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Mensaje por Thyma Bandle Sáb 8 Mayo 2021 - 12:41

La "broma" de mal gusto había terminado por ser la antesala de un maravilloso espectáculo de tiro a manos de un virtuoso pistolero. Cuando el hombre entró en escena todo el público aclamó. Todos menos Thyma que estaba enfadada con él por el susto tan grande que se había llevado. La pequeña pensaba que era un payaso, pero no de esos de nariz roja, que con su simpatía y chistes traen la felicidad de grandes y niños. No. Era un payaso en el peor sentido de la palabra. Thyma refunfuñaba con los números. No podía negar que era impresionante y completamente limpio a la hora de realizar los movimientos. -¡Bah! Eso lo hace mi hermanito con el tirachinas, sin necesidad de asustar a nadie.- Dijo para si misma. Le duró poco el enfado, pues el número era realmente bueno. Pronto se vio sumida en aplausos desacompasados acompañando el ritmo de la actuación.

Alice estaba tensa, era evidente. Thyma pensó que estaba tan molesta con el tirador como ella y no le dio más importancia, hasta que la rubia se disculpó para ausentarse. -¡Ten cuidado no te hagas daño!- Le dijo con cariño a su nueva amiga. El sitio estaba oscuro y había mucha gente, era fácil tropezarse. Alice ya había roto su buena racha, la pequeña no quería que se rompiese nada más. Cuando se fue, Thyma se sentó en el asiento de su mellizo, cabían los dos holgadamente y probablemente diez más como ellos. Se abrazó a él y continuó viendo el espectáculo. -Thymo, empiezas a oler a pocho.- le dijo a su hermano, mientras se tapaba la nariz con los dedos haciendo de pinza y se alejaba de él haciendo muecas muy exageradas. Durante un buen rato, los mellizos estuvieron haciendo comentarios sobre lo que veían. Aunque sus disciplinas eran diferentes, había posiciones y movimientos compartidos. Analizaron varios de ellos, no es que les fuese a servir de gran cosa, pero sus espíritus curiosos no podía perder la oportunidad de aprender y descubrir cosas nuevas.

Thyma comenzaba a inquietarse. Alice estaba tardando mucho para su gusto. Se revolvía en la silla y no paraba de mirar hacia la dirección por dónde se había marchado. La idea de que estuviese entretenida porque, al fin, había encontrado los pingüinos, era demasiado irreal hasta para la Tontatta. -Oye, Thym. ¿No crees que está tardando mucho?.- Le susurró a su hermano muy inquieta. En ese momento un aullido de dolor con voz masculina rompió el ambiente del público. Thyma se giró sobresaltada para observar la procedencia del grito. Pensó por unos instantes que aquella sería otra parte del no tan gracioso espectáculo. Cuando todas sus sospechas se disiparon al ver a su amiga recriminarle algo a un hombre. El señor estaba levemente agachado sujetando sus partes, emitiendo una cara de absoluto dolor. El sudor estaba presente en su frente y algún mechón de su engominado pelo, había logrado despegarse. El hombre se puso en pie, tras unos segundos y era todavía más grande que Alice, bastante más. Ella, ágilmente, se movió de su posición y pareció prepararse para enfrentar a ese hombretón.

Thyma agarró con fuerza su cerbatana y miró a su mellizo. -¡Vamos!- Le dijo decidida. El público en ese momento, comenzó a arrojarles a los supuestos actores una gran cantidad de chucherías y marranadas. Thyma enfurecida por el atropello que se estaba cometiendo, se subió a un respaldo de una butaca vacía del público e increpó con todas sus fuerzas a aquel hombre. -¡OYE TU, MAMARRACHO! ¿QUÉ LE HAS HECHO A MI AMIGA?- La cara de Thyma ardía en cólera. Estaba muy enfadada y agitaba su puño de forma amenazante. Con la otra mano sostenía oculta su cerbatana. La Tontatta se mantuvo alerta en todo momento. Vigilaba a ese hombre, pero también a su querido hermano, pues eran uno en estas ocasiones. Siempre mantenían contacto visual entre ellos. Los movimientos de Alice la sorprendieron, realmente parecía que sabía lo que hacía. "Tal vez, no es tan indefensa como parecía en un principio." Pensó la pequeña. Eso facilitaba mucho las cosas, pues ese hombre cada vez tenía menos posibilidades de salirse con la suya. Además, Thyma pensaba que estando su hermano en escena, la partida estaba ganada, pues era el Tontatta mas virtuoso del mundo mundial.

