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Mi norte, tu norte. (Marian y Cheshire)

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Mensaje por Marian Lun 24 Mayo 2021 - 16:48

Todos tenemos un norte escucho alguna vez, mientras el navío que lo trajo se pierde en el horizonte. ¿Cuál era su norte ahora? ¿Acaso tenía alguno? No recuerda cosa tal, alguna vez tuvo un dije de anochecida y una mamá, incluso un padre estricto y ortodoxo, pero no recuerda algo así como el “Norte” narrado en historias. Ahora aquí y en este lado del mar, estaba en busca de algún material exótico, algo que dé objeto de estudio en su laboratorio, algo que lo acerque un poco más a su objetivo. Ser una maquina humana tampoco era su Norte, pero quizás si sea el principio de él, algo así como el camino. Por ahora era su primer ítem en lista y las islas del norte le podía dejar alguna sorpresa, indicio de como mecanizar su cuerpo. Ya despojado de toda filosofía barata, ajena a lo que su padre le enseño, decide mojar su garganta con un poco de ron. Estoy de vacaciones al fin y al cabo piensa mientras las calles desde el puerto devoran su silueta.

Los mas de dos metros se irguen perfectos meciéndose con caminar pausado, práctico, curioso, envueltos con fachas formales. Eran vacaciones y había que vestir bien, pantalones pétreos se fusionan con el chaleco, camisa blanca y una pequeña rosa que arranco de su jardín antes de salir cuelgan de sus gigantescos pectorales, todos sus trapos perfectos planchados se acompasan con zapatos encendidos en bruno intenso. No quería llevar fachas de pirata, ni mucho menos de delincuente, era un forastero allí, pero quería dar una excelente impresión. Tal vez el gigantesco escudo que cargaba en sus espaldas podría dejar lugar a la confusión.  

Encuentra en el camino un pequeño quiosco ambulante que le vende una poco de ron para llevar. Quiosco que marca la entrada a una hermosa feria de estación.

-Veo que no es de aquí. Pase hoy es día de feria. Puede llevar algún recuerdo y comer muy bien. -

En voz dulce y gastada la anciana dueña del quisco lo invita a pasar mostrando con su mano derecha la calle. Un sinfín de productos desde artículos para bebes, como alimentos de primer nivel se exhiben en estanterías y alfombras que reposan sobre el pavimento. Eran las quince o quince treinta, hora ideal para dar un paseo pensó, y se dejo encantar por los aromas y colores que le ofrecen los comercios nómadas. “Pruebe las mejores barras de pescado” un cartel que le llamo poderosamente la atención, no comía barras de pescado hace mucho tiempo, años sin sentir esos aromas en su casa, era la oportunidad para llevar dos y acompañar la botella de ron, no saben cómo las de su madre. No son las mejores barras de pescado pensó, comentario que guardo para sus adentros.  

-Ayuda, ayuda.

Se sienten gritos de dama entonados con desesperación, desde lo que parecía ser el corazón de la feria, corazón que se forma en la plaza principal del lugar. Bancos, fuente con agua y bastante verde decoran y sirven de escenario a los artistas ambulantes, pero eso el pelado no lo sabia que decide correr en auxilio al lugar.
Marian
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Mensaje por Cheshire Mar 25 Mayo 2021 - 13:34

Sabía que tendría que haberse marchado de aquella isla después de terminar los asuntos que le concernían allí. Que el tiempo que estaba perdiendo paseando por el lugar después de todos los problemas que había habido era un tiempo valioso que nunca podría recuperar. Pero aun así no podía evitar marchar por las calles de esa ciudad con tranquilidad. La feria que había resaltaba entre la ciudad, invitándola a continuar por allí a pesar de los esfuerzos que estaba poniendo por marchar. En realidad le interesaban esas cosas, le divertía ver a la gente disfrutando por fin de su libertad. Y le alegraba poder ser parte de algo semejante. Quizás por eso mismo aquella mañana, cuando se levantó en la posada que le habían ofrecido los habitantes de la ciudad, lo primero en lo que pensó fue en dar una vuelta. Las calles brillaban al sol, la ciudad estaba iluminada no solo por la gigantesca estrella, también por la felicidad que los habitantes irradiaban, y era tan contagioso que incluso la propia Cheshire llevaba una sonrisa en su rostro.

Había dejado en su habitación todas sus armas salvo su daga -que siempre llevaba encima por si acaso- ya que no creía que tuviese necesidad de pelear. Junto a sus cosas también había dejado la capa, pues no quería tener calor mientras daba un paseo y verse sudando. Así que había aprovechado la oportunidad para estrenar una de sus camisas blancas y una falda negra que le llegaba aproximadamente hasta las rodillas. Para no asustar a los habitantes se había colocado también unas medias azabaches, y las botas que siempre llevaba y que tan curtidas estaban ya por el paso del tiempo. No iba lo suficiente elegante como para entrar a un restaurante de lujo, pero sí que le gustaba cómo estaba vistiendo. El hecho de que enseñase algo de carne sería algo que Ivan seguramente resaltase, pero evitó ese tipo de pensamientos mientras caminaba.

- Buenos días-. Repitió incontables veces a los habitantes de la ciudad que le saludaban a su paso. Algunos le ofrecían algo de comida, otros se aseguraban de intentar vender sus productos, pero ella no necesitaba nada en esos momentos. Tal vez más tarde comprase algo de comer, pues había visto manzanas caramelizadas y pasteles con una pinta riquísima, pero no aún. Deslizando una pequeña cajetilla de caramelos, tomó uno con sus manos enguantadas y la volvió a guardar entre los bolsillitos. Se lo metió a la boca y lo saboreó con suavidad, notando que se trataba de un caramelo de limón.

