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Cuentos de una niña [Pasado][Privado]

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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 9 Mar 2021 - 2:06

Han pasado varias semanas, si es que no meses, desde que abandoné Yhardum y me sumergí en este vasto mundo. He ido de isla en isla buscando cualquier pista que me acerque al Ejército Revolucionario. Pensé que me tomaría medio año encontrar información relevante sobre esta organización, pero al final tardaré mucho más. Estas ratas sí que saben esconderse. ¡Agh, maldita sea! ¡Debo regresar a Yhardum y comprobar que Helen está bien! Len hará todo lo posible para evitar que la única amiga que tengo en la Santa Inquisición despierte, y no sé si Michael cumplirá la promesa que me hizo. Debo apresurarme, no importa lo que tenga que hacer…

Ahora mismo me encuentro vagando en la ciudad de English Garden; no por gusto, evidentemente. Acabo de salir de prisión. Hace unos días me pillaron robándole a un mimo en el mercado central y como no tenía dinero para pagar la multa pues me encerraron. Towerbridge es como la copia elegante y refinada de Yhardum. La arquitectura es bastante parecida salvo porque todo se mantiene muchísimo más limpio. Uno de los detalles es el frío que hace. No lo voy a negar: lo estoy pasando mal. La capa que robé hace unas semanas se la quedaron los malditos guardias y apenas pude recuperar mis botas. Por suerte mi traje de cuervo y el resto de mis cosas siguen escondidas.

Estoy hambrienta y tengo frío. ¿Existe acaso una peor combinación? Podría robar algo, pero como me acerque al mercado central volveré a prisión y no me apetece, la verdad. Deambulo por el puerto, pensando en qué tan buena idea es comerme un pescado crudo. Sin embargo, los pescadores parecen mucho más rudos que el mimo de la otra vez… Ay, pobre de mí. Puedo ser sigilosa y bastante buena robando, pero incluso mis habilidades tienen límites. Y más si es que no he comido nada en días. ¿Será este mi fin…?

—Al final tendré que buscar comida entre la basura… —susurro sin darme cuenta de que las palabras escapan de mi boca.

Voy con la vista gacha, preguntándome qué hice mal para merecerme todo esto. Estoy en esa fase de la vida donde lo único que puedo hacer es lamentarme, pero ya saldré de este hoyo. Por ahora déjenme estar en la mierda, por favor. Como decía, voy con la vista gacha y por tanto entenderán que es difícil darme cuenta de que hay alguien frente a mí. Mi cara choca contra algo suave y no tardo en perder el equilibro.

—¡Oye, ten cuidado! —le digo como si no hubiera sido yo la culpable.
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Mensaje por Cheshire Mar 9 Mar 2021 - 12:47

Aquellos días no habían estado tan mal. Hacía apenas una semana que había llegado a esa isla, y apenas empezaba a comprender las partes de las que se componía la ciudad principal. Daba igual cuánto intentase acordarse de las zonas que ya había visto, para ella era como si todo cambiase de lugar de la noche a la mañana. Incluso aunque pudiese llegar a recordar un edificio en concreto -cosa que no hacía-, la mañana siguiente había desaparecido de la nada y allí solo quedaba otra cosa más con la que complicarse la vida. Claro que en realidad la culpa era suya por no tener ni un mísero ápice de orientación, así que no podía culpar a la ciudad.

Nada más salir dicha mañana, se había propuesto llegar hasta Lambhill, en un intento por conseguir algo de ropa de abrigo y, tal vez, unos guantes mucho más resistentes que los que se solía agenciar. Sin embargo, nada más bajar del techo en el que había pasado la noche, acabó por meterse en un callejón, y finalmente llegó -sin tener ni idea de cómo- hasta Floodport. Supo que no se trataba de la zona rica en cuanto empezó a ver los puestecillos en la calle, las tiendas y los comercios en general. No era precisamente lo que buscaba, pero de alguna forma podía llegar a servir, y por eso mismo llevaba varias horas dando vueltas por allí, buscando entre el gentío.

Como siempre, pasar desapercibida resultaba fácil. Conseguía atravesar a la multitud de forma precisa, observando cada pequeño hueco entre ellos para seguir andando. Era discreta, y evitaba pegarse demasiado ante los demás, puesto que no tenía pensado -ni mucho menos- que alguien le tocase sin querer aquella mañana. Por un momento, la joven de cabellos plateados se detuvo ante un pequeño puesto. No tenía muchas cosas, pero pudo observar algo que le llamó la atención. Unos guantes completamente blancos, que lucían suaves al tacto se presentaron justo delante de ella, como si se tratase del mayor de los tesoros. Y es que, para ella, ese tipo de cosas valía incluso más que el oro.

No llevaba mucho dinero encima, y unos guantes tan perfectos seguramente valdrían un buen pellizco. No podía permitírselos bajo ningún concepto, puesto que además, el dinero que llevaba encima estaba reservado para las comidas, al tratarse de algo mucho más difícil de robar. Bueno, eso y que últimamente se sentía algo insegura a la hora de robar comida, pues la última vez que intentó hacerlo acabó siendo perseguida por las autoridades locales. No es que le sorprendiese dicho acto, ella sabía a qué se exponía haciendo ese tipo de cosas, pero tampoco sentía remordimientos por sobrevivir, aunque fuese de esa forma.

Comprendiendo los riesgos, los beneficios y, en general, tras haber hecho una balanza mental para asegurar que aquello valía la pena, terminó por acercarse hasta que se encontró justo delante de los guantes. Aprovechó la más mínima distracción del hombre, hablando con otros clientes y recibiendo pagos para alargar una de sus manos hasta los preciosos guantes. Tan solo un momento después, sintiendo la tela bajo las yemas de sus dedos -también cubiertos por fino algodón negro, al igual que el resto de sus manos-, desapareció entre la multitud como si nunca hubiese estado allí. Con una sonrisa en la cara, se movió, nuevamente esquivando a la gente, y cuando estuvo más o menos alejada del lugar, sacó su tesoro para verlo.

Sus ojos se iluminaron enormemente al verlos. Su tacto era incluso mejor de lo que había imaginado. Eran suaves, y parecían más resistentes que los que actualmente llevaba. Eran una obra maestra, al menos para ella, y ahora eran suyos. Tan ensimismada estaba observándolos, que no se dio cuenta de lo que tenía delante, incluso aunque se trataba de otra persona. Los guardó en su pequeña bolsa, y justo al emprender nuevamente su camino, chocó contra alguien más.

El miedo se apoderó de ella nada más hacerlo. Al instante, comprobó lo que tenía delante, observando a una joven. Por su parte, se echó un par de pasos hacia atrás, evitando el nuevo tacto con alguien más. Sentía aquella zona en la que había golpeado a la chica, podía notar su tacto incluso aunque no había sido duradero. Sabía que sus manos estaban temblando, y aunque no estaba segura de cómo lucía su rostro en aquellos momentos, estaba segura de que no era precisamente tranquilo. Intentó tartamudear algo, sabía que no podía quedarse callada en una situación semejante, pero las palabras no terminaban de abandonar sus labios. Aquel estado de pánico se prolongó varios segundos, interminables para ella. «Ya está, ya está. No te está tocando. No está cerca. Hay espacio» Se repitió mentalmente, mientras trataba de calmarse internamente. Por suerte únicamente había sido un pequeño choque, y no había riesgo de que aquello volviese a pasar nuevamente.

- Lo siento.- Dijo finalmente, con una voz neutra, algo dubitativa con respecto a lo que la joven que tenía delante había dicho. Creyó que podía resultar medianamente lógico disculparse con la persona contra la que se había golpeado, y lo hizo. Tal vez otras personas incluso se detuviesen a ayudarla, pero eso no entraba en sus planes.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 9 Mar 2021 - 17:19

¿Por qué la indiferencia de esta persona me molesta más de lo que debería molestarme? Puedo imaginar que se debe a mi malhumor producto del hambre, pero me conozco lo suficiente para saber que estaría excusándome. No, la razón es ella. Ella y su bonito y sedoso cabello plateado. Ella y sus grandes y atractivos ojos ágatas. Ella y su porte de noble, sus prendas aparentemente costosas. Supongo que no valgo más que un «lo siento». Si he sido una marginada toda la vida, ¿por qué habría de cambiar ahora? Los nobles siempre nos verán como basura y no importa cuánto tiempo pase, esto jamás cambiará.

Sin embargo, puedo reconocer en su mirada cierto destello que me resulta familiar tras haberlo visto innumerables veces en mis propios ojos. Creo que estoy juzgando erróneamente a esta persona, y eso podría llevarme a cometer un error mortal. O no. Puedo estar equivocándome, pero es imposible que una rata asustadiza como esta pueda hacerme daño. Huelo el miedo en ella como tantas veces lo olí en Yhardum. ¿O acaso el horror que vi tatuado en su rostro cuando chocamos fue producto de mi imaginación? No, esta chica esconde algo.

—Dame dinero, tengo hambre —le digo casi en un susurro, estirando la mano—. O les diré a los guardias que eres una ladrona.

Mi primera impresión sobre ella me jugó una mala pasada, pensé que era una noble estirada como cualquiera que viste prendas elegantes, pero es imposible que pueda ocultarme su naturaleza de ladrona. Es más o menos como ese dicho que dice algo así: «Nunca le mientas a un mentiroso». Ja, esta farsante es de la misma calaña que yo. Ambas somos unas sucias ladronas que hacen lo necesario para sobrevivir en esta jungla llamada sociedad.

—Quiero ir a ese restaurante —continúo con la extorsión—, nunca he ido a uno. Si no tienes dinero dame los guantes. Los venderé en el mercado. Y también quiero tu capa, me estoy congelando.

