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Traedlos a todos [Misión común - Paraíso]

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Mensaje por Narrador OPD Dom 8 Ago 2021 - 23:51

Contratante: Ella

Descripción de la misión: Terra Kepler ha estado aquí. Ha dejado su marca en nuestra tierra, arrasado nuestros campos y consumido nuestros hogares. La tierra de la feliz Momoiro ahora es solo pasto de las llamas. Necesitamos ayuda para que alguien venga a traer ayuda. A ser posible carpinteros muy guapos, y de manos grandes. Que parezcan rudos, incluso. Y que les guste bailar toda la noche.

Información adicional: Momoiro está perfectamente, pero alguien parece que quiere divertirse.

Recompensa: Una técnica mítica de Okama kempo.
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Mensaje por Surya Miér 18 Ago 2021 - 11:16

Llevaban varios días en alta mar. Poco a poco se habían ido habituando al barco y a la tripulación que se había quedado con ellos. Incluso habían tenido un pequeño encontronazo con un bergantín de la marina que les confundió por un barco pirata. No tenían recambio para las velas, así que la confusión era comprensible. Afortunadamente, habían logrado explicar la situación y en cuanto les enseñaron las identificaciones de cazarrecompensas todo estuvo aclarado. Incluso se llevaron a la capitana, al médico y al segundo de a bordo. Surya tuvo que contar su parte de la recompensa varias veces, sorprendido de tener tanto dinero por primera vez en su día.

Los expiratas parecieron algo tristes de ver partir a sus superiores, pero no habían protestado. Y con el paso de los días, se fueron sumiendo en la rutina. El hombre ciego retomó sus labores de cocina sin que nadie le dijera nada y Surya fue aprendiendo a manejar el barco con mayor soltura, preguntándoles dudas a todos y revoloteando entre los mástiles y las velas para entender mejor su funcionamiento.

Se había dado cuenta de que tenía que hablar con Alice. No habría salido del faro si ella no le hubiera acogido y le parecía una persona fascinante. Todavía recordaba cómo se había impuesto a todos aquellos piratas… ¡quería conocerla mejor! Solo sabía su nombre y estaban embarcados en un largo viaje juntos. Eso no podía ser así. Ahora eran compañeros de barco, tenía que haber cierta confianza. Habría extendido la misma cortesía al resto de la tripulación, pero lo cierto era que por algún motivo ya habían hecho buenas migas. Como mínimo, conocía el color favorito de todos los que estaban a bordo. Y algunas noches había ayudado a Jack con sus pesadillas. ¿Pero Alice? Simplemente no había cuadrado.

Ese día, decidió remediarlo. Estaba en la cofa pensando en ello cuando se preparó para aterrizar junto al timón y hablar con ella de algo que no fuera el tiempo. Quería ser su amigo, así que tenía que esforzarse. Lamentablemente, algo fue mal. Estaba en pleno vuelo cuando un cacho de papel apareció de la nada y se le pegó a la cara, convirtiendo su delicado aterrizar en una caída forzosa que involucró dos volteretas y una rueda alrededor de la ahora capitana. Estaba bien, sin embargo, solo algo magullado. Agarró el papel y lo leyó con el ceño fruncido.

Momoiro… conocía esa isla, había leído sobre ella. Sintió una piedra en el estómago al saber que había sido arrasada. Inmediatamente se levantó y llevó el papel ante Alice.

-¡Tenemos que ayudar! Tenemos que ayudarles. – Echó un vistazo a la cubierta, donde el resto de la tripulación trabajaba ajena a lo que pasaba.- Puede que no sean carpinteros, pero tienen las manos grandes… si ya ha llegado alguien más, podemos colaborar en la reconstrucción.

No entendía exactamente qué era el Okama kempo, pero si lo ofrecían como recompensa debía de ser valioso. Lo importante ahora era llegar a Momoiro.

-El papel ha volado de la nada… debemos estar cerca del lugar.
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Mensaje por Alice Wanderlust Jue 19 Ago 2021 - 13:53

Se te daba bien mandar, pero no tan bien socializar. Desde que habíais subido al barco habías adoptado una autoridad similar, aunque diferente, a la que te otorgaba tu nobleza nativa. Como si de un general dirigiendo a su ejército se tratase, comportarte como si esa gente estuviese a tu servicio y fueses, a fin de cuentas, la capitana del navío, era lo más natural. No tanto acercarte y hablar con ellos; de hecho, desde que habíais zarpado pocas palabras más de las necesarias habías cruzado con ninguno a excepción de Morrison. Bueno, Bill. El adolescente llevaba unos días haciendo esfuerzos por acercarse a ti, y aunque al principio no le prestabas demasiada atención cuando por tercer día consecutivo se presentó para decirte que se había puesto camisa -la misma, para ser exactos- empezaste a hacerle un poco de caso.

- Y entonces... ¿Qué te gusta? -preguntó, al cuarto día.

- Muchas cosas, pero vamos a aclarar algo: No me voy a acostar contigo solo porque seas guapo -contestaste, tratando de ser cortante, pero la sonrisa estúpida que se te dibujó en la cara decía lo contrario. En realidad, sonreías porque nadie nunca te había hecho esa pregunta, pero pareció malinterpretarlo.

- Así que soy guapo... Interesante. -Ciertamente, podrías haber sido un poco menos bocazas, porque desde ese momento comenzó a ser mucho menos sutil. Y por sutil quiero decir incómodo.

Los días fueron pasando, y aunque las cosas se pusieron algo tensas a ratos -particularmente cuando un navío Marine estuvo a punto de abrir fuego contra el barco porque no te acordaste de bajar la bandera negra- el viaje fue bastante tranquilo. No hubo tormentas, no encontrasteis enemigos, bajaste la bandera negra y en general todo fue bien. Al menos, hasta que el ángel llegó corriendo hasta ti con un trozo de papel en la mano, gritando de emoción.

- ¿A quién? ¿A quién? -Surya estaba como un cachorrito ilusionado, pero te tendió el papel entre saltitos y tú lo miraste. Tan solo por un momento, y miraste a tu guardián con cierto escepticismo-. Surya, cariño... ¿De verdad no ves nada raro aquí? -Volviste a leer-. De todos modos no sé si manos grandes, pero desde luego manos largas hay. -Dedicaste una mirada asesina a Morrison-. Supongo que podemos ir, aunque esto del Okama kenpo... ¿Qué clase de isla es Momoiro?

Era cierto que no tenían carpintero, pero también era cierto que la mayoría de mozuelos eran fuertes e incluso hábiles. Estaba claro que con una buena dirección podrían serrar un par de tablas y construir alguna que otra caseta para que los habitantes recuperasen una vida normal.

- Está bien, ¡RUmbo a Momoiro, chicos!

Tal vez los rostros horrorizados de los tripulantes debió haberte dado una pista, peo no lo hizo. Tal vez que el mar fuese adoptando una tonalidad rosácea y los delfines fuesen de color fucsia debió alertarte, pero no lo hizo. Cuando atracaste el barco en una isla con forma de corazón, en ese preciso momento... Quizá, solo quizá, debiste haber hecho conexión. Pero no fue hasta que viste qué era Ella que lo supiste. Maldita sea.
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Mensaje por Surya Vie 20 Ago 2021 - 11:59

Volvió a consultar el papel de la misión. No sabía quién era Terra Kepler, pero debía de ser bastante poderosa si había logrado arrasar una isla entera. Todo había ardido en llamas, o por lo menos eso decía la carta. Le dolía, pero se alegraba de saber que iban a ir a ayudar. ¿Por qué necesitaban saber bailar? Quizá había algún tipo de ritual que querían llevar a cabo… oh, eso era interesante. Esperaba que fuera algo parecido, había culturas fascinantes y quería descubrirlas todas.

Al final no había logrado hablar con Alice, así que una vez confirmado el rumbo se quedó un ratito junto al timón, cogiendo el sitio de Bill. Pareció un tanto molesto pero se marchó y el ángel no pudo evitar preguntarse si habría interrumpido algo. Esperaba que no. Además, quería aprovechar la oportunidad. Sin embargo… ¿qué decir? Le dio vueltas a un montón de preguntas e inicios de conversación, pero nada le convencía. Todo parecía forzado. Quizá necesitaba paciencia y una mejor situación. Por lo menos el silencio entre ellos era cómodo.

Todo cambió en cuanto echó un vistazo al agua. Poco a poco había ido cambiando de color y ahora parecía que navegaran por un océano de rosé sin final. Se acercó a la borda para asomarse y comprobar que sus ojos no le mentían y casi se cae cuando un delfín de color fucsia saltó para presumir delante de los marineros, tratando de azotarle en la cara con la aleta.

Surya se apartó riendo y un tanto incrédulo. De repente toda la atmósfera había cambiado y les esperaba justo delante una isla en forma de corazón. Atracaron con suavidad, pero los hombres no parecían tener intención de bajar. Surya fue el primero en salir del barco revoloteando, pero no llegó a pisar tierra. Iba a ello, cuando una marea de rojo y rosa le estrechó con fuerza.

-¡OOOOH MIS SALVADORES, HABÉIS LLEGADO!

-E-Eh perdona, me gustaría un poco de espacio… ah, de acuerdo.

Cuanto más intentaba apartarse con más fuerza le abrazaba y el olor a patchouli empezaba a hacerle lagrimear los ojos. Al final se rindió y fue entonces cuando le dejó ir. Surya parpadeó un par de veces, asimilando todo lo que veía; desde las pinzas de cangrejo, hasta el maquillaje y la minifalda escandalosa. Oh wow. Era alguien con mucha confianza. Pero había algo que no cuadraba.

-Un momento… ¡¡Esta isla no está en llamas!!

La extraña persona hizo un gesto con la pinza como para restarle importancia y se acercó más al barco, llevando a Surya del brazo.

-Oh, bueno, digamos que puede que haya exagerado un poquito… pero os quedaréis para la fiesta, ¿verdad? ¿VERDAD? Necesitamos gente fuerte y recia… y algo me dice que ahí arriba tenéis a varios hombretones que cumplen con el perfil.

Fue entonces cuando vio a Alice y automáticamente le saludó con la pinza.

-¡CHUUUULIIII! DEJA BAJAR A TUS HOMBRES CIELO, ¡VEN A DIVERTIRTE TU TAMBIÉN!

Surya empezaba a tener serias dudas acerca del sitio en el que se encontraban.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 20 Ago 2021 - 20:06

Agradeciste en silencio que el ángel ocupase el puesto de Bill. No tenías mucha confianza con él, pero desde que se había autoinvitado a tu barco y habíais combatido -si es que se podía decir así- juntos tenerlo revoloteando por ahí se te hacía agradable. En un primer momento habías asumido que no le interesarían las relaciones mundanas, pero lo habías descubierto charlando con casi todo el mundo constantemente desde entonces. Siendo inocente como era seguro que iba preguntando cosas como cuál era el color favorito de la gente o algo así. En cierta medida sentías envidia de la tripulación, pero atajaste los pensamientos asumiendo que, si era tu ángel de la guarda, seguramente ya lo supiese todo sobre ti. Pero tú sobre él no tenías ni idea.

- Y... Bueno. -Te costaba dar tú el primer paso-. ¿Cuál es tu color favorito?

Lo que faltó de viaje fue tranquilo. Aguas rosas, animales rosas, tierra rosa... Y Ella. Se trataba de una suerte de mujer -u hombre- que llevaba ropa fabulosa dentro de lo hortera. Minifalda roja, medias de rejilla con botas de cuero, una suerte de manoplas-pinza carmesí brillante y cuello de pelo rosado. Su maquillaje dibujaba un rostro afilado y malévolo, pero ni siquiera con semejante conjunto de villano era capaz de parecer malvado mientras abrazaba, lleno -o llena- de emoción el cuerpo de Surya, que se quejaba ante semejante muestra de cariño hasta que pudo oler la libertad de nuevo. No pudiste evitar soltar una risita mientras protestaba, aunque finalmente lo liberó y fijó su interés en el barco.

Miraste hacia el ser... Lo que fuera. Luego hacia "tus hombres". Verlos lívidos no te producía placer, pero sí que era graciosa la mirada de cachorrito que ponían algunos. Estaba claro que te encontrabas frente a una mujer travesti, claro, pero aquella actitud solo podía responder a un carácter demasiado efusivo... Como había demostrado con Surya, vaya, y el resto de tripulantes estaban igual de ilusionados como lo habrías estado tú de ser un chico guapete... Como Bill, por ejemplo.

- ¿Qué clase de fiesta, señora... Ella?

- ¡Ay chica, señora solo me llaman cuando quieren hacerme sentir vieja! ¡Me llamo Ella, de Ellanora, ¿sabes?!

No pudiste evitar parpadear dos veces sin entender del todo, pero antes de poder preguntar de nuevo ella prosiguió:

- ¡Es una fiesta de chicas, ya sabes! O sea, que también pueden venir chicos, pero jois... -No sabías cómo un crujido de pinzas podía sonar lascivo, pero lo logró-. ¡Venga, bajad y os presento a la party!

Miraste de nuevo a tus hombres. Pedían abandonar ese lugar, lo suplicaban. Pero nunca habías tenido oportunidad de participar en una fiesta de verdad y meneaste la cabeza con desaprobación, chasqueando la lengua.

- ¿Qué clase de hombres sois que no os atrevéis a desembarcar en una isla pacífica? -preguntaste-. ¡¿Tan capaces sois de arriesgar la vida pero os acobardáis ante la idea de que os metan mano unos transformistas?! Con perdón.

- Perdonada -dijo Ella, con cierto desdén.

- Tenéis miedo de que os metan mano, ¿qué clase de hombres sois?

- ¡No todos los hom...!

Le lanzaste una mirada asesina. No hizo que se intimidase, pero sí se calló.

- Bien chicos, ¡vamos a divertirnos!

- Yupi -dijeron al unísono sin ninguna emoción, pero empezaron a caminar por la pasarela como si los llevasen al matadero.

Pero bajaron.

- Yo me cambio y en un momentito estoy lista -dijiste, y te metiste en tu camarote. Era hora de vestirte para una fiesta.
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Mensaje por Surya Dom 22 Ago 2021 - 16:46

¡Claro! ¡Ella no era un pronombre, era el diminutivo de Ellanora! Ahora la carta tenía algo más de sentido. Sin embargo, no podía quitarse de encima la sensación de que había algo extraño. El grito de ayuda era una exageración pero la fiesta parecía ser una emergencia, a pesar de que nadie más que Ella había venido a saludarles. Quizá estaba sola y por eso necesitaba compañía.

-Claro que nos quedaremos para la fiesta.- Dijo Surya con una sonrisa radiante, cogiendo una de las pinzas mecánicas entre las manos.

Subió al barco para buscar algo más apropiado que ponerse y se cruzó con Alice echando la bronca a los marineros. Si lo había entendido bien, tenían miedo de bajar por algo de unas manos. ¿Serían las pinzas de Ellanora? Esperaba que no. En cualquier caso, se puso al lado de Alice cruzado de brazos y asintió con firmeza para respaldarla. Ah, se alegraba de no tener que descansar en un sofá al final. Su camarote era mucho más cómodo. Lo mínimo que le debía a la chica era apoyo, sin ella no habrían sido capaces de hacerse con el enorme barco.

Aguardó hasta que hubieron bajado todos y cada uno y él también se fue a su camarote. Extendió todas sus prendas en la cama, unas sobre otras, indeciso. Una fiesta de chicas… realmente la mayoría de sus conjuntos no terminaban de encajar para una situación así, pero al final encontró algo que tenía potencial. Sonriendo, agarró uno de los vestidos que le había regalado su hermana en su día. Habían tenido que alterarlo para que le sirviera bien a él, sobre todo en la parte superior, pero tras un breve viaje por la costurera era perfecto. Llevaba mucho sin ponérselo así que quizá… sí, era un buen momento.

Con tranquilidad, se quitó la ropa que llevaba y se deslizó en la seda blanca. Era más suave que sus prendas normales y también bastante más cara. El conjunto se componía de dos piezas adornadas con rebordes dorados y un par de sandalias hasta debajo de la rodilla que hacían resaltar lo esbelto de sus tobillos. La falda tenía varias capas y se movía con él al avanzar, haciendo que pareciera que flotara incluso cuando iba caminando. Aprovechó para hacerse una torpe coleta en el espejo y salió, volando directamente a tierra para ver qué tal iba todo.

Los marineros habían formado una piña apretada a unos metros de Ella, que se reía y les hacía carantoñas con las pinzas. En cuanto vio a Surya soltó un gritito de emoción y corrió a abrazarle, diciendo algo extraño acerca de que no sabía que fuera una de las suyas. El ángel no lo entendió del todo pero correspondió el abrazo y puso los brazos en jarra, mirando a los marineros.

-Bueno, entonces… ¿cuándo empieza la fiesta?

Y entonces, justo mientras acababa la frase, sonó el cuerno de combate y el reggaetón comenzó a inundar el lugar.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 25 Ago 2021 - 10:15

Al final las dudas siempre se repetían de la misma forma. ¿Falda o vestido? El pantalón quedaba descartado, claro, ¿pero blanco o negro? ¿Azul o amarillo? ¿Conjunto complementario o monocolor? ¿Liso o estampado? Las preguntas se agolpaban en tu mente a medida que recorrías tu ahora mucho más amplio vestidor una y otra vez. La capitana Duvalle había resultado tener un armario casi tan grande como el tuyo, y si bien habías quemado su ropa interior -seguía siendo una pirata, y reutilizar braguitas no parecía lo más adecuado- había desde ropa siniestra pero sexy hasta vestidos de princesa que en tu imaginación ella se pondría a solas en su camarote, lejos de la vista de sus subordinados. De pronto te pareció muy triste la idea de una mujer tan insegura en medio del mar, pero preferiste no darle más vueltas y, simplemente, elegiste el conjunto. Siempre te había parecido que el escote bardot era una opción un tanto arriesgada, pero en el fondo era de tus favoritas.

Completaste la blusa con una falda rosa y unas sandalias blancas de tacón, unos pendientes amatista y un par de pulseras. Al cuello, la cadena que dejaba caer un pequeño reloj-camafeo dorado descansando oculto bajo la tela. Comprobaste que todos tus relojes de cuerda estuviesen en hora y funcionando, te peinaste para terminar de alisar tu cabello y saliste del camarote solo para darte cuenta de que se te olvidaba una cosa.

Cuando volviste a salir Surya revoloteaba de camino a la fiesta, vestido de manera preocupante. ¿Por qué demonios...? Preferiste no darle importancia en el momento y tan solo caminaste por la pasarela hacia tierra tranquilamente, asegurándote de que el tacón no te hiciese perder estabilidad, para dirigirte al lugar donde las huellas pesadas de los marineros te guiaban.

El tronar de un cuerno anunció tu llegada, y antes de poder preguntar a nadie dónde estaba la fiesta la música empezó a sonar. Soltaste un chillido ahogado y diste un salto hacia atrás que casi te hizo caer cuando una trampilla se abrió lentamente delante de ti y surgió una mesa de DJ completa, ¡con su DJ y todo! Esta era una travesti con vestido a topos y poderosa barba. Completaba el conjunto un par de gafas color rosa chillón y un bombín de lo más hortera, pero no eras nadie para juzgar la moda hip hop y, además, estabas demasiado abrumada por la marea de okamas que empezaban a llegar como manada.

Te quedaste congelada durante un par de minutos hasta que fuiste capaz de acercarte a Surya. Tuviste que competir por llegar con tres señores-señora que se acercaban a él como lobas en medio de la caza, pero pudiste acabar junto a él y, tratando de llegar a su oído, terminaste por tirar de su mano para que se agachase un poco. ¿Por qué tenía que ser tan alto?

- ¿Qué se hace ahora? -le preguntarías al oído si se agachaba. Si no lo hacía, lo gritarías. Aunque esperabas poder decirlo discretamente.
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Mensaje por Surya Vie 27 Ago 2021 - 11:59

Le costó un rato acostumbrarse a la música. De hecho, acostumbrarse no era la palabra. Habituarse, dejar que pasara el sobresalto y empezar a filtrar las canciones de los altavoces hasta que no fueron más que ruido de fondo. Definitivamente, no era su estilo de música. Estridente y artificial, reconocía que resultaba intuitivo para bailar. De hecho, estaba bailando. De repente se había visto arrastrado hasta un mar de gente y todos estaban bailando, así que había empezado a hacer lo mismo. Se movía de lado a lado de forma torpe y un tanto patosa, pero a nadie parecía importarle y todo el mundo estaba tan contento que era contagioso.

Si era completamente sincero, diría que se sentía un poco fuera de lugar. Mirando a su alrededor, no podía evitar preguntarse si habría escogido el conjunto adecuado. Le encantaba su vestido, le traía un montón de buenos recuerdos y le gustaba cómo le quedaba pero… era blanco. A su alrededor todo era un mar de luz y color, colores chillones para ser más exactos. Topos, flores, estampados animales y todo tipo de combinaciones estridentes. Todo el mundo parecía un cuadro psicodélico y él destacaba justamente por lo sencillo de su ropa. Además, desde el DJ hasta los hombres que te rodeaban, todos estaban engalanados con joyería de arriba abajo. Anillos, collares, gafas con pedrería e incluso adornos de barba, lo tenían todo. Tres de ellos estaban bailando con él y aunque esa moda no era su estilo no podía sentirse un poco apagado en comparación. Se estaban acercando y le sonreían, pero el ángel dudaba de si eran sonrisas genuinas o si se estarían burlando de él. La música estaba demasiado alta como para preguntarles nada y toda la situación estaba empezando a agobiarle un poco.

Fue entonces cuando Alice le tiró del brazo, haciendo que se agachase. Ella sí iba muy guapa, de forma elegante y sin hacer daño a la vista de nadie. Destacaba un poco menos que él, aún si era obvio que tampoco era del lugar. Tardó un par de segundos en entender lo que le decía porque hacía demasiado ruido, pero en cuanto lo oyó no supo que decir. Habían ido allí porque se suponía que tenían problemas, pero había resultado que solo querían hacer una fiesta. Y no parecían necesitar ayuda para hacerla así que no entendía por qué podían necesitarles… ¡claro! No les necesitaban a ellos, sino a sus hombres. Hombres fuertes de manos grandes, Ellanora había sido bastante clara. ¿Dónde estaba?

Le hizo un gesto a Alice con la mano para que esperase y alzó el vuelo para ganar un poco de perspectiva. Hubo vítores, pero el ángel estaba ocupado buscando a su tripulación. En cuanto la localizó, palideció un poco y volvió a bajar a toda costa. Se agachó con Alice, le cogió la mano y empezó a moverse intentando salir de la muchedumbre con ella.

-Ahora.- dijo, preocupado.- Tenemos que salvar a nuestros hombres.

Cuando por fin lograron salir de lo gordo de la fiesta, pudo señalarle lo que había visto. En una especie de plazoleta habían colocado varias enormes cruces de madera… y habían atado a su tripulación a ellas. Por algún motivo, a la mitad les faltaba la parte de arriba mientras que el resto la llevaban puesta, aunque hecha girones. Algunos tenían lo que parecían moretones en el cuello y pecho y todos parecían afligidos.

-¡Hay que rescatarles! ¡¡Se los van a cargar!!
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 29 Ago 2021 - 2:02

La respuesta de Surya llegó, pero te dejó todavía más confusa. No fueron sus palabras, que esencialmente no hubo, sino más bien el hecho de que saliese volando a otear el horizonte. No sabías mucho acerca de costumbres populares, pero estabas segura de que no era así como funcionaban las fiestas. Hasta que llegó, por lo menos, y descubriste que el paso a seguir definitivamente no formaba parte de una fiesta sana.

- ¿Cómo que salvarlos? -Habrías preguntado más, pero te costó bastante reprimir el quejido de dolor mientras el ángel tiraba de ti. No le habías explicado tu enfermedad, claro, pero habías esperado que tu guardián se tomase la decencia de tratarte como una señorita.

Puede que soltases uno o dos improperios, varias maldiciones y es probable que a medio camino dieses un tirón para librarte de Surya, pero avanzaste lo suficiente como para ver a lo lejos figuras que despuntaban. ¡Eran cruces! Cuando os acercasteis un poco más, ya alejados del alboroto creciente que se fraguaba en medio de la fiesta, escuchaste cómo tu compañero te lo confirmaba, acompañando la advertencia de una loca teoría que, esperabas por el bien de Ellanora y sus travestis, estuviese completamente errada.

- Jo. Der.

Por un momento te quedaste bloqueada. ¿De verdad estaban crucificando a tu tripulación? ¿En esa isla donde todo el mundo parecía llevar una vida distendida? Nada de eso tenía sentido. Corriste -o lo que en tu torpe concepción de la carrera llamabas correr- con apuro hacia ahí, soltando grititos y exabruptos casi a cada paso, hasta que el último ya era casi un rugido desesperado.

- Ay, qué pasa, chiqui -protestó una mujer-hombre con cinta métrica entre manos cuando llegaste-. ¿Tú también vas a protestar? Habéis traído hombres con muy poco estilo. O sea, encima de que vamos a prepararles unos trajes a medida...

- Muy buena medida estáis tomando, sí -soltaste, señalando a una de ellas, que soltó de inmediato el paquete de Bill-. ¡No se trata como un cacho de carne a mis hombres! Creo que necesitáis unas nociones de cómo una señorita debe comportarse.

- El cómo se comporta una señorita me lo paso por el coño, nena -contestó otra-. Yo soy una SEÑORA.

Te había ganado, y como tal lo asumiste. Sin embargo, a pesar de todo, trataste de imponerte una vez más.

- ¡Son mis hombres y no voy a dejar que los tratéis como ganado! Bajadlos de ahí. ¡Ya!
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Mensaje por Surya Dom 29 Ago 2021 - 12:25

Sabía que Alice le había preguntado a qué se refería con salvarlos, pero no tenía claro cómo explicar lo que había visto, así que simplemente la llevó al lugar. Una vez llegaron, tragó saliva y se quedó congelado un momento.

¡Esto era culpa suya! Él había insistido en desembarcar en esa isla para ayudar a la autora de la misión, pero no esperaba que fueran a hacerles daño a sus hombres. Vale, de acuerdo, puede que no fueran suyos suyos, ¡pero eran su tripulación! ¡aún si la habían conseguido de forma poco lícita!