Conforme iba paseando hasta la plaza central, donde se suponía que se iban a realizar ciertas actividades para entretener al público tales como actuaciones y prácticas circenses, observó a un hombre alto, demasiado alto. Calvo, con un escudo a la espalda. No es que Cheshire llevase mucho tiempo en la isla, pero no recordaba haber visto a nadie de ese calibre allí en los días pasados. De un momento a otro empezó a correr, así que tomó la decisión de seguirle. Bien porque estaba preocupada por la seguridad de la isla, bien porque le interesaba ver quién era. No creía que pudiese ser un criminal con recompensa, pero era ese tipo de personas que destacaban más que nada las que le hacían sentir curiosidad, así que emprendió su camino siguiéndole con una sonrisa en la cara.
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Mensaje por Marian Miér 26 Mayo 2021 - 2:09

La plaza gigante esplendida, llena de colores y música, llena de hombres y mujeres con antifaz, llena de vida y fiesta, llena de arte y luz. La plaza de manzana y media convertida en el corazón de la feria alojaba un espectáculo misterioso sin escenario ni tablón. Los propios artistas recorrían cada rincón de la plaza mezclándose con la gente y haciéndola interactuar en una obra universal de violencia y amor. Un sinfín de gritos y risas se mezclaban en una hecatombe sonora haciendo del lugar un altar a momo. También había banderines de colores colgados de árbol a árbol con su correspondiente guía de luces, papelitos y globos volaban haciendo todo mas bufonesco. Y en medio de esa fiesta corría un ser casi grotesco por el cuerpo, altura y vestimenta que llevaba rompiendo la armonía bacanal del lugar. El gigante estaba en cacería de un pedido de ayuda, pero por más que busco y busco no encontró la voz que exigía auxilio. Sin intención de abandonar aquella musa en apuros, recorrió cada centímetro del lugar trillando entre caras y acciones a cada uno de los presentes.  

-Ayuda, ayuda-

Nuevamente el llanto de socorro, esta vez el pelado diviso al malhechor y la víctima. Él malo vestía con una túnica hasta los pies marrón y una máscara similar a un búho blanco. Marian no pudo conocer su edad aproximada ni su complexión física, pero si la de la joven en apuros que no alcanzaba los veinte años de edad. Pequeña joven que no media más que un metro cincuenta, de piel tersa, cabello colorado casi como el color del cobre, caderas que infartarían al mejor amenté estaba a merced de un enmascarado con espada.

-Debes morir. Tu sangre inocente traerá paz al lugar y nuestro dios tendrá misericordia de nosotros. –

El espectro de capa parda alza la espada en el aire y esta se camufla en un haz de luz crepuscular. El filo delataba su destino hacia el cuerpo de la dama, filo falso todo era una obra, una vil farsa para entretener a los presentes que llegaron a tiempo para entenderlo como arte y no delito. Pero en la cabeza del bigotón solo se le paso por la cabeza ayudar y proteger a aquella persona en apuros, algo que le repugno bastante fue la presencia de una deidad en los labios ocultos tras la máscara. Quien mierda puede levantar un arma o matar en nombre de un ser superior pensó. Ignorando la calma y cautela se arroja a toda velocidad interponiendo su bestial escudo entre el filo y la joven que actuaba su clemencia. Una acción que sorprende bastante al grupo errante de actores que claramente desconocían a tal pintoresco gigante. Su acción no solo rompió la espada de utilería, sino que también hizo tropezar al actor disfrazado de villano. Esto trajo consigo mucho enfado de parte del grupo de artistas que rápidamente se movilizaron para detener al pelado sospechando un ataque o un secuestro de su sexy actriz.  

-Llegue para salvarla señorita. Acaso quiere que la escolte a un lugar seguro. –

Brama el joven calvo mientras ve como a la pequeña dama se le trasforma la cara de llanto a risas y explota en una escandalosa carcajada.

-Has tirado a Marllo, estas en problemas pelado, es solo una función idiota y has roto su espada jajaja-

Realmente esas palabras dejan sin reacción al calvo que busca refugio en su gigantesca sonrisa de arrepentimiento y entiende el garrafal error. Lejos de entenderlo el grupo se dirige hacia el y uno de ellos le lanza una daga, sin dudas estaba a punto de desatarse una de las obras principales del grupo, grupo conocido por ser una banda mediocre de criminales y artistas. Carteristas robaban pertenecías a tontos que se deslumbraban con los talentos teatrales de otros, pero lejos de carterear los bandidos querían golpear al humilde profesor de matemáticas.
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Mensaje por Cheshire Vie 28 Mayo 2021 - 2:10

Pasar desapercibida ante los demás siempre le había resultado sencillo. Incluso entre gente que le reconocía y a la que había ayudado en el lugar, pasar a su alrededor sin que le viesen era extremadamente fácil. Sobre todo porque no quería que le viesen en todo momento, y aunque la mayor parte del tiempo lo había pasado saludando, ahora que quería investigar al hombre se estaba quedando atrás, alejado de cualquier destello que pudiese iluminarla o que le hiciese ver a los demás que estaba ahí. Como una sombra, avanzaba entre la gente sin llegar a tocarles, esquivando con maestría a los transeúntes que seguían dirigiéndose a la plaza central o que se revolvían alrededor de dicha zona, comprando y disfrutando de los pequeños espectáculos hechos para quien quisiese disfrutarlos.

