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[Privado] Lo que aterra del mundo

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Mensaje por Cheshire Dom 23 Mayo 2021 - 16:16

Podía parecer que las noticias se distribuían lentas entre el mar y las diferentes islas del mundo, pero lo cierto era que, si sabías cómo buscar, si te centrabas en encontrar algo, resultaba relativamente fácil averiguarlo. Ella, quien había estado tiempo intentando encontrar las respuestas a lo que había ocurrido tantos años atrás, lo había tenido difícil para localizar una pequeña pista, algo que pudiese indicarle que estaba por el buen camino. Tanto tiempo de isla en isla solo por conseguir un atisbo de esperanza que le condujese a la verdad. No podía decir que le resultaba extraño haber tardado tanto en toparse con algo así, lo que estaba buscando solía estar oculto a plena vista después de todo. Pero una vez consiguió el extremo del cordel, no dudó un instante en seguirlo. Le había costado tiempo, esfuerzo, sudor. Pasó hambre, se vio expuesta al clima y al pesar de ver cómo la información que conseguía se esfumaba como si únicamente fuesen cenizas.

Al menos hasta que llegó hasta allí.

El Ejército Revolucionario era algo de lo que prácticamente todo el mundo había escuchado hablar pero que pocos conocían bien. Se movían entre las sombras del mundo bajo su propia moral, guiados por sus normas y rigiéndose por su jerarquía. La mayoría de sus objetivos se mantenían en secreto precisamente para evitar filtraciones y problemas mayores, y por eso mismo recopilar algo de información sobre ellos era tan extremadamente complicado. Bajo sus propios protocolos, averiguar lo necesario sobre ellos se hacía imposible. No habían cometido ni un solo error en los procesos, pero por suerte para ella empezaba a estar acostumbrada al espionaje y a pasar desapercibida entre la noche. De no haber sido por eso, por las capacidades que había reunido durante los años, seguramente continuaría perdida en mitad de la nada buscando fantasmas.

Pero no resultó así. Había conseguido llegar a la ciudad que ocupaba el este de la isla. Decidida a no llamar excesivamente la atención, ni siquiera había atracado su barca en el puerto de la misma, sino que lo había dejado en otra ciudad cercana y después había optado por caminar hasta allí. Eso resultó en algo de cansancio para su cuerpo, pero la motivación de encontrar lo que había buscado por tanto tiempo hacía que el agotamiento quedase en segundo plano. Recorriendo las calles de la zona, mientras la oscuridad cubría los callejones y podía aprovechar las sombras como camuflaje, avanzó. Se las había arreglado para seguirle hasta allí, aunque ni siquiera sabía bien quién era. Podría llamarse destino, pues le había encontrado mientras buscaba a alguien más entre las personas de la ciudad, pero no se arrepentía en absoluto de seguirle.

Algunas calles resultaban más difíciles de bordear que otras, las luces de los bares resaltaban demasiado como para que pudiese perderse sin más y se veía obligada a ascender por los tejados. Sin perder ni un segundo el rastro de aquel hombre cubierto por una capucha, avanzó hasta que vio su oportunidad. Un callejón sin salida, con únicamente una puerta a la derecha justo al final. Si no la aprovechaba, seguramente aquel hombre se internaría en el edificio y tendría que esperar o arriesgarse a perder aquella pista. Y no podía ni quería hacerlo.

Se dejó caer con suavidad entre los diferentes balcones mediante las cajetillas que llevaba sostenidas en sus caderas, cubiertas perfectamente por la capa. Como no tenía un control suficiente sobre ellas, muchas veces necesitaba apoyar las manos en las ventanas para no desplomarse directamente al suelo, pero era mejor que simplemente saltar y tratar de no romperse los huesos de las piernas. Cuando terminó de caer, justo delante de la puerta, entre la misma y el sujeto, mostró una sonrisa suave y confiada. No había agresividad en su rostro, únicamente satisfacción por haber conseguido semejante hazaña.