Voló hasta la cruz del medio y empezó a desatar a Tom todo lo rápido que sus manos le dejaban. Sin embargo, era complicado. No solo los nudos estaban terriblemente bien hechos, sino que no era la típica atadura de tobillos y muñecas. Oh, no, esta recorría todo el cuerpo del pobre Tom, pecho y espalda incluidos. Por lo menos no parecía herido. Tras forcejear unos segundos, se acordó de su fruta. Se miró la mano un momento, tragando saliva de nuevo. ¿Serviría? Un pequeño rayo podría quemar la cuerda… ¿no? Escogió el nudo más voluminoso, para tener un poco de espacio en caso de que juzgara mal la potencia y se concentró como pudo. Hubo un pequeño fogonazo de luz y en seguida el nudo se abrió en dos, dejando el brazo del hombre libre mientras soltaba un pequeño chillido.

-¿Desde cuándo puedes hacer eso, Shuri?

-Ah… larga historia. Digamos que ahora mismo.

Fue a por el segundo brazo, cuando escuchó a uno de los hombres hablar con Alice. Surya frunció el ceño, mirando hacia abajo. Espera, ¿entonces no eran hombres? Pero muchos tenían barba y juraría que había visto más de un… espera, eso no era lo importante. Además, Alice no les había confundido, era una suerte que él no hubiera metido la pata aún. ¿Iban a hacerles trajes a medida? Frunció el ceño. ¿Pero por qué las cruces de madera entonces? Tom le llamó la atención y recordó lo que estaba haciendo. Algo nervioso, volvió al ataque y continuó liberándole. Hubo un par de pequeñas quemaduras y algo de mala puntería por el camino, pero más pronto que tarde quedó libre… y cayó al suelo, claro.

-¡Lo siento!

Debería haber previsto eso. Bajó con él y se aseguró de que estuviera bien. No era ni un metro, pero había sucedido muy de repente. Por suerte no tenía más que un par de rasguños. Se juntaron con Alice y Surya señaló a Ellanora con un dedo.

-¡Si no los bajáis vosotras, lo haré yo!

Por toda respuesta, la mujer se acercó y cogió la cara del ángel con una de sus pinzas, sonriendo.

-Quizá deberíamos subirte a ti. Estoy segura de que con un corte de pelo y un traje más apropiado quedarías di-vi-no…

Por tercera vez en demasiado poco tiempo, el ángel tragó saliva. Definitivamente, ir hasta esa isla había sido una mala idea.
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 29 Ago 2021 - 22:04

Había formas muy bonitas de explicar lo que estaba sucediendo, todas ellas eufemismos extraordinariamente elaborados para camuflar con palabras dulces una realidad no demasiado agradable: No te estaban haciendo ni puñetero caso. De hecho, tu orden causó poco más que un jaleo de carcajadas desacompasadas muy similar al que ya habías escuchado otras tantas otras veces. Eras solo Alice, claro, pero sentir que sin el peso de los Wanderlust el respeto que solías imponer se desvanecía por completo dolía un poco. No mucho, claro, pero lo bastante como para sacarte una sonrisa.

- Para vosotras son solo cachos de carne, ¿verdad? -preguntaste, aunque ya tenías tu respuesta-. Lo único que os importa de ellos es pasar un buen rato sin importaros que a ellos les parezca o no bien. Me da igual si...

Entonces apareció Surya junto con un Tom poco hecho de corteza crocante, interrumpiéndote con un grito que estabas segura ocultaba algún tipo de blasfemia en su tono, pues dudabas que los ángeles pudiesen alzar la voz para proferir maldiciones. Como mínimo, el tuyo parecía incapaz de hacerlo. A lo mejor, dado que sus poderes parecían relativos a la electricidad, algún día lo escuchabas decir un "rayos", tal vez seguido de un "y retruécanos". Incluso no pudiste evitar reírte, aunque no tenía que ver con el tema, imaginando que decía "relámpagos" cuando la situación fuese extraordinariamente crítica.

Sin embargo el tono airado del ángel y sus educadas palabras de velada amenaza no parecieron hacer mella en Ellanora, que acarició la cara angelical de Surya con sus manoplas de pinza. Empezaban a parecerte singularmente macabras en alguien con una voz tan aterciopelada, pero esperaste a decir algo hasta que todo pareció calmarse.

- Aparta las manos de él -ordenaste, agarrándole el antebrazo y tirando hacia abajo-. De él y de todos.

La empujaste con fuerza, intentando derribarla. Si bien trastabilló no conseguiste que cayese, pero fue suficiente para hacerla retroceder un par de pasos -espacio que te aseguraste de tomar tú-. En tu mente maldecías al ángel un poco, pues debía cuidar él de ti y no al contrario, pero no podías dejar que esa jauría de travestis le hiciesen daño.

- Hemos venido aquí porque un tal no-sé-qué-pler había arrasado esta isla -comenzaste-. Hemos atracado a pesar de vuestra mentira solo creyendo que tal vez necesitabais socializar un poco, tratando de ser buenas personas y comprensivas con vosotras. ¿Y nos lo agradecéis forzando a nuestra tripulación? No voy a consentirlo. Podéis bajarlos o puedo hacerlo yo; me da igual. Pero si pensáis de verdad hacerles un traje voy a tomar yo las medidas, y como uno solo de los chicos se queje de algo... Ay de vosotras.

Por supuesto, una vez más, seguías sin imponer lo más mínimo.
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Mensaje por Surya Lun 30 Ago 2021 - 10:47

Surya se llevó una mano a la cabeza, preocupado. Le gustaba su pelo. No quería cortárselo, mucho menos dejar que se lo cortara una desconocida. Ellanora no sabía nada de él y tampoco parecía importarle. Por suerte, Alice acudió en su ayuda. Hizo que quitara la fría pinza mecánica de su cara y la empujó para apartarla. El ángel escuchó el discurso que empezó a soltar Alice, asintiendo vehementemente con la cabeza ante cada frase. Tenía toda la razón, habían llegado para ayudar y se estaban propasando, abusando de su buena fe. Por desgracia, a Ellanora tanta cháchara no pareció impresionarle.

Puede que hubiera trastabillado con el empujón de Alice, era lógico dado que iba subida en un par de tacones de infarto, de aguja tan fina que era un milagro que no se hubiera roto ya. Sin embargo, no había tardado mucho en recuperar el equilibrio y la pose, mirándolos desde sus dos metros de altura con una expresión que gritaba condescendencia y algo de pena a los cuatro vientos. Se frotaba la barbilla con una de las pinzas mientras que pensaba en algo que decir y, al final, soltó un largo suspiro seguido de un quejido inconformista.

-Jooooo, no sois nada divertidos. – Gesticuló señalando a las cruces, donde el resto de travestis habían empezado a aflojar los nudos, no sin algo de esfuerzo.- ¡Por supuesto que queremos hacerles trajes nuevos! ¿Habéis visto los harapos que llevan? Se rompen a la mínima y así no hay quien baile con ellos. ¡Esto es una fiesta, por el amor de…!

Parece frustrada, pero se contiene y al final se encoje de hombros.

-Bien. Si quieres tomarles tu las medidas adelante. Pero seguimos necesitando que estén en trajes adecuados, destacan demasiado tal y como van. Incluso vosotros… ah, demonios. Supongo que es pasable. ¡TRAED LAS CINTAS!

En cuestión de segundos, un par de travestis aparecen y dejan caer varios aparatos en frente de Surya y Alice. Hay desde rollos larguísimos de cinta métrica, rígida y flexible, hasta un sinfín de reglas de madera y plástico con un montón de formas y ángulos diferentes. Ellanora les entrega un largo cacho de papel con treinta y dos categorías anotadas y les mira frunciendo el ceño.

-Ya que os empeñáis en hacerlo vosotros, aquí tenéis. Necesitamos estas medidas de todos los hombres. Iremos preparando el cuero. A ver cómo os apañáis sin las cruces… a ver si os creíais que estaban de adorno.

Surya mira a Alice un tanto compungido, pero en seguida sale de la montaña de reglas y empieza a estudiar el papel que les han dado. La sastrería no es lo suyo, pero las instrucciones son lo bastante claras y específicas como para que cualquiera con algo de maña pueda seguirlas.

-Lo siento muchísimo. Empezaré por Tom y seguiré con el resto, me aseguraré de que ninguna se propase. Por lo menos conseguirán ropa nueva.

Lo cierto era que teniendo en cuenta cómo les habían dejado las camisas a más de uno, un traje nuevo era lo mínimo que podían hacer por ellos. Surya comenzó a anotar las medidas de Tom, ganando más confianza según iba avanzando y cambiando la postura del hombre con delicadeza cada vez que lo necesitaba. Una vez terminó, fue a llevarle las medidas a Ellanora y a buscar al siguiente hombre.

-Creo que una vez todo esto esté listo, deberíamos bailar una última canción y largarnos. No parecen la clase de gente con la que sea buena idea estar a malas y quizá un último baile les calme. Un poco.

O por lo menos, eso esperaba.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 30 Ago 2021 - 12:24

Si bien tus palabras no resultaban en absoluto amenazantes, Ellanora no parecía la clase de persona que fuese a consentir una escalada de agresividad. Suspiró para relajarse y protestó de una manera que podrías describir como enérgica, pero aceptó tus condiciones sin más que un par de comentarios pasivoagresivos, un chasquido de labios -alguno más de pinzas- y una vuelta de ojos.

