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Lo que acecha en la oscuridad [Misión Osada - West Blue]

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Mensaje por Narrador OPD Dom 5 Sep 2021 - 19:26

Contratante: Bibliotecaria Carey Leilah

Descripción de la misión: Tengo un… pequeño gran problema. La biblioteca en Nueva Ohara es grande, tremendamente grande. Y es posible que durante uno de mis turnos de trabajo se me cayera un libro de valor… especial, por el hueco de las escaleras. El problema es que nadie baja hasta el fondo de las escaleras. Yo desde luego no me atrevo. Los niveles inferiores llevan abandonados bastante tiempo, solo se usan de almacenamiento. Algunos de los bibliotecarios dicen haber oído ruidos horribles venir desde ahí abajo, ni siquiera funciona la luz y no tengo muy claro qué puede acechar en la oscuridad pero… necesito mi libro. ¿Por favor?

Recompensa: Un favor de la bibliotecaria, además de la posibilidad de aprender una técnica de combate especial.

Información adicional: Algunos de los bibliotecarios han empezado a utilizar los niveles inferiores como espacio para hacer ejercicio y practicar desde baile hasta artes marciales, como forma de pasar el tiempo y mantener el cuerpo en forma.
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Mensaje por Thyma Bandle Lun 15 Nov 2021 - 12:01

El barco en el que viajaban los Bandle había llegado a los Mares del Oeste. Atracando en la primera isla que los navegantes avistaron. Una parada técnica que les serviría a los trabajadores del barco para recargar provisiones y por qué no, esparcirse un rato. Los Bandle nunca perdían la oportunidad de visitar una nueva localización y dejarse llevar por lo que les deparase el destino. Habían hecho grandes amigos gracias a sus espíritus intrépidos y sus ganas de ayudar. Tras poner en aviso a la tripulación de que ellos también desembarcarían, lo hicieron. Thyma descendió por la rampa de acceso, iba divertida viendo como su hermano, a penas sin tomar impulso, saltaba desde la barandilla del barco hasta el suelo del muelle. Realizó una doble voltereta en el aire y aterrizó en el suelo de una forma impecable. Thyma daba palmas y saltitos  acercándose a su hermano. -Espectacular, Thym. Estás hecho un pedazo de artista.- Le dijo orgullosa, frotando su nariz en la mejilla peluda de su hermano.  
El puerto de la isla era muy sencillo. Tenía lo necesario para ser funcional y seguro. Contaba con un pequeño paseo simple y modesto, sin grandes ornamentaciones, ni ostentosidades. Apenas unas farolas iluminaban el camino de noche. Para Thyma aquello, también tenía su encanto. Pese a ser de las que piensan que "más es más", que "cuanto más azúcar más dulce" y todas esas frases que solía decir, ese puerto le pareció apropiado. Los lugareños parecían estar en sintonía con el lugar. Tal vez porque esa fuese una parte de la población más obrera, pero no daba la sensación de que allí hubiese grandes lujos. Un ambiente muy alejado de su isla de origen Mirrorball, donde el lujo y la extravagancia son el pan de cada día.

Los mellizos planearon adentrarse hasta el centro de la ciudad. La experiencia les decía que allí era donde todo se cocía. Callejeando y siguiendo la estructura lógica de una ciudad, se fueron acercando al centro. La ciudad era igual de modesta que el puerto. Casas bajas, viviendas unifamiliares y comercios, era lo que más abundaba. Era difícil saber de dónde extraían los recursos, más allá del turismo comercial. Los mellizos con sus mochilitas en la espalda, caminaron sin prisa alguna, el clima era estupendo y cada calle emitía un aroma diferente. Compraron varios dulces locales y escudriñaron varias tiendas y escaparates. Aunque no encontraron nada especial. Para Thyma suponía uno de sus momentos favoritos. Poder ir de tienda en tienda con su hermanito, parándose a mirar todo, sin prisa y bajo la tranquilidad de pasar desapercibidos durante un rato. Thyma compró algunos moldes de galletas con formas muy graciosas, entre ellos encontró un rey marino, un den den mushi y una sirena. Estaba deseando estrenarlos. Thymo también había comprado varias cosas. Cada objeto adquirido, se lo enseñaban el uno al otro, buscando aprobación. -¿Nos comemos unos reyes marinos esta noche?- Le dijo divertida enseñándole los moldes. Tras varios berries gastados, les entró hambre. Thyma había visto un cartel en un local, con muy buena pinta. Aseguraban tener los mejores tomates rellenos de la zona y resultaba demasiado tentador como para no ponerlo a prueba. El local era grande y estaba lleno de pequeñas mesas. Varios parroquianos ocupaban algunas de ellas. La decoración estaba algo más cuidada que el resto de edificios y comercios. Se notaba que allí se amasaba dinero, pues durante toda la estancia, el restaurante tuvo un incesante goteo de clientes. Los pequeños eligieron una localización bastante central. Al tomar sus sitios, una amable señorita les tomó nota. Thyma pidió los tomates y una limonada, Tras pedir su hermano la señorita alabó el buen gusto en el pedido y se marchó. La pequeña confeccionó en un abrir y cerrar de ojos unos cojines para comer cómodos y se aposentaron en ellos. Cada vez le salían mejor y eran más confortables.
Los pequeños conversaban, esperando sus alimentos. Estaban animados y el lugar invitaba a ello. Pese a la sobriedad de la ciudad, la gente parecía alegre con sus vidas y en general se respiraba un muy buen ambiente. Los tenderos eran amables y no intentaban timarte a cada compra, los paisanos se saludaban entre si y se deseaban buena vida. Un lugar muy afable. Durante la conversación, Thyma observaba sus alrededores y le llamó mucho la atención un lugar concreto del restaurante. Allí las mesas eran más pequeñas, típicas de una cafetería, más que de un restaurante; la luz era más tenue y las sillas eran sustituidas por unos sillones de terciopelo azul. Todos los ocupantes de esa zona estaban inmersos, cada uno en su lectura. A la pequeña le pareció curioso que hubiese tanta gente que acudiese a un lugar tan ruidoso como ese a leer. "Menudos aburridos." Pensó. Por lo menos había ocho o diez lectores. La Tontatta los ignoró en cuanto llegaron las bebidas a la mesa. Se centró en su limonada y en la conversación con su hermano.
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Mensaje por Thymo Bandle Mar 16 Nov 2021 - 20:23

Aquel viaje estaba resultando una autentica maravilla para los enanos. El crecimiento personal que estaban teniendo y la amplitud con la que veían ahora el mundo no tenían comparación con las antiguas formas. Aun así, los Bandle continuaban mirando todo con buenos ojos, apenas habían conocido la maldad, aunque los acercamientos a ella habían sido contundentes. Pero seguían viajando y descubriendo que tan solo en algunos casos, la maldad presente en los humanos se hacía presente.
Así, los desembarcos solían ser desenfadados, llenos de emoción y trepidantes para los pequeños. Los paseos por los mercados podían ser caóticos en ocasiones, sobre todo si disponían de poco tiempo, de mucho que comprar, o las cosas eran muy difíciles de encontrar. En esos momentos, arrancaban a caminar a velocidad Bandle provocando un montón de bolsas que salían volando de las manos de sus dueños y ráfagas de aire que removían las ascuas de los fuegos donde los vendedores de comida cocinaban sus platos.

