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Viajes y rencuentros (Privado Alice- Naipe)

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Mensaje por Naipe Vie 17 Sep 2021 - 21:39

Habían pasado semanas desde la adquisición de mis poderes en Yellow Spice por cortesía de "La Araña". Muchas cosas cambiaron entonces, pues mi poder  me había mostrado infinidad de posibilidades y forma de poder salir adelante a pesar del castigo que mi cuerpo había recibido por herencia genética. Durante dicho tiempo pasé semanas en mi biblioteca  personal y en la de la ciudad tratando de conocer un poco más a fondo las "propiedades" de mi "poder", y a mayores buscar información sobre las akuma no mi. Esto último era por mera curiosidad, pues soy un hombre de ciencia...pero no podía mirar a otro lado cuando en este mundo había "fuerzas" que la ciencia  no podía explicar del todo.

Pasadas las noches como una rata de biblioteca y consumiéndose el tiempo que me quedaba como el de una vela encendida, decidí tomar una decisión: Vivir. Así que un buen día cogí mi petate, mi mejor traje, mi chequera y algunas reservas de sangre que me quedaban en la cocina de la mansión para coger el primer billete, del primer buque que fuera a cualquier destino. Me apetecía ver mundo, conocer y descubrir cosas que mi intelecto todavía no lograba a comprender, y de paso sea dicho, la búsqueda de una cura para mis patologías, pues si había magia que otorgaba poderes..¿No habría magia que me pudiera curar?.

Así que mi primer destino fue nada menos que una isla del North Blue llamada English Garden, concretamente arribé en su capital Towerbridge, una ciudad que se asemejaba mucho  Yellow Spice, al menos en el ámbito industrial, solo que esta ciudad estaba limpia, se respiraba medianamente bien y sus gentes parecían más refinadas y civilizadas. De hecho, no me costó mucho pasar desapercibido, pues mi vestimenta era similar a la de sus habitantes. Cualquiera diría que compartiéramos cultura, pero bueno, era hora de buscar un hotel y comer algo, me moría de hambre.

No tardé mucho en encontrar uno de cuatro estrellas, llamado "New Trafalgar", donde me asignaron la suite 404 en la planta 16. Una vez allí dentro, y tras vomitar varias veces en el baño, tener unos cuantos escalofríos y haber bebido algo de sangre y tomado algo de azúcar, decidí comer algo de verdad. Así que, ataviado con mi mejor gala de traje negro de tres piezas y corbata roja, salí rumbo a la plaza mayor para ver que se cocía en el ambiente ya casi anocheciendo. No me paré mucho la verdad a contemplar los monumentos, a pesar de que me encantaba su arquitectura, ya que vi un restaurante  de auténtico postín, seguro que allí me daría un buen festín acompañado de alguna música, cosa que me encantaba por cierto. Así que me fui directo hacia allí.

Una vez en la entrada uno de los camareros salió a recibirme, y como era obvio le pedí mesa para uno. No dudó en asentir con la cabeza y llevarme a una de las mesas cercanas al gran escenario que había al fondo de la magna sala, donde multitud de comensales degustaban y comían platos de todos los tipos, mientras que la estancia adornada por lámparas araña y alfombras rojas de terciopelo denotaban el ámbito casi regio donde me encontraba. Y lo mejor no era ese ambiente de  riqueza, sino que estaba sonando el piano en el escenario, amenizando las distintas veladas de la noche.

-Buena noche Sr.-Dijo un camarero que se aproximaba con la carta, entregándomela mientras me ponía al corriente sobre la comida del día. Yo por mi parte observaba dicha carta  con tranquilidad.

- Un Chatí para beber y  un entrecot con salsa de champiñones- entonces recalqué- El entrecot que esté muy poco hecho, que sangre un poco si pudiera ser.

El camarero asintió con la cabeza y con una leve sonrisa me recogió la carta y se fue directo a las cocinas, situadas a la derecha de la sala a través de una pequeña puerta. Mientras tanto yo me quedé sentado en mi silla deleitándome con la música proveniente del piano que amenizaba las cenas.
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 19 Sep 2021 - 1:43

Todo estaba oscuro. Cuando abriste los ojos te sorprendió, siempre solías despertar a la misma hora. Tampoco era una oscuridad normal. Las pocas veces que te habías despertado en mitad de la noche una mínima penumbra te permitía darte cuenta de algunos detalles, pero en esa ocasión simplemente no podías distinguir nada. También sentías tu cabeza palpitante, sobre todo a la altura de la sien, y el dolor punzante en la nuca. La boca te sabía a óxido, y cuando trataste de acercarte las manos, simplemente no podías. En ese momento razonaste que tampoco estabas sobre un colchón, ni cubierta por tus sábanas, ni en tu barco. Pero, ¿cómo?

Trataste de rodar hacia un lado, pero no tardaste mucho en darte cuenta de que una cadena estaba amarrada a las esposas de tus manos. Tenías los pies libres, pero eso solo te sirvió para darte cuenta de que estabas en un espacio extremadamente reducido, claustrofóbico. Podías tocar el techo con los pies desnudos mientras, con el roce mínimo de la tela, pudiste llegar a la conclusión de que no llevabas nada más que ropa interior.

Tu primer instinto fue gritar pidiendo ayuda, pero lo descartaste. Si alguien te había puesto en esa situación muy seguramente no estuviese muy lejos, y no creías querer encontrarte con quienquiera que te hubiese atrapado como a un animal. Te incorporaste con cuidado de no golpear el techo con la cabeza y, cuidadosamente, trataste de baquetear con los hombros la pared a tu espalda. Sonaba hueco. Repetiste el proceso con la pared contigua y también con la parte de arriba. Estabas en una caja. Alterada, trataste de tranquilizarte respirando profundamente, pero no tardaste mucho en comenzar a hiperventilar. ¿Qué demonios estaba pasando? Trataste de recordar qué había pasado, pero solo acudía a ti un dolor abrumador. Te habían cogido totalmente desprevenida.

- ¿Jefe? -Escuchaste la voz sofocada en la distancia.

Te concentraste en desentrañar cada palabra que oías, pero el mensaje fue confuso. Pudiste teorizar que se trataba de una conversación telefónica, pero no obtuviste demasiada información más allá de palabras sueltas como "paquete" y "atracando". Dedujiste que tú eras el paquete, así que cuando tu cárcel comenzó a arrastrarse no te sorprendiste. Te asustaste, claro, pero no te sorprendiste.

- Para ser tan pequeña, pesa un quintal -dijo otro hombre, con marcado acento de Mudleaf-. Aunque tiene buen culo.

- Los nobles pesan tanto como sus ínfulas -contestó el que había hablado antes a lo lejos-. Por lo que tengo entendido esta zorra dejó tuerto al hijo de una duquesa. -La caja se levantó-. Está como una puta cabra, aunque no es de extrañar. Su madre era de Frink, y de ese lugar nunca ha salido nada bueno.

- ¿Pero no era de Chesterton? La niña loca de los Wanderlust.

- Es ambas, zoquete -esa tercera voz la habías escuchado antes, aunque no sabías de qué-. Duquesa de Chesterton y marquesa de Frink, al menos mientras lo era. Ahora va por ahí fingiendo que no tiene apellido, pero su solo coño vale más que una plantación de algodón en Blomed Town.

Un escalofrío te recorrió por completo. Así que era eso... Myers estaba allí, lo que solo dejaba una posibilidad: Estabas en English Garden de nuevo. Si estabas allí significaba que Lewis había dado contigo, y que no se había olvidado de que tenías una promesa que cumplir. Ni tu huida hacía cuatro años ni tu renuncia a todos los títulos habían sido capaces de aplacar lo único que ese idiota apreciaba más que el poder: Su orgullo.

Negaste con la cabeza y apretaste los dientes. Mirabas fijamente a todas partes, esperando el momento en que tu primo apareciese en escena para abrir la caja. Y, por suerte o por desgracia, no tardó mucho.

- Espero que esté viva -escuchaste decir-. Como la hayáis matado os juro que...

-Está viva, jefe. Eso seguro -dijo uno-. Igual empieza a tener problemas para hablar, o lagunas mentales... Pero lo importante está intacto.

- Más os vale.

Cerraste los ojos, haciéndote la inconsciente. El crujido de la tapa al levantarse opacó el de los clavos al soltarse, y la luz entró. Incluso con lo tenue que era y frente a tus ojos cerrados, era molesta.
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Mensaje por Naipe Dom 19 Sep 2021 - 22:22

La comida estaba buena, eso lo debía admitir. La verdad es que me gustaba probar la gastronomía de los lugares a los que visitaba, y una vez más, volvía a acertar con el plato. Finalmente y tras una buena comida me habían retirado el plato y dejado solo el Chatí para acompañar. Entre la música del piano y el vino la verdad es que estaba siendo una velada en solitario muy afable, hasta que llegó la hora de pensar, pues para mi era como estar trabajando.

Saqué de mi bolsillo la carta que había encontrado en aquel cofre en Yellow Spice, la carta de Elisabeth. Una y otra vez la había leído tratando de buscar una lógica sobre su destino. ¿Quién pudo cometer su asesinato?¿Porqué iban a hacer pasar su muerte por un suicidio?¿Porqué ocultar la verdad?¿ Por dinero? Lo dudo. ¿Por influencia? Los padres de Elisabeth no eran especialmente poderosos, pero si ricos. ¿Quizás simplemente para hacerme daño? Posiblemente, y por los dioses que lo lograron.

