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El Libro de Enoc [Pasado][Privado]

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Mensaje por Nayelis Miér 10 Mar 2021 - 18:58

Necesitaba estar solo. No sabía si Malthael  estaba loca o solamente algo borracha, pero le pedí a modo de favor que me dejaran tranquilo al menos por unos días. Días que yo aproveché para pasear, explorar el lugar donde me encontraba y tratar de ir asimilando poco a poco toda la información que la ángel me había dado.

En uno de estos paseos matutinos pasé por delante de una sala que tenía la puerta entreabierta. No me hubiera parado sino fuera porque tanto Tinny como yo había visto de refilón un precioso piano blanco en el medio. La sala parecía abandonada, y el piano algo polvoriento. Aún así brillaba en la oscuridad como una perla, lo que acentuó más mi curiosidad. Así que entré en la sala y me acerqué al instrumento, pues la música era mi única virtud, y lo que me calmaba cuando estaba cansado o frustrado de la vida.

Pasé la mano por encima de las teclas suavemente emitiendo algunas notas inconexas. Tinny se apoyó sobre el asiento que había frente al instrumento, y yo por mi parte me senté y crují mis nudillos. ¿Debía pedir permiso para tocar? Seguramente ya que esto podía pertenecer a Raciel o a Malthael, pero bueno, lo que menos me apetecía era hablar con nadie.

-¿Adaggio E cantábile?- le dije a Tinny con cierta alegría mientras el conejo movía su nariz. Eso significaba que si.

Así que extendí mis dedos y los coloqué sobe el piano, suspiré profundamente y comencé a tocar la música.


Mientras tocaba no percibía nada, sólo la música y el contacto de mis dedos con las teclas. Solía tocar con los ojos cerrados y así estuve por varios días en aquel lugar. Solía levantarme temprano, eludiendo a Raciel y a Malthael hasta que un día ella apareció apoyada en el marco de la puerta de la sala del piano mirándome, o más bien escuchando mi música callada.

Yo no me había percatado de que estaba allí, pues estaba concentrado en tocar mi música. Pero mi concentración se esfumó completamente en el mismo momento que la ángel  aplaudió lentamente.

-Bravo, bravo, ancone.-dijo con tono amable antes de que yo me levantara precipitadamente de la silla del piano.

-¿Cuanto llevas ahi?- le pregunté mientras estiraba mi traje.

-¿Aquí?- dijo irónica- Aquí llevo cinco minutos, pero desde hace tres días veo como tocas ese instrumento sin que te hayas enterado. Tocas muy bien, como no podía ser viniendo de una Praheña.

-No me apetece volver a hablar del tema trans -le dije cansado mientras caminaba hacia ella- Pero gracias por lo de que toco bien.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 12 Mar 2021 - 22:48

Creo que el Ministerio de la Eterna Verdad tendrá que esperar un poco más, pues ahora mismo me encuentro frente a la Cascada de Luz. Es mi prueba final. Ha pasado una semana y media desde que llegué al refugio del Lucero del Alba. A pesar de haber estado prácticamente todo el tiempo con Raciel, diría que es un verdadero misterio. Jamás habla de él y por mucho que intente analizarle no consigo nada. Es un hombre misterioso y me da un poco de desconfianza. Diría que tiene un objetivo noble, pero eso no le hace menos sospechoso. Eva, por otra parte, es la amabilidad encarnada. Siempre está ahí cuando necesitas un consejo, cuando la frustración empieza a dominarte. Y con todo este tema del shinsoo bastante frustrada me he sentido.

—¿Te ha sentado bien descansar estos últimos dos días? —me pregunta y asiento con la cabeza—. Me alegra, Anna. Te he traído aquí para que me demuestres los frutos de tu entrenamiento. Como bien sabrás, el agua que fluye por esta cascada en realidad no es agua, sino shinsoo concentrado a tal punto que incluso lo podemos ver. Cubrirás tu cuerpo con tu propio shinsoo y usarás la fuerza de tus músculos, tu propia habilidad para subir por la cascada, y llenarás esta botella con el Agua Divina que hallarás en lo más alto.

Miro hacia arriba y… Bueno, está muy alto. En serio, mucho.

—Aún puedo decir que no, ¿verdad?

—Eres graciosa, Anna. Te deseo buena suerte —responde Raciel, sonriéndome.

Joder, si fuera más como las otras mujeres diría que es imposible rehúsarse a esa sonrisa, pero tengo algo que las otras no: sentido común. ¡Subir por una puta cascada es un suicidio! ¿Qué pasará si me caigo? Vale, tengo mis trucos por si algo así llegase a suceder, pero es que esto me parece una pésima idea. Todo este tiempo he estado usando las vías alternativas, las normalitas. Y jamás he llegado a lo más alto de la cascada, sino que me he detenido en las terrazas para contemplar las maravillosas vistas de Praha. En fin, no me limitaré a quejarme. Tengo que regresar como sea a Yhardum y, si para ello tengo que escalar una maldita cascada, lo haré. Regresaré y les contaré a Helen y a Jaine que hay un vasto mundo por recorrer, un mundo donde no solo hay oscuridad.

Preparo mi equipo, una serie de cuerdas y cositas para escalar, y me pongo a ello. Cierro los ojos e imagino el shinsoo dentro de una jarra, y luego me baño con él. Por fuera mi cuerpo no muestra ningún cambio, pero sé que está preparado para resistir la ingente presión de la Cascada de Luz. Y entonces me lanzo hacia la especie de anfiteatro que reúne el agua. Es extraño esto de volver a nadar, es decir, en una situación común y corriente estaría hundiéndome y ahogándome. Pero aquí no necesito respirar, ni siquiera mis prendas se mojan. Es todo muy mágico. Putas lágrimas de Enoc. Llego hasta la roca que se encuentra tras la cascada. Si no me hubiera embadurnado con shinsoo, mi cuerpo habría sido aplastado por la presión, habría muerto enseguida. Sin embargo, puedo resistir toda esta locura, aunque debo darme prisa.

De la misma manera que lo he estado haciendo hasta ahora, voy saltando a las rocas más seguras. Necesito una gran fuerza en las piernas para ello, y aún más en los brazos para sostenerme. Debo realizar piruetas insanas para alcanzar las salientes más lejanas. Puede parecer sencillo, pero en realidad no lo es. Imagina que tienes un vaso de agua completamente lleno, uno que se derramaría con el mínimo movimiento, así que tienes que ir con mucho cuidado. Ahora imagina una fila de clavos sobre los que vas saltando con el vaso en la mano. Si se derrama la más mínima gota, mueres. Si resbalas y pierdes el equilibrio, mueres. Algo así es, más o menos.

Y para ello he meditado estos últimos dos días, para perfeccionar mi control sobre el shinsoo. Diría que crear esferas es tan fácil como simplemente abrir el grifo, lo verdaderamente difícil está en esto, en una puta prueba mortal. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que comencé a subir? Ojalá lo supiera. Mis músculos comienzan a fatigarse, pero continúan funcionando gracias a que he aumentado el flujo de sangre. Ya estoy jadeando. Casi caigo cuando una roca se desploma por culpa de mi peso, aunque consigo sostenerme del otro peñasco. Si no hubiera estado entrenando… Habría caído, fijo. Flexiono como buenamente puedo las piernas y doy un gran salto, sujetándome de una saliente. Estoy en el trecho final.

Me lanzo al suelo, respirando agitadamente. ¡Lo he conseguido! ¡Por fin he subido la puta cascada! Aquí todo es maravilloso, incluso el aire se siente más ligero que nunca. Veo una enorme poza de aguas tan doradas que parece oro líquido. Supongo que a esto se referirá Raciel… Bueno, me acerco a la fuente y lleno la cantimplora. No sé para qué querrá esto, pero yo hago caso. No quiero que me pulverice con un rayo de luz divino o algo por el estilo. Cuando termino la prueba (o eso creo), el maldito ángel aparece a mi espalda como si pudiera teletransportarse. Jodido lunático, por poco se me sale el corazón del pecho.

—¡Sabía que lo conseguirías, Anna! Ahora que tienes la botella, bebe su contenido —me dice como si esto fuera lo más normal del mundo.

Y así lo hago.
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Mensaje por Nayelis Sáb 13 Mar 2021 - 9:14

Durante mis singladuras había visto de todo como gente que tiene "poderes" por comerse cosas, así que en parte....no, no me creía nada de lo que decía la ángel. Sin decirle nada pasé por su lado, bueno sí, le dije buenas noches ya que era hora de dormir y no había que ser descortés. Así que me dispuse a salir de la sala del piano con un objetivo, irme a dormir y coger a Victoria al día siguiente para ir al Ministerio de la verdad, y una vez acabado con todo este juego de trileros....volver a Jaya para emborracharme en condiciones.

Ella respondió tanbién con un "buenas noches", pero antes de desaparecer yo por la puerta rumbo al pasillo la mujer susurró unas palabras que no pude escuchar.

"Traverso fecit, et juro volibis protectiones mensas"

Dicho esto ella se retiró también y yo llegué a mi dormitorio. Me senté sobre la cama no sin antes haberme quitado la chaqueta y desabrochado los primeros botones de la camisa para estar más cómodo. Tinny por su parte se acurrucó sobre la almohada a mi izquierda, haciéndose una bolita mientras yo extendía mi mano y le acariciaba.

-Menuda panda de locos ¿Eh Tinny?.Ahora resulta que tengo papá, pero que está loco, tengo muchos hermanos pero están idiotizados y encima esta loca me viene con aguas mágicas y tonterías varias.

Tras acariciarle traté de dormir un poco, ya que estaba algo mareado desde que había tomado el té ¿Qué demonios le habrán echado? Ni idea, así que procuré dormir y descansar, pues seguro que tenía cansancio del tedioso día que había tenido de palabrería, y encima me dolía la cabeza.

Al día siguiente me desperté mirando hacia Tinny, y este nada más abrir sus ojos se quedó perplejo y salió corriendo debajo de la cama.

-Vale que sea feo pero oye ¿a que te quedas sin comer?- le dije medio dormido antes de notar que mi voz era fina y suave. Me quedé por unos segundos paralizado pensando en lo que había escuchado. Carraspeé la garganta y volví a decir la misma frase pero la misma voz volvió a salir de mi boca. Así que me levanté precipitadamente a coger mi chaqueta y ponérmela, al igual que abotonar mi camisa....entonces la sorpresa fue mayúscula.

Mi cuerpo había cambiado durante la noche al de una mujer de mi misma estatura, algo más delgada pero con el mismo tono de piel. Al menos eso era lo que podía ver, ya que salí corriendo a verme en el espejo. Y efectivamente había cambiado. Mi cabello pasó de ser negro a rubio y los ojos habían clareado. Mi primera reacción fue pensar en aquella bruja ángel que parecía que no se había tirado un farol mi segunda reacción fue desmayarme.

Una vez recuperé el conocimiento pude ver a Raciel a mi izquierda y a Malthael a mi derecha, y nada más ver a esta intenté echarle las manos al cuello.

-¡Qué me has hecho bruja del demonio!- grité mientras Raciel me agarraba para impedir que efectuara mi amenaza.

-Nada que no supieras, y nada que no estuvieras precavida. No te he mentido en ningún momento -dijo la mujer mientras intentaba calmarme.

-¿Y no te podías esperar un poquito verdad? Tenías que quitarme la virilidad ya? ¿No era mejor que mantuviera la tapadera pedazo de lerda?- le recriminé mientras intentaba echarle el guante sin éxito.

-¡Ya está bien!- dijo Raciel tratando de calmarme. Tenemos que llevar a cabo un trabajo, y lo sabes. Debemos ir al Ministerio de la Verdad sin más tardanza, así que Malthael dale unas ropas adecuadas y vámonos. Se nos acaba el tiempo, y ya hemos perdido bastante.