Con una gran bolsa de frutitas desecadas en la mochila, el feliz enano acompañaba a su melliza de lado a lado mirando los carteles con emoción y revisando cada elemento a la venta del mercado. Aquellos días donde respiraban paz eran los favoritos de Thymo, que tenía poco más que hacer que acompañar a su hermanita, cuidar de ella y ser feliz.
La felicidad llevó a los tontatta al interior de una cafetería con -¿Libros?- pensó el pequeño al revisar la estancia.

Tras tomas la orden y mientras los enanos esperaban por sus viandas, no les fue posible evitar escuchar los susurros que se perdían entre las hojas de los libros. Ininteligibles voces que se comunicaban, casi en silencio, con sus bocas tapadas tras voluminosos tomos, pero con la mirada viva, buscando algún posible escuchante ajeno.
El camarero, al regresar con la comida y ver el interés que mostraba el pequeño por aquella situación, explicó a la pareja que hacía algún tiempo, desagradables rumores comenzaron a surgir en la gran biblioteca, y desde entonces muchos de los lectores y estudiantes han convertido los alrededores en zonas donde realizar sus lecturas y estudios.
Los rumores activaron la curiosidad del enano, que ya estaba imaginando una biblioteca llena de monstruos y un héroe entrando, brillando con luz propia y librando a los inocentes del peligro mientras disfrutaba del relleno de los tomates -Stostá muhüeno- dijo el pequeño a su melliza con la boca llena de comida caliente, moviendo con la lengua el bolo y aspirando aire a la par que utilizaba sus manitas para enfriar rápidamente la comida y dejar de quemarse. La imaginación del pequeño podía volar, pero no sería una distracción para dar buena cuenta de la comida que tenía delante y con una sonrisa, siguió soplando el contenido de su plato, esperando a poder comer sin peligro para su sensible lengua.
Tras pedir los postres, y comerlos, el tontatta no aguantó más. Había respetado la hora de la comida, que era sagrado para los Bandle, pero tras terminar de comer, la emoción de la aventura lo embargó de nuevo -¿Ayudamos a los cerebritos?- Preguntó a su melliza -Me muero de ganas por saber más acerca de esos ruidos. Estoy seguro de poder identificar de que animal provienen- exclamó, mientras trataba de imaginar que tipo de bestia podía emitir sonidos tan aterradores -Seguro que al ser un sótano es parecido a una cueva y todo el sonido se multiplica y se distorsiona de maneras raras hasta llegar arriba- terminó el pequeño con un tono que ni siquiera él mismo podría identificar como esperanza o duda.
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Mensaje por Thyma Bandle Miér 17 Nov 2021 - 13:01

El camarero, a parte de los humeantes tomates rellenos, traía también información sobre los lectores. Los mellizos se habían mostrado muy curiosos, al respecto. Thyma no le prestó la mayor importancia. No se le ocurría un lugar más aburrido y desesperante que una biblioteca. Comenzó a partir su comida y a esparcirla por el plato para poder degustarla sin quemarse como le había pasado a su hermano. La pequeña no podía parar de reír al verlo hacer aspavientos y abanicarse. Le resultó muy gracioso ver el humo salir por la boca de su mellizo, en forma de tubo, como si de una chimenea se tratase. Cuando recuperó la compostura, sus alimentos ya estaban aptos para comer. -Mmmmm. Es verdad, Thym. Están riquísimos.- Le dijo emitiendo soniditos por el placer gastronómico que sentía. En realidad era un plato muy sencillo. Varios ingredientes bien combinados y en la proporción justa, hacían un plato muy equilibrado. Inevitablemente, la cocinera, comenzó a desentrañar todos los secretos de esa simple y resultona receta. -Creo que los puedo hacer casi igual.- Le dijo a su hermano finalmente. Una vez tuvo controlada su "deformación profesional", dejó volar sus recuerdos, mientras comía.
La única vez que Thyma había entrado en una biblioteca, resultó ser una experiencia muy desagradable. El jefe le había pedido acompañarle para hacer entrega de los uniformes, de los trabajadores de la biblioteca. Cada uno tenía su nombre bordado a mano, trabajo que solía hacer la pequeña, por su excelente caligrafía y la pulcritud en sus acabados. El caso es que cuando entraron, lejos de agradecerle un trabajo bien hecho, no pararon de reñirla. Que si hablaba muy alto, que si hacía ruido con sus zapatitos, que si no paraba de mover la colita y les distraía. Thyma pensaba que los lectores eran gente muy repugnante. ¿A caso era tan difícil leer y hablar al mismo tiempo? La pequeña se indignaba solo de pensarlo. Ella estaba muy habituada a leer con sus compañeros. Claro que, ellos leían y comentaban, al mismo tiempo, revistas de moda y diseño. Nada que ver, pero para ella no existía diferencia alguna.

El postre logró sacarla de sus recuerdos y regresó a la mesa con su hermano. -¿Por qué le llamarán cheesecacke, cuando es una simple tarta de queso?- Le preguntó a su hermano algo confundida. Tal vez allí le llamaban así. Confusión a parte, la tarta estaba deliciosa. Al terminar de comer, Thymo mostró su espíritu aventurero. Al parecer él había estado cavilando durante la comida, pero en una sintonía muy contraria a la de su hermana. Al escuchar su propuesta de ayudar a los cerebritos, Thyma se quedó mirándolo pensativa. -Claro, no tenemos más bola que rascar.- Le dijo convencida. La pequeña no podía negarle nada a su hermano, ni tan siquiera ir al lugar más horrible del mundo. Ir a una biblioteca n o formaba parte de su plan ideal de día libre, pero a Thymo le debía su vida. Literalmente. Además había hecho por ella lo que nadie en el mundo hubiese hecho. Abandonó su cómoda vida en el gremio, para entrar en el mundo del espectáculo, tan ajeno a él. Y ahora viaja por el mundo con su hermana, para crecer juntos y expandir sus mentes. Si había que ir a una biblioteca por su hermano, se iba. Con lágrimas en los ojos, pero se iba.

