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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Mar 7 Sep 2021 - 21:17}

Contratante: Augusto Estefanopoulos, antiguo alcalde de Loguetown

Descripción de la misión: ¡Esto es un desastre! ¡Con todo lo que está sucediendo en Loguetown no he podido contratar una buena empresa de mudanzas! ¿Os podéis creer que esos malditos piratas ni siquiera nos dejan salir sin revisar nuestros equipajes para comprobar que no llevemos nada de valor? Si lo encuentran, se lo quedan. ¡Ya he perdido tres millones de berries en joyas de esa forma! Necesito ayuda; que alguien me saque de aquí. Pagaré bien, cinco millones de berries y os enseñaré mi receta secreta de salsa de yogur.

Objetivo: Ayuda a Augusto a huir de Loguetown.

Objetivo secundario: Consigue que Augusto no pierda la mayor parte de sus posesiones en la huida.

Premios: Cinco millones de berries y una receta de categoría mítica.

Premios por objetivos secundarios: Un objeto de calidad genuina que Augusto dará a sus salvadores.

Información adicional: Esta misión llega en una botella en medio del mar, de modo que solo quien la recoja sabrá de esta misión.
Thyma Bandle
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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Mar 7 Dic 2021 - 15:40}

Un nuevo viaje auguraba una nueva aventura, para los Bandle. Aquel trayecto fue mucho más largo que el resto. Al menos así lo percibió la pequeña, que sin  saber el destino exacto, ya tenía ganas de llegar. Aun así ninguno de los mellizos perdió el tiempo, a bordo. Thyma había asumido el papel de jefa de cocina, pues el anterior enfermó y no podía cumplir sus funciones. Esto ocupaba muchas horas de su día, ideando menús, organizando los pedidos y supervisando que todo se hiciese como se tenía que hacer. Bien. Desde que la pequeña había asumido esas funciones, todos los tripulantes se les veía notablemente más felices. No hay nada mejor que comer rico y más en alta mar.
Thyma, además, se encargaba de la limpieza de las cosas grandes. Ella lo hacía en un periquete, practicaba sus truquitos y dejaba tiempo a los compañeros para ensayar y practicar con sus instrumentos. Al fin y al cabo, aquel era una tripulación de artistas, todos preparados para trabajar en un barco y suplir sus necesidades, pero artistas de vocación. La pequeña disfrutaba de sus bohemias y si podía facilitarles la vida, lo haría.

Aun con tantas obligaciones autoimpuestas, la Tontatta siempre sacaba tiempo para dedicarle a su querido hermano. Además teniendo tanta mano en la cocina, siempre reservaba para él, los mejores cortes y piezas de la comida que tocase. Las tardes las pasaban practicando sus técnicas de baile, de ataque o simplemente conversando. Los mellizos se pasaban horas hablando entre ellos, a veces con palabras sonoras, otras veces, cuando había cotilleos del barco de por medio, utilizaban sus gestos. Eran uña y carne, eso era innegable. A Thymo no le importaban demasiado, por no decir nada, los dimes y diretes entre los artistas, pero sabía que Thyma con esas cosas, estaba en su salsa. La dramática de su hermana disfrutaba, en el fondo, con las historias de amor y desamor, las traiciones y alianzas que naturalmente surgían en las comunidades de personas. Allí especialmente, donde la farándula afloraba en ellos, en forma de pieles de cristal e hipersensibilidades adquiridas. Thyma era una maruja de manual y cómo no iba a compartir con su mejor amigo y hermano todos sus grandes descubrimientos.

Ese día la pequeña estaba insoportable. Le contó a su hermano que Vicky una de las bailarina le había robado unas medias a Carolina, la cantante de pelo rosa y había tenido la desfachatez de ponérselas y pavonearse por todo el barco con ellas. Thyma se moría de la risa cada vez que recordaba a Vicky paseándose por delante de Carolina y ella sin darse ni cuenta. -No lo vio, Thymo, no lo vio.- Una larguísima carcajada seguía a la frase. -La que se va a liar cuando se entere.- Le decía entre medias. -Pero no seré yo quien diga nada, que luego no me cuentan los chismes.- Dijo astutamente para finalizar, secándose las lagrimillas que asomaban por el borde de sus ojos. Durante todo el día le entraban ataques de risa al recordar la historia. Pobre Thymo.

Normalmente, los espacios que para cualquiera serían diminutos, para los Tontatta suponían toda una inmensidad. Por lo que no les fue difícil acondicionar un lugar en las bodegas donde practicar y entrenar. Thymo había colocado dianas y dispositivos móviles para emular diferentes situaciones y conflictos. Allí, ambos podían  desfogar, sin correr ningún riesgo y sin estropear nada. Tras varias horas de entrenamiento, de disparos, piruetas y ataques combinados, Thyma perdió rápidamente la concentración. Lo cierto era que dejando el asunto de las medias a parte, la mente de la pequeña estaba centrado en el próximo pedido que tenía que realizar la tripulación. Cada vez que se acercaban a tierra firme, había que comprar suministros, preparar inventarios y presupuestos. Para ella suponía un juego, era lo mismo que hacía en su cocina, pero magnificado. Aun así, ocupaba parte de sus recursos mentales y necesitaba despejarse un poco. -Thym, necesito parar. ¿Damos una vuelta por cubierta?- Le preguntó, a sabiendas de que aceptaría.

Un vez al aire libre, la mente de la pequeña parecía fluir con más facilidad. El Sol estaba en su punto más bajo, a unas horas de desaparecer en el horizonte salado. No estaban muy lejos de las tierras de Loguetown. Aunque todavía no se veía ni rastro a lo lejos. Los mellizos continuaron conversando y paseando por cubierta, esta vez de forma más calmada y sensata. Recordaron vivencias de pasadas aventuras e imaginaron las que estuviesen por venir. Cualquier situación era bien recibida, siempre y cuando estuvieran el uno junto al otro. Thyma saltó hacia la barandilla de proa, allí se sentó a ver cómo el enorme barco surcaba las aguas, sonriente y soñadora. Invitó a su hermano a sentarse junto a ella y disfrutar de los colores del atardecer. Acurrucada en su hombro y con la mirada perdida en el basto mar del Este, pudo vislumbrar algo en al agua. Los últimos rayos de Sol reflejaban en su superficie emitiendo destellos, que dificultaban comprobar de qué se trataba. Thyma se incorporó de la calidez fraternal para agudizar su vista. No sabía qué era con exactitud, pero parecía un pequeño objeto vagando en el agua. Flotando en su superficie. Thyma con el ceño fruncido recordó la agudeza visual de los ojos compuestos de su hermano y sin dudarlo, llamó su atención. -¿Qué es eso, Thym? ¿Será un animal herido?- Dijo señalando con su manita hacia la botella en el mar.


