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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Lun 25 Abr 2022 - 11:44}

Sentía cómo la ropa le oprimía el pecho, y le costaba respirar, aunque quizás se debiera a que no estaba preparado para afrontar la travesía. Hacía poco que había ingresado al Cipher Pol, y no creía estar preparado para afrontar las laboras que le habían encomendado, aunque no podía negar sentir cierto alivia. Creía que se iba a pasar el resto de su vida en una oficina y frente a una mesa llena de montones interminables de papeles e impresos que rellenar y firmar, o peor aún, como chico de los recados cargando cafés y buscando los trajes negros a la tintorería. Bajo ese punto de vista salir y tomar el aire fresco no sentaba nada mal, pero al llegar a su destino se desencantó.

Bloothe sería una isla ideal si no se tratase de un lugar invernal, si no tuviera piratas y si no se hubieran registrado tantos asesinatos en los últimos días. Rokuro sabía que iba a aquel lugar de vacaciones, pero aún así no estaba nada contento con su destino. «Harás un gran trabajo» le habían dicho en la agencia cuando preguntó que por qué él, Aunque en el rostro de su supervisor notó cierto enojo. Realmente haría un gran trabajo. Eso, o podía despedirse de su pellejo. El Gobierno Mundial no se andaba con chiquitas. Sin embargo confiaba en sus capacidades, aunque no lo hicieran sus jefes. Porque estaba claro que si lo habían elegido a él para aquella misión no era ni por su largo y majestuoso expediente ni por su capacidad de infiltración y extracción de información innata, sino porque era la única opción. Otros agentes habían partido hacia la Grand Line al igual que él, tomando otras rutas distintas, pero con la misma misión.

Aish —dijo casi suspirando—. Qué mala suerte la mía. En fin, el trabajo es el trabajo.

Aquel día iba vestido para pasar desapercibido. Bien podía parecer un ciudadano corriente echado a perder, un adolescente que no sabe ser un pirata o un ladronzuelo de la calle. Botas cómodas, vaqueros negros y una sudadera oscura con capucha, que cubría su rostro, o buena parte de él. En las misiones de campo no solía mostrar su rostro, motivo por el que se sentía intranquilo en aquel momento, pero por otra parte lo tranquilizaba: si nunca lo mostraba, no le reconocerían. Colgando de la espalda portaba su wakizashi dentro de una vaina más larga, para aparentar, y una mochila cargada con utensilios varios. Entre ellos, una versión más fina y estilizada de su traje ninja por si en algún momento tenía la necesidad de pasar a la acción. Lo único que le podía preocupar respecto a esa situación era encontrar una cabina telefónica en la que poder cambiarse.

Notó un extraño movimiento en el bolsillo y, al momento, una cabeza llena de plumas asomó de él.

—Taka, amigo, ya lo hemos hablado —le dijo en un tono cariñoso—, tienes que permanecer oculto hasta la señal. No sé cuando será, y sé que no estás cómodo, pero es importante. ¿Te volverás lo suficientemente pequeño para pasar desapercibido? —El águila en miniatura asintió—. Muy bien. Te daré comida en cuanto pueda, y no lo olvides, la señal será la melodía de cuatro notas que hemos practicado.

El ave pareció enpequeñecer y se internó nuevamente en el bolsillo del agente, mientras este seguía caminando.

—Siguiente parada, el Nido —dijo para sí.


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Lun 25 Abr 2022 - 16:38}

-¡Agarraos bien!

Michaela no cerró los ojos, pero tampoco miró por la ventana. En lugar de eso, sus caricias sobre la serpiente que tenía en el brazo se detuvieron durante un momento. Estaban subiendo la corriente que les llevaría hasta los cabos gemelos y había decidido días atrás que no quería vivir ese momento fuera de su camarote.

No había sido una decisión sencilla. Las noticias de que los hombres del Señor Albás habían llegado como un murmullo, pero había sido suficiente como para hacer que se pusiera en marcha. Acababa de empezar. No podía dejar que recortaran terreno y llegaran hasta ella; todavía no tenía cómo protegerse. ¿Qué hacer entonces? Organizar sus negocios y marcharse, buscar pastos más verdes.

Había entendido muy pronto que el barcucho que utilizaba para moverse entre los Blues con Crawford y Myers, sus fieles… ayudantes, no aguantaría el viaje. Había acudido al capitán del Nevermore, la nave que se encargaba de buscar exóticos especímenes para vender en su nombre y gracias a su recomendación se había hecho con un barco un poco más grande y otros tres hombres. Junto a Crawford y Myers, la ruta a seguir se volvía bastante más asequible y se habían puesto en marcha sin tardanza.

¿El objetivo? Bloothe, en primer lugar. Tras estudiar las diferentes posibilidades que ofrecía el paraíso, la conocida como la Senda del Futuro le había parecido aquella con más potencial. Islas como Dark Dome eran un destino ideal para ocultarse un tiempo y ampliar su red de contactos. Bloothe, la primera isla en el camino, tampoco era un mal lugar.

Llegaron a la isla de buena mañana. Una fina neblina cubría el sitio y Michaela bajó la primera sin esperar a nadie. En realidad, no pensaba gastar mucho tiempo allí. Su tripulación tenía órdenes de conseguir los víveres necesarios para seguir camino y avisarla y hasta entonces tenía tiempo que matar. Sin vacilar, se dirigió al Nido. Era el lugar más concurrido y famoso por ser un lugar de reunión entre criminales y piratas. Dudaba que nadie le conociera allí, tan lejos del North Blue, lo que en realidad le agradaba. En los últimos días había habido no pocos asesinatos en esa isla y se resistía a volverse parte de una estadística.

El camino se le hizo largo, pero logró llegar. Iba ataviada con un vestido negro y una capa discreta, en cuyos pliegues y entre sus hombros se acomodaban Berry y Aurum, sus dos serpientes. Ambas pequeñas, miraban todo a su alrededor con curiosidad. Hasta hacía poco, el barco era su casa y les encantaba todo lo que fuera una novedad.

No parecía haber mucha gente por la calle y al final optó por entrar a una posada. No le agradaba del todo, pero parecía lo óptimo en su situación. Se retiró a una esquina y pidió un té negro al encargado. Fue entonces cuando se bajó la capucha y aprovechó para relajarse un poco. Ah, cómo le gustaba la tierra firme bajo sus pies.
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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Lun 25 Abr 2022 - 17:29}

«Aunque suena a tópico, este es el mejor lugar para empezar» se dijo ante la entrada de la posada. Parecía un lugar bastante ortodoxo para encontrarse en una isla pirata, y fuera comenzaba a hacer frío.

Había llegado hacía poco a El Nido, y su objetivo en aquel lugar, que coincidía con la orden principal de sus superiores, era que descubriese información. Pero no rumores y cuentos de lavanderas en el río, sino información de verdad, con pruebas y testimonios fiables. Y eso no era una labor fácil. Tendría que recurrir a métodos drásticos que no eran de su agrado para conseguir información. Tendría que infiltrarse en algún grupo o tripulación.