Salieron del establecimiento y se dirigieron hacia la dirección dada por el camarero. Caminar bajo el sol de medio día y con las barrigas llenas se hacía muy pesado. Thymo estaba eufórico por iniciar una nueva aventura, hablaba sobre las posibilidades de lo que se encontrarías. Thyma en cambio, alargaba el momento todo lo que podía. Se sentaba en todos los bancos a la sombra que veía. -Estoy más rellena que los tomates, Thym.- Le decía sacando más barriga de la que ya tenía. -¿Y si vamos volando?- Le dijo con una sonrisa pícara, iluminando con un pequeño destello, su sonrisa. Atravesaron un par de calles y llegaron. La biblioteca principal estaba realmente cerca del restaurante, pero era una distancia enorme para una remolona Tontatta.

Biblioteca:

Lo que acecha en la oscuridad [Misión Osada - West Blue] Biblio11

El edificio era una construcción blanca entera, a excepción de puertas y ventanas que conservaba el color de la madera. Estaba tan impoluto que el Sol reflejado sobre las paredes, dañaba la vista. Era una construcción con líneas muy rectas. A Thyma le fascinó su belleza y ya no se mostraba tan recelosa de entrar. -¿Qué te parece si entramos a reconocer el terreno?- Un vistazo de la localización, por dentro, les ayudaría a ponerse en contexto ante futuras informaciones. Aprovechando que entraba un lugareño, los pequeños se colaron tras él, por la enorme puerta de madera. El espacio interior eran tan aséptico, como anunciaba por fuera. Un lugar impoluto, con un aroma suave a limpieza, mezclado con el olor propio de los libros. En la recepción hacía varios sofás y mesitas, el mostrador, alguna vitrina con artículos a la venta y estaba coronada con una impresionante lámpara de araña . La biblioteca contaba con varios pisos, cada uno de ellos enfocado a diferentes temáticas y cada piso estaba distribuido en  varias secciones a su vez. Por suerte los pasillos, escaleras y salas estaban llenas de mapas que te indicaban la localización en cada sitio. Thymo no se desorientaría con una ayuda así.
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Mensaje por Thymo Bandle Miér 17 Nov 2021 - 20:20

Como alguien acostumbrado a los entornos con animales, el enano estaba más que acostumbrado a lidiar con situaciones en las que la vida salvaje estaba involucrada. Caminaba con total confianza en dirección a la biblioteca donde ocurrían aquellas cosas raras que tenían amedrentados a tantos estudiosos.

Con total intención de no ser descubiertos, aprovecharon la ocasión y se colaron en un descuido. La primera sensación del pequeño que venía pensando en encontrar algo similar a un pajar fue de total arcada. Nada lo había preparado para sentir el olor químico de los detergentes utilizados para fregar el suelo. La pulcritud con la que llevaban el lugar era, sin duda, digna de elogio. Pero tan solo le hacía pensar al enano que si mantenían ese olor en el lugar, es por que querían camuflar otro peor, porque cunado su melliza limpiaba no olía así.

Las salas, una tras otra, parecían exactamente lo mismo para los pequeños. Un lugar aburrido y silencioso lleno de libros y lugares donde leer y tomar notas. Lo más alejado de la idea de diversión que los pequeños podían tener en mente en ningún momento de sus vidas. Por suerte para Thymo, la primera sensación horrible a limpieza había sido sustituida por un ligero acompañamiento que se mezclaba con el olor de la celulosa y las cubiertas decoradas de algunos volúmenes. La primera sensación que había hecho tanto contraste en su mente, como cuando quería vino pero simplemente era zumo. El zumo le gustaba de verdad, pero odiaba la horrible sensación que sentía cuando esperaba otra cosa.

El lugar era demasiado grande para ser visto entero con profundidad en un solo día. Demasiadas salas, demasiados pisos y demasiadas curiosidades colgadas por las paredes, como primeras ediciones firmadas por los autores, piezas de madera de proyectos que más adelante llegaron a ser útiles, las bisagras dobles, que permitían abrir las puertas en ambas direcciones. Demasiadas cosas como para que alguien las vea en un solo día. Pero los mellizos, a velocidad Bandle, e interesándose lo mínimo por lo que tenían alrededor, lograron caminan al menos, por cada rincón accesible al publico.
-No vamos a encontrar nada por nosotros mismos Thym- dijo en un momento dado -Vamos a ver si nos dejan pasar a los lugares prohibidos- sugirió el tontatta, convencido de que ninguna de aquellas personas podrían negarse a dejarles caminar por el edificio si se lo pedían amablemente. Parecían buena gente, ocupados con sus cosas, pero amables entre ellos y con lo que tenían alrededor y el pequeño sabía valorar aquellas cosas. Además, su sed de aventuras había despertado con la promesa de encontrar animales y nada haría que aquella llama se apagase4 hasta que diese con la fuente del problema.

-HOLA- dijo desde el suelo el enano, haciendo que la bibliotecaria Carey Leilah saltase de su asiento, moviendo nerviosa los ojos de un lado a otro tratando de encontrar la fuente de la voz -Hola- repitió en un tono más bajo ahora que tenía su atención. -DIOS, PERO QUE COSITA TAN MONA- grito en susurros la mujer al ver al enano, pero nada la preparaba para encontrarse con Thyma. Aquella copia en versión femenina del pequeño la hizo chillar mientras agitaba sus puños a la altura de sus hombros, emocionada, con un largo "IIIIIIIHHHHHHH" contenido. Thymo estaba seguro que de haberlos visto en un lugar donde no riñesen por gritar, aquella señora hubiera sonado como un gorrino
-EJEM- quiso llamar la atención, pero no hizo falta, pues al menos movimiento, Carey fijaba su vista, atenta a todo lo que los tontatta hacían. Como se movían, el acento que tenían, su anatomía. Parecía que los estaba haciendo un diagnostico, lo cual molesto un poco al pequeño, que no estaba acostumbrado a semejantes muestras de atención -Perdona, necesito que me digas donde están los animales y si puedo verlos- La pregunta dejó fuera de lugar a la bibliotecaria, que aun sin salir de su asombro respondió extrañada -Qu... ¿Qué? ¿Qué animales?-

Tras un rato intentando que la mujer entendiese lo que el pequeño la estaba contando sobre las trasformaciones de los ruidos, el eco de las cuevas y como se amplifican hasta los pasos de las arañas según la composición del suelo, esta preguntó -¿Todo esto es por los ruidos de los pisos inferiores?-
Tras otro rato de dialogo haciendo comprender al enano que nadie había dicho nada de animales y que no sabía de lo que hablaba explicó que no solo los ruidos eran aterradores, también el olor era completamente nauseabundo. También explicó que los pisos inferiores habían sido cerrados por seguridad, pero que uno de sus libros especiales se había quedado abajo y necesitaba recuperarlo, una "bitácora".

-¿PERO COMO UNAS COSITAS TAN ADORABLES VAN A BAJAR A MIRAR?- preguntó escandalizada cunado Thymo aseguró que bajarían, elevando el tono más de lo debido y recibiendo un contundente “SSHHH” proveniente de algún lugar, fuera del despacho donde la encargada trabajaba -Señora- respondió el enano ya ofendido -Somos los Bandle- exclamó, seguro de si mismo, como si aquello lo explicase todo, tomó a su melliza de la mano y salió en dirección a la puerta que daba a los pisos inferiores pisando fuerte, con el pecho henchido y el rostro ofendido. Aquel lugar estaba siendo no solo una decepción, sino que además lo estaban insultando. A ÉL, que solo había venido a ayudar. -Acabaremos con el problema y le demostraremos a esa señora que los Bandle pueden con cualquier cosa- dijo tras cruzar la puerta y enfrentar por primera vez la total oscuridad en aquel edificio.

Tras cerrarse la puerta tras ellos con un silencioso “Clack”, la oscuridad total los envolvió hasta que sus pupilas se acostumbraros al repentino descenso de luminosidad. Los ojos de Thymo estaban habituados a los cambios rápidos de luz y los reflejos, por lo que era bastante complicado dejarlo ciego. Pero en situaciones como aquella, sin estar prevenido, no podía evitar sentirse tan cegado como los demás.
Cuando las sombras más oscuras se tornaron solo grisáceas y el camino ante ellos comenzó a ser más visible, comenzaron a descender la escalera que los llevaría al lugar de los rumores, el nido de la bestia. La guarida, el cubil del monstruo. La imaginación del pequeño volaba más alto con cada escalón que descendían y se preparo instintivamente para cualquier cosa que pudiera acecharlos en las sombras adoptando su forma híbrida -Tengo que enseñarle esta cara a la bibliotecaria- dijo mientras acariciaba uno de sus poderosos colmillos con una de sus manos de escarabajo y se chupaba una antena -A que soy adorable- afirmó más que preguntó, nervioso por la nueva aventura y desquitando parte del rato que había estado en silencio por el edificio.


Última edición por Thymo Bandle el Lun 29 Nov 2021 - 14:26, editado 1 vez
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 21 Nov 2021 - 15:27

Los mellizos recorrieron todas las estancias, con acceso al público. La biblioteca era enorme y todas sus salas parecían igual de asepticas que el resto. Había unas más concurridas que otras, pero en todas ellas reinaba el silencio más absoluto. Menos mal que los Tontatta contaban con su maravilloso idioma silencioso, de no ser así Thyma hubiese estallado como una olla a presión en varios momentos. Tras recorrer la totalidad del edificio, Thymo llegó a la conclusión de que no encontrarían nada por ellos mismos. Ya que, ni tan siquiera, podían preguntar a los lectores y estudiantes, lo probaron y les chistaron enseguida. "Con esta gente no se puede." Pensaba la pequeña. Decidieron ir directamente al mostrador de recepción y preguntar, sin rodeos, por los rumores. Al llegar, el pequeño saludó y la reacción de la recepcionista fue de absoluta sorpresa. Se notaba que nunca había visto seres como los Bandle y al parecer, le parecieron adorables. Thyma se pavoneó frente a la mujer, girándose para mostrar su hermosa y pomposa colita. La balanceó varias veces para terminar de encandilarla con la gracilidad de sus movimientos. Aquella mujer contuvo un pitido de emoción, de haber estado en el exterior, habría asustado varios gatos, al igual que le pasaba a Thyma.

El Tontatta preguntó por las bestias y la mujer, o se hizo la loca, o realmente no sabía de qué estaban hablando. Cuando se dio cuenta de que preguntaban por los ruidos de los pisos inferiores, la mujer se escandalizó de imaginárselos bajando. Los mellizos se molestaron por esa reacción. Podían ser muchas cosas, pero la cobardía no los definía. -Eso, si. Somos los Bandle.- Dijo Thyma con el dedo índice levantado de forma desafiante. A la mujer se le dibujaron unos corazones en los ojos al verlos tan cabreados. Ante tal desfachatez, Thymo se inundó de orgullo Bandle y tomando a su hermanita de la mano se dirigió hacia la puerta que comunicaban con los pisos inferiores. Ambos con la barbilla alzada y el pecho hinchado comenzaron a caminar, orgullosos y dignos. En realidad, a Thyma si le asustaba un poco lo que pudieran encontrar ahí abajo. Ella no tenía la misma soltura con las bestias como su hermano. Las únicas bestias con las que estaba  acostumbrada a lidiar, llevaban traje y trataban de venderte sus productos. Aun así, la presencia de su mellizo le infundía valor. Una vez frente a la puerta, Thymo mostró su determinación por resolver ese entuerto y cerrarle la boca a la recepcionista. -Pues claro, Thym. Solo existe esa opción. ¿A que si?- Le contestó sonriente. Les costase más o menos enfrentarse a lo desconocido, Thyma confiaba en el gran equipo que hacían.
Tras la puerta, la total oscuridad les absorbió. Thyma tardó un buen rato en acostumbrar su visión y se agarraba a las ropas de su hermano y a las paredes, para no caerse. A medida que descendían, la pequeña iba sintiendo cada vez más frío. Tal vez fuese meramente sugestivo, ya que su mente, al igual que la de su hermano, se imaginó diferentes escenarios y enemigos. Todos ellos la inquietaban. La Tontatta percibió antes el olor nauseabundo que emergía de las profundidades, que acostumbrarse a la oscuridad. Una mezcla de ácido y ágrio inclinó su cuerpo en una poderosa arcada. -Sucio, sucio, sucio...- Dijo en voz baja, preocupada por lo que se pudieran encontrar. Al enderezarse, pasó el dedo por debajo de su nariz e impregnó los pelitos de su cara con un agradable aroma. No era una gran solución, pero al menos controlaría las ganas de vomitar.

Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, la pequeña, pudo ver a su hermano con su forma híbrida. -No tiene pinta de que le gusten los bichos. Parece más de esponjosidades.- Dijo estrujándose las mejillas a si misma. -Pero a mi me pareces adorable en todas tu formas.- Aquello no era del todo cierto. Thyma había visto a su hermano fuera de control, siendo un ser enorme y poderoso. Ese estado le asustaba, pues no estaba segura de siquiera poder razonar con él así, pero no era momento, ni lugar para tratar esos temas. Al final de la escalera un largo pasillo se mostró ante ellos. Frío y abovedado, rompía con la línea estructural y de diseño del edificio. -¡UUUUUHHHHHH! ¡AH!- Un Grito estremecedor retumbó por la paredes enladrilladas del túnel. Parecía proceder del final del mismo. Los pelos de Thyma se erizaron de pies a cabeza y un escalofrío le recorrió la espalada. -¿Qué ha sido eso?- Le preguntó a su hermano con un gesto. No quería hacer ningún ruido o movimiento innecesario, no sea que la bestia les interceptase. -¡IIIIIIIIIAAAAH!- Se volvió a escuchar. Los ojos de Thyma se abrieron por completo. Al menos el sonido, no parecía acercarse, lo cual era buena señal. La pequeña miró a su hermano tratando de buscar respuestas a preguntas sin formular. Hasta que tímidamente y en un arranque de valor o inconsciencia le susurró. -¿Vamos?- Con más temor que otra cosa, pero dejando a su apellido en buen lugar comenzó a avanzar a pequeños y sutiles pasos. El pasillo tenía a ambos lados puertas cada pocos pasos y las voces parecías venir de la más alejada, pero les sería difícil verla, si no se acercaban un poco más.
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Mensaje por Thymo Bandle Mar 23 Nov 2021 - 17:33

