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A tiempo es demasiado tarde [Privado - Illje]

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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 29 Ago 2021 - 22:37

Querida ignorante:

He cogido la mala costumbre de escribirte cada día. A veces rompo las cartas antes de enviarlas, y otras supongo que se pierden en el trasiego del día a día. Puede que no seas Mi Ignorante, pero algo aprendí de una persona muy especial una vez, y me gusta ponerlo en práctica. Tal vez no busque dar forma a ningún proyecto -por favor, ni siquiera sé cómo encaminar mi vida-, pero utilizar el papel es terapéutico y el olor de la tinta sumamente relajante. Casi pensar en ese momento cuando doblo la hoja y la sello me llena de nostalgia, aunque no tenga mucho sentido añorar lo que aún no sucedió. ¿Lo tiene, en verdad? Realmente me gustaría pensar que sí, que no estoy tan loca, aunque en realidad... ¿Tiene sentido mezclar la realidad en esto?

Porque sí, querida Ignorante, lo real es lo último en lo que debes pensar cuando buscas que el mundo tenga un sentido. El universo ni siquiera es como lo percibimos, ¿acaso podrían serlo nuestras emociones? Tal vez estemos felices sin darnos cuenta, o excitadas y... Bueno, en realidad creo que es difícil equivocar esa percepción. Pero tampoco encuentro un verdadero sentido en escribirte cada día, no más que el placer que me reporta dibujar en los márgenes de las hojas y la esperanza de que entre tantas cartas enviadas al azar una de ellas alcance a su verdadero destinatario: La única Ignorante de verdad; mi Ignorante.

Esto no quiere decir que no seas especial, o que no te aprecie. Te aprecio tanto como a cualquier amigo que aún no conozco. Tal vez seas ella, él -u otra cosa-, o quizás lo seas todo y más. Es posible que estas palabras solo te suenen desbocadas e irracionales, pero cabe la posibilidad de que entiendas cada palabra de la forma especial con la que se ha escrito. Quizá tú también dejes volar la mente de vez en cuando, en cuyo caso tal vez percibas las notas ocultas de esta carta. Los espacios, la curva de las eles, las eses con forma de clave de sol... ¿No es hermoso más allá de la lógica? ¿Acaso no se disfruta más esta forma que su propio contenido? Casi podríamos llamarlo el delirio del arte.

Creo que estoy desvariando. Hace mucho que escribo cartas que nunca obtienen respuesta, y es posible que ni siquiera estén llegando a nadie. Por lo menos, nunca he recibido una respuesta, aunque quizá mañana eso haya cambiado. No tengo muchas esperanzas puestas, pero sí algunas ilusiones, y a veces hasta las probabilidades más escasas terminan por cumplirse. Casi nunca, al fin y al cabo, tiene un poco de casi siempre.

Hace un tiempo comencé a viajar. Quizá no fue la decisión más inteligente, pero sí la que más feliz me está haciendo, y con cada paso que doy hacia un futuro más incierto que el destinatario de esta desquiciante epístola tan prosaica me encuentro más feliz de haber tenido el valor de avanzar un poco más. El mundo es hermoso a ojo desnudo, deberías conocerlo.

Te manda sus mejores deseos y una sonrisa allende los mares,

Otra Ignorante,

A.
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Mensaje por Illje Landvik Lun 30 Ago 2021 - 12:54

La conejita releyó la carta una vez más, maravillada. Se la había traído un soplo de viento en mitad del mar, desde un lugar desconocido. Le había bastado un vistazo a la caligrafía para que una sonrisa se dibujara en su cara, de oreja a oreja. Por supuesto. Debería haberlo esperado. Aunque de haberlo hecho, quizá nunca hubiera llegado.

Bajó hasta su barquito, todavía anexado al de Cheshire, para encerrarse en su estudio. Era un momento importante. Solemne. Había cogido la costumbre de ir atesorando todo aquel instrumento de escritura que se cruzaba en su camino, siempre y cuando le pareciera digno. En su mesa no había bolígrafos, pero sí plumas y tinta de no pocos colores. El papel de carta estaba cuidadosamente organizado por tamaños, texturas y tinte. Las pequeñas herramientas para recortar los bordes y esquinas descansaban en una pequeña cajita de madera, junto al papel e hilo que si bien todavía no había utilizado, prefería tener cerca. La cera, los sellos y la cucharita para medir tenían su propio estuche.

Escogió con esmero dos escuadras de papel hecho a mano, con pequeños pétalos de lilas entrecruzados entre las fibras y un ligero tinte tostado de fondo. Agarró su pluma más delicada y la tinta de color verde oscuro, de sus favoritas. Sonrió, evocando la imagen de su amiga escribiendo mientras llevaba sus palabras al papel:

Preciada Ignorante:

Los recuerdos tienen algo de curioso. Pequeñas historias que evocan sensaciones, que influyen en el presente y en el futuro sin apenas pretenderlo. Te pienso y sonrío y cuando estaba contigo la yo de ahora mismo era lo último que tenía en la cabeza. Tanta influencia, tanta ignorancia y al final cuanto más desinteresado más hermoso queda el recuerdo. El tuyo es bonito y he de decir que concuerdo: no hay nada como el momento de sellar una serie de recuerdos escritos en papel. Al fin y al cabo, las cartas no son nada más que eso; recuerdos esperando a suceder. Te imagino mientras me escribes y te imagino mientras me lees, pese a que todavía no ha sucedido. Y cuando dejo caer la cera en el sobre, lo hace definitivo, de alguna manera. Me asegura tu sonrisa, una de las buenas. Todo el mundo sabe que solo el destinatario tiene derecho a romper el sello, al fin y al cabo. Una vez está puesto, solo tú puedes romperlo. Y así, tu sonrisa y mi recuerdo quedan a buen recaudo.

Me pregunto cuánta gente habrá recibido misivas similares. Cuántos habrán contestado y cuántas amistades habrán empezado por esta inocente costumbre nuestra. Me pregunto si esta carta llegará a su destino, si su destino es si quiera el que yo pretendo que sea. Quizá no te llegue a ti, quizá quien esté leyendo estas palabras es un Ignorante al que incluso yo Ignoro. De ser el caso, ¿qué decir? Por favor, devuelve esta carta al viento, parece… maleducado. No podría. Y la tentación de no mandarla sin saber que serás tú quien la habrá… ah, demasiada. Pero no. Debo confiar en el viento, igual que tu lo has hecho. Quizá mañana me pueda el ansia y repita el ritual. Quiero asegurarme de que mis palabras te llegan, corriente tras corriente.

Casi siempre y casi nunca son hermanos, bailan juntos y a veces entre vuelta y vuelta confundo sus caras. Quizá mañana te llegue mi respuesta. Quizá mañana escriba otra carta. Tal vez ambas sucedan, tal vez ninguna salga de los márgenes de esta escuadra. De una forma u otra, de momento, confiaré.

Me gustan los dibujos de los márgenes. Tus proporciones han mejorado y el trazo es igual de delicado que siempre. Encandila. Sobra decir que voy a guardarla; no debería perderse una segunda vez. Ha visto suficiente mundo para una vida, estoy segura. Ahora es mejor que descanse en mi mesita.

Me pierde la lengua, o la tinta. O ambas. El mundo es increíble y me hace feliz saber que has salido a investigarlo. Quizá nos crucemos antes de que mi carta llegue a ti. ¿Puedo ganarle? ¿Puedes ganarle tú a tu respuesta? Oh, sería emocionante. Creo que no eres la única con alguna que otra ilusión en la mochila. Por mi parte, continúo avanzando. He encontrado a un amigo del que me había separado y poco a poco, todo parece avanzar con caótica sensatez. El viaje me sienta bien y mis proyectos lo reflejan. Te adjunto algún que otro esquema para que los revises si te interesan.

Desde la otra punta de los mares, o tal vez a una sola corriente de distancia, se despide esta pequeña desconocida, deseando volver a saber de ti a la vuelta de la esquina.

Tu nesciente conejita,

Illje.


Dobló con delicadeza la carta y la introdujo en el sobre. Calentó la cera con paciencia, dorada y cobriza con algo de purpurina. La dejó caer justo en el centro y colocó el sello con esmero. Aguardó hasta que pudo sacarlo con facilidad y sopló para asegurarse de que todo estaba correcto. Agarró una botellita de cristal y la colocó dentro. Luego, fue cosa de acercarse al ojo de buey y apuntar bien. Debía recogerla la ola adecuada. Aguardó. Respiró hondo y… la soltó. Fue complicado, pero la soltó.

Ya solo quedaba esperar.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 30 Ago 2021 - 14:16

Cuando te sentaste al escritorio ese día todo era un poquito mejor que el anterior. La espalda no te dolía tanto, y sentías los dedos firmes como nunca. Casi sonreías más por alegría que por otra cosa mientras sujetabas en tu mano derecha una botella transparente, bien aislada del agua en su boca cerrada, y con un pequeño sobre en su interior. Habrías tenido dudas de no reconocer el sello, pero ya solo por los colores era inconfundible: Dorada con reflejos cobrizos, muy brillante. Era la clase de detalle que cualquiera podría esperar de ella y, además, las pequeñas orejas minimalistas de su marca personal destacaban profundamente.

Al principio dudaste. ¿Esa carta llegaba en tu búsqueda? No podías saberlo, y en realidad tampoco tenías tantas ganas de descubrirlo. Era la firma de Illje, única, en una botella que si abrías dejaría de estar llena de sueños para llegar a las palabras. Tal vez estas creasen nuevas emociones, pero la curiosidad frente a lo desconocido te hacía sentir, como poco, viva. Por eso, la dejaste cerrada al lado de una pequeña caja de música, y te quedaste embobada un rato mirándola.

Cuando despertaste del trance tomaste una pluma delicada, la más fina que tenías, y sacaste tinta de color vino. Esta era rojiza, pero de matiz rosado y tono intenso, brillante sobre el papel mucho más de lo que imaginabas al comprarla. Para acompañarla tomaste papiro blanco -aunque su tono era sutilmente amarronado-, más por estética que por pragmatismo y, sin dudarlo, te lanzaste a escribir:

Querida Ignorante,

Cuánto tiempo sin saber de ti; sin que el azar uniese una vez más nuestros caminos. Mientras te escribo estas líneas no puedo evitar preguntarme qué dicen las palabras de tu carta; tampoco cuál de las mías habrás recibido. Quizá te hayas cruzado con la primera que lancé al mar, o solo te hayas encontrado la última de ellas. Casi ni recuerdo cuántas te he enviado ya -o cuántas he enviado, más bien-, y de algunas ni recuerdo ya qué te decía, pero te lo dije. Supongo que es lo bonito de estos encuentros, ¿verdad? En manos del azar los encuentros siempre son más dulces, más deseados... Más únicos.

