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Mensaje por Lion L. Kai Miér 21 Abr 2021 - 22:31

Despertó, como de costumbre, con el canto del gallo. Gruñó y se incorporó con esfuerzo, ignorando el dolor. Cogió el bastón y, apoyándose con la mano izquierda en este y con la derecha en la mesilla de noche, hizo un esfuerzo por levantarse. Aquella era sin duda una de las partes más dolorosas de la jornada, aunque no de las peores. Cuando logró ponerse en pie trastabilló, pero logró poner el bastón y mantener el equilibrio. El sistema nervioso era una mala perra. Si fuese solo el daño en sus músculos, podría vivir con ello, estaba acostumbrado al dolor. Pero tras el combate le habían quedado dañadas las terminaciones nerviosas de la espalda y piernas. Una neuropatía periférica. Y por desgracia, como médico sabía bien que su previsión no era buena. La medicina podía hacer auténticos milagros, pero no lo curaba todo. Los médicos de la Marina ya habían hecho unos progresos increíbles, y en la rehabilitación había pasado de estar paralítico de medio torso para abajo a ser capaz de caminar de nuevo. Pero eso era todo. Se había convertido en un lisiado.

Se dirigió a la cocina apoyándose en el bastón y puso la cafetera al fuego. De la nevera sacó una generosa ración de pastel de zanahoria, y de la despensa bacon y huevos. Recordó con nostalgia cómo en viejos tiempos simplemente se hubiese tirado en el sofá e invocado la comida. Ahora ya no lo hacía, pues si se tumbase tendría que volver a pasar por todo el esfuerzo y el dolor de levantarse. Cada varios días, o antes si estaba particularmente glotón, hacía el esfuerzo para rellenar la nevera y la despensa con los alimentos que no podía conseguir de la zona, pero eso era todo. Había otro motivo por el que se preparaba él mismo la comida. Sabía que mantenerse en activo era terapéutico. El día que dejase de ejercitarse en esas pequeñas tareas, acabaría postrado en cama.

Tras sacar el café del fuego, salió al exterior. Su casa era una pequeña cabaña de madera con una sala, cocina, habitación y una pequeña biblioteca. Fuera de ella tenía un terreno donde criaba gallinas y cerdos, cultivaba algunas hortalizas, hierbas medicinales y tabaco. Había contratado a unos jornaleros del pueblo cercano que le ayudaban en las tareas que era incapaz de realizar, que no eran pocas. Sin embargo en aquella vida sencilla, apartado de la violencia del mundo, había encontrado cierta paz. No era feliz, pero vivía el día a día con calma y aceptación de su situación. Si no había remedio, ¿para qué preocuparse? Se dirigió al corral y le echó maíz a las gallinas y las sobras de anoche a los cerdos. Mientras los animales comían, Kai fue a la caseta donde trabajaba las plantas. Se sentó en una banqueta alta y empezó a preparar varios cigarrillos, mezclando unas hierbas medicinales que le calmaban el dolor con una hoja de tabaco seco. Lió la mezcla, se guardó todos menos uno que encendió y salió al exterior de nuevo, a tomar el aire.

Se apoyó contra la caseta y observó el paisaje en silencio. Al sacar la ceniza del cigarro se fijó en un charco en el suelo. Un rostro envejecido, con una barba espesa y melena salvaje y descuidada le devolvió la mirada. No tenía muy buena pinta. Parecía un ermitaño loco o un vagabundo. Sus gastadas ropas de monje no ayudaban a ello. Al menos no olía como uno; se duchaba a menudo a pesar de que el agua del río estaba helada y procuraba mantener su ropa limpia. Desvió la mirada del charco, se apartó de la caseta y echó a andar hacia la casa apoyándose en el bastón. Era hora de desayunar.
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Mensaje por Señor Nat Miér 21 Abr 2021 - 22:32

Durante su viaje deseó no pocas veces haber emprendido el camino en solitario. El Diamante en bruto era una nave rápida, pero no dejaba de estar limitada por el medio. Las motocicletas de la brigada habían demostrado innumerables veces ser un transporte mucho más eficiente, llegando antes y llamando mucho menos la atención, pero no iba solo. Junto a él viajaban decenas de doctores que día y noche estudiaban el caso, revisando una y otra vez cada nota que médicos, fisioterapeutas e incluso chamanes -que no eran pocos- hubiesen dejado al respecto. La conclusión obvia era la que todos esperaban desde un inicio: Kai no volvería a la Marina. Aunque una conclusión obvia años atrás al parecer fue, en algún momento, que ni siquiera volvería a caminar. Con eso en mente, siempre había lugar para la esperanza.

Sabía que había rechazado varias veces regresar a una posición de retaguardia. Lo comprendía, al fin y al cabo no se imaginaba al indisciplinado Kai adiestrando a las nuevas generaciones de marines, mucho menos viajando por el mundo asegurándose de que todo estuviese en orden. Aunque, en cierto modo, se le ocurrían pocas formas mejores de asegurarse de que todo en la Marina girase engrasado que creando una organización a prueba de Kai.

