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La isla de Barney [Privado][Pasado]

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Mensaje por Katharina von Steinhell Lun 29 Mar 2021 - 16:52

—¿Cuál es la situación? —preguntó desinteresada, mientras jugueteaba con sus mechones.

—Dos buques marines nos apuntan desde el flanco derecho, uno desde el izquierdo y otros tres nos han bloqueado el paso desde el frente. El Horror Circus es un blanco fácil, capitana —respondió uno de los reclutas.

La bruja frunció el ceño, preguntándose si el Gobierno Mundial seguía sin reconocer su verdadera fuerza, sin reconocer el peligro que representaba. Si bien aún no ostentaba el título de Yonkō, tenía la fuerza necesaria para convertirse en uno. ¿Acaso la Marina habría enviado a cinco miserables buques a ocuparse de Edward Newgate o de Akagami no Shanks? Por supuesto que no, habría enviado como mínimo a un Almirante acompañado de una auténtica flota.

—¿Qué clase de insulto es este…? —se preguntó decepcionada—. Nos abriré paso, así que ordena al resto que se ocupe de los buques de los flancos.

Y así la batalla naval comenzó.

El Horror Circus abrió fuego contra los buques marines apostados en los flancos, mientras que la bruja alzó el vuelo con unas imponentes alas de cuervo en la espalda. Esquivó la salva de cañonazos con gracia divina, y entonces descargó su furia contra los barcos. Empuñó con violencia a una Fushigiri teñida de negro y envuelta en llamas azules y rojas. Disparó una poderosa onda cortante que dividió en dos mitades perfectas al buque enemigo. Desde el cielo podía oír los gritos de los marines quienes, desesperados y atemorizados, se lanzaban al agua para sobrevivir. Y entonces llegó a la cubierta del otro navío, dispuesta a iniciar una vez más el Vals de la Muerte.

A pesar de la fuerza de la bruja, la batalla no fue sencilla. Si bien pudo destruir los buques enemigos sin mayores complicaciones, el Horror Circus recibió tanto daño que, si no era reparado lo antes posible, acabaría hundiéndose. Y por ningún motivo dejaría que su barco insignia terminase en el fondo del océano.

—¿Cuál es la isla más cercana? —preguntó mientras quitaba la sangre de la hoja de Fushigiri.

—Little Garden, capitana. Si lo ordena, estaremos ahí dentro de tres horas —aseguró el recluta.

Frunció el ceño y se mostró recelosa. Había escuchado de esa isla, una especie de zoológico potencialmente mortal, y la verdad es que no le apetecía detenerse en un sitio donde Kaya pudiera tomar tantos… ingredientes. Sin embargo, tampoco podía ignorar el daño que había recibido el Horror Circus.

—De acuerdo. Llévanos a Little Garden.
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Mensaje por Kulve Mar 30 Mar 2021 - 4:25

Era un soleado y sin apenas nubes en el cielo. Un día perfecto para estar tumbada sin hacer especialmente nada, solo tomar el sol plácidamente, sintiendo como la calidez de los rayos solares se impregnaba en su piel y escamas. Para ello la pequeña salvaje había escalado uno de los cráneos gemelos que conformaban las mayores estructuras de la isla. Descansaba en un rincón alejada de los nidos de las aves y pterodáctilos gigantes que solían anidar en aquella zona elevada; quería evitar a toda costa batallas territoriales, pero sin duda lo alto de aquellas cabezas de reyes marinos eran el mejor lugar para descansar.

Había días así, relajados, en los que era mejor no hacer gran cosa y disfrutar del buen clima. No obstante Kulve sabía que no podría estar todo el día tumbada por dos razones básicas; la primera era que si pasaba demasiadas horas al sol se sobre calentaría y tal vez le daría una insolación;  la segunda era que debería cazar algo para cenar, que de buena mañana había terminado sus provisiones de monos, con suerte podría encontrar alguna presa un poco más jugosa y con menos pelo.

