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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

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Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Cornelius D. Ruffo el Miér 9 Ago 2017 - 14:56

<<Genial>>, pensé al contemplar el deshabitado paisaje que se extendía más allá de los límites del modesto puerto en el que había desembarcado tras dejar a Lorenzzo y los suyos. Un discreto cartel que rezaba "Bienvenido a Isla Navideña", semioculto bajo un cúmulo de nieve en el límite externo de la zona portuaria, fue lo más parecido a un saludo que obtuve en la primera isla que pisaba tras abandonar mi hogar, dado que los marineros a los que me dirigía mientras exploraba el lugar me ignoraban completamente o, con algo de suerte, me regalaban un breve vistazo de indiferencia antes de continuar con sus labores.

No obstante, el cartel debía haber sido colocado por alguien en aquel lugar y dudaba mucho que hubiera sido ninguno de los tripulantes que iban y venían, de modo que me acerqué a uno de ellos, que casualmente salía de una pequeña taberna concebida con toda probabilidad para hacer negocio con la sed etílica de los navegantes, con la esperanza de que no emulara a sus compañeros y me prestase un mínimo de atención.

-Disculpe, ¿sabe si por aquí cerca hay algún lugar en el que pueda quedarme? -pregunté en un tono de voz lo suficientemente alto como para que el ensimismado hombre tuviese que reparar en mi presencia.

-Hasta donde yo sé, si caminas unos pocos kilómetros hacia el norte deberías encontrar una aldea, pero no sé si la ropa que llevas es la más indicada. Dentro de poco anochecerá y dudo mucho que lo que llevas te abrigue lo suficiente -respondió sin detenerse, dando la conversación por zanjada y alejándose de mí sin darme opción a réplica. Desde luego en aquel muelle la educación brillaba por su ausencia.

No obstante, el tipo tenía razón. El hecho de que no estuviera rondando la hipotermia en aquellos momentos indicaba que no era el día más frío que se podía esperar de una isla en la que la nieve era reina y soberana, pero de ahí a que mi fina camisa celeste de lino fuese suficiente abrigo había un buen trecho.

Tras ver cómo el marinero se perdía a marchas forzadas en dirección a la zona donde se aglutinaban los navíos mercantes, me paré bajo el fino arco de madera que marcaba el límite del puerto a considerar mis opciones. Frente a mí, una inmensa y nevada explanada hacía las veces de antesala para un bosque de imponentes abetos situado a unos quinientos metros de mí. Afortunadamente, un sendero trazado a través del mismo gracias a la tala selectiva de árboles parecía indicar el camino a seguir para alcanzar la aldea.

Era bastante arriesgado tratar de llegar al poblado con la oscuridad acechando, pero quedarme allí no me evitaría pasar una gélida noche y, ya que el marinero no había hablado de la taberna como un posible lugar de descanso, supuse que no había ningún lugar más cercano donde poder encontrar un lecho caliente.

En consecuencia, tomé la única decisión que estimé viable y me dispuse recorrer el blanco camino que prometía llevarme a una noche alejado de la gelidez.

Caminé durante una hora que para mí transcurrió como tres. Una vez abandonado el refugio que proporcionaban las edificaciones cercanas al muelle, un fuerte viento que avisaba de que una noche extremadamente fría estaba por venir acometió una y otra vez contra mí, provocando que me encogiera sobre mí mismo en un infructuoso intento de guardar algo de calor corporal, y que apretara el paso todo lo que el entumecimiento de mis extremidades me permitía.

Cuando sospechaba que mi corta experiencia fuera de mi pequeña isla natal estaba a punto de llegar a su fin y que acabaría mis días sepultado y olvidado bajo una gruesa capa de nieve, unas luces algunos cientos de metros por delante de mi posición me indicaron que era mi día de suerte. Sacando fuerzas de flaqueza y sin reparar en las características de los edificios de la zona a causa de la prisa que llevaba, cubrí la distancia que me separaba de la aldea y me introduje en la primera construcción de cuyo interior percibí cierto alboroto.

Una ola de calor, gritos, humo y whiskey barato se abalanzó con furia contra mí en cuanto abrí la puerta. A mi alrededor, un gran número de mesas redondas de madera visiblemente estropeadas por el paso de los años sostenía vasos y ceniceros, y en torno a ellas se sentaban grupos de personas de las apariencias más diversas que jugaban a las cartas y a los dados.

Pasando con cuidado entre las sillas y luchando contra el tembleque conseguí llegas hasta la barra. Allí, un muchacho y una muchacha que sin duda eran hermanos se afanaban en satisfacer las demandas de los clientes con la mayor celeridad posible. Me senté en uno de los taburetes libres y esperé a que llegase mi turno, tal y como mis padres me explicaron en su día que funcionaban las colas. Escasos minutos después la chica se acercó a mí, ajustándose el moño en el que había recogido su espesa y rizada melena cobriza y secándose las manos en un trapo que llevaba en la cintura. Para ese momento prácticamente había dejado de tiritar, así que pude pedir algo caliente para terminar de reponerme. La camarera desapareció en la cocina para volver portando un vaso de humeante caldo, el cual reposó sobre la añeja barra de madera de abeto que la separaba de mí.

El calor recorrió mi garganta y alcanzó hasta el último rincón de mi cuerpo, reconfortándome y permitiéndome observar con mayor detalle todo lo que sucedía a mi alrededor.

Una pequeña aglomeración en una mesa cercana me llamó la atención. Preguntándome qué sucedería allí, pagué mi poco habitual consumición y, tras dedicarle un educado "gracias" a la rubia, me acerqué al grupo de personas.

Justo cuando yo llegaba un corpulento y sonrosado hombre se levantaba y se narchaba airado. Frente a la silla que había ocupado hasta hacía unos instantes, un sujeto que usaba una remendada gabardina y una chistera mostraba una pequeña bola blanca a sus espectadores.

-No hay truco caballeros, y para que lo vean yo mismo apostaré cincuenta berries de mi bolsillo contra otros cincuenta de quien se atreva a probar suerte -comentaba el hombre mientras alineaba tres vasos frente a él-. El primer intento es gratis, y sólo hay que acertar el vaso en el que se encuentra la bolita. ¿Algún voluntario?

Nunca me habían hablado de un juego como aquél en casa, pero parecía divertido, así que decidí intentarlo. La codiciosa mirada del de la chistera se detuvo en mí justo cuando alcé la mano, indicándome con un gesto que me acercara.

En cuanto me senté introdujo la esfera blanca bajo uno de los vasos y comenzó a moverlos, cruzándolos a gran velocidad. Creí ser capaz de seguir el vaso indicado, de modo que señalé sin dudar en cuanto el hombre dejó de mezclarlos. El tipo me preguntó si estaba seguro, y cuando respondí afirmativamente descubrió la bolita.

-¿Quiere seguir? -inquirió el hombre al tiempo que cambiaba la bola de vaso y ponía cincuenta berries sobre la mesa. Parecía un juego fácil, de modo que contesté mostrando la misma cantidad de dinero. En esta ocasión los vasos se movieron a menor velocidad pero durante más tiempo. No obstante, no había perdido de vista mi objetivo en ningún momento, por lo que volví a elegir sin vacilar. Por desgracia, en aquella ocasión no acerté, de modo que el de la chistera cogió mis cincuenta berries y se los guardó.