Aun así, nadie quería eso. Por lo menos, estaba lejos de ser la opción que nadie deseaba.

Tras el “accidente” no se había atrevido a visitarlo. Ver a Xemnas lo había desgarrado por dentro, y temió que la visión de alguien tan cercano como él terminase de romperlo. No quería saber cuánto tiempo había pasado, y aunque por momentos el ansia se apoderaba de él casi constantemente sentía un miedo paralizante. ¿Qué pensaría él tras tanto tiempo? Si él estuviera en su situación probablemente se habría enfadado, pero al fin y al cabo Kai tampoco había intentado buscarlo. Aunque, en realidad, con eso solo confirmaba que el vicealmirante no quería que fuese.

Pero ahí estaba.

Durante los últimos meses había estado estudiando el caso en persona, pero estaba fuera de su alcance. Simplemente, teniendo en cuenta las heridas de Kai y sus secuelas estaba lo mejor que jamás podría estar… O no. Había buscado a los mejores médicos que podía pagar, invirtiendo en el equipo su sueldo de tres años. Cuarenta y nueve expertos entre neurobiólogos, cirujanos, traumatólogos y un sinfín de especialistas más para ver si había la más mínima posibilidad de que se recuperase. Que en tres semanas de travesía aún no hubiesen desechado el caso, por el momento, era suficiente para él. Aunque, en realidad, necesitaba que volviese. Necesitaba su ayuda.

Tras el revuelo que recorría al mundo las huestes de Émile habían comenzado a expandirse. De los nueve infiernos habían salido decenas si no cientos de naves negras, apenas sí coronadas por la bandera del señor infernal, y habían comenzado a establecerse en la mayoría de islas sin ley -que en el Nuevo Mundo eran mayoría-, así como a atacar enclaves estratégicos del Gobierno Mundial. Se salía demasiado de su patrón de conducta, y necesitaba a alguien que lo conociese a fondo para entenderlo. También para detenerlo.

Una vez desembarcó no fue difícil localizarlo. Había contratado gente para que lo ayudase y, aunque vivía retirado hasta cierto punto, no estaba aislado. Además, un tullido con bastón resultaba francamente fácil de identificar, si bien cuando lo vio le costó reconocerlo. “¿Pero qué te ha pasado?”, estuvo a punto de preguntar. “¿Cómo te has dejado tanto?”. En su lugar siguió caminando hasta estar lo bastante cerca de él, aunque al tratar de saludar se le hizo un nudo en la garganta. Estaba horrible.

- Has engordado -atinó a decir, casi en un susurro.


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Mensaje por Lion L. Kai Miér 21 Abr 2021 - 22:32

Se quedó quieto al ver a alguien llegar. No esperaba ver rostros humanos. No aquel día. Al fijarse en quién era, se quedó rígido de la impresión, apoyado con manos temblorosas sobre el bastón para no perder el equilibrio. Por un momento le dio la impresión de que estaba en un sueño, que estaba alucinando. A lo mejor se había confundido de hierbas y estaba teniendo un mal viaje. Sin embargo sabía que no era posible. Lo más parecido que tenía a sustancias alucinógenas era un hongo con efectos psicotrópicos menores que además era un potente analgésico en manos expertas. Bueno, y la marihuana que cultivaba. Pero ninguna justificaba una alucinación como aquella. ¿Su soledad le había hecho perder definitivamente la cabeza? Y entonces el muy imbécil lo soltó:

- Has engordado.

- Y tú sigues teniendo la misma cara de cretino - le respondió, sin pensar.

Y entonces rompió a reír a carcajadas. Cómo no se cayó al suelo es una historia aparte, aunque su cigarrillo sí lo hizo. Aún riéndose, lo pisó y se acercó al rubio, para abrazarlo con un único brazo. Seguía necesitando apoyarse en el bastón, al fin y al cabo. Se sentía genuinamente feliz de verle, y no se paró demasiado a pensar en todo el tiempo que llevaban sin hablarse o por qué no lo habían hecho. Todo eso quedaba en el pasado, y en aquellos días cualquier visita era motivo para alegrarse. Más si era de un amigo tan querido.

- ¿Tú por aquí, rubia? ¿Visitando a un jubileta? Sé que es difícil, pero intenta no envidiarme mucho. Esta es la curva de una vida tranquila.

Se palmeó la barriga, reforzando sus palabras. Podía no ser la vida que había escogido, pero no era propio de él quejarse y llorar a otros por su suerte. Al menos no cuando estaba sobrio. Y ahora al menos tenía motivos para alegrarse. Le hizo un gesto con la mano para que le siguiera y echó a caminar hacia la casa.

- ¡Pasa, pasa! Estaba preparando café e iba a hacer el desayuno. Huevos fritos y bacon, y si no te sirve, también tengo pastel de zanahoria en la nevera. Si tampoco te sirve, te jodes. El café solo, ¿verdad? Esto no es el Cubo de Estrellas, así que no voy a darte pijadas.