Sin embargo, al parecer sí que estaban pensando en hacerles trajes a medida. Por lo que lograste entender, y en realidad Ellanora fue bastante clara, iban a ser de cuero. Aunque restituir la ropa que habían destrozado era lo mínimo que podían hacer no te terminaba de hacer gracia llevar una tripulación que pareciese salida de una película bondage. Además, sería muy poco práctico a la hora de moverse en el barco llevar ropa tan rígida.

- ¡Espera un momento! -protestaste-. ¿Podríais hacérselos de licra?

Ellanora se dio la vuelta, desconfiada. Te lanzó una mirada severa y luego echó la vista hacia sus compañeras en las cruces. Estas asintieron con cierta picardía y, ante la mirada golosa de la mujer de rojo, no pudiste evitar sentirte algo incómoda. Estaban pensando en los paquetes de tu tripulación.

- Claro. -Se relamió los labios antes de continuar. Fue grotesco-. Pero entonces los medimos nosotras. -Ibas a protestar, pero se te adelantó-. Nada de cruces. Promesa de niñas buenas.

Estabas segura de que no cruzaba los dedos para parecer adorable, y tras la tierna carita de travesti que intentaba poner se escondía algún tipo de perversión innombrable. Sin embargo, había cosas mucho más importantes que atender.

- Por cierto -iniciaste, muy calmada-, ¡¿cómo que pasable?! Si es alta costura.

- Sí, bueno...

Comenzó a marcharse, dejando algo en el aire. Estabas casi segura de que era una trampa, pero cuando pasó contoneándose a tu lado no pudiste evitar darte la vuelta y seguirla, indignada.

- ¿Qué le pasa a mi ropa? Dime.

- Oh, chica... No le pasa nada. Yo también tuve quince años una vez. Ya crecerás.

Siguió alejándose. Era increíble lo rápido que se movía con semejantes tacones, hasta el punto de que casi te costaba seguirle el ritmo. Sin embargo tú seguías detrás de ella, indignada.

- ¡Tengo veintiún años! -protestaste-. ¡A ver, cómo debería vestir!

Chasqueó una pinza antes de darse la vuelta, y para cuando pudiste ver su malévola sonrisa ya había siete travestis tomándote medidas de forma bastante más respetuosa que a los muchachos. Secretamente lo agradeciste, aunque tu cara estaba roja como un tomate y, si no hubiese sido porque podrías haberte roto el brazo, te habrías zafado cuando empezaron a desnudarte.

- Lo que está claro es que tu color es el azul, chiqui. Déjate de rosas, eso es para rameras. -Miraste alrededor. Todo era rosa, pero antes de que dijeses nada ella sonrió-. Lo sé. Pero vaya, necesitas algo más atrevido, y más dulce. No eres una adolescente intentando llamar la atención, ¿o sí?

Reprimiste una palabrota. En su lugar negaste con la cabeza y las dejaste hacer, aunque les diste un manotazo cuando intentaron quitarte la ropa interior.

- Tú misma -dijeron al unísono con cierta indiferencia, y continuaron a lo suyo.

Para cuando terminaron llevabas un conjunto de dos piezas -camisa y falda- no demasiado ajustado pero sí muy revelador de color azul a grandes cuadros, con escote de botonadura y cuello simple. Los zapatos eran de tacón no muy alto, pero azules y puntiagudos, y te habían dejado una diadema con lacito azul a media cabeza. Te diste una vuelta en el espejo y pudiste observar que, efectivamente, deberías haberles dejado cambiarte el sostén.

- Y... ¿Me lo puedo quedar? -preguntaste, con cierta vergüenza.
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Mensaje por Surya Mar 31 Ago 2021 - 11:49

Surya no tenía muy clara la diferencia entre el cuero y la licra, pero no iba a cuestionar la petición de Alice. Durante un instante creyó que Ellanora iba a replicar, pero al final resultó que solo estaba haciéndose la dura. Incluso aceptó a bajarlos a todos de las cruces y en cuestión de segundos un par de travestis se llevaron los aparejos de medición de las manos de Surya. Empezaron también a medir de nuevo a Tom, que parecía algo incómodo. El ángel se acercó a los okamas, preocupado.

-¿Mis medidas estaban mal?

Una okama vestida en lentejuelas rosas y una enorme peluca rubia se dio la vuelta, no azotándole con el pelo de milagro, para mirarle de arriba abajo con bastante mala leche.

-A ver, cielo. No es que estén mal, es que no son lo suficientemente… ¡exactas!

Se fijo en cómo las estaban tomando las otras. Se aseguraban de poner las cintas y reglas directamente contra la piel de Tom, para anotar cada curva y recoveco. Un escalofrío le recorrió mientras miraba al hombre con algo de pena. Normal que estuviera incómodo, pero si era lo que había que hacer para tener un buen traje… al final resolvió agarrarle la mano para hacerle compañía y durante un par de segundos ninguno habló, aguardando ambos a que pasara lo peor. De repente, sin embargo, uno de los okamas agarró el brazo de Surya.

-E-espera, espera, ¿yo también?

La okama frunció el ceño.- Pero claro cielito.- Señaló a lo lejos.- Incluso vuestra capitana ha tomado la buena decisión de dejarnos. Esta faldita te sienta bien, pero estarás mucho mejor con un pantalón ajustadito.- Se relamió mientras lo decía y continuó tomando medidas sin importarle la expresión del ángel, tan incómodo ahora como el marinero.

Al final, sin embargo, no fue capaz de replicar. Era cierto que a lo lejos Alice estaba dejando que la vistieran y si todos sus hombres habían pasado por eso él no podía escaquearse. Cerró los ojos y dejó que terminaran de hacer su trabajo. La idea de llevar ropas ajustadas no acababa de convencerle, pero seguía siendo un regalo y una muda extra de ropa. No podía ser tan malo.

Al final les dejaron a su aire y en poco tiempo todos los marineros se reunieron a los pies de una de las cruces, agotados y un tanto temblorosos. Incluso Kirk le puso una mano en el hombro a Surya para preguntarle si estaba bien. Otro de los hombres sacó de algún sitio incierto una botella de ron y fue pasando de mano en mano alegrando a todos los presentes. El ángel le dio tan solo un sorbito antes de que las okamas regresaran cargadas de tela y sonrisas un tanto macabras.

Sucedió rápido. Se les lanzaron encima como una jauría de leonas y no pudieron evitar chillar todos, a cada cual más agudo. No podían escapar y lo sabían. Los restos de tela volaron, más de un pantalón fue arrancado y, al final, lograron vestirles a todos.

Se miró en el espejo que habían traído, maravillado. El vestido de su hermana le quedaba bien, pero el traje blanco que le habían traído… era otro nivel. Se ajustaba a su cuerpo con inquietante precisión, habían dejado espacio para que pudiera extender sus alas confortablemente y era tan ligero que casi no lo notaba al caminar. No tardó en ir a buscar a la capitana para enseñarle el nuevo modelito y, de paso, felicitarla por el suyo:

-¡Alice! Es precioso.- dijo con una sonrisa, antes de abrir los brazos para presumir de traje. Era el primero que se ponía, por lo menos el primero tan tradicional.- Al final resulta que tenían buenas intenciones. ¡Son increíbles!
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 1 Sep 2021 - 0:20

Ellanora se llevó una mano al mentón, fingiendo pensar mientras se acariciaba la barbilla. Emitía una suerte de vahído constante, aunque finalmente miró hacia ti y asintió con una sonrisa.

- Pues claro churri, ¡si estás divina! Además, ¿a quién de estas locas va a quedarle bien tu talla? ¡Si eres diminuta!

No supiste si debías sentirte complacida por el halago u ofendida, aunque dado que te estaban haciendo un regalo un grupo de bienintencionadas travestis optaste por tomarlo como un cumplido. Tal vez había sido torpe y meterse con tu altura estaba regular, pero ellas no conocían tu enfermedad y resultaba difícil imaginárselo antes de que sonase el primer crujido. Aunque claro, teniendo en cuenta que contigo sí habían tenido suma delicadeza, quizá sí se habían dado cuenta. Aunque te inclinabas a pensar que más bien no se sentían atraídas hacia ti. Lo cual tenía sentido dado que eras una chica, a fin de cuentas.

- ¿Y podrías...? -Te sabía mal pedirlo, pero antes de que pudieses completar la pregunta tus pechos estaban al descubierto y un conjunto de lencería se acercaba hacia ti al mismo tiempo que Surya llegaba.

Espera, ¿qué?

Soltaste un chillido agudo mientras te cubrías como podías, casi ocultándote detrás de Ellanora mientras terminabas tú misma de ponerte la parte de arriba -la braguita era mona, pero no ibas a cambiártela en ese momento-. ¿Por qué ese maldito ángel tenía el don de la oportunidad para aparecer en situaciones embarazosas?

Respiraste un par de veces tras asegurarte de que estaba todo en su sitio -también de que tus mejillas no estaban tan coloreadas como sentías- y saliste de tu improvisado refugio entre los musculosos trapecios de la travesti, que parecía bastante solidaria en ese aspecto y estaba matando con la mirada a Surya, como si lo llamase pervertido en silencio. Irónico, en cierto modo.

