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Vacaciones en faldas (Privado en pasado Marian y Chrom)

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Mensaje por Marian Dom 13 Jun 2021 - 2:17

Al fin los pies en la tierra, el viaje fue una travesía bastante larga al lugar que suponía iba a darme unas vacaciones inolvidables, o así me lo había prometido un colega del instituto en el que doy clases. Dejar los niños por un mes era más difícil de lo que parecía, esta era la primera vez que me alejaba de los mares cardinales. Extraño el olor a café por la mañana en mi escritorio y el canto de jóvenes con hormonas alborotadas. Varios días me tomo llegar aquí para que en los bares del puerto entreveren el salitre con fragancias de dulces generando una peste mortal para mis narinas, era un lugar que estaba lejos de mi zona de confort y mis sentidos me espantaban. Aquí, en este rincón del mundo que apodaron como paraíso, todo parecía estar tranquilo. Matices rosas decoraban el lugar, y en una ilusión hasta algunas aves parecían tener ese color, era increíble que valla a quedar sin vista siendo una persona tan joven, aunque parezco un hombre, soy un chico joven. Caminando por los tablones, repletos de yuyos florecidos, encuentro un grupo de okamas bastante grandes entregando unos volantes. Algo que me llamaba la atención era la cantidad indefinida de okamas que poblaban las calles, no erra algo que me molestará, esa era su decisión su estilo de vida, algo que no entiendo y no entenderá jamás la biología. Quizás evolución o simple humanidad, me quedo fuera del debate.  Camino lo suficiente como para que uno, o una, me entregue uno de los volantes, me guiña u ojo y me da la bienvenida a Momoiro, definitivamente me sentía fuera de mi hogar. En el papel se hacia la invitación a toda persona a la gran hazaña de hacer el algodón de azúcar mas grande del mundo, parecía una afirmación ávara.

Picaba en el pavimento un sol furioso cargado de verano, haciendo insoportable el transcurso de las quince horas por las calles decoradas. Me dejo ganar por una hebra de luz, que picaba en una ventana y arrebatado de visión tropiezo con un grupo, la fuerza de esos travestidos fue tal que me hacen caer dentro de un tonel repleto de líquido. Mis fachas quedan totalmente inundadas en jalea de manzana, y el okama encargado de empujarme me extiende la mano pidiendo disculpas. De ninguna manera podía dejar la situación en confusión.

-Fue mi culpa, lo siento mucho, mas los siente mi ropa.- Reí sarcásticamente y cuestioné – ¿Conoce algún lugar donde pueda comprar un conjunto a mi talla?- Parecía ser un señor, señora de buenas intenciones.

-No te moleste grandulón, yo misma voy a limpiar tus ropas, vivo a unas cuadras de aquí. Pareces ser de mi talla yo te puedo prestar algo mientras seca. – Nuevamente un guiño de ojos, o soy muy sexi o esta gente tiene gestos bastante sexualizados, lo que era innegable que bajo el vestido que llevaba moraba un cuerpo igual de colosal que el mío. No puedo negarme a su amabilidad, eso es lo que haría todo buen ciudadano, era un gesto que me acercaba a la comodidad de mi lugar. Que sobre gente buena y tan servicial.
Durante el camino a su casa pude apreciar de cerca aves rosas, no había sido una ilusión óptica, existían realmente. La gran ciudadana me cuenta que los animales de allí tenían toda esa tonalidad, seria bello poder estudiar el porqué, pero no eran días de trabajo y en ese momento solo quería cambiarme. En su hogar, me deja unas prendas sobre la mesa y me hace usar su baño para acérame, tal vez si fue un error aceptar tanta camaradería. Fuera del baño se siente la voz de la dueña -Vístete sin vergüenza aquí pasaras desapercibido- La verdad que era cierto ya que la ropa que me dejo era una musculosa blanca de cuello azul, una pollera tableada azul, medias blancas hasta la rodilla y un par de suecos marrones, nada mas cerca que una masa de músculos varoniles en las fachas de una escolar. No tuve mas remedio que vestirme y salir, la ropa iba a demorar unas cuantas horas en secar y necesitaba comer algo urgente. No podía robarle más hospitalidad al gran corazón de Janet, pues así me dijo que se llamaba. Antes de salir del lugar me pide por favor que asista a la celebración por la producción del gigante algodón que ella y sus amigas la organizaban. Como podía negarme, y fue así que comenzaron mis vacaciones.