- Te pillé-. Comentó en voz ligeramente bajo, pues lo último que quería era que alguien pudiese estar observando tras la puerta-. Verás... tengo muchas preguntas sobre el ejército revolucionario. Y creo que tú puedes responderlas por mí-. Aunque no denotaba una postura agresiva en absoluto, permaneció atenta en todo momento por si debía llevar sus manos hasta el mango de sus espadas. No quería arriesgarse a que escapase, y mucho menos a ser asesinada por él. Era un tema muy delicado que necesitaba ser tratado de esa forma.
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Mensaje por Dexter Black Lun 24 Mayo 2021 - 1:23

Suspiró. Hacía meses que no pisaba aquella isla. Cuando lo había hecho ni siquiera era oficial todavía su nombramiento como comandante en jefe de la Armada Revolucionaria, y desde que había conocido a Tea nunca había vuelto. Debió haber esperado que igual que llegó fuese a desaparecer, tan obstinada en su decisión de atraparlo con su embrujo como proclive a las despedidas dramáticas. Quizá por eso se le hacía tan ajeno aquel lugar de pronto; quizá se debía a que se había desvanecido sin decir nada, sin siquiera despedirse, que no era capaz de ensamblar el adiós en su cabeza. Pero así había sido siempre ella, ¿no? Volátil como una llamarada, brillante y cálida, pero efímera y peligrosa... Al final, sin quererlo, se había quemado demasiado.

No había querido volver, pero lo había hecho. No había ningún problema en la ciudad, y tras resistir los envites del ejército real el enclave se había convertido en un bastión inexpugnable al que para acceder uno debía atravesar alguna de las tres aduanas que había organizado la defensa. No eran muy estrictas, pero sí lo bastante eficaces como para evitar que indeseables se colasen constantemente y lo suficientemente bien organizadas como para advertir de un ataque en caso de necesidad; también para ejercer como primera línea de defensa frente a una invasión inesperada. Pero tras haber establecido la base tanto hombres como mujeres y niños estaban esperando con cierta ilusión compartir la confianza de los altos cargos. Habían sido tiempos difíciles mientras recibían refugiados de todas partes de Kyeskaya, y tras la tormenta buscaban un mensaje de esperanza. No era muy dado a los discursos, pero había coincidido en que dejarse ver por las calles y reunirse con los responsables de los gremios sería, quizás, la mejor forma de que los ciudadanos entendiesen la preocupación del ejército por ellos. Aunque, en su opinión, eso podría haberlo hecho cualquier oficial. Los kyeskayos eran muy extraños.

En cualquier caso había desembarcado por la mañana en el muelle sur del puerto militar que se había inaugurado apenas un par de meses atrás, tras una construcción exprés llevada a cabo por los cada vez más eficientes albañiles de la ciudad. Con su jefe, el promotor de la compañía constructora local, se había reunido poco antes del almuerzo. Se había tratado de su primera cita, a la que habían seguido los cerveceros, los productores de vodka y los agricultores, así como distintas organizaciones civiles de diversas índoles. Al final del día tenía tanta información acerca de Amstel, los planes expansionistas del feudo hacia el sur y los problemas que atravesaba la gente que casi había abarrotado su cuaderno de apuntes, y su cabeza de datos. Y aún quedaba la reunión más dura: Madamme Mabel.

Madamme Mabel había sido la prostituta favorita del zar algunos años atrás. Cuando este se aburrió ella, rica y dotada de un ejército de fulanas deseosas de aprender el oficio, había fundado el Palacio Rojo -una referencia a la Plaza Roja de la capital-, el prostíbulo más grande del North Blue. A Dexter no le atraía particularmente la idea del sexo de pago, pero en tanto que la cultura kyeskaya pasaba por un gran consumo, era obvio que prohibirla no era ni de lejos la solución. Sin embargo, para evitar malentendidos como los que ya solían ser habituales, se había reunido con ella en un lujoso restaurante, a la vista de todos. Parecía bastante agradecida tras haberse librado del monarca, y si bien reconocía que su negocio había mermado en un cuarenta por ciento, si descontaba la parte que antes debía dar a los caciques locales quedaba más o menos todo igual.

Cuando salió solo pudo resoplar. El agotamiento comenzaba a notarse en su rostro, y sin duda había calado hondo dentro de él. Mentalmente estaba superado, por lo que se echó la capa a los hombros y comenzó a avanzar. El cabello a dos colores sobresalía por debajo de ella, y sus más de dos metros lo hacían destacar, pero aun así se puso la capucha como si fuese a ayudarle a pasar mínimamente desapercibido, fingiendo que no llamaría la atención. Caminó por calles y callejones hasta la casa que le habían cedido durante su estancia, un pequeño apartamento sin demasiado lujo, pero suficiente para no tener que dormir una noche más en el barco. La Joya seguía siendo un barco de lujo, pero dormir en tierra cada vez era un requisito más indispensable para él. Sin embargo, cuando ya estaba delante de la puerta sacando las llaves del bolsillo, algo cayó delante de él. Se trataba de una mujer joven, más niña que adulta, bajita y risueña. Sonreía como si acabase de completar con éxito una travesura, y antes de poder reaccionar, ella habló.