Vale, puede que me esté pasando un poco con ella. Nunca he sido de las que abusan de los débiles porque he estado en su lugar, pero ahora mismo necesito muchas cosas. Y, si tuviera que elegir entre ella y yo, creo que la respuesta es obvia. Joder, si hasta parezco una auténtica villana… ¡Pero juro que soy la víctima en todo esto! Puede culpar a los guardias que me quitaron la única capa que tenía. También me gustan sus botas, pero eso sí que sería pasarme. Tampoco soy un monstruo, ¿sabes?
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Mensaje por Cheshire Mar 9 Mar 2021 - 18:46

Durante un par de segundos, se dedicó en su mayor medida a observar el rostro de aquella chica. Lo examinó, como si estuviese percatándose de cada pequeño detalle, cada cosa milimétrica que pudiese otorgarle cierta ventaja sobre aquella situación desconocida y agobiante. Cuando no vio nada relevante, trazó una mirada rápida sobre su cuerpo. A primera vista, era una chica común, como ella. «Una persona común que me ha tocado sin querer» volvió a decirse, como si aquello pudiese llegar a aliviar su corazón latiendo rápidamente. Servía para algo, aunque no demasiado ciertamente. Por suerte, entre aquella calle llena de gente, parecía que los demás les ignoraban, que no se acercaban tanto, cosa que le alegraba. Aún sentía la necesidad irracional de salir corriendo frente al tacto de lo desconocido, pero sus pies no se movían.

Distraída, la suave voz de la chica se hizo presente entre aquel pequeño espacio que compartían. Tardó apenas un segundo en prestarle atención nuevamente, alzando la mirada hacia sus ojos, como si hubiese sido atrapada contra un callejón sin salida. Y es que ciertamente, se trataba de algo similar. «Dinero...» pensó, haciendo una rápida cuenta mental de cuánto llevaba encima. No era suficiente para ambas, ni mucho menos. Si le entregaba unas pocas monedas, tal vez sintiese que le estaba estafando, pero tampoco quería quedarse sin comer. No sabía cuándo podría llegar a robar sin arriesgarse a que le pillasen, más aún en esa ciudad, y ya se había excedido cogiendo los guantes. ¿Prefería quedarse sin comer un par de días a cambio de su silencio? Estaba la opción de darle los guantes, o la capa, pero sabía que sin ella acabaría muriendo alguna de las noches estando a la intemperie. Los guantes, por otro lado, no suponían un mayor problema... salvo que le habían encantado.

- No puedo invitarte, no tengo suficiente. Y si te entrego la mitad de mi dinero, no podré llegar a la siguiente isla.- Continuando con la neutralidad en su voz, terminó por decantarse por la situación más lógica y que seguramente podría proporcionarle cierta estabilidad. Sacó los guantes, blancos e impolutos, y se los lanzó directamente, evitando cualquier tipo de contacto que pudiese haber entre ambas.- Eso es lo que puedo darte. Son de buena calidad, te darán algo por ellos seguro.- Por un momento, se preguntó si había hecho lo correcto al dárselos sin más. Desde luego que odiaba que le extorsionasen, pero no sabía si habría podido llegar a huir de los guardias en caso de que ella hubiese dicho algo. Seguramente no, puesto que, por mucho que hubiese atendido a las localizaciones de salidas cercanas, lo más probable es que acabase entrando en mitad de la plaza central, o algo así. No podía permitirse el lujo de ser atrapada por hurto. Debía sobrevivir, y aunque parecía una situación del todo complicada, por su parte pensaba que había hecho bien al entregarle los guantes, incluso aunque le dolía internamente haberse dejado chantajear.

Ladeó la cabeza, como si estuviese esperando una especie de permiso para poder proseguir con su camino. A primera vista le había parecido alguien común, como ella, y cada vez le quedaba más claro que estaba en una situación igual de delicada que la suya. Al menos, en cuanto a comida y atuendos. No podía evitar pensar qué le había llevado allí a esa joven. Con la cantidad de problemas que ella misma había tenido a lo largo del tiempo, ver a alguien de esa forma le hacía pensar que, efectivamente, la suya tampoco había sido una vida fácil. «Qué triste que el mundo funcione así», se dijo, y no pudo evitar componer una tenue mueca en su rostro, de lamento.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Miér 10 Mar 2021 - 17:41

Comienzo a sentirme un poco mal por lo que estoy haciendo. Sí, he matado y robado un montón de veces, pero esto se siente diferente. Me sentiría peor si esta chica no me cayera tan mal. ¿Quién dice que le estoy pidiendo que me invite a comer? ¡No, esto es un maldito atraco! ¡¿No he sido clara?! Da igual, en serio que da igual porque esa manera tan despectiva de lanzarme los guantes a la cara me ha quedado grabada en la cabeza. «Tómalos, sucia pordiosera, yo no los necesito. Y ahora deja de molestar». Puede que no lo haya dicho, pero eso ha dado a entender. Quizá sea una sucia pordiosera, pero tengo un poco de orgullo que defender.

—Odio a la gente como tú que mira por encima del hombro a los demás —le gruño en un tono de voz tan bajito como siempre.

Genero una mancha de sangre en mi estómago con tanto disimulo que solo yo podría haberme dado cuenta, y entonces comienza a propagarse por mis prendas. Miro a la chica con expresión sombría. Quiero que le quede claro cuán mal me cae. Con un movimiento tan rápido como imperceptible le lanzo un sutil chorro de sangre a la mano, y dejo caer una de mis dagas bajo sus pies. Los nobles se creen tan importantes, tan superiores que jamás miran hacia abajo para darse cuenta de a quién están pisoteando. Si no dejé que nadie me pisoteara en Yhardum, no lo permitiré ahora estando en una ciudad mucho más civilizada que mi hogar.

Esto se ha vuelto algo personal, Cara Pálida, pienso sin perderla de vista.

—¡Agh! ¡Ayuda, me ha apuñalado! —grito, desmoronándome y cayendo de rodillas—. ¡Guardias, por favor, está armada!

Le dedico una sonrisa maliciosa cuando escucho las pisadas de los guardias acercándose a toda velocidad. El sonido de las placas de metal chocando entre sí me es curiosamente familiar. Y los soldados que vigilan día y noche la ciudad no tardan en llegar. Presiono la supuesta herida con mis manos y finjo esforzarme para colocarme en pie. El guardia pregunta qué ha pasado aquí y le suelto una gran mentira:

—Le he pillado robando estos guantes y decidí encararle, pero entonces me apuñaló —respondo sin dejar de mirar a la chica. No sabía si los había robado, aunque poco importaba. Acabaría en prisión por hurto e intento de asesinato—. Ay, me duele…

—Espera, yo te conozco… —me dice el guardia. Creo que al final me meteré en problemas. ¡¿Por qué tiene que ser justo el que me atrapó robando el otro día?!—. ¡Eres la chica que le robó al mimo! No sé en qué andan ustedes dos, pero me acompañarán al cuartel. Vamos ahora mismo.

¡¿Pero cómo ha pasado esto?! ¡Se supone que soy la víctima! ¿No debería agradecer mi valentía por intentar capturar a una ladrona? Maldición, lo último que necesito es otra noche en prisión. ¡Y los guantes se los está llevando también! ¿Cómo podré comer si es que no los vendo en el mercado? Esto me pasa por malintencionada…
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Mensaje por Cheshire Jue 11 Mar 2021 - 2:35

Tardó un momento en entender a qué se refería con aquellas palabras. ¿De verdad le había tratado condescendientemente? No estaba segura. Repasó rápidamente la conversación, y no pudo percatarse de los detalles que englobaban sus palabras. Le había resultado muy duro entregarle esos guantes, no creía que alguien pudiese enfadarse por eso. Supuso que, una vez más, se trataba de las formas a la hora de decirlo. Nunca se le había dado bien hacer amigos, desde luego, ni tampoco hablar con los demás. Ladeó la cabeza, buscando cómo disculparse, o cómo llegar a entender lo que la joven estaba pensando, pero no se le ocurrió gran cosa. Cambió de estrategia, y se preguntó si algo de dinero podría llegar a arreglar el malentendido. Al fin y al cabo, eso era lo que había querido en un principio. Pero seguía sin poder entregarle nada. Con la cabeza dando vueltas, y sin saber bien cómo remediar la situación en la que se había metido sin querer, apenas llegó a darse cuenta de lo que ella estaba intentando. En cualquier otro motivo, seguramente se hubiese percatado mejor de los detalles, pero las interacciones sociales eran su debilidad, y desde luego aquella no estaba siendo una excepción. Para cuando Cheshire se percató de lo que estaba ocurriendo, ya era tarde. Sintió la sangre empapar su guante derecho, y al instante notó la inmensa necesidad de quitárselo de encima. Pasó muy rápido, puesto que estaba acostumbrada a ese tipo de situaciones: apartó aquel guante de su mano, y sacó uno de repuesto de un pequeño bolsillo que llevaba en la túnica. Mientras se lo ponía, escuchó la voz de aquella chica, y se horrorizó. Estuvo a punto de dejar caer el guante, pero las pisadas de los guardias solo hicieron que se diese una mayor prisa en actuar.

- ¡¿Pero qué dices?! ¡Si yo no te he tocado! - Gritó suavemente, observando la herida que se había creado. No sabía bien cómo lo había hecho, pero la sangre había aparecido como por arte de magia. Por otro lado, lo de que estaba armada era cierto, y no podía evitar que la gente se percatase. No solo llevaba dos espadas casi idénticas atadas a la parte derecha de su cintura, sino que encima también llevaba una daga en el lado izquierdo. No es que tuviese la intención de usarlas próximamente, pero sin duda podrían llegar a resultar un problema. El gentío a su alrededor, alterado, creó un espacio más grande para ellas, haciendo todavía la situación más complicada. «Así no podré pasar desapercibida ni aunque lo intente» pensó, y miró a su alrededor. El nerviosismo se incrementó, las miradas estaban fijas en ella, y sentía su respiración cada vez más agitada.

La cosa empeoró en cuanto los guardias llegaron a la escena. Sintiéndose indefensa, continuó buscando una forma de alejarse de allí. Había algún puesto por el que podría llegar a trepar, pero no sabía si conseguiría darse la suficiente prisa como para llegar hasta allí y alejarse lo suficiente. Seguramente ellos tendrían armas, y resultaría peligroso arriesgarse a un enfrentamiento. Al fin y al cabo, tampoco es que fuese una experta peleando, y no quería que llegasen a tocarle ni hacerle daño.

- De verdad que yo no he hecho na...- Se detuvo al momento, puesto que los guardias cambiaron por completo de objetivo. Al parecer, ella también había estado robando. Dedicándole una mirada de reojo, alzó ambas cejas. Acababan de meterse las dos en graves problemas, y si querían llevarlas al cuartel, seguramente acabarían peor. Tragó saliva, y supuso que, si quería salir de allí sin ser llevada ante la justicia, tendría que actuar. Con toda la rapidez que pudo, desenvainó su dada. No la empuñó directamente, sino que la elevó en el aire. Dejando que aquello sirviese como distracción, como siempre solía ocurrir cuando empezaba con una pelea, terminó de sostener la daga, y trazó un movimiento hacia delante. En lugar de enfrentarse contra el marine, sin embargo, apuntó a uno de los puestos de comida que había cerca, en específico uno de frutas, verduras y algo de pescado. Cortó con el filo de su daga las cuerdas que sostenían varios pescados y que sujetaban las frutas dentro de cajones de madera, y dejó que estas cayesen al suelo.- ¡Corre, idiota, estos problemas son por tu culpa! - Gritó hacia la joven que tenía detrás. Incluso aunque hubiese sido todo culpa suya por querer meterle en un problema, no iba a dejarla ahí para que cargase con todas las culpas sola. También había sido problema suyo por haber robado esos guantes en un principio.

Echó a correr por el lugar, observando de reojo a la chica por si acaso le había llegado a entender, y empezó a buscar una forma de subir hasta los tejados, para tener una mejor estabilidad y una mayor posibilidad de salir de allí, a poder ser sin esposas. «¡Tengo que convertirme en pirata, no pueden atraparme aquí, demonios!» se dijo a sí misma, mientras intentaba encontrar cualquier zona que le diese una ventaja, incluso aunque no recordaba ni siquiera dónde estaba.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 13 Mar 2021 - 0:00

—¡No te atrevas a tocarme! —le gruño al guardia, golpeando su mano cuando va a agarrar mi brazo—. ¡¿Es que no ves que soy la víctima?! ¡Ya pagué por el robo del otro día!

Mis palabras no sirven de mucho porque, curiosamente, la niña ricachona ha decidido actuar. Como acaba de empuñar una daga, no pienso quedarme quieta y hago lo mismo. Esto será un duelo a muerte, perra. Pero no, no me ataca ni se abalanza contra el guardia. Claro que no, los ricachones no hacen esas cosas; siempre son más listos. Corta la cuerda que sostiene el techo de una de las tiendas, provocando que este se desmoronase sobre el marine. Y entonces me grita que corra, que por mi culpa estamos en problemas. ¡No, no es por mi culpa! Es por su… Esto… Trato deplorable hacia los demás. Sí, por eso es que estamos aquí.

Como sea, no quiero pasar una semana en el calabozo por no haber hecho nada, así que hago caso a las palabras de la niña ricachona y comienzo a correr. Es difícil hacerlo cuando hay tantísima gente, pero no es la primera vez que lo hago. Soy pequeña y escurridiza, paso entre medio de las personas y corro hacia… ¿Hacia allá queda Mudleaf? Tengo un mal presentimiento, pero como los guardias han comenzado a seguirnos supongo que no debería detenerme ahora. Me pregunto si recordarán mi rostro. Lo último que necesito es un cartel de “Se busca” con mi cara grabada en él.

Si bien la niña ricachona puede seguirme el ritmo, noto que sus movimientos son más toscos que los míos. Mucho más. Probablemente no podría escalar un muro de cinco metros ni saltar de tienda en tienda. ¿Por qué pienso esto mientras corro? No es como si su futuro me preocupara, pero… ¡Agh, maldita sea! Si odio algo más que la burocracia, es sentirme adeudada.

Como estoy acostumbrada a moverme en ciudades como esta supongo que este callejón de aquí es la mejor opción. Sí, probablemente acabe en un callejón sin salida, pero esa es la idea. Mientras los guardias gritan que nos detengamos (como si lo fuéramos a hacer), viro bruscamente y entro al angosto callejón. Huele mal, hay un hombre junto a un perro y un montón de cajas de madera. Le grito a la niña ricachona que por aquí. Si es desconfiada, pensará que la he traído a una trampa para pegarle una puñalada, pero no. Esa no es la idea. Le hago un gesto bastante evidente: ella corre hacia el muro del fondo y pisa mis manos para impulsarla hacia arriba. Sí, soy pequeña, pero aun así tengo más fuerza que un adulto ordinario.

—¡Apresúrate! —le ordeno y entonces aguanto la tos. No necesito un ataque de asma justo ahora.

Lo hiciera o no, sería mi turno de correr hacia la pared. Me detengo un solo segundo para comprobar la altura y entonces tomo distancia para echar la carrera. Piso con el pie derecho la muralla y me impulso hacia arriba, repito el mismo proceso con el izquierdo y entonces me sostengo del borde.

—Por el tejado nos moveremos más rápido —le susurro a la chica.

Está atardeciendo, pronto seremos bendecidas por la oscuridad de la noche. Sin embargo, algo me dice que acabaré metida en un gran problema…
Anna Bloodfallen
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Mensaje por Cheshire Miér 17 Mar 2021 - 15:06

Pasar por aquellas calles sin llegar realmente a saber por dónde demonios estaba yendo le resultaba una molestia. No es que no estuviese acostumbrada a ello, pero por norma general no se veía obligada a huir. Incluso fijándose en todo lo que ocurría a su alrededor, intentando averiguar por dónde demonios debía moverse próximamente. Cada callejón se le hacía más complicado, más diferente a lo que había visto, y al final acabó completamente perdida -como siempre- entre la ansiedad que le producía no saber por dónde se estaba moviendo. Hacía varios minutos desde que habían comenzado a correr que la joven a la que había intentado ayudar había conseguido pasar por delante, cosa que agradecía, sin duda, puesto que al menos podía basarse en sus movimientos a la hora de tomar decisiones. «Esto está siendo complicado...»

En cuanto llegaron al callejón, sin embargo, empezó a preocuparse todavía más. Los movimientos de la chica eran ágiles, parecía capaz de desenvolverse bien por su cuenta, pero no podía dejar que le ayudase. No por orgullo, sino porque el simple recuerdo del tacto contra ella le producía temblores. Intentando calmarse, y buscando apresurarse, observó a su alrededor buscando la forma de trepar. Al final, y sin saber muy bien cómo actuar, simplemente tomó una rápida decisión. Cogió una de las cajas cercanas, que tendría que servir como apoyo. Si no lo hacía... bueno, tendría que preocuparse de eso más tarde, en caso de que sucediese. Dejó la caja justo en el borde de la pared, y se preparó para tomar carrerilla.

Corrió todo lo rápido que pudo, y cuando llegó hasta la caja, tomó impulso con ella, aunque no de frente. Sabía que si saltaba de frente no serviría de nada, puesto que la altura seguía siendo un problema. En su lugar, utilizó dicho impulso para mecerse contra la pared más cercana, volviendo a desplazarse para llegar justamente al borde. Cuanto más tardase en subir, menos posibilidades habría de poder subir, así que hizo acopio de todas sus fuerzas para conseguir auparse. Quedando finalmente en la parte superior, algo exhausta por los esfuerzos, observó a los guardias entrando en el callejón. En cualquier otro momento, seguramente se hubiese planteado hacer alguna burla, o semejante, pero no tenía humor para ello. En su lugar, simplemente se levantó, dejando escapar un par de suspiros, relajando la respiración antes de comenzar nuevamente a hacer esfuerzos. Si no descansaba esos segundos, posiblemente acabaría todavía peor, y necesitaba guardar fuerzas para lo que les deparaba.

- Sí, vamos...- Aunque no llegaba a confiar del todo en ella, había intentado ayudarle a subir, cosa que agradecía.- Gracias por intentar ayudarme.- Murmuró por lo bajo, y echó a correr tras ella. Seguramente los guardias no tardarían en comenzar nuevamente la persecución, y el tiempo era algo crucial que debían aprovechar. Por suerte o por desgracia, la noche se haría presente pronto. Tendría que aprovechar el tiempo disponible antes de que ocurriese. Los miedos no perdonan, al fin y al cabo.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Lun 22 Mar 2021 - 18:13

La noche ha vuelto una vez más y, si bien me siento mucho más segura en ella, tampoco negaré los problemas que trae. Por el momento nos hemos librado de los guardias, algo que nunca debió haber sucedido si no hubiera hecho esa jugarreta. Pero lo hecho, hecho está. Es la frase perfecta para excusarse cuando la cagas. Ahora tengo que ver lo que haré para comer porque mi estómago acaba de rugir. ¿Tendré que comer cucarachas y ratas como antaño…? Son asquerosas, pero si pudiera conseguir un poco de sal creo que serían más apetitosas. O puedo intentar atracar a esta chica. Intenté hacerlo antes, pero no me fue bien. Creo que lo de ser bandida no es lo mío.

