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Idioma secreto Bandle [pasado Thym y Thym]

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Mensaje por Thymo Bandle Sáb 1 Mayo 2021 - 11:25

Habían pasado unos días desde que terminaron de rodar y estrenaron el gran film en el que los hermanos eran protagonistas. La isla de Mirrorball se volcó entonces para encontrar a los mellizos, que por suerte o por desgracia, sabían como ocultarse. Suerte al menos, de contar con Horacio y sus hombres difundiendo rumores sobre los mellizos. Rumores que aseguraban que aquellos enanos ya no residían en la isla. Que habían dejado todo atrás para participar en una gira alrededor del mundo para difundir la película y asegurar el éxito de la misma.
Sin duda, los rumores eran falsos, el equipo de publicidad de la isla era muy bueno y no necesitaba que sus estrellas viajaran de un lado a otro como monos alrededor del globo. Los peligros podían ser demasiados, y contratar guerreros lo suficientemente poderosos como para proteger a los ricos actores en su travesía por el mundo, excedían los costes que producción asignaba a la publicidad de las grabaciones. Horacio sabía el daño que los fans podían hacer, por lo que protegió la intimidad de los tontattas tanto como pudo, incluso en la propia isla.
Por su parte, los hermanos sabían donde tenían que ir para pasar el tiempo y dejar que las cosas se enfriasen un poco. La película había sido un éxito total, sin duda, el gran pelotazo que un consagrado director venido a menos necesitaba para relanzar su carrera. Todos habían salido beneficiados de aquellos meses entre focos y actores de reparto. Pero las consecuencias de la fama no se habían hecho esperar. Tanto era así que los enanos tomaron unas merecidas vacaciones en la "mansión" que Thymo había construido en la espesura del bosque, en su lugar especial rodeado de grandes cúmulos de zarzas y arbustos tupidos.
El acceso al lugar era imposible para seres de tamaño mas grande que un zorro, llegar hasta la zona se complicaba en demasía, como para que los pequeños se preocupasen por tener visitantes en aquel lugar. De todas formas, podrían oír llegar a cualquiera que atravesara, cortase o intentase si quiera, acercarse al lugar donde descansaban los tontatta.

Sabiéndose solos y protegidos, los enanos no perdieron el tiempo, habían decidido crear un idioma para comunicarse entre ellos sin que nadie pudiera interceptar el mensaje. En verdad, siendo mellizos tenían hecho la mitad del trabajo, por que solo les faltaba terminar las frases del otro como en las películas. Ellos no lo hacían no por que no pudieran, sino por que al menos en ese punto se respetaban, pero sabían a ciencia cierta como pensaba el otro. No en vano se habían criado juntos y solos. La unión que los mellizos poseían se encontraba enraizada directamente en sus almas, como si un mismo espíritu hubiera poseído los dos cuerpos. Era extraño que uno no supiera lo que pensaba el otro, pero aun así, había ciertas diferencias entre ellos que los empujaba a crear un sistema con el cual poder comunicarse, ahora que más gente sabía de su existencia. Aquella decisión mantuvo ocupada la mente de Thymo, que se veía en la obligación de crear la base y las reglas del lenguaje ya que había sido idea suya principalmente, por lo que agarro su block de notas y su lapicero especial. Que no era más que el lápiz que utilizaba siempre, por que le gustaban los colores negros y grises de la decoración. Y se puso a trabajar en el sistema.
Cuando al fin dio con la clave para hacer funcionar aquello con sus manitas, comenzó a explicarle a su melliza lo que había pensado. Los signos, giros y gestos que el pequeño realizaba en frente de los ojos de su hermanita eran a penas las primeras instrucciones para crear el idioma secreto Bandle, pero eran el inicio de algo sin duda mucho mas grande.
Sin apenas ningún sentido, aquellos gestos mostraban conceptos. Ni siquiera letras o palabras, algo tan complejo de descifrar que tan solo la mente de quien sabe como piensas podría entender. Giros y revueltas con los dedos que, repetidos o modificados con la sutileza de tener el dedito meñique estirado completamente o no, cambiaban completamente el sentido de la frase.

La creación, el estudio y la interiorización del lenguaje por señas llevaría un tiempo. Los enanos eran habilidosos, pero el sistema era en verdad complejo, tanto que era habitual ver a Thyma en la cocina haciendo un bocadillo por un mal entendido. O el pequeño Thymo transformándose en su forma completa por que había entendido a su melliza que quería salir a volar un rato.

Para el tercer día en la mansión del bosque, el enano había terminado de plantear el sistema, aun con muchos errores, pero practicable al menos en la teoría. La idea era reducir el uso de gestos al mínimo, dejar de necesitar ambas manos y, con tan solo una, enviar un mensaje completo al otro. Pero aun tenían muchos gestos que, sin significar nada por si mismos, servían como en lace entre conceptos, eran aquellas cosas las que interferían para crear un sistema dinámico y competente. Pero al menos tenían una base desde la que iniciar el aprendizaje y pulir los gestos entre los dos. Base que “tan solo” le había llevado tres días de completa dedicación al enano.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 2 Mayo 2021 - 17:04

Thymo tuvo la genial idea de ir a pasar unos días al bosque a la guarida secreta que había creado, tras el estreno de la película. Su hermana no había reparado en eso, pero le hizo especial ilusión pasar unos días juntos, como habían hecho en tantas ocasiones. Una escapada Bandle era lo que más le apetecía después de tanto ajetreo, además de ser necesario por el acoso mediático que estaba sufriendo. Estaban literalmente en busca y captura por la mayoría de habitantes de Mirrorball y sus visitantes. Todo el mundo quería fotos, autógrafos e intercambiar palabras con los protagonistas del film. Horacio les sirvió de cobertura y siendo él el único que sabía de su paradero guardó el secreto para salvaguardar su intimidad.
Tenían mucho trabajo por delante. Debían desarrollar un lenguaje propio, como habían acordado, para que les resultase sencillo comunicarse, si en alguna situación lo requería o por simple gusto, pues los mellizos disfrutaban mucho de esas cosas. Mientras Thyma adecentaba el lugar, preparaba comidas y adornaba con flores la estancia, Thymo trabajaba concienzudamente en crear las bases de su nuevo idioma, perfeccionando el juego que tenían de niños.

No fue una tarea sencilla y más porque Thyma se llegó a poner muy pesada intentando contribuir con esas bases, pero lo más óptimo era que fuese él quien las estableciese, pues estaba mucho más habituado a la comunicación por señas. En el gremio muchas veces utilizaban un recurso parecido para comunicarse sin emitir ruido alguno y no acabar espantando a las presas, pero era un sistema demasiado básico y simplista para que fuese efectivo en el cometido que buscaban. El suyo debía ser mucho más elaborado y complejo. A la Tontatta le resultaba divertido todo aquello. Cuando Thymo tuvo claras las primeras nociones no tardó en mostrárselas a su hermanita. Ella tuvo que dejar las payasadas para otro momento y centrarse en las indicaciones de su mellizo. Había gestos que le provocaban una risa incontrolable y Thymo decidió cambiarlas en vista de que aquello podía ser un desastre.
Poco a poco fueron variando y asimilando las palabras y frases. Cualquiera que les viera no podría entender nada, porque no eran señas gráficas o representativas de lo que querían decir y se necesitaba una conexión mental como la que ellos tenían para llegar a comprender algo. Además había ciertos gestos que podían resultar iguales a ojos de los demás, pero tenían ciertos matices que hacían que tuviese un significado completamente diferente.

Durante los primeros días estuvieron practicando sin parar, confundiéndose la mayoría de las veces, pero de esos errores salían soluciones definitivas. Tuvieron mucha paciencia el uno con el otro. Era necesario para poder volver a "aprender a hablar". Palabras como hambre, humano, ataque o barco fueron las que más rápido aprendieron. Thyma, llegado el momento, propuso una seña para nombrar las alas de su hermano y también otra para el uso de su cerbatana, su mellizo accedió ante eso, pues no habían sido malas ideas, a diferencia de todas las demás. Una vez que los dos interiorizaron el sistema, crear nuevos conceptos resultaría cada vez más fácil, pero necesitaban una coordinación perfecta para ello.
Al tercer día Thymo ya tenía una base sólida con la que empezar a trabajar. Era un idioma bonito y lo simplificó para la utilización de una sola mano. La Tontatta se sentía profundamente orgullosa de él. -Eres un estupendo pingüino, hermanito.- le dijo con gestos durante una de las cenas, queriéndose referir erróneamente a que era un buen lingüista. -Podrías haber hecho camella de ello.- sentenció con otro gesto. Era evidente que debían pulir la técnica, pero para eso estaban allí. Ese era el mejor momento y lugar para equivocarse y rectificar.

