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The sound of falling sand [Illje - Dastan - Claude]

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Mensaje por Claude von Appetit Mar 11 Ene 2022 - 2:05

¿Cuánto tiempo ha pasado ya desde la última vez? No recuerdo ya la última vez que crucé la Reverse Mountain, mucho menos cuándo pisé Arabasta. Acababa de conocerla a ella; de conquistar el Fancy Rooster, de encontrar a ese hombre... Apenas puedo hacer memoria de cómo llegué, tampoco de cómo me fui. Solo sé que por alguna razón he vuelto al desierto; quizá ya no sea el mismo que se perdió en sus arenas una vez. No, ya no soy el mismo; pero busco lo mismo: Busco a Illje.

¿De verdad la busco? Nos separamos hace demasiado tiempo, tras Sakura. Perdimos la pista del Nepo, de mi barco, de toda la tripulación. Yo no la he buscado, y si ella no me ha encontrado a mí probablemente tampoco lo haya intentado. No la culpo; yo tampoco me habría buscado. Tal vez sí soy el mismo, pero llevo tiempo sin serlo. Puede que solo necesite recordar lo que sentía cuando ella estaba cerca, cómo saber que convertía mis locuras en genialidad me daba seguridad. Sin ella para compensar me he vuelto, seguramente, un lunático. Pero ya no quiero serlo más.

Tampoco quiero necesitarla. En realidad la sensación de necesitarla solo es una reacción de mi cuerpo a que la última vez que me sentí bien siendo yo estaba ella presente. La verdad es que desde que ella se fue he hecho cosas de las que no me siento especialmente orgulloso, pero también estaba con más gente. ¿Por qué solo la echo de menos a ella? Bueno, a ella y al Nepo. Pero al Nepo sí que lo he buscado; no ha aparecido, claro, pero lo he buscado por todas partes.

Ni siquiera en estos momentos puedo dejar de preguntarme por qué estoy obsesionado con ella. Si tan frágil soy porque, claro, me voy a largar robando este conjunto y sé que Illje no me detendría, pero se enfadaría por no cogerle a ella uno de su...

- Señor, ¿sabe que está diciendo todo eso en voz alta? -me increpa un dependiente sin dejar de sujetarme tres o cuatro trajes más que me he probado ya.

- ¡Cállate! ¿No puede tener uno un monólogo interno mientras se prueba ropa con ligero aire depresivo?

- Si lo dice en voz alta no es interno -apunta-. Y si de verdad pretende robar aquí voy atener que pedirle que salga de la tienda cuanto antes.

Vale, puede que no esté tan deprimido, pero la echo de menos, ¿vale? Incluso ahora, tras darle un codazo en la nariz a este hombre y largarme con toda la ropa corriendo no puedo evitar pensar que, ya que estoy, me paro y le robo unos pendientes. Uno de los modelitos que me he probado es un vestido despampanante, y si Illje no ha engordado debemos tener la misma talla aún, así que puedo prestárselo. Aunque la duda es: ¿Falsos diamantes o falsas esmeraldas? Hm... Falsos ambos, me llevo los dos.

- ¡Y debería daros vergüenza tratar así a un cliente! -protesto desde la puerta de la boutique -. ¡No pienso volver a gastarme un solo berrie en este local!

Sigo corriendo hasta dar con un callejón. Concretamente con el de la entrada trasera de la casa que estoy tomando prestada estos días. No es muy grande, pero tiene bañera y está cerca del puerto, así que a mí me vale. Ah, hogar dulce hogar. Una ducha y como nuevo, me visto con unos sencillos bombachos y una media túnica blanca, muy ligera. Cierro mi cinturón, envaino cuidadosamente la Pluma y salgo de nuevo a la calle. El sol está cayendo ya, y eso solo significa una cosa: Bronca en el puerto.