Thymo había estado confundido muchas veces en su vida. Había muchos aspectos del mundo que escapaban a su comprensión, incluso el trato con los humanos en muchas de las ocasiones. Pero en aquel momento no solo estaba confundido, sino alucinando.
Los sonidos provenientes del fondo del oscuro pasillo eran, de lejos, el sonido animal más extraño que el pequeño había escuchado en su vida. Continuos golpes rítmicos marcaban los pasos de baile que la criatura, o criaturas describían al amparo de la biblioteca. Ocupando los oscuros rincones donde ni los empleados se atrevían a bajar por temor a ser engullidos y devorados por quien sabe que bestia.

Thymo sabía que aquellos pasillos eran lo suficientemente pequeños como para que los humanos pudieran tener problemas para correr y esquivar ataques de los animales. Pero confiaba en que su melliza y él, tuvieran más oportunidad de escapar si las cosas se ponían complicadas pudiendo aprovechar todo el espacio que una construcción hecha para humanos les otorgaba.
-Claro- afirmó con la cabeza el pequeño contestando a la pregunta de Thyma e iniciando la marcha. Sus antenas detectaban las vibraciones en los alrededores, además de extender sus otros sentidos como el olfato y en cierto modo el tacto. Era una extraña combinación herencia de las capacidades del animal totémico de su fruta. El resto de salas a los laterales del pasillo parecían permanecer vacías, ningún aroma, ninguna vibración, ninguna sensación de movimiento provenían de ellas, lo cual no aseguraba que permanecieran desiertas. Precavido, el enano arrimó la oreja y sus otros sentidos, muy atento, tratando de detectar hasta el mínimo atisbo de vida al otro lado de la primera de las puertas. Sonidos que incluso cualquiera durmiendo haría al respirar. Cualquier tipo de indicio de vida antes de pasar por delante y no pudo descubrir nada. Para su mente, poco habituada a que algo se le escape en cuestión de percepción cercana, eso solo significaba que la sala estaba vacía. El pequeño jamás había encontrado ser vivo capaz de huir de aquella capacidad para percibir las vibraciones en el entorno cercano, por lo que poco a poco fue tomando confianza y para cuando terminó de registrar cada puerta del pasillo por seguridad. Los mellizos ya estaban frente a la ultima de las puertas.

Una puerta doble permanecía de barrera entre la pareja y el cubil de las bestias. Tras las gruesas maderas se encontraba el objeto del temor de todos los cerebritos que gustaban de estudiar en aquel edificio y de los trabajadores que se veían obligados a permanecer en sus puestos pese a la extraña situación que estaban viviendo.
Estando tan cerca se podía saborear el aroma que emanaba de las bestias. Un sabor agrio fluía entre la garganta y la nariz del pequeño cada vez que tragaba saliva. Casi podía paladear aquello, pero no distraía al cazador de su presa, atento a todo, estando tan solo a unos pasos de lo que fuese que habitaba tras las puertas, podía escucharlos mucho mejor.
Los sonidos que dejaba salir aquel grueso portón seguían siendo raros y distorsionados por capas y capas de material, pero se podía distinguir respiraciones pesadas entre grito y grito, entre chirrío y chirrío. Entre golpe y golpe. Y entonces la cara de confusión regresó al rostro del pequeño, que miró a su melliza como si fuese la primera vez que la veía. Ambos sabían que no era por ella, sino por que su mente trataba de procesar muchas cosas y recomponer alguna teoría con las nuevas pruebas. Thyma podía oírlo pensar claramente, podía oír cada engranaje del cerebro del pequeño poniéndose a funcionar lentamente, mientras su mirada seguía turbia. Para después, tras conseguir arrancar, aclarando así la expresión borrosa de sus pupilas, alcanzar una resolución -No se lo que es, pero lo quiero saber- dijo el enano muy serio con gestos rápidos y cortantes en su idioma de signos -Creo que alguien podría estar en peligro- dijo tras analizar la situación y volverse de nuevo hacia las puertas -Abriré camino-

Las puertas estaban construidas de gruesas maderas con remates metálicos en todo su borde. Además, como el resto de salas de la biblioteca, estaba bien insonorizada, por lo que cualquiera que estuviera gritando dentro, seguro era debido a un gran dolor. No sería difícil para el pequeño abrir un pasadizo para ellos en la madera como en otras ocasiones, lo que si le sorprendió fue tener que atravesar casi diez centímetros de madera maciza para poder llegar al otro lado. En aquel momento, en el que la ultima sección de madera que taponaba la entrada desapareció, que los gritos y los jadeos comenzaron a ser casi ensordecedores.
La puerta daba acceso a un gran teatro subterráneo. Un lugar donde las ponencias, las clases y las representaciones de cualquier tipo, se veían beneficiadas por la acústica de la sala. Cuando Thyma ingreso al lugar la advirtió con gestos -Esto solo significa que pueden estar en cualquier sitio, no podemos fiarnos del sonido, ten cuidado- Aunque sabía que era innecesario advertir a la pequeña de algo tan obvio para ella, pues ambos conocían las capacidades acústicas de los teatros, cines y lugares de representación y tenía muy presente que los responsables de los sonidos, estarían cerca del escenario, tras bambalinas o lugares cercanos a las entradas del mismo. Tal vez debajo. Pero quería que su melliza se mantuviese alerta a cualquier cosa que pudiera atacar durante el camino.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 28 Nov 2021 - 18:11

El pasillo era largo y demasiado angosto, hasta para un humano medio. Pero para dos seres como los Tontatta, aquello no suponía ningún obstáculo. No obstante, debían ser cautelosos, pues no sabía que podían encontrarse tras esas puertas y eso sí podía suponerles un gran peligro. La pequeña confiaba plenamente en el instinto de su hermano, aun así Thyma gozaba de un oído excelente y agudizó su sentido para captar hasta el más leve movimiento, paso a paso, puerta a puerta. Nada. Las salas parecían completamente vacía. -Nadie ¿Verdad?- Cotejó con su hermano, quien por su condición, tenía mejor audición que su melliza.
Al final del pasillo una gruesa puerta se alzaba ante ellos. De madera maciza y reforzada con remaches de hierro, era demasiado descomunal para los pequeños. Suerte que Thymo era como una perforadora y por muy gruesa y sólida que fuese esa madera, no supondría ningún esfuerzo para él. El pequeño era capaz de hacer frente a rocas mucho más duras que aquello. Paciente, Thyma esperó a que finalizase el agujero, vigilando sus espaldas y sacudiendo el serrín que le caía encima de la cabeza, de cuando en cuando. Tras recoger los restos del suelo, se desplazó por el agujero tras su mellizo. A medida que se acercaban al otro lado el sonido se iba volviendo ensordecedor y el aroma cada vez más penetrante y nauseabundo. La pequeña tuvo que hacer grandes esfuerzos por controlar sus arcadas.