- Te queda bien -dijiste, algo temblorosa. Con una mano aún sentías el impulso de cubrirte el escote-. ¿Te lo han hecho ellas tan deprisa? Woao.

Si hubieses sido más alta habrías tomado su mano para hacerlo dar una vuelta sobre sí mismo, pero entre que no estabas para eso y que sus alas parecían demasiado peligrosas, tan solo gesticulaste con el dedo para indicarle que rotara sobre sí mismo. Surya era un hombre muy guapo, pero era normal: Era un ángel. No concebías que en el reino celestial hubiese nada feo, a decir verdad.

- Si el tuyo es así... ¿Cómo será el de Bill? -preguntaste-. Quiero decir, el de los demás -corregiste.

Sin embargo no tuviste mucho tiempo para imaginar cómo quedaría la licra ajustada alrededor del cuerpo larguirucho de Morrison porque la música se detuvo de golpe. Antes de daros cuenta, la fiesta había sido invadida por lo único que resultaba más llamativo que una ciudad llena de okamas: Piratas con aspecto piratil: Llevaban pañuelo en la cabeza, chaleco e cuero y pantalones hasta media pantorrilla muy desgastados. Algunos llevaban camisetas a rayas horizontales, mientras otros vestían blusas con chorrera y chaquetones. Las travestis huían, por regla general, poniendo pies en polvorosa, y si bien Ellanora no dio un paso atrás se veía que la situación la superaba enormemente.

- Esta isla está bajo la protección de la gallina esa -dijo-. Debe haberle pasado algo, no es normal que se atrevan a asaltar nuestro hogar.

No tardó en llegar el último actor de la velada: Con no mucho estilo y nariz de gancho, tres loros en cada hombro y una feísima gabardina verde lima coronada por un tricornio negro decorado de una calavera orbitada por planetas. Habría sido de esperar que llegase a paso calmado, diese un discurso o algo así, pero lo cierto era que destacaba por estar dando las órdenes mientras se movía a toda velocidad de un lado a otro, tratando de arrasar aquello que viese.

- ¡Shuri! -exclamaste. Habías oído a alguien llamarlo así. Esperabas que no le molestase-. Electrocuta a ese.

Tú mientras tanto comenzaste a avanzar a paso ligero dejando los zapatos atrás. Desenvainaste dos cuchillos y te metiste de lleno en la avalancha de piratas. ¿El plan? Conseguir un sable o dos y matarlos a todos. Ah, y cerrar los ojos si salpicaba. Odiabas cuando salpicaba.
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Mensaje por Surya Miér 1 Sep 2021 - 21:51

Tardó un segundo en procesar lo que acababa de ocurrir. Vio un destello de algo rosa y lo siguiente que supo fue que Alice estaba chillando, parapetada detrás de un enorme okama que le estaba mirando francamente mal.

Se puso colorado, más por la reacción de Alice y la mirada acusatoria del okama que porque estuviera avergonzado. Solo había visto… oh, bueno. Entendía que ella lo estuviera. Había sido un mal momento para llegar, pero no esperaba que estuvieran a medio desnudarla. Por suerte, en seguida salió de detrás del okama, ya con toda la ropa en su sitio y considerablemente menos alterada. Menos mal, no parecía enfadada. Ahora podía halagarla con sinceridad, porque lo cierto es que el conjunto que habían hecho para ella era francamente bonito.

Todavía estaba algo colorado, pero se alegró de saber que a Alice le gustaba su traje. Estaba particularmente orgulloso de cómo le quedaba, aunque él no hubiera participado en el proceso de creación. Solo se había dejado hacer, pero dadas las circunstancias… ya bastante había hecho. Dio una vuelta como Alice le había pedido, haciendo posturitas y presumiendo. La parte mala fue que no llegó a terminarla.

Cuando iba por la mitad de su pavoneo, la música se detuvo de golpe. Poco a poco, empezaron a llegar los piratas y lo que al principio era un goteo extraño se convirtió en una inundación de criminales que hacían huir a los okamas. Estaban arrasando todo aquello que veían, habían atrapado al DJ y la fiesta se había ido a pique. Incluso Ellanora estaba preocupada y antes de que Surya pudiera procesar lo que estaba viendo, Alice le había dicho lo que tenía que hacer.

Localizó al hombre que le señalaba en seguida. Entre los loros y la extraña calavera rodeada de planetas que llevaba, era imposible perderle de vista. ¿Electrocutarle? Se miró las manos, preocupado. No sabía si podía. Nunca lo había hecho a posta, no para hacer daño a nadie. Pero tenían que proteger a toda esa gente, era lo que habían venido a hacer.

Se giró hacia Alice y asintió con determinación. Le había llamado Shuri y era la primera vez que la chica utilizaba su apodo. Era un momento importante, no podía defraudarla. Alzó el vuelto y agarró su sable, fue hasta el hombre y trató de atacarle por la espalda. No logró pillarle por sorpresa, pero sí esquivar su espada y ponerle la mano en el hombro. Cerró los ojos un segundo y se concentró. Para su sorpresa, hubo un fogonazo. Surya sonrió de oreja a oreja, orgulloso, antes de darse cuenta de que el hombre seguía en pie. Logró desviar la espada de milagro, pero no antes de que hiciera sangre en su brazo. Se llevó la mano a la herida y retrocedió, intentando entender lo que había pasado.

El pirata se movió, profiriendo toda clase de improperios y acercándose a él sin dejar de dar órdenes a sus hombres. Le dolía el brazo, era obvio. Lo tenía inutilizado y la única pena era que no fuera el del arma.

Retrocedió algo más, tratando de ganar tiempo y espacio. Tenía que llegar al otro. Si lograba dejarle sin brazos funcionales, podrían apresarle. Estaba seguro de que un hombre como él… tenía que valer mucho.
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Mensaje por Alice Wanderlust Jue 2 Sep 2021 - 1:31

Surya era un ángel. Uno de los grandes, si te dejabas guiar por su tamaño. Tenía las alas más lustrosas que jamás habías visto, y si el rayo celestial era el poder divino por excelencia, que tu ángel de la guardia lo poseyese solo indicaba que era uno de los más temibles entre las filas del reino de los cielos. Por eso lo lógico era que fuese él quien se enfrentase al capitán pirata mientras tú tratabas de hacerte un hueco entre sus filas para facilitarle la tarea.

Por supuesto, no esperabas que te obedeciese. Las leyes de los ángeles distaban mucho de ser las de nuestro mundo, y estabas casi convencida de que él solo te cuidaría. Pedirle que se ocupara de uno de los desafíos que el destino había interpuesto en tu camino era, en cierto modo, hacer trampas. Sin embargo, también esperabas que si eso sucedía te advirtiese de que no podía acceder a tu petición. Que se abalanzase sobre el pirata sin dudarlo era algo que en cierto modo te hacía sentir bien, y si bien no esperabas que lo matase, sabías que podría dejarlo de combate.

- ¡Mírame a mí! -exclamó uno de los tunantes entre los que te habías metido.

Descargó un tajo que casi te dio, pero a cambio una delicada línea se abrió desde el dorso de su mano hasta la mitad de su antebrazo, separándole el pulgar del resto de la mano. Antes de que las primeras gotas de sangre comenzasen a manchar la espada recta -habrías preferido un sable, pero tendrías que apañar- conseguiste quitársela.

Uno de los problemas fundamentales que poseían las espadas rectas era que estaban hechas para funcionar en múltiples variables. Debían bloquear, desviar, rajar o apuñalar según la necesidad del espadachín. Eso hacía que para alguien que giraba, exclusivamente rajando cuando algo se interponía en su camino, la hoja resultase poco aerodinámica. Y menos velocidad implicaba ejercer más fuerza, con esta venía más normal y...

- ¡Joder! -Te vibraron los brazos al impactar en uno que había ido corriendo a por ti. Por suerte no se rompieron, pero el dolor fue tan intenso que se te dibujó una sonrisa inmediata-. ¡Muere, hijo de puta!

Extrajiste el arma de un tirón y lo ensartaste por el pecho. Se deslizó como si su carne fuese mantequilla, y salió perfecto a gran velocidad para frenar el hacha de un compañero bastante furioso. Aún algo aturullada, miraste hacia los lados. Estaban empezando a rodearte, necesitabas hacer algo cuanto antes.

Aprovechaste el momento para pegarte al hombre del hacha. Una mujer ruda debía dejarlo ko de un cabezazo, pero siendo realistas no era la mejor de las ideas. En su lugar agarraste el mango del hacha y dejaste de presionar con la hoja, haciendo que cayese sobre ti. Aprovechando su inercia rodaste y te levantaste sobre su cuerpo magullado con tus pies descalzos, degollándolo antes de que pudiese moverse y, con la espada entre tus manos, te pusiste en guardia.