Tal vez te preguntes, y con razón, por qué no he leído tu carta tras tanto tiempo esperando por ella, y la verdad es que en cierto modo la disfruto más así. Mientras no la abra hay en ella declaraciones de amor, saludos inolvidables y tantas anécdotas como pueda imaginar. Mientras no descubra qué guarda podrías haberlo enviado al azar, pero también estar buscándome sin saber que yo también te he buscado a ti. Es la magia de la incertidumbre, y sinceramente no me atrevo a romperla antes de enviar esta carta. ¿Por qué? No lo sé, qué más da. Solo sé que por ahora todo lo importante es que está aquí.

La ilusión es frágil, pero también saca lo más bello del interior de las personas y, por esta vez, aunque he querido dejar nuestro posible encuentro al azar, he estado leyendo cosas. Cosas muy interesantes y únicas. También tengo novedades, ideas... Tengo tantas ganas de compartirlas contigo que casi me cuesta esperar para no desvelar el secreto. ¿No te pasa a ti también lo mismo? El mundo es enorme e ilógico; está lleno de las cosas más extrañas que jamás habría soñado, pero sobre todo tiene magia. Y quiero un poco de esa magia para mí. Tanta que no me quepa entre las manos.

Tanto tiempo viajando me ha hecho pensar en muchas cosas, tantas que se agolpan en mi cabeza y casi no podría escribirlas de tantas que son, pero una idea me recorre la mente hace tiempo: Mi espalda se ve demasiado desnuda, e ignoro quién más aparte de mi Ignorante podría darme lo que busco. Quizá tengas alguna idea en mente si te sugiero caballos, pero eso solo es el colofón de una historia que tengo que contarte. Casi no podrás creerla cuando la oigas, pero... Dios, de verdad que no sé ni por dónde empezar. Supongo que por un: Te he echado de menos.

Con tu permiso esta vez voy a forzar el azar. Las olas envían mensajes, pero pocas veces eligen bien a su destinatario. Supongo que tenemos mucha suerte, pero no voy a abusar de ella. Espero que te llegue pronto allá donde te encuentres, pero aun si tarda... Los pelícanos siempre encuentran su destino. Qué mal suena eso una vez escrito.

En fin, se despide entre desvaríos y divagaciones tu Lega favorita,

Alice.


Hiciste un sobre con la propia hoja, sellando sus vértices con tu lacre. La cera era color borgoña, un clásico habitual entre las clases altas de English Garden, y a decir verdad de tus favoritos. Tenías más, pero tendías a repetir aquel porque formaba parte de tu identidad, y una vez se solidificó simplemente saliste a cubierta para esperar que llegase el pájaro. No tardó demasiado, aunque tu corazón palpitaba hasta el punto de hacerlo parecer una eternidad, y volviste a tu dormitorio con las manos vacías.

Pero abriste la botella.
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Mensaje por Illje Landvik Dom 5 Sep 2021 - 10:48

La conejita volvió a mirar la escuadra de papel que tenía en la mano. Parpadeó un par de veces, antes de volver a mirar al océano. ¿Qué esperaba ver? ¿Otra botella? Bien podría, al fin y al cabo, pero sabía que no era tan sencillo como solo desearlo.

Suspiró, a medio camino entre la irritación y la diversión. ¿Podía culparla? No, no podía culparla. Se preguntó por enésima vez cuantas más personas habrían recibido palabras que le pertenecían. Ya no, de todas formas. Quien lo encuentra se lo queda, al menos en este caso. ¿Le habría respondido alguien más? Ah…

Esta vez no bajó a su estudio. Bueno, sí lo hizo. Pero solo un momento, lo justo para agarrar una pluma y una escuadra de papel de color malva. Se lo llevó arriba, a lo alto de la cofa. Se acurrucó bien en el pequeño círculo, cojín detrás de la espalda y los tobillos apoyados en el borde de enfrente. El barco la mecía suavemente y el aire olía a mar. Cerró los ojos unos segundos, antes de esbozar una sonrisa y llevar la mano al papel con delicadeza.

Querida Entendida:

Mucho me temo que hoy soy portadora de malas noticias. He recibido una vez más tus palabras, unas pocas de tantas, y tras mucho pasear y mucho pensar he llegado a una conclusión inevitable: me he convertido en una egoísta.

En la carta que recibí hace unos días hablabas de todas las que enviabas. En la última que ha llegado a mis manos, volvías a confirmarlo. Debo confesar que me complace y exaspera a partes iguales. Por un lado, sé que probablemente de no haber hecho tantas intentonas nunca habría llegado a leerte otra vez. Por otro lado, alguien se ha quedado con palabras que escribiste pensando en mí. Creo que es el motivo por el que no te escribí antes. Y debo decir que pese a que todavía no hayas leído mi carta, me tranquiliza enormemente saber que ha llegado a buen puerto. También tu respuesta, así que la única conclusión a la que llego es que o bien he amedrentado al mar de tanto mirarlo, o estamos cada vez más cerca. Me gustaría que fueran ambas.

Tienes toda mi curiosidad reunida en estas pocas líneas, pero prometo dejarla caer toda sobre ti en cuanto pueda oír tus palabras y no solo leerlas. De momento, baste decir que hay varias manadas galopando en mi cabeza mientras imagino las mejores composiciones. Prometo que no he ido a por los colores. Todavía. No prometo no empezar a hacer bocetos antes de saber la historia, pero cuando sea el momento te daré los mejores trazos que puedo conjurar con estas dos manos.

Hay muchas otras cosas que se me pasan por la cabeza, pero estoy demasiado inquieta para ponerlas en el papel. Quizá llevo demasiados días en el mar y el runrún de las olas se me ha contagiado. En cualquier caso, creo que solo hay otro dato que siento necesitas conocer: llegaré a Thriller Bark en unos tres días. Si por casualidad tus andanzas y aventuras te llevan hasta allí, no dudes en buscarme.

Me tragaré mis celos siempre y cuando esta botella haga su trabajo, así que esperemos que haya tenido razón y el mar sea rápido.

Yo también te he echado de menos,

Illje.


Esta vez, fue mucho menos ceremoniosa. Colocó el lacre, sí, y guardó la misiva en un sobre precioso y ese sobre en una delicada botella de cristal. Pero en lugar de dejarla caer en el agua con suavidad, se puso en pie. Dio un par de vueltas alrededor de la cofa con ojos cerrados y, sonriendo, apuntó a la nada. Lanzó la botella mientras el corazón le daba un vuelco y los abrió al oír el pequeño y lejano plop.

Su mensaje estaba en camino.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 7 Sep 2021 - 11:40

El triángulo demoníaco era el lugar que llevabas tiempo buscando. Desde que habías leído acerca de él te resultaba un lugar único y desafiante, la clase de lugar que la conquistadora de los mares que aspirabas a ser debía visitar en algún momento de su vida. La verdad, haber descubierto que en su interior se encontraba otra cosa que perseguías no había hecho más que aumentar la urgencia con la que deseabas presentarte en medio de las aguas de Florian. Hacía años, según la tradición, se había perdido un barco Marine que portaba un tesoro de valor incalculable en su interior. No había sido difícil, una vez estudiado el nombre del barco y sobornado a un par de suboficiales para que desvelasen algún que otro informe desfasado, descubrir qué era ese tesoro invaluable. Había joyas, también oro a raudales, pero tú buscabas otra cosa, una verdaderamente única.

Por eso, cuando recibiste la carta de Illje -perdida en medio de las olas, como siempre- no pudiste contener una sonrisa traviesa. No era cuestión de suerte: Era el destino.

Querida Sapiente,

Igual que pude resistir la tentación de leerla antes de contestarte la última vez que te escribí, esta vez he devorado tu carta sin piedad según la he visto. No creo que la botella haya viajado demasiado si estás tan cerca de Thriller Bark, pero aun así sigue siendo una extraña conexión la que parece que nos une: Siempre que lo necesitamos, nuestras cartas llegan a buen puerto, y eso me hace enormemente feliz.

Hay tantas cosas que quiero contarte que en realidad me abrumo a mí misma cuando intento comenzar. Las ideas pretenden viajar hasta el papel y se atascan en la punta de la pluma, incapaces de ordenarse, así que CAESAR CLOWN. He tenido que forzarme a escribirlo, pero seguro que admirarás el ingenio de este hombre, un científico que al parecer logró condensar el gas lo bastante como para que, con el... Porras, hay algo que tengo que explicarte primero:

En este mundo existen poderes insólitos que van más allá de la imaginación. Seguramente cuando te lo cuente no lo creas, pero hay una fruta singular que otorga poderes mágicos. Se dice que son poderes demoníacos, y de ese modo se las llama akuma no mi. Hay quien puede adoptar formas de animal, o crear materia de la nada como si de un hábil hechicero se tratase. Otros, más afortunados, también pueden transformarse en cosas, o desvanecerse en luz... Y oscuridad. Sé que no me vas a creer, yo creería que estás loca si me lo contases, pero lo he visto. Y ahí entra Caesar Clown.

Este científico descubrió la forma de dar vida al gas haciéndolo consumir una fruta del diablo, transformándolo en alguna clase de animal. Es ilógico, inexplicable y por supuesto me despierta una curiosidad infinita. Aparte, creo que sé cómo pudo hacerlo y... ¡Sorpresa! Soy usuaria de una de esas frutas, una increíblemente poderosa; hay quien dice que la fruta entre las frutas... Cuentos de viejas, pero... ¿Sabes qué? Ya lo verás.

Espero que mi abrazo haya sido lo bastante cálido.

Te quiere,

Alice.


Cerraste el sobre con cuidado, cerrándolo con lacre negro y usando tu pulgar como sello. No era tan elegante como el habitual, pero sí único y sabías que si alguien apreciaría eso se trataba de Illje. Tras eso la guardaste en un bolsillo oculto bajo el pliegue de la falda y, terminando de estirarla sobre la cama, te vestiste de forma ordenada antes de dejar la habitación. Por suerte para ti ya habías dado cuerda a los relojes, así que una vez atracaste pudiste salir de inmediato a los muelles de la isleta central de Thriller Bark.

Te preguntabas quién demonios habría construido un barco alrededor de una isla, pero en cierto modo te sentías afortunada. Que un barco tan grande ocupase el triángulo Florian solo hacía que los tesoros se acumulasen en este, por un motivo o por otro. Como cazatesoros, que una gran isla atrajese a todos los náufragos solo hacía que fuese infinitamente más fácil encontrar todo lo que pudieses querer buscar. Era como una aguja en un pajar, sí, pero desde luego eso resultaba más sencillo que toparte con una moneda en el océano. Solo faltaba que llegase Illje para contárselo todo y podríais poneros en marcha.
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Mensaje por Illje Landvik Miér 8 Sep 2021 - 11:29

Acarició el lacre con cuidado. Era borgoña, colocado con un esmero que evidenciaba que había sido Alice la que lo había llevado a cabo. En realidad, toda la carta olía a cuidado. Había utilizado un pequeño abrecartas para ahondar debajo del lacre y sacarlo de una pieza, eso sí. No tenía por qué romper un recuerdo tan bonito. Lo había colocado en una cajita, como todos los demás, a salvo del tiempo.

