El Juicio final

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El espectáculo debe continuar [Misión Común - Paraíso]

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Mensaje por Narrador OPD Sáb 21 Ago 2021 - 10:51

Contratante: Beigna Contrell, Líder de Las Garras Danzarinas

Descripción de la misión: ¡Necesito ayuda! Nuestro grupo rival, Los Fierce Paws, nos han robado nuestros trajes de baile. Ni siquiera les sirven, solo quieren evitar que participemos en el concurso de esta noche. Necesitamos que los traigáis de vuelta.

Objetivo secundario: Si nos ayudáis a ganar el concurso, nos repartiremos la recompensa.

Recompensa: Una técnica especial de baile cortesía de las Garras Danzarinas.

Recompensa por objetivo secundario: Dos millones de berries a cada participante.
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Mensaje por Thymo Bandle Mar 9 Nov 2021 - 12:59

Los enanos llegaron a la isla en el preciso instante en el que se anunciaban los espectáculos del día. A la salida de la zona portuaria, donde todos los visitantes sin excepción pasarían, un hombre con un impresionante bigote, pero totalmente calvo, regordete y sudoroso, a grito pelado, promocionaba las fiestas.
La vida de los pequeños Bandle estaba siendo una fiesta, y es que la vida como actores era lo que tenía. Visitar las ciudades durante sus festividades, como aquella donde rescataron una perrita, era su especialidad. Al menos eso pensaban, al margen de que la ruta del barco de actores en el que viajaban desde Mirrorball estuviera preparada con antelación.

Entre otras muchas cosas, los enanos tenían la posibilidad de acudir a un espectáculo circense, pero recordando su ultima experiencia en un circo, decidieron dejar pasar un poco más de tiempo. Además, la ultima vez les había ido muy bien con un bailarín y algo les decía que debían priorizar el concurso de baile. Además, quizá tuviesen oportunidad de mostrar su técnica de baile. La que el mismo Marc les había enseñado, y dejar a todos atónitos.

Si había algo que caracterizaba los Bandle, era la impaciencia. Cuando algo se les metía en la cabeza, era más fácil hacer salir el sol por el norte que hacerles cambiar de opinión. Sobre todo si ambos estaban en la misma linea de pensamiento, lo que ocurría todo el tiempo. Por lo que transformándose en forma de vuelo, su forma completa de escarabajo, cargó a su hermanita y se elevaron en el aire con la velocidad habitual, hasta alcanzar la altura suficiente como para observar casi toda la ciudad. Las alargadas sombras de las primeras horas de la mañana cubrían los edificios más bajos y mantendrían una temperatura fría hasta bien entrada la mañana, por lo que mucha gente aun vestía ropa de abrigo por las atestadas calles cercanas al puerto. Los mellizos podrían simplemente haber esquivado a toda esas personas sin ser vistos siquiera, pero era un ejercicio que no necesitaban realizar. Además, desde las alturas, podían observar como la luz recortaba terreno a las sombras poco a poco y localizar su destino con mayor facilidad. El gran anfiteatro.
Anfiteatro:
El espectáculo debe continuar [Misión Común - Paraíso] Teatro10
Una gran excavación en forma de semicono, con millares de sillas colocadas estratégicamente para que el publico pueda observar el espectáculo desde cualquier ángulo, los esperaba. Al fondo, recortando el cono, una vieja construcción que formaba parte de la sección original del primer teatro de la ciudad, servía de escenario.
Reconvertido con los años, pero siempre cumpliendo su función de entretener a cuanta más gente mejor.

La posición ventajosa de los pequeños los permitió observar la miríada de pequeñas tiendas que se desplegaban tras el anfiteatro. Como un campo de telas de colores, los participantes en los espectáculos; bailarines, cantantes, poetas y actores. Venidos de muy lejos, pasaban sus horas libres ensayando y descansando cerca del escenario. Superstición muy común entre artistas del método que piensan que permanecer cerca del escenario tanto como les fuera posible, los ayuda a conectar con el lugar de la actuación.
Con la sensación de haber regresado a casa, Thymo comenzó a descender en dirección al campamento de artistas.

Las alturas y el tamaño de los enanos propiciaron que pudieran observar como un grupo de cuatro individuos se movían de tienda en tienda, aprovechando las coberturas y las sombras para pasar inadvertidos entre los grupos que ensayaban diferentes actos. El grupo desapareció con éxito aparente tras una cortina que servia de separación entre zonas del campamento sin levantar las sospechas de nadie, ni siquiera de los mellizos, que pensaban, era una “performance” más.
Al acercarse más a tierra, los aromas de comidas completamente dispares llenaron la percepción del enano, que sin darse cuenta había virado en dirección a las salchichas cuando escucho un desesperado grito de mujer.

Una simple mirada hacia atrás bastó para cerciorarse que su hermana pensaba lo mismo. Aquello era demasiado “realista” para ser una simple actuación. Ellos habían conocido muchos actores y los habían visto actuando muchas veces. Y su instinto pocas veces se equivocaba.
Dos mujeres lloraban de rabia sobre un cofre, en una de las tiendas. Pronto otros dos chicos se acercaron a ellas corriendo al oír los lamentos -Solo me giré un momento- aseguraba una de ellas -Putos Fierce Paws- exclamaba otro -¿Por que nos sabotean todos los años?- se lamentaba la otra, que había cambiado la rabia por la impotencia.

Los enanos escucharon toda la conversación conscientes de que el grupo no estaba actuando, sino pasando un mal momento. Un mal momento como el bueno de Marc, despertando los recuerdos de sus aventuras en San Faldo, lo que los hizo sentirse obligados a ayudar a los humanos en honor a su amigo.º
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Mensaje por Thyma Bandle Mar 9 Nov 2021 - 16:16

La bienvenida a la isla no pudo ser más oportuna y apropiada para los Bandle. El pregonero festivo, les puso al corriente de todos los actos sin necesidad de salir del propio puerto. La isla tenía un suculento cartel de festejos, lleno de diferentes opciones, pero sin duda la que más les sedujo fue el concurso de baile. La idea de deslumbrar con el paso maestro que les había enseñado Marc entusiasmó a los pequeños. Los mellizos no tardaron en hacer planes y tomaron buena cuenta del lugar y la hora del evento. Todavía faltaba mucho tiempo para que diera comienzo, pero decidieron ir lo antes posible para inscribirse en el concurso. Impacientes, no perdieron más el tiempo. Thymo se convirtió y su hermana se subió a su lomo. -Oye Thym, Tus alas están más bonitas hoy. ¿Verdad?- Le dijo mientras se subía con una sonrisa en la cara. Se agarró con fuerza y juntos alzaron el vuelo.
La ciudad era realmente bonita. Estaba vestida de fiesta y con las primeras luces del día parecía querer despertar un gran día. Los locales, protegidos del frescor de la mañana, comenzaba a atiborrar las calles en un ir y venir. Thyma observaba todo desde las alturas, dejándose guiar por la buena intuición de su hermano. Ella simplemente tenia que disfrutar de las vistas. Y lo hizo. Nada le gustaba más que la decoración de una ciudad de fiesta. Telas de colores, luces y farolillos por todos los lados, no había nada más alegre, bajo su punto de vista. Cambiando la temática, Thyma siempre fue partidaria de adornar las calles, todas las épocas del año, alegrando a los viandantes en su vida cotidiana.

Thymo se oriento a la perfección y no tardaron en llegar al lugar que buscaban. Ante ellos se postraba un monumental anfiteatro que había dado, sin ellos saberlo, cobijo a grandes actores y obras a lo largo de los años. Un lugar cargado de historia y de arte. Habían mantenido y restaurado, conservando su aspecto original unas impresionantes ruinas que hacían de espalda al escenario semicircular. Las gradas, posicionadas en forma ascendente, bordeaban el escenario en una oquedad en el terreno mágica. Allí miles y miles de personas pasaban a lo largo de un año parta disfrutar de los diferentes espectáculos que se exhibían. Era un lugar místico y perfecto para Thyma, que admirando el arte como lo hacía no podía evitar acercarse boquiabierta ante tal monumento.
Decidieron pasar desapercibidos y bordearon las "ruinas". Atraídos por los aromas a comidas locales, accedieron a la parte trasera del escenario. Allí numerosas tiendas ocupaban una explanada. Algunas formaban círculos y emanaban olores a diferentes comidas callejeras. En otras se veía vida de otro tipo, más común. En ese lugar los artistas descansaban, ensayaban y vivían el tiempo que durase las fiestas, hasta de forma errante ir a la siguiente localización que les permitiese desarrollar su arte por un puñado de berries. Thyma llamó la atención de su hermano, para dirigirse a ese lugar. Si había un sitio dónde poder preguntar por el concurso, ese parecía el más indicado. Al fin y al cabo, ellos también eran unos auténticos artistas y sabían relacionarse con sus semejantes.
Al acercarse pudieron ver cuatro pilluelos ensayando un extraño número, Thyma les siguió con la mirada hasta que desaparecieron tras unas cortinas. Casi estaban en el suelo, cuando la pequeña comenzó a salivar con fuerza. El olor a salchichas recién hechas, les alcanzó. Thymo cambió la dirección hacia la carne especiada y, en ese momento, su hermana no podía adorarlo más, pues su tripa había comenzado a rugir con furia. Un grito heló la sangre de los Tontattas, que detuvieron su vuelo. Ambos se miraron, era obvio que ese grito no era actuado, tenia demasiada desolación intrínseca. Como flechas acudieron al lugar del lamento. Allí encontraron a dos mujeres llorando desconsoladas, en torno a un baúl. Agazapados escucharon la conversación que mantuvieron entre ella. Dos chicos jóvenes se acercaron al oírlas y empezaron a consolarlas. Todos parecían enfadados. -¡Vamos!- Le dijo con un gesto a su hermano. Se bajó de su montura y se acercaron a las mujeres. -Perdonad, me llamo Thyma y el es Thymo. Pasábamos por aquí y no hemos podido evitar escucharos. ¿Qué ha pasado?- Preguntó la pequeña con educación y dulzura. Uno de los chicos le entregó un pañuelo a la mujer de pelo azul y se dirigió a los pequeños. Les contó que había un grupo de sus contrincantes que se comportaba como una banda de maleantes. Se dedicaban a robarles el vestuario y venderlo después en los mercados de otras islas. No sacaban gran dinero por ellos, pero a los artistas ambulantes, les costaba mucho reunir lo necesario para adquirir trajes de calidad. Thyma escuchaba el relato con gran tristeza, ella tenía mucho aprecio a sus prendas y no le resultaba ajeno el dolor que esas mujeres sentían. Al terminar, al chico también se le escapaban las lágrimas, no tenían tiempo para agenciarse con unos nuevos antes de la función y esos tipos eran muy peligrosos como para ir tras ellos. La pequeña agradeció al muchacho la confianza de haberles contado lo sucedido, después se acercó a la mujer abrazada al cofre y posó su peluda manita en su pierna. -No llores más señora. Has tenido suerte de que estemos aquí. Nosotros recuperaremos los vestidos. ¿A que si, Thym?- Le dijo con decisión. Al girarse a su hermano, buscó su aprobación. Un Bandle no podía pasar por alto tal tropelía.
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Mensaje por Thymo Bandle Jue 11 Nov 2021 - 14:23

Las palabras de la mujer trajeron a la mente del pequeño recuerdos del rodaje de la película. Un momento concreto en el que las chicas de vestuario habían perdido parte de la ropa seleccionada para la escenografía de la tarde. Ver a esas mujeres al borde del pánico, corriendo de un lado a otro con la mirada desencajada y sudorosas, revolviendo cajas y cajas, telas y ropas hasta que encontraron lo que buscaban. Thymo también recordaba el alivio en sus rostros y lo relajadas y sonrientes que quedaron después de que todo hubiera terminado.

-Si os han robado, es por que os temen como rivales- sentenció el pequeño, que había estado escuchando en silencio mientras los recuerdos pasaban por sus retinas uno tras otro -Os ayudaremos- respondió mirando a su hermana con seguridad en su voz, reafirmando la declaración de la enana. El pequeño no era el mismo tontatta que crecía en Mirrorball. Aventuras recientes habían afilado sus instintos...un poquito. Lo suficiente como para resultarle raro haber visto un grupo tan sibilino, marchando en dirección contraria a la que vinieron los gritos y lamentos.
-¿Me permites?- preguntó a la mujer que seguía apoyada sobre el cofre. Tras abrirlo, el enano se introdujo dentro, y desplegó sus antenas, pues había regresado a su forma normal. Todo receptor sensorial que poseía fue puesto a trabajar dentro del enorme cajón.
Los olores del tejido y el detergente utilizado para su limpieza, el tacto y el gusto de las fibras y retales que aun permanecían en el fondo. Los colores exactos, los patrones exactos. Todo aquello que el pequeño podía oler y observar quedaba retenido en su memoria. Su agudeza visual era suficiente como para capturar el patrón del cosido de las telas. Ninguna imitación podría engañarlo. Pero lo que el pequeño más necesitaba era el aroma. Encontrar el olor del jabón no sería difícil.

-¿Sabéis? Ya ayudamos a Marc en San Faldo. Os ayudaremos a vosotros también- dijo el tontatta sonriendo por primera vez desde que llegó junto a los humanos -Vamos Thyma- dijo mientras adoptaba su forma híbrida y no la de viaje -Volaremos rápido, tapate los ojos y no abras la boca- dijo con cierta sorna, pues Thyma tendía a intentar hablar y a cierta velocidad la sería imposible volver a cerrar la boca. Thymo agarro a su melliza por la espalda con sus cuatro brazos, asegurándose de tenerla bien sujeta y con un sonoro aleteo furioso, despegó.

El primer impulso había sido rápido y violento, pero cuando la pareja alcanzó la altura suficiente y el pequeño pudo desplegar el máximo de su velocidad, los colores de las tiendas en el suelo se desdibujaron unos segundos. Se mezclaron creando un patrón irreconocible para alguien sin la aguda visión del enano, que apoyada por los ojos compuestos del escarabajo, podía ver las cosas con absoluta claridad.
Antes de que Thyma tuviera tiempo de tomar aire, estaban aterrizando suavemente tras las lonas por las que vieron desaparecer a los humanos.

Los campamentos, pese a estar separados con lonas, estaban distribuidos de manera similar. Lo cual tampoco era una ventaja para los enanos, pues desde el cielo podían crear un mapa mental de las lonas que hacían de tejado a las tiendas y caravanas. Pero a ras de suelo, las cosas eran muy diferentes en un lugar donde con una cuerda se podía crear una habitación apartada, creando así un laberinto de lonas. Pero ningún laberinto podría detener a un escarabajo.

Los instintos del enano y su experiencia como cazador, unido al hecho de que estaba realmente cerca del suelo, lo convertían en un magnifico rastreador. Tan solo tenía el numero de asaltantes en mente, desconocía el tipo de calzado que usaban y su peso, pero eso no sería un problema, pues su vista y su olfato servían al enano mejor que el sabueso de los cazadores. Tras localizar el rastro perfumado del detergente, no fue difícil encontrar cuatro pares de huellas frescas caminando juntos en el suelo de tierra. -Lo tengo- dijo mirando a su melliza.

Los ladrones, una vez llegados a la zona de campamento que los correspondía, habían dejado de tomar tantas precauciones. De otro modo, llamaría demasiado la atención del resto de artistas que acampaban por el lugar. Seguir su rastro no era complicado una vez localizadas las huellas, el mayor problema eran los cruces de caminos. Lugares donde el pequeño tenía que parar y mirar cada salida del cruce. Pero guiado también por su olfato siguió en el camino correcto. Moviéndose a velocidad tontatta, los hermanos llegaron a las tiendas de los Fierce Paws antes de darse cuenta.
El rastro desaparecía tras la puerta de una de las caravanas, pero no había nadie en el lugar. Los mellizos se encontraban en las inmediaciones de las tiendas del grupo de baile rival. Solo tenían que buscar sin ser descubiertos.
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Mensaje por Thyma Bandle Vie 12 Nov 2021 - 21:12

Thymo se acercó al baúl para olisquearlo. Captó el aroma a jabón en el que estaban las telas impregnadas. Thyma algo extrañada se acercó también a oler. Entonces sonrió. Thymo no solo había olido el jabón y el tejido. Había percibido la calidad de esos ropajes. Era lo que verdaderamente las diferenciaba de la multitud de telas que les rodeaban. Lo que llevaban esas artistas no eran disfraces, no eran harapos, ni mucho menos trapos. Eran vestidos de época, finos y delicados, se notaba que ahí estaban plasmadas las manos de un grandísimo profesional. Thyma estaba a punto de hacerle la puntualización sobre las prendas cuando él estaba apunto de alzar el vuelo. No importaba. Comprendiese o no la diferencia, sabría seguir el rastro y eso era lo más importante. La pequeña se quedó quieta, con los brazos en alto, Thymo la agarró fuerte por la espalda y siguió las indicaciones de su hermano. Menos mal que la vista del Tontatta estaba hiperdesarrollada, porque a esa velocidad y a esa altura muy difícilmente, Thyma, podría ver algo, o distinguir algo. Lo último que percibió antes de cerrar los ojos con fuerza fueron los colores de los tendejones desfigurarse y volverse una mancha marronuzca casi uniforme.