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Mensaje por Illje Landvik Mar 11 Ene 2022 - 13:11

Nunca había estado en Arabasta, pero había oído hablar de ella. Una isla enorme en la que por el día el calor del sol lo arrasaba todo y en cuanto se ponía, la tierra se helaba. Un desierto tan largo que resultaba imposible cruzarlo caminando. Edificios enterrados en la arena, junto con todo tipo de ruinas y tesoros esperando a ser descubiertos.

Igual no debería haber tomado el consejo del borracho de aquella taberna.

No obstante, a estas alturas parecía una idea tan buena como cualquier otra. ¿Cuántos años habían pasado? ¿Dos? ¿Cinco? No lo tenía claro. Se había separado de Claude sin saber que pasaría tanto tiempo antes de volver a verlo y ahora llevaba tanto buscándole que empezaba a preguntarse si sería siquiera posible encontrarle. ¿Por qué demonios no le habría pedido su número de Den den? Habría sido todo muchísimo más sencillo. En cuanto lo encontrara se lo pediría, pero claro… para eso tenía que encontrarle.

Había aprendido mucho en sus viajes. Había conseguido bastante dinero. Sus pequeños negocios empezaban a florecer y pronto podría apartarse de la compañía de su familia. Cuando tuviera suficiente dinero, la adquiriría y entonces, pagaría la promesa que le había hecho a su padre. Había avanzado mucho, mayormente porque quería quitárselo de encima.

Echaba de menos al pelirrojo. Sus bromas, su sentido de la moda y su comida. El hacer locuras juntos y viajar y explorar toda clase de sitios sin pararse a pensar en un motivo para hacerlo. Vale, en realidad había seguido haciendo eso por su cuenta pero ¡no era lo mismo! Tenía muchas ganas de encontrarle. Y a estas alturas, había tanta probabilidad de que se encontrara en Arabasta como en cualquier otro lugar.

Atracó en el puerto con cuidado, un tanto maravillada con la vista. La arquitectura de ese lugar no se parecía a nada que hubiera visto anteriormente y la cantidad de colores la estaba maravillando. Normal, por otro lado. Sus últimos destinos habían sido Thriller Bark y Dark Dome, por lo que el contraste no era poco. Sabía que el lugar estaba afiliado al Gobierno Mundial, así que para poder atracar sin llamar demasiado la atención había cambiado su usual bandera negra por una blanca. Eso sí, la marca de orejas de conejito en rosa estaba igualmente ahí, ondeando orgullosa. No lo querría de ninguna otra manera.

El sol empezaba a ponerse cuando la conejita pisó Arabasta por primera vez. El aire olía a especias que desconocía y eso le recordó algo muy importante: tenía hambre. Miró a su alrededor, decidiendo por dónde empezar a curiosear la enorme isla. De alguna manera, el lugar en el que había atracado no parecía ser el sitio más amigable del mundo. Un par de personas le estaban mirando francamente mal y el sitio se volvía más sospechoso a cada minuto.

Escogió un callejón al azar y echó a rodar en sus patines. No sabía qué le depararía la isla, pero estaba deseosa de averiguarlo.
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Mensaje por Dastan Agrabah Miér 12 Ene 2022 - 19:34

Dastan se encontraba sentado en un barril mordiendo tranquilamente una manzana esperando la llegada del cliente, aunque la ultima vez que lo vio insistió por todos los medios posibles de que no eligiera puertos tan lejanos de la capital, parecía que no tenían ninguna intención de hacerle caso. Según las palabras del mercader aquel lugar tenia las menores tazas para los barcos. Claramente que lo tenia pensaba el pelimorado en ese momento alzando la vista para ver el tipo de gente que le rodeaba todos tenían cara de ser vividores de lo ajeno con esa gente rondando la zona no era raro que costara tan poco atracar un navío.

