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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

[TS Raghersir] Fallen.

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[TS Raghersir] Fallen.

Mensaje por raghersir el Miér 23 Ago 2017 - 12:10

1.Trauma



La noche era preciosa, pero no era suficiente para contener mis lágrimas. Las escenas de Síderos se sucedían una tras otra en mi cabeza.

- El cañón destrozando a aquel hombre en la isla del tesoro. El rinoceronte mutante descuartizando a los presos en la arena de Zal…- comencé a enumerar en voz baja mientras  miraba a la luna esperando que se las llevase. -Las fauces del basilisco intentando devorarme. La armadura gigante resquebrajando el terreno con sus golpes. Las aves metálicas arrasando la nación con su lluvia de plumas. El ángel amenazando con destruirlo todo.- dije antes de hacer una pequeña pausa. -La explosión que me costó un brazo…- continué llevándome la mano sobre la cicatriz.

En parte me sentía aliviado de que todo hubiese acabado; sin embargo, sabía que nunca me curaría del todo. El problema no eran los daños físicos, eso era lo de menos; lo que me preocupaba eran las heridas psicológicas. Todo esto me había hecho darme cuenta de que era débil. Todo el entrenamiento que había realizado de joven había acabado siendo inservible. Quizá podría haber peleado y haber vencido, pero el miedo no me había dejado. Siempre me había creído una persona valiente, sin temor a enfrentar todo tipo de retos; pero esta vez no había sido capaz. No había sido capaz de reunir el coraje suficiente para enfrentarme a las dificultades que se me habían impuesto. Me había deshonrado.

De por sí esto ya era un castigo tremendo; pero para mi desgracia, eso no era todo. Durante mi camino me había dado cuenta de que estaba sólo. Todos aquellos que había creído aliados, o incluso amigos, se habían tornado indiferentes ante mi situación. Desde Dafne, hasta mis compañeros de Xella, ignoraron completamente la falta de apoyo que estaba sufriendo. Tan sólo Bleyd me había ayudado, pero parecía que ni si quiera sabía mi nombre. Seguramente solo me había socorrido por bondad, no por compañerismo. Tampoco podía culparle, al fin y al cabo luchar juntos y compartir una celebración no era insuficiente para poder confiar en alguien. Es cierto que tenía a Dante, que seguramente estaría esperándome en casa con los brazos abiertos; pero no tenía claro en qué punto estaba nuestra relación. Desde hacía ya mucho tiempo, mi fiel amigo se había mostrado perturbado por mi forma de actuar. Me había alejado del camino del equilibrio, y eso me había apartado de la única persona a la que aún podía mostrar afecto. Lo que quedaba de mi era una sombra aislada, indigna y cobarde. Quizá habría sido mejor morir en la guerra.

Lo único que quedaba para mí en el mundo era llorar a la luna, ¿Qué más podía hacer alguien como yo? Saltar no sería una mala idea.

-¿Por qué no?- dije en voz alta mirando al precioso astro.

Tras esto me eché un poco para atrás para tomar carrerilla y saltar las barandas hacia el agua. Lo tenía decidido, pero entonces un par de hombres salieron a cubierta dando gritos y empujándose. No esperaba que me fuesen a molestar; pero uno de ellos lanzó al otro hacia mí mientras estaba en mitad de la carrera, haciendo que ambos chocásemos y cayésemos al suelo.

-¡Esto es por Linda hijo de puta!- dijo el que tenía la barba más frondosa mientras se colocaba sobre su rival para golpearle.

-¡No es mi culpa que tu mujer sea una zorra! ¡Si te la follases más a menudo no tendría que haberse buscado un hombre de verdad!- contestó el otro mientras se defendía.

-¡Parad!- grité con todas mis fuerzas.

No tenía intención de aguantar esa disputa entre payasos. Tenía demasiados problemas como para sumar el verme envuelto en aquel culebrón. Si querían pelear, que se fuesen a cualquier otro lado.

Ambos me miraron por un segundo con cara de sorpresa, pero no tardaron en intentar volver a la acción. Ambos trataron de golpearse, pero parecía como si no pudieran. Levantaban sus musculosos brazos preparados para lanzar un puñetazo directo a la cara de su rival, pero luego nada. Los puñetazos nunca llegaban a salir. Por un momento pensé que simplemente eran subnormales, pero no tardé en darme cuenta que sabía el motivo de que eso estuviera sucediendo. La duda no me iba a durar mucho, tenía una forma muy sencilla de comprobarlo.

-Seguid.- dije con voz dudosa.

Ambos me miraron de reojo extrañados, pero entonces sus puñetazos volvieron a fluir de nuevo.

-Parad.- les ordené otra vez.

Entonces la pelea se detuvo de nuevo. Era algo muy curioso, podía ordenarles que parasen cuando quisiese. Al final parecía que el genio que me había ofrecido un deseo antes de dejar la isla no era un estafador; me había otorgado mi deseo de verdad. Aparentemente, la fresa amarga que había comido era una fruta del diablo. No era lo que había esperado, pero debía reconocer que era un poder útil.

Pensé que ya que ahora sabía seguro que iba a morir en cuanto me tirase al agua, debía aprovechar ese poder un poco antes de dejarlo marchar.

-Seguid.- dije a los marineros de nuevo.

Por desgracia para mí esta vez no siguieron pegándose. Se habían dado cuenta de que estaba jugando con ellos y no les hizo nada de gracia. Por sus caras, pude deducir que el odio que me habían cogido era tremendo. Suficiente para dejar su disputa por un segundo y venir a por mí.

-Marchaos.- les ordené intentando que dejasen de acercarse.

Para mi sorpresa no lo hicieron, seguían avanzando hacia mí. Parecía que había sobreestimado mi poder, no podía dar órdenes sin más.

-Parad.- dije una vez uno de ellos estuvo lo suficientemente cerca para atacarme.

Ahora el poder sí que funcionó. Parecía querer atacarme, pero no podía. La ira y la frustración formaban un cuadro en su cara, era bastante gracioso. En fin, ya había tenido bastante.

-No podéis golpearme. Sólo marchaos y dejadme tranquilo.- les dije con tono vacilón.

La rabia que ambos mostraban era algo increíble, tan solo les faltaba echar espuma por la boca. A pesar de que no pudiesen golpearme, era evidente que no iba a lograr que se marchasen sin más. Es por esto que me decidí a echarlos yo mismo. El barbudo recibió un potente puñetazo imbuido en haki de armadura que lo dejó fuera de combate de forma instantánea. Su compañero pareció atónito, pero su sorpresa no se podía comparar a la que me lleve yo al ver que finalmente podía lanzar sus golpes. Curioso, parecía que mi poder sólo funcionaba si yo me mantenía pasivo. Tampoco importaba mucho, no necesitaba el efecto de la akuma no mi para deshacerme de él, era extremadamente lento. Un par de esquivas, una patada al lateral de su cabeza y acabó durmiendo sobre el marido de su amante.

Había sido una despedida entretenida, era hora de seguir a lo mío.

-“Espera.”- me pidió una voz.- “Sé lo que vas a hacer. ¿Realmente crees que es necesario?”-preguntó. –“Sé que has pasado por mucho, pero eso no tiene por qué llevarte a tu fin. Mira de lo que eres capaz, aún puedes retomar el camino y equilibrar todo lo que te ha sucedido.”- continuó.

-¡¿Quién eres?!- pregunté girándome en busca de la persona que me hablaba.

Jamás habría imaginado que sería tan difícil conseguir algo de calma para morir en paz.

-“Jejeje. No te preocupes, no importa quién soy. Sólo que sepas que estoy aquí.”- dijo el propietario de la voz mientras salía de detrás del mástil.

-¿Qué quieres? ¿Qué interés tienes en mí?- dije algo nervioso por lo siniestro de la situación.

-“¿Querer? Oh, no quiero nada. Sólo pretendo ayudarte. Me he dado cuenta que estás muy perdido. En verdad yo también lo estoy. Bueno, lo estuve. La soledad es la tortura que siempre nos acecha a todos. Sé por lo que estás pasando, yo también lo he vivido. La única diferencia que veo entre tú y yo es que yo soy mucho más viejo. Jejeje.”- respondió.

-Ríes demasiado para ser alguien que dice haber sufrido tanto.- le recriminé.

-“No, nunca se ríe demasiado. Ves, esa es la prueba de que necesitas mi ayuda. Necesitas volver a reír.”- me explicó en un tono paternal mientras sonreía.

Ese hombre me inquietaba, pero a la vez tenía algo que me hacía sentir atraído por él. Seguramente era su presencia amistosa, llevaba demasiado tiempo sin que nadie intentase ser amable conmigo. Quizá no era mala idea escucharle un rato y ver si me hacía cambiar de opinión. Al fin y al cabo que podía perder, lo malo ya lo tenía.

-Bien, dime. ¿Qué va a arreglar el desastre que es mi vida?- le pregunté directamente.

-“¿Decirte? Jejeje. No puedo decírtelo, sólo tú lo sabes.”- me contestó sonriendo. -“Por qué no damos un paseo por la cubierta y me lo cuentas.”- me instó.

-Pero… ¿Qué quieres que te cuente?- volví a intervenir.

-“Todo. Jejeje. Cuéntamelo todo para que juntos lleguemos al fondo de tus problemas y podamos solucionarlos juntos.”- me dijo mientras comenzaba a andar.

Me resultaba increíble que mi situación hubiese cambiado tanto. Aquel hombre de perilla y bigote delgado me había vuelto a la vida con su amabilidad. Yo estaba decidido a saltar, no tenía motivos para no hacerlo. O al menos no los tuve hasta que comencé a conversar con aquel héroe. A medida que yo hablaba sobre mi vida, él iba mostrándome razones por las que debía seguir luchando. Encontró la forma de hacerme ver lo positivo del mundo, impulsándome a arreglar todo aquello que me perturbaba.

Pasamos varias horas charlando, cada vez más confiadamente. Ya no sólo tratábamos mis problemas, también nos permitíamos el lujo de contar chistes e historias divertidas. Al final de la velada quedé sonriente, pensando que había encontrado un amigo. No uno de esos con los que te relacionas por conveniencia o facilidad, sino un amigo de verdad.

-Bueno, es tarde, creo que debería marcharme a dormir ya.- dije comenzando la despedida.

-“¿Si? ¿Mañana te marchas a algún sitio?”- respondió sarcásticamente mientras reía.

-Sé que estamos en un barco.- contesté sonriente.- Pero no estoy sólo, hay más gente con la que debo estar y no quiero que piensen mal.-continué explicando.

-“¿Tus compañeros de Xella?”- preguntó dejándome sorprendido.- “No sois tan disimulados como creéis. No te preocupes, no se lo diré a nadie. Siempre y cuando no le digas a nadie de mí tampoco.”- dijo con tono burlón mientras me guiñaba un ojo.- “Sin embargo, tienes que prometerme una cosa. Nos veremos pronto, y no llevarás cara de tristón. ¿Vale? Jejeje.”- concluyó.

-Me parece perfecto. Igual, el barco no es muy grande, es imposible que no nos veamos antes de llegar al destino.- terminé la conversación riendo mientras me marchaba definitivamente.

-“Que descanses.”- le escuché decir a mis espaldas.

Tras esto no me volví a cruzar con él en el barco, lo que me resultó increíblemente extraño. No podía evitar sentirme triste, pero sabía que nos volveríamos a ver. Él había sido el impulso que me había llevado a nacer de nuevo, debía hacer honor a nuestra promesa y mantenerme feliz para la próxima vez que nos viésemos.

Con esta nueva mentalidad me dispuse a desembarcar en la isla de Zábalam. No tenía muy claro por qué; pero Aki, la líder de Xella, quería que nos detuviésemos allí antes de marcharnos a nuestros respectivos destinos. Por mi parte esperaba lo peor, un consejo de expulsión por mi mala actuación en la guerra o algo así. Sin embargo, como mi nuevo amigo me había dicho, debía ser positivo y enfrentarme a las cosas que me pesaban para superarlas.





2. El comienzo del plan


Aún sin haber caído la noche, y sin despedirme de los miembros de Xella, recogí mis cosas y abandoné el hotel. En Zábalan pareció que finalmente iba a recuperar mi cordura, pero me había equivocado. Todo había comenzado como unas vacaciones organizadas por Aki para compensar las torturas vividas; sin embargo, se había convertido en una advertencia. Una advertencia de que no podía confiar más en Xella.

“Compañeros”… así habría llamado anteriormente a los miembros de la organización, pero ahora no sabía cómo llamarlos. Una banda de traidores asesinos es lo que eran. Se hicieron los simpáticos. Hasta parecía que les caía bien. Jamás habría podido imaginar que serían capaces de algo así. Dejarme inconsciente y abandonarme en el agua para que sus lacayos acabasen conmigo… De no ser por Tomefis habría tenido un amargo final. Por suerte, el buen amigo que conocí en el viaje a la isla no era tan confiado como yo. Él me siguió a las termas sabiendo con el tipo de individuos con el que me estaba juntando y lo que podían hacerme.

Era ya la segunda vez que me había salvado, se había ganado con creces mi aprecio y confianza. Es por eso que me dolió más que nada dejarlo allí con aquellos monstruos. No es que quisiera hacerlo, el me lo ordenó. Al parecer tenía un plan, y para cumplirlo necesitaba asegurarse de que nadie me seguía. No conocía bien los detalles de este; tan sólo que debía dirigirme a Mailén, y que no sólo serviría para librarme de la amenaza de Xella, sino de todos aquellos que habían intentado dañarme.

Debía hacerlo. Los nervios y la inseguridad me estremecían, pero debía confiar en Tomefis. Es por esto que sin perder ni un instante me di tanta prisa como pude y pagué a un marinero para que olvidase su destino y marchase inmediatamente a Mailén. No fue barato, pero el dinero no valía nada comparado con la vida. Al menos no para mí, aquel viejo lobo de mar parecía que bien podría haber matado a su madre cien veces por el pago que le estaba dando.

Ya en alta mar comencé a sentirme más seguro, pero no por ello menos nervioso. Parecía que Xella no había descubierto mi huida aún, pero tenía mil y un ojos repartidos por el mundo. Sin duda acabarían dando conmigo e intentarían castigarme. Confiaba en que el plan de mi amigo me salvase, pero eso no me ayudaba. Sólo hubo una cosa que me ayudó a pasar la noche, las botellas de vino que encontré en la bodega del barco. La primera me calmó un poco, pero no fue hasta la tercera que me inhibí finalmente de todo, permitiéndome sonreír a la luna una última vez antes de dormirme.


***


El barco avanzaba lentamente con las velas recogidas mientras la mayoría de la tripulación dormía. Sólo un par de vigías se paseaban por la cubierta del barco, sonriendo cada vez que se cruzaban al ver como ambos bebían de sus respectivas botellas de ron casi al mismo ritmo. Con cada vuelta su sonrisa se ampliaba más y más. Era una tontería, pero se estaban divirtiendo. Al menos hasta que uno de los dos dejo de hacerlo. La cara del más anciano de los dos se mantenía risueña. Mientras, la de su compañero, que había quedado petrificado al otro lado del barco, se tornó seria y pálida por el terror.

Rápidamente, el joven pelirrojo fue corriendo a ayudar al que otrora había sido su guía. Por desgracia, no tardó en darse cuenta de que no había forma de hacerlo. El pequeño hilo de sangre que había visto brotar debajo del parche que cubría el ojo derecho del anciano, se había tornado un auténtico chorro. Una flecha había acabado con la vida de su padre ante sus ojos, y ni si quiera sabía de donde había venido. Mientras sus lágrimas brotaban para caer sobre el cadáver que sostenía en sus brazos, comenzó a arrepentirse de ser un borracho. Si no hubiesen bebido tanto podrían haber cumplido su trabajo. Ahora ya era tarde, no había dado la alarma y notaba como el frío hierro de uno de los asaltantes reposaba sobre su cuello. Todos en aquella nave estaban perdidos.

-¿Unas últimas palabras antes de que te mande al infierno con tu padre?- escuchó preguntar a una voz ronca detrás del mientras la espada se preparaba para rasgarle la garganta.

El joven no dijo nada. No tenía nada que decir. Tan solo cerró los ojos y alzó la cabeza dejando así el cuello completamente descubierto. Sabía que ya estaba muerto, pero al menos esperaba un corte limpio que hiciera todo más rápido.

Mientras el sonriente pirata dejaba caer el cuerpo de su víctima al suelo escuchó unos pasos que lo pusieron alerta. No había hecho ruido, pero si alguien se había despertado por casualidad debía reaccionar rápido.

-No te preocupes, soy el que te ha llamado.- dijo una voz saliendo del interior del barco.- El resto están abajo durmiendo, te agradecería que te dieras prisa.- continuó con tono serio.

En principio el pirata hizo una mueca extrañado, pero no tardó en mostrar su sonrisa de nuevo y hacer un gesto con la mano. En un segundo toda su tripulación estaba a bordo para acabar el trabajo.


***


Desperté cansado y con un dolor de cabeza terrible. Estaba acostumbrado a beber vino, pero la noche anterior se me había ido bastante de las manos. Al menos había dormido; no había descansado, pero había dormido. En cualquier caso era hora de levantarse, por lo que tranquilamente me levante de la hamaca en la que había pasado la noche y me dirigí a cubierta.

En la subida me di cuenta de que el barco era bastante bonito. La madera era de un tono rojizo bastante atractivo, aunque había partes que andaban más desgastadas y se mostraban de un marrón pálido más común. Además también estaba muy marcado por cortes y golpes, lo que le daba un toque de veteranía que todo barco fiable debería tener. La única pega que podía poner es que las pintas de la tripulación eran bastante deplorables. De no ser porque el hombre que los capitaneaba parecía un noble respetable habría pensado que era una tripulación pirata.

Una vez hube llegado al timón, donde se encontraba el capitán me paré a mirar el horizonte. “Todo lo bueno se aprecia más cuando nos inunda lo malo.”- pensé antes de que el capitán me diera un silbido. Rápidamente me giré, no esperaba ni tenía intención de mantener una conversación con él, pero parecía que no iba a tener alternativa.

-Chico, vamos a tardar más de lo que te dije en llegar a Mailén.- me soltó con voz arrogante y altanera.

-¿Qué? ¿Por qué? No parece haber malas condiciones.- pregunté dudoso mientras dejaba ver mie inconformidad.

-Esta noche he parado en un puerto cercano a recoger unas cosas, nos hemos desviado un poco del rumbo.- respondió. -Ya está hecho, no hay forma de recuperar el tiempo y no voy a devolverte ni un centavo. Tómatelo como un suplemento por el vino que te bebiste.- continuó al ver mi cara de enfado.

En ese momento le habría golpeado hasta dejarlo inconsciente, pero necesitaba ir a Mailén y el barco era demasiado grande como para dirigirlo yo solo. No me quedaba otra que aceptar sus términos y tomar mi venganza en cuanto tuviera ocasión.

A pesar de ser un viajero consumado, la travesía se me hizo exageradamente larga. El problema no era sólo que tuviese que cruzar el mundo de punta a punta. Eso no me habría importado lo más mínimo. El verdadero problema es que tenía demasiadas cosas en las que pensar, lo que me hacía mantenerme en el mismo grado de ebriedad que había alcanzado el primer día. Parecía que tenía una cosa más que añadir a la lista, ahora era un borracho.

Por suerte o por desgracia pasada la primera mitad del viaje el vino y el ron de la bodega finalmente se acabaron. Estaba claro que el capitán prefería no tener un borracho a bordo, por lo que ni me molesté en pedirle que parase a reponer lo que me había bebido. Lo único que me mantenía contento se había ido, pero era mejor así. Por muy tocada que estuviese mi mente, aún confiaba en el plan de mi compañero y en sus promesas de que todo iba a mejorar. Sin duda debía dejar de beber antes de llegar a mi destino o lo arruinaría al igual que hacía con todo.

Una vez abandonados totalmente el alcohol y la resaca, volvieron los nervios y las dudas. En aquel momento habría matado por una botella de vino. Por suerte para mí, recibí una más que agradable sorpresa.

-“Buenos días compañero. Jejeje.”- saludó una voz conocida a mis espaldas.

Tan rápido como pude me giré para comprobar que la falta de alcohol no me estaba jugando una mala pasada.

-¡Tomefis!- dije emocionado a la vez que se me escapaba una lágrima.- ¿Cómo nos has encontrado? ¿Cómo has subido al barco? ¿Te han seguido? ¿Qué vamos a hacer ahora?-le interrogué sin darle tiempo a reaccionar.

-“Tranquilo, jejeje. Sé que ha debido ser duro, pero ahora ya estamos listos para seguir.”- me respondió con un tono paternal mientras me rodeaba con sus brazos.

Estuve mudo por unos instantes en la seguridad de su abrazo hasta que finalmente se despegó de mí.

-“Vamos al camarote y te explico todo lo que he pensado.”- me instó.

Me habría gustado mantener esa sensación para siempre, pero empezaba a notar las miradas de los marineros clavarse en nosotros. Se estaban dando cuenta de mi debilidad y no podía permitirlo. No ahora que tenía  a mi compañero a mi lado.

-De acuerdo.- le contesté mientras devolvía una mirada seria a aquellos que nos observaban.

Era increíble lo bien que se orientaba Tomefis por el barco, aunque no me extrañaba. Era un hombre muy experimentado, encontrar mi camarote no debía suponerle ningún reto.

-“Bien, lo primero que tenemos que hacer es buscar un lugar donde sepas que nadie va a intentar nada contra ti.”- comenzó su explicación una vez estuvimos en la sala a puerta cerrada.

-¿Y qué lugar es ese? Ni si quiera en mi propia ciudad puedo confiar en la gente.- le repliqué.

-“Si, tienes razón. Pero no tiene por qué existir. Podemos crearlo nosotros. Al fin y al cabo eres un hombre de recursos, ¿no? Jejeje.”- respondió calmado.

-Si… pero…-intente continuar.

-“¡Pero nada!”- me cortó en seco.- “Mailén. En esa ciudad ya hay gente que te aprecia. Has hecho muchas donaciones, has devuelto el comercio a la isla e incluso has ayudado a liberar a prisioneros revolucionarios.”- continuó con un tono entusiasta.

-Pero Mailén es poco más que escombros. Ni si quiera la propia gente de la ciudad puede protegerse. ¿Cómo puedo esperar que me protejan a mí?- le pregunté aún algo inseguro.

-“¿Todavía no te has dado cuenta? Jejeje. Eres rico. Puedes permitirte comenzar la reconstrucción de la ciudad. Una vez les hayas devuelto su hogar, ¿Cuánto crees que tardarán en adorarte? Nadie dejará que el peligro se acerque al salvador de Mailén.”- terminó de explicarme.

Una sonrisa se me formó en la cara al escuchar esto último. Yo podía ser “El Salvador de Mailén”. Podía funcionar.

-Bien, así lo haremos. Pondré a mi empresa a trabajar de inmediato. Seguro que Dante estará de acuerdo.- dije ilusionado.

-“Perfecto. Pero recuerda, no le digas nada a tu amigo de mí. Nos evitaremos improvistos. Jejeje.”- me pidió mi guía mientras abría la puerta para marcharse.

-¡Espera! ¿Dónde vas?- le detuve.

-“Todos tenemos nuestra parte del plan que cumplir. Confío en que puedes hacer la tuya sin mí. Nos veremos otra vez cuando sea necesario. Jejeje.”- dijo mientras se marchaba sin darme tiempo a asimilar que me abandonaba otra vez.

No soportaba que me dejase así, pero entendía que si lo hacía debía ser necesario. En cualquier caso lo que debía hacer ahora estaba muy claro. Ya no había dudas. Tenía el plan de Tomefis, nada podía fallar.

-¡Dante! A partir de hoy todos los beneficios de la empresa irán destinados a reconstruir y fortalecer la ciudad de Mailén. Es hora de hacer algo grande de verdad.- le ordené a mi fiel servidor tan pronto respondió al den-den mushi.

-¿Señor?- contestó algo extrañado.- Si así lo desea… Haré un estudio sobre la zona y comenzaremos el envío de materiales cuanto antes… Pero… ¿A qué se debe esta repentina decisión?- continuó.

-Dante, Isla Copo es demasiado pequeña para que podamos crecer ahí. Si logramos hacer de Mailén un segundo hogar, podremos tener a todo el norte en nuestros bolsillos.- le respondí seguro.

-Bien dicho señor. Me alegra ver que finalmente ha vuelto el hombre al que tanto admiraba. Le avisaré en cuanto tenga los detalles de la operación. Corto.- me contestó.

Ya lo tenía todo preparado, en cuanto pusiese un pie en Mailén sería mía.





3. Los cimientos de Mailén


Solo con una primera vista desde la lejanía ya noté como la ciudad había comenzado a resurgir. El puerto, lejos de los tablones medio hundidos que había antes, era unas instalaciones debidamente preparadas. Un rompeolas de bloques de hormigón, un faro, multitud de muelles correctamente equipados… Dante sabía cómo hacer las cosas. Había hecho bien en empezar por ahí, sin una entrada apropiada habría sido imposible hacer llegar a la ciudad los recursos necesarios.

No perdí el tiempo en despedirme de la deplorable compañía que había tenido durante el viaje. Tan pronto como el barco estuvo cerca del muelle que se le había asignado salté de él y comencé a andar hacia la ciudad. Como era de esperar, toda la zona en torno al puerto estaba prácticamente renovada y llena de vida. Multitud de comercios y hostales habían abierto y mantenían atractiva la primera vista de la ciudad para atraer a los viajeros. Sin duda era un comienzo prometedor, pero unas cuantas calles más adelante se podía ver la verdad. Un par de semanas no eran suficientes para reconstruir una ciudad tan machacada por la guerra. El proceso iba a ser largo, y no había forma de acortarlo. Ni siquiera con toda la mano de obra que la isla ofrecía y el exagerado presupuesto que destinábamos a ella.

Consciente de lo que había ido a hacer allí me dirigí al edificio principal del puerto. Según Dante allí se encontraban los enviados de Isla Copo encargados de dirigir la operación.

-Reúne a los encargados. Quiero un reporte del avance hasta ahora y que me muestren los planes para cada zona.- ordené a la secretaria que encontré nada más entrar al edificio.- Ah, y haz que se corra la voz de que mañana al medio día daré un discurso en la plaza principal.- añadí sin detenerme.

Tenía muchas cosas que hacer como para pararme y sin duda a la joven se le habría avisado de que iba a llegar ese mismo día. No había motivo para ponerme a dar explicaciones.

-Si señor…- la escuché responder algo nerviosa detrás de mí.

En aquel lugar había un problema de seguridad del que debería encargarme más adelante. De la entrada a los elevadores sólo estaba aquella pobre chica, cualquiera podría haber entrado al edificio principal sin problemas. Fuera como fuese una trabajadora preparada y obediente como esa debía ser recompensada, Dante me lo había enseñado hace tiempo. Además necesitaba alguien que me ayudase a mantener mis cosas en orden. ¿Por qué no aquella preciosa joven? Sin duda iba a ser tan buena como cualquier otro.

-Añade a la lista organizar una reunión con el jefe de seguridad. Y por cierto, quedas ascendida. A partir de ahora eres mi secretaria personal. Acude a la sala de juntas cuando lo prepares todo.- dije en tono alto mientras esperaba el ascensor.


***


El capitán bajo del barco en aquel precioso puerto y comenzó a sonreír como no lo había hecho antes. Todo tan nuevo y tan lujoso, allí iba a conseguir más dinero del que podría cargar en el barco. No pensaba solo en lo que podía robar antes de marcharse, tenía un contrato que le prometía un buen pago. Era mucho oro para una misión que a simple vista no tenía dificultad alguna. Lo único que debía hacer era ser paciente, cosa que para un pirata no era complicada si sabía dónde ir.

-¡Muchachos! El que encuentre el mejor puticlub… ¡Folla gratis!- gritó a su tripulación.

Casi instantáneamente los jóvenes a sus órdenes saltaron del barco y salieron corriendo hacia la ciudad en busca de algo de diversión. Era poco después del mediodía, lo que le daba la certeza de que las putas y el alcohol mantendrían entretenidos a sus muchachos hasta que llegase la hora de la acción. Por muy sanguinarios que fueran ninguno querría abandonar la isla sin volver a sentirse hombre otra vez. En los mares hay muchos a los que matar, pero las buenas mujeres solo se encontraban en tierra firme.

Bastante tranquilo el experimentado pirata pagó las tasas por dejar su barco amarrado y comenzó a pasear por la zona del puerto. Caminaba lento, observando cada rincón mientras evaluaba la seguridad del lugar. Sabía que su cara era muy conocida, debía asegurarse una vía de escape en caso de que alguien supiese del precio por su cabeza.

-¡Capitán! ¡Lo tenemos!- gritó uno de sus hombres mientras corría hacia él.- Timmy ha encontrado un sitio con mujeres que son capaces de poner sus piernas detrás de la cabeza. ¿No es genial?- le contó.

-Si. Bien hecho muchacho. No hace falta que me esperéis. Adelántate y avisa a Timmy que puede elegir a la que quiera. Hoy paga su capitán.- dijo con una sonrisa paternal.

-Si mi capitán.- respondió el excitado marine antes de volver corriendo con sus compañeros.

El capitán volvió dudoso la vista al mar por un segundo. No podía ser que un puerto tan bueno tuviese tan mala seguridad. No podía ser que ningún guardia hubiera reconocido a uno de los piratas más famosos del norte. Estaba pasando algo y sabía que no iba a tardar en descubrir el que. En cualquier caso no había nada que el pudiera hacer hasta entonces, por lo que sonrió, escupió a un lado y comenzó su camino hacia el lupanar.


***


Desperté a primera hora de la mañana, aún mareado por las reuniones del día anterior. Aunque era imprescindible estar informado de la situación de la operación, eran demasiados detalles de cosas que no entendía. Normalmente era Dante el que se encargaba de todas estas cosas, pero su maldito miedo a navegar me había dejado con todo el trabajo. En cualquier caso ahora ya estaba hecho, y no había ido tan mal. Según mis expertos en medio año estaría reconstruido el paseo comercial y la zona centro, suficiente para que la ciudad fuese un punto de comercio importante en el norte. A partir de ahí se tardaría otro año en reconstruir las zonas residenciales del circulo exterior. La gente iba a tardar un poco más en tener una calidad de vida aceptable, pero ya teníamos preparada la creación de albergues y comedores solidarios. Parecía algo triste, pero nadie se quejaría. No habían estado tan bien desde hace décadas.

Algo más despejado tras meditar un rato en la cama, me quité el brazo de mi secretaria de encima y me dispuse a comenzar el día. Aparte del discurso no esperaba tener que hacer nada más importante, pero como siempre algo tiene que ir mal. En cuanto salí al exterior descubrí que unos piratas habían atacado el edificio del puerto que se había entregado a la revolución. No habían matado a nadie, pero lo habían saqueado y dejado completamente calcinado. Ese inconveniente me aterrorizo de una forma increíble. Por mi cabeza se pasó la posibilidad de que no fueran simples piratas. Podía ser uno de mis múltiples enemigos intentando evitar que el plan funcionase como debiera. Tenía que hacer algo rápido, tenía que mostrar a la gente que no iba a traer más problemas que beneficios a la isla.

La solución a mi problema era yo mismo. Bueno, mi identidad de cazador y director general de la seguridad de la compañía. Nairb era una cara conocida y respetada, podía usarlo para detener a los malhechores y hacer ver que la isla estaba segura conmigo. Un cambio de ropa, recoger algo de equipo y estaba listo para la acción, sólo quedaba encontrar a mis presas. Sabía que no iba a ser fácil, pero tenía mis formas de encontrar a la gente. Fuera quien fuese el que había cometido el crimen debía ser más fuerte que los transeúntes comunes, si no jamás se habría atrevido a hacerlo. Era un buen punto por el que comenzar, tan sólo debía usar mi haki de observación para sentir todo lo que me rodeaba. No lo presumía a menudo, pero se me daba muy bien analizar el entorno. Desde pequeño, mi maestro me había enseñado a sentir todo lo que me rodeaba, y así lo hacía la mayor parte del tiempo. Estaba tan acostumbrado a ver las auras insípidas de la gente normal que cualquier persona destacable hacía saltar mis alertas.

Pasaron un par de horas y no había notado nada fuera de lo común. La ciudad era grande, pero las zonas en las que unos piratas podían esconderse no lo eran tanto. Si no lograba encontrarlos el problema era yo, y eso estaba comenzando a herir mi orgullo. Sabía que debía concentrarme, por lo que dejé de buscar con la vista y puse todo mi empeño en buscar con el alma. Por unos instantes el mundo desapareció en mi mente. Estaba sólo en medio de la oscuridad, entonces apareció. Un pulso unas cuantas manzanas al sur. Debía ser él, no tenía duda alguna.

Lentamente y sin levantar sospechas entré al local donde había sentido la imponente presencia. Ya no había duda, había ido al lugar indicado. Sólo había una cosa que me molestaba, los conocía. Esos hijos de puta eran los que me habían llevado a la isla.

-Mucho tardabas.- escuché decir a una voz ronca.

-¿Quién eres?- pregunté a la vez que me giraba para verle la cara.

No era un miembro de la tripulación, pero era su aura la que había sentido. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Dormido y medio borracho no parecía tan poderoso, pero ahora… Al menos iba a ser una pelea interesante.

-¡Arriba muchachos! ¡Nos vamos!- gritó a su tripulación.

No entendía nada. ¿Había habido un motín y lo habían puesto de capitán? Fuera como fuese no iban a tener la suerte de que les dejase escapar.

-Quieto.- dije seriamente mientras desenfundaba mis sinawali.

El pirata me miró con cara extrañada, parecía no entender por qué le cortaba el paso.

-Oye chico no tengo nada contra ti, apártate de mi camino.- respondió con tono desconfiado.

Su voz sonó amenazadora a mis oídos, por lo que no dudé en mandar una señal de alarma a mis guardas jurados. Ese tipo era demasiado fuerte como para enfrentarme a él y a su tripulación yo sólo.

-Hazlo fácil. Entrégate y ninguno saldréis herido.- le ofrecí intentando ganar algo de tiempo.

Sonrió por un instante a mis palabras, pero entonces su rostro se tornó furibundo. No tardé en descubrir el motivo de tan brusco cambio. Uno de sus hombres había intentado apuñalarme por la espalda, pero había sido parado en seco por mi poder.

