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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Lluvia De Esperanza. [Time 2017]

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Lluvia De Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Invitado el Dom 6 Ago 2017 - 10:02

Capítulo 1: El Inicio Del Viaje.

- ¡Tienes cosas que hacer aquí! Si te largas ahora es posible que los generales se enfaden muchísimo contigo, Silver.

- ¡En ese caso abandonaré la puta revolución! ¡Mis dos alumnos han desaparecido y me importa una puta mierda lo que penséis tú y toda la rebelión!

La mirada de Dranser se clavó de forma seria en aquel sargento que le hablaba. Ambos estaban en el puerto de Saint Reia y el espadachín estaba esperando a que su barco llegase. Galia y Ryuken habían desaparecido y el depredador estaba mosqueado. Sabía muy bien que sus chicos le cogían el Den den mushi cuando los llamaba, pero esta vez no lo hacían. Si tenía que mandar todo a la mierda por ellos, así sería. El castaño iba vestido con una camiseta negra, su chaleco color canela, unos pantalones y sus sandalias. Llevaba unas cuantas fundas en el lado derecho de su cintura y una mochila a la espalda. Krauser estaba ocupado en aquella misión del Norte a la que había acudido sin pensarlo. Él no iba a ser menos. Tal vez la rebelión prefería recuperar varios sargentos y tenientes, pero él quería a aquellos novatos. Eran sus alumnos y él siempre estaba dispuesto a darlo todo por ellos.

Se sentía culpable por no haberlos entrenado mucho mejor de lo que ya lo hizo y no pudo evitar fruncir el ceño mientras esperaba. El hombre que había a su espalda soltó un suspiro, pues sabía que no iba a poder convencerle. Un oficial como Silver era demasiado cabezota y tenía un sentido del compañerismo demasiado fuerte. El sargento era algo mayor que él, totalmente calvo y de ojos dorados. Dicho revolucionario no pudo evitar colocarle la mano en el hombro al depredador y hablarle de forma seria.

- No puedo detenerte de ninguna forma, pero… ¿Qué vas a hacer si eres expulsado por esto? No creo que dos reclutas merezcan la pena por tirar a la basura tu carrera aquí…

- Si no tienes ni idea de lo que hablas, cierra la boca. Si los dejase tirados estaría loco y actuando como ese gobierno de mierda contra el que luchamos. Si me expulsan, lucharé contra el CP yo solo. Dile al general Lauret que si tiene algún problema con ello que me llame, ahora déjame solo.

Mencionó cruzándose de brazos y frunciendo el ceño por lo que había dicho aquel tipo ¿Qué clase de maestro sería si pasase de sus chicos? “Ella” nunca se rindió con las enfermedades de Dranser, y siempre curó cualquier herida que tenía su cuerpo. Siempre le apoyó y dio la cara por él, incluso cuando se dormía en las reuniones importantes. Finalmente el revolucionario divisó el navío y escupió a un lado. Sin pensárselo más, alzó el vuelo mediante los poderes de su fruta y salió disparado hacia el barco. No tardó mucho en aterrizar en la cubierta y mirar a los hombres que allí había. Todos eran miembros de la Quimera y sabía que podía confiar en ellos totalmente.

- Poned rumbo a Gelum enseguida. Empezaremos buscando pistas sobre Ryuken por la zona en la que desapareció. Puede que Galia esté con él, de esa forma mataremos dos pájaros de un tiro.

- Señor ¿Piensa que vamos a ser castigados? – Le preguntó un recluta con algo de curiosidad.

- No ¿Crees que la rebelión va a expulsar a los miembros de la mejor división que han tenido en su vida? A mí me importa una mierda lo que me ocurra, pero si os dicen algo… Tendrán que responder ante Redfield y si eso pasa… Habrá hostias. – Dijo despreocupado mientras metía ambas manos en los bolsillos.

Algunos cuantos soldados empezaron a reírse entonces. El depredador saltó colocándose sobre la borda y miró al frente con una expresión seria. Se estaba preguntando varias cosas así mismo, pero no tenía respuesta para ninguna. Al menos se relajó un poco. Las palabras de aquel sargento le habían hecho mosquearse de una forma increíble. Soltó un bostezo enorme y tras aquello saltó de nuevo a la cubierta. Avanzó despacio hacia el interior del navío y se dirigió a la cocina. Nada más llegar se sentó en la mesa y abrió su mochila. Sacó algunas carpetas, mapas y documentos. Aquello se le daba como el culo, pero esta vez iba a tener que estudiar todo muy bien. No sabía mucho sobre la isla a la que iba. Se puso a leer con calma. Pasaron unas cuantas horas y nadie pareció molestarle. El revolucionario estaba muy concentrado en lo suyo y poco a poco iba entendiendo todo sobre la isla. Sabía que pronto iban a llegar los cocineros para hacer la cena, pues ya eran las ocho y media de la tarde.

No tardó mucho en levantarse y después recogió todo aquello. En ese momento escuchó un sonido procedente de su bolsillo. Se trataba de su Den den mushi. Soltó un suspiro preparado para lo peor y entonces escuchó la voz de Krauser.

- Todo solucionado, Dranser. Me informaron de lo sucedido y lo he hablado con el general Lauret. Se indignó al pensar que podían regañarte por cumplir tu deber como revolucionario. Estate tranquilo y trae a esos chicos de vuelta.

- Eso planeo hacer. Ten mucho cuidado en esa misión, Redfield. Recuerda que yo seré la persona que te derrote y no unos miembros de ese sistema de mierda. – Contestó el depredador con una sonrisa siniestra.

El espadachín colgó el caracol y soltó una pequeña carcajada. Ahora tenía vía libre para cumplir con su deber como maestro. Acarició despacio la funda de Shiro Kiba y después se estiró un poco. Era el momento de decirle a los cocineros del barco que tenía hambre y a lo mejor así se ponían a hacer su trabajo. Avanzó hacia la cubierta con toda la tranquilidad del mundo y una vez llegó pudo ver a bastantes hombres haciendo duelos de flexiones y demás estupideces. Al menos se lo estaban pasando bien, pero su apetito era más importante que todo aquello.

- ¡Venga a cocinar, hombre! Estoy seguro que más de uno desea un banquete de esos que preparan nuestros queridos cocineros.

La mayoría alzaron el puño gritando con alegría ante la idea. Debían celebrar que iban a… ¿Por qué un banquete? Unos cuantos preguntaron a Dranser el motivo de su alegría y cuando él dijo que Krauser había solucionado todo, los soldados empezaron a gritar eufóricos. El espadachín entonces soltó un pequeño suspiro y se llevó la mano derecha a la mejilla. Esperaba que sus dos aprendices estuvieran a salvo. Pensaba recorrer el mundo entero si era necesario para hallarlos. El sonido del mar le sacó de sus pensamientos. Fue como si una enorme ola se hubiese alzado. Se dio la vuelta y observó lo que parecía ser una especie de barco junto al suyo. Estaba en condiciones mejores y la madera estaba pintada de negro. Las velas eran blancas con el símbolo del gobierno mundial. Aquello hizo al espadachín abrir los ojos como platos. ¿Qué demonio era aquello? Tal vez usaron alguna burbuja para ir bajo agua. La distancia era demasiado cercana, incluso una persona con suficiente potencia de salto podía pasar de un barco al otro. El general entonces introdujo ambas manos en los bolsillos y cerró su ojo derecho.