Mordió nuevamente su manzana cuando vio un navío llegar uno con una bandera de lo mas peculiar según su punto de vista ya que tenia el símbolo de un conejo en una bandera blanca claramente algo fuera de lo normal, observando como alguien salía del navío una chica evidentemente que dejaba ver por que la bandera que llevaba otro mordisco a la manzana fue suficiente para que el joven tuviera que dejar de pensar en pajaritos volando o mas bien conejitas saltando su trabajo acaba de llegar. De un salto se puso de pie para tomar las cuerdas y colaborar con el atracado. Claramente el primer vividor no dudo en llegar hasta el lugar quien cobraba a los barcos por tocar puerto, ya que ese lugar debía ser prohibido cobrar alguna cosa. Dos carruajes desembarcaron del navío los cuales Dastan debió ayudar a cargar sintiendo que estaban bastante pesadas las cajas o traían algo muy grande o realmente no temía por su vida el mercader ni por perder todas y cada una de las cosas que tenia.

Cuando finalmente estuvo todo listo el carruaje se preparo para partir y aquel sujeto dueño de todo ello se acerco al pelimorado extendiendo una bolsa con dinero para que el joven tuviera un pago anticipado. Dastan se le daba bien las peleas por eso solía ofrecerse como escolta de cargamentos aparte de conocer a la mayoría de los jefes de matones ya que creció en el desierto sobreviviendo sin tener nada mas que arena y su creatividad por lo tanto se le daba bien aparte claramente de sobornar algunos grupos de bandidos para que no intervinieran. Pero algo preocupaba al pelimorado ya que el segundo carruaje parecía diseñado para transportar a alguien y el mercader no era quien viajaba, sin mucho que pudiera hacer subido en el primer carro vio como todo empezaba a moverse para abandonar el pueblito rumbo hacia la gran ciudad algo que le llevaría algo de tiempo si conseguían salir sin ser robados o asesinados del lugar, ya que la mirada de poco amigos de algunos allí presente hacia que tomara su arma con mas fuerza de lo acostumbrado.
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Mensaje por Claude von Appetit Jue 13 Ene 2022 - 0:05

Nanohana es un sitio agradable. Cuando hace años estuve por aquí no me tomé la molestia de detenerme a disfrutar de la ciudad, tan solo busqué en el desierto algo que no he terminado de encontrar. Por eso me fui de allí, ¿no? Porque sabía lo que buscaba, pero no podría encontrarlo ahí, al fin y al cabo. Sin embargo parece que con el tiempo y las desilusiones poco a poco se va difuminando como las caras de nuestros familiares en la memoria. En realidad ya no recuerdo la cara de mi padre, aunque lo reconocería si volviese a verlo. Simplemente se deshace en arena cuando intento visualizarlo. Creo que tampoco recuerdo del todo a Illje, pero no lo necesito. No del todo, al menos. La primera tampoco la reconocí y aun así nos encontramos. No entiendo por qué debería ser diferente esta vez.

El sol ya se esconde entre los edificios más costeros, vistiendo la ciudad de dorado con sus últimos rayos. Los puertos son una zona conflictiva y con la oscuridad empiezan rápidamente a aflorar borrachos, prostitutas y toda clase de pendencieros. Algunos me miran con deseo, otros me observan con envidia y unos pocos con ambas cosas. Ellas, por otro lado, me ven inalcanzable.

- No lo soy - digo a una, guiñándole un ojo con cierta coquetería-. Si te lavas bien y vas a un buen dentista, quizá algún día...

- ¡¿Me estás llamando guarra?! -grita ella, ofendida-. ¡Haquim!

Vaya, ha sido más fácil de lo que esperaba. La mujer sigue mirándome, ahora con cierto rencor -aun así noto ese brillo de la pasión en sus pupilas- y escucho pasos pesados acercándose. Camina despacio, con seguridad, pero por su ritmo cojea un poco. Sale del portal en el que ella se ha apoyado y puedo ver a Haquim: Es un enorme hombre de casi dos metros y medio, negro como el ébano y un turbante blanco que acompaña de chaleco en tono nácar y bombachos crema. Parece un tópico andante de Arabasta, o de Sardia. En cualquier caso tiene cara de pocos amigos, pero con voz profunda y pausada me hace una simple pregunta:

- ¿Algún problema, señor? -Lo que me faltaba, un proxeneta educado.