No sabía si Victoria andaba por los alrededores, y si estaba, ahora mismo no estaba pendiente de ella, ya que sólo quería estrujarle el cuello a la ángel.

Pero bueno, llevada a la fuerza por Raciel, seguido de Malthael me dispusieron a vestirme y a recoger a Victoria para salir de aquel lugar que había sido nuestra guarida por semanas para, finalmente, hacer frente a Enoc y a sus secuaces.

Una vez ataviada con una túnica blanca con varios cordones dorados, muy al estilo praheño podría pasar perfectamente por una nativa, sin embargo no estaba cómoda.

-¿Cómo demonios o podéis mover con esto?- dije mientras Tinny me seguía a ras de suelo, todavía sin confiar demasiado en mi.


-Al menos no darás tanto el cante vestido de traje ¿Lo has pensado?- Dijo Raciel.- Ahora silencio. ¿Veis aquel gran edificio del final de la avenida? Allí es.

Yo seguía a lo mío tratando de acomodarme en aquel trozo de tela blanco.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 13 Mar 2021 - 18:18

Voy ataviada con una túnica blanca que me llega hasta los tobillos. Llevo unas incómodas pulseras y muchos pendientes, todo hecho de oro puro. Para infiltrarme en el Ministerio de la Eterna Verdad tengo que parecer uno de ellos, así que le propuse a Raciel un pequeño cambio de apariencia. Eva consiguió un tinte para el cabello y pasó un par de horas sacándome los piojos y peinándome. Creo que vomitó en un par de ocasiones, no lo sé. Los ojos rojos, rasgo característico de los Hijos de la Luna, me delatarían enseguida, por lo que llevo puestas unas lentillas celestes. Me miro al espejo y parezco una criatura completamente diferente. ¡Si hasta huelo bien!

Como estoy un poco atrasada para la reunión no me queda otra que correr por este largo pasillo de piedra, sujetando la falda de esta incómoda túnica. ¿Cómo me infiltraré con esta… cosa? Me detengo antes de llegar a la habitación, frunzo el ceño y me cruzo de brazos. Unos ojos familiares y hermosos me miran con una extraña combinación de sentimientos que no consigo diferenciar. ¿Arrepentimiento? ¿Odio? ¿Preocupación? Juraría que hay de todo un poco, pero lo que más noto es decepción.

—Te ves… bien —me dice Judith casi en un susurro y con la vista clavada en el suelo, tomándose el codo con la otra mano—. Creo que te debo una disculpa, Victoria. Fui muy dura contigo, te dije cosas que no debí haber dicho y…

—Está bien —le interrumpo, acercándome a ella—. No eres la primera ni serás la última en decir que soy un monstruo repugnante. Supongo que debería aceptarlo de una vez —digo, encogiéndome de hombros—. Yo no pedí nada de esto, pero no soy la única en esta situación, ¿verdad?

—Yo… No creo que seas un monstruo repugnante, Victoria. Ningún monstruo arriesgaría su vida para ayudar a un pueblo que le desprecia. Si los ángeles de verdad existieran, tú serías merecedora de ese título.

No te confundas, Judith, todo esto lo hago por mí, porque quiero regresar a Yhardum, me digo a mí misma, intentando convencerme de que sigo siendo la misma persona egoísta que dejó esa tierra podrida y corrompida.

—El ángel de la muerte, querrás decir —respondo y una sonrisa se me escapa, rompiendo mi fachada de chica emputecida con la vida—. Gracias por haberme ayudado cuando llegué a Praha. Creo que estamos a mano, ¿no? Me ayudaste e insultaste en partes iguales, así que todo bien.

—Tienes razón —dice ella, sonriendo—. Sé que no es mucho, pero querría que te llevaras esto contigo…

Judith saca una especie de cápsula de no sé exactamente dónde, no es que las túnicas tuvieran muchos bolsillos. Parece una almeja de mármol y cuando la abre comienza la magia. Abro los ojos de par en par y los vellos de mis brazos se erizan al escuchar la hermosa melodía compuesta de violines y un piano. Está cantando en otro idioma, pero no necesito saber lo que dice para admitir que es… maravilloso. Estoy frente al verdadero canto de un ángel.

Con te partirò paesi che non ho mai
Veduto e vissuto con te
Adesso sì li vivrò
Con te partirò su navi per mari
Che io lo so no, no, non esistono più
Con te io li vivrò

Me siento con… fuerza, muchísima fuerza. Siento que ahora mismo puedo hacerle frente al mundo entero, como si el miedo hubiera desaparecido para siempre de mí. Y ni siquiera me doy cuenta de que tengo los ojos aguados. Esta desgraciada casi me hace llorar. A mí, el monstruo repugnante que está destinado a matar a Dios.

—Es el Himno de Auriel, la canción que le cantó a su amado antes de marcharse para siempre a las Puertas de Praha —me explica Judith.

—Ha sido un buen regalo. Mira, aún tengo los vellos erizados —respondo, y entonces me doy cuenta de algo: estoy aún más atrasada—. ¡Debo marchar a la reunión! Maldita sea, se me había olvidado por tu culpa… Nos veremos cuando todo esto termine, Judith.

Todos estamos reunidos en la habitación de piedra, todos salvo Dragni. ¿Dónde se ha metido ese idiota? ¡Este es el momento más importante! Como no lo he visto en estos últimos días no sé qué clase de entrenamiento habrá tenido, puede que se haya cagado en los pantalones y esté escondido, pero no creo. No es que me parezca el hombre más valiente del mundo, pero es que su conejo está aquí, junto a una mujer. Por cierto, ¿quién es ella? Estoy seguro de que nunca la he visto, pero es hermosa como el resto de las prahanes. Casi me caigo de culo cuando Malthael me explica que en realidad esa señorita de ahí es Dragni, solo que ahora, bueno, tiene tetas y un culazo. Me cuenta que siempre ha sido una mujer, pero que por protección tuvo que aplicar un “hechizo” para hacerle hombre. Joder, qué mierda fuman estos putos ángeles.

Raciel nos cuenta el plan que tiene en mente, el plan por el que ha trabajado más de cien años. En mi opinión, esta gente no tiene el mismo calendario que el resto de la humanidad. En fin, en el papel todo es perfecto, pero pronto nos meteremos en grandes problemas. Eso siempre pasa, por eso prefiero improvisar. Nuestro objetivo es conseguir la Aguja de D que se encuentra en el corazón del Ministerio de la Eterna Verdad. Para ello nos infiltraremos, tendremos que llegar a los túneles subterráneos y superar una serie de obstáculos. Si las cosas se tornan complicadas, aparecerá el Lucero del Alba para cuidarnos las espaldas. Por supuesto que hay más detalles, pero por ahora mejor no mencionarlos.

El Ministerio de la Eterna Verdad es una cúpula dorada permanentemente iluminada por el sol. Tiene un montón de ventanas en forma de arco y una gigantesca puerta doble custodiada por dos grandes armaduras angelicales. Una vez estamos dentro el ruido de la ciudad parece extinguirse. Allá por donde vea hay puertas, no importa si están a cinco, ocho o diez metros del suelo, ahí están. Según Raciel, cada una de ellas conecta a una “verdad” distinta. De acuerdo a sus palabras, busco la escalerilla que está junto a un letrero de «No entrar».

—Bueno, Dragnia, es hora del espectáculo.
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Mensaje por Nayelis Sáb 13 Mar 2021 - 20:14

-Si soy yo aunque no te lo creas Victoria - le dije con un tono pesado y un tanto vergonzoso- No me mires así, bastante calvario tengo ya y todavía me sigo cagando en los pantalones cada vez que me veo en un espejo.

Como para no defecarme. ¿Qué te pasaría a ti si te contaran que todo era un engañabobos y que tu vida ha sido vivir con un disfraz, pues menuda coña marinera...y nunca mejor dicho. Ahora me encontraba con mi "ser real" y no me estaba acostumbrando en absoluto. Todavía me chocaba ver mi cabello rubio, mis manos blanquecinas con uñas largas y un culo y pechamen desaparecido cuando era hombre. ¿Cómo le cuento yo esto a mis amigos? " ¿Hola chicos os acordáis de mi? Pues nada, que resulta que era una tía por un hechizo macabro para que mi padre divino no me reventara y me condenara a servir como una esclava junto a mis miles de hermanos" Todo muy convincente y maduro.

Pero la suerte ya estaba echada, y ahora me encontraba allí junto a todos mis nuevos compañeros y Victoria....el ministerio de la verdad. El edificio era bonito, pero en comparación con el resto de la arquitectura del país parecía un edificio normal y corriente salvo por los dos grandes ángeles guardianes que custodiaban las puertas. Pudimos entrar sin problema alguno, ya que todos aparentábamos ser nativos. Obviamente los nativos parecían nativos, y yo ahora también...pero con Victoria imagino que las vestiduras pueden hacer que pase por una Praheña.

-Ajá....y ¿Ahora que hacemos ?-pregunté al aire.- Vale que papi no me reconozca porque soy ya mayor-cita-dije tratando de acostumbrarme al género- Pero ¿No es un poco meterse en la boca del lobo amigos?

Raciel por su parte nos expuso que cada una de las puertas conectaba a una gran verdad. Ah, ¿que había más verdades que descubrir hoy? Venga ya por todos los dioses....solo falta que me digan que soy hermafrodita para reventarme del todo. Tinny se subió a mi hombro, como siempre y yo le susurré.

-Ni te muevas a partir de ahora.

Dicho esto seguí a Victoria, la cual decía que el espectáculo iba a comenzar. Con un largo suspiro le respondí.

-Mientras no seas hija de un Yonkou o una mujer lagarto o tengas un ojo oculto todo bien....aquí ya me espero cualquier cosa. Ah por cierto...no me llames Dragnia por favor...aún tengo lago de dignidad.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Dom 14 Mar 2021 - 17:11

De acuerdo al plan que he ideado con Raciel, el primer paso para adentrarnos en las mazmorras es distraer a todos los ciudadanos que hay dentro de la cúpula, y para ello usaré a Packy. La energía comienza a fluir por mi cuerpo y se materializa poco a poco entre mis manos, formando una masa gelatinosa y oscura. Al cabo de un segundo Packy aparece. Es un peluche que, con algo de imaginación, parecería una especie de gato retardado. Sí, sus ojos apuntan a lugares distintos. Es una pequeña criatura que no puede hablar, pero esa tampoco es su finalidad. Le ordeno mentalmente que se dirija al centro del edificio. Cuando Packy abre la boca, un rayo de todos colores sale disparado y llama la atención de los prahanes.

—Aprovechemos este momento —le susurro a mi compañero… No, compañera, que ahora tiene tetas.

Dicho y hecho. La gente comienza a amontonarse alrededor de Packy, seguramente preguntándose qué es esa cosa tan maravillosamente abstracta. Me dirijo a la puerta que por la que no debería entrar, pero soy una persona muy rebelde. Hago un poco de magia de ladrona y fuerzo la cerradura. Segundos después me encuentro en un largo pasillo que parece hecho de una especie de metal dorado. Si Raciel está en lo correcto, este túnel nos conducirá a la habitación donde tendremos que enfrentar la “prueba”. Sí, también dijo que el Ministerio de la Eterna Verdad es un laberinto, pero eso solo cuando Luciel descubre que algo raro está pasando.

Después de varios minutos de andar llegamos a un gigantesco arco de unos cinco metros de alto del cual cae una cortina de agua. Bueno, “agua”. En realidad es shinsoo concentrado casi tan denso como el de la Cascada de Luz. Cierro los ojos y en mi cabeza visualizo lo de siempre: un vaso de agua casi rebalsado. Raciel me había advertido de esto. Se trata de una trampa simple pero eficaz que mantendría lejos a cualquiera sin un buen nivel de control de shinsoo. Tengo que intentar algo que jamás había probado, sería algo así como sostener una mitad del vaso mientras la otra mitad la sostiene mi compañera.

—Dame la mano —le digo sin estar convencida de esto.

Cierro los ojos y me centro en la respiración, dejando que el shinsoo fluya por todo mi cuerpo y comience a invadir el de Dragni. No sé si habrá practicado, probablemente no, pero debería sentir una sensación cálida, algo así como el abrazo de una madre después de un día muy triste. Una vez todo está preparado, comienzo a caminar hacia delante. Cuando la cortina de agua cae sobre mi cabeza, sobre mis hombros, siento que mis rodillas apenas pueden soportar el peso. Si tuviera que atravesarla yo solita, no sería un problema. Duele, duele mucho, es un esfuerzo gigantesco, pero continúo avanzando.

Lo que en realidad fueron segundos, para mí pareció una eternidad. Lo bueno es que estamos en “esa” habitación. Es una especie de rectángulo donde no hay nada. Todo es dorado, como casi cualquier cosa en Praha, salvo que hay líneas celestes en las murallas que transportan eneregía. Y entonces una figura encapuchada, parecida a Auriel pero sin sobrepeso, aparece en el centro del salón.

—Para entrar a la Cámara de los Recuerdos deberán enfrentar su pasado —nos dice con una voz robótica. Y entonces soy transportada a… ¿A dónde, exactamente?
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Mensaje por Nayelis Dom 14 Mar 2021 - 20:22

Mi compañera parecía tener todo mucho más claro que yo, y tampoco me iba a quejar. La cosa estaba algo peliaguda y más cuando había tanta gente alrededor. Antes de preguntar que demonios íbamos a hacer Victoria ya parecía tener la situación, en forma de bicho raro con cara de retardado. Aquel ser no tardó mucho en llamar la atención de una forma muy peculiar pero divertida a mi parecer.

-Quiero uno de esos- le dije antes de que Victoria me alentara a seguirla.

Nada más pasar, pudimos ver un largo pasillo dorado, y no voy a negarlo, se me pintó el símbolo del berrie en los ojos. ¿Cuánto metal precioso había en esas paredes? Bueno, igual está pintado vete tu a saber...que aquí mucho lujo y tal pero visten con túnicas. Al margen de esto opté por caminar con Victoria y el resto hasta la llegada a aquel largo arco.

-Yo no me meto ahí- le repliqué- Si algo hemos aprendido en este laxo tiempo es que lo que brilla acaba metiéndonos en problemas.

Pero Victoria me ofreció su mano, pues parecía que sabía lo que hacer. Sinceramente no me gustaba hacer amigos, pero debía de admitir que ella se sabía lo que hacía...y ante eso, bueno, prefiero tenerla como amiga....bueno, no diría tanto. Más bien como conocida.

Así que le di la mano no muy convencida, pero bueno ya que estábamos de caca hasta el cuello pues nada. Así que nada más dársela un leve calorcillo corrió por mi cuerpo, y no sabía lo que era. Yo a diferencia de ella tenía los ojos muy abiertos y comienzo a caminar hacia delante. Cuando la cortina de agua cae sobre mi cabeza, preocupada de que fuera poco más que ácido, noté una gran pesadez en el cuerpo. Sin embargo notaba un leve dolor, si, pero nada que no se pudiera soportar. ¿Sería porque era una Praheña o de sangre real? Vete a saber.

Nada más cruzar aquella cascada estamos en el punto acordado. La sala estaba vacía y parecía más una celda brillante que un lugar donde escondieran cosas. Cuando iba a preguntarle a Victoria si íbamos por buen camino apareció una figura encapuchada, parecida a Auriel en el centro de la estancia. Nos dijo que deberíamos pasar una prueba...ah ¿Qué la prueba no era el agüita dolorosa de antes? Me siento estafada.

No tuve más tiempo para decir o pensar nada, ya que un fulgor blanco inundó la sala, y yo ya no sabía si aquel encapuchado nos había matado o simplemente estábamos otra vez inconscientes. Todo genial vamos.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Dom 14 Mar 2021 - 23:29

—¿Dónde estoy? —le pregunto a la figura encapuchada.

Está lloviendo torrencialmente y los truenos rugen en el cielo, el cual es iluminado de vez en cuando por los relámpagos. No tengo idea de cómo he terminado en este lugar. Está claro que es un camino con más barro que adoquines, pero camino al fin y al cabo. Hay un carruaje volcado un poco más allá. Los caballos que la jalaban están muertos, tendidos en el suelo sobre un charco de sangre. Una silueta encapuchada (puta moda) está frente al vehículo, sosteniendo una hoja en forma de media luna en cada mano. Inmediatamente empuño una daga en cada mano, dispuesta a enfrentar a esa cosa, pero por algún motivo no se está fijando en mí. No, parece demasiado concentrada en el carruaje.

—Es el pasado que has decidido olvidar —me responde la criatura con una voz tan monótona como vacía—. Para entrar a la Cámara de los Recuerdos tendrás que superar tu pasado, enfrentarlo.

Una pierna aparece por la ventana del carruaje volcado y poco a poco sale un hombre de largos cabellos negros, ojos carmesíes y rasgos curiosamente familiares. Empuña una espada larga con una gema escarlata en la empuñadura. Los truenos parten el cielo en dos. Y no es la única persona en escena, claro que no. Justo después de él aparece una mujer con el pelo corto y rasgos faciales incómodamente parecidos a los míos. Podría jurar que tiene los mismos ojos que yo. Ayuda a salir a una pequeña criatura, un niño que no debe tener más de ocho años, y también a una niña de cinco. Esto no me está gustando en lo absoluto.

La figura de las hojas curvas entabla conversación con el hombre y pronto comienzan a combatir. Son tan rápidos que me es imposible seguirlos con la mirada. El choque entre los aceros se entremezcla con los truenos. Cuando la mujer termina de sacar a los niños comienza a huir. Sin embargo, enseguida aparece otra silueta encapuchada con las mismas armas que la que pelea con el hombre. La madre intenta proteger a sus hijos, colocándolos a su espalda, y ahora sucede otra batalla. Ella es increíblemente fuerte. No necesita ningún arma para enfrentarse a la silueta, solo le basta la fuerza de sus puños y la fortaleza de sus piernas. Poco a poco aparecen más y más figuras encapuchadas hasta que la pareja se ve completamente rodeada.

—El legado Bloodfallen desaparecerá esta noche. Ya no habrá nadie que proteja al Rey de Yhardum —dice la figura primigenia.

Espera, ¿qué? Ese es mi apellido. Si bien siempre me ha parecido extraño no compartir apellido con mis padres (porque no tienen, vaya), tampoco me lo he cuestionado. Tenía cosas más importantes de las que ocuparme, como conseguir comida. ¿Y a qué se refiere con proteger al Rey de Yhardum? El camino que está tomando este… Oh, maldita sea. Si esto es un recuerdo y no una jodida ilusión, eso significa que estuve presente. Ay, no. Esto no puede estar pasando.

Comienzo a respirar agitadamente conforme voy entendiendo lo que está sucediendo. Mis manos y rodillas tiemblan, mientras un sudor helado recorre mi espalda. Las personas que están peleando con las siluetas encapuchadas deben ser mis padres, pero ¿quiénes son los que me vendieron a la Iglesia? ¡Esto es un puto caos! No, no estoy preparada para saber la verdad. Quiero largarme, no estoy lista para esto.

—¿Renuncias a tu pasado? —me pregunta la voz monótona.
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Mensaje por Nayelis Lun 15 Mar 2021 - 17:00

Victoria había desaparecido, y yo me encontraba en una sala totalmente oscura. Empezaba a ponerme nerviosa y eso no me gustaba nada. Traté de llevarme la mano al hombro para acariciar a Tinny, pero este ya no estaba allí. Mi conejo había desaparecido.

Ante mi una pequeña luz se mostró iluminándome un pequeño camino adoquinado con plata, y a lo lejos una pequeña casa de campo. Su tejado era de paja y sus pareces de arcilla y estuco. Pude ver como a lo había mucha gente fuera portando antorchas, pistolas y espadas. Eh espera un momento....

Me acerqué al tumulto, pero nadie se percató de mi presencia. Traté de alzar la voz para ver si alguien me explicaba que estaba pasando dentro de la casa, pero me ignoraban como si fuera un fantasma.

-No pueden escucharte, ni verte- dijo el encapuchado apareciendo con un fulgor verde detrás de mi.

Rápidamente me giré y efectivamente era el mismo encapuñado que nos había recibido a mi y a Victoria en la sala.

-¿Quién ers? Identifícate. ¿Que es todo esto?- dije confuso antes de ver como el dedo de aquel encapuchado señalaba la casa.

-¿De verdad no lo recuerda?. Quizás debería prestar un poco de atención entonces.

Miré nuevamente a la casa, la noche ya había llegado y la casa estaba iluminada en el interior, mientras que la multitud de hombres esperaba fuera...eh espera, conozco a esos hombres.

-Claro que los conoces...oficial. Y ella lamentablemente ya no podrá acordarse, así que debes hacerlo tu por ella.

Entonces en ese momento me di cuenta de donde estaba. Aquella noche, en aquel pueblo del North Blue, el tumulto, el fuego y los gritos.

-¿Como demonios sabes tu eso?-le recriminé agarrándole por la pechera al encapuchado- No tengo tiempo para este tipo de tonterías, así que dime como sabes esto ¿Hum?

El encapuchado de repente de disipó en polvo desapareciendo del lugar mientras que su voz retumbaba en el lugar.

-Este es el pasado que has decidido olvidar, ocultar. Pero dime ¿Estás dispuesta a olvidarlo y a reclamar su perdón?. Le fallaste una vez, ¿lo volverías a hacer?

Dicho esto la voz se silenció desapareciendo en las nubes de la noche. Miré hacia la casa, y pude ver como aquellos hombres efectivamente eran mis viejos camaradas del Lucero del Alba. Recuerdo muy bien ese día....esta era la casa de Nayelis, la única mujer con la que tuve algún sentimiento de preocupación o bienquerencia. No podía evitar el pensar que diría viéndome ahora con esta guisa y toda la historia praheña que me rodeaba.

El problema es que aquel día fue el día en que di un paso hacia adelante, para dar veinte hacia atrás. Mi capitán había fallecido a manos de la Marina por un comodoro que lo había emboscado. Capturado, nuestro capitán fue desollado vivo para escarmiento de todos los piratas del momento. Ante aquella noticia todos nos tomamos un tiempo, disolviendo la tripulación para atender a nuestras familias, los que la tenían claro...otros simplemente para emborracharse a salud del capitán, y otros como yo a dejar pasar el tiempo.

Pasados los meses había conocido a Nayelis, una joven terrateniente del North Blue, cuyo padre....resultó ser el comodor que había matado a nuestro capitán. Yo quería mucho a Naye, como la llamaba, y procuré ocultarle lo que era y ocultarla de mis camaradas....pero como se puede ver, lo acabaron descubriendo y me pusieron ante la espada y la pared. ¿Que debe hacer un hombre? ¿Proteger sus principios o a la mujer que ama? Normalmente la respuesta es fácil, pero aquella noche no lo fue.

Y allí estaba yo, junto a mis hombres frente a la casa de Nayelis con una antorcha en la mano. Una gota de sudor me cayó por la sien al verme a mi mismo así...pues sabía lo que iba a pasar.

-¿Que cojones es esto? ¡Hice lo que tenía que hacer!-grité con intención de que aquel encapuchado escuchara mis palabras. -¿Que hubieras hecho tu?¡ Estaría muerto de no haberlo hecho!

-Y ¿Valió la pena? Puedes engañarte a ti mismo, o misma como gustes....pero al tiempo no lo vas a engañar. Puedes ir de fanfarrón y creído por el mundo, pero eso no impide que tus manos estén llenas de sangre....al menos de inocentes.

-Soy un pirata ¿Que esperabas que hiciera? Si no era ella era yo, y todo por lo que había peleado se habría esfumado en un minuto.