Sin aceptar un no por respuesta, entró en el sitio y se acercó cojeando a la cocina. Llevó la cafetera a la mesa y luego las tazas. Si Al intentaba ayudarle, le haría un gesto para que no lo hiciera. Podía llevarle más tiempo y ser incómodo, pero era independiente y no quería ser tratado de manera distinta por su incapacidad. Si no era capaz de hacer algo, ya pediría ayuda.

- Como si estuvieses en tu casa, sírvete - dijo, animado - Y ya que estás, sírveme otra a mí.

Mientras tanto se puso a sacar la sartén y el aceite. Encendió de nuevo el fuego y se puso a preparar los huevos y el bacon.

- ¿Qué te trae por aquí? ¿Tenías miedo de que estuviese ahogándome en alcohol? - acompañó con una carcajada sus palabras.
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Mensaje por Señor Nat Miér 21 Abr 2021 - 22:32

- Supongo que sí -musitó, aún sin ser capaz de alzar la voz, mientras Kai reía a carcajadas.

Tardó un rato en procesar todo lo que pasó a continuación. El cigarrillo cayendo parecía una imagen en bucle para su cabeza, y la voz de Kai un eco lejano. Era como si todo quedase ya demasiado lejos, como si estuviese viendo a su viejo amigo desde detrás de una cascada. Sabía que era él, pero incluso su abrazo resultó tan ajeno como frío, y no entendía por qué. En realidad tampoco importaba, porque al poco se vio atrapado por la atmósfera risueña del cojo y se aferró con fuerza a él, casi sin importarle el destrozo que pudiese hacerle. Casi.

La misma parálisis mental que tuvo en un primer momento seguía atrincherada en él, aunque la expresión turbada hubiese dejado atrás una sonrisa de idiota. Se alegraba de verlo, claro que sí, pero de pronto todo el tiempo deseando recuperarlo, todos los meses de silencio por puro temor… No habían sido más que tiempo perdido; miedos vacíos a los que había escuchado en un alarde de sinrazón, un terror al monstruo del armario que había terminado por ser un montón de mantas con bastón.

- Me habían dicho que estabas por aquí, y pensé: “Nadie sería tan idiota para irse a vivir ahí”. Como siempre, superando expectativas. -Lo cierto era que en parte sí lo envidiaba. Aún recordaba su año de retiro en Dark Dome como el mejor de su vida-. Además, no podría vivir aquí. Las chicas son… Bueno, ya sabes. No son mi tipo.

Todavía no podía comprender por qué habría elegido un lugar como aquel para retirarse, pero siguió sus pasos hasta su casa. Era la más pequeña de los alrededores, pero aun así era espaciosa y acogedora, al menos para una persona. Le ofreció huevos, también bacon y tarta de zanahoria, pero todo lo que pudo hacer fue negar con la cabeza mientras miraba alrededor, anonadado. ¿Había estado ahí todo ese tiempo? No parecía el retiro que uno pudiese esperar de Kai, más bien era el que habría tenido para sí mismo. No podía creerse que fuese feliz allí, por agradable que pudiese resultar a primera vista. Más bien, a sus ojos, parecía la marca de una derrota amarga que había intentado endulzar de la mejor forma que pudo.

- Café solo está bien -contestó, finalmente-. ¿Necesitas ayuda?

No, claro que no. Llevó a la mesa una cafetera e hizo un chiste sobre el Cubo de Estrellas, como si él se conformase con un frappuccino insípido de franquicia. Bufó con desagrado ante su comentario, pero se sentó a la mesa y sirvió las tazas. La suya hasta un punto razonable, pero la de Kai hasta el borde. Solo por ser un mojón inválido no iba a dejar de hacerle bromas, al fin y al cabo.

Le costó mirarle a la cara por un rato. ¿Cómo iba a responderle? Daba igual cómo lo hiciese, sabía que se enfrentaba a un rotundo “no” como otras veces. Y si le decía lo que esperaba en el barco, tal vez echarle de su casa fuese lo más suave que haría. En fin…

- Émile. -Clavó la mirada en su amigo-. Se está moviendo. Necesito tu ayuda.

Podía haberse negado a un retiro dorado como instructor, pero esperaba que no lo hiciese con una última misión. Y, si no era por la misión… Tragó saliva. Había pasado demasiado tiempo.


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Mensaje por Lion L. Kai Miér 21 Abr 2021 - 22:33

La sensación que tuvo fue muy similar a pasar de repente a no tener suelo bajo los pies. Se sentía como en caída libre. Toda la señal que dio de ello fue apretar la encimera algo más fuerte de lo debido, agrietando un poco la piedra. Por supuesto pagó ese stunt con un pinchazo de dolor en sus manos, que ignoró lo mejor que pudo. La mera mención de ese nombre bastó para causarle oleadas de calor y de frío. Su estómago se contrajo en un nudo y sus labios se apretaron en una mueca de rabia. Ese hombre había sido el gran error de su vida. Su rostro de mirada burlona y labios torcidos en una mueca malévola seguían persiguiéndole en sus pesadillas más oscuras.

- Émile, demonio desalmado… - masculló las palabras como si las escupiera.