El hombre lucía confuso. O al menos eso le parecía desde donde ella estaba viendo. La obra de teatro que se iba a representar era una que no conocía, aunque no le sorprendía no estar demasiado puesta en las actuaciones callejeras. Al fin y al cabo no solía quedarse lo suficiente en un lugar como para que hubiesen fiestas, y las veces que había coincidido con algo semejante, al caer la noche se había vuelto al refugio. Por ende, se plantó de lleno en aquella plaza, observando con curiosidad la escena que se estaba representando. A primera vista lucía aburrida. Sin más, no le llamaba la atención demasiado, y no sabía si era porque su gusto artístico estaba completamente atrofiado o porque los actores parecían tener sangre de horchata.

Por suerte para ella, aquel hombre al que había estado siguiendo intervino. Por un momento, pensó que él también se había cansado de la actuación de aquellos lamentables artistas, pero no fue así. Parecía preocupado por la joven que se mostraba en peligro, como si fuese un guardaespaldas y tuviese la necesidad de saltar sobre una damisela en apuros. ¿Todavía quedaban caballeros semejantes? Creía que solamente existían en los cuentos de hadas y las novelas. Pero si no era así, entonces suponía un gran avance de cara al futuro. Se preguntó si habría alguna oportunidad de que Ivan corriese como un caballero andante a salvarle si llegaba a buscarse demasiados problemas, pero descartó la idea instantáneamente. Seguramente él acabaría por traerle incluso más problemas.

Dejando que la escena pasase, mientras el hombre del escudo intervenía y, al parecer, empezaba él también a meterse en jaleos, ella suspiró. Lo último que quería era que hubiese una nueva masacre en el pueblo, y aunque no sabía bien si sería él quien tendría problemas -pues con ese tamaño dudaba que fuese a tener demasiados con semejantes artistas-, emprendió el camino al escenario. No podía escuchar bien lo que decían entre ellos, pero ver sus rostros fue suficiente para saber que la cosa iba en serio.

Nada más ver la daga, supo que debía intervenir directamente. Hubiese preferido no hacerlo -pues ya había llamado demasiado la atención en ese pueblo-, pero era mejor que ver cómo le asestaban múltiples puñaladas hasta matarlo. Antes de que la daga pudiese volar precisamente en dirección al hombre, Cheshire elevó suavemente su mano. No sabía bien lo que hacía, pero tal y como había estado practicando, la cosa debía funcionar así: trazó un semi círculo con sus dedos, y alrededor del escenario y de sí misma se formó una especie de cúpula azulada, trasparente. No duró mucho, apenas un par de segundos, pero fue suficiente para que la daga desapareciese de la propia dirección que había tomado y apareciese en la mano de Cheshire.

- Oye, oye, no deberíais romper así el ambiente de una obra de teatro. Si se os fastidia la actuación tenéis que improvisar como profesionales. ¿Acaso sois estúpidos? - Con una ligera sonrisa, dejó que el camino hacia el escenario se abriese a su alrededor. Era lógico que quisiesen alejarse de ahí, pues la joven se había metido de lleno en la pelea que se iba a orquestar ahí mismo. Lejos de estar preocupada, la joven ladeó un poco la daga recién obtenida-. Venga, ¿no deberíais meteros con alguien de vuestro tamaño? - Guiñando un ojo, encogió los hombros y miró al hombre del escudo. Solo esperaba que no decidiesen ignorarla por completo.
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Mensaje por Marian Vie 28 Mayo 2021 - 4:31

La sonrisa fue gigante pero el perdón se hizo carente, nadie en el grupo de mediocres bufones quería dejar al pelado en paz. ¿Orgullo de artista? Quien sabe. ¿La utilería era lo suficientemente cara para amenazar de muerte a un hombre? La muchedumbre estaba hambrienta lo querían en una cruz. Gritos blasfemias, la pintoresca escena se volvió en un alboroto central. Mujeres y niño corrían a refugiarse, mientras que algunos valientes se acercaron a ver, un pueblo sucumbido en el opio de la feria rara vez tenía un espectáculo campal como el que prometían las amenazas hacia Marian. Marian que se encontraba tras el escudo y con la damisela que no paraba de reírse de él, parecía que la joven estaba sufriendo convulsiones lúdicas cada vez que carcajeaba. La verdad rara vez se podía ver al bigotón en una situación de furia, pero la risa de aquella dama lo tenía bastante confuso e irritante, tanto que negó la existencia de la daga en dirección a su corazón. Maldita daga, estaba a punto de completar el prólogo del hombre máquina, quien iba a pensar que las aventuras del futuro ciborg se refugiaban en el baile alado de aquel filo arrojado con tanta timidez y fracaso humano. ¿Milagro? ¿Dónde mierda fue la daga? En un acto de ilusionismo esta dejo de volar, desapareció del aire en el instante que el joven pudo ver su muerte prematura. Lejos de caer en escepticismo solo pensó en akuma no mí, pero quien lo había salvado así, se suponía que él era el escudo, que poder era aquel que hacía desaparecer objetos, o acaso la daga era invisible, si así fuera ya debería estar muerto.  