No le gustaban aquellos juegos. Su adiestramiento, tanto en Yokubogashima como en el Cipher Pol no lo habían preparado para las infiltraciones como a él le hubiera gustado, es más, ni siquiera era un ámbito que disfrutase. Lo suyo siempre había sido la extracción de información a escondidas, bajo el cobijo y el abrigo de la noche y las sombras, y no a plena vista, fingiendo ser quién no era. Incluso prefería conseguir información al torturar a una persona. ¿Un método más sucio? Tal vez, pero menos lento y complicado.

Respiró hondo. Respiró hondo muchas veces. Relajó los hombros y adoptó una postura más relajada, menos tensa que la habitual. Se quitó la capucha de la cabeza y pasó la mano por su pelo blanco y lacio, revolviéndolo. Ahora parecía una persona distinta, más relajada. Ya solo quedaba fingir que así era.

Finalmente cruzó la puerta y pasó al interior de la posada, donde una gran sala junto a dos chimeneas que ardían con ímpetu le esperaban. Sin duda había más personas que en la calle, y no podía culparlas. El frío exterior se volvía insoportable, sobretodo para los ajenos a aquella isla, y las múltiples posadas y tabernas del poblado se volvían en las mejores alternativas. No sabía por cuántas de ellas tendría que pasar antes de conseguir la información que necesitaba, pero haría lo que hiciera falta para hacerlo.

—Estoy buscando la mano ejecutora tras la muerte de Chris Foam —declaró a todos los presentes. «Más me vale tener una buena coartada» pensó.

Dos posadas, tres tabernas y un encuentro muy extraño con dos mendigos poco amigables, llegó a la Magdalena Dorada, otra de las posadas en dónde pensaba repetir el mismo proceso. Nuevamente cruzó la entrada con sus falsos andares relajados.

—Estoy buscando la mano ejecutora tras la muerte de Chris Foam —repitió.

Esperaba que su poco habitual trabajo detectivestico comenzara a dar frutos.

Al poco de hablar, y sin dar tiempo a los presentes de decir nada, aparecieron dos hombres por la puerta, muy fornidos y con cara de pocos amigos.

—¿Quién está haciendo preguntas que no debería? —preguntó uno de ellos.

—Oh, chicos —contestó manteniendo su fachada de desinterés y despreocupación—. Habéis tardado más de lo que creía.


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Lun 25 Abr 2022 - 19:07}

El posadero le miró mal mientras le dejaba el té en la mesa sin cuidado, dejando que derramara un poco. Una acertada mirada de Michaela bastó para que bajara la vista y se marchara, pero eso no evitó que ella chasqueara la lengua antes de volver a acomodarse en el asiento.

La Magdalena Dorada no era la mejor posada que había visto, pero al menos estaba limpia. Eso no quitaba que su pedido fuera un tanto extraño incluso a esas horas de la mañana, pero no tenía ni la menor intención de ponerse a beber cerveza aceitosa como una pordiosera cualquiera. Y si a ese hombre no le gustaba, solo tenía que ignorarla.

Al principio pensó que poco tendría que hacer. Sacó un libro y se dispuso a pasar las horas muertas con resignación, pero más pronto que tarde su entretenimiento apareció por la puerta. Ese día llevaba la forma de un joven de pelo blanco y aspecto relajado. Nada más llegar se acercó a la barra y preguntó de forma clara y directa por el asesinato de un tal Chris Foam.

El posadero, que estaba limpiando la barra, se detuvo medio segundo antes de continuar con su labor y hacer como que no le había escuchado. Los pocos presentes que había, tan abocados a sus cosas como ella, hicieron lo propio. Hubo algún cuchicheo y alguna que otra mirada de reojo, pero nada suficientemente llamativo como para hacer que el chico se apartara de la barra. Ese dudoso honor lo tuvieron los hombres que entraron a continuación.

Michaela dio un pequeño sorbo a su té, interesada en la situación. Por lo visto no era el primer lugar en el que hacía sus… pesquisas. Si es que se podían llamar así. ¿Quién sería? ¿Le habría contratado algún familiar del tal Foam? Si había muerto en la isla… encontrar a su asesino sería una tarea ardua. Lo más probable era que se hubiera escondido en los Picos Sangrientos o que hubiera levado anclas hacía ya un tiempo.

Y, sin embargo, la pregunta había levantado ampollas.

Quizá la técnica no era un despliegue de idiotez, si no un cebo bastante sencillo. El chico reaccionó con normalidad ante la clara amenaza, al fin y al cabo. La criminal finalizó su bebida con una pequeña sonrisa, antes de caminar hasta la barra y dejar descuidadamente un par de berries en esta. Se recolocó su capucha, dejando a sus mascotas ojear a los presentes, antes de dirigirles ella misma la palabra.

-Caballeros.- Dijo, paladeando el sarcasmo. En su caso, esa palabra era una falta de respeto.- No pretenderán estorbar la paz de esta posada. Hablemos fuera, mejor.

No conocía a Foam, ni sabía quién era el desconocido que preguntaba por él. Pero tenía mucho tiempo que matar y aunque esto fuera una insensatez, también era una bienvenida distracción. Y al fin y al cabo, algo le decía que descubriría algo interesante por el camino.
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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Lun 25 Abr 2022 - 21:45}

Quizás no hubiera sido tan buena idea. Sí, sin duda sabía en dónde se estaba metiendo, y el trabajo era trabajo, pero... ¿Hasta qué punto pretendía arriesgar su integridad física? Ver a aquella dos moles tan amenazadoras le hacía replantearse ciertos aspectos de su profesión, pero en aquel momento ya era tarde. «Ya he agitado la colmena, ahora que salen las abejas no puedo echarme a huir» se dijo.

—¿Eres tú, mocoso? —preguntó el de la izquierda, el más alto de los dos, mientras hacía crujir sus nudillos.

—Que si soy, ¿quién? ¿El que hace preguntas incómodas? Desde luego, desde luego —respondió aparentando tranquilidad y esbozando una sonrisa tonta. «Vamos, pégame, dame la excusa que necesito» pensó mientras interpretaba su papel.

—Mira, pedazo de... —empezó a decir el compañero antes de verse interrumpido.

La mujer apareció casi por arte de magia. ¿Quién era? ¿Qué hacía ahí? Más importante, ¿qué pretendía al interrumpirle a él y a sus dos nuevos mejores amigos? ¿Hacer una buena acción e impedir un enfrentamiento inminente o tal vez algo más? Rokuro podía comprender que no quisiera que peleasen dentro de la taberna, pero ella también tenía la intención de salir con ellos. Aquello lo intranquilizó; de tratarse de un simple civil debía tener cuidado de que saliera herida por su culpa y, si se trataba de alguien con intenciones ocultas tal y como le enseñaron en el adiestramiento, debía andar con pies de plomo. ¿Por qué las cosas siempre se ponían tan difíciles?

—¿Hablar fuera? Vaya, excelente idea. Y también podemos hacer muñecos de nieve y lanzarnos en trineo por las cumbres nevadas, para limar asperezas —dijo con sarcasmo, manteniendo la actitud despreocupada—. Disculpe, hermosa señorita, pero no creo que está sea la clase de conversación en la que querría verse envuelta una dama como usted —La galantería era parte del disfraz.