Varios intentos más se sucedieron ante mi empeño de ganar a aquel dichoso juego, errando con mi decisión en la gran mayoría de ellos. Quizás era el momento de levantarme e irme, pero la frustración y el "sólo una más" me cegaban.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Boss el Miér 9 Ago 2017 - 21:11

Habiéndome librado de la inmunda presencia de aquella cazadora, sólo me quedaba una cosa por hacer antes de abandonar aquella isla: deshacerme de la prueba del delito que yo no había cometido. “¿Pero qué podía hacer?”, me pregunté sabiendo que llamaría la atención si simplemente lo devolvía a la comisaría más cercana como un buen ciudadano. La verdad sea dicha, no parecía que las buenas personas abundaran en aquella ciudad donde el dinero y la apariencia valían más que la nobleza interior. Ya me había cruzado con más de un hombre altanero que pateaba a su simio personal sin ningún tipo de respeto, pero lo que pasó fue el maldito colmo.

-¡Quita de mi camino, bicho!- escupió después, y no antes, de darme una patada en la espalda que me hizo perder el equilibrio.

Lentamente, muy lentamente, giré mi rostro a la vez que me zafaba de mi capucha con un rápido y agresivo gesto para mirar al pobre desgraciado que acababa de cometer el mayor error de su vida.  Reconocí ese rostro aguileño, amargo y enjuto al instante,  ya lo había visto antes en el enorme cuadro expuesto en la sala de espera de las oficinas del almacén, mientra esperaba a entregar una pieza musical que descarté al conocer su propósito. En un abrir y cerrar de ojos, el gesto del Sr Costamontón pasó del desprecio y la rabia de un abusivo dueño al pánico de una denuncia judicial. Todas y cada una de las personas que cruzaban la calle principal habían visto el ataque, y silenciar a tantos testigos supondría un dinero que aquella avara ave de presa no querría gastar. Además, estaba el hecho de que muchas de esas personas podrían ponerse de parte de sus competidores, los cuales se esforzarían para que el pleito acabara bien… para mí y para ellos.  Me sacudí la nieve, levantándome para enfrentar a mi agresor.

-Sabía que el mundo de los negocios era duro, pero no me esperaba esto- dije con tono amable y una pequeña sonrisa-. Debo admitir que se conserva usted muy bien, Señor Costamontón, esa patada ha sido digna de un futbolista. Ahora, si me disculpa, tengo gente con la que hablar, compras que hacer y paquetes que enviar…

Antes de que pudiera abandonar del todo la escena, dejando al público boquiabierto y con ganas de más, el rápido taconeo de una secretaria lista como el hambre introdujo a un personaje más en el escenario. Era pelirroja, joven y bien dotada, justo lo que uno necesitaba para alegrarse tras un largo día de papeleo.

-Buenas tardes, soy Leyliana y, si no le importa, me gustaría ayudarle con sus compras. Estoy segura de que podremos llegar a un acuerdo, el Señor Costamontón acaba de graduarse sus nuevas gafas y aún no se ha aclimatado del todo a ellas… Comprenderá que…

-Lo entiendo- interrumpí, seco y tajante. Dediqué una última mirada a su jefe, aún algo inquieto, y le sonreí para tranquilizarle. Aceptaría esta ofrenda de paz… ¿Pero sería capaz de pagar una ofensa tan grande? Lo dudaba.-. Será mejor que me presente antes, por si hubiera que hacer algún trámite legal- le dije sin quitar la sonrisa, dejando caer la amenaza-: Soy Alphonse, Alphonse Capone.

Sonrió sin mostrar temor alguno, sin saber de un apellido que apretaba los corazones de los ancianos y de aquellos que habían vivido la historia a través de los libros. Hacía mucho tiempo que el West Blue no conocía un verdadero Capone como amo y señor de los mares, uno que reuniera a las cinco familias bajo una bandera de sangre y acero para gobernar con puño de hierro. A decir verdad, me alegró encontrarme con alguien amable, aunque fuera por interés, que no supiera de mi terrible herencia.

Pasé el resto de la tarde junto a ella, visitando comercios sin comprar nada hasta dar con la relojería que había sido robada. En mi interior podía notar el terrible peso de aquel hermoso reloj de bolsillo que me hundía en una vergüenza que no debía soportar.

-Es una pena, la verdad- le dije al tendero que se quejaba en voz baja de la poca habilidad y rapidez de la milicia local. Él sabía que aquel sucio muchacho le había robado y seguía sin rastro del objeto ni noticias del justo castigo-. ¿Era uno como los de por aquí?- dije, mirando los mostradores cerrados a cal y canto.

Se acercó rápidamente, negando tristemente, lamentando como un mal actor de tragicomedia que el robo se había efectuado de la cámara principal, donde guardaba las obras más preciadas de su artesanía. Mentía, y lo sabía porque podía contemplar la simplicidad pero elegancia del diseño con mis propios ojos. Continuó jactándose de los rubíes y zafiros engarzados en las manecillas, del delicado grabado interno tallado en diente de rey marino y el pequeño cuadro pintado en su cierre, un bello paisaje nevado. Tuve que resistirme el impulso de tirarle el reloj a la cara y hacérselo tragar.

-¿Se encuentra bien?- dijo, notando mi enfado.

-Sí, es que la situación me repugna. Pobre hombre, y pobre de mí por no poder disfrutar de semejante pieza-me lamenté, a la vez  desechaba toda responsabilidad moral por verme involucrado en el hurto del objeto. La gente así de falsa se merecía que le quitaran todo lo quetenía y más.
-¿Entonces…- dijo ladinamente-¿Desea un reloj, caballero?
-No, no. Si ya no tiene algo así me temo que ya no podré satisfacer mi antojo. Quizás en un futuro, cuando construya una maravilla similar. Señorita, continuemos.

Tras visitar un par de tiendas más, sin volver a gastar un mísero berrie, finalmente la chica preguntó con curiosidad.

-¿No va a comprar… nada? El Señor Costamontón se pondrá bastante triste, había sido su idea el compensarle por su…  pequeño accidente- mintió. Había sido su idea, pero, como sirviente, no podría admitirlo nunca. Y bien que hacía.

-Lo que yo quiero no se puede comprar con dinero- sentencié bajando la calle para alejarme poco a poco de la ciudad-. Preséntele mis respetos a su jefe de mi parte, y dígale que si de verdad quiere mi perdón, lo mínimo que puede hacer es disculparse personalmente. Le estaré esperando mañana en el puerto, a las doce.

El camino hacia el pequeño pueblo era largo, frío y oscuro , sobre todo cuando el sol decidió que ya era hora de irse a dormir entre aquel mar de pinos que separaba los dos núcleos urbanos. Con cuidado, caminé todo lo recto que pude para no desviarme de mi ruta y acabar perdido por el bosque, y cuando vi las luces a lo lejos supe que mi orientación no me había fallado. Suspiré, tranquilizado por la promesa del fuego, de una comida caliente y una cómoda cama en alguna posada local. Entonces, los agudos chillidos del bosque recorrieron  mi columna y le gritaron a mis pies que corrieran para ponerme a salvo, y yo les ordené que volvieran a su sitio. Por supuesto, cuando el siguiente cruzó el cielo, opté por no arriesgarme a entablar un combate en desventaja, tocando una rápida retirada. Existe mucha diferencia entre ser valiente y ser idiota.

Entré por la puerta como una ventisca, rápido y sin cuidado, dando un portazo que encajó al límite de su bisagra el enorme portón dividido en dos. Todos aquellos ojos me miraron, parando su fiesta y su jolgorio como si hubieran visto al fantasma que yo acababa de escuchar. Hice un esfuerzo para recomponerme, tosiendo levemente y cerrando la puerta como se merecía para después quitarme mi abrigo y contemplar que no había lugar donde colgarlo.