Quizás podría acercarme a la residencia de los Beneviento y comenzar a buscar respuestas allí, aunque seguramente no me dejarían ni acercarme a la mansión, pues seguro que el padre de Elisabeth, William, todavía me la tenía jurada por haber provocado el suicidio de su hija, o al menos es lo que él pensaba. Los beneviento tras los acontecimientos del suicidio se mudaron a esta isla, y por ello me hallo aquí. Quizás con el padre no tenga posibilidad alguna, pero la madre, Doña Catherine Beneviento, todavía me amaba como un hijo.

"Habrá que probar" Pensé para mis adentros mientras guardaba la nota en el bolsillo. Los aplausos no tardaron en hacerse eco en la sala, pues el pianista había acabado su pieza, y como no, había sido perfecta.

Me acabé el vino y procedí a llamar al camarero para pagar, y tras hacerlo me levanté de mi silla y me dispuse a abandonar el local. Mi objetivo era simple; dormir e ir mañana por la mañana a hablar con la madre de Elisabeth, y pensar alguna forma de esquivar al padre.

"Mañana va a ser un día muy movidito".

Cuando llegué a la habitación del hotel para disponerme a dormir, el sueño no quiso venir a mi. Estaba dándole demasiadas vueltas a todo; ya no solo a mis problemas con el legado de mi amada, sino también por el asunto de mis poderes, cuyas incógnitas todavía no conocía del todo. Así que opté por distraerme un rato y bajar al hall. Una vez allí me dirigí a la "Sala pública" que se asemejaba a un gran salón muy ornamentado con decoraciones en pan de oro, mesas y sillas y un gran piano en su centro.

Le hice una señal al recepcionista sobre si podía tocarlo, pues no creo que molestara nadie, pues debido a la hora que era ya todos dormían en sus respectivas habitaciones, y la sala pública estaba vacía, la cual solía estar llena durante el día.

Así que me senté en la silla del piano y comencé a tocar una sonata que a mi particularmente me tranquilizaba, y quién sabe, igual hasta me ayudaba a coger el sueño.

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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 20 Sep 2021 - 2:21

- Movedla con cuidado -espetó Lewis-. No quiero que tenga ni una sola marca.

Por confirmación un par de gruñidos, y esta vez no fue la caja lo que movieron. Desengancharon la cadena del arcón y te tomaron de hombros y piernas, dejándote con las manos sobre el abdomen. Escuchaste algunos comentarios chabacanos acerca de tu pecho, pero preferiste ignorarlos mientras no supieras un poco más. Lewis iba dando órdenes mientras ellos las cumplían, y contaste al menos cincuenta peldaños hacia abajo por algún tipo de escalera hasta que escuchaste una puerta desatrancarse. Se abrió con pesadez y entonces pasasteis. Engancharon en algún lugar la cadena, te sentaron a un sillón -bastante cómodo, cabe decir- y la puerta se cerró con un estruendo.

- Ya puedes dejar de hacerte la dormida. -El cuerpo de Lewis cayó sobre un sillón acolchado-. Siempre se te ha dado mal fingir.

Abriste los ojos. Tras cuatro años sin verlo podías notar que había cambiado solo para mal. Si bien mantenía un rostro cuidado, las líneas de expresión surcaban su cara de ceño fruncido. Tenía labios temblorosos y mirada cobarde, pero segura, y había engordado. Vaya si había engordado; estabas segura de que en estos momentos pesaba casi el doble que la última vez. Parecía que se había comido al Lewis que tú recordabas para dar a luz una amalgama deforme de sí mismo.

- También aguantar tus tonterías -contestaste, finalmente-. ¿No te llegaba con que me fuese? Podías quedártelo todo.

- Sí... Podía. -Su tono no te gustaba un pelo; arrastraba las palabras, fingiendo inocencia sin poner mucho empeño-. Pero verás, mi querida, queridísima prima, la única hija del tío a quien más quería... ¿Acaso no te he enseñado nada desde que te conozco?

Cruzó una pierna sobre la otra y se terminó de recostar sobre el sillón. Allí, frente a ti que ibas casi desnuda, hasta su patético traje de color crema parecía un vestido aceptable.

- A llevar ropa estilosa, por supuesto.

- Sigues siendo la misma chiquilla maleducada, ¿no? -Suspiró con cierto agotamiento-. He leído mucho sobre ti últimamente, Alice. Primero en pequeños periódicos, pequeña tirada. Casi nadie los leía... Te queda muy bien el amarillo, por cierto. -Trataste de reprimir tu repulsión cuando te fijaste en el color de tu conjunto-. Me refería a esta imagen -dijo, levantando un periódico-. El caso es que has entrado en Grand Line y hecho cosas. No cosas demasiado grandes, pero sí lo bastante interesantes como para que el Gardener te haya dedicado un artículo.

Lanzó un tabloide a tus pies. El Gardener era un periódico sensacionalista de la isla, el más vendido de ella. En su redacción trabajaban investigadores talentosos y sin escrúpulos que habían tejido una portada en la que tu apellido, Wanderlust, estaba en portada, junto a un "está viva".

- ¿Qué clase de mentiras has estado contando, pedazo de mierda? -preguntaste, clavando una mirada iracunda en él-. ¿Te dedicaste a decir que me suicidé, o me mataron? O, no, espera: ¿Me rompí algún hueso intentando corretear? Dime que has sido tan sagaz como siempre, Lewis, dim...

- ¡Cállate! -gritó. Su tono era autoritario, mucho más de lo que nunca había sido-. Te largaste sin decir nada, sin dar explicaciones. Tenías un pretendiente que ya había pagado por ti y te esfumaste. El problema no es lo que yo dijera, sino que ahora tienes que cumplir.

- Ah, que todo esto es para casarme otra vez. -Te encogiste de hombros-. ¿No crees que volveré a irme una vez más?

- No lo creo, no. Porque eres tú o ella.

Lewis se levantó con tranquilidad. No dijo nada por un rato, pero caminó parsimoniosamente hasta una esquina. En ese momento levantó sobre su cabeza un pequeño bebé pelirrojo de ojos verdes.

- ¿Acaso no es adorable? -dijo, con tono grave y dulce-. Alice, déjame presentarte a Alice Marygold.
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Mensaje por Naipe Mar 21 Sep 2021 - 20:14

La noche se tornó en día y ya era hora de hablar con la señora Beneviento. Me dispuse a cepillar mi traje, a darme una buena ducha y  engalanarme lo suficiente como para no hacer el ridículo ante tan alta familia. Todavía seguía en mi mente el problema del Sr Beneviento, pero bueno, los problemas de uno en uno. Así que una vez listo salí del hotel rumbo a la mansión de los Beneviento, que se encontraba en una de las calles más céntricas de la ciudad.

No tardé mucho en llegar, y sino fuera por la cantidad de gente que había en la zona comercial hubiera llegado mucho antes. Y allí estaba, tragando saliva a través de una nuez que no bajaba y parecía ahogarme. Me acerqué a la puerta y peté dos veces. En un primer momento nadie vino a abrirme la puerta, hasta que finalmente me abrió el mayordomo, Gastón.

-¿Si?- dijo el hombre, que abrió los ojos con sorpresa al verme- ¡Sr. Blackwood!-dijo con un tono casi susurrante- ¿Qué hace aquí? Sabe lo que le hará el Sr Beneviento si lo ve por aquí.-concluyó con un tono de preocupación.

-Lo sé Gastón, y le pido perdón por ello. He venido a hablar  con la señora Beneviento, es urgente- dije llevándome la mano al bolsillo.

-¡Oh no no no no! De ninguna manera- negó con la cabeza el mayordomo- No tengo nada en contra suya Sr Blackwood ya lo sabe, y siempre le he considerado un amigo, pero si el señor le pillara hablando con su esposa, saldría de esta mansión con los pies por delante, lo siento- dijo antes de cerrar la puerta en mis narices.

-Es sobre Elisabeth- dije sacando la nota del bolsillo antes de que se produjera un silencio incómodo, y entonces, la puerta volvió a abrirse.

-¿Sobre la señorita?-preguntó confuso el mayordomo.

-Mire Gastón no tengo tiempo para comentarle todos los detalles, pero de verdad necesito hablar con su señora ahora mismo- dije mostrándole la carta- Pues hemos sido engañados, todos.

El mayordomo no daba crédito a mis palabras, pero si por unos segundos vaciló en cerrarme la puerta nuevamente, esta vez, al reconocer la letra de la joven, accedió.

-Bien, pase, pero solo podrá estar quince minutos. El señor Beneviento volverá del ayuntamiento pasados esos minutos.-dijo abriendo la puerta del todo.

Accedí a la mansión, y tras pasar por un sinfín de pasillos allí estaba Catherine, sentada en el sofá de un gran salón con chimenea tomándose un té, su cara al verme fue la misma que la del mayordomo, sin embargo esta esbozó una leve sonrisa.

- ¡Por los dioses , cuanto tiempo!-dijo la mujer levantándose mientras dejaba su taza de té sobre la mesita central para venir a darme un abrazo. A diferencia de su marido, con Catherine siempre había tenido muy buen trato y me veía prácticamente como un hijo, y sin duda algo a destacar, es que ella no me acusaba del sucicio de su hija. Así que me invitó a acompañarla al té, y la puse al corriente de todo...de La Araña, la carta, todo.