El momento de levantarse lo marco la tercera erupción del volcán central; ese volcán entraba en erupción concretamente cada hora, aunque Kulve no tenía ese tipo de noción del tiempo notaba la regularidad con la que la montaña sacaba fuego.  Eso ya para ella señalaba que era el momento de ponerse en marcha. Se levantaría estirando toda sus brazos todo lo que podía hacia delante, mientras tensaba su espalda estirando en dirección contaría sus caderas con su cola tensándose también en su estiramiento; acabaría por notar un par de crujidos en sus huesos y recompondría su  postura “Veamos que encontramos”.

Cuando iba a emprender el camino hacia el punto más bajo de la estructura ósea para comenzar saltar hacia los arboles vio algo extraño en el horizonte acercándose “¿Un rey marino? Es muy grande” Aun estaba a una considerable distancia, pero ya desde allí gracias a la altura que le brindaba su posición podía identificar algo enorme acercándose. Al cabo de poco tiempo pudo notar que no era ninguno de los animales gigantes que solían acechar alrededor de la isla, era una de esas cosas sobre las que se movían los humanos, como las que le conto su madre y con la que vino la hoja esa que olía mal “Este parece que es mucho más grande…” Demasiados humanos estaban pasando últimamente por la isla. Kulve no podía resistirse a la curiosidad y comenzaría a descender en busca de la costa.

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Mensaje por Katharina von Steinhell Miér 31 Mar 2021 - 0:47

El Horror Circus consiguió llegar a las costas de Little Garden, aunque pasaría un tiempo antes de volver a surcar las aguas del Paraíso. La bruja necesitaba con urgencia un carpintero de excelencia que se ocupara de reparar el navío, sobre todo considerando los brutales enfrentamientos con la Marina. Sabía que podía encontrar uno en Water Seven, pero no le apetecía pisar esa isla, no desde que el Gobierno Mundial la recuperó. Por mucho que odiase a la organización más poderosa del mundo, tampoco era una idiota… Al menos no a tiempo completo: no estaba interesada en batallas sin sentido, no a estas alturas de la vida.

Como las reparaciones del Horror Circus tomarían como mínimo una semana, y eso en el mejor de los casos, decidió explorar la isla. Había escuchado… cosas. Si el mundo fuera un solo gran continente, las bestias de Little Garden serían lo que los Reyes Marinos eran en el mar. ¿Se llamarían Reyes Terrestres? ¿Monarcas Terráneos? Definitivamente los nombres no eran lo suyo. Como sea, Little Garden era una tierra que albergaba una diversidad faunística importante e interesante ante ojos expertos. Si bien la bruja estaba lejos de ser una erudita en el tema, eso no le hacía sentir menos curiosidad, después de todo, antaño también recorrió el camino de la domesticación de criaturas exóticas.

Cambió los elegantes kimonos oriundos de Wano por un pantalón militar, unas grandes botas a prueba de barro y esas cochinadas, una chaqueta verde y una camiseta ajustada que marcaba sus grandes pechos. En la espalda llevaba a Fushigiri y el Sombrero Mágico de Burbruja se había transformado en un sombrero de exploradora. ¡Incluso llevaba una malla para cazar! Ni loca había olvidado la Varita Mágica de Burbruja: gracias a ella no había vuelto a pasar hambre. Por último, portaba una mochila con un montón de herramientas útiles como binoculares, un mechero y la libreta-para-anotar-cosas.

—Me gustaría que me acompañaras, pero con Ivan borracho eres la única que puede cuidar del barco —le dijo a Rose, su pelirroja favorita—. Iré a dar un paseo, no creo que tarde demasiado.

—De acuerdo. Procura no incendiar la isla, ¿vale?

¡Esos comentarios son innecesarios!, se quejó para sí misma, inflando los mofletes y mirándole con mirada juzgadora. La bruja se despidió con un simple gesto de mano y bajó de un salto de la cubierta, cayendo con gracia divina en la costa. Había muchos que querían acompañarle, pero lo cierto era que necesitaba estar un tiempo a solas. Deseaba una aventura, una que no tuviera nada que ver con el mundo ni el destino, una que le regresara las ganas de ser, bueno, una aventurera. Mazmorras y dragones, textos antiguos y cofres impenetrables… ¿Hacía cuánto tiempo que no recorría un sitio desconocido con el afán de encontrar aventuras?