Última edición por Thyma Bandle el Lun 13 Dic 2021 - 18:05, editado 1 vez
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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Vie 10 Dic 2021 - 14:21}

Los días a bordo de aquel enorme navío eran casi eternos para el pequeño, que pasaba el tiempo improvisando y dibujando nuevos modelos de trampas. Para piezas mayores, capaces de matar o inmovilizar según la necesidad. Subterráneas, gracias a sus capacidades de excavador, aprovechando las ramas más altas de un árbol... La imaginación del tontatta no tenía limite a la hora de imaginar formas de mejorar en sus trabajos, y por eso a veces se sentía frustrado. Estar en un barco, por grande que éste fuese, era demasiado aburrido para Thymo, que necesitaba naturaleza a su alrededor. Un árbol de cincuenta o setenta metros al que trepar y poder observar la isla a su alrededor, las bandadas de pájaros volando libres en el cielo, sin más obligaciones que cuidar de su familia y disfrutar de la vida -Thyma, somos pájaros- dijo un día sin más explicaciones durante uno de sus ensueños despierto. Luego sonreía imaginándose a su melliza con pico y las chácharas sobre la tripulación no ayudaban a contrarrestar la imagen de cotorra. Así que al fin un día no pudo más y explicó a la pequeña por que aguantaba las carcajadas cada vez que le contaba algún lio entre la tripulación.
La mente del enano funcionaba en varias fases a la vez, por eso era capaz de unir ideas de aquella manera y esa era también la razón de que el comediante tuviese un humor tan particular, no siempre bien entendido por su publico.

Desde que Thyma comenzó a ayudar en la cocina, el enano tenía mucho más tiempo para él y sus sueños de pisar tierra de nuevo, por lo que caminaba distraído por el interior del navío imaginando pasadizos secretos mientras rozaba la punta de sus dedos en la pared, moviéndolos como si llevase un cochecito de juguete, con la mente en otro lugar.
Por eso aquel día en la cubierta, cuando Thyma avistó algo en el mar, la reacción del pequeño no se hizo esperar. Saltó bien alto de su sitio en dirección al mar, como si de un siroco mental hubiera decidido ir nadando hasta el objeto, pero nada más lejos.
“FLAP” un poderoso aleteo resonó tras desplegar sus apéndices en medio del aire e impulsarse velozmente hasta aquello que brillaba en medio de la espuma de las olas.
-¿Una botella?- pensó Thymo al verla -¡UNA BOTELAA!- gritó en la lejanía hacia su melliza fruto de la emoción, más que por dar información a una distancia donde era poco probable que pudiera oírle. -¡UNA BOTELLA CON EL MAPA DE UN TESOROOOO!- iba gritando a pleno pulmón tras rescatar el envase y partir en dirección al lugar donde lo esperaba su melliza. -!UN TESOROOOOO¡- gritó al aterrizar con el frasco entre sus brazos y una cara de felicidad como hacía tiempo que la pequeña no veía en el rostro de su hermano.

La botella parecía limpia y relativamente nueva. La etiqueta había desaparecido, pero la forma indicaba un caro champan o vino espumoso de los que solo los más adinerados podían permitirse. El tapón estaba introducido mal, con desesperación. Era un milagro que el mar un hubiera engullido aquella botella mal cerrada, pero ahora estaba en manos de los tontatta que no dudaron un segundo en abrirla. -Agarra por el culo, que yo quito el tapón- pidió a la pequeña mientras el volaba hasta el cuello de la botella y sacaba su segundo par de brazos para poder hacer fuerza.
El corcho no sería un problema para las manos de Thymo, que lo perforó sin problemas, creando dos agarraderos donde poder ejercer fuerza. Con su segundo par de brazos se fijó al cristal y utilizando la fuerza combinada de sus alas y sus brazos de escarabajo, arrancó el tapón con un sonoro “PLOP” ayudado por su melliza para evitar que la botella saliera volando.
Tras quitar el tapón, agarró la botella por la mitad y la zarandeó hasta que el pequeño papel salió lo suficiente como para poder agarrarlo y tirar de él hacia fuera. Lo desplegó como quien desdobla un mantel y lo extendió sobre cubierta para que ambos pudieran leer donde estaba enterrado el tesoro. Pero solo pudieron leer la petición de ayuda de un comerciante de la ciudad donde iba a atracar el barco.
-Jolineeeees- se quejaba amargamente el pequeño -Que rollo, pensaba que íbamos a desenterrar un cofre pirata lleno de oro y ron- confesó -Pero ahora tenemos que ayudar a un tipo a escapar de unos piratas, por que quien lo encuentra se lo queda, con todas las consecuencias. La próxima botella igual no la abro y simplemente dejo que siga su curso en el mar- casi lloraba, decepcionado y encima con trabajo que hacer.

-En fin- dijo tras recuperarse mentalmente recojamos nuestras cosas y vamos a la isla volando. Si hay problemas en el puerto no vamos a poder atracar igualmente y el capitán querrá saberlo con antelación- planeó de modo casi automático. Thymo estaba acostumbrado al trabajo en equipo y a actuar de explorador, por eso aquel tipo de estrategias las tenía tan interiorizadas.
Tras regresar del camarote con sus armas y su equipo, Thymo adoptó su forma de vuelo, con sus iridiscentes alas multicolor y su duro exoesqueleto. La forma preferida de la pequeña pues podía montar en el hueco de la espalda del escarabajo y disfrutar del vuelo con seguridad. De aquella manera, abandonaron la seguridad del navío de artistas para adentrarse en las proximidades de Logetown.

Desde el cielo, siendo un pequeño punto en las alturas, la pareja podía observar los quehaceres de los hombres de la zona portuaria y alrededores y estaba claro que ocurría una actividad irregular. Todo parecía normal, pero en cuanto alguien quería acceder al puerto, debía pasar por un laberinto de “filtros” donde todas sus pertenencias eran revisadas con esmero, buscando agarrar cualquier cosa de valor que pudiera llevarse escondida entre los pliegues de la ropa, o en el fondo de una maleta.
Aquellos registros cuadraban bastante con la historia que la botella había desvelado a los mellizos y la sensación en la espina dorsal del pequeño era muy mala -Vamos a poder hacer poco para sacar a todos esos piratas de aquí, hermanita. Esto no es trabajo para los Bandle, son toda una banda. Pero podemos ayudar al alcalde si lo sacamos volando. Todo parece estar vigilado menos el cielo- insinuó en su ignorancia, pues estaba claro que aquellos pequeños tontatta volando a tanta altura no llamarian la atención, pero hacer volar a un hombre sería un poco más complejo.

Thymo sobrevoló Logetown con la esperanza de descubrir alguna brecha en el cerco, pero no solo el puerto estaba cerrado a cal y canto, sino que las demás salidas tenían aduanas similares donde a través de varias mesas y zonas especializadas, hasta el ultimo rincón de tu equipaje era investigado. -Vamos al ayuntamiento- dijo tras reconocer el terreno -Hablemos con el alcalde y veamos que podemos hacer-


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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Lun 13 Dic 2021 - 19:34}

Thyma vio a su hermano alejarse hacia el misterioso objeto. -¿Una botella?- Se preguntó tras oírlo. -¿¡UN TESORO!?- Exclamó acto seguido al ver a su hermano aterrizar. Ante tal sorpresa, bajó a cubierta y comenzó a saltar, a gritar y a corretear por la zona, agitando los brazos en todas la direcciones. Thyma se imaginaba luciendo lujosos collares, tiaras y coronas, llenas de piedras preciosas de colores, oro y todo ello muy brillante. Aunque mejor sería encontrar una cantidad ingente de berries para comprar collares, tiaras y coronas a su gusto. Mientras su hermano se acercaba, ella se contoneaba con los ojos cerrados, como si de un desfile se tratase. Se imaginaba que lucía todas las joyas del tesoro al mismo tiempo. Tras el momento de euforia desatada, juntos colaboraron para sacar el mapa. Thymo acabo encaramado a la botella y logró sacar el papel que guardaba. Cuando lo desplegaron sobre la cubierta y vieron de qué se trataba realmente, la decepción hizo estragos en ambos. Thymo protestaba y su hermana se quedó totalmente en silencio, algo asombroso en ella. Su sonrisa se había quedado bocabajo.