Cuando Thyma abrió los ojos, ya había aterrizado. Al soltarse de su hermano, se tambaleó en sus primero pasos. -Ay Thym... Demasiado rápido...- Logró decir entre jadeos. El pelaje de su cara estaba estirado hacia atrás dándole un aspecto de velocidad muy cómico. La pequeña agitó su cuerpo y se atusó los pelitos de la cara. Cuando estuvo recompuesta iniciaron la búsqueda. Aquello era un laberinto de tiendas, de telas, de apartados y estancias. En cualquier momento, podían encontrar a cualquier persona, haciendo cualquier cosa, tras cualquier tela. Era un lio. Gracias a la orientación de su hermano y a su memoria fotográfica, lograba estar menos inquieta. Sabía que no se perderían en ese mar de tejidos y aun poniéndose la situación fea, siempre podrían alzar el vuelo. Thymo se puso en modo sabueso. Era imposible romper su concentración en ese estado, por lo que Thyma ni lo intentó y se limitó a seguirle. Caminaban deprisa, evitando los postes que servían de columnas para sujetar los toldos o paredes, evitaron ser vistos por personas y esquivaron varios chuchos con ganas de algo más que un lametón. -¿Estás seguro de que es por aquí?- Le preguntó en un momento dado, aunque era obvio que si.
Los Tontatta llegaron al cúmulo de tiendas de los llamados Fierce Paws. A Thyma le parecía un nombre muy poco molón para un grupo de baile. Con ese nombre y esa actitud, no llegarían lejos. Antes de adentrarse en el nuevo mar de tiendas, acordaron extremar las precauciones. A partir de ese momento sólo hablarían con signos. Los mellizos Bandle, como si estuviesen atravesando trincheras en guerra, cruzaron los cortinajes por debajo, haciendo pausas para comprobar que el camino estaba despejado. Se tomaron su tiempo para redirigir el camino y la búsqueda. La mayoría de las tiendas eran muy modestas. Mucho más de lo que lo eran las anteriores. Éstas no tenían tantas comodidades, ni artículos. Apenas estaban amuebladas y las telas que las conformaban estaban raídas y viejas. A medida que avanzaban y que veían la realidad que allí vivían, Thyma iba sintiendo cada vez más lástima por ellos. Pero esas no eran las formas de seguir adelante.
Caminaban en sigilo entre las tiendas, evitando las que estaban habitadas. En un momento dado, Thyma se detuvo, y agarró a su hermano por la camisa, para que hiciera lo mismo. -Escucha.- Le dijo con un simple gesto. Había captado una conversación que tal vez pudiera serles de interés. -¿Dónde dices que los has dejado?- Dijo un voz grave. -En la tienda central.- Contesto una voz más aflautada. Después le dio las indicaciones exactas del baúl y le entregó algo metálico. La voz grave reía en una sonora carcajada. Thyma al escucharles zarandeaba a su hermano, para que no se perdiese nada. -Bien hecho, mocosos. A ver cómo ganan ahora sin sus disfraces, los muy... Estirados.- La revelación del hombre casi hace que Thyma desencaje a su hermano de los zarandeos. Debía aprender a ser menos intensa y cuando se dio cuenta, le recompuso la ropa y le pidió disculpas. -¿Cuál será la tienda central?- Preguntó con sus manitas. Era difícil saber dónde podría estar exactamente el centro, sin saber cuánto podía ocupar el campamento Fierce Paws. Thymo marcó un rumbo guiado por su instinto o tal vez por su olfato, pero lo cierto es que dio en el clavo. No tardaron en llegar a una tienda algo más grande que las demás. Las telas que las cubrían, siendo de baja calidad, eran algo mejores. Esa tienda contaba con varios muebles y hasta un minibar. Al llegar pudieron leer un letrero enorme que ponía, en letras doradas:

"Tienda Central"

Thyma al verlo palmeó su frente con la mano. -Son imbéciles.- Dijo con un gesto. Asegurándose de que no había nadie, se adentraron en la tienda. A simple vista, no había ni rastro del baúl descrito. Había uno negro, uno a madera vista y otro demasiado pequeño, pero ninguno de ellos tenía motas rojas. La pequeña rebuscó por todos los rincones y nada. Cuando estaba a punto de rendirse y regresar junto a su hermano, vio asomar algo bajo unas cortinas. Corrió a comprobarlo y ahí estaba el baúl con motas rojas. Se acercó a la cerradura y evidentemente, estaba cerrada. Era el momento de que Thyma, hiciese su magia. Posó un dedo en el simple cierre y proyectó jabón al interior. A los pocos segundos, se solidificó lo suficiente para ser efectivo. La Tontatta giró la mano y un click le avisó de que el plan había funcionado a la primera. Al abrir el baúl pudo ver los maravillosos trajes perfectamente doblados en el interior. Thyma salió corriendo hacia su hermano. -¡Corre, corre. Los he encontrado!- Thyma se sentía como una triunfadora, había descubierto los trajes y gracias a ellos las artistas podrían dar un gran espectáculo. Ahora lo difícil sería trasportar todo sin que les viera. -Thymo, ¿Podrás volar a esa velocidad conmigo y con todo esto?- Le preguntó a su hermano algo preocupada.
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Mensaje por Thymo Bandle Sáb 13 Nov 2021 - 20:13

Thymo adoraba su profesionalidad. Era capaz de entrar en un estado de concentración tal cada vez que se ponía a rastrear, que a veces era un poco complicado sacarlo de su mundo. Por suerte su melliza siempre solía estar alrededor para darle un buen meneo a sus neuronas y recolectarlo a tierra. Al parecer, mientras el pequeño permanecía atento al ambiente, a los movimientos, las sombras tras las esquinas y cualquier signo de que alguien los estaba vigilando. Thyma había dado con una conversación interesante en la que revelaban el lugar donde habían escondido el botín que los tontatta buscaban.

-Debería estar en esa dirección- respondía el enano con una de sus manos con signos, mientras apuntaba hacia un lugar con las otras tres. Thymo había visto el campamento desde arriba y tal vez no sabía que había en cada lugar, pero si que podía intuir donde estaba el centro del conjunto de tiendas.
Sin mucho problema encontraron el lugar donde más tarde encontrarían un cofre con el botín.

El enano entraba en la tienda central como si midiera dos palmos. -¿Que si puedo?- pensaba para sí mientras su melliza señalaba el cofre con la ropa y se acercaba al lugar.
Una simple inspección visual aseguró al pequeño que no estaba unido al suelo, encadenado o algo similar que pudiera representar un problema -Entonces si- dijo con seguridad y una sonrisa tonta en su extraña cara, mezcla de escarabajo y tontatta.