Ahora mismo, lo acariciaba porque de eso último no tenía demasiado. Estaba a punto de llegar a Thriller Bark y todavía no había recibido respuesta. Se había separado del barco de Ches dos días atrás, explicando que tenía que realizar un recado y que se reuniría con ellos pronto. Le había dolido un poco separarse nuevamente de Claude y de sus nuevas amigas, pero había una oportunidad que no podía dejar pasar. Thriller Bark era un lugar curiosísimo y tenía muchas ganas de explorarlo. Antiguo barco pirata, había pasado por las manos de no poca gente. Más allá de todas las historias que sin duda tenía que contar, estaba segura de que en su interior se encontraba más de un tesoro. Algo que podría bien empeñar, adjudicarse o utilizar para sus prótesis y experimentos.

Sin embargo, aunque ya lo veía en el horizonte, decidió darse unos minutos para releer la última carta. La isla no corría tanto como para escapársele, bien podía esperar.

De alguna forma, las palabras de Alice le habían hecho recordar algo que había apartado al fondo de su mente no por ser algo malo o temible, si no simplemente poco urgente. Quizá tenía algo que ver con esperar para no dañar todas las bonitas posibilidades. Quizá simplemente ella era una despistada. Se guardó la pequeña escuadra de papel, cuidadosamente doblada, en el bolsillo, mientras daba vueltas por su barco. Sabía que lo había dejado en algún lado de las estanterías de almacenamiento… ah, ahí. Agarró la caja y comprobó que el contenido seguía ileso en su interior. Sí, efectivamente. Qué curioso. Lo traspasó a una bonita bolsa de tela y se aseguro de estar presentable en el espejo.

No tenía muy claro qué se iba a encontrar en Thriller Bark pero había oído historias, así que había decidido ir con ropa cómoda. Pantalon corto y camiseta blanca, con una chaqueta a medio camino entre estilosa y hecha para proteger, con acabados en acero azul. Completaban el conjunto un par de medias blancas y sus patines de siempre, lustrosos y bien cuidados.

Se planteó escribir una nueva carta antes de bajar a tierra, pero lo más probable era que no recibiera respuesta antes de encontrarse con ella. No había recibido de la última, al fin y al cabo. Además, de enviarla llegaría al barco y ella estaba lista para saltar a tierra. Esperaría un poco. Si mañana aún no había llegado respuesta, escribiría.

Sonriendo, baremó si meter sus utensilios de tatuaje. Al final agarró una pequeña mochila azul y blanca y tras colocar la bolsa de tela en el fondo, añadió cuidadosamente papel, lápices, agujas y colores, además de otros utensilios que serían de utilidad si llegaba el momento. Pesaba un poco, pero podía con ello. Valía la pena. En toda la espalda… mentiría si dijera que su mente no estaba todavía saltando de posibilidad en posibilidad. Había demasiadas.

Aseguró el barco y oteó el horizonte. Una enorme boca señalaba la entrada. Cogió carrerilla y sonriendo con picardía y algo de adrenalina, encendió sus patines y saltó disparada desde la proa de su barco hasta la de la isla. Aterrizó con un sonoro golpe que reverberó en las paredes y, en cuestión de segundos, la oscuridad se la tragó.
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Mensaje por Alice Wanderlust Jue 9 Sep 2021 - 13:31

Thriller Bark era un lugar oscuro y sombrío; siniestro. Las aguas dentro del barco eran tranquilas, casi fúnebres, y la falta de luz hacía que todo se bañase en la más triste penumbra. Al contrario que en otras islas el ambiente de aquella estaba embebida de un silencio antinatural, como si la falta de vida contagiase a un viento sigiloso que ni siquiera movía las ramas de los árboles, carentes de hojas. Aun así la tierra dentro del barco poseía un atractivo en cierto modo romántico, como alegoría del cementerio último, al que iban a parar todos aquellos que se perdían en el peligroso triángulo de Florian, un encanto de tintes góticos que hacían del silencio música y de la oscuridad una cristalina luz de mediodía.

No te apartaste demasiado del puerto, pero sí callejeaste un poco por las zonas cercanas llevada por la curiosidad y, cómo negarlo, el tedio. Dónde se ocultarían los misteriosos tesoros de Thriller Bark o quién los reunía era una cosa que seguramente no podrías descubrir con solo mirar a través de cristales casi opacos de suciedad o cotilleando por puertas a medio carcomer, claro que no, pero había un ímpetu explorador en tu interior que de alguna forma debías dejar salir. Al menos, hasta que sí se escuchó un sonido.

Seguramente en otras circunstancias ni siquiera te habrías dado cuenta, pero en medio del silencio incluso un sencillo paso resonaba con fuerza entre las calles. Y eso había sido notablemente más que un paso. Tal vez incluso se tratase de un ligero derrape, un desliz de ruedas... Patines. ¡Illje!

Esa vez no diste saltitos de alegría, tan solo caminaste más deprisa con tus deportivas negras hasta doblar la última esquina que os separaba y estuviste a punto de saltar sobre ella para darle un abrazo. Por suerte, justo a tiempo recordaste que te podías hacer daño y frenaste lo justo antes de dárselo.

Dejaste que se alargase tanto como ella te dejase, y al final te separaste con porte enérgico y una sonrisa de oreja a oreja. ¡Estaba ahí!

- ¡Has venido! -gritaste con emoción, ahora sí dando saltitos-. ¡Has venido has venido has venido!

Tardaste casi un minuto en poder contener tu emoción. Puede que chillases más agudo de lo que creías, que saltases más de lo que debías y que intentases atraparla en un abrazo dos o tres veces más antes de poder adoptar nuevamente un porte digno y saludarla como era debido:

- Ejem... Hola -dijiste, aún sonrojada y con las mejillas doliéndote de sonreír. Te sentías un poco estúpida, pero tampoco tenías tantos amigos y reencontrarte con una era demasiado irreal-. Gracias por venir; esta vez no tengo vino que ofrecerte, ni tampoco galletas. Pero... ¿Qué es eso? -Tiraste la carta al suelo de forma absolutamente indiscreta-. ¡Qué casualidad!

Te estabas acostumbrando a forzar la suerte para que tus cartas llegasen a la conejita, aunque aquella vez simplemente era por la broma; una pequeña venganza por la que ella te había escondido en el reloj que ese día, como siempre, llevabas al cuello para completar un look donde el amarillo primaba en los detalles y el negro en los patrones. Un aspecto de chica dura, qué duda cabe.
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Mensaje por Illje Landvik Sáb 11 Sep 2021 - 14:55

Rodó un poco. Vale, rodó mucho. Se había tirado con toda la ilusión y con la poca luz que había calcular el aterrizaje no había salido exactamente bien. Logró levantarse poco después, confirmando que estaba entera y de una pieza. Mañana seguramente tuviera un par de moretones por el descuido, pero no era tanto problema.

Miró a su alrededor, examinando el lugar. No es que dentro hubiera mucha más luz, pero sus ojos se iban acostumbrando. Le parecía haberse colado en algún cuento de terror, o quizás de nostalgia. Todo estaba apagado, los árboles no tenían hojas y el lugar parecía más que abandonado. Rodó por el puerto en silencio, cotilleándolo todo pero alejándose de los edificios de ventanas opacas. No sabría decir si había alguien viviendo en semejante páramo, pero desde luego no iba a arriesgarse sin necesidad.

De repente, oyó un sonido. Se puso en alerta, pero no dejó de moverse. A lo mejor sí había habitantes en el desierto que era Thriller Bark. Le pareció que los pasos iban hacia ella y siguió adelante con cautela. No sabía qué esperaba, pero desde luego no a Alice saliendo de la nada. Correspondió a su abrazo por reflejo y en cuanto terminó de entender lo que estaba pasando se acurrucó un poco contra ella, resistiendo el impulso de apretarla demasiado. ¡Qué sorpresa! ¡Qué maravilla! Se separaron y la conejita le regaló una sonrisa de oreja a oreja. Volvieron a abrazarse un par de veces más, felices e incrédulas las dos.

-¡Claro que he venido! ¡Incluso he traído…!

Se calló, todavía sonriendo. Eso podía esperar. Acababa de encontrarla, los colores y las agujas podían esperar. Había muchas cosas que hacer primero. Rodó hasta rodearla y desde su espalda le puso las manos en los hombros y la cara junto a la suya.

-¿Vino? ¿Galletas? ¡Tenemos toda una isla para explorar! ¡Esto es genial!

Vio la carta caer al suelo mientras crecía su ilusión. Se agachó a cogerla y la agitó ostentosamente, para quitarle el poco polvo que se le pudiera haber pegado. Alice había leído su carta y no solo eso, le había respondido. Y esta había llegado sana y salva hasta ella, así que ningún Ignorante más podría leerla. La cogió y la guardó en su bolsillo con cuidado. La leería en cuanto estuviera a solas. Si tenía que escoger entre la escritura de Alice o su compañía, prefería sin dudas la segunda.

Echó a rodar de vuelta, esta vez muy despacio para que Alice pudiera seguirla.

-Dijiste que habías encontrado información, algo único y extraño. Yo he venido aquí a buscar materiales, pero mentiría si dijera que no me muero de curiosidad. ¿Qué has encontrado?

Le sonrió de nuevo. En realidad, no estaba segura de haber dejado de sonreír en ningún momento, pero siempre le alegraba verla y darse cuenta de esa alegría era, de alguna manera, incluso mejor.
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 12 Sep 2021 - 2:14

No parecías ser la única que había esperado con ansia aquel reencuentro. Illje se acurrucó contra ti -lo cual resultaba en una postura entre cómica y tierna, habida cuenta de que ella te sacaba más de una cabeza- y se dejó abrazar hasta que ambas estuvisteis satisfechas. Tú seguías saltando mientras ella te orbitaba, y sonreíste como una idiota cuando descansó su mejilla contra la tuya, apoyando sus manos de ingeniera sobre tus delicados hombros.

- Si quieres un.. -No terminaste la frase. El entusiasmo de la conejita era contagioso, y por un momento tu cabeza se desbocó hacia derroteros de aventuras menos... Más... Algo-. Es simplemente increíble.

