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En el ojo de la tormenta. La presencia oscura del G4 [Moderado Nivel 5 - Eric]

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En el ojo de la tormenta. La presencia oscura del G4 [Moderado Nivel 5 - Eric]

Mensaje por Ummak Zor-El el Jue 30 Ago 2018 - 16:53

Al parecer, te ha debido de mirar un tuerto porque tu ingreso en el cuerpo de marina no ha sido bien visto por el sector más conservador del Almirantazgo y, por cuestiones totalmente políticas, han decidido alejarte por todos los medios de cualquier posible conflicto armado. Al fin y al cabo, tan solo eres un salvaje y entre tus logros personales más destacables se encuentra la destrucción de un edificio militar de la mismísima Marineford. Por esta y muchas otras cuestiones totalmente sacadas de contexto, has sido destinado a una guarnición de mala muerte en uno de los confines más inhóspitos de la frontera gubernamental. Te encuentras en la olvidada fortaleza marine del G4, edificada entre la depresión natural de dos colosales montañas nevadas, es una zona desértica y fría a escasas leguas de la Calm Belt. En esta zona, debido a su peculiar magnetismo, se produce un fenómeno meteorológico muy particular que provoca periódicamente unas tormentas eléctricas muy fuