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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

[Priv. Worgen & Deian] Cuentos de las 1001 noches. La gran tumba

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[Priv. Worgen & Deian] Cuentos de las 1001 noches. La gran tumba

Mensaje por Nefertari Worgen el Miér 29 Nov 2017 - 23:17

Una alta figura ataviada con una negra chilaba se acercaba a paso ligero al destartalado bar. Su cara estaba cubierta por un turbante del mismo color que sus ropas, las cuales estaban llenas de arena. El bar estaba apartado de la sociedad y se encontraba en un barrio marginal y empobrecido. La madera de la puerta parecía mal tallada y el enorme letrero estaba inclinado, mientras rezaba el nombre de La Serpiente de Arena. Pero aquello, a la clientela, no le importaba. La gente que regentaba aquel bar era de mala calaña y tan solo quería hacer sombríos negocios y beber como patos. La figura entró, dando un empujón a la puerta. Después de todo, aquel era su establecimiento. El jolgorio que había en su interior se detuvo de golpe. La figura se descubrió la cara, mostrando un rostro atractivo de altos pómulos, con una cicatriz cruzando su ojo derecho. Todo el mundo levantó su copa y gritó con alegría, excepto una persona.

─¿Eres idiota? Te marchas a hacer vete tú a saber el qué y mientras yo aquí, sola.

Nikola, su socia del bar, camarera y amante era una mujer de piel morena y castaños cabellos, con claros ojos verdes que destacaban en su oscura tez. Worgen sonrió con picardía y la besó, con una mano en la cintura de la chica, recibiendo una sutil bofetada.

─He ido a rellenar nuestras arcas -dijo mientras se quitaba la túnica y el turbante, a la par que le tiraba a Nikola una bolsa llena de monedas -. Parece que los puestos mercantiles de carne prosperan.

─¿Ya has robado al viejo Oswald? -dijo un borracho, rodeándole con el brazo. Worgen veía como Nikola seguía con su trabajo tras guardarse la bolsa -. Sabes que ese desgraciado no se corta un pelo y viene con toda su familia de endógamos.

─Tranquilo -contestó Worgen, mientras se quitaba el brazo del borracho de encima -. Ese no es problema mío.

Y se sentó en la barra de su propio bar mientras el hombre lo observaba confuso por aquella extraña declaración. Se sirvió él mismo una botella de ron de debajo de la barra, pues ya sabía donde estaban. y dio un largo trago a morro, esperando. A los dos minutos se sentó una figura encapuchada a su lado. Nikola le colocó una jarra en silencio y el ladrón se la llenó del ron que estaba bebiendo.

─Creía que no vendrías.

─Los buenos golpes se hacen esperar -contestó el encapuchado, arrastrando las palabras -. Así que… tienes un buen golpe, ¿no?

Worgen pretendía hacer un último golpe con la ayuda del hombre más peligroso de Hauoli. El único matón que no pertenecía a Los Cobras y que aún así tenía una peligrosa fama en la isla. La intención de Worgen, por una vez en toda su vida, no tenía tonos traicioneros, pues no podía arriesgarse a morir a manos del gran Martillo, que era como lo llamaban. Su intención era dividir el botín… y marcharse de Hauoli con él.

─Es sencillo -dijo en un susurro -. Tú y yo cogeremos un camello, viajaremos hasta el otro lado del río, entraremos en el templo y…

─¿Templo? -su voz se notaba ahora con un ligero nerviosismo -¿Y enfadar al mafioso más peligroso de la isla?

─¿Ese no eras tú?

─Hablo del gobernador, gilipollas. Tiene ojos por todas partes, seguro que tiene el puñetero templo vigilado.

─¡Por eso! Debe tener algo bueno y valioso, seguro que…

─No pienso participar en tu suicidio colectivo.