Por un momento el fuego volvió a arder en su mirada. Se irguió cuan alto era, ignorando sus limitaciones. Pareció, si bien por breves instantes, el mismo valeroso y temerario Vicealmirante del pasado. Entonces una sacudida de dolor en la espalda lo devolvió a la realidad. Volvió a apoyarse en la encimera, encorvado, y sus ojos volvieron a apagarse. Ese breve momento de ira sirvió para romper, por un momento, la falsa de paz autoimpuesta que había creado para calmarse a sí mismo y obligarse a aceptar su situación. Entonces se le pudo ver cómo era realmente y lo profundo de su herida: un hombre derrotado que ya se había resignado a esperar en silencio su muerte, sin más aspiraciones que vivir día a día. Kai no había ido a Dangerous para retirarse y disfrutar de la jubilación. Había ido a morir.

- No puedo - contestó en un murmullo.

Le dio la espalda a su amigo y siguió haciendo los huevos y el bacon. Sin embargo sus movimientos se habían vuelto más torpes. Era como si, a modo de maldición, la invocación de aquel nombre hubiese bastado para arruinar todo su autocontrol. Se había sentido genuinamente feliz de ver a Al y no se había cuestionado seriamente el motivo de su visita. Había intuido, casi como un pensamiento pasajero, que había alguna razón oficial para que un Almirante viajase hasta aquella isla lejana y peligrosa. Sin embargo, ni se le hubiese ocurrido pensar que pudiera ser algo así. Colocó los huevos y el bacon en dos platos y los pasó a la mesa con cuidado, para luego tambalearse sobre su bastón y sentarse torpemente en su silla.

- No soy más que un tullido. Al, si era oficial de la Marina era solo por mi fuerza, no por mi capacidad táctica. Siempre he sido demasiado despistado e impulsivo para ser un buen estratega. No sé qué esperabas encontrar, pero has hecho este viaje en vano. No creo tener nada que aportar a una campaña contra Émile.
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Mensaje por Señor Nat Miér 21 Abr 2021 - 22:33

Durante unos instantes sintió que había logrado calar en el viejo espíritu guerrero de Kai, pero todo se desmoronó como un castillo de naipes al aleteo de una mariposa. Tal vez había rozado los deseos del soldado, pero el tullido era quien estaba a los mandos. Y a ese acomplejado era muy difícil que pudiese alcanzarlo con promesas de guerra y gloria; estaba demasiado sumido en su miseria. Sin embargo, que por un momento el verdadero marine hubiese salido a la luz daba una mínima esperanza. Levísima, casi imposible de estirar, pero presente.

- No puedes -repitió, meneando la cabeza con desgana.

No había que ser muy listo -que no lo era- para darse cuenta de que Kai había pasado por una situación jodida. Haber quedado cojo, destrozado y con el espíritu hundido era una experiencia cuanto menos traumática, mucho peor si intentaba de alguna manera atisbar el porqué de que hubiese acabado así. ¿Qué había podido dejar al Puño Rojo en esa situación? Solo pensar en ello, el simple intento de imaginarlo, le daba escalofríos, casi más de pensar que en cualquier momento podía sucederle a él que de verlo a él así. O sea, empatía la justa, pero au.

En cualquier caso dio el primer sorbo a su café. No era ni de lejos el mejor que había probado, pero sin duda era mejor que el del Cubo de Estrellas -y sin leche sospechosamente espesa- y bastante más vigorizante que el que podía preparar Jack, siempre con exceso de azúcar. De todos modos prestó cierta atención a la torpeza que demostró Kai tras ese momento inicial, aunque no dudó en hacer ciertas cábalas. Si no fuera porque había visto las radiografías, habría apostado porque era algo psicosomático.

Aunque, en realidad, podía tener cierto componente mental.

Sabía que estaba mal, pero había empeorado al… ¿Cómo había empeorado? En realidad, no sabía si era un dolor el que lo había causado por su movimiento brusco o un cambio de mentalidad el que había provocado el dolor. Se había olvidado de llevar un psicólogo en el barco, pero realmente no lo necesitaba del todo. De hecho, si tan hecho polvo estaba Kai… Bueno, ¿Qué podía perder?

- Ese no es mi problema -contestó, entrelazando las manos encima de la mesa-. Las malas decisiones del Gobierno Mundial no son de mi incumbencia, Kai. Pero si alguien fue lo suficientemente irresponsable para poner a un idiota como tú en un puesto de responsabilidad -”o a mí”-, yo puedo ser lo suficientemente irresponsable como para llevarme un tullido como carne de cañón.

Se levantó de la silla y separó las manos. Tal vez era un pensamiento innecesario, pero la idea de caminar con ellas aún entrelazadas se le hacía confusa y poco práctica. Acercándose a Kai, apoyó la mano sobre su hombro.

- Solo hago esto porque eres mi mejor amigo, merluzo.

Empujó, tratando de hacerlo caer hacia atrás.