Al otro lado del agujero, un teatro subterráneo apareció ante sus ojos. Una enorme sala, con gran acústica, acondicionada para realizar espectáculos en ella. Contaba con un enorme escenario, con aterciopeladas cortinas rojas, un patio de butacas extenso y varios palcos. Al atender a las advertencias de su hermano, Thyma comenzó a mirar en todas las direcciones, intentando captar en la penumbra del lugar, algún movimiento. Los sonidos acompasados y los gritos de sufrimiento rebotaban por el lugar y era difícil esclarecer su procedencia exacta. La pequeña tenía la sensación de que, fuesen lo que fuesen, esas bestias estaban realizando alguna especie de ritual macabro. Ese pensamiento la hacía estremecer y no paraba de pegarse a su hermano, impidiendo a veces, su libertad de movimiento. -Tengo un poco de miedo, Thym.- Le dijo con unos simples gestos. Su preocupación era genuina, ella se movía bien entre entornos humanos, pero las bestias le resultaban imprevisibles. Thymo dominaba su lenguaje corporal a base de observación, experiencia y su formación en el gremio, pero a Thyma un movimiento u otro de orejas o cola, poco le decían. Su mellizo había tratado de enseñarle varias veces, pero no era buena en eso. Ella captaba mucho mejor a los humanos. Un vez logró calmarse y asimilar la cercanía de los horrendos sonidos, decidieron echar un vistazo rápido por la zona.

El patio de butacas fue peinado por la pequeña y los palcos por su mellizo, en un rápido vuelo y sin quitarle ojo a su hermana. Todo estaba despejado, no había ni rastro de humanos o animales, más allá de la suciedad entre los sillones. Los mellizos se reunieron frente al escenario. -Deberíamos revisar los camerinos.- Le dijo a su hermano, algo más cargada de valor. La parte trasera del escenario estaba llena de cajas y baúles, cargados con decoraciones y vestuario de obras caducas. Un montón de cables y cuerdas entorpecían el paso, pero parecía haber un camino definido y despejado. Ese lugar era un auténtico desastre, aunque los mellizos ya se habían enfrentado antes a ese tipo de caos y no les sorprendió. Juntos atravesaron el caos por el caminito y les llevó, de nuevo a una puerta. Ésta estaba abierta y comunicaba con un pasillo corto y bien iluminado. Thyma supuso que esos serían los camerinos. En ese punto los sonidos y gritos de las bestias se oían a máxima potencia. Pudieron, incluso, notar las vibraciones que emitían  los tremendos golpes. El eco rebotaba en las paredes distorsionando la naturaleza del sonido, aun desconocido y aterrador para los pequeños.
Las puertas de los camerinos estaban cerradas. Ninguno de los dos logró escuchar nada procedente de alguna de ellas. El subsuelo de la biblioteca era, sin duda, un laberinto de salas. Al final del pasillo, una enorme puerta se diferenciaba de las demás.  La madera estaba pintada de rojo brillante, no como las otras que eran blancas o grises. Tenía un letrero encima, que rezaba: "Sala de Ensayo." Al lado de la gran puerta roja, en el lado izquierdo del pasillo, uno de los camerinos estaba abierto, siendo éste el único. Cuando los Bandle se acercaron a la sala de ensayo, no tuvieron la menor duda de que los ruidos procedían de su interior. Casi podía apreciarse la vibración de la madera acompasando los golpes. Thyma hiperventilaba, estaba realmente nerviosa y la incertidumbre le comía. -¿Qué hacemos, Thym. Entramos?- El pequeño no tuvo opción a responder, porque la puerta roja se abrió con un sonoro chirriar. Los pequeños corrieron a esconderse tras el camerino abierto, para no ser descubiertos y en el linde de la puerta observaron. No apareció ninguna bestia, ni ninguna persona torturada. De la puerta roja, salió un hombre joven, muy alejado de la estética de héroe o torturador que pudieran tener en mente los Tontatta. El hombre era bajito y escuchimizado. Vestía ropa holgada y le colgaba una toalla amarillenta del cuello. Estaba sudoroso y jadeante. Thyma se temió lo peor al verle. "¿Ese enclenque se ha enfrentado a las bestias?" Pensó la pequeña, algo confundida. El hombre se alejó por el pasillo y a la altura del escenario dejaron de oír sus pasos. -Thymo, vamos a entrar no hay tiempo que perder. Si ese ha salido vivo, nosotros también  lo haremos.- Los ojos de la pequeña brillaban de determinación y valor. Las comparaciones eran odiosas, pero había una gran diferencia entre el hombrecillo sudoroso y su hermano, o incluso, ella misma.
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Mensaje por Thymo Bandle Lun 29 Nov 2021 - 13:45

El aroma que emanaba del tirillas que salía por el portón confirmaba la procedencia del mismo. Sin lugar a dudas aquel tipo estaba impregnado completamente con el olor que llenaba el pasillo y procedía de la sala que permanecería abierta unos segundos más antes de que el muelle la cerrase de manera automática.
Sin tiempo para pensarlo, los enanos se colaron por un lateral del cansado humano y salieron de la oscuridad para pararse de pie ante los potentes focos del lugar. Una decena de personas humanas competían por realizar el mayor sonido con la boca intentando levantar unas mancuernas.
El estupor se hizo presente en la expresión del enano, que perdió incluso su forma híbrida ante tal despropósito.
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-¿PERO QUEEEEEEEEEEEEEEE???- gritó, en la entrada de la sala, haciendo que hasta el más empeñado en ganar el discurso dejase lo que estaba haciendo, perdiese la cuenta de las repeticiones y soltase las pesas como si quemaran.
Nadie en aquella sala esperaba ver lo que vio aquel día. Aquello quedó patente tras los cinco segundos de silencio y miradas atónitas -¿Qui... Quienes sois?- preguntó temeroso un hombre desde la parte de atrás -LOS BANDLEEEEEEEEE- grito de nuevo el enano, que se encontraba completamente enfadado por la decepción -Donde están los animales? ¿EH? ¿Dónde están las bestias atemorizantes que invadieron la zona baja de la biblioteca?¿EH?- preguntaba al grupo, como culpándolos de no tener escamas y cuernos, o al menos pelaje y pezuñas. Algo. Pero no, Thymo se había encontrado con simples señores y señoras que bramaban por deporte. Totalmente decepcionado, como si le hubieran robado la navidad, se sentó en el suelo, justo donde estaba -Oléis mal- dijo al fin, intentando estirar la historia, con la esperanza de que se transformasen en algo terrorífico al final, pero no. Todo lo que sucedió fueron visibles suspiros de tranquilidad provenientes de los clientes del gimnasio clandestino -No digáis nada a nadie por favor- Exclamó el valiente del final -Los libros pesan y nos cuesta muchos paseos ir de las librerías a las mesas y perdemos minutos valiosos. Intentamos entrenar para poder reducir los viajes necesarios... y nos da un poco de vergüenza- confesó al final sentándose de nuevo en el banco donde ejercitaba las piernas con unos pesos -Una obra para la difusión del deporte fue retrasada por un accidente y dejaron aquí todo este material hasta poder actuar, así que algunos nos reunimos y decidimos aprovechar la oportunidad lejos de las miradas de los chulitos de gimnasio- dijo casi exculpándose por usar aquel material -Solo tienes que vernos, somos la burla de esa gente y no nos apetece volver a la época del colegio-