Atravesando las ilusiones de los matones un ángel se hizo presente, una hermosa dama de hebras albinas se gano el protagonizo en el tablado. Realmente es hermosa fue lo primero que pensó nuestro protagonista, mientras escuchaba de sus labios carmín reproches de actuación al grupo de bastardos. Era como unas de las flores de su jardín, pudo por un momento sentir su perfume, en realidad alucino que tuviera uno. Lo que lo seducía bastante de la situación, aparte de que ella seguía estragando la moral de los actores con cada palabra que profetizaba, era el empeño con el que lo estaba defendiendo sin siquiera conocerlo, un verdadero corazón noble reconoce la buena fe pensó mientras se puso de pie y empujo a unos cuantos escuálidos con su escudo. Acto seguido cargo la fuerza suficiente en sus pies para alejarse de allí e ir con su ángel guardián. Casi en cuclillas pego un salto y se puso a rango suficiente para susurra las gracias. Pese a su gran tamaño el salto fue lo suficientemente ágil para alejarse y esquivar un par de piedras que le arrojaron, hasta la tierra se estremeció al recibir el impacto del salto. Fue una imagen impresionante, tal que incluso un par de bastardos pensó en retroceder. Ya con el escudo en posición bélica defensiva pensó disuadir a los rivales no sin antes agradecer.  

-Le agradezco mucho las intenciones, solo soy un torpe. Siento este en esto, ya puede marchar. Intentare hablar con ellos. –

Sumisa manera de mirar la cara de su salvadora, el pelado no quería caer en la tentación del escote.  Tal fue la situación que le hablo en voz tierna y muy calmada, casi como contar un secreto. Ya repuesto y motivado por su verborragia tomo aire y grito en un imponente tono.

-Hijos de la tierra, solo fue un error podemos arreglar esto de manera civilizada, no es necesario caer en una batalla sin sentido. Tengo el dinero suficiente para comprar otra espada y alguna compensación extra. Que se acerque su director para charlar. Sigamos con la fiesta, este bello pueblo no merece estas acciones. –

Y entre la muchedumbre se acerca el hombre que había empujado antes de manera errónea, esta vez estaba sin la túnica ni la máscara. Su cuerpo era fornido y su rostro delataba escasos veinte años.

-Fantástico tu dinero nos sirve, ven aquí a conversar mientras todavía puedes caminar. –

Pone énfasis en su enfado el trabuco en su mano derecha que no dejaba de apuntar al pelado. Fue un gran error confesar la pertenecía de la plata, más que artistas estas ratas erran rateros. Y con las palabras de Marian refresco sus ideas de hacer un botín allí. Aprieta el gatillo y hace ladrar su arma en dirección al imputado. El bigotón se refugia tras su escudo, que sin problema detiene el balín, y ve en la situación una gran agonía, debía detener a ese hombre antes que dañe a algún inocente por su culpa. El furioso artista ve frustrado su asesinato y apunta a la joven peliblanca.

-Tal vez ella deba morir antes. –

Carga y tira sin piedad, Marian carente de miedo salta usando su cuerpo interponiéndose entre el proyectil y la joven dejando su escudo de lado para ser más ágil.
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Mensaje por Cheshire Mar 1 Jun 2021 - 20:51

La idea de que alguien amenazase el pueblo que ya había logrado salvar una vez le resultaba irritante. No solo porque se había esforzado enormemente en intentar que los civiles olvidasen a los piratas que habían corrompido la ciudad, también porque no hacía mucho de ello y tener que meterse de lleno en otra pelea no era ni mucho menos lo que más le ilusionaba en un momento así. Pero tenía que hacerse, puesto que aquel grandullón estaba en peligro por culpa de semejantes borregos estúpidos. Ondeando la recién adquirida daga que había apartado del mismísimo aire, la joven observó al gigantón. No tardó en dar un salto y colocarse justo delante de ella, murmurando un agradecimiento.

- No pasa nada, no iba a dejar que te hiciesen daño si podía evitarlo. Esta gente tiene de actores profesionales lo que tengo yo de pelirroja-. Suspiró profundamente, guardando la daga entre sus propias pertenencias. En cualquier otro momento hubiese peleado con dicha daga, pero dado que no comprendía bien el movimiento de la misma entre sus manos prefería hacer uso, como siempre, de sus preciadas espadas. Claro que para semejante chusma no era necesario usar ambas, con una valdría. Deslizó la espada de filo plateado de entre la vaina, dejando que el pálido fulgor que siempre emergía de la misma iluminase por un segundo a la joven, y tras eso volvió a dirigirse a los artistas.

Como no era su problema realmente, le dejó tiempo a aquel gigantón para que intentase lidiar con sus propias circunstancias. Por desgracia, y pese a que rezumaba amabilidad con su comportamiento, se habían topado con un grupo de mercenarios, rateros y ladrones. Gente de la peor calaña que únicamente querría dañar a la ciudad y conseguir todo el dinero posible antes de marchar hacia otro lugar. No dudaron en amenazar al pobre hombre, quien con toda su buena fe les había ofrecido de su dinero para comprar una nueva espada y algo más. Suspirando, ladeó la cabeza y ondeó un poco la espada. Al final sí que tendría algo de movimiento antes de marchar para continuar su aventura.