Como voy vestido:
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Mensaje por Chrom V. Haddi Mar 15 Jun 2021 - 23:50

Todo había sido muy raro, una extraña corriente marítima nos había llevado a una isla en la cual no teníamos planeado viajar. El cielo en aquel lugar estaba completamente teñido de un rosa pastel, las aves cantaban alegremente y los peces revoloteaban en la costa, parecía ser una isla de ensueño. Bajé de la embarcación y me puse camino al centro de la isla, quizás encontraría algunas provisiones o alguna cosa exótica. Conforme iba recorriendo la isla me fui dando cuenta que todo el lugar parecía sacado de un cuento de hadas, casas rosas, tejados color azul pastel y todo el lugar estaba repleto de damiselas en vestidos muy bellos. Una de ellas en un vestido azul con encaje rosa se acercó coquetamente a mí dando brinquitos.

-Buenas tardes señor, ¿quiere acompañarme a mí y a mis amigas?- dijo con una voz muy grave aquella chica, que comencé a dudar si realmente era una chica. -Vamos a degustar un enorme algodón de azúcar- agregó.

-¿Un algodón de azúcar? Haberlo dicho ayer- contesté muy emocionado, olvidando por un momento la voz grave de aquella ¿chica?

Acepté acompañarla, mientras caminábamos pude darme cuenta que ella era una okama, aunque estaba muy bien vestida y maquillada, sus piernas y brazos musculosos que quedaban por fuera del vestido, además de su voz más grave que la mía, la delataban completamente. Lentamente me fui dando cuenta que ese era el caso también para las demás damiselas que estaban paseando por las calles de la isla, todas ocultaban sus rasgos masculinos con maquillaje o prendas muy femeninas, incluso los animales parecía que cambiaban de género. ¡Era una verdadera locura!

Traté de no darle importancia a un paisaje tan surrealista como ese, nunca pensé encontrar una isla tan bizarra, ni siquiera en el Grand line, el mar más peligroso del mundo no paraba de sorprenderme cada día más. La idea de un algodón de azúcar enorme llamaba mucho mi atención, parecía que la isla entera estaba de fiesta por aquel enorme trozo esponjoso de dulce, ¿era acaso la fiesta del algodón de azúcar? Me quedé con la duda ya que quería evitar cualquier conversación bizarra con mi curiosa acompañante. Llegamos a la calle principal, estaba repleta de puestos con cientos de distintos de tipos de chucherías, corrí rápidamente de uno en uno para comprar un dulce de cada puesto, un cono de helado, caramelos, gomitas, paletas, increíblemente todo era rosa y tenía un sabor muy dulce. Por haber corrido a los puestos, había perdido a mi acompañante y comencé a girar la cabeza de un lado a otro mientras comía una paleta de fresa.
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Mensaje por Marian Vie 18 Jun 2021 - 3:03

Bajo las faldas me recorre una sensación muy excitante, nunca pensé las ventajas de llevar una prenda tan abierta y ni que hablar la gran comunidad que me brinda al caminar. Mis piernas se sienten libre lo que agiliza el trote por la pintoresca calle hacia la feria, seguramente el mejor lugar para comer algo. Los puestos allí prometían tener gran variedad de cosas dulces y mi estomago no paraba de rugir, maldita necesidad biológica. Llego delante de un puesto opulento y con vitrinas generosas, allí reposaban bocadillos humeantes y de aspecto casero. Como negarme a esa fachada, realmente estoy acostumbrado a comer lo que sea, pero estando de vacaciones tengo que despojarme de lo cotidiano. La dueña del ambulante tenía en una bandeja pequeñas porciones de lo que aseguraba seria el mejor plato de la isla, el aspecto afirmaba la presentación. Decido comprar cinco sin probar la muestra, no me parecía correcto, yo puedo comer lo que sea y no quiero dejar sin obsequios a la señora. Amablemente me envuelve todo para llevar en una bolsa de papel y me elogia las pintas, cada vez me sentía más cómodo como okama.

Mis papilas gustativas iban a tope, esas pequeñas bolas empanadas rellenas de queso azul y setas era una de las mejores cosas que jamás había probado, el mundo necesita mas cosas como estas. Así daba gusto alimentar la estúpida carne que me entorpece, pero por ahora me hacía camino en la isla. Sin darme cuenta me topo con la bella y gigantesca feria, repletas de afiches promocionando el algodón de azúcar mas grande del mundo. Me gustaría ver la maquina encargada de semejante tarea y mejor aun seria dar con el ingeniero. No se necesitaba mucho para el mecanismo, la hazaña era el descomunal tamaño, tal vez podría darme consejos de creación industrial.