-Metete dentro- dijo Thymo antes de cerrar el baúl. Después, agarró el cofre por una esquina y lo levantó para poder situarse debajo. Tras algún que otro equilibrio, el pequeño comenzó a mosquearse. Claro que podía levantarlo, pero el peso estaba situado un poco raro, además las cosas iban sueltas y se movían de un lado a otro, desestabilizando la carga. -BUENO BASTA- pensó con las antenas completamente erizadas intentando caminar con aquel peso imposible encima. Sujetando el peso con el par extra de brazos, se sirvió de su fuerza para taladrar un orificio en la madera del cofre por el que poder meter los dedos y sujetar, como si fueran unas asas a medida, el balanceo del cofre a pura fuerza bruta.
-Ahora si- pensó, sintiéndose más cómodo -Agárrate- dijo a través de uno de los agujeros por los que introducía las manitas para alertar a su melliza. Desconocía si ella tendría oportunidad de agarrarse a nada ahí dentro y a oscuras, pero el primer impulso para tomar vuelo llegó justo después. Con la fuerza de sus poderosas patas, despegar del suelo era tarea simple con aquella clase de carga sobre sus hombros. Trabajo simple también para sus alas, que los transportarían alto en el cielo a una velocidad increíble, pero siempre en la misma dirección, hacia arriba, por lo que el enano se aseguraba de que la pequeña se mantuviera pegada al piso del cofre. Al alcanzar suficiente altura, descendió lentamente la velocidad para evitar que su hermana se convirtiera en una de esas pelotas que no paran de rebotar y comenzó su regreso al campamento de las Garras Danzarinas.

Sin presión esa vez, y preocupado por su melliza, el enano voló con mesura de regreso. No le importaba que nadie pudiera ver un cofre volador. ni siquiera si alguien lo descubría a él transportando el cofre. Tan solo intentaba dar los mínimos bandazos posibles, pero el viento no se lo ponía fácil mientras portaba un objeto capaz de hacer como una vela. Por lo que el viaje de vuelta no estuvo exento de turbulencias.

Para cuando aterrizaron en el campamento de las Garras estos aun seguían sollozando sin mucha fe de recuperar sus prendas, pero tras dejar el cofre en el suelo y abrir la tapa lo que Thymo pensó que serviría para que dejasen de llorar, tan solo contribuyó a que los cuatro comenzaran de nuevo con la cantinela -Nunca entenderé a los artistas, Thym- dijo en voz alta, con el mismo tono que tantas otras veces había dicho esa u otras frases similares, pero que al final significaba siempre lo mismo. El enano se había visto arrastrado al mundo del faranduleo por su hermanita y las circunstancias, pero su personalidad real estaba muy lejos de aquel mundo. Tanto, que en ocasiones como aquella simplemente dejaba de entender las reacciones de los artistas. Nunca sabía cuando estaban actuando.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 14 Nov 2021 - 18:30

Thyma obedeció de inmediato. Con un salto y un "ale hop" se metió dentro del baúl. La multitud de trajes amortiguarían los golpes en caso de haberlos. La pequeña se puso cómoda y se preparó para le viaje. Todo fue mucho más caótico de lo que hubiese esperado. No quería agarrarse a las telas para no dañarlas, pero es que tampoco tenía dónde hacerlo. Por lo que Thyma rodó, hacia todos los lados. No contentos con eso y pensando que habían llegado ya, Thymo casi le taladra al colita haciendo un agujero en la caja. Thyma apenas pudo defenderse del ataque de su hermano, pues pataleaba boca abajo. Por suerte sus poderosas garras quedaron a escasos milímetros de su pelaje. Lo peor estaba por llegar. El viaje solo había comenzado. Una enorme velocidad aplastó a la pequeña contra el fondo del baúl. En realidad, fue el mejor momento del trayecto, pues se quedó empotrada entre suaves y delicadas plumas rosas. Thyma incluso llegó a pensar, que ese no era un mal sitio en el que morir. Tras un buen rato de aplastamiento, la Tontatta se elevó dentro del espacio del baúl y por unos segundos, se sintió levitar. Aquella sensación estaba muy alejada de ser desagradable y no pudo evitar comenzar a vitorear, pero por alguna razón que no comprendía le resultaba imposible. Finalmente acabó sentada sobre la ropa y llegaron a tierra con absoluta suavidad.

Cuando Thymo abrió el baúl, ya en el campamento, de él salió una mareada y despeluchada Thyma. -¡YUJUUUUUUU!- Exclamó todavía emocionada por casi haber volado. Al darse cuenta de la llegada y ver a las personas llorosas ante ella, y tambaleándose de un lado a otro, estiró los bracitos. -¡TACHAAAAAAN! ¡LOS TRA....- Thyma no pudo terminar la frase porque empezó a vomitar violentamente. Al menos lo hizo fuera del baúl y no estropeó ningún tejido. Tras soltar una cantidad ingente de espuma blanca, terminó. -...JES!- Salió de un salto del baúl. Las artistas y también sus compañeros no dejaban de llorar, pero habían abandonado la amargura de la tristeza, por el dulzor de la felicidad. Thymo no comprendía por qué actuaban así, pero Thyma dramática y pasional como era se unió al mar de lágrimas, después les contó con pelos y señales cómo los habían recuperado.
Tras muchos abrazos, palabras emotivas y toneladas de pañuelos, Thyma se puso algo más seria para preguntarles dónde podían comprar unos boletos para verles actuar. Al fin y al cabo, era para lo que habían ido a ese lugar. Los artistas se escandalizaron al oírla. Esa noche serían sus invitados de honor y además les rogaron que les acompañasen en los ensayos. Thyma comenzó a poner la cara que indica que, pase lo que pase, ya no hay que la pare. Emocionada hablaba sin parar con su hermano. Sentía una emoción tan poderosa, que realmente parecía que fuese a estallar en cualquier instante. -Thymo, ¿Y si les enseñamos nuestros pasos? Ganan fijo, ¿A que si?- Le dijo a su hermano, mientras agarrada a su bracito seguían al grupo de artistas.