“Bárbaros”, pensé durante un segundo, dándome cuenta del tugurio al que había dado a parar.  Apestoso antro que, por cierto, continuaba inmerso en un sepulcral silencio. El suave arrullo de una canica rodando contra la madera dominó la escena. Como movida por el destino, llegó a mí, sorteando los pies inquietos, las patas de los taburetes y las fundas de las espadas a punto de desenvainarse.

-Buenas noches a todos- le dije a mi público, el cual todavía estaba recuperándose de la estruendosa entrada-, ¿alguien ha perdido una canica?- dije, cogiéndola lentamente para no terminar de ganarme un tiro y después alzarla sobre mi cabeza.

Y, por fin, dejé de ser el protagonista cuando todos aquellos tipejos giraron sus cabezas al rostro petrificado del mago al que acababa de chafar su truco.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Cornelius D. Ruffo el Jue 10 Ago 2017 - 14:48

-¡Todo o nada! -exclamó el tipo al tiempo que dejaba todo su dinero sobre la mesa, junto a los tres vasos a los que tanto provecho les estaba sacando-. ¿Te atreves, chico?

Desde luego, aquel hombre sabía cómo provocar a la gente que engatusaba. Ya había perdido la cuenta del número de partidas que había jugado y, del mismo modo, no sabía cuánto dinero había perdido en total desde el maldito momento en que decidí sentarme allí.

A la sencilla apuesta de cincuenta berries con la que había comenzado, el tipo había ido añadiendo variantes del tipo de "doble o nada" o "si aciertas lo recuperas todo", incitándome a seguir probando suerte. Yo, por mi parte, encontraba extremadamente raro que, aunque fuera por puro azar, no atinase a localizar el vaso que escondía la dichosa bolita en ninguna ocasión.

Contemplé el fajo de billetes que había puesto junto a él, "mi" fajo de billetes, con un gesto que intentaba esconder toda la rabia que sentía. Las palabras de mi padre resonaron en mi mente: "La desconfianza reina allí fuera. La realidad del mundo es algo que ha sobrepasado la simple y lógica subsistencia de los individuos para convertirse en un macabro juego en el que el perdedor se queda sin nada", al igual que las de Lorenzzo: "El dinero mueve el mundo, chico. Hay quien está dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguirlo, y ese tipo de personas se esconden tras las apariencias más diversas".

Hasta ese momento no había sido consciente de a qué se referían, y la mirada del de la chistera me hacía pensar que iba a exprimirme todo lo que pudiera. Pensando qué hacer, me ajusté el cuello de la camisa con la mano izquierda, rozando en el proceso la cadena que siempre llevaba enroscada en torno al torso cual serpiente. Mientras tanto, con la derecha tanteé mi bolsillo. Aún tenía la mayoría del dinero que había conseguido durante mi viaje hasta allí, pero si perdía, el de los vasos daría un buen mordisco a mis primeros ahorros. En esa ocasión fue la voz de mi madre la que acudió a mi mente: "No puedes ser tan impulsivo, Ruffo. Tienes que aprender a relajarte".

Una vez más, ignoré el sabio y útil consejo y, haciendo caso omiso de lo que me dictaba el sentido común, saqué un fajo de billetes de mi pantalón y lancé una mirada desafiante al tipo. El de la chistera curvó sus labios en una casi imperceptible sonrisa que me indicó que había cometido un grave error. Acto seguido, como había hecho una y mil veces, mostró la bolita y la introdujo bajo uno de los vasos para comenzar a moverlos rápidamente.

No obstante, una atropellada entrada seguida de un portazo sumió el lugar en un tenso silencio. Tres botes y el sonido de una canica rodando fue lo único que se escuchó antes de que el recién llegado la cogiera y se la mostrara a todo el local. A continuación el sujeto que acababa de entrar dijo algo, pero, temiéndome el tipo de estafa a la que había sido sometido, pasé a ignorarlo y levanté los tres cubiletes antes de que el que los movía tuviese tiempo de reaccionar.

Como era obvio, no había bola bajo ninguno de ellos. ¿Cómo me había podido dejar estafar por un truco tan burdo? Me llevaban advirtiendo desde pequeño sobre cómo funcionaban las cosas más allá de mi recóndita isla, pero supongo que no quería creerlo... Fuera como fuere, el recuerdo de mi madre pidiéndome calma volvió a aparecer en mi interior.

No pensaba hacerle caso, pero cuando me disponía a lanzar un puñetazo directo a la quijada del timador, el hombre al que había desvalijado en primer lugar y un grupo de cinco amigos se levantaron en una mesa cercana.

-Con que tengo mala suerte, ¿no, hijo de puta? -gritó tremendamente enfadado. Al escuchar aquello, los que formaban el círculo más interno del corro que nos rodeaba al estafador y a mí se irguieron como un resorte, revelándose como compinches del de la chistera.

Sin mediar palabra, el primer estafado y sus amigos se lanzaron contra los timadores, que los recibieron con los puños en alto. El encargado de ocultar la canica trató de aprovechar la confusión para coger ambos montones de dinero, pero estaba atento y le acerté con un ansiado golpe en la mandíbula justo cuando la pelea daba comienzo. El golpe desequilibró al sujeto, que cayó de lado junto a su silla con un sonoro y gratificante estruendo.

Sin prestar más atención a lo que sucedía, cogí todo el dinero que había sobre la mesa y me acerqué de nuevo a la barra para sentarme en el mismo asiento que había ocupado anteriormente.

-Te has librado de una buena -comentó la del moño mientras se acercaba y me servía un vaso con un contenido transparente-. Invita la casa. -Mientras tanto, un grupo de corpulentos hombres entraron en escena para ir echando a los alborotadores uno a uno al exterior, arrojándolos como si fuesen sacos de harina.

Contemplé con curiosidad el líquido que me había dado la rubia mientras hacía girar el recipiente en mis manos. Sabía que era alguna bebida alcohólica, el fuerte olor era inconfundible, pero en casa nunca me habían dado a probar nada así. <<Si no lo hago ahora, ¿cuándo lo voy a hacer?>>, me dije para, acto seguido, dar un largo trago. Un extraño e irritante calor recorrió mi esófago, provocando que arrugase un tanto el rostro. No obstante, al final me dejó una sensación agradable, por lo que volví a llamar a la camarera en cuanto me lo acabé.

-Ponme otra copa de lo mismo, por favor. Por cierto, ¿qué es? -dije cuando la rubia estuvo lo suficientemente cerca.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Boss el Jue 10 Ago 2017 - 19:32

No tardé mucho en comprender que aquel sucio trilero de la esquina había engañado a más de un idiota. Dispuestos a recuperar su dinero, y pagar justamente el timo, se levantaron para encontrarse igualados con los compinches del charlatán. Sólo podía hacer una cosa en ese momento… y era aprovechar que había quedado un sitio en la barra para sentarme a contemplar el espectáculo.

Con mucho gusto me hubiera unido a la trifulca rompiendo los huesos de los embaucadores, pero dada la peliaguda situación con las fuerzas de la ley y mi encontronazo con el muchimillonario, no estaba dispuesto correr riesgos innecesarios. Sólo quería una comida caliente antes descansar mi cabeza sobre una suave almohada.