Como todos los idiomas nuevos, la mejor manera de aprender era practicarlo sin vergüenzas, ni tapujos, sin miedo a fallar y llendo siempre hacia adelante. Thymo le corregía los gestos cada vez que la pequeña se equivocaba y ella repetía las frases todas las veces que necesitara para que fuese perfecta. Aunque los gestos no eran difíciles de llevar a cabo como tal, si lo era la correlación con su significado. Esos días ambos se mantuvieron, prácticamente todo el tiempo en silencio, practicando y practicando sin cesar. Se habían tomado muy a pecho esa labor. Thymo porque era su idea y Thyma porque le parecía grandiosa. Además ambos sabían que aquello sería necesario para poder moverse en un mundo dónde sólo ellos dos necesitaban entenderse a su manera. Cada vez les salía mejor y de forma más fluida, llegando a tener unos cuanto conceptos muy asimilados, pero a medida que avanzaban nuevas ideas llegaban a sus mentes. -Oye Thymo y si alguno está herido... ¿Cómo lo decimos?.- Le preguntó con curiosidad. Hizo una señal circular con su mano derecha muy lentamente para que pudiera analizarla. -¿Sería algo así, verdad?.- Deseaba estar en lo cierto, pues eso indicaría que el avance era real. Estaba emocionada con todo aquello. Era una forma más de sentirse unida a su mellizo y no había nada en el mundo que le hiciese sentirse tan feliz, además de la evidente utilidad de esa gran idea.
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Mensaje por Thymo Bandle Jue 6 Mayo 2021 - 11:44

Thymo daba gracias por varias cosas durante aquellos días de creación y evolución de los signos. Daba gracias por los años de juventud y el idioma secreto con el que se comunicaban los mellizos por la idea. Daba gracias a los cazadores por enseñarle a comunicarse en silencio, con signos básicos y sobre todo, daba gracias a su hermanita por la paciencia. Thymo no tenia mucha idea de lo que hacía, tan solo se valía de sus experiencias previas para dar forma a aquella nueva manera de intercambiar ideas con su melliza. Pero confiaba en la extrema conexión que tenían los pequeños para construir algo solido que poder evolucionar juntos, cuando ambos hubieran aprendido a la perfección las bases de aquellos símbolos y signos extraños que formaban, torpemente al principio, con sus pequeñas manitas. Por suerte, ambos tenían manos ágiles por sus oficios y ojos penetrantes entrenados a base de hacer puntería con las cerbatanas, pasión que compartían desde que eran pequeños... en edad.. Podrían comunicarse desde muy lejos sin necesidad de gritar gracias a aquel método y solo pensar en eso los llenaba de emoción. Los embargaban los sentimientos que ambos sentían por el otro cada vez que acertaban con el significado de las frases que se marcaban poco a poco con las manitas. Aquella conexión era lo más especial del mundo para Thymo, y sabía que también para Thyma, quien comprendía sus miradas y expresiones faciales sin necesidad de comentarios. Ahora, juntos, intentarían formar esa conexión, entrenar ese enlace para poder transmitir mensajes completos con apenas unos movimientos de los dedos o la mano. Un lenguaje que ningún observador, por experto que fuese, pudiera desentrañar debido a ese factor fundamental. Vivir en la mente del otro, conocerlo y saber como piensa en todas y cada una de las situaciones

-Si, debería ser más o menos así- contestó a su hermanita analizando el signo circular -Pero recuerda que si lo hacemos así- explicó mientras trazaba casi el mismo signo pero mas ahuevado -Es que tengo hambre-bromeó incapaz de mantener el rostro serio -Por que es un huevo jajajajaja- el enano, agarrándose las costillas no podía evitar reír, feliz por aquellos días tranquilos con su hermanita.
-Tees pe roen elcla ropa rau nasprac ti casde tirocon lacer bata na- intentó decir Thymo aquella tarde antes de salir del agujero. El pequeño sabía que tenia errores pero no imaginaba cuantos. El mensaje en sí, tenia un significado claro. Pero la separación entre silabas no era la adecuada para una comprensión rápida. Analizando la frase mentalmente, Thymo sabía que la había cagado totalmente por querer hacerlo más rápido y fluido sin haber practicado lo suficiente. Pero tenía capacidad para aprender de sus errores, y aquel camino que había tomado sin pretenderlo, podría ser la siguiente evolución para obtener un código totalmente incomprensible para cualquiera.
Al salir al sol, echó un vistazo alrededor, pues no se deslumbraba fácilmente y eligió uno de los árboles donde colocar las dianas de practica. Esa vez quería algo a varias alturas y aquel viejo ente vegetal tenía ramas a las alturas necesarias. Tras concentrarse un poco y hacer florecer unas alas en su espalda, comenzó a colocar las dianas en ángulos intrincados y difíciles de apuntar desde la posición de disparo. Con calma se aseguró que todo estaba a su gusto y regresó al claro a preparar sus armas y municiones.
Sacó la goma del tirachinas con cierto esfuerzo, y la limpió y engrasó para evitar que se agrietase al estirarla. La recolocó en su lugar y sacó la cerbatana y el pequeño cepillo circular que utilizaba para su mantenimiento. Tras limpiar el interior del arma y ajustar los cordones de sujeción continuó con la munición. Para las practicas con el tirachinas utilizaría piedras en lugar de las bolas metálicas que utilizaba para cazar. Pero con la cerbatana utilizaría los dardos de madera para practicas que tan poco le costaba hacer y eran perfectos para practicar puntería. -Prepara tus herramientas Thym, podemos practicar un poco al aire libre también, huelo a cerrado después de tantos días ahí abajo- se quejaba el pequeño, que en verdad necesitaba algo de aire libre y despejar la cabeza -Creo que he descubierto como mejorar nuestro lenguaje secreto hermanita. Pero necesito pensarlo con la mente relajada, por el momento vamos a divertirnos. Mira donde están los blancos y a la de tres, el ultimo en golpear todas las dianas es un ojopocho- retó
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Mensaje por Thyma Bandle Vie 7 Mayo 2021 - 13:43

Los días trascurrieron con toda la calma y tranquilidad, que los Bandle podían ofrecerse a así mismos, que no era mucha. La mayor parte del tiempo lo dedicaban a practicar y perfeccionar la idea de Thymo y a comer los deliciosos platos que Thyma preparaba. Ambos tuvieron que tener mucha paciencia entre ellos, pues el sistema era complejo, pero con la conexión y el cariño que se tenían pronto comenzaron a ver los primeros resultados positivos. La pequeña cada vez se sentía más cómoda con los gestos creados, pero a Thymo parecía que no le terminaban de cuadrar. Los últimos días antes del descanso estuvo muy pensativo y no paraba de tomar y borrar notas. Algo bullía en su cabecita. La Tontatta daba el espacio necesario a su hermano para sus modificaciones, entendía cómo se daban los procesos creativos. Aunque ella era incapaz de crear un idioma completo y funcional cómo su hermano, podía hacer una maravilla de vestido con una sábana vieja.
Al fin Thymo tuvo una gran idea. Una salida al bosque a practicar con sus cerbatanas, los mantendría con la mente a apartada del idioma. No sólo sería divertido, si no además supondría una necesaria desconexión. Cuando Thymo le hizo el gesto para indicarle su idea, Thyma se quedó pensativa unos momentos intentando traducirla, todas las palabras estaban ahí pero de una forma un tanto extraña y desconcertante. Se rascó la cabeza un rato y por fin lo entendió. -¡¡¡AAAAAHHH!!! Te espero en el claro para practicas de tiro con la cerbatana.- dijo forzando una pronunciación perfecta. Estaba muy orgullosa de haber entendido a su hermano, pero no estaba del todo segura de si a ella le había costado entender o si su hermano lo había gesticulado de una forma rara. Fuese como fuese no corregiría al maestro. Thymo se adelantó para ir preparándolo todo. Thyma por su parte, empaquetó todo lo necesario para el picnic que organizaría tras el entrenamiento. Eso siempre les abría el apetito y sería agradable cenar al aire libre.

Cuando llegó al claro Thyma se encontró con su entusiasta mellizo que ya estaba preparando sus armas. La forma que tenía de hacerlo era hipnótica para la pequeña, que lo observaba hacerlo siempre que podía. Ambos eran metódicos en todas sus actividades y en este caso Thyma seguía los pasos que su hermano le había enseñado. Mientras ella pasaba la escobilla circular por el interior de la caña, escuchaba a su hermano contarle que creía haber dado con la solución para el problema que le suponía el idioma. Thyma se encogió de hombros y sonriendo le dijo: -Tengo muchas ganas de ver qué has pensado. Y... ¡Tú serás el ojopocho!- en ese momento echó a correr, pero ninguna diana estaba donde solía ponerlas. Entonces miró hacía arriba y las vio colocadas por los árboles. -¡ALAAAA QUE MOLONAS!- dijo entusiasmada por la dificultad que eso suponía. Thyma miró a su alrededor para localizar las piedras y ramas que le servirían de impulso, después memorizó todas y cada una de las dianas. En un carrera frenética, Thyma preparó los dardos e impactó en las dos primeras. Con un saltó sobre un pedrusco atacó a la tercera y la cuarta. El siguiente salto era más difícil y acabó fallando la sexta y la séptima. Cayó al suelo y dando un salto sobre un tronco derribó las tres últimas. Jadeante, Thyma regresó al punto de partida, su hermano ya había llegado y por lo visto había acertado a todas las dianas. La Tontatta miró los resultados y se puso cabizbaja. -¡Tengo el ojopocho, Thym!- dijo asumiendo su derrota.

A decir verdad, para un primer intento, no había estado nada mal. Era obvio pensar que su hermano vencería en este duelo Bandle. Ambos eran competitivos y aunque Thymo sabía que jugaba con ventaja, esa era la mejor forma de presionar a su hermana y eso él lo sabía. Thyma daba todo de si misma, pues su inocencia le hacía pensar que podía ganar a su hermano, sólo porque había mejorado un poco. Aunque en sus entrenamientos nunca superaba las expectativas de vencer a su hermano, disfrutaba mucho de practicar con él, aprendía trucos nuevos y se sentía muy libre en sus movimientos. Por eso no dejó de practicar la ruta perfecta de saltos y piruetas para lograr impactar a todos los objetivos. A la tercera vez lo consiguió y no pudo evitar dar saltos de alegría y gritos de victoria. Se tiró al suelo y lo celebró como si hubiese ganado un campeonato a nivel mundial. Cuando se calmó pidió consejo a su hermano para poder hacer los cambios de diana de una forma más efectiva y, por lo tanto, más rápida. -¿Debería apoyar primero la pierna izquierda sobre la rama para girar?- Le preguntó intentando aclarar uno de los pasos. Realmente, Thymo había puesto las dianas en zonas muy complicadas. Los disparos en lugares muy altos eran los que más le costaban a la Tontatta. Por eso aquel entrenamiento fue muy productivo y los mantuvo un buen rato pensando en estrategias, diferentes formas de atacar a los objetivos y diferentes técnicas a usar. Thymo en estos casos solía ser la voz de la experiencia, aunque de forma instintiva, Thyma también aportaba buenas ideas.

