raíces dentro de mí una atronadora voz resuena dentro de mi cabeza. «¡Canta el himno cuando el sol ilumine la noche y acudiré a tu ayuda!». Sí, fue lo que me dijo Auriel antes de que me enviara a Praha, pero no tengo idea a qué himno se refiere… Agh, más y más preguntas. Como sea, tocará pensar mañana porque tengo los ojos cansados y veo que es hora de dormir. Ya discutiré nuestro plan de acción con Dragni y su conejo. Buenas noches.
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Mensaje por Nayelis Sáb 6 Mar 2021 - 21:51

Bueno, pues fuimos conducidos a la casa. ¡Pero que demonios!. Si mi mandíbula no estuviera conectada a mi cráneo esta me caería al suelo. La casa era preciosa, vale que había muchas de ese estilo, pero esta me pareció lo mejor de lo mejor. Mi teoría de que nuestra anfitriona tenía pasta se confirmó en el momento en que cruzamos las puertas y vimos las casa por el interior.

A Tinny se le abrió la boca tanto que tuve que ponerle el dedo índice bajo su pequeña boquita para que no se babeara. Estaba seguro de que él fantaseaba con zanahorias doradas....y yo ya estaba fantaseando con comprarme cuatro chalés en el Nuevo Mundo, veinte navíos de combate, y un traje de oro....dioses, había tanto que robar allí que tardaría tres vidas sólo con esa casa.

-Guau-dije estupefacto mirando a la residencia- Aquí no os andáis con nimiedades señorita.

Judith, mientras yo seguía flipando y haciendo números con la mente me respondió a mi pregunta. Parecía ser que ese tal Luciel era uno de los «Príncipes de Praha» y también el Ministro del Ministerio de la Eterna Verdad., signifique lo que signifique eso. Yo sólo pude mirar con confusión a Victoria cuando Judith dijo todo aquello. Esperaba que ella entendiera algo mejor que yo de todo esto.

El problema de hacer una audiencia con este Luciel es que era algo importante, y las cosas importantes no se deben hacer con resaca. Así que iba a decir que no, no estaba listo pero Victoria como si me hubiera leído la mente dijo lo mismo que pensaba yo. Al menos tendríamos un respiro.

Como invitados a su casa lo estuvimos también para cenar. Victoria parecía bastante cómoda, o al menos eso aparentaba, escuchando la historia de Judith mientras cenábamos. La verdad es que aquella historia provocó que por unos segundos no mirara mi plato y atendiera con ferviente atención. Parecía que la historia de aquel país era compleja, y bueno....un emperador que da la espalda al Gobierno Mundial ya podía considerarlo casi un amigo.

A pesar de todo había muchas preguntas que debían ser contestadas. Y yo no tenía tiempo para chanzas, pero tampoco iba a ser descortés con una mujer tan bella. Así que durante la cena escuché sus historietas, pero yo en mi cabeza estaba barajando toda la información que había recibido de golpe, tanto de Victoria como mía. Esto parecía ser más complejo de lo que parecía.

Así que decidí concluir aquello y pedí permiso para poder descansar. No podía pensar con claridad con alcohol todavía en las venas...pero bueno, al menos había cenado bien.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Dom 7 Mar 2021 - 0:30

Estiro los brazos y suelto un largo bostezo de esos matutinos. Quiero quedarme durmiendo entre estas suaves y blancas sábanas, pero el día ha comenzado y tengo mucho trabajo por delante. Doy un salto y salgo de este infierno placentero llamado cama. Hace bastante tiempo que no dormía en una; años, diría yo. Compruebo la hora en mi reloj de bolsillo: son las siete de la mañana. Ya amaneció y en esta casa lo saben, pues están preparando el desayuno. Lo sé porque esas notas amargas que huelo pertenecen a algo que fuera de Yhardum llaman «café».

—¡Buenos días, Victoria! —me saluda Judith desde la cocina. ¿Cómo es posible que una mujer se vea tan sensual llevando un maldito delantal de cocinera…?

—Buenos días —contesto, llevándome la mano a la boca para tapar mi bostezo—. ¿Sabes dónde está Dragni? Si lo ves, ¿podrías decirle que lo estaré esperando en el jardín, por favor?

Judith dice que pronto estará el desayuno, pero la verdad es que este es un buen momento para hablar con mi compañero, a ese mismo que apenas conozco. Me gustaría saber qué piensa de todo esto y si tiene alguna idea para salir de este problema. La señorita Brisa Fresca, porque todo se siente fresco cuando ella está cerca, dice que no hay problema y entonces marcho.

Después de darle los buenos días a Dragni, expongo un rápido resumen. Una misteriosa fuerza nos ha traído a Praha, un país donde el agua parece luz y la mayoría de las cosas llevan oro, donde para entrar se debe hacer un contrato con Auriel, el Espíritu Protector de las Puertas. Enoc no es solo el gobernante, sino que también es una especie de divinidad que todo lo sabe. La gente que comparte sangre con él tiene el derecho de la «Marca de Enoc», un superpoder que permite intervenir en la conciencia de todos los que atraviesan las Puertas de Praha, pero este no funciona en gente que lleva la «Marca de Enoc».

—Lo más importante es que nadie puede abandonar Praha, pero todavía no sabemos por qué. Imagino que es por el «Contrato de Auriel» —continúo después de presentarle mis grandes dibujos explicativos propios de una niña de cinco años. Simplemente glamurosos—. Si hemos entrado de una manera irregular, significa que las leyes que atan a los prahanes no nos atan a nosotros. Somos más libres que el resto y, para bien o para mal, este debe ser nuestro gran secreto, ¿entiendes? —Hago una breve pausa para remojar los labios y comprobar que Judith sigue en la cocina. A juzgar por el ruido podría asegurar que lo está—. Podemos trabajar en equipo o no, tú lo decidirás. Al menos yo me quedaré aquí unos cuantos días y reuniré cuanta información pueda.

Luego de la conversación con Dragni tomé desayuno. Alucinante. Casi nunca empiezo el día con una comida tan sabrosa; el pan duro y la avena remojada forman parte de mi dieta diaria. ¿Pero esta extraña masa con dulce de leche en el interior? ¿Leche blanca con endulzantes naturales? ¡Esto es el maldito paraíso! Una parte de mí desea creer que todo es una ilusión, que todo es una mentira para quedarme en Praha, porque esa misma parte reniega que las cosas buenas existen, porque donde hay luz hay oscuridad.

Los días pasan rápidamente y no me doy el lujo de holgazanear, no cuando mi vida podría estar en peligro, así que investigo cuanto puedo. La primera gran sorpresa es que es imposible llegar hasta las Puertas de Praha. Llegué a los confines de la ciudad y caminé por el sendero de nubes, pero era interminable. No hay medio físico para llegar hasta donde está Auriel. Por otra parte, los que llevan la «Marca de Enoc» son casos contados con los dedos de una mano (no literalmente, por favor) y tienen grandes restricciones a la hora de usar sus superpoderes. Según he escuchado por aquí y por allá, Judith es casi la única hija de Enoc que no pertenece a un ministerio o algo así.

Además de investigar, continúo mis entrenamientos diarios para fortalecer mi cuerpo y volverme diestra manipulando mis habilidades. Puede que controlar la sangre no sea tan alucinante como intervenir en la mente de otra persona, pero es útil a la hora de combatir y espiar. Escalar la gigantesca Cascada de Luz es un ejercicio maravillosamente agotador puesto que usa cada uno de mis músculos. Ah, y hay una leyenda muy bonita en torno a la cascada. Escuché que se formó luego de que Enoc llorara la muerte de su esposa durante mil días y mil noches. Yo creo que nadie puede llorar tanto, pero no voy a cuestionar las creencias de esta gente. Igual terminan apuñalándome o algo, así son los fanáticos religiosos.

Han pasado cuatro días desde que llegué a Praha y ahora mismo estoy paseando con Dragni, su mortífero conejo con tendencias compulsivas a desaparecer y el ángel más sensual de todos, Judith. Nunca en mi vida he tenido días tan pacíficos como estos, de hecho, lo serían aún más si no estuviera inconscientemente buscando problemas. Escabullirse en una mansión para escuchar la reunión de dos ministros no fue precisamente sencillo. Como sea, estamos caminando por la avenida principal, separada por los anchos canales de agua de luz, cuando una figura imponente pero más pequeña que Auriel captura mi atención. Destaca por encima de todos los prahanes y yo lo atribuiría a sus cabellos carmesíes. Vale, tiene los ojos celestes como la mayoría de esta gente, pero su pelo es… diferente.

—¡Luciel, es una bendición verte por aquí! —dice Judith, apresurando el paso. ¡¿Este hombre delgado y de casi dos metros y medio es el jefe del Ministerio de la Eterna Verdad?! Están teniendo una conversación bastante amigable, pero cambian de tema cuando nos acercamos con Dragni—. Estos chicos son Victoria y Dregan, posibles candidatos a tener la Marca de Enoc.