Al final te iba a gustar la hoja recta y todo.
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Mensaje por Surya Vie 3 Sep 2021 - 10:52

Por el rabillo del ojo vio a Alice yendo hacia él, pero en seguida uno de los piratas se interpuso entre ambos. El ángel apretó los dientes, frustrado. Saltó a un lado justo a tiempo para evitar un nuevo embite por parte del capitán, que se estaba riendo.

-Qué ocurre, ¿preocupado por la chiquilla? ¡Tu problema es conmigo, pajarraco! ¡No deberías haberte metido en una pelea que no puedes ganar!

Quizá el hombre tuviera razón, Surya lo sabía. No tenía mucha experiencia en combate y solo por su postura y la forma en que se inclinaba hacia delante sabía que el pirata le sacaba no poca ventaja en ese aspecto. Reprimió un escalofrío. Casi parecía emocionado ante el hecho de ensartarle con su espada. Pero no podía consentirlo. Sin pensarlo demasiado, se lanzó hacia delante y los aceros se cruzaron una vez más.

-¡Entonces tú no deberías ir por ahí arrasando todo lo que veas! ¡Esta gente es inocente!

El pirata pareció genuinamente confuso por un momento y, sin dejar de hacer fuerza contra la espada de Surya, hizo un gesto con la otra mano señalándole… bueno, todo Momoiro.

-¿De veras? ¿Los okamas? Qué te pasa pajarraco, ¿tú también quieres maquillarte? Jeje, ¿quizá tienes una novia por aquí perdida?

Del cabreo, logró empujarle hacia atrás y deshacerse de él por un momento. Le oyó murmurar algo acerca de haber dado en el clavo, pero no pudo hacer mucho más porque fue a dar contra el pecho de Ellanora, que no tardó en cerrar sus pinzas alrededor del maleante.

-¡Rápido, Shuri!

No era momento para bromas, podía ver la preocupación de Ella en sus ojos. Ella no tenía armas y era cuestión de segundos que el pirata tratase de cortarle un brazo o algo peor. De momento estaba confuso, pero el ángel no le dio tiempo a reaccionar. Entrando en pánico arrojó su espada al suelo y agitó la mano todavía a un par de metros del pirata, cerrando los ojos y pensando solo en lo importante que era detener a ese hombre. ¡Estaba acabando con la isla, tenían que frenarle o toda esa gente…!

Abrió los ojos. Jadeaba y estaba sudando. Frente a él, el pirata estaba en el suelo y Ellanora se había apartado de un salto. Parecía asustada, pero ilesa. Se alejó un poco más mientras Surya se acercaba y levantaba al hombre con el ceño fruncido. Había notado un haz de luz pero, exactamente, ¿qué había hecho?

Vio la marca en su pecho. Una herida ya cauterizada que le atravesaba de hombro a cadera y todavía humeaba un poco. No estaba muerto, pero desde luego la sorpresa y el dolor habían sido suficientes como para dejarle fuera de combate. Se permitió sonreír un segundo antes de pedirle a Ellanora algo para atarle. De la nada, aparentemente, le tendió un par de esposas con pompones rosas. Sin hacer preguntas, el ángel arrestó al pirata.

-Llevadlo a nuestro barco, por favor. Tengo… tengo que buscar a Alice.

Se levantó, todavía un poco temblequeante, y miró a su alrededor. Sabía que un pirata se había interpuesto entre ambos, pero seguro que ella le había dado no poca pelea. ¿Dónde podían estar?
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 5 Sep 2021 - 10:52

De pronto todo estaba sucediendo demasiado deprisa. Rodeada, pero a una distancia más o menos prudencial -tu brazo más la hoja, aproximadamente-, realizabas barridos que buscaban el abdomen de cada enemigo mientras buscabas el hueco en el que uno de ellos retrocedía. Si bien trataban de frenarte y hacer acercamientos más bien peligrosos, eran poco más que palurdos con un arma demasiado cara. Sí, algunos eran capaces de detener tus giros, pero rotabas hacia el otro lado y abrías otro hueco en un vals sangriento que empezaba a cansarte. La hoja estaba roja y la sangre salpicaba por todas partes, manchándote hasta la ropa -aunque en el fondo agradecías que fuese el modelito de regalo y no tu otra ropa, resultaba desagradable-.

- ¡Parad ya, joder! -gritaste-. ¡Dejadme salir!

Tenías que hacer algo deprisa. Tratabas de acercarte a uno de los bordes de la marea para afrontarla de frente, pero tu rumbo errático retrasaba -y con mucho- tu salida. Hasta que un destello deslumbrante surgió y rugió el trueno. Nunca habías escuchado uno tan de cerca, pero los demás tampoco. Aprovechaste la oportunidad cortando la cabeza de uno sin dudarlo y, haciendo un esfuerzo por ignorar el chorro de sangre, corriste para ensartar al siguiente. El espacio frente a ti comenzó a abrirse a medida que a tu espalda se cerraba. Podías ver ya el final, un final que llegó pronto, pero con mucho dolor.

Habías corrido con demasiado ímpetu, atacado con demasiada fuerza y tus huesos se lamentaban por ello. Por la sensación imaginabas que probablemente hubieras fisurado tu talón en un salto no demasiado controlado mientras que tu muñeca parecía haberse desencajado, o al menos se sentía así. Por suerte o por desgracia no se trataba de eso: Tu cuerpo había absorbido los impactos, claro, y estos se habían magnificado en la oscuridad. Sin embargo, estabas perfectamente. No lo sabías, claro, pero al menos yo confiaba en que accidentalmente pisases con firmeza una vez más para darte cuenta de que, en efecto, tu cuerpo estaba en perfectas condiciones. Dentro de lo que cabía.

Con una sonrisa casi distorsionada volviste a ponerte en guardia, pero observaste cómo la mayoría de piratas -cerca de una treintena- se marchaban corriendo en busca de otros objetivos. A lo lejos divisabas que debía haber más de un centenar, pero frente a ti solo había quedado uno. Este tiró el arma al suelo y se arrodilló, con las manos en alto.

- Está bien, me rindo -dijo con tono tranquilo-. No me pagan lo suficiente como para unirme a esos tres. -Hizo un gesto hacia los cadáveres que habías dejado.

- ¿Tienes recompensa sobre tu cabeza? -preguntaste.

- Sí, unos...

Le pusiste la hoja contra el cuello. Seguía tranquilo.

- No te he preguntado cuánto vales. No me interesa -dijiste-. No soy una pirata, no voy a contratarte. Pero acabas de ascender a capitán de esa marabunta. Ahora, detenlos.

Sabías bien que de poco valía detener al hortera del sombrero -de eso se había encargado Surya- si la marea de criminales no cejaba en su empeño de arrasar Momoiro.

- No creo que me hagan caso -contestó-. El viejo Pat es capitán de nuestro barco, sí, pero seguimos órdenes de la almirante Kepler.

Frunciste el ceño.

- Entonces también vas a enviarle un mensaje a esa tal Kepler.
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Mensaje por Surya Dom 5 Sep 2021 - 13:35

Le costó un poco encontrar a Alice. Había muchos piratas, más de los que había visto nunca juntos en un mismo lugar. Se contaban por decenas, si no centenares y estaban desastrando toda la isla. Había gritos en el aire y cuerpos en el suelo y su pobre tripulación no podía hacer mucho más que defenderse. Sintió impotencia, pero sintió más miedo cuando tras unos segundos de mirar a su alrededor no fue capaz de ver a Alice. ¿Dónde estaba? Antes de la pelea estaba muy cerca, pero le habían distraído y ahora…

Alzó el vuelo, preocupado. Quizá desde arriba podría ver mejor. Había varios grupos de piratas cebándose con okamas, pero si se metía entre ellos tardaría más en buscar a la joven cazadora y nada le aseguraba que fuera a salir ileso de la pelea. Todavía le sangraba el brazo y estaba no poco cansado.

Al final, la encontró. Estaba envuelta en piratas y al principio creyó haberse equivocado. Estaban tan cerca que desde arriba solo se veía un retazo de su pelo rubio de vez en cuando. Pero siguió su corazonada y se acercó, justo a tiempo de ver cómo la marabunta de piratas salía corriendo en todas direcciones para asistir a sus compañeros y… escapar de ella. El ángel tragó saliva al ver los cuerpos en el suelo y toda la sangre en Alice. No era suya, estaba seguro. También francamente intimidado. El único hombre que había quedado no había dudado en rendirse, lo cual era a todas luces una decisión lógica. Aterrizó al lado de ambos  a tiempo para oírle mencionar a la almirante Kepler. Esperó para hablar; no quería interrumpirles. Frunció el ceño tratando de no mirar a los cadáveres que tenían a los pies.

Era un problema. Había al menos un centenar largo de hombres todavía campando a sus anchas, destrozando cada cosa que veían. Si no les detenían pronto, no quedaría Momoiro que salvar.

-¿Cuáles fueron las órdenes exactamente? Y si no tu capitán, ¿quién más se comunica con Kepler? ¿Quiénes de vosotros pueden controlar a los demás?