Thymo entendía la situación. Thymo no era tonto. Quizás algo crédulo, infantil y tenía una forma un poco peculiar de ver el mundo desde sus propias creencias y valores, pero no era tonto.
Tras la decepción, una gran sonrisa se dibujo en su rostro -Los Bandle resuelven otra situación con éxito- dijo mirando directamente a su melliza, se levantó, y la levantó en el aire de un abrazo, tranquilo por que ningún peligro existía ya -Podríais haber avisado a vuestros compañeros... ¿Sabéis que mucha gente solo viene a sacar algún libro e ir a leerlo a las cafeterías cercanas? Asustasteis a mucha gente con vuestros bramidos desaforados. En verdad pensamos que alguien estaba siendo torturado, ¿A que si?- terminó preguntando en dirección a su melliza, pera vergüenza del resto -¿Tanto se oye?- preguntó una mujer visiblemente sonrojada, pero con expresión divertida en el rostro, tratando de contener una carcajada que surgió tras la respuesta de los pequeños que un tuvieron problema en describir, pisándose uno al otro, pero continuando exactamente con la misma historia como si fueran una sola mente con dos voces, al más puro estilo Bandle.
Aquel torrente de risas y carcajadas se alargo un buen rato mientras el ambiente, completamente distendido y ameno, confortaba al grupo.

Los pequeños contaron como se habían enterado de los rumores y, dado que son grandes aventureros y solucionadores de problemas, decidieron investigar un poco. Los humanos fantaseaban con las caras aterradas de quienes hubieran escuchado sus gemidos desde las lejanas escaleras. Cambiados por el eco y magnificados por la acústica.
-Dejaremos todo como estaba y limpiaremos bien, pero ¿Podéis guardarnos el secreto?- preguntaron al fin, conscientes de que podían meterse en un lio si les pillaban usando aquel material sin permiso. Thymo miró a la pequeña con una sonrisa cómplice -¿Que te parece hermanita?, ¿Les ayudamos y guardamos el secreto?- preguntó Thymo mientras hacía brotar sus alas -¿Yo me encargo de los bultos y tu de la limpieza?-
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Mensaje por Thyma Bandle Lun 29 Nov 2021 - 21:45

Los Bandle entraron en la sala preparados para encontrarse lo peor. Pero lo que encontraron fue algo muy alejado de lo esperado. Un montón de personas practicaban deporte dando todo de si mismos. Sudorosos y fatigados, emitían gritos y gemidos de esfuerzo. El sonido amplificado y distorsionado por la propia construcción, hacía parecer lo que evidentemente no era. Thymo gritó confuso, llamando la atención de todos los presentes. Thyma, en cambio, era incapaz de cerrar la boca. Tras la sorpresa, vino la indignación. Los Bandle habían esperado vivir una aventura de las de verdad, incluso la pequeña había hecho frente a sus miedos armándose de valor. ¿Para qué? Para nada. No había bestias salvajes, ni rituales, ni nada peligroso. Thymo no dudó en plantarles cara y preguntarles por las bestias, con más esperanza que ilusión. -Es verdad, huelen peste.- Respondió la pequeña en apoyo a su hermano.

Los deportistas suspiraron aliviados, probablemente pensaron que les habían descubierto. En cierto modo, así era. Un chico valiente tomó la palabra y explicó lo sucedido. Además les pidió que no los delataran. A Thyma le pareció una historia lógica y entendible, para ella, era mucho más divertido jugar con todas esas cosas, que estar arriba en silencio, aburridos y con cara de seta pocha. A los Bandle les cambió la cara. -¡Si! ¡Somos los mejores héroes!- Gritó Thyma, en el aire, eufórica por el abrazo de su hermano. Una vez en el suelo, les contaron la situación de como se percibía todo ese revuelo desde arriba. -Si, si. Le prometimos a la señora de recepción que nosotros nos encargaríamos de la situación y veníamos dispuestos acabar con las bestias pardas, de la biblioteca.- Thyma pegaba puñetazos y patadas al aire con gran fiereza, mostrando cómo acabaría con los enemigos, en una brillante demostración de su falta de talento moviéndose.
Entonces una mujer se mostró sorprendida por que se pudiese escuchar tanto desde arriba. -¿No te digo que creíamos que erais bestias descomunales? Aunque nosotros teníamos sospechas... Nos hemos enfrentado a numerosos enemigos y ninguno sonaba ni parecido. ¿A que si, Thym?- Thyma contestó a la mujer alardeando. Para ella siempre era un buen momento para aumentar la leyenda de los Bandle. La mujer y todos sus compañeros acabaron riendo a carcajadas, al ver la forma tan particular que tenían de expresarse, gesticular y pisarse las frases. Aun así la sincronización de los mellizos era tan absoluta, que cualquiera, tras procesar unos segundos la conversación, se enteraría de todo, con todo lujo de detalles.

Así fue cómo los estudiosos deportistas descubrieron el lío que habían formado. -No se quién iniciaría los rumores, pero sea como sea, arriba os temen...- Dijo Thyma finalizando el relato. Tras un rato de comentar lo sucedido y los peligros de que alguien, que no fuera los Bandle, les hubiera descubierto; les pidieron guardar el secreto. Thymo miró a su hermana de forma cómplice. Parecía estar dispuesto a ayudarles. Thyma echó un vistazo a sus alrededores, limpiar aquello no le supondría ningún esfuerzo, pero podían sacar algo más de aquello. Segura de si misma se dirigió a los deportistas. -Os ayudaremos, pero tenemos que volver arriba con una explicación... Los Bandle asustamos a las bestias temibles, que se adueñaron del subsuelo de la biblioteca, sin permiso. Usamos nuestras mejores artes, para derrotarlos y además dejamos un agradable aroma a limón, tras limpiar la estancia... Porque somos muy aseados. Si alguien os pregunta esa será la versión oficial. ¿Hecho?- Thyma hablaba con la epicidad que la caracterizaba. Lo cierto era que el renombre de los pequeños no influía en los estudiosos y les pareció un trato simpático y fácil de cumplir, todos salían ganando. Mientras los humanos hablaban entre ellos el acuerdo, la pequeña miró sonriente a su hermano, mostrando sus dientecitos. Thyma era una peliculera, lo sabía y le encantaba. -De acuerdo. Nos parece un trato justo.- Dijo finalmente uno de los hombres. -Pues manos a la obra.- Contestó la pequeña ofreciendo su manita al hombre para sellar el acuerdo. Tras un breve sacudida, Thyma se limpió la mano y comenzó con su labor.