-Marchaos. Poned a salvo la mercancía, yo os seguiré luego.- ordenó el capitán.- Parece que eres un hombre interesante. Es una pena que yo también lo sea.- dijo mientras se ponía de color rojo.

-Si que lo eres, pero no vas a volver a reunirte con tus compañeros.- le amenacé.

-Eso ya lo veremos.- dijo lanzándose hacia mí con furia.

Era un hombre aterrador, bastante más grande que yo; pero sabía que no podría tocarme. Su cara mostraba la impotencia al ver que no podía controlar su propio cuerpo.

-¿Qué es ese poder? ¿Por qué mi aura no tiene efecto en ti?- dijo con rabia.

La segunda pregunta no la entendí hasta que llegaron mis refuerzos, los cuales quedaron cegados y comenzaron a toser. Al parecer estaba emitiendo algún gas nocivo del cual no me había dado cuenta por mis implantes ciborg. Eran buenas y malas noticias; no me afectaba su elemento, pero iba a tener que derrotarlo yo sólo.

-Huid. Que no entre nadie sin máscara protectora.- les advertí.- Parece que vamos a ser tu y yo por el momento.- comenté sonriendo al enrabietado grandullón.

Tenía la certeza de que podría ejecutar el primer movimiento, pero mi rival era mucho más fuerte que yo. Si no planeaba bien el combate antes de atacar iba a pasarlo mal.

En primer lugar me detuve a analizar la sala y a mi rival con mi escáner ciborg. La estancia era amplia, aunque había multitud de obstáculos como botellas y un par de mesas tiradas. En cuanto a mi rival era un tipo grande y lento cubierto por una sustancia roja que desprendía gas irritante. Teniendo esto en cuenta sólo un plan se me vino a la cabeza, era algo arriesgado y me iba a acabar costando dinero, pero podía funcionar.

-¿Empezamos?- le pregunté tranquilo mientras activaba mi haki de endurecimiento y mi armadura de energía.

-¡Muere hijo de puta!- respondió cegado por la rabia.

Su grito fue como una señal para mí. Lancé un dial a un lado y salí corriendo hacia él para pasar entre sus piernas mientras le golpeaba en las rodillas con mis sinawali. Sus puños casi me aciertan y pareció que ni si quiera notó el daño de mi golpe, pero al menos ahora tenía la posición que quería. El grandullón salió corriendo hacia mí como esperaba para placarme. Por desgracia fui ingenuo y subestimé a mi rival. Pensaba que una onda de energía sería suficiente para detenerlo y empujarlo hacia atrás, pero lejos de suceder así la atravesó como si nada y me lanzó por los aires. Pasé por la puerta de madera con la cabeza y caí en la calle, a la vista de todos los transeúntes. Debía derrotarlo, pero tenerlo ahí fuera arruinaba mi plan y ponía en peligro la vida de los ciudadanos.

-¡Spicy shoooooooot!-gritó mi rival mientras lanzaba un chorro potentísimo de gas irritante.

Un segundo de duda por mi parte fue todo lo que necesito para encontrar la apertura. Había visto mi plan de hacer que el gas a su alrededor explotase con un dial de fuego y lo había tornado en mi contra. Sin duda era un hombre horrible, no le había importado quemar el edificio entero con tal de encontrar una vía de escape. No podía seguirle, pero eso no iba a quedar así.

-¡Rápido, avisad a los bomberos! ¡No podemos permitir que el fuego se extienda!- pedí a la gente cercana mientras sacaba un dial de agua.


***


-Por eso prometo que, ¡no sólo reconstruiremos esta bonita ciudad! ¡Vamos a convertirla en un lugar seguro y tranquilo!- prometí al emocionado público de la plaza.- Traeremos un ejército profesional de confianza. Ellos se encargarán de mantener la escoria como los responsables de los atentados de esta mañana lejos de nuestras costas. Esta gran nación no dependerá nunca más de la revolución ni del gobierno. ¡Es hora de reclamar definitivamente la independencia de nuestro pueblo! ¡Es hora de devolver a la gloria a Mailén!- continué.

Era irónico que un extranjero como yo apelase al nacionalismo de un pueblo en un discurso para hacerse con el poder, pero la verdad es que funcionaba. La gente confiaba en mí y me vitoreaba como si fuera su auténtico salvador, era perfecto. Lo mejor es que no necesitaba hacer nada más. Las obras ya estaban en marcha y había contratado al ejército mercenario del general Ross Bolt para que protegiese la ciudad y adiestrase a los hombres de la armada popular de Mailén. El plan de Tomefis estaba dando su fruto, ya nadie podría hacer nada contra mí en aquella isla.

-¿Marina?- dije buscando a mi amante secretaria mientras entraba a la mansión del centro donde me había establecido.

-“Una chica guapa sin duda jejeje. No me extraña que te hayas encariñado con ella.”- respondió una voz conocida. -“Esta arriba, le he pedido que nos dejase un tiempo a solas para hablar.”- continuó mi buen amigo.

-Sí, el plan ha salido tal y como tu dijiste. Ya estoy a salvo.- le respondí con una sonrisa agradecida.

-“¿A salvo? El plan sólo acaba de comenzar. Te prometí que te ayudaría a acabar con todos tus problemas, no a esconderte de ellos.”- me reprochó Tomefis.

-Pero ahora yo…- intente continuar antes de que me callase poniéndome un dedo en la boca.

-“El plan sigue. Debes marchar a Isla Copo a convencer al joven señor Curei de que le interesa unirse a nosotros. Aunque primero tienes que pasarte a hacer acto de presencia en el Laboratorio 021. Acuérdate que eres un fiel empleado del gobierno. Jejeje.”- me explicó.- “Bueno, marcho ya. El barco sale a media noche, hasta entonces disfruta de la compañía de tu amiguita jejeje.”- se despidió volviendo a su típica alegría.

No me gustaba nada tener que abandonar la seguridad de aquella ciudad para volver con el gobierno. Ya me había mandado a una misión suicida una vez dejando claro lo prescindible que era. En cuanto al nido de víboras que era Isla Copo... no había mucho que decir. Las dos últimas veces que había visitado la ciudad no les había importado volar una calle entera para intentar matarme. En cualquier caso, por desagradable que fuera, el plan seguía y debía cumplir mi parte.


***


Nadie sabía por qué, pero aquel hombre elegante subió al barco sin siquiera saber el destino. La mayoría de los marineros pensaban que era un simple borracho huyendo de las autoridades, por lo que no le prestaron mucha atención. Al menos no lo hicieron hasta que el barco zarpó y este mostró sus auténticas intenciones.

-Bien, ahora que ya nos hemos alejado de la costa quiero que os quede claro que este barco es mío y vosotros sois mis lacayos.- proclamó desde el centro de la cubierta.

-De eso nada compañero, coge otra botella de vino y tírate a tu rincón como hasta ahora.- le respondió risueño el capitán.

El hombre elegante cerró los ojos por un segundo y respiró profundamente. Tras esto se lanzó a por el capitán y lo agarró por el cuello sin que nadie tuviera tiempo de reaccionar.

-¡Atención! ¡Este será el castigo para todos aquellos que decidan levantarse contra mi mando!- advirtió mientras levantaba al capitán del suelo con la única mano que tenía sobre su cuello.

Por unos segundos dejó que la tripulación viese como su capitán se ahogaba para hacer que comprendiesen que ellos no tenían oportunidad. Una vez se cansó, apretó el puño izquierdo a la vez que este se envolvía en una esfera de color negro oscuro brillante. Cuando soltó al gran hombre y lanzó el golpe contra él no pareció tan potente, pero pronto todos vieron el poder de su nuevo líder.

-Maldito.- susurró el hombre moribundo mientras se retorcía en el suelo de dolor.

-A trabajar, tenemos una misión importante que hacer.- dijo el asesino mientras tomaba el timón.

Nadie tuvo valor a contradecir sus órdenes ni de recoger el cadáver. Del impacto que había recibido su capitán se había extendido un dolor que parecía infinito y había dejado su piel completamente negra. Nadie quería arriesgarse a pasar por lo mismo.


Última edición por raghersir el Jue 24 Ago 2017 - 23:39, editado 4 veces
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Re: [TS Raghersir] Fallen.

Mensaje por raghersir el Miér 23 Ago 2017 - 12:12

4. Servidor del gobierno


Un par de controles de seguridad, un análisis contra enfermedades contagiosas y al fin estaba dentro del L021. Hasta entonces había estado algo nervioso por mi regreso, pero no tardé en darme cuenta que no había motivos para ello. Para la gente de la base yo no era más que Jhon Length, un científico cualquiera que acababa de volver de vacaciones.

Sólo había una persona allí que sabía que era algo más, el agente Alan Getburg, mi entrenador y tutor ante el que me dirigía para reportarme. Desde mi introducción al cuerpo científico había mostrado un gran interés por mis capacidades físicas. No era ningún secreto que quería que me uniera a la rama de seguridad, sólo había que ver cómo me había formado. Me había entrenado en el arte del interrogatorio, el combate policial y en el tiro a corta distancia. Esto no era nada común en un científico, pero ganándome la confianza de Alan es como había logrado mantener mi identidad secreta fuera de sospechas.

-Saludos señor.- llamé su atención mientras entraba a su despacho.

Nunca le había visto una cara de sorpresa tan grande, no cabía duda que no esperaba verme allí.  

-Señor Length. Parece que al final era cierto que estaba de vacaciones. Pensaba que estaba usted muerto.- me respondió sonriente.

Había sido muy directo, pero la verdad tampoco me sorprendía que pensase así. Las vacaciones extra me las había ganado tras sobrevivir a una misión suicida a la que me habían enviado. Teniendo en cuenta que estaba a punto de destapar un asunto bastante grande antes de que me enviaran a ella… Bueno, era fácil pensar que las vacaciones eran una forma más segura que la misión para que no hablase.

-¿Por qué dices eso?- contesté haciéndome el inocente para meterme en el papel de mi personaje.

-Nada, da igual. Tienes mucho que contarme. ¿Cómo es que sobreviviste a aquel infierno marino?- preguntó con curiosidad.

-Ni yo mismo lo sé. La mayor parte del tiempo me lo pasé usando la lógica y lo aprendido en sus entrenamientos para cumplir la misión.- comencé a explicar.

-Como se podía esperar de usted.- me cortó con lo que parecía ser una felicitación.

-No había tanto que esperar de mí. La verdad es que tuve bastante apoyo. De no ser por la gente que me acompañaba no habría sabido mantenerme en esa situación.- continué con la humildad propia de Jhon.

-Ya, ya leí el informe que redactaste. Bueno, no vas a tener que preocuparte más por misiones como esas. No te confundas, no puedo controlar a donde te envían, pero he logrado introducirte en el adiestramiento de los cuerpos de élite de la rama de seguridad. Va a ser duro, pero cuando acaben contigo no tendrás que preocuparte de tener alguien que te proteja.- dijo mientras me ponía la mano en el hombro.

-Señor… Yo… No puedo. No creo que aguante algo así.- dije titubeante.

-Tonterías. Ya tuvimos esta conversación cuando te puse a entrenar con los reclutas. Tienes un gran potencial y no voy a echarlo a perder. Empiezas mañana a las cinco, no te retrases.- contestó con un tono serio y autoritario.

La verdad no me interesaba para nada ese superentrenamiento, pero iba a tener que cumplirlo si no quería enfadar a mi superior. Al menos eso me aseguraba que no iban a haber más misiones locas por el momento. Sin duda iba a tener tiempo de sobra para planificar mis siguientes movimientos de forma segura. Nadie se iba a atrever a entrar en unas de las instalaciones más seguras del gobierno para atacarme.

-Ah, por cierto. El jefe de ingenieros te espera en el taller 409 para que te unas a un nuevo proyecto.- me dijo mientras salía por la puerta.

Esperaba poder trabajar yo solo en algún invento, pero parecía que nada de lo que esperaba iba a cumplirse ese día. En cualquier caso, si el jefe de ingenieros estaba involucrado seguro que sería algo fascinante, por lo que decidí acceder sin protestar.

-Para allá me dirijo. Pase una buena tarde señor.- dije viendo como el agente volvía al papeleo con cara de aburrimiento.


***


Cansancio y dolor, todo lo que un buen entrenamiento debe tener. A pesar de lo poco que me había atraído en un principio, el adiestramiento con las fuerzas de élite era increíble. Todas las mañanas antes de que saliera el sol comenzábamos corriendo alrededor de la isla. En sí no parece nada del otro mundo, pero cuando lo haces arrastrando piezas de metal y te persiguen hombres con látigos eléctricos se convierte en un auténtico reto. En un principio esta parte del entrenamiento era más de resistencia que otra cosa. No tenía fuerza suficiente como para mover la carga rápidamente y los látigos me entumecían haciendo que me costase aún más moverme. Fueron muchas descargas y muchos latigazos, pero siempre asegurándose de que los daños físicos no fueran suficiente para acabar con nosotros. Era horrible, pero de esta forma el cuerpo se acostumbraba al dolor y podían mantenernos entrenando todos los días.

De por sí lo anteriormente mencionado ya era duro, pero eso no era más que el calentamiento. Una vez habíamos dado tres vueltas a la isla nos ataban con una cuerda y nos lanzaban risco abajo. Lo primero que había que hacer era estar atento para golpear con fuerza si tenías la mala suerte de dirigirte hacia una roca. Tras esto tenías que tener cuidado, detrás de ti caía la carga que llevases atada al otro lado de la cuerda. Por suerte para mí siempre fui capaz de esquivarla y agarrarme a las rocas sin llegar a tocar el agua. No quiero ni pensar que podría haber pasado si me hubiese sumergido siendo usuario de una fruta del diablo. Tras esto lo que había que hacer era simple pero no por ello menos complicado. Había que escalar la pared perpendicular del acantilado hasta arriba con el peso a cuestas mientras desde arriba lanzaban cubos de agua electrificada.

Por último, una vez llegábamos a la cima, nos esperaban distintos tipos de armas de un material extremadamente pesado. En este punto todo el mundo presente en el adiestramiento sabía pelear a la perfección, sólo quedaba coger su arma favorita y demostrarlo. Era una práctica de combate campal donde todos se enfrentaban con todos. Era bastante divertido hasta que comenzabas a recibir los golpes de aquel extraño metal. Nunca llegué a tener pruebas de ello, pero habría jurado que tenía alguna propiedad para amplificar el dolor.

Poco a poco sentía como el antiguo yo, el luchador de voluntad inquebrantable que se crecía ante los retos, iba volviendo. Y lo mejor es que eso no era todo, fuera de lo que pueda parecer no corría ningún riesgo durante el entreno. Todo estaba pensado para crear hombres duros, pero no para dejar morir a activos del gobierno. Tanto el peso que cargábamos como las cargas eléctricas que soportábamos era progresivo. Siempre era un reto para el cuerpo, pero nada que no pudiera soportar realmente. De esta forma mejorábamos sin que los músculos se deteriorasen más de lo necesario. Además no había momento en que no estuviésemos siendo vigilados por la facción médica, los cuales al acabar usaban un suero extremadamente potente que nos ayudaba a regenerarnos más rápido. Tras una mañana de durísimo entreno podía volver a mi adorado trabajo como un hombre nuevo, era perfecto.


***


-Capitán, no le estamos robando el barco, es un simple intercambio.- dijo el hombre elegante.

No hubo respuesta verbal del ensangrentado hombre que había atado al mástil, tan solo un escupitajo a la cara.

-Entiendo que no le parezca bien colaborar, pero mire a lo que queda de sus hombres. ¿No quiere salvarlos? Le estoy ofreciendo mi antiguo barco para marcharse. Sólo dígame el código y todos saldremos ganando.- volvió a insistir con tono piadoso el hombre al mando.

-Púdrete maldito pirata.- respondió el capitán del barco tomado.

-En fin, todos los marines sois igual de estúpidos. Ya hallaré otro capitán que sea más fácil de convencer.- dijo el interrogador apuntando con su pistola a la cabeza de su orgullosa presa.

-¡Espera! ¡Yo sé el código!- gritó una voz entre los prisioneros.

-Traedlo.- ordenó el hombre elegante mientras se giraba sorprendido.

Rápidamente el más grande de los piratas de su tripulación agarro a un joven por el pelo y lo arrastró hasta los pies de su capitán.

-¿Cómo es que un crío como tú tiene acceso a información tan restringida?- le pregunto al recluta.

-Escuché al capitán decirlo la última vez que fuimos allí, por favor déjenos marchar.- dijo el chico lloriqueando.

-Por supuesto muchacho, no tienes de que preocuparte.- dijo el captor sonriendo.

-¡Calla invécil! ¡Ya estamos muertos!- trató de ordenar al recluta su antiguo superior.

-Banana 021.- dijo el recluta.

No hubo más palabras, solo la sonrisa del pirata y dos disparos que sirvieron de aviso a su tripulación para que acabaran con el resto de prisioneros.