Sobre todo supo que tendría que darles una lección en cuanto le amenazaron directamente a ella. Un proyectil salió volando rápidamente en su dirección, pero lejos de necesitar frenarlo o apartarse, el fornido hombre se interpuso entre la dirección del mismo. Sin miedo, como si el propio valor y la necesidad de ayudar a los demás fuese lo único que le guiase. No podía evitar sentir algo de orgullo al ver que, tal y como había visto, existían caballeros capaces de hacer algo tan valioso por una dama en apuros. No es que precisamente fuese a tener mucho problema con esa panda de lerdos, pero apreciaba enormemente el gesto.

- Gracias por protegerme. No te preocupes, nadie nos hará daño. Vamos a ocuparnos de que estos matones dejen en paz a la ciudad y vuelvan por donde han venido-. Le dijo en un susurro cercano, manteniendo una sonrisa en su propio rostro. Tal y como había hecho antes, trazó un semi círculo con su mano libre, y una cúpula azulada se formó a su alrededor. Transparente como era, todavía podía ver a las personas huyendo en diferentes direcciones. Ellos no merecían eso, merecían tener tranquilidad por fin. Y esperaba poder dársela junto a aquel hombre.

Y se lanzó al ataque a por el primero de los artistas que vio elevar un arma. Antes de que pudiese terminar de desenvainar, trazó un corte hacia delante. Aunque hubiese resultado fatal en la mayoría de los casos, el corte fue limpio, completo. Atravesó el brazo de aquel hombre como si fuese mantequilla, pero no hubo ni una sola gota de sangre en el proceso. Ni siquiera cortó el hueso, era como si el corte hubiese simplemente seccionado la extremidad. Al fin y al cabo, ella no era una asesina.
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Mensaje por Marian Mar 1 Jun 2021 - 23:15

En el aire, sin ningún tipo de arrepentimiento ni gloria, el pelado nota como el proyectil roza su brazo derecho, ni siquiera sabían disparar un arma pensó. Pero la herida fue bastante aparatosa con goteos constantes de linfa carmín. Casi arruinada su entrada triunfal y sin intención que lo fuera el pelado cae al suelo y rueda sobre su cuerpo para quedar de pie en una sola pirueta. Sintió bastante dolor en el brazo, no se acuerda la ultima vez que lo lastimaba un tercero de esa manera, reniega de su carne, que cosa débil y repugnante piensa mientras cubre la herida con un pedazo de manga de su bléiser. Una vez mas la idea de despojarse de ese pellejo animal, inútil, fétido y caduco lo inundo, sus conocimientos eran lentos y su cuero aun estaba vivo. Como puedo ayudar a alguien así quedando vulnerable y lastimado con el primer movimiento piensa mientras una bronca personal le arrebata la atención. Ambos disparos hicieron de la plaza una zona de guerra, las calles se vaciaron a una velocidad anormal, ni los curiosos quedaron para ver el final de la faena que se agigantaba con cada nuevo artista que se acercaba al lugar.

La joven agradece la acción guardiana de Marian, que no dejaba de pensar y lamentarse en su movimiento estéril ante aquel disparo. Si realmente hubiese ido en dirección de la dama tal vez ambos estarían muertos, como puedo proteger así a esta chica inocente pensó. Chica que lo alentó a mandar a los maleantes mar a dentro, parecía que la joven tenía conocimientos en combate, o por lo pronto quería limpiar la isla de aquella escoria. El bigotón conforme y con ganas de que la gente volviera a la normalidad, normalidad que el alentó a cambiar, asiente con la cabeza la decisión de la peliblanco.  Realmente se sentía comprometido y responsable por aquella trifulca, era correcto comenzar una batalla en el lugar, realmente eran artistas o tal vez solo ladrones oportunistas. Sin dejarse ganar por la ansiedad decide poner en raya al grupo de falsos actores, observa el escudo que dejo por el camino y uno de los rateros intentando levantarlo, pobre escuálido no pudo siquiera moverlo un poco. Marian salta veloz así su escudo y lo toma con la zurda arrojando por los aires al flacucho con un movimiento de arriba hacia abajo dejando el escudo sobre su cabeza.

-No es un juguete pequeño, ten cuidado que te puedes lastimar.  

Ruje Marian en declaración de guerra, mientras el fino ladrón es elevado unos metros y cae noqueado contra el pavimento. Fue una caída bastante aparatosa que hizo golpear la cabeza del malhechor, abriendo una leve herida en la frente. El joven odia este tipo de acciones, pero son necesarias para desadaptados sociales. Mira a su nueva compañera, no quiere dejar que le pase nada, y en sus ojos se cala la acción de la joven con sus espadas. Le arranco el brazo pensó tras ver un corte perfecto, corte que no dejo sangre en el lugar, algo que le llamo la atención, pero no impidió que le digiera.

-No los mates joven. ¡Por favor!

Tras las palabras el pelado se dirige con el mutilado para practicarle primeros auxilios, duda por un segundo en aquella mujer y al llegar nota algo extraño, no había herida. Como era posible aquello y más que pensar en el actor piensa en la ciencia, todos sus estudios, horas tratando de conseguir algo así, estaba frente a sus ojos con el sutil movimiento de una espada como si de un bisturí se tratase.
Descuidado y vulnerable es empujado por un tipo fornido que casi le empataba la altura, llevaba una bola con una cadena y la hizo girar en el aire antes de estrellarla contra Marian, que toma el escudo y se cubre de aquel bestial golpe. No esta lo suficientemente estable para mantenerse de pie, pese a sus estudios marciales era de las pocas veces que se enfrentaba a un tipo tan grande como ese, y de rodillas mantiene el escudo erguido frente a el como puede recibiendo uno tras otro los cadenazos. Estaba en problemas y los artistas no dejaban de acercarse para ayudar al gigante con cadena, mira a la chica como pidiendo ayuda dejando ver una hermosa sonrisa bajo los mostachos de perlas blancas.
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Mensaje por Cheshire Lun 7 Jun 2021 - 5:28

El combate empezaba a ser para ella precisamente como un escenario dispuesto para que pudiese realizar su majestuosa actuación. No por ello estaba más cómoda luchando de lo que el día anterior había estado, pero sí que empezaba a resultar más fácil adecuarse a cada situación planteada. Aquella, por ejemplo, resultaba una trifulca de lo más sencilla ante las adiestradas manos que movilizaban la katana. ¿Sería ese el tipo de habilidad que podría convertirla en reina de los piratas? Sabía que para eso todavía quedaba mucho, pero se preguntaba si sería capaz de vencer a todos los peligros que amenazasen con poner fin a su aventura. En cualquier caso, aunque esos ladronzuelos pudiesen ser algo pequeño dentro del basto océano no podía distraerse entre sus pensamientos.

- No te preocupes, no van a morir por mi espada-. Señaló ella ante las palabras de aquel hombre. Si después de todo lo que le habían hecho todavía pretendía salvarles la vida -aunque nunca fue su intención matarlos- y pedía por ellos, sin duda había acertado con que era un caballero. Y algo más, sin duda ese hombre tenía un corazón de oro. Poca gente había visto a lo largo de su vida tan generosa como él, y precisamente por ello supo que le ayudaría a salir del aprieto pasara lo que pasase. Con una sonrisa en el rostro, se abalanzó hacia otro de los hombres. Únicamente tuvo la intención de partir en dos su espada y así lo hizo con un simple desliz entre la cúpula azulada. Si no podían luchar, seguramente acabarían por rendirse. O eso esperaba al menos.

La danza continuó, y Cheshire empuñó en todo momento la espada única y exclusivamente para apoyar al hombre y, en gran medida, para asegurarse de que ninguno de esos ladrones podría volver a atacar o causar molestias. No solo a su nuevo compañero, también al resto de civiles. A pesar de que ya no podía ver a ninguno por el lugar, le preocupaba que después de aquello pudiesen tomar represalias con el pueblo. O que intentasen tomar rehenes. Nunca permitiría eso. Varios hombres avanzaron hacia ella espada en mano. Uno de ellos intentó aprovechar quedándose por detrás de ella mientras que sus dos compañeros se aproximaban desde la derecha y la izquierda. En un momento dado, sin embargo, el tiempo se ralentizó, como si tuviese todo el tiempo del mundo para reaccionar. Observó por el rabillo de su ojo la figura enemiga, y su cuerpo reaccionó casi sin darse cuenta. Frenó con el filo de su espada la puñalada que intentaba proferirle, y se movilizó entre la cúpula justo detrás de él.

Ante el rápido movimiento que había hecho, los tres quedaron profundamente perplejos, y fue justamente ese momento el que ella aprovechó para trazar tres cortes rápidos seguidos, cada uno en dirección a uno de los enemigos, que cayeron cortados a la mitad. Nuevamente no hubo sangre de ningún tipo, e incluso aunque habían caído parecían poder moverse y gritar.

Viendo el lugar convertido en un campo de batalla, se giró en dirección a su compañero. Se había distraído apenas un segundo, pero los enemigos le habían pillado con la guardia baja. Cheshire tragó saliva y pensó rápido. Lo mejor era apartar el peligro de ahí, así que movilizó suavemente sus dedos. La cadena desapareció de las manos de aquel hombre, quedando en un lugar completamente apartado en tan solo un abrir y cerrar de ojos. No solo eso, sino que mientras aquello ocurría, varios adoquines empezaron a movilizarse en el lugar, creando una especie de barrera que alejaba a los enemigos de su nuevo compañero. Solo podía darle aquella pequeña ventaja por el momento, pero suponía que podría servir.
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Mensaje por Marian Miér 9 Jun 2021 - 15:33

Canto de sirena eran aquellas palabras enredadoras. ¿Cómo se suponía que iba a vivir alguien que fue mutilado? Pese a ser una mutilación a la distancia, limpia y sin linfa carmín, según el orden biológico de las cosas, esa persona necesitaba un tratamiento medico urgente antes de caer desangrado. Marian estaba confuso, la rosa blanca parecía estar repleta de espinas, por un momento pensó que estaba jugando en el bando equivocado, el es un tipo bastante lineal a lo que se refiere ideologías y no se arrepentía de haberle prestado el lomo de escudo; eso debía a ser un caballero. Piensa que toda persona poseedora de un arma echa para dar muerte esta dispuesta a matar, y más alguien tan hábil como ella, no parecía ser una persona ordinaria. En un acto magnifico ve como el filo de dos rivales es partido por la mitad sin ningún esfuerzo, algo raro estaba ocurriendo en ese lugar. Cortes limpios y pulcros, brazos que no sangraban al ser separados del cuerpo, parecían bloques de encastrar luego que la peliblanco movía su espada. Una tras otro los enemigos eran derrotados por aquella mujer.