Dijiste aquello último con voz distraída, simplemente obnubilada. Cómo podía hacer que tu felicidad pareciera poca solo te hizo darte cuenta de la suerte que tenías al tener a alguien así contigo, aunque fuese tan solo por unos instantes cada cierto tiempo. Valía la pena el dolor de cada despedida por el placer de cada reencuentro, no tenías ni la menor duda. Aunque no por ello deseabas dilatarlo todo hasta que la despedida fuese apenas una fracción despreciable del tiempo, casi una nulidad.

Dejaste pasar el tiempo mientras recogía la carta y, aunque te habría gustado que la leyese en el momento, asentiste sabiendo que cuando el momento fuese propicio la devoraría como tú habías hecho tras escribirle la penúltima carta. ¿Pensaría ella en todas las razones que te llevaban a ti a no abrirla? ¿Buscaría ella la magia de la expectativa? Tal vez solamente quería prestarte atención plena y tus pensamientos incoherentes resultaban más agradables escuchados que leídos. Solo pensar en ello te ruborizaba.

- Si tú supieras todo lo que he aprendido desde que dejé Hallstat... -Te diste cuenta tarde de lo mal que sonaba aquello, por lo que negaste fervientemente con la cabeza-. Sobre el mundo. He descubierto cosas que ni siquiera imaginaba que podría hacer ni con toda una vida de prácti... ¿Ca?

Te llevaste la mano a la frente dando una gran palmada. Si ya estabas ruborizada ahora lo más sensato era decir que estabas roja, y negaste lentamente hasta que pudiste volver a articular palabra, esa vez meditando cuidadosamente cada palabra que salía de tus labios:

- Hay una fruta en el mundo con propiedades extraordinarias. Una serie de frutas, más bien -explicaste-. Dicen que quien las consume obtiene poderes mágicos, y sé de buena tinta -en realidad solo era una sospecha más o menos bien fundamentada- que en este lugar se esconde una de ellas. -Sonreíste con picardía, ya más calmada-. Hace años se perdió por aquí la que permite transformarse en caballo. No es para mí, pero sí puede dar vida a algo muy especial... -Dejaste que tus ojos cayesen hacia el morral de Illje-. Seguro que se te ocurre el qué.

Aunque, a decir verdad, no tenías ni idea de dónde buscar, tu plan pasaba por dar con todos los naufragios y barcos encallados que había en las proximidades y en la costa del islote, así que solo era cuestión de tiempo que te toparas con eso.

- Así que... -Te encogiste de hombros-. Bueno, eso. Quiero un caballo. ¿Tú qué materiales estás buscando?
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Mensaje por Illje Landvik Dom 12 Sep 2021 - 17:29

Era extraño. Seguían en un lugar lúgubre, frío, sin vida. Y, sin embargo, no podía estar más contenta. De alguna manera incluso la atmósfera que las rodeaba parecía un tanto más cálida. La carta de Alice le quemaba en el bolsillo y el sonido de sus pasos mientras caminaban por toda la ciudad era un recuerdo que iba a atesorar no poco tiempo.

Miró a la joven arqueando una ceja. En cuanto se puso roja, su sonrisa se ensanchó. Era bastante obvio lo que se le había pasado por la cabeza.

-Caramba, Alice… no sabía yo que estuvieras interesada en según qué cosas.

Lo decía por meterse con ella, claro. Era obvio que no se refería a nada pervertido, pero claramente no había escogido las mejores palabras. Resultaba demasiado difícil dejar pasar la ocasión. Sin embargo, le escuchó hasta el final y cuanto más hablaba más pensativa estaba ella.

Frutas con poderes… ¿conocía a alguien con una de esas? No lo creía. Parecían algo tremendamente escaso, o quizá solo estuvieran muy bien escondidas. De todas formas, un caballo… ella tenía a Lobo, pero podía verle el atractivo a tener una mascota un poco más grande. Lo bastante como para poder montarla. Pilló a Alice ojeando su mochila y se quedó pensando un poco, hasta que una idea maravillosa le cruzó la mente.

-¡Un caballo de colores!

¡Claro! El tatuaje de su espalda. Sería increíble de verdad si pudiera transformarse en caballo y ayudarla cuando lo necesitara. La mascota más cómoda del mundo, en realidad. Más incluso que Lobo, que solo tenía que engrasarlo y pulirlo de vez en cuando.

-Aunque… ¿cómo vamos a darle una fruta a un puñado de tinta?

Se imaginó mojando una pera en sus colores y le recorrió un escalofrío. No, eso no estaba bien. Tenía que haber otra manera. Eran cosa de magia, seguro que había por el medio alguna especie de ritual o palabras especiales que había que decir. Algo que haría el proceso elegante y no… bueno, asqueroso. No obstante… frunció el ceño. Acababa de acordarse de algo muy particular y ahora entendía por qué había sentido el impulso de meter eso en su mochila.

-Oye, Alice… - dijo mientras se paraba y abría la mochila, para sacar del fondo una pequeña bolsa de tela. - ¿Crees que eso que me cuentas puede tener algo que ver con.. esto?

Se lo tendió. Dentro estaba toda la seda blanca que había aparecido en su habitación una mañana. La noche anterior había estado comiendo arándanos, o al menos algo parecido. Dark Dome tenía sus peculiaridades y la fruta no estaba exenta. Pero parecía demasiada casualidad haberse encontrado algo tan increíble de una forma tan… tranquila. Bueno, no tanto. Había un arándano en concreto que había sabido a rayos. Pero lógicamente ese no podía ser. Era una fruta mágica, tenía que saber a gloria. Y los arándanos habían estado ricos, pero no tanto.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 13 Sep 2021 - 0:33

Desviaste la mirada de Illje, que te observaba con una sonrisa de oreja a oreja mientras el rubor de tus mejillas se iba haciendo más y más presente. No eras de piedra, había cosas que claro que te interesaban, pero era ella y sus contoneos de conejita, sus palabras al oído y sus manos en tus hombros te distraían. Solo eso. Más o menos.

- Yo... Yo... -De tus labios escapaba un débil hilo de voz. No sabías del todo qué decir sin que Illje lo usase en tu contra, así que optaste por salir como pudiste-: Tengo interés científico. Sí. Soy una investigadora, experimentar es lo mío. -Tardaste un buen momento en darte cuenta de que lo que acababas de decir era todavía peor, así que acabaste soltando un breve chillido mientras meneabas la cabeza-. Las señoritas no piensan obscenidades, Illje -la reprendiste, apuntando con tu delicado dedo hasta casi tocar su nariz-. Debería darte vergüenza.

Fuiste una vez más incapaz de sostenerle la mirada, pero esta vez de risa. Al principio se te escapó como un ronquido por la nariz y al final casi estabas rodando por el suelo, haciendo ruiditos de lechón recién nacido. No podías mantener una fachada de seriedad si Illje te observaba con esa sonrisa traviesa, era imposible; te distraía.

En cierto modo te gustaba que te distrajese, pero que se distrajese a sí misma a veces podía ser casi mejor. Intrépida, sí, pero hiperactiva como la conejita que era, tardó no demasiado en dejarse llevar por los caballos que se agolpaban en su mente. Ella lo pensaba en colores, pero tú tenías serias dudas de que fuese a tener poco más aparte de una nota de color; también llegó a la conclusión más lógica que uno podría esperar: Cómo hacer que algo inerte comiese algo.

- Es una pregunta genial, y aunque podrías divertirte mucho descubriéndolo... Te he robado ese placer. -Te encogiste de hombros, con una sonrisa inocentona-. Hay bibliografía al respecto, sobre un perro cañón y, más interesante... Un ajolote. -Empezaste a gesticular con los dedos sin darte cuenta, dibujando una de las pequeñas salamandras en el aire-. El método lo he deducido, aunque no sé hasta qué punto será correcto, pero aprenderemos juntas. Básicamente estas frutas se activan al introducirlas por la boca, así que en el caso del perro cañón es fácil: Meterla por la boca del cañón, tal vez empujar un poco... Y listo. El ajolote estaba hecho de gas. En este caso pueden ser dos cosas: O bien se creó una "boca" dándole forma a ese gas o bien lo metieron en un molde y aumentaron la presión. En cualquier caso, yo creo que podemos hacernos cargo de cualquier cosa que nos surja. Y... -Te reíste un poco-. No vamos a darle ninguna fruta a un poco de tinta. Al menos, no en un sentido estricto.

En Thriller Bark era bastante menos impresionante, pero aun así dejaste que la masa de oscuridad se extendiese humeante por el suelo. Limitaste su atracción a un mínimo, lo suficiente como para que Illje tuviese que mirar, y le diste forma de flor a tu alrededor mientras todo se iba reabsorbiendo de nuevo en un espectáculo singular y, a decir verdad, un poco macabro.

- Soy usuaria. -Por una vez, no conseguías sonreír con inocencia-. Y... quiero que me tatúes con mi propia oscuridad. He hecho experimentos y creo que podrías hacerlo, aunque parece algo un pelín más complicado. Al menos para mí. -Miraste el tejido-. ¿Puedo?

Tomaste la seda entre tus manos. Nunca habías visto tanta en bruto junta. Eso no quería decir que no pudiese haber una explicación perfectamente racional, pero ante la falta de datos sí podías concluir que era un poco extraño.

- En principio cuando consumes una fruta se graba en tu conciencia tanto su nombre como su poder -explicaste-. Alguna gente lo olvida temporalmente debido al terrible sabor de las akuma no mi, que es tan malo que hace vomitar. Yo lo que puedo decirte es que nunca había visto tanta seda junta, pero las frutas del diablo son tan raras que aventurarme a señalar cualquier cosa como producto de ellas... Aunque... ¿Te apetece darte un chapuzón? Seguro que en algún lado encontramos una bañera para que puedas tomarte un merecido descanso. De hecho, ¡Sígueme!

Seguramente toda la isla estuviese llena de polvo, como poco. Apuraste hacia tu barco y subiste a su cubierta, invitándola a pasar delante de ti.

- Tengo una bañera genial y me sobran toallas. ¡Vente!
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Mensaje por Illje Landvik Lun 13 Sep 2021 - 12:10

Sabía que iba a hacerla ruborizarse, pero lo cierto es que su respuesta fue todavía mejor de lo que esperaba. Su sonrisa se fue ensanchando más y más mientras Alice cavaba su propia tumba, hasta que se dio cuenta y le reprendió, señalándola acusatoriamente. Illje se echó a reír y en cuestión de segundos a ambas les dio un ataque de risa tonta. Para cuando logró recomponerse todavía le duraba la sonrisa, le dolía la boca y el estómago y había estado a puntito de caerse al suelo. Qué gusto. Qué bueno.

Atendió a sus explicaciones con extrema concentración. Si había algo que le encantaba, era aprender cosas nuevas. Y si bien esas frutas mágicas parecían sacadas de un cuento para asegurarse de que los niños se comían la cena – no fuera a ser que viniera el perro cañón a obligarles – confiaba lo bastante en Alice como para confiar en que su investigación había sido objetiva. Si se equivocaba sería debido a una fuente errónea, no a un mal método. Además, la idea de que fuera cierto le daba algo de encanto a la ocasión. Un encuentro fortuito, una caza fantasiosa… poco más podía pedir.