***


Aún algo cansado por el entrenamiento, pero completamente motivado, entré en el taller. El proyecto era de lo más emocionante que había hecho jamás y habíamos hecho avances increíbles durante el último mes. Es curioso como para cubrir necesidades simples acaban creándose cosas asombrosas. Todo había empezado con la falta de espacio en los buques de la marina para transportar suministros. El plan inicial había sido aumentar dicho espacio, pero el jefe de ingenieros era un visionario. No dudó ni un instante en incluir al equipo de física para llegar a una opción más eficiente aunque algo más compleja. El plan a desarrollar era encontrar una forma de reducir el espacio ocupado por la carga en lugar de simplemente ampliar el barco.

Es cierto que ahí yo era un poco menos útil, pero aún necesitaban mis conocimientos sobre materiales y transportes. Mi misión era asegurar que lo que creasen no afectaba negativamente a estos. Las primeras pruebas habían sido auténticos desastres. No sólo no reducían nada, sino que además en varias ocasiones destruían o corroían las maquetas. Fue gracias a mí que finalmente los físicos lograron hacer avances. Es curioso que precisamente yo llegase a la solución, pero dado que también era yo el encargado de revisar que fallaba en cada intento no era raro.

Según había visto, el problema es que los rayos reductores de la máquina creada por los físicos lanzaba los rayos, pero no era capaz de concentrarlos. Es por este motivo que estos se descontrolaban y dañaban todo, atravesando su superficie pero sin llegar a crear el efecto deseado. Bajo mi punto de vista la solución era fácil, había que cambiar el enfoque del invento. No íbamos a tener un rayo reductor, pero tampoco lo necesitábamos; lo que había que crear era un área reductora.

Pase muchas horas hablando con los físicos para entender cómo funcionaban esos rayos realmente; pero finalmente conseguí averiguar el punto de polarización que necesitaba para que la superficie de un metal los repeliese. Con esto el problema estaba solucionado, los rayos rebotarían sin parar dentro de una sala haciendo que todo lo que hubiera dentro se encogiera. O al menos ese era el plan, una vez logramos que el diseño fuese bueno seguía quedando la parte de perfeccionar los rayos. Ahora si lograban encoger las cosas, pero acababan desintegrándolas por su potencia.

En cualquier caso no me preocupaba, sabía que mis compañeros eran grandes científicos. Si seguía dándoles los reportes de las pruebas acabarían arreglándolo.


***


Tres meses, tan sólo tres meses habían sido necesarios para acabar la que denominamos cámara de reducción. Había sido un gran trabajo que sin duda iba a tener una gran recompensa. Todo se vería esa misma tarde, cuando realizásemos la presentación de nuestro gran proyecto ante la comunidad científica de la base. La verdad es que estaba algo nervioso, el resto de veces que había pasado por allí había sido por invenciones propias, no por trabajos de equipo. Esto era más grande de lo que jamás había hecho, pero me preocupaba que no se me llegase a dar crédito suficiente. Fuera lo que fuese que sucediera esa tarde no tendría mayor importancia, yo era un profesional y disfrutaba de mi trabajo. Haber colaborado en un avance de tal calibre para la humanidad era recompensa más que suficiente, aunque el gobierno se fuera a aprovechar de él.

Un golpe directo a la cara me sacó de mis pensamientos. Había sido culpa mía, estaba tan preocupado por lo que pasase esa tarde que había estado bajando la guardia durante todo el entrenamiento de la mañana. Muchas veces se me olvidaba que los hombres con los que entrenaba no tenían mayor preocupación que estar en forma para entrar en acción cuando atacasen la base. Les hacía parecer máquinas, pero eso los convertía en los mejores compañeros de adiestramiento que podía pedir.

Supongo que en cierto modo ese entrenamiento también nos había cambiado a Jhon y a mí. No sólo porque reforzó mi carácter y permitió a mi alter ego mostrarse algo más duro y decidido; también me había cambiado físicamente. El constante esfuerzo físico mezclado con las estrictas dietas de la marina, las cuales decían que contenían proteína de rey marino, habían hecho que mi cuerpo se agrandase. Tampoco era algo exagerado, pero mi esbelto y definido cuerpo se había tonificado hasta dejar ver los músculos propios de un luchador experimentado. Además notaba como había aumentado en altura, lo cual me sorprendía y agradaba a partes iguales.

Un golpe al tobillo, otro a la rodilla contraria y por último, mientras caía, un golpe ascendente a la barbilla que dejó fuera de combate a mi compañero por un instante. Quizá me había pasado, pero es lo que había ganado al golpear a alguien con más técnica que él por sorpresa.

-Arriba compañero.- ayudé a levantarse al grandullón en cuanto escuché la campana que acababa las prácticas de la mañana.

-Gracias.- contestó sonriente mientras se acercaban los médicos para revisarnos.


***


-¿Todo listo?- preguntó el capitán.

-Sí señor, todos disfrazados y el material preparado.- respondió el que había nombrado su segundo al mando.

-Bien, vamos allá.- dijo poniendo rumbo a la fortaleza marina que pensaban asaltar.

El barco no era el más rápido de la marina, pero saltaba a la vista que era uno de los modelos más resistentes que se podían encontrar. Según se decía, las balas de cañón convencionales no serían suficiente para hundirlo, cosa de la que pensaba aprovecharse el desconocido capitán pirata.

Con marcha lenta pero segura la nave pronto llegó a la zona restringida y fue detenida por dos galeras. El den-den mushi sonó, haciendo que toda la tripulación se estremeciese. El único que parecía seguro era el capitán, aunque tampoco era un hombre que dejase ver lo que rondaba por su cabeza muy a menudo.

-Banana 021.-dijo respondiendo al caracol comunicador.

-Acceso concedido, atraque en el muelle 14.- respondieron del otro lado de la línea.

Parecía que por el momento todo había salido a pedir de boca, pero lo realmente difícil estaba a punto de comenzar.

-Vosotros cuatro, explosivos al sur de la isla.- ordenó a sus tripulantes de apariencia más decente. -Tú y tú, conmigo.- dijo señalando a los más grandes.- En una hora quiero el barco fondeado en la costa norte de la isla.- advirtió a los que se quedaban en el barco.


***


Todo iba tan bien… a veces dudaba de los planes del hombre que se suponía era mi mayor guardián. Con la comodidad y seguridad de la vida en la base casi me había olvidado de que estaba en medio de algo más grande. En fin, sabía que era cuestión de tiempo que la carta llegase, el que vivía en la base no era yo, era Jhon. Si quería volver a recuperarme a mí mismo tenía que hacerlo de verdad, no bastaba vivir para siempre como uno de mis alter egos.

No tenía ni idea de cómo había hecho llegar la carta ni cómo pensaba sacarme de allí, pero lo que ponía estaba bastante claro. Debía cargar toda la información y materiales útiles que pudiera y llevarlos conmigo a la presentación que iban a celebrar en la orilla norte de la isla. Sin duda iba a ser alguna especie de misión suicida, pero si la carta había llegado era que él también. No podía echarme atrás o acabaría con mi tapadera y posiblemente con su vida.

Tranquilamente pasé las primeras horas guardando datos de la cámara reductora y del sistema de seguridad que había diseñado en una pequeña computadora portátil. No era gran cosa comparándolo con lo que había en el Laboratorio 021, pero no podía arriesgarme a que sospechasen nada. Sólo tome una cosa que no tenía nada que ver con mis proyectos, los sueros regeneradores que usaba el cuerpo médico. Si lograba analizarlos y reproducirlos en los laboratorios de isla copo podría hacer de mi nuevo ejército de Mailén una fuerza considerable.

Una vez lo tuve todo listo en un pequeño maletín tomé aire profundamente y comencé a caminar hacia la presentación. Era hora de marcharse, pero no me iba a ir sin ver cuál era la recompensa por tan duro trabajo.


***


-Muchas gracias a todos.- dije sonriente mientras me ponían una pequeña medalla dorada con forma de tornillo.

Todo el público aplaudía sin parar, al parecer nuestro invento era tan sorprendente que el resto de científicos se habían olvidado de su orgullo y egoísmo. Me producía una increíble sensación ver que al fin tenía el reconocimiento que merecía en esta gran comunidad. Era una auténtica pena que fuera a disfrutarlo tan poco, pero tenía la esperanza de poder volver allí en algún momento.

-Bueno, como ya esperarían una medalla no es todo lo que estos grandes hombres van a recibir. Todos esos serán considerados para un ascenso por este increíble logro. Además eso no es todo, cada uno de ellos verá los fondos de su investigación multiplicados por diez en su próximo proyecto. Esperamos que con esto puedan dar rienda suelta a sus mentes y seguir aportando su granito de arena al avance de la sociedad.- continuó con los agradecimientos el director de la base.

El discurso comenzaba a ponerse algo pesado, pero era en mi honor, no iba a ser yo el que se quejase. Por suerte para mí no pasó mucho hasta que se escucharon unas explosiones al otro lado de la isla. El plan había comenzado, sólo tenía que hacerme el sorprendido como todos los demás y esperar a que llegase mi vía de escape.

-¡Bien! ¡Todos al suelo!- dijo una voz de entre el público una vez la mayor parte de los guardas se hubieron ido a controlar la zona del atentado.

Al instante todos los investigadores nos lanzamos al suelo, dejando en pie tan sólo a los encargados de seguridad. En un abrir y cerrar de ojos todos siguieron a los científicos al suelo, aunque ensangrentados por los disparos sorpresa del enemigo. El maldito capitán antipático era tan listo y sagaz como lo recordaba, aunque jamás había esperado verlo otra vez. Sin duda Tomefis no sabía a quién había contratado. Por lo que a mí respectaba ese hombre no era para nada de confianza, pero por el momento no tenía alternativa. Justo como la última vez.

Teniendo la zona despejada su siguiente movimiento fue rápido, no querían esperar a los refuerzos. Nos encañonaron y ataron al director de la base, al jefe de ingenieros y a mí. No era casualidad que estuviéramos los tres juntos en el escenario cuando las explosiones se detonaron. Esto había sido meticulosamente planeado, aunque no tenía claro como habían conseguido suficiente información. Fuera como fuese ya estaba hecho y algo dentro me decía que no debía preguntar, tan sólo me dejé llevar mostrando una expresión de terror.

-¡Reacciona joder!- me gritó el herido agente Alan mientras disparaba sin piedad.

Los primeros disparos fueron para acabar con el grandullón que tenía al director. Se la jugó bastante, pues podría haber matado al hombre que quería proteger. El asaltante no tardó en caer con una bala en su cabeza.

-¡Vamos suéltate! ¡Estás más que entrenado para esto!- dijo mientras cambiaba de objetivo al que estaba arrastrando al jefe de ingenieros hasta el risco.

Su segunda presa acabó cayendo y soltando al ingeniero por un tiro en la pierna. El experimentado agente no dudó y acabo con el malhechor de otro tiro en la cabeza.

Sólo quedábamos yo y el capitán elegante, pero ya era tarde para el que había sido el tutor de Jhon Length. No le quedaba más que ver cómo el hombre al que había protegido y adiestrado caía ante sus ojos.

-Lo siento, no puedo.- le dije con voz triste mientras el pirata saltaba al vacío conmigo al hombro.

Pude ver la cara de impotencia y rabia dela agente antes de comenzar a caer. En cierto modo me entristecía, pero al menos el único amigo real que tenía en aquella base no había tenido que morir en mi huida. Debía alegrarme por ello, el resto de guardas de seguridad no habían tenido reflejos suficientes para evitar que los disparos fueran mortales. Ese era el gran fallo del adiestramiento que se recibía allí. Eran fuertes y resistentes, pero prácticamente inmóviles.

No tenía claro cuál era el plan para sobrevivir a la caída, pero lo descubrí en cuanto vi desplegarse unas alas negras en la espalda del capitán. Parecía que todos en aquella misión habían ido al suicidio menos él. Cada vez tenía más claro que no era un hombre que quisiera tener cerca.

No tuvimos ningún problema para llegar al barco en que le esperaba su tripulación. El precipicio era demasiado alto como para que los guardas disparasen desde arriba. Muchos de ellos saltaron para dispararnos desde el agua, pero cuando las ráfagas quisieron comenzar ya estábamos seguros en el barco. Sólo había que preocuparse de una cosa, los cañones alojados en el risco que acababan de comenzar a disparar indiscriminadamente.

La lluvia de balas comenzó a caer sobre nosotros con una potencia tremenda, sin embargo el barco se mantenía a flote. Ese era uno de los famosos barcos revestidos con kairoseki del gobierno. Por desgracia para nosotros aunque la nave se mantuviera a flote, muchos de la tripulación acabaron destrozados por las balas. Mucha muerte a nuestro alrededor y sin embargo ninguno de los dos bandos dispuestos a dar su brazo a torcer. Al pirata le daba completamente lo mismo que mataran a toda su tripulación y a los de la base les parecía que yo era prescindible. Sin duda había hecho bien en largarme de aquel sitio, para el gobierno sus agentes no eran más que peones.

Pronto las balas de cañón de la base cesaron, pero las dos galeras que vigilaban la zona interceptaron el barco. La potencia de fuego y velocidad de acción de estas era muy superior a la de los cañones de la base. En un par de minutos habían hecho papilla el barco condenando a todos los presentes a una muerte segura. A todos menos a mí y al capitán, que me cogió y salió volando en medio del cáos. Ni si quiera los que se habían quedado en el barco iban a sobrevivir. Aquel hijo de puta sin escrúpulos se merecía algo peor que la muerte.

Tras el vuelo a alta velocidad acabamos llegando a la embarcación que parecía ser nuestra auténtica vía de escape.

-¿Recuerdas lo que te dijo que tenías que hacer?- preguntó el elegante genio del escape tras dejarme en la cubierta.

-Curei.- respondí con rostro serio.

-Correcto, te dejaremos en isla Copo.- me confirmó mientras se marchaba a su camarote.





5. Vuelta a casa


El barco llegó, y con él los dos hombres que la isla estaba esperando. El primero pequeño con gafas, un hombre poco destacable. El segundo un hombre grande con barba roja, lo cual encajaba bastante bien con aquella rojiza cáscara que tenía por barco.  

-Ya sabes a dónde ir, ¿no?- dijo con voz hosca el más grande de los dos.

-Soy un genio y me lo has repetido cada cinco minutos desde que partimos. No podría perderme aunque quisiera.- respondió el científico.

-También sabes que decir, ¿no?- insistió el hombre rudo.

A pesar de ser un lobo de mar estaba comenzando a mostrar algo de inseguridad, cosa que era normal dada su situación. Sabía que sólo iba a tener una oportunidad de que todo saliera bien y no quería dejar posibilidad de error.

-Ya te he dicho que sí, gorila inepto. Les digo quien soy, que le conozco y que me ha pedido que trabaje para él en un nuevo proyecto secreto. Deja de preocuparte y lárgate.- contestó molesto.

No entendía que tenía que ver ahí ese ignorante ni por qué había tenido que obedecerle hasta aquel entonces, pero estaba harto. Había accedido a ir porque el que requería sus servicios era un hombre al que le debía la vida, pero no le había hecho gracia abandonar y ver quemarse su antiguo laboratorio secreto.


***


El viaje hasta Isla Copo no fue para nada largo, sin embargo bastó para llenarme de tensión. No sólo era por la compañía, las dos últimas veces que había visitado la ciudad habían intentado matarme, sin duda habría una tercera. No lo intentaron cuando desembarqué, pues nadie sabía que me dirigía hacia allá, pero seguro que ya habían comenzado a tramar algo.

-Demasiado tiempo sin vernos.- dije mientras abrazaba a Dante.

-Sí, mucho tiempo señor. Vamos dentro.- respondió antes de hacerme un gesto para que le siguiese hacia nuestro edificio.

-Sí, vamos. Hay algunas cosas que debemos discutir.- le comenté pasándole un dossier con el plan que tenía pensado para el joven Curei.

El camino hacia mi despacho fue bastante silencioso comparado con lo que había esperado. Yo admiraba tranquilo lo poco que había cambiado todo y mientras, él iba leyendo los textos que le acababa de pasar. Fue poco después de atravesar la puerta cuando finalmente lo que había previsto sucedió.

-¡¿Qué?! ¡De ningún modo! ¡No va a suceder en la vida!- comenzó a gritar Dante alterado.

-Tranquilízate mi fiel amigo. No pasa nada. Es un buen plan y lo sabes.- traté de calmarle.

-Pase que quieras dar el control de villa Copo a un niñato, pero lo demás. ¡No! ¡No va a pasar jamás!- continuó con su rabieta.

En cierto modo entendía que se pusiera así, el miedo no le dejaba ver lo que realmente le estaba dando. Aun así, por mucho que se enfadase iba a tener que hacerlo y tenía que lograr que lo entendiese.

-Dante, escúchame. Sé que tienes miedo al mar, pero es necesario. Solo tú puedes manejar una ciudad tan grande como Mailén. Te necesito allí.- le expliqué en un tono suave y comprensivo.

-No tiene sentido. Puedo organizar todo desde aquí. Y además, no puede confiar en un muchacho. Aunque fuera de fiar, jamás lograría mantener a todos los demás miembros del consejo a raya. Su plan es una basura.- continuó hablando al borde de un ataque de nervios.

-Por el consejo no tienes que preocuparte, yo mismo me encargaré. Llevo huyendo de ellos demasiado tiempo, es hora de ponerlos en su sitio.- le dije intentando calmarlo.- En cuanto a lo de Mailén… Tú no has visto a esa gente. No sólo necesitan a alguien que los dirija, necesitan alguien en quien puedan apoyarse. Necesitan alguien allí que sea su guía, y no hay nadie mejor que tú.- continué.