Sin lugar a dudas el mejor atractivo eran los dulces, jamás había visto tal variedad. Pero solo se me apetecía la clásica y redonda paleta de caramelo. En el mundo de los okamas resalta entre la muchedumbre un joven que no iba vestido de mujer. Está comiendo una paleta, tal vez me pueda ayudar con mi antojo. Me acerco lo suficiente, pero no tanto para parecer invasivo, olvido las fachas que llevo puestas y rompo el silencio.  - ¡Buen señor! No soy de aquí. ¿Dónde compro una de esas? – Muestro en mis palabras amabilidad y frescura intentando dialogar con el sujeto. El no parecía ser local pero seguramente conocía el lugar, bueno su paleta de dulce lo delataba. Realmente no quería sentirme tan solo en ese loco paraíso y los locales no me daban tranquilidad.
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Mensaje por Chrom V. Haddi Sáb 19 Jun 2021 - 6:31

Entre la multitud de okamas destacaba una, ¿uno? Tenía más cara de ser uno, era un hombre muy alto y con un cuerpo que parecía el de un toro, aunque sin mucho cabello en su cabeza. Se acercó lenta y amablemente conmigo y me saludó. Viéndolo de cerca, que un hombre tan musculoso como él estuviera en falda era aún más bizarro. Aquel gigantón en falda parecía tener buenas intenciones “vaya, que raro es este mar” pensé y procedí a devolverle el saludo.

-Estas paletas de acá las compré en este puesto de allá- le respondí tratando de ser lo más amable posible. -Las gomitas en aquel puesto de más lejos y de lo demás he perdido la cuenta de los puestos que he visitado. Por cierto, ¿por qué andas en una falda tan coqueta si no eres de aquí, te gusta usar falda?- agregué soltando una ligera sonrisa.

Mientras el bullicio de la feria seguía en su máximo esplendor, una amable señora okama pasó pregonando un premio de un millón de beries a la persona que pudiera romper la marca de fuerza en un juego extraño de feria. Si bien no soy la persona más fuerte que conozca, pensé que intentarlo no estaría de más, en una de esas podía correr con suerte y acabar ganando el gran premio. Le eché una mirada a mi nuevo amigo okama, parecía un mastodonte y tenía la pinta de cargar una gran fuerza consigo.

-¿Quieres venir? Un millón de beries no le caen mal a nadie- le dije amablemente a mi compañero mientras empezaba a caminar con dirección al puesto del concurso.

El ambiente de la ferie era esplendido, decenas de okamas bailando con sus mejores vestidos paseándose, ofreciendo decenas de dulces, decenas de dulces que compré, perfumes y muchas otras cosas extrañas más. Todo en la isla era de un color rosa pastel que deslumbraba mis ojos, las calles, las fuentes, las aves, incluso los objetos inamovibles tenían un alma okama. Llegamos al puesto donde se llevaba a cabo el concurso de fuerza que tanto anunciaba la chica, era el típico juego de feria en donde tenías que golpear una campana con un martillo para que llegara hasta lo alto de una columna. Una chica okama de vestido azul tomó el martillo y lo azotó con relativa facilidad, las luces iluminaron un poco menos de la mitad de la columna y apareció hasta arriba su puntaje: trescientos cincuenta. Un pequeño grupo de okamas le aplaudió y se apartó de la atarcción.

-¿Alguien más? ¿Algún encanto que pueda romper la marca que dejaron esta mañana?- gritaba con un tono raro y coqueto la administradora del puesto.

“Bueno, esto no puede ser tan complicado” pensé. Alcé la mano y di un paso hacia adelante confiado, la marca que habían dejado por la mañana señalaba casi ochocientos puntos, no parecía tan difícil de superar. Cuando traté de tomar el martillo quedé boquiabierto, aquel objeto tendría que pesar al menos un cuarto de tonelada y las okamas lo levantaban como si nada, con gran esfuerzo levanté el martillo por los aires y lo azoté con toda mi fuerza en contra de la campana.

-Tenemos cuarenta puntos de este bombón de pelo morado- dijo entre risas la okama mientras yo veía decepcionado como apenas y se habían iluminado unas cuantas luces.
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Mensaje por Marian Miér 23 Jun 2021 - 2:28

El peli violáceo le devuelve la amabilidad indicándole donde compro la paleta de dulce, la verdad era un paleta muy apetecible y Marian no se quería ir de allí sin probarla. Tal vez fue porque de niño no solía comer muchos dulces, ahora trataba de probar de ellos a cada sitio al que llegaba. El joven le continuó diciendo un montón de lugares donde compro una gigante cantidad de dulces, el pelado tampoco quería tantos, con uno de ellos le bastaba. Sin dejar que devolviera el gesto de guía le pregunta, cocosamente, sobre las fachas que traía. Era una historia bastante vergonzosa para contar, pero jamás iba a mentir, menos a una persona que comienza a conocer.