- Me has pillado -concedió. Tea también lo había pillado casi por sorpresa-. ¿Nos conocemos de algo?

No tardó en ver su error. Estaba interesada en la Revolución. Más concretamente en lo que él pudiese explicarle acerca de la Revolución. No recordaba tener cara de reclutador -de hecho, sería el peor reclutador que pudiese haber-, pero con una sonrisa de agotamiento asintió.

- Está bien, pero vamos dentro, si no te importa -pidió-. Necesito ponerme cómodo.



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Mensaje por Cheshire Lun 24 Mayo 2021 - 21:48

Tenía ciertas dudas. No sobre la revolución en concreto -que también-, sino más bien por aquel hombre. En primer lugar, ¿de verdad era él al que había estado siguiendo durante tanto rato? Estaba completamente segura de que sí, pero por algún motivo no entendía ese aura que tenía a su alrededor. Tampoco sabía bien qué había estado esperando, ¿quizá banderas al aire y motivos de libertad y justicia a cada lado? Sería algo estúpido pensar algo así, pero no podía evitarlo tampoco. Todo en él estaba mal, empezando por su tamaño. Desde la altura no parecía tan alto ni tan musculoso, pero quien estaba ahora frente a ella parecía perfectamente entrenado. Entrecerrando un poco los ojos, pasó la mirada de arriba a abajo, intentando detectar algún que otro destello de que aquel fuese alguien que pudiese ayudarle. Si no era así, seguramente hubiese perdido tiempo y una valiosa pista.

- Pues... no, no nos conocemos-. Elevando una ceja, se preguntó si estaba siendo tan tranquilo porque tenía un as bajo la manga o porque pudiese querer esperar un momento idóneo en el que atacar. Como no lo sabía, permaneció alerta por si acaso, aunque lo cierto era que no le transmitía ese tipo de sensación. Parecía alguien demasiado normal, quitando las pintas que tenía. Y en cuanto aceptó a responder a sus preguntas, dejó caer las manos alejándolas de las espadas, asintiendo un poco. En ningún momento pretendió arrastrar a dicha persona hasta una esquina para interrogarla mediante tortura ni nada semejante, así que agradecía que hubiese cordialidad-. Vale, supongo que está bien-. Se apartó un poco, dejándole espacio para que pudiese pasar.

No había tomado muchas precauciones con la ciudad en sí, puesto que tampoco había tenido excesivo tiempo que gastar en eso, pero sí que comprendía el tipo de peligros que podían desembocar después de entrar a ese edificio. El primero resultaba evidente, podía haber mucha más gente dentro de la casa, lo que supondría tener que huir. También cabía la posibilidad de que ese hombre quisiese atraerla hasta el interior de la casa simplemente para tenderle una trampa, con lo que también tendría que huir o tratar de neutralizarle sin matarlo. Las opciones no eran buenas en ninguno de los casos, pero era necesario tomar una decisión. Y la que le ayudaba a seguir las pistas conseguidas tiempo atrás era esa.

Quedándose ligeramente al lado esperando a que abriese, se fijó en su entorno. No quería que alguien interrumpiese o hubiese estado siguiéndoles hasta allí ni mucho menos, y aunque parecía un poco paranoica con todas esas precauciones, sabía que una agrupación como el ejército revolucionario era de temer aunque tratasen de ser los buenos de la historia. Ansiosa, movió suavemente las manos. Si todo salía bien, si de verdad él podía responder cada una de sus preguntas, supondría un gigantesco avance para lo que tanto tiempo llevaba buscando.
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Mensaje por Dexter Black Mar 25 Mayo 2021 - 3:38

No solía mantener su Haki activo la mayoría del tiempo, pero para él resultaba tan natural que en ocasiones sin querer una mirada era suficiente para que su mente se inmiscuyese entre los pensamientos más superficiales de una persona. No era algo que hiciese a propósito; más bien era como un acto reflejo, algo que apenas sí podía controlar. Sin embargo solía agradecer enterarse de algunas cosas. En particular, cuando producía cierta incomodidad o preocupación en sus asaltantes. Al menos, cuando sus asaltantes no parecían mostrar hostilidad.

- Si te sientes más cómoda podemos hablar en un espacio público -ofreció, encogiéndose de hombros-, pero entonces me tengo que dar una ducha primero.