Por su rostro y como había dejado de quejarse sabía que lo tenía prácticamente convencido. Ahora sólo quedaba dejarle un tiempo para asimilar la situación y darle un empujoncito.

-Bueno, ya hablaremos más adelante. Haz que lleven esto al laboratorio y que se pongan a trabajar con ello de inmediato.- le ordené pasándole el maletín que había traído desde el L021 para que se le olvidase un poco el tema.


***


-Buenas tardes señor Curei. Me alegra que haya accedido a celebrar esta reunión.- saludé mientras estrechaba la mano del joven.

-Buenas tardes. Por favor, no nos andemos con rodeos. Si está aquí es porque sabe que soy un genio y quiere algo de mí.- dijo atajando el asunto.

El muchacho tenía razón en todo, a sus veinte años era el mayor genio de las finanzas que la isla había visto. Aunque está mal que yo mismo lo diga era incluso mejor que Dante, mi mano derecha. Por supuesto también llevaba razón en lo de que quería algo de él, era el propietario del prestigioso hospital de villa Copo. Lo que quería era que me vendiera su empresa a cambio de poder sobre toda la isla. Cualquier otro habría aceptado instantáneamente, pero él era demasiado listo para no darse cuenta que el poder que le ofrecía no era más que una ilusión. Una vez su empresa fuera mía él no tendría nada, estaría a merced de lo que yo quisiera ordenarle. Tenía claro que iba a ser una negociación dura, pero si iba a dejar a alguien al cargo de la ciudad que me salvó tenía que ser alguien capaz y puro. Lo segundo no lo tenía asegurado, pero no tenía duda alguna que lo iba a descubrir durante nuestra conversación.

-Correcto, quiero algo de usted. Sentémonos para poder hablar tranquilamente.- propuse mientras me sentaba en uno de los sillones al otro lado de la mesa de su despacho.

-Esta es nuestra propuesta señor Curei.- comentó Dante entregándole un dossier antes de sentarse a mi lado.

El bello joven tardó un rato en leerlo todo, no parecía querer perder ningún detalle del documento.

-No.- contestó cortante una vez hubo terminado de analizar la información.

-Entiendo su reacción, pero me gustaría que se lo replanteara. Esta isla necesita un líder. Ni yo ni mi fiel Dante estaremos aquí en unos meses. ¿Piensa dejar en el mando a los ancianos del consejo?- le pregunté comenzando con mi estrategia maestra.

El silencio se hizo en la sala y el rostro del muchacho comenzó a mostrar la furia que tenía contenida.

-No puedo meterme en su guerra señor, no hay forma de ganarles. Créame que usted no es el único que ha sufrido en esta batalla por el poder. Además lo que me ofrece es nada.- dijo tras unos instantes revelando lo que yo ya sospechaba.

-Han atentado contra mi vida dos veces, creo que nadie ha sufrido más que yo.- comencé a explicar.

-¡Cállese! ¿Qué sabe usted de la vida de la gente de aquí? Deje de hacerse la víctima, usted no sabe lo que es el dolor de verdad.- me reprochó enfadado.

-Perdóneme, no me había dado cuenta. Entiendo el motivo de tu enfado. Lo que le pasó a tu familia… No fue un accidente, ¿verdad?- respondí con tono comprensivo.- Es por eso por lo que te necesito. Por favor no dejes que esto salga de esta habitación.- comencé a explicar a la vez que bajaba el tono.- Estoy a punto de hacer una última jugada. Una con la que al fin acabaremos con esos tiranos sin escrúpulos que han acabado con toda la bondad de la isla.- le confesé.

-Suena bien y le apoyo en su causa, pero no voy a abandonar todo el legado de mi familia por venganza y dinero.- respondió con un tono más tranquilo.

La parte dura ya había pasado, ahora sólo tenía que ofrecerle algo de verdad. Algo realmente valioso pero que pudiera arrebatarle en caso de que me traicionara. Por mi parte estaba falto de ideas, tenía buena labia, pero el que realmente entendía de negocios era Dante.

-Eso tiene una fácil solución. Ni el señor Perk ni yo tenemos descendencia. Podemos acceder a añadirle como heredero de las propiedades de isla Copo si acepta el trato.- dijo mi compañero al notar mi mirada.

El silencio se volvió a hacer presente en la sala mientras Curei meditaba la oferta. En este punto se me habían acabado las cartas que jugar. Si no accedía… Bueno, no quería pensarlo todavía, pero seguramente acabara convirtiéndome en aquello que quería erradicar.

-Está bien, me parece un trato aceptable; sin embargo y teniendo que el documento será confidencial quiero que se añada un plazo de tres meses para que se cumpla mi venganza. Si no lo has hecho para entonces el trato se cancelará.- declaró finalmente el joven empresario.

-Me parece correcto. Te enviaremos el nuevo documento redactado y firmado en cuanto nos sea posible.- accedí esperando que el plan de Dante hubiera concluido para entonces.- Es un placer hacer negocios con usted.- me despedí cortésmente.


***


El científico parecía agobiado, por primera vez había encontrado algo que realmente le superaba. El problema no era sólo la complejidad del suero que quería diseñar, lo que pasaba es que no tenía todo el material. El genio no tenía forma de probar que el suero funcionase de verdad. Por mucho que supiese que este podía regenerar tejidos en horas no tenía forma de asegurar que pudiese devolver el latido a alguien.

-¡Joder!- gritó mientras tiraba todo al suelo de un manotazo.

Se había rendido, no tenía más que hacer. Había decidido dejarlo tal cual estaba hasta que el ingrediente secreto llegara. Sabía que el que había diseñado ese plan era un estúpido que acabaría matando a su amigo, pero ahora ya era tarde. Lo único que le quedaba por hacer era preparar el quirófano y organizar los materiales necesarios.  En unas horas la acción habría comenzado y debería actuar rápido.


***


No entendía bien por qué, pero Tomefis me había hecho ofrecer la paz a los magnates de isla Copo. Tenía que ser una estratagema, pero no veía que pretendía lograr. En cualquier caso llegado a este punto no iba a dudar de su plan maestro. Es por esto que sin dudar ordené mandar los documentos del tratado y organizar una reunión en el ayuntamiento. En cualquier otra situación ninguno habría accedido a reunirse conmigo, pero lo que les ofrecía era demasiado jugoso para negarse. La rendición venía acompañada de nombrar al consejo como pleno heredero de todas mis propiedades. No sólo me estaba exponiendo como un objetivo fácil, además les estaba regalando todo si conseguían matarme. No había forma de que rechazasen esta reunión, pero iba a tener que andar con mil ojos.

-Buenas tardes señores.- dije entrando el último a la sala.

No podía evitar que se me erizase el vello, estaban todos allí esperando para ver de primera mano mi muerte.

-Venga muchacho, siéntate y firma los papeles.- me apresuró uno de ellos.

-¿He de entender que estáis todos de acuerdo y habéis firmado ya?- pregunté.

-Sí, no nos hagas perder más el tiempo.- respondió el más viejo de ellos.

Ya no cabía duda, me iban a matar y no podían esperar a verlo. Por desgracia para ellos yo no tenía ninguna prisa. Tranquilamente me senté en mi silla y me puse a juguetear con el bolígrafo mientras sonreía.

-Bueno, si todos estamos de acuerdo no veo por qué deberíamos apresurarnos. Esta es una nueva era de paz caballeros, disfrutémosla un poco.- dije intentando ponerlos más nerviosos para ver su plan.

-Chico, deja de jugar. No agotes nuestra paciencia.- volvió a intervenir el más anciano.

-¡Nos está tomando el pelo! No va a firmar. Hacedlo ya y vámonos.- dijo enfadado el gordo propietario de la fábrica de dulces.

Al instante varios de los presentes asintieron. Parecía que estaban tan cansados de mí como yo de ellos.

-Así sea.- volvió a intervenir el anciano.

Un gesto con la mano del viejo y una veintena de guardas me rodearon. No pude evitar contener la risa al ver como todos se quedaban bloqueados. Les habría gustado ver cómo me convertían en papilla a tiros, pero eso no iba a pasar, no con mi poder.


***


-Ya era hora de que llegaras, necesito el ingrediente.- dijo el científico en cuanto vio llegar al capitán elegante.

-Ya lo sé.- respondió el hombre mientras dejaba dos pomelos en la mesa y sacaba una pistola.

-¡Espera! ¿Es la tuya? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esto?- dijo el científico extremadamente sorprendido.

-No es asunto tuyo, pero ya que vas a tener que limpiar mis sesos te lo contaré.- respondió el pirata sacando una pistola.- Me muero de cáncer. Cada día estoy más débil que el anterior, estoy harto. Toda esta misión loca era mi pago por que mi alma sea libre.- le explico.

-¿Libre de qué?-pregunto el pequeño hombre de gafas aún sin entender nada.

-¿Qué más da? Solo encárgate de que el muchacho sobreviva.- dijo con tono cansado mientras sacaba un pequeño aparato del bolsillo.- Ah y que entregue mi cadáver a la marina, se sacará un buen dinero.- añadió sin darle mucha importancia.

Tras esto no hubo más palabras, el hombre elegante apretó el botón del dispositivo se apuntó a la cabeza y disparó.


***


Aún estaba riéndome de la inutilidad de los que querían matarme cuando de repente… No sabría decir que pasó. Un destello rojo inundó la sala seguido de dolor y gritos. Parecía que finalmente la jugada de mis enemigos me había pillado por sorpresa. No, no podía ser eso. Ellos estaban allí conmigo, el fuego también los había atrapado. Nada tenía sentido, no entendía que podía haber desatado ese cáos. O lo peor, ¿por qué Tomefis no lo había evitado?

Yo aguanté unos instantes más gracias a mi resistencia y mi cubierta protectora, suficiente como para ver a todos arder y arrastrarme hacia la puerta. No obstante no era suficiente, me habían pillado desprotegido y al contrario que otras veces no tenía forma de escapar. Solo me quedaba esperar sonriente a lo que yo mismo había andado buscando hace no mucho.


***


-No te vas a ir hoy hijo de puta. Ya he tenido bastante con limpiar un estropicio.- dijo el científico mientras arrastraban el cadáver de su salvador al laboratorio.

Allí tenía todo tipo de artilugios para recomponer su cuerpo pero lo primero y principal era que su corazón volviese a latir. Rápidamente tomó la jeringa con el suero que tanto le había costado preparar y se la inyectó de un golpe en el corazón. Tras esto, el angustiado hombre sacó una máquina y se la puso sobre el pecho. Era un artilugio extraño, pero conforme entró en contacto con el herido, el monitor cardíaco comenzó a dar señal.

-Vale, vale. Lo tengo.- dijo secándose el sudor de la frente.

Tras esto el hombre comenzó a retirar el tejido quemado y a dejar caer una especie de fluido sobre la carne. El paciente estaba quedando prácticamente desollado, pero el suero y el líquido estaban haciendo efecto a una velocidad increíble. El cuerpo del sujeto estaba regenerándose por sí mismo, aunque eso no calmaba al doctor.

-Joder. Ahora no. Eso no. Todavía no.- balbuceó al notar que el cuerpo no respiraba.

Rápidamente saco una máscara y conectó al hombre que quería salvar a un respirador artificial. Esperando que no hubiese estado demasiado tiempo sin oxígeno se preparó para el siguiente paso. Tenía que reparar los implantes ciborg para que sus fallas no causasen daño en el paciente una vez el suero hubiese dejado de hacer efecto. Fue una intervención larga y complicada, pero logró acabar con todos los implantes internos antes de que el cuerpo llegase a recomponerse del todo.

Tras esto pasaron aún un par de horas hasta que el cuerpo se hubo regenerado lo suficiente para instalar la cubierta protectora mejorada que había preparado. Este último proceso fue bastante sencillo, pero eso no hacía que el doctor estuviera menos nervioso. Acababa de operar a un muerto para, prácticamente, volverlo a la vida. Sólo quedaba levantar la máquina que mantenía el pulso del paciente para ver si el suero había funcionado realmente.

-Por favor.- suplicó esperando haberle devuelto el favor que le debía.

Al quitar el aparato el latido se mantuvo, lo había logrado. Ahora sólo tenía que devolver un cadáver calcinado como si le hubiera hecho una autopsia y habría acabado su misión.


***


Desperté en una cama de hospital sin tener muy claro por qué. No pude evitar reír al ver que otra vez la diosa fortuna me había vuelto a favorecer y había evitado mi muerte. Si seguía así iba a acabar pensando que era inmortal, sobre todo por lo extraño de esta situación. Se suponía que debía haber muerto, pero no notaba ni una simple molestia en el cuerpo.

-Se siente bien, ¿eh?- dijo una voz al otro lado de la sala.

-¿James? ¿No estabas con la revolución?- dije sorprendido al ver al científico que había salvado de la esclavitud del gobierno.

-Estaba, pero ahora estoy aquí.- respondió eludiendo dar explicaciones.- Antes que nada, dejemos clara una cosa. Raghersir ha muerto, ahora estas bajo la identidad de Nairb Hunt. Estás aquí porque quedaste herido tras el combate contra un temible pirata. Luego entregarás el cadáver a la marina para hacer creíble tu historia.- me ordenó.

-¿Qué…?- comencé a preguntar extrañado.

-Es el plan de tu amigo. Creo que hubo algunos inconvenientes, pero todo ha salido bien. Te vendrá a ver en cuanto estés recuperado completamente.- me explicó.

-Estoy perfectamente.- repliqué incorporándome.

-Bueno… Puede que te parezca que sí, pero en verdad no lo estás. Es posible que en este pequeño plan hayas muerto un poco y hayas perdido tus poderes. Suena mal, pero ahora eres usuario de otra fruta que te hará aún más fuerte. Todo son buenas noticias, ¿no?- comentó intentando quitarle hierro al asunto.- Ah y también he mejorado la dureza de tu cubierta protectora. Ya sabes, para evitar problemas como este.- añadió.

-Estás loco. ¿En serio este era el plan de Tomefis? ¿Cómo lo ha permitido Dante?- pregunté.

-No sé cuál era el plan de tu amigo ni me importa. Yo ya he hecho mi parte, estamos en paz. Ah y tú fiel servidor se fue a Mailén antes de que me diera tiempo a contarle nada.- me informó.

Aunque hubiésemos cumplido con todos mis objetivos en isla Copo, todo se había salido de madre. No podía hacerme el muerto sin más, estaba convirtiendo a Dante en un objetivo al dejarle como cabeza de todo mi imperio. Y eso no era lo peor, se pensaba que estaba muerto. Tenía que volver a su lado antes de que le pasase algo malo.

-Entregar el cuerpo a la marina y hacer como si Raghersir hubiera muerto. ¿Correcto?- pregunté vistiéndome tan rápido como podía.

-Correcto. Una cosa más antes de que salgas disparado hacia Mailén.- me detuvo viendo mis intenciones.- He estado estudiando lo que trajiste del L021 y he hecho un par de cosas. Póntela y aprieta el botón.- dijo dándome una pulsera metálica.

No pregunté, tan sólo lo hice sabiendo que sería algo espectacular.

-¿Qué?- me exalté al ver que alrededor mío se colocaba una armadura.

-La pulsera guarda esta armadura inteligente gracias al invento reductor que trajiste. Además sirve de traje de buceo y tiene unos soportes magnéticos que anulan prácticamente todo el peso. Espectacular, ¿verdad? Tienes que parecer un cazador de primera, si no nadie se creerá que has acabado con el pirata ese tú solo.- explicó.

-Muchas gracias por todo, de verdad. El precio del pirata será destinado a tus investigaciones si decides quedarte aquí un tiempo más.- dije volviendo a apretar el botón que controlaba la armadura.

-Me parece bien, tampoco tengo ningún otro sitio al que ir. La revolución piensa que he desaparecido. Venga, sé que tienes prisa. Márchate.- dijo sonriente mientras se apartaba de mi camino.

Mis últimas horas en la isla no hicieron más que traerme más preocupaciones. En primer lugar el cuerpo era el del hombre que me había sacado del L021. Se merecía haber acabado así, pero me ponía nervioso que un hombre como él hubiera sido asesinado en la ciudad sin que nadie se enterase. Por otro lado estaba la parte de que James estaba siendo buscado por la revolución, lo cual decidí ignorar por el momento. Estaba más que claro que necesitaba hablar con Tomefis de inmediato, pero el maldito no aparecía.


Última edición por raghersir el Jue 24 Ago 2017 - 13:23, editado 1 vez
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Re: [TS Raghersir] Fallen.

Mensaje por raghersir el Miér 23 Ago 2017 - 12:15

6. Castigo o traición


Para cuando yo llegué a Mailén Dante solo llevaba allí dos días. Dos míseros días y ya le había dado tiempo a meterse en problemas. Según me dijo el general Bolt, unos piratas lo habían encontrado borracho en una taberna y al ver quien era se lo habían llevado. Sus tropas ya estaban barriendo la isla, pero era demasiado grande como para que fuera una tarea fácil.

-¿Por qué no has ido con tus hombres Ross? Seguro que tú lo encontrarías en un abrir y cerrar de ojos.- le recriminé.