Y se marchó, tirando el vaso de ron al suelo. Worgen apretó los puños, conteniendo la rabia. ¿Es que todo el mundo en esa isla eran unos puñeteros cobardes? Dio un golpe a la mesa, enfadado. Nikola lo miró, sabiendo que en aquel momento era mejor no decirle nada.
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Re: [Priv. Worgen & Deian] Cuentos de las 1001 noches. La gran tumba

Mensaje por Deian K. Shawn el Lun 4 Dic 2017 - 15:34

Los labios del pirata se torcieron en una mueca de disgusto, apenas ocultada por el cuello de su chaqueta o la sombra que proyectaba el sombrero sobre su rostro. «¿Cinco mil berries por una botella de vino? Ni yo timo de forma tan descarada» se quejaba internamente, observando la botella del Gran Reserva que sostenía entre sus dedos. «Ya tiene que saber tan bien como suave es el tacto de la piel de una prostituta de lujo, porque si no, no lo entiendo». Casi se encontraba indignado, y con cada segundo dedicado a darle vueltas parecía que aquella sensación iba en aumento poco a poco. Alzó la cabeza entonces para observar al regente de la bodega, cuyos ojos le observaban con una mezcla de inquietud y miedo. Quizá que el acero de Duncan se encontrase peligrosamente cerca de su yugular tuviera algo que ver.

─ Bebida de reyes, dices -su tono se elevó entre los lloriqueos del cano comerciante-. ¿De qué estaban hechas las uvas? ¿De oro?

─ E-es vino envejecido durante diez años, caballero... Supone mucho esfuerzo, dedicación y cuidado producir lotes de tal calidad... No es como si hubiera que ser un experto para...

Un sonido pomposo recorrió la sala en el momento en que Deian descorchó la valiosa botella. Echó un vistazo al interior de la misma por la boquilla y acercó la nariz para notar el aroma del licor, segundos antes de llevársela a la boca y dar unos cuantos tragos, sin tomarse el más mínimo momento para degustar la bebida. Huelga decir que no tenía mucha idea de vinos ni de la forma en la que debían ser catados o apreciados. Mejor dicho, sí lo sabía, pero poco le interesaba e incluso consideraba que se trataba de una completa majadería. Tras vaciar prácticamente media botella, soltó un sonoro suspiro al sentir el calor del alcohol ascender por su pecho y garganta.

─ Bah... No está mal, pero prefiero el ron. Y es más barato -se encogió de hombros-. En fin. Chase...

El vigía se acercó al capitán, que le tendió la botella de vino y dio media vuelta, dispuesto a salir del local.

─ Como ordene, capitán -se limitó a responder, aprovechando para dar un sorbo antes de estrellar el recipiente sobre la cabeza del comerciante, rompiendo el vidrio y haciendo que cayera sobre la madera del suelo, inconsciente.

─ Qué desperdicio de vino... -murmuró Duncan mientras envainaba la espada, negando levemente con la cabeza-. ¿A qué estáis esperando? -preguntó al aire, dirigiéndose a los tripulantes que allí se encontraban-. Guardadlo todo en cajas y llevadlo a la bodega. ¡Rápido!

La Espina Negra se encontraba atracada en uno de los puertos fluviales de Hauoli, no demasiado lejos de allí. La ciudad, de carácter oriental, era transitada por innumerables personas, ya fueran ciudadanos o comerciantes y tenderos. El bullicio era notable, casi tanto como el calor que hacía. Deian casi se arrepentía de levar puesta su chaqueta, pero si quería destacar no podía permitirse el lujo de ir con una simple camisa. Quizá fuera buena idea hacerse con algún turbante, pese a ello, pero no tendría la misma clase que su preciado sombrero. Tampoco importaba demasiado, aguantaría como alguien rudo y fuerte que era.
Habían hecho una pequeña parada en el distrito comercial para reponer provisiones y, ya que estaban, adquirir alguna que otra mercancía que poder vender después. Lógicamente, la presencia de una tienda de vinos como aquella no pasó inadvertida y se convirtió, rápidamente, en su objetivo. No causaron demasiado revuelo. De hecho, cualquiera que les viera pensaría que habían comprado algunas cajas para consumo propio o interés comercial... Siempre y cuando no reconocieran el rostro de Shawn o se fijasen en qué barco estaban cargándolas, claro. Sin embargo, el objetivo principal que tenía no era ese, sino el de localizar un pequeño establecimiento de mala muerte con bastante fama en aquellas aguas. «Los Cobras. De entrada el nombre es un tanto cutre... Espero que sus miembros no lo sean también».

Con la mercancía robada, quitaron las amarras y continuaron su ascenso por el río. Su destino aún se encontraba algo más alejado del nucleo urbano, pues no era un lugar que conviniera tener cerca de la gente corriente. Después de todo, los clientes que frecuentaban La Serpiente de Arena eran peligrosos, o eso decían. Tardarían poco más de media hora en atracar de nuevo. Tan solo Deian y Duncan desembarcarían en aquella ocasión. Chase probablemente se echaría a dormir y Allyson supervisaría que todo estuviera en orden durante su ausencia. Los demás... Se limitarían a custodiar La Espina mientras los mayores jugaban a los negocios.

Finalmente divisaron el variopinto edificio que conformaba el bar. Se escuchaba algo de bullicio en su interior, tal y como esperaban. Tan solo el hecho de que se encontrara en aquella zona daba a entender que no era un lugar para la gente de a pie, lo cual solo pudo resultar satisfactorio para el castaño. Parecía haber tomado la decisión correcta al seguir los rumores. Esperaba no sentirse decepcionado.

─ ¡Con permiso, caballeros! -exclamó mientras se adentraba en el local, abriendo la puerta enérgicamente y avanzando junto a Duncan despreocupadamente. Despreocupado él, claro, no el veterano, que se mantenía alerta-. ¿Con quién tengo que hablar para que me sirvan un buen trago aquí? ¿Con esta preciosidad? -prosiguió escandalosamente, refiriéndose claramente a la belleza de ébano que servía las mesas.

Su llegada parecía haber resultado molesta en cierta medida para el resto de clientes, aunque seguramente hubieran sido su entrada. Duncan suspiró, seguramente lamentándose por verse envuelto en aquellas situaciones junto al capitán. Tomaron asiento junto a la barra, aguardando a que les atendieran.
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Re: [Priv. Worgen & Deian] Cuentos de las 1001 noches. La gran tumba

Mensaje por Nefertari Worgen el Mar 5 Dic 2017 - 23:13

Un ruido a su espalda, así como una lasciva voz refiriéndose a Nikola, indicó al ladrón que acababa de entrar en escena uno o varios clientes. Sin embargo, no se preocupó en girarse, aunque estuviesen intentando meter baza con la camarera. El ladrón sabía muy bien que la chica podía defenderse sola ante ese tipo de declaraciones. Es más… ¿Quién le prohibía acostarse con quién le diera la gana? Desde luego, él no. Aunque sabía que cualquiera que se acercara a ella de esa forma no se ganaría ese privilegio. Cogió la botella y la besó, inclinando la cabeza hacia atrás y vaciando en su gaznate todo el contenido de esta. Estaba demasiado enfadado como para hacer caso a los nuevos clientes, pero no lo suficiente como para buscar pelea con estos. Tiró la botella vacía al suelo mientras buscaba tras la barra una segunda botella mientras escuchaba a Nikola, con su notable actitud, rechazar amablemente la oferta del nuevo.

Fue entonces cuando se dio cuenta. Era nuevo. Aquella voz no la había escuchado antes, de eso estaba seguro. ¿Qué demonios hacía un recién llegado a Hauoli en aquel bar? Solo había una posible respuesta. Era uno “de los suyos”. No de la banda, sino del mundo criminal. Aquella era su oportunidad. Criminales nuevos que no conocían la peligrosidad de robar el templo… Debía montar un espectáculo.

─¡Sois todos un atajo de cobardes! -gritó a la par que se levantaba y tiraba al suelo la botella, rompiéndola en mil pedazos de cristal, llamando la atención de todos en el bar-. Vais de criminales por la vida. De ladrones, asesinos, embusteros y estafadores. ¡Y no sois capaces de ver una oportunidad de oro cuando se planta ante vuestras narices! Me dais vergüenza. ¡Solo es un templo! ¿Quién sabe la de tesoros que guarda? ¡Nadie! Y no queréis saberlo. Y os hacéis llamar ladrones… Sois escoria.

Uno de los hombres se levantó, con el ceño fruncido y se acercó a Worgen, mirándolo desde lo alto. No llegó a decir nada, pues con velocidad, la serpiente le clavó una de sus dagas en el abdomen. El hombre se llevó las manos a la herida mientras caía al suelo, gritando de dolor.