La molestia que suponía tener un gigante atormentándolo con una cadena levemente se ve opacada con un nuevo acto de magia, desaparece la molesta arma del gigante y guala un muro de adoquines le da el tiempo necesario para componerse y levantarse de la humillante postura de sumiso. Esto debe ser ciencia, en algún lugar está la ilusión, estaré siendo parte de una obra de teatro viva y no me percate piensa. Como era posible que fuese una obra de teatro, estaba seguro que el arma de fuego era real, que ya las armas dejaron de ser utilería, podría ser aquella mujer un genio de la ingeniería. No podía dudar un momento más, si aquellos bandidos intentaban matarle reamente necesitaba alejarse de la trova. Con un nuevo salto se acerca a la mujer que le genero mas dudas que su última amante. Uno de lo maleantes logra rodear el muro d adoquines y lanza una nueva daga la cual vuelve a fallar. Estos tipos van en serio piensa.

-¿Cómo puedo confiar en alguien que puede hacer lo que usted hace? Va en contra de toda ley científica.

Murmura el pelado buscando palabras que logren convencerlo, quería salir de ese lio, pero no sabía si lo haría con ella de compañero. Era una mujer hermosa y delicada, que no parecía dañar a nadie con sus cortes, solo quería escuchar de ella una excusa concreta. Levanta su escudo frente a ambos quitándole visión a los artistas, quería ganar un poco de tiempo y planear un contraataque sorpresa. En fin ella se había metido a defenderlo, y en ningún momento intento dañarlo, y lo volvió a salvar por segunda vez, la cabeza del joven empieza a fallar, necesitaba un respuesta urgente.

-Hábleme señorita, se me hace confusa su actuación. Parece que quiere lastimar a estos malos seres, ni ellos lo merecen. Busquemos ser lo menos bruscos posibles, por ellos y por el pueblo que nos esta observando.

No quería que la violencia siguiera su curso, era imposible perdonarse si algún civil e inocente sufrían algún daño por culpa de aquella hecatombe. Sale tras el escudo con las manos en el aire, buscando hacer una tregua y dialogar, es imposible, el grupo parecía estar furioso, poseídos por un frenesí salvaje. Sin dejarlo mediar palabra uno de los mas pequeños sujeto toma una botella de ron con un pedazo de tela como mecha, la enciende. El infierne se aproxima volando en el aire. El enano ríe mientras entre dientes aclara.

-Si eres una bruja, debes arder.

Estaba claro, esta gente si estaba dispuesta a matar, el pelado no podía permitir eso. Levanta el escudo, y va hacia la botella en el aire buscando un punto de impacto donde la salpicadura no afecte a ningún bien ni persona presente. La parábola de la molotov iba en caída y el escudo hace explotar en llamas la imagen.
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Mensaje por Cheshire Miér 16 Jun 2021 - 15:21

Pese a que siempre había aborrecido la violencia como forma de actuar contra los demás, desde que emprendió su camino y su aventura en busca de cumplir sus sueños no había parado de ser cómplice de ese tipo de actos. Tenía suerte de que, por norma general, fuese ella quien hubiese derribado a sus rivales, pero siempre se preguntaba hasta dónde llegaría esa suerte. También quería saber exactamente cuándo terminaría semejante locura, pues odiaba estar siempre metida de lleno en los problemas. Si bien había elegido un camino lejos de las legalidades y de la honradez, no podía evitar pensar que tenía la culpa por inmiscuirse en problemas de otros. Si se hubiese mantenido alejada de las peleas o de cualquier cosa que no fuese de su incumbencia seguramente no se habría metido en tantas contiendas. Y lo sabía. Pero de alguna forma en aquella plaza no había podido dejar que simplemente le hiciesen daño a una persona porque sí, igual que había ocurrido otras tantas veces tratando con más y más gente. No es que se llamase a sí misma salvadora -pues odiaba el término de héroe teniendo en cuenta que su verdadera vocación era la piratería-, pero empezaba a resultar algo semejante.

- Lo siento, yo tampoco se muy bien lo que estoy haciendo-. Confesó, mostrando una pequeña sonrisa en su rostro. Aquellas habilidades que Ivan le había resaltado eran tan complicadas y diversas para ella como para el resto de la gente que pudiese verlas. No solo no estaba acostumbrada a lo que podían hacer, sino que hasta hacía poco también había creído que se trataba de una habilidad propia de las espadas y no suya. ¿Cómo podía explicarle a alguien como aquel hombre que se había comido una fruta cuyas propiedades resultaron ser mágicas? Era absurdo, nadie en su sano juicio podría creerle.- No voy a hacerles daño, no están sufriendo. Solo he hecho que dejen de molestar un rato, luego vuelvo a unirlos entre sí y podrán salir todos de aquí caminando sin ningún tipo de problema.- O, por lo menos, esperaba que así fuese. Separarlos era una cosa, volverlos a unir seguramente acabase siendo un nuevo tipo de dolor de cabeza para ella.

La idea de que le llamasen bruja o algo semejante no le sorprendía en absoluto. Peores cosas había escuchado en sus viajes después de todo. Pero nunca pensó que alguien de verdad intentaría quemarla viva. Quizás fue precisamente por eso por lo que se quedó congelada en el sitio en lugar de reaccionar. No podía, no daba crédito. Disparos, cortes, puñetazos... había vivido un montón de ese tipo de cosas en otras peleas, pero nada comparado a la brutalidad que estaban demostrando esas gentes. Incluso aunque no parecían especialmente agresivos en un principio.