La pequeña escuchó toda las quejas y amenazas a futuro de su hermano. Aunque ella también se sentía decepcionada, se encogió de hombros y cambió su actitud. -Thymo, esto nos pasa porque somos héroes y el mundo mundial de alguna forma necesita de nuestras capacidades. No podemos eludir nuestras responsabilidades, Thym.- Le dijo agitando la cabeza de lado a lado, haciendo una negativa. Quiso añadir el movimiento del dedo índice, para más énfasis, pero se hizo un lio y acabó dando vueltas con la cabeza. Los Bandle acabaron asumiendo su labor de "héroes mundiales" y fueron a sus camarotes a prepararse. Thyma limpió y adecentó la cerbatana, comprobó sus dardos y finalmente, colocó todo en su cinturón de combate, tal cual le había enseñado Thymo. Cuando regresaron a cubierta, el Tontatta había adoptado su forma de vuelo. Al verle, la pequeña sonrió, agitó su colita y se subió en su sitio favorito. De manera segura y rápida, como ellos viajaban, llegaron enseguida a las inmediaciones de Loguetown. En el puerto encontraron, de primera mano, el abuso que se estaba cometiendo. Los piratas había montado unos "controles" donde registraban y requisaban todo lo que se les venía en gana. Para alguien tan materialista como Thyma, aquello suponía un atropello y una ofensa. -¿Cómo pueden ser tan malvadísimos?- Contestó indignada tras el alegato de su hermano. Tenía razón, ellos no podrían con esa cantidad de piratas, eso lo hacía todavía más indignante. -Si, vayamos a la casa de los alcaldes. Seguro que algo podemos hacer.- Le dijo con decisión.

Sobrevolaron las arrasadas tierras de Loguetown, nadie podría imaginar, a simple vista, lo que aquello fue en su día. La bulliciosa y próspera ciudad, era ahora un modesto pueblo rural, sencillo y recogido. A ojos de los Tontatta, Loguetown era lo que veían ni más ni menos. -Seguro que el ayuntamiento está en el centro, en la plaza más grande.- Con las indicaciones obvias de la pequeña, Thymo localizó el lugar enseguida. Aterrizaron con delicadeza y Thyma puso sus pies sobre el empedrado suelo. Miró a su alrededor inspeccionando la zona. No había apenas personas en la plaza y ésta estaba rodeada de pequeños edificios, a excepción de uno, que era más grande. La pequeña agitó las manos para despejar la polvareda que había levantado el aleteo de su hermano y cuando su vista se aclaró, pudo leer el letrero de la gran construcción: Ayuntamiento de Loguetown. -¡Qué fácil!- Exclamó feliz, alzando su mano para que hermano le chocase.
Llegaron a la puerta y la abrieron. Una mujer de edad avanzada y con una larga y lacia melena verde botella, miraba la puerta, desde un mostrador. Se la notaba confusa, pues no debía haberse abierto sola. Thyma saludó, llamando su atención. -¡Uy que cositas más adoraaaableeees!- Dijo la maquilladísima mujer con una voz siete y ocho octavas más grave de lo que cabía esperar. La pequeña frunció el ceño. -Disculpe, no somos cosas, somos los Bandle y hemos venido a ver al alcalde.- Dijo cortante. La señora salió de detrás del mostrador, luciendo tacones y un vestido largo y caminó hasta la altura de los mellizos, allí se puso de cuclillas frente a ellos, para verlos mejor. Tras observarlos unos instantes, en silencio, puso una cara muy ridícula. -¡AAAAYYYYY los chiquitines quieren ver a Maaaaarcuuuuus!- Su voz grave resultaba irritante, intentaba ser más aguda de lo que era realmente y acababa haciendo gallos cada vez que estiraba las sílabas. Thyma posó una mano sobre el hombro de su hermano. Sabía que estas situaciones le ponían muy nervioso, la mujer hablaba muy lento y de forma muy histriónica. Era mejor que no dijese nada en ese momento. La recepcionista, tras hacer varias muecas y sonidos extraños, tomó su decisión. -Claaaaaaro cariñoooo, os llevaré ante éeeeeeel.- La mujer estiró la palma de su mano, para que se subieran encima, algo que Thyma rechazó de inmediato. La mujer no pareció ofenderse ante la negativa y les guio hacia el despacho del alcalde. De cuando en cuando iba echándoles un vistazo a los mellizos y poniéndoles aquellas muecas tan extrañas.

Al llegar al despacho de Marcus, éste les recibió sin mucho ánimo. Tampoco se le veía muy atareado, aun así el hombre tenía aspecto cansado o hastiado quién sabe. Los mellizos entraron y tras las pertinentes presentaciones y saludos, expusieron lo que habían visto en el puerto y la iniciativa que tenían para ayudar en lo que necesitasen. Ambos se solapaban en las explicaciones, pero se hicieron entender perfectamente. -¿En el puerto? ¿Piratas? No veo ningún problema.- Thyma miró extrañada al alcalde. -Pero se están quedando cosas que no son suyas... Y tienen cara de malos malísimos.- Marcus miró a la pequeña y soltó una carcajada como un latigazo. -Malos malísimos ¿Dices? Pequeños creo que estáis confundiendo la cosas... Tal vez hayáis leído demasiadas novelas épicas y estáis imaginando cosas raras.- Se acercó a la puerta y la abrió. -No me hagáis perder el tiempo, hasta luego.- El estúpido alcalde se quedó agarrando la puerta y con la mirada perdida en el horizonte. Era obvio que nada más sacarían de ese encuentro. Thyma se sentía enfadada, podía ser muy inocente, pero hasta la fecha sus ojos nunca le habían dicho mentiras. Los Bandle habían visto un abuso, claramente y al alcalde parecía no importarle. La pequeña hizo el amago de contestarle muy fuerte y muy mal, pero se contuvo y decidió salir de ese despacho de la mano de su hermano con la cabeza alta.
Ya en el pasillo, Thyma se tranquilizó un poco. -Pensemos.- Dijo a su hermano, poniendo su propia mente a funcionar. Tras darle varias vueltas decidieron leer de nuevo el pedido. Entonces leyeron la firma. No era Marcus al que buscaban, era a un tal Augusto. -Bueno Thymo en el ayuntamiento viven los alcaldes ¿A que si? Y aquí pone antiguo alcalde...- Hizo una pausa, se le había ocurrido una idea, pero no quería llevarla a cabo. -Deberíamos preguntarle a la recepcionista dónde está la habitación de Augusto... Pero ahora te toca a ti hablar con ella.- Thyma se reía por dentro, aunque formuló la idea muy seria.
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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Miér 15 Dic 2021 - 19:31}

-Seehh- exclamó sin apenas un ápice de ganas el pequeño -Supongo que ahora me toca a mi, pero ya sabes como va a terminar esto- amenazó, con la vana esperanza de que su melliza decidiera tomar el mando, pero a la vista estaba que no le iba a privar del “placer” de hablar con “ese” tipo de personas que tanto le gustaban.