La Tontatta metió la mano en su zurrón agarrando uno de sus dardos más rápidos, dispuesta a disparar en el momento que ese hombre tomara un pésima decisión. Los disparos a grandes alturas ya no le eran de tanta complicación. Los entrenamientos en el bosque con su hermano, semanas antes de iniciar el gran viaje, sin duda habían dado sus frutos. Los hermanos Bandle se embarcaron en una estupenda forma física y mental. Ambos habían mejorado mucho y en el fondo, Thyma estaba deseosa de poner en práctica real su evolución. Ella sabía que habían nacido para ser grandes artistas y grandes héroes, a pesar de su tamaño. Su valor se potenciaba con la presencia de su hermano y pensaba que no había reto en el mundo que no pudiesen superar juntos. La comida continuaba lloviendo sobre sus cabezas. Algunas personas del público se alejaron de la escena, otro en cambio, más curiosos se acercaron a curiosear. Probablemente seguían pensando que formaba parte del espectáculo. El maestro de ceremonias, habilidoso él, no detuvo sus comentarios haciendo ver que todo formaba parte del show. Calmando los ánimos de los asistentes, confirmando la sospecha de algunos y en cualquiera de sus formas, lucrándose de los acontecimientos. Era un oportunista en toda regla, pero no se le podía juzgar por intentar ganarse la vida en un mundo tan complicado como el que vivían. Además aquella distracción, podía venirles muy bien a Alice y a los Bandle.
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Mensaje por Thymo Bandle Dom 9 Mayo 2021 - 15:13

-Claro, te esperamos aquí- exclamó el pequeño, ensimismado con la demostración de habilidad más grande que había visto jamás. Si bien Thymo solo pensaba eso a medias, pues crecer con cazadores le permitía una experiencia en disparos aparentemente imposibles bastante amplia. Aun así, la forma en la que aquel artista de la pólvora representaba su papel, si es que era un papel, deslumbraba la inocente mente del tontatta.
La melliza sacaría al pequeño de su abstracción al acercarse y mencionar aquel detalle sobre el aroma que emanaba el enano -Normal- pensaba -Después de volar hasta el río, trabajar y acabar en el basurero...- intentaba disculparse, inconsciente de toda la mierda que almacenaba en la ropa y el pelaje desde la hora de la comida. Antes incluso, con el polvo que cientos de pies levantaban a su paso por el mercado. Tras las disculpas llegarían los comentarios sobre parábolas, comparaciones de potencia de fuego y observaciones sobre disparar desde la cadera. -Bastante complicado con una cerbatana- guiñaba Thymo, justo cuando una carcajada enlatada resonaba por encima del griterío y los disparos acompañando el “chistaco”.

Los minutos pasaban y la ausencia de Alice se alargaba más de lo que la paciencia de la pequeña podía tolerar -Seguro que hay mucha cola para entrar al servicio, hermanita- respondió el enano justo antes de que un aullido repentino sacase de su concentración al pistolero, errando el tiro. Sorprendidos, todos observaban la escena en las gradas, ignorando al artista que ocupaba el escenario.
Por un segundo, tan solo un segundo, la posibilidad de que Alice formase parte del circo, y todo aquello fuese parte de la actuación, abrumó la mente del pequeño. Y es que todo coincidía. Alice les había hablado de la existencia del circo y les consiguió asientos en primera fila. Aquello del dedo seguro que era un truco de magia -¡Claro!¡Ella es maga!- creía. Por eso se viste así de raro.
Pero el sonido de aquel grito aclaró al tontatta que no se trataba de una broma. Había escuchado a hombres de todo tipo gritar por heridas muy variadas. Pero si algo tenían en común, desde los más rudos hasta los más imberbes, era esa octava a la que llegaban cuando recibían un impacto en la cola delantera. Similar al sonido de la voz de Thyma, famosa por hacer ladrar a los perros de Mirrorball, que agradecen la ausencia de los pequeños. Esa octava a la que Thymo estaba acostumbrado, aseguró al enano que la situación era real. La pequeña, por supuesto, ya había saltado un par de butacas acercándose al grupito, cada vez más despejado, de gente alrededor del foco de atención. -HMM- respondió Thymo con un rápido asentimiento saltando tras ella.

Silencioso, el cazador rodeó a su presa, acechando su espalda. Camuflado en las sombras de las patas metálicas del graderío. Una simple mirada a su hermana y la retirada estaba cubierta. Mientras la pequeña llamaba la atención del hombre con sus gritos, el pequeño trepaba por los asientos, acercándose a la altura de la cabeza del aquel humano. Con un simple salto, la nuca del bípedo sería suya. Con un soplido de su cerbatana, a aquella distancia le hincaría un dardo directo en la médula. Un bolazo con el tirachinas podría atravesar su cuello y golpear a alguien más. Aquello no sería una opción, pero el cazador tenía recursos y sopesaba la mejor forma de ayudar oculto entre las butacas de color marrón
El vendehumos profesional que hacía las veces de maestro de ceremonias argumentaba hábilmente para librar la situación, lo que consiguió en cierta medida que el publico dejase espacio y mantuviera el lanzamiento de basura al mínimo posible. Momento que los payasos aparecieron en escena rodeando a los presuntos actores. Salpicaban agua desde ramilletes de flores en las solapas de sus trajes al publico demasiado cercano, soplaban globos y creaban formas de animales que luego lanzaban. Solo para que los más pequeños alejasen la vista un momento, de lo que ocurría realmente en el centro de toda aquella fantasía de colores, formas y movimientos extravagantes. Cuando el número terminó frente al sorprendido público, el pistolero ya no estaba en la pista, ni siquiera los pertrechos necesarios para su actuación. Y con la desaparición de los payasos entre bastidores, por los pasillos privados para el personal. El ambiente se volvió gélido alrededor del grupo, mientras asimilaban lo que acababan de oír.
Uno de los hombres del grupo, vestido de arlequín, camino directo hacia los protagonistas de la escena y dijo sin esperar invitación para hablar -Observamos al publico en cada actuación. Nuestro trabajo es que todo vaya bien durante el espectáculo- Explicó -Tenemos cierta libertad por parte de las autoridades y... podemos alimentar a nuestros animales como mejor creamos- comentó en un tono casual, pero muy sugerente para mentes capaces de apreciar las sutilezas del lenguaje -Si aun queréis pelearos, venid esta noche tras las actuaciones. También tenemos cierta libertad para los juegos de azar y las peleas clandestinas- dijo entonces con una extraña mueca en la cara que podría ser una sonrisa fallida
El arlequín:

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-Ahora, el espectáculo debe continuar- terminó con una exagerada reverencia antes de marcharse. Desapareciendo de la vista tan hábilmente como habían aparecido
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 9 Mayo 2021 - 16:14

Intentabas llevarlo con toda la discreción que podías, pero tampoco parecía ser mucha. La gente ya había posado la vista entre vosotros y se comportaba como si todo lo que estaba sucediendo entre las gradas fuese parte del espectáculo. Tenías que esquivar algún que otro cacahuete a medio pelar, chicles con demasiado uso y otras cosas que preferías no saber qué demonios eran. Clayton no parecía sentirse ni de lejos tan incómodo; en tu cabeza, el furtivo lo estaba viendo como si de un gaje del oficio se tratase, y estaba dispuesto a mancharse la ropa si con eso podía sacar una buena recompensa.