- Id a los cañones interiores. No quiero a nadie en la cubierta hasta que yo dé la orden adecuada. – Su tono fue bastante relajado.

La gente asintió con la cabeza y corrieron al interior. Tan solo unos cuantos hombres decidieron por su cuenta escoltarle. Se quedaron en las esquinas de la cubierta con los rifles cargados y apuntando al navío enemigo. El espadachín entonces mostró una expresión calmada mientras esperaba que abordasen o disparasen. Pudo ver en cubierta a varios hombres trajeados, pero tan solo uno sonreía. El resto estaban bastante serios. La persona en la que se había fijado Dranser era un tipo cabello oscuros y pinchudos. Sus ojos eran rojizos y parecía tener un tatuaje tribal en la mitad de la cara. En su mano podía verse un guantelete de púas. A diferencia de los demás, vestía con una camiseta de tirantes marrón y unos pantalones grisáceos. Si aquel idiota era un cazador o algo por el estilo, no iba a tener la suerte de vivir si atacaba.

- Terminaré con esto antes de que ellos empiecen a dañar el barco. – Susurró mientras desenvainaba a Shiro Kiba y a Kratos.

El revolucionario lanzó un total diez tajos al aire con toda la velocidad que pudo. Se formaron unas veinte ondas cortantes de un tono azulado intenso, las cuales salieron despedidas a varias zonas del barco enemigo. El general era un experto en el uso de ondas. Cortó el mástil de aquellos idiotas, las velas y algunas otras partes. Aquello hizo que el tipo moreno frunciese el ceño y formase un rankyaku con la pierna derecha. Su ataque se dirigió hacia el mástil de Dranser, pero este lo detuvo con otra de sus ondas. Tenía potencia suficiente para detener algo así. Ya conocía las técnicas del rokushiki gracias a Krauser.

Capítulo 2: No Hay Piedad.

- ¡Ven aquí! ¡Sé que lo estás deseando! – Gritó provocativo el rebelde.

El moreno saltó tal y como el espadachín le indicó. Ambos se miraron de forma seria, pero el miembro del gobierno parecía estar algo más excitado, como si estuviese deseando enfrentar al espadachín. Usó entonces el soru para colocarse a su espalda, pero cuando llegó se dio cuenta de que Silver ya no estaba frente a él. El rebelde lo había predicho con su haki de observación y ahora estaba a su lado derecho. De un rápido movimiento atravesó el cráneo de su enemigo y de una patada lo tiró al suelo. Se quedó mirando entonces al barco y soltó un suspiro. En ese momento, su mantra le alertó de un ataque sorpresa del moreno. Dranser se apartó rápidamente, pero terminó llevándose un corte en el costado. Miró incrédulo hacia aquella persona, la cual se levantó del suelo regenerando el agujero de su cabeza. El espadachín no se lo creía.

- No puedes matarme, rebelde. Soy el agente veinte, el señor de las vidas. Por mucho que me mates, volveré con una nueva. – Mencionó orgulloso de su supuesto poder.

La espada plateada del rebelde volvió a cortar la carne del agente, pero esta vez en el cuello. El moreno cayó al suelo por unos segundos, pero enseguida se levantó como nuevo. El castaño entonces descubrió que no estaba de farol, por lo que simplemente se estiró un poco. Iba a tener que ir en serio desde el principio. Activó su haki armadura en todo su cuerpo para evitar disparos a traición por parte de los enemigos del barco. El moreno hizo lo mismo, pero tan solo en los brazos. ¿No podía imbuir el cuerpo? No iba a distraerse con aquello. Dio un paso hacia su rival e impactó sus espadas contra el guantelete de púas, el cual pareció aguantar ambos filos. El rostro del depredador era serio en todo momento. Algo le decía que esa imposible que hubiese una fruta así. Ese idiota tenía que tener algún límite.

Se abalanzó de nuevo hacia él lanzándole más tajos. El moreno no se quedó quieto y le lanzó golpes a él también. Tras unos cinco segundos de intercambio de golpes, Silver terminó con algunos cortes por el torso, mientras que el aquel idiota se quedó sin brazo izquierdo. Una especie de aura roja le rodeó y lo regeneró. El rebelde entonces lo miró con furia. Aquel tío iba a ser un verdadero fastidio. Tampoco entendía la forma en la que los descubrieron. De nuevo, se lanzó hacia su rival, pero esta vez realizó un movimiento mucho más veloz. Sus espadas terminaron atravesando el corazón y el ojo derecho de su oponente. El agente las apartó después con un manotazo y volvió a regenerarse. El espadachín lo miró de forma seria.

- Y bien, agente veinte… ¿Cuántas veces más voy tener que matarte? Tengo todo el tiempo del mundo.

Sin dejarle tiempo a contestar, el rebelde dio unas zancadas hacia él y realizó una serie de tajos que terminaron cortando de nuevo a su rival en zonas vitales. Cuando se separó de él notó un intenso dolor en la rodilla derecha. Tenía una herida considerable. Ese idiota le había golpeado con el guantelete de púas. El moreno entonces corrió hacia él entre risas y trató de lanzarle un par de puñetazos. También intentó meterle una patada en la herida que le había acabado de hacer.

- ¿Va directo a mi punto débil? Buen intento, colega.

Dranser estiró ambas espadas hacia los lados e hizo surgir su ámbito del viento. Una suave brisa recorrió los filos de sus armas, formando en ellas algo de energía cortante y alargando los filos un poco. Ahora tendría bastante más velocidad que antes.

- ¿Crees que puedes escapar de mis katanas? – Preguntó de forma retórica mientras hacía un enorme esfuerzo para avanzar hacia él.

Debido a la velocidad que empleó en sus movimientos, terminó cortando la cabeza del agente junto con su brazo derecho. El moreno regeneró a toda velocidad las partes perdidas y lo alejó de él con una empujón violento. Dranser se mantuvo serio mientras le miraba. No llevaba la cuenta, pero tal vez llevaba unas cuatro o cinco más o menos. Lo matarías las veces que fuese necesario.

Los rebeldes y agentes no interferían. Miraban el combate desde sus posiciones y con sus armas de fuego en las manos. Fue en ese momento cuando el agente veinte se abalanzó contra el depredador usando el soru y trató de golpearle en el rostro. Dranser desvió el guantelete con Shiro y le atravesó el cuello con Kratos. Al mismo tiempo le miró a los ojos de forma seria y juntó su frente con la de él.

- Así como tú tienes muchas vidas, yo tengo una que vale por todas las tuyas. – Mencionó terminando de cortarle la cabeza de nuevo.

El moreno de nuevo regeneró aquella parte perdida y miró a los ojos del rebelde. Parecía estar algo más serio. Fue entonces cuando se alejó de él y empezó a correr por la cubierta. El espadachín ignoró aquel hecho, hasta que le vio sacar una especie de cuchillo. El agente cortaba el aire enviándole pequeñas ondas cortantes.