-A ver- dijo cuando se subió de un ágil salto al escritorio de la mujer con voz de camionero borracho a las cinco y media de la mañana -Escucha, solo necesito que me escuches y me respondas a una pregunta, nada más- -UUUUHHH- emitió la señora entre la sorpresa y la confusión -PERO SI EL OTRO CHIQITININININ TAMBIEN HABLAAAAA. Pero dime, cosita bonita, que dudas atormentan tu pequeñiiiiisima cabecita peluda- La mujer no hacía más que acercar su cara, y su aliento a carajillo y tabaco negro, a Thymo. Que no hacía más que recular hasta que llego peligrosamente al borde de la mesa. -BUENO BASTA- gritó con la voz tres octavas más aguda de lo que pretendía por el agobio -PERO QUE MONOOOOOOOOOOOOOOOO- gritó entonces la mujer -¡AY!, PERO COMO SE ENFADAAAAAAAAA- gritaba cuando trató de agarrar al enano por la mejilla -¡NO!- gritó entonces el tontatta llegando a su limite, mientras propinaba un fuerte pisotón sobre la madera del escritorio, rajandola de lado a lado y haciendo que dos de los tres cajones saltasen al suelo.
Horrorizada, la mujer respondió las dudas del enano sin titubeos. Con temblores, pero sin titubeos.

De mal humor, el enano salió del despacho precedido de su melliza, ambos con la cabeza bien alta, mientras la señora, muda, recogía el contenido de los cajones y observaba la nueva grieta que presentaba su mesa.
-Pues que decepción, Thym- dijo una vez llegaron a la calle -¿Quien iba a pensar que los alcaldes no vivan en el ayuntamiento?... que decepción... a veces pienso que no entiendo como funciona el mundo- se lamentaba el enano que había aprendido otra dura lección -En fin... vamos a la casa esa del tejado rojo- Thymo había preguntado por el color del tejado y la forma de éste, pues pensaba llegar volando, pero cuando llegó a la zona, transportando a su melliza, descubrió que había hecho malas preguntas. -Vaya... pues tendremos que buscar, por que esta zona tiene varias casas con tejado rojo y chimenea, nos lo podía haber advertido, aunque supongo que fue culpa mía por no preguntar, jeje- se disculpó, aunque lo cierto era que habían disminuido mucho el radio de búsqueda. De toda la zona, no eran tantas las casas con esas características, y menos aun las que tenían pinta de poder pertenecer a un antiguo alcalde.

Tras eliminar las casas que casi se caían solas y las que estaban habitadas, pero por familias comunes, tan solo dos de las restantes tenían la extravagancia y el lujo desparramados por el jardín en forma de fuentes, piscinas y setos recortados de formas que al enano le parecieron ridículas -Si quieres un dinosaurio en tu jardín, no es mejor tener un dinosaurio que un triste seto recortado?- preguntó a Thyma antes de descender en el patio que más decoración tenía y mejor cuidado estaba el jardín. Pronto, atraídos por el ruido de las alas del enano, que no había tenido precaución ninguna alertó a los guardianes del cercado, dos rottweilers enormes de más de sesenta kilos. El pequeño mantuvo la mirada fija en aquellos chuchos como si estuviera harto de pasar por eso y la verdad es que lo estaba. Practicaba con los canes de los cazadores un divertido juego de pillar, pero la velocidad del enano era ya entonces mayor que la capacidad de los perros, por lo que con una mirada cómplice a su melliza, arrancaron a correr cada uno hacia un lado separando su atención, solo para girar y correr de repente cada uno hacia el otro, cruzando sus caminos sin chocarse por apenas un milímetro. Pero los feroces guardianes no pudieron frenar a tiempo y encontraron una dura oposición el uno contra el otro, quedando atontados para un buen rato.

Riendo a carcajadas, los mellizos entraron a la casa disfrutando haber podido burlar a los guardianes cuando una voz lastimera los recriminó -LOS PERROS NOOOOO- antes incluso de haber podido percibir al dueño de la voz, que provenía del piso superior. -¿Hola?- preguntó el enano antes de que se escuchasen los pasos rápidos de un hombre que descendía todo fatigado -Ya me molestan bastante los piratas, podríais dejar a mis perros tranquilos?- preguntó, enfadado aquel gordito y calvo ser humano, todo colorado -Perdón- dijo entonces el pequeño bajando su cabeza, avergonzado -Venimos en busca de Augusto- dijo, como disculpándose, mientras el rostro de aquel hombre cambiaba de la frustración a la incomprensión -¿Quienes sois, pequeños?-


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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Vie 24 Dic 2021 - 22:36}

La frustración era evidente en ambos al salir del Ayuntamiento. Thymo no entendía cómo funcionaba el mundo y Thyma no servía de gran ayuda, en ese aspecto. - Pues me parece ridículo Thym, deberían vivir todos ahí y los alcaldes ancianos enseñar a los alcaldes jóvenes. Al fin y al cabo son familia ¿A que si? ¿A que nacen unos de otros?- Contestó a su hermano, tan sorprendida y extrañada como él. Asumieron esa locura como algo normal en los humanos, cómo les había tocado hacer tantas y tantas veces y finalmente se dirigieron a la casa con el tejado rojo.
En su forma de vuelo, el Tontatta transportó a su animada melliza, que soñaba con, algún día, poder volar, con sus propios medios. Era un pensamiento recurrente cada vez que sobrevolaba el mundo con su hermano. Se había imaginado mil veces surcando los cielos junto a él realizando piruetas y bailes aéreos. Ese día no fue una excepción en cuanto a sus ensoñaciones y el trayecto se le hizo francamente corto. Varias casas tenían el tejado rojo, pero en realidad no eran muchas. -Hubiese estado bien preguntar, pero no pasa nada, esa tía era insufrible, Thym.- Respondió ante su observación. Mirando bien las casas, la mayoría de ellas dejaban dudas sobre si estaban a medio construir o a medio derruir, fuese como fuese, eran una ruina y no eran habitables. Solo una pequeña agrupación, parecía albergar vida. Sopesando las decoraciones, de todas ellas y lo que proyectaban, optaron por visitar la casa más ostentosa.
El jardín estaba recargado de objetos a cada cual más feo. Adentrándose, Thyma no pudo evitar reírse ante la ocurrencia de su hermano, sólo de imaginar el susto que se llevarían los repartidores y vecinos, que le visitasen, hacían que se desternillase. Distraídos con sus cosas, los mellizos no vieron que los protectores de la casa se les echaban encima. Dos enormes ejemplares de Rottweiler no mostraban intención alguna de dejarles tranquilos. Thymo observó la situación y miró a su hermana. No necesitó mucho más para hacerse entender. En una sincronización absoluta y con una velocidad vertiginosa, lograron hacerles el lío a los perros, que acabaron chocando entre ellos, tumbados en el suelo mareados y desorientados.