Tras las prácticas, Thymo comenzó a recoger las dianas y todo el material empleado. Thyma preparó un precioso mantel sobre un tronco caído y dispuso sobre él un montón de cazuelitas y recipientes con todo tipo de platos. La noche se les había echado encima, pero esos días contaban con una estupenda Luna llena que no necesitaban de más iluminación. La temperatura era agradable y parecía que no existía nada en el mundo más allá de ellos y sus cosas. -Jo, que bien me lo he pasado, Thym.- Dijo la pequeña todavía contenta por los resultados de la práctica, mientras atacaba sin piedad a un huevo relleno. -¿Crees que mañana podríamos repetirlo? Pero esta vez todo lo que digamos con señas. ¿Te apetece?- Thyma empezó a divagar sobre que podían pensar en una situación con enemigos que los atacan y tiene que comunicar sus posiciones y un montón de situaciones en las que tener que hablar entre ellos usando su nuevo idioma. -Sería divertido, ¿A que si?.- dijo para dar otro motivo de grandísimo peso a sus argumentos.
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Mensaje por Thymo Bandle Dom 16 Mayo 2021 - 13:12

-Salto, respiro, giro y soplo- Repitiendo aquello como un mantra, Thymo enfrentaba uno de los más difíciles disparos del día, Una de las dianas necesitaba una pequeña pirueta para poder encarar correctamente el papel pintado y si no giraban y soplaban en el momento correcto era muy complicado de acertar. -Si, yo lo hago con la izquierda- respondía a su hermanita tras el entrenamiento. -Aunque esta no será una de las tácticas que más usemos, es mejor estar preparados. Lo suyo sería poder encontrar un lugar seguro desde el que poder disparar y no tener que andar corriendo y saltando como pulgas de un lado a otro. De todos modos, como en la caza, no siempre puedes elegir el escenario de la pelea. Si vamos a salir ahí fuera- Dijo señalando al acantilado, al mar, al enorme mundo que les esperaba fuera de Mirrorball -Necesitamos estar preparados para lo que venga-
La tarde se dio bien y las practicas fueros productivas. La mente del enano pudo liberarse al fin de tantos signos y símbolos, que atoraban sus pensamientos. Llevaba tanto tiempo pendiente de aquella nueva forma de comunicación que casi se olvida de como huele fuera del agujero.  
Tras acabar las practicas de tiro y comenzar a recoger las dianas, Thymo comenzó a sentirse lleno de energía. Tras unos días duros, con la cabeza a mil y el cuerpo cansado, no era lo más normal. Entonces el tontatta miró al cielo por primera vez en muchos días. Llevaba el tiempo suficiente ensimismado creando aquel idioma de signos que, inconsciente, dejó de contar los días que restaban para la luna llena. -Las voy a tener que colocar mañana... paso- Dijo en aquel momento cuando aun faltaban por recoger y guardar tres dianas. Desparramo las que tenía en la mano ahí mismo y regresó al campamento con su melliza. -Me gusta más sobre la piedra aquella, se está más cómodo- dijo al regresar -Aquí los platos bailan, menos mal que no tenemos sopa para cenar...- se quejó. -SI, YO TAMBIEN ME LO PASÉ MUY BIEN- gritó entonces lleno de entusiasmo -Era justo lo que necesitaba para despejar mi cabecita- confesó mientras se llenaba la boca con un grueso trozo de pan untado en paté. -Se te ha olvidado la mermelada de moras- acusó mientras echaba un vistazo a lo que había por encima del tronco -Aunque con lo que se menea esto, puede que se haya caído- sugirió antes de levantarse y dar un par de vueltas alrededor del lugar donde estaban sentados sin encontrar el bote -Mi paté, con mi mermelada señorita. Ya lo sabes- exclamó antes de salir volando, literalmente, hasta el agujero, en busca de la despensa donde almacenaban las conservas.
-JAH- exclamó triunfal al regresar al claro con el bote de mermelada -NOOOOOOO- gritó al ver el trozo de pan previamente untado lleno de hormigas dándose un festín -Lo has hecho a posta- gruño enfadado a su hermana -PUES ME LO PIENSO COMER IGUAL- gritó enfadado mientras agarraba el trozo de pan y le ponía dos generosas cucharadas de mermelada. Las hormigas alzaban sus patitas delanteras al percibir el dulce manjar aproximándose, antes de ser enterradas por una avalancha de mermelada -Así aprenderéis a no comeros la comida de los demás- proclamó antes de pegar tremendo mordisco al pan, manchándose la cara con la mermelada que caía por sus comisuras dado el exceso de la carga en el pan -Avisad a vuestra reina, esto es MIOOOO- gritó, sin ningún conocimiento, a la hilera de antenas y patas que salían y regresaban, frenéticas, del hormiguero -Y NO ME OBLIGUEIS A ENTRAR AHÍ Y RENOVAROS LA DECORACIÓN- gritó directamente encima del agujero.
La relación del tontatta con los insectos y bichos en general había cambiado sustancialmente desde que comió aquella fruta. Su comprensión y entendimiento del mundo animal se expandió hasta los pequeños seres que pueblan el mundo, acercándose a ellos a un nivel que jamás pensó posible. Por eso mantenía conversaciones y gritos con aquellos seres ajenos e indiferentes para el grueso de los seres vivos. -Perdón- dijo de forma seca y cortante al regresar al tronco. Tras acabarse su bocado de pan con mermelada, paté y hormigas confirmó -Si, mañana lo hacemos solo con signos- Cerró el bote de mermelada y lo apartó -Ya no me apetece- dijo desganado -Dame una salchicha antes de que ruede al suelo en el próximo temblor del árbol. No podías haber escogido uno más pocho...- La cena terminó entre hipótesis y escenarios simulados de disparos y estrategias. Thymo sabía como acechar y perseguir a sus presas, conocía los peligros del fuego amigo y lo sencillo que era acertar a un compañero antes que al conejo que salta entre los matojos. -Sobre todo, ten cuidado- repetía una y otra vez ante las arriesgadas maniobras que se le venían a la cabeza a la jabonosa enana -Sobre todo, cuidado- En verdad no le parecían mal aquellas estrategias, pero él sabía que por muy bien entrenado que estuvieses, siempre había un conejo o un venado más rápido, más listo o preparado. Cuyo instinto, afilado por la propia naturaleza, advertía las trampas y perseguidores mejor que cualquier radar. Thymo sabía que no se podía cazar todo y la luna lo volvía irascible  y refunfuñón, por lo que incapaz de encontrar las palabras adecuadas decidió dar por terminada la conversación por esa noche. No sabía como decirle a su melliza que le gustaban aquellas formas de entender las situaciones que él exponía, en ese momento solo era capaz de centrarse en lo que estaba mal y sabía que no era justo con la pequeña.
-Me voy a planchar la oreja, hermanita- exclamó -No tengo la cola para farolillos- Ayudó a la tontatta a recoger la mesa y regreso a su habitación en silencio, con el ceño fruncido y con unas poderosas ganas de ir hasta el hormiguero y escupir por el agujero.
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Mensaje por Thyma Bandle Lun 17 Mayo 2021 - 12:10

Thyma preparó con todo su cariño aquella cena. Sobre aquel tronco. Bajo la luz de la impresionante Luna. Había pasado tanto tiempo dentro de aquel agujero y sumidos en el trabajo de aprender un nuevo idioma, que había olvidado lo intenso que se ponía su mellizo en eso días de Luna Llena. No tardó en recordárselo. La Tontatta pudo ver cómo su mellizo regresaba con las manos vacía de dianas y con unos andares, propios de esos días. Realizaba movimientos bruscos y rápidos para desplazarse, casi como latigazos. Thyma resopló y al mismo tiempo llegaron los primeros reproches. -No se mueve tanto, además es bonito y cómodo.- Le contestó señalando el tronco elegido como mesa y asiento. Comenzaron a cenar, Thyma cogió un trozo de empanada y unas verduras asadas. Mientras disfrutaba de aquellos sabores, observaba como Thymo pasaba de la euforia al enfado en un abrir y cerrar de ojos. Montó una de sus escenas porque pensó que Thyma había olvidado la mermelada de moras. Tras revolotear por los alrededores en su búsqueda, salió disparado hacia la casa provisional. "Si al menos hubiese preguntado, antes de ponerse como una bicha..." Pensó mientras se untaba una rebanada de pan con paté y mermelada de moras. La pequeña estaba demasiado ensimismada en su pan y en sus pensamientos para percatarse de que las hormigas estaban a punto de robarle el aperitivo a su hermano. Él apareció de nuevo con otro bote de mermelada, dando "grandes" zancadas y se escandalizó por la desfachatez de las hormigas. Ni corto ni perezoso, abrió el bote de mermelada y puso una exagerada cantidad sobre la rebanada de pan. Otorgando así una dulce, pero cruel muerte a las hormigas. A Thyma no le gustaban en especial los bichos, pero Thymo pareció iniciar un desenfadado duelo con ellas, parecía comunicarse y entenderse a la perfección con esos bichejos. Thyma lo miraba con asombro, por muchos motivos. Dejó pasar su exceso de energía, pasó por alto la bronca que se estaba llevando ella y las hormigas, que ahora eran increpadas por el Tontatta directamente a las puertas de su hogar, pero lo que no pudo ignorar era que había comido hormigas.