-Porque soy el general y no me voy a rebajar a hacer el trabajo de un recluta de no ser estrictamente necesario. No te preocupes, lo que quieren es dinero. No le van a tocar un pelo hasta que lo hayan recibido.- dijo con tono serio el general.

-Lo buscaré yo mismo, al fin y al cabo soy el jefe de seguridad.- declaré con tono enfadado.

En aquel momento no sabía lo que estaba diciendo. El aura de mi fiel amigo me era más que conocida, pero la isla era enorme.

Más de tres semanas pasé merodeando por los bosques, llegando a ser parte del propio entorno. Poco a poco entraba más y más en sintonía con las auras del lugar. Podía sentir las ardillas saltando entre los árboles, los ciervos pastando en los prados, los lobos acechando en las noches de luna llena. Percibía todo lo que me rodeaba, y aun así no era capaz de encontrar el rastro de Dante.

Frustrado y enfadado acabé volviendo a la ciudad para volver a pedir al general que se encargase personalmente de esta misión.

-Por favor, sus soldados son unos inútiles y al parecer yo también.-le rogué.

-Si tienes tanta prisa, ¿por qué no pagas?- me sugirió.

El muy cabezota sabía la respuesta, no podía hacerlo. Uno de los mayores motivos de que aún tuviese el control de la ciudad es porque pensaban que nosotros los habíamos hecho fuertes. Si ahora aquellos que los protegían comenzaban a negociar con una banda de sucios piratas… No, no podíamos perder el apoyo del pueblo que nos respaldaba.

-Por favor, tiene que haber algo que puedas hacer para recuperarlo.- insistí.

-Estás obsesionado con ese hombre, eh.- dijo con un tono que me sonó extrañamente a celos.- No voy a malgastar mi tiempo en ir a buscarlo, pero sí que puedo ayudarte a mejorar tu haki de observación para encontrarlo.- propuso.

-¿Mi haki? Soy capaz de sentir el aura de todo ser vivo que me rodea. Puedo ver la esencia propia de las cosas. ¿Cómo pretendes mejorar eso?- respondí arrogantemente.

Por un instante olvide con quien estaba hablando. Por muy blando y apacible que pareciera, aquel hombre era el general que acababa con ejércitos enteros de un golpe. Era mejor no enfadar al que llamaban “La furia de Odín”.

-Está bien, tú dirás.- accedí finalmente.

-Tu problema es que ves, pero no tienes que ver. Tienes que llegar un paso más allá. El aura es algo que todo ser posee y se puede diferenciar por tamaño e intensidad principalmente. Eso es lo que todo usuario de haki conoce y en lo que se basa para guiarse, no obstante esto no acaba ahí. Todas las auras tienen un pasado y un futuro, tienen inclinaciones e intenciones… Las auras son la vida de lo que te rodea. No basta con que veas una ardilla en el bosque. Tienes que saber lo que siente, lo que quiere, lo que ha hecho y lo que va a hacer. Tienes que sentir de verdad la ardilla, solo entonces podrás liberar tu haki para encontrar lo que se esconde más allá de tu alcance.- comenzó a explicarme.

Por un momento me hizo sentirme como cuando recibía clases con el maestro Mhuzu en la escuela de mi padre. Por supuesto este sentimiento llego a su fin cuando empezó a hablar de ardillas. Seguramente tuviese razón, pero hay algunos hombres que no valen para enseñar y este parecía ser el caso.

-Suena bien, pero ¿cómo se supone que voy a hacer eso?- pregunté para intentar aclararme.

-No busques, no veas, sólo déjate llevar.- me explicó.

Mi cara debió ser bastante expresiva, pues en seguida notó que no lo estaba entendiendo. Intentaba enseñarme de forma poética cuando yo sólo quería que me explicase cómo hacerlo.

-Crees estar en sintonía con las auras, pero lo cierto es que hasta ahora solo has visto el aura de los demás sin tener en cuenta la tuya propia. Deja de concentrarte tanto y relájate. Debes encontrar tu esencia y dejar que ella te guíe hacia lo que buscas.- continuó con un tono aun algo poético pero más claro.

-Entiendo, seguiré tus consejos. ¿Puedes hacerme un favor más? Haz que envíen una carta al científico loco James Locke. Que instale el sistema de seguridad que diseñé por todo Mailén e isla Copo. La próxima vez no pasará algo como esto sin que lo sepamos de antemano. - concluí la conversación antes de volver a los bosques.


***


-¿Estás seguro que quieres seguir con esto? Creo que ya ha sufrido bastante.- pregunto el imponente líder del ejecito.

-Sí, déjalo un mes más. Tiene que sufrir tanto como he sufrido yo. La próxima vez se pensará dos veces como afectan sus planes a los sentimientos de los demás.- respondió con tono serio el empresario.

No era propio hacer de él hacer algo así, pero le había acabado forzando a hacerlo. Quería que aquel que había acabado considerando un hijo sintiese lo que es perder a un ser querido.

-Por cierto, me ha dicho que mandéis a un científico loco instalar no sé qué de un sistema de seguridad en Copo y Mailén.- añadió el grandullón.

-Me parece buena idea, pero pienso cortarle el acceso a él por el momento. No quiero que sepa que estoy aquí.- accedió el anciano.

-Como veas. La verdad es que a mí no me importan vuestros jueguecitos. Avísame cuando quieras que acabe con todo esto.- concluyó el general antes de marcharse.


***


Durante el principio de mi vuelta a la búsqueda ignoré por completo los consejos del general. No es que no confiara en él, era simplemente que no los entendía. No fue hasta pasadas otras dos semanas que finalmente acabé volviendo a rendirme y decidí probar. Nada de lo que me había dicho estaba claro realmente, pero había hecho mucho hincapié en que lo principal era la calma.

Lo odiaba, pero sabía que meditar era la mejor forma de relajar tanto el cuerpo como la mente. Es por eso que caminé sin prisa hasta un punto elevado de la montaña, me senté y comencé a evadirme de mi cuerpo. No tarde prácticamente nada en descubrir que el general llevaba razón. El área que podía percibir era mayor en cuanto más me apartaba de mis pensamientos. Era un gran avance, pero sabía que ese no era mi objetivo, tenía que encontrar mi esencia.

No sé cuánto tiempo pasé allí sentado, pero en algún punto la meditación funcionó. Conseguí aislar el aura de mi propio cuerpo y por fin tener la perspectiva que necesitaba de verdad. Todo lo que había dicho el general era cierto, las auras estaban tan vivas como los seres que las poseían. Lo único que había que hacer era escucharlas, y eso fue lo que hice.

Sin moverme del sitio dejé que mi esencia me guiase hasta aquello que quería encontrar. No se movía guiándose por lo que veía, lo hacía teniendo en cuenta las perturbaciones en el ambiente. Al fin y al cabo todo este mundo estaba interconectado, si había algo fuera de lugar repercutía a todo lo que le rodeaba. Aun en este estado de elevación tardé bastante en darme cuenta, no había nada fuera de lugar en aquellos bosques, solo yo. No me lo quería creer, pero sabía que las percepciones no podían mentir. El maldito Dante estaba en la ciudad y no sentía miedo ni furia. No podía estar secuestrado, sin duda iba a tener que darme muchas explicaciones.


***


-El sistema de seguridad ya está completamente instalado señor.- dijo un becario entrando en el despacho de su jefe.

-Bien, buen trabajo.-respondió este con una sonrisa en la cara.- ¿Algo más?- pregunto al ver que el joven no se iba.

-Sí señor, es un…- comenzó a responder el recadero.

-¿Un paquete?- le interrumpió.- Venga, tráemelo. No sé por qué te pone tan nervioso.- le apresuró el anciano.

El becario dejó el paquete tan rápido como pudo sobre la mesa del escritorio y se marchó. Parecía como si realmente se hubiera quitado un gran peso de encima, y la verdad es que así era.

-Vaya…- lamentó en voz baja el empresario en cuanto vio el contenido.

No le hacía gracia tener eso allí. Bastante responsabilidades tenía ya como para encima tener que custodiar una fruta del diablo. Al menos aquel pomelo de espirales blancas no había llegado sólo, le acompañaba una carta.

La cara del pobre hombre palideció a medida que leía lo que había escrito. No quería creer todo lo que en ella ponía, pero sabía que las cosas que contaba cuadraban.

-¡Rápido! ¡Mandad al general buscar a Nairb!- grito mientras salía de su despacho.


***


La rabia comenzaba a apoderarse de mí a medida que me acercaba a la ciudad, seguía sin comprender de qué iba todo eso.

-“Quieto muchacho jejeje.”- me sacó Tomefis de mis pensamientos en cuanto puse un pie en la ciudad.- “Ya lo has notado, ¿no?”- me pregunto.

-¡Tú!- dije enfurecido caminando hacia él.

-“Sí, yo.”- respondió poniéndose firme e imponente ante mí.- “¿Así me lo agradeces? Si no te hubieses lanzado a los bosques como un loco podría haber contactado contigo antes y explicártelo todo.”- replicó mi bigotudo amigo.- “Te han traicionado otra vez. En parte es culpa mía. Por como hablabas de Dante siempre pensé que era alguien fiel. Al menos ahora ya ves que no.”-me explicó.

Por un momento me quedé sin palabras. Era cierto que eso era lo que parecía, pero dante era mi fiel mentor y uno de mis auténticos amigos. No era posible que me hubiera hecho algo así.

-“Deja de pensarlo.”- intervino Tomefis otra vez.-“Me da igual lo que creas ahora mismo. Tu amiguito fue el que hizo fallar mi plan para que murieras y pudiera quedarse con todo lo que tienes. Al fin y al cabo eso es todo lo que siempre había querido. Solo ha tenido que esperar a la oportunidad idónea. El momento en el que la empresa ha tenido el mayor poder.”- continuó poniendo los hechos sobre la mesa.

-Pero…-comencé a intentar replicar.

-“Pero nada. No maté al maldito pirata alado ni hice que tu amigo el loco te reviviera para que ahora te entregues tu solo. Prometí protegerte y lo pienso hacer.”- continuó en tono serio.-“Han instalado tu sistema de seguridad en toda la isla y el general viene a por ti, tenemos que marcharnos a un lugar seguro.”- me dijo.

-Bellota, allí no hay nadie que nos vaya a delatar.- propuse bastante seguro.

-“Sí, perfecto. Ni siquiera sé que es eso. Ahora sólo queda encontrar una forma de salir de aquí.”- accedió mi protector.

-Lucharemos. Al parecer James cambió mis poderes de fruta por unos más poderosos.- decidí.

-“Mala idea. Te recuerdo que el científico era mi contacto. La fruta que consumiste es la del pirata alado. Muy poderosa, sí, pero igualmente difícil de controlar.”- me explicó.- “Además Dante encontró tu antigua fruta y la consumió. Salir luchando no va a ser una opción.”- añadió.

-¿Entonces?- pregunte nervioso ante la situación.

-“No podemos luchar, pero he estudiado el poder de tu fruta y quizá nos sirva.”- me comentó.- “Su antiguo usuario era capaz de crear clones sombríos de sí mismo gracias a la energía oscura de la fruta. Tú también deberías poder hacerlo, tan sólo imagínate a ti mismo y libera algo de energía.”- me explicó.

No entendía por qué todos los hombres que sabían algo creían que podían ser maestros. Me habría quejado de lo estúpido que sonaba lo que tenía que hacer, pero si era cierto que el general venía a por nosotros no había tiempo que perder. Pausadamente tome aire y me dispuse a hacer lo que Tomefis me había dicho, imaginarme a mí mismo. Sabía que no podía ser tan fácil como imaginar mi rostro parado enfrente de mí. Si quería crear una copia de mí mismo tenía que hacerlo desde el principio. Es por esto que comencé a imaginar también mi aura, mis sentimientos, mi energía. Una vez estuve listo, extendí la mano y dejé que mi poder fluyese. En mi vida había sentido nada como eso, era verdad que la fruta que había consumido era increíble.

-“Vale, eso ha sido muchísimo más rápido de lo que esperaba. Ahora repítelo varias veces y mándalos a la ciudad. Eso debería bastar para ganar tiempo hasta que lleguemos al puerto.”- dijo Tomefis exponiendo su plan.


***


-Lo hemos encontrado señor.- dijo uno de los reclutas.

-Bien, avisad a Dante. Yo me encargo.-respondió el general.

El hombre al que buscaban había estado corriendo por la ciudad sin parar, lo que no tenía sentido. En cualquier caso ahora estaba en un callejón sin salida, no tenía a donde ir.

-Venga muchacho, entiéndelo. Sabes que sólo hago lo que me piden.- dijo el general acercándose para agarrar al joven.

El gran hombre había visto muchas cosas hasta aquel entonces, pero nunca nada como aquello. Lo que había arrinconado no era humano. Tras la capucha que lo ocultaba solo había una figura de humo negro que se deshizo en el momento en que la tocó.

-¿Qué narices?- dijo sorprendido. -No está aquí, era un señuelo.Seguid buscando.- ordenó.


***


La cara de Nairb era conocida, pero no iba a permitir que nadie dijese una palabra. Yo mismo había diseñado los sistemas de vigilancia y las rutas de los guardias. Es por esto que pudimos marchar hasta el puerto sin que nadie nos detectase como había planeado Tomefis. Una vez allí, la misión se hizo un poco más desagradable. No podíamos dejar que diesen la alerta por lo que tome un barco pequeño dejando fuera de combate a sus tripulantes.

-¿Ahora qué?- pregunté con inseguridad a Tomefis.

-“Nos encontrarán tarde o temprano. Tienes que aprender a usar tu poder tan rápido como sea posible. Empezaremos en cuanto lleguemos al archipiélago Bellota.”- dijo bastante seguro.





7. La libertad de la verdad


Más un mes pasó antes de que comenzase a desenvolverme correctamente con mis poderes. Según Tomefis era muy poco tiempo y seguramente aún podría sacar más potencial a la fruta con práctica, pero me sentía imparable. En un principio sólo me había dedicado a aprender a invocar mis alas y a acostumbrarme a mis nuevas capacidades físicas. Eso era bastante aburrido y rutinario, pero tampoco duró mucho. Una vez hube aprendido a controlarme a mí mismo, comencé con las prácticas de vuelo y el estudio de la energía oscura. Volar era genial, pero nada comparado con el poder canalizar mi poder. Era tan versátil, había un montón de cosas que podía hacer: impregnar mis golpes con oscuridad, lanzar esferas corrosivas de energía, hacer tangibles los espectros de sombra como los que había invocado en Mailén. Incluso podía influir en las inclinaciones de la gente, aunque Tomefis me lo tenía terminantemente prohibido.


***


-Toma lee.- dijo el científico pasándole un libro al hombre mayor.

-Ya he buscado información yo mismo desde que me mandaste la carta… No podemos dejar que lo controle.- respondió este angustiado.

-Me siento responsable, pero no creo que haya nada que yo pueda hacer.- se lamentó el científico.

-Tendría que haberme dado cuenta antes, no era normal como estaba actuando.- volvió a intervenir el viejo.- Vamos, tiene que haber una manera. Ya perdió el poder de la fruta una vez. ¿Por qué no otra?- propuso intentando encontrar la forma de recuperar al que consideraba su hijo.

-Ya te dije que si volvió era gracias al inmenso poder de la fruta de Mefistófeles. Además, ¿cómo piensas matarlo? Te recuerdo que ahora mismo es muy poderoso.- se negó el científico.

-General, usted podría hacerlo.- dijo el preocupado empresario al hombre que se había mantenido callado hasta el momento.

-No. Yo también he buscado información sobre el reto al que nos enfrentamos. El tema de manipulación mental no me atrae para nada. Si queréis puedo cuidar la ciudad hasta que volváis, pero no voy a arriesgar a nadie de mi ejercito por una causa perdida.- declaró firmemente Ross Bolt.

-Te recuerdo que podríamos atraparlo y meterlo en agua hasta que encontremos algo mejor.- dijo el científico al más preocupado de los tres con tono cansado.

-Sabes que para eso tendría que tomar la fruta y no estoy dispuesto a hacerlo.- se mantuvo firme el hombre de pelo cano.

-Allá tú, pero si el general no piensa ayudarnos es la única forma que tenemos de acercarnos sin que nos mate.- replicó el científico.

-Algo se nos ocurrirá…- volvió a intervenir Dante.


***


-Hijo, ¿podemos hablar? – me llamó mi madre desde el suelo.

Rápidamente pare de entrenar, volví al suelo y recogí mis alas.

-Dime madre.- le apresuré para poder volver a entrenar cuanto antes.

-Verás… la gente del pueblo empieza a preocuparse por ti. Y la verdad es que yo también.- me dijo con tono triste.

-No entiendo.- le respondí extrañado.

-Lo raro que actúas, la forma en la que hablas solo… Nos preocupa que esos poderes tuyos te estén afectando.- me explicó pausadamente.

-Entiendo a lo que te refieres, pero debes entenderlo. Pronto gente mala vendrá a cazarnos a Tomefis y a mí. Debo estar preparado.- le tranquilicé.

-Ves ese es el problema. No paras de hablar de ese tal Tomefis, pero aquí no hay nadie.- contestó dejándome algo descolocado.

Mi amigo estaba justo detrás de mí, y había estado ayudándome a practicar toda la mañana. No tenía nada de sentido lo que mi madre estaba diciendo.