Thyma reía estrepitosamente cuando un calvo regordete comenzó a lamentarse por los perros. La pequeña se sintió culpable viendo como de la cabeza de ambos comenzaba a asomar un voluptuoso chichón. Su hermano fue rápido al pedirle disculpas y presentarse. Entonces el hombre comenzó a mostrarse más interesado que ofendido. -Somos los Bandle. Somos Artistas y Héroes del Mundo Mundial.- Contestó la pequeña con el pecho hinchado de orgullo. -Buscamos a Augusto para ayudarle.- Continuó. El hombre miraba extrañado a los pequeños, que ni le parecían héroes, ni veía la forma de que pudieran ayudarle. -Y ¿Cómo sabéis que Augusto necesita ayuda?- Preguntó el antiguo alcalde con prudencia. Con tantos piratas y maleantes, últimamente, necesitaba andarse con mucho cuidado con los desconocidos, aunque fuesen diminutos. Thyma miró a su hermano y asintió. -Pues verás, encontramos una cosa flotando en el mar brillaba mucho y parecía algo bonito...Si, si yo también creí que era un mapa del tesoro ¿Te imaginas?... Fue un poco decepcionante, pero no pasa nada porque somo héroes. ¿Tu sabes dónde esta Augusto?- Al más puro estilo Bandle, los mellizos le contaron la historia alternándose sin pisarse en sus palabras, gesticulando mucho e incluso recreando las caras que ponían en cada momento. El rostro del hombre era un poema. No salía de su asombro. -Yo soy Augusto.- Respondió de forma automática aun en trance. Thyma comenzó a dar saltos de alegría y pequeños grititos, que terminaron que ahuyentar a los asustados y malheridos perros. -¡Qué bien, lo encontramos a la primera!- Decía una y otra vez.

Una vez terminaron las celebraciones y presentaciones, Thyma le mostró el pergamino a Augusto, para demostrar que todo lo que decían era verdad. El hombre estaba confundido, esperaba que alguien pudiera recoger la súplica, pero ni en mil vidas podría imaginarse que la ayuda vendría en ese formato. La cabeza le daba vueltas, se sentía decepcionado y esos dos pequeños no paraban de hablar. Llegados a un punto, Thyma se puso muy seria y se quedó mirando fijamente al antiguo Alcalde. -Bueno y ¿a dónde tenemos que llevarte y con qué cosas?- Le dijo con total seguridad. Augusto miró a la pequeña con la boca abierta, después comenzó a reírse con carcajadas muy lentas que poco a poco iban aumentando en frecuencia. A la pequeña se le contagió la risa, pero no sabía cuál era el motivo de la misma. Hasta que Augusto medio ahogado y llorando copiosamente, les pregunto cómo carajos iban ellos a ayudarle a salir. -Pues volando.- Dijo Thyma señalando al cielo. Aquello hizo que todavía se desternillase más. Ninguno podía parar de reír. Los mellizos no sabían cuántas cosas había que llevar ni dónde, pero si eran muchas, mientras Thymo hacía varios viajes, la pequeña podía defender todo en el lugar de destino. Eran un equipo de trasporte perfecto, aunque ese hombre les estuviese subestimando por su tamaño y ternura.
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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Mar 28 Dic 2021 - 12:30}

Tras un rato de explicaciones, presentaciones y caras de incredulidad entre Augusto y los pequeños, Thymo no pudo menos que acercarse, como quien no quiere la cosa, donde se encontraban los canes aun medio aturdidos, pero completamente curiosos frente a esos seres tan veloces, que hablaban con su dueño. Mientras la pequeña trataba de razonar con el humano, el cazador ya estaba silbando distraídamente, con las manitas en la espalda y caminando haciendo distraídas eses cerca de los perros.
Los rápidos y violentos olfateo de aquellos animales tan generosos en cuerpo casi le quitan el gorro al pequeño, que lo sujeto con una mano mientras ofrecía la otra a las fosas nasales de los rottweiler, que no dudaron en terminar su inspección olfativa para comenzar a golpear con la nariz al tontatta. Entre risas poco disimuladas, mocos y babas de varios lametones, Thymo vio por el rabillo del ojo a su melliza y al hombre mirándolo en silencio -EH... E... ¡SI!- dijo mientras uno de los perros trataba de empujarlo de nuevo pero era detenido por Thymo con una mano para sorpresa del animal. -Nosotros nos hacemos cargo- dijo con una sonrisa avergonzada -Estaba prestando atención, pero es que... los animales... Lo siento- se disculpó mientras se defendía del empuje de dos enormes trufas caninas tratando de zarandearlo de lado a lado.

Tras una caricia a cada hocico, el enano se aproximó a la estatua de una mujer con los pechos semi desnudos, cubierta por tan solo una tela. Un fino trabajo en mármol que reflejaba, como una fotografía, los rasgos de la mujer. Casi como si aquella mujer hubiera sido convertida en mármol y subida a un pedestal donde la gente pudiera admirarla.
-Nosotros podemos ayudar, se lo aseguro- dijo confiado el pequeño antes de encaramarse a la cabeza de la estatua -Lo que viene ahora es normal- advirtió antes de que su torso se abultase y comenzasen a crecer protuberancias en su frente. Antes de que sus mandíbulas se desencajasen y sus dientes crecieran puntiagudos. Mucho antes de que brotasen alas de su espalda y los bultos del torso se transformasen en brazos extra. Antes de que sus piernas peludas adquirieran el aspecto de apéndices quitinosos y las protuberancias de la frente evolucionasen en antenas.
-Tal vez tengamos que dar varios viajes, pero...- dijo antes de emprender vuelo hasta ola zona media de la estatua -Podemos sacarle de aquí con todas sus cosas- aseguró de nuevo mientras se aferraba a la enorme escultura de tamaño real y la elevaba en el aire sin apenas esfuerzo con el primer batir de alas. Los conocimientos de cantero, herrero y carpintero, además de sus excepcionales capacidades visuales conferían al enano la capacidad para calcular el punto de equilibrio de los objetos casi a la percepción, por lo que la seguridad de la estatua estaba asegurada.
-CUIDAAAAAO- gritaba fuera de sí el ex alcalde al ver volar su fortuna en bienes materiales por el patio. Los perros, más curiosos aún, corrían en círculos bajo la estatua persiguiendo la forma voladora de su nuevo amigo -CUUIDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAO- gritaba más nervioso el humano por si, en un descuido, la escultura se resbalaba de las manos del tontatta y caía hasta el suelo, cinco metros largos, encima de las cabezas de sus mascotas.
El espectáculo terminó suavemente sobre la hierba, en un lugar que no era el original, dejando un parche de tierra lleno de gusanos y escarabajos corriendo asustados por el cambio de luz.