- ¡Si no puedo vencerte, puedo matarte huyendo! ¡No podrás alcanzarme con tu pierna herida, idiota! – Gritó emocionado.

En un pequeño parpadeo perdió de vista al general, el cual estaba tras él. Le atravesó a Kratos por el estómago y después de un puñetazo lo tiró al suelo. El moreno se quedó allí tirado escupiendo sangre mientras jadeaba.

- No puedo creerme que pueda moverse así con la pierna herida…

- Escarabajo tigre, águila… No me hace faltar caminar para alcanzarte. – Mencionó el espadachín.

Había combinado el poder de aquellos dos animales para volar a una velocidad de cien metros por cada segundo. El pobre agente no supo ni por donde le vino el ataque. Se levantó de nuevo regenerando la herida y después de unos momentos estiró sus brazos hacia los lados. Las puntas de sus dedos empezaron a brillar en un tono azulado intenso. Diminutas esferas de energía explosiva salieron disparadas hacia Dranser. Aquellas malditas esferas impactaron en algunas zonas del cuerpo del espadachín, el cual terminó tirado en el suelo con ambos brazos en equis y recibiendo aquella dosis de daño. Algunos quejidos salieron de su boca, pero no podía hacer nada. No era inmune al fuego que provocaban las explosiones. Por suerte, no parecía ser una técnica letal. No tardó mucho en formarse una humareda. Notó el aura de aquel sujeto acercarse y sonrió.

Cuando el agente trató de golpear con su guantelete en la posición donde debía hallarse el espadachín, impactó en la madera del barco. Ladeó un poco la cabeza y sintió algo atravesarle la boca por completo. La espada de Dranser de nuevo. La velocidad del rebelde era algo que muy pocos podían superar. Estaba seguro que tal vez el yonkou Dexter, según Ushio era una persona extremadamente rápida. Ese agente parecía no tener posibilidades, pero el rebelde empezaba a cansarse. Silver se separó de su enemigo y le miró con el ceño fruncido. Una idea pasó por la mente del espadachín entonces.

- Sinceramente, paso de tener que matarte todo el tiempo. Ahora muere del todo…

- Por favor, no puedes…

Dranser voló hacia él a toda velocidad y de un tajo recto le atravesó el cabeza. Tras aquello le dio una potente patada activando la fuerza del gorila y lo tiró al mar.

- Fin del asunto.

Se fijó en que el barco de los agentes estaba siendo reparado lentamente por algunas personas, pero eso no les iba a servir. Nadie parecía querer hacer nada y el navío puso rumbo en otra dirección para alejarse. Si el más poderoso era el agente veinte se había llevado una decepción. Miró a los rebeldes que permanecían en las esquinas de la cubierta y después les sonrió.

- Recordad que no hay piedad… Hundidlo. – Terminó de decir dirigiéndose al interior del barco mientras envainaba sus espadas y cojeaba un poco.

Mientras se dirigía a la enfermería escuchaba el sonido de los cañones. Cerró los ojos despacio y soltó un suspiro al mismo tiempo que se frenaba. Pudo haber terminado con aquel idiota de aquella manera desde hacía rato, pero no había caído en la cuenta. Tampoco le importaba tanto. Tan solo tenía que vendarse la herida, comer y dirigirse de una vez por todas a la isla helada. Investigaría Gelum lo mejor posible para hallar pistas sobre el chico de oro. No iba a dejar a Ryuken en la estacada. Después iría a por Galia a aquella isla en la que también había desaparecido. Esperaba que los dos conejos no se hubiesen fugado, o los iba a reventar.

Capítulo 3: Un Auténtico Dolor De Cabeza.

Tres meses en la maldita isla helada y el depredador no había podido hallar ninguna pista sobre su pupilo. Varias cosas habían pasado en esos noventa días tan importantes, en los que Dranser tan solo se dedicó a caminar por el pueblo buscando información.

Habían montado un pequeño puesto de mando alquilando una pequeña cada a las afueras. El rebelde había llevado allí a científicos y había formado una pequeña sala táctica. Aquellos tíos manejaban aparatos increíbles. Los caracoles que formaban los Den den mushi eran increíbles. La parte buena de todo, Galia se había comunicado con él. La tigresa estaba bien. Tan solo había fallado el matar a su objetivo de primeras, pero ahora estaba en la isla correcta y con hombres a su servicio. Tan solo tendría que preocuparse por el momento de hallar al maldito Ryuken.

En esos momentos se hallaba sentado en un sofá del salón. Tres rebeldes trabajaban en unos escritorios tratando de rastrear algo que pudiese ser útil. El general simplemente mantenía sus ojos cerrados mientras respiraba con calma. Empezaba a cansarse del frío. Vestía con un enorme abrigo de color blanco y llevaba un gorro negro en la cabeza. No era para nada su estilo, pero el clima de aquella isla era insoportable. Escuchó el ruido de la puerta abrirse y después de unos momentos miró en aquella dirección. Se trataba de uno de sus hombres. Un joven tirador de cabellos verdes, ojos azules y estatura media. Corrió hacia él y después le sonrió.

- Dranser-san, adivina quién está buscándonos.

- Dime que el cabeza de chorlito dorado.

- Lamento decir que no. En el muelle hay dos barcos de la marina y he reconocido a un hombre que estaba en el barco aquel del gobierno de hace meses.

- No me jodas, hundimos ese buque. No puedo creerme que algunos palurdos sobreviviesen. – Se quejó el espadachín entonces.

Se puso en pie por unos momentos y después empezó a caminar en círculos por la habitación. Se notaba bastante serio, ¿les habían rastreado? Capaces eran aquellos cabrones. Al menos el inútil de las múltiples vidas estaba muerto. Con eso le bastaba. Se acercó despacio a uno de los escritorios donde un científico trabajaba y después le colocó la mano en el hombro.

- ¿Tenemos operativas las cámaras del muelle?

- Las lentes están congeladas. Pensábamos enviar a unos hombres a repararlas, pero se volverán a enfriar. Ayer empezó una ola de frío absurda en esta isla, más fría de lo habitual digo.

- Está bien. Voy a ir yo mismo a hacerles una pequeña visita, de modo que no os mováis de aquí. – Dijo mientras cogía sus espadas y las amarraba a su cintura.

- ¡Pero eran unos cuarenta hombres! – Gritó el chico de cabellos verdes.

- Me parece maravilloso. – Respondió el depredador mientras salía por la puerta con una mirada calmada en todo momento.

Dranser había tardado en llegar al puerto unos veinte minutos a pie. Podía ver a marines por todos lados, pero gracias a su capucha ellos no pudieron sospechar cuando lo vieron mirarles. Se mantuvo relajado pensando en qué hacer. Lo correcto era matarlos de una vez para que no molestasen, pero si habían dado parte de que iban… Era posible que enviasen refuerzos. El castaño decidió entonces que ya no era tiempo para continuar haciendo el tonto en la isla. Terminaría con ellos y después ordenaría a sus hombres que volviesen a Baltigo.