—De nada —respondo sin dejar de mirar en dirección al callejón—. ¿Cómo te llamas? Para verte como una princesa eres rápida.

Siempre me he considerado una persona callada, pero la ricachona ha alcanzado nuevos niveles. Da igual, tampoco necesitamos hablar. Ni siquiera tenemos que seguir juntas porque, bueno, los problemas han terminado. Buscaré una manera de conseguir comida y ya veré qué hago en English Garden.

—¡Esa maldita bastarda robó los guantes, Eleonore!

Huelo problemas.

Bajo la mirada en dirección a la calle del otro lado de la muralla y allí veo al hombre del mercado junto a una mujer tan grande como musculosa. Sí, nos hemos metido en problemas. Me preparo para hacerle frente, ya estoy un poco harta de esta mierda, pero considero mis opciones cuando la mujer sube al techo de un solo salto. ¡Espera un momento! ¡¿Eso siquiera es legal?! La saltarina, una señora de metro noventa y corpulencia de fisicoculturista, cabellos negros y ojos grises, avanza hacia nosotras.

—Deberían estudiar a sus víctimas antes de robarles, ratitas asquerosas. Ahora quiero los guantes. Un cliente iba a pagar mucho por ellos —nos dice.

—Yo no los robé. Fue ella, es tonta —digo yo, apuntándole con el dedo e intentando salir de esta situación—. Intenté robárselos, pero los tiró y ahora están en el puerto. Deberías ir a buscarlos antes de que se ensucien.

—¡¿Crees que esto es una maldita broma, mocosa?!

Vaya, alguien se ha enfadado. Miro de reojo a mi compañera como esperando alguna respuesta por su parte. No me apetece pelear contra esta gorila, me da a mí que con un abrazo romperá todos mis huesos. Además estoy cansada y hambrienta. Tras considerar mis opciones lo mejor que puedo hacer es correr. Puede que salte alto y sea grande, pero físicamente es imposible que pueda moverse como yo.

—Corramos —le susurro a la ricachona.
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Mensaje por Cheshire Dom 28 Mar 2021 - 12:45

Como siempre, los problemas acabaron por rodearla. Y aunque aquella no era la peor situación del mundo, sí que resultaba asfixiante. Sobre todo porque no acababa de fiarse de la joven que tenía a su lado. Años en la calle le habían vuelto así de desconfiada con los demás, e incluso aunque le había ayudado en cierto modo... bueno, un maleante siempre sería un maleante al fin y al cabo. La joven terminó de tragar saliva, observando el caer de la noche. En cualquier otro momento, justificaría la oscuridad con su falta de orientación, pero ella misma sabía que, independientemente del momento, jamás conseguiría orientarse bien.

- Cheshire, me llamo Cheshire-. Contestó, de forma automática. El comportamiento de la chica le resultaba ciertamente molesto. Lucía demasiado egocéntrica como para mirar más allá, demasiado cruel para el resto del mundo, y demasiado sola. Quizá se hubiese vuelto así precisamente entre soledad, aunque tampoco iba a preguntárselo-. Y no soy una princesa, soy una...- En cuanto escuchó aquellos gritos, supo que la situación volvía a ponerse fea.

Observó a la mujer, aunque desde lo alto se veía bastante mal. Por suerte o por desgracia, la mujer dio un salto hasta donde estaban, y no tuvo que forzar demasiado la vista. En cuanto comenzó a hablar, supo que se trataba de una matona, alguien dispuesta únicamente para presionar e intimidar a sus víctimas. Quizá funcionase en la chica, pero ella ya había pasado mucho miedo tiempo atrás, y un gorila siempre seguiría siendo un gorila.

- Y a mí qué me importan tus clientes. Los guantes eran perfectos, así que tuve que robarlos.- Con total sinceridad, sonrió. Miró un momento hacia la joven, y suspiró profundamente. Era completamente cierto, habían sido unos guantes perfectos, incluso demasiado bien hechos, y ahora estaban en su posesión simplemente para evitar problemas... Problemas que al final habían llegado hasta ellas igualmente.

Por un segundo, escuchó la versión de su acompañante, y elevó una ceja. No le sorprendía que pudiese mentir con semejante facilidad, pero la historia que estaba inventando sí que le resultó curiosa. De cualquier forma, le dejaba a ella mal, pero tampoco le importaba demasiado. Al fin y al cabo, no es que esa gigante pudiese hacer mucho más contra ella. ¿Insultarle? Claro, pero pelear era otra cosa totalmente diferente. Y allí, en aquel tejado, daba igual cuánta fuerza pudiese tener alguien, o cuánto pudiese aguantar.

- Te daré margen-. Susurró por lo bajo a la chica. Por su parte, se agachó un poco, desenvainando una de las katanas que siempre llevaba en la parte izquierda de su cuerpo. La hoja de Mangetsu refulgió por un instante en un débil plateado, casi idéntico al brillo de la luna en el firmamento. Durante la escapada de los guardias se había cansado de huir. Si hubiese estado en otro momento, en otras circunstancias, como se encontraban en ese momento, hubiese luchado, pero entre tanta gente no. Así que, en aquel tejado, se acababa el correr. No había mucho que demostrar, simplemente... prefería librarse de los problemas sin más. Y así, quizás, podría recuperar los guantes a cambio de darle tiempo de huir. Si es que luego conseguía encontrarla.- ¡Bueno! ¿Bailamos?
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 2 Abr 2021 - 21:39

Existen dos tipos de personas: los tontos y los que no son tan tontos. Me gusta pensar que estoy en el segundo grupo. Alguien no tan tonto como yo se daría cuenta de que es mala idea hacerle frente a esa mujer. Ahora mismo nuestra prioridad es escapar, alejarnos de los problemas y escondernos un par de días hasta que los guardias se hayan olvidado de nosotras, pero a mi compañera se le ha ocurrido la maravillosa idea de pelear. ¿En qué momento ha sacado tal valentía? ¿Desde cuándo es tan arrogante como para pensar en vencer fácilmente a esa mole de músculos con tetas?

—¡¿Qué haces?! ¡Tenemos que irnos, los guardias vendrán pronto! —le advierto a mi “compañera”.

Concentro la sangre en mis oídos para escuchar con claridad lo que sucede a mi alrededor. Oigo las pisadas de los guardias, ese chinchineo que hacen las grebas, y los gritos de unos a otros. Se están acercando; no son tan idiotas como me gustaría que fueran. ¿Por qué tanto esfuerzo en atrapar a dos mocosas que no suponen ningún problema para el reino? Yo he robado lo que robaría cualquier huérfano, y Cheshire no es diferente.

—Creo que nos hemos metido en un problema mucho más grande del que imaginas —le susurro a Cheshire, considerando las palabras de la mujer: «Un cliente iba a pagar mucho por ellos».

Debería aprovechar esta oportunidad para desaparecer y cargarle el muerto a la princesa, pero no quiero pasar el resto de mis días odiándome por ser un monstruo. Lo he sido durante el tiempo suficiente por culpa de Yhardum. Ahora que las cosas dependen un poco más de mí… Vale, me terminaré odiando cuando me hayan capturado los malditos guardias.

—Si vas a quedarte a pelear, lo haremos a mi modo. Tú mantén ocupada a la mujer.

Dicho lo dicho, comienzo a huir. Bueno, no estoy huyendo literalmente, solo quiero que parezca que lo hago. Me deslizo por una canaleta y bajo por un tubo de metal, encontrándome en un pasillo lleno de barro y mierda. Huele mal, pero puedo soportarlo. Avanzo agachada y sin hacer ruido alguno, me acerco como un puma a su presa. Mientras la pelea continúa en los techos, yo continúo acechando al mercader hasta encontrarme en su espalda. Llevo una de mis dagas a su cuello y la detengo para evitar cortarle el cuello.

—Dile a tu guardaespaldas que se rinda o te cortaré la puta garganta, ¿me oíste? Y de paso me contarás todo lo relacionado con los guantes.
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Mensaje por Cheshire Sáb 3 Abr 2021 - 3:33

A ver, Cheshire no era una suicida. Sí, había sacado fuerzas de su propia voluntad, algo completamente extraño a lo que normalmente hacía, pero estaba ya cansada de dar vueltas por la ciudad perdida, de intentar llevarse algo a la boca y no conseguirlo, y más aún, de haber perdido el valioso botín que resultaron ser los perfectos guantes que había robado. Se podía decir que se le había agotado la paciencia tras todo eso, y finalmente estaba viendo la situación tal y como era: nefasta. Aquella mujer era grande y ágil, y parecía mucho más fuerte que ella -algo que no era realmente difícil, pero que suponía un problema-. Pero ella tampoco era débil, y había aprendido desde siempre a luchar contra gente más grande. Por norma general solían ser guardias de la ciudad, gente no demasiado dotada pero que de alguna forma tenía que ganarse la vida. Ella era diferente, poseía características físicas más desarrolladas, y sabía que no resultaría fácil acabar con ella sin más.