Pese al suave aterrizaje, Augusto no pudo menos que correr hacia la decoración y observarla cuidadosamente para asegurarse que estaba intacta.
Una vez más tranquilo, admitió que tal vez, los Bandle, podrían ser de ayuda y los guio al interior de la casa, donde tras una puerta secreta, tenía almacenados varios muebles, cuadros, jarrones y cosas bonitas -Me gustaría poder salvar tanto como sea posible- pidió -Es todo lo que me queda, el resto de envíos han sido interceptados y robados- exclamó casi llorando -Tengo un barco en una cala pequeña, pero los caminos están llenos de maleantes, si podéis llevarlo todo volando sería genial- termino más animado.
Tras darle indicaciones al pequeño, éste se elevó y voló en dirección al lugar para inspeccionar la zona. El camino discurría, entre dos peñascos y tras un par de giros y una pequeña subida entre arboles el camino se abría a un alto barranco. Abajo, atracado junto a las rocas, un pequeño barco mercante sin bandera esperaba. Thymo regresó a la mansión para avisar de lo que había visto. Estaba claro que el lugar estaba bien defendido, pues la única manera de llegar al barquino era bajar escalando el acantilado, pero el pequeño podía simplemente depositar las cosas en la bodega sin que ni el barco ni los tripulantes corran peligro.
-Solo veo una pega- dijo tras explicar la situación -Desde arriba podrían dispararnos y están en posición ventajosa, Thym, ¿podrías dejar resbaladizo el acceso al acantilado? Con eso creo que nos dará tiempo suficiente para llevar cosas y descubrir si alguien nos esta vigilando- terminó.


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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Sáb 1 Ene 2022 - 13:38}

Mientras Thyma trataba de convencer al alcalde de que los Bandle eran su mejor opción, Thymo comenzaba con su ritual de acercamiento a los perros. La pequeña argumentaba a toda velocidad, dando detalles precisos y bien descritos de las maravillosas capacidades de los mellizos y varios ejemplos de sus heroicidades, se apoyaba en su forma tan característica de gesticular para dar más énfasis en sus explicaciones. Hasta que llegó un punto en el que reventó. La Tontatta se había ido encendiendo a lo largo de la conversación, viendo a su hermano jugar con los perros y ella haciendo el trabajo aburrido de convencer a un paisano de que se deje ayudar. Era totalmente injusto. -¡Bueno Basta! ¡Yo también quiero jugar!- Dijo finalmente acercándose muy deprisa a los perros. Antes de que los majestuosos ejemplares pudiesen reaccionar, ya tenían a Thyma colgada de su cuello. Se la hubiesen comido de un solo bocado, de no ser porque compartía muchas notas olfativas con el afable Tontatta, que tan bien les había caído. Un de ellos, el más grande se acercó a la pequeña, para asestarle un lametón en la cabeza, pero al verlo acercarse, con esa boca tan grande, con tantas babas y con tan malas intenciones, Thyma dio una pirueta en el aire, para aterrizar en el suelo y salir corriendo a refugiarse, tras un matojo, mientras gritaba. -¡Socorro, que me chupaaaaa!- Thyma no podía imaginarse una escena peor, que verse a si misma empapada en babas de perro gigante.

Por un momento pareció que los perros se mofaban de ella y es que su relación con el mundo animal, nada tenía que ver con la de su hermano. Cuando salió del arbusto, libre de viscosas babas, se reunió junto al alcalde con su hermano. Podía notarse cómo todavía, el humano, se sentía incrédulo. Thymo con gran habilidad y astucia, decidió hacerle una pequeña muestra de sus habilidades de trasporte, moviendo de lugar una espectacular y realista figura de mármol. El hombre se puso histérico, imaginando aquella figura hecha añicos en el suelo. Tanta aversión le dio que ignoró el hecho de la transformación de Thymo. Augusto gritaba como un cochino. -¡Relájate, hombre! Estás tratando con profesionales.- Thyma intentaba tranquilizar al alcalde, mientras se miraba las uñitas, esperando que su hermano terminase con la demostración. El aterrizaje de la figura fue suave y delicado, pese a eso Augusto salió corriendo a comprobar su estado. -¿Lo ves? Está intacto. Thymo es súper fuerte esto es una migaja para él. ¿A que si?- dijo presumiendo de hermano. Para fortuna de los mellizos, el hombre entro en razón y se dejó ayudar. Fue un alivio para ellos, pues impacientes como eran, Augusto empezaba a resultarles tedioso.

El alcalde dio las indicaciones precisas para que Thymo encontrase el barco de huida. Sin más demora, salió volando y desapareció en el horizonte. Thyma se quedó con Augusto. -¿Me enseñas todo lo que hay que llevar? Podemos ir organizándolo y aprovechamos el tiempo.- Le dijo con amabilidad, a lo que Augusto asintió con la cabeza. Juntos caminaron por el jardín, seguidos muy de cerca por los canes. El hombre comenzó a enumerar, las estatuas valiosas y demás decoraciones de interés, después la llevó a una especie de almacén lleno de cajas, maletas y baúles. Thyma no podía imaginarse cuántos enseres tendría originalmente, pero allí había una barbaridad de cosas. Mientras recorría el espacio, se iba rascando la barbilla, pensando la mejor forma de trasportar todo aquello. Por un lado, si llevaban mucho de una sola vez llamarían mucho la atención, pero si iban de poco en poco, les daban tiempo a los piratas a organizarse e interceptar a su hermano. Thyma tomó una decisión. -Augusto, necesito cuerdas, muchas cuerdas. Que sean buenas ¿Eh?- Le dijo segura de si misma. Augusto salió del recinto para atender el pedido y la pequeña comenzó a poner todas las maletas, baúles y demás en fila, hacia la salida. Hizo varias hileras con todo y cuando terminó, Augusto estaba de vuelta con metros y metros de cuerda. Con gran destreza y con los aprendizajes de su hermano ató todos los objetos para asegurar que no se abrieran. Después creó una especie de cadena entre ellos de manera que Thymo alzase el vuelo y llevase consigo varias cajas en forma de "rosario". La pequeña trabajaba deprisa, con las ideas claras en su mente. A Augusto le costaba seguirla con la mirada, pero poco a poco iba entendiendo su idea.