Esperando a ser atendido, eché un vistazo al local para disfrutar de la mundana visión de un infierno hecho en madera. Aunque se trataba de un local familiar y bastante acogedor, la presencia de los ebrios borrachos, los juegos de mesa y el obcecado tabaquismo convertían la escena en un humeante e incómodo pozo en el que cada bocanada te dejaba el sabor de tus predecesores incrustado en la garganta. Tosí, sin librarme de aquel horrible gusto a colillas y licor barato.

El rostro de los gemelos tenderos no mostró preocupación, sino una mueca de acostumbrado disgusto mientras una silla volaba por el local para estamparse contra la espalda de un pobre desdichado, obligándole a meterse en la pelea. “¿Así era la vida en los suburbios?”, me pregunté, desdeñando tanto aquella barbárica actitud como el permisivismo de los empleados del local. Cuando uno de los truhanes fue empujado a una mesa, tirándoles las jarras de cervezas a sus comensales, estos se levantaron con ganas de terminar con todo. Y vaya si lo hicieron, los seis forzudos cogieron a los alborotadores por el cogote y jugaron a los bolos con ellos, lanzándoles al inhóspito frío de la noche.

- ¿Qué te pongo, guapo?- dijo la rubia al otro lado de la barra tras servir un trago de ginebra al joven al final de la misma. Era una chica robusta, con un cuerpo perfectamente aislado del frío mediante gruesas capas de grasa. A pesar de su tamaño, y sus barbillas de más, no parecía achacada por los calores y la vagueza de los obesos, sino que trasmitía una inesperada y refrescante jovialidad.

-Buenas noches, señorita- dije con mi acostumbrada buena educación-; me gustaría cenar y una cama caliente en la que descansar mis agotados pies esta noche. ¿Tendrían por casualidad una habitación y una mesa libre ahora que esos indeseables se han marchado amablemente?- ironicé cómicamente.

Sonrió, riéndose ante el comentario a pesar de que no era tan sagaz, era una buena camarera al fin y al cabo.

-Por supuesto, toda suya – dijo señalando con su rollizo brazo la mesa que su hermano, o un marido cuyo parecido familiar rozaba lo incestuoso, terminaba de limpiar-. Tras la comida le daré la llave de su habitación- concretó, mientras yo ya me dirigía a mi futuro asiento dándole las gracias.

Contemplé desde aquel lugar la felicidad ajena con una mezcla de envidia y asco. Los hombres y mujeres que tenía frente a mí no tenían educación alguna: se pasaban sin ningún tipo de protocolo las cervezas, metían sus manos en los platos compartidos mientras fumaban, bebían y apostaban como si estuviésemos en el más pagano de los casinos. “Si me repugnaban tanto, ¿por qué quería poder unirme a ellos?”, me pregunté.  La respuesta llegó rápido, pues era la misma por la que había aceptado la compañía de aquella muchacha sin comprar nada: porque estaba sólo. Tragué el amargo sentimiento, empujándolo muy dentro de mí, jugueteando con aquella canica sobre la mesa para distraerme de mí mismo mientras esperaba la cena.

Cuando el muchacho dejó los platos sobre mi mesa pude sentir su mirada acusadora, cargada de una rabia tan silenciosa y cortés que me hizo temer que hubiese escupido en el potaje. Le dije un “Gracias” a la cara, pero este golpeó sobre su espalda encorvada y tensa. Me quedé mirando la espesa superficie del color del cerumen y esperé a que se enfriara a la vez que buscaba alguna pista del oculto gargajo. No encontré nada, y, para mi sorpresa y prejuicio, estaba bastante rico.

Masticando aquel sabroso sustento, aproveché para hacer lo mismo con la idea de formar una nueva familia. Al fin y al cabo seguía siendo un Capone, y aunque no desistiera de mi propósito de encontrar a Bill, siempre podría ir haciendo amigos por el camino. ¿Pero por donde podría empezar? Aquellos brutos de la mesa parecían una buena adquisición, pero no se habían levantado al saber de aquella injusticia. ¿Los borrachos? No, ellos mismos habían sido timados, y esa parecía la única razón que les empujó a luchar. Tenía que encontrar alguien en quien pudiera confiar, alguien honorable y preferiblemente de buenos modales que me acompañara como mi mano derecha a lo largo de mis viajes. Sentí vergüenza ante ese pensamiento, creí, acusándome a mí mismo, que quería reemplazar al bueno de Bill.

Joder, parecía que a más intentaba librarme de mi pesar, más me condenaba, incapaz de liberarme de unas cadenas autoimpuestas. Muchos otros hubieran recurrido al alcoholismo para acallar esos tristes susurros de negatividad y culpa, pero yo conocía una droga mejor. Tras cenar, saqué de mi maleta mi dossier para comenzar a escribir y así alejar mi mente del infierno en el que me había metido y del que me empeñaba innecesariamente en crearme.

Las infinitas posibilidades de la hoja en blanco me abrumaron por un instante, como siempre hacían antes de que la primera gota de tinta las limitara. La inspiración se fue tan pronto como había venido, dejando tras de sí sólo una frase: "Around the world."

¿Alrededor del mundo qué, maldita musa? ¿Qué asuntos tan importantes tienes que atender que me dejas con la miel en los labios? Pedazo de hija de la gran puta. Muchas veces el escribir era más una cuestión de empujarse a sí mismo a seguir, de repasar continuamente una misma obra hasta que se llegaba un punto en el tu truño se transformaba en algo de lo que uno podía sentirse satisfecho; pero no sentía que esta fuese una de esas veces. Volví a escribir la frase, en un vano intento de que el impulso de hacerlo rápido me permitiera conocer cómo continuaba.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Cornelius D. Ruffo el Vie 11 Ago 2017 - 19:20

-Muchas gracias -dije en voz baja cuando la camarera dejó mi nueva consumición frente a mí. Debía tener cuidado con cómo y cuánto bebía. Desde pequeño me habían advertido de la manera en que las adicciones iban erosionando a las personas hasta convertirlas en un vano recuerdo de lo que algún día fueron y, aunque era la segunda copa de mi vida, no quería empezar abriendo una ventana hacia el alcoholismo. <<Soy un exagerado>>, me dije.

Mientras pensaba comencé a frotar las palmas de mis manos entre sí. No era un gesto típico en mí, sino que había comenzado a hacerlo después de que aquellas extrañas almohadillas apareciesen. Al hacerlo no pude evitar acordarme de Rupert y la desagradable experiencia que habíamos vivido en aquel barco abandonado, aunque, bien pensado, si no hubiese pasado por aquello no habría recibido el poder de la fruta ni, lo más importante, unas palmas tan blanditas y prácticas... <<Tal vez debería comprarme unos guantes o algo>>, pensé al tiempo que presionaba levemente las almohadillas de mi mano izquierda. Yo estaba muy contento con el nuevo aspecto de mis manos, pero sospechaba que no era buena idea ir mostrándoselas a todo el mundo.

Tomé mi copa y alcé la vista para contemplar al resto de personas que ocupaban la barra. Haciéndola girar en mis manos, fui observando a los demás uno a uno. Ninguno llamaba especialmente la atención. La mayoría eran probablemente lugareños que charlaban y bebían en parejas o tríos, ignorando el altercado que había tenido lugar hacía unos minutos y comentando lo cálidos que habían sido los últimos días.

No pude reprimir una sonrisa. ¿Cálidos? La imagen del rudimentario termómetro de mercurio colocado en la pared de la cocina de mi vieja cosa acudió a mi mente. No recordaba ni una sola vez en la que el condenado hubiera marcado menos de 15°C. Irónico, ¿verdad? La primera isla que había pisado tras abandonar mi hogar era exactamente lo opuesto a mi isla natal.