El espadachín entonces desenvainó tan solo a Shiro Kiba y salió corriendo hacia ellos. Los marines al ver a un tipo armado correr hacia ellos empezaron a disparar. Fue en ese momento cuando el general se imbuyó en haki armadura y empezó con su trabajo. Movía la espada a toda velocidad mientras los soldados empezaban a morir. La sangre salpicaba en la nieve dejándola roja y las armas de fuego quedaban enterradas.

- ¡No permitáis que ese monstruo viva!

- Como imaginaba, no quedan marines dignos para que luchen contra mí. – Susurró al mismo tiempo que se quitaba la capucha despacio.

Unos cuantos hombres de mayor rango trataron de hacerle frente en el uso de la espada, pero quedaron cortados de forma letal. La velocidad del chico era algo increíble y que pocos en el mundo podían igualar. Hacía tiempo que quería batirse con el vice-almirante Al, pero él nunca respondió su carta. Continuaba teniendo la esperanza de que algún día…

Una espada morada bloqueó entonces su siguiente tajo. El depredador sonrió mirando al causante y se encontró con un hombre bastante alto. Medía unos diez centímetros más que él y poseía unos cabellos oscuros bastante largos. Sus ojos eran rojos y su cara parecida al idiota de la fruta de las vidas… ¿Sería algún familiar suyo? El depredador se echó hacia atrás y le miró de forma seria.

- Te pareces bastante a una persona que asesiné hace unos meses.

- El agente veinte, ¿verdad? Es una lástima que no supieras con quién te estabas metiendo, Silver D. Dranser. Ahora entra en el mundo paranormal.

Los ojos de aquella persona brillaron levemente y el revolucionario notó un intenso dolor de cabeza que le hizo clavarse de rodillas en el suelo. Soltó la espada y empezó a quejarse mientras rodaba por el suelo. Gritaba de dolor mientras trataba de controlar su respiración. No podía creerse que hubiese alguien con semejante poder. Todo a su alrededor empezó a volverse oscuro. Era como si la nieve hubiese desaparecido junto con los marines. Frente a él tampoco se hallaba aquella persona. El depredador rugió como una bestia mientras seguía retorciéndose. Poco a poco, el dolor fue desapareciendo de su cuerpo. Se levantó como pudo sin ver nada. Entonces una luz se formó a unos diez metros de él. Avanzó dándose cuenta que no poseía ninguna de sus espadas consigo. Esperaba no estar encerrado en ninguna división rara o algo por el estilo.

Pudo ver frente a sus ojos una figura que le daba la espalda. Parecía ser una mujer rubia. El espadachín formó dos hilos de telaraña bastante finos y corrió hacia ella con la intención de matarla con ellos. Sabía que todo lo que habría allí debía de ser malo. Cuando estaba ya a menos de dos metros, aquella persona se giró. Los ojos de Dranser se abrieron como platos cuando vio aquella cara. Aquellos finos labios, su nariz chata, su sonrisa dulce…

- Nissa…

Su cara se puso bastante pálida. Silver notó su corazón acelerarse de una forma impresionante. Los latidos iban demasiado rápido. Se llevó la mano al pecho tratando de controlarse y después de unos momentos negó un par de veces. Era imposible que fuese ella… Su amor… La joven que murió en sus brazos el mismo día que pensaba confesarse. El espadachín gritó con fuerza impactando su puño derecho en el suelo.

- ¡Te mataré, hijo de puta! ¡No te atrevas a usar su imagen en mi contra! – Sus dientes se afilaron al usar el poder del lobo al decir aquello.

Empezó a olisquear de forma exagerada para detectar a aquel cabrón. La rabia que sentía era increíble. Nunca se había mosqueado tanto, salvo cuando perdió a la chica por primera vez. Se dio cuenta de que había algo en sus ojos. Los tenía rojos, pero el verdadero color era el azul… Estaba volviéndose loco. Entonces aquella joven le dedicó una dulce sonrisa mientras colocaba su mano en la mejilla del espadachín.

- Dran-kun… Soy yo… No te preocupes, te aseguro que soy yo de verdad…

El espadachín pegó su frente al suelo mientras continuaba gruñendo. Nadie sabía que ella era la única persona que le llamaba de aquella forma. Maldito gobierno de mierda… Ahora lo odiaba el triple que antes. Levantó su mirada para encontrarse con aquel dulce rostro. El chico se relajó desactivando su haki de armadura. Ella lo abrazó con fuerza y Dranser simplemente se dejó. Su piel era fría, pero eso no le importaba para nada. Ahora entendía a Ryuken. Llevó sus manos a los cabellos de ella y empezó a acariciarlos despacio.

- ¿Cómo sé que no eres una ilusión? Con la cantidad de poderes enfermizos que hay en este mundo… Ya no hay nada de lo que pueda fiarme…

- Sé que es algo que puedes saber, ¿verdad? Siempre has tenido el don de saber en quién confiar… Admito que quería seguir viviendo como una médica de la revolución, pero aquel día esa bala…

Dranser notó sus ojos humedecerse. Siguió abrazándola mientras sentía un ligero temblor en su cuerpo. Sabía que ella estaba muerta. Sus palabras la delataron. Escuchó las palabras de aquel idiota… Mundo paranormal. Si estaba en una especie de dimensión fantasmal, no sabía lo que podía hacer ahora. Quería estar con ella, no separarse ni un solo momento… La abrazó con más fuerza y de forma posesiva mientras apretaba los dientes. Era demasiado injusto. Empezó a relajarse entonces.

Capítulo 4: El Dolor Más Grande.

- No quiero irme… Prefiero quedarme aquí contigo…

- No seas idiota… Yo ya estoy muerta. Sé de sobra que estabas coladito por mí, era demasiado obvio. Yo también te amaba… Pero no puedes quedarte aquí, Dran-kun. Debes seguir con tus metas…

- Mis metas murieron contigo…

La rubia no puso evitar mirar a otro lado algo apenada. El espadachín apretó los puños con rabia mientras continuaba abrazándola. Sintió una sensación de alivio al escuchar las palabras de ella. Empezó a pensar que tal vez lo correcto era terminar con sus días e ir con ella. Él ya había hecho demasiado por la rebelión. Cerró los ojos despacio mientras notaba las caricias de la joven en sus cabellos. Tan solo la amaba a ella y a nadie más. Nunca le había atraído otra mujer y sabía de sobra que nunca lo haría.

- Vámonos juntos de una vez…

- ¡No seas idiota! Dran, tienes dos chicos a tu cargo. No los abandones… Puedes venir conmigo después de haber derrocado al gobierno. Puedes hacerlo por los dos… Mírate, eres todo un general…

- ¿Cómo sabes…? – Algunas lágrimas cayeron hasta sus mejillas.

Aquello dolía más que un espadazo en la entrepierna. Era una sensación que lo estaba matando por dentro, pero al mismo tiempo le hacía muy feliz. El hecho de poder acariciarla… Sonrió un poco mientras la miraba directamente a los ojos. Ese color rojizo… Era como si todo le importase. Estaba claro, el dicho era cierto. Un alumno seguía los pasos de su maestro. Ryuken y Dranser tenían demasiadas cosas en común. Soltó un suspiro y entonces la besó sin pensárselo. Ella correspondió de forma dulce y finalmente ambos quedaron abrazados de nuevo.