Los dos gorilas con aspecto humano intercambiaron una mirada cómplice durante unos segundos, y acto seguido el más alto, que parecía ser el más listo de los dos —Aunque el listón no estaba muy alto—, habló.

—Acompañadnos  —ordenó tajante—. Los dos.

«Genial, ahora tengo que cubrirme las espaldas de esta mujer o cubrirselas a ella. No sé qué puede ser peor» pensó, pero también se encogió de hombros y le ofreció el brazo a la joven junto a una sonrisa, esperando que lo aceptase y caminase a su lado. Si pretendía acompañarlos, no se iba a librar de un interrogatorio.

—Supongo que no me diréis a dónde nos dirigimos, ¿verdad? —preguntó Rokuro cuando estaban en marcha, sabiendo la respuesta—. No me apetece caminar mucho.

—No nos hables —avisó uno de los dos—. Calla y camina.

Y eso hizo, no les habló. En cambio dedicó el tiempo a observar el estado del poblado donde se encontraba, la antigua base de los medianamente famosos Piratas del Grajo. Y observó a la muchacha que, sin saber cómo, había aparecido de repente con intención de unirse a ellos. Rokuro decidió que lo más probable es que se tratase de una clienta de la taberna, y en definitiva, una extranjera en aquella isla, igual que él, y el halo de misterio alojaba muchas dudas y preguntas en su mente. Pero tenía que ir con tacto.

—Creo que has evitado que me rompan la nariz —le dijo, hubiera aceptado su brazo o no, y acercándose a ella en caso de no haberlo hecho—. ¿Qué eres, una princesa de brillante armadura que viene a mis rescate?

¿Qué estaba haciendo? ¿Trataba de ligar con ella? Trataba de ligar con ella. Takarashi, aún encogido, le dio un pequeño picotazo bajo la ropa, y Rokuro no dudaba de que si pudiera hablar diría algo cómo «lo de Sakura te dejó muy tocado». Menos mal que no podía hablar. «Roku, céntrate» ordenó una parte de su cabeza, la seria, la enfocada en hacer bien el trabajo. «Esto también es parte del trabajo —se dijo a sí mismo también—. Es parte de la actuación».

—Te lo agradezco mucho, pero deberías volver a casa, con tu familia y seres queridos, y con tu novio. Porque digo yo que una chica preciosa como tú debe de tener novio.

Otro picotazo. Seguramente este quisiera decir «muy sutil, o algo por el estilo.

Finalmente llegaron a un local muy similar a una taberna, solo que estaba plagada de hombres harapientos y muy diversos. Algunos tenían los dientes podridos, otros llevaban anillos en todos los dedos y múltiples joyas, los más valientes estaban repletos de tatuajes mientras que otros llevaban barbas de lo más estrafalarias. No faltaban los parches, las patas de palo y los dientes de oro, y todos y cada uno de ellos estaban borrachos.

«Piratas —pensó ante la evidencia—. Nos han traído a una taberna de piratas».


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Mar 26 Abr 2022 - 21:38}

Michaela se limitó a alzar una ceja. – Si lo que necesita para relajarse es un viaje en trineo, le invito con sumo gusto a hacerlo.

Menudo patán. Por suerte, él no decidía si ella se quedaba o no. Más pronto que tarde las dos moles sudadas decidieron que lo mejor era que ambos les acompañaran y lógicamente, resistirse sería absurdo. Michaela volvió a colocarse la capucha, ignorando el brazo del joven mientras todo el grupo salía de la taberna. Por el rabillo del ojo pudo ver al posadero, meneando la cabeza con desaprobación mientras continuaba limpiando sus vasos. Antes de que la puerta se cerrara detrás de ella, los pocos habituales habían vuelto a sus bebidas.

Qué triste. Qué aburrido.

Se pusieron en marcha, siguiendo a los dos hombres. Pudo notar como el extraño joven la observaba y, como no podía ser menos, no tardó en hablarle. ´

-Yo no rescato a nadie.- Dijo suavemente.- Si se ha metido en algún lío, confío en que sabrá salir de él por su cuenta.

En realidad, lo dudaba. A juzgar por su comportamiento parecía alguien impulsivo y desde luego no tenía el control de la situación. Por otro lado, claramente había buscado meterse en la situación, al igual que ella, así que era posible que se estuviera precipitando al juzgarle. En lo que no se equivocaba, eso sí, era en que se trataba de un inepto y un patán. O por lo menos esas fueron las palabras que le vinieron a la mente al escucharle de nuevo.

-Marido.- Puntualizó.- Y está donde tiene que estar; exactamente donde lo dejé.

Notó cómo uno de los matones la miraba con curiosidad, pero devolvió la mirada sin amilanarse y pronto volvió a lo suyo. Solo con su nombre era muy poco probable que la unieran a nadie conocido. Incluso con su apellido le extrañaría; su marido había aprovechado bien sus recursos, pero no tanto como para llegar más allá de los Blues.

Poco después, llegaron a su destino. Oyó el parloteo desde fuera y por un momento se arrepintió de haber querido buscar entretenimiento. Supo lo que le esperaba antes incluso de entrar y arrugó la nariz en cuanto se abrió la puerta. Piratas. Sucios, olorosos y zafios piratas.

El ambiente estaba más cargado que en la otra taberna y al final decidió quitarse la capa. Llamaría la atención antes o después, de todas formas. En cuanto apartó la prenda quedó claro que no desentonaba tanto en el lugar. El vestido era de buen corte y mejor tela, pero ella llevaba tanto oro como cualquier maleante en el lugar. Adornos en el pelo, brazaletes, pulseras y un enorme anillo de esmeralda en el dedo del matrimonio. En sus hombros, sus colas cayéndole por los brazos, sus dos pequeñas serpientes ojeaban a la multitud con curiosidad.

-Esperad aquí.- Les gruñó uno de los matones.

Se apartaron de ellos, pero a juzgar por cómo les miraba el resto de la taberna coger y marcharse no parecía una buena idea. Lo que sí tenía claro era que en esta ocasión no pensaba pedir nada en la barra; no se fiaba en absoluto de lo que pudiera haber en esas botellas.

-Entonces… ¿conocía a Chris Foam? Le mataron aquí, en la isla, ¿no es cierto?

No tenía mucho sentido ser sutiles. Al fin y al cabo, se habían metido de lleno en la boca del lobo. Qué menos que aprovechar para preguntar por qué.
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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Miér 27 Abr 2022 - 0:44}

El plan de cortejar a la mujer para obtener información no parecía surtir efecto. Tal vez no fuera un plan, pero igualmente no funcionaba. Fría y misteriosa, rechazó sus comentarios de manera tajante, sin darle muchas opciones. Si quería saber más sobre ella, debía cambiar de estrategia, aunque no estaba seguro sobre cómo abordarla. Parecía acostumbrada a tratar asuntos importantes sin compartir sus pensamientos, y no creía que fuese a dejarse cautivar por engaños o adulaciones. En definitiva, que tenía calle. «Y a ti te falta» se dijo a sí mismo tras la última respuesta de la morena.