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Mensaje por Lion L. Kai Miér 21 Abr 2021 - 22:34

Su rostro era una mezcla de dolor y confusión. Por un lado le pilló por sorpresa que le hubiese llamado idiota. En condiciones normales lo hubiese recibido con una risa y algún comentario siguiéndole el juego, pero la mención a Émile le había alterado mucho. Por otro lado, no entendía por qué Al podía considerar que llevarle le sería de alguna utilidad. ¿Se estaba compadeciendo de él? Si era el caso, no iba a dejarle llevarle consigo. Lo último que necesitaba era que lo tratasen como a un muñeco roto o que le mirasen con lástima. El orgullo era lo último que le quedaba. ¿Qué sería si tuviera que renunciar a ello también? Aunque sabía que sería más fácil simplemente rendirse y dejar que otros cuidasen de él, no podía soportar las miradas de compadecimiento.

- Ya no estoy en el servicio activo, Almirante - gruñó - Podrías obligarme a salir de aquí por la fuerza, pero no con la ley en la mano.

Entonces Al le apoyó la mano en el hombro y dijo las palabras que no quería oír. Kai suspiró y negó con la cabeza, cansado. No quería sobras. No quería que le ofrecieran la oportunidad de sentirse útil solo porque otros sentían lástima de él. No quería… El empujón fue tan repentino que cortó totalmente sus pensamientos. Por un momento se olvidó de sus lesiones, del dolor y del miedo y simplemente actuó. Mientras la silla y su cuerpo trazaban un arco hacia atrás, giró el brazo derecho hacia la espalda usando el movimiento para girar su cuerpo. Entonces apoyó la palma de la mano en el suelo y redirigió la inercia de la caída para erguir su cuerpo con el brazo como punto de apoyo, como paso previo a hacia una media voltereta y quedar de pie. Era un movimiento que le hubiese sido muy sencillo en otros tiempos. En los actuales, no se hubiese creído capaz de realizar ni los primeros pasos. Por un momento sintió euforia, euforia mezclada con miedo y excitación. Saltó sobre el brazo y comenzó la voltereta… y ahí fue cuando se torcieron las cosas. El dolor comenzó en el lado izquierdo de su zona lumbar y desde ahí se extendió por su espalda siguiendo la columna y por la pierna hasta el final del muslo. No llegó a completar el giro y se apoyó solo con la pierna derecha, que flaqueó con una puntada de dolor. Si Al no le sujetaba, caería al suelo cuan largo era, temblando. El dolor era más intenso en la zona baja de la espalda, pero el brazo derecho le ardía como si lo hubiese metido en lava fundida. Durante un rato no dijo nada, apretando los labios para que no le temblaran.

- Lo siento. No quedan más que cenizas ya - dijo al fin, con la voz rota - Si pensabas que era algo psicológico o fingido, lamento decepcionarte.
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Mensaje por Señor Nat Miér 21 Abr 2021 - 22:34

Anotó con ojo crítico cada cosa que veía. De forma preliminar, era evidente que los reflejos seguían en buen estado. La fuerza, al menos en lo referente a mantener la buena postura y una sostenerse a sí mismo, también. El hecho era que también estaba resultando ágil, por lo que se dio el lujo de sonreír… Antes de que completara la voltereta necesitó cambiar totalmente su movimiento, acabando apoyado de una manera escasamente digna. Por puro instinto se agachó para sujetarlo, pero retiró los brazos de inmediato, dejándolo caer. No le gustaba hacerlo y estaba seguro de que a Kai no terminaría de agradarle, pero tenía sus razones.

- Tú también has pensado en ello, ¿verdad? -preguntó, todavía agachado junto a él-. Llevo no poco tiempo estudiando tus lesiones, y no sé qué demonios te pasa. Sin embargo, aun si no te lo crees… Es probable que parte esté en tu cabeza.

Era evidente que las lesiones de Kai eran reales. Las había visto. También lo estaba viendo en ese momento tirado en el suelo, tras caerse por un sencillo empujón. El vicealmirante de unos años atrás jamás habría ni siquiera retrocedido frente a un empujón tan lamentable. Sin embargo, si bien era consciente de que el daño neurológico en su cuerpo era grave, en algún momento había sido virtualmente imposible que volviese a caminar. Él no era lo bastante hábil o lo bastante inteligente para averiguar cómo, pero sabía que si alguien podía dar un salto tan grande en ciencia médica, alguien podía llegar a dar uno igual de grande. A fin de cuentas, ¿qué dificultad había en sanar algo que había resucitado? En comparación, debía ser un juego de niños.

O no. Ninguno de los expertos parecía estar de acuerdo. Si bien deseaban repetirle cada prueba para asegurarse de los cambios que había producido el retiro, no había ningún indicio que apuntase a una posible cura. No estaba en una papelera, lo cual era un logro teniendo en cuenta el pronóstico inicial, pero nada garantizaba que no fuese a estarlo cuando el día llegase a su fin.

- ¿Sabes? Hay algo que siempre he querido hacer -comentó, soplándose los nudillos-. Desde el día que nos conocimos y me partiste la cara. -Lanzó un puñetazo al suelo, que se quebró bajo su mano. No era ni de lejos el más fuerte de la brigada, pero tenía su aquel-. El problema es que me sentiría muy mal golpeando a un lisiado. Ahora, partirle la cara a un vicealmirante lisiado ya es otra cosa, ¿no crees? En realidad tengo motivos francamente egoístas para hacerte volver.