Le tranquilizó el hecho de que no fuera a ser necesario sacrificar sus colores por el bien de la ciencia. Lo habría hecho, por supuesto, pero prefería guardarlos para su propósito inicial. Eran bastante caros y conseguir más siempre un dolor de cabeza. Tenía que ir en persona para asegurarse de que no se echaran a perder en el transporte. Mejor evitar el viaje.

De repente, algo llamó su atención. Entre los pies de ambas, algo oscuro había empezado a derramarse. Con las orejitas tremendamente tiesas por la alerta, acuclilló con cuidado, intentando tocar… algo que no podía ser tocado. No pasó mucho tiempo hasta que los pétalos se formaron e Illje comprendió que el extraño fenómeno era obra de Alice. Miró hacia arriba mientras ella se lo explicaba, escuchándola fascinada. De verdad podía controlar… la oscuridad. Podía crearla, darle forma. Fue entonces cuando lo entendió, segundos antes de que ella lo dijera. Un caballo de oscuridad. Sonrió una vez más, deleitada. Por supuesto. Aunque… no tenía muy claro cómo iba a lograr meter esa cosa en el compartimento de su máquina de tatuar, pero eso parecía más el problema de Alice que el suyo. Ella no era capaz ni de atraparla entre las manos.

-Es increíble.- susurró.

Sabía que Alice todavía seguía hablando, pero estaba tan concentrada en observar la masa de oscuridad que había entre ambas que se distrajo un poco. Al menos, hasta que ella mencionó su bañera.

-¿Perdón?

Le siguió, un poco a trompicones, intentando entender qué acababa de decirle. ¿Quería que tomara un baño? ¿Ahora? Llegaron al barco de Alice en poco tiempo, pero no pudo pararse a mirarlo porque la joven le apuró hasta que llegaron al baño. Se quitó la mochila y el cinturón con las espadas, de forma un poco automática, antes de girarse a Alice con una mirada a medio camino entre la confusión y la picardía.

-¿De verdad ahora te parece un buen momento para tomarte un baño conmigo? – Comentó mientras empezaba a quitarse la chaqueta.- No es una negativa. Pero a lo mejor quieres explicarme qué tiene que ver con las frutas mágicas.

En realidad no tenía muy claro que tuviera algo que ver, pero Alice había parecido tan emocionada que a lo mejor quería enseñarle una habilidad concreta o algo parecido. Fuera lo que fuera, no iba a rechazar un baño gratis. Tremenda estupidez sería.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 13 Sep 2021 - 15:06

Eras consciente de que una mente traviesa bien podría malinterpretar tus intenciones, más sin haber explicado por qué tenía que sumergirse en agua. Sin embargo en ese momento te pareció bien la confusión: Si ella podía dejarte en evidencia tú podías hacerla sentirse avergonzada también, seguro. Al fin y al cabo, por muy echada para delante que fuese hasta una coneja debería tener sus límites, ¿no?

- Sí, un baño -explicaste-. Ya sabes, burbujas, relax... Debes estar muy cansada después de viajar hasta aquí. Y además nos ayudará a saber si eres usuaria.

Sin embargo hubo algo que no habías calculado: Por mucho que lograses confundirla, seguía dos pasos por delante de ti en picardía. Sus palabras lograron ruborizarte otra vez, aunque por fortuna lograste reaccionar a tiempo:

- Si quieres que entre yo también pídelo, pero no es una bañera muy grande -contestaste antes de tirarle una toalla blanca a las manos. Para ti era de un tamaño normal, aunque a ella le quedaría algo corta-. Pero mejor te explico primero, pervertida. -Cogiste aire y comenzaste-: Hay una gran variedad de frutas del diablo, desde las que te transforman en animal hasta las que provocan huracanes, pasando por las que te hacen generar materiales. Algunas poseen debilidades específicas, claro, mientras que otras no. Sin embargo, hay una cosa que todas comparten: El rechazo del mar. Si has consumido una el agua te robará fuerzas y perderás la capacidad de nadar, aunque en agua dulce no te quita tantas como para no poder moverte, por lo que darte un baño y es un experimento seguro y lo bastante fiable como para saber si eres o no una usuaria. -Te encogiste de hombros-. No tiene mucho más misterio.

Abriste la puerta del baño y giraste las llaves del agua. Tres de caliente y una de fría la dejaban a unos agradables treinta y un grados, lo bastante caliente como para relajar los músculos pero lo bastante fría como para que no se quemase. Abriste un cajoncito con sales y señalaste pequeñas perlas para que eligiese, si quería.

- Yo te espero en la habitación. Si necesitas ropa de recambio podría darte algo, pero en ti se verá... Atrevido, como poco. -Treinta centímetros eran una gran diferencia de altura. Si se ponía uno de tus vestidos iba a parecer que se había vestido para matar-. Ah, y si necesitas cualquier cosa grita. No quisiera que te escurras por el desagüe.
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Mensaje por Illje Landvik Mar 14 Sep 2021 - 12:13

Agarró la manta al vuelo mientras sofocaba una risita. Vale, de acuerdo, a lo mejor se había pasado. Claramente en la bañera no cabían las dos, al menos no sin acurrucarse muchísimo. Y las bromas estaban bien, pero no quería incomodar a Alice. No demasiado.

Escuchó la explicación con atención, curiosa. Ella podía decir que no tenía mucho más misterio, pero lo cierto es que la conejita le veía bastante. ¿Qué tenía que ver el mar con las frutas? La idea de que por meterse en la bañera de repente fuera a sentirse débil y mareada se le hacía muy extraña. Era cierto que últimamente sólo se había dado duchas y podía no haber notado el tirón, pero aún así… era una relación extrañamente aleatoria. O por lo menos lo parecía. Por otro lado, no perdía nada por probar y ver a Alice esforzándose para hacerle un baño acogedor y lleno de espuma le llenó de ternura. Solo por eso valía la pena meterse en el agua. Bueno, y porque a quién no le gustaba vaguear un poco en la bañera.

-Muchas gracias.- Le dijo con una sonrisa, antes de que se marchara.- No tardaré demasiado.

O eso esperaba. Se dirigió hacia donde ella le había indicado y se entretuvo escogiendo entre las perlas que Alice tenía en el cajón. Al final se decidió por unas moradas con olor a lavanda y esparció unas poquitas en el agua. Se desnudó, dejando la ropa pulcramente doblada para cuando saliera y, con cuidado, metió un pie en la bañera. Sonrió. Estaba a la temperatura perfecta. Acabó de meterse y dio un gran suspiro mientras cerraba los ojos.

Los abrió unos segundos después y descubrió que la espuma la rodeaba. Cerró el grifo y la dispersó un poquito. Chapoteó un poco haciendo comprobaciones y frunció el ceño al notar que le pesaban los brazos. Y las piernas. De hecho, era como si todo su cuerpo se moviera a la mitad de su velocidad habitual.

-Alice, ¿puedes venir? Creo que tenías razón.

Empezó a repasar en su cabeza la fruta que había comido últimamente, desconfiando cada vez más de sí misma. Tenía que haber sido antes del incidente de la seda, por lo que… Oh.

Aguardó a que la chica entrara y mientras tanto se repantingó contra la bañera. Había espuma de sobra, así que no tenía que preocuparse por cubrirse. No que a ella le diera vergüenza, pero quería ahorrarle la escena a Alice. Si tenía que verla sin ropa sería si decidía quitársela. Hasta entonces, por ella, conservaría la magia. Bueno, misterio resuelto entonces. Habían sido los malditos arándanos. Eso le pasaba por fiarse de la fruta de Dark Dome. Una vez Alice estuvo en el baño con ella, le dirigió una pequeña sonrisa y compartió la noticia:

-El nombre Shiru shiru no mi , ¿te dice algo? Por lo visto significa que soy capaz de crear seda a voluntad. Es de locos. Todo esto es de locos. Me encanta.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 14 Sep 2021 - 13:58

Suspiraste aliviada cuando no te invitó a unirte. La sola perspectiva de entrar con ella te ponía nerviosa, y cerraste la puerta con una mezcla de calma y, en cierto modo, un poco de desilusión. ¿Acaso no te veía atractiva? Sabías que no era eso, tenías un espejo y aunque había ciertos rasgos algo masculinos en ti -al menos, tú los veías así-, eran rasgos que terminaban por favorecerte. A lo mejor era tímida; seguramente fuese eso, sí. Y mejor así, porque para ti... No estabas segura del todo. De hecho, con sus señales confusas no estabas segura de nada.

Aprovechaste el baño de Illje para sacar un par de latas y preparar un aperitivo. Explorar siempre daba hambre, y en cierto modo un picnic en Thriller Bark tenía encanto gótico; y todo el mundo sabía que la gente gótica era la más ruda que podías encontrarte. Siempre de negro, maquillados como cadáveres y esos peinados que definitivamente hacía falta valor para llevar, eran una extraña cultura que te fascinaba y repelía a partes iguales. Bueno, no. Te repelía bastante más. Pero aun así fantaseabas con la idea de teñirte el cabello de negro por un día mientras abrías unas barritas de pan, alguna que otra tostada y sacabas también algo de fruta fresca para luego. Ibais a gastar muchas energías, os haría falta.

Pero ella gritó. Bueno, no gritó, más bien elevó el tono para que la oyeses desde el otro lado de la puerta, pero tú le adjudicaste cierta urgencia. Dejaste de untar paté sobre el pan y con seguridad, ilusión y cierta mirada perversa presionaste el tirador para cruzar el umbral. Te estaba esperando desnuda en la bañera, y eso...

- ¡Illje! -gritaste, con un irritante tonito agudo de alta clase mientras te dabas la vuelta, forzando un ceño fruncido para disimular tu sonrisa depravada. Bueno, lo que tú considerabas depravada, que era juntar mucho los labios mientras las comisuras se forzaban hacia tus pómulos-. ¡Estás desnuda! ¿Tan urgente era?

Lógicamente si necesitase ayuda iba a estar desnuda, pero en esa situación casi parecía una perspectiva retadora. Agradeciste en silencio que el espejo hubiese terminado por empañarse y terminaste de escuchar lo que te decía con atención. Al parecer sí que era usuaria y su poder el de la seda. En cierto modo te alegrabas de haber acertado, o el baño habría parecido un poco gratuito. De todos modos, como en realidad era lo más normal del mundo, no tenías la menor idea acerca de esa fruta.