-¡Hasta los piratas tienen honor!-dijo el encapuchado apareciendo frente a mi, dejando ver unos ojos rojos en la oscuridad de su rostro. -Así que te lo pregunto otra vez. ¿Vas a dar la espalda a tu pasado?.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 16 Mar 2021 - 2:52

Aprieto los puños. ¿Cómo debería enfrentar esta clase de pasado? He crecido con la idea de ser un desperdicio humano, escoria que incluso sus padres vendieron. Hace mucho tiempo acepté que soy la basura que nadie se molestó en sacar. No quiero volver a esperanzarme, lo hice cuando descubrí que Dragni es un príncipe o princesa, ya no sé, y no hace falta recordar el resultado. Si me volteo y enfrento lo que olvidé, ¿cómo lidiaré con lo que sentiré? ¡No estoy lista para ver morir a los que se supone que son mis verdaderos padres! ¿Y ese otro niño quién es? ¿Acaso tengo un hermano y nunca me enteré?

—Te lo preguntaré una vez más: ¿Renuncias a tu pasado?

¡Cállate de una puta vez! Una parte de mí quiere continuar viendo, quiere saber lo que ha pasado con mis padres, pero otra… La otra parte desea quedarse en la ignorancia, seguir como si nada hubiera pasado, alejarse de la verdad. Odio admitirlo, pero tengo miedo. Si me volteo a ver qué pasa, estoy segura de que seré embriagada por el deseo de venganza. ¿Quién no querría vengarse del asesino de sus padres? ¿Cómo lidiaré con algo tan complicado? En esta decisión no solo está el futuro de Praha, sino también el mío. Raciel espera mucho de mí, más de lo que debería…

—¡Agh! ¡Maldita sea!

Me doy un puñetazo directo a la cara. La sangre mana de mi nariz y el dolor me hace sentir más lúcida que antes, mucho más. ¡¿Desde cuándo he sido una maldita cobarde?! Bueno, depende de la situación, pero… ¡No me acobardaría frente a mi pasado! Se supone que es una parte de mí, ¿no? Además lo hecho, hecho está. Nada de lo que vea cambiará mi presente. Y si tengo que llorar por los padres que olvidé, por todos esos momentos que poco a poco aparecen como una película en mi cabeza, pues que así sea. Con esta decisión el monstruo podrá ser un héroe.

Me giro para enfrentar mi maldito pasado. Mi padre sigue luchando a muerte con una infinidad de sombras encapuchadas. Aparecen y desaparecen frente a mis ojos. Mi madre acaba de abrirse camino entre los enemigos; sin lugar a duda es una mujer formidable. Nos toma a mí y a mi supuesto hermano (¿qué más va a ser si no?) y echa a correr. Es rápida, mucho más que las sombras, y las lágrimas empiezan a correr. Cuando veo sus ojos llenos de tristeza se me hunde el pecho. Ni siquiera un monstruo se resistiría al ver llorar a su madre. Entiendo que es la decisión correcta, entiendo que alejarse de la carreta es lo más importante para asegurar nuestra supervivencia, pero también entiendo que está abandonando a mi padre.

Aparezco en un pueblo todo hecho de madera. Está oscuro y nadie sale de sus casas, pero estoy segura de que espían a través de las ventanas. Mi madre grita por ayuda, pero solo recibe un crudo silencio. Golpea con furia la puerta de la casa junto al establo y entra apresurada. Ese hombre… ¡Ese hijo de perra…! ¡Ese maldito hijo de perra es el hombre que me vendió a la Iglesia! Delgaducho y de cabellos negros, ojos apagados y el porte de una estúpida rata. Eso es lo que es. Y la mujer que lo acompaña no es mucho mejor. Mi madre les dice que les dará tanto oro que no podrán contarlo en toda su vida a cambio de llevarnos a la capital. Ellos se muestran recelosos, pero les entrega el collar que lleva. Es una hermosa gema carmesí como los ojos de nuestra familia.

Mamá nos dice que pronto se reunirá con nosotros, pero que debe pelear. Hará de distracción, parará a las sombras que pasarán por el pueblo, pero estas tardan mucho menos de lo esperado. Las ratas traicioneras se apresuran y terminan de preparar a los caballos. Sin embargo, mi madre no puede con todos los enemigos y unos cuantos se escabullen. Ahora tienen a mi hermano. Pelea con todas sus fuerzas, pero un niño no tiene oportunidades contra asesinos bien entrenados. Mamá grita con furia. Pese a que me resisto, el hombre me sube al caballo con él y comenzamos a huir. Lo último que veo es a mi madre siendo cortada por las hojas ensangrentadas de la figura primigenia.

Las lágrimas bañan mis mejillas y los mocos caen a chorro. Ya no cuela decir que se me ha metido algo en el ojo, ¿verdad? Por más que solloce los mocos no dejan de caer, maldita sea. Me duele el pecho, pero esto es lo que quería. Sabía que sufriría. Es una extraña combinación… Estoy feliz porque todo esto significa que no soy la basura que siempre creí, porque esto significa que alguien me quiso tanto que dio la vida por mí. Pero estoy triste porque esa persona no está ahí para agradecerle. Mamá, papá…

—Enhorabuena, has pasado la prueba. Serás llevada a la Cámara de los Recuerdos —dice la voz de antes.

Y todo desaparece tan rápido como llegó.
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Mensaje por Nayelis Mar 16 Mar 2021 - 18:44

Seguía sin comprender como este lugar, y este encapuchado conocía un secreto que nadie conocía. Todavía recuerdo el olor a madera chamuscada, a arcilla cocida...a piel tostada. Me había jurado a mi mismo que nunca más volvería a hacer algo como lo que había hecho aquel día, y todo por aparentar ser un líder y salvar mi inútil vida.

Es cierto que matábamos a gente, al fin y al cabo éramos lo que éramos...ladrones, asesinos, fujitivos...no podía haber ápice de bondad en nosotros. Naye fue la primera que me hizo cambiar de parecer, aunque solo fuera por unas semanas.

-Tienen las antorchas encendidas, no te queda mucho tiempo- dijo el encapuchado.

¿Que debía hacer? ¿Pararles? No podía, pues mi temor a lo que pudieran hacerme era mayor al de la vida de Naye. ¿Cómo reaccionarían mis camarada si les negara su justa venganza? Siempre aplicábamos el ojo por ojo y diente por diente. Me arrepiento mucho de lo que hice aquel día, y esto me estaba pareciendo un mal sueño.

-La casa no tardará mucho en empezar a arder. ¿Quieres volver a verla salir por la puerta envuelta en llamas?.

No, claramente no. Pero en el momento en que iba a dar un paso hacia adelante pude verme a mi mismo hablando con mis camaradas, antorcha en mano increpando contra la casa. Parecía que había tomado mi decisión. El tiempo se acababa, y restaban apenas unos segundos antes de que yo mismo iniciara aquel fuego que mataría a Naye.

Entonces una pistola apareció en el suelo, a mis pies. ¿Era obra del encapuchado?. Claramente. Le miré fijamente mientras sudaba como un gorrino.

-Estuviste dispuesto a dar una vida por otra...¿Serás capaz de volver a hacerlo?

Unas pequeñas lágrimas salieron de mis ojos mientras cogía la pistola con las dos manos y apunté a mi "yo", el cual estaba de espaldas a punto de lanzar la antorcha contra el tejado de la casa, y sin embargo no disparé....no podía.

Si lo hacía mis hombres, mis camaradas acabarían matándome. Nunca me temblaba el pulso cuando debía actuar sobre otra persona que me importara cero, pero era muy cobarde con respecto a mi vida. Toda la vida estuve buscándome un hueco en algún lugar...y esa tripulación lo era todo para mi hasta que apareció ella. ¿Que hacer?¿ Amor o familia? No quería volver a estar solo o morir. Así que miré al arma, luego a la turba sin dejar de apuntar. Las manos me temblaban y la puntería no iba a ser precisa a este paso.

-Juré que nunca volvería a hacerlo ¿No es bastante penitencia ya recordarme esto?- dije bajando el arma.

En ese momento mi "yo" alzó la antorcha, y sabía que si él lanzaba la primera el resto lanzaría las suyas, y en menos de veinte segundos aquello se convertiría en una pira funerar.

-Se te acaba el tiempo...familia, muerte o redención...la elección vuelve a ser tuya.-dijo el encapuchado desvaneciéndose en el aire.

Me mordí los labios hasta hacerlos sangrar, agarré fuerte la pistola sin levantarla del suelo mientras miraba con lágrimas en los ojos como la silueta de Naye se asomaba por la ventana, y veía a mi "yo" con ojos de pánico. Finalmente tomé una decisión.

-Voy....¡.Voy a ir al infierno por necio!-dije levantando rápidamente la pistola y disparando por la espalda a mi "yo". En el momento en que la bala lo atravesó todo se convirtió en sombras que comenzaron a desvanecerse. Yo caí de espaldas como si aquel tiro a quemarropa me hubiera dado a mi, entonces le volví a escuchar.

-La redención ha sido tu elección. Puedes pasar-dijo la voz del encapuchado antes desaparecer y sumirse todo en la más absoluta oscuridad, dándome a entender que me había desvanecido.

Cuando abrí los ojos pude ver que estaba allí, junto a Victoria. Ella tampoco parecía haber estado en su mejor momento. Así que llevándome la mano a la cabeza me levanté lentamente mientras repetía en voz baja, como traumatizada "Puedes pasar, puedes pasar". Hasta que vi a Victoria con claridad y la agarré de los hombros para zarandearla.

-¡Que puedo pasar!.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 16 Mar 2021 - 19:42

Despierto poco a poco, aún consternada. Los zarandeos junto a los gritos de Dragni me ayudan a recuperar la lucidez. ¿Puede pasar…? Pero qué me está diciendo este hombre, mujer, lo que sea. Espera, ¿no estamos en la misma habitación de hace un momento? Me quito las últimas lágrimas y me pongo de pie. ¡Qué vergüenza! ¡Espero que Dragni no me haya visto llorar! Mejor me alejo un poco para que no me oiga sollozar; tampoco quiero que me vea con los ojos húmedos. También aprovecho para echar un vistazo al lugar.

Juraría que por las gigantescas estanterías llenas de libros esto es una gran biblioteca. El suelo de madera está tan limpio que puedo ver mi reflejo en él. En mi cabeza todo esto es como un huevo, o una cúpula si nos ponemos con términos elegantes, y tiene larguísimas escaleras pegadas a las murallas que suben en forma de caracol. También son de madera, aunque tienen retoques de oro. Me acerco a la estantería más cercana y miro hacia arriba. Debe tener unos ocho metros de alto, como mínimo. Los libros también son ostentosos, de hecho, hacen falta mis dos manos para cogerlos.

—La vida de Ophelia II —susurro para mí. Vaya, se trata de una biografía. ¿Quién habrá sido esta señora como para que esté dentro de la Cámara de los Recuerdos? Estoy acostumbrada a ir a las últimas páginas de un libro, y supongo que no soy la única. ¿Cómo puede ser esto…? Dejo caer el libro y resuena pesadamente por toda la estancia—. ¡¿Qué significa esto?! La última página…, la última página se escribe sola…

Enoc conoce el futuro de todos los prahanes, recuerdo. Que un libro se escriba solo no es lo más loco que he visto en Praha, no debería sorprenderme tanto. Ya, solo me lo digo para tranquilizarme. Vuelvo a coger el libro, pero esta vez me aseguro de leer la última página. Vaya, al final he cogido el destino de una de las ciudadanas más aburridas del imperio. Menuda decepción descubrir que esta señora tendrá cólicos dentro de tres meses. Guardo el libro y sigo echando un vistazo. Todos los libros son grandes excepto este, así que lo tomo y me lo guardo. Sería divertido conocer el futuro de una persona, ¿verdad?