Abrió la puerta con facilidad. Forzarla habría sido sencillo, pero con la llave era casi igual de fácil. No se iba a duchar si ella lo seguía, claro, pero si prefería tomar algo en público -para seguir extendiendo su fama de libertino- no iba a ir apestando a un día de reuniones y al perfume de Madamme Mabel. No era como si realmente oliese mal, pero era suficientemente fuerte como para percibirlo a través de su olfato. Si lo dejaba pasar era probable que alguien más aparte de él se diese cuenta. Y le gustaba ir impoluto.

Entró sin mucho ritual. Se quitó la capa con un gesto y la lanzó contra el perchero. Quedó al descubierto un pantalón de lino entallado, color negro y amarrado a su torso con un cinturón trenzado. Vestía también una camisa blanca a listas azul marino cubierta por un chaleco, aunque ninguna de estas prendas -las de la parte superior- se mantuvo durante mucho tiempo dado que, en su camino hacia la cocina del apartamento, las fue tirando descuidadamente por el suelo. También la corbata azul que había llevado durante todo el día.

- ¡Puedes pasar, no hay nadie! -gritó mientras abría la nevera en busca de algo a lo que poder hincarle el diente. A ser posible algo que no tuviese que preparar demasiado-. Llevo todo el día por ahí y tengo hambre.

Tal vez tomar la decisión de sacar sartenes para tostar pan y preparar un sándwich de beicon con queso no era lo más respetuoso sin esperar la respuesta de su interlocutora, pero estaba seguro de que independientemente del origen de esta no era lo más educado del mundo asaltar a una persona por la calle en medio de la noche. Por suerte para ambos no había tenido malas intenciones, porque habría resultado un tanto incómodo explicarle que se había olvidado la cartera en el barco.

- Llevo todo el día de reuniones. Ni siquiera he tenido tiempo de comer algo decente. -En realidad no estaba preparando algo decente, pero hizo uno extra y se lo tendió en un plato-. ¿Quieres?

Dijera lo que dijese empezaría a comer a los pocos segundos. Tenía hambre.



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Mensaje por Cheshire Mar 25 Mayo 2021 - 13:19

Todo parecía ir bien. Por lo menos, la situación estaba mucho más calmada de lo que esperó en un principio. ¿Cómo demonios no iba a tener dudas de lo que sucedía si todo pintaba tanto a trampa? Es decir, no podía haber nadie tan despreocupado como él ante un asalto nocturno. Nadie en su sano juicio hablaría con tanta calma. Quizás se había topado con un loco simplemente, no le sorprendería que el ejército revolucionario estuviese tan desesperado como para reclutar a gente con problemas mentales. Esperaba que no fuese así igualmente, no se le daba bien tratar con gente mal de la cabeza.

- Da igual, está bien con que hablemos dentro-. No le gustaban los lugares públicos por muchas razones. La gente era el mayor problema que les veía, puesto que se reunían tantas personas que no resultaba difícil ser pisada, golpeada o tocada accidentalmente. Tampoco le gustaba que hubiese ruido, pues prefería no tener que gritar en una conversación. Resultaba incómodo, sin más, así que no se negó a la propuesta de hablar allí mismo.

Dejó que abriese la puerta y que entrase al interior, pero se mantuvo en la puerta esperando. Primero, observó lo que había justo delante, percatándose de los pequeños detalles a simple vista que pudiese haber. El perchero y la capacidad que tenía para colgar la capa sin esforzarse en mirar, el camino que se abría hacia el interior, y cuanto pudiese haber dentro. Le sorprendió ver que no lucía como una casa familiar o un lugar en el que alguien pasase mucho tiempo. ¿Sería por su trabajo? Quizás viajaba mucho. Escuchando la voz del hombre desde el interior -aquel grito pegado como si nada-, pasó al interior. La preocupación no se había desvanecido, pero no estaba viendo nada sospechoso que le incitase a pensar que iba a comenzar una pelea pronto.

- Con permiso...- Murmuró un poco por lo bajo. Cerró la puerta con cuidado tras de sí, asegurándose de que podía volver a abrirla sin problema una vez cerrada. En cuanto lo hizo, fue siguiendo las prendas de ropa que el hombre se había dejado tiradas por el suelo, con cierta cautela. «Por favor, que no sea otro rarito desnudándose» se dijo a sí misma mientras atravesaba finalmente la estancia y llegaba hasta la cocina. Para su sorpresa, el hombre estaba cocinando. Cocinando tal vez fuese una palabra demasiado grande, pero se estaba preparando algo sencillo que poder comer.