Una vez en el interior de la taberna posó sus ojos sobre cualquier detalle que pudiera serle de utilidad. Por ejemplo, los piratas estaban embriagados tomando cerveza y alcoholes varios, pero ninguno mostraba grandes síntomas de borrachera. ¿Estarían conteniéndose? Quizás estuvieran esperando por algo... Lo que tenía claro es que no podía tomarlos a la ligera. Más de la mitad de ellos no les quitaban la vista de encima y, aunque aún seguía habiendo barullo, varios de los piratas callaron para observar en silencio la entrada de la pareja. ¿Qué estarían esperando? Además, podía distinguir la insignia de un grajo tatuada en varios de ellos, o plasmada sobre sus ropas. ¿Los antiguos piratas del Grajo? No, era más grande... ¿Un cuervo, quizás?

Ser el centro de atención le ponía de los nervios. Quizás, y solo quizás, hubiera intentado morder más de lo que podía masticar.

A su lado, la mujer que todavía no se había presentado —aunque él tampoco—, se despojó de su abrigo, haciendo una demostración de lujo y elegancia que más de uno de los presentes habría envidiado. Todo en ella parecía ser de buena calidad y gran valor, aumentando el aura de misticismo a su alrededor. Estaba claro que no era una mujer cualquiera. «Ahora tengo más ganas de saber quién es y por qué me ha acompañado» pensó, pero se contuvo de preguntar, preguntándose si sería la forma adecuada de abordarla.

En lo que esperaban, tal y como las masas de músculo les habían ordenado, la mujer habló. Directa y al grano, con menos rodeos que una línea recta. ¿Acaso él había despertado la curiosidad de aquella mujer? Quizás conociera a Chris Foam, y quizás incluso supiera cosas que él no sabía. Al fin y al cabo, ¿por qué había decidido intervenir en sus asuntos?

—¿Lo conocía? —se preguntó mientras se acariciaba la barbilla con dos dedos—. Dicen que murió aquí, claro, pero también dicen que hay peces que cagan islas. Quién sabe qué puede ser verdad y qué no, señorita... Me temo que no se ha presentado todavía—. Quizás aquella falsa arrogancia no fuese tan buena idea, pero tal y cómo llevaba repitiéndose desde que se topó con los matones, ya era tarde para echarse atrás.

Al poco rato un hombre alto y robusto, con una barriga curtida durante años a base de cervezas y una barba negra y frondosa, se abrió paso entre el gentío para llegar hasta la pareja. Al ponerse a su lado, les lanzó una mirada de arriba abajo, intentado escrutar más allá de lo que permitía la vista.

—Muy bien, seguidme —ordenó una vez se quedó satisfecho—. Modrich, Grant, vigilad sus espaldas, no queremos que les pase nada a nuestros invitados. ¿Verdad? —lo dijo con un tono juguetón que Rokuro no fue capaz de distinguir. ¿Sarcasmo? No podía estar seguro, al igual que no estaba seguro de lo que podía ocurrir. Las avispas habían salido a su encuentro, y ahora solo esperaba salir con pocas picaduras.

Rokuro no se lo pensó. Lo siguió hasta un cuartucho destartaldo al fondo de la taberna que habían intentado adecentar como despacho. Un pequeño farol iluminaba un escritorio con papeles y un tintero sobre él. El resto de mobiliario lo componían una estantería llena de botellas de ron, un par de sillas de madera astilladas y un sofá poco cuidado sobre el que había sentada una persona enmascarada. Vestía un traje ajustado de cuero violeta, y la máscara, en el mismo tono metálico pero más oscuro, ocultaba su rostro con totalidad. «¿De verdad es una persona? —se preguntó al ingresar en el despacho—. Está tan quieto y silencioso que podría ser un maniquí».

—No os preocupéis por él, es... inofensivo —dijo cuando se percató de que Rokuro examinaba al extraño de malva. Se sentó tras el escritorio y les instó a sentarse. Rokuro no lo hizo—. Muy bien, como prefieras. Ha llegado a mis oídos que estáis buscando al asesino de Chris Foam. No, no me mires así, a estas alturas lo sabe medio poblado. Mi pregunta es: ¿qué haréis si lo encontráis?

Rokuro no contestó; sabía que si respondía en aquel momento cometería el primer error: darle poder a ese hombre cediéndole el primer movimiento.

—Veréis, más de una persona podría haberos matado al instante. Un par de muertes a cambio de un maravilloso y, sobre todo, tranquilo silencio. Sin embargo yo no soy una persona cualquier. Yo me he dicho: ¿podrían ser de utilidad estos dos? En esta vida no hay que desaprovechar nada, ni las sobras. Ahora hablad, mi amabilidad tiene un límite.


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Miér 27 Abr 2022 - 21:16}

Michaela acabó por apoyarse dejando la barra a su espalda, devolviendo con osadía todas y cada una de las miradas envenenadas o curiosas que recibía. Estaban tardando en atenderles, pero por otro lado no les quitaban ojo de encima.

-No, no le conocí. Pero escuché hablar de él.- Mentira. En realidad, sabía lo justo. Estaba aliado con los piratas de Kepler, que hacía un tiempo habían llegado a causar cierto caos por el mundo. No solía mantenerse al día con las noticias, pero los asesinatos de Bloothe estaban empezando a llamar la atención y algo que sí le gustaba seguir de cerca eran los rumores. De alguna manera, solían ser más fiables que los periódicos.

Le dedicó una mirada al extraño, alzando una ceja. Él tampoco se había presentado.

-Puedes llamarme Michaela, o Señora.

Poco después, llegaron a por ellos. Ella se cruzó de brazos, mirándole con algo de asco bien disimulado. Entre la enorme tripa y su barba descuidada, tenía pocas trazas de poder ganarse el respeto de la morena. Pero por otro lado, no estaba allí para hacer amistades. Le siguió sin protestar, tratando de ignorar el hecho de que se extraño hablaba de ellos como si fueran sus nuevos juguetes. Igual debería haber avisado a Myers antes de irse de exploración.

Su ruta acabó en un pequeño cuartucho cuyo olor le hizo arrugar la nariz brevemente. El poco mobiliario del lugar daba a entender que querían aparentar bastante más de lo que tenían, pero la persona que les esperaba en su interior decía otra cosa. Su traje, de cuero ajustado, era de buena calidad. Solo con echarle un vistazo a su atuendo y a su máscara, supo que tenían que haber hecho ambas cosas a medida. Tenía dinero, y no poco.

Al principio, se limitó a quedarse callada. El asunto de Chris Foam realmente no iba con ella y a juzgar por lo alto que el desconocido de pelo blanco lo había preguntado en la taberna, el pirata que tenían delante llevaba mucha razón. No había sido lo más sutil del mundo por su parte.

Pasaron los segundos y su improvisado compañero no habló. Al final, Michaela suspiró y se adelantó un par de pasos.

-Debo decir, en primer lugar, que lamentablemente no estoy relacionada con Chris Foam. Si está vivo o muerto lo desconozco y no tengo especial interés en cambiar ese hecho.