—Tenemos que encontrar la Aguja de D, pero a mí me da que este lugar es grande. Puede que nos tome más tiempo del pensado en cumplir el objetivo… Busquemos en el primer piso.

Caminar entre las estanterías me recuerda a hacerlo en un cementerio. Todo es tan silencioso que llega a ser perturbador. El camino ha sido largo, pero terminamos en unas escaleras que conectan a un edificio suspendido en la nada. Es el lugar perfecto para una trampa. Me terminaré arrepintiendo de esto, pero soy la primera en dar el paso. Me encuentro frente a unas puertas dobles casi tan altas como las estanterías. En esta habitación, en vez de libros, hay un montón de cápsulas y en el fondo veo un altar. Camino con precaución para no activar ninguna trampa, testeando las baldosas antes de pisarlas. Es estresante, pero aumenta mis probabilidades de vivir.

—Esto es…

¿Qué hace un Fruto de la Madre Luna suspendido sobre el altar, bañado en esa luz dorada? Y no es como el corazón que me comí yo, es muchísimo más bello. Casi divino. ¡¿Qué significa esto?! Nunca he sido tan devota como el resto de los inquisidores, pero esto sería raro para cualquiera. Creo que hasta el momento siempre he sido yo la que ha tomado la iniciativa, así que es un buen momento para que mi compañera me demuestre lo que vale.

—¿Quieres ir a ver por qué esa cosa está ahí? —le pido.
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Mensaje por Nayelis Mar 16 Mar 2021 - 20:08

Bueno bueno es hora de recobrar la compostura. Procuré llevarme las manos al pelo y peinármelo hacia atrás, entonces volví a darme cuenta de que mi físico no era el que fue. Victoria en un primer momento se apartó de mi, así que supuse que le debí de parecer una locaza o algo por el estilo y no la culpo.

Me recompuse, sacudí el polvo de mi túnica y eché un vistazo a donde estábamos. ¿Una biblioteca? No me fastidies....

-Libros....vamos a acabar con papi con libros. ¿Y si nos rendimos? Seguro que tendremos más dignidad que lanzándole libros a la cabeza- dije enfadada mientras miraba los libros con desdén. En ese momento el pequeño Tinny aparece de entre una de las estanterías, salta de ella y viene corriendo hacia a mi para subirse a mi hombro.

-Ey ¿Dónde has estado? Me has tenido preocupada por tres segundos- le dije mientras le acariciaba la carrillera con el dedo antes de ver como Victoria comenzaba a indagar por la gran sala.

Yo al igual que ella comecé a buscar...no sé el que realmente. Así que simplemente caminé mientras todavía me palpaba el pecho, pues aún tenía la sensación del disparo de antes. Parecía que la cosa no había sido un simple sueño, pero me encontraba más liberada que antes, quizás, con una carga más liviana que la que llevaba arrastrando años. Como era obvio si Victoria me preguntaba no le diría nada, pues puedo expiar mis pecados con una persona ( el encapuchado) pero con dos ya es pasarse.

En ese momento Vcitoria me dijo que buscáramos en el piso superior. Era una buena idea, a ver si encontrábamos algo más que libros. La dichosa aguja de D no aparecía, pero lo que si apareció fueron dos grandes puertas ornamentadas frente a nosotras.

-A que va a ser por aquí....-dije siguiéndola y adentrándonos en la sala que ocultaba.

Una vez dentro se podían ver muchas cápsulas y un gran altar al fondo. ¿Una iglesia? No, faltaban los bancos. Victoria comenzó a caminar con cuidado por si había trampas, y yo hice lo mismo palpando con cuidado las baldosas del suelo delante mía. No parecía haber nada peligroso de momento, así que me dispuse a ir al altar, ya que Victoria me dijo que buscara respuestas allí. Seguramente ella iba a echar un vistazo a las cápsulas.

Cuando estaba frente al altar  lo vi allí suspendido....lo que Victoria y los Praheños llamaban el Fruto de la Madre Luna. Este estaba suspendido sobre el altar, bañado en una luz dorada. Según me acercaba la luz tomaba mayor fuerza, y por un momento me eché a tras, dudosa. Una placa adornaba el altar y un texto decía:

" Que la sangre del divino permita al digno tocar esta sagrada ofrenda".

-¡Eh Vic!-le grité haciéndole señas.- ¡Aquí pone algo raro!. Entonces me di cuenta. "La sangre del divino", seguramente eran los hijos de Enoc, que era considerado como un dios para todos. ¡Oh espera!¡Yo tengo sangre de Enoc! ¿Es significa que....?

Estiré mi mano lentamente hasta acercarla al haz de luz. La luz se intensificó según iba acercándola, entonces mi mano atravesó el brillo y se introdujo dentro pudiendo agarrar el Fruto de la Madre Lunar sin, aparentemente, recibir daño alguno. Así que, como quién coge una manzana de un árbol saqué aquella reliquia del haz.

Me preguntaba que pasaría si lo hubiera hecho Victoria. ¿Habría explotado?, menos mal que no he tenido que averiguarlo. Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

-¡Oye Victoria! ¡La tengo! ¿Has encontrado la dichosa aguja?

¿Y ahora qué? ¿Cómo se activa?¿ Lanzará rayos láser o algo para molestar a Enoc?

-¡Oye Vic!- volví a gritarle mientras caminaba hacia ella- ¿Para que queríamos esto? ¿Sabes como funciona?
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Mensaje por Anna Bloodfallen Jue 18 Mar 2021 - 19:11

—¿Y si pruebas a comertela? —le propongo, encogiéndome de hombros. Puede que sea un poco irresponsable por mi parte, pero no negaré que resulta un poco divertido.

Mientras Dragni está divirtiéndose con su nuevo gran descubrimiento, yo sigo explorando el lugar. El que no haya trampas resulta muy conveniente, pero no seré yo la primera en quejarse. El problema es que no veo por ningún lado nada que pueda parecerse a la “Aguja de D”. Si nadie ha visto el arma en siglos, ¿por qué debería estar aquí? ¡¿Y por qué Enoc conservaría la única arma que le puede matar?! Ah, sí. El cabrón quiere morir. ¡Pues que se muera solo! ¿Por qué tiene que involucrar a todo un pueblo? Eso es un poco injusto. Putos contratos que ha hecho.

Un escalofrío recorre mi espalda y me giro por puro instinto, empuñando una daga en cada mano. Siento una presencia poderosa, casi aplastante. Una gota de sudor cae por mi mejilla cuando reconozco el aroma que se acerca. Ese hijo de perra está aquí. Es normal que mi cuerpo comience a temblar, considerando la paliza que recibí la última vez. Su piel era tan dura que ni siquiera mi sangre endurecida pudo atravesarla. Era tan veloz que en ningún momento pude seguir sus movimientos. Y tan poderoso que rompió toda defensa sin el menor esfuerzo. Si no hubiera aparecido Raciel, habría muerto. Desde entonces he entrenado, pero no soy tan idiota como para enfrentar tan pronto a la muerte.

—¡Coge lo que sea que quieras coger, pero hazlo rápido! ¡Nos vamos de este lugar! —le grito a mi compañera.

Estar en un edificio suspendido en la nada y con un único punto de acceso es una trampa mortal. Debí haberlo considerado cuando decidí entrar. ¡Maldita sea! Del otro lado del puente se encuentra Luciel, empuñando la misma lanza con la que intentó matarme hace un tiempo. El problema es que no está solo, le acompaña un escuadrón de diez ángeles. Todos llevan armaduras pesadas hechas de plata y oro, además de espadas y lanzas que brillan con la fuerza del sol. Sí, preví que algo como esto podría suceder por lo que tomé medidas preventivas con Raciel. ¿Los pendientes que llevo en mis orejas? Bueno, no son únicamente accesorios. Funcionan como comunicadores y como aquí la gente ama la teletransportación, pues ya verán lo que sucederá.

—Sabía que habías sobrevivido, Hija de la Luna, pero tu suerte termina hoy y en este lugar. Abandonarás esta vida y…

—¡Ya cállate, pesao’! —le interrumpo desde la plataforma que une la escalera con el resto de la Cámara de los Recuerdos—. ¡Eres un maldito ignorante! ¡Estoy intentando salvar a tu gente, ¿sabes?! ¡El verdadero enemigo aquí eres tú! ¡Vergüenza, que eres una vergüenza!

Si lo que Raciel me dijo es cierto…

—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! ¡No soy ninguna vergüenza! ¡Yo, Luciel, soy el único que puede proteger la Cámara de los Recuerdos de gente como tú! No escucharé las palabras de una Hija de la Luna. ¡Guardias, mátenla a ella y a su compañera!

Me quito el collar y aprieto la gema dorada con todas mis fuerzas. Los ángeles que vienen a por nosotras se detienen frente al destello dorado. Yo diría que esto es un portal, pero… No sé, es que aquí yo no entiendo nada de lo que pasa; el mundo de abajo es tan diferente que me siento muy fuera de lugar. Como sea, una multitud de presencias invaden todo el lugar y poco a poco aparecen los miembros del Lucero del Alba con Raciel a la cabeza. En principio, no deberían haber podido entrar a este lugar, pero Dragni y yo estamos hechas para romper las reglas. Ya lo explicaré.

—Me alegra que hayas podido entrar a la Cámara de los Recuerdos, Anna. Dime, ¿qué te parece el Libro de Enoc? —me pregunta, extendiendo los brazos como queriendo rodearlo todo. Oh, así que no es un libro como tal: es una puta biblioteca—. ¡Mis hermanos y yo te haremos frente, Luciel! ¡No permitiremos que nuestro padre destruya el imperio por el que tanto se esforzó!

—¡Y sigues con tus paranoias, Raciel! ¡Todo eso es una vil mentira de Adán! Padre… ¡Padre jamás haría algo tan malvado como destruir Praha!

Bueno, han empezado a pelear. Le hago un gesto a Dragni para que se sujete a mi cintura y le digo que se prepare porque vamos a saltar. Antes de que los guardias alcancen nuestra posición son interrumpidos por Eva, y nosotras ya nos encontramos cayendo al vacío. Genero rápidamente una Esfera de Shinsoo y solidifico esta energía, formando un platillo lo suficientemente grande para que ambas podamos estar de pie. Ja, mi entrenamiento secreto ha servido de algo.

—¡La Aguja de D está en el último piso! ¡Adelante, Anna, Dregan! —ruge Malthael mientras pelea contra los guardias.
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Mensaje por Nayelis Jue 18 Mar 2021 - 20:38

¿Comerla? O sea, me he despertado en una isla que no conozco, he conocido a gente muy rara y apolínea, me he enterado de que tengo padre y que este está loco, que tengo más hermanos que un padre del Opus, que aquí saben de mi secreto más oscuro, y que encima no me he llevado ni un pedazo de oro.¿ Y pretende que me coma algo que puede valer una pasta?.

Iba a recriminarle su propuesta pero en el momento en que gritó que no nos quedaba tiempo, y que lo que parecía ser el enemigo venía a por nosotras, como acto reflejo me la metí en la boca sin muchas más explicaciones. No tardé en escupir al aire mientras gritaba :¡MIERDAAAAA!.¡Y encima está amarga!

Y ahora comenzaba la pelea con el comité de bienvenida con Luciel a la cabeza. Vale ¿Falta alguien más? AHHH no, que ahora también tiene guardias...¡¿Porqué siempre tienen guardias!?. Victoria no tardó en tirar de mi y llevarme con ella cual perrito mientras. Parecía que los praheños estaban en un debate para ver si nuestro padre estaba tarado o no, a lo que yo di mi pequeña aportación en forma de grito.

-¡Está como una puta cabra!