Después de amenazar con una reforma, a las hormigas, una amenaza que Thyma no entendió, pues no se podía imaginar quién no querría un cambio de decoración en su hogar, hecho por un artista como su mellizo. Thymo volvió al tronco, disculpándose . Thyma no había dejado de comer, en silencio. Mirando la escena como si de un película se tratara. Cuando su hermano se sentó frente a ella de nuevo, no pudo contenerse más. -¿Estaban ricas? Las hormigas, digo. ¿Saben a algo?- Aunque pudiera no parecerlo, la duda era genuina y sincera. Sentía curiosidad por saber si esos bichejos eran comestibles y cuáles podrían ser sus propiedades.
La cena continuó algo más tranquila. Aunque Thymo seguía en una actitud tosca, estaba más comunicativo y pudieron poner en común las estrategias que Thyma había planteado. Ella no estaba tan experimentada en la caza como su hermano, aún así compartían sangre y ambos tenían un gran espíritu combativo. Thyma no tenía malas ideas, pero no sabía cómo llevarlas a cabo, ni si eran factibles algunas de ellas. Por eso le encantaba hablar de sus divagaciones con su hermano, porque siempre aprendía mucho. Para ella, aprendía del mejor. Thymo dijo no tener la cola para farolillos y decidió irse a dormir. No sin antes ayudar a Thyma recoger la mesa, con el ceño fruncido y ganas de más bien nada. Thyma respetaba esas fases, era su hermano y aunque a veces se le olvidaba, llevaba siendo así toda su vida. Ella lo adoraba con todas sus cosas buenas y malas. La intensidad con la que vivía a Thyma, día a día, también era para desquiciarse y su mellizo siempre tuvo mucha paciencia con ella. Unas por otras...

Thymo se dirigió a su cuarto. Thyma se quedó en la cocina a limpiar todo. Cuando todo estuvo listo, se preparó una taza de chocolate caliente con nubes de azúcar y un baño de agua caliente y espuma de lavanda. Disfrutó del momento, del rico chocolate y de sentirse completamente limpia. Casi se queda dormida durante el baño, el calorcito y el cansancio de todo el día fueron bastante responsables de ello. Tras el aseo y dejar la cocina impoluta, Thyma se dirigió a su cama a dormir plácidamente.
A la mañana siguiente, la Tontatta se despertó antes que su hermano, era habitual tras una noche de Luna Llena. Thyma aprovechó para preparar el té preferido de su hermano acompañado de un energético desayuno. Salió al exterior a preparar café y no dejar el aroma en el ambiente. Se sirvió un buena taza y se quedó sentada en una piedra que servía de banco en la entrada de la casa. Escuchando el sonido de los pájaros al alba, el sabor de la mantequilla en el croissant casero y su taza de café, esperó a que su hermano se despertara. Thyma no perdió el tiempo y comenzó a repasar todas las dudas que tenía sobre algunos gestos del lenguaje secreto. Quería tener claro cómo y qué preguntarle a su hermano, pues en alguna de esas conversaciones habían acabado hechos un lío los dos. Aquello también formaba parte del aprendizaje y se lo tomaban como anécdotas graciosas, pero eso les hizo ver la necesidad de ser concisos con las dudas y con los mensajes que se daban. La pequeña tenía ganas de que su hermano se despertase y comenzar un nuevo día productivo. La práctica de tiro con señas, la mantuvo muy motivada. Era algo tan personal de los mellizos Bandle, que todo lo que tuviera que ver con practicar con él el leguaje o con las cerbatanas, le hacía una tremendísima ilusión. Para Thyma era como un juego. Un juego del que no era consciente de su utilidad real y más en el viaje que les esperaba. La Tontatta ni se imaginaba lo que les podía deparar el destino, una vez los pequeños se adentraran al basto mar.
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Mensaje por Thymo Bandle Mar 18 Mayo 2021 - 12:20

Aquella noche de luna llena, como tantas otras, Thymo enfrentó la noche a sabiendas del tipo de sueños que tendría al dormir. Aquellas noches, llenas de vueltas y revueltas en la cama, entre sueños densos y pesadillas, mantenían al pequeño en tensión constante la mayor parte del tiempo. Aquel día, como tantos otros, amaneció entre un revuelto de sabanas y trozos desprendidos de la superficie de tierra que le servía de cama. A medio transformar, con un ojo compuesto y las piernas transformadas en su forma de escarabajo. Con la sensación de haberse pasado la noche cazando algo muy escurridizo y con el sabor de boca de quien ha fallado en su cometido. Una sensación que lo acompañaría hasta bien pasada la hora del desayuno.

El olor a té reciente y salchichas de cordero llamaban al instinto del tontatta desde su habitación. Sin su mente ser consciente siquiera de por que se movía, su cuerpo comenzó a dirigirse a la cocina improvisada de la cueva. Aquel aroma era todo lo que necesitaba para guiarse, como un bicho buscando la luz por la noche, atraído por la luminosidad, el instinto de Thymo lo acercaba a la comida. Agarró un trozo de pan y metió las salchichas dentro para poder comérselas más tranquilo en el exterior, junto a su taza de té.
Thyma esperaba encima de una piedra que le servía de asiento. El sol iluminaba el claro de tal manera que si no tuviera la vista acostumbrada, caminaría medio ciego hasta que sus pupilas encontrasen el diámetro correcto entre lagrimas y picor de ojos. -Buenos días- exclamó al ver a su hermana -Creo que necesitare unas sabanas nuevas, me he despertado como ves- explicó mostrando sus piernas y señalando al ojo con el bocata de salchichas -Creo que las he hecho jirones de la mitad para abajo- No lo creía, en verdad lo sabía. Aquel trozo de tela era poco más que tiras, sietes y rasgones -Creo que me he peleado con un fumigador esta noche... y perdí yo jajaja- Exclamó habiendo recuperado su humor habitual y su aspecto normal de tontatta.

Tras el desayuno, acompañado de una charla ligera sobre dudas y gestos comenzaron el entrenamiento del día. Aquel circuito sería aun más complejo que el del día anterior. Aunque solo fuese por que necesitaban darse ordenes mudas con aquellos gestos que tanto debían practicar para hacerlos propios e instintivos. Para convertirlos en un segundo idioma materno.
Thymo recogió las dianas que esparramo la noche anterior, las recoloco en nuevos lugares para variar también la ruta y los ejercicios a realizar y regresó con su melliza. -Repara tus puniciones- dijo Thymo con gestos, mientras sacaba de la mochila los dardos de entrenamiento. -Hoy están en difieren poblaciones para que fea mapa contengo- terminó orgulloso ante el gesto de la pequeña que tenía pinta de no enterarse de mucho -Empezamos bien...- pensó mientras limpiaba la cerbatana

Los blancos estaban situados de tal manera que alguien con la fuerza y tamaño de los pequeños pudiera correr y saltar entre los troncos y ramas para hacer diana. Un par de puntos requerían más puntería, una pequeña prueba de disparo estático tras tanto salto y carrera. Un disparo complejo por la necesidad de controlar la respiración después de un ejercicio a la carrera y casi frenético en medio de la competición por ver quien terminaba antes.
Thymo enseño el recorrido y explicó lo necesario a la pequeña, que ahora parecía comprender algo mejor lo que su hermano intentaba decir. Ya fuera por que las muñecas del enano entraron en calor y comenzó a dibujar en el aire los símbolos correctos, o por que la pequeña había comprendido al fin la manera de mover las manitas del enano aquella mañana.
Thymo sabía aprovechar las capacidades de su cuerpo para darse impulso o frenar de golpe sobre alguna rama para asegurar el tiro y continuar corriendo y saltando. Por lo que hizo el recorrido completo antes que Thyma para demostrar como, sin tener alas o una mejor visión, más adaptada al movimiento y los detalles. También se podía completar el desafío. Pero le costo tres veces completarlo sin detenerse. En verdad era más complejo que el día anterior y llevaba el tiempo suficiente utilizando la totalidad de sus capacidades para cazar que su cuerpo casi había olvidado como moverse en sincronía por aquel lugar sin los poderes de la fruta.

Aquellos ejercicios con su hermana divertían al pequeño, que sabía lo importante que era sentirse uno con su arma. -Mañana descansamos y nos acostamos pronto. Pasado pondremos a prueba lo que hemos aprendido, cazando de verdad... Acechando alguna presa al menos- dijo con símbolos y florituras de sus deditos, ante la cara de Thyma. -Mañana prepararemos tu equipo de caza entre los dos y te enseño a sujetar los dardos para disparar rápidamente unos cuantos proyectiles, mi máximo está en tres- dijo orgulloso levantando tres dedos -Hmm- se rascó la cabeza -Tendremos que pensar algo para los números- dijo al fin con voz ronca de no haberla usado en todo el día. -Estoy cansado de esto, ya me aburre. Salgamos a dar una vuelta a ver si encontramos el lugar perfecto para cazar mañana- y se transformó en aquella forma de vuelo en la que su hermanita podía sentarse cómodamente sobre él. Aquella con las iridiscentes alas brillando bajo el sol de la tarde.
Tras un par de cabriolas en el aire para disfrutar de la libertad que volar les otorgaba, comenzaron a planear sobre el bosquecillo que los rodeaba. Un par de claros, un riachuelo, una especie de charca donde los animales salvajes podrían parar a beber en algún momento y un montón de sendas abiertas en las hierbas altas después. Thymo tenía una buena ruta estructurada para el día de caza y expedición. No tendrían que alejarse mucho del campamento y podrían entrenar en una situación con blancos en movimiento. Perfecto para lo que necesitaban.
La practica de años persiguiendo animales por aquella zona le daban el conocimiento de la experiencia, y podía ver entre los árboles los mejores lugares para enseñarle a la pequeña a estar quieta y en silencio. Asignatura aun pendiente y por lo que Thymo creía que su melliza se dislocaría las muñecas con aquel idioma secreto. -Si no puede desparramarse por la boca, se lesionará las muñecas- Pensó de regreso al campamento a preparar la cena, mientras volaba por el cielo anaranjado del atardecer. Con el océano de frente, rompiendo contra el acantilado que les servía de hogar temporal.
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Mensaje por Thyma Bandle Mar 18 Mayo 2021 - 21:10

Al ver a su hermano salir de la cueva, Thyma dio su último sorbo al delicioso café y se puso en pie. Con gestos y una sonrisa le dijo: -Cuernos pías.- La Tontatta agitó su cabeza muy rápido, al darse cuenta del error y sin dejar a su hermano corregirla, lo hizo ella misma. -Buenos dis.- Dijo con los gestos casi perfectos. Después posó las manos sobre su boca muy sorprendida al ver el estado de su mellizo y al escuchar lo que le contaba. -No te preocupes tenemos más sábanas. Luego te doy unas limpias, pero esas rotas no las tires, tal vez me puedan servir para algo.- Le dijo con amabilidad. La pequeña tenía una enorme caja donde iba guardando retales y sobras de todo tipo de telas, una caja llena de por si acasos que nunca llegaría a utilizar.
Tras el desayuno y aclarar las dudas, recogieron y se pusieron en marcha. Thyma había preparado unos bocadillos sencillos y unos zumos para la comida de ese día. Estarían centrados en el entrenamiento, no tendrían tiempo de preparativos y no era muy recomendable llenar mucho las barrigas para hacer ejercicio. Con sus mochilas rumbo al claro, ninguno de los dos dijo una sola palabra con la voz. Todo fueron gestos tal cual habían planeado la jornada anterior.