-Sabía  que mi hija no pudo haberse quitado la vida- dijo dando un sorbo a su taza- Ella te quería mucho y ambos os complementabais muy bien. Ya sabes que te considero como a un hijo, y no pudo haberme hecho más feliz el día que me dijiste que estabas con Elisabeth. -dio otro sorbo a la taza- Pero esta nota cambia todo, y ahora veo que tienes muchas preguntas en tu cabeza.¿Me equivoco?

Claramente no se equivocaba, nunca lo hacía.

-¿Porqué estaba esta nota en un cofre encadenado en lo más profundo de una mina? Es que no lo entiendo, y no le encuentro lógica, por ello quería preguntarle a usted si esta nota le dice algo a usted. Usted era su madre, quizás sepa de algo que a mi se me esté escapando.

-Te diré lo mismo que te dije hace años: No lo sé. Pero esto lo cambia todo. Si mi hija fue asesinada, no dudes en que contarás con toda la ayuda posible que pueda proporcionarte. Haré unas llamadas y contactaré contigo, pero antes voy a mostrarte algo.

La mujer mandó a su mayordomo salir de la sala  para buscar un pequeño cofre, que colocó en el sofá entre Catherine y mi persona. La dama lo abrió y dentro podía verse muchas cartas.

-Creo que te pertenecen, o al menos eres tu el receptor de ellas. No las he leído por respeto a mi hija, pero creo que alomejor podrías encontrar alguna respuesta en alguna de ellas. No es mucho pero menos da una piedra.

-Se lo agradezco mucho Catherine- le dije mientras miraba el cofre y me disponía a echar la mano a las cartas, pero en ese momento la mano de Catherine se puso sobre la mía.

-Encuentra al asesino de mi hija, para que así pueda descansar en paz. ¿Me lo prometes?.

Asentí con la cabeza al ver a la pobre mujer mostrar una leve lágrima en su rostro. Cuando me disponía  a coger las cartas el timbre de la mansión sonó, y Gastón sudando la gota gorda dijo preocupado:

-¡El señor Beneviento!. ¡Tiene que salir de aquí cuanto antes Sr Blackwood!

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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 22 Sep 2021 - 2:16

Te despertaste temprano. Bueno, despertar habría implicado que durmieses algo, y tu sueño había sido breve, irregular y ligero. Lewis te había quitado las esposas con total seguridad, a sabiendas de que no tratarías de escabullirte. Se portó bien, dentro de lo que cabe: Te ofreció regresar hasta Chesterton, a la casa de Padre, pero declinaste la oferta. Tu habitación seguía como cuando la dejaste, había dicho, y tus cuadros estaban custodiados en la misma sala donde solías pintar. Aunque en parte tenías cierto interés en descubrir cuánto habías evolucionado o cómo de bien recordabas lo que habías inmortalizado... ¿Cuál sería el propósito de hacerlo? En los últimos seis meses habías cambiado más que en los seis años anteriores; dudabas siquiera reconocerte en los espejos de esa estancia.

- Recuerda ponerte guapa -había dicho al dejarte en el hotel, abrigada con una densa gabardina de piel. No había dejado que te pusieras nada más, pero fue suficiente para llegar a la habitación-. Tened dulces sueños, Milady.

- Su Excelencia, para ti.

Te giraste en la cama. Te dolía la cabeza. No podías dejar de pensar en todo lo que había pasado anoche. Las palabras de tu primo restallaban en tu cabeza como salvas de artillería, y tus respuestas se iban haciendo más cortantes a medida que repensabas cada una de las vertientes que había tenido vuestra conversación.

El otro lado estaba más fresco, pero de alguna forma no lograbas encontrarte cómoda. La almohada estaba húmeda por el sudor y las sábanas empapadas en la misma medida. Tratabas de mover los pies para alejar el tacto indecente del satén empapado de tus piernas, pero de alguna manera solo conseguías enredarte más y más. Gritaste de frustración, girando una vez más, pero esta vez hasta rozar el borde de la cama. El borde estaba seco, aunque la placidez de su frescor era compensada por la insondable inseguridad que provocaba la oscuridad bajo la cama, también el vacío en ella. Miraste hacia el espacio que habías abandonado; era una cama enorme, pero de pronto se hacía muy pequeña. Y, muy pronto, aún lo sería más. ¿Cómo demonios ibas a salir de esa?

Cerraste los ojos una vez más, fingiendo que podrías ser capaz de dormir algo, pero un sol inmisericorde llegó. Ni siquiera tapizado por las nubes pareció tener piedad de ti, y la triste luz gris de la mañana penetró por todos los rincones de la habitación. El vacío negro de la noche dejó un vacío blanco en la enorme habitación. El oro de los apliques se veía deslucido y sin reflejo, y el suelo de abedul envejecido de un color grisáceo. Un techo demasiado alto, unas lámparas demasiado perfectas y unas paredes surcadas de cuadros y tapices de colores que deberían ser vivos, pero no lo eran. Pusiste un pie sobre el suelo, irguiéndote con cuidado, pero sentiste más las vueltas que daba el mundo que la neutra temperatura de la alfombra de lana. Simplemente, no.

Simplemente, no.

Diste cuerda a un reloj. No era tuyo, pero al menos Lewis había tenido la decencia de prestarte el suyo. No bastaba, claro que no, pero te cuidaría de la ansiedad por algún tiempo. Al menos, te ayudaría un poco. Muy poco.

Hiciste un poco de ejercicio. Tu cuerpo no daba, claro, entre las malas posturas y el mal dormir, el poco comer... Pero lo hiciste igual. Te mareaste al poco, pero seguiste, en parte buscando que te llegase la inconsciencia y ser capaz de así descansar algo, pero no funcionó. Cuando todo acabó las piernas te temblaban, los brazos estaban hechos mantequilla y el corazón amenazaba con escapar por tu boca, pero seguías despierta.

Tomaste un baño. Podrías haberte dormido en él; casi lo deseaste. Acabar como un peso muerto en el fondo y no volver a despertar... Meneaste la cabeza, expulsando ese pensamiento de tu mente. Pese a todo la vida era, de una forma o de otra, maravillosa. Por lo menos volverías a ver a Eli. Usaste ese pensamiento para dejar de llorar, pero empaparte la cara para no poder contar las lágrimas que se deslizaban por tus mejillas terminó imponiéndose, y saliste de la bañera sensiblemente peor de lo que habías entrado.

No pediste desayuno, pero a media mañana llegó uno completo. Sentiste hambre por un instante, hasta que intentaste comer y tu estómago se cerró de golpe. Tuviste que forzarte a tomar una tostada y un té, pero tu cuerpo parecía rechazarlo. Simplemente, no eras capaz de comer.

Finalmente saliste de la habitación. Habías cogido uno de los primeros vestidos que te habías encontrado en el armario, te habías peinado apresuradamente y ni siquiera te habías molestado en elegir un sostén que no se percibiera bajo la ropa. No sabías adónde ir, tampoco si debías ir a alguna parte, pero comenzaste a caminar hacia ningún sitio en particular. Hacia algo, lo que fuera, que te ocupase por un rato la mente.
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Mensaje por Naipe Sáb 25 Sep 2021 - 8:38

Había pocas cosas que me molestaban, y ver al Sr Beneviento era una de ellas. No me caía mal ni mucho menos, pero a día de hoy, seguía culpándome por ser el detonante de la muerte de su hija. Así que bueno, en cuanto entró al salón y me vio se quedó pálido, y finalmente comenzó a arrugar su vieja cara con una mueca de desprecio.

-¡Catherine que hace este criminal aquí!-dijo replicándole a su mujer.

-Señor Beneviente, perdone yo ya me iba, disculpe- le dije yo tratando de calmar el ambiente.

-¡No te he dicho mil veces que como te volviera a ver por aquí te pegaría un tiro maldito bastardo!-dijo echando un vistazo a la recortada que había sobre la chimenea- ¡Y eso mismo voy a hacer!.

-¡Harold por los dioses tranquilízate!- dijo la mujer tratando de calmarlo- Solo vino para charlar- concluyó colocándose entre su marido y mi persona, dándome a entender que me largara de la casa cuanto antes.

Y no dudé, cogí rápidamente las cartas del cofre y con un "Un placer Catherine como siempre" salí corriendo por el pasillo acompañado del mayordomo antes de que el marido, en plena cólera cogiera la escopeta y tratara de pegarme un tiro. Afortunadamente falló dándole a un jarrón, y tuve la velocidad suficiente como para despedirme del mayordomo y salir por patas calle abajo con gran estruendo. Todos los viandantes se habían quedado perplejos ante aquel espectáculo.

-¡Y como vuelvas llamaré a las autoridades, desgraciado, asesino de mierda!- dijo el hombre trarando de apuntarme nuevamente, sin embargo, yo ya estaba lo suficientemente lejos como para que la perdigonada me hiciera algo.

Así que corí y corrí, asegurándome de haber guardado las cartas en el bolsillo de mi pantalón, pues ya tendría tiempo de leerlas con calma en el hotel. Nunca le estaría lo suficientemente agradecido a Catherine, siempre tan amable y buena conmigo, no así el cavernícola de su marido.

Cuando me detuve a una distancia segura traté de recuperar aire, y mi pierna derecha quedó rígida. Mierda, había forzado la maquinaria en la escapada. Así que procuré buscar un banco para sentarme y recuperarme, y entonces, la vi.

-¿Alice?.