Juntos llegaron a un improvisado escenario, muy sencillo, pero lo suficientemente resistente y flexible para que no sufrieran ninguna lesión. El ensayo dio comienzo. Pese a que todos los integrantes del campamento de las Garras Danzarinas pertenecían a la misma compañía, las normas del concurso solo dejaban presentarse de dos en dos. Multitud de funciones de diferentes tipos se desarrollaron ante sus entusiastas miradas. La verdad es que todos, tenían grandes habilidades. La pequeña no pudo evitar bailar, cantar, aplaudir, saltar y dar vueltas en cada uno de los espectáculos de sus nuevos amigos. Menos mal que el elevado volumen de la música la enmudecía, porque hubiese sido una amistad muy corta. Cuando ya habían actuado unas cinco o seis parejas, una jovencita rubia y con pecas en la cara se acercó a los mellizos. -Muchas gracias por recuperar los vestidos, significa mucho para ellas y para todos.- Su voz era angelical, melodiosa y dulce. Thyma rio al escucharla. -No te preocupes, es nuestro trabajo. Somos héroes ¿Sabes? ¿A que si, Thym?- Le dijo a su hermano metiéndolo en la conversación. De no ser por el aspecto y la forma infantil que tenía la pequeña de expresarse, hubiese parecido muy pedante, pero solo parecía una niña fantasiosa y con aires de grandeza. La chica comenzó a reír con su respuesta. -Además también somos grandes artistas que viajamos demostrando nuestras habilidades, pero hoy estamos de descanso.- Le dijo la pequeña tirándole un evidente gancho, en el cual cayó de pleno. La inocente rubia comenzó a, casi, suplicarles que participaran con ellos en el concurso. Salió disparada a por refuerzos y pronto, los mellizos, se vieron rodeados de artistas que les rogaban participar. Para ellos, ofrecerles su espacio, era una forma de agradecimiento. Thyma miró a su hermano, con los ojos formando estrellas resplandecientes. -¿Qué dices, Thym... Nos apuntamos con ellos?- Al ver que la pequeña cedía a los vítores y aplausos de los artistas era ensordecedor. Habían detenido el ensayo para saber la respuesta de los pequeños. En ese momento, todos, incluida Thyma, miraban al pequeño Tontatta deseando escuchar un enorme "SI".
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Mensaje por Thymo Bandle Dom 14 Nov 2021 - 20:24

La afirmación de la pequeña dejó pensativo a Thymo, quien veía poco posible enseñar aquellas técnicas de baile a nadie, pues ellos no eran grandes maestros capaces de enseñar algo así,  pero si que se las podían mostrar y si ellos eran capaces de sacar algo en claro -¿Que pueden perder?- se preguntaba para sí mismo mientras el entrenamiento sucedía ante ellos.
-Si, si que lo somos- afirmó el enano ante la descripción heroica de su hermanita -Y grandes artist...- comenzó, pero su melliza ya se había adelantado y terminó la frase inconclusa del enano.
El pequeño pudo ver como las pupilas de la muchacha se dilataban de golpe, duplicando su tamaño. Sus labios temblaban, como queriendo contener algo que su mente todavía estaba elaborando. Aguardando el momento hasta que, en un arranque de alegría y sorpresa pidió a los Bandle participar. La pequeña, como si hiciera falta preguntar, se hizo la interesante con su hermano, quién tardó en responder unos segundos mientras apoyaba una de sus manitas sobre su peluda barbilla y desviaba la mirada al cielo. Pensativo, sopesando la situación, dirigiendo miradas de soslayo a su hermana, como midiendo si les daría tiempo a regresar a sus atareadas vidas de héroes, pero no era más que una actuación. La decisión había sido tomada desde el momento en el que ambos, instintivamente, se lanzaron a confesar su condición de artistas. Y cuando todos los Garras Danzarinas miraban expectantes la respuesta del enano, éste dijo -¡SI, GANAREMOS ESE CONCURSO GARRAS DANZARINAS!- exclamó, levantando vítores y gritos de “Garras Danzarinas OE OE” por todo el campamento.

Los bailarines explicaron las reglas del concurso a los enanos y durante buena parte del resto del día ambos trataron de ensayar algunos movimientos con unos y otros. Pero la decisión final fue que los pequeños participarían juntos por motivos estéticos, aunque corrieron rumores de que ninguno era capaz de adaptarse a los erráticos y rápidos pasos de la arrítmica enana.
Apuntados al concurso a ultima hora, lo tontatta participarían en nombre de los Garras Danzarinas como una pareja más. Intercalados en medio de la actuación para que el comienzo y el final fuesen el plato fuerte, ya que las dotes de baile de los mellizos eran más bien pocas sin una coreografía dedicada para ellos. El grupo estaba feliz con la simple idea de que sus salvadores participen con ellos en el concurso, pero los bailarines desconocían el as bajo la manga de los mellizos.

El concurso entre bambalinas se vivía lleno de ajetreo y emoción. Las boas de plumas, las lentejuelas, los antifaces y las telas de colores llamaban la atención de los tontatta por todos lados, pero sin distraerlos de las actuaciones. Cada pareja destacaba en su estilo particular y los pequeños fueron apuntados en estilo libre, como no podía ser de otra manera tras observar la gama de movimientos de los que disponían los Bandle.

Salsa, rock, merengue, bachata, varios bailes regionales y algún que otro estilo tropical y más exótico pudieron verse en el escenario antes de que le llegase el turno a los mellizos, que habían olvidado los nervios e incluso que tenían que actuar, mientras disfrutaban de los bailes. Por suerte para ellos, ya habían pasado por vestuario antes y se habían colocado sus trajes de abeja. Los enanos tenían algo en mente que no dejaría indiferentes a los jueces. Las técnicas de Marc no podían fallar.