Lo que no sabía la bruja era que, en lo más profundo de la isla, aguardaba en su guarida Barndzilla, el Gran Señor de todos los lagartos de más de treinta centímetros. Y de los que medían menos también. Campeón de fumar-tabaco-sin-las-manos y tricampeón de surf sobre reyes marinos. Sí, el mismo dinosaurio púrpura que se había dejado unos grandes rastas.
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Mensaje por Kulve Miér 31 Mar 2021 - 11:12

Kulve había descendido hacia la zona inferior de la isla, el denso mar de árboles que conformaban la jungla. La pequeña salvaje iba corriendo apoyada sobre sus cuatro patas todo el camino selvático evitando cualquier obstáculo que se encontrara en su camino como piedras, lodo, etc. En algunos momentos durante su carrera encontraba algún árbol ligeramente inclinado, viejos conocidos para ella, que aprovecharía sin dudarlo para escalarlo como punto de apoyo para recorrer una pequeña parte del camino saltando entre las ramas de los árboles. Aunque Kulve no pesara mucho la brusquedad de sus saltos era suficiente para sacudir de tal forma las ramas como para que desprendieran algunas de sus hojas; en una situación normal no sería tan brusca e iría con una mayor discreción por la jungla, puesto que nunca que sabe quién o que estaría al acecho en esos momentos por la zona.

Medio camino había sido trazado por su avance veloz y lleno de curiosidad, cuando vio una buena oportunidad, mejor dicho la escucho. El rumbo de la falsa tigresa vario ligeramente hacia la derecha saltando al suelo, para no tardar en encontrar una especie animal cuyo sonido conocía bien y que podrían ser extremadamente útiles en aquel momento. Se trataba de una manada de braquiosaurios pastando tranquilamente; Kulve una vez los alcanzara escalaria uno de ellos aferrándose bien hasta casi su cabeza para observar el horizonte y el mar – Baja maldita cría – Brian el braquiosaurio no estaba muy contento por culpa del susto que le causo Kulve al escalar sobre él, de hecho estaba comenzando a zarandearse para que se soltara – Disculpa un momento que ando mirando algo importante – Desde aquella posición privilegiada podía tener una visión clara de donde habían atracado los forasteros “Llegaron más rápido de lo que pensé” El movimiento del dinosaurio finalmente la lanzo, aunque ella al caer entre las ramas de los arboles aparte de amortiguar un poco su caída acabo por aferrarse a una; desde allí le basto un pequeño salto para volver a retomar el camino.

Prácticamente había alcanzado el navío humano, cuando un escalofrió recorrió todo su cuerpo dejándola por un momento paralizada en el acto allí mismo con un ligero temblor. Kulve estaba desconcertada ¿Eso era miedo? Lo cierto es que su instinto animal para el peligro acababa de meter un chillido atronador dentro de ella como nunca sintió en la isla. Aquel presagio que invadió a Kulve cuando debía estar a unos escasos treinta metros del barco coincidía casualmente con el momento en que Katharina piso tierra. Tras lograr calmar un poco su corazón avanzo ahora con una suma y absoluta cautela, moviéndose entre los arbustos de la jungla para evitar ser vista; allí entablo contacto visual con una mujer de cabello rosado que estaba comenzando a dar un paseo por la isla, si el instinto salvaje de la chica no mentía se debía tratar de ella sin duda alguna "¿Que demonios es esa hembra?" Así que con toda la cautela del mundo Kulve intentaría seguir a la mujer rosada por su camino a ver que hacía o cuan peligrosa era.