Era la pequeña Alice que caminaba por la calle. Sin duda alguna el mundo era un pañuelo, y estaba seguro de que me había visto. Como para no después de semejante jaleo.
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Mensaje por Alice Wanderlust Sáb 25 Sep 2021 - 18:49

La cabina del ascensor se abrió con suavidad, y un suave olor a perfume reciente te recibió en su interior. Un botones esperaba junto a los mandos, preguntando con amabilidad adónde te dirigías. No respondiste, pero él supo leer en tu postura cabizbaja y tus hombros encogidos que querías ir hacia abajo. En realidad no tenías claro qué querías, ni siquiera si te daba igual, pero no protestaste. Agradeciste en un susurro apagado y saliste de la cabina, caminando hacia la puerta giratoria al final del vestíbulo sin ninguna energía. En otra época te habrías maravillado de los ascensores hidráulicos que poseía el Tipton, únicos en todo English Garden, pero en aquel momento ese silencioso vaivén solo provocaba más ruido en tu cabeza.

- ¡Tenga buen día, milady! -se despidió la recepcionista cuando pasaste cerca del mostrador. Obviamente, Lewis se había asegurado de que hasta el más mínimo contacto que tuvieses supiera quién eras. Quería tenerte controlada y, sin necesidad de gastar una fortuna, desvelar tu identidad era más que suficiente para que cada trabajador te vigilase.

No respondiste, tan solo agachaste la cabeza y, con los hombros hundidos, cruzaste el umbral. Como siempre, al otro lado de los monumentales interiores, English Garden era gris y monótono, sumido en una nube densa de humo que despedían las fábricas en el distrito industrial; pocos días eran soleados, y muchos menos despejados. Aun así, en cierto modo volver a ver el lugar te reconfortaba. No mucho, pero nadie vivía a salvo de la nostalgia. Ni siquiera tú.

Avanzaste por un rato. Dejaste atrás Queen's Plaza, entrando a Marblesquare más por instinto que por ganas. No querías comer, tampoco tenías un especial interés por comprar nada -tampoco llevabas encima dinero que gastar-, pero acabaste ahí de alguna forma. Se trataba de un buen lugar donde vivir para la mayoría de gente, con seguridad en las calles y un empedrado más antiguo que el palacio real. Sus abadías y la gran catedral que coronaba el lugar despuntaban entre decenas de edificios de baja altura bien cuidados, pero aunque no pudiste evitar mirar hacia ahí, no te despertó ninguna emoción.

De pronto algo te puso alerta. Miraste al momento hacia una puerta y viste corriendo a alguien a quien conocías. ¿Qué hacía ahí Blackwood? Más importante: ¿Por qué corría? No, definitivamente era más importante cómo había decidido salir de Yellow Spice, y por qué habría entrado en English Garden. Decidiste seguir caminando igualmente; no eran asunto tuyo tampoco los negocios que se trajera entre manos. Sin embargo, igual que tú lo habías visto a él, él se había fijado en ti.

- Oh. Buenos días, señor Blackwood -le contestaste, acercándote lo mínimo mientras te cerciorabas de que no llevase el traje roto por su mochila de tentáculos-. ¿Cómo usted por aquí? -Adoptaste una postura algo más digna. Se te notaban las ojeras y de alguna forma sentías que no estabas lo bastante erguida, pero aun así trataste de camuflar tu inseguridad con la sonrisa que Madre siempre te había enseñado a poner frente al dolor-. ¿Algún negocio del que deba mantenerme alejada?
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Mensaje por Naipe Sáb 25 Sep 2021 - 19:12

Corazón a mil, dolor en brazos y piernas como si te estuvieran serrando los cuatro miembros a la vez lentamente y con saña. Un dolor al que ya estaba acostumbrado cada vez que forzaba la maquinaria a la que llamaba piernas, pero bueno, era correr como un desgraciado calle abajo, o recibir un tiro de aquel viejo, y quién sabe, seguro que llamaría a la gendarmería. Así que nada, corrí y corrí hasta que me topé con Alice. La muchacha me saludó, como era obvio entre dos personas que se conocían y me acerqué a ella mientras me hablaba.

-Bueno...-dije jadeante mientras me llevaba las manos a las rodillas tratando de recobrar el aire- es una historia larga de contar...

Entonces en ese momento a lo lejos podía escucharse los gritos de varios tipos calle arriba. Como era imposible no escucharlos se podía decir que decían: "Abrid paso a la autoridad" "Muévanse". Pues, efectivamente, el viejo había llamado a la autoridad competente para tocarme las narices. Quizás tenía unos segundos antes de que me dieran alcance, así que miré a Alice y concluí la frase.

-....y me encantará contártela, así que si me lo permite, la invito a comer en...-miré a la patrulla que se acercaba- ...quince minutos en el Restaurante Palace ¿Le parece? -no le di tiempo ni a responder, saliendo corriendo a los pocos segundos- ¡Nos vemos!.

Esta no era la imagen de hombre decimonónico que quería dar , de hombre serio y tranquilo....vamos, parecía un mal chiste. Afortunadamente no me había dado ni un sólo cólico o ganas de vomitar, lo cual ya era un éxito. Aunque, bueno, tarde o temprano esas cosas vendrían irremediablemente.

Así que nada, me despedí de Alice y comencé a correr por las callejuelas de la ciudad, y no me costó mucho darles esquinazo afortunadamente, ya que había estado por esas mismas calles con Elisabeth cuando éramos más jóvenes, pero bueno, esa es otra historia. Así que una vez me liberé de la persecución, opté por ir al Palace a esperar a Alice, si es que no estaba allí ya....¿Y si no estaba? Vaya ridículo espantoso. La verdad es que me interesaba bastante hablar con ella.
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Mensaje por Alice Wanderlust Sáb 25 Sep 2021 - 20:15

El señor Blackwood parecía estar hecho polvo. Le costaba articular palabra, e incluso dirías que le faltaba aliento cuando trataba de hablar. Sus modales no habían cambiado, pero ahí espatarrado sobre un banco en la calle perdía gran parte de la elegancia que parecía caracterizarlo en todo momento.

Ibas a contestar que tenías tiempo, pero antes de poder decir nada a tu espalda la Black Parade gritaba, aún desde la lejanía. Daba órdenes de paso, exigía poder avanzar y, dada la reacción del empresario, fue relativamente sencillo sumar dos y dos: Blackwood estaba armando alguna clase de jaleo. Si te dejabas llevar por lo que sabías de él bien podía haber matado a un número indeterminado de hombres a sangre fría, y su reacción no hizo que te tranquilizases. Venciendo al cansancio para levantarse y articulando un breve discurso con voz culpable, se escabulló tan rápido como pudo. Suspiraste, sabiendo que con la cojera que sufría y lo fácilmente que perdía el aliento lo atraparían enseguida.

Sin saber muy bien por qué te diste la vuelta, encarando la escuadra de siete que se aproximaba a paso acelerado. Apenas se detuvieron para no tirarte cuando extendiste los brazos, pero pararon en seco y, con relativamente buenos modales, te ordenaron que te apartases:

- Interferir con una operación de la Black Parade es delito en toda la nación, niña -dijo el primero de ellos-. Apártate si no quieres que una buena tunda.

- No sabes a quién estás amenazando, idiota -replicaste, bajando los brazos-. Soy Alice Wanderlust, vigésimo cuarta duquesa de Chesterton, y ahora mismo vas a explicarme por qué siete hombres persiguen a un tullido en medio de Marblesquare.

No pareció impresionarle tu seguridad.

- ¿Te crees que cualquier niña que me diga que es marquesa de loquesea va a tener autoridad? A lo mejor tengo que enseñarte a no ser una zopenca mentirosa. -Sacó las esposas-. Al cuartel ahora mismo, piojo. Vas a ver lo divertido que es ser condesa en un calabozo lleno de rameras.

- Primero de todo, es duquesa -corregiste-. Duquesa de Chesterton, la región más septentrional de Lambhill y frontera principal con Voidland, para ser exactos. Si quieres te dejo ponerme esas esposas y voy contigo hasta el cuartel, pero no pasarán ni cuarenta y cinco minutos antes de que acabes expulsado con deshonor del cuerpo y, si soy lo suficientemente mala, en dos horas tu cabeza estará en una pica. Así que...

Te abofeteó la cara, pero reaccionaste a tiempo. El dolor fue insufrible, pero ya contabas con él.

- ¿Te crees que me voy a creer cualquier milonga? Pon las manos o...

Las extendiste. En la derecha, el dedo corazón lucía el sello de Padre. Se trataba de un gran anillo dorado y brillante, pesado, con un rubí sin brillo en el interior, tallado para dejar ver su escudo de armas. No solías vestirlo, pero siempre lo llevabas lo más cerca del corazón que podías -desde que la oscuridad habitaba en ti, estaba literalmente muy cerca de él-.

- Ha sido un lamentable error -se excusó-. Yo no...

- Me has abofeteado, ¿verdad? -preguntaste. Él asintió-. Agáchate un poco; necesitas disciplina.

Pareció aliviado por un momento. Una bofetada de una muchacha no iba a ser para tanto, seguramente pensase. Tú respiraste profundamente, mirándolo a los ojos. Consciente de que te dolería golpeaste con todas tus fuerzas, lanzándolo varios metros por los aires tras hacer de tus huesos pura sombra.

- ¡Joder! -exclamaste, abriendo y cerrando la mano-. Qué cara más dura. -Te acercaste al soldado, que no terminaba de razonar lo que acababa de suceder-. ¿Qué ha hecho Blackwood?

La respuesta te dejó de piedra. Miraste hacia sus compañeros, que se encogieron de hombros. ¿De verdad porque se lo había ordenado un empresario local? Negaste con la cabeza, Las corruptelas de la Black Parade nunca dejarían de sorprenderte.