Berry reptó por su brazo, mirando con curiosidad al hombre de malva; iban a juego. Michaela le acarició la cabecita y la pequeña serpiente sacó la lengua con gusto. Si fuera un gato, habría ronroneado.

-En segundo lugar, estoy en Bloothe de paso y me gustaría hacer una proposición a quien sea que esté a cargo de…- miró a su alrededor, buscando las palabras.- Todo esto.

Claramente más de la mitad de los piratas de la taberna en la que se encontraban pertenecían a la misma banda. Si lograba hablar con el cabecilla, quizá pudiera forjar una alianza y conseguir contactos en el paraíso. Volvió a mirar al extraño de la máscara malva, preguntándose si estaría frente a él.

-Por supuesto, no me gustaría airear los negocios descuidadamente. Preferiría hablar en privado, de ser posible… una vez acabe de hablar con…- se giró hacia el joven, interrogativa. Al fin y al cabo, él tampoco se había presentado.
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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Jue 28 Abr 2022 - 18:56}

No le gustó el matiz que había tomado la situación. Su plan inicial, en el que esperaba que un par de matones le encontrasen para provocarlos y para derrotarlos en un combate e interrogarlos después, no salió bien. Cierto, tenía demasiados fallos. Por un lado, los matones podrían no haber sabido nada y habría llamado la atención en balde. También podría haber no sucedido nada. Sin embargo, lo que pasó fue tan inesperado que su plan por completo se vino abajo, y tenía la sensación de que no paraba de improvisar. ¿Quién hubiera pensado que una civil intervendría en su operación de espionaje? De no haber sido por ella podría haber luchado con completa libertad, sin tener que preocuparse por bajas civiles.

Aunque ahora no estaba tan seguro de que se tratara de una simple civil. «Al final ha sido buena idea dejarles hablar primero» pensó mientras escuchaba hablar a la mujer. Esos negocios de los que hablaba no sonaban nada bien. ¿Quién buscaría negocios con un pirata? «Michaela —Memorizó el nombre como si se tratara del suyo propio; quizás le fuera de utilidad en el futuro—. Espero no volver a oír tu nombre».

—Mucho me temo que el capitán no se encuentra disponible actualmente —respondió el pirata sentado tras la mesa—, pero me ha dejado a cargo de cualquier asunto. Aunque no se me ocurre qué querría una mujer como usted de...

—Bueno, basta de cháchara —soltó de repente, interrumpiendo la conversación—. ¿Sabes o no quién mató a Chris Foam?

Intentó sonar serio y decidido, aunque tal vez sonase más bien arrogante; no dominaba la actuación. Sabía que interrumpiendo la conversación comenzaba a marcar el ritmo. Probablemente al pirata, y muy seguramente a la mujer, no les gustase, pero lo prefería así; al dialogar con enojada era más fácil que se les escaparan cosas. Su pregunta fue respondida con una risotada por parte del barbudo.

—¿Directo al grano? Muy bien, te seré franco: no sé quién lo mató, y aunque lo supiera no te lo diría. No al menos sin saber quién eres.

Captó la indirecta. Había evitado presentarse a propósito, a sabiendas de que una vez desvelase su identidad, aunque fuese inventada, perdería el halo de misterio que le mantenía con vida, aunque fuese por mera curiosidad.

—Lo importante aquí no es quién soy, sino para quién trabajo. Mi «jefa» —Pronunció la palabra con un tono particular, como si estuviera hablando de una persona que el propio pirata conocía— está muy interesada en descubrir la verdad tras este asunto. Chris Foam era una persona importante para ella —Ciertamente no estaba mintiendo; Chris Foam estaba bajo la mira del Gobierno Mundial desde hacía mucho tiempo, y uno de los superiores que le encomendó la misión de Bloothe era una mujer—. Dime tu nombre y todo lo que sepas.

Rokuro fulminó al pirata con la mirada. Su expresión, ahora seria y adusta, acompañada de su farol, logró intimidar al hombre enfrente suyo. O tal vez tuvo suerte.

—Soy Corvus Nightingale, vicecapitán de los piratas del Cuervo —dijo para tragar saliva—. Y respecto al asunto de Foam... no puedo hablar de eso...

El hombre se encontraba aparentemente nervioso. Antes de hablar, Rokuro pensó fríamente qué coartada podía usar para explicar su presencia en aquella isla y, sobretodo, que justificase su interés por la muerte de Foam. Pensó en hacerse pasar por un hijo bastardo de Foam que buscaba venganza, o quizás en alguien que lo había perdido todo a causa del pirata que solo quisiese agradecer a su asesino, pero ninguna opción le parecía del todo apropiada. Todas esas falsas identidades eran muy pobres y era fácil descubrir que estaba mintiendo. Entonces pensó en que, si usaba el nombre de alguien importante, quizás los piratas se mostrasen más cooperativos. Sin embargo, ¿a quién podía respetar e incluso temer un pirata? Había muy pocas opciones, y la que le pareció más apropiada dada la situación era Terra Kepler.

—Muy bien —respondió, como si le diera igual su respuesta—. Entonces tengo una oferta que hacerle, aunque prefería hablar en privado. No me gustaría airear los negocios descuidadamente —Esto último lo dijo con retintín, mientras posaba sobre la mujer una mirada que la invitaba a salir de la sala. Ella no era la única que sabía jugar a aquel juego.


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Jue 28 Abr 2022 - 20:58}

Michaela chasqueó la lengua. Si el capitán, fuera quien fuera, había dejado a cargo a ese patán, dudaba que tuvieran mucha influencia. O eso o el hombre estaba mintiendo para deshacerse de ella, lo que en realidad parecía mucho más probable.

Fue a responderle con calma, pero la voz de su improvisado acompañante restalló interrumpiendo su conversación. Le atravesó con la mirada, pero no pareció inmutarse. De nuevo, volvió a sacar el tema de Chris Foam y así, en cuestión de segundos, fue apartada de la conversación sin posibilidad de volver a ella.

No era la primera vez que sucedía. De repente, la sensación de haberse vuelto invisible para los dos hombres la envolvió y le dejó con sabor a asco en la lengua. No varió su postura ni su gesto, sin embargo. Aguardó hasta el momento adecuado, anotando el nombre del pirata rechoncho en el proceso. ¿Piratas del Cuervo? Hm. El otro no tardó en hacerle saber que quería largarla de allí y aprovechó la ocasión con gracia.

-Descuiden, detesto quedarme donde no soy bienvenida.- Dijo, clavando la mirada en todos los presentes.- Sé dónde está la salida.

Abandonó la sala sin más dilación y avanzó un poco por el pasillo de la taberna antes de darse la vuelta y cerciorarse de que ninguno de los dos matones la seguía. Seguramente se hubieran quedado con el vicecapitán para protegerle del desconocido. Al fin y al cabo, ella solo era una extraña mujer.

Sonrió. Y entonces volvió sobre sus pasos y se perdió entre lo que era un pasillo bastante más largo de lo que una taberna necesitaba. Aunque eso era normal; si la taberna pertenecía a esa banda de piratas, era lógico que fuera una tapadera. Y por norma general, los piratas solían tener botines bastante interesantes.

