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Roland Bleydheimmar vs Kodifista

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Mensaje por StaffOPD Miér 10 Mar 2021 - 22:35

Roland Bleydheimmar vs Kodifista TsneGd8

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Mensaje por Roland Oppenheimer Jue 11 Mar 2021 - 21:21

—Eh, eh, ¿por qué te has parado? —dijo uno de los criminales cuando Roland detuvo el martillo a escasos centímetros del rostro del marine.

Porque tengo un plan —dijo, sin dar más explicaciones. Él era el jefe y no sentía que debía informar al resto de sus planes e intenciones.

—¿Y que plan es ese? —inquirió Manosrrojas. Para ser un asesino con las manos aún manchadas de sangre era bastante arrogante.

El resto de hombres exigieron saberlo también. Le tenían demasiado rencor a los marines, al igual que el propio Roland, pero no lograban ver más allá de sus narices. Dejando de lado los pocos escrúpulos que demostraba al no aplastar la cabeza del azulblanco, usarlo como rehén y escudo humano era el mejor plan. Los marines rebosaban honor, y eran incapaces de matar a su propio compañero por detener a unos criminaluchos del tres al cuarto.

Será nuestro rehén —se vio obligado a explicar al final. Aquello de tener subordinados reivindicativos no le estaba gustando—. Conoce este lugar y puede ser un escudo humano, alcornoques. No volváis a dudar de mí: sé lo que hago.

Tras solucionar —o no— el pequeño problema con el oficial marine, los criminales siguieron sus órdenes y comenzaron a rebuscar entre las cajas. Tras una serie de vítores de alegría, los más hambrientos comenzaron a zampar desesperadamente la comida que encontraron. Otros comenzaron a armarse con la munición que había entre las cajas, como el bueno de Muñones que se ató una espada a su brazo para poder usarla. Roland, por su parte, se dedicó a comunicarse con Keñy, el pequeño enano amante de las explosiones.

—¡Halaaaa! —exclamó una voz al fondo del almacén—. ¡Que robot más chulo!

Roland lo ignoró al igual que al resto de sus compañeros y continuó hablando con Keñy. Había colocado una gran cantidad de explosivos, pero el Muro era grande y aún quedaban muchos que colocar.

¡Grrr! —gruñó el mink—. Date prisa y avísame cuando hayas acabado.

Solo necesitaba encontrar su lanza y activar los explosivos para acabar con su excursión a la fortaleza marine. Y pensar que al principio solo había querido obtener un poco de información... Pero ya daba igual. El puñetero doctor le había hecho enfadar, demasiado, y estaba harto de tragar tanta mierda una y otra vez. En esta ocasión se vengaría, y la venganza sería tan dulce como un melocotón en temporada.

—Ey, tú, ¿qué has hecho? —preguntó uno de los criminales—. Lo has encendido.

—No, no, yo no he hecho nada...

¿Qué está pasando ahí? —preguntó, frunciendo el ceño. ¿Acaso no podían ser menos molestos?

Y entonces lo vio. Un temblor se abrió camino por toda la sala, a la vez que unas luces brillaban por encima de su cabeza. «Pero si es la viva imagen del almirante... —se dijo a sí mismo—. Estos marines, ¿en qué diantres pensaban?». Un enorme robot con el aspecto del difunto Kodama se alzaba en toda su plenitud. Era realmente parecido al antiguo marine, con su misma cabeza de brócoli y un olor a madera del bosque inconfundible. Los sentidos de Roland gritaban peligro.

Una ráfaga de lentas pompas de jabón inundó la estancia, todavía oscura a excepción de la luz que se filtraba entre los recovecos y los ojos del robot. En cuanto uno de los hombres, el más imbécil sin duda alguna, tocó una de ellas, estalló en mil pedazos, tal vez más.

¡No las toquéis! —ordenó imperativamente a su séquito con su mejor voz de comandante—. ¡Alejaos de ellas!

Acto seguido abandonó al marine. No podía salir de la estancia debido a que la puerta estaba cerrada. Muy bien cerrada. Y era resistente. Resistió su patada cuando intentó atravesarla, así que le quedaban pocas opciones para abrirla. Quizás su mejor opción fuera mantenerla cerrada; enfrentarse a un despiadado robot asesino mientras los refuerzos marines llegaban por otro lado quizás no fuera buena opción. Y también quizás, y solo quizás, aquel robot se detuviera si usaba al marine como rehén. Si había sido programado por marines, seguramente tuviera la orden de no atacar aliados.

Volvió a sujetar al marine y se giró hacia el árbol de metal, sujetando al hombre delante suyo mientras apoyaba el afilado filo de su escudo sobre el lánguido cuello del oficial.