- Qué imagen tan bonita, pero me temo que llega a su fin.

Aquella voz pertenecía al moreno. Dranser entonces se colocó en pie y miró hacia la dirección en la que debía encontrarse aquella escoria. Pudo ver otro pequeño resplandor iluminando al hombre de rojizos ojos. Parecía estar sonriendo de forma algo siniestra.

- Seguro que nunca has visto una fruta tan perversa como esta. Puedo manipular el mundo paranormal, formar dimensiones, controlar fantasmas, convertirlos en cosas… Encerrarlos incluso en objetos y que no encuentren la paz. Debes de estar pensando que soy cruel, ¿verdad? Mi hermano pequeño también fue importante para mí, Silver.

- Sin duda, debo darte las gracias. De no ser por ti, nunca habría podido quedarme tranquilo. Ahora puedo matarte con todas mis ganas. – Terminó diciendo el chico sonriendo con una sonrisa triste.

- No te adelantes, no he terminado con tu sufrimiento. – Mencionó aquel hombre apretando su puño derecho.

Nissa entonces cayó al suelo empezando a gritar. Aquello hizo que Dranser se mosquease de una forma exagerada. El revolucionario frunció el ceño y tras aquello gritó como si de una bestia se tratase. Desplegó su haki del rey a su alrededor con toda su potencia. La dimensión empezó a agrietarse lentamente. Finalmente aquel escenario desapareció. Todos los marines estaban inconscientes en la nieve. Él tenía delante al cabrón que había jugado así con el fantasma de Nissa y con él.

- ¡Imposible!

Antes de que pudiera seguir hablando, Dranser activó todas sus técnicas de canalización al mismo tiempo, incluidos sus animales. Un destello cruzó a toda velocidad por el lado izquierdo de aquel hombre. Cuando quiso darse cuenta, no tenía brazo. El espadachín había cogido todas sus espadas. Tenía a Kratos en la boca, a Shiro en la mano derecha y a Green en la izquierda.

- Su haki del conquistador ha roto mi dimensión…

Silver iluminó sus ojos en un tono rojizo. La ira se notaba en su rostro. De nuevo despareció. El moreno empezó a sentir cortes por todo su cuerpo. Apenas podía reaccionar. Gritaba de dolor a medida que pasaban los segundos. Ninguno de aquellos ataques será mortal. Parecía que Dranser quería jugar con él. Aquel hombre entonces desenvainó una espada algo extraña. Era de color negro y poseía una raya roja en medio.

- ¡Nissa! – Gritó entre risas.

La figura de la rubia se formó entonces tras el moreno. Parecía distinta. Poseía unos colmillos que Dranser no había visto antes. También tenía unos pequeños cuernos en su cabeza. Su rostro mostraba ganas de matar. Esa sonrisa sádica…

- ¡Ahora tu novia me pertenece! Nunca hallará la paz. Ahora es un demonio encerrado en esta arma, un alma en pena… Puedes matarme, pero acabo de joderte vivo, estúpido.

Silver lo miró con el ceño fruncido. No podía creerse que aquello fue verdad. Esa fruta era la peor de todas sin duda. No iba a dejar a aquella persona viva, aunque viendo la cantidad de sangre que salía por su brazo…

- Supongo que puedes ver los fantasmas del pasado de la gente… Era imposible que supieras de su existencia…

- Has acertado. He pasado muchos años entrenando mis poderes.

- Y ahora vas a morir. – Mencionó el espadachín mientras quedaban tan solo con Shiro Kiba en su mano derecha.

El depredador se lanzó a por aquella persona de frente. El moreno entonces hizo que Nissa se pusiera en medio con los brazos en cruz y sonriendo. El castaño entonces atravesó a la joven y de pasó el pecho de aquel hombre. Los ojos su enemigo se abrieron como platos al ver que Dranser no se había detenido.

- N-no lo entiendo…

- Los fantasmas no pueden morir... Idiota…

- ¡Ella ya no lo es! ¡Es un demonio! – Gritó escupiendo sangre.

- ¡Conozco bastante bien a los demonios! No conoces a mi jefa cabreada, maldito bastardo. – Terminó de decir mientras lo miraba a los ojos.

El moreno terminó cayendo de espaldas mientras sus ojos se iban cerrando. La espada de Silver le atravesó la cabeza entonces. La mirada del revolucionario era de puro odio. Escupió a un lado y después tomó aquella katana negra de la mano de su oponente. Al hacerlo lanzó un tajo a un lado y la figura de Nissa surgió de la nada. Se quedó mirándola a los ojos y después de unos momentos guardó a Shiro Kiba. Caminó hasta aquella criatura y sin pensárselo la abrazó.

- Siento no haber podido salvarte…

- No debes preocuparte por eso… Supongo que ahora sí estaremos juntos. – Mencionó ella mostrando una sonrisa siniestra y relamiéndose.

Los ojos de Dranser tomaron un leve tono rojizo por algunos segundos, pero después de aquello desapareció. El espadachín remató a todos los marines uno por uno sin pensárselo. Después de unos momentos quedó tirado en la nieve. Estaba bastante cansado después de haber usado todas sus técnicas al mismo tiempo para acabar con la vida de aquel imbécil. Cerró los ojos abrazándose despacio a aquella espada negra que ahora poseía el espíritu de Nissa… Estaba harto de los hombres del gobierno con frutas raras. Ahora estaba seguro de que esos imbéciles se lo pensarían dos veces antes de enviar gente a por él.

- Muy bien hecho… Esa gente merecía morir…

Aquellas palabras le hicieron abrir levemente los ojos. Era la voz de Nissa. Mostró una sonrisa y asintió despacio con la cabeza. El cansancio que sentía era increíble. Quería dormirse de una vez. Hacerlo allí era una locura. Se colocó en pie despacio y guardó su nueva espada en la funda de la que provenía. Empezó a caminar despacio hasta la pequeña casa donde sus hombres le esperaban. Andaría unos veinte minutos. Durante el trayecto estuvo pensando en lo sucedido. En su rostro podía verse una sonrisa calmada. Se había quedado a gusto terminando con la vida de aquel imbécil.

- Lo primero que haré nada más llegar será darme una buena ducha. Después de eso voy a comer algo, me muero de hambre.

- Es lo que debes hacer. No permitas que nadie te separe de tu meta de eliminar a todos esos inútiles del gobierno mundial, Dran-kun…

Los ojos del chico volvieron a tomar un leve color rojizo por unos segundos. Estaba claro que algo andaba mal, pero eso a Silver le daba lo mismo. Era feliz al tener el espíritu de la persona que amaba con él. Soltó un pequeño suspiro y finalmente pudo ver la casa. En la puerta estaba el chico peliverde, el cual le miraba con una sonrisa calmada.

- ¡Dranser-san! ¿Todo ha ido bien? – Preguntó cuándo estuvo más cerca.

- Por supuesto. Informa al resto que salimos en una hora. Que recojan todo lo necesario. Todos los enemigos están muertos y no vamos a encontrar aquí a Ryuken. Deberemos buscar por otras islas. – Mencionó con su habitual tono de siempre.