Entró a la primera sala que encontró. No conocía el lugar y tratar de dar con la puerta más prometedora sería una pérdida de tiempo, así que improvisó. De pronto, se encontró en lo que parecía un almacén. Estaba vacío, así que cerró la puerta a su espalda y paseó con calma examinando la mercancía. Sobre todo había grandes cantidades de víveres y alcohol, pero rebuscando un poco encontró también varios barriles de pólvora y varias cajas de madera. Tras pelear un poco con ellas, dio con el contenido: libros. Hablaban sobre todo de los peligros del paraíso, pero había también no pocos tomos de historia. Varios de ellos hablaban de la gran guerra que Terra Kepler y sus hombres habían ocasionado, ya hacía 50 años atrás. Todavía no existía mucha literatura al respecto y era obvio que habían hecho un concienzudo trabajo recopilando toda esa colección.

-No deberían haberla dejado aquí abandonada…

Pasó una mano por la portada de uno de los libros, antes de decidirse. Solo le faltaba una cosa, pero en un sitio como aquel no fue difícil encontrarlo. Mientras buscaba dio con varias monedas de oro polvorientas y tras considerarlo un segundo, se las guardó en el bolsillo junto con dos de los libros sobre Terra Kepler. Tras dar con las cerillas en un rincón del cuarto, hizo un reguero de pólvora de los barriles por toda la habitación. Salió del cuarto, encendió uno de los fósforos y lo dejó caer con elegancia antes de cerrar la puerta a su espalda y echar a caminar con tranquilidad hacia la taberna.

Calculaba que aún pasarían varios minutos antes de que el fuego llegara a los barriles, el tiempo ideal para alejarse. No sabía que sería del tipo extraño y el vicecapitán… pero tampoco le importaba. Si sobrevivían, no volverían a despreciar su nombre. Eso era todo lo que importaba.
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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Lun 2 Mayo 2022 - 18:41}

La mujer, abiertamente ofendida, no se hizo de rogar. Salió de la habitación con la cabeza bien alta, dejando a los dos hombres y al enmascarado atrás. Para Rokuro aquella situación no podía ser mejor. Su ardid, aunque improvisado, había surtido el efecto deseado. Se encontraba a solas en la habitación con una gran fuente de información, y era una oportunidad que no podía desaprovechar. Aquella mujer, fuera quién fuese, ya no importaba.

Al cerrarse la puerta, volvió a examinar con la mirada a los dos piratas. Corvus Nightingale, que se había presentado como el vicecapitán de aquella tripulación pirata, parecía despavorido, como si temiera hacer enfadar enfadar a la Yonkou. Notó que lanzaba demasiadas miradas al hombre de violeta, como quién mira seguido la hora cuando tiene prisa. Por su parte, el enmascarado apenas se había movido. Seguía sentado en silencio, observándolo todo. No estaba seguro de qué, pero había algo inquietante sobre aquel hombre. O mujer. No sabía qué había bajo la máscara.

—Bien, ahora que estamos solos —comenzó a hablar nuevamente el peliblanco—, creo que es momento para sincerarnos. Puedo ser muy comprensivo, y de ti depende la canción que escuche mi jefa cuando vuelva con ella. No querrás enfurecerla, ¿verdad que no?

Tenía que admitirlo: sentaba bien usar una gran influencia como aquella, aunque perteneciera al bando contrario. El ver cómo el hombre se encogía de miedo ante las amenazas y le entraba un tic nervioso en el ojo le hacía sentir que estaba realizando una gran labor. Pero las miradas de soslayo que lanzaba hacia el hombre de malva no dejaban de hostigar su pensamiento. ¿Quién era? ¿Por qué le permitían participar, o más bien, observar una conversación tan seria como aquella? Ningún otro integrante de la banda estaba presente, ni siquiera los matones que los habían traído al principio, pero aquel misterioso sujeto sí.

—Yo... Es que no puedo... —hablaba entrecortado—. En serio...

—Ya me encargo yo —Una voz profunda y metálica surgió de la máscara—. Creo que lo que pueda decir placerá a tu jefa.

Rokuro lo había empezado a sospechar, pero cada vez tenía menos dudas. Aquel hombre debía de ser el auténtico capitán de la tripulación. Seguro que Corvus tenía muchas aptitudes para tratar negocios y asuntos diplomáticos, o tal vez no, pero aquel tema era demasiado delicado. Probablemente el capitán le hubiera ordenado no abrir el pico, y eso había hecho.

—De acuerdo —Giró su cabeza hacia el enmascarado y lo observó atentamente—. Habla.

—Chris Foam sigue vivo —La voz metálica retumbaba en su cabeza—. Intentaron matarlo, pero su cuerpo nunca apareció.

—¿Y por eso crees que sigue vivo? —espetó. Parecía una información muy pobre.

—No, lo creo por esto.

Entonces se quitó la máscara, y Rokuro no pudo contener la sorpresa de su rostro. De golpe, toda su tapadera se había venido abajo. Ante él se encontraba el mismo rostro que el de los carteles de recompensa, el rostro de Chris Foam. El supuesto Chris Foam, todavía engalanado de violeta, se levantó de su asiento y se acercó al peliblanco con un aura amenazante a su alrededor hasta situarse enfrente suyo, justo al lado de la puerta. Detrás de la mesa, todavía sentado, Corvus estaba sudando como nunca lo había hecho, y dentro del bolsillo del agente la pequeña águila se retorció. «La has cagado pero bien» parecía decir.

—¿Y tú quién eres? Tu cara no me suena absolutamente de nada. ¿Para quién trabajas?

Comenzó a alzar un brazo pero algo sucedió. Un brillo, acompañado de una explosión y un gran estruendo, arrasaron gran parte del local. La puerta del despacho salió despedida contra Foam, empujándole y tirándolo al suelo, mientras varias astillas del tamaño de cuchillos se clavaron en Corvus. Rokuro tampoco tuvo mucha suerte: la onda expansiva le empujó haciéndola caer sobre el suelo, dónde se golpeó en la cabeza. Enseguida se puso en pie, aprovechando la confusión causada por el estallido para salir de ahí. Estaba expuesto y no podía permitirlo.

Cruzó la puerta y volvió a la zona principal de la taberna, que se encontraba repleta de llamas que despedían un apestoso humo negro. Más estallidos provenían del fondo de la estancia, como si el fuego hubiera alcanzado más explosivos. El joven cruzó corriendo la estancia, evitando las llamas y con cuidado de que no se le cayeran vigas encima. No podía evitar alegrarse por haber salido de allí con solo alguna quemadura y los pulmones hechos polvo por el humo, pero aquello no le gustó lo más mínimo. Había sido demasiada casualidad que se produjera una explosión justo cuando él se encontraba reunido. ¿Quizás el asesino de Foam seguía suelto intentando terminar su trabajo? ¿O los piratas del Cuervo tenían grandes enemigos en la isla? Eran opciones válidas, pero no parecía el estilo de ningún asesino, ni tampoco el de los piratas.