—Así que posibles candidatos, ¿eh? Mi nombre es Luciel, Príncipe de Praha, es un gusto conocerlos, chicos. Aún no saben si llevan la sangre del Supremo Emperador, ¿verdad? Me tomará unos minutos comprobarlo.

Ay, no, esto no puede estar pasándonos. ¡Tiene que ser una maldita broma! Cuando Luciel descubra que no somos Hijos de Enoc ni firmamos el Contrato de Auriel nos meteremos en grandes problemas. El rostro se le ilumina y aparece la Marca, aunque a diferencia de la que tiene Judith, la de Luciel es tan intensa y roja como la sangre. Primero posa la mirada sobre Dragni, y entonces…
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Mensaje por Nayelis Dom 7 Mar 2021 - 8:51

Al final pude dormir, costó pero pude. En una magnífica cama de terciopelo y seda blanca. Nunca en mi puñetera vida había dormido tan bien. Y ahora me encontraba allí, despierto por las primeras luces del alba...aunque en aquel sitio debido al resplandor que emitía parecía que era pleno día siempre. Me quedé bocarriba sobre la cama pensativo.

"El oro es la insignia de la nobleza....y si hay nobleza aquí...hay pasta".

Era hora de levantarme y explorar la casa. Tarde o temprano Victoria y yo nos largaríamos de allí, así que era bien el empezar a estudiar que cosas podía "tomar prestadas" del lugar. Así que me levanté, me acondicioné y salí de la habitación con intención de llenar el estómago, el cual, volvía a estar vacío. Tan sólo esperaba que la comida fuera tan rica como la de ayer.

Saludé a Judith, la cual estaba preparando lo que parecía el desayuno, y olía que te cagas. Victoria todavía estaba por la zona así que..oh, pues si que estaba. No tardó en darme los buenos días, respondiendo yo de igual manera. Victoria no me caía mal, a pesar de que ambos teníamos objetivos muy distintos: ella resolver preguntas y yo resolver preguntas y robar.

La muchacha no tardó en ponerme al corriente acerca de lo que sabía, y no era poco. Demasiada información para gestionar en mi pequeña cabeza. Y no pude evitar susurrarle.

-Entonces ¿ Eso significa que no somos esclavos de este sitio? Cojonudo. ¿Cuándo nos largamos?.

Bien podría hacerlo y pirarme, pero Victoria tenía razón. Había muchas cosas que no em cuadraban, sobre todo las vinculadas con la sangre del emperador entre otras. Mi curiosidad podía más que mi avaricia, pero bueno, quizás era una buena idea cooperar con Victoria por unos días hasta resolver esto y salir cargados de oro por las puertas de Praha. Pues al no tener un contrato con nadie no éramos esclavos.

-Está bien, me quedaré contigo. Te ayudaré, pero quiero salir de aquí con algo más que los bolsillos vacíos...hay que comer ya sabes. -dije antes de ver que el desayuno estaba casi listo con el rabillo del ojo- Y sinceramente, menos mal que no pueden leerlos la mente, o te aseguro que estábamos en la horca desde hace horas.

Desayunamos, y la comida estaba riquísima. ¡Demonios si lo estaba!. Nunca había comido tan bien, salvo ayer, pero que me aspen. Le comuniqué a Judith que pasaríamos finalmente unos días allí, como huéspedes, a lo que le parecía muy buena idea tras haberlo propuesto. Debido principalmente a la reunión que íbamos a tener con uno de los príncipes.

Mientras Victoria salía de la casa a veces yo aproveché para conocer más a Judith y su entorno. Afortunadamente la casa tenía un piano y no tardé en demostrar mi talento tocándolo. Me pasé días tocando piezas para deleite de nuestra anfitriona. Y de vez en cuando la mujer me iba contando cosas acerca del reino y así. Si la música amansa a las fieras, la mía te hacía hablar jeje.

Pasados cuatro días ya tenía callos en las manos de tanto tocar .Judith me había contado su vida, algunas anécdotas y algunas cosillas de interés. Pero la hora había llegado, era la hora de conocer al ministro. Así que me reuní con Victoria y comenzamos a caminar junto a nuestra "nueva amiga" por la avenida principal hasta encontrar a aquel tipo...Lauriel.

Era diferente al resto, pero mantenía le mismo porte. Miré a Victoria arqueando una ceja mientras éramos presentados por nuestra anfitriona. El tipo no parecía muy convencido sobre que era imposible leernos la mente, y no tardó en comprobarlo. A mi ya me corría la gota de sudor por el cuello....pues si este tipo lo lograba nos destaparía. No pude evitar mirar a Victoria como diciéndole: " ¿Lista para correr?. Seguramente nos iba a descubrir.....y.....mierda, el tipo me está mirando...¿Qué hago?
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Mensaje por Anna Bloodfallen Dom 7 Mar 2021 - 19:02

—Si mis conjeturas son correctas, no estamos atados a ningún contrato ni somos esclavos de nada. Y nos iremos cuando sepamos cómo hacerlo —contesto con el ceño fruncido, intentando ordenar mis pensamientos. Puede que parezca tranquila, pero me conlleva un enorme esfuerzo mental sobreponerme a esta ridícula situación—. Tú puedes robar lo que quieras, pero a mí no me metas en esos asuntos. Lo único que me interesa es volver a casa.

Días después, durante el encuentro con Luciel…

¡Idiota, deja de mirarme! Las miradas de mi compañero son tan delatadoras como evidentes. ¡Es obvio que está pensando en algo ilegal! Espera, ¿correr de un ángel es ir en contra de la ley? Como sea, si los que llevan la Marca de Enoc pueden apoderarse de las conciencias de los prehanes, ¿qué le hace creer a Dragni que podremos huir de un maldito ministro usando nuestras jodidas piernas? Mi corazón comienza a latir cada vez más fuerte, miedo tengo de que alguien lo fuera a escuchar, y encima mis manos sudan helado. Mierda, se me nota a kilómetros que estoy ocultando algo, pero es que mantener la compostura en esta situación es difícil.

Vamos, no te preocupes tanto. Esta gente está atada a los diez mandamientos y tienen prohibido matar. Además, yo no pedí cruzar las Puertas de Praha sin firmar el Contrato de Auriel, me digo a mí misma en un intento de tranquilizarme, pero autoengañarse no me está sirviendo de mucho. Mi intuición dice que he estado en peligro desde que llegué, que debería mantener en secreto esta condición de “ilegalidad”. Sin embargo, lo único que he visto ha sido paz y bondad, virtudes que harta falta le hacen a Yhardum. Puede que Luciel sea un hombre comprensivo, puede que me esté ganando la paranoia…

Los ojos de Luciel brillan con intensidad y cuando alza su mano en dirección a Dragni, el cuerpo de mi compañero se ilumina como si estuviera bañándose en pura luz dorada. Los transeúntes rompen la formación, se detienen únicamente para ver lo que está sucediendo. Imagino que el nacimiento (o descubrimiento, mejor dicho) de un Hijo de Enoc es un evento importante para Praha. Y todo el espectáculo termina cuando una sonrisa aparece en el rostro del ángel. Coloca ambas manos sobre los hombros de Dragni y lo mira con sus profundos ojos azules. A una parte de mí le gustaría que alguien me mirara de esa manera, como si de mí dependiera salvar el mundo o algo.

—¡Felicidades, Dregan! ¡La sangre del Supremo Emperador corre por tus venas! —anuncia, siendo yo la primera sorprendida. ¿Qué mierda está pasando? La gente aplaude y hace alabanzas, incluso se persigna—. Por lo que pude ver, no solo eres un candidato para llevar la Marca de Enoc, sino que eres el sexagésimo noveno Príncipe de Praha. El imperio espera mucho de ti, hermano.

Espera, ¿qué? Lo siento, pero es que estoy en blanco. No sé qué debería decir en estos casos, es como cuando se muere alguien y no sabes darle el pésame. O felicitar a una mujer cuando queda embarazada; nunca se sabe si de verdad quiere al bebé. Como sea, ¿en serio este chico, el mismo que no tiene puta idea de este imperio, es un maldito príncipe? ¡Es que no puedo creerlo! Si es hijo de Enoc, debe tener algo de divinidad y tiene derecho a llevar la Marca de Enoc. ¡Puede controlar las mentes de los prahanes! Y si Dragni es príncipe, puede que yo sea una princesa.