Lo siguiente que hizo el espadachín fue entrar despacio por la puerta. Saludó a los rebeldes que había dentro y fue directo al baño. La espada que ahora tenía… La bautizaría como Ichinose, pues era el apellido de la joven. Por unos momentos creyó que se había movido sola, pero eso debían de ser imaginaciones suyas. Soltó un pequeño suspiro y se aproximó al cuarto de baño.

Capítulo 5: El General Silver D. Dranser.

Los pasos del revolucionario le llevaron hasta el muelle. Se hallaba en la isla de Saint Reia. Habían pasado bastantes meses desde lo sucedido en aquella isla nevada. El cabello del espadachín había cambiado bastante. Se había cortado todas las puntas y se había teñido de un azul oscuro intenso. También se había peinado por fin. Vestía con una especie de uniforma negro con medallas, el cual había encargado para sí. A su lado derecho poseía tres fundas y al izquierdo otra. En sus manos había unos guantes blancos y calzaba unas botas oscuras. En su rostro podía verse una sonrisa bastante engreída. Era como si fuese otra persona. La pereza se había terminado para él. Se relamió despacio y pudo ver a unos cuantos barcos acercarse.

Al fin el idiota de Ryuken había vuelto por su propio pie, pero Galia continuaba en su misión. Más de un año y no lograba terminarla. Si en los siguientes meses no aparecía, él mismo iría en su busca. Había ocultado todos los informes del registro de misiones para que el chico dorado no supiese de la misión de la vampira. Lo último que necesitaba Galia era que Ryuken se presentase allí lanzando espadazos a lo loco. Una sonrisa siniestra se formó en el rostro de Dranser y después de unos momentos soltó una enorme carcajada. Los barcos que se acercaban tenían una insignia en sus velas que reconoció muy bien. Era un sol azulado con un ojo rojo en medio. Los Diablos Celestes se hacían llamar. Era un grupo enorme de cazadores que se habían hecho famosos en los últimos meses. Esta vez no iba a actuar solo. Había recapacitado su actitud y sabía que todo en compañía era mucho más fácil.

El chico de cabellos verdes había ascendido hasta el rango de sargento. Su nombre era Robert. Precisamente, estaba caminando hacia él. Cuando llegó a su posición miró los barcos un poco preocupado y después dirigió una mirada calmada hacia su superior. Dranser se la devolvió con una expresión algo arrogante y después negó con la cabeza.

- No te preocupes por ellos. Me ocuparé de esos barcos enseguida. Hazme el favor de informar a Ryuken que venga ahora mismo. Quiero que se ocupe de los del barco de la izquierda. También convoca a unos cuantos artilleros y cargaos el de la derecha. Yo me ocupo del central. – Dicho eso se cruzó de brazos y esperó paciente.

Cuando todos estuvieron listos, los tres barcos ya estaban bastante cerca. Él no se lo pensó y activó el poder del águila para salir volando hacia el navío del centro. Escuchó el sonido de los cañones y pudo ver algunas bolas cañón pasar cerca de su posición. Negó con la cabeza y aterrizó en la cubierta del barco objetivo. Miró un poco a su alrededor y pudo ver bastantes hombres armados con lanzas y armas de filo. Los rumores de que sentían cierto asco por las armas de fuego parecían ser reales, por lo que mostró una sonrisa que inspiraba satisfacción.

- Muy bien, no hay que ser un genio para saber que venís a por cabezas. Hoy me siento generoso, por lo que no usaré mis poderes de fruta para mataros.

- Eso te honra, general. – Mencionó el hombre que parecía ser el líder.

Tenía todas las pintas de un pirata. Sus cabellos eran rojizos y bastante largos. El color de sus ojos era verde y poseía una guadaña dorada. Su altura rozaría los dos metros. El espadachín se quedó mirándolo a los ojos con una sonrisa tranquila y después soltó una pequeña carcajada.

- Supongo que no tendré la suerte de que me ataquéis de uno en uno, ¿verdad? – Preguntó Dranser con ambas manos en los bolsillos.

- Teniendo en cuenta que estáis disparando a nuestros barcos… Me temo que no puedo complacerte, general. No te preocupes, su cabeza va a darnos un barco mucho mejor que ese… ¡Matadle! – Gritó echándose hacia atrás.

El revolucionario tras mostrar una sonrisa llevó la mano al mango de su katana Ichinose. Una especie de oscuridad empezó a surgir de él. Diez metros a la redonda se vieron bañados totalmente en una especie de aura negra. Los cazadores empezaron a sentirse tristes, era como si no tuviesen ganas de nada. Unos cuantos quedaron clavados de rodillas, otros se retiraron despacio. Algunos mantuvieron el valor y se acercaron hacia él. Una joven armada con una lanza trató de atacarle por su costado derecho. La espada entonces salió de su funda como si tuviese vida y bloqueó el golpe. Los ojos del líder se abrieron como platos.

- Se supone que tu poder es el de imitar animales… ¿Posees ese tipo de técnicas canalizadoras?

- No sé de qué me estás hablando. Yo no estoy haciendo nada. – Dijo sonriendo de forma arrogante.

La espada entonces de un rápido movimiento similar a los que hacía él logró cortar el cuello de la cazadora, la cual cayó al suelo muerta. Dicha arma volvió entonces por sí sola a la mano del rebelde, el cual sonrió relamiéndose. Los cazadores se lanzaron a por él entre gritos de rabia e insultos. En menos de tres minutos, todos menos el líder estaban muertos. Dranser tenía también algunas heridas por su torso, brazos y hombros, pero se veía capaz de seguir luchando. Miró al pelirrojo de forma seria y caminó hacia él. Ryuken parecía haber terminado con los del barco izquierdo y el grupo de artillería con el derecho. Ahora solo quedaba aquel hombre. El espadachín dejó a Ichinose en su funda, pero la espada salió por sí sola y se quedó levitando.

- Vamos, mátame igual que has hecho con mis hombres. No quiero continuar viviendo sin mi familia, asesino de mierda. – Parecía mosqueado.

- Los revolucionarios también tenemos familia y vosotros veníais a matarnos. Además, yo no mato a gente que no sean marines o miembros del gobierno… También a los que me atacan, pero tú no lo has hecho. Me temo que no te haré nada si no intentas matarme.

La espada entonces atravesó el brazo de aquel tipo, el cual gritó de dolor. Silver quedó impresionado y miró hacia la katana con rabia. Frunció el ceño de forma exagerada y una pequeña carcajada se escuchó en su mente. Negó con la cabeza y tomó su arma por el mango. Imbuyó la mano en haki y la mantuvo sujeta.

- Perdóname, de verdad.

- ¡Muere, maldito embustero! – Gritó aquel tipo tratando de cortarle con la guadaña.

El general terminó bloqueando el tajo con Ichinose y con su otra mano desenvainó a Kratos, matándole en el acto de un corte recto en el corazón. Tras aquello guardó ambas armas y clavó una rodilla en el suelo. Chasqueó la lengua y empezó a jadear un poco.