Tú te mantenías en guardia, retrocediendo con cada paso que él recortaba, esperando a que diese un paso en falso; pero no lo daba. Guardabas en el bolso una pistola de chispa, pero no querías matar a ese hombre mientras no te quedase más remedio. Por otro lado necesitabas rebuscar entre tus cosas para encontrar la llave de las esposas, pues una de ellas había sido capaz de aferrar tu muñeca. Tenías que hacer demasiadas cosas, y se te acababa todo: El tiempo, el espacio... Si llegabas al borde de la grada tendrías que avanzar contra él o asumir que te atraparía. Si terminaba poniéndose nervioso, tal vez sacase su arma y se abalanzase contra ti. Eso, que en circunstancias normales podía ser bueno, no terminaba de convencerte; ¿hasta qué punto podías controlar a ese gigantón enrabietado? Poco o nada, en realidad, a no ser que...

Te centraste en conocer tus alrededores. La gente, el atrezzo, la tramoya que sostenía todo el entramado. Tenías un plan más o menos elaborado -que, menos mal que al final no pudiste ejecutar, porque hija mía menudo plan- cuando la aguda voz de Thyma surgió entre el público. Habría sonado amenazante de no ser porque era demasiado adorable y pequeñita como para ello. Te preguntaste si Clayton pensaría lo mismo de ti, pero no esperaste a responderte. Tan solo trataste de buscar una salida que se cerró de golpe cuando un grupo de payasos hicieron círculo alrededor de vosotros, estrechando aún más el poco espacio que teníais y dificultando aún más tu plan. Aun así dejaste de retroceder, cargaste contra él y... Y salió regular, la verdad.

Trataste de adivinar hacia dónde se movería su brazo, qué intentaría hacer cuando pasases por debajo de él. Cómo reaccionaría era una incógnita difícil de hallar, pero creías tenerlo. Cuando llegaste contra él pudiste evitar el mazazo de su mano derecha, que cayó torpemente, pero si no te hubieses dado cuenta en el último momento habría logrado agarrarte del grillete; y eso te habría destrozado la muñeca.

Reaccionaste justo a tiempo para coger su mano con la tuya, aprovechando la inercia para escalarlo y acabar sentada sobre sus hombros, una idea a todas luces peregrina. No solo porque en un sencillo movimiento podría dejarte sin espalda, sino porque cubrías -apenas habías reparado en ello- el ángulo de tiro que el pequeño Bandle podía tener. De este modo, hiciste lo que siempre hacías en las situaciones peliagudas para las que tenías mucha audacia entrando y poca cabeza saliendo: Apuñalarle el ojo. A Myers se lo habías hecho, y a otros tantos, aunque nunca de una forma tan violenta y desproporcionada como aquella. No utilizaste el dedo, sino el cuchillo, clavándolo dos veces en el mismo ojo. Personalmente ya puestos a hacer barbaridades tal vez podrías haberlo dejado ciego en vez de ensañarte, ¿pero quién soy yo para cuestionarte?

Saltaste de su espalda mientras se lamentaba en un quejido grave, pero cuando trataste de tomar distancia su mano te atrapó nuevamente, esta vez por la melena. Te aferró contra él y te rompió tres dedos con una facilidad que te aterró. Robó tu cuchillo con facilidad y acercó su boca a tu oído.

- No creo que necesites los dos ojos, ¿verdad? -podías ver su sonrisa aun sin poder mirar hacia él, igual que viste el puño alzarse y el brazo caer contra ti.

No.
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Alice Wanderlust

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Mensaje por Thyma Bandle Lun 10 Mayo 2021 - 13:59

Todo sucedió demasiado rápido. Mientras Thymo se preparaba en una posición estratégica para tumbar a ese gigante, Thyma apuntaba directamente su cuello con la cerbatana. En ese momento un grupo numeroso de payasos, pero no como el "gracioso" pistolero, estos sí tenían nariz roja, les rodeo. Mantenían a su público en una distancia de seguridad y uno de ellos les hizo una advertencia y una invitación. -Alaaaaa que guay, yo quiero alimentar a los animales.- Dijo la entusiasta Tontatta, pero algo en el rostro del arlequín, le hizo entender que igual, no había terminado de entenderle. La invitación a pelearse por la noche la dejó un poco indiferente, ella no tenía ningún motivo para pegar a nadie. Excepto al engominado que estaba atacando a su amiga. Pero en algo tenía razón el espectáculo debía continuar y eso era algo que una artista como ella se creía, sabía.