- Solo puedo decirte que es del tipo paramecia -explicaste-. Estas son las frutas que te dan esa clase de poder. Aunque hay otras, más poderosas, que también te permiten transformarte en elementos. Aunque suelen ser fuego, luz o hielo. Las tres están en manos dela Marina a día de hoy, así que fue fácil investigarlas. -También habías detectado que la yami yami no mi era única incluso entre esas, pero no dijiste nada-. ¿Cómo la conseguiste? Porque no es la clase de cosa que encuentres robando uvas de una parra y ya.

En tu caso había un asesinato detrás, de hecho. Y en el caso de Illje quizás también, aunque ella no lo hubiese cometido. En cualquier caso...

- ¿Eso significa que no me necesitas ahí dentro?

Sí, eso lo dije yo. Pero sabías que querías, tonta.
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Mensaje por Illje Landvik Miér 15 Sep 2021 - 11:17

Mientras esperaba a que viniera, se hundió un poco más en la bañera. Estaba terriblemente cómoda e incluso la sensación de pesadez que sentía era casi… agradable. Quitando el dolor de cabeza, vaya. Aunque no estaba segura de que tuviera que ver. Quizá era una trampa. Se suponía que debía sentirse débil, ¿no? Se quedaría allí, cómoda y calentita y cuando quisiera levantarse… no podría. Levantó una pierna, cautelosa, solo para comprobarlo. Ah, pesaba, pero era capaz. Todo bajo control. Y entonces, Alice gritó.

-¡Hay espuma! ¡No cuenta, no hay nada a la vista!

Sofocó una risita. De verdad había contado con que fuera suficiente, pero por lo visto no. Alice se había dado la vuelta completamente escandalizada y la conejita no podía si no mirarla divertida. ¿Tanto intimidaba algo de piel desnuda?

Escuchó sus explicaciones con la habitual atención, al menos hasta la última frase.

-En realidad…

Entendía que lo que ahora poseía era un bien valioso. Que no mucha gente no solo no tenía una, es que no sabían siquiera que existían. Comprendía que eran cosas buscadas, guardadas con celo… como cualquier cosa de semejante valía, vaya. Y, sin embargo…

-Lo cierto es que sucedió justo así. Bueno, no era una parra. Verás, en Dark Dome hay un jardín en el que…

Le explicó por encima su aventura. Cómo solía ir allí a buscar arándanos, o lo que fueran en realidad, porque estaban tremendamente ricos. Cómo la última vez todos estaban igual de buenos, excepto uno que había asumido que debía de estar mohoso o tener un gusano. Era el único diferente, así que claramente tenía que ser el responsable. Un poco decepcionante que fuera el que sabía mal y no uno que supiera excepcionalmente bien, la verdad.

-Lo que no sé es cómo llegó hasta ahí. ¿Se generan espontáneamente? Porque sé a ciencia cierta que lo saqué directamente del árbol; no voy cogiendo fruta del suelo.

Sintió que tenía que aclarar la última parte, solo por asegurarse de no dar una mala imagen. Mientras le iba contando sus peripecias, juntó sus manos sobre el agua. En teoría, entonces, debería de poder formar… seda. ¿No? Se concentró un instante, hasta que algo blanco comenzó a salir de la punta de sus dedos. Los primeros intentos fueron algo torpes, pero a la tercera logró hacer lo que quería. Oyó entonces a Alice y sonrió con picardía.

-Bueno, no es una necesidad pero… a lo mejor quieres ver esto.

En realidad, podía enseñárselo luego. Era una tontería, en realidad. Pero ya que había preguntado, bien podía ofrecerse. Sujetó entre ambas manos su primera creación consciente, un pequeño y algo torpe conejito blanco. No era el más bonito del mundo, ni tampoco el más delicado. Pero tenía dos orejitas, bigotes y un pompón y, al menos para ella, resultaba francamente adorable. Lo sostuvo moviéndose al borde de la bañera, asegurándose de que la espuma siguiera cubriéndole mientras aguardaba a que Alice decidiera.

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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 15 Sep 2021 - 13:56

Era cierto que había espuma, pero eso no significaba que no vieses nada. Desde siempre tus ojos habían sido particularmente hábiles para recrear imágenes con información limitada, y tu percepción lo bastante desarrollada como para ver incluso entre la espuma detalles sutiles pero suficientes. Al menos, eran suficientes para que agradecieses estar de espaldas y ser capaz de evitar el contacto visual con ella. Sabías perfectamente que se daría cuenta; incluso con solo un par de frases que se te habían escapado había podido saberlo, ¿cómo no cuando llevabas la perversión en la frente?

- No puede ser. -Bufaste por un momento, y te echaste a reír-. ¿De verdad te la encontraste en un árbol porque sí? Casi hay que agradecer que no se te adelantase un cuervo.

Las dudas de Illje eran razonables, como las que tendría cualquiera. A ti te había llevado tiempo ser capaz de responderlas y en cierto modo sentías que estabas tratando de sumergirte en un océano inabarcable de curiosidades, secretos oscuros y terroríficos peligros. Pero claro, tenía sentido que una arma de tal calibre estuviera envuelta también en capas y capas de hermetismo.

- Cuando el usuario anterior muere, la fruta se regenera en el fruto más cercano -explicaste. El vaho del espejo comenzaba a condensarse. Puede que yo tuviese algo que ver, pero eso no te estaba impidiendo mirar sin perder detalle. Pequeña pervertida-. No es común encontrar una porque poseer estos poderes te hace mucho más poderosa que el resto. Enfrentarse a un usuario es peligroso, y la poca gente que sabe de las akuma no mis prefiere no correr el riesgo. Otra... Bueno, traza planes más expeditivos.

La espuma subía y bajaba con la respiración de Illje. Se movía levemente, pero lo bastante como para que lo notases. Cuando ella alzaba un brazo, cuando de pronto cruzaba una pierna, en tu mente se completaban las imágenes como un collage. Terminaste apartando la vista del espejo, pero todo lo que mirabas te hacía pensar más y más en ello. Los patines en un rincón, para no mojarse; la ropa perfectamente doblada en la cómoda, su voz a tu espalda con una extraña invitación... De nada.

Te diste la vuelta tratando de ocultar tu excitación bajo un hábito de curiosidad que disimulaba más bien poco tus ojos traviesos, y cuando viste al conejito recorrer tímidamente los márgenes de la barrera no pudiste evitar suspirar conmovida. No era muy complejo, más bien el trazo de un dibujo con bigotes, una suerte de abstracción adorable y blanca. Te acordaste del libro que le habías regalado y dejaste que en tus manos se formase un esquema también, pero completamente negro. Era una jovencita, o al menos un muñeco de cabello largo con vestido, y te arrodillaste para dejarla caminar también por el borde.

El corazón te latía a mil por hora, desbocado, mientras la pequeña perseguía el pompón blanco con tesón. Sus movimientos eran delicados y también medidos, pero su avance mucho más cauto que el del animal. Suspiraste.

- Supongo que esto estaba escrito -dijiste, con una sonrisa nerviosa. No eras capaz de mantenerle la mirada-. El libro siempre empezó con Alice persiguiendo un conejo blanco.

Te arrodillaste con cuidado, pero rápidamente. No sabías si por ella para no dejarla huir o por ti para no permitirte dudar. En tus pensamientos había nervios, algunas maldiciones dirigidas a mí y no pocos improperios mientras cerrabas los ojos. Casi sudando y con todo tu cuerpo temblando de miedo, te acercaste hasta poder darle un beso.
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Mensaje por Illje Landvik Miér 15 Sep 2021 - 16:04

Se rió con ella. No podía evitarlo, llevaba aguantándose un rato y lo cierto es que era demasiado tonto como para no hacerlo. Alice había viajado hasta Thriller Bark buscando una de esas fabulosas akumas y mientras ella, sin saberlo, se había encontrado una casi en el jardín de su casa.

Le hizo un poco menos de gracia saber que alguien había muerto en el agradable jardín de Dark Dome, pero por otro lado… era de esperar. No era una ciudad conocida precisamente por ser pacífica. Si acaso, tenía que dar las gracias de haberse enterado así y no por tropezar con el cadáver. Fuera quien fuera el responsable, esperaba que haberse llevado el arándano no le trajera problemas en el futuro.

Se dio cuenta de varias cosas a la vez. El vaho del espejo que había detrás de Alice estaba empezando a condensarse y una silenciosa bruma comenzaba a envolverlas. Se preguntó si de alguna manera sería ella la responsable; la temperatura no había cambiado en los últimos minutos. Bien podía ser casualidad, pero de una forma o de otra, los ojos de la joven vagaban en su reflejo y la conejita entendió que la espuma no le estaba ocultando tan bien como había creído.

Contempló con maravilla la diminuta Alice de oscuridad que se había formado en el borde de la bañera. Empezó a perseguir su conejito y, dejándolo ir, les dejó correr hasta que la bañera se acabó y no tuvieron a dónde más correr.

Alice estaba delante de ella. Estaba colorada y no le miraba a los ojos, pero Illje no podía apartar los suyos. Toda su cara era un gigantesco signo de interrogación, aguardando pacientemente a ver qué sucedía. Era su amiga. No quería incomodarla. Sabía cómo le miraba y aunque para ella era completamente lógico, entendía que no todo el mundo era capaz de verlo igual. Muchas veces, paciencia y una sonrisa de aliento hacían más que una lluvia de halagos y avances. Esta fue una de esas veces.

Recibió el primer beso que Alice le daba con los ojos cerrados y el cuerpo tenso, aunque en seguida se derritió. Besaba bien. Era dulce, tierno y tembloroso. No pudo evitarlo, alzó las manos del agua para acariciarle las mejillas y se lo devolvió con cariño. Unos segundos después, suspiró. En realidad no quería, pero se apartó con cuidado y otra sonrisa.

-Debería salir, o me va a coger el frío. ¿Quieres acompañarme o prefieres esperar fuera?

Desde luego, ella sabía qué respuesta prefería.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 15 Sep 2021 - 20:50

Por un momento todo fue bien. No había dolor, ni nervios, ni temblores. Tus rodillas contra el suelo apenas molestaban, como apoyadas sobre una nube mientras flotabas sin saber muy bien cómo. Tu cuerpo inclinado sobre la bañera, rozando tu pecho la montaña de espuma que envolvía a Illje, apenas se notaba húmedo, y las manos empapadas de la conejita se sentían firmes y seguras mientras las tuyas, tímidas, se mantenían aferradas al borde de la bañera con miedo a rozar su piel con algo que no fuesen tus labios vacilantes. Los suyos, sin embargo, impasibles, los buscaron hasta conquistarlos.

Terminó por recostarse una vez más muy lentamente, tanto que dio tiempo a que tus labios se despegaran poco a poco de ella, y te atreviste a abrir los ojos. Te miraba con ojitos tiernos como su sonrisa tierna, pero no tanto como la ternura que te había regalado en ese beso. Pero los temblores volvieron de pronto, y el dolor de rodillas, y la humedad en tu pecho. De pronto la humedad jabonosa de las manos de Illje dejó paso a una sequedad salina en tus mejillas, y los miedos volvieron. Qué acababas de hacer, te preguntabas. Por qué no te habías contenido, pensaste. Me echabas la culpa mientras te ibas ruborizando más y más entre la ira y la vergüenza, hasta que viste una salida. Hasta que ella te dio una salida.

- ¿No te va a molestar? -preguntaste. No recordabas que nunca nadie, en una situación parecida, se hubiese molestado en dejarte abandonar el baño-. No quiero que pienses...

No terminaste la frase. No sabías qué decir, así que solo te levantaste y saliste a la carrera, cerrando de un portazo. Diste vueltas como una loca por la habitación, mitad lagrimeando mitad temblorosa. Tal vez una tercera mitad dubitativa, una cuarta ansiosa... Había más mitades de las que podías reconocer, pero solo una tú. Y con dos mitades ya no te entendías. ¿Cómo podías haberla besado? Todo se iba a arruinar ahora; Illje a saber qué pensaría, y tu blusa amarilla encima estaba empapada. Tenías que cambiarte antes de que llegara, antes de que saliese por la puerta... La iba a coger el frío.

Demasiadas cosas.

Es curioso cómo el tiempo se detiene a veces. Fue capaz de frenar cuando ella te cogió entre sus manos, y también mientras te debatías en medio de la habitación. Tal vez lo habías arruinado todo; nada podía ser lo mismo tras aquello, y si salía mal cualquier simulacro de amistad se habría perdido para siempre. Pero aunque pareció una eternidad, apenas pasaste dos minutos antes de volver al baño y encararla, decidida.

- A mí también me va a coger el frío -dijiste, completamente desnuda delante de la tina, reprimiendo los impulsos de cubrirte. Te preguntabas, aunque aún no con mucha fuerza, cuánto aguantarías antes de huir otra vez-. ¿Puedo entrar?
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Mensaje por Illje Landvik Jue 16 Sep 2021 - 19:14

Su madre no le había enseñado demasiadas cosas. Se habían separado demasiado pronto, demasiado de repente. Sin embargo, sí había dado tiempo a que le enseñase a tratar a las personas. Siempre con una sonrisa. Siempre con amabilidad y con respeto. Y aunque habían pasado muchos años y había faltado a esos preceptos con no poca gente antes, los recordaba y ponía en práctica cada vez que la persona le importaba.

Por eso, aunque todo lo que quería era agarrar a Alice y meterla en la bañera con ella, con ropa o sin ella, asintió cuando se separó. Aprovechó el momento para mirarla, carita mojada y completamente colorada. Despeinada, no poco agitada y desde luego indecisa. Quiso besarla de nuevo, pero en lugar de ello asintió con la cabeza.

-Claro que no, está bien. Ve, en seguida voy yo.

Se apoyó en el borde de la bañera al verla salir, portazo incluido, y se quedó ahí un rato. Esperaba no haber hecho nada malo. Le había gustado besarla. Le había preparado un baño delicioso y era siempre tan dulce… ah, pero no tenía caso. Quizá no estaba acostumbrada. O no le apetecía. Tratando de calmar el fuego que bullía en su interior, se sumergió bajo el agua un par de veces, disfrutando del agua caliente y sabiendo que tarde o temprano tendría que salir.

Acababa de decidirse. Se había levantado y se estaba estirando, a punto justo de alargar la mano para coger la toalla, cuando vio moverse el pomo de la puerta. La sonrisa corrió a sus labios antes incluso de que asimilara lo que estaba sucediendo, pero cuando vio a Alice frente a ella todo lo que pudo hacer fue acercarse y cogerla de la mano.

-Por supuesto. No queremos enfermar.

Se la llevó de vuelta a la bañera. Se aseguró de que el agua siguiera caliente y se sentó detrás de ella, abrazándola con delicadeza. Apartó con su pelo con cuidado y dejó regalados una miríada de besos por su nuca y por su cuello. Le acarició con cariño y cuando pensó que ya no aguantaría más, se movió en la bañera y volvió a besarla en los labios. El agua se derramó y más tarde recordaría haber pensado en que iba a ofrecerse a limpiarla, porque era en gran parte culpa suya. Pero el pensamiento pronto se deshizo, oculto por cosas más importantes y urgentes.

Es increíble lo rápido que puede pasarse un día. Para cuando ambas volvieron a estar secas y vestidas, ya era más de mediodía. Alice había ido a por ropa e Illje terminó de vestirse en el baño. Llevaba los patines en la mano cuando lo abandonó, porque con toda la condensación habían acabado algo húmedos y quería esperar a que secaran antes de ponérselos. Llamó con delicadeza a la puerta del camarote de Alice, todavía sonriendo.

-¿Lista para salir de exploración?
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 17 Sep 2021 - 1:43

¿Qué hacías ahí? Buscabas la respuesta mientras tu labio inferior temblaba y tus ojos huían por cada esquina del cuerpo de Illje. Desnuda, delante de ti, preciosa. No querías dejar de mirarla una vez la observaste, pero la impresión te había paralizado los sentidos. Veías borroso, escuchabas a través de una cascada y olías... Solo olía a lavanda y a cálida humedad. Y, claro, a ella. Olía mucho a ella.

Tiró muy despacio de tu mano, casi parsimoniosamente. Por un segundo sentiste que se iba a romper, de lo rígida que estabas. Se movió con dificultades siguiendo el camino que ella marcaba, y tus piernas temblequeaban tanto cuando tuviste que dar un paso en su dirección que el segundo tuvo que esperar un tiempo que, de pronto, sentiste que no tenías. La miraste con miedo, casi preocupada. ¿Querías estar ahí? Aún podías marcharte, aún estabas a tiempo de, simplemente, caminar hacia la puerta. Esta vez sin ruidos fuertes, ni temblores, ni portazos. Solo una mirada hacia delante y el fin de las dudas.

Pero, una vez más, dudaste.

Seguiste el camino que guio, sentándote cuando ella te lo pidió. Notaste sus rodillas contra tu espalda al principio, luego sus muslos abrazando tus caderas mientras apartaba tu cabello con delicadeza. De pronto te diste cuenta de que estorbaba y lo recogiste con las manos, manteniéndolo entre tus pechos agarrado con sumo cuidado, como si fueses a romperlo de un tirón sin darte cuenta. Al fin y al cabo no sabías qué decir, ni tampoco qué hacer, pero ella sí. Sus manos empapadas mojaron tu espalda de caricias mientras dibujaba constelaciones de besos entre tus omóplatos. Recorrió tu nuca con mimo y cuidado beso a beso, haciéndote cosquillas cuando acariciaba demasiado cerca de tus costados. Pero eran cosquillas buenas, en cierto modo, de las que te hacían estirar la espalda y te provocaban una sonrisa que no podías controlar. Para ti sonreír era lo más común, pero que escapase por algo bueno era, simplemente, mágico.

Cerraste los ojos solo preocupada por sentir el calor del baño y de Illje. El entumecimiento que causaba el agua se había vuelto agradable hacía mucho, y cuando de pronto encontró tus labios y te besó... No había palabras, y tal vez aunque las hubiese no habrías mancillado algo tan genuino con ellas. Quizá, por eso, el silencio era la canción de ese baño. Quizá, por eso, los gemidos fueron ahogados y los suspiros música en vuestro baile. La conejita fue amable y paciente, cuidadosa y detallista... Considerada, tal vez fuese la palabra. Todo era como un sueño, y como un sueño pasó. Hasta que despertaste.

Parpadeaste un par de veces al darte cuenta de todo lo que había sucedido. Tu ropa estaba estirada ya sobre la cama, y tras ajustar un poco tu reloj de bolsillo para sincronizarlo a los demás te diste cuenta de que había recuerdos borrosos y espacios vacíos en tu memoria. Los colocabas como un collage racionalizando lo que acababa de suceder, tratando de aceptar lo que habías hecho. Una vez más sentías dudas y, aunque lo que estaba hecho no podía deshacerse, a momentos la idea de borrar ese día de ambas memorias resultaba casi tan encantador como la de revivirlo en cuanto pudieses.

¿Qué significaba aquello? Te vestiste con la pregunta sin conocer respuesta posible, ni fácil ni difícil. Illje era tu amiga, y hasta hacía poco en cierta manera un amor platónico, el imposible con el que soñar durante noches de soledad; era un abrazo que nunca llegaba, una carta enviada al azar cada mañana. ¿Había dejado de serlo? O, por el contrario, ¿era de pronto todo eso y mucho más?

Te pusiste el vestido, negro a juego con el lazo de tu cuello. Cubriendo tu pecho una camisa con chorreras en la parte delantera, y medias sobre la rodilla a juego, también, con los brazales de tela negros. Rosa de tela negra en tu cabello recogido como un moño y la voz de Illje al otro lado de la puerta. Tensión repentina que te recorrió como un relámpago. Casi habías olvidado, aunque no podrías, que ella seguía allí. ¿Se iría alguna vez de ahí? Aunque se fuera, ¿en algún momento dejarías de sentir sus besos en tu nuca?

- Lista -dijiste con voz queda, pero firme, y le abriste la puerta del baño con la sonrisa más sincera que pudiste ofrecerle-. ¿Tú lo estás?

Por algún motivo, mirarla a los ojos te calmó. No sabrías explicarlo, pero de pronto cualquier temor desapareció, tan solo un instante. Luego, simplemente, no importó. Siempre quedaría una botella que lanzar al mar.
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Mensaje por Illje Landvik Vie 17 Sep 2021 - 10:18

Le abrió la puerta, elegante como siempre. Correspondió a su sonrisa mientras ojeaba el conjunto con calma. Muy gótico para su gusto, pero a Alice le sentaba bien. Todo el negro resaltaba sus ojos y su pelo. Se hizo a un lado para dejarla pasar y comprobó con ojo crítico que sus patines hubieran secado. Apenas estaban húmedos, así que el paseíto en su mano y el cambio de temperatura desde la sauna en la que se había convertido el baño habían bastado para dejarlos como siempre.

-Sip. Déjame calzarme y podemos salir. Sé por dónde podemos empezar.

Antes de llegar a Thriller Bark, había estudiado la isla. O, más bien, lo que se contaba de ella. No había mapas oficiales, pero sí una cantidad nada despreciable de testimonios. Casi le asombraba no ver el lugar lleno de turistas, pero lógicamente la explicación más probable era que la mitad de las historias no fueran más que fantasías. Lo que sí era muy real era la cantidad de barcos que habían encallado en sus costas, y sabía a ciencia cierta que no pocos de esos guardaban en su interior todo tipo de tesoros y artilugios.