Al llegar Thyma colgó la bolsa con los alimentos en una rama estratégica, alejada de los voraces insectos y también de los rayos del Sol. La falta de costumbre hacía que la pequeña tardase más tiempo en preparar, la cerbatana y los dardos, que su hermano, por lo que empezó con las labores en seguida. Thymo fue colocando las dianas en distintos puntos, a medida que lo hacía, Thyma le observaba y dudaba mucho que ese circuito se pudiera llevar a cabo. Cuando terminó regresó con su hermana e hizo unos cuantos gestos. Por la cara de besugo que puso Thyma era fácil saber que no había entendido nada. Otra vez le surgió la duda de que si ella era la que no sabía traducir o era su hermano el que no hacía bien el gesto. De todas formas por el contexto más o menos intuyó a qué se refería. No podían detenerse a cada gesto, debían continuar y así ir automatizando los movimientos.
Thymo comenzó a enseñar el recorrido para completar el circuito de dianas. Sin darse cuenta, Thyma entendía perfectamente lo que le decía, a pesar de que ni una sola palabra salió de sus labios. La Tontatta le hacía preguntas con una o dos palabras mal gesticuladas, pero se dejaba entender. Cuando ambos tuvieron claro lo que hacer, comenzó Thymo con la demostración. Era un recorrido realmente difícil, no sólo había que tener equilibrio y fuerza, si no que encima había que controlar perfectamente la respiración para no perder potencia en los tiros lejanos. El Tontatta había colocado las dianas a conciencia.

Tres veces le costó a Thymo completar el recorrido, Thyma perdió la cuenta de las veces que lo intentó. O llegaba a las ultimas dianas sin aire, o mal posicionada o todo a la vez. En varias ocasiones optó por sentarse en el suelo a mirar como su hermano colocaba los pies, las manos y la cola, con la cara enfurruñada por la decepción que sentía por ella misma. -Nunca seré tan cuern... tan buena como tu.- Le dijo frustrada. Su mellizo como solía hacer en estos casos, la apoyó a seguir intentándolo. Ambos sabían que la práctica hacía al maestro, sus oficios y la vida misma se había encargado de enseñárselo. Si algo bueno tenían los hermano Bandle es que cuando tenían un sueño o una meta, daban todo de si mismos para conseguirlo. Con esto en mente, Thyma se levantó agarró su cerbatana con decisión y se dirigió al punto de inicio. -Yo también pedo.- Dijo con mucha seguridad. Comenzó el recorrido y aunque estuvo a punto de no acertar, consiguió disparar en todas las dianas. Estaba muy lejos de logar alcanzar el centro de las mismas, pero aquello había supuesto todo un avance. La pequeña .jadeante alzó sus manos y comenzó a realizar un epiléptico baile de victoria.
Comieron los bocadillos y bebieron los zumos. Tras descansar un rato, volvieron a practicar aquel recorrido infernal. Poco a poco ambos iban desenquilosando sus cuerpos y los movimientos, tanto físicos, como gesticulares surgían de una forma más fluida. Solo Thymo logró acertar el centro de todas las dianas, pero debido a la dificultad, Thyma se sintió muy orgullosa de sus propios resultados.

Al atardecer, Thymo comenzó a planificar el día siguiente. Debían descansar, porque harían una práctica real de caza. Thyma no estaba segura de aquello, ello no solía matar los animales. Ella sólo los despiezaba para cocinarlos. Tras todo el día hablando con gestos ambos estaban cansados y volvieron a su comunicación habitual. -¿Y qué hago si me hacen ojitos?- La pequeña estaba realmente preocupada por no ser capaz de cumplir las expectativas de su hermano con eso de la caza. Era cierto que alguna vez le había acompañado al gremio de cazadores, pero más allá de recoger y comer bayas, la Tontatta no tuvo mucho más trabajo. Además allí era como una invitada de honor y los compañeros de Thymo nunca permitieron que se manchase las manitas. -Bueno, Thym yo lo intentaré.- Le dijo sin mucha confianza en si misma. Después Thymo propuso dar una vuelta volando para reconocer el terreno de caza antes del día clave. A Thyma le pareció una excelente idea. Aquello despejaría sus mentes del día de esfuerzos y todo lo que tuviese que ver con volar a Thyma le entusiasmaba. El Tontatta se transformó y desplegó sus coloridas alas. El juego de luces que reflejaban en ellas hacían que siempre que las veía, Thyma se quedase ensimismada y con la boca totalmente abierta. -Son taaaaaan bonitas... ¿A que si?- Logró decir tras salir de su trance inducido por tantos colores brillantes. La pequeña se subió en su sitio y se aferró a su hermano como lo hacía de costumbre. El Tontatta realizó unas piruetas aéreas que Thyma aclamó con gritos, silbidos y cánticos desentonados. A ella le encantaba volar con su hermano por encima de todas las cosas. Ese subidón de adrenalina que sentía y poder ver el mundo desde una perspectiva tan distinta a la natural, suponía para ella una bendición. Era algo a lo que nunca se acostumbraría. Simplemente por el hecho de que disfrutaba tanto, que no le daba la gana. Se regocijaría en esas emociones todas las veces que volasen juntos y lo viviría siempre como la primera vez. Thymo observaba el bosque de una forma analítica y profesional, Thyma en cambio, a veces cerraba los ojos para escuchar mejor los sonidos del bosque y disfrutar de todos sus aromas. Cuando el pequeño tuvo claro los puntos claves a los que acudirían el día de caza, regresaron a la casita para preparar la cena. -¿Me ayudas?- Le pidió Thyma su hermano. En su rostro se reflejaba el cansancio de aquel día. La cena sería sencilla y entre los dos la tuvieron lista enseguida. Tras alimentarse y dejar la cocina recogida, ambos se fueron a asearse y a dormir. Mientras Thyma se lavaba los dientes, le dijo a su hermano con una mano. -Estoy muy polenta, por el pía de hoy.- Le sonrió con la boca llena de espuma. Tras aclararse, abrazó, besó y dio las "cuernas" noches a su hermano.
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Mensaje por Thymo Bandle Vie 21 Mayo 2021 - 10:30

Tras los entrenamientos, el esfuerzo mental, planificar los entrenamientos, e incluso la luna llena. Thymo descansó al fin.
Aquella mañana se levantó tarde, más tarde de lo habitual. Ese era su día de descanso y pensaba aprovecharlo tanto como pudiera. Atendería sus obligaciones a la hora de las comidas, y puliría sus armas para el día siguiente, pero no tenía intención de hacer nada que significase “trabajo”.

Con la calma del que se sabe de descanso, el pequeño apareció en la cocina, agarro un par de bollitos de crema y se sirvió un vaso de zumo para desayunar. Con una gran sonrisa en su rostro salió del agujero y contempló el precioso cielo de medio día, de un azul tan despejado, que se fundía con el mar en el horizonte. -Buenos días- saludó -¿Dormiste bien? Espero que hayas descansado, mañana tenemos un gran día por delante- Thymo siempre se sentía entusiasmado cuando salía de exploración y caza, más si su melliza iba con él. Pese a ser su trabajo durante mucho tiempo y carecer de cualquier instinto asesino hacia los animales, el pequeño amaba las salidas al bosque, seguir rastros y, si había suerte, cenar rico.
Como todo un profesional de lo suyo, tras desayunar tranquilamente charlando con su hermana y, aprovechando el sol del final de la mañana, sacó sus utensilios de caza y comenzó a repasarlos poco a poco. -Deberías preparar tus utensilios para mañana- recomendó -Si tenemos suerte traeremos algo delicioso para la cena- Exclamó mientras se relamía la sonrisa.
Con dedicación, sacó cada proyectil de sus fundas. Lo observó y limpio, así como los huecos de la canana donde los almacenaba. Engrasó el cuero en los lugares donde el roce del proyectil al sacarlo, podría ralentizar la recarga del tirachinas, y continuó con los dardos de la cerbatana. Meticulosamente pasaba uno tras otro por delante de su aguda mirada. Se aseguró que todas las puntas estaban bien afiladas, así como que los dardos cargados con somníferos estuvieran en perfectas condiciones. -Material profesional- Se los mostraba con orgullo por millonésima vez, a su hermanita, esos dardos capaces de adormecer un gato gordo.
Lo siguiente fue la cerbatana. Llevaba los últimos días trabajando con ella y sabía perfectamente como estaba, aun así, Thymo era un profesional y se aseguró que todo seguía correcto. Los poros de la madera perfectamente sellados, que no había aparecido ninguna grieta del uso, y que el interior permanecía liso y limpio. Una cerbatana lista para ser utilizada al máximo de sus capacidades. La cerbatana de un profesional.
Por ultimo revisó su arma preferida, su tirachinas. Aprendió a utilizarlo mucho tiempo atrás, cuando aún era un pequeño de casi siete centímetros. Las necesidades de la caza requerían mas que simples dardos somníferos en la mayoría de las ocasiones. Perseguir un animal y soplar a la vez, no siempre es lo mejor. Por lo que para bichos más resistentes o veloces, el tirachinas se volvió el mejor amigo del pequeño, que al fin pudo ser de verdadera ayuda para sus compañeros de caza. Con la practica aprendió a cambiar las gomas según la ocasión y empezó a entrenar con diferentes municiones, hasta encontrar las balas con las que más a gusto se sentía.
Aquella arma era su niña pequeña, pues le había servido para crecer como cazador, de lo cual se enorgullecía enormemente. La robusta madera había sido tratada por los artesanos del gremio para aumentar su resistencia. Así, el pequeño podría utilizar su enorme fuerza sin temor a romperlo y golpearse los morros en el retroceso de la goma. Por otro lado, también le permitía insertar gomas con diferentes durezas que podía alternar según el caso y la necesidad. Todo alrededor de aquel simple objeto fascinaba al enano, desde su simpleza, hasta su mortalidad en buenas manos. Fue difícil aprender a utilizarlo, pero con su aguda vista y su fuerza, pronto comenzó a ser de los mejores cazadores del gremio y la idea de enseñar a su melliza lo entusiasmaba. La cerbatana no sería de utilidad para defenderse siempre.

Tras comer y descansar con las piernas colgando por el borde del acantilado, escuchando las olas romper contra la pared de roca que se alzaba, desafiante, a metros por encima del mar. Se durmió.
Hacía tiempo que no dormía siesta, en verdad no solía hacerlo por que madrugaba mucho para cazar y además no solía tener tiempo. Pero aquel día, de relax total, se dejó vencer por la modorra hasta que cayó el sol. Los días de tensión por la película, el trabajo mental con el idioma y el estrés que producía en su cuerpo y pensamientos, la influencia de la luna. Aplacaron el espíritu del enano quien, encontrándose protegido y con la persona que mas amaba del mundo, no pudo resistir a dormirse con el sonido de la naturaleza.

Cuando las primeras corrientes de aire frio acariciaron su pelaje, abrió los ojos lentamente. Un escalofrió recorrió su cuerpo y trato de desperezarse. Había dormido muy profundamente y se sentía un poco amodorrado, pero ver a su melliza preparando la cena y oler las salchichas siempre lo animaban. No tardo en acercarse y comenzar a colocar los platos y cubiertos sobre el tronco, ayudando a la pequeña -He dormido como un tronco- comentó abriendo mucho la boca -Espero que tu también hayas descansado, será una jornada dura- advirtió, levantando su manita derecha con el acusador dedo incide agitándose como loco, en el aire -Las primeras horas no podremos usar el lenguaje de signos que hemos inventado por que estará demasiado oscuro, pero te enseñare los rudimentos de la caza. Tu ya sabes esconderte muy bien, pero te enseñare a “ocultarte” de los animales- explicó, haciendo el gesto de las comillas con sus deditos a la par que hablaba -Y algunas otras cosas útiles para poder acercarte lo más posible y asegurar el disparo- Thymo sabía que aquellas habilidades serían de mucha utilidad si salían al mundo exterior. Al menos cualquiera de los dos podría traer un par de liebres para la cena. Y ocultarse, incluso de los agudos sentidos de un animal, sería clave en infinidad de situaciones.
Thymo estaba entusiasmado con la jornada de caza junto a Thyma y hablaba sin parar durante la cena, al más puro estilo Bandle. La influencia de la luna llena ya había pasado por completo. Y un día entero de puro descanso, consiguió regresar al enano a su humor original muy rápidamente.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 23 Mayo 2021 - 11:04

El día libre y de descanso daba comienzo. Ambos debían descansar para la siguiente jornada, irían al bosque a cazar y tenían que tener tanto sus energías como sus sentidos descansados y en optimas condiciones. Thyma preparó un delicioso desayuno. Esta vez dejó las salchichas y los panecillos para otro momento y preparó unas enormes fuentes de ensaladas de frutas, unas tostadas verdes y unos batidos de arándanos. Le apetecía trabajar con vegetales. Por la noche, había leído varias recetas antes de dormir y en una de ellas venía un truco muy sencillo para cortar las verduras y las frutas, que no tardó en poner en práctica. Mientras ingerían los alimentos, la Tontatta notó varias diferencias en ese tipo de corte, la primera era que resultaba mucho más sencillo de masticar las frutas fibrosas y por otro lado, los sabores, de alguna forma, se habían potenciado. La pequeña Bandle, sabía que su hermano no era capaz de detectar esos matices, pero por la velocidad a la que comía y las caras que no ponía, no había duda de que ese día, el desayuno estaba algo más sabroso.

Fue un día de descanso, pero altamente productivo para la diminuta. Tras la primera comida y mientras Thymo preparaba la mesa y los utensilios para realizar una puesta a punto a las armas, Thyma puso a remojo legumbre, en otro cuenco sumergió varias hojas verdes y algunas hortalizas. Luego, junto a su mellizo, comenzó a tratar la madera de su cerbatana. El padre de los mellizo había regalado ese arma a la pequeña porque siempre la sintió más indefensa. Ellos perdieron a sus padres siendo muy jóvenes, tal vez demasiado, pero eso les hizo madurar y crecer mucho más rápido que si hubiesen vivido una vida al abrazo de sus progenitores. Desde que los pequeños nacieron, siempre demostraron dos cosas fundamentales: eran inseparables y eran muy distintos. Mientras Thymo jugaba a ser, unos días un almirante de la marina y otros el rey de los piratas, montando batallas épicas con los cojines y alguna vez contra algún insecto, Thyma siempre jugaba a vestir elegantemente a sus muñecas y a organizarles banquetes que preparaba con platos que consistían en hojas machacadas y semillas, otros días dibujaba vestidos de fantasía y disfraces divertidos, siempre tuvo buena psicomotricidad y demostró ser muy hábil con sus manos desde muy pequeña... Los recuerdos llegaban escasos a su mente, había pasado tanto tiempo que, aunque nunca lo admitiría, comenzaba a olvidar el rostro de sus padres, sus gestos y sus expresiones. Más a allá de las cuatro fotografías que conservaban. Thyma comenzó a hidratar la madera sobre la inscripción del apellido. Había algo que si recordaba. La nota que su padre les había dejado junto a la cerbatana. Un accidente no se puede predecir, pero por alguna razón, el Señor Bandle era un hombre previsor y sabía lo difícil que resultaba moverse en un mundo humano para ellos. Él pensaba que cualquier cosa podía suceder y desde que se mudaron a Mirrorball, dejaron todo muy bien atado y asegurado para sus recién nacidos mellizos. Aquella nota era una promesa que tenían que cumplir sus mellizos, en su nombre y en el del apellido Bandle. Se deberían cuidar y proteger entre ellos toda la vida, pasase lo que pasase. Thymo debería enseñar a Thyma a usar la cerbatana y procurar que a la familia no le faltase nunca alimento. Thyma debería aprender a cocinar para mantenerlos a ambos, además de aprender a combatir. Era lo único que les pidió. Nunca supieron cuando había escrito esas letras, ni qué estaba pensando cuando lo hizo, pero ambos llevaron las palabras de su padre por bandera.
Era inevitable que todo esto llegara a la mente de la Tontatta, su hermano estaba habituado a derribar animales, pero para ella era su primera caza real. Había evolucionado mucho desde que sus padres faltaron. Ambos los habían hecho. Estaban muy cerca de comenzar una aventura real en el basto mar, muy alejada de los sueños y fantasías que pululaban sus inocentes mentes, pero eran conscientes de que debían estar preparados para ello. Thyma estaba emocionada, era su oportunidad de demostrarle a su hermano, a si misma y... a su apellido, de lo que era capaz. Los Bandle adoraban los retos y aquel era muy especial para la pequeña.
Terminó de limpiar y de preparar el agujero interno. Su cerbatana era distinta a la de Thymo, la suya era lisa y la de la pequeña, tenía unos pequeños surcos que potenciaban la velocidad del proyectil y por lo tanto su fuerza de impacto. A su mellizo le gustaba probar a veces con la cerbatana de su hermana, aunque siempre respetaba la propiedad. A él le encantaba la suya y aunque su arma favorita era su tirachinas, siempre decía que la cerbatana Bandle era "toda molona."
Thyma entregó la cerbatana a su hermano para que la revisara. Siempre lo hacía, pues Thymo para esas cosas tenía un ojo mucho más experimentado. Tras darle las indicaciones, la pequeña miró los fallos para identificarlos ella también y los corrigió.

Mientras Thymo terminaba de preparar los dardos que usarían, Thyma comenzó a realizar los preparativos de la comida. Una vez estuvo lista, la llevó sobre el tronco. Los mellizos devoraron todo aquello, como si no hubiesen comido en días. Cuando terminaron, con sus barriguitas abombadas y tras limpiar y recoger todo, se sentaron en el acantilado. Allí la brisa marina y el sonido de las olas era maravilloso, un lugar perfecto para descansar al arrullo del mar. La Tontatta notó como la conversación con su hermano se iba apagando, así como lo iba haciendo él mismo, hasta quedarse profundamente dormido. Thyma sonrió al verle y lo dejó en calma. Sacó de su mochilita un bloc de dibujo y unos lapiceros, buscó una lugar en esa zona dónde no sólo tuviera buena iluminación, si no que además fuese cómodo. Desde la piedra que encontró veía a su hermano y también el océano. Aquello era una vista perfecta para lo que tenía en mente. Apoyó su espalda en la calentita roca y posó el bloc sobre sus rodillas flexionadas. Allí comenzó a dibujar líneas y a borrarlas después con otras más remarcadas cerca. Poco a poco, hora tras hora se fue formando algo con sentido de esas formas.

La luz comenzaba a disminuir drásticamente. Thyma ya no era capaz de perfeccionar mucho más aquel boceto, ya casi lo tenía. Así es que decidió comenzar a preparar la cena. Thymo seguía dormido plácidamente, pero seguro que el olor a salchichas asadas al fuego despertaría no sólo a él, si no también a su apetito. Así fue. Un amodorrado Thymo se acercó a su hermana, para voluntariosamente comenzar a preparar el tronco. -Vaya cara Thym, se te han arrugado los pelitos.- Dijo Thyma riéndose y volteando unas setas. -Mi tarde ha sido maravillosamente productiva y tranquila. La prueba la tengo en el cuaderno de mi mochila, en la última hoja.- Se podía notar el entusiasmo en la voz de la pequeña. En la última hoja de su bloc de dibujo estaba el boceto de lo que sería una idea inicial para su traje de combate. No era el definitivo y necesitaba muchos retoques, pero aquello plasmaba una idea concreta, con detalles cerrados. -Pero no se mira hasta después de cenar.- Dijo con voz cantarina, sabiendo la rabia que eso le daba a su hermano. Thyma sacó los alimentos del fuego y los colocó en bandejas, llevó todo al tronco y comenzaron a comer. Escuchaba con atención todas las indicaciones de su hermano. Él sabía lo importante que iba a ser ese día para ambos y se le notaba tan entusiasmado como a su hermana. Al fin y al cabo, se demostraría las capacidades tanto del maestro para enseñar, como de la alumna para aprender. Tras comer y recoger, Thyma sacó el cuaderno y le puso el boceto en las manos. -Dime que opinas, no está terminado, pero creo que podría sernos útil.- Le dijo con algo de timidez, por primera vez en su vida. Aquello era importante para Thyma y le generaba alguna inseguridad. Le comenzó a explicar los detalles del traje y las características que tendría. Le explicó como estarían los refuerzos dispuestos y todas las ideas a mayores que tenía para el traje. -¿Qué te parece?.- Le dijo esperando absoluta sinceridad.
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Mensaje por Thymo Bandle Miér 26 Mayo 2021 - 13:52

-WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO- gritó el pequeño. Bastante seguro de haber espantado a buena parte de la fauna cercana -¡ES FLIPANTE!¡ALUCINANTE!¡MARAVILLOSO!¡FANTASTICO!¡Y ALUCINANTE OTRA VEZ!- Thymo miraba el patrón sin entender mucho de lo que tenía delante, pero lo poco que era capaz de comprender, como los extras y la calidad de los materiales alucinaban al enano, que no podía apartar la vista del diseño -¿Para cuando?- atinó a preguntar al fin, casi babeando, imaginándose volando por ahí junto a una bandada de patos en formación, con su traje de comando. -Me mola muchito, hermanita. ¡Eres una crack!-
La cena se le había bajado de golpe con la sorpresa del traje. No tenía hambre, y se encontraba bastante a gusto. Pero dentro de unas horas tendrían que ponerse en marcha y siempre había tiempo de una ultima revisión a los materiales antes de salir a por comida. Además, cazar con su hermanita significaba mucho para él, y quería que todo estuviese perfecto y fuese una actividad por completo segura para ella.
Repasó las trampas que colocaría y de nuevo las municiones de su canana. La cerbatana y el tirachinas, las gomas. Todo estaba perfecto. Como buen profesional siempre trataba de mantener sus armas en perfecto estado. Y como buen nervioso, las repasaba una y mil veces hasta saberse de memoria el numero de plumas que se habían utilizado para crear los proyectiles que tenía para la cerbatana.

La noche pasaba mientras el pequeño, totalmente descansado, observaba el entorno. Tras la luna llena, las noches aun seguían lo suficientemente brillante como para que el enano pudiera vez lo suficiente como para llegar a la zona que había determinado para cazar. Thymo conocía aquel bosque como la palma de su mano y sabía que los depredadores y las presas más difíciles de perseguir, incluso las que heridas podrían llegar a volverse y atacar a sus cazadores, estaban más al sur de Mirrorball. Donde se disputaban el agua corriente del pequeño arrollo que discurría por el subsuelo, salvo en zonas donde formaba pequeñas lagunas, hasta desembocar en el mar. El orgullo de cazador del tontatta le impedía regresar a casa con las manos vacías, pero tenía pocas esperanzas de volver con un gran botín de aquella expedición, pues le preocupaba más enseñar los trucos del oficio a su melliza.

La luna comenzaba a descender en la bóveda celeste como si la hubieran pegado un tiro y perdiese altitud casi en línea recta hacia el suelo. Momento en el que debían salir del campamento para llegar a la zona de caza antes de que despuntase el alba. -¿Estas lista, Thym?- preguntó a su hermanita que parecía sentada, pensando en sus cosas. Pero el enano sabía que había pegado alguna que otra cabezada. Aquella era la primera prueba, superar la noche en vela. Pues muchas noches deberían permanecer despiertos, acechando a su comida.
Tras recoger lo necesario, Thymo adopto su forma de viaje para permitir a la pequeña montarse encima y partieron volando rápidamente hacia el cielo de la madrugada.

La siguiente prueba sería la colocación de trampas y el acecho. Con experiencia y determinación, Thymo abrió los lazos que utilizaría para capturar cualquier conejo distraído que pasara por encima y mostró a la pequeña como se hacía. Colocó uno y dobló la rama cercana de un árbol hacia abajo, dejándola enganchada al suelo con una pica metálica en forma de número siete. Todo en completo silencio, con los gestos necesarios para explicar que la cuerda debía quedar tirante, sin extenderse. Corto, conciso, y sobre todo, preciso.
Lo siguiente sería más simple, pero donde el idioma de gestos brillaría o demostraría no servir para nada.
Thymo mostró un lugar bajo una raíz levantada, húmedo y frio lugar lleno de tierra y rocío. -Quédate ahí y vigila las trampas, yo iré a otro lugar para cubrir todos los ángulos- le dijo a su hermana con cortos y rápidos gestos antes de darse la vuelta y caminar hasta el hueco excavado bajo un tronco caído hace tiempo. Lleno de musgo y bichos. Las horas pasaban y aquello podría ser una tortura para la enana, que no había estado tanto tiempo callada ni cuando dormía. Pero por suerte para ella, aunque su garganta lo echase de menos, sus manos continuaban hablando con el pequeño, que tenía un ojo en su melliza y otro en las trampas, pero con las antenas siempre atentas al entorno.
Los primeros rayos del sol iluminaban el horizonte, la hora más fría del día pasó y ninguna trampa había saltado. Si para esas horas ninguna presa había caído, era hora de moverse, como así se lo comunicó a la pequeña con un par de movimientos de su muñeca derecha con el índice y el anular estirados. Se levantó y se quitó los escarabajos y gusanos de encima antes de continuar -Dejaremos ahí las trampas, que nunca se sabe. Sígueme- pidió, internándose bajo un arbusto con espinas tan grandes como los dedos de los tontatta.
Reptando con el pecho pegado al suelo, Thymo apareció al otro lado de la espinosa maraña y espero a que la pequeña lo siguiera -Con nuestro tamaño, hay muchos atajos que podemos tomar en el bosque, atajos que no les sirven a los humanos, tienes que aprender a verlos y aprovecharlos- dijo esta vez con las dos manitas, haciendo gestos cortos, sin exagerar los movimientos, pues aquello solo funcionaría en el mundo real si conseguían que hasta el mínimo movimiento pasara tan desapercibido como debía. -Subamos a esas ramas, tal vez desde lo alto encontremos algún rastro-

Thymo aun tenía muchas cosas que enseñar a su melliza sobre el bosque, podía detectar a sus presas con bastante exactitud si ponía todos sus sentidos en ello, pero hacerlo del modo tradicional serviría de entrenamiento para ambos ya que la pequeña no disponía de los sentidos avanzados del enano escarabajo. Así como el pequeño estaba demasiado acostumbrado a utilizar todos sus recursos para moverse entre la vegetación. Las antenas solo las mantenía para detectar cualquier posible amenaza que pudiera suponer un peligro para su acompañante.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 6 Jun 2021 - 12:29

Jamás en la vida, Thyma podría negar que esa noche dio numerosas cabezadas. El sopor que le proporcionaba la comodidad del lugar, las altas horas y lo poco acostumbrada que estaba, hacía que sus ojitos se cerrasen sumiéndola en un corto, pero profundo sueño. Se podía notar por el silencio que se producía y por los pequeños espasmos que le daban a sus piernecitas. Thymo en cambio permanecía activo. Él estaba más habituado a la actividad nocturna. Llegado un punto de la noche, casi rozando el alba. Thymo alertó a su hermana para que se preparase, para salir. -Pero está muy oscuro no veremos las presas.- Dijo en con una inocente protesta, mientras se rascaba los ojos. Sabía que nada de lo que dijera con su hermano en modo cazador, serviría para hacerle cambiar de parecer. Salieron de la guarida y Thymo adoptó su forma voladora. -¡WAAAALAAAA de noche también brillan!- Dijo la pequeña embelesada con los colores de las alas. Al haber cambiado la luz del Sol por el de la luna, el brillo que reflejaban mostraba colores diferentes, más fríos, pero igualmente intentos. Thyma tenía un gran dilema, no sabía cuales le gustaban más. Para la desesperación de su hermano, Thyma fue relatando todos los colores diferentes y sus intensidades que iba viendo en las alas. Eso la mantuvo entretenida mientras llegaban al lugar seleccionado.