- ¡Los guardias tardarán en subir! - Aseguró, aunque lo cierto era que no tenía muy claro cuánto llegarían a tardar. Tampoco sabía cómo lo harían, si no había mucha forma de hacerlo más que a pulso. La sola idea de ver a varios marine haciéndose aupa entre ellos le resultaba curioso cuanto menos. Mantuvo la espada firme, y los ojos fijos en la mujer, por si acaso decidía moverse ella antes. Era un comienzo de baile, bastante dulce y tranquilo, hasta el momento en que todo se volviese caótico y tuviese que verse envuelta en la batalla.- Puede que sea un gran problema, pero a grandes problemas mayores soluciones. Y esta es una buena solución.- Aunque significase entablar combate con alguien así lo pensaba. Podía escuchar algo de ruido, aunque no sabía muy bien desde dónde, y tampoco lograba captar exactamente el tipo de gente que se aproximaba. Bien podría ser el gentío del lugar observando la situación, o una marabunta de guardias preparados para arrestarlas. En cualquier caso, ninguna de las opciones le gustaba lo más mínimo.- ¡Está bien, está bien! Yo me encargo.

Confiando ciegamente en aquella joven, Cheshire deslizó la daga de su propia vaina, manteniendo la katana en la mano izquierda y la daga en la derecha. No creía que necesitase hacer uso de Minazuki, pues solo el hecho de utilizar tanto a Mangetsu como a Jougen no Tsuki ya suponía un gran esfuerzo. Era su forma de hacer ver que mantenía cierto respeto por la mujer, y por cada combatiente contra el que luchaba. Afianzó la sujeción de sus armas, y permaneció justo frente a la mujer, dejándole un espacio a la chica para poder hacer lo que quisiese. En cierto modo, llegó a dudar en cuanto echó a correr, casi pensando que huiría y le dejaría sola frente a los problemas. Sería un pensamiento lógico teniendo en cuenta que el honor entre ladrones no existía, pero algo en ella le hacía confiar.

La mujer se adelantó a los movimientos de Cheshire, echando a correr en su dirección. Tal vez buscaba cogerle desprevenida para aprovechar y golpearle, pero ella estaba preparada para el enfrentamiento. Lanzó a Jougen no Tsuki al aire, y se desplazó rápidamente, también hacia ella. El tejado resultaba algo complicado para moverse, pero estando en caída podía aprovecharlo y deslizarse, así que envió la daga un poco hacia abajo. En cuanto llegó a la posición de la gorila, se dejó caer al suelo, cogiendo la daga en el aire antes de clavársela en el costado. Fue una punzada firme, aunque no fuerte. Se basaba en aprovechar puntos flacos del rival, en lugar de en causar grandes estragos físicos. Sí, se podía considerar juego sucio.

En cuanto vio que llegaba al borde del tejado, se apresuró a clavar el talón entre las últimas tejas, y se levantó de un salto. Quedaba de espaldas a la calle, y podía escuchar a la chica hablando. Allí, se mantuvo expectante, a esperas de ver qué hacía la gorila para salvarse a sí misma o al mercader, con una sonrisa muy amplia en el rostro.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Mar 6 Abr 2021 - 1:48

Tucum, tucum suena el corazón del hombre que retumba en mis oídos. Puedo oler el sudor que le escurre por las axilas, puedo sentir su miedo casi como si fuera mío. Pero no. Soy yo la que presiono mi daga contra su frágil cuello. Bastaría un solo movimiento para acabar con su vida, pero ese no es mi objetivo. Quiero saber en qué mierda me he metido solo por hacerle una broma a Cheshire. Al final da igual si tengo o no que ver con los estúpidos guantes, como han visto mi rostro no podré desvincularme con tanta facilidad. Maldita sea, a veces pienso que soy un imán de problemas.

—¡E-Está bien, está bien, pero no me hagas nada! ¡Eleonore, detente! —grita el hombre mientras las lágrimas corren por sus ojos—. Ya está, nos tienen… No sigas peleando, por favor. —El mercader me mira de reojo—. ¿Puedes soltarme? Ya hice lo que me pediste.

—¿Eres sordo o idiota? ¡Te dije que me hablaras de los putos guantes, maldita sea! —gruño en su oído, acercando aún más mi arma a su piel—. ¡¿Quién los iba a comprar?! ¡¿Por qué son tan importantes?! —rujo y entonces comienzo a toser. Cómo odio alzar la voz…

El mercader dice que se los iba a vender a un importante empresario portuario, que los quería para su esposa. Lord Mishel Klaus II es su nombre. Me cuenta que es uno de los hombres más importantes e influyentes de todo English Garden y, por qué no decirlo, del North Blue. Yo no me lo creo porque nunca he escuchado su nombre, pero no es momento de dudar. Dice que Klaus estaba realmente interesado en adquirir esos guantes traídos del Nuevo Mundo, un lugar tan lejos como fantasioso. Me asegura que nos hemos metido en un gran problema, pues solo un idiota se mete en el camino de lord Mishel Klaus II.

—¿Y dices que ese hombre hará lo imposible por encontrar a los responsables del robo? —Asiente con la cabeza—. Entonces eres más idiota de lo que pensaba.

Ningún ricachón influyente se preocuparía tanto por unos estúpidos guantes. Deben esconder algo, no sé qué ni me interesa, pero es importante para nosotras. Tenemos que volver al puerto y recuperar los guantes antes de que sea demasiado tarde. Si mis cálculos no fallan, aún estamos a tiempo, pero… ¿Cómo podría calcular algo tan aleatorio? ¡Cualquiera podría haberlos cogido y llevárselos a casa! ¡Eso le pasa a Cheshire por tirármelos en la cara! Maldita niña arrogante… Agh, da igual: ya encontraré una solución.

—¡Cheshire, debemos regresar al puerto!

Ya le contaré todo lo que me ha dicho este hombre, pero ahora lo más importante es no molestar más a este lord Klaus II.
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Mensaje por Cheshire Mar 6 Abr 2021 - 21:45

Consiguió escuchar el sonido de una piedrecita del tejado cayendo al suelo. En aquel borde frente al abismo que resultaba la caída, no podía estar más motivada a cumplir sus objetivos. Si bien creía que el plan de aquella chica era correcto, no tenía motivo alguno para seguirlo al pie de la letra. Odiaba a los matones, y más aún a aquellos con tan pocas neuronas como para subestimarla. Daga en mano, observó el hilito de sangre que caía desde la punta y sonrió en dirección a la mujer. No desprendía soberbia. Al contrario, parecía estar divirtiéndose con la situación, y aunque tenía un deje de tranquilidad sobre su rostro, sabía que eso podía llegar a cambiar en cuestión de unos segundos.

Pero no ocurrió.

En cuanto el mercader dio la orden, la tal Eleonore se detuvo. Con la mano sobre su costado, presionando la herida que Cheshire acababa de realizarle hacía tan solo unos instantes, dejó su posición ofensiva. Y así lo hizo ella también. Antes de volver a envainar la katana, miró con cierto rechazo hacia el mercader. Al final resultó que era un cobarde, como otros tantos. Dejando de darle importancia a algo tan nimio, envainó a Minazuki, y limpió previamente la sangre de la daga antes de devolverla a su vaina. No quería que hubiese óxido sobre el filo la próxima vez que la utilizase, y siempre trataba con cuidado sus armas.

- Parece que se acabó el baile-. Mencionó un poco por lo bajo, y se apartó del borde del tejado. Era mejor prevenir al fin y al cabo, y la altura podía darle una ventaja que no estaba dispuesta a sufrir. Sin atender verdaderamente a lo que hablaba la muchacha con él, salvo algún que otro grito de vez en cuando, se quedó sentada en una elevación de chimenea cercana. Escuchar a escondidas era de mala educación, y prefería mantener tranquila a la mujer. Aunque desde que le habían dado la orden había permanecido completamente inmóvil, como una estatua. Con una pequeña diferencia: aquella herida parecía molestar más de lo que había previsto. No es que pudiese sentirse culpable después de que fuese ella quien comenzase con todo, pero en lo más profundo de su ser seguía sintiéndose mal cada vez que hería a alguien. Quizá fuese una blanda después de todo.

Nada más escuchó los gritos refiriéndose a ella, volvió a asomarse entre el tejado. Observó a su compañera, y miró hacia los alrededores buscando cualquier tipo de ayuda con la que bajar. No tardó en encontrar un balcón y un alféizar, así que le hizo un gesto de despedida a la mujer -elevando dos dedos desde su frente al exterior- y bajó con cuidado hasta el suelo. Mantenía la sonrisa en su rostro, pero al detectar cierta preocupación desde la joven deshizo aquella mueca. Estaba preparada para seguirle, aunque no entendía por qué tenían que volver al puerto. ¿Por qué no podía decidirse por una opción, fuera cual fuese?

- No entiendo qué está pasando-. Encogió los hombros, aunque no dudó en seguirla. No es que estuviese en deuda con ella ni mucho menos... En realidad era todo lo contrario, si se paraba a pensarlo, pero no quería que le ocurriese nada después de haberle ofrecido ayuda con todo eso.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 9 Abr 2021 - 4:51

Suelto al mercader de un solo empujón y un arrebato de maldad se apodera de mi cuerpo. Lanzo una patada en dirección a su rodilla con la intención de rompérsela, pero me detengo antes de hacerlo. Los gritos desgarradores del hombre no harán que me sienta mejor, además veo tanta debilidad en sus ojos que hasta me sentiría mal lastimando a alguien tan inútil. Quiero desquitarme por involucrarme en toda esta mierda, y créanme que este hijo de puta es el principal responsable: si hubiera descubierto y atrapado a Cheshire, nada de esto estaría pasando.

Suspiro cansada y me cruzo de brazos para ponerme a pensar. Volver al puerto con la esperanza de encontrar los guantes es lo mejor que podemos hacer, pero es improbable que sigan ahí: alguien se los habrá llevado. Sin embargo, tengo que agotar todas las posibilidades antes de recorrer otro camino.