-“Debe ser duro ver como la edad le hace eso a un ser querido…”- me dijo mi tutor con tono serio.

-Mamá, vamos a casa a descansar un poco. Te prepararé un té para que te relajes- propuse a mi preocupada madre.

-¡No! ¡Estoy harta! Eres tú el que necesita ayuda. Voy a conseguírtela ahora mismo.- dijo marchándose hacia la casa para hacer una llamada con el den-den mushi.

-“No puedes dejarle, no estás listo. Si lo hace nos matarán.”- me apresuró Dante a detenerla.

-Quieta.- le ordené con tono serio agarrándole por la mano.

-¿Qué haces? ¡Suéltame!- dijo seriamente antes de darme una bofetada.

Es normal que una madre abofetee a su hijo para mostrar su autoridad; no obstante, eso no reducía la humillación que acababa de sentir. Nadie desde que había consumido la fruta me había golpeado. Nadie.


***


-Luego soy yo al que llaman loco.- protestó James en cuanto divisó tierra.- Aún estamos a tiempo de darnos la vuelta y marcharnos.- propuso dejando ver el miedo en su voz.

-Funcionará, confía en mí.- replicó Dante con tono cansado.

-Joder, ¿en serio te la vas a jugar por las malditas supersticiones de una isla enana?- continuó inseguro el científico.

-Ya te he dicho que no son supersticiones. Las flores copo valen para calmar las almas, son sagradas.- respondió el hasta ese momento escéptico anciano.

-Me da igual lo que digas. Soy científico y te digo que eso es una flor normal. Por mucho que la metas en un cristal y hagas un colgante con ella no vas a conseguir que el demonio del muchacho se vaya. Se acabó, no pienso poner un pie en esa isla. Avísame cuando acabes de conseguir que tu protegido te mate.- volvió a intervenir el más realista de los dos.

-Dime qué prefieres, ¿qué te entregue al gobierno o que le diga a la revolución que tú mismo planeaste tu escape?- le amenazó.- Ponerle el colgante es una posible solución, pero vamos a necesitar tus cacharros para poder hacerlo.- continuó con tono firme.

-Puedes usarlos tú mismo.- volvió a quejarse el científico.

-Tienes que ser tú. Sabes que se me dan mal las tecnologías y tú eres el único en el que confío al que puedo convencer para esto.- remarco Dante.

-Dirás chantajear.- replico James resignándose mientras se recolocaba la pulsera.

Dante no era un hombre de acción, nunca lo había sido. En cualquier otra situación no habría estado dispuesto a nada de esto, pero no podía abandonar sólo a Raghersir. El muchacho no le cayó muy bien cuando se conocieron por primera vez, pero habían pasado muchos años desde entonces. Al fin y al cabo así es como se formaban las relaciones más estrechas, con años de convivencia. Lo que había comenzado como una simple colaboración en la compañía que un amigo común les había legado había acabado convirtiéndolos en algo más. No sabía que sentía el muchacho, pero tenía claro que para él era el hijo que no pudo tener. Bajo ningún concepto iba a dejar que un demonio lo consumiese.


***


-¡Quieto monstruo! Esta es mucho mejor que la que te di a ti.- dijo James a la vez que apretaba el botón de su pulsera.

Al instante una armadura de aspecto tecnológico surgió a su alrededor, pero eso no le hizo sentir más seguro. Enfrente de él, cargando con un cuerpo inerte, se encontraba una criatura con la que esperaba no llegar a encontrarse. La bestia era musculosa, del doble del tamaño de un humano común. Tenía garras, alas, cuernos y una cola puntiaguda, pero eso no era lo más terrorífico. El cuero negro que cubría todo su cuerpo desprendía una fina capa de humo negro que latigueaba a su alrededor, haciendo que pareciese recién salido de una pesadilla.

En cuanto el monstruo notó la llamada de atención se giró mostrando sus ojos de color rojo sangre y emitiendo un rugido quedo. Al instante un escalofrío recorrió todo el cuerpo del científico, que levantó el brazo y no dudó en disparar con el cañón de diales que llevaba la armadura. La bestia no pareció llegar a sentirlo, tan solo estiró sus grandes alas y de un batir se lanzó a por su nueva presa.

-¡Atrás!- gritó el del traje cibernético activando sus propulsores y lanzando una oleada de disparos.

No tenía nada que hacer contra aquella cosa, era suficientemente listo como para saberlo. Lo único que podía hacer era volar tan rápido como pudiese esquivando a la bestia.

La armadura era algo increíble, con muchas funciones y artilugios, pero solo sirvió para aguantar unos minutos. Tras dar un par de vueltas a la isla finalmente el predador acabo atrapando a su pobre víctima. Por desgracia para el demonio alado, el científico no estaba solo. En el momento en que las garras comenzaron a rasgar la protección de James, un gran armazón cayó sobre ambos encerrándolos en un cubículo de agua.

Nadie se sorprendió al ver que la bestia se convertía en un chico, estaban preparados para ello.


***


Me levanté en la orilla de la playa extremadamente cansado. No recordaba cómo había llegado allí, tan sólo que había estado discutiendo con mi madre.

-Al fin despiertas.- escuché decir a la voz de Dante.

Asustado me levanté y me puse en guardia. ¿Me habían capturado? Seguro que había sido él el que me había llevado hasta allí.

-¿Dónde está Tomefis? ¡¿Qué habéis hecho con él?!- pregunté preparándome para pelear.

-Tranquilo. Te aseguro que no somos tus enemigos, hemos venido aquí a salvarte.- respondió con tono extrañamente tranquilizador.

-¿Qué queréis? Ya me lo habéis quitado todo. ¡Devolvedme a Tomefis y dejadme!- les exigí.

-Tranquilo hijo. Sé que es duro, pero Tomefis no existe. Es el demonio de tu fruta. Está intentando controlarte.- me intentó explicar mi antiguo amigo.

-Yo mismo te lo puedo confirmar.- dijo el hombre con armadura que había a su lado dejando visible su rostro.

-¿James? ¿Tú también eres un traidor?- dije retrocediendo un poco más haciendo que un colgante tintinease al rebotar en mi pecho.- ¿Qué es esto?- añadí arrancándomelo y lanzándolo a un lado.

-“Tranquilo chico, estoy aquí. He logrado evitar que me atrapasen.”- intervino Tomefis apareciendo detrás mío.

-Ahora somos dos, que pensáis hacer.- reté a los traidores.

Al instante sus rostros palidecieron, creían habernos atrapado y ahora estaban en problemas.

-No sois dos, él está solo en tu mente.- me rebatió el científico.

-Mientes y lo pagarás.- proclamé sacando mis alas.

-Que se acerque y me golpee entonces.- volvió a intervenir James.

Por un instante miré a Tomefis esperando que lo hiciese, pero no parecía querer mancharse las manos. Es por esto por lo que me lancé yo mismo.

-Esto no funciona, voto a volver a meterlo en agua antes de que se transforme.- propuso a Dante al ver que había desplegado mis alas.

-Quieto.- me detuvo Dante.

Noté al instante que no podía atacar, el muy maldito estaba usando mi antiguo poder contra mí.

-Así que es cierto que me robaste la fruta, traidor.- le incriminé.

-Mira detrás de ti.- me indicó con tono serio ignorándome.

Parecía que era la tomadura de pelo más cutre de la historia, pero su tono serio me hizo sospechar que había algo que ver de verdad.

-¡No! ¡Vosotros!- grité con furia mientras una lágrima se escapaba de mis ojos al ver el cadáver de mi madre tendido en el suelo.

-No, nosotros no. Tú.- respondió James mientras proyectaba con su armadura las imágenes de todo lo que había visto desde su llegada a la isla.

Inmediatamente me giré hacia Tomefis, que había quedado serio y callado detrás de mí.

-Ya te hemos dicho que el demonio de tu fruta te estaba manipulando.- me recordó Dante.

-El cadáver que entregaste a la marina era su último usuario. Seguro que antes de consumir la fruta no viste a tu amigo sin estar él cerca.- añadió James.

-“No les creas, intentan que nos enfrentemos para cazarnos más fácilmente.”- intentó convencerme el supuesto demonio.

Sentí que mi cabeza explotaba, pero tenía sentido. Todo lo que había vivido con Tomefis, todo, podía ser una ilusión.

-Golpéale si es mentira.- ordené al que había prometido devolverme la felicidad.

-El amuleto que te habíamos puesto es una reliquia de isla Copo para alejar los malos espíritus.- me informó Dante.

Me había quedado petrificado. No quería creerlo. No podía estar pasando algo así. Tenía que ser un sueño. Mi madre… no podía estar muerta.

-“Estoy harto de jugar con tan malas cartas. Me han pillado, pero no van a ganar. Si no te sometes por propia voluntad lo haremos por la fuerza jejeje.”- acabo admitiendo Tomefis con el tono más siniestro que había oído nunca.


***


La cara del joven palideció en un instante, pero no fue nada comparado con la de los otros dos hombres al presenciar lo que ocurrió a continuación. De la nada una enorme esfera oscura apareció y comenzó a avanzar hacia el muchacho. Este intentó correr hacia el amuleto para colgárselo, pero la esfera lo alcanzó antes. En un abrir y cerrar de ojos ambos habían desaparecido, quedando sólo las ropas de Nairb en el suelo.

-Mierda.- dijo James arrancándose la pulsera y lanzándola contra el suelo.

Dante permaneció asombrado e inmóvil sin decir una palabra. Acababa de perder. Todo el esfuerzo que había hecho había sido en vano. Se había esfumado delante de sus ojos.

-Vámonos.- dijo el hombre mayor mientras una lágrima se resbalaba por su mejilla.

El científico marchó a la nave enfadado. Sabía que había sido él el que había condenado al hombre que lo había salvado y eso le carcomía por dentro. Su compañero aún tardo unos instantes en marcharse. No podía dejar de pensar en lo distintas que podrían haber sido las cosas si hubiera prestado más atención a su amigo en lugar de enfadarse como un crío. Se sentía culpable. Sabía que lo era.

-Mandad un equipo a las coordenadas en las que me encuentro. Hay varios cadáveres que enterrar.- ordenó Dante desde el den-den mushi que había en la lancha que los había llevado allí.


***


Si tan sólo me hubiera dado tiempo a alcanzar el colgante. Ahora era tarde para lamentarme por ello, tenía muchas cosas más de las que preocuparme. El maldito Tomefis, si es que realmente se llamaba así, me había llevado a su mundo. No tenía claro que era ese lugar, pero era oscuro y no parecía tener fin. Era un sitio siniestro sin duda, pero eso no es lo que lo hacía parecer el propio infierno. Desde que había entrado allí una serie de acciones se sucedían sin parar, quebrándome cada vez más en cuerpo y espíritu.

-Doblégate.-comenzaba diciendo el demonio que me había encerrado.

-No.- contestaba firmemente cada vez.

Tras esto la tortura comenzaba. Varias horas en las que de las sombras aparecían los esbirros que yo mismo había aprendido a crear. Era fácil luchar contra uno aunque tuviese mis mismas capacidades físicas y haki, pero vencerlo no era suficiente. Aunque menos habilidosos eran muy numerosos, lo que hacía que las peleas pudieran llegar a durar horas. Podía vencer a diez, a veces incluso a veinte, pero siempre acababan derrotándome y golpeándome hasta la muerte.

Aquí es donde empezaba lo realmente horripilante. Cuando moría no lo hacía de verdad, tan solo volvía a aparecer en medio de la oscuridad para pasar a la siguiente tortura. Fuego, desollamiento, electrocución... Este punto variaba cada vez, pero siempre acababa conmigo muriendo de una forma increíblemente dolorosa.

Hasta aquí ya era duro de soportar, pero el hecho de que al reaparecer mi cuerpo estuviera intacto lo hacía soportable. Lo realmente insufrible venía después, cuando abandonaba la oscuridad para revivir todos y cada uno de los momentos traumáticos de mi vida. Las muertes de todos los que había conocido, las veces que me habían derrotado, todas las traciones que había sufrido, todo. El orden en que lo vivía cambiaba cada vez excepto por un suceso, la muerte de mi madre. Antes de acabar siempre atravesaba con mis garras el cuerpo de mi querida madre y comenzaba a arrastrarla hacia la playa para que se pudriese al sol, igual que había hecho el día que llegué a aquel infierno.

Las heridas físicas desaparecían cada vez que renacía, pero el daño psicológico permanecía para siempre. Más de una vez me dejé matar por las sombras, más de una vez entré yo mismo en el fuego; sin embargo cada vez me levantaba más fuerte y más decidido a mantener mi respuesta a la propuesta del que me había encerrado.

Las primeras veces que viví aquel ciclo fueron duras, pero mi orgullo me mantuvo. Pasado el tiempo, ¿qué me podría hacer que no me hubiera hecho ya cientos de veces? Es duro reconocerlo, pero los gritos de dolor y las lágrimas de tristeza acabaron convirtiéndose en simple indiferencia. Ya no me importaba cuanto me torturase, lo había perdido todo. Al menos mientras yo estuviera allí atrapado no podría perjudicar a nadie más. Era un sacrificio noble. Era lo último que podía hacer para mostrarme a mí mismo que realmente había muerto siendo el guerrero que quería ser.

-Doblégate.- repitió como miles de veces había hecho antes.

-Sabes que no lo haré. Aunque fueras una farsa me ayudaste a volver a ser yo mismo. No hay forma de que puedas doblegarme. - respondí plantándome serio ante él.

Por primera vez no fui enviado directamente al combate con las sombras, algo había cambiado y la cara de mi captor lo mostraba.

-¿Qué pasa? ¿Has perdido el poder de torturarme?- pregunté con ira y arrogancia avanzando hacia él al ver mi oportunidad.

-¡Arrodíllate!- gritó mientras el mismo se agachaba como si la presión lo estuviera aplastando.

-¡No! Sólo eres un cobarde que manipula a los demás para sentirse poderoso. La verdad es que por ti mismo no eres nada. Desaparece.- le ordené con voz autoritaria una vez lo tuve con la cabeza junto a mis pies.

Por un instante un destello me cegó. No tardé en darme cuenta que había vuelto a la playa en la que desaparecí. No sabía cuánto tiempo había desaparecido, tampoco me importaba. Al fin era libre.

-“Por ahora.”- dijo Tomefis enfrente mío con rostro de furia.

-No eres nada.- dije mientras cogía el amuleto que había quedado a menos de un metro de mí.

En el momento en que me lo puse el demonio desapareció de mi vista. Tras esto recogí todo lo que encontré a mi alrededor, entre lo que se incluía mi ropa.

-Ahora a buscar una forma de volver a casa.- dije para mí mismo sabiendo que realmente no tenía una casa a la que volver.


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Re: [TS Raghersir] Fallen.

Mensaje por raghersir el Miér 23 Ago 2017 - 23:59

Peticiones:
-Colgante guay.
-+200% fuerza
-+200% resistencia
-(por los residuos del suero) Pu: el usuario es capaz de regenerar tejidos por sí sólo. La velocidad dependerá de la gravedad de las heridas, variandode 1 turno(un corte superficial) a meses (una herida grave).
-Cambiar la fruta del diablo actual por la fruta mitológica de mefistófeles.
-Mejorar el haki de armadura a superior.
-Mejorar el haki de observación a perfecto.
-Dos armaduras pulsera, una de ellas con todas las mejoras.Click
-aumento de nivel del NPC Dante.
-Que el NPC Dante obtenga mi fruta actual.
-Ascenso en la ráma científica con mi identidad secreta.
-Ascenso como cazador por el pirata entregado.
-Nivelar la fruta adquirida.
-Obtener un aumento en los beneficios de mi empresa por la expansión (20 millones).
-Obtener la propiedad del 10% de las edificaciones de Mailén.
-PU: es capaz de seguir actuando normal ignorando el dolor (sigue doliendo pero se aguanta).
-PU: es capaz de ignorar las influencias mentales y resiste los traumas psicológicos.
-Técnica vuelo: puede volar y maniobrar en el aire con normalidad.
-Técnica rastreo: es capaz de enviar su aura a investigar su zona pero mientras lo hace ha de manternerse meditando quedando inmóvil y vulnerable.
-El sistéma de seguridad
-Técnica siervos de sombra: El usuario puede crear espectros de humo negro con su imagen. Puede crearse uno por cada 10 niveles del usuario y su habilidad e inteligencia será la mitad del usuario menos un 10% por cada esbirro extra (mínimo10%).
Tabla según el nivel de la fruta:
lvl10: El usuario puede impregnar con su aura los espectros.
lvl30: Los espectros pueden hacerse tangibles para golpear.
lvl50: Los espectros pueden usar los haki de su creador.
lvl70: Los espectros adquieren el nivel de inteligencia y habilidad de su creador. Se mantiene la reducción del 10% por cada uno extra (mínimo30%).
lvl90: Los espectros pueden usar los poderes de la fruta de su creador con un 10% de su potencia.


Última edición por raghersir el Jue 24 Ago 2017 - 23:38, editado 4 veces (Razón : Titulos y asteriscos)
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Re: [TS Raghersir] Fallen.