Thyma terminaba las asas por donde su hermano agarraría las cuerdas, cuando éste llegó con noticias. Les explicó a ambos la situación. En principio no parecía complicado, pero debían hacer algunos preparativos. -¡Claro, Thym, no será un problema!- Contestó ante su propuesta. Después le explicó como había organizado los objetos a trasportar y cómo debía cogerlos. -Aunque los mueva el viento, están bien asegurados unos a otros, no se caerían...- Le aseguraba finalmente. Era importante para ella, que le diese el visto bueno a los nudos, pues había practicado mucho últimamente y ya le salían muy bien, pero todavía no había tenido la oportunidad para enseñárselo y ésta era una ocasión estupenda.
Una vez terminaron de organizar y planear, se pusieron manos a la obra. -Thym llévame al sitio, lo dejaré todo ultra deslizante. JAJAJAJA. Después montaré guardia en el barco.- Thyma protegería las pertenencias de Augusto, dispararía a todo aquel que se acercase y llevase malas intenciones.
Thymo llevó a su hermana a la zona de los acantilados. Una vez allí, Thyma se posó en el suelo y comenzó a deslizarse por la superficie como si estuviese patinando. El sustrato iba cambiando bajo sus pies, no solo quedaba cubierto con un gel trasparente y resbaladizo, si no que la propia superficie se iba quedando completamente lisa. Thyma patinaba, abarcando cada vez más superficie y alcanzando más velocidad. Nadie podría imaginarse, viéndola, que pudiese ser tan patosa, en su día a día. Parecía una bailarina sobre el hielo, de pequeño tamaño. Poco a poco la zona que bordeaba al barco se había convertido en una peligrosa pista resbaladiza. Al finalizar, se acercó a su hermano. -Ya puedes llevarme al barco.- Le dijo. Un vez en cubierta, solo tenía que esperar a que alguien asomase la cabeza o cayese por el precipicio por culpa del deslizamiento. Thymo se encargaría de lo demás.
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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Sáb 8 Ene 2022 - 13:42}

-MmmmHhhh- emitía como toda respuesta el enano ante los “ataos” de su melliza -HhhhmmMM- mientras ponía cara de interesante, cruzaba su segundo par de brazos sobre el pecho y con sus dos manos restantes ponía poses de investigador de película apoyando su cabecita.
-¡Está muy bien!- sonrió al fin el pequeño mirando en dirección a su melliza. La pequeña no tenía la destreza del cazador para atar, pero lo cumplimentaba a la perfección con su capacidad para coser, lo que confería a aquellas cuerdas una unión que difícilmente podrían solo con nudos. Muchas de las secciones, casi trenzadas, se mantendrían unidas durante mucho tiempo tras esta aventura.

El antiguo alcalde era una mera figura de mármol en su propio jardín mientras observaba aquellas pequeñas criaturas, casi salidas de un cuento de hadas, ayudarle a salir de su prisión. Los perros, ya acostumbrados a los visitantes que trasteaban con las pertenencias de su dueño con el permiso de éste, descansaban al fondo de la finca, a la sombra.
-Señor, vuelvo en un momento a por todo esto, vamos a asegurar la zona- Dijo Thymo a aquel hombre todo lo serio que la situación requería, ante lo que el humano solo pudo asentir, casi pálido, sopesando si debía dejar en manos tan pequeñas todos sus bienes, pero sin poder dar con una respuesta con la que negarse.

Los enanos volaron rápido en dirección acantilado y cuando llegaron, desde el cielo, el cazador mostró la zona que debía cubrir a la tontatta, y la soltó mientras se encaramaba a un árbol y la veía hacer su magia embelesado. Aquella sustancia hacia resbalar a un escarabajo, lo sabía por experiencia propia y le fascinaba pensar lo que podía hacer con bípedos en una cuesta pronunciada.
Cuando la pequeña hubo terminado, la transportó hasta el solitario barco y la dejó de protectora mientras él, regresaba al patio del ex alcalde.

-Todo listo, transportaré sus cosas y más tarde regresare a por usted. Mi hermana protegerá el barco y... todo eso- dijo señalando la pila de material. Por suerte, la fuerza que le otorgaba el animal totémico de su fruta, le permitía elevar aquella cantidad de peso muerto y llevarlo hasta el barco gracias a su gran resistencia natural.
Con complicaciones por el gran volumen de la ristra de maletas y enseres, pero con la seguridad del que sabe que puede, Thymo elevó por los aires la pertenencias restantes de aquel humano y voló de regreso a la embarcación que serviría al humano como método de escape.
Thyma esperaba al pequeño sobre la cubierta, donde vería, recortándose contra el sol, la figura de un collar de perlas volador que se acercaba. Cuando el pequeño descendió de la linea del sol y aterrizó sobre la cubierta, apenas jadeaba como si estuviese a punto de morir -iihhhhh.... iihhhh... iihhhh- resoplaba -Me “calentao”- explicó entre sollozos ásperos -Subí mucho para que no me vieran...iihhhhhh... y creo que había poco aire...- Casi desmayado, tumbado boca arriba con los brazos abiertos en cruz, el pequeño tomo aire como agua un sediento.
Tras recuperar el aliento y abrazar a su melliza, regreso a por Augusto, que esperaba de pie en el patio, con los perros a sus pies, atados con las correas, esperando el trasporte aéreo. -Capitán Thymo de servicio- bromeó al llegar al suelo -Siéntese caball...- no pudo terminar la frase antes de que se le abalanzaran los enormes cachorros y lo dejaran más chupado que un caramelo de segunda mano. -Vaaale, vaaaaale- decía entre empujones, ante las risas del hombre -Les gustas- exclamó orgulloso.
Cuando la situación se calmó, el pequeño hizo uso de su habilidad para crear objetos a toda mecha, e improvisó una plataforma, una especie de barco con un armario de la cocina que vació y reforzó para que el fondo aguantase el peso del trío. Añadió unas correas con las cuerdas de las persianas para que pudieran asegurarse en las turbulencias y los invitó a subir. El espacio no era demasiado para tanta carne, pero tras asegurar a los canes y el hombre tumbarse casi encima, buena parte ya estaba hecha, solo faltaba cerrar las puertas y comenzar el transporte.

Diez minutos después, casi una hora para la pequeña, una caja de bombones volaba contra el sol directamente hacia ella. -YA ESTAMOS AQUIIII- gritó el enano, que había aprendido la lección y no voló tan alto esta vez.
Tras dejar en la cubierta el armario, un mareado ex alcalde salió a trompicones hasta la baranda de popa y dejo que la comida de su interior fluyera al mar antes de poder decir un escueto -Gracias...-


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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Dom 16 Ene 2022 - 15:31}

Thyma accedió a la cubierta del barco con la ayuda de su hermanito. Se sentía orgullosa del trabajo bien hecho y de las alabanzas que Thymo le había hecho. Para ella ser de ayuda y útil en las misiones era super importante, ya que sentía que, de alguna forma, tenía que suplir la increíbles capacidades de su mellizo.
Una vez en la cubierta, se despidió de Thymo y le deseo toda la suerte y la precaución del "mundo mundial". Ella se posicionó oculta tras unos pequeños postes ornamentales, de manera que podía ver el acantilado desde distintos puntos. En cambio, verla a ella se complicaba mucho más. Pequeñita, escondida y a contra luz... Sólo unos ojos expertos o alguien con una percepción aumentada podría detectarla.