Y la verdad es que a ella también se le hizo la boca agua al ver el sándwich. Viéndolo de esa forma, incluso se sentía un poco mal por haber irrumpido en mitad de la noche solo para hacerle preguntas. Nunca esperó que la situación fuese así, claro, pero le hacía parecer una mala persona. Dudó si debía coger el plato, pero tampoco había comido nada durante el día por seguir dichas pistas y con la mala alimentación que solía llevar no iba a rechazar algo de comida en buen estado.

- Gracias-. Comentó cogiendo el plato. Sin importarle demasiado manchar sus guantes, cogió el sándwich y le dio un bocado rápido. Normalmente evitaba mostrar el hambre, pero como parecía que ambos estaban hambrientos creyó que no habría problema al respecto. Tragó aquel primer bocado después de saborearlo ligeramente, y miró al hombre-. Está bueno. Siento haberte asaltado así en mitad de la noche, pero no creía que esto pudiese ser una casa sin más-. Confesó. Buscó una pared en la que poder apoyarse mientras comía.- Es decir, sois tan complicados de encontrar que no me esperaba que fueseis tan normales-. Encogió los hombros ligeramente, y dio otro bocado. Prefería terminar de comer antes de empezar con las preguntas, e incluso le interesaba poder entablar una ligera conversación antes de llegar al turbio asunto.
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Mensaje por Dexter Black Jue 27 Mayo 2021 - 23:31

Le agradó no ser el único con sándwich. Tenía hambre, pero era de bastante mala educación empezar a comer delante de alguien sin siquiera haberle preguntado y era algo por lo que no quería pasar mientras no fuese imprescindible. Pero por suerte la muchacha había aceptado, y debía estar bien hambrienta, porque se olvidó de que llevaba los guantes puestos. Antes de dar el primer bocado, y sin acercarse lo más mínimo trató de señalarle las manos.

- Ehm... Chica. -Tenía que preguntarle su nombre, pero ya habría tiempo para eso-. Aún llevas... Los guantes. Se te van a manchar.

Pensándolo fríamente el comportamiento de la muchacha se correspondía con el de un gato callejero. Había acudido al olor de la comida, pero no era descabellado pensar que hubiese heridas de alguna clase bajo ellos. Le extrañaba, dado que de haberlas serían algo más notorias en otras partes de su cuerpo -como, tal vez, su rostro-, e incluso aceptando que estaban ahí... ¿Por qué esconderlas? Por cómo se había presentado no parecía alguien particularmente inseguro. Definitivamente, debía haber sido un despiste. Eso, o que estaba tan hecha a pasar frío que ya ni se los quitaba. Eso también podía ser.

- Cuando acabes deberías lavarlos. Si necesitas por aquí -señaló un punto indeterminado cerca del grifo- debería haber detergente lavaplatos. Te hará el servicio mientras encuentras un buen jabón para tejidos.

Dio el primer bocado. No era la gran cosa, pero tras un día entero sin probar nada hasta algo tan sencillo sabía a gloria. No quería echarse flores, pero cualquiera podría imaginar que ese pequeño tentempié lo había hecho un profesional. Un profesional de los sándwiches de queso y beicon, pero un profesional al fin y al cabo. Igual que era, al parecer, un profesional de la discreción y de ser difícil de localizar. Le costó no atragantarse mientras contenía la risa ante aquella idea: Dexter Black, experto en no llamar la atención.

- ¿Gracias por no considerarme anormal? -contestó, arqueando una ceja de forma divertida-. Aunque conozco a cierto pirata que le costaría no corregirte ante esa afirmación. -Akagami siempre se las ingeniaba para, de un modo o de otro, integrar el apelativo "anormal" a todo lo que tenía que ver con él. No podía culparlo, al fin y al cabo; lo cierto era que podía llegar a hacer cosas un tanto raras. Pero funcionaban-. Pero la Armada Revolucionaria es, al final del día, una Armada. -Se encogió de hombros-. Hay un poco de todo, pero salvo el Oficial Makintosh todos somos... Bueno, no demasiado excéntricos. Por cierto, ¿tienes nombre o quieres que te pongamos uno?