Por una razón súper obvia me han entrado ganas de saber cosas. ¿Y si resulto ser una princesa? No tendría que preocuparme nunca más de lo que voy a comer. La gente de la realeza solo se preocupa de ser estúpida y oler bien. Praha es un país maravilloso donde la gente es amable y bondadosa. ¡Imagina ser princesa de un lugar así! Los ojos se me están iluminando y estoy dejando que la ilusión crezca dentro de mí. Sin embargo, ¿alguna vez la vida me ha bendecido? Quizá debería matar estas expectativas antes de terminar dañándome por idiota, por permitirme creer cosas que no van con escoria como yo.

—¿Y yo? ¿También soy…?

Luciel sonríe y vuelve a hacer el mismo espectáculo de lucecitas y tatuajes, pero mi cuerpo no se baña en pura luz dorada ni nadie festeja. No, una densa y oscura bruma surge de cada uno de mis poros. La gente a mi alrededor me mira aterrada, incluso el mismo ángel parece desconcertado. Su sonrisa desaparece y sus ojos reflejan confusión y miedo en partes iguales. Comienzo a temblar porque algo dentro de mí dice que todo saldrá mal. Incluso Judith empieza a alejarse de mí, mirándome como si fuera la cosa más horrible que hubiera visto en toda su vida.

—Tú… ¡Tú eres la enemiga de Dios! —ruge Luciel, erizándome todos los vellos del cuerpo. Y entonces un rayo carmesí cae en su mano, haciendo aparecer una larguísima lanza—. ¡Por la protección del imperio debo matarte aquí mismo!
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Mensaje por Nayelis Dom 7 Mar 2021 - 19:38

Vale, ser discreto no era lo mío. Pero no podía evitar pensar como siempre he pensado, puesto que yo funciono con una premisa: Hay peligro, huye. El problema es que todo aquello me tenía confuso y no sabía como actuar. Mi destino y el de Victoria estaba decidido en el mismo momento en que aquel tipo pusiera sus ojos sobre mi. No podíamos hacer nada, y parecía que nuestra singladura iba a acabar allí mismo.

Pero en ese momento...¡Me felicitó! ¿Qué cojones? ¿Qué demonios pasaba?. Mi cuerpo se iluminó por un momento mientras Luciel sonreía mientras señalaba con su mano a mi persona. Un júbilo y parafernalia se congregó ante mi gritando y alabando mi nombre. Realmente estaba flipando porque...¡Era de la sangre del emperador!

"¿SANGRE DEL EMPERADOR? ¿Sexagésimo noveno Príncipe de Praha?"

Había abierto tanto los ojos ante aquella noticia que pensaba que se me iban a salir de las órbitas. ¿Qué demonios se había fumado esta gente? ¿Yo un príncipe? ¿ Un lector de mentes? Venga ya, eso es imposible. Me dirigí a Luciel antes de que siguiera hablando.

-Perdone pero creo que se está equivocando. Yo no tengo padre ni conozco nada de esto, creo que se ha equivocado. Creo que....-me llevé las manos a la cabeza, lancé un suspiro largo y tendido, traté de calmarme y continué hablando- A ver, a ver....que no puede ser, yo nací en Dressrosa hace veinticinco años, no tengo ni pajolera idea de esta isla, ni siquiera sabía que existía. Así que revísense el GPS ese que tienen en la cabeza porque creo que han patinado bastante.

Era imposible y no podía ser cierto. Porque de ser esto verdad mis padres me habían abandonado en aquella isla privándome de este paraíso? ¿Porqué? ¿No estaban orgullosos de mi? ¿Luciel me mentía? ¡¿Que estaba pasando?!

Entonces miré a Vicotria con bastante confusión, como deseando que ella me sacara de aquel atolladero. Si fueran otras circunstancias habría pasado de todo el mundo y los hubiera mandado al infierno, pero desconociendo de lo que eran capaces no era tan suicida de hacerlo. Lo peor no fue enterarme de esto, sino de ver como amenazaban a Victoria, la cual era denominada por Luciel como "Enemiga de Dios".

-Eh eh eh tranquilo compañero ella...- dije con intención de ponerme delante de ella. -Explícame que de que demonios va todo esto amigo.

Esto se estaba poniendo feo, y no sabía ya si alegrarme o lamentarme por la noticia que acababa de recibir. Al final tenía razón en lo que le dije a Victoria....todo lo que brilla oculta mierda siempre.


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Mensaje por Anna Bloodfallen Dom 7 Mar 2021 - 20:59

—Tiempo después de que el Supremo Emperador fundara el Imperio de Praha tuvo diez hijos, a quienes les concedió distintas bendiciones. Y yo recibí el «Ojo de Enoc», la habilidad de ver la verdad de todas las cosas —explicó Luciel mientras sostenía la lanza que fulguraba rayos carmesíes—. No hay ningún error, hermano, esa chica apesta a ella. Muévete, por favor, no quiero hacerte daño.

¿Cómo pude haber sido tan imbécil para creer que también sería una princesa? Una puta mierda. Si la vida no me ha bendecido en mis dieciséis años, no lo hará ahora. Me siento una completa estúpida por permitirme creer que algo bueno por fin me sucedería. No soy ninguna elegida, mucho menos especial. Solo soy una niña huérfana con mucha mala suerte. Fui traicionada e incriminada del asesinato de Arthur Spendragon, y ahora secuestrada y obligada a detener a Enoc sin siquiera saber por qué. ¿Por qué esto me tiene que pasar a mí...? ¡Una puta mierda! Si no caí antes, no lo haré ahora.

—Lo siento por esto —le susurro a Dragni.

Una daga de sangre endurecida aparece en mi mano. Mi idea es tomar de rehén al príncipe para tener una ficha con la que jugar. Al menos me permitirá huir. Rápidamente, como otras tantas veces, intento colocar la punta de mi arma a la altura del riñón de Dragni. Sin embargo, antes de poder hacer cualquier otro movimiento Luciel actúa. Claro, ¿por qué iba a dejarme tomar un rehén? Una fuerza invisible me lanza hacia atrás y sin poder aterrizar el ángel aparece frente a mí. Creo rápidamente un escudo de sangre, pero la lanza de Luciel lo rompe como si fuera de cristal. Es rápido, mucho más que yo. Me protejo de su patada con los brazos, pero es tal su fuerza que salgo disparada como una bala.

Duele…, duele mucho. He derribado una estatua y el polvillo me entra por la nariz. Tengo la vista nublada y no puedo mover mi brazo izquierdo. Lo tengo roto. Si no fuera porque tengo una gran tolerancia al dolor, estaría gritando como una condenada. Quiero hacerlo, pero en parte la adrenalina me permite seguir en pie. Busco una ruta de escape con la mirada, sin embargo, lo único que veo es la imponente figura de Luciel. Me mira como si fuera la cosa más despreciable que hubiera visto jamás en su vida. Odio que me vea así. Utilizo la sangre desparramada a mi alrededor para convertirla en una trampa de picas, pero entiendo que no puedo vencer cuando ninguna de estas atraviesa su piel.

—Tienes una habilidad repugnante, Hija de la Luna —me espeta Luciel mientras camina hacia mí—. Siendo tan débil me pregunto cómo es que burlaste a Auriel, pero no importa. Pondré fin a esto antes de que sea demasiado tarde.

Intento levantarme, pero Luciel lo impide poniéndome su pesado pie encima del pecho. ¿Así es como moriré? Por mucho que pelee como una bestia salvaje, por mucho que enseñe los colmillos y lance una lluvia de agujas de sangre endurecida, por mucho que me resista no puedo contra alguien como él. ¿Cómo he terminado en una situación tan injusta? En serio, yo no pedí nada de esto. Quiero regresar a casa, quiero volver a esos días en donde todo era mucho más fácil, en donde solo debía preocuparme de conseguir la comida del día a día. Nada de Ejército Revolucionario ni conspiraciones, nada de obligaciones divinas. Solo la supervivencia más básica de todas, solo…

—¿Podrás hacerlo, hermano?

Un destello más brillante que cualquier cosa que hubiera visto en la vida empuja a Luciel, enviándolo a volar. Una figura delgada y de largos cabellos dorados aparece frente a mí, dándome la espalda. Lleva una larga espada en la mano derecha que rebosa pura luz dorada. Y no es el único. A su lado hay por lo menos cuatro siluetas más, y cada una de ellas empuña diferentes armas. Por alguna razón que no entiendo, a su lado siento que mis heridas no duelen y vuelve a mí esa sensación de paz, como si por fin todo hubiera terminado.

—¿Por qué has aparecido después de un siglo de ausencia, Raciel? ¡¿Qué hace el Lucero del Alba protegiendo a la Enemiga de Dios?! —ruge Luciel tras hacer aparecer cuatro gigantescas alas de plumas blancas.