-Me caí, me ensucié y era la única ropa que me pudieron prestar. Como puedes ver mi talla no es universal.

Trata de maquillar la embarazosa situación con un chiste de salón. No era de su costumbre contar cuentitos con misión de hacer reir, pero quería dar una buena impresión al pequeño frente de él. Se veía como un pelado, bigotón, en ropa de colegiala y con un escudo gigante sobre la espalda, tenía desconfianza en sí mismo.
En el corazón de la feria se ofrecían mil juegos y eventos culturales gastronómicos donde los turistas pueden aguardar el gran evento principal. Una dama pasa por allí pregonando un jugoso premio tras una hazaña de fuerza bruta, eso es de barbaros, pero este tipo de entretenimiento le gustan bastantes a Marian. Mira a su amigo y ve que lo observa, rompe silencio para participar del evento.

-Repartimos el dinero, pero déjame golpear a mi quiero ganar.

Mientras que su compañero compraba un sinfín de dulces ambos recorrieron la esplendida plaza adornada en su tradicional color rosa. El objetivo era aquel juego que prometía una suma jugosa como premio. El lugar era como lo había imaginado, un martillo una tarima, un marcador y un lugar donde golpear. Como primer participante una despampanante trans tomo el martillo con ambas manos y golpeo el botón para impulsar el puntero, los trecientos cincuenta puntos encandilaron a la multitud que no paraba de aplaudirla. Sin dejar que las cosas se tornaran victoriosas la presentadora desafió un nuevo participante que pudiera romper el récord de casi ochocientos puntos. El joven compañero que tenia levanto su mano y avanza a la verdad. Era un joven un tanto escuálido en comparación con Marian, Marian que se sentía confiado y ansioso por golpear el botón. No creo que este pequeño pueda con la marca piensa.

El pelado ve el martillo en el aire, su compañero iba a por todo, golpea el botón y se ilumina el sendero a un millón. Cuarenta puntos, Marian deja escapar un sonido similar a una carcajada mientras ve su oportunidad de ser millonario. Jamás se pensó porque aquel premio era tan jugoso. Se abalanzo hacia adelante y exigió ser el siguiente, apoyo su escudo en la tarima y miro a la multitud con gran confianza. La sorpresa empezó al tomar el martillo, pese a parecer un martillo ordinario su peso era descomunal, apenas si podía alzarlo en el aire. La organizadora le siguió el juego dejando que jugara sin haberlo invitado. La gigante herramienta en el aire era sostenida por un crossover de mas de dos metros y cien kilogramos, todas las pintas d tener el siguiente ganador, pero el pelado apenas podía con aquel instrumento. Golpea el botón y suma la patética suma de treinta puntos. Puntos que son gritados a toda fuerza por la presentadora a modo de castigo por saltearse el lugar.

-Nuestra amiga calva solo sumo treinta puntos. ¿acaso la marca de la mañana sigue intacta?

La decepción de Marian fue tal que solo pudo dejar una sonrisa llena de vergüenza bajo los mostachos y observar a su amigo. Todo aquello había sido un desperdicio. Y por otro lado aquellos trans contaban con una fuerza sobre humana.
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Mensaje por Chrom V. Haddi Vie 25 Jun 2021 - 3:37

Tras ver el resultado de mi golpe, regresé con la mirada baja y algo apenado con mi recién conocido. “Esos okamas deben ser increíblemente fuertes” me dije, no es que fuera ya la persona más fuerte del universo, pero aquellas personas de género cambiado levantaban aquel martillo con gran facilidad y, lo que era más, alcanzaban una puntuación diez veces mayores a la mía. ¿Tanta era la brecha entre nuestras habilidades? Mi amigo calvo de prendas extrañas soltó una ligera risa y se marchó lleno de confianza para probar su suerte en el juego del martillo. Quise advertirle sobre el descomunal peso de la herramienta, pero preferí dejarlo en paz con sus aires de grandeza y que él mismo lo averiguara. Tras un resultado incluso menor al mío, mi amigo calvo regresó cabizbajo.

-Vaya, tu rendimiento ha incluso opacado el mío. Te lo agradezco- le dije a mi compañero con una gran sonrisa entre dientes.        -Hablando más en serio, estas okamas no son unas personas ordinarias, tienen una fuerza espeluznante- agregué quitando la sonrisa.

Me encontraba bastante frustrado, aquellas okamas seguían intentándolo una tras otra y todas llegaban a puntuaciones arriba de los trescientos. Caminé algo enojado con la presentadora y le pregunté si tenía algún martillo de sobra; no iba a dejar que aquellas chicas okamas me humillaran de tal manera.

-Claro que sí pequeño guapetón, tenemos una decena de ellos. Tú sabes, por si las demás chicas los maltratan- me dijo en un tono algo sarcástico mientras me enseñaba un barril con varios de ellos.

-Te compraré dos- le dije bastante enojado al mismo tiempo que sacaba uno de los dulces que recién había comprado.

Comencé a saborear el caramelo, algo ácido y con cierto sabor picante. Quizás no había sido la mejor idea llevarme dos martillos de golpe, pero mi orgullo había sido pisoteado y quería cambiarlo lo más rápido posible. Tomé el primer martillo, anormalmente pesado y lo cargué con bastante esfuerzo, ni de chiste iba a poder cargar los dos al mismo tiempo, así que lo dejé caer y tomé la otra herramienta con mi mano contraria. Como Dios me había dado a entender, llevé ambas herramientas arrastrando y volteé a ver a mi recién conocido.

-¿Qué harás tú? Aunque tienes pinta de matón, no parece que seas del tipo al que le gustan las peleas- le dije bastante molesto al calvo con falda mientras miraba de nuevo hacia adelante para seguir caminando con los dos martillos a rastras.
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Mensaje por Marian Vie 25 Jun 2021 - 22:59

Las palabras de su compañero mas que alentarlo lo terminaron de hundir, como podía haberle ido peor que a aquel que tenía la mitad de su tamaño. No sabia donde meterse, la multitud de okamas presentes era lo suficientemente grande como para seguirle el rastro, con lo que el imagino miradas de burla. Su compañero resalta el gran poder de aquellos travestidos, la verdad que era increíble lo que hicieron, recuerda no meterse con ninguna de aquellas masculinas damas. Se molesto bastante, mas que el dinero buscaba la gloria de ser un buen ganador, no le gustaba perder en los juegos. Aun quedaba tiempo para revertir la situación, no en ese momento, no quería pasar por idiota, pero seguro el agarre y la fuerza con mejor técnica lo harían con el primer lugar.  Tenía que pensar rápido una manera de mejorar el puntaje y su compañero no tiene mejor idea que aparecer con dos martillos de igual tamaño que los utilizados allí. Los llevaba a rastras y por lo que parecía se le estaba haciendo complicada la acción.

-¡Disculpa amigo! ¿Si lo ayudo con un martillo será que me presta uno para practicar? -

Interrumpe el caminar del pequeño, no solo se le cruzo por la cabeza utilizar uno de ellos también tenia la necesidad de ayudarlo, en fin fueron ambos que quedaron humillados. Su moral era mas grande que su orgullo y de un rápido movimiento le cogió uno de los martillos. Necesitó usar las dos manos, eran enormemente pesados, parecían estar hechos de algún metal bastante denso y resistente, pese a esto escuchó a la presentadora decir que tenia de reserva por si los dañaban. Volvió a admirar la fuerza de los okamas, era increíble pensar que una de esas piezas de metal sea dañada por un humano corriente. Nuevamente se sorprende de acciones o falsas hazañas, Marian estaba muy verde y conocía muy poco del poder que se expande por el mundo.

-Te propongo entrenar juntos, seguramente este juego tenga una técnica de levante y empuje. Pero antes podremos pasar por mi ropa, ya no quiero verme como una señorita con bigote. –

Muestra una sonrisa, estaba vez una cordial y de compinches, sabia que dos cabezas encontrarían una solución rápido, le quedaban pocos días de vacaciones. Cambia la dirección hacia la casa de la gigante amiga que se hizo en la ciudad, amiga que amablemente le colgó sus fachas.

-Sígueme si quieres, queda aquí a la vuelta su casa. –

No era muy confuso andar por la ciudad, y menos en distancias inferiores a cuatro manzanas, Marian no era un genio en la orientación, pero podría llegar sin problemas en unos minutos si no cargara un martillo tan pesado.
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Mensaje por Chrom V. Haddi Sáb 26 Jun 2021 - 6:31

Mi compañero calvo siguió alegremente mis pasos y tomó de una manera muy amable uno de los martillos que arrastraba, por más que quise negarme, el musculoso de vestido no dejó que llevare ambas herramientas y cargó con mucho esfuerzo el otro martillo mientras me decía que lo acompañara por su ropa normal. Observé tan entusiasmado a mi acompañante que no sabía como explicarle que realmente había tomado ambos martillos para mí, él pensaba que estaba siendo muy bonachón y me estaba haciendo un gran favor.