─Deberías saber -dijo el ladrón mientras volvía a guardarse el arma - que siempre tengo impregnadas las dagas con mi propio veneno. Por si acaso. Y que no me gusta que intenten intimidarme en mi bar- colocó el pie sobre la herida del matón, la cual empezaba a sucumbir ante la necrosis, y pisó con fuerza, provocando un desgarrador grito de dolor -, pedazo de escoria. ¡¿Alguien ha cambiado de idea respecto al golpe?!
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Re: [Priv. Worgen & Deian] Cuentos de las 1001 noches. La gran tumba

Mensaje por Deian K. Shawn el Jue 7 Dic 2017 - 1:36

El ambiente pareció calmarse un poco una vez tomaron asiento, regresando al ajetreo que probablemente tuvieran allí montado antes de su llegada. Claro está, esta calma no concernía ni a Deian, ni a Duncan ni, por supuesto, a la belleza que les atendía. Los ojos del capitán no dejaron de recorrer su hermosa figura ni por un solo instante. Tan atractiva resultaba que a punto estuvo de prescindir de la bebida y pedirla a ella como consumición. Su actitud no pareció pasar inadvertida por la joven, que dedicó la mayor y más sincera muestra de asco hacia el castaño en forma de mueca. «Me encanta cuando se hacen las duras» pensó, aún sin apartar la mirada. Mientras tanto, Duncan se limitaba a otear las estanterías que se encontraban más allá de la barra, probablemente buscando cuál de aquellos licores era más "potable". No por nada era famosa en su tripulación la exquisitez de los gustos del espadachín.

─ Oye, bombón de licor -comenzó Deian, ante lo que el veterano le dedicó la menos sutil y más incrédula de las miradas-, ¿qué tal si me pones un trago del mejor ron que tengáis en este antro y, de paso, dejas caer esas posaderas por aquí? -Con calma, acompañó su petición con un gesto de su mano, golpeando la madera de la barra con la palma suavemente.

La mujer, variando su expresión de apio hasta alcanzar otra mucho más dulce, le dedicó una dulce sonrisa que no tardó en contagiársele, aunque en su caso era menos deslumbrante. A continuación, con una velocidad que ni él mismo vio venir, la camarera hizo aparecer un pequeño cuchillo de donde solo los dioses saben para clavarlo sobre el mueble, justo entre el dedo índice y el corazón. Tras esto, con toda la calma del mundo, la mujer depositó un vaso y una botella frente a Shawn.

─ No sé si es el mejor, pero sin duda es todo lo que obtendrás de mí -aclaró, refiriéndose a la bebida-. Y te aseguro que si vuelves a dirigirme la palabra, la próxima vez no fallaré. Ni tampoco irá a tu mano -su expresión entonces fue tan sombría que Duncan dio un leve respingo cuando le miró súbitamente-. ¿Y tú que quieres? No tengo todo el día.

─ Eh... Póngame una copa del whisky que tiene ahí, por favor -señalando el mismo.

«¿Por favor? Qué educado te has vuelto, compañero» pensó el menor, observando con una media sonrisa el afilado utensilio que a punto estuvo de perforarle la mano. ¡Menudo carácter se gastaba! Justo como a él le gustaban. En fin, si no encontraba lo que había ido a buscar al menos podría pasar lo que restaba de día intentando seducir a la muchacha. No tenía ni idea de la cruz que le había caído, pese a los suspiros de resignación de su acompañante. Tomó la botella de ron y se sirvió él mismo, ya que parecía que su nueva amiga no estaba dispuesta a servirle tras lo ocurrido. Al menos la diversión estaba asegurada.

Fue entonces cuando, de repente, un grandullón que no se encontraba muy lejos de ellos reventó su bebida contra el suelo, desparramando el contenido y los fragmentos de la misma por el suelo. «Lástima de alcohol». Iba a ignorar lo que tuviera que decir. Al fin y al cabo, tan solo parecía un tío que se había pasado con la bebida y descargaba su frustración contra los allí presentes. Sin embargo, las palabras "templo", "oportunidad", "oro" y "tesoro" captaron la atención del castaño, que clavó sus ojos de esmeralda en el verdulero. Pudo notar cierta sobreactuación por su parte, lo que le hizo llegar a unas pocas conclusiones: podía estar intentando herir el orgullo de aquella gente para conseguir aliados que, probablemente, no había obtenido a la hora de emprender aquel golpe del que hablaba. Una táctica que si bien era un tanto pobre serviría para provocar alguna reacción en los más impulsivos... Y así fue. De hecho, uno de los clientes se irguió y le plantó cara, claramente ofendido por sus palabras, lo que tuvo un desenlace fatal. Deian no pudo hacer más que ensanchar una sonrisa al ver cómo el armario le clavaba un cuchillo al otro sin miramiento alguno. «Me agrada la actitud de esta gente», se diría a sí mismo antes de cerrar los ojos y continuar bebiendo, aún sonriente. La otra opción que se le había ocurrido, si no quedaba claro aún, es que pretendiera llamar la atención de los recién llegados; es decir, ellos. Sin duda, si no mentía y habían rehusado el colaborar con él en ese robo, el templo del que hablaba debía ser más peligroso de lo que quería hacerles creer. Si no era así, como mínimo habría muchas supersticiones rondando al rededor del mismo, pero no estaba al tanto de esas cosas. Fuera lo que fuera, ¿a quién le importaba? En cualquiera de los dos casos ese tío tenía las pelotas suficientes como para ignorar el riesgo y seguir lo que su avaricia le dictaba... Cosa que no iba a pasar por alto.