Divagando entre mis pensamientos, pasé a ignorar a los demás clientes y me bebí mi copa a pequeños sorbos. Tras eso, pedí la que sería la tercera y última y me dispuse a preguntar a la camarera si en aquel lugar podrían proporcionarme una cama en la que pasar la noche. Sin embargo, ni la del moño ni su hermano -o lo que fuera- se encontraban tras la barra en ese momento, así que me giré sin despegarme del asiento y sondeé el bar en su busca.

Ambos se encontraban en la otra punta del establecimiento. Atendían a un grupo particularmente numeroso que, a juzgar por la ausencia de vasos o platos en su mesa, debía haber llegado hacía poco. Carraspeé y me ajusté la cadena y el cuello de la camisa de lino antes de levantarme y dirigirme hacia su posición. Apenas había avanzado un par de metros cuando pasé junto al tipo que había entrado armando un enorme escándalo. Bien pensado, era gracias a él que el sinvergüenza no me había desvalijado anteriormente.

El tipo parecía estar escribiendo algo, o al menos intentándolo. No le presté ni la más mínima atención a lo que hacía, sino que me detuve junto a su mesa durante un instante.

-Disculpe, sólo quería agradecerle su... peculiar entrada. De no haberse producido ahora me encontraría sin un berrie -dije. A continuación me quedé esperando unos segundos por si el individuo alzaba la mirada y me decía algo. En caso contrario simplemente continuaría mi camino en dirección a la del moño.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Boss el Vie 11 Ago 2017 - 21:19

Veamos… ¿qué pasa alrededor del mundo? ¿La desgracia y el tormento acosan al pobre ciudadano indefenso? Pomposo, antigubernamental, me ganaría un balazo en la cabeza. ¿Alrededor del mundo todos bailan al son de mi voz? Ojalá. ¿Las mujeres dicen que te aman pero luego saltan a la entrepierna de otro cuando tú quieres esperar? Calzonazos. No debía basarlo en experiencias propias, pero aun así tenía ser algo que todo el mundo haya vivido alguna vez, algo que pasara en cada esquina de los Blues y en cada mitad del Grand Line. ¿Y el Red Line? No podía olvidarme de aquel gran trozo de tierra seca.

Respiré bien hondo intentando dejar que los duendecillos entraran por mi nariz para acariciar mi cerebro con su magia. Inspiré tanto que podría haber parecido que esnifaba una infinita raya  de cocaína. Joder, inspiré tanto que casi me caí de la silla. Exhalé furioso y frustrado.

Sostuve la hoja maniáticamente escrita, poniéndola al contraluz y dándole la vuelta en la fútil búsqueda de lo que había perdido nada más escribir la tercera palabra. Por supuesto, ver escrito cincuenta veces “plɹoʍ ǝɥʇ punoɹ∀” tampoco me inspiró. Estaba a punto de hacer trizas aquel maldito documento, pero yo mismo había caído bajo el terrible embrujo de un puzle a desentrañar. Las palabras me habían embaucado con su simpleza y ausente significado.

Intenté tranquilizarme, tomando otro prístino folio para comenzar a hacer el pentagrama al que todavía no había asignado clave ni ritmo ni instrumento. Acosado por mi mismo, otra vez, garabateé en su superficie para que el azar decidiera el fondo de la melodía, un estribillo pegadizo que no debía repetir más de dos veces. Y las palabras hechizadas infectaron mi mano, condenando a la obra vecina a sufrir el mismo destino.  A todo el mundo le gusta la música pegadiza, pero abusar tanto de la misma composición no lo hubiera aguantado ni Sengoku.

Desplazando nuevamente el folio al montón condenado a la basura, cogí uno más dispuesto a cambiar mi suerte de una vez por todas. Y para no tentar a la dama fortuna no escogería ni la escritura ni la música para distraer mi cerebro empeñado en chafarme la noche, sino el dibujo.

La inspiración no tardó en llegar de mano del escalofriante recuerdo del grito en medio del bosque, a la que se le sumó la belleza de la textura de la vieja mesa en la que me apoyaba. “¿Qué mejor que madera para la piel de un monstruo que habita en el bosque?”, me dije, pero recordé que en aquella noche no podía distinguir un árbol de una piedra.  Necesitaba plasmar el terror en una figura oscura, lánguida y perturbadora que, además, debía relaccionarse con el sentimiento de perderse en la nocturna arboleda.

Sabía que sus ojos debían ser un abismo, ¿pero qué abismo puede haber en la sombra? No, tenían que ser un hueco en la propia noche, pura luz.
Contemplé durante unos segundos la oscura máscara, pero no sentí ningún escalofrío recorriéndome la columna, ninguna desesperación ni anhelo. Y encima me había olvidado de la boca. Mi arte estaba tan muerto como… como mi capacidad para improvisar metáforas.

Sostuve la pluma en lo alto, sin lograr del todo escuchar lo que me habían dicho. El muchacho me miraba, esperando una respuesta que debía proporcionarle. ¿Qué decir cuando no tenía ni idea de qué demonios me había dicho? Bueno, tenía una respuesta:

-Buenas noches; soy Alphonse, Alphonse Capone- dije tendiéndole la mano libre para estrechársela mientras la gota de tinta caía en la sien de mi personaje.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Cornelius D. Ruffo el Sáb 12 Ago 2017 - 1:21

Dirigí un rápido vistazo al dibujo que el desconocido tenía ante él -si a aquella aglomeración de tinta se la podía llamar de ese modo. No entendía mucho de arte, pero creía recordar que había que pintar a las personas sin olvidarse de ninguna parte de su cuerpo. <<Bah, yo no entiendo nada de arte. A lo mejor es uno de esos artistas modernos, abstractos, conceptuales y metafóricos... o como se diga>>, pensé mientras el de la perilla se presentaba.

-Cornelius D. Ruffo -dije en voz alta cuando Alphonse se identificó, ofreciéndome una mano y devolviéndome al mundo real. <<Mierda>>, me dije al recordar que nada cubría las almohadillas de mis manos. Hacía unos instantes había estado pensando precisamente en eso y, poco después, la primera persona con la que estrechaba la mano -ya que no recordaba haberlo hecho con Lorenzzo ni ninguno de los tripulantes de su barco- iba a descubrir mi más que evidente secreto. Ya me lo decía mi madre: la sutileza y el disimulo brillaban en mí por su ausencia. Aún quedaba la remota posibilidad de que mi salvador desde el punto de vista económico continuase inmerso en los papeles que tenía delante, tanto como para no prestar atención al extraño tacto que tenía mi mano.

Entonces reparé con más detalle en las hojas que había repartidas por la mesa, dando un breve vistazo con la intención de no incomodar a su propietario. No tenía ni la más remota idea de qué pretendía reflejar en ellas y, si alguien me preguntase, diría que él tampoco.

Dado que no respondía a mi comentario, volví a repetírselo. No quería empezar con mal pie.

-Sólo quería agradecerle su aparición. El tipo de la chistera me estaba sacando todo mi dinero con ese truco. Debería haber dejado de jugar y apostar dinero antes de que llegase, pero supongo que me cegué y me dejé llevar -dije tras deshacer el apretón de manos con el más que improbable deseo de que no hubiese reparado en su singularidad, ajustándome la cadena y el cuello de la camisa en un claro gesto de nerviosismo. El sujeto había estrechado mi mano de forma firme, pero sin llegar resultar violento o amenazante. Por mi parte esperaba haber hecho algo similar. La falta de costumbre hacía que no fuese más que un novato en asuntos protocolarios como aquél.