—Llévenla al refugio. A ella y al sexagésimo noveno Príncipe de Praha; son los únicos que pueden detener a mi padre —ordena el de la espada. Quiero hacerle preguntas, muchas, pero también quiero dormir, también quiero…

Lo último que veo antes de que todo se vuelva negro es un devastador choque de energía. ¿Qué pasará con Dragni? ¿Y con Judith? ¿Qué pasará conmigo…?
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Mensaje por Nayelis Dom 7 Mar 2021 - 21:35

¡Pero que estaba haciendo! ¡ Maldita Loca! ¿Cree a acaso que era prudente el poder enfrentar a este tipo de gente?. Victoria tuvo una idea malísima, pero que si lo piensas detenidamente no le quedaba otra opción. Tras descubrir todo esto yo todavía seguía en "shock" por todo lo que había descubierto en apenas treinta minutos. Ni siquiera me había dado cuenta de que mi compañera ahora me había amenazado y tomado de rehén.

Una daga carmesí apuntaba a mi riñón, y no podía culpar a la joven. Se que lo hacía porque estaba acorralada así que en parte no me enfadé con ella. Pero eso no impidió que que le dijera un sutíl "¿Que haces?"

Lucien no tardó en salir en mi defensa. Si tenía alguna duda de que aquellos tipos eran fuertes se disipó en el mismo momento en que el ángel puso contra las cuerdas a Victoria.

-¡Lucien detente!- le pedí mientras corría hacia él, pero debido al fragor de la batalla no lograba llegar a tiempo para ayudar a Victoria,ya que los guardias de largas lanzas me bloquearon el paso con una frase que me escamaba  "Mi señor no debe acercarse".

-¿Señor? ¿Tengo pinta de viejo? -le increpé a uno de ellos mientras trataba de pasar entre ellos para llegar a Victoria.

Cuando Luciel tenía a mi compañera lista para el golpe final un fulgor de luz lo mandó por los aires, y una nueva figura invadía el lugar. ¿Y este quién era? No venía solo, sino acompañado por cuatro personas más. El tipo atendía al nombre de Raciel, y era conocido de Luciel o al menos eso aparentaban. Todo estaba pasando muy rápido y no sabía que hacer, pero aquella frase que dijo me dejó todavia más confuso:

"Llévenla al refugio. A ella y al sexagésimo noveno Príncipe de Praha; son los únicos que pueden detener a mi padre"

¿Detener? ¿Eing? No había tiempo para esto así que logré escabullirme por entre las piernas de uno de los guardias hasta llegar a donde estaban esos cuatro tipos nuevos. ¿Era normal ir hacia gente desconocida? Bueno, de entrada estos parecían que iban a ayudar a Victoria, así que me vale.

Corrí hacia ellos pues un fulgor blanco comenzó a emanar del suelo alrededor de Victoria y de mi. Estaba ya algo cansado de este tipo de truquitos. Antes de que pudiera decir nada el fulgor me invadió totalmente, perdiendo de vista todo lo que tenía a mi alrededor. ¿Qué estaba pasando? ¿Estos eran los buenos no?
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Mensaje por Anna Bloodfallen Lun 8 Mar 2021 - 19:41

Despierto en una cómoda cama, envuelta entre sábanas suaves e inmaculadamente blancas. Me duele la cabeza. ¿Qué está pasando…? Lo último que recuerdo es estar paseando con Judith y Dragni cuando apareció… ¡Luciel! ¡¿Dónde está ese maldito hijo de perra?! Abandono la cama sobresaltada y con el corazón latiéndome a mil por hora. El mundo me da vueltas y me entran ganas de vomitar. Acabo de ensuciar la cama… Desde que llegué a Praha no han dejado de pasarme cosas locas, pero lo bueno es que continúo con vida. Creo.

Sería bueno saber dónde estoy, la verdad. Aquí no todo es de oro ni mármol como en la ciudad. El suelo es de piedra y la vegetación se ha colado entre las grietas. Y también hay muchos árboles. Puedo escuchar el sonido de la cascada, aunque debe estar considerablemente lejos. O eso creo. Nadie debería hacerle caso a una niña que recién está despertando luego de recibir una paliza. Junto a la cama hay un velador de madera con una bandeja de plata sobre este. Y cuando estoy echando un ojo al lugar me encuentro con una mujer de largos cabellos dorados, ojos celestes y nariz respingada. Otro ángel. ¿Es que aquí nadie es feo o algo así? Mi primera reacción es llevar la mano a mi cintura en busca de una daga, pero estoy desarmada.

—¡Qué bueno verte despierta! Pensé que no lo soportarías, la verdad —me dice con un tono amigable y entonces me da un abrazo. ¿Qué le pasa?—. Malo para todos sería que murieras, ¿no lo crees?

—Esto… ¿Quién eres y por qué me abrazas? ¿Nos conocemos? Preferiría que te mantuvieras lejos, gracias.

La mujer es como de mi porte, esbelta y lleva una túnica blanca con retoques de oro. Vamos, como toda la gente de Praha. Tiene cierto parecido a Judith, aunque su piel es mucho más blanca, como si fuera de mármol. También huele extraordinariamente bien. Si fuera una depredadora sexual me habría abalanzado a ella para chuparla, pero no soy esa clase de persona. Es más, que se aleje de mí porque no la conozco.

—¡Soy Eva, un gusto! ¿Está mal que te haya abrazado? Es así como los humanos muestran afecto y preocupación, creo… Lo siento —me dice, haciendo una especie de reverencia y notándose afectada. ¡¿Pero qué le pasa?!—. Raciel dijo que te llevara con él cuando despertaras, así que… ¿Te importaría acompañarme?

—Tampoco es como si tuviera opciones, ¿verdad?

Antes de abandonar la habitación, tomo esa cosa roja a la que le llaman manzana y le doy un mordisco. Ñam, dulce. Atravesamos un pasillo largo y hecho completamente de piedra, y mientras más avanzamos el sonido de la cascada se hace más fuerte, aunque parece no molestarle en absoluto a Eva. ¿Seré la única con sentidos sobrehumanos? Al cabo de unos minutos llegamos a una estancia circular donde hay una mesa de piedra con forma de rectángulo. Hacia la derecha hay un balcón con vistas al bosque de Praha. Es… maravilloso, casi idílico.

Raciel debe ser ese hombre increíblemente alto de piel blanca y largos cabellos dorados. Si aquí el único diferente es Luciel, aunque ya empiezo a marearme con tanto nombre terminado en “el”. Me mira con expresión seria y me fijo en la cicatriz que atraviesa su ojo derecho. Parece estar un poco ansioso por mi llegada, aunque no es el único aquí. También está Dragni y su conejo del infierno. Espera, ¿qué hace el príncipe en este lugar? Bueno, supongo que tendré que esperar para conseguir respuestas…

—Tú debes ser “Victoria”. ¿Te importaría decirnos tu verdadero nombre? —me pregunta Raciel. Tiene un tono de voz afable, casi hipnótico—. Como te habrás dado cuenta, soy Raciel y el líder del Lucero del Alba, la única organización que se opone a la voluntad de Enoc.

—Anna —respondo entre dientes. No sé cómo se ha dado cuenta, pero no tiene caso seguir mintiendo—. ¿Te importaría explicarme qué pasa aquí? La armadura parlanchina dijo que debía detener a Enoc, pero no me contó nada más.

—Eso es porque Luciel le interrumpió —me dice como si su respuesta fuera a solucionar algo. Toma asiento en la mesa, mira a Dragni y luego a mí—. Hace ochocientos años Enoc fundó el Imperio de Praha, un paraíso donde la maldad del ser humano jamás tendría lugar, y para hacer realidad su sueño creó un contrato. A cambio de no poder abandonar el imperio por el resto de la eternidad, él sería inmortal. De esta manera, su legado nunca sería mancillado por la corrupción de las futuras generaciones —continúa. Bien, tiene toda mi atención—. Y para evitar cualquier conflicto interno, creó un segundo contrato: el destino de todo aquel nacido en Praha estaría escrito en el «Libro de Enoc». Pero se dio cuenta de que no sería suficiente, así que creó las Puertas de Praha y un tercer contrato: el destino de todo aquel que atravesara las Puertas se manifestaría en el Libro de Enoc. En resumen, el Supremo Emperador puede ver el futuro de todos los prahanes. La única razón por la cual el Imperio de Praha ha perdurado es por el inmenso control que Enoc tiene sobre nuestras vidas, sobre nuestros futuros.

—Y entonces creó un cuarto contrato, ¿no? “Todo aquel que atraviese las Puertas de Praha debe someterse a las leyes del imperio” —suelto así por decir algo. También quiero participar en la conversación.

—Sí, ese es el cuarto contrato, pero hay muchos más… La mayoría cree que mi padre es un dios, pero eso es mentira. Es un ser humano como el resto de nosotros, aunque posee un poder inconmensurable que comparte con nosotros: las bendiciones.

—Como el Ojo de Enoc de Luciel, ¿verdad?