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Mensaje por Cheshire Vie 28 Mayo 2021 - 2:29

Disfrutó aquel sándwich como si fuese una maravilla más en el mundo. Y es que precisamente después de haber estado alimentándose de tanta comida de mierda -no literalmente-, aquello estaba siendo maravilloso. Mucho más de lo que se había esperado en algo tan sencillo. Evitaba parecer estúpida comiendo, pero tenía tanta hambre que creía que podría devorar el pan e incluso el plato si le dejaban. Ante el gesto del hombre para con sus guantes, se sonrojó suavemente. Era evidente que para quien no estuviese acostumbrado a ese tipo de actos, podía parecer una falta de respeto o incluso una guarrada, pero no podía evitarlo.

- No, eh... no pasa nada. Tengo muchos pares más.- Se apresuró a añadir justo después de uno de los bocados. No le preocupaba tener que limpiar ese par de guantes y tampoco le importaba utilizar otros de los tantos pares que llevaba consigo a todas partes. Es más, con toda la caminata y lo que había tenido que estar haciendo mientras vigilaba al hombre por los callejones, lo que en realidad le preocupaba era que estuviesen tan llenos de polvo y hollín que hubiesen contaminado el pan del sándwich. Por suerte o por desgracia, ni tenía el tiempo para preocuparse ni quería hacerlo. Ya estaba acostumbrada a comer cosas en mal estado, después de todo. Un poco más no sería un problema.

Ante la oferta de poder lavar los guantes, no pudo sino abrir los ojos un poquito, sorprendida. ¿Significaba eso que podía aprovechar para lavar no solo esos guantes, sino también los otros que llevaba consigo y para los que no había conseguido nada de jabón que quitase las manchas? Y... si le dejaba hacer eso, ¿le importaría que aprovechase para lavarse un poco la cara? Evidentemente no preguntó, pero supuso que, si él aprovechaba para darse una ducha, tal vez cuando acabase la conversación y tuviese sus dudas resueltas podría pagarle un poco por disponer de semejantes servicios.

- Gracias por la oferta-. Respondió, todavía dándole vueltas a la idea de aprovechar un techo bajo el que poder lavarse un poco. Tras tanto tiempo en el mar y dando vueltas por diversas islas había olvidado lo que era poder ocuparse de sí misma sin estar a la intemperie.- Los lavaré cuando acabemos-. Finalizó. Desde luego no iba a rechazar algo de ayuda extra. ¿Cómo demonios había acabado siendo ayudada por el hombre al que había asaltado? Era todo un misterio.

Justo cuando terminó, dejó el plato sobre la encimera, regresando a su lugar en la pared. No era que quisiese estar lejos -aunque sí prefería estar demasiado cerca-, pero estaba cansada y prefería apoyar la espalda en un lugar medianamente firme. Casi le supo mal que hubiese considerado sus palabras un insulto. Casi. No lo habían sido y él parecía tomárselo más a broma que otra cosa, así que no dijo nada al respecto. Ya se disculparía más tarde si de verdad se sentía ofendido. En su lugar, escuchó aquello sobre un tal Makintosh y grabó el nombre a fuego en su memoria, por si acaso podía llegar a servirle.

- Me llamo Cheshire.- Ladeó un poco la cabeza. ¿A qué se refería con ponerle uno? ¿Parecía un cachorro perdido o algo semejante? No le costó mucho echar un vistazo atrás a sus acciones para ver que fácilmente podía haberlo parecido.- ¿Y tú eres...? - Sí, no resultaba muy profesional no conocer el nombre de la persona a la que iba a asaltar, pero no había tenido tiempo como para averiguarlo tampoco. Había sido todo tan rápido que bastante tuvo con conseguir su ubicación.- Lo siento, solo me enteré de que un revolucionario iba a pasar por una zona en concreto y... bueno, te seguí.- Compuso una pequeña sonrisa avergonzada y se llevó un mechón del cabello que había quedado suelto tras la oreja.- Solo... necesito ver si puedes responder a mis preguntas y me iré y te dejaré tranquilo.- Algo nerviosa, suspiró profundamente. Llevaba tanto tiempo buscando que nunca creyó que el día podría llegar. Y precisamente sabía que todo podía haber sido en vano.- Estoy buscando a alguien.
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Mensaje por Dexter Black Mar 1 Jun 2021 - 20:34

Chasqueó la lengua, disgustado. Le producía cierta incomodidad la gente comiendo con las manos sucias, y esos guantes estaban hechos un verdadero desastre. Casi tendría suerte de no coger una infección si mantenía esos hábitos a lo largo del tiempo. La salud era algo con lo que jugar no era lo más adecuado, mucho menos cuando el estilo de vida ya era lo bastante arriesgado como para asaltarlo a él en medio de la noche, fuese con la motivación que fuese. No había resultado hostil, pero sabía de más de uno que por puro instinto la habría golpeado, tal vez con consecuencias fatales.