- Nissa… Dime, ¿qué estás haciendo? Te he dicho muchas veces que deberías controlarte. Ese hombre no había…

- Ese hombre era el líder de esos idiotas. Has hecho lo correcto, Dran-kun. Él había atacado a nuestra gente con sus órdenes. Lo mejor será que volvamos de una vez y te eches una buena siesta. Llevas sin dormir veinte horas.

El general asintió con la cabeza a sus palabras. Soltó un pequeño suspiro y se acercó a la borda. Una cosa era cierta, Nissa había cambiado. En los últimos meses la notó mucho más violenta y usando el poder de la espada le daba por matar gente. Ella era enfermera… Odiaba la violencia innecesaria. El maldito poder de aquel cabrón la hizo sacar lo peor de ella. Igualmente, él no iba a dejar de amarla y la haría caso mientras estuviese a su lado. Colocó su bota derecha sobre la borda y miró los otros dos barcos llenos de cadáveres. Le dedicó una mirada a Ryuken, el cual parecía estar en la cubierta del otro navío.

- ¡Ryu! Recuerda pedirle al cabo Heimer las llaves del almacén seis. Después voy a tener que ir a por unos documentos.

En cuando dijo aquello saltó hacia el mar. Activó el poder el águila y voló rumbo a la base con una expresión calmada. Lo siguiente que haría sería dormir como bien le dijo Nissa. Se dio cuenta entonces de una cosa, ¿dónde diablos estaba Aki? Iba a tener que ir contactando con ella. A saber lo que estaba haciendo la jefa aquellos dos años. Conociéndola, seguramente estaría en balnearios usando sus armas de mujer para no pagar. Maldita excursión a las termas… Aquel viaje de hacía ya tiempo le dejó tocado de por vida. Nunca más jugaría al ping-pong con ella. Soltó una carcajada y dejó de pensar en aquello. Su uniforme nuevo estaba manchado de sangre. Ryuken estaba demasiado desocupado por así decirlo. Su magnífico alumno… Su querido hermanito… Ya sabía quién iba a ser la persona que iría a la lavandería por él. Soltó una pequeña risa al pensarlo y continuó volando rumbo a la base.

Capítulo 6: Un Nuevo Amanecer.

Unos cuantos meses más pasaron desde el ataque de los cazadores. Sus cuerpos habían sido quemados por orden de Dranser y los barcos ahora formaban parte de los rebeldes. No había pruebas que los culparan a ellos. El general estaba sentado en el muelle. Vestía su uniforme y parecía estar bastante calmado. Eran las seis de la mañana y estaba a punto de amanecer. El día anterior había tenido una fuerte discusión con Krauser, el cual había vuelto también de su misión en el Sur. Ese idiota no le daba un combate y no podía evitar pensar que le tenía miedo.

- El demonio de la niebla no sabe lo que dice… Cielo, recuerda que eres superior a él. – Mencionó aquella sádica voz en su cabeza, a lo que él asintió.

- Lo sé perfectamente, solo hay que mirar los rangos.

Galia también había vuelto, aunque herida de muerte. Pese a ser un vampira, las heridas que trajo fueron bastante serias. Menos mal que el equipo médico pudo salvarla a tiempo. Atacar a esa chica con plata o fuego… Crueldades necesarias debido a su gran poder. Lo mejor de todo era que los miembros de La Quimera estaban triunfando en todos los frentes. La marina y el gobierno debían de estar perdiendo muchísimos hombres. Si todo continuaba por aquel camino, pronto podrían dar una enorme remontada al marcador. Sus dos alumnos se habían vuelto muy fuertes, pero él empezaba a pensar que las órdenes de Krauser no eran las correctas. Si abandonaba la Quimera… ¿Se quedaría solo? Era algo que desconocía. Negó un poco con la cabeza y se tumbó bocabajo.

- En esa postura te van a confundir con un cadáver…

- Tampoco es que me importe mucho, Nissa. El único motivo por el que estoy aquí, es debido a que deseabas ver el amanecer, ¿recuerdas?

- Claro que sí, por eso te quiero tanto. Eres el mejor, Dran-kun.

Una pequeña sonrisa se formó en el rostro del espadachín, el cual continuaba mirando atentamente el horizonte. Tener la barbilla apoyada en la madera de muelle estaba empezando a ser un poco cansado. De hecho, no tardó mucho en cambiar se postura y quedar sentado. Se rascó un poco en la zona del cuello y soltó un enorme suspiro. El maldito Sol no salía. Hinchó sus mofletes como si de un niño pequeño se tratase y se cruzó de brazos.

- Mira que eres impaciente…

- No es algo que desconozca. Debí haberme comprado unas buenas empanadillas calentitas para tener algo que picar. Ahora moriré de aburrimiento mientras quiere salir el maldito Sol de los huevos.

- ¡Hahahahahaha! Es una lástima, pero deberás hacerlo así. Si responder a las órdenes de otra mujer, también debes hacerlas ante las mías.

Por unos segundos la espada brilló un poco y los ojos de Dranser tomaron un leve color rojizo. Asintió con la cabeza de forma obediente y soltó un pequeño suspiro.

- Al fin…

El Sol ya estaba saliendo. El pobre revolucionario tuvo que quedarse allí hasta que terminó de amanecer. Había sido bastante aburrido.

Minutos después…

Dranser se hallaba sentado en la cama de su cuarto. Ichinose estaba echada sobre la mesita y parecía muy normal. El rebelde estaba concentrado en lo suyo. No había entrenado nada en aquel tiempo, pero tampoco es que hubiese podido. Todos aquellos meses los dedicó a buscar a Ryuken, a luchar por la defensa de la isla y a hacer sus deberes. Chasqueó la lengua y pensó seriamente en empezar con sus entrenamientos. Justo entonces escuchó unos golpecitos en la puerta. Ladeó un poco la cabeza y soltó un suspiro.

- Adelante.

La persona que entró se trataba del general Lauret. El anciano le dedicó una sonrisa y se sentó en la silla del escritorio del depredador. Dranser se puso firme al mismo tiempo que mostraba una expresión amable. Ese hombre y él tenían ya el mismo rango. Eran los cinco hombres más importantes de la rebelión tras el líder. De todas formas, le seguía guardando respeto.

- Es un honor recibir su visita, Lauret-san. ¿Qué se le ofrece?

- En seis días tenemos una reunión los generales. Dime que esta vez vas a asistir. Tengo malas referencias de ti en estos temas. Tan solo quería que me hicieses ese pequeño favor.

- El idiota de Krauser no sabe lo que dice. Estoy seguro de que esas referencias son suyas. Pienso ir a esa reunión, no se preocupe. Si es para hablar sobre empalar a estúpidos marines mucho mejor.

- Te noto algo cambiado… ¿Estás bien?

- Mejor que nunca. – Respondió el depredador con un leve toque rojizo en sus ojos.

Lauret asintió con la cabeza y tras unos momentos salió de la sala. El espadachín frunció el ceño entonces y se colocó en pie. Tomó su espada Ichinose y la guardó en la funda. Lo siguiente que hizo fue mirar por la ventana, tras subir la persiana. Cerró los ojos cuando el Sol entró de golpe. Pudo ver desde allí uno de los tatamis de entrenamiento y parecía haber unos diez jóvenes dando vueltas. Mostró una sonrisa calmada y sus ojos volvieron a su color natural. El revolucionario entonces abandonó su habitación.