Entonces me planteé si dejar la conversación como un simple agradecimiento e irme a buscar a la del moño o, por el contrario, tratar de entablar algún tipo de diálogo con Alphonse. Mi naturaleza de charlatán empedernido me pudo, probablamente azuzada por las tres copas que me había bebido hasta el momento.

-No he podido evitar fijarme en el trajín que tiene entre manos -comenté, señalando los papeles y haciendo un esfuerzo por recordar las fórmulas más educadas que mis padres nos habían enseñado a mis hermanos y a mí hacía ya demasiado tiempo.

Me gustase más o menos venía de una familia de artistas, y el caos que el moreno había esparcido por la mesa en la que se sentaba me recordaba a las innumerables tardes de frustración en las que mi madre, Tyrano e Iulio luchaban contra sí mismos por encontrar una inspiración que no se dignaba a aparecer. ¿Tendría aquello algo que ver? No lo sabía, pero puestos a suponer...
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Boss el Sáb 12 Ago 2017 - 11:32

Me esforcé en no mostrar mi asombro ante el delicado tacto de su mano. Aquella mullida superficie de textura aterciopelada era cálida y suave como el pecho de una jovencita. No pude evitar acordarme del amor perdido que parecía haber ganado para luego, justo cuando iba a celebrarlo, me cambiara por otro como si no le importara, tergiversando mis palabras sin haberme tenido ni en cuenta ni en consideración. Todavía la quería y la odiaba a la vez, pero ya no la amaba, ni queriendo hacerlo.

Cornelius era un muchacho atlético, recio y rebosante de vitalidad; desde luego, no me esperaba que alguien tan joven y mundano usara crema de manos. Debía preguntarle cuál era su secreto para una piel tan… tan… ¿Rosa?, pensé cuando nuestras manos se desentrelazaron y la horrible e hinchada marca se entrevió en el movimiento.

Miré al vacío un instante, contemplando la maldición de una completa psoriasis o peor, el desarrollo de esas ridículas marcas en mis propias palmas. ¿Cómo preguntarle a alguien por un rasgo tan variopinto sin ofenderle? ¿Cómo cerciorarme de que aquel jovencito no iba por ahí despreocupadamente infectando a otras personas como una puta descarriada? Estaba siendo bastante paranoico, pero parecía que esa noche no tenía otra opción.

-No tiene nada que agradecerme-le dije con modestia-, ha sido solo una cuestión de azar que el viento haya empujado la puerta tan fuertemente- mentí-; es a él a quien hay que agradecer que las cosas hayan salido bien-. Entorné los ojos, intentando buscar la excusa perfecta para cambiar el tema de conversación a mi favor, pero a mi cerebro sólo se le ocurrió una idea tan original como estúpida.

-Parece ser que hoy todo me cuesta, como si con mi pequeño villancico- que no quise vender- hubiera rebañado de mí cada rastro de originalidad- dije, entristecido.

Volví la vista a mi dibujo para encontrar las gotas acumuladas que amenazaban con hundirse en el folio atravesándolo para manchar la mesa de mis anfitriones. Soplé extendiéndolas por la hoja, y los rastros dejaron caminos torcidos y nudosos como las ramas de un árbol, asemejándose irremediablemente a una extraña cornamenta que coronaba como rey del bosque a mi cada vez más horrible criatura. Quedé embelesado por su belleza y simplicidad, sabía que debía dotar a aquel rostro de un cuerpo acorde. Pero antes de eso necesitaba un nombre, una voz, un propósito que definiera su forma antes siquiera de tenerla. Y como la peor de las personas, aquel engendro debería ser un farsante, un embaucador que prometía guiarte por su reino con la oscura y secreta intención de que nunca volvieses a casa. Tan enfrascado estaba en delimitar su modus operandi que casi me olvidé de preguntar. Casi.

-Y dígame, Señor Cornelius, ¿por casualidad las marcas de sus manos son un rasgo heredado de un lejano pariente mink? No quisiera ser indiscreto, pero es que me han llamado la atención; creía que, de existir, un híbrido tendría rasgos más llamativos.

Volví a mirarle, sonriendo, esperando una respuesta que satisficiera mi curiosidad y desterrara mi temporal ansiedad. Me empeñé en no dejar que mis preocupaciones se mostraran en mi rostro, ni en mi dulce voz, tan sólo quería interpretar a un amable muchacho que buscaba un agradable tema de conversación sin intención alguna de ofenderle ni de dañar su espíritu recalcando una probable malformidad.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Cornelius D. Ruffo el Sáb 12 Ago 2017 - 23:16

¿Villancico? No pude reprimir una sonrisa al recordar lo que rezaba el cartel que había encontrado antes de salir del puerto. Dudaba mucho que hubiese una composición más indicada para aquella isla, y así se lo hice saber a mi interlocutor.

-Parece una pieza apropiada para el lugar en el que nos encontramos -dije al tiempo que dirigía mi atención una vez más a los papeles de Alphonse-. No soy un artista, a no ser que considere el gusto por la ropa y la moda como tal. No obstante, por desgracia o por fortuna he convivido desde pequeño con un escultor y dos pintores, así que sé la frustración que se siente cuando las musas se esconden. -La esperanza de que no hubiera reparado en mis almohadillas crecía por momentos, ya que el moreno no parecía haber hecho ningún gesto extraño y no había comentado nada sobre el asunto. Si de algo estaba seguro era de que si las hubiese percibido me hubiese soltado la mano al instante o habría preguntado acerca de su naturaleza.

Alphonse me bajó de mi nube unos instantes después, tras soplar a aquella... Bueno, "aquella" que había dibujado, ¿o sería "aquél"? Cualquiera sabía. La cuestión era que, como era lógico, estaba intrigado por la peculiaridad de las palmas de mis manos. Después de escuchar atentamente su comentario, traté de hacer un rápido repaso sobre las diferentes especies que poblaban el mundo, o al menos las que había estudiado de pequeño.

Tal vez debería haber puesto más interés en memorizar aquellas lecciones, pero si no recordaba mal los Mink eran aquella raza con aspecto animal. No era una mala explicación, pero tal y como el de la perilla decía un híbrido mostraría más elementos además de unas simples almohadillas. No obstante, tomé nota por si en un futuro un motivo como aquél podía sacarme de un aprieto o de alguna pregunta incómoda.

Dejando de lado aquellas ideas, el hecho era que debía decirle algo a Alphonse que pudiera satisfacer su curiosidad, al menos en parte. Sin embargo, no se me ocurría nada y los incómodos segundos de silencio se sucedían, aumentando al mismo tiempo mis niveles de nerviosismo.