—Eres rápida, eso es bueno. Seguramente te estarás preguntando por qué Enoc dijo que debes detener a Enoc… Eso es porque planea destruir todo lo que ha construido, eso es porque cree que el Apocalipsis llegará pronto.
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Mensaje por Nayelis Lun 8 Mar 2021 - 20:25

No sé que pasó, tampoco a estas alturas me lo pregunto ya. Pero me desperté en un gran sala circular con Tinny dándome pequeños golpecitos en la cabeza subido a la mesa.

-Como me des otra vez con al pata te mando a volar- le dije al conejo mientras alzaba la mirada y vería, como Raciel estaba delante mía, sentado en el otro extremo.

-Bien, has despertado- me dijo con una leve sonrisa -Lamento que tuvieramos que transportarte así, pero no nos quedaba tiempo y Luciel estaba a punto de llevarte con él. Oh, disculpa mis modales, soy Raciel, señor del Lucero del Alba.

Vaya que casualidades de la vida, era señor del Lucero del Alba, ese era el mismo nombre del navío del que era segundo de abordo. Bueno ,la cosa es que Raciel me había salvado la vida, o al menos había impedido que me secuestraran. Como todavía estaba algo confuso cuando iba a preguntarle una cosilla él me respondió.

-Tu amiga vendrá ahora no te preocupes- dijo amablemente- Ella está durmiendo en una sala cercana.

Y efectivamente Victoria vino acompañada por una dama bastante bella. Tomó asiento y Raciel empezó a contarnos todo y a ponernos al día. Esto se agradecía bastante, pues parecía ser que había gente en contra de Enoc y de lo que pretendía hacer. La explicación fue convincente, pero también muy tediosa.

-Vale- dije con tono irónico- Ya nos habéis contado el cuento...¿Ahora viene la parte donde pedís ayuda no?

Lo siento pero era perro viejo y sabía que si alguien te lanzaba semejante rollaco era para que o bien le ayudaras, o bien para que te compadecieras.

- Entonces...¿Queréis acabar con los "contratos"? ¿Ergo con Enoc? y...¿Váis a pararlos tu y tu amiga?-dije en referencia a la acompañante de Victoria- Uff lo veo complicado...y nosotros no podemos ser de mucha ayuda. Verás "Raciel", no hace ni cinco minutos he pasado de ser un huérfano a un "príncipe", y no te digo yo que el rollo este no me mola....pero es que encima soy hijo de un ser "todopoderoso" del que ,repito, me he enterado hace cinco minutos. Y ahora resulta que mi padre está tarado y cansado de la vida y quiere acabar con todo...pues oye que bien todo.

Me crucé de brazos y me quedé mirando a Raciel.

-¿ Llamo al ejército o cómo?- dije burlesco.


Esto era una gran pantomima, pues sin comerlo ni beberlo estábamos en lo que parecía una guerra civil. Victoria era como la hija del diablo o poco más...yo el hijo de un tirano divino....vamos, estaba siendo un día completito. Ya se me había olvidado por completo el querer robar algo de oro del país. Y aún me resistía a creer que tuviera familia y que todos estos no estuvieran fumados.

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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 9 Mar 2021 - 3:52

—Hmm, nos gustaría acabar con los contratos, pero eso es imposible… El quinto contrato prohíbe a los prahanes atacar al Supremo Emperador. Nuestro padre es un hombre listo, ¿sabes? —responde Eva con un tono inapropiadamente despreocupado—. Sin embargo, ustedes no han firmado el Contrato de Auriel así que no están atados a las normas del imperio.

Tengo miedo del camino que está tomando esta conversación. Las palabras de Auriel cada vez toman más sentido. Según la armadura parlanchina, soy la única que no está en el Libro de Enoc, pero Dragni llegó de la misma manera que yo, así que tampoco debe estar. Eso significa que somos los únicos capaces de detener la destrucción del Imperio de Praha. La verdadera pregunta es por qué debería importarme, es decir, casi fui asesinada por Luciel y no pude hacerle un solo rasguño. Los Hijos de Enoc están a un nivel completamente diferente al mío. Posiblemente sean tan fuertes como un Supremo Inquisidor. Yo aquí sobro, no tengo nada que hacer.

—¿Y qué significa todo esto del Apocalipsis? ¿Por qué Enoc querría destruir todo lo que ha construido? —pregunto porque igual no me termina de quedar claro esto.

—Que nuestro padre sea inmortal no significa que los demás lo seamos —contesta Raciel, agachando la mirada y empuñando con firmeza las manos—. Imagínate haber vivido por más de ochocientos años y luego piensa en toda la gente importante a la que habrás visto morir. Nuestro padre creó este paraíso para que las personas pudieran vivir felices sin ninguna preocupación, pero lo hizo sobre todo por nuestra madre. ¿Has escuchado la leyenda sobre cómo se formó la Cascada de Luz? —Asiento con un gesto de cabeza—. Es totalmente cierta, aunque los detalles no los conoce el imperio. Hace 150 años un forastero llegó por casualidad al Imperio de Praha, pero en vez de firmar el Contrato de Auriel, le desafió a un duelo y venció. El forastero quedó maravillado con lo que nuestro padre había construido y quiso tomarlo todo para él, pero nuestros hermanos no se quedaron de brazos cruzados y protegieron el imperio. Muchos murieron. Y entonces nuestro padre decidió intervenir. La batalla duró más de cien días y durante ella miles perecieron. Si nuestra madre no se hubiera sacrificado, el imperio habría sido tomado por ese hombre… Lo único que queda en los registros es que el nombre de ese monstruo llevaba la “D”.

Espera, espera, ¿en serio me está contando que hubo un hombre capaz de poner de rodillas al Imperio de Praha? ¡Pero si aquí vive un maldito dios! Creo que el mundo es un lugar de locos, un lugar que no estoy segura de querer seguir conociendo. Dragni y yo somos unos meros insectos en comparación a todos estos malditos monstruos.

—Desde entonces nuestro padre nunca volvió a ser el mismo —continúa Eva—. Se alejó de sus hijos y comenzó a trabajar en un proyecto secreto que bautizó como Apocalipsis. Unos pocos descubrimos el oscuro propósito de este: eliminar para siempre al Imperio de Praha. —Vale, sigo sin entender por qué Enoc quiere destruir esto que ha construido—. Da igual si decapitas a nuestro padre o lo conviertes en una nube de sangre y vísceras, continuará con vida. Y eso es por uno de los contratos que muy pocos conocemos: el alma de Enoc es el mismo imperio. Nuestro padre… Él está cansado de vivir —confiesa la mujer, apretando los dientes y aguantando las lágrimas—. Queremos ayudarle a cumplir su sueño, ha dado por nosotros más que nadie, pero no estamos dispuestos a sacrificar al imperio.

Supongo que no podría comprender una mente enferma, después de todo, vivir mucha mierda te vuelve loco. Tengo dieciséis años y me cuesta diferenciar la realidad de mis paranoias. No puedo imaginar cómo sería teniendo más de ochocientos años. Sin embargo, ¿su medida no es un poco… excesiva? Alguien tan poderoso como él debería poder romper los contratos y suicidarse o algo así, aunque imagino que ya lo habrá intentado… No parece ser alguien precisamente tonto, seguro que lo intentó y no funcionó. Vaya, jamás pensé que participaría en la historia de un dios que quiere morir.

—Si no puede morir, ¿cómo lo detendremos? Pedirle por favor que reconsidere las cosas no es una opción, ¿verdad?

—Quisimos convencerlo, pero no nos escuchó y entonces intentamos detenerlo usando la fuerza. Fracasamos y acabamos en el exilio —dice Raciel—. Los únicos que pueden parar a nuestro padre son los que no están atados al Contrato de Auriel. Y para ello deberán robar el arma que usó “D” hace 150 años, la cual se encuentra en lo más profundo del Ministerio de la Eterna Verdad junto al Libro de Enoc y el Espíritu de Madre.
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Mensaje por Nayelis Mar 9 Mar 2021 - 8:31

Gran parte de mis preguntas fueron contestadas gracias a Victoria y a los relatos de nuestros nuevos "compañeros". La verdad es que estaban bastante fastidiados con todo el tema, y a mi si era sincero me daba un poco igual. Lo único que me mantenía en aquella mesa sentado era descubrir más sobre mi pasado. Además si era príncipe seguramente era rico, y no estaba dispuesto a que mi "padre", si, ese dios todopoderoso cansado de vivir , me reventara el business.

- "D"- dije con cierto tono de pregunta. Había escuchado, bueno más bien leído, historias acerca de aquellos que llevaban en su nombre...y no auguraban nada bueno. Esto me interesaba todavía más, ya que si un D había venido a jugar con la isla...algo de valor habría de tener esta para que se tomara tantas molestias...incluso como para enfrentarse a Enoc.