Seis días después…

- Menudo rollo de reuniones, pero supongo que es lo que hay. – Mencionó el espadachín saliendo por la puerta de aquella sala, dejando atrás a los otros cuatro.

Menos mal que había terminado, estaba harto. Tan solo las palabras de James le habían atraído, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no dormirse por el resto. Ahora parecía mucho más serio que de costumbre, pero lentamente fue sonriendo.

- Creo que voy a ir a buscar a la jefa.

- Antes podemos parar en algún que otro cuartel…

- Muy bien. – Mencionó mientras sus ojos cambiaban de nuevo a un ligero color rojo.

Se notaba demasiado que algo no iba bien…

Peticiones:
Solo tengo una: http://www.onepiece-definitiverol.com/t20022-ichinose-la-espada-del-mal?highlight=ichinose

Esta espada, que sería nota 8 en el ts. En caso de no llegar bajaría la calidad de o wazamono a ryu para poder hacerlo, pero en principio me gustaría yal y como la tengo.

Lo otro es solicitar el cambio de físico de Shido Fuyuki a Guren Ichinose: http://pm1.narvii.com/5776/d9529e9ab6694ebacd9fd0748d3802c3def5e516_hq.jpg

Cambio explicado en el TS.

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Re: Lluvia De Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Señor Neo el Miér 6 Sep 2017 - 22:20

Buenas, soy Neo, puede, o al menos eso creo... Si te soy sincero no soy persona a estas horas de la noche... Al caso, y hoy seré tu moderador.

No me alargaré demasiado porque ya te he corregido bastante y nos conocemos; si veo que tienes algún error que ya te he comentado con anterioridad no lo volveré a explicar, solo te lo nombraré y ya. Así pues, empiezo con los fallos:

cosas más gramaticales y ortográficas:

Dranser escribió:Señor ¿Piensa que vamos a ser castigados?

-No ¿Crees que la rebelión
Antes de los signos de apertura de interrogación y exclamación siempre va alguno de puntuación. En estos dos casos coma y punto respectivamente.

Dranser escribió:Se estaba preguntando varias cosas [1]así mismo
Esa frase tendría sentido en otro contexto, en este, es "a sí", porque se lo pregunta a él

Dranser escribió: El revolucionario lanzó [1]un total [2] diez tajos al aire con toda la velocidad que pudo.
O "en" en uno, o añades "de" en dos.

Dranser escribió:La parte buena de todo, Galia se había comunicado con él.
Sé que a veces es difícil de verlo, pero en este tipo de oraciones es mucho mejor poner dos puntos en vez de coma. Creo que ya te lo he comentado antes, de todas formas.

Dranser escribió:La rubia no puso evitar
^Pudo

Dranser escribió:De nuevo despareció.
Porque desparecer es la clave.

Dranser escribió:pudo ver algunas bolas cañón
Me falta un "de" por ahí.

Dranser escribió:El maldito poder de aquel cabrón [1]la hizo sacar lo peor de ella. Igualmente, él no iba a dejar de amarla y [2]la haría caso mientras estuviese a su lado.
Tanto en 1 como en 2 es le, no la. Eso es un laismo y está mal.

Dranser escribió:Si responder a las órdenes de otra mujer, también debes hacerlas ante las mías.
Si respondes, supongo que querías decir.

Dranser escribió:Esperaba no estar encerrado en ninguna división rara o algo por el estilo.
Dimensión, no división. A menos que Silver esté en una sala haciendo divisiones o algo por el estilo.

cosas random a comentar porque me apetece:


Dranser escribió:- Como imaginaba, no quedan marines dignos para que luchen contra mí.

Literalmente dos párrafos despues...

No podía creerse que hubiese alguien con semejante poder.
Hmm... Creo que me falla algo.

Dranser escribió:Aquellos finos labios, su nariz chata, su sonrisa dulce…
Spoiler:

Dranser escribió:Dranser activó todas sus técnicas de canalización
El término "técnicas de canalización" creo que no existe per se en OP.

Vale, te explico. En general, como de costumbre, tu escritura no tiene fallos graves, la mayoría son de mecanografía o por no revisar. Tampoco es que haya fallos graves de coherencia; aunque te repito que tanto lo de las técnicas de canalización como lo de los ámbitos son nombres que da el foro que no es normal que en el mundo conozcan.

El problema, más bien, viene en el tema de la historia en sí. En primer lugar, los saltos temporales son demasiado bruscos; no porque sean de mucho tiempo, sino porque no se logran visualizar bien cuando los haces, cómo y por qué. El segundo punto sobre el tema de la historia es que parece que no te la tomas en serio. Me explico: la premisa de la historia del TS es "voy a buscar a mis pupilos que estoy preocupado por ellos". Y ambos encuentros los nombras en una o dos oraciones con un "lo encontré y estaba a salvo" en momentos con muy poco valor. Pasó con Galia y pasó con Ryuken. Sé que era la mejor excusa barata que encontraste para el punto del diario, pillar la katana esa, pero aún así le dedicas tan poco, por no decir nada, al punto importante de la búsqueda, el reencuentro, que casi me da la sensación de que lo he leído un poco para nada.

Lo que más desarrollas, el tema de los combates... No están mal, los narras bien y eso, pero es una mezcla entre lo que te quoteé arriba, el tema taaaaaaan shonen de "oh, no puede ser que sea tan fuerte, PERO EH, que soy el prota", y el que te cueste entre nada y menos el derrotarlos a todos. A menos que tenga un sentido claro del por qué tiene que derrotarlos a todos —y no me refiero a lo de "es que es muy fuerte"—, que absolutamente nadie, y cuando digo nadie es nadie, sea un peligro real en ninguno de los sentidos para el personaje, hace que leer el combate se vuelva, cuanto menos, monótono; a fin de cuentas, sabes perfectamente cómo va a acabar todo.

De nuevo, no está mal escrito, pero esas dos cosas sobre todo hacen que pierda gracia la lectura. "Blablabla, que pelmazo eres Neo, dame mi nota". Bliblibli, qii pilmizi iris Nii, dimi mi niti. Tienes un 7, y estoy siendo generoso. No puedes pillar la katana siendo O, pero te la dejo en Ryu si gustas; oh, y adelante con el cambio de físico. Si no, puedes pedir segunda corrección~.
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Re: Lluvia De Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Invitado el Jue 7 Sep 2017 - 1:45

Como siempre una corrección hermosa. Acepto encantado, Señor Neo. Ahora que han pasado los TS ya le haré uno a su gusto, pero ahora...



Debo comunicar que soy feliz con el cambio de físico y amo ser herrero para mejorar mi arma. Pero supongo que estarás diciendo "A mi no me cuentes tu vida" Así que solo diré que gracias por su corrección y que tenga buen día.



Ouh Yeah

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Re: Lluvia De Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Señor Nat el Miér 13 Sep 2017 - 19:50

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Re: Lluvia De Esperanza. [Time 2017]

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