Los contrincantes de los pequeños dieron un gran espectáculo de break dance, con grandes giros, volteretas y pases endiablados cabeza abajo, dejando un muy buen sabor de boca en el publico. Publico que no estaba preparado para dos participantes tan diminutos, por suerte el sistema de den den mushi camara funcionaba correctamente y todos pudieron observar en las pantallas gigantes la actuación de los mellizos.
Cuando la música comenzó a sonar, dos abejitas salieron al escenario caminando a dos patitas y saludando, entusiasmados por volver a un escenario, al publico y los jueces. Parecía que aquello sería el final, que la emoción los terminaría de romper y no podrían ni moverse como buenos novatos. Al menos eso esperaban los grupos contrarios que desconocían lo que estaba a punto de suceder.
Toda aquella emoción, salir disfrazados, los aplausos y los gritos y volver a los escenarios de la manos de su hermanita, embargó al enano de tal manera que quiso comenzar a lo grande. El anterior grupo había recibido muchos aplausos y ellos ya iban tarde con respecto al tema, así que comenzó a girar y girar, girar y girar, se elevó del suelo, camuflando sus propias alas como si formaran parte del disfraz, y pareció que estuviera siendo elevado con hilos. Como había visto hacer durante el rodaje de su película con la gente que no podía volar, que eran todos los que había conocido el enano.
Los giros llevaron la atención de las cámaras y el publico al enano, que sabía que su melliza necesitaba un segundo más para centrarse, esto también era importante para la pequeña y ambos querían que saliese bien. Los giros comenzaron a soltar destellos, como si el enano hubiera sacado de su bolsillo un espejo y reflejase el sol con cada vuelta, pero el brillo se convirtió en un centelleo, el centelleo en un fulgor y, tras un apagón. Una luz de color blanco roto iluminó y cegó a los espectadores cercanos arrancando largos “OOOOOOooooOOOOHHHhhhHHHH” de las desencajadas mandíbulas del publico. Thymo siguió así hasta que sus antenas lo advirtieron de los movimientos de su hermana, que ya había comenzado con su parte, por lo que comenzó a bajar la velocidad de giro y la potencia de la luz. Descendiendo al escenario de nuevo poco a poco. Disfrutando desde las alturas del show que su melliza estaba ofreciendo y sonriendo internamente -Esto no ha terminado aun-

Cuando ambos se juntaron en el escenario, tras actuar cada uno por su lado, decidieron poner juntos el broche de oro con su baile conjunto. La complejidad de los pasos y la velocidad con la que los tontatta eran capaces de ejecutarlos, convertían aquello en un remolino de brazos y piernas, saltos y giros con los que el publico y el resto de participantes se quedaron pasmados. Pero el efecto que aquella extraña mezcla de pasos ejercía en la mente de quienes observaban a la pareja estaba por dejar helado a todo el mundo.
Para cuando parecía que los mellizos habían acabado, otras dos parejas de abejas se materializó en el escenario, siguiendo a la pareja principal, camuflandola entre todos.

Baile de los Bandle:

Para cuando terminó la canción, tan solo dos Bandle ocupaban el escenario, pero pese a medir tan solo diez centímetros, lo llenaban por completo.

Habilidades utilizadas:

Nombre: Girando, girando y la vara dando
Naturaleza: Física
Categoría: Especial
Descripción: Este paso, útil donde los haya, consiste en girar a toda velocidad con los brazos extendidos hacia arriba. Si se hace a la velocidad adecuada, el bailarín comenzará a brillar intensamente.

Nombre: El ritmo del bofetón
Naturaleza: Física
Categoría: Especial
Descripción: Un baile conjunto formado por una serie de pasos muy complejos. Debe realizarse en pareja. Los movimientos ondulantes y cambiantes son tan hipnóticos que producen ilusiones, multiplicando aparentemente a los bailarines y haciendo que cada pareja ilusoria siga el baile a distinto ritmo. La gente suele quedarse embobada mirándolo. Muy útil para conseguir buenas propinas.

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Mensaje por Thyma Bandle Dom 14 Nov 2021 - 22:48

Con la aceptación de Thymo, el campamento entero entró en un revuelo absoluto. Thyma parecía una pequeña pelota de goma, saltando rebotando por todos los sitios sumadas al jaleo, gritos y vítores. No tardaron en traerles los boletos de inscripción, ya los habían rellenado ellos mismos, sólo tenían que plasmar sus huellitas de firma. Una vez terminaron se sumaron al ensayo, entusiasmados. Hicieron varias pruebas y Thyma no podía estar más orgullosa de la decisión final. Aunque todos eran grandes bailarines, tal vez precisamente por eso, ninguno sabía llevar la arritmia de la pequeña. Haciendo que su mellizo fuera el único candidato factible. Ella se abrazó a su cuello muy feliz de poder compartir escenario de nuevo. Habían nacido para esto y se pelearía a muerte con quien lo negase. Tras el ensayo se fueron a preparar. Los camerinos se llenaron de trajes, de plumas, lentejuelas, maquillaje y pelucas. Un sueño hecho realidad para la pequeña, que iba de puesto en puesto admirando todo el despliegue, mientras su hermano recogía los disfraces del barco, a toda velocidad. No terminó de cotillear a todo el mundo, cuando su hermano estaba de vuelta con las abejas lista para vestir. Adoraba esos disfraces, le habían quedado especialmente bien y no podía resistirse a los encantos de Thymo, ataviado con esas antenitas con purpurina.