Aun con todo no pudo reprimir una sonrisa mientras daba un bocado. ¿Cuántos años tendría la muchacha? Tal vez quince, dieciséis a lo sumo. Quizá diecisiete. Por la edad bien podría haber sido su hija, aunque lo dudaba seriamente. A esa edad no tenía muy claro dónde estaba, pero casi podría confirmar que no había hecho demasiadas locuras -al menos en comparación a las que estaban por llegar, claro-. De todos modos verla comiendo le inspiraba cierta ternura. Curiosamente, cuando ya estaba hasta las narices de reuniones, la más inesperada estaba resultando arreglar el día. Al menos, en parte.

- Si quieres puedo darte algo de comida cuando te marches -comentó-. Solo voy a pasar aquí un par de noches y me han llenado las despensas; deben creer que voy a montar fiesta cada noche, o algo. -Resopló, reprimiendo una risotada-. No se lo digas a nadie, pero mis compañeros creen que soy un poco... Libertino.

Quizá se lo había ganado. La toma de Amstel implicaba hacer de la ciudad de las prostitutas la base de la Armada, que además había celebrado conociendo -tal vez con demasiada profundidad- a Tea; aparecer desnudo en el torneo del Milenio frente a Arthur y tener una erección frente a Aki... Ah, claro, también estaba el hecho de haber corrido con la pirata por todo el Ojo entre cabarets y grandes almacenes, o acabar en un prostíbulo durante los conflictos de Sabaody... A pesar de que había podido explicarse el rumor de que Dexter tenía una vida un tanto disoluta -lo cual estaba razonablemente lejos de la realidad- se había propagado como la pólvora, y su carácter un tanto excéntrico no servía en absoluto para apagar las sospechas sobre sus labores extrarevolucionarias.

- Y si quieres darte una ducha, o pasar la noche... -Se percató de que no había hilado demasiado bien su discurso-. O sea, no es que... Ni siquiera te conozco, y podrías ser mi hija. Me da cosa dejarte dormir a la intemperie, ¿vale? Además, yo puedo dormir en el sofá; seguro que a ti te viene mejor una cama decente por una vez. Incluso... ¿Quieres algo más? ¿Te frío un huevo? Creo que en realidad tengo un montón de cosas... -Rebuscó por la nevera. En efecto había huevos, pero también salchichas bratwurst y bastante verdura. También latas de maíz en las despensas y mejillones-. ¡Y hay percebes!

¿De verdad le habían metido una bolsa de percebes en el congelador? No recordaba tener una secretaria, pero tendría que contratar a una y felicitarla por ello. Le encantaban los percebes; casi tanto como las ostras, si bien ni sabía preparar las ostras ni congeladas tenían tanto interés como frescas, así que los percebes eran una opción mucho más interesante. Se giró hacia la muchacha con cierta ilusión.

- ¿A que tienes hambre? -preguntó-. Apetecen, ¿verdad?

Las preguntas de Cheshire le devolvieron a la realidad. Por lo visto no sabía quién era -lo cual explicaba algunas cosas-, pero buscaba a alguien. Cerró el congelador y se levantó, quedando otra vez contra la encimera. Por un momento tuvo dudas acerca de si debía contestar o no a su pregunta, pero lo cierto era que si estaba delante de la única persona que no conocía su identidad en Amstel, debería aprovecharlo para divertirse:

- Me llamo Dexter. Si tú tienes apellido te lo cambio por el mío. -Le sacó la lengua, guiñándole un ojo-. Puedo intentar responder a tus preguntas, aunque tal vez no todas ellas. Y... Evidentemente, si quieres irte la puerta está abierta cuando quieras, aunque creo que te vendría bien quedarte. Ahí ya decides tú. -Se encogió de hombros-. Las puertas de la Revolución siempre están abiertas para quien lo necesite, al fin y al cabo.



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Mensaje por Cheshire Miér 16 Jun 2021 - 15:20

¿Acaso el mundo se había vuelto completamente loco? La persona a la que había querido asaltar aquella noche resultaba ser de lo más encantador. No solo encantador, parecía incluso una buena persona. Desde luego que ella no era demasiado buena detectando ciertas cosas en los demás -como su maldad, por ejemplo-, pero no había hecho nada más que ofrecerle cosas una tras otra desde que habían entrado. Seguía preguntándose exactamente cómo demonios había acabado así, pero después de tanto tiempo a la deriva tener a alguien que parecía preocuparse resultaba agradable. Claro que tampoco pretendía aprovecharse de alguien así, mucho menos después de entrar a su casa a molestarle. Y aunque pudiese parecer algo tonto, simplemente negó con la cabeza ante su muestra de ayuda.