Mientras veía alejarse a su hermano, en el horizonte, Thyma sacó su cerbatana y se dispuso a disparar a todo lo que se moviese. Atenta, comenzaba a sentir la tensión y el calor incidente del sol en su cabeza. El tiempo pasaba despacio, demasiado para ella, que no estaba acostumbrada a estar callada más de dos segundos seguidos, ni tan siquiera cuando estaba dormida. No tener a nadie con quien compartir sus pensamientos era desesperante. Cuando de repente algo pareció moverse entre dos rocas. Thyma agudizó todos sus sentidos y no se confundió. Sin pensárselo mucho, cargó su cerbatana apuntó y con un gran soplido disparó su dardo de velocidad. Los había fabricado Thymo, eran muy rápidos lo que resultaban perfectos para un largo alcance. Tras el disparo y mientras el dardo giraba y giraba rumbo a su objetivo, Thyma se cambio de poste por si alguien lograba descifrar el recorrido del dardo. Una vez llegó a su destino, en el poste contiguo, observó con atención el efecto del disparo. Parecía haber acertado, pues algo se caía por el precipicio. La superficie era tan resbaladiza que resultaba imposible frenarse antes de caer. La Tontatta se preparó de nuevo y lanzó otro dardo intentando calcular la velocidad y trayectoria de caída, con la mala suerte que después de disparar, calló en la cuenta de que el intruso no era más que una aterrada, confundida y ahora muerta liebre. La pequeña se sintió tremendamente culpable, pero todo el percance aceleró al tiempo hasta la llegada de su hermano.

Thymo llegó con los largos hatillos de objetos, fatigado y sin aliento. Nada más llegar a cubierta y soltar todo de forma segura, el pobre Tontatta se desplomó en el suelo. Thyma al verlo corrió a su encuentro y comenzó a hacer aspavientos al verlo en ese estado. Buscó un trozo de tela entre sus pertenencias y comenzó a abanicarle proporcionándole oleadas de aire sobre la cara. Cuando la melliza pudo comprender lo que le sucedía se sintió fatal por haber hecho los hatillos tan largos. -Lo siento Thym, calculé fatal.- Se disculpó lastimosamente. -Encima maté a un conejo.- Continuó casi a punto de romper a llorar. -Tardaste muchooooo.- Las lágrimas comenzaban a asomar por sus melodramáticos ojos. En ese momento, Thymo, más recuperado abrazó a su hermanita, haciéndole ver que todo estaba bien y que no había sufrido ningún daño. La pequeña, entre los brazos de su mellizo, sollozaba pensando en el trágico destino del inocente conejito.

Thyma volvió a quedarse sola, Thymo todavía tenía que regresar con el antiguo alcalde y con sus canidos de lenguas besuconas. La pequeña se estremeció al recordar esas bocas llenas de babas. Aquellos probablemente, fueron los diez minutos más largos de su vida. No hubo ni un solo movimiento, sonido o atisbo de nada en el acantilado. Los piratas debían estar muy ocupados saqueando a los viajeros en los puerto de acceso a la isla. Al parecer, el movimiento, debía de ser lo suficientemente lucrativo como para no prestar atención al movimiento aéreo de ese día. Nada parecía indicar que Thymo hubiese sido interceptado por nadie y en vista a lo aburrida que estaba Thyma, tampoco habían reparado en la presencia de ese barco. Los minutos pasaban largos, eternos, cansinos y tediosos. El mar estaba calmado y apenas había tránsito de pequeñas aves. La pequeña no paraba de mirar en la dirección por la que aparecería su hermano, ese momento parecía que nunca iba a llegar, hasta que por fin una extraña silueta se dibujó en el horizonte celeste. Thymo regresaba con Augusto y sus perros. La pequeña al verlo bajó hasta la madera de cubierta y comenzó a saludarles, muy contesta de verles. Thymo, esta vez, había controlado mucho mejor la altura de vuelo y no volvía tan fatigado, pero el pobre alcalde terminó vomitando todo su ser por la barandilla. Los perros en cambio caminaban torpes y se zarandeaban de un lado a otro, a pesar de no haber ni pizca de oleaje, hasta que finalmente se tumbaron a esperar que el suelo dejase de moverse.
La pequeña se encaramó al cuello de su hermano. -Jugaste otra vez con los perros ¿A que si? Por eso has tardado tanto.- Le dijo medio enfurruñada, medio en broma. -No vino nadie Thym, todo eso no sirvió de nada.- Le confesó señalando el acantilado.

Augusto les dio las gracias tras el esfuerzo físico de vomitar y todavía recuperándose. -Ya le dijimos que estabas en buenas manos.- Contestó la pequeña, conforme. Después le siguió una larga perorata sobre las cualidades de los héroes y por qué no debía darles las gracias ya que ese era su trabajo. En medio del discurso, Thyma detuvo sus palabras, su piel se había erizado, poniendo todos sus pelitos de punta, un escalofrío recorrió su espalda y el terror más absoluto la paralizó. Los perros, al notar la emotividad de la Tontatta se había acercado por su espalda y le estaban dando unos enormes lametones, al fin y al cabo olía similar a su mellizo y lo interpretaron como un gesto amigable. Thyma en cambio, era incapaz de moverse presa del repelús, ni sin quiera era capaz de girarse a mirar, no fuese a ser que se les escapase un lametón a la cara. -ayuda- Susurro apenas sin ánimo.
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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {Miér 19 Ene 2022 - 20:38}

La pequeña no dudo en comenzar una de sus interminables explicaciones, con Augusto como objetivo, enumerando las muchas razones por las que, los Bandle, eran el mejor equipo en cualquier situación del mundo mundial. Una a una, sin saltarse ninguna. Al menos hasta que los perros comenzaron a olisquearla y, posteriormente, empaparla a lametones.
Thymo no pudo evitar una carcajada, pues pocas cosas harían callar a la tontatta una vez comenzaba a hablar, pero aquel simple gesto actuó como un calmante instantáneo. Tras silbar como hacía con los canes de los cazadores, las orejas de ambos se alzaron, curiosas ante aquel sonido que se repitió hasta tres veces antes de que la atención de los rotweillers se centrase completamente en el sonido, y dejasen a la pequeña tranquila.

Tras la recuperación del exalcalde y salvar a su melliza de los canes llegaba la hora de las despedidas, el trabajo había sido hecho y apenas una liebre había sido dañada en el proceso. Los enanos se habían ausentado del crucero sin decir nada y si no fuese por la velocidad de vuelo de Thymo podrían perderse el viaje hasta el próximo puerto, hasta la próxima aventura y eso era algo que ninguno de los dos permitiría por nada del mundo, aunque... El pequeño conocía la ruta del buque, navegaban dirección al sol, lo que les daría algunos minutos extra y aun tenían algo de tiempo hasta que el astro rey desapareciese del cielo, por lo que podrían ayudar al pobre hombre a meter todo en las bodegas... y jugar con los perros.

Tras colocar los bienes materiales de aquel humano dentro de las bodegas de su pequeño barquito, y despedirse de los juguetones perros el pequeño estaba listo para emprender viaje hasta el crucero, por lo que adoptó la forma de vuelo que tango gustaba a la pequeña, lo que hizo que los perros lo persiguieran por toda la cubierta mientras él reía.
En el ultimo vuelo rasante, capturó a su melliza con sus patas y la ayudó a sentarse en su sitio. Despidiéndose con las patas de aquel simpático humano y sus perros, Thymo puso rumbo al sol, oteando el océano brillante que tenía en frente, en busca de su barco.


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¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] Empty Re: ¡Déjame salir! [Misión común - East Blue] {}

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