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Mensaje por Katharina von Steinhell Miér 31 Mar 2021 - 21:14

Little Garden era esa isla donde los árboles daban la impresión de que algún día tocarían las nubes como siguieran creciendo, donde las libélulas tenían el tamaño de un caballo y las bestias eran más grandes que el Horror Circus. Todo era exageradamente gigantesco salvo una cosa: los mosquitos. ¡Malditas abominaciones del infierno! La bruja llevaba de todo: comida y agua para una semana, libros para aburrirse y una bonita libreta. ¡Incluso se había molestado en llevar una linterna! ¡Una linterna! Vale, suena como un poco obvio, pero la hechicera podía ver en la oscuridad sin ningún problema. En serio, llevaba de todo menos un estúpido repelente de insectos.

Antes de abandonar el Horror Circus le recordaron que no destruyera la isla, que no estaba bien incendiar bosques por querer asar un trozo de carne, pero es que los mosquitos le daban razones para hacerlo. Como siguieran zumbándole en los oídos… Suspiró, intentando relajarse. No era sano para su corazón molestarse tanto por unos mosquitos; había cosas más importantes por las que enfadarse.

Dejó las quejas a un lado y retomó la caminata, avanzando por un gran sendero que seguramente conducía al interior de la isla. Llegó a una laguna de aguas turquesas donde nadaban unos “caballitos de mar”. Parecían dragones acuáticos, pero la ausencia de brazos le recordaban a esas interesantes criaturitas. Escamas celestes y brillantes, un hocico alargado en forma de tubo, una cola enroscada sobre sí misma… Va, lo había decidido: construiría un estanque en el Horror Circus y adoptaría a uno de esos animalitos.

De pronto, sintió una voz que parecía más bien un tenue susurro, era casi como una brisa de otoño. Le llamó la atención puesto que no creía que hubiera vida inteligente en la isla.

—Si vas a acechar a la gente deberías ocultar mejor tu presencia, ¿sabes? —dijo de pronto. No estaba preocupada, raro sería que hubiera algo en la isla capaz de hacerle frente—. ¿Por qué no sales de tu escondite y muestras tu rostro?

Esperaba que no fuera un dino-marine puesto que estaría en la obligación de cortarle la cabeza. Así eran las cosas con los enemigos, había que ser dura para que le siguieran tomando en serio. A juzgar por la voz, debía tratarse de una criatura más o menos de su tamaño, pero notoriamente más débil, de hecho, si no estuviera conteniendo su Espíritu de la Conquistadora todos los animales cercanos perderían el conocimiento.
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Mensaje por Kulve Jue 1 Abr 2021 - 7:38

Esta isla era indudablemente grande y muy peligrosa. No solo su vegetación densa y de proporciones desmesuradas podían desorientar y conducir hacia senderos confusos a los viajeros despistados; sino que su fauna local era muy peligrosa y dominante. De por si un animal salvaje defenderá su territorio sin dudarlo luchando contra cualquier intruso que se atreviera a poner un pie dentro, pero ninguna criatura en todo Little Garden estaba preparada para aquello…

La mujer de cabello rosado estaba paseando con total tranquilidad por la isla, como si estuviera por su mismísima casa sin preocuparse por nada. Ningún habitante de la isla se estaba mostrando o interponiendo en su camino; Kulve sabia la razón muy bien, puesto que ningún animal que preciara su vida se acercaría a nada que desprendiera aquella aura de muerte. La cosa iba más lejos todavía, la joven salvaje podía notar y saber por el ambiente que todos los animales de la zona se estaban alejando, sin duda este era un estado de alerta en el que las fronteras territoriales no importaban mucho, toda criatura que pudiera andar o volar debía estar migrando a l lado opuesto de la isla al que se moviera aquella mujer.

Kulve debía ser en aquellos momentos la única que siguiera el rastro de la dama de la muerte. O por lo menos una de las pocas, como mucho algún dinosaurio cabezón y bruto sin un ápice de sentido común intentaría acercarse a ella. Y Kulve solo lo estaba haciendo por curiosidad y responsabilidad, ella quería ser la reina de la isla, la alfa de toda la manada que conformaba el lugar, por lo tanto no podía simplemente dejar campar a todo visitante como se le antojara “Pero… ¿Qué clase de criatura es esta?” El sexto sentido de la chica no dejaba de avisarla de que se marchara, todo su cuerpo respondía como si lo que estaba siguiendo pudiera quitarle la vida en un instante, pero aun así se forzó a seguirla hasta cerca del lago central de la isla; un destino que un visitante normal no podría ni soñar alcanzar sin haber sido devorado ya.