- No; definitivamente ningún problema. ¡Buen trabajo!

Me doy la vuelta en busca de algún lío de verdad, pero su mano se posa en mi hombro. Está muy cerca, me pone nervioso. Él repite la pregunta:

- ¿Algún problema con Dana, señor?

Giro la cabeza levemente, lo suficiente para tener contacto visual con él. Un carro me pasa justo por delante, y no tarda mucho en avanzar otro más. Tiene la mano demasiado cerca. Demasiado cerca. Cerca.

- Quítame la mano de encima -le advierto-. No tengo ningún problema con ella, pero si tú no me sueltas...

Aprieta. Casi duele, pero me enfada más.

- La tarifa de una hora... Si ha ofendido a Dana, debería pagarla. Es un gesto de caballerosidad, ¿no cree?

- Tú no tienes ni idea de quién soy yo, ¿verdad, pato?

Aprieta más.


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Mensaje por Illje Landvik Vie 14 Ene 2022 - 14:13

En el puerto, no muy lejos de donde había atracado su barquito, se estaba gestando una escena de lo más curiosa. Otro barco había llegado, uno bastante más grande que el suyo y del cual habían desembarcado dos carruajes. Soltó un pequeño silbido de admiración al verlos rodar por la plataforma hasta tocar tierra. No pegaban ni con cola con la arquitectura del lugar, claramente venían de muy lejos.

Ya había bastante gente alrededor de ambos carruajes, ayudando a mover cajas y cajas de lo que parecía mercancía de alguna clase. No tardaron mucho en estar listos y partir. Uno de los hombres, el de pelo morado, fue pagado por los servicios antes de subirse en el primer carruaje. ¿Seguridad extra? Debían de llevar algo no poco valioso…

Los dejó pasar por delante de ella antes de adentrarse en el entramado de calles. Asumía que los carruajes se dirigían a la capital y también ella iría allí, pero por ahora quería disfrutar de la pequeña ciudad en la que había atracado. Sin embargo, a cuanto más rodaba entre los callejones más entendía que no había sido la mejor de las ideas. Borrachos, prostitutas, drogadictos y otra gente de mala calaña salían de entre las sombras bien fuera para mirarla con odio bien con curiosidad o incredulidad. Ciertamente destacaba un poco y no eran solo las orejas; debería de plantearse robar una muda de ropa propia del lugar…

De repente, lo escuchó. Un par de calles más allá, seguramente solo les separaban un par de edificios.

-¿Me estás llamando guarra?

Una indignación así era fácil de reconocer. ¡Alguien estaba molestando a una de las prostitutas! Medio mosca medio queriendo algo que hacer que no fuera vagabundear entre borrachos, se propuso encontrar a la dueña de aquel grito. Sí, había pedido ayuda al que probablemente fuera su chulo pero ¿podías realmente fiarte de alguien así? No, claro que no. ¡Le necesitaba!

No fue complicado encontrar a la chica en cuestión. Estaba delante de su establecimiento, con los brazos cruzados sobre un escote de seda y aúpa y expresión molesta en la cara. Un par de metros más allá, el tal Haquim ocupaba prácticamente la totalidad de la calle. Muy, muy alto y muy, muy musculoso. Lo suficiente voluminoso como para ocultar a quien quiera que hubiera molestado a… ¿Dana?

-No te preocupes.- Le dijo con una gran sonrisa y mucha confianza.- En seguida lo arreglo.