Dicho estola pelea comenzó, y mientras Victoria corría conmigo yo iba propinando algunas patadas a los ángeles que venían a por nosotros. Esquivar sus armas no es fácil, ya que eran bastante rápidos, pero más de uno recibió un buen patadón en el pecho. El problema de todo esto es que no podría contenerlos por mucho, entonces Victoria me pidió que subiera al último piso y cogiera el arma D. El tiempo se nos acababa y no tardaríamos en tener a todo Praha encima. Así que cual conejo corrí escaleras arriba para llegar al último paso, y entre patadas y algún mordisco de Tinny a los ángeles que se nos interponían, logramos llegar al último piso de la Cámara de los Recuerdos.

"Llegué joder" pensé mientras jadeaba y golpeaba al último ángel en la cara haciendo que cayera escaleras abajo. Corrí hacia el centro de la estancia abierta, y allí estaba.

Una larga aguja de unos ochenta centímetros que brillaba a la luz. Me llamó mucho la atención ver como estaba envuelta en vendas ensangrentadas. No había tiempo para preguntas, así que cogí la lanza y grité al aire, por si Victoria me escuchaba.

-¡La tengo!- grité, dándome cuenta de que no era buena idea.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 19 Mar 2021 - 1:58

Puede que mi manipulación del shinsoo no me otorgue habilidades altamente destructivas, pero me permite hacer cosas muy útiles como crear un platillo volador. He empleado el mismo concepto al volver sólida la sangre que manipulo. Diría que puedo hacerlo gracias al hierro, pero en realidad hay un principio mucho más sencillo: compactación absoluta. Al menos así lo imagino en mi cabeza. Es como si intentara comprimir todos los líquidos y gases para formar una superficie sólida, algo así hago para formar este platillo. Ja, ¿piensan que es lo único que puedo hacer? No he estado entrenando de sol a sol para que unos simples guardias me derroten.

La sangre escapa por todos mis poros y poco a poco se envuelve en el platillo, dándole un aspecto viscoso y escarlata, pero todo esto es con el objetivo de crear dos auténticas cuchillas a cada lado del vehículo. Además, esta forma aerodinámica aumenta la velocidad de mi Disco de Shinsoo. Sonrío con soberbia y paso por el costado de uno de los guardias, cortando su armadura y matándole en el acto. Una hoja de acero a estas velocidades es un arma muchísimo más letal que de costumbre.

—¿Te gusta? —le pregunto a Dragni con una sonrisa de orgullo.

Volamos lo más rápido posible, alejándonos de la batalla. Pero los ángeles no tienen pensado dejarnos ir, así que nos persiguen. La unión entre el shinsoo y mi sangre crean un arma mortal con el que corto a los guardias. Y luego de una agotadora persecución, puedo decir que hemos llegado a nuestro destino. Estamos en lo más alto, aquí donde la cúpula termina y todo es blanco. Incluso la arena, incluso la enorme montaña que hay en el horizonte. Mientras Dragni coge lo que debería ser la Aguja de D, yo observo al hombre que está sentado en una mecedora de madera. Verlo ahí, solo, me produce un sentimiento extraño, una mezcla entre tranquilidad y preocupación. Es como si estuviera viendo el principio y a la vez el fin. Es tan raro que ni siquiera sé lo que digo. ¿Acaso todo esto tiene sentido?

El hombre se levanta y, pese a que está lejos, puedo sentir su mirada en mí. Cada paso que da hacia nosotras retumba en mi cabeza. Todo mi cuerpo grita que estoy en peligro, pero no puedo moverme ni dejar de mirar. Poco a poco sus rasgos empiezan a rebelarse. Es un hombre de edad avanzada, tiene la mirada afable y es delgado. Su barba y su cabello largo parecen hechos de oro. Su presencia es diferente a la de todos los ángeles que he conocido, estoy segura después de ver que sus ojos encierran auténticas galaxias. Es como si las estrellas y todo lo que hay más allá de este planeta vivieran en sus cuencas. Otra curiosidad es que lleva grilletes de oro en sus muñecas.

—Oye, Dragni, tenemos que irnos de aquí. ¡Vámonos, rápido!

La figura desaparece de mi vista solo para formarse como un mosaico a mi espalda. Una sonrisa perturbadoramente tranquila me detiene, y cuando siento la mirada de ese hombre en mí pierdo toda voluntad de hacer cualquier cosa. Es como si por fin hubiera encontrado la serenidad que busqué por tanto tiempo, pero mis padres no se sacrificaron para que viviera como una cobarde. ¡Por supuesto que no, maldita sea! Frunzo el ceño y enseño los colmillos cual bestia salvaje, preparándome para la batalla.

—Tú debes ser la Hija de la Luna y tú la Hija de Enoc. ¡Es una singularidad de la naturaleza! Las hijas de padres que se odian trabajando codo a codo… Es maravilloso —dice él con un tono de voz tan armonioso que es como si la naturaleza y la paz me susurraran al oído—. Mi nombre es Enoc, Padre Fundador de Praha y Supremo Emperador, aunque esos títulos no tienen importancia para mí. Gracias, jóvenes, muchas gracias por acudir a mi llamado. Ustedes son los últimos elementos para el Apocalipsis, pero primero me gustaría contarles una historia. Tomen asiento, por favor.

Dos sillas aparecen a nuestras espaldas, así como también una mesa repleta de comida.

—Todo creador puede hacer trucos baratos como estos. Adelante, coman —nos invita, sonriendo como siempre—. Oh, hueles como ella. Hace ochocientos años Luna estuvo con nosotros cuando nos reunimos en el centro del mundo para decidir qué haríamos. Nunca nos llevamos bien. Ella con su todopoderosa ciencia y yo con mi fiel creencia en la metafísica. Tu madre es mucho más caprichosa que yo, eso te lo puedo asegurar, pequeña —me cuenta mientras nos sirve jugo, como si esto fuera un picnic familiar—. ¡Y tú tienes la mirada de tu madre! Me alegra, me alegra. Construí Praha para ella, para que pudiera vivir feliz y en paz junto a nuestros hijos, y lo conseguí. Pero entonces pensé: ¿Por qué reservar este paraíso solo a mis descendientes? ¡Todos pueden ser mis hijos! Sin embargo, lo que les arrebaté… lo que sufrí… Imagino que han venido a detenerme. En ese caso, les sugiero que se den por vencidas. En esta tierra soy lo más parecido a un dios, no pueden hacer nada.
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Mensaje por Nayelis Vie 19 Mar 2021 - 9:05

Le diría a mi amiga que me ha molado un huevo lo que acababa de hacer sino fuera por el ardor de estómago que tenía. Esperaba no tener una diarrea repentina por esto, pues ya era bastante difícil la situación como para humillarme yo de  esta manera.

Del mismo modo me iría con Victoria del lugar lo más rápido posible si mis rodillas no hubieran fallado y empezara a llevarme la mano al estómago.

-¿Por todos los reyes marinos que cojones me he comido?-preguntaba al aire mientras me levantaba con dificultad.

Entonces lo vi, allí, en la oscuridad. Un hombre anciano de gran porte, mirada cálida y bastante delgado. Parece el típico abuelito de la aldea al que nunca le harías nada malo. Sus pasos son frmes y su rosto fijo en nosotras denota algo para mi .¿Familiaridad? Ni idea, no lo había visto en mi vida, pero él si que parecía conocernos a nosotras. Pero lo que más llamó mi atención, haciendo que mirara a sus manos era que llevaba grilletes de oro en sus muñecas.

-Y tu ...¿Eres?- pregunté sin mucho convencimiento en mis propias palabras. ¿Sería otro guardián de la cámara?. Podría haberlo sido sino hubiera dicho que.....era Enoc. Abrí los ojos como dos luceros en mitad de la noche.¿ En serio aquel viejo era mi papi?. Mierda, ahora si que la habíamos liado. Parece que habíamos caído en una trampa sin saberlo, y acudimos a Enoc por propia voluntad sin saberlo. Miré a Victoria como esperando órdenes, tal y como estaba el asunto, mi fanfarronería y desconfianza se acaban de ir por el sumidero. Un mal movimiento y estábamos muertas.

Entonces dos sillas aparecen a nuestras espaldas, así como también una mesa repleta de comida.¿ En serio?. También parecía que Enoc conocía algo a Victoria por la forma en que le hablaba, y a mi también se dirigió como no podía ser de otra forma.

- O sea, "padre", les das el paraíso y luego los condenas a la muerte. ¿ No es un poco contradictorio. Sería más fácil para ti dar un chasquido con los dedos y matar a la mitad de Praha...-dije irascible sin entender el razonamiento de papi.

Entonces miré a Victoria y luego a la aguja. No me había acordado de ella ni por un instante, pero todavía la tenía en mis manos. El arma a simple vista no parecía tener nada que la activase, ningún accionador o mecanismo de apertura., así que supuse que esas armas funcionan de otra manera, al fin y al cabo no dejaba de ser armas poco menos que mágicas. Traté de concentrarme sólo en el arma, agarrándola, obviando que Enoc estaba allí, ante nosotras....sin embargo no pasó nada.

Abrí los ojos y miré el arma confusa, tras eso volté la visa hacia Victoria como diciéndole: "Esto no fuca".
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 19 Mar 2021 - 18:52

—Si el Lucero del Alba está aquí, ustedes deben saber lo que es el Apocalipsis. Como el resto de mis hijos, estás equivocada —responde, mirando a Dragni—. Cuánto me gustaría romper los contratos que hice en el pasado, pero soy prisionero de mi propio poder. Y por culpa de mi arrogancia he transformado a toda Praha en una enorme prisión. Quiero ser libre, ¿entienden? Desearía que hubiera otra alternativa, desearía ser el Dios que todos creen que soy, pero solo soy un humano que ha vivido casi mil años…

—¿Ese es el precio de la libertad? ¿Las vidas de cientos de miles de humanos? —le pregunto con el ceño fruncido, intentando hacer algo de tiempo. Mi compañera tiene que activar la maldita Aguja—. Vaya, sí que tienes el egoísmo de un dios.

—El paraíso que le prometí se ha convertido en una prisión. Aquí todo es falso, incluso la felicidad de los prahanes. Todo lo es —contesta tras soltar un suspiro—. ¿Y qué sentido tiene vivir en una ilusión? La única forma de romper el primer contrato es destruyendo todo el imperio. Y ustedes dos permitirán que mi sueño se haga realidad.

Maravilloso, este hombre de verdad ha perdido la razón. Es lo que pasa cuando vives demasiado tiempo en una burbuja. Crees tener el derecho de hablar por el resto de las personas y asumir qué es lo mejor para ellas. Me da asco compartir la mesa con alguien como Enoc. Me importan tres pepinos que todo esto sea una mentira, feliz hubiera entregado mi libertad a cambio de vivir en un lugar como este. Podría dormir en una cama caliente todas las noches y no tener que preocuparme por lo que comeré mañana. Podría cerrar los ojos sin temor a ser apuñalada a mitad de la noche. Haría todo lo que no hice en Yhardum y tendría todo lo que no tuve, como una infancia feliz.

—¿Ya estás contaminando las mentes jóvenes con tus ideas asquerosas, padre?

En lo alto se encuentra Raciel, empuñando una enorme espada de luz y con sus alas desplegadas. Sus largos cabellos dorados son sacudidos por el viento, y su túnica ondea gracias a este. De acuerdo a uno de los contratos (no recuerdo cuál, todos son iguales) ningún ciudadano de Praha puede atentar contra la vida de Enoc. Debe tener algún plan para plantarse frente al único hombre que no puede dañar, porque si no lo tiene igual estamos un poco jodidos.

Luciel no tarda en unirse a la fiesta. A diferencia de su hermano, está herido y luce cansado. ¿Ha estado enfrentándose él solo al Lucero del Alba? ¿Y qué ha pasado con el resto de los miembros? Malthael, Eva… De los otros no me acuerdo sus nombres porque son irrelevantes, pero bueno. Me gustaría saber dónde están, sin su ayuda dudo que podamos hacer algo y la verdad es que no me apetece morir por nada.