Mientras el aviso era dado, Alice ignorando lo sucedido, se encaramó a aquel hombre y clavó su cuchillo en el ojo. Clayton bramaba. Cuando parecía que la rubia conseguía librarse de él, el hombre se recompuso y la agarró del pelo y la acercó a su cuerpo. Le rompió varios dedos como si de palillos se tratara, el sonido que emitió fue repulsivo. Ambos parecían estar acostumbrados al dolor y lograban sobreponerse al mismo con una facilidad asombrosa. Pero todo aquello parecía demasiado real como para ser parte de la función. Algunos de los asistentes a ver la sangre derramada junto a otros fluidos desconocidos emergiendo del ojo del hombre, terminaron por abandonar el lugar. Otros, los más curiosos, valientes o inconscientes, se quedaron a ver como finalizaba el "show". Clayton tenia apresada a Alice, y estaba apunto de clavarle el cuchillo ensangrentado que le había robado. En ese momento el pistolero apareció portando un arma completamente diferente a las que había utilizado durante su actuación. Con una velocidad vertiginosa, apuntó y disparó justo a la cabeza de Clayton. El proyectil se quedó alojado en su cerebro, terminando con la vida del engominado sujeto. Poco a poco fue aflojando la presión que ejercía sobre el cuerpo de Alice para que no escapara y terminó por derrumbarse en el suelo.

El silencio de adueño del lugar. Todos los asistentes enmudecieron ante tal desarrollo de los acontecimientos. Fue entonces cuando la chillona voz de Thyma cortó el ambiente. Se posicionó en la barandilla, alejando las miradas del muerto y gritó. -¡TARAAAAAAAAÁ! GRACIAS POR ASISTIR A ESTE ESPECTÁCULO. VUELVAN MAÑANA A POR MÁS EXPERIENCIAS!- El público estaba descolocado, no sabían lo que acababa de suceder, pero tenían en su mayoría muy mal cuerpo. Thyma miró al maestro de ceremonias, él tampoco parecía entender qué acababa de ocurrir. Titubeante, se reafirmó en las palabras de la Tontatta e invitó a su preciado público a volver al día siguiente. Los payasos y demás trabajadores del circo se pusieron en movimiento y comenzaron a desalojar el recinto. Sin duda, aquel circo tenía cómo y con qué defenderse. Un vez estuvo vacío de público y curiosos, El arlequín y el maestro de ceremonias se acercaron al lugar con el semblante muy serio. Estaban realmente enfadados. Un sitio como ese lo que menos necesitaba para prosperar, era amasar anécdotas oscuras y manchas en su historial. Los amenazaron de las peores maneras posibles y les obligaron a que ellos mismos se deshicieran del muerto. Además dejaron claro que si alguna autoridad iba a pedirles explicaciones, contarían con pelos y señales lo sucedido. Thyma no entendía nada. Pensaba que habían salvado la actuación del atacante y que el público había creído su alegato final. Ellos al parecer no opinaban lo mismo. -Pero ¿podemos volver mañana?... No hemos visto el final del espectáculo...- La duda era real en su mente. El arlequín y el vende humo, parecieron ponerse de acuerdo para dedicarle la misma mirada fulminante a la pequeña, despejando todas sus dudas de un plumazo, para después marcharse y dejar a los tres ocuparse de aquello. Thyma se puso cabizbaja y se acercó a su hermano, con el rostro totalmente triste. -Ni elefantes, ni pingüinos... Y tampoco nos dejan darles de comer.- Protestó. Luego se dirigió a Alice tímidamente, aquella chica había empezado a dar mucho miedo. La frialdad con la que había clavado su cuchillo en el ojo de Clayton no había dejado indiferente a la Tontatta que ahora miraba a su amiga con otros ojos. -¿Estás bien?.- Le preguntó tímidamente. Después miro el cuerpo sin vida de Clayton y volvió a preguntar. -Y ¿Ahora qué hacemos?- Su voz reflejaba una genuina preocupación.
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Mensaje por Thymo Bandle Mar 11 Mayo 2021 - 22:14