-Digamos que fueron un regalo de un buen amigo en mi camino hacia aquí. Lo cierto es que tampoco sé qué son exactamente -dije al final en un ataque de sinceridad a medias, contradiciendo uno a uno todos los pensamientos y convicciones que había visto tan claros hasta hacía unos instantes-. Se podría decir que son un buen complemento para la experiencia tan... radicalmente nueva que estoy viviendo -terminé por afirmar al tiempo que me ajustaba de nuevo la cadena y el cuello de la camisa. Tenía la certeza de que iba a espantar a aquel tipo con tanto misterio envolviendo mis manos-. ¿Qué hay de usted?, ¿qué le trae por aquí? Si se puede preguntar, claro -inquirí en un desesperado intento por desviar el tema de conversación.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Boss el Dom 13 Ago 2017 - 11:47

Su explicación es harto extraña, por un momento me hizo pensar que se trataba de algún tipo de tatuaje, una curiosa escarificación para la gente que le gusta torturar su cuerpo justificándolo con que el arte impresa en su piel tiene un valor tanto sentimental como espiritual, pero cuando añadió que no sabía lo que era descarté esa idea. Dudaba de que alguien al que aún te atrevías a llamar amigo te dejara inconsciente para grabar un dibujo sobre tu piel sin explicarte siquiera el significado. Debía ser otra cosa, ¿pero qué?

Desde luego iba a satisfacer su curiosidad mejor que él la mía, a ver si depositando un poco de confianza en él se me devolvía con intereses. ¿Pero qué estaba haciendo realmente en aquella isla? Había venido con la excusa de presentar mi villancico, de ganarme unos berries para poder financiar las reparaciones que el hogar de los Capone tanto necesitaba… cuando a cada esquina y a cada lugar en el que entraba iba buscando alguna pista que Bill me pudiera haberme dejado.  ¿Dónde demonios se habría metido?

-Voy buscando a mi familia- dije dejando que la melancolía se apoderara de mí obligándome a esbozar una sonrisa de amarga esperanza-, tanto a la vieja como a la nueva-añadí, intentando librarme de la pesadumbre de un alma cansada, sin conseguirlo. Tenía que cambiar de tema, no quería cargar con mis propios problemas a un extraño, no más de lo necesario-. ¿Y aparte de gustarle la ropa y la moda ya ha realizado sus propios diseños? Sólo aquel que crea, cree lo que cree, puede ser considerado un artista- dije revelando una verdad bien conocida pero poco interiorizada, dispuesto a inspirar a cualquier persona a que dejara fluir su lado creativo sin que la frustración de un texto a medio escribir, una canción sin terminar o un dibujo churrero les arrebatara la ilusión de dar vida a algo nuevo en el mundo, algo verdaderamente suyo.

Esperaría su respuesta con interés, con la ilusión de encontrar algún esbozo sobre papel acompañado de trozos de tela, muestras de cuero e hilo con los que la pieza sería confeccionada y traída del limbo a la realidad física. Un pensamiento egoísta se hizo hueco en mi mente para susurrarme que no estaría mal, nada mal, tener un sastre que se encargara de confeccionar piezas para todos y cada uno de los miembros de mi famiglia. Y otro, como queriendo compensar la maleducada intromisión de su hermano, sugirió que mi propia creación debía vestir una capa de hojas secas cosidas con agujas de pino, sin preocuparse de que fuera o no posible.

Describí un par de líneas para definir un cuello humano evitando alejar demasiado a mi monstruo de algo reconocible, algo en lo que uno pudiese confiar en la noche, y luego repiqueteé cortos trazos alrededor de sus hombros, definiendo vagamente con las hojas de las coníferas su nueva y única prenda. Todavía no tenía alma, no del todo... ¿Qué deseaba? ¿Qué sustento podía obtener aquel engendro de las pobres almas perdidas en los bosques? Eso mismo. “Cómo” era ahora la pregunta.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Cornelius D. Ruffo el Dom 13 Ago 2017 - 18:26

No pude evitar imaginarme a un sinfín de personas morenas con perilla, tanto hombres como mujeres, caminando de la mano por una llanura nevada. ¿Por qué se me ocurría algo tan estúpido? Probablemente por el impulso de una mente inquieta y las distorsiones favorecidas por los efectos del alcohol etílico.

Tomando aquél como el primer aviso de que la bebida anula la voluntad y transforma a las personas, estiré la mano para dejar el vaso medio lleno en una mesa desocupada junto a mí. Había sido más que suficiente para una primera vez.

-¿La nueva? -inquirí tras soltar el recipiente de cristal. Me planteé si se referiría a que estaba buscando una pareja con la que compartir su vida y formar una familia, pero todo se quedó en eso, un pensamiento, porque Alphonse se interesó por mi aficción por la moda-. En casa tenía numerosos bocetos e ideas reflejadas en papel. Estaba comenzando a darle forma a algunos de ellos, pero estaba harto de una vida tan... ¿insulsa? No sabría decir si es la palabra adecuada o no, la cuestión es que me marché en cuanto tuve ocasión y todo se quedó allí. -Tal vez hubiera sido suficiente con un simple "no" cuando el moreno me preguntó si ya había creado algo, pero mi naturaleza siempre me había empujado a adornar el contenido de los mensajes con cuantas palabras fuera posible... "Charlatán" siempre había sido la palabra predilecta de mis familiares para referirse a mí cuando aquello sucedía.

Mientras hablaba a mi mente acudieron los recuerdos de aquella habitación situada junto a uno de los cuartos de invitados, en la planta baja. Antes de subir al barco de Lorenzzo, cuando había ido corriendo a recoger el equipaje que había hecho la noche anterior, no había podido evitar tomarme unos minutos para contemplar mi estudio desde el marco de la puerta. Aquella imagen se había quedado grabada a fuego en mi retina: sobre las paredes, de forma completamente anárquica, había distribuidas varias decenas de bocetos que representaban atuendos de lo más diversos, desde un vestido de noche hasta la combinación más casual y mundana que se pudiera imaginar; y repartidos por el suelo de la estancia varios maniquíes, en su mayoría aún desnudos, hacían las veces de modelos.

La nostalgia que me había invadido al verme ante veinte años de trabajo con mi maleta y listo para partir casi me hizo quedarme, pero sabía que me arrepentiría en cuanto el barco que me iba a llevar se alejase sin mí. Quizás debería haber arrancado alguna de aquellas ideas de la pared para tener algo sobre lo que continuar trabajando, aunque eso podría haber implicado que un puente hacia mi hogar quedase tendido, lo que no entraba en mis planes por el momento. De cualquier modo lo verdaderamente importante era mi mente y eso siempre venía conmigo, haciendo surgir nuevas ideas que no podía plasmar por la carencia de papel y lápiz.

Entonces dirigí un breve vistazo hacia la mesa que atendía la del moño. Justo en ese momento la chica dejó de tomarles nota a sus ocupantes y puso rumbo de vuelta a la barra.

-Un momento, por favor -le dije a Alphonse antes de darle oportunidad de abrir la boca. Prefería eso a interrumpirlo o ignorarlo cuando la rubia pasase cerca-. Disculpa, me gustaría saber si tenéis alguna habitación libre en la que poder pasar la noche -solicité en cuanto la camarera se aproximó lo suficiente.

-Claro, pídeme la llave cuando quieras subir -respondió sin detenerse. ¿Habría siempre tanto trajín en aquel establecimiento?

-Perdona, pero con tanta clientela temía quedarme sin lugar para dormir y con un clima tan frío no me gustaría pasar la noche fuera -comenté mientras volvía a dirigir mi atención al de la perilla.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Boss el Mar 15 Ago 2017 - 12:40

Aquel muchacho que tenía frente a mí también padecía la misma enfermedad que yo: la melancolía. Por un momento nos creí iguales, dos almas que intentaban bailar la danza de la vida sin conocer todos los pasos mientras contemplaban como todos los demás tenían las suyas prácticamente resueltas. ¿Qué había empujado a aquel hombre frente a mí a abandonar su hogar? “Insulso” era algo que yo jamás llamaría a una vida tranquila y familiar.