El concurso dio comienzo. Los mellizos estaban embobados con las luces y con el ir y venir de artistas preparados. Aunque en ningún momento perdieron la profesionalidad y siempre estuvieron pendientes de las indicaciones del organizador. Cuando llegó su momento, a mitad del evento, fueron avisados de la organización de su turno. Thyma comenzó a sentir bichos corriendo por sus tripas, era muy desagradable, pero la sensación disminuía si respiraba profundamente. Pensó que a lo mejor así, se morían. Salieron al escenario saludando al vociferante público. Todos los nervios desaparecieron en ese momento. La sonrisa de Thyma brillaba y no dejaba de lanzar saludos y besos a todos los asistentes. Las dos abejitas se situaron en el centro del escenario. La música ya había comenzado y las luces ya desprendían infinidad de colores. Thymo se apresuró a hacer su baile especial, no era como lo tenían acordado, pero Thyma comprendió que podía estar tan nervioso como ella. El pequeño comenzó a girar a toda velocidad elevándose en el aire. Toda la atención del lugar estaba puesta en el pequeño Tontatta y dé repente comenzó a brillar titilantemente, como si se estuviese cociendo algo en su interior. Hasta que tras un apagón, se convirtió en una esfera blanca y luminosa. Thyma aplaudía con fuerza. Era hermoso ver a su hermano convertido en una maravilla de estrella luminosa. Entonces recordó que ella también formaba parte del espectáculo y comenzó a moverse. Al principio unos pequeños pasos laterales, fueron la antesala de una maravilla de pasos deslizándose por el suelo. El público estaba sorprendido, sabían que el suelo no estaba ni siquiera encerado y Thyma comenzaba a moverse por el escenario como deslizándose por el mismo. Como si fluyera por encima de las maderas. Thymo descendía a sus espaldas perdiendo intensidad en su brillo. A medida que iba llegando al centro del escenario Thyma iba bordeándole en su incesante deslizamiento. La gracilidad de la pequeña hizo pensar a algunos de los asistentes que debía tener algún tipo de mecanismo en sus zapatos. Nada más lejos de la realidad. Marc les había enseñado una maravilla de pasos y era imposible no quedarse pasmados mirando a los mellizos. El pequeño tenía razón, aquello no había hecho más que empezar. Cuando se juntaron en el mismo punto del escenario, se cogieron de las manos y comenzaron a dar un espectáculo por todo lo alto. Piruetas, vueltas imposibles, lanzamientos... De todo. El público se puso en pie al ver el desenfrenado swing de los Bandle.
Al terminar la canción, ambos quedaron arrodillados frente a su público con los brazos estirados formando una cruz. No tardaron en oírse los aplausos, los gritos y silbidos. Ambos hermanos se pusieron en pie y corrieron a abrazarse. -OOOOOHHHHH- Se escuchó de nuevo entre el público al ver a dos abejitas adorables abrazadas. -¡Lo has petado, Thym!- Le dijo orgullosa a su hermano, mientras abandonaban el escenario agarrados.

El mayor reconocimiento, tras la actuación, les vino de parte de los artistas de las Garras Danzarinas, que viéndose ganadores del concurso comenzaron a celebrarlo por todo lo alto. Les agarraron en volandas y acabaron lanzándolos y cogiéndolos en el aire. Thyma sufrió un poco por si se rompían las antenitas o las alas del disfraz, pero si no se había roto en el baile, no lo haría ahora. Se dejó llevar por el momento de alegría. Tras las felicitaciones, la alegría continuó, porque pudieron disfrutar del colofón final del espectáculo, degustando y delicioso batido de frutas que les prepararon. Thyma sorbía de la pajita, intercalándolo con bailes y cánticos de las canciones que se sabía... Que eran todas... Fue una gran fiesta y su hermano estaba igual de animado que ella.
Terminaron las actuaciones de todos los grupos. Se hizo un gran parón, en el que los jueces del concurso se fueron a deliberar. Todos los participantes se reunieron cada uno en su grupo. Los Garras Danzarinas estaban muy esperanzados. Aunque la incertidumbre estaba presente porque uno de los equipos rivales había ofrecido un baile de sombras muy interesante y espectacular. -Damas, Caballeros y... Minks. El jurado ha tomado una decisión. Tras unas pequeñas diferencias, el resultado finalmente ha sido unánime. Y los ganadores son...- La voz del maestro de ceremonias se detuvo. Los den den mushi altavoces comenzaron a emitir el redoblar de tambores. -¡LOS GARRAS DANZARINAS!- Los focos iluminaron a los pequeños y una joven asistente comenzó a tirarles confeti a modo de lluvia sobre las cabezas. La emoción y Thyma eran una sola. Comenzó a llorar y dar las gracias por todo y a todos, abrazaba a su hermano y se guardó en el bolsillo unos cuantos puñados del confeti dorado. Los directores de la compañía fueron a recoger el gran cheque junto a los pequeños. Ellos no estaban ahí por el premio, el reconocimiento y los aplausos del público ya eran suficiente regalo. Para ellos ese día, al completo, había sido solo un juego. Un juego muy divertido. Además ayudaron a la compañía a ganar el premio y a recuperar los vestidos. Los Bandle ya sentían premiados de sobra. Pero toda la compañía al unísono, insistieron en darles parte del premio.
Tras el gran concurso, todos juntos se fueron a comer a los puestos mercantes. Se atiborraron de comida y bebida y celebraron el triunfo de ese día. Los Bandle nuevamente habían hecho amistad con un grupo de artistas. Esa comilona terminó por unirles y se extendió hasta el amanecer. Cuando el Sol comenzó a despuntar, a todos le dolía la barriga de reírse. Se contaron cantidad de chistes. Thymo les mostró sus grandes éxitos y todos fingieron estar encantados con la voz de Thyma. Un gran noche. Tras la emotiva despedida, cada uno regresó a sus que haceres, los artistas a descansar y a desmontar las tiendas en busca del siguiente espectáculos. Los Bandle regresaron a su barco a seguir viviendo aventuras por el mundo y haciendo grandes amistades por el camino.

Habilidades Utilizadas:

Nombre: Supermoonwalk
Naturaleza: Física
Categoría: Especial
Descripción: Un paso aparentemente simple, pero endiabladamente enrevesado, que consiste en caminar hacia atrás como si se estuviese deslizando. Permite moverse hacia atrás a la misma velocidad que hacia adelante, pero con mucho menos esfuerzo, pudiendo incluso moverse por superficies verticales.

Nombre: El ritmo del bofetón
Naturaleza: Física
Categoría: Especial
Descripción: Un baile conjunto formado por una serie de pasos muy complejos. Debe realizarse en pareja. Los movimientos ondulantes y cambiantes son tan hipnóticos que producen ilusiones, multiplicando aparentemente a los bailarines y haciendo que cada pareja ilusoria siga el baile a distinto ritmo. La gente suele quedarse embobada mirándolo. Muy útil para conseguir buenas propinas.

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