-Verás- le dije mientras rascaba mi cabeza. -Realmente los dos martillos eran para mí, ¿puedes ver las dos espadas que cargo?- agregué al mismo tiempo que señalaba mis espadas.

Al final de cuentas tuve que regresar con una cara de cachorro regañado con la okama para que me vendiera otro de sus enormes martillos; si utilizaba los martillos tal y cómo blandía mis katanas, quizá podría encontrar una manera más eficiente aumentar mi puntuación. Realmente ni el premio ni el juego me importaban mucho; sí, mi orgullo había sido dañado, pero lo que más me preocupaba era la abominable fuerza de aquellas okamas, el poder de las personas del Grand Line superaban aún mis capacidades. Temblé ligeramente, tanto de emoción como de miedo, estaba en un mundo enorme y si quería ser capaz de sobrevivir en él, todavía tenía mucho por aprender. Tomé un caramelo antes de emplearme a fondo para arrastrar de nuevo ambos martillos, salió uno de fresa bastante dulce.

-Bien, calvo con falda. Creo que el primer paso es llegar a casa de tu amiga con un enorme peso en las espaldas- le comenté sonriendo.

Era una sonrisa algo macabra, un poco atípica, diría que entre una sonrisa de obsesión y una de felicidad. La primera parte del supuesto entrenamiento fue llevar a rastras los dos martillos, lo cual no era ni por asomo una tarea sencilla, usaba cada musculo de mis piernas para dar largas zancadas y avanzar lentamente por las calles de la ciudad. Todas las okamas nos veían de manera extraña, dos sujetos que no tenía ni una semejanza arrastrando martillos avanzando a la misma velocidad que una tortuga que acaba de levantarse de su siesta.

-¡Pero que descortés he sido!- exclamé. -No te he ofrecido un dulce y eso que me has preguntado por las paletas desde hace rato, ¿quieres uno?- dije mientras señalaba la bolsa de mis dulces.
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Mensaje por Marian Mar 29 Jun 2021 - 16:43

Una bolsa repleta de colores y gustos sostenía el amigo de Marian, el cual niega la oferta agitando la cabeza. No quería comer, soñar ni hablar, solo quería llegar por su ropa y ponerse pillo para lograr dominar esos gigantes martillos. La verdad no paso por alto la idea que tenia su compañero llevando dos de ellos, pensó que seria una carga tremenda tratar de dominar ambos, pero no se lo dijo. Caminaron por las calles como mulas para llegar a destino, los okamas locales los observaron, alguno intento ayudarlo, pero se negó, otros comentaron entre dientes y algunos los invitaron a salir, nada de eso le importo entonces. Estaba siendo bastante descortés, debería manejar la frustración y la ansiedad de otra manera si no quería caer en la depresión.

Al fin llegaron a destino, y ante sus ojos un gigante espeluznante y grotesco picaporte redondo. No podía creer que alguien en su sano juicio siga utilizando semejante reliquia, no iba a tocar esa asquerosidad. Decide golpear la madera, parecía ser una buena madera ya que le ejerció una intensa resistencia al llamado de puños. Detrás del umbral sellado nadie dio señales, el silencio de una casa sola hizo crecer su ansiedad, como se suponía que odia demorar tanto alguien en contestar la puerta de su casa, le pareció una locura la espera. Para agigantar sus ganas de derivar la puerta un grupo de travestis, los llaman por el par que hizo el puntaje mas bajo en la historia del juego. No solo estaba en prendas de colegiala, sino que también era reconocido por la hazaña más patética que jamás realizo. Ignorándolas y malentendiendo las intenciones de las chicas, de un salto rompe el cristal de la casa y se cuela por la ventana, un arrebato que le costaría bastante caro. La decisión era genial cuando recordó que le dio permiso de pasar cuando quisiera, pero de una manera convencional, no semejante idiotez, solo sabía que pagaría los gastos ocasionados.

-Pero que mierda te crees. Maldito intruso. –

Se siente gritar a la dueña de casa que solo logro ver la silueta gigante del pelado infiltrándose y rompiendo la ventana. Sin dudarlo la okama lanza un potente golpe a Marian imbuido con haki de armadura noqueándolo al instante. El pelado no tuvo tiempo de reaccionar, la fuerza y velocidad de la robusta dama eran algo fuera de serie, jamás en su vida había recibido un golpe de esa magnitud. La golpeadora reconoce a la victima y no duda en pedirle disculpas, pero era inútil que la escuchara, el joven estaba totalmente desmayado. El trans toma el martillo que estaba aplastando a Marian y sin esfuerzo lo aparta de él, para poder practicarle primero auxilios.