Evidentemente darle un puñetazo no era uno, pero a ratos seguía echándolo en falta, como cuando daban una fiesta y generaba comida por arte de magia, o cuando tenían que trabajar y generaba comida por arte de magia, o… ¿Por qué en todos sus recuerdos junto a Kai este estaba siempre generando comida? Ah, cierto.

- El caso es que técnicamente nunca se aceptó tu acta de retiro. O por lo menos, no ha llegado a archivarse. -Sonrió con inocencia, como si no hubiese quitado él mismo el documento de la pila de trabajo para Arthur-. Así que en teoría no eres un licenciado, sino un desertor y es mi deber llevarte ante la ley. Así que… Kai, quedas arrestado en nombre del Gobierno Mundial. Y del buen gusto. En serio, ¿no había un lugar mejor para escaparte a morir?

Intentó cogerlo en volandas para llevárselo consigo. De ser capaz de hacerlo, comenzaría a caminar hacia la salida y abriría la puerta mientras le iba recitando sus derechos. Por muy delincuente que fuese era su obligación tratarlo con la máxima dignidad que un ser humano merecía.

- Por cierto, por lo demás… ¿Qué tal va todo? -preguntó.


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Mensaje por Lion L. Kai Miér 21 Abr 2021 - 22:34

Cerró los ojos y frunció el ceño con fuerza. Tensó los músculos de su frente como si eso fuese a desterrar, de alguna manera, a los fantasmas que devoraban su fuerza. Lo había tenido en cuenta, sí. Seguía siendo médico, al fin y al cabo. Sus lesiones eran reales y muy graves, pero había veces en que el dolor no terminaba de encajar, o que empeoraba cuando lo hacía su estado de ánimo. Sin embargo, no había terminado de convencerse de que fuese algo psicosomático simple y llanamente porque había más explicaciones. El exceso de dopamina y la falta de serotonina podían afectar en dolencias como la suya. La alimentación también tenía influencia. Los cambios de presión y temperatura o la misma naturaleza de la lesión.

- Aun si parte estuviera en mi cabeza, Al, la lesión es muy real. Si solo fuese el dolor, podría lidiar con ello. He sufrido dolores mucho peores. Los problemas son otros, y lo sabes. ¿Qué crees que ocurriría si vuelvo a la línea del frente y soy atacado?

Lo más probable era que si intentaba pelear, no pudiese usar toda su fuerza y que sus nervios tensasen sus músculos, dejándolo paralizado. Y que si intentaba huir, forzase sus piernas y estas le fallasen. Simplemente era una mala idea, lo mirase como lo mirase. Siempre podían asignarle una tropa para actuar como sus guardaespaldas, pero ese no era el futuro que quería. Era un orgulloso monje guerrero, no un oficial tullido que tuviese que ser cargado de un lado a otro.


- Espero que me arregles ese suelo antes de irte, jovencito - no se dejó intimidar, incluso permitiéndose el chascarrillo - Además, si quieres golpear a un Vicealmirante lisiado tendrás que lograr que presente mi readmisión.

Pero Al guardaba una última carta bajo la manga. El muy rastrero se había ocupado de no dejarle escapatoria y hacerle salir de ahí. Por un momento se enfadó mucho. Estaba actuando contra su voluntad y sacándolo de su casa para obligarle a volver al servicio activo. Inspiró hondo y liberó en un largo suspiro su ira. Entonces se dio cuenta de que, en el fondo, sentía alivio. ¿Qué se le perdía realmente en aquel sitio? Dejó que Al cargase con él y se quedó en silencio, reflexionando. Echaba de menos la Marina. No podía volver a ser un guerrero, pero… probablemente sería un mejor final estar con sus amigos y compañeros, volver a reír y compartir alcohol y comida con ellos, tal vez incluso aceptar ese puesto de instructor. Aquel sitio había estado bien para revolcarse en la autocompasión un tiempo, pero debía ser sincero consigo mismo. Estaba afectándole a la cabeza y empezaba a estar harto. Entonces cayó en que, ¿desde cuándo era él tan fácil de convencer? “Tal vez simplemente, Kai, grandísimo tonto, tú mismo estabas deseando largarte pero eras demasiado orgulloso para admitirlo”

- Eres un capullo y un payaso - mientras Al le recitaba sus derechos, le pellizcó la mejilla derecha y tiró de ella - Si vas a llevarme de vuelta, al menos haz que alguno de tus subordinados de malvado Almirante conspirador recoja mis cosas. Si voy a estar en un barco, voy a necesitar mucha hierba para lidiar con el dolor - intentó encogerse de hombros ante su pregunta - Pues tengo muy mala pata - se rió de su propio chiste - yo que sé, Al. Estar en mitad de la nada es una puta mierda. Debería haberme jubilado en Kamabakka o algo así. Aunque tendría que haberlos arrestado a todos por piratas.
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Mensaje por Señor Nat Jue 22 Abr 2021 - 14:38

Las dudas de Kai eran razonables. Estaba lisiado, y volver al frente no era ni de lejos la mejor opción. Tampoco podía decir que encasquetarlo al desguace fuese algo digno. Por mucho que la sección administrativa fuese una herramienta vital para Marineford, hacer una serie de oficinas llenas de veteranos tullidos sonaba muy deprimente; era muy deprimente. No podía dejar que tuviese un final así, y tenía bastante claro que él tampoco lo habría aceptado.