Dime qué coño es esto y cómo se para —ordenó seriamente al marine, susurrando—. Y ya de paso como abrir la puerta. Tuviste que pasar por ahí para bajar a las mazmorras. —Alzó la cabeza y se dirigió al robot—. ¡Eh, tú, hojalata! ¡Tengo a un capitán de la marina: si me atacas morirá!
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Mensaje por StaffOPD Lun 15 Mar 2021 - 22:10

Tus hombres intercambian miradas, muchos se muestran confusos pero después de reflexionarlo un momento deciden que es buena idea. Algunos son idiotas y eso lo tienes claro, pero hay otros que saben sumar uno y uno. Ahora bien, si pudieras usar haki de observación, te darías cuenta de que una presencia poderosa, más que la tuya, se acerca desde la zona donde están las celdas. Si te giras, verás que un hombre de casi dos metros y medio y cabello blanco camina hacia la estancia oscura. Bueno, ahora mismo tienes otras preocupaciones que fijarte en esa persona, así que vamos a ello…

—¡Esa cosa…! ¡Esa cosa es un kodifista descompuesto! ¡¿Por qué lo encendieron, maldita sea?! ¡Solo los del escuadrón de ingeniería saben cómo detenerlo! —te responde claramente asustado y luego mira hacia la puerta cerrada—. Solo se abre con un código, pero por seguridad cambia cada cierto tiempo. ¡Es imposible saberlo sin ayuda de la administración! Una vez escuché que alguien la abrió sin saber el código, pero ni idea…

Bueno, vamos con calma. El robot te queda mirando y, si pudieras verlo (seguro que sí), coge una de las burbujas que ha lanzado. Por alguna razón no estalla cuando la toma, sino que la toma como una pelota de básquetbol. El sonido de múltiples turbinas encendiéndose y girando resuena por la habitación. Puedes ver destellos verdes saliendo de las extremidades del kodifista. Y antes de que puedas darte cuenta, está en frente tuyo. El marine grita al mismo tiempo que la burbuja se aproxima hacia él. Y por suerte está delante de ti. La burbuja estalla y el capitán recibe el impacto de lleno, aunque su cuerpo no es reducido a sangre y vísceras como en el caso anterior. El hombre pierde el conocimiento y cae al suelo mientras tú sales despedido hacia atrás, chocando fuertemente contra el muro. Esto es una pequeña demostración de poder, ¿eh?

Como sea, el hombre de los cabellos blancos acaba de entrar a la estancia oscura al mismo tiempo que el kodifista arroja de su espalda múltiples brotes, como un árbol cuando es sacudido. Se quedan ahí en el suelo, pero igual son peligrosos. A todo esto, ¿por qué hay armas junto a alimentos en el mismo almacén? No sé, igual no tiene sentido. Por cierto, recibes una llamada:

—¡Keñy feliz! ¡He terminado de poner los explosivos, ahora KBOOM!

Y la sala entera comienza a temblar.
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Mensaje por Roland Oppenheimer Mar 16 Mar 2021 - 18:10

Los criminales siguieron las órdenes y se alejaron de las burbujas mientras amenazaba al robot con aspecto de árbol. El marine, con el pensamiento de su hija siempre presente, parecía colaborativo, aunque también estaba cagado de miedo. «Patético —pensó al darse cuenta de que el nombre del robot era un absurdo juego de palabras entre los famosos robots de guerra conocidos como Pacifistas y el almirante de quien había obtenido su aspecto—. ¿Y como coño abro la puerta sin el código, lumbreras?»

Justo cuando Roland fue a abrir la boca para preguntar por el código de la puerta, el Kodifista se abalanzó precipitadamente contra él sosteniendo una de las burbujas que había creado con anterioridad. A una velocidad endiablada que, obviamente, pilló al mink desprevenido porque no podía ser de otro modo, golpeó con la burbuja al marine enfrente suyo, derribándolo, dejándolo inconsciente y empujando fuertemente a Roland hasta la pared detrás suyo.

¡Ahhh! —grita, calmando el dolor con una furia justificada—. Muy bien, antes de salir de este antro... ¡Haré chatarra contigo! —Pasó a dirigirse a sus hombres—. ¡Disparad a las burbujas! Si queréis salir de aquí, ¡no debe quedar ni una!

Aquellas burbujas eran parte del poder del Kodifista, y Roland no iba a dejarle hacer lo que quisiera. Se puso nuevamente en pie, deshaciéndose de su tapadera. Su figura se volvió más pequeña y estilizada, más definida, y alguien con cierta visión en la oscuridad podría reconocerle, pero ya le daba igual. Para hacer frente a un rival diseñado para acabar con hordas enteras de piratas y criminales no podía seguir jugando a los revolucionarios. Una vez de vuelta en su cuerpo original, activó su haki de observación y se alzó en el aire, elevándose varios metros gracias al Geppou.

Un hombre le llamó la atención. Era la presencia más poderosa del lugar, a excepción de la suya propia. No existía nadie más fuerte que él, pero aquel hombre era el que más se le acercaba en poder del lugar, superando con creces al selecto grupo que había seleccionado al salir de las celdas. Sin embargo, antes de continuar, un voz salió del espejo que había conectado al de Keñy.

Bien, bien. Prepárate Keñy —dijo, sonriendo maliciosamente al escuchar la noticia—. ¡Te voy a mostrar la mayor obra de arte de toda tu vida!