Rodó hasta rodear a Haquim y… se quedó boquiabierta. Pero… ¡pero si era Claude! En seguida se le olvidó todo lo que había venido a hacer ahí. Sin cortarse un pelo apartó a Haquim de un manotazo, que por un momento pareció tan confuso como ella, y se tiró sobre el pelirrojo para darle un abrazo con tanto ímpetu, que acabaron ambos en el suelo.

-¡Te he estado buscando! ¡Por todas partes!

No sabía si estar enfadada por no haberle encontrado antes o aliviada de haberlo hecho por fin. Quien sí parecía saber cómo sentirse era Haquim, que les estaba mirando con cara de muy malas pulgas. Ups.
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Mensaje por Dastan Agrabah Sáb 15 Ene 2022 - 13:44

Dastan como siempre acostumbraba se encontraba sobre la parte superior del carruaje sentado cruzado de piernas con su bastón descansando sobre su hombro izquierdo este iba mirando todo lo que pasaba para estar seguro que nadie fuera a interferir en el trayecto del carruaje para eso se estaba ganando el dinero asegurar la mercancía que viajaba en los carruajes, aunque volteo de nuevo a mirar hacia atrás el segundo carruaje despertaba en el una curiosidad insana suspiro levemente para luego ver como pasaban por al lado de un lio habitual entre lugareños.

Por un instante el pelimorado pensó en intervenir en favor de quien estaba a punto de ser acosado por uno de los chulos mas grandes de la ciudad, mas bien por su tamaño que por su influencia aunque si era el mas aterrador de todos en este lugar, debido a su presunta educación, hacia que la gente o en su gran mayoría los ciudadanos de esta pobre y podrida ciudad no supieran como reaccionar, pero cuando se enojaba era muy bruto esperaba que no lo hiciera enojar lo suficiente como para descubrirlo. Ambos carros siguieron su curso pasando a gran velocidad hacia la salida del pueblo y claramente ya encontraron el primero de tantos obstáculos el famoso "peaje" algunas bandas solían creerse dueñas de puestos o incluso ciudades enteras y no faltaban los guardias corruptos que miraban hacia otro lado recibiendo parte de la tajada por los peajes.

Dos carros mas chicos bloqueaban la pasada junto a barriles seguramente de arena, para generar daño al coche si este intentaba pasarse el bloqueo generado de manera ilegal algo que sacaba de juicio al joven Dastan quien se puso de pie sobre el carro para que cuando este se detuviera saltar del mismo hacia la arena acercándose al hombre que tenia el "mando" en el puesto.

-Pero si es Dastan, parece que hoy te excediste con la carga tendremos que cobrarte el doble de lo de siempre ya sabes para que no crean que dejamos pasara a todos libremente, que traes ahí podrían dejarnos un poco no les parece chicos?

En eso se escucharon gritos de jubilo dejando ver a por lo menos una docena de hombres armados con palos, barras algunos pocos portaban espadas que se notaba que habían encontrado días mejores, pero lo peor de todo era el que estaba sobre un tejado sentado en ese momento y fumaba ya que tenia un descansando sobre sus piernas, el tirador del puesto quien terminaba persuadiendo a todos que era mejor obedecer, el chico pudo notar como varios guardias o mas bien matones se acercaban peligrosamente a los carros para mirar su interior, si esa gente veía lo que había dentro no se conformaría con menos que un carro entero para ellos así que suspiro levantando tres dedos.

-Tres veces el pago habitual y dile a tu jefe que pague normal, puedes quedarte con uno para ti y dividir el resto con tus chicos de esa forma todos ganamos te parece, por mi he pagado uno solo...