¿Le odiaba? Momentáneamente, por puro prejuicio antes siquiera de preguntar cuáles eran sus verdaderas razones. Algo en mí se negaba a creer que alguien en este mundo pudiese rechazar algo que yo deseaba tanto.  ¿Cómo podía preguntarle sin resultar descortés? Tan sólo era el primer día de una posible amistad, pero en mis viajes no disponía de lla continuidad que una relación a largo plazo necesitaba, y sabía que la duda me corroería como las primeras palabras escritas aquella noche.

Cuando se marchó tras su larga introspección, demasiado larga y sufrida como para ser falsa, volví a mi nuevo hijo para, por fin, regalarle un nombre. Aquella bestia frente a mí sería sólo eso, pues no necesitaba más para ser conocido ni nadie nunca osaría preguntarle cuál fue su primer nombre, el cual tampoco recordaba. No habría hueco para la bondad y la amistad en el corazón de "La bestia", nunca, jamás.  Crecería nutriéndose de los cuerpos de los pobres extraviados en su bosque, los que él mismo había hecho perderse. ¿Pero cómo? ¿Acaso se posa sobre ellos y los pisaba con sus raíces? ¿Bebía la putrefacción de sus jugos con una larga probóscide? No… No terminaba de gustarme la idea.

Miré por la ventana sorteando el humo y las idas y venidas de borrachos a la barra. Allí, en la oscuridad del bosque y la luz que reflejaba la nieve no había nada ni nadie para sugerirme cómo continuar con el desarrollo de mi monstruo. Nada ni nadie… ¿ofrecía el monstruo la calidez de su compañía como reclamo? ¿Y cómo guiaba a aquellas pobres almas entre los matorrales y las raíces en la noche?  Por un momento pensé que me complicaba demasiado para darle sentido a un ser que no necesitaba tenerlo.

-No se preocupe, en todo caso debería disculparme yo por continuar con mi trabajo mientras hablamos- repliqué, firmando la obra y nombrándola en largas letras simplemente cómo “The Beast”-. Es totalmente excusable que quiera huir del frío… de la noche… Discúlpeme un segundo.

Fuego, esa era la respuesta a cómo atraía a sus presas. No era la calidez de sus actos ni de su voz lo que les acercaba, sino la promesa de acabar con toda sombra. ¿Cómo iba a llevar aquella criatura de corteza una llama consigo? Mis ojos sondearon la sala en busca de la respuesta, y ahí estaba sobre una mesa: una lámpara de aceite. Una lámpara que necesitaba ser alimentada, que mantenía viva una llama que lo único que hacía era condenar a su dueño. Una luz tan pura que nadie sospecharía su verdadero cometido ni su macabro origen.

Acabados los últimos trazos de la lámpara sostenida por la lánguida mano, volvería a mirar a mi acompañante para continuar con la charla.

-Lo siento, temía que la idea se marchase antes de quedar reflejada-¿Por dónde íbamos?-. Ah, sí, la “nueva” familia. En este mundo lo peor que uno podría hacer es quedarse sólo, así que busco personas con las que formar mi familia y continuar mi viaje por los Blues hasta que esté lo bastante satisfecho como para volver a casa… o construir una nueva, que para algo soy arquitecto y albañil- le dije sonriendo y prometiéndome a mí mismo que lograría mi propósito-.  Si no considera muy indiscreta la pregunta, me gustaría saber cuál es la razón de su viaje, ¿busca fama, fortuna, una familia como yo o bien simplemente el crecer como persona?
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

Mensaje por Cornelius D. Ruffo el Mar 15 Ago 2017 - 16:52

Aquélla era una pregunta a la que ni yo mismo tenía una respuesta clara. ¿Por qué había abandonado mi hogar realmente? ¿Buscaba algo o simplemente huía de unos inexistentes fantasmas del pasado? Me acordé de Iulio y de su inevitable pereza, rota únicamente cuando el afán de soplar vidrio la desterraba durante un rato; y de Tyrano y de su intrínseco mal genio, que sólo se esfumaba a la hora de plasmar todo tipo de emociones sobre el lienzo. Entonces observé la reciente creación de Alphonse y recordé a mi madre y sus abstractas obras de arte, las únicas de cuantas había visto que eran capaces de inspirar en mí algo que no fuese la sensación de estar siendo estafado por un cantamañanas.

Era curioso cómo aquello que recordaba con tanta nostalgia se mostraba ante mí como la causa de mi precipitada partida. ¿Cómo estarían mis hermanos? Seguramente bien, la relación que tenían ambos mellizos siempre había trascendido la que pudiera tener cualquier pareja de hermanos. Era algo que siempre me había molestado, pero desde la perspectiva que me otorgaba la distancia echaba de menos cuando ambos se aliaban en mi contra, provocando que casi todas las reprimendas tras las numerosas peleas cayeran sobre mis espaldas.

No sabía la significación que tendría para Alphonse el concepto de "familia", si sería más débil o más fuerte que el mío o si simplemente representaría algo completamente diferente. No obstante, dudaba mucho que se asemejase al mío. Mis padres y mis hermanos eran las únicas personas que había conocido hasta que, tras el fallecimiento de los primeros, Lorenzzo y su tripulación habían aparecido en mi diminuta isla natal como enviados por un ser superior. Resultaba obvio que la mía era una relación de parentesco nada habitual.

Desde luego tenía que agradecer a aquel hombre que me hubiera realizado una pregunta en apariencia tan simple. Supongo que el hecho de verme obligado a reflexionar sobre el tema por imposición externa me hizo verlo todo desde otro punto de vista... Aunque, pensándolo bien, probablemente hasta ese momento no había llegado a plantearme algo tan trascendental e íntimo de forma seria. Sí, no enfrentarme a mí mismo había sido un inconsciente acto de cobardía al que el de la perilla había puesto freno sin querer.

Entonces volví a centrar mi atención en Alphonse. Al hacerlo me di cuenta de que no sabía cuánto tiempo había pasado pensando sobre aquello. Podían haber sido desde unos pocos segundos hasta varios minutos. Desde luego, el moreno tenía motivos más que de sobra para catalogarme cuanto menos como un desequilibrado. Sin embargo, dado el torbellino de emociones sepultadas que se había despertado en mi interior, la percepción que mi interlocutor pudiese tener de mí era lo que menos importaba en esos momentos. Opté por ceñirme a los fríos hechos para explicar mi presencia allí, sin reflejar en mi comentario las poco comunes implicaciones que tenía lo que contaba.

-Diría que la última de tus opciones se aproxima más a la realidad... Disculpa que te tutee -añadí al recordar las advertencias de mi padre acerca de tutear a desconocidos. Aunque bueno, Alphonse ya no podía ser considerado como tal, ¿no? Fuera como fuere seguí con mi comentario. Ya me corregiría si le desagradaba mi forma de dirigirme a él-. Me crié en un ambiente poco habitual con mis padres y mis hermanos. No tuve mucho contacto con el mundo real hasta la muerte de los primeros. Entonces decidí irme a conocer el mundo y aquí estoy... Mis hermanos menores se quedaron en casa, pero me confirmaron antes de dejarlos que también se irían más tarde o más temprano. Me gustaría encontrar algún modo de comunicarme con ellos -terminé, pronunciando la última frase en voz muy baja, más para mí que para el de la perilla.
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Re: Una toma de contacto con la realidad y una trascendental bolita - Privado/Pasado [Boss & Ruffo]

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