Sin embargo, ese no era su objetivo. Salió del barco con Alice y marcó el rumbo hacia el corazón del lugar. Inicialmente ella había ido allí buscando materiales, que no era más que una forma ambigua de explicar que iba con la bolsa vacía a la caza de todo aquello a lo que pudiera dar una segunda vida. Había encontrado sin quererlo algo mejor, una explicación al incidente de la seda y lo que solo podía calificarse como un juguete nuevo con el que experimentar. Mientras caminaban, iba creando pequeños hilos entre las manos, jugueteando con el grosor y la configuración, tratando de entender bien cómo funcionaba ese nuevo poder.

El hecho era que ella estaba satisfecha, pero Alice había acudido al lugar buscando algo en concreto e Illje se había acordado de una historia en particular que podía serles de utilidad. La guió hasta más allá de la ciudad, hasta que se encontraron en una larga planicie a primera vista vacía y desolada.

-He escuchado historias.- le explicó.- Historias que hablaban de un jardín secreto en Thriller Bark. Más allá de la explanada deberíamos de encontrarnos con un montón de árboles de granadas, un lugar secreto rodeado por una valla blanca. – sonrió mientras se lo contaba, consciente de lo fantasioso que sonaba. No más que una fruta mágica y, aún así, menos probable.- No puedo asegurar que exista de verdad, pero si lo hace, bueno… Parece el lugar propicio para empezar a buscar a tu corcel, ¿no crees?
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 17 Sep 2021 - 17:04

Thriller Bark era un lugar inmenso, lleno de mitos y leyendas a cada cual más oscura que la anterior. No te sorprendió que Illje conociese alguna, pero sí que fuese tan dulce. "Un jardín de granados", pensaste con cierta sorna. Eso sí que era terrorífico. Aunque tenías serias dudas acerca de que realmente hubiese algo así de existir era el lugar donde más probablemente estaría. Al fin y al cabo si cualquier animal se la había comido eventualmente habría acabado ahí, y si alguien la había llevado consigo... ¿Cuántas probabilidades habría de que no se hubiese acercado a un lugar donde la comida no escaseaba, para variar? Cuanto más lo pensabas, de hecho, más lógica tenía comprobar primero ese lugar y, tal vez luego, con más datos, investigar el resto de lugares posibles.

Asentiste en silencio con ilusión en la mirada. Aunque eras casi una novata en el uso de tu fruta del diablo habías tratado de experimentar desde que conocías tu poder, investigando y leyendo cada cosa que caía en tus manos. Habías descubierto cosas que deseabas poner a prueba, y el nacimiento de un pequeño potrillo de sombras resultaba casi embaucador. Querías verlo corretear y alimentarse de tus poderes hasta crecer brioso y fuerte. También montarlo por los caminos al galope sintiéndote completamente libre. Querías muchas cosas.

- Encontrémoslo pues. -Te quedaste por un momento pensativa-. Pero tú... ¿Además de pervertirme buscabas algo?

Tuviste que darle la espalda lo más deprisa que fuiste capaz y enfilar el camino hasta el muelle mientras procesabas lo que habías dicho. ¿De verdad lo habías dicho? No, yo no había sido esta vez; era totalmente responsabilidad tuya. En el fondo querías hablar de ello, ¿no? Querías saber qué significaba para ti, pero también en qué posición os dejaba eso a ambas. En cierto modo, sí que lo habías complicado todo: Nunca por un desconocido habías tenido la cabeza tan a pájaros.

Respiraste con la calma que pudiste, que no era mucha, explorando con la mirada el cielo y los edificios. Una vez delimitados, todos ellos formaban parte de un organismo vivo. No se trataba de una ciencia exacta, pero casi siempre podía deducirse de manera más o menos eficaz qué había al doblar una esquina. Y si podías preverlo, casi podías orientarte sin siquiera conocer la ciudad. Casi.

- El primer paso siempre es al azar -explicaste, aunque ya habías revisado las calles-. Si yo fuese un jardín de granadas más allá de un vallado blanco, estaría por ahí.

Señalaste hacia el este, pero no en el límite de la costa sino más apuntado al centro de la isla. El gran castillo destacaba entre cualquier otra construcción, pero si había algo tan bonito como un jardín de granados no estaría lejos. Si lo que decía Illje era cierto probablemente fuese el centro de la explanada, o a lo sumo estaría contra las paredes de algún gran edificio. ¿Y por qué a la derecha? Fácil:

- La perspectiva. Fíjate en los tejados. -Había espacio entre algunos, más del que sería normal esperar, y muchos se perdían invisibles tras los anteriores. Eso era el ángulo y la altura, pero sobre todo lo primero-. Si hay una plaza está ahí.

Y hacia ahí marchaste.
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Mensaje por Illje Landvik Dom 19 Sep 2021 - 11:54

Durante un rato, caminaron en silencio. Era agradable, o por lo menos a Illje se lo parecía. Incluso aunque solo pasaban unos minutos del mediodía, todo el lugar estaba inmerso en la penumbra y una extraña niebla violeta las rodeaba. Era una atmósfera un tanto oscura, pero había una cierta brisa y el hecho de que ambas caminaban con calma terminaba de hacer el momento casi acogedor. No era más que una aventura, al fin y al cabo.

Sonrió ante la pregunta de Alice y cuando se adelantó fue detrás de ella hasta ponerle las manos en los hombros.

-No pretendía pervertirte. Ha sido una grata sorpresa.

En realidad, si tenía en cuenta que ella había vuelto a entrar en el cuarto de baño por su propia voluntad, dudaba que se le pudiera achacar la responsabilidad. Al fin y al cabo, solo se había metido en la bañera porque Alice se lo había pedido. Pero, de una forma u otra, había disfrutado mucho del momento. No iba a arruinarlo intentando picarla demasiado.

-Lo cierto es que no buscaba nada en particular. Materiales, sin más. Aquí encallan muchos barcos que llegan desde toda clase de sitios. Supuse que podía encontrar algún que otro metal interesante, tanto como para mis experimentos como para mi… trabajo.

Claro. Cayó de repente en que a ella no le había contado nada de su trabajo. Bueno, era normal. No creía haber tenido esa conversación ni siquiera con Claude. Era complicado porque no era algo que hiciera solo por el dinero, pero si empezaba a hablar de todos los motivos por los que continuaba diseñando y haciendo brazos y piernas de repuesto, podría volverse una conversación muy oscura muy rápido. No estaba segura de querer involucrar a Alice en esa parte de su vida. Ni a nadie, en realidad.

-Diseño prótesis médicas para una compañía.- Explicó, tratando de ser tan ambigua como podía. Ya entraría en profundidad en otro momento. Quizás.- Brazos, piernas… intento mejorarlas y hacerlas cada vez más avanzadas. Por eso los materiales extraños o con propiedades curiosas pueden llegar a ser de utilidad.

Dejó de hablar. Había estado siguiendo a Alice y a sus indicaciones y, claramente, había dado en el clavo. Al fondo, en línea recta frente a ellas, podía verlo: una valla blanca y un montón de árboles detrás.

-No me puedo creer que exista de verdad.

La madera pintada de blanco relucía en el lugar, destacando por su color como si no perteneciera del todo a la oscura isla. Se acercaron y no tardaron en comprobar que, efectivamente, el jardín estaba lleno de granados. Granados cubiertos de frutas, además. Illje dio un par de vueltas sobre sí misma, admirando el paisaje. Las granadas eran redondas y grandes, tanto que casi le extrañaba que los árboles soportaran el peso. Tenían pinta de ser jugosas y estar más que deliciosas. ¿Quién habría plantado todo eso? Miró a Alice con una pequeña sonrisa.

-¿Cómo sabremos que la hemos encontrado?
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 19 Sep 2021 - 15:23

- ¡Illje! -protestaste nuevamente-. No deberías hablar así, no es propio de una dama. Van a pensar que eres una descocada.

En realidad, creías haber hablado con ella algo similar cuando la conejita apareció por Hallstat. Ella no era la clase de persona que se dejase llevar por lo que otros pudiesen pensar de ella, o al menos era la impresión que solía darte. No obstante, asumías que hasta ella tendría un poco de decoro para no decir según qué cosas. Aunque, a decir verdad, en esa ocasión -y sin que sirviera de precedente- tú la habías provocado a ella. En realidad, te había gustado provocarla; era una venganza dulce ante sus constantes pullas. Por cierto, estabas sonriendo como una idiota.

Retuviste esa sonrisa un rato. Era distinta a la que te provocaba el dolor, aunque solo en sutilezas: No mostrabas los dientes, y la comisura de tus labios solo se estiraba ligeramente; no se te crispaba el gesto, y además tus ojos no parecían estar a punto de salirse de sus órbitas. Mirabas con tranquilidad el lúgubre paisaje de Thriller Bark e incluso en la profundidad de su atmósfera purpúrea parecía abocarse a una tarde hermosa, en cierto modo. Aunque, para ser justos, casi estabas más atenta a ella que a la ciudad. De hecho, de no haber sido porque te dejaste guiar por ella, tal vez no habríais llegado.

Illje habló, pero tú tan solo observaste boquiabierta el jardín de granados. Estaban ahí, lustrosos, tras una valla blanca de más de dos metros de altura. Esta verja no estaba manchada de óxido, y casi podrías haber sospechado que la recorría cierto brillo prístino. Algo hacía que no te diese buena espina, pero contagiada por el entusiasmo de la conejita te adentraste junto a ella y dejaste que el olor a madera y los vivos colores de las hojas y la fruta te envolviesen. Todo era precioso; en realidad, demasiado bonito.

- Las frutas del diablo no se parecen a las frutas comunes -explicaste. Habías olvidado que Illje no sabía nada acerca de ellas-. Tienen colores de fantasía, y toda su superficie está recorrida por espirales. La que consumí yo parecía un gigantesco racimo de uvas con púas. -Te detuviste a medio avanzar, mirando a tu alrededor-. Pero esto parece una trampa.

Le señalaste las vallas lustrosas y las calles descuidadas. Los pocos lugares que habíais atravesado con hierba mostraban un tapiz macilento de hebras amarillas, mientras que el lugar en el que habíais entrado parecía un vergel. Era demasiado bonito para ser cierto.

- Probablemente este sea el único lugar de Thriller Bark donde hay comida -continuaste-. No parece algo accidental; alguien vive aquí, y cuida que se mantenga atractivo. No sé qué habrá en la fruta, pero me siento como una mosca en la telaraña. -Dudaste por un segundo-. Hay que buscar rastros de cadáveres. Y si no hay ninguno, la fruta estará casi seguro colgada en los exteriores de la arboleda. Al fin y al cabo, se reencarna en el fruto más cercano. Y eso, si no ha muerto aquí, es en las lindes.

Pero hubiese lo que hubiese, no pensabas tocar ninguna fruta con las manos.
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