─ Pues suena interesante -afirmó el pirata, alzando la voz para que se le escuchara con claridad-. Casi parece merecer tanto la pena que hasta un niño de diez años se daría cuenta de ello, ¿verdad? -Tomó entonces la botella y se llevó la misma a los labios, dando un largo trago antes de proseguir- Entonces, ¿cuál es el truco? -Se puso en pie y se acercó hasta el moribundo que se encontraba bajo el pie del alborotador- Si tanto miedo les da que se dan por aludidos al llamarles cobardes, quiere decir que hay un riesgo a tener en cuenta. Y lo que es más importante... Que a ti te da igual -le miró directamente entonces, sonriendo con malicia-. Justo lo que estaba buscando. ¿Qué plan tienes y qué ofreces, grandullón?

Todos parecieron mirar con incredulidad al recién llegado, incluso la camarera, aunque por su expresión más bien debía de estar pensando en lo estúpido que era por dejarse engañar por el apuñalador. Duncan, por su parte, se limitó a beber su whisky. Sabía que el capitán se las apañaba solo.
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Re: [Priv. Worgen & Deian] Cuentos de las 1001 noches. La gran tumba

Mensaje por Nefertari Worgen Ayer a las 0:54

El moreno dio una última patada al rostro del matón, rompiéndole la nariz, añadiendo insulto a la injuria. Se acercó a la barra y cogió una de las servilletas y empezó a limpiar la daga de sangre y, por consiguiente, también de veneno. Tras ello, se sacó del bolsillo una botellita verdosa y vertió un par de gotas en la hoja del arma, volviéndola a su estado envenenado original. La guardó en su vaina mientras miraba, por el rabillo del ojo, al recién llegado, esperando su reacción. Que no tardó en llegar. La serpiente sonrió con malicia al ver que se había dado cuenta de por qué había montado aquel espectáculo. Pasó al otro lado de la barra y cogió una botella de grog, la bebida alcohólica más fuerte y cara del establecimiento. Entonces, señalando a la puerta del fondo, dijo:

─¿Vienes?

Cuando el, aparentemente, maleante aceptó, cogió un par de jarras de peltre y se dirigió a la puerta, esperando que le siguiera. La mantuvo abierta con jocosa caballerosidad y la cerró cuando entró, echando el pestillo. La sala tenía un cómodo sofá con forma de semicirculo y, en medio, una mesa circular. Se sentó en uno de los lados y señaló el opuesto al recién llegado. Colocó ambas jarras y las llenó del poco apetitoso visualmente brebaje.

─Al otro lado del río, y del oasis, hay un vasto desierto. Y, en medio de ese desierto, un templo. Una tumba donde descansa… algún antiguo rey, no lo sé y la verdad no me importa. Lo que si me importa es que a este tipo de reyes se los enterraba con todo su patrimonio. Y digo yo… ¿Para qué coño quiere un muerto todo ese oro? Y yo quiero marcharme de esta isla de mala muerte, moverme por el bajo mundo del Grand Line, donde el dinero abunda de verdad. El trato es este. Tú y los tuyos me ayudáis a entrar allí y desvalijar eso. Estoy dispuesto a dejar de lado mi avaricia y cederos un sesenta y cinco por ciento del tesoro, con la condición de que el gobernador no tenga ni puta idea de que yo he participado en esto y no pueda culpárseme de nada. Además de llevarme lejos de aquí para que pueda empezar mi viaje y utilizar el dinero para empezar mi propio… imperio.

Terminó de hablar con una sonrisa. Tenía preparada una chilaba con la cual se cubriría la cara si era necesario, pero muy importante que nadie supiese que había tomado parte en aquel robo.
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