El pelirrojo ataca con todas sus fuerzas a Raciel, ejecutando una carga con su lanza apuntando hacia el ángel. La espada de luz frena el arma, pero ha sido tal el impacto que una onda de choque se ha propagado hacia todos lados, haciendo volar el falso cielo. Me cubro el rostro con los brazos para cuidarme de cualquier cosa que fuera a caer, y cuando la nube de polvo se dispersa puedo ver el cielo nocturno que se alza sobre todos nosotros.

—Ah, ya lo están destruyendo todo… Bueno, ¿les importaría acompañarme? Como dije, son los últimos ingredientes de la receta. Ambos comparten “sangre divina” y ninguno ha firmado el Contrato de Auriel, son el elemento definitivo para la creación del Apocalipsis.

—No iremos a ningún lado contigo, maldito lunático. ¡Dame la Aguja, Dragni! —le digo a mi compañera.

Raciel nos contó cómo activarla, pero si Dragni no lo ha hecho todavía es porque necesita una buena cantidad de shinsoo. Y por ello es que bebí el Agua Divina de lo más alto de la Cascada de Luz. Sí, solo podré usar este poder una sola vez y por un período breve, pero espero que sea el suficiente para matar a Dios. Así que, una vez me haya entregado el arma, canalizaría el shinsoo dentro de mí y lo expulsaría por cada poro de mi cuerpo, formando un manto de energía plateada.

—Están cometiendo un grave error al intentar enfrentarme, niñas —nos dice el anciano con el ceño fruncido—. He vivido más de ochocientos años y puedo decirles cómo terminará esto.

—No, no puedes. Tú no puedes ver nuestro futuro.
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Mensaje por Nayelis Vie 19 Mar 2021 - 20:41





Él no podrá ver el futuro, pero yo tampoco podía ver lo que me estaba pasando.Mi padre definitivamente era un lunático y no había forma alguna de hacerle recular en su "Apocalipsis". Las cosas ya habían tomado un tinte demasiado oscuro como para echarse atrás. Mi dolor de estómago había cesado pero eso no impidió que me cayera de rodillas mientras Victoria discutía con Enoc y la batalla comenzaba. Deslicé por el suelo la aguja de D, ya que no estaba en condiciones de poder usarla.

Entonces en el mismo momento que los primeros golpes sonaran en la cavidad, un dolor bastante profundo comenzó a surgir en mi espalda. Mi piel comenzaba a clarear y a emitir un fulgor de color blanco. Me llevé las manos a la espalda como si me estuviera abrazando, tratando de agarrarme las costillas por detrás. Mi cabello comenzó a "levitar"o al menos parecía moverse en el aire de la misma manera que lo haría bajo el agua. Un grito salió de mi boca mientras unas grandes alas, unas seis salieron de mi espalda con gran rapidez, rompiendo carne...sin embargo no salió sangre alguna. El fulgor de mi cuerpo se intensificó hasta le punto de que un gran destello cegó toda la sala, provocando que los guardias y todos mis compañeros tuvieran que llevarse las manos a los ojos por el destello.

Una vez la luz se apagó, Victoria y el resto verían a una mujer alta, de largos cabellos dorados que portaba un casco que le cubría hasta la nariz, tapando sus ojos y dejando ver una boca rosácea. El cuerpo estaba tapado por un traje ajustado blanco, con una pechera dorada y varios cinturones en la cadera. Una gran boa de seda cubría sus hombros y caía hacia sus brazos que tenían a su vez varios brazaletes dorados. El fulgor permaneció alrededor de su cuerpo.

Enoc por su parte me miró con rostro serio mientras decía.

-Al final la comiste, como era esperable mi niña, bien hecho- dijo como si eso fuera parte de su plan.

La aguja de D permanecía junto a Victoria, mientras que yo la miré por un segundo al torcer la cara y sin decir nada alcé el vuelo, pero le di a entender que yo me encargaría de Enoc. Salí disparada en un rayo de luz blanco contra Enoc. De mi mano brotó una espada de luz la cual apuntaba a mi padre para tratar de hacerle impacto.

-¡No sabes lo que estás haciendo!- dijo el "dios" estirando su mano y creando otra espada de luz.

Ambas espadas chocaron provocando un gran destello y ninguno de los dos cedía. No sabía que fuerza tenía en mi cuerpo, pero si sabía que todo procedía de aquella misteriosa fruta-reliquia. Enoc tardó unos segundos en empujarme hacia atrás en su bloqueo, saliendo disparada unos metros hacia atrás en el aire, quedando padre e hija a pocos metros mirándonos uno al otro.

-¿Sabes lo que te has comido? ¿Crees que es una bendición? Pronto descubrirás que tu poder tiene un gran problema, y entonces habrás deseado pedir mi ayuda. Apártate de mi camino, hija mía, no puedes detener esto, ni tu ni nadie- concluyó lanzando una ráfaga de luz contra mi como si de un láser se tratara.

No le dije nada, pero si respondía lanzando mi puño hacia adelante lanzando un haz de luz contra el suyo, chocando ambos y provocando un gran resplandor en el choque de las dos energías.

No sabía cuanto podría "entretener a Enoc" pero de momento, en aquella forma angelical, me encontraba fuerte y poderosa, pero no lo suficiente para vencer a mi padre. Yo lo sabía, él lo sabía...pero en el rostro de mi padre pude ver algo que me llamó la atención...Enoc parecía preocupado. Pero ¿Porqué? Si en teoría yo era más débil que él.

Miré entonces al suelo para ver si Victoria había recogido el arma mientras que los dos rayos de luz seguían chocando, retrocediendo el mío cada vez más.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 19 Mar 2021 - 21:46

El plan se nos ha ido a la mierda, no porque lo hayamos ejecutado mal, sino porque nuestro enemigo es implacable. ¿Cómo peleas contra un dios? Nuestro objetivo era recuperar la Aguja de D sin ser vistos y entonces la estudiaríamos para saber cómo funciona, pero Enoc nos ha sorprendido en la Cámara de los Recuerdos. ¿Cómo no iba a hacerlo? ¡Conoce el maldito futuro de todos los ángeles! Pero ahora no nos queda de otra: tendremos que detenerlo aquí y ahora. Además, estoy segura de que Raciel predijo este escenario. Me hizo beber anticipadamente el Agua Divina por una razón, maldito zorro.

La transformación de Dragni es envidiable. Mientras yo manipulo algo tan repugnante como la sangre esta chica puede convertirse en un ser alado y hermoso. ¡Cuánta injusticia! ¿Todo esto es porque soy una maldita Hija de la Luna? Casi desearía que Enoc fuera mi padre… Mientras Dragni entretiene a su padre yo continúo concentrando el shinsoo en la Aguja de D. El que no sepamos cómo funciona no significa que no tengamos teorías, y una de ellas es la inyección de shinsoo por alguien que no tiene el Contrato de Auriel. D fue un hombre del exterior, ¿no es así?

Siento que este delgado palo me está succionando la vida, pero no puedo detenerme. No ahora. ¿Exactamente qué estoy esperando? Pues… Eso tampoco lo sé. ¡Agh, no sé nada! La única certeza que tengo es que mi compañera no aguantará mucho tiempo más. Vuelvo a crear el platillo y sin saber muy bien lo que estoy haciendo me abalanzo contra el dios. El arma desprende un brillo plateado al igual que yo, pero no siento que haya cambiado demasiado. Da igual, luego pensaré. Puedo estar peleando contra el creador de todo un imperio, pero mis costumbres son las mismas: busco su espalda. Doy una estocada a la altura del corazón y resulta sospechosamente fácil de atravesar.

—Me he dejado dar, ¿sabes? Pensé que tú podrías matarme y así no tendría que condenar al imperio entero, pero eres decepcionante. ¿Por qué me mentiste, Auriel…? Bueno, da igual. Serás polvo para el Apocalipsis.

Creo que es la mirada más triste que alguien me ha dirigido. Este hombre… Nada anhela más que su propia destrucción. No debería empatizar con él, ni siquiera soy de esa clase de persona, pero tampoco puedo dejar de pensar en cuán agobiante debe ser vivir queriendo morir. No es que le esté haciendo un favor al intentar matarle, no es que le esté haciendo un favor al imperio al intentar salvarlo, yo solo quiero regresar a Yhardum. La Aguja de D comienza a brillar con aún más fuerza y poco a poco sus vendas empiezan a separarse, mostrando un acero impolutamente plateado.

Gruño con la esperanza de acabar con Enoc, adapto la postura para propinar una estocada y me lanzo al ataque. Conforme avanzo la aguja brilla cada vez más, pero la expresión de Enoc se ve tan desinteresada como cuando le conocí. Ya verás, viejo estúpido.

—Es inútil…

Una gigantesca barrera de luz se interpone entre Enoc y mi arma, provocando una colisión devastadora que me hace arder el brazo. Ahora grito de dolor. El murallón desaparece y ahora es Enoc quien está frente a mí, mirándome con tristeza. Intento contraatacar, pero de un bofetón me tira al suelo. Si no hubiera creado una película de sangre, habría perdido el conocimiento. Ese maldito hijo de perra se ha contenido y aun así no puedo mover un solo músculo. Todo me duele, la cabeza no me deja de sangrar y comienzo a ver nublado.

—Ya te lo dije, Hija de la Luna. Es inútil.

Enoc me coge de un brazo y me echa al hombro. Luego, vuela hacia la enorme montaña.
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Mensaje por Nayelis Vie 19 Mar 2021 - 22:04

Enoc era demasiado fuerte para Victoria y ella tampoco podría hacer mucho más. Nuestros rayos de luz acabaron por explotar debido a que ninguno lograba comer terreno del otro, haciendo que yo saliera disparada unos metros atrás mientras que Enoc se desplazó unos milímetros. Esto no impidió que me viera con cierto "respeto" pues parecía que en mil años era la primera persona que le estaba poniendo en cierto aprieto. ¿Quién iba a decir que su hija más joven tuviera este poder? Quizás se lo debía a la reliquia que me había comido.

Entonces plegué mis alas y cuando me dispuse a saltar contra Enoc pude ver como Victoria, cual ratoncillo apareció  junto a él y trató de darle una estocada. Tuvo éxito pero parece que el golpe no le hizo daño en absoluto a Enoc. Si aquel golpe no lo mataba ya no sabía que podíamos hacer.

Enoc tenía otros planes para con Victoria puesto que no dudó en contratacar a la muchacha y agarrarla en cuanto esta caabó su "acometida". Cualquiera podía pensar que Enoc estaba pasando el tiempo más que peleando, y eso era muy, muy preocupante. Además de no estar contento con humillarnos en combate, el dios viviente agarró a Victoria y se la llevó a la montaña que teníamos en la lejanía. Ahora el problema era doble....tocaba matar a Enoc, pero también salvar a mi compañera.

Todavía notaba algo de fuerza y vigor en mi, sorprendiéndome todavía por mi apariencia. Como no había tiempo que perder volví a plegar las alas para salir disparada rumbo a la montaña. Si el resto de nuestros compañeros me seguía , la batalla pasaría a la montaña, y no sé si eso era mejor o peor.

-¡Enoc es mío!- grité mientras mantenía el vuelo- ¡El resto tratar de salvar a Victoria, si le pasa algo no os lo perdonaré!

Normalmente ignoraba la vida de otra gente, pero Victoria había sido mi compañera todo este tiempo, me había ayudado y no me había dado la espalda...así que creo que se merece una oportunidad. No iba a permitir que Enoc la matara o la usara de escudo.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 20 Mar 2021 - 23:08

Me duele la cabeza y todo es un maldito caos. He conseguido estabilizarme luego de ese poderoso “ataque”, y con esto me refiero al delicado bofetón que Enoc me dio. No tengo ninguna oportunidad de vencer a alguien así. ¿Por qué he decidido unirme a toda esta mierda…? Agh, no sacaré nada pensando en ello, ahora mismo tengo que encontrar la manera de huir o hacer algo, no sé.