—A ver cómo te lo explico, princesa… ¿Recuerdas los guantes que robaste y que me lanzaste a la cara? —le pregunto, apuntándole con el índice—. Bueno, un tal lord Mishel Klauss II los iba a comprar. Deben ser muy importantes como para que un señor del reino se preocupe por ellos. ¡Iba a pagar diez veces lo que valen, maldita sea! —gruño y un ataque de voz me invade—. Imagino que a estas alturas te habrás dado cuenta de que no son los guantes lo que le interesa, sino lo que esconden.

Comienzo a andar en dirección al puerto, pero entonces me detengo y vuelvo a suspirar. Me giro y busco la mirada de Cheshire.

—Lo siento, es solo que… No han sido buenos días, solo estoy buscando a alguien con quien desquitarme. Lo siento, ¿vale? —me disculpo. Si estoy aquí es porque yo misma me lo he buscado—. Recuperemos esos malditos…

El sonido de las grebas acercándose a toda velocidad interrumpe mis palabras. Alguien con un oído ordinario no podría escucharlas, pero mis sentidos no son normales. Me gustaría usar mis propias habilidades para deshacerme de los putos soldados, pero no puedo hacerlo: por ningún motivo dejaré que me relacionen con ese cuervo que manipula la sangre. Como lo veo yo, tenemos tres opciones: primero, huir; segundo, enfrentarlos; tercero, preparar una trampa y cargarnos a los guardias.

Pero antes de que pueda decidir cualquier cosa, una figura de metro noventa y de complexión atlética aparece en el fondo del callejón. Camina hacia nosotras, esbozando una molesta sonrisa mientras sus manos reposan en los pomos de sus espadas envainadas. Odio a los espadachines que van a dos manos. Tiene la piel morena y los ojos celestes, el cabello negro y ondulado, y unos rasgos atractivos. Lleva un jubón elegante y unos pantalones ajustados que acaban en unas botas de cuero.

—Si la gente del puerto no mintió, ustedes son las ladronas. ¿Podrían entregarme los guantes que robaron, si no es mucha molestia? —nos pregunta con expresión divertida.

—No los tenemos. Los perdí en el puerto cuando corrí, si quieres…

Una ráfaga de viento, casi como una bala, corta mi respuesta y un telón de sangre aparece en mi mejilla izquierda. Si bien lo he visto desenvainar su espada derecha, una especie de sable curvo, no alcancé a reaccionar a su movimiento.

—Respuesta equivocada, niña. Quiero los guantes y los quiero ahora —continúa y retoma la caminata hacia nosotras—. Lord Klauss II está muy decepcionado, él está… furioso. Y créanme, mocosas, malo es para todo English Garden que lord Klauss II esté molesto.
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Mensaje por Cheshire Lun 12 Abr 2021 - 11:30

Por un momento, se quedó quieta, observando a la joven. Hasta el momento no se había dado cuenta de lo agresiva que podía resultar, o del miedo que podía llegar a infundir a los demás. Pero de alguna forma, el resto de gente sí que lo entendía, sí que sabía bien el tipo de temor que creaba. Sin saber muy bien qué decir mientras ella se desahogaba por una situación que no era del todo culpa suya, dejó que continuase hablando. No le importaba que gritase, o que le responsabilizase por todo lo que había ocurrido. Es más, prefería que pudiese sacar toda esa rabia a que la contuviese, incluso aunque era ella el foco de toda esa ira. Suspiró profundamente antes de hablar, intentando mostrar una pequeña sonrisa.

- Bueno, lo siento por estos problemas. No creí que unos guantes pudiesen causar tanto alboroto-. Sus palabras no contenían mentira alguna. Si bien había tenido altercados diversos con guardias en diferentes ciudades por robo, no es que hubiese sido perseguida por matones de ese estilo solo por un objeto robado. La mayoría de persecuciones se basaban en un par de tíos armados corriendo por las calles de la ciudad hasta que ella conseguía perderlos de vista. Y nada más. Pero si un señor de la zona estaba involucrado, entonces eran más problemas que añadir a la lista dentro de esa ciudad.- Tengo curiosidad por saber qué es tan importante como para causar semejante escándalo-. Mencionó por lo bajo, y observó cómo se movía después de esa pequeña pausa.

Odiaba a los nobles. No a todos obviamente, pero se había dado cuenta de cuánto podía llegar a odiarlos después de pasar tanto tiempo vagando entre las calles, y después de haber estado viviendo bajo los cuidados de Mara. Odiaba aquel orgullo que solían desprender, y ese tipo de aura que les rodeaba. Algo como "puedo hacer lo que me de la gana porque tengo los recursos para ello". Sí, ese tipo de cosas le enfermaban. Así que lo primero que pensó con respecto a aquellos guantes no fue que podían meterse en más problemas. Fue que humillaría a ese noble pasara lo que pasase.

- No te preocupes.- Mencionó. Estaba a punto de decirle que se ocuparía de encontrar los guantes y luego le daría una lección, pero una ráfaga de viento sacudió en su dirección. Y junto con el, un hombre apuesto con aspecto orgulloso y un porte demasiado tranquilo. Lo primero que pensó al verle fue que se trataba de alguien peligroso. No solo porque había conseguido herir a su compañera, también por esa especie de aura que traía consigo. No parecía preocupado por nada de lo que estaba ocurriendo, tampoco por la situación en la que podría verse envuelto. Y contrario a aquella mujer que se habían encontrado antes, él sí que lucía como una amenaza.- Empieza a molestarme vuestra actitud. Primero la gigantona, y ahora tú.- Viendo que no parecía estar dispuesto a dejarlas así sin más, llevó ambas manos a sus katanas, deslizándolas -esta vez ambas- de sus vainas.- ¿Sabes qué? Haré una cosa. Iré yo misma a decirle a tu amo que voy a quedarme no solo los guantes, también con su orgullo. Y así estaremos en paz por todos los problemas que nos está causando-. Y nada más decirlo, se preparó para la lucha.

Lo cierto era que ese tipo de combates, aquellos que lucían mucho más difíciles y un reto eran toda una nueva experiencia. Era ahí donde podía demostrar su determinación, su interés por conseguir sus objetivos y su voluntad de hacer cambiar las cosas. Nadie volvería a ponerla en jaque, ni metería en más problemas a la joven que iba con ella. Era el momento de demostrar que el dinero no importaba tanto cuando el destino estaba en juego.
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Cheshire

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Mensaje por Anna Bloodfallen Jue 15 Abr 2021 - 2:10

Solía jugar en el patio con los otros huérfanos.

Por alguna razón, la madre Isabella tenía un pequeño bosque de árboles secos, muchos de ellos muertos y otros agonizando. Tenían los troncos grises y sus ramas chocaban en lo alto. Un día descubrimos que había tumbas. Las sacerdotisas nos dijeron muy nerviosas que eran de las mascotas que tuvieron alguna vez, pero Margaret Redstone no parece nombre de perro. Los niños éramos listos y traviesos, así que no tardamos en montar una expedición a sabiendas de lo que nos pasaría si nos descubrían.

Llegada la noche nos escapamos de los cuartos y corrimos como pequeñas sombras hasta el bosque. Encendimos las antorchas y nos adentramos en él. Sentíamos que nos miraban desde todos lados, que había algo macabro oculto entre la oscuridad esperando el momento para atacar. Éramos niños, nos queríamos hacer los valientes y continuamos hacia donde se suponía que estaba la tumba, pero nunca llegamos.

Nuestros rostros empalidecieron cuando la bruma comenzó a brotar del suelo como un girasol se abre a mediodía. El silencio de pronto se volvió aún más incómodo y tuvimos que tomarnos de las manos para no perdernos. Quisimos regresar, pero sin darnos cuenta nos habíamos perdido. El miedo comenzó a crecer y los primeros llantos se hicieron escuchar. No pasó mucho tiempo para que fueran reemplazados por gritos: estábamos siendo cazados.

Esa noche el corazón estuvo a punto de salirme disparado del pecho; tenía miedo. Aun así, nunca solté la mano de Jaine. Corrimos juntas, nos escondimos y sobrevivimos. Escuchamos los gritos de los otros huérfanos, de nuestros amigos. Eran devorados por los monstruos que nos contaban las sacerdotisas para asustarnos. ¿Lo más triste? Margaret Redstone fue una lechuza de la madre Isabella.

Tenía ocho años cuando vi por primera vez a un renacido, una horrible criatura que se alimenta de carne humana y usa los restos para construirse a sí misma. Tenía ocho años cuando la muerte se hizo tan real como la mano de Jaine que sostenía en ese momento. Y desde entonces no he hecho más que meterme en situaciones mortales, pero de todas he conseguido salir con vida: no me matará el lacayo de un estúpido ricachón.

Siento un poco de vergüenza por estar de acuerdo con la princesa, pero ya es hora de que esta gente nos deje tranquilas. Así que analizo a mi oponente. Estoy frente a un guerrero ágil que usa un arma cuerpo a cuerpo y posee una técnica que no puedo seguir con la vista. Probablemente es más fuerte que yo y me parece sospechoso que no esté acompañado. Sin embargo, tengo la ventaja numérica de mi lado y, si bien capturarlo es importante, nuestra prioridad es que no nos capturen a nosotras.

—De acuerdo, matemos a este hijo de perra.