Primero hizo uso del Tekkai Kenpo. No sabía de qué calibre podría ser la onda expansiva resultante del trabajo del enano, pero más valía prevenir que curar. Una vez hecho, todavía dando pequeños saltos para mantenerse en el aire, activó el Den De Mushi de su muñeca que envió una señal. Ya no había vuelta atrás. El Muro iba a caer, los marines iban a recibir un merecido escarmiento y con suerte conseguiría abrir una abertura para luchar contra aquel robot endiablado.

Sin embargo, antes de que las explosiones se sucedieran, envió a sus hombres más órdenes.

No dejéis que gane terreno —ordenó imperantemente—. ¡Deshacéis de lo que ha tirado al suelo! Me da igual si lo quemáis, lo destrozáis u os lo coméis, pero ¡deshaceos de eso!

Por su parte, los Pentátrelos —como recién había bautizado a su grupo selecto de criminales— comenzaron a luchar contra el robot mientras el resto se encargaba de destruir las burbujas y lo que quisiera que hubiera tirado al suelo. Manosrrojas y Cuernos se lanzaron directos al combate, el primero acercándose temerariamente para lanzar un poderoso puñetazo que terminaría en una onda de choque, y el segundo realizando un paso veloz para lanzarse de cabeza contra el robot en intentar clavarle sus cuernos.

Desde la distancia, Babitas intentaba disparar a sus ojos buscando alguna forma de cegarlo o impedirle observar sus alrededores mientras Muñones lanzaba una poderosa onda cortante con una espada que alguien, amablemente, le había puesto en la boca y que agarraba firmemente con su dentadura. Por su parte Sombrerero se acercó discretamente a la puerta, inspeccionándola para buscar alguna forma de salir.

Y por último, el mismísimo Roland comenzó a descender con el martillo en la mano, impulsándose con el Geppou hacia abajo para aumentar el poder de su golpe. Giró varias veces en el aire y cayó directo sobre la cabeza de brócoli del Kodifista, buscando aplastarla con todas sus fuerzas en un ataque sincronizado con el resto de sus subordinados.
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Mensaje por StaffOPD Miér 17 Mar 2021 - 19:46

Como los hombres no son avispados hacen caso y abren fuego, pero no has tenido en cuenta que todo está oscuro. A juzgar por los estallidos, algo así como una cacofonía de globos reventados, diría que han dado en el blanco. Pero las maldiciones y los gritos indican que ha habido fuego amigo. Quizá para ti es suficiente la poca luz de la puerta, pero para tus hombres no. Ellos son humanos, y ahora los quejidos y lamentos se unen a la sinfonía. En cualquier caso, tú estás muy ocupado haciendo explotar la fortaleza, ¿no?

El suelo se estremece violentamente mientras tus chicos pelean con el kodifista, aunque aún no envías la señal, pero cuando lo haces la sacudida es aún más violenta. Se escuchan las explosiones desde todas direcciones y puede que no te hayas dado cuenta de algo: estás en un subterráneo. La onda de choque es la última cosa de la que deberías preocuparte. Puedes sentir el calor que se cuela por los espacios de la puerta. Y entonces el techo comienza a desprenderse. Escombros tan grandes como un hipopótamo caen, aplastando a los fugitivos heridos por las balas. La sangre de Babitas te salpica cuando una roca en llamas lo convierte en un charco de vísceras reventadas.

Dentro de todo, has tenido suerte porque tu escuadrón ha sobrevivido —a excepción de Babitas, claro— y algunos de tus hombres continúan en pie. Si te preguntas qué ha pasado… Bueno, le has dado explosivos a un enano pirómano. ¿Por qué confiaste en ese idiota? Y lo otro, no es la única explosión que ha sacudido el archipiélago. Y así como a ti no te ha afectado este caos, al menos no directamente, al hombre de cabellos blancos y expresión desafiante tampoco. Lo puedes ver ahí, sosteniendo una parte importante del techo. Las venas de su cuerpo se le marcan y ruge cual bestia, lanzando los escombros a un lado. Ha salvado a una decena de fugitivos.

—Ha… Ha… ¿Quién ha sido el imbécil que ha volado la fortaleza? Putos piratas de Sirio, están dementes… —gruñe entre jadeos.

Actualmente, una gran parte del techo está destruida y en llamas. Constantemente caen escombros de este, y muchos de ellos son mortales. Por cierto, ¿no había pólvora en el almacén? Tampoco puedes regresar, pero la puerta del código sigue ahí como esperando ser abierta. La buena noticia es que ahora puedes ver mejor gracias al fuego.

El kodifista se abalanza sobre ti, pero su velocidad es mucho menor. Antes de que te alcance con su único brazo, la figura de antes le propina un brutal puñetazo que lo envía a volar. Su puño completamente negro humea como si quemara carbón. Probablemente no te diste cuenta, pero ese hombre de ahí ha sido incluso más rápido que el robot. Y hablando de este, vuelve a aparecer entre el montón de escombros. El kodifista arremete una vez más, pero esta vez crea una enorme burbuja a modo de escudo para defenderse del contraataque del hombre, quien recibe de lleno el impacto del estallido. El kodifista continúa cargando hacia ti, un gigantesco robot de cuatro metros que va a ochenta por hora te está buscando. Corre, pequeño gatito, corre.
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