Todo escaló demasiado rápido en el lapso de tiempo que los payasos hicieron su aparición y desaparecieron. La sangre y el sonido de los interiores de aquel hombre llenaron de color y ruido la estancia. Aun por encima de los gritos de Clayton, Thymo podía escuchar con claridad como aquel puñal golpeaba la orbita del ojo buscando su camino hacia el cerebro. Podía oler el interior del ojo eviscerado y sus fluidos mientras se desparramaban.
Como a cámara lenta para el pequeño, que estaba acostumbrado a la muerte, pero no a la violencia. Las tornas cambiaron para mal para la rubia, que ahora se encontraba en muy mala posición. Thymo, paralizado, concentrado en el despliegue de violencia gratuita. Fue incapaz de presentir al vaquero, que con un revolver de gran calibre en mano, apareció por uno de los pasillos de servicio, ocultos entre las gradas. Un único disparo apagó el brillo en el único ojo de Clayton para siempre.

Unos segundos después, o tal vez minutos, vio gesticular a su melliza frente al publico. La conocía lo suficiente como para saber que había dicho, y la mirada al maestro de ceremonias, que se arrancó a hablar después, era la única confirmación que el pequeño necesitaba para entender la situación.
El tontatta permanecía aturdido por la deflagración del arma. Oculto tras las butacas, pasó por completo desapercibido al pistolero que, sin ser consciente de la posición del pequeño, disparó el revolver lo suficientemente cerca como para dejar un pitido estridente e insidioso en el oído derecho del enano.

Los recurrentes payasos, serviciales y polivalentes. Volvieron a salir de los lugares más insospechados, como si todo estuviera preparado, acompañando a los asistentes a las salidas. Los circenses, gente más sabia por la acumulación de experiencias, que por haber asistido a las mejores escuelas. Tenían un as bajo la manga para aquellas ocasiones que rara vez ocurrían, pero eran inevitables. Todos, con la lección bien aprendida, preguntaban al publico entre bromas y saltitos si les había gustado la función del día. Como en una pequeña encuesta, fueron preguntando uno por uno si lo consideraban lo suficientemente aterrador para las funciones de la noche de brujas. Explicaban que estaban ensayando un nuevo tipo de espectáculo, más cercano con los asistentes y más interactivo. Mientras disimuladamente empujaban a todos a la salida sin dejar a nadie atrás.

Thymo aun permanecía entre los asientos cuando el arlequín y el maestro de ceremonias se acercaron al grupo. De algún modo, el hombre maquillado y con graciosos cascabeles que parecían no emitir sonido alguno, sabía no solo de la existencia del pequeño sino también donde estaba. Con la mano derecha alzada, hizo gestos a Thymo para que se acercase a ellos, sin vacilar de su posición. Aquello sorprendió al tontatta, que con gran esfuerzo y mal equilibrio se puso en pie. Intentando no vomitar por el mareo. Mirando el charco de sangre y restos humanos esparcidos en el suelo entre él y el grupo, decidió acercarse caminando bajo las butacas. El pasillo estaba demasiado asqueroso y el pequeño veía innecesario mancharse. Su hermanita ya le había dicho que olía mal, no quería enfadarla llenando la ropa con manchas de sangre.