Tomo una bocanada de aire y me coloco en posición al mismo tiempo que la sangre se concentra en mis piernas. Acelero lo más que puedo y echo a correr hacia mi oponente, aparentando una carga frontal. El guerrero se prepara. Sin detenerme, doy un salto con giro por su lateral izquierdo para encontrar su espalda. Como es de esperar, el espadachín reacciona y se gira a la vez que mi pie toca el suelo, impulsándome hacia atrás y esquivando el tajo vertical. Luego, escupo un chorro de fuego que le da de lleno.

Sé que no es suficiente, pero esto solo ha sido la distracción.
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Mensaje por Cheshire Sáb 17 Abr 2021 - 19:01

Todo dio comienzo ante sus ojos incluso antes de que pudiese prepararse. No es que no estuviese lista para el enfrentamiento, simplemente no esperaba que ella fuese a adelantarse. No dudó en lanzarse a la aventura, emprendiendo su camino tanto para perjudicarlo como para servir de distracción. Una distracción que ella, sin duda, iba a utilizar. Justo en el momento en que vio que la joven se adelantaba para ejercer presión sobre el enemigo, ella corrió. Corrió con todas sus fuerzas hasta llegar a su oponente, el filo de sus armas fulguraba entre cualquier otro brillo que pudiese hacerse presente ante ellas, y justo cuando chocó su arma contra el hombre, una línea carmesí se hizo presente sobre su brazo. Era fina, pero profunda, tal y como había aprendido a hacerlas. Por norma general y según lo que ella sabía, había un pequeño porcentaje de posibilidades de que aquellas espadas pudiesen rebanar por completo la piel, los músculos y los huesos de alguien, pero no había sido el caso. Algo que agradecía, sin duda, pues no sabría qué hacer con el brazo cortado.

Un par de gotas salpicaron al suelo, pero ella no se detuvo en su camino, no cuando ya tenía la segunda arma preparada para la acción en un movimiento rápido y preciso. Nada más bajar la mano izquierda -aquella con la que había golpeado previamente-, echó hacia delante la derecha, cuya espada era mucho más firme. Esa vez, sin embargo, no elevó el brazo, sino que se agachó aprovechando la inercia del movimiento previo, trazando un corte sobre el gemelo -el derecho, puesto que era al que llegaba con mayor facilidad- de su enemigo.

La muñeca se le resintió un poco ante el movimiento, pero consiguió su propósito. Al menos, en gran parte. Otro corte se hizo presente sobre la piel de aquel hombre, aunque no fue tan profundo como el primero. Es más, por lo que podía ver, parecía que hubiese sido capaz de mover la pierna antes de que algo hubiese sido extremadamente problemático. Viendo que estaba en una situación un tanto expuesta, se echó hacia atrás un par de pasos, mirando a la chica en el proceso. Confiaba en sus habilidades, pero el caso era que no podría ayudarla por mucho que quisiese. Así que necesitaba por lo menos tener fe en que podría salvarse por su cuenta.

«Vamos, esto es fácil. No tiembles ahora, no dejes al miedo entrar. Lucha.» Se dijo, deslizando nuevamente su espada en un trazo que, lejos de ser un ataque, estaba hecho para limpiar el filo de sus espadas. Miró con profundidad a su enemigo, y se preparó, pues asumía que no todo podía ser tan fácil como parecía.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 17 Abr 2021 - 20:04

El espadachín gruñe tras el primer asalto. Hemos conseguido dañarlo, pero esto recién está comenzando. Empuña un sable en cada mano, tiene las rodillas ligeramente flexionadas y nos apunta a ambas con cada arma. Nos mira como si fuéramos sus presas, nos mira con expresión divertida. Nos enseña los colmillos y se relame los labios. Hace un amague de cargar hacia Cheshire, pero entonces vuelve y suelta una carcajada; vuelve a hacer el mismo amague.

—A su edad yo también era apasionado, pensaba que podía comerme el mundo entero si me lo proponía, en serio lo creía. Siempre he sido bueno cortando gente, ¿por qué no podría hacerlo? Pero cuando creces te das cuenta de que los sueños son solo eso, sueños. Te das cuenta de que no sirven para cuidar ni alimentar a tu familia, te das cuenta de que son una piedra en el camino —nos cuenta, caminando en círculos y saltando la mirada sobre nosotras para no perdernos de vista—. Tiren a la basura la idea de derrotar a lord Klaus porque, aunque puedan vencerme a mí, solo soy el último eslabón de la cola. Ese hombre es casi tan poderoso como la reina.

¿En serio este idiota habla de los sueños? Basura, los pobres nunca hemos tenido derecho a soñar. Puedes permitirte soñar cuando tienes tiempo, cuando tu preocupación es el futuro y no lo que vas a comer. Los ricos pueden hacerlo, ellos no tienen que trabajar de sol a luna, pero al menos yo perdí la esperanza cuando me destrozaron la espalda a latigazos; tenía ocho años. Si bien me aferro a la vida con todo lo que tengo, nunca me he dejado embriagar por esas estúpidas ideas románticas.

—Nunca dije que quiero derrotar a ese imbécil, sólo quiero irme de este lugar —gruño con la vista clavada en el espadachín—. Y si ya has terminado de hablar, ¿quieres morirte de una vez?

El hombre se encoge de hombros y entonces vuelve a sonreír. Escucho el estallido de una bomba cuando se abalanza hacia mí. ¿Cuánta fuerza debe tener en sus piernas? Una espada que desciende verticalmente me intenta cortar en dos. Retrocedo con un salto, pero antes de tocar el suelo el espadachín está sobre mí. Es rápido, mucho. Esta vez me busca un corte horizontal que silba al cortar el viento. Pero no es suficiente para burlar mi capacidad de predicción. Me abro de piernas como si estuviera en medio de un baile y la espada pasa por encima de mi cabeza.

—Maldita rata escurridiza…

Me incorporo y vuelvo a retroceder, esquivando los infinitos espadazos del soldado. Es fácil hacerlo, solo tengo que ir hacia atrás hasta que … Mierda, estoy entre la espada y la pared en un sentido literal. El espadachín sonríe y ejecuta un doble corte vertical como si intentara convertir sus brazos y espadas en una gran media luna. Bloqueo el ataque con ambos cuchillos, intentando desviar el ataque. Es en ese momento que siento una fuerza brotar de lo más profundo de mí, es como una voz que resuena muy fuerte en mi cabeza y me dice que podré con todo lo que me proponga. No sé si lo he imaginado o no, pero creo que una tenue armadura envuelve mis dagas. El choque entre aceros suelta un chirrido atronador y mis armas soportan el impacto que, en principio, debió romperlas.

Sonrío para mí cuando detengo el ataque del espadachín, quien luce más sorprendido que yo. Sin embargo, vuelve a atacar y esta vez con más fuerza. La voz vuelve a resonar en mi cabeza. Consigo bloquear de nuevo, aunque esta vez la espada de mi oponente se desvía hasta cortar mi muslo. Intento recuperar mi postura, pero él es más rápido y fuerte que yo.

—Te tengo, ratita.

Alza otra vez las espadas, pero entonces una estaca escarlata sale disparada de mi herida en el muslo, atravesando el estómago del hombre. Me mira confuso, preguntándose qué ha pasado, y entonces retrocede lentamente. La pica de sangre vuelve a mí como si nunca le hubiera dado.

—Te tengo yo a ti.
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Mensaje por Cheshire Sáb 17 Abr 2021 - 21:04

Preparada como estaba, se sintió algo tonta al haber caído en aquel amago de golpe que trataba de realizar. Pero lo hubiese hecho igualmente, temiendo que pudiese resultar en algo dañino de verdad. La tensión momentánea se rompió, sin embargo, en cuanto el hombre empezó a hablar como si les conociese. Como si pudiese ponerse en sus zapatos e ignorar toda la vida de ambas. Odiaba a ese tipo de personas que hablaban sin saber las circunstancias de cada uno, y él resultaba de lo más pedante. No solo no conocía las historias a la espalda de las jóvenes, sino que además pretendía conocer sus aspiraciones y ningunear sus sueños. Y eso sí que no iba a permitírselo. ¿Quién se creía que era? ¿Cómo podía pretender sobreponerse a lo que Cheshire quería? Si de verdad creía que abandonaría sus objetivos solo porque hubiese obstáculos o porque él lo dijese... sin duda no le conocía. Lo que reafirmaba todavía más la creencia que tenía ella sobre él: definitivamente era alguien estúpido.

- ¿Quién demonios te crees que eres? Creyéndote superior moralmente solo por haber abandonado tus sueños.- Por primera vez algo parecía haber perturbado realmente la tranquilidad que la joven poseía. Por norma general aparentaba tranquilidad y paz, pero esa vez estaba verdaderamente enfadada. Era ira lo que recorría sus ojos, lo que le hacía ver aquella discusión como algo mucho más simbólico.- Tú eres un cobarde por haber dejado de creer que podrías hacerlo. La gente no es igual que tú, la gente tiene aspiraciones, metas. Si puedes soñarlo, puedes lograrlo. Es la libertad que todos poseemos. Pero tú, que dejaste atrás todo cuanto significa ser libre... no puedes hablar por quienes siguen luchando. El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños. Y te demostraré cuán equivocado estás.- Lo cierto era que ese tal Klauss ya no le importaba. No cuando ahora tenía un objetivo todavía mayor: enseñarle a ese imbécil cómo de grande podía ser su determinación a la hora de salir al mundo real.