- Hay muchas cosas que puedes hacer además de pelear -respondió, encogiéndose de hombros-. En la Marina siempre hace falta alguien inteligente. Y como ese puesto lo ocupo yo, necesito alguien que me haga parecer inteligente de verdad. -Le guiñó un ojo. En realidad no sabía hasta qué punto él encajaba dentro de "inteligente", pero por lo menos no era el único obsesionado con la masacre de criminales a cualquier precio-. Ahora en serio, ¿recuerdas que no te pagan por pelear? Tienes un despacho y una apretada agenda de reuniones por una razón.

Aunque sí era cierto que los oficiales solían atesorar un poder mayor al de sus subordinados, no era la regla general. A veces hacía falta alguien que viese desde la retaguardia cómo se iba desarrollando todo; ya había suficientes luchadores con exceso de adrenalina y muy altos niveles de testosterona como para necesitar esas cualidades en el Oficial al mando, mucho menos en un vicealmirante.

- Además, aún existe la posibilidad de que, con un largo y seguramente doloroso proceso, puedas volver a pelear. Conozco a un tío. -De hecho, conocía a cuarenta y nueve.

Al final Kai no opuso resistencia. Sabía que no podía enfrentarse al guardián del vademecum del escaqueo, el legendario diario escrito a mano en el que Al había confeccionado un detallado y minucioso método para evadir cualquier regla de conducta, norma o ley que el Gobierno Mundial alguna vez había escrito, aprovechándose de los en proporción no muchos pero indudablemente suficientes vacíos legales y contradicciones de orden que los textos iban dejando. De hecho, había uno según el cual que él robase papeles relacionados con la familia de cualquier delincuente no era un crimen, y otro según el cual familia era... Bueno, cualquier cosa, en realidad. La definición dada resultaba bastante ambigua.

- Te retiras en Kamabaka y te va a recoger tu puta madre -contestó al final. Kai se creía que él iba a entrar en medio de una marea de travestis sexualmente liberales y con muy poca comprensión del consentimiento explícito. Para ellos, la palabra "tácito" cobraba nuevos y escalofriantes significados-. Mandaré a alguien a recogerlas, pero de lo otro he requisado unos treinta kilos. Puedo darte hasta doscientos gramos.

No lo había requisado. En su tiempo libre se dedicaba al cultivo, a veces. Según el vademécum, mientras las semillas fuesen robadas él estaba en la obligación de guardarlas como prueba. Según un par de artículos posteriores, plantarlas y podarlas una vez germinadas también eran su obligación. De hecho, podía consumirla siempre que un médico diese su aprobación. Suerte que él lo era, y que Kai también.

El camino hasta el barco fue más breve de lo que habría esperado, pero más largo de lo que deseaba. Desde los sucesos de Síderos tener a Kai piel con piel le incomodaba un poco, más teniendo en cuenta que había resultado compartir esa cualidad con los okamas. Aun así entró al barco y dejó al vicealmirante en una silla, chasqueando los dedos. Al instante apareció un recluta entusiasta.

- El vicealmirante necesita que sus cosas sean recogidas; id.

El chico marchó de inmediato. Se había olvidado de preguntar la dirección, pero no tardaría en encontrar la vivienda. Era la única humana en una isla de gigantes, o eso esperaba.

- Y tú... ¿un bastón? -ofreció a Kai, dándose cuenta de que no habían llevado el suyo-. O podemos esperar a que vuelva. A todo esto, ¿va a poder con todo?


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Mensaje por Lion L. Kai Dom 25 Abr 2021 - 21:48

Se quedó callado, pensativo por las palabras de Al. Sí, podía dedicarse a cumplir otras tareas. Y no todos los oficiales de la Marina eran combativos. Podía dirigir desde la retaguardia, pero... ¿era lo que quería? Un oficial debía estar dispuesto a sangrar junto a sus hombres y darles ejemplo arriesgando también su vida. Sin embargo, probablemente sería mejor que quedarse en una oficina haciendo trabajo de despacho. Valoró las posibilidades, no convencido del todo. Vale, había aceptado que era hora de marcharse. Se había dado cuenta de que vivir aislado de aquella manera, ahogado en su propia autocompasión, no era lo que quería. Aún había gente que le quería y le estaba esperando, a pesar de todo. Sin embargo, no tenía claro qué quería hacer de su vida de ahora en adelante. No le quedaba tanto dinero ahorrado, así que vivir de él no era una posibilidad. Tendría que volver a trabajar, y no se veía haciéndolo en ningún lado que no fuese la Marina.