Entonces se le ocurrió. «No hay nada peor que una mujer despechada» le decía su padre cuando era más joven, y quizás, por una vez, tuviera razón. Quizás Michaela hubiese provocado la explosión. Es más, quizás aquella mujer supiese más de lo que decía. Era realmente sospechosa, y tenía sentido. Quería acompañarle al escuchar que preguntaba sobre Foam, y se retiró de la conversación en cuanto pudo, quizás para intentar deshacerse de un entrometido como él. ¿Cuánto sabía aquella mujer? No podía estar muy lejos, iría en su búsqueda.


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Jue 5 Mayo 2022 - 13:06}

Logró alejarse bastante, pero era cierto que era la primera vez que hacía una cosa así. El cálculo salió suficientemente bien como para dejarla más o menos intacta, pero la onda expansiva logró hacerla trastabillar y eventualmente caer al suelo, dejando los libros tirados. Suspiró, un poco sobresaltada, y los recogió con calma antes de darse la vuelta y contemplar lo que había hecho.

La gente, la que podía, salía a correr de la taberna. El fuego empezaba a lamer una de las paredes y aunque de momento solo una pequeña parte del edificio estaba en llamas, el daño iba a ser bastante permanente. En la habitación que se había encontrado ella dudaba que quedase ningún libro intacto y si tenían otros alijos… bueno, era difícil saberlo. De los que se habían quedado en la habitación hablando por su cuenta tras darle la espalda… ah, qué importaba. No los conocía y no tenían interés alguno en lo que ella pudiera venderles. No tenía sentido quedarse allí.

Aún así, se retrasó. Solo unos momentos, lo justo para que Berry y Aurum asomaran la cabeza y le sisearan al oído, preguntándole por qué demonios no se movían. Pero el fuego crecía y crecía y por un instante fue… hipnótico. Se notó sonreír y se llevó la mano a la cara, sorprendida, antes de darse la vuelta para alejarse entre las calles. Ah, suponía que era normal. Un gesto tan pequeño, causando tanto daño… sin duda era algo grato, el poseer tanto poder.

Tras pensarlo un poco, decidió regresar a la primera taberna. Retrocedió sobre los pasos de los piratas que se la habían llevado y entró por la puerta libros en mano y calma en la cara. Había menos gente que antes y no pudo evitar preguntarse si habrían salido a causa de la explosión. ¿Se habría oído allí? No estaba tan lejos, al fin y al cabo.

Encontró a Myers en una esquina, esperándola. Levantó la cerveza a su salud al verla y en seguida dejó su sitio para que ella pudiera sentarse.

-Consígueme otro té. ¿Cómo van los preparativos?

Se lo pidió en seguida, antes de informarla. Tenían los víveres y Crawford estaba terminando de poner a punto el barco. Calculaba que podrían salir en poco más de una hora. Michaela chasqueó la lengua, pero no protestó. Le incordiaba la pulcritud de Crawford, pero prefería tragarse su impaciencia a salir al mar en un barco defectuoso. Además, todavía tenían que juntar al resto de hombres; estaba bastante segura de que habían aprovechado para bajar y perderse por la isla. Solo eran tres, pero no iba a dejarlos allí. En fin, ese no era su trabajo. Crawford podía lidiar con ello.

-Que me avise cuando esté todo listo. Poco queda que hacer en Bloothe de todas maneras.
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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Jue 5 Mayo 2022 - 16:26}

Por primera vez se alegró de encontrarse en una isla invernal. Fuera de la taberna pirata, se encontraba encogido, con los brazos apoyados sobre las rodillas, intentando respirar el aire fresco. Tosía y no podía evitar sentirse mareado. Una llamarada había alcanzado su hombro derecho, sobre el cuál se encontraba ahora una quemadura mientras unas volutas de humo brotaban del tejido que aún no se había quemado. Pasaron varios segundos, quizás minutos, hasta que se recuperó, agradeciendo el contraste del poblado ante la taberna ardiendo.

Detrás, las llamas se propagaban lenta pero vigorosamente sobre el edificio mientras varios hombres salían corriendo, en circunstancias similares a las de Rokuro. El peliblanco los ignoró; tenía que desaparecer lo antes posible, antes de que Foam le encontrase. No creía que alguien de su calibre estuviese muerto. Necesitaba encontrar una forma segura para contactar con sus superiores y explicarles la situación actual. Pero antes debía seguir a Michaela, la principal sospechosa del incendio. Todo esto mientras se escondía de los piratas.

—Maldito trabajo —maldijo por lo bajo.

Echó a andar en dirección a la taberna en la que le habían interceptado los matones. No tenía más pistas salvo esa, el lugar en dónde se habían encontrado por primera vez. Andó con cuidado, refugiándose bajo las sombras siempre que podía. Varias personas, probablemente transeúntes curiosos, se desplazaban en dirección contraria a la suya. Intentó aparentar normalidad, para evitar que nadie sospechara de un extranjero como él, aunque no estaba seguro de si lo había logrado. Si la población de una isla pirata comenzaba a creer que él había atentado contra una de las bandas piratas del lugar... No quería ni pensarlo. Se encontraba en una carrera contrareloj.

Logró alcanzar la posada, a la que accedió con discreción, pero confiado, como si fuera su casa. No sabía si le recordarían cómo el hombre que había preguntado por la muerte de Chris Foam, pero en aquel momento le daba igual. Localizó a la mujer en una esquina, sentada con tranquilidad, cómo si nunca hubiera hecho nada malo en su vida. Dada la situación actual, no quería armar ningún revuelo, de modo que avanzó con calma hacia la mujer, aunque algo tenso. La tranquilidad, calma y altanería que había mostrado antes había desaparecido. Se había quitado el disfraz y ahora era él mismo, con todo el peso de su trabajo sobre los hombros. Hizo contacto visual con la morena y se sentó enfrente suyo, como una persona adulta y civilizada.

—Señorita... ¿Sorprendida de verme vivo? —dijo, alzando una ceja—. Creo que deberíamos mantener una conversación.


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Vie 6 Mayo 2022 - 11:06}

No pasó mucho tiempo hasta que la puerta de la posada se abrió de nuevo. El hombre que entró parecía algo diferente, pero a Michaela no le costó identificarle; el hecho de que todavía le humeara un poco el hombro ayudaba, desde luego. Sin embargo, sus ropas no estaban quemadas y la mujer alzó una ceja con suspicacia. ¿Quién era, que viajaba tan preparado? Ese tipo de telas no eran precisamente baratas.

El ambiente en la posada se enrareció un poco, pero nadie parecía querer tener nada que ver con el extraño y de forma más o menos forzada todos se dieron la vuelta para ignorarle y continuar con sus quehaceres. La partida de póker continuó con sus vueltas entre miradas de soslayo, el posadero dejó de fregar la barra durante un segundo antes de continuar hacia el lado contrario y el hombre que estaba cenando aceleró discretamente su comida. Michaela, sin embargo, no le quitó los ojos de encima. No tenía sentido, ya que se dirigía directamente hacia ella. Fingir ignorancia a esas alturas sería un poco… denigrante.