Había pasado mucho tiempo sufriendo, mucho tiempo envuelta en el paso del tiempo, cruel e impasible. Pero durante todo ese tiempo, durante cada uno de sus viajes, lo único que le había mantenido firme y cuerda habían sido sus sueños, sus objetivos. No era una única meta la que traía consigo, eran los sueños de quienes habían perdido su rumbo, su camino, y también de cuantos ya no eran capaces de seguir soñando. En lo más profundo de su ser guardaba los objetivos y las ilusiones de amigos, de su familia. De cuantos se habían atrevido a seguir creyendo en algo mejor. Por eso mismo no podía perdonar a alguien como él, y por eso mismo detendría sus pasos. Porque aquellos capaces de tirar la toalla entre un mundo tan basto no merecían seguir siendo libres. Y mucho menos aquellos que, entre sus creencias sobre la verdad absoluta, se atrevían a sentenciar los sueños de los demás.

Esa vez, avanzó con determinación. Sostuvo las espadas con tanta fuerza que estaba segura de que bajo sus guantes sus nudillos estaban pálidos. Y mientras su compañera se ocupaba de dejar medianamente incapacitado al hombre, mientras observaba la sangre emerger de su estómago, ella no dudó un segundo en trazar una equis sobre los tobillos de su oponente. Un corte menos limpio, pero mucho más profundo que el anterior. Ni siquiera tenía la necesidad de empujarle, sabía que no podría continuar en pie mucho más tiempo. Se había encargado de que él, una persona así, tuviese que mirarles desde lo bajo. En realidad, sabía que de no haber sido por la distracción que traía consigo la joven no hubiese podido hacerlo, pero era su forma de demostrarle que ella también estaba ahí, que le había escuchado alto y claro, y que no iba a dejar que tirase por la borda su historia y la de su compañera.

- ¿Sabes? Podrías haber dedicado esa fuerza que tienes a tus sueños. Sería un mejor destino-. Con el ceño fruncido todavía, miró hacia él mientras clavaba una rodilla en el suelo, y a continuación la segunda. Un corte en el tendón de Aquiles y todo el orgullo del hombre podía desvanecerse como si nunca hubiese estado ahí.- Sin sueños ni objetivos es imposible llegar a lo más alto.- Terminó de decir con un pequeño hilo de voz, aunque no estaba segura de si se lo decía a él o a sí misma.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Jue 22 Abr 2021 - 3:43

Puedo decir que el combate ha terminado, pero no es la razón de mi sonrisa. Esta chica es delirante. ¿En serio ha soltado tremendo discurso en mitad de una batalla? Si es que las princesas son distintas a la gente ordinaria. Creo que nunca he escuchado a nadie hablar como si estuviera en una obra de teatro.

—El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños —repito las palabras de Cheshire, haciendo una pose burlesca mientras el espadachín lloriquea en el suelo—. ¡Si puedes soñarlo, puedes lograrlo! ¡Sin sueños ni objetivos es imposible llegar a lo más alto! —vuelvo a imitarle y sucumbo al ataque de risa—. ¡¿De dónde sacas tanta mierda, princesa?! ¿Esto es en…? Cof, cof… A-Agu… Cof, cof… —El karma actúa rápido y la risa pasa a un ataque de tos. Esto me pasa por alzar la voz—. Agua…

Ay, me duele la panza. Hace mucho que no me río tanto, pero es que Cheshire es un estúpido personaje. La princesa le ha quitado toda la seriedad a la situación. Cuando mi vida corra peligro y esté enfrentando a alguien más fuerte que yo, me acordaré de soltarle un discurso por la cara.

—Uf, creo que ha sido suficiente. De vuelta al modo serio. —Pateo al espadachín en las costillas—. Si no quieres que tu familia lo pase mal, me dirás todo lo que sabes de los putos guantes. Créeme que los inquisidores somos buenos atormentando a las personas, rompiéndoles la voluntad, y me da igual si tengo que torturar a una estúpida mocosa de diez años en frente de papi. ¡Me dirás qué pasa con…! Cof, cof, cof… ¡Agh! ¡Puta, cof, tos!

El hombre intenta levantarse, pero le doy un puñetazo en la cara que me ha dolido más a mí. Suerte que él está más herido que yo. Los dientes vuelan cuando le doy una patada en la cara, deformándole la nariz. Y entonces le doy otra, otra y por último una más. El bonito rostro del espadachín ahora es un montículo de sangre y carne expuesta.

—¡Dime qué pasa con los putos guantes, maldito hijo de perra! —le gruño en el oído, llevando una daga a la parte interna de su muslo.

Entre sollozos y quejas, el hombre nos cuenta que los guantes en realidad son el mapa para encontrar un tesoro real que se perdió hace cien años. Lord Klaus II cree que se encuentra en las ruinas del norte, territorio dominado por las tribus salvajes. Y jura que no sabe más, que solo es un soldado como cualquier otro. Entre lágrimas y lamentos nos pide que le dejemos vivir, que solo quiere ver a su niña crecer.

—No.

—¿No…?

—No te dejaré vivir. Eres peligroso —decido, mirándolo a los ojos. El espadachín retrocede—. Si no te gusta lo que ves, mira para otro lado, princesa.

Empuño con firmeza la daga y camino hacia el hombre. Lo miro un último segundo y busco su garganta, pero oigo un estruendoso rugido y siento un dolor en mi hombro.

—¡Ahí están! ¡Atrápenlas! —anuncia un soldado que sostiene un tubo de metal humeante. ¿Un mosquete? Podríamos hacerle frente…, si no le acompañara una decena de guardias bien armados.

—No te hagas la valiente esta vez, princesa. ¡Corre!
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Mensaje por Cheshire Jue 22 Abr 2021 - 20:59

Cuando comenzó a hablar sobre sueños, nunca pensó que alguien se reiría de ella. Es decir, sí, sabía que mucha gente se tomaría semejantes palabras como algo tonto y estúpido, pero nunca creyó que un aliado se lo tomase a broma. Ciertamente le dejó tan descolocada que evitó su pose habitual y se irguió en el sitio, observando al hombre tirado en el suelo. Rascó un poco su nuca mientras ella continuaba riéndose, componiendo una fina sonrisa cargada de vergüenza. No se arrepentía de sus palabras ni mucho menos, pero tampoco le gustaba que los demás le tomasen a broma. Aun así, ella no era del tipo de persona que se enfadaría por algo así ni mucho menos. Así que se limitó a encogerse de hombros y a ver cómo el karma le chocaba directamente en la cara. Sin poder evitarlo, soltó un fino hilo de risa en cuanto empezó a toser, pero al ver lo mal que estaba, rebuscó entre su bolsa una pequeña bota con agua. Sin llegar a tocarla, se la ofreció con cuidado.

- Ten más cuidado, mujer. Eso te pasa por subestimar al resto-. Suspiró profundamente, envainando las espadas en sus respectivas fundas. La pelea había concluido por suerte, así que solo quedaba investigar sobre esos guantes que había perdido sin poder evitarlo. Y eso significaba torturar al hombrecillo. Desde luego no era su intención, pero ella sí que parecía convencida de hacerlo. Así que dejó que se encargase, propinándole una paliza. Se refería a sí misma como una inquisidora, y aunque no había leído mucho a lo largo de su vida sobre los inquisidores, sabía alguna que otra cosa. Y en cierto modo le preocupaba. ¿Qué hacía una inquisidora en el North Blue, en una isla de poca monta?

Dejó de darle vueltas al tema en cuanto observó cómo el rostro de aquel hombre iba deformándose hasta ser casi irreconocible. La sangre salpicando el lugar, el sonido de cada patada chocando contra los huesos, contra el lagrimal, hundiendo el foramen infraorbital... todo completamente horrible estando apenas a un par de metros de distancia. El simple hecho de mirar cómo iba transcurriendo le hacía sentir náuseas, pero sabía que debía hacer de tripas corazón y aguantar esas cosas. Era mejor tener que ver cómo se lo hacían a alguien que recibir una paliza semejante y lo entendía. Podía entenderlo al menos. De alguna forma, pensar en ello fue lo que le hizo permanecer tranquila. En cuanto al hombre... ni siquiera llegó a aguantar demasiado y acabó por contar todo cuanto sabía, todo cuanto conocía sobre los guantes.

Un tesoro. ¿De verdad todo ese drama por un simple tesoro? Es decir, sí, podía valer mucho dinero y demás, pero tratándose de algo desconocido y de lo que ni siquiera estaban seguros... bueno, le parecía algo demasiado tonto, algo por lo que no valía la pena perder tantos hombres, estúpido igual que la estupidez humana. E interesante a su vez. Si podían hacerse con ese tesoro, estaba segura de que podría llegar a comprarse un barco. Uno lo suficientemente grande como para poder cruzar al Grand Line y poder comenzar su aventura. Sería capaz de tener cuanto quisiese... siempre y cuando el tesoro fuese funcional y estuviese de verdad ahí. Marcándolo como su objetivo -el tesoro-, miró a la chica con una sonrisa muy amplia, y se acercó un poco hacia ella.

- Vamos, déjalo. No es necesario matarle, su jefe no es ningún problema.- Dijo, intentando salvarle la vida a ese pobre hombre. Pese a que les había intentado matar, únicamente hacía su trabajo. Y ya parecía estar sufriendo la humillación y el dolor por las heridas más que cualquier otra cosa. Además, aunque no sabía si era cierto o no, odiaba dejar a cualquier niño sin un padre. Por muy imbécil que fuese su progenitor. Estaba intentando decidir cómo demonios convencer a la chica cuando escuchó el sonido del mosquete disparando. Miró por un momento a su compañera y echó a correr antes siquiera de que se lo dijese-. ¡No tienes que decírmelo dos veces! - Gritó, observando por el rabillo del ojo la cantidad de guardias que se aproximaban a ellas.

Teniendo un nuevo objetivo en mente, únicamente necesitaban desaparecer de allí lo antes posible. Era una nueva aventura que tenía ganas de disfrutar.
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