Menciono esbozando una leve sonrisa bastante forzada, debido mas que nada al hecho de que quería partirles las cara a decir verdad, pero no lo hacia por el tirador, ya que dudaba poder alcanzarlo antes de su tercer o cuarto disparo haciendo que el único objetivo prioritario fuera el mismo, El jede era un matón después de todo el hecho de quedar bien con sus hombres y sacarse una tajada entera parecía dejarlo contento lo estaba tentando debido a la sonrisa que esbozaba en ese momento.
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Mensaje por Claude von Appetit Lun 17 Ene 2022 - 17:29

Me pone nervioso tener su mano tan cerca. Cree que aprieta fuerte, pero no tiene ni idea de lo que está haciendo. Sus palabras, completamente neutras, siguen sonando mientras con la palma acaricio ya el pomo del cuchillo. Lo tengo sujeto en poco tiempo, sin apenas moverme, y estoy listo para dejarlo sin brazo de un corte limpio cuando, de pronto, una voz familiar me distrae. No quiero creerlo todavía, claro, pero cuando aparece delante de mí no puedo reprimir un chillido de sorpresa bastante poco varonil. Sin embargo, ella es la primera en actuar: De un manotazo aparta a Haquim y se abalanza sobre mí, que necesito rotar para controlar la fuerza de su empuje.

Pierdo la noción del tiempo, la verdad. Al principio solo giro con sus brazos a mi alrededor, pero termino rodeándola por completo y hundiendo las manos en su melena. Huele a sal marina y sueños locos, a agua limpia e ilusiones infantiles; huele a mi subcapitana. Casi no puedo dejar de moverme con ella encima; es casi tan alta como yo, pero parece tan ligera en estos momentos... Y sobre todo, quizá si me detengo se desvanezca una vez más. Sin peleas, sin despedidas, solo como la última vez: Sin darnos cuenta.

- ¡Yo a ti también! -contesto, ilusionado, cuando por fin me atrevo a dejarla en el suelo. En realidad no lo he hecho. Ni siquiera recuerdo la última vez que he estado sobrio antes de hoy-. ¿Por qué desapareciste?

En realidad no termino de recordar si fue antes ella o yo, pero los dos nos fuimos. Por otro lado, Haquim no parece demasiado interesado en nuestro reencuentro pues, tras medio minuto de incomprensión, intenta agarrarme de nuevo. Esta vez extiende su torpe brazo también hacia Illje-

- No, no no -protesto-. Nos vamos.

No cabe esperar que nos deje marcharnos sin más, así que le pego una patada en la entrepierna y tiro del brazo de Illje, corriendo sin ninguna dirección en particular por el entramado de callejuelas del puerto. En realidad es un lugar bonito, aunque sin tanta chusma estaría seguramente bastante más cuidado. De todos modos no tengo mucho tiempo de comentarle a la coneja mis opiniones al respecto del estilo arquitectónico porque, bueno, estamos correteando y podría pegármela. De hecho, termino pegándomela.

Vale, recapitulemos, ¿cómo he llegado hasta un tejado? Estaba yendo de calle en calle cuando, de golpe, un señor bastante gordo se ha caído desde un segundo piso y tiene pinta de que se ha tragado la pipa con la que fumaba. Además, hay como diez personas que me están apuntando con sus armas a la vez, probablemente porque el gordo del suelo, entre lloro y lloro, tiene tiempo de señalarme.

- ¡Chivato! -le grito-. Bueno, yo ya me iba. Lo siento por lo del gordo, seguro que se recupera. O encuentra una silla bonita.

No parece que quieran dejarme ir.

- Ups.


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Mensaje por Illje Landvik Hoy a las 11:26

La cara de Claude fue un poema. Uno un tanto caótico, porque al principio todo fue un huracán de colores. Normal, estaban girando e Illje tenía la cara enterrada en el cuello de Claude. Cuando aterrizó de nuevo en el suelo, le temblaban un poco las piernas. No del esfuerzo, si no… no se creía haberle encontrado. Tan de repente, después de tanto tiempo. ¡Era genial!

-¿Por qué desapareciste tú? – Su sonrisa flaquea un momento.- Tuve que volver a casa a cuidar un asunto y luego… no te vi más.