-Solo vine por mi ropa, luego te pago el vidrio. –

Balbucea el joven, parecía no reconocer que estaba noqueado y señala a un floreo dentro de la casa que tenia algunas violetas en él. No escucha ni una palabra de la trans que por favor pide que la perdone, no podía escuchar sonido alguno.

-El es mi nuevo amigo, tiene una bolsa llena de dulces-

Delirios, tras delirios.
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Mensaje por Chrom V. Haddi Jue 1 Jul 2021 - 1:52

Llegamos entonces a casa de la amiga de mi conocido en falda. Mi compañero tocó a la puerta un par de veces y comenzaba a desesperarse, los susurros de las okamas señalándonos por ser el dúo del peor puntaje en el juego tampoco ayudaban mucho. “Vaya, cuando tenga la fuerza necesaria, regresaré a cortar a la mitad a estos intentos de mujer” pensé bastante iracundo. Al parecer al gran calvo los comentarios de aquellas travestis le habían hecho aún más ruido y brincó lleno de ira por la ventana de la casa, rompiendo el vidrio al instante. Me asomé curiosamente a lo que quedaba de ventana y alcancé a ver como una okama noqueaba de un solo golpe al invasor de su casa, únicamente para después reconocerlo y tratar desesperadamente que reobrara el conocimiento. Mi compañero balbuceo algunas cosas antes de perder el conocimiento de nuevo. La okama, que lucía bastante preocupada me vio por la ventana y saludó.

-Hola, ¿ha matado a aquel calvo? - le pregunté tranquilo.

-Claro que no cariño, o eso espero- dijo con una voz muy bizarra y aguda. -Tú debes ser el amigo que acaba de mencionar, ¿por qué no pasas a tomar el té en lo que se despierta? - agregó dulcemente.

En un principio pensé en dejar a mi compañero ahí para que luego me alcanzara con todas sus fuerzas recobradas, pero mi estómago comenzó a rugir y recordé que no había probado bocado desde la mañana y el cielo comenzaba a tornarse naranja. Acepté con un poco de pena. La okama me ayudó a meter los matillos del calvo y los pusimos en su patio, era una ama de casa bastante agradable, incluso parecía una madre. Ella comenzó a preparar el té y llevó unas deliciosas galletas rellenas de crema pastelera para acompañarlo.

-Tus galletas son increíbles, pero tus puñetazos lo son aún más- le dije con la boca llena de galletas. - ¿Qué has hecho con tu puño? Has derribado a este gigantón con poco esfuerzo- agregué.

La okama volteó a verme seriamente, se levantó y dio un par de vueltas alrededor de la mesa hasta pararse detrás de mí. “Espero no haberle gustado a esta okama” pensé con algo de pánico. La dueña de la casa me preguntó si conocía el haki.

- ¿El haki? ¿Es un platillo típico de esta isla? Me gustaría probarlo- respondí aliviado de que mi teoría fuera falsa.

La okama me respondió con un gesto de desaprobación como si hubiera errado una pregunta tan fácil como la suma de dos más dos y comenzó con a explicarme qué era realmente el Haki mientras yo escuchaba con atención y comía galletas.
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Mensaje por Marian Miér 14 Jul 2021 - 4:06

La cabeza nula de pensamientos, ausente de verdades, Marian no recordaba la última vez que se había encontrado en un estado tal. Un estado semejante a una resaca, los músculos totalmente colapsados y el aliento pesado, gomoso, como si no salivara durante horas. Miro con la vista cansada y extraviada su cuerpo, se encontraba vestido, no llevaba las ropas prestadas sino las originales, no entendió en ese momento como su ropa había llegado a él, solo se alegró por eso. Trato de reconocer el lugar en donde estaba, pero fue imposible, estaba sobre una cama ajena y con un dolor de cabeza que parecía de otro cuerpo también. Sus ojos en casería de lo absurdo encontraron en el marco de la puerta de la alcoba a su amiga, volvió a pensar que era una mujer demasiado robusta y fue allí que la memoria apareció de golpe. Recordó el cristal roto de una ventana que por unos segundos sirvió de escape a su fobia, se arrodillo frente a la dama aun tembloroso.

-Disculpa por favor, yo me hare cargo de los arreglos del cristal roto.