Estamos dentro de la montaña, creo. Aquí todo es de roca blanca a excepción del gigantesco cristal azul que zumba mis oídos y está suspendido en la nada. Si a esta gente le encanta romper la física. Hay una serie de aparatos tecnológicos a su alrededor. Tengo un mal presentimiento sobre esto. ¿Y por qué el techo tiene una parte abierta? Puedo ver el cielo desde aquí. Tan bonito que es, sí, tan bonito…

—Como te he traído, vendrán Dregan y el resto de ángeles. El shinsoo de quien no ha firmado el contrato es el ingrediente final, pero con el tuyo no bastará —me dice el anciano mientras contempla el enorme cristal.

Quiero decirle que no se saldrá con la suya, pero las frases clichés no son lo mío. ¿Puedo estar en una situación peor? Un puto dios me ha secuestrado, el mismo que quiere usarme de sacrificio. Si no quisiera hacerlo igual moriría porque todo esto explotará, así que básicamente no tengo muchas opciones. Si quiero vivir, debo pelear. Por Helen. Por Jaine. Por mí. Porque no puedo seguir siendo el mismo monstruo de siempre, porque alguien me espera en Yhardum.

Es entonces que veo una luz dorada en el cielo. Es un diminuto punto que poco a poco se hace más grande, pero sigue estando tan lejos que ningún humano podría alcanzarlo. Incluso Enoc se sorprende cuando ve que el cielo nocturno empieza a iluminarse, y ahí recuerdo las palabras de Auriel: «Canta el himno cuando el sol ilumine la noche y acudiré a tu ayuda!». Ahora lo entiendo todo. Se ha dado de una manera tan sutil que no me había dado cuenta, pero tengo tanto el himno como las condiciones. ¿Sería un vacío legal del contrato que le ata a las Puertas de Praha…? Ya me lo explicará, aunque no sé cómo Auriel enfrentará a Enoc.

Puede que no sea la mejor recordando cosas, pero me acuerdo de la canción que me cantó Judith. Y empiezo a cantar. Las palabras salen por sí solas, escapan por mis labios en forma de susurro, pero poco a poco ganan más y más fuerza. Enoc desvía su mirada hacia mí, preguntándome qué estoy haciendo. Sigo cantando, no me detendré ahora. Me siento ridícula, pero también inmensamente tranquila. Como si todo el peligro hubiera desaparecido de golpe.

—¿No estarás…?

«Sabía que lo lograrías, Anna», escucho dentro de mi cabeza. Y entonces un rayo de luz cae directamente sobre mí. Es más caliente que cualquier cosa que hubiera sentido, pero no me quema. «Te prestaré mi poder para que puedas encender la Aguja, pero tendrás solo una oportunidad. Úsalo bien y sálvanos a todos». El dolor desaparece de mi cuerpo, así como el aura plateada vuelve a nacer. Me siento increíblemente fuerte, tanto que podría empujar una maldita montaña con mis manos.

—¡Déjala ir, padre! —ruge Raciel desde el cielo, cayendo en picada hacia nosotros—. ¡Y termina con esta locura! ¡Has perdido la razón!


Ahora sí ha empezado la batalla final.
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Mensaje por Nayelis Dom 21 Mar 2021 - 9:34

Empezaba a notar que el cuerpo me fallaba y mis alas comenzaban a notarse cansadas. Parecía  que aquel "chute" de mi primera transformación se había diluído muy rápidamente, y no me extrañaba. Pero todavía conservaba unos restos para poder volar hacia la montaña y aterrizar en uno de los salientes por el que había entrado Enoc y Victoria.

El resto de ángeles venían detrás mía, salvo nuestros amigos que me tomaban ya la delantera. Una vez traté de aterrizar no pude evitar notar que finalmente se me acabó el chute.

"Mierda".

Mi cuerpo volvió a transformarse en humano haciendo  que me pegara una hostia contra el suelo, pero estaba bien ya que había poca altura. Dicho esto, me levanté y procuré correr montaña adentro. No podía evitar pensar en como estaría Victoria, sobre todo porque era ella quien tenía la Aguja de D en su poder. Si no  se lograba hundirla en el pecho de mi padre, malo. Enoc había demostrado  ganarse el apodo de "divino", pues las armas no hacían mella en él...ni siquiera las que parecían destinadas a matarlo.

Corrí por un túnel hasta salir a lo que parecía el centro de la montaña, hueco totalmente. Y allí estaban Vcitoria y Enoc juntos. Entonces cuando traté de transformarme sin éxito debido al cansancio que tenía un fulgor de luz blanca salió del cielo. ¿Más problemas?.

No, era Raciel, el primero de caballería de nuestros colegas que cargaba como un aguijón contra Enoc. Aquello era un ataque suicida pero no era diferente a lo que iba a hacer yo. Intenté concentrarme todo lo que podía para poder ayudarle, sin embargo solo logré invocar un par de alas, no siendo suficiente.

"¡Joder estoy seca".

Me puse de rodillas mirando la escena. O bien Victoria iba a ser asesinada por Enoc, o bien Raciel salvaría el día. Miré para los lados a ver si podía distraer a Enoc lanzándole algo para que desviara la vista, aunque dudo mucho que lo hiciera cuando alguien le estaba atacando de frente. Como no podía hacer nada me quedé allí, inmóvil, pensando en como.... ah espera creo que ya sé.


En un último esfuerzo traté de canalizar las energías que me quedaban para poder transformarme, y lo logré muy malamente, pero adopté la forma de ángel. Así que di un salto al vacío y comencé a volar en dirección a Enoc, concretamente por su espalda. Si ahora estaba entretenido con Raciel y Victoria no vería un golpe desde la espalda....creo.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Lun 22 Mar 2021 - 17:34

Luciel detiene a Raciel y la batalla entre hermanos continúa. El diminuto punto en el cielo se vuelve cada vez más brillante. Y por mi parte siento una fuerza sobrehumana que invade cada rincón de mi cuerpecito. Algo ha hecho Auriel, es obvio. ¿También puede crear contratos o acaso es el rey de los acertijos? Aquí se ha hablado de profecías y un montón de mierdas esotéricas más, yo ya no sé qué creer. Pero sí estoy segura de algo: le estoy haciendo frente a un jodido dios.

Los movimientos de Enoc son tan rápidos que en condiciones normales no podría verlos, pero con la fuerza de Auriel me es posible. Creo la primera Esfera de Shinsoo y la transformo en el disco volador. Me subo a este y arremeto una vez más contra Enoc. Sorprendido y ofendido en partes iguales intenta golpearme, pero lo esquivo en el último instante. El intercambio de golpes es brutal. Puedo ver a través de él como si tuviera alguna especie de poder especial. Bueno, lo tengo. El aura plateada, la máxima expresión del shinsoo, se vuelve cada vez más intensa y con ello mi fuerza sigue creciendo.

Nuestro intercambio de golpe provoca explosiones, estallidos violentos que hacen retumbar la montaña entera. Enoc me toma del pie y sin ninguna expresión en su rostro me envía a volar, golpeándome contra el enorme cristal. Me duele, pero puedo soportarlo. Enoc reúne shinsoo en sus manos y me lanza un rayo de luz. Uso la segunda Esfera de Shinsoo para crear una barrera aún más resistente gracias a mi sangre endurecida. No sé lo que ha hecho, pero el cristal ha empezado a brillar.

—Para cuando Apocalipsis se haya calentado tú ya serás polvo y entonces te usaré para ser libre —me dice Enoc, mirándome con desprecio. Bueno, al menos ahora me mira.

«¡No queda mucho tiempo, tienes que encender la Aguja!», escucho la voz de Auriel en mi cabeza. ¡Lo sé, maldita sea! Venga, esto solo se trata de inyectarle energía, así que… Los gritos se me dan muy mal, pero sirven para liberar tanto emociones como shinsoo. Eso me dijo Raciel. Las vendas de la aguja continúan desprendiéndose y esta vez Enoc no me detiene, sino que se queda mirando casi esperanzado. Por fin, después de tantos intentos, consigo ver la hoja que se esconde tras las vendas ensangrentadas. No es bella y está llena de abolladuras, pero tengo la esperanza de que servirá.

Vuelo lo más deprisa que puedo hacia Enoc y entonces le atravieso el pecho con la Aguja supuestamente encendida. Una mueca de dolor aparece en su rostro y un hilo de sangre escapa de su boca. El desprecio de su mirada ahora es alivio. Pero qué le pasa a este maldito lunático… Se ha dejado dar el desgraciado. Reúno aún más energía y hago que la Aguja brille con más fuerza que nunca.

—Es la primera vez que mato a un dios —digo sin quitar la mirada.

—Ya te lo dije, niña, no soy ningún dios. Y tampoco me has matado —responde, estirando sus manos hacia mí y envolviéndome en un abrazo. Está haciendo calor—. No importa cuánto lo intentes. Te convertirás en polvo y Apocalipsis te devorará junto a Dregan para destruir Praha de una vez. Por fin seremos libres…

El cristal zumba con violencia y me da que tiempo no me queda. Intento liberarme, pero me es imposible. El anciano tiene muchísima fuerza. ¡Agh, maldita sea! Reúno más y más shinsoo para alimentar a la Aguja de D, pero no pasa nada. O eso creía yo. En realidad las vendas se están moviendo como si tuvieran voluntad propia.
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Mensaje por Nayelis Lun 22 Mar 2021 - 18:43

Mi ofensiva por la espalda no resultó como esperaba, ya que Vitoria había comenzado una pelea individual contra mi padre. No pude ni acercarme unos metros a su lucha, ya que los golpes que se propinaban uno al otro provocaban grandes ondas de choque y estallidos que me impulsaban hacia atrás.

"No puedo, ni siquiera con el poder de la Madre puedo ayudar a Vic" pensé impotente mientras trataba de acercarme a la pelea. Apreté mis puños y comenzaba a notar que las fuerzas, las pocas que em quedaban me iban a fallar de un momento a otro...así que...banzai.

En el aire arqueé mis piernas como si fuera a salta de un trampolín, y una luz blanca comenzó a emanar de mi. Todavía no estaba familiarizada con los poderes que tenía, pero sabía que al menos podía canalizar mis fuerzas para un último golpe. Así que viendo que Enoc estaba totalmente distraído con Victoria salí disparada como un cohete hacia ellos, concretamente hacia la espalda  de Enoc. Cuando me asómé por encima de su hombro parecía que estaba echándole algo en cara a Victoria, pero no pude saber lo qué, porque así como Enoc puso la vista en mi antes de ver como Victoria le clavaba la aguja, así que  actué para que no pudiera recapacitar y que su shock por el ataque de Vic continuara. Parecía que Enoc había sufrido algo de daño, pero no tardó en responder a Vic con..¿un abrazo?

-¡Enoc!- dije alzándome por encima de él provocando que el "dios " girara la cabeza sin soltar a Victoria- ¡Tu regalo del padre!- dije antes de girarme sobre mi misma para propinarle una gran patada en la cara con toda la energía que me quedaba. El pie se había imbuido en una extraña luz blanca, que nada más golpear la cara de Enoc provocó que este soltara levemente a Victoria de su abrazo mortal. Pero el dios no tardó mucho en recuperar la compostura y agarrarme a mi ahora de la pierna.

-¡Esto no va contigo hija!-dijo lanzándome por el aire contra la montaña, chocando yo con esta y desapareciendo entre los escombros. Enoc por su parte miraría a Victoria de nuevo. ¿Habría aprovechado mi amiga esos segundos de distracción?. No tenía ni idea, pero yo ahora estaba en mi forma humana tirada contra la pared de la montaña. Al menos estaba en zona "segura", al menos hasta que Enoc viniera a por mi. Pues ya no me quedaban fuerzas, y mi poder estaba agotado...cosa normal siendo la primera vez que lo usaba.
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