- No pasa nada, con esto es más que suficiente-. Contestó. Aunque la idea de llevarse algo para el día siguiente o que guardar por si acaso le tentaba, le habían educado para comportarse de una forma adecuada y no dejarse llevar por la codicia.- ¿Por qué creen que eres libertino? - Preguntó, mostrando una pequeña sonrisa en su rostro. Todavía permanecía lo suficientemente alejada de él, pero no necesitaba cercanía física para ser cortés y mucho menos para interesarse por él. A lo mejor resultaba un poco impertinente, pero había sido él quien había sacado el tema, así que no creía que pudiese molestarle.

Sus sugerencias se volvieron un poco extrañas en cuanto empezó a desvariar. Hubiese aceptado la ducha sin pensárselo dos veces, y quizás también la invitación a dormir allí esa noche -pues cualquier sitio sería mejor que un tejado sucio-, pero sus palabras comenzaron a volverse un poco turbias. No la situación en sí, desde luego, pues él no parecía consciente de lo mal que podía sonar todo una vez hilado. Pero de alguna forma, el hombre consiguió disolver aquellas dudas que por un segundo aumentaron dentro de ella y finalmente detectó el tipo de persona con la que estaba tratando. Una yaya. Ese hombre era una auténtica abuela. No un criminal, ni alguien que intentase atraerle para secuestrarla o algo semejante, no. Todo lo contrario a decir verdad. Lo cierto es que no había tenido una abuela que le hubiese tratado de esa forma, pero según lo que había escuchado y visto estaba segurísima de que una yaya sería así.

Solamente aquel pensamiento le hizo reír y dejar atrás esa intranquilidad que todavía permanecía alojada en ella.

- Eres muy amable. Lo cual es raro teniendo en cuenta el mundo en el que estamos.- Dejando de apoyarse en la pared, se echó un mechón de pelo detrás de la oreja y se aproximó un poco a la encimera. No mucho, lo suficiente como para parecer cordial-. Pero me sabría mal utilizar esa amabilidad. Esta conversación es todo lo que necesito.- Contestó por fin después de aquella cantidad de propuestas. En su interior le dolía no aceptar la cama, pero de cualquier forma, tanto si conseguía la información que quería como si no, una vez tuviese las respuestas partiría en una nueva dirección.

Por algún motivo su nombre le sonaba de algo. No sabía muy bien de qué, pero teniendo en cuenta lo conocidos que resultaban algunos miembros del Ejército Revolucionario tal vez fuese por eso. Aun así no preguntaría, pues eso pondría en un aprieto el tipo de estabilidad que habían ganado. Por otro lado, sintió un escalofrío intenso en cuanto mencionó su apellido. Llevaba tanto tiempo sin usarlo que ni siquiera consideraba que tuviese uno, pero aun así continuaba estando presente en su pasado. En lo que había sido y en lo que se había convertido únicamente por dejarlo atrás. No era del todo agradable.

- Solo soy Cheshire-. Encogió un poco los hombros y no se sintió ofendida ante aquella especie de trato que intentaba hacer con ella, pues no parecía capaz de hacerlo a malas. Con lo que estaba diciendo, además, pensó que quizás se había confundido durante todo ese tiempo. Tal vez en la revolución no eran tan malos como creía. Esa idea le hizo sentir un nudo en el estómago.- Yo, eh... Gracias, Dexter.- Bajando suavemente la mirada, tragó saliva. No era el momento de tragarse sus palabras ni de disculparse por haber creído algo diferente todos esos años-. Lo cierto es que con las respuestas me vale, aunque no tampoco sé si podrás responderlas. Hace tiempo estuve con alguien...- Algo nerviosa, pues era la primera vez que hablaba de ella con alguien en años, soltó un suspiro-. Se llamaba Mara, estuvo con la revolución un tiempo, pero se retiró. Busco a alguien que pudiese haberla conocido. Hace tiempo el gobierno dio con ella y... se la llevó-. Juntando sus manos con nerviosismo, movió un poco el pulgar derecho entre el dorso de la mano izquierda-. Yo solo... quiero saber...- No continuó, pues incluso aunque hubiese querido hacerlo sintió que no podía.
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