A Thymo le daban indicaciones para colocar todas las pesas como las encontraron. Mientras un chico desfallecía trasladando una, el pequeño las cogía de tres en tres y se desplazaba a saltitos, feliz. Thyma afanosa, comenzó a limpiar todo lo que encontró: los bancos, sillas, pesas, suelos, paredes y algún sobaco ofensivo. Encontró una bayeta y con ella hizo milagros. Sin necesidad de ningún utensilio extra, la suciedad era reabsorbida, por ella con el jabón y recargaba el trapo, al momento, con producto limpio. Esa maravillosa habilidad sumada a su gran velocidad, Thyma lograba higienizar una estancia en un periquete. El ambiente pronto cambió. Los aromas plomizos fueron sustituidos por una fragancia a limón, suave, sutil y refrescante. Al terminar todo relucía como nuevo, las superficies brillaban y las paredes parecían recién pintadas. Los deportistas, atónitos, comenzaron a alabar la destreza de los mellizos. Estaban realmente impresionados, ese fue otra gran oportunidad que la pequeña aprovechó para pavonearse y presumir. Un vez todo estuvo en su sitio, tocaba salir de ahí. -Thym, tenemos que irnos. Saldremos nosotros primero y ellos al cierre o cuando tuviesen pensado hacerlo. Pero todos juntos no.- La pequeña se dirigió a su hermano para que organizase la salida. A él se le daba mejor la parte estratégica. Cuando todos tuvieron claro cómo y cuándo actuar, los pequeños se despidieron de los sudorosos estudiosos. -Recordad el trato y ha sido un placer conoceros.- La pequeña agitaba su manita en el aire antes de salir por la enorme puerta junto a su mellizo.
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Mensaje por Thymo Bandle Mar 30 Nov 2021 - 13:26

Los humanos más que otra cosa, estorbaban a los pequeños, que eran un equipo de primera en cualquier cosa que se proponían. Mientras Thymo seguía las indicaciones de los humanos a todo galopar con pesas, barras y mancuernas de un lado para otro y movía los bancos y maquinas sin hacer ruido de un lugar a otro, Thyma limpiaba. Pero no una limpieza cualquiera, una limpieza como solo la enana podría hacer. Lo que empezó como una espuma sucia, terminó oliendo a limón y brillando mirases donde mirases.
Los bibliotecarios jamás habían visto algo semejante a los hermanos Bandle. Si no fuesen gente estudiada y conociesen a los tontatta sin duda pensarían que los pequeños eran hadas de la biblioteca que los habían ayudado.

Cuando el zafarrancho de limpieza terminó, asombrados decidieron agregar una clausula al trato. Thyma, más acostumbrada a tratar este tipo de cosas con humanos trató de articular palabra, pero fue interrumpida antes de empezar -Vosotros limpiasteis y recogisteis y el trato era solo que guardaseis silencio- sentenció una mujer con la autoridad propia de quien estaba acostumbrado a usarla. No por autoridad, sino porque no recibiría un “no” por respuesta de los enanos -Nuestros cuerpos no están habituados al ejercicio, pero vosotros sois fuertes y rápidos. Hay una técnica que nos gustaría mostraros. La encontramos en uno de tantos libros y pensamos que sería adecuado aprenderla, espero que os ayude- dijo después con un tono más amable -Vamos chicos, mostradles lo que hemos aprendido-

Horas después, sudorosos, jadeantes y cansados, dos pequeños tontatta regresaban al despacho de la mujer que había perdido el libro.
-¡Mi diari!... estóóó... ¡Mi bitácora!- exclamó en voz bajita al verla entrar por la puerta en manos de Thymo. El enano había olvidado por completo el pedido de la mujer hasta que regresaba por el mismo camino por el que habían entrado, que se lo encontró al pie de la escalera, semi oculto entre las sombras.
-¿E... estais bien?- preguntó entonces al fijarse en el aspecto de los pequeños -¿Que ha pasado?- fue ese momento en el que la cara de Thymo cambió. El plan era simple, tenía que decir que pelearon contra unas rata-topo enormes hasta derrotarlas, limpiaron y ya. Pero mentir abiertamente era una asignatura pendiente para el enano que bajó su cabeza, avergonzado, y apoyó la puntera del pie derecho en el suelo, con la rodilla ligeramente flexionada. Con los bracitos hacia abajo y las manitas cogidas entre sí tímidamente a la altura del cinturón. Estaba claro que el pequeño no sería capaz de continuar con aquello y justo cuando estaba a punto de abrir la boca entraron corriendo por la puerta los humanos que habían ayudado abajo. -¡AQUI ESTAN!- gritó un hombre, ganándose un silbante y malhumorado “SHHHHHHH” en respuesta procedente de las salas adyacentes. -Perdón- se disculpó en bajito antes de comenzar con la fantasiosa explicación -Escuchamos ruidos más extraños de lo normal, nos armamos de valor y bajamos a ver que ocurría, movidos por la curiosidad. Y vimos a estos dos pequeños derrotando fácilmente a varias ratas-topo ENOOOORMES, las más grandes que he visto jamás, ¿a que si?- preguntó buscando la aprobación de los demás, que sudorosos, y con las ropas propias de un bibliotecario, también estaban apoyando a los tontatta, conocedores de su ingenuidad.
Para cuando la historia terminó la mujer hacía rato que estaba alucinando -Los Bandle...- murmuraba para sí de vez en cuando mientras bajaba su vista hacia los pequeños que se encontraban atentos a la historia como si la escuchasen por primera vez, inmersos en los detalles que aquellos ávidos lectores hilaban uno tras otro, haciendo la batalla aún más épica.

-De acuerdo, todos fuera, ya he oído bastante- pidió la jefa al resto de bibliotecarios ahí presentes. Cuando todos hubieron salido y cerrado la puerta del despacho, la mujer comenzó a hablar directamente con los tontatta -No puedo pagaros con dinero, los fondos del edificio son limitados y vamos muy justos para mantenerlo abierto y en pie, pero os debo un favor, hermanos Bandle- dijo tomándolos en serio por primera vez.
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