Aunque la botella voló, fue el escudo lo que la consiguió frenar, sofocando aquel mar de llamas que podría haber causado heridas no solo a sí misma, también a otros tantos civiles de haber estado cercanos. Observó los fogonazos desde el escudo y tragó saliva. No tenía miedo, y supo que no podía permanecer más tiempo paralizada si quería ser de ayuda -o, por lo menos, de utilidad para aquel hombre que le había ayudado tanto-. Los enemigos que luchaban en aquel frente contra ambos no parecían dispuestos a rendirse ni tampoco lucían del tipo que querría dialogar, así que la opción de la pelea volvía estar frente a ella como una nueva mecha que prender.

- No sé qué más hacer. Yo tampoco quiero pelear, pero si esto sigue alargándose los que van a tener problemas van a ser los civiles de la zona. Si te prometo que ninguno de ellos va a sufrir, ¿me dejarás actuar? - Preguntó. Aunque normalmente no hubiese pedido nada y hubiese actuado, veía preocupación en el caballero incluso aunque habían sido ellos los que habían comenzado intentando matarle. Qué menos que intentar seguir siendo cordial con él.
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Mensaje por Marian Lun 21 Jun 2021 - 14:09

Como era posible que alguien no supiera como hacia ciertas acciones, eso le pareció una gran mentira. La peliblanca cercenaba sin generar heridas, podía hacer desaparecer objetos y mover otros tantos, Marian no podía comprender que no supiera como hacia eso, pues la magia no existe. No entraba en su cabeza otra discusión, solo en cuentos leyó semejantes acciones. ¿Acaso estoy durmiendo, como mi mente puede generar esta parodia? Pensó mientras la dama no dejaba de regalarle sorpresas, era la primera vez que se topaba con un usuario de akuma no mi. En su casa jamás se habló este tipo de temas, era increíble que su padre lo halla instruido en todo tipo de ciencias y jamás le mencionara la existencia de estos poderes. Simón no quería mancharlo con historias mágicas, guardo un montón de sensaciones emocionales y hasta se llevó un gran secreto a su tumba con tal que su hijo se volviera un genio en su rubro. Un grave error, ahora se encontraba el aprendiz de ingeniero viendo acciones que no podía demostrar, por suerte frente a lo que parecía ser un compañero. Pero el no conocimiento genera este limbo, tal fue así que confundió la aclaración de la chica y replico lo que su padre alguna vez hablo.

-Yo a veces tampoco se lo que hago, pero es un estúpido impulso hormonal.

Y entonces la escuchó decir que los volvería a unir, definitivamente se creyó en un sueño, mas que sueño en una pesadilla. Pero la realidad era esta y no podía seguir dudando en sus acciones, los sujetos buscaban matarlos. No bastaba con interponer su escudo ante una botella en llamas, por cierto, el escudo siguió encendido, si no quería lastimar a nadie no podía usarlo y quemar. Entonces si quería escapar o resolver eso debiera usar el ingenio, la disuasión no funciono y para reprimir eran demasiados. Agito y ondeo su escudo para disipar las llamas, quedo los suficientemente caliente como para generar heridas graves por un asalto. Mierda solo podré defendernos de ataques a distancia, pensó. Trato y trato de buscar una solución, nada nacía, parecía que se le hallan acabado las ideas y la muchedumbre no dejaba de causar alboroto. Seria decisivo tomar una decisión, no solo la festividad si no que la tranquilidad de la seguridad publica corrían riesgo. Entonces la peliblanco hablo, en sus palabras parecía tener un plan y refirma la idea de salvar a los civiles. Como podía Marian negarse a semejante solución, lo único que le preocupaba era el humano que habitaban aquellos indisciplinados, no deseaba ver morir a nadie.

-Si no sufrir involucra no matar, adelante, con mi escudo así solo puedo apoyarte de ataques a distancia, no deseo quemar a ninguno de estos.

La esperanza totalmente depositaba en aquella extraña, una conclusión apresurada podría dejar al joven en cientos de problemas, pero no le quedaba de otra, anclado a esto la dama parecía tener la buena moral de no matar. Sabia que el mundo había sucumbido en la violencia y demostraciones de poder, si no confiaba en alguien como ella no podría confiar en nadie más. En ese momento el pelado lamenta haberse involucrado guiado por el instinto, por su voluntad de ayudar y proteger. El inmaduro cachorro de hombre no podía dejar que se quiebre eso ahora, era su vocación, su forma de vivir y no debía avergonzarse de actuar por voluntad. Con una voluntad más férrea y una visión más avanzada podría haber salido de la situación con rapidez. Estos escenarios, aunque bastante hostiles, generaban maduración en Marian siempre y cuando se deje ganar por su moral, necesitaba crecer y el mundo podría enseñarle mucho más. Pero lejos de contemplar la enseñanza se cargo de ansiedad y rechazo de sus acciones, quería que todo esto acaba lo antes posible, aun su voluntad era un títere de sus miedos.

Volaron una decena de piedras sobre ambos, las cuales se pudo sacar de encima con facilidad con su escudo. Pero para su asombro al estallar contra la pared colosal generaron una pantalla de tierra que dificultaba bastante la visión en veinte metros. Entra la niebla caliza logra ver siluetas que avanzaban cuerpo a cuerpo a toda velocidad. Nuevamente se deja ganar por la ansiedad, su haki despertado de observación no lo podía ayudar.

-Si piensas hacer algo que sea rápido, no veo mucho, pero parecen ser veinte hombres armados con objetos filosos.
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