La pequeña Kulve espiaba desde unos arbustos cercanos, hasta que de pronto la muerte gruño, no estaba gruñendo claramente, pero ante los oídos de Kulve nada de lo que decía la mujer rosada tenía el más mínimo sentido, para ella solo era una entidad peligrosa emitiendo ruidos extraños. Permaneció oculta en su arbusto, el pequeño sobresalto que sufrió cuando la mujer hablo no pudo evitar que la pequeña moviera un poco el arbusto en el que se ocultaba haciendo un ligero ruido en el ambiente “Debo seguir observando ¿Se está intentando comunicar con alguien?” Aun con todo eso no salía, ella no comprendía la petición de la mujer en aquellos momentos y el temor que sentía y ante su criterio no podía perder el factor sorpresa Sin ser consciente la inocente e ingenua Kulve que hacia un largo rato que su presencia había si completamente expuesta ante las habilidades de la muerte rosada.

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Mensaje por Katharina von Steinhell Vie 2 Abr 2021 - 3:58

Una vez se le cayó un helado y pasó el resto de la tarde encerrada en su cuarto. Y ni hablar de lo mucho que se molestó cuando se le olvidó la cartera y ya iba atrasada. Gruñía al pasar por la cocina y que esta no estuviera limpia. Olvídate de las maldiciones que echaba al descubrir los repugnantes ritos chamánicos de Inosuke. A lo que quiero llegar, es que la bruja era una chica irascible y fácil de hacer enfadar. Vale, podía controlar en mejor o peor medida el enfado, pero todo dependía de las situaciones. Y algo que odiaba era ser ignorada, no había nada más humillante que hablar y recibir silencio como respuesta.

Está bien, no hace falta enojarse. Puede ser un animal que no habla la lengua común, se dijo a sí misma mientras se masajeaba la frente: era su terapia favorita para calmar los nervios.

Si la bestia no entendía el lenguaje humano, ¿qué? No iba a dejar que le espiase todo el día. ¿Qué clase de pirata sería si permitiera algo así? Sin esperar más, sujetó con gallardía la malla de capturar animales grandes. Era una de las normalitas, de esas que se encuentran en el mercado, pero en manos de la bruja obtenía cierta mortalidad. Luego, cerró los ojos durante un instante y se concentró activamente en las voces más cercanas. Siguió la sensación de estar en lo correcto y caminó hacia los arbustos.

De pronto, sus pupilas se tornaron como las de un búho y la bruja se expuso a un estallido de colores. Como diseñadora tenía muy buen ojo, pero usando sus poderes mágicos podía diferenciar con claridad entre los verdes de las hojas. Y lo más importante era que veía cierta silueta que sobresaltaba sutilmente del paisaje. Dibujó una sonrisa de «te encontré» y recorrió el último tramo con cautela. Esperó un segundo, dos y hasta tres, esperó y esperó sin perder de vista a lo que fuera que se escondiera en la vegetación.

—¡Te tengo! —anunció antes de saltar y lanzar la malla como si hubiera cazado toda la vida, atrapando justo a tiempo a la bestia que intentaba escapar con todas sus fuerzas—. Te lo mereces, maldito acosador. Vamos a ver qué eres.

Los chillidos de la bestia le daban ideas desilusionadoras. Se llevó las manos a la cintura cuando vio a la cosa que intentaba salir de la malla. Tenía el hocico de un jabalí, pero el resto parecía un sapo. Era completamente gris a excepción de unas manchas negras en su lomo. Una peculiaridad era su cola bífida que acababa en dos pompones hechos de puro pelo.

—¿Me habré equivocado…?
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