Miré a Victoria arqueando la ceja derecha. Parecía que ella estaba ya dispuesta a ayudar, pero yo tenía mis reservas.

-Ah ¿Pero vamos a ayudar? No soy un "dios" pero se que enfrentarse a alguien que es superior a ti no es buena idea. Admito que me tienta mucho ayudar pero a cambio de cosas. Admito que me gusta este lugar, y no me gustaría ver como desaparece y más siendo yo un...¿príncipe era no?. Así que decid...¿Que haremos? No es fácil tumbar dioses repito.

Raciel empezó a explicar el cómo podíamos tratar de enfrentarnos a Enoc, y sinceramente me convencía todavía menos este plan que el ayudar de por si. No pude evitar interrumpir a Raciel en el mismo momento que dijo que el arma de "D" se encontraba en la isla.

-Eso es estúpido- dije apoyando mis manos en la mesa- ¿Un tío que revienta un país entero deja el arma del crimen aquí?. Debía ser el "D" menos listo del corral- aseguré antes de respirar profundamente.

-Y encima está dentro del Ministerio de ese tipo raro de Luciel.¿ Cómo entraremos? Dudo que nos dejen pasar de buenas. Y en caso de que entremos....como un libro nos puede ayudar? Hay algún conjuro "jibiri jibiri" que mate a mi "papi"? ¿Y que demonios es el Espíritu de la Madre?

Preguntas, preguntas y más preguntas. Había pasado de pirata a príncipe y salvador en una mañana....viva todo. Sólo esperaba no acabar con la cabeza en una pica. Pero bueno, dentro de lo malo teníamos dos ¿objetos? con los que podríamos hacer frente a Enoc y salir de aquel lugar...ya luego si tal reclamo cosas que brillen.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 9 Mar 2021 - 15:28

—Auriel dijo que la única forma de regresar es deteniendo a Enoc y, si no lo detenemos, acabaremos muertos junto al imperio —le respondo a mi compañero—. No es que quiera ayudar, solo que no tengo otra opción. Y tú tampoco.

En una situación normal, no creería una sola palabra de esta gente, pero es que he visto con mis propios ojos el poder de las bendiciones. La armadura parlanchina, la intervención mental, la visión de la verdad… Son una auténtica locura, y estoy dejando de lado el cómo llegué a Praha.

—No es que simplemente la haya tirado, es solo que un cadáver no puede recoger un arma —contesta Eva, mirando con expresión divertida a Dragni. Tiene sentido lo que dice—. Y créeme algo, hermanito, si tuvieras enfrente a D te habrías cagado ya en los pantalones.

—Entrarán por la puerta, evidentemente. Nosotros nos encargaremos de mantener ocupado a Luciel y al resto de los ángeles, aunque aún son demasiado débiles tanto física como mentalmente para superar la prueba… —dice Raciel, adoptando una postura pensativa—. Imagino que no saben lo que es el Ministerio de la Eterna Verdad, ¿no? —Miro a Dragni y me enojo de hombros. No tengo puta idea—. Digamos que es el lugar donde convergen los destinos de todos los prahanes, incluido el de nuestro padre, y Luciel es su protector. Es un laberinto que encierra los artefactos más poderosos vistos alguna vez en Praha, como el arma de D o el Libro de Enoc. Y también se encarga de asuntos burocráticos menores, cuestiones del día a día.

De pronto escucho pasos acercándose a la habitación y huelo un aroma familiar. La imagen de Judith, la chica que bien nos acogió en su hogar, aparece en mi mente. Espera, ¿qué habrá sido de ella? No es que me importe mucho, pero tampoco soy una malagradecida. ¿Estará bien? ¿O la habrán encerrado por estar junto a la «Enemiga de Dios»? A todo esto, no sé qué tan estúpido es Luciel como para pensar que yo podría hacerle algo a su padre. Él solito bien que me reventó, si no hubiera sido por el Lucero del Alba…

—¿Es cierto todo lo que han dicho? —Giro la cabeza y ahí veo a Judith. Está parada bajo el dintel de la puerta, mirándonos con expresión horrorizada. Tiene ojeras y nos mira como si fuéramos los monstruos más horribles de la historia—. ¡Tiene que ser mentira! ¡Nuestro padre jamás pensaría en destruir el imperio!

Supongo que es hora del drama. Dragni ha descubierto que es un príncipe y Judith que su padre es un lunático con aires de genocida. Creo que no todo el mundo está preparado para saber la verdad. Yo no soy la excepción, lo que pasa es que soy la más forastera de aquí. Como sea, Judith camina hacia nosotros con paso lento y débil. Tengo la impresión de que caerá en cualquier momento, pero ella es fuerte, ¿no? Tiene que serlo.

—¿Quién es ella? —pregunta Raciel, confundido.

—Judith, una Hija de Enoc. Nos ayudó cuando llegamos a la ciudad —respondo casi en un susurro. Creo que si hablo con ella igual se tranquilizará un poco—. Supongo que es verdad, pero oye todo estará…

—¡No te acerques! —me grita, dejándome helada. Esa mirada… Sí, es la misma mirada de los transeúntes cuando descubrieron que soy la Enemiga de Dios—. ¡He visto lo que puedes hacer! ¡Eres un demonio, eres… repugnante! ¡¿Cómo pudiste engañarme?! Seguramente todo esto es tu culpa, seguramente…

—Está bien, yo me encargo —dice Eva, levantándose y caminando hacia Judith—. Tranquila, hermanita, todo estará bien. Acompáñame y deja que te cuente una historia, te prometo que luego de escucharla te sentirás mucho mejor. Lo prometo.

Como por arte de magia Judith se ha calmado, ha dejado de gritar y de llorar. Es como si hubiera vuelto a la normalidad, salvo por los ojos aún humedecidos y enrojecidos. Ah, y también por las ojeras, pero aun así es hermosa. Yo cuando lloro parezco un castor con ataque de tos. Como sea, si piensa que soy un demonio no tengo razones para preocuparme de ella. Parece que no le interesa escuchar mi versión, bastante bien que ha asumido que soy la culpable de todo cuando yo ni siquiera pedí esto. Da igual, cuando todo esto termine no la volveré a ver en la vida.

—¿Estás bien, Anna? Puedo sentir tu…

—Estoy bien. ¿Debería tener razones para no estarlo? —le interrumpo con un tono cortante y seco—. Como sea, si Dragni y yo tenemos que salvar al mundo o lo que sea, démonos prisa porque tengo mis propios asuntos de los que ocuparme, y supongo que ni tú ni el resto de los Hijos de Enoc se ocuparán por mí.

—Tranquila, tranquila, hemos planeado esto durante décadas. Si te enviase al Ministerio de la Eterna Verdad morirías, estoy completamente seguro de ello. Tú entrenarás conmigo, te enseñaré a manipular la energía que fluye por todo el mundo. Tú, hermanito, tienes que saber unas cuantas cosas sobre lo que significa ser un Príncipe de Praha —responde Raciel, incorporándose y sonriendo amistosamente—. Malthael se encargaré de guiarte. Ella responderá todas las dudas que tengas, así que no te preocupes. Tienes que tener una mente fuerte para heredar el Espíritu de Madre.
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Mensaje por Nayelis Mar 9 Mar 2021 - 16:56

Parece que no éramos los únicos que estábamos confusos en aquel momento, pues Judith, nuestra anfitriona también había aparecido allí se súbito. No es que tuviera nada en contra de que estuviera alli pero no tardó en formarse un auténtico drama en la sala. Menos mal que los ángeles que nos acompañaban pudieron calmar, en parte a su compañera.

Parecía que Victoria se iría con Raciel a no sé que entrenamiento, mientras que a mi me tocaba hablar con una tal Malthael, un ángel bastante guapa (como todos los de la isla) que estaban allí. Parecía que iba a ser ella quien me iba a instruir en el conocimiento de Praha, y tratar de esclarecer mis dudas. El ángel me ofreció su mano indicándome que la acompañara. Acepté, obviamente a acompañarla y me despedí de los allí presentes y de Victoria, a la cual le dije que la vería más tarde.

Caminé junto a mi "mentora" por un largo pasillo hasta llegar a una pequeña sala cuadrada de piedra gris. Había una pequeña mesa en el centro con dos sillas de madera y un té servido para dos sobre la mesa.

-Espero que te guste el té verde, calma el espíritu- dijo con tono amable- Toma asiento por favor, te responderé a todas tus dudas.

Le hice caso y tomé asiento junto con Tinny a mi hombro cual loro. Me acomodé en mi silla y cogí una de las tazas de té mientras ella hacía lo mismo. Sin darle tiempo a la mujer a empezar ya la abordé con la primera pregunta.