No creía que hubiera una respuesta tan sencilla, pero no perdía nada por preguntar. No creía que esa tal Kepler se tomara el trabajo de hablar con tantos hombres, pero no sería extraño que tuviera un segundo contacto en caso de que al capitán le pasara algo malo.

-Quizá podamos falsificar un comunicado…

Lo dijo bajito, para que solo Alice le oyera. Si podían hacerles creer que Kepler había quedado satisfecha con los daños, esa gente se marcharía. Tan solo esperaba que saliera bien.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 7 Sep 2021 - 12:26

En vez de contestar, el pirata sonrió con frialdad. Seguía tranquilo, desafiante incluso, y empezaba a molestarte. Ni siquiera ante una carita angelical como la de Surya debería poder hacerse el valiente teniendo una espada en el cuello, pero empezabas a pensar que no habría tenido tantos problemas en enfrentarse a ti como su rendición te había hecho suponer. Cabía la posibilidad de que se estuviese riendo de vosotros.

- Nadie puede, ¿verdad? -preguntaste, y él asintió-. Son hombres fieles y leales, aguerridos hombres de mar que solo hacen caso a su capitán. -Volvió a asentir-. Y si se van sin cumplir las órdenes les espera un destino peor a cualquier cosa que podamos haceros, ¿verdad?

- Más o menos -comentó, encogiéndose de hombros-. Pero así es la vida pirata. Lujo y desenfreno hasta el final, que no suele demorarse mucho.

Suspiraste, afligida. Si no podías controlarlos de alguna forma tendrías que infundir más miedo que la tal Kepler, lo cual parecía complicado sin provocar una masacre -masacre que, por otra banda, era difícil que pudieseis realizar entre dos-. Frenar la marabunta resultaría casi imposible si no encontrabais alguna forma de atraer su atención para que dejasen de saquear. Sin embargo, había otra forma.

- Surya, ¿Cuánto crees que habrá en el barco de esta gente? -preguntaste-. Si caben más de cien personas debe tener una bodega llena de comida y bebida. A lo mejor también tienen oro. ¿Crees que podríamos...? Ya sabes, ¿quemárselo? ¿Qué podría pasar?

El muchacho tragó saliva. De pronto, su corteza de tío duro empezaba a dejar expuesto al cachorrito.

- Que la Almirante os destruiría.

- Qué mono eres, pero no te preocupes por mí. Preocúpate por ti... Y porque tienes cinco minutos para conseguir que tus compañeros obedezcan y se retiren antes de que pases semanas acosado por travestis antes de que llegue tu amada almirante a... -Sonreíste malévolamente-. A salvarte, ¿no?

Miraste a Surya.

- Dile qué tiene qué decir; a ti se te da mejor hacer amigos. Y... -Un cuerno sonó en la lejanía, y de una loma pudisteis ver una veintena de jinetes montadas en enormes animales rosas, desde unicornios hasta leones. Las okamas que los dirigían llevaban reveladoras armaduras de distintos colores chillones -salvo una que llevaba un ajustado mono de cuero negro muy brillante-. Y esto no me lo esperaba.
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Mensaje por Surya Miér 8 Sep 2021 - 10:12

Incluso entre los cadáveres de sus compañeros y con la espada de Alice todavía ensangrentada y en su cuello, el hombre no parecía asustado. La vida del pirata, aclaró. Surya no podía entender los atractivos de vivir así. Aventura y mundos nuevos desde luego, pero tanta violencia y miedo a las represalias de no obedecer… sin duda era demasiado.

Al escuchar a Alice asintió y concrentrándose un poco hizo aparecer un diminuto rayo que bailó en su mano. El ángel sonrió. Todavía estaba cansado, pero empezaba a cogerle el truco.

-Claro. Ardería fácilmente. Las okamas estarían pescando monedas del fondo del mar durante meses, estoy seguro.

Desconocía la fama de la Almirante de ese hombre, pero empezaba a darle pena. Lo que los asesinatos de Alice no habían conseguido lo había hecho en segundos la promesa de que iría a por ellos. Temible se quedaba corto.

Estaba jugueteando con el rayo todavía, pensando en qué hacer exactamente, cuando oyó un extraño sonido y de repente, los okamas se lanzaron al ataque. Tan solo eran una veintena, pero iban montadas en todo tipo de bestias y había tal ferocidad en sus rostros que, al menos de momento, ningún pirata osaba acercárseles. Mala suerte, porque claramente lo que querían era acabar con ellos y en su lugar parecían estar pastoreándoles de mala manera. Sin embargo, era algo bueno. Reforzaría la lección.

-Ven conmigo.

Agarró con el brazo bueno al hombre por la cintura y de un poderoso aletazo echó a volar. Pesaba mucho, desde luego más que Alice y con el otro brazo todavía herido su vuelo era más accidentado que otra cosa. Sin embargo, logró llegar a su objetivo: el mascarón de proa del barco pirata. Lo cierto es que el enorme galeón era imponente. A su lado, el barco que compartía con Alice y el resto de marineros parecía de juguete.

Surya se agachó. El mascarón de esa gente era una especie de chica con largo pelo y el brazo extendido. Era bastante bonito; por todo el vestido había dibujos de lunas. Sin pensarlo demasiado, agarró el brazo extendido y tiró hasta romperlo. Lo sujetó en una mano mientras volvía a invocar el rayo en la otra. Brillaba, pero todavía no atraía las miradas. Se giró hacia el pirata.

-Creo que sabes lo que tienes que hacer. A mí no me apetece tampoco dejaros aquí; esta tierra no es vuestra. Pero si no me das más opción, no tendré problema en reducir este barco a cenizas. Os lo habéis ganado de sobra. Ahora, llama a tus hombres. Explícales el problema.

Costó un poco. Estaban bastante altos y aunque el hombre se puso a gritar, su voz no llegaba muy lejos. Sin embargo, fue suficiente con que un par de piratas de los más cercanos vieran la imagen. Al ver al ángel con la madera y el rayo y la cara de pánico del otro… no tardaron demasiado en atar dos más dos. Poco a poco, fueron corriendo la voz. Aquellos piratas que estaban escapando de las amazonas okamas escoraron para ir volviendo al barco y como una enorme piara de cerdos, empezaron a entrar de vuelta de donde habían salido.

Surya sonrió de oreja a oreja y llevándose el brazo de madera volvió con Alice.

-Esa ha sido una muy buena idea. ¿A ti te suena de algo esa Kepler?
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 8 Sep 2021 - 11:21

Algunas de las okamas observaban el horizonte desde sus monturas con gesto solemne. Algunas cuchicheaban con tono agudo señalando a piratas que les parecían "una monada" -la verdad es que cuchicheaban a gritos-, y la de cuero, que parecía liderar la escuadra, volvió a hacer sonar el cuerno para llamar la atención de todos.

- ¡Fridah! -exclamó Ellanora, emocionada-. ¡Al final has venido a la party!

- ¡He oído que hay por aquí chicos muy traviesos! -gritó, con una sonrisa tan pícara que te hizo sentir sucia-. ¡Nosotras también queremos jugar!

Cargaron entonces sobre sus animales de colores fantasía, dando pellizcos en el traseros y patadas indecorosas allá donde alcanzaban carne. Los piratas huían despavoridos infructuosamente, incapaces de escapar totalmente de la libido okama pero correteando creyendo que la fuerza del número los salvaría de una forma u otra. No parecían haber acertado, pero a medida que trataban de alcanzarlos estos cambiaban de rumbo y más que atraparlos solo conseguían guiarlos hacia un lugar que todavía ni siquiera ellas mismas parecían saber cuál era.

Por su parte, Surya tenía una muy mala costumbre. Su cuerpo no estaba atado al suelo, por lo que era habitual en él abarcar largas distancias por el aire a velocidades que difícilmente podrían acortarse caminando. En realidad, Surya tenía dos malas costumbres: La segunda era que solía llevarse a un invitado consigo sin pedirle permiso primero. Bueno, sumábamos tres entonces porque también parecía ser la norma cuando se iba de golpe dejándote en tierra. Y tú poco más podías hacer en esos momentos aparte de quedarte de brazos cruzados mientras esperabas el regreso de tu ángel limpiando la espada. También te alejaste de los cadáveres un poco, te estaban empezando a dar asquete.

Cuando Surya volvió estabas descansando tu cuerpo sobre una roca de color verde lima mientras veías la marabunta correr hacia el barco. Igual que hormigas, al principio un par de adelantados habían sido los encargados de avisar, para más adelante ir uniéndoseles toda la marea deprisa hacia el barco, salvo un par de rezagados atrapados por los travestis que estaban ahora siendo "reacondicionados" para encajar mejor con el lugar.

- Así que de esa forma nacen las okamas. -Suspiraste-. Es el milagro de la vida.

La pregunta de Surya resonó en tu cabeza. Lo cierto era que no tenías ni la menor idea de quién podía ser esa mujer, pero había sido mencionada alguna vez más aparte de en las misiones que llegaban con el periódico; te sonaba algo del Nuevo Mundo, y de la guerra de Hallstat...

- Ni idea, pero es un pez muy gordo. Quiero pescarlo.
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