- Como le toquéis un pelo me aseguraré de que acabéis en el patio de los ahorcados.

Tras eso, simplemente, fuiste hacia el plaza. Blackwood iba a tener que explicar por qué un cacique quería su cabeza con tanta ansia. Y... Por fortuna, estaba esperando.

- Buen día -dijiste con una sonrisa, sin tratar de disimular la leve hinchazón de tu mejilla-. ¿Ha conseguido evadir la ley, señor forajido?
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Mensaje por Naipe Sáb 25 Sep 2021 - 20:41

Parecía que si, efectivamente Alice me estaba esperando allí. Me alegré bastante de que la muchacha me hubiera hecho caso, aunque si era sincero conmigo mismo, no sabía si era por curiosidad o por franca preocupación hacia mi. Así que me limpié de polvo el traje, me lo estiré un poco y ajusté el cuello de la camisa, para luego ir hacia ella.

-Saludos Sr Alice- dije con un tono calmado y amable mientras mantenía ahora mis manos en los bolsillos- ¿Forajido?Eso es una palabra muy fuerte si me lo permite.- dije con cierto tono jocoso sin olvidar que la muchacha parecía que había sido golpeada en la mejilla, o eso, o se había caído.

-Espero que ese golpe no haya sido por mi culpa, y de serlo, le pido mil disculpas- dije llevándome la mano al pecho mientras agachaba un poco la cabeza, para luego girar sobre mis pies y decirle que me acompañara al interior del restaurante. Seguro que allí la guardia no vendría a tocar la moral y nosotros estaríamos "más tranquilos".

Así que nada, pedí una mesa para dos en la parte más apartada del local. Un local que se podría describir como típico restaurante de cuatro estrellas con banda de violines y contrabajos que amenizaban la velada.
Tras sentarme volví a dirigirme hacia la muchacha.

-¿Quiere que le pida hielo para la mejilla? No me gustaría que se le formara un moratón- dije mientras sacudía la servilleta para ponérmela en las piernas.- Sé que se le hace raro verme por estos lares, pero también debo de admitir que era usted la última persona a la que imaginaba encontrarme aquí. Creo que le debo una explicación, así que si me lo permite, resolveré las dudas que tenga, pero antes....

Me llevé la mano al bolsillo del pantalón, para luego sacar entre nueve y quince pequeñas cartas selladas con cera que puse en pila sobre la esquina de la mesa.

-¿Se acuerda de la nota que había recuperado en la cueva de La Araña? Bien, he investigado un poco y averiguado ciertas cosas gracias a mi ex-casi-suegra, Catherine, a la cual he visitado. Me ha dado estas cartas de Elisabeth y estoy seguro que encontraré alguna pista en ellas. O eso habría hecho, sino fuera porque su marido, el cual quiere verme muerto desde hace años, nos interrumpió. Así que bueno, tuve que salir por patas de la casa...y el resto...es historia conocida por usted. Es viejales tiene tanta influencia en esta isla que le basta una palabra suya para meter en la cárcel a cualquiera que le caiga mal. Nunca me cayó bien.

Sabía que esto le daba un poco igual a la joven, pero estaba eufórico, y a día de hoy era lo más parecido a una "amiga" aunque ni siquiera nos conociéramos bien.

-Así que, bueno, le debo una disculpa por haberla metido en este embrollo.-dije mientras veía como el camarero llegaba para darnos las cartas.

-Gracias- le dije antes de volver a ver a Alice- ¿Y usted? ¿Qué hace por aquí?
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 26 Sep 2021 - 2:31

Te encogiste de hombros, alzando las cejas. Tal vez forajido se quedaba un poco grande para un hombre cuyo único crimen era haber enfadado a un empresario, aunque te resultaba extraño pensar en Blackwood como la clase de hombre que iría de cama en cama robando esposas a otros burgueses, dentro de su idea de "valorar la vida" tal vez estaba romper algún que otro matrimonio. Por lo menos el adulterio, si bien no te parecía del todo aceptable, era una forma de relacionarse con la vida mucho más sana que el asesinato en primer grado.

- Es la medalla por salvar a un tullido -contestaste con una sonrisa burlona, guiñándole el ojo. Seguías sin saber su nombre, aunque el enfado había terminado por pasarse y tan solo quedaba un poso de curiosidad. Además, el hombre carta, pese al peligro que su fruta representaba, no había pretendido tratarte mal en ningún momento-. La voy a lucir con orgullo; seguro que si se siente en deuda es más generoso cuando elija el vino.

Tenías un sentido del humor extraño. Siempre te había costado relacionarte con la plebe y el humor era algo que todavía te costaba, por lo menos el humor popular. De todos modos arrugaste los párpados para hacerle ver que se trataba de una broma.

El local... Estaba bien. No era el gran salón de recepciones de la reina, pero tenía música y la etiqueta de los camareros era elegante. Casi te sentiste mal contigo misma por no haber elegido del todo bien tu vestuario, pero una breve mirada bastó para darte cuenta de que, a pesar de todo, no ibas tan mal: Quizá demasiado ajustado, un vestido negro de una pieza con manga larga y escote rubí que dejaba ver la forma de tu pecho, así como el tatuaje entre estos. Normalmente evitabas vestir prendas reveladoras en English Garden precisamente porque no solían verse bien las marcas de tinta, pero en esa situación... Bueno, no podías evitarlo. Bien era cierto que el sujetador no era el más favorecedor, asomando por en medio de la tela y rompiendo ligeramente la perspectiva, pero casi parecía un efecto buscado y no te preocupaste más por él; todas las mujeres de English Garden -o casi todas- llevaban uno, lo sabían en toda la isla. Subiste un poco la tela para cubrirlo igualmente y ajustaste los arneses de cuero dorado que fijaban la forma del vestido para que no fuese incómodo sentarte. Luego tomaste asiento.

Blackwood procedió a explicar el problema en el que había estado inmerso. Al parecer su suegro no se llevaba bien con él, pero hubo algo que te escamó: ¿Desde cuando un plebeyo podía controlar a la Black Parade? Claro que era un cuerpo corrupto, pero solo aceptaba órdenes de la reina o de los generales. A veces de la Alta Nobleza, claro, ¿pero un plebeyo? Casi era más probable que tuviese en nómina a varios de ellos y no que su influencia llegase tan hondo como para emular el poder de la Casa Real. ¿Por qué hasta el matrimonio de ese hombre parecía ensombrecerse bajo un halo de delincuencia y crimen?

- Un burgués es un plebeyo -dijiste-. Los plebeyos no tienen ningún poder en English Garden.

Cabía la posibilidad de que no fuese un burgués. Podía tratarse de algún hijo menor o pariente lejano de algún noble, pero si fuese así seguramente te sonaría. Alguien con tanta influencia no pasaba desapercibido; ni siquiera Lewis era capaz de evitar la fama que lo perseguía como mercader de secretos -fama que se había ganado a pulso, a decir verdad-, y desde luego alguien con influencia difícilmente sería una mano invisible. No al menos sin el apoyo de una Gran Casa.

- Yo... Yo nací aquí -explicaste-. En Chesterton, para ser exactos. Dejé la isla hace unos años porque sentía que necesitaba vivir algo que fuese solo mío, pero la vida es una historia de idas y vueltas, e iba siendo tiempo de regresar. -Suspiraste, insegura-. Hay mucha gente a la que dejé atrás, pero que me necesita aquí. -Notaste que por un momento se te rompía la voz, pero recuperaste el hilo-. Además, dentro de poco cumpliré veintidós años... Es buena edad para engendrar una criaturita; un niño grande y fuerte que herede todo lo que pueda dejarle. -Miraste a Blackwood a los ojos, aunque no fuiste capaz de sostenerle la mirada-. Me voy a casar. Es mi deber...
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Mensaje por Naipe Dom 26 Sep 2021 - 21:43

-Puede tomar el que quiera- le dije sin quitar la vista de la carta mientras buscaba el plato que me interesaba. No podía quitarle la razón en lo referente a mi ex-suegro, pero como dije, este tío tiene muy mala leche, y seguro que a alguien de la autoridad en nómina seguramente, por lo tanto, era viable que la autoridad acudiera a su llamada, como buenos corruptos.

Tras eso Alice me contó un poco acerca de ella, pues no creía en las casualidades, y encontrármela allí fue tan sorpresivo como grato.

-Me gustan las historias largas, ¿Me haría el favor de contarme una? Siempre y cuando no sea una osadía por mi parte preguntárselo- dije antes de cerrar la carta al ver que el camarero volvía para pedirnos nota- Yo tomaré las carrilleras al vino, y para acompañar un Boullion.¿Tienen verdad?.

El camarero asintió y entonces miró a Alice para hacer lo mismo. Una vez la muchacha pidiera lo que quisiera, escucharía lo que me estaba diciendo. Me quedé bastante sorprendido, pues la muchacha parecía pertenecer a una de esas familias nobles que acaban colocando a sus hijos a través de un matrimonio concertado, nada nuevo bajo el sol me temo, del mismo modo que no podía evitar ver como su voz flaqueó por un momento, un detalle que podría pasar desapercibido, pero no para mi.