En realidad era culpa suya, lo sabía. Se había ido a Dark Dome y ni siquiera se le había pasado por la cabeza que podría no volver a encontrarse con Claude. ¿Y si en vez de 5 años hubieran sido 50? Se le saltó un latido. ¡No, ni de broma! No podía pensar así. Marcharse había sido imperativo, o de lo contrario el asunto de Kolvenik le habría acabado mordiendo en el culo. Se había ido para poder volver y aunque hubiera tardado, había vuelto. Eso era lo único que importaba.

Era un momento precioso, pero por desgracia su involuntaria chaperona no parecía conmovida. Haquim fue a separarlos, pero ellos fueron más rápidos. Frunciendo el ceño, Illje remató el punto asegurándose de dar solo un poco más abajo que Claude y con sendos gruñidos, el hombre se desplomó. Hm. Eso le pasaba por interrumpirlos. Illje puso los ojos en blanco mientras echaban a correr.

-Alguna gente solo piensa en sí misma, menudo egoísta…

Qué falta de respeto. ¡Pero no importaba! Estaban corriendo y callejeando y el olor a arena, especias y algo de metal se le colaba en la nariz mientras atravesaban toda clase de edificios. Escaleras, callejones, recovecos. Arriba, abajo, abajo, izquierda, arriba, derecha, salto, derrape, abajo… espera, ¿dónde estaban? Y ¿de dónde había sacado un conjunto morado? Oh bueno, necesitaba una muda de ropa de todas formas.

Pasó a los patines para poder seguir a Claude más fácilmente y sin soltarle la mano llevó a cabo una técnica perfeccionada tras muchos viajes a la playa. Ropa por encima, ropa por debajo. El nuevo conjunto sustituyó en cuestión de minutos al viejo. Pantalones anchos y top corto, ambos en morado con hilo brillante entrelazado para realzarlos. Había un velo a juego, que se apresuró a ponerse en la cara mientras guardaba la ropa vieja en su mochilita. ¡Perfecto! Una cosa menos.

Espera, ¿en qué momento habían llegado a un tejado?

Evaluó la situación. Todavía tenía a Claude de la mano. Había un señor gordo atragantándose con una pipa en el suelo delante de ellos y unas diez o doce personas apuntándoles con varias armas, muchas espadas de diversos tipos. Y entonces, vio los carros.

¡Eran los carros de antes! Los del puerto. Iban a la capital, se acordaba de eso. Además, alguien había pagado para que estuvieran protegidos. Claramente solo les estaban apuntando porque el gordo de la pipa se había enfadado con Claude. Si llegaban a uno de los carros, estarían a salvo. Le apretó la mano a Claude y tiró de él, sonriéndole antes de saltar del tejado.

Le agarró en pleno vuelo para que no se chocara contra el suelo y ella aterrizó de forma más o menos elegante sobre sus patines; menos mal que solo era un piso. Y que habían caído en el toldo por el medio. Problema, ahora la gente con las armas estaba más cerca. ¡Pero el carro también!

Illje se apresuró a subirse al pescante. Imaginaba que Claude se metería dentro, porque como junto a ella ya había un señor, no había sitio. Pero no pasaba nada, en seguida saldrían del aprieto. Sonrió a su involuntario compañero.

-¡Menudo día, ¿verdad?!

Agitó las riendas. En realidad no sabía controlar un carro de esos, pero no podía ser muy complicado. Las agitó un par más y al final los animales pillaron el mensaje y se encabritaron, antes de echar a correr. La conejita se agachó para esquivar uno de los barriles de arena que salieron volando y en cuestión de segundos volvían a estar corriendo por las calles de Arabasta. Le pasó las riendas a su compañero y se inclinó por el lado, para sonreírle a Claude. Fue entonces cuando vio a la otra persona, el hombre al que había visto en el puerto.

-¡Genial! Claude, creo que ese hombre es un guardaespaldas. Ya estamos cubiertos.


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