-¿De que me conoces? Dicen que puedes ponerme al día sobre muchas cosas, así que vamos a empezar por lo básico si le parece.

El ángel asintió con la cabeza mientras acababa de  dar un pequeño sorbo a su taza.

-Yo fui tu matrona. Te vi nacer aquí, bueno, realmente en el palacio. Eras el sexagésimo noveno hijo que Enoc había tenido, un príncipe de Praha. Los príncipes tal y como indica su nombre pertenecéis a la realeza. Todos habéis sido instruidos para el gobierno y protección de Praha bajo la supervisión de vuestro padre Enoc. Cada uno de los príncipes se encarga de un aspecto vital de la isla, como es el caso de Raciel...creo que ya lo conociste ¿Verdad?.

-Si, por fortuna o desgracia...Vale, soy de la realeza de este sitio. ¿Entonces porqué me crie en Dressrosa sólo desde que tengo memoria? Se avergonzaba el poderoso de papi de mi?.-dije irónico.

-Bueno, no es tan fácil como parece. Por aquel entonces Enoc ya estaba cansado de la vida, y los planes de destruir su propio país ya estaban sobre la mesa. Tu madre no quería que más vástagos suyos sirvieran a un propósito apocalíptico, así que tras tu nacimiento la reina, en paz descanse, ordenó que te dejara en una de las islas del Nuevo Mundo. Tu sangre Praheña te protegería de morir a tan tierna edad, y por lo que veo has podido sobrevivir sin problema alguno.

-Insisto, no fue gracias a "la sangre"- le recriminé.-He tenido que buscarme la comida por mi mismo todo este tiempo. He hecho cosas que no me han gustado y otras que si, pero a día de hoy puedo decir que yo solito me he ganado la vida. Y debo admitir que es super tierna la historieta esta: Madre ve que su marido es un tirano y procura que sus vástagos no sirvan a sus propósitos. ¿Porqué no "ocultasteis" a más principes y sólo a mi?.

-No hubo tiempo.-dijo con cierta dificultad.- Enoc no tardaba mucho en enterarse de los partos, y contigo tuvimos el tiempo justo para apartarte a tiempo. Tus hermanos sin embargo no, además de que estos son de otra "pasta". Son algo más tiranos como tu padre, más....fanaticos. Tu has vivido con otras razas durante toda tu vida, y este reino te es desconocido. La reina sabía que tu podrías hacer entrar en razón a tu padre, o destronarlo.-suspira- Enoc ha perdido la cabeza y ya no podemos pararlo, pero quizás alguien de su sangre si. Tu y tu amiga podéis salvarnos a todos.

-Vamos, que yo era el cartucho de emergencia. Si mi "padre" no se vuelve loco no sabría de vosotros nada, y seguiría pensando que soy un puto huérfano ¿No?. Tenéis un modo curioso de querer a la gente.- dije con cierto enojo.

-Bueno, pudimos entregarte a Enoc, y no lo hicimos. Prometí a tu madre que estarías bien y he cumplido mi cometido. Admito que no han sido las mejores formas, pero de no haberte condenado al ostracismo, la mano de Enoc te habría corrompido a ti también. Además mírate, eres clavadito a tu madre, incluso el hechizo sigue activo aunque estés aquí. Fue buena idea mojarte con el agua dorada de la creación.

Arqueé la ceja ante aquel comentario, pues no entendía nada.

-Hechizo. Agua dorada. Creación...¿Podrías explicarte un poco mejor?.

-¿Ah que no lo sabes?- dijo confusa llevándose la mano a la boca.

Yo por mi parte me levanté de la silla y apoyé mis manos sobre la mesa mirando fijamente a Malthael antes de decirle:

-¿Saber el que?
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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 9 Mar 2021 - 19:25

Estoy en el interior de una cúpula de roca, la vegetación se infiltra por las grietas y hay varias pozas de agua cristalina. No, esta no es dorada como la de la Cascada de Luz. Hay espacios abiertos que alguna vez debieron ser ventanas, pero a día de hoy no quedan ni los vástagos de ellas. Los rayos del sol se cuelan por los agujeros que hay en el techo, iluminando la habitación. Y al fondo de esta hay una puerta con acceso a un amplio balcón que tiene vistas al bosque. Me pregunto para qué habrá servido esta estructura en el pasado. ¿Y qué había antes del Imperio de Praha? Bueno, mejor que no continúe haciéndome preguntas tontas.

—¿Y bien?

Tengo mis dudas acerca de todo esto, tendría que estar muy loca como para no tenerlas. He aceptado todo esto sin rechistar porque, bueno, ya asumí que no tengo opciones. Y también necesito volverme más fuerte para evitar que gente como Luciel me pisotee como basura. No le guardo rencor, pero tampoco dejaré que vuelva a tratarme como si fuera un maldito trapo sucio.

—Bueno, ¿sabes que en el mundo fluye una energía invisible para nosotros, pero que sin embargo está ahí? —Ya comenzamos con la mierda mística—. A lo largo de la historia de la humanidad y dependiendo de la cultura ha recibido distintos nombres: ki, chakra, zen, incluso haki. —¿Haki? He escuchado ese nombre antes—. Aquí lo llamamos shinsoo y no solo lo encuentras en los seres vivos, como el haki, sino que en todas las cosas. Y te enseñaré a extraer esta energía, manipularla y moldearla según tu voluntad. Los Hijos de Enoc tenemos una gran afinidad con el «Agua Divina» y normalmente nos bastan tres días para materializar la primera esfera. No esperes tener la misma habilidad que nosotros puesto que gozamos de las bendiciones de nuestro padre, pero si eres hábil en poco más de una semana habrás conseguido materializar tu primera Esfera de Shinsoo.

Pido una pequeña demostración para ver de qué trata y Raciel responde a mi demanda. Cierra los ojos y sonríe, confiado. No sabría exactamente cómo describir lo que acabo de ver, pero es como si agua dorada hubiera salido de los poros de su cuerpo para converger y formar una esfera del mismo color, una esfera que se mantiene suspendida cuyo interior siempre está en movimiento. Raciel me dice que el primer paso para materializar la Esfera de Shinsoo es imaginarla, intentar sentir la energía que fluye con el viento y el agua, que siempre está ahí.

Bueno, no pierdo nada intentándolo. Cierro los ojos y me concentro para visualizar una esfera dentro de mi cabeza. Por algún motivo, una sensación familiar recorre mi cuerpo, es la misma de la vez cuando luché con Len, la misma de cuando luché con los mafiosos junto a Pepinillos. La imagen en mi mente se hace cada vez más nítida y es entonces que escucho la voz de una mujer reproduciéndose dentro de esta: «Muéstrale a estos falsos ángeles lo que una de mis hijas puede hacer».

—Esto tiene que ser una broma…

Cuando abro los ojos veo tres esferas plateadas revoloteando a mi alrededor cuales mariposas. Son más pequeñas que la de Raciel y no tienen ese brillo dorado, pero sí ese movimiento acuoso que parece ser una característica general. Espera, ¿no había dicho que tardaría una semana en aprender esto? Como dice él, tiene que ser una maldita broma. Anna Bloodfallen no es ninguna bendecida, para lo único que he sido elegida es para pasar penurias. ¿Cómo debería sentirme frente a este gran descubrimiento? ¿Tendría que alegrarme por poseer una afinidad excepcional con lo que este hombre llama shinsoo? ¿O debería asustarme porque al parecer sí soy la Enemiga de Dios? Estoy… sorprendida.

—¿Cómo pudiste hacerlo tan rápido, Anna?

—No lo sé, repliqué una sensación que sentí hace un tiempo. Tampoco es la primera vez que materializo algo —respondo, encogiéndome de hombros y generando una esfera de sangre—. Seguí el mismo camino de siempre, supongo. ¿Esto me hace especial?

—¿Especial? Más bien un monstruo, diría yo, pero en el buen sentido —se corrige de inmediato. No me afectaría si lo dijera en el mal sentido, mucha gente me lo ha hecho saber en estos días—. ¿Será porque eres una Hija de la Luna…? Es la única explicación que se me ocurre, si te soy sincero.

—No eres el primero que sabe que soy una Hija de la Luna, supongo que es por el color de mis ojos. Auriel también me lo dijo. ¿Qué relación tienes con Yhardum?

—¿Yhardum…? No me suena, lo siento —contesta, pensativo—. Sin embargo, una vez escuché a mi padre hablar sobre las Hijas de la Luna. Dijo que son criaturas malditas que se han apartado del camino de la luz. Bueno, dijo muchas cosas más. Si quieres conocer más sobre quién eres, encontrarás las respuestas en el Ministerio de la Eterna Verdad. Por ahora nos concentraremos en tu entrenamiento, como veo que eres un genio no te lo pondré fácil, Anna.
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Mensaje por Nayelis Mar 9 Mar 2021 - 20:12

No sé cuantas tazas de té llevaba ya, y tampoco sabía que estaba haciendo Victoria en este momento. La verdad es que los nervios que tenía encima ya no los disimulaba ni con treinta tés. Malthael, a la que debería llamar "matrona" me estaba contando cosas de mi pasado que me deslumbraban cada cual a peor.