Mensaje por Señor Nat el Sáb 26 Ago 2017 - 17:26

Buenos días, soy Nat y hoy voy a ser tu corrector. Antes de nada recuerda que puedes sobornarme o seguirme en Twitter, pero no servirá de nada. En fin, comencemos:

Lo primero de todo vamos a hablar un poco de historias. Hay historias de ficción, de aventura, épicas, fantásticas, combinaciones de las anteriores, algunas más... Y luego está la tuya, que entra en el paradigma Kung-Fury. Con esto no quiero decir que sea mala historia, solamente comentarte que la próxima vez deberías tener más cuidado. ¿Por qué? Te preguntarás, y yo te responderé que por muchas cosas. ¿Por cuáles? Volverás a inquirir, y me alegro de que me hagas esa pregunta, porque te voy a contestar. Primero, vamos a hablar de Tomefis.

Tomefis:

En fin, para empezar tal vez debería decir que en un primer momento una persona que parece hablar desde ninguna parte y finalmente aparece detrás de un mástil no es de fiar. Podría haber olvidado este detalle de no ser porque, desde un primer momento, Tomefis no es otra cosa que un mal anagrama de Mefisto, algo que una persona tan hábil para planificar tantísimas cosas debería haber visto. O, al menos, tras un tiempo, habérselo planteado. Por otro lado, que aparezca cada cierto tiempo de forma injustificada y sólo para decir cosas que tú pareces saber hacen que este personaje parezca en todo momento, más que una posesión demoníaca, una alucinación. Por otro lado, aparece varias veces sin que el pirata esté cerca, sólo te dice cosas que tú deberías saber... Hasta el momento final, cuando de repente se convierte en un Deus ex machina para aprender técnicas gratis. Por cierto, a partir de ahora voy a llamarlo Spiderman, es mucho mejor que tu anagrama.

Pero bueno, no quiero hablar tanto de nuestro amigo y vecino Spiderman como de ti. A lo largo de la interacción Raghersir, esa persona inteligente y desconfiada, primero habla de toda su vida con un desconocido que... Bueno, no es que inspire confianza. De hecho, una persona que te invita a contarle tus problemas sin decirte su nombre. "Hola, soy Psico-man y vengo a escucharte". Desde luego eso sí que es un héroe, la persona que salvó tu vida sólo diciéndote "No saltes". Pues oye, que no parecías muy dispuesto a morir si con eso simplemente te calma. Es decir... ¿Ni le discutes? Nada de nada. Sublime.

Pero no nos estanquemos en la primera vez que os encontráis, vez que por cierto no te dice su nombre, aunque la segunda ya lo sabes. Eso es la segunda prueba de que está en tu cabeza, que tu mente crea información sobre él para completar tus propias lagunas. Del mismo modo sabe un montón de cosas sobre ti, cosas que normalmente no debería saber, incluidas tus identidades secretas y un montón de información que, sin decírselas tú, no sabría. Como que te follaste a tu secretaria, aunque viendo que en diario todo el mundo te come la polla como si no hubiera mañana lo raro es que no escucharan sus gritos en toda la isla. Qué digo la isla, lo raro es que Iliana no te llamase a la mañana siguiente para darle lo que a la secretaria. Incluso Derian Markov debía envidiar tu pene, por lo que leo.

Me desvío, y estoy hablando de Mistófoles. El amiguete tarda en volver a aparecer, ahí por... Bueno, cuando la trama lo requiere porque sin él se termina. No sólo aparece cuando más falta hace, sino que ha estudiado tu fruta. Sólo por recordarte que se supone que eres listo, lo de tu Akuma nueva era Top Secret (Aunque para mí haya sido Top Wadafá).

Luego... La escena de tu madre en Isla Bellota. La matas porque te dice que no existe. ¿No te has planteado visitar un psiquiatra? Mucho mejor matarla directamente, sin duda. Ah, cierto, que va a coger un Den Den mushi. Mejor mátala en vez de romper el teléfono. Te lo ha dicho un tipo con perilla, ¿Qué podría salir mal?

Finalmente, decir que me mola mucho el rollo ése de "Vamos mistófoles, usa placaje", y que como aún no tienes la medalla roca no te obedezca porque es un Pokemon intercambiado. Además, una vez te vuelves contra él Mistófoles, que debe ser una especie de Darkrai, hace Brecha Negra y os vais a dormir. En este mundo de pesadilla te tortura hasta que... Bueno, te das cuenta de que no puede. El dolor era psicosomático, así que una vez te das cuenta ya no puede hacerte nada. Vuelves pacíficamente de Mundo Distorsión y te pones la chapa al pecho. Un buen final para la historia de Raghersir Martell, rompedor de cadenas, lanzador de brazos, criador de basiliscos, el que no arde, rey de los siete reinos y protector del reino.

En fin, he terminado con Tomefis. Vamos ahora a otro punto muy interesante de comentar: Las historias que intercalas para adelantar información. Verás, aunque entiendo que hay multitud de herramientas narrativas para contar la historia de tu personaje, no me parece bien que en un diario la mitad del tiempo me lleves a historias secundarias, cuando varias no tienen ni asomo de relación con tu trama. No más allá de "gente mata gente para robar barco por algún extraño motivo que ya descubriremos en el próximo episodio".

De hecho, estoy seguro de que ahí me intentarás decir que es Tomefis el que lo decía, o que era una persona que por alguna razón estaba interesada... Pero mira, si en vez de disfrutar la lectura tengo que comerme la cabeza preguntándome si sería coherente, me niego. Es decir, por lo que he leído la única persona que podría estar interesada en hacer eso es Tomefis, pero Tomefis es el espíritu de una Akuma, y no tendría sentido que los piratas apareciesen porque sí debido a eso. Bueno, Tomefis o Pirata Elegante, cuyo nombre nunca se llega a decir, pese a ser un pirata "famoso" (que por cierto, supera ampliamente el promedio de recompensa de gente del Paraíso y mucha del Nuevo Mundo). En fin, creo que era Pirata Elegante, ya que luego se hace con el barco y tal, pero... Bueno, qué más dará.

Como decía, las historias secundarias. Aparte de estar metidas con calzador y contando algo que a nadie le interesa y que tal vez, lejanamente, podría importar para la historia, son cosas mayormente aburridas y que muchas veces descubren una total falta de continuidad, como cuando el científico tira al traste todos sus inventos y cinco minutos después (o unas horas, ya que el cadáver de Pirata Elegante aún no apesta), tiene el suero preparado a la perfección. Por otro lado, en general todas esas historias cuentan algo que de una forma o de otra habría sabido sin que las contaras, por lo que realmente no interesan en absoluto.

Otro pilar de mi disgusto es que todo, absolutamente todo, sale bien. Y cuando digo todo, es todo. Vamos a hacer un repaso rápido: Llamas a Dante, que lleva a cabo una obra de varios meses en dos semanas (como fuente dejo un proyecto de fin de grado para el puerto de Torrevieja). Por otro lado, entre la creación de planos y las obras de una casa pueden pasar meses, pero en este diario se arregla todo el frontal de un puerto, se restaura un puerto y se crean rompeolas de hormigón en apenas un par de semanas. Y bueno, éste es gordo, pero si seguimos por el "saludé a mi secretaria. La ascendí. La follé", queda algo forzado. Y cuando algo, es que se me rompió el calzador. Pero siguiendo... El plan, el maravilloso plan. En lugar de infiltrar a una persona como todo hijo de vecino (o varias, why not) para... ¿Matar al director? ¿Sacar a Raghersir? ¿Sabes qué? No importa, en vez de infiltrarse un grupo de tíos para la misión van y revientan el complejo, lo que sumado a que minutos antes estabas robando información clasificada, hace que te pongan recompensa. Ah, no, porque en ese departaento científico hay un disco duro común para todos sin ninguna contraseña o protección contra el pirateo, por lo que puedes delinquir impunenemente, pues tampoco hay cámaras.

Continuando, su plan basado en que todo salga bien funciona hasta tal punto que un tiburón de los negocios se deja seducir por un testamento para donar todas sus propiedades. Porque como obviamente el testamento es inamovible, pues algún día heredaré todo. Qué de puta madre. Que... Por cierto, luego mueres, así que ahora el que manda es el niño. Pero ésa es otra, hablemos del suero. ¿Cuántas probabilidades había de que el ingrediente secreto para las supernenas fuese zumo de Akuma no mi de Mefistófeles? Y más importante, ¿Por qué coño un tipo que se regenera lo suficiente como para que el cáncer no le afecte decide suicidarse? Es más, por Raghersir, una persona a la que no conoce más que de... Bueno, ¿De pelearse con él? ¿De salvarlo? No sé, lo conoce de básicamente nada. Siguiendo la línea de sucesos... No sé, creo que poco más, tal vez el "No tengo ocho horas para buscar a tu amigo pero sí un par de meses para enseñarte Mantra" de Rosse Bolton ahí por Fuerte Terror. Muy oportuno. Que por cierto, me mola el rollo de que él solo pueda con un ejército, pero te creas que una banda pirata se ha atrevido a pisar tu isla sabiendo eso. Más cuando lo contrataste para eso.

Siguiendo, Raghersir es el puto amo. Siempre. En todo momento, sólo recibe un golpe por estar distraído. Sabe más de física cuántica que los físicos a los que ayuda. Todo el rato Raghersir lo controla todo, pero no porque realmente lo controle, sino porque el plot lo ordena. Ya no es que el plot lo requiera, sino que el plot no podría existir si no asumimos que todo a Raghersir le sale bien.

Por otro lado, vamos con incoherencias y momentos estúpidos. Los recopilo con quote y todo:

-¡Parad!- grité con todas mis fuerzas.

No tenía intención de aguantar esa disputa entre payasos. Tenía demasiados problemas como para sumar el verme envuelto en aquel culebrón. Si querían pelear, que se fuesen a cualquier otro lado.

Ambos me miraron por un segundo con cara de sorpresa, pero no tardaron en intentar volver a la acción. Ambos trataron de golpearse, pero parecía como si no pudieran. Levantaban sus musculosos brazos preparados para lanzar un puñetazo directo a la cara de su rival, pero luego nada. Los puñetazos nunca llegaban a salir. Por un momento pensé que simplemente eran subnormales, pero no tardé en darme cuenta que sabía el motivo de que eso estuviera sucediendo. La duda no me iba a durar mucho, tenía una forma muy sencilla de comprobarlo.

-Seguid.- dije con voz dudosa.

Ambos me miraron de reojo extrañados, pero entonces sus puñetazos volvieron a fluir de nuevo.

-Parad.- les ordené otra vez.

Entonces la pelea se detuvo de nuevo. Era algo muy curioso, podía ordenarles que parasen cuando quisiese. Al final parecía que el genio que me había ofrecido un deseo antes de dejar la isla no era un estafador; me había otorgado mi deseo de verdad. Aparentemente, la fresa amarga que había comido era una fruta del diablo. No era lo que había esperado, pero debía reconocer que era un poder útil.

Pensé que ya que ahora sabía seguro que iba a morir en cuanto me tirase al agua, debía aprovechar ese poder un poco antes de dejarlo marchar.

-Seguid.- dije a los marineros de nuevo.

Por desgracia para mí esta vez no siguieron pegándose. Se habían dado cuenta de que estaba jugando con ellos y no les hizo nada de gracia. Por sus caras, pude deducir que el odio que me habían cogido era tremendo. Suficiente para dejar su disputa por un segundo y venir a por mí.

-Marchaos.- les ordené intentando que dejasen de acercarse.

Para mi sorpresa no lo hicieron, seguían avanzando hacia mí. Parecía que había sobreestimado mi poder, no podía dar órdenes sin más.

-Parad.- dije una vez uno de ellos estuvo lo suficientemente cerca para atacarme.

Ahora el poder sí que funcionó. Parecía querer atacarme, pero no podía. La ira y la frustración formaban un cuadro en su cara, era bastante gracioso. En fin, ya había tenido bastante.

-No podéis golpearme. Sólo marchaos y dejadme tranquilo.- les dije con tono vacilón.

Sí, muy largo, pero estos Marineros son retrasados mentales. Además de ver que no pueden pegarse cuando tú ordenas que paren, van e intentan golpearte. Con eso sería suficiente, pero es que además hay otra cosa: Siguen tus órdenes en todo momento como estúpidos, hasta que ven tu cara de sorpresa, por lo que evidentemente eres el culpable y tienen que pegarte, aunque haya quedado claro que no pueden. Había que intentarlo.

-¿Unas últimas palabras antes de que te mande al infierno con tu padre?- escuchó preguntar a una voz ronca detrás del mientras la espada se preparaba para rasgarle la garganta.

¿Cómo sabe el pirata que es el hijo, si no han dicho nada?

Una vez hube llegado al timón, donde se encontraba el capitán me paré a mirar el horizonte. “Todo lo bueno se aprecia más cuando nos inunda lo malo.”- pensé antes de que el capitán me diera un silbido.

Porque no importa que estés a treinta centímetros de su cara, mucho mejor silbar.

Consciente de lo que había ido a hacer allí me dirigí al edificio principal del puerto. Según Dante allí se encontraban los enviados de Isla Copo encargados de dirigir la operación.

-Reúne a los encargados. Quiero un reporte del avance hasta ahora y que me muestren los planes para cada zona.- ordené a la secretaria que encontré nada más entrar al edificio.- Ah, y haz que se corra la voz de que mañana al medio día daré un discurso en la plaza principal.- añadí sin detenerme.

Tenía muchas cosas que hacer como para pararme y sin duda a la joven se le habría avisado de que iba a llegar ese mismo día. No había motivo para ponerme a dar explicaciones.

-Si señor…- la escuché responder algo nerviosa detrás de mí.

-Chica, hoy va a llegar tu jefe.

+Vale, señor.

Horas más tarde llega un tipo sin afeitar y oliendo a lobo de mar dando órdenes

+Debe ser el jefe.

¿Por qué no aquella preciosa joven? Sin duda iba a ser tan buena como cualquier otro.

-Añade a la lista organizar una reunión con el jefe de seguridad. Y por cierto, quedas ascendida.

En este diario, sin duda todos son iguales. Igual de estúpidos.

-Ni yo mismo lo sé. La mayor parte del tiempo me lo pasé usando la lógica y lo aprendido en sus entrenamientos para cumplir la misión.- comencé a explicar.

¿Lógica? ¿Raghersir? - Rufino Manso

-Ah, por cierto. El jefe de ingenieros te espera en el taller 409 para que te unas a un nuevo proyecto.- me dijo mientras salía por la puerta.

El jodedor de mañanas ha vuelto. - Rufino Manso

De por sí lo anteriormente mencionado ya era duro, pero eso no era más que el calentamiento. Una vez habíamos dado tres vueltas a la isla nos ataban con una cuerda y nos lanzaban risco abajo. Lo primero que había que hacer era estar atento para golpear con fuerza si tenías la mala suerte de dirigirte hacia una roca. Tras esto tenías que tener cuidado, detrás de ti caía la carga que llevases atada al otro lado de la cuerda. Por suerte para mí siempre fui capaz de esquivarla y agarrarme a las rocas sin llegar a tocar el agua. No quiero ni pensar que podría haber pasado si me hubiese sumergido siendo usuario de una fruta del diablo. Tras esto lo que había que hacer era simple pero no por ello menos complicado. Había que escalar la pared perpendicular del acantilado hasta arriba con el peso a cuestas mientras desde arriba lanzaban cubos de agua electrificada.

En Manganés de la Polvorosa también lanzan una cabra desde el campanario. - Rufino Manso

No, ahora en serio. Este entrenamiento es incomprensible, caótico y desorganizado. Además, muy incompleto y forzado.

-¡Calla invécil!

Imbécil.

Un golpe al tobillo, otro a la rodilla contraria y por último, mientras caía, un golpe ascendente a la barbilla que dejó fuera de combate a mi compañero por un instante. Quizá me había pasado, pero es lo que había ganado al golpear a alguien con más técnica que él por sorpresa.

Pero soy el puto amo. - Rufino Manso

Aparte hay un montón de faltas tanto ortográficas como de tipografía, despistes y palabras mal usadas, momentos en los que la escritura se vuelve totalmente caótica y demás.

En fin, voy a parar de hacer esto; creo que ha quedado bastante claro. Me dejo detalles como la mansión en medio de la ciudad en ruinas, las obras que no tienen en cuenta a la población o los discursos aburridos, pero vamos a lo que toca. El diario pintaba bien pero ha ido decayendo cada vez más, hasta que ha perdido toda la lógica que podía llegar a tener, por lo que, sintiéndolo mucho, debo suspenderte. Puedes editar para mejorar (costando todo medio punto más) o pedir una segunda corrección. Del mismo modo, temo decir que por el final del diario, al considerarte todos muerto, pierdes tus empresas, que hereda el niño empresario. También tus propiedades y esas cosas. Del mismo modo, tu alter ego científico quedaría expulsado de la facción y con recompensa por robar información, así como destruir la base 021. En fin, lo lamento y me despido.

Buenos días.
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Re: [TS Raghersir] Fallen.

Mensaje por Señor Nat el Sáb 16 Sep 2017 - 13:27

Ding Ding Ding. Se acabó el tiempo. Ya no puedes editar el TS (2 semanas es el plazo que damos en este evento para corregir, así que eso). Bueno, sobre lo de arriba y tal. Quítate empresas, ingresos, y pon recompensa a tu identidad secreta. Pierdes la Akuma.

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Re: [TS Raghersir] Fallen.

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