- No sé, Al. Si voy a volver, quiero disfrutar de mis días. Encerrarme en un despacho, asistir a aburridas reuniones o hacer de inspector y rellenar informes sobre bases en mal estado no son mi salsa. Podría liderar desde la retaguardia, sí. ¿Me sentiría como un puto tullido cobarde? También.

Y fue entonces cuando Al decidió que no había bastado con remover todo el pequeño mundo se había construido, y decidió demoler también su percepción de la realidad. Abrió la boca sorprendido por sus palabras, y la cerró sin saber qué decir. Una parte de él gritaba que se equivocaba; ambos eran médicos y sabían que su enfermedad era difícilmente tratable, por no decir imposible. Sin embargo, Al no le daría falsas esperanzas. Un torbellino de emociones brotó en su interior, destrozando todas sus convicciones y todo lo que había creído o pensado en los últimos años. Podía ser curado. Podía volver a caminar sin dolor. A correr, saltar, luchar y amar. Pero Al podía equivocarse, por supuesto. Inmerso en sus pensamientos, contestó a su amigo de manera casi inconsciente:

- Voy a necesitar esa hierba para el dolor si voy a subirme a ese barco, así que como me robes un gramo, verás lo mucho que puede correr un tullido cabreado con bastón.

A pesar de que Al le dejó con cuidado en la silla, sus lumbares y piernas se resintieron por el movimiento y el cambio de postura. Un dolor constante y palpitante las golpeó, arrancándole una mueca. Sin embargo logró recuperar la compostura. No quería quejarse por el más mínimo dolor. Iba a sentirlo hiciera lo que hiciera en algún momento; salvo que necesitase ayuda, era mayorcito para aguantarlo sin llorar y para tomarse sus analgésicos.

- Ya llegará el bastón, qué remedio. No es que tenga prisa por pasearme por cubierta - suspiró - Al... ¿hay posibilidades reales de curarme, o solo es una apuesta loca?
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Mensaje por Señor Nat Hoy a las 0:03

Se encogió de hombros. ¿Qué podía decir? Cualquier respuesta que le diera era una mentira, en cierto modo. Probabilidades había, pero hasta qué punto podían considerarse razonables era algo que no terminaba de ver claro. A todas luces era una apuesta arriesgada, más loca de lo que estaba preparado para admitir. En su fuero interno era consciente de que muy probablemente Kai no volviese a ser el de antes nunca y, aun si su cuerpo se recuperaba, su mente estuviese tocada para siempre. Los detalles del incidente no se habían hecho públicos y, si alguien en la Marina tenía reportes de cómo había acabado así -más allá de los detalles más superficiales- no los había compartido con él. Lo único que tenía era una pila interminable de informes médicos, no la suficiente esperanza y una moneda para cara o cruz en el que necesitaba hacerla caer de canto. Estadísticamente hablando, sabía que era imposible.

- ¿Me vas a obligar a mentirte a la cara? -preguntó con cierto desánimo. Nadie le había ofrecido unas esperanzas reales, y salvo por Anduin Levi, un compañero de instrucción en el South Blue que había resultado ser un genio, nadie había dicho una sola palabra en positivo. Claro que los pronósticos del anormal de Levi implicaban efectos secundarios desconocidos y había tenido que pagar su ayuda sometiéndose a estudios que pusieron su honra a prueba. Afortunadamente, al parecer habían valido de algo-. Es la apuesta más arriesgada de mi vida, Kai. Una entre un millón, si no menos. ¿Pero cuándo nos hemos rendido ante imposibles?

Intentó sonreírle, pero solo fue capaz de mostrar una tímida mueca que tal vez lejanamente podía recordar a una sonrisa. Dudaba que eso fuera suficiente; para él lo era, claro, pero él no era quien debía someterse al proceso, si es que llegaba a haber uno. Para él no había riesgos reales, ni probablemente dolor, ni de que todo saliese bien su vida volviese a la normalidad. En realidad, comprendería que Kai rechazase; tenía motivos de sobra para no querer arriesgarse. Pero uno bastaba para hacerlo.

También, aunque había razones egoístas, tal vez no se habría atrevido a ir si no fuese porque tenían un enemigo al que enfrentarse. Sin Kai en un buen estado de forma y sus conocimientos del Diablo les resultaría casi imposible prever los pasos que s tripulación pretendía ir dando.

- Y si sale bien, puede que cumplas tu sueño de tener un poco de mí en ti. -Le guiñó un ojo. Como era homosexual seguro que le hacía gracia (o no), pero Levi lo había estudiado y no pocas veces para entender cómo lograba regenerar su cuerpo con tanta rapidez. Aunque seguramente no tuviese nada que ver y ese estudio fuese mero formalismo en busca de conocimiento a cambio de la ayuda que iba a prestar-. En fin, ¿quieres conocer a los chicos? No son de los que preparan fiestas de bienvenida, pero yo creo que celebrarán verte aquí.

Formó en sus manos un bastón de hielo, lo suficientemente frío como para que aguantase una hora, y lo vendó. Así resistiría mejor y Kai no se dañaría la mano al utilizarlo. No creía que fuese a gustarle ver a los médicos, pero tampoco era como si pudiese huir ya. ¿No?


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