El pitido en el oído y cierto mareo no impidieron al enano comprender el tono de la bronca que les estaba cayendo. Comprendía los gestos, las miradas y rebufos perfectamente pues, dado su carácter alegre y la naturaleza de su trabajo. Jugar y hacer bromas había sido una parte importante de su vida, y de las broncas que los mayores del gremio le echaban por alertar a las presas o atar cordones de botas ajenas... entre sí. Comprendía que aquellos hombres estaban enfadados a su manera. Aquello solo era “una vez más” para ellos y sabían que teclas tocar para que el incidente pasara desapercibido. Pero seguro se sentían molestos por no haber podido terminar la función, que era lo que llenaba sus arcas. Thymo lo comprendía. No era el animal fugado, pues antes o después lo atraparían. El circo se volvería a llenar. Pero cuando ya estaba en la trampa, dejarlo ir era una perdida de tiempo y esfuerzo. Como acompañar al publico a la salida antes de los espectáculos potentes. Los que sacan los cuartos de los incautos y distraídos visitantes de aquella cueva de ladrones.
Carteristas, descuideros y prestidigitadores de todo tipo, que aprovechaban la distracción que presentaban las actuaciones para robar disimuladamente bolsos y abrigos desde debajo de las gradas. Magos de la distracción que, sin que te des cuenta, te han levantado el reloj heredado de tu familia de la muñeca, mientras hablaban contigo cara a cara.

Thymo era incapaz de comprender todo aquello, pero comprender la situación que tenía delante no le costaba tanto. Su melliza estaba preocupada por Alice, cosa normal en ella. Pero Thymo, mientras cazaba a su presa, Clayton, nunca dejó de observar a sus compañeros de cacería. Fruto de la deformación profesional, o el entrenamiento y la experiencia de horas cazando en cuadrilla, no podía evitar fijar sus agudos ojitos en las expresiones de aquellos seres, los humanos, que para él eran enormes, con sus enormes caras.
El enano pudo ver como Alice dejaba de ser aquella linda niña para convertirse en una versión oscura de si misma. Como atrapada en un frenesí descontrolado, pareció no escuchar las advertencias. Cegada, permanecía buscando un punto débil en su objetivo.
Thymo vio como el rostro de la chica derramaba agresividad, pero no era aquella que desprendían las presas acorraladas. El miedo podía olerse en el ambiente, y el enano lo sabía bien. Pero aquella Alice no olía a aquella mezcla tan característica que desprendían todos los seres vivos en situaciones de vida o muerte. Aquella muchacha parecía habituada a esa vida al igual que Clayton, y Thymo, inocente, pero no estúpido, prefirió alejarse.
-Esta bien, hermanita- dijo con cierto pesar en la voz pero con tono firme -Ella está acostumbrada a hacer estas cosas- dijo atrayendo la vista de su hermana hacia él -Ella sabrá que hacer, ha cazado a su presa. Cada cazador es responsable de su caza- terminó, repitiendo parte del código de los cazadores.

El pequeño tan solo tenía ganas de salir de ahí. Creía haber encontrado una nueva amiga para su hermana y para él. Jamás pensó que alguien tan frágil tuviera aquel espíritu combativo y aquel apetito por la sangre. Pero lo que más le decepcionó era que les habían vetado la entrada al circo y encima se había quedado sin ver la función completa. Sin ser culpa suya.
Los habían dejado solos en aquel sangriento pasillo entre las gradas, Thyma sin duda podría limpiarlo en un periquete, pero no era labor de los Bandle deshacerse de un cadáver que no habían provocado. En otras circunstancias, lo eviscerarían y lo tratarían para hacerlo comestible, pero aquello distaba mucho el tipo de cuerpos que las manos de Thymo solían trabajar, o las de Thyma cocinar.
Asumiendo su forma híbrida agarro a su melliza por la espada y alzó el vuelo para evitar que se manchase. Sujetándola bien con las piernas y los brazos de escarabajo, la ayudó a taparse los ojos. Los de ella carecían de la protección para altas velocidades que aquella forma le brindaba. -Adiós, Alice- se despidió con la voz más grave que le había salido nunca al pequeño, cargada de pena y voló hacia la salida y al cielo. Asegurando por velocidad, que ningún otro humano los descubriría mientras marchaban.