Todo lo sucedido en mi niñez me recordaab a un viejo cuento que había leído durante mis saqueos a bordo del Lucero del Alba, donde un dios malvado devoraba a sus hijos, aunque bueno, Enoc al menos no hacía esto sino que los enchufaba en cargos de poder. Este dios se comió a todos sus hijos salvo a uno, ya que su mujer le dio el cambiazo del bebé por una roca y el ser divino se la tragó cayendo en el engaño. ¿Porqué hacía esto el dios? Porque había una profecía que decía que el dios sería derrocado por su hijo más joven, y por este motivo los devoraba.

Me empezaba a sentir como este bebé. ¿Destronaría yo a mi padre? Meh no creo, pues no me interesa el poder ni nada de este mundo por mucho que brille. Sin embargo agradecía, en parte saber todo esto. Que era un Praheño, de la realeza, y uno de los últimos hijos de una jodida divinidad. ¿Nada mal eh? Salvo por un detalle, lo del abandono, que aún no podía perdonarles. Entendía que hayan hecho lo que hicieron, pero eso no justificaba que las pasara realmente putas viviendo por mi mismo.

Me mantuve apoyado en la mesa con mis brazos, echado un poco hacia adelante mirando fijamente a Malthael.

-A ver, vas a decírmelo o que? ¿Qué sucede? ¿Mi sangre es dorada? ¿Viviré cien años? ¿ Me tocará la lotería? Por todos los dioses del infierno, dime que pasa.

-Bueno....esto es compicado- aseguró Malthael- Si bien era cierto que Enoc no supo de tu nacimiento por los pelos, si que estuvo presente uno de tus "hermanos" durante tu alumbramiento y vio que , bueno, había nacido una niña. Risil, así se llamaba tu hermano discutió acaloradamente conmigo y con la reina debido a que no queríamos que se supiera acerca de tu alumbramiento, sin embargo él era fanático de Enoc y quería comunicárselo cuanto antes. Quizás pienses que tu madre podía haber lado a luz sin nadie, pero por tradición uno de los hijos, normalmente el anterior al que está a punto de nacer debe ayudar a su madre a parir, de lo contrario la pureza del recién nacido será tomada por los dioses como indigna, y no merecerá vivir.

En ese momento bebió un poco de té antes de seguir hablando.

-Y como el plan era liberarte del yugo de Enoc, le pedimos a Risil que no dijera nada, pero como te dije....era un fanático. Así que tuve que dejarlo inconsciente de un golpe seco en la cabeza para poder escapar contigo antes de que la noticia llegara a tu padre. El problema es que cuando Risil despertara daría la alarma de que había nacido una niña, y Enoc te buscaría por tierra y por mar para reclamarte. Así que tuvimos, bueno...que engañar a los ojos de todo el mundo.

Malthael suspiró profundamente mientras dejaba la taza de té vacía sobre la mesa, para después concluír su historia.

-Hui contigo hasta el claro de "La madre" que es como llamamos al lago "mágico" de Praha. Este lago de aguas doradas llega a través de riachuelos a la ciudad. Seguro que los vistes caminando por ella. Pues verás, este lago fue una de las primeras creaciones de Enoc para su mundo "idílico", y sus aguas tienen la capacidad de "cambiar" todo lo que tocan, eso si, aparentemente. Enoc usó estas aguas para embellecer el mundo donde estamos, pero realmente es un efecto óptico. Nuestra ciudad tiene edificios enteros bañados en estas aguas, y por eso se ven deslumbrantes. Muchos de nuestros ciudadanos que se consideran imperfectos se les entrega un frasco con esta agua para que su aspecto "cambie" y sean iguales que el resto de ángeles. Es un engaño, pero ha funcionado muy bien.

Malthael se levantó y vino hacia a mi hasta cogerme a la mano.

-Y del mismo modo que las aguas "engañan" yo las usé contigo para ocultarte de los Praheños.

¿Estaba insinuando lo que estaba insinuando?. Espera, aquí hay algo que no me cuadra.

-Y esa "efecto" ¿No se va con el tiempo?-dije sin creerme mucho todo esto.

-Para usar esta agua sobre algo o alguien tiene que haber una persona que diga un rito, entonces el agua se "activa" y lleva a cabo su cometido. Y sólo perderá su efecto si la persona que ha conjurado el rito lo anula, cosa que yo no he hecho. Tu padre buscaba a una niña ¿Qué mejor forma de ocultarle la verdad en sus propias narices? Siendo un niño no pondría ni un solo ojo sobre ti. Y veo que ha funcionado a las mil maravillas.

Me aparté rápidamente de ella mientras la miraba con una cara de : "Estás loca". Praha era un lugar raro de narices, pero esto ya es que me superaba. ¿Dónde esta Victoria? Me parece que no estamos entre amigos...
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Mensaje por Anna Bloodfallen Miér 10 Mar 2021 - 18:39

Raciel está cumpliendo al pie de la letra lo que me ha dicho, y es que el entrenamiento no está siendo nada sencillo. Puede que haya creado tres Esferas de Shinsoo en mi primer intento, pero moldearlas y manipularlas no es tarea fácil. Se deshacen cuando intento moverlas muy deprisa y toman formas “abstractas” y estúpidas cuando quiero esculpirlas, como un inodoro flotante, por ejemplo. Sin embargo, poco a poco me voy volviendo más hábil conforme entiendo que es más o menos como manipular la sangre.

Uno de los ejercicios que yo misma propuse es hacer girarlas en torno a mí, como las lunas giran en torno a un planeta. Para ello cierro los ojos y mantengo mi concentración completamente enfocada en ellas. Pulso relajado, respiración tranquila y pausada. Si formarlas es más o menos como abrir un grifo, tipo dejar que el agua simplemente corra, darles una forma esférica es como imponer un contenedor. Bueno, contener un líquido dentro de un vaso es tan sencillo que cualquiera puede imaginarlo, ¿no? Ahora bien, si lo mueves violentamente, el agua se desbordará y perderá su forma. Eso es lo que pasa cuando realizo un movimiento muy brusco.

Por ello es que intento fortalecer el contenedor invisible. Ah, y solo por avisar espero que nadie se tome esto como algo literal. No hay ningún contenedor ni se trata de agua, estoy haciendo símiles para que se entienda mejor. Como no soy lista me hace falta explicar estas cosas. En cualquier caso, poco a poco, conforme las horas pasan, consigo aumentar la velocidad de traslación. Eso sí, no entiendo cómo estas cosas esféricas me ayudarán a superar lo que sea que haya dentro del Ministerio de la Eterna Verdad.

—Manipular el shinsoo supone un esfuerzo mental increíble —empieza a decir Raciel como si me hubiera leído la mente—. Y necesitarás una mente fuerte para superar la prueba que te espera antes de la última habitación del Ministerio. Además, una vez consigas materializar durante todo un día las Esferas de Shinsoo, te enseñaré a darle distintas formas e incluso a hacer un disparo de shinsoo concentrado.

Yo me limito a hacer caso, aunque de vez en cuando me desconcentro porque, bueno, se me ocurren preguntas. ¿Estará bien Dragni? ¿Y qué es de Judith? ¿Se habrá tranquilizado, habrá dejado de odiarme? Cuando las dudas aparecen en mi cabeza las esferas se deshacen, cayendo y formando pozas de agua. Cuando pierden su forma no es como si pudiera recuperar el shinsoo perdido, no es como la sangre, sino que debo comenzar desde el principio.

Y así es cómo paso los próximos días. Por las mañanas fortalezco mi cuerpo en la Cascada de Luz, escalándola para aumentar la fuerza y resistencia de mis músculos, incluso su flexibilidad. El resto del día lo ocupo aprendiendo los secretos del shinsoo y practicando, claro está. Si bien puedo crear hasta cuatro esferas, me limito a las tres de siempre porque mientras más intente abarcar, menos apretaré, ¿no? Algo así dice el dicho. Como sea, ha sido un camino relativamente difícil y de mucha frustración, pues no es divertido ver cómo las pelotas que creas se desvanecen en el aire. Sin embargo, puedo decir con orgullo que soy capaz de mantener durante un largo período las Esferas de Shinsoo y moverlas casi sin suponerme un esfuerzo mental. He invertido más de 72 horas en esto. No tres días, 72 putas horas literal.

Ahora es cuando comienza el entrenamiento “secreto”, pero imagino que es más entretenido saber lo que se esconde en el Ministerio de la Eterna Verdad, ¿no?
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