Al llegar Thymo se mostró serio y concentrado. Volvió a su forma habitual. Thyma comprendió que era momento de dejar las tonterías a un lado y centrarse en lo que iban a hacer. Su hermano comenzó a darle indicaciones, para colocar las trampas, mediante el nuevo idioma. La pequeña entendió todo lo que le iba diciendo y comenzó a asegurar las cuerdas y los nudos, tal cual le había ordenado. Ver al Tontatta colocar las trampas, hacía pensar que aquello era más sencillo de lo que realmente era. Cuando Thyma logró fijar una perfectamente, su hermano ya había colocado tres. -Revísala, yo creo que está bien.- Le dijo a su maestro de caza. Thymo le dio el visto bueno.
Una vez estuvieron todas las trampas en su sitio, tocaba esperar. El Tontatta escogió el hueco apropiado para su hermana y después se dirigió al suyo, con bastante más suciedad y bichos que el de Thyma. Para la crispación de Thyma, debían mantenerse completamente en silencio, o ahuyentarían a las presas. Eso le había explicado su hermano. La Tontatta agradeció en el alma contar con el maravilloso y silencioso idioma. De esa forma pudo contarle a su hermano todo lo que veía y sentía. Cosas, la mayoría, innecesarias. Hubo un momento que casi se acercó un pequeño conejo. Fue el único instante en el que Thyma, conteniendo la respiración , logró mantenerse inmóvil. Thymo estaba pendiente de sus alrededores de una forma más analítica y completa que su hermana. Ya que ella estaba más centrada en localizar las diferentes matas de zarzas que les rodeaban. Se le antojó mermelada. -¿Luego recogemos unas moras?- Le preguntó a su hermano.

Pasaron unas horas... varios meses en la percepción de la pequeña, cuando Thymo decidió salir de su hueco. Mientras se sacudía los bichos, Thyma también salió de su agujero, fresquito y húmedo. No habían tenido éxito en su primera fase del día caza. -¿Que ha pasado? ¿Puse mal las trampas?- Preguntó la pequeña con algo de frustración. Al parecer, en esto de la caza, influía mucho el azar. Había que estar en el sitio oportuno, en el momento oportuno. La Tontatta pensó que su hermano debía tener una enorme suerte, pues siempre regresaba a casa con alguna pieza. El experimentado cazador decidió dejar colocadas las trampas por si algún animalejo caía, a lo largo de la jornada. Después continuaron a caminar y pasó, con gran habilidad, por debajo de un espinoso matorral. Thyma al imitarle, enganchó su camiseta, varias veces, con las espinas, pero logró cruzar al otro lado junto a su hermano. La pequeña atendía a los gestos de su hermano y asentía ante sus explicaciones. Finalmente decidieron seguir rastros en lo alto de una rama. Ese plan le gustaba mucho más a la pequeña. Era, sin duda alguna, mucho más atractivo que esperar en silencio, metida en un agujero en la tierra. Thyma gozaba de una excelente vista, su hermano lo sabía y tal vez, por ese motivo quería potenciar todos sus puntos fuertes. La Tontatta se tumbó en la rama y centró su vista para detectar el mínimo cambio en el paisaje. Pasados unos minutos, un arbusto no muy lejano comenzó a agitarse. Thyma llamó la atención de su hermano y le indicó lo que veía. El movimiento de la vegetación cada vez se les acercaba más. Hasta que, por fin, se detuvo. A los pies del pequeño claro, que se formaba entorno al árbol, apareció una pequeña cría de jabalí. A Thyma le entraron ganas de gritar y saltar de la emoción, pero de haberlo hecho, hubiese asustado al animal. Pudo contenerse. La Tontatta agarró su cerbatana con fuerza y se propuso a disparar en cuanto su hermano le diera la orden con un gesto. Esperaba hacerlo bien. Pendiente tanto de la presa como de su mellizo, se concentró y ajustó su puntería. Ese jabalí estaba a solo una orden de acabar guisado con patatas, a fuego lento.
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Mensaje por Thymo Bandle Lun 23 Ago 2021 - 15:40

Desde un lugar tan privilegiado como la alta rama, observar el bosque alrededor era una tarea mucho más sencilla. Sobre todo para dos seres que miden diez centímetros, varios centímetros menos que muchos de los hierbajos que los rodeaban.
Thymo no esperaba encontrar gran cosa. Tan solo pasar el tiempo relajándose en el bosque con su hermanita, en una sesión de caza para aprendices. El pequeño se sentía satisfecho por que habían podido comenzar a entenderse de manera más o menos fluida y sin errores con aquellos extraños movimientos. Permanecía plácidamente tumbado en la rama, cuando las vibraciones provenientes de un arbusto llamaron la atención de su melliza.
Un jabato asomó el hocico por entre las ramas, seguido por su robusto cuerpecito. Thyma preparó su cerbatana, lista para comenzar a disparar como si no hubiera un mañana, pero Thymo permaneció relajado y cortó aquel intento de llevar carne a la mesa -Observa- dijo con un gesto rápido.
Tras el primer jabato, salió un segundo y un tercero. Hasta cinco pequeñas crías de jabalí. Seguidos de cerca por su poderosa madre y su inmenso padre, que casi arrancan en arbusto -Con nuestras armas hubiera sido muy difícil hacernos con esas presas- explicó entonces -En la naturaleza si ves un jabalí pequeño, ten por seguro que al menos uno de sus padres estará cerca. Y son muy peligrosos, créeme- gesticuló con sus manitas. Despacio, asegurándose de que cada gesto estaba donde tenía que estar y como tenía que estar. -Vamos a recoger las trampas y regresemos al campamento. Tenemos comida de sobra antes de regresar a casa y siempre podemos recoger unas moras por el camino- terminó con un guiño de su ojo derecho.

Las trampas permanecían intactas, lo cual significaba que había que desarmarlas antes de poder llevárselas de vuelta. Por suerte Thymo las conocía muy bien y no tardo en desmontar los mecanismos y poner el seguro de cepos y cajas trampa. -Tiras de aquí mientras aprietas con el pie- explicaba a su melliza -Y bajas este seguro. Es la mejor manera de hacerlo- instruía a la pequeña.

Thymo conocía la zona, sabía donde poder recolectar algunas moras para hacer mermelada y para comer al natural. No estaban lejos del lugar donde encontró su akuma no mi, lugar rodeado de zarzas llenas de moras gordas y jugosas. Tras dejar en un vuelo rápido las trampas y los cebos en el campamento y tomar unas cestas, llevó a su hermanita de vuelta al bosque, al zarzal más frondoso que conocía.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 5 Sep 2021 - 22:19

Thyma tenía las mejillas llenas de aire, cuando su hermano le detuvo el ataque. Realizando gestos con sus manitas le explicó por qué eres una mala idea. Detrás de jabato salió otro y otro y otro... Tras ellos dos ejemplares adultos imponente. Thyma pensó que menos mal que contaba con la experiencia de su hermano, pues ya estaba pensando que frutas y verduras le irían mejor al guiso de jabalí. -En casa tengo algo de carne de jabalí conservada, haré el potaje igualmente.- Le dijo con señas. No se iba a quedar con las ganas de reproducir el plato que tenía en mente. -La loras también están bien.- Cada vez fluían más con su nuevo idioma, pero aún así a Thyma todavía se le escapaba algún pequeño detalle. Le sucedía por la prisa y la falta de costumbre, nada que la práctica no pudiera solventar. Los hermanos se quedaron un rato observando la familia de jabalíes. Los pequeños eran adorables y resultaba muy tierno ver como los progenitores les guiaban y protegían. En cierto, modo la Tontatta envidiaba la capacidad de su hermano de entender y formar parte de la naturaleza. No había ninguna necesidad de crear un drama en esa familia y Thyma había estado a punto de hacerlo. -Me alegra no haberles disparado, Thym. Gracias...- Le dijo a su hermano con una gesticulación perfecta.

Thyma accedió a la proposición de su mellizo. Recogieron los bártulos y juntos fueron a cosechar unas moras. Al deshacer las trampas, la pequeña seguía paso a paso las instrucciones de Thymo. Era fabuloso ver la destreza que tenía. Sus movimientos parecían sencillos y fáciles de llevar a cabo, pero la realidad era muy diferente para ella. Ponía el pie donde decía, pero se hacía un lío con las cuerdas, si atendía a las cuerdas, los pies se le aflojaban y perdían la presa del palo. Lo de Thyma no era la coordinación mano, pie. Como siempre su hermano tuvo la paciencia necesaria para que ella sola pudiera deshacer el entuerto. En estos casos Thyma y sus movimientos eran como un tartamudo nervioso. -Ya, por fin.- Dijo una vez deshizo el lío. Una vez todo estuvo recogido dejaron las trampas y demás herramienta en la guarida, agarraron unas cestas y fueron volando hacia unos zarzales con unas moras enormes. -¡Mira Thym, son gigantes!- Exclamaba emocionada al ver la calidad y el tamaño de los frutos. No pudo evitar hincarle el diente a una, muy próxima a ella, manchando sus mejillas de un intenso tono morado. -Está muy dulce.- Dijo con total satisfacción. Al ver el lugar y sus características se acordó de cuando Thymo se comió su fruta del diablo y la historia que le había contado. -¿Fue aquí? ¡Cuéntame la historia otra vez, por fi.- Thyma adoraba la pasión y la cantidad de detalles que tenía esa historia y siempre que podía le pedía que se la contase. Esta vez fue complacida. Entre anécdotas y recuerdos, los pequeños fueron llenando los canastos con ricas moras. Después la cocinera prepararía mermelada con ellas y una salsa para acompañar la carne de la cena. Aunque ella no comería mucho, pues por cada mora que metía en la cesta, se comía dos. -¿Sabes, Thym? Va a ser divertido poder criticar a la gente en su cara sin que nadie más que tu y yo sepamos lo que decimos ¿A que si?.- Thyma comenzó a reírse escandalosamente imaginándose la cantidad de usos prácticos y malévolos que podía tener aquel nuevo lenguaje. Mientras las manchas de su rostro al tiempo que aparecían, las hacía desaparecer.
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