La chica, o chico, no medio palabra y lo invito al comedor, allí le esperaba una merienda de sueños. Mientras preparaba té les ofreció a sus nuevos invitados un momento en la mesa de madera de pino adornada con un mantel en puntillas. Marian no negó la hospitalidad llevaba unas cuantas horas sin tener nada en el estomago y los aromas de la cocina invitaban a cualquiera a quedarse. Vainilla y leche, logro plasmar en su cabeza, aromas que lo llevaban unos cuantos años atrás cuando su madre aun vivía. Parece que no podía superar el trauma, eso el lo sabia bien. Pero aquel recuerdo solo fue pasajero, no se iba a permitir estancarse allí y aprobó con el pulgar el exquisito sabor de galletas con crema pastelera, un platillo bajado de cielo. Un nuevo recuerdo de aquellos días de antaño, haki, la palabra maldita para el pelado, palabra de controversia y anti naturalidad humana. Un fragmento de voluntad vuelto poder, jamás iba a olvidar el significado de aquello, iba en contra de todo lo que su padre le enseño. La okama comenzó a hablar sobre ello, como canalizar el haki a través de la voluntad, como mecanizar un movimiento, por qué su golpe fue tan devastador. Si lo que vio en aquellos años fue real y si lo que logro hacer en aquella cueva tenia sentido era una buena oportunidad para aprender y profundizar un poco más, en fin la ciencia desmiente cualquier fantasía.

-¿Como la carne, puede cambiar su densidad?

-Pues mañana podemos entrenarlo si gustan, no soy muy teórica, prefiero la práctica.

Maldita respuesta vacía, no había tiempo que perder necesitaba ganar en el juego, necesitaba entrenar. Pero la cuestión que se hablara del haki requería ser contestada en ese instante si quería llegar en plazo para llevarse la recompensa, y sobre todo el prestigio.

-Podemos verlo ahora, es que luego debo entrenar para otra cosa. Por favor.  
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Mensaje por Chrom V. Haddi Mar 20 Jul 2021 - 6:10

Una esencia magnífica de sabor vainilla, aunque nunca he sido un gran amante de los tés, aquel en específico parecía tener un sabor muy acorde a la ocasión, además las galletas que lo acompañaban mezclaban un juego de sabores muy agradable. Mi recién conocido calvo se acababa de levantar y, aún bastante mareado por el golpe, comenzó a hablar con la señora de la casa. A diferencia de mí, el calvo de dos metros conocía sobre la existencia del Haki y parecía estar bastante ansioso por aprenderlo.

-Eso, el haki. ¿Podré regresarle la burla la desagradable okama de la feria, verdad?- pregunté un tanto interesado. Parecía que ese asunto del Haki era un asunto serio a la hora de pelear.

-Si lo aprendes a usar de manera correcta podrías hacerlo, sí. Aunque no prometo nada- respondió con una pequeña sonrisa entre dientes la nakama.

Pensaba igual que mi compañero de dos metros, no podíamos estar simplemente perdiendo el tiempo mientras que las okamas de la feria seguían riéndose a carcajadas de nosotros, sin que se lo esperaran llegaría a destrozar su confianza en ellas mismas. La señora de la casa, sin embargo, se negaba a empezar el entrenamiento, quizá porque el calvo aún no se encontraba del todo bien.

-Bueno, entre que son peras o son manzanas, yo empiezo afuera- dije mientras me levantaba de la mesa.

Tomé los dos martillos que había traído de la feria y salí al patio de la okama, era un patio no muy grande, pero lo suficientemente espacioso como para entrenar. El sol comenzaba a ocultarse, el cielo estaba pintándose de un rosa medio anaranjado, soplaba una ligera brisa fresca; era el clima perfecto para empezar a practicar. Con toda la fuerza que cargaba en mi ser, comencé por tomar un martillo para cada mano, acto seguido tensé todos los músculos de mi cuerpo y, con mucho esfuerzo logré levantar ambos. Uno, dos… no pude ni contar hasta tres cuando sentí como todo mi cuerpo comenzó a temblar, mis piernas comenzaron a tambalearse, mis brazos cedieron rápidamente al gran peso que cargaba, perdí el equilibrio y solté de inmediato los martillos.

“Vaya, realmente ha sido penoso” dije para mí mismo esperando que nadie hubiese visto como me había doblegado. Después de mi primer rotundo fracaso, pensé que lo primero que tendría que hacer sería aguantar al menos diez segundos con ambos martillos alzados. Antes de empezar de nuevo con la rutina, eché una mirada rápida a la casa para ver si la señora okama o el compañero calvo salían de ella.
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