-Lamento escuchar eso Alice, es muy joven todavía para pensar en ese tipo de cosas. A veces lo impuesto puede ser una carga peor que la herida más dolorosa , y la cual te dejaría cicatriz. Pero ¿Sabe que es lo bueno de tener cicatrices? Que nos recuerdan que el pasado es real. -dije antes de coger un poco de aire para luego apreciar la música de la sala- Usted ahora mismo podría escapar de eso que le imponen o eso que "debe hacer", pues entiendo que si lo hace es porque hay gente detrás que no quiere que sufra según me expone. ¿Y no hay alguna forma de evadir tal compromiso sin poner en peligro a terceros?. No creo que nadie deba decidir sobre el futuro de otro. Usted se aprecia a si misma, aprecia su vida y quiere vivirla, sin embargo otros se lo impiden. ¿Está en mi mano ayudarla con su carga?

Dicho esto nos sirvieron nuestros respectivos platos mientras esperaba la respuesta de la muchacha a la par que aparaba las cartas a la esquina de la mesa para que no interfirieran con los platos.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 27 Sep 2021 - 1:21

Ojeaste la carta de vinos con cierta atención. Te apetecía un rosado, tal vez espumoso; algo de celebración, de alguna forma. Sin embargo hubo algo que se cruzó en medio de tu visual, un nombre que conocías muy bien y una cosecha que recordabas con cariño: Wanderwine de hacía tres años, la segunda vendimia que habías celebrado en Hallstat. Los caldos habían sido dulzones pero intensos, con matices melosos y un retrogusto levemente mentolado. Debía quedar muy poco de aquella marca; muy poco, solo sería un recuerdo lejano.

- ¿Cuántas botellas le quedan de este? -preguntaste señalando el papel, haciéndote un poco la inocente.

- Tendría que consultar con nuestro sumiller, milady -repuso, arqueando una ceja-. Deme un minuto.

Asentiste. Blackwood ya había pedido y tú aún no habías ni siquiera comenzado a mirar la carta. Le echaste un vistazo rápido mientras escuchabas sus palabras con atención, preguntándote si de verdad se te veía tan profundamente consternada como para adivinarlo todo sobre tus motivos. Frunciste los labios, expirando en un bufido nasal algo molesto, más contigo misma pero también con el mundo en general.

- Una historia larga -dijiste, finalmente. Seguías sin tener ni idea de qué pedir, pero siempre había una solución en esa clase de lugares. No terminaba de convencerte y dudabas ser capaz de tomarla, pero la vida era experimentar-. ¿Qué historia desea que le cuente, señor Blackwood?

El camarero no tardó en volver, y con cierta confusión te explicó que le quedaban cuatro botellas. Pediste tres de ellas y una bolsa. Una de ellas era para beber, claro, pero las otras dos te valdrían para recordar. Sorprendido por la petición casi contestó con una afirmación recitada cuando pediste la degustación Ricardo V, una reinterpretación de la gastronomía tradicional de hacía casi cuatrocientos años. Te aseguraste, eso sí, de pedir específicamente que ningún plato llevase frutos secos, repitiéndolo una segunda vez para asegurarte de que lo escuchaba. Tras eso, simplemente, te quedaste por unos instantes en silencio mirando al empresario. ¿Era mejor decirle la verdad o mantener oculto el terror? Sabías que la gente podía leer en tu cara cada mínimo desánimo, pero nadie solía indagar ante una negativa firme... Suspiraste.

- Es complicado entenderlo, pero mis deseos no importan aquí; tan solo mi deber. -Trataste de mantenerte férrea, con la mirada puesta en él y un rictus severo en los labios. Te temblaba el inferior y se te estaban secando los ojos. Al final te tiraste contra el respaldo de la silla-. No estoy atada; podría irme en cualquier momento si así quisiera. Subirme al primer barco que me llevase a ninguna parte y volver a ver a mi tripulación -"y a Illje; sobre todo a Illje"- sería como una fantasía, un cuento tan real como estrambótico. Como la primera vez que navegué sola, ¿sabe? Casi me rompo los brazos intentando mantener el control del timón... La primera ola que surqué me empapó el cuerpo por completo; cuando llegué a casa estaba más mojada que la bañera después de llenarla. -Empezabas a gesticular con los brazos, mirando a todas partes mientras hilabas el discurso en tu cabeza-. Creí que iba a viajar para siempre, ¿sabe? -Se te estaban escapando algunas lágrimas, pero no perdiste el tono-. No pensé que me reclamarían de vuelta. Pero solo es una nueva gran aventura, ¿no? Una aventura de toda una vida. Una vida es mucho tiempo para llenar de felicidad...

Te callaste de golpe. Estabas divagando hasta el punto de no saber ni qué estabas diciendo. Te aclaraste la garganta y secaste tus ojos con el pico de la servilleta, rozando levemente el párpado.

- Nadie me impide vivir, señor Blackwood -mentiste descaradamente-. English Garden es mi hogar, la casa de todos mis amigos de la infancia y la patria de mis ancestros. Lo mínimo que puedo hacer por todos ellos es sentar la cabeza. Lamento no poder pedirle ayuda, pero el lema de mi familia siempre ha sido vires acquirit eundo.

Irónico. Muy irónico.
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Mensaje por Naipe Lun 27 Sep 2021 - 9:05

Parecía que me iba a dejar una auténtica pasta en aquella cena, pero bueno, al menos era algo que compensaba o eso esperaba. Alice parecía preocupada pero no molesta por mis preguntas. Quizás he tocado hueso y  no había sido buena idea, sin embargo, quiero conocer más de ella, al menos para saber un poco más el porqué es así.

-¿Tripulación?- dije con sorpresa- Debo admitir que no me la imaginaba surcando los mares tanto sola como acompañada, es algo que nunca me plantearía hacer yo Sr Alice. Pero cuénteme más sobre ella , si se ve con fuerzas.

No sabía si era buena idea, pues se veía como la muchacha estaba nerviosa, es más, pude ver alguna lagrimilla salir de sus ojos, lo cual me alertó que quizás debía retirarme del discurso. Así que me dispuse a comer mi plato, recién servido y empezar a provocar un silencio por unos minutos. Sin embargo no pude evitar responder a su afirmación sobre que nadie ni nada le impedía vivir.

-Mire Alice- dije dando un sorbo a mi copa- Hay un dicho en mi tierra que dice así; "El hombre  no es de donde nace, sino de donde pace". Usted puede elegir, usted optar por otras salidas- dije dando otro sorbo y tomando un tono más serio.

-Verá Alice, y escúcheme con atención. Nadie puede elegir su destino. Un rey puede mover a un hombre, un padre reclamar a un hijo, pero no olvides que aunque aquellos que te mueven sean reyes, familiares o sean hombres con poder, tú eres la única responsable de tus actos. Cuando mueras y vayas otro lugar, no puedes decir que otros fueran responsables de tus actos, o que la virtud no era oportuna en aquel momento. Eso no es suficiente. No lo olvide.

Esperaba que entendiera la filosofía de aquellas palabras. Nadie debe decidir el destino de otros y mucho menos condicionarle la vida. Alice parecía una persona atormentada por su pasado, y aquella isla parecía que solo le despertaba fantasmas.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 28 Sep 2021 - 1:05

- Irónico -acotaste-. Usted no quería salir de su isla porque estaba la casa de su familia.

Había demasiadas cosas irónicas ese día, y seguramente muchas más fuesen surgiendo a lo largo de las horas. Pronto o quizá tarde, pero en algún momento Lewis reclamaría tu presencia. O no. Tal vez te daría un par de días mientras te adaptabas antes de la boda, o el tiempo que necesitase para establecer una contingencia; al fin y al cabo tenía que asegurarse de que no te fugases otra vez. En cierto modo solo te quedaba ser más lista que él para poder huir, pero resultaba muy difícil encontrar la manera. Él era, simplemente, una rata. Estaba cargado de defectos, sí, pero poseía una sagacidad que muy pocos en los bajos fondos poseían. Siempre tenía un plan, un as bajo la manga, algo... Aun si había hecho una promesa, era seguro que más tarde encontraría la manera.

- Disculpe. No era mi intención. -Había pasado quizá demasiado tiempo-. No querría ofenderlo; agradezco mucho sus palabras, pero... -Miraste hacia los lados, buscando cualquier rastro de vigilancia sobre ti-. Cuando estoy nerviosa me cuesta contener mi lengua.

Blackwood era un hombre con una perspectiva equivocada en muchas cosas. Creía que alguna gente no merecía vivir, y estaba dispuesto a matar sin remordimientos. En varios aspectos de su vida era oscurantista y en algunos, hasta mentiroso. Estaba claro que se trataba de un hombre trastornado, aunque en cierta manera podías notar cierto buen poso en él. Con recelo, claro, pero parecía una persona en la que podías confiar. Agotada, te encogiste de hombros.

- No voy a protestar -reconociste-. Me criaron para esto. Mi madre fue criada para lo mismo, y mis abuelas... Bueno, mi abuela paterna era hija de un rey, así que su infancia debió ser aún peor. ¿Se imagina llevar el peso de una corona sin ningún derecho a gobernar? -Resoplaste-. En cierto modo siempre supe que acabaría así; además, prometí esta boda sin ningún tipo de coacción. -Sonreíste con tristeza-. Yo fui la primera que mercadeó con mi cuerpo. Supongo que esto es solo justicia poética.

Era cierto, en cierta manera. Aunque nunca habías pensado cumplir y tu primera fuga había resultado de dos años de intensa planificación -a pesar de lo cual, no habías podido evitar que Lewis supiese dónde estabas-, eras tú quien había ofrecido tu mano. En el momento era la moneda más valiosa que tenías a cambio de un médico, de alguien que te ayudase a vivir con la dignidad que hasta los mendigos poseían. Habías entrenado, habías recibido suplementos alimenticios y no pocas reglas de escasa laxitud acerca de tu alimentación y forma. Todo pensado para que fueses la mejor y más complaciente de las esposas, y no habías logrado que esa idea abandonase la mente de tu primo.

- Mi tripulación... -Suspiraste. Se te iluminó la mirada por un momento-. En ella hay un ángel. Es hermoso, y posee alas de varios metros de longitud. Puede canalizar el rayo divino entre sus dedos, y es tan inocente como solo un ser de luz podría. Luego están Bill, Tom, Kirk... ¡El viejo! Es ciego y sordo, pero de alguna forma prepara el mejor pato laqueado que he comido. Los voy a echar de menos.
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Mensaje por Naipe Mar 28 Sep 2021 - 8:45

Mientras Alice me hablaba yo comenzaba a coger la primera de las cartas para abrirla. No significaba que no me interesara lo que me estaba diciendo, sino más bien todo lo contrario. Parece que su historia es cuanto menos trágica y desdichada, pero así era por desgracia la vida de la gente de nuestra condición. Según iba hablando le levantaba la vista para puntualizarle o decirle lo que pensaba.

-Irónico o no, yo he decidido quedarme porque así lo he querido, usted sin embargo, no- aclaré mientras leía la primera carta y continuaba hablando- Y no se preocupe, no me ha molestado. Entiendo que pueda estar nerviosa, pues mira para todos los lados, tiembla un poco y un largo etc que podría ir diciéndole; pero no disfrutaríamos de la comida. No se preocupe, aquí no tendrá que vigilar sus espaldas, no al menos conmigo. Disfrute de la comida, le ha salido gratis recuerde.

Tras unos segundos de silencio y escuchando a Alice, me di cuenta que la primera carta no era importante, así que la volví a doblar y guardar en mi bolsillo, para así coger la segunda de encima de la mesa y proceder a hacer lo mismo que la anterior. Tras leerla volví a mirar a Alice.

- Me imagino que una gran carga conlleva una gran responsabilidad. Sin embargo no estoy de acuerdo en que le "crían para equis cosa". Como dije usted puede decidir, usted puede romper ese eslabón que la tiene atada. ¿Sufrirá gente? Obvio. ¿Sentirá culpa? Claramente. Pero será libre de hacer lo que desea y poder ayudar a aquellos que puedan verse afectados por su decisión...y ya no será más un animal con correa...y perdone, no quiero ofenderla con este ejemplo.

Otra carta que no valía para lo que quería. Vuelta a guardarla y a coger la tercera, y entonces el tono de Alice cambió, pues al hablar de su tripulación lo hizo animada, vivaz, como si eso si que diera sentido a su vida.

-Tiene unos compañeros muy variopintos sin duda alguna. ¿Un ángel? Seguro que estamos hablando de gente "usuaria" ¿me equivoco?. ¿Le gustaría ver a sus compañeros? Hágalo. Seguro que ellos pueden ayudarla a romper ese eslabón que la tiene subyugada a su familia y deber.-dije antes de volver a llenarme la copa- No quiero que me malinterprete, quiero que defienda a los suyos, pero ya sabe...no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos. Piénselo Alice, a usted le han declarado una guerra, asúmalo, y debe dar el primer golpe antes de que se lo den a usted.-dije antes de leer y guardar la tercera carta. Diablos, no había ni una puñetera pista y me quedaban todavía dos por ver.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 29 Sep 2021 - 11:31

- Señor Blackwood, no se confunda -lo cortaste-. Usted se encerró en una isla tóxica y solo ha salido después de que exista una mínima posibilidad de que su prometida no muriese por su culpa. Puede racionalizarlo como quiera, pero no pasó años en Yellow Spice por su propia voluntad igual que no ha salido de ese lugar más que por la vana idea de redimir su conciencia. -Respiraste profundamente, tratando de decirlo todo de manera sosegada-. ¿Por qué ese cofre estaba concretamente en esa cueva? La Araña no lo llevó hasta ahí pese a ser también pretendiente de su prometida. Uno muy cercano, por lo que pude llegar a entender. ¿Quién sabía que tanto usted como Tulliard se encontrarían ahí abajo? Evidentemente esperaba otro desenlace, pero sus actos resultan tan predecibles para quien sea que lo observa que obviamente no son libres: Están radicalmente determinados.

El vino llegó. El sumiller abrió sendas botellas y con una maestría digna del mejor restaurante las sirvió en las copas tras asegurarse de que eran las más adecuadas para cada caldo. La tuya la cambió por una de culo algo más estrecho, una tradición extravagante que se daba para los vinos más jóvenes en English Garden.

- Muchas gracias. -El hombre asintió y acercó un botellero para después marcharse. Tú devolviste la mirada a Blackwood y proseguiste-: Incluso ahora, mientras me dice que sus acciones son libres y fruto de su voluntad, está anclado donde terminó el día que lo conocí. Lee cartas de una mujer muerta deseando que en ellas le confirme lo que usted quiere leer en lugar de pasar página y aceptar que, de una u otra forma, no volverá. Ha dejado que la culpa sea sustituida por rabia, que controla igualmente sus acciones. ¿Qué va a hacer si encuentra alguna respuesta? ¿Qué ponía en esa carta para dejarle tan claro que no se suicidó? Si es franco consigo mismo por un momento se dará cuenta de que es igual de esclavo que yo, con una diferencia: Yo soy esclava de mi promesa. Nada me impide abandonar la isla más allá de la responsabilidad y el deber. Soy consciente de que podría irme, pero estoy eligiendo quedarme. -Te encogiste de hombros-. Y me quedo por razones que comprendo.

En cierto modo sabías que Lewis no tenía los arrestos necesarios para matar a un bebé. Conocía desde muy joven tus ataques de ira y seguramente fuese totalmente consciente de que herirlo lo abocaría consecuentemente a una muerte horrible. Sin embargo, del mismo modo que ambos sabíais eso tú estabas segura de que tu primo ya habría pensado un salvoconducto. Eli había tenido tres hijos, contando a la pequeña recién nacida, y probablemente a la mínima orden de Lewis o con su desaparición todos morirían. Podías tratar de escapar esta vez con ellos, claro, pero obligar a cinco personas a abandonar su vida a cambio de tu libertad era un precio que no estabas dispuesta a pagar. Todo el mundo merecía vivir su vida.

- Animal con correa no es el mejor eufemismo para perra -continuaste, con una sonrisilla boba-. Además, mi padre solía compararme con un pajarillo de alas rotas. Durante algún tiempo he podido volar; puedo conformarme con eso.

Blackwood puso sobre la mesa la posibilidad de que Surya fuese un usuario, el consumidor de algún tipo de fruta con poderes mágicos. Negaste con la cabeza enérgicamente. El ángel era un ser divino, creado en las cumbres celestiales por obra de una entidad superior, al menos en cierto modo. Sabías que tenía hermana, por lo que se trataba de ángeles sexados y probablemente se reprodujesen como una raza más, sin embargo... No era posible.

- Surya es un ángel. No se transforma, es así. Y sus rayos son... No sabría explicarlo. Podría ser fruto de una akuma no mi, claro, pero me extrañaría viniendo de alguien que apenas sí entiende el mundo terrenal. -Hiciste una breve pausa-. Señor Blackwood, ¿por qué cree que solo voy a cumplir mi palabra bajo coacción? ¿Tan poco de fiar me considera?
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Mensaje por Naipe Dom 3 Oct 2021 - 23:33

Me habla pero no escucha.

-¿Sabe que es lo bueno de lo predecible?- dije llevándome la copa a los labios- Que es eso, predecible.-concluí acabándome la copa y dejándola sobre la mesa antes de mirar aquellas dos cartas restantes. Pensé en las palabras de Alice, no lo voy a negar, y en parte tenía razón y estaba seguro de que desearía que se lo dijera en voz alta. Así que cogí las dos cartas que había dejado sobre la mesa y las guardé en el bolsillo, olvidándome de ellas.

- Supongo que cada uno lo ve a su manera- dije mientras cortaba una de las carrilleras y me llevaba un trozo a la boca- Es gracioso ,su comentario de antes. Dice que usted es esclava de su promesa y que nadie le impide salir de esta isla, y que yo por el contrario, viví encerrado hasta que tuve un motivo para salir como bien dice.- dije antes de limpiarme la boca cuidadosamente con la servilleta.

-Ahora bien si piensa que leo estas cartas deseando que en ellas se me confirme lo que quiero leer en lugar de "pasar página"  y aceptar que está muerta, lamento que llega un poco tarde. Lo asumí desde el minuto uno, pero si hay un atisbo de que esto no es así lo investigaría. Aquí incluso usted se agarraría a un clavo ardiendo si fuera necesario. Y si piensa que la rabia es la que dirige mis acciones, es que no ha entendido nada.

Empezaba a encontrarme mal, y eso era la primera de las muchas alertas que me decían indirectamente " ve al hotel". Así que respondí a Alice por última vez mientras sacaba la cartera.

- En absoluto, la considero una persona que merece tener un voto de confianza- dije sacando varios billetes y colocándolos en la mesa a modo de pago, para luego cambiar mi tono un poco más serio. - Y puede que este solo y me haya recluido y usted no... pero le diré una cosa Alice, y se lo diré, si me lo permite como..."conocido". Me conoce.... pero no sabe cómo soy, alguna vez podrá verme riéndome y a veces llorando... pero no sabe si es de alegría o de tristeza...usted sabe mi nombre... pero no sabe quién soy...sabe donde vivo... pero no sabe de dónde vengo...ve mis defectos... pero no conoce mis buenas aptitudes...puede conocer mis sentimientos... pero no conoce mi corazón...ve mi camino... pero no mi destino...ve mis errores... pero no mi habilidad para corregirlos...puede ver lo que hago e incluso puede señalarme... pero no conoce mis intenciones...pero tarde o temprano creo que esto dejará de ser recíproco.

Me levanté de la silla y me estiré le traje a la par que me apretaba la corbata.

-Tiene sus propias opiniones y las respeto, e incluso le agradezco su punto de vista. Pero pregúntese quién de los dos ha salido a "volar" fuera de su jaula realmente.

Dicho esto volví con un tono amable.

-Ha sido una velada interesante, y espero que le haya gustado la comida Srta Alice, e imagino que un placer.

Dicho esto procuré ir hacia la salida una vez me despidiera de Alice. Tenía mucho que pensar, y a no ser que la muchacha viniera detrás mía me iría a la plaza de principal  junto a la gran fuente, donde tomé un leve asiento debido al mareo que estaba teniendo. La luna ya estaba en lo alto. No tardaría mucho en empezar a vomitar, así que no debía demorarme demasiado en ir al hotel, pero vaya, me encontraba muy "bien" en aquella plaza vacía escuchando solo el murmullo del agua...y las palabras de Alice revoloteando en mi cabeza como un martillo pilón.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 4 Oct 2021 - 1:26

Habías tocado fibra. Lo sabías, de alguna forma. Tal vez fue su tono, o el silencio tras sus palabras. En cada frase había una intención y su lenguaje corporal, aunque casi inexistente, revelaba con su callar mucho más que con cualquier cosa que pudiera decir. Fue por eso, tan solo por eso, mantuviste la mirada fija en él mientras te mentía a la cara. Quizá para él no fuese una mentira, pero sí lo era en vista de sus acciones: Salvajes, rabiosas; Blackwood guardaba una iracunda personalidad en su interior, una bomba cuya mecha se había encendido en aquella mina.

- Me gano la vida siguiendo rastros, señor -contestaste-. Sé sumar uno y uno, y que usted salga de su isla y lo primero que haga sea buscar a su suegra deja pocas incógnitas. Como mínimo sabemos que busca información, y usted mismo ha reconocido que lo ha estado investigando, igual que ahora me da a entender que barema la posibilidad de que siga viva, aunque sea nula. ¿Tras cuánto tiempo? Deben haber pasado años. Y de alguien cuyo cadáver usted vio... Porque la vio una vez muerta, ¿verdad? -Clavaste la mirada en él, expectante-. Si la vio y está viva hizo un gran esfuerzo para que usted creyese que lo estaba, y si no la vio... Se está agarrando a la esperanza de que su suegro orquestara una mentira para casarla con otro hombre. Eso, claro, si su suegro tuvo algo que ver, porque una carta tras varios años dispuesta para que usted la encontrara en el momento preciso es suficiente como para saber que ella lo había elegido a usted y no a otro. Puede que yo también me agarrase a un clavo ardiendo si estuviese desesperada, pero eso nos llevaría a que está usted desesperado. ¿Está usted desesperado, señor Blackwood?

Sacó la cartera. Había comido con cierto apuro, lo que te hizo por un momento temer que lo habías ofendido. Sin embargo, cuando escuchaste lo que le quedaba por decir casi te inspiró ternura. ¿De verdad creía que no habías preguntado en la isla por él? Era un asesino y tal vez en el futuro una amenaza que neutralizar, obviamente informarte acerca de él no te iba a hacer daño. Sabías quiénes eran sus padres y sus negocios, también el tiempo que vivieron allí y el tiempo que Blackwood había pasado recluido desde la muerte de Elisabeth Beneviento. No habías sonsacado ninguna información acerca de los tentáculos, pero a cambio tenías una biografía relativamente completa desde su adolescencia hasta el encierro. La mayoría datos inservibles y, además, ninguno de ellos el nombre -que era una de las razones por las que habías decidido preguntar, para qué engañarnos-.

Seguiste escuchándolo. Era cierto que no conocías sus aptitudes, y habías asumido unas intenciones que podían o no ser ciertas. Tampoco te importaba demasiado, parecía una frase ensayada en el espejo de su ominosa mansión dedicada a aquellos que cuestionaban sus propósitos. Claro que a otros seguramente terminase por impresionarlos semejante despliegue de labia, pero contigo sencillamente había fallado al dejar caer, desde el inicio, que no te dedicaba esas palabras a ti; eso, o no recordaba haberte mentido con su nombre.

- Dicen que la libertad es no ver los barrotes de la jaula -contestaste-. Tenga buen día, señor Blackwood. Lamento que deba marcharse tan apuradamente.

Lo dejaste marchar mientras en el exterior oscurecía repentinamente. No entendiste del todo por qué sucedía, pero escuchaste en una mesa cercana que era una pena que el eclipse los hubiera cogido comiendo. "Claro", pensaste, ¿porque cómo si no iba a hacerse de noche a la hora de comer? Había zonas del North Blue donde la noche polar era larga, pero English Garden no era uno de esos lugares.

Suspiraste. Los platos fueron llegando y, aunque deliciosos, de alguna forma sabían insípidos. No eran las sencillas recetas del viejo, ni tenías el olor a sal a tu alrededor. Fallaban demasiadas cosas para disfrutar la comida, así que sencillamente dejaste de intentarlo. Cogiste el dinero de Blackwood y te acercaste al metre, lista para marchar.

- Señorita, por favor. - Había visto el dinero-. No se preocupe, la cuenta se la llevamos a la mesa. ¿Ha estado todo a su gusto?

Enseñaste el sello de tu mano.

- Apúntelo en la cuenta de Lewis de Wanderlust, por favor.

Saliste sin problemas, guardando el dinero en tu escote. Creíste que Blackwood habría desaparecido, pero de vuelta al hotel te lo encontraste sentado en un banco frente a la fuente de Lady Blindwhisper, una de las primeras reinas de English Garden. Se veía hecho polvo.

Inclinaste la cabeza a modo de disculpa y seguiste caminando. Tal vez te habías pasado con él, pero tampoco estabas en una situación como para contener tu mordacidad.
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Mensaje por Naipe Lun 4 Oct 2021 - 10:31

Odio que tenga razón en algunas cosas, pero no podía evitar estar frustrado conmigo mismo. Admito que no era decoroso salir del restaurante así y hacer una despedida fría a Alice, pues ella no tenía culpa alguna de mis asuntos propios, a pesar de que su óptica de ellos no era para nada perjudicial, sino enriquecedora.

Me quedé mirando la fuente y decidí tomar una decisión, no se si era trascendental para mi, y francamente no quería tomarla. Pero estaba en un punto en que me sentía haciendo el ridículo persiguiendo a una muerta. Y si bien la incógnita del baúl iba a ser estudiada por mi, si o si, creo que no habría que remover más la tierra de una tumba sellada hace años. Así que saqué las cartas cerradas de mi bolsillo, las vi por uno segundos y las tiré a la fuente, empapándose estas y flotando sobre las aguas.

-Voy a ir al infierno por necio- dije dándome la vuelta y viendo como Alice, a los pocos minutos salía del restaurante. La muchacha inclinó la cabeza a modo de disculpa en cuanto me vio, y comenzó a caminar  con el objetivo de irse. Lancé un largo suspiro y me quedé mirando para la muchacha que se alejaba, hasta que al final dije:

-Mausoleo Beneviento, calle Alfaro 83, tumba número 86- dije hacia ella con la espera de que se diera la vuelta para explicarle aquellas palabras sin sentido. Si la muchacha se giraba vería como me levantaba y me acercaría a ella.

-Esa es su tumba, y allí está su cuerpo, o eso debo pensar- dije con resignación antes de pasar a un tono tranquilo- El que debería pedirle disculpas soy yo Alice, ciertamente los árboles no me dejan ver el bosque. Lamento  si algo que le dije le ha molestado y me gustaría enmendarlo.. aunque bueno, a estas horas no debe quedar muchas cosas abiertas- dije llevándome la mano a la cabeza mientras trataba de otear algún garito abierto- ¿Quiere que la acompañe hasta su residencia, hotel o lo que guste?

Entonces en ese momento una arcada me vino, tratando de disimularla manteniendo el tipo aparté la cara de Alice hacia un lado. Falsa alarma...pero la alarma está encendida ya.

-Quizás podamos ponernos en movimiento si lo desea, a no ser que prefiera ir sola. No quisiera quedarme con mal sabor de boca ante usted.-suspiré- Admito que su perspectiva de ver las cosas es muy madura para alguien tan joven, y creo que la he judgado mal. Es una persona muy interesante de estudiar Alice, de veras....me encantaría tenerla en mi diván.

Dicho esto comencé a caminar, tratando de mantener el tipo. Por unos segundos volví la vista atrás, hacia la fuente, viendo que las cartas seguían allí....entonces opté por mirar al frente con gran dificultad.

-Si no miro hacia adelante me caeré- dije para que Alice lo escuchara- Pero aún así está la cuestión del baúl, y eso si que me gustaría resolverlo en algún momento.

Para no hablar tanto de mi, tras decir aquellas palabras opté por preguntarle a Alice.

- ¿Es posible que algún día se reencuentre con su nakamas o que ellos vengan a ayudarle con su problema?-dije en alusión a su promesa.
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