Spoiler:

Los Thymos salen del tema, pero siempre se acordarán de Alice. Les ha enseñado una valiosa lección sobre el mundo y están agradecidos aunque no lo sepan aun.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 12 Mayo 2021 - 1:19

Estaba gritando por salir. Rugía por hacerlo. Miraba desde tus ojos mientras iba haciendo que tus frágiles huesos se tornasen sombra. El cuchillo bajaba deprisa aunque para mí fuese despacio, y corrí a los mandos cuando un disparo me hizo perder la concentración.

El agarre en el pelo se aflojó, y pudiste frenar su mano armada con la tuya libre. Me quedé a la espera, buscando la nueva amenaza, pero era el tirador que poco antes había realizado su número. Allí seguían los payasos, tranquilizando a la gente, y el cadáver cayendo sobre ti como un peso muerto. Bueno, era un peso muerto. Diste un paso adelante para que se deslizara por tu cuerpo; te manchó el vestido con su sangre, pero al menos conservabas ambos ojos. No era tu ropa favorita, así que si la mancha no salía no te costaría mucho tirarlo.

Tu primera reacción al ser libre fue entablillarte los dedos. Estabas demasiado superada por la situación como para razonarla, pero fulminaste con la mirada al tirador por lo que había hecho. Una reyerta que debía terminar con la detención de Clayton se había transformado en un asesinato a sangre fría, con todas las molestias adicionales que eso pudiese causar -como las manchas en mi ropa-, además de que un hombre había muerto. Quizá no de forma inmerecida, el enorme engominado era un asesino y merecía la horca, pero había sido ejecutado sin un juicio previo; sin atender a la ley. El hombre que había disparado ni siquiera tenía licencia para cazar, seguramente; si lo denunciabas, tal vez lo metieras en un lío. Si es que podían encontrarlo, claro.

Thyma no tardó en acercarse, preocupada por ti. Tu corazón latía a mil por hora, entre aterrado y excitado. Tenías menos miedo del que deberías y te gustaba aquello más de lo que estabas dispuesta a admitir, pero no te gustó cómo su hermano te juzgaba. No pudiste sostener su mirada, tan solo sonreíste. Como siempre.

- Vale tres millones de berries; lo cargaré en el barco y entregaré su cuerpo. Supongo -dijiste, alternando la vista entre el cadáver y su asesino, entre la lástima y una furia desmesurada-. Perdón por todo, de verdad.

Agachaste la cabeza cuando se despidieron, tomándote tu tiempo para cargar con Clayton. Ignoraste las quejas y amenazas de todos los que te ordenaron dejarlo donde había caído. Pero no tenías los ánimos para aguantar sus tonterías.

El pistolero reaccionó tarde a tu amenaza. Antes de que se diese cuenta, el cañón de su arcabuz estaba atravesado por una pesada bola de plomo, y cuando trató de disparar el arma se encasquilló. Tú recogiste los cuchillos del suelo, que por un momento casi se te olvidaron, y dirigiste una última mirada a la cada vez menos gente que iba quedando allí. Ya no decían nada. Tú tampoco.

Dejaste la carpa con el cuerpo a cuestas y su cartel en la mano herida. Cualquiera podría ver al momento que su orden de detención rezaba "vivo o muerto", pero eso no bastaba para que no te mirasen. Tan solo para que no intentaran llamar a la autoridad. No te importó demasiado, solo seguiste sonriendo hasta la comisaría más cercana. Allí no te dieron dinero, pero extendieron un pagaré. Era bastante habitual en islas no afiliadas al Gobierno Mundial: Sellaban un cheque que más tarde certificaba tu captura, pudiendo cobrar con eso en lugar de con la cabeza. Más higiénico, más práctico. Mucho menos desagradable.

Cuando saliste observaste las miradas de la gente. Algunas con miedo, otras con admiración... Tú solo seguiste hasta el barco y zarpaste. Había que cobrar.
Alice Wanderlust
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