Myers se interpuso entre ambos al principio, pero se apartó a un gesto de la morena. Agradecía la intención, pero no era necesario. Ningún arma había sido desenfundada y más que sediento de sangre el hombre solo parecía… exasperado. Aunque eso podía ser un fallo de cálculo por su parte. De una forma o de otra, algo de paciencia no le mataría. A veces le gustaría haberse llevado a otros esbirros de la panda que tenía su marido. Los que le habían seguido no eran exactamente los más brillantes… pero al menos eran leales.

Dio un sorbo a su taza de té, arrugando la nariz por un momento al escuchar al extraño. ¿Sorprendida?

-Lo dice como si hubiera pretendido matarle. No es culpa mía que se encontrara donde lo hizo, pero si comete un desaire no se enfade por las consecuencias. No es nada personal.

No era mentira, al fin y al cabo. Ese hombre no le importaba lo más mínimo, pero tenía su orgullo. Y si bien sus acciones habían sido obra de un impulso, eso no quería decir que no estuvieran justificadas. Tenía derecho a hacerse respetar.

-Está intacto, no veo el problema. Myers, tráele una cerveza a nuestro invitado. Desconozco qué quiere de mí, especialmente cuando no hace tanto que no podía esperar a librarse de mi presencia. – Por un instante, se vio el desprecio en su mirada. Enseguida, la curiosidad volvió a apoderarse de sus ojos.- Sin embargo, hable. No pierde nada por preguntar y yo no pierdo nada por escucharle. ¿No es así?

Berry y Aurum salieron a deslizarse por sus hombros, ojeando al recién llegado. Ellas tampoco se fiaban ni una sola de sus escamas.
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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Vie 6 Mayo 2022 - 20:12}

El ambiente en el lugar se había ensombrecido, y parecía que solo existían ellos dos. Y el incordioso asistente de la mujer, que parecía decidido a imposibilitar la conversación, aunque la morena le detuvo; parecía bastante leal. Ella, por su parte, no negó lo que había hecho. Al contrario, se excusaba diciendo que había cometido un desaire y que «no es nada personal». Rokuro no daba crédito. Y entonces se dio cuenta del auténtico peligro que podía representar esa mujer. Había quién era peligroso debido a su poder y a su fuerza, otros gracias a su carisma y capacidad de persuasión. Pero aquella mujer... Ella era cruel y directa, indómita e imprevisible. Estaba abierta a negociar, pero cuando las cosas no salían como ella quería, era capaz de cualquier cosa por salirse con la suya.

—Muy bien, tiene razón —Debía hacerle creer que dominaba la conversación—. No perdemos nada.

Su sirviente trajo la cerveza que ella había pedido para él, y la dejó sobre la mesita de su lado. Rokuro la ignoró y continuó con la conversación; no iba a comer ni beber nada que le hubieran servido aquellas personas.

—Iré directo al grano. Cuénteme todo lo que sepa sobre Chris Foam, los Piratas del Cuervo y Terra Kepler —De pronto giró la cabeza, nervioso, hacia la puerta de la posada y volvió a centrarse en la conversación. No sabía si le habían seguido, y de ser así no tenía demasiado tiempo—. Me cuesta creer que me siguiera hacia la guarida de los piratas sin ningún motivo oculto.

Las serpientes de la mujer se asomaron, quizás porque ansiaban cierta libertad, aunque seguramente las tuviera adiestradas para intimidar a los demás. Aunque ese truco no iba a funcionar con él.

Del interior de su bolsillo asomó Takarashi, quién percibiendo el peligro desplegó las alas para posarse en el hombro de su dueño. En el poco tiempo que tardó en alcanzar su destino, había crecido hasta alcanzar su tamaño real: un águila negra de un metro de altura. Rokuro notó el peso de su compañero sobre su hombro, pero lejos de estar molesto se sentía seguro. Sabía que podía confiar en Takarashi.

Quería creer que en cierto sentido también podía parecer tan amenazador como ella. Nunca había tenido un rostro especialmente afable, y un águila sobre su hombro podía resultar tan peligrosa como un par de serpientes. A pesar de su interés, más bien necesidad, de adquirir información, no podía permitirse parecer más débil.


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Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] Empty Re: Un cuento de cazadores y presas [Rokuro - Michaela] {Vie 6 Mayo 2022 - 21:23}

Intentaba parecer confiado, pero Michaela se fijó pronto en la tensión que cargaba sobre los hombros. No le era extraña; ella había aprendido a sobrellevarla con gracia, tras mucho tiempo. No quería decir que desapareciera. Vio cómo ignoraba la cerveza, pero eso no le molestó. Que se jactara de ser una buena anfitriona no implicaba que el desconocido fuera a fiarse de ella de buenas a primeras. Ella tampoco lo habría hecho.

Dijo de ir al grano, pero en lugar de hablarle del incendio del que acababa de acusarle volvió a mencionar a Chris Foam. Michaela ladeó la cabeza, procesando sus palabras y atando cabos. Vaya. Parecía que los libros que se había llevado tenían algo más que valor histórico.

-Los Piratas del Cuervo… son la gente con la que acabamos de estar, ¿no es así?

Recordaba los tatuajes que tenían en los hombros. Debían de ser una de las bandas de Bloothe, pero lo cierto era que no conocía mucho más de ellos. Y tras aquella noche, tampoco tenía ni intención ni oportunidad de hacerlo, siendo realista. Se encogió de hombros.

-De Chris Foam y Terra Kepler conozco lo mismo que todo el mundo. Gran pirata y se supone que él está muerto, o al menos eso dicen los rumores.

¿Acaso Kepler buscaba venganza? Desconocía al asesino, pero si había sido en esa isla… no es que cualquiera pudiera haberlo hecho, Foam era alguien peligroso, pero desde luego había no pocas opciones. Independientemente de por qué tuviera tanto interés, tenía un arduo camino por delante para encontrar la verdad.

El hombre parecía nervioso y no paraba de mirar a la puerta. Comprendió que era posible que los piratas la estuvieran buscando para ajustar alguna que otra cuenta. Quizá al reloj que tenía le quedaba menos tiempo del que pensaba. Chasqueando los dedos, llamó la atención de Myers.

-Ve a buscar a Crawford y reúne a los demás. Enseguida.

El hombre asintió y salió a correr de la taberna. Michaela miró con curiosidad al águila del extraño hombre. Era un buen ejemplar, bien adiestrado y muy bien cuidado. Plumas lustrosas, ojos vivos… costaba mucho dinero. Fuera quien fuera, no era un don nadie.

-No le seguí.- Puntualizó.- Me uní a la conversación porque tenía tiempo que matar y entonces el gorila al que usted había invocado con sus preguntas nos arrastró hasta aquella taberna. – Esbozó una pequeña sonrisa y acarició los libros que tenía al lado, ocultando los títulos tras su abrigo. – Pero es cierto que en mi pequeña incursión encontré algo que podría arrojarte algo de luz… por el precio adecuado, claro.

No puso la mano, esperó una oferta. En realidad, aceptaría casi cualquier cosa; los libros no le interesaban especialmente y en realidad con darle solo uno ya le bastaría. Por otro lado, tenía curiosidad por ver qué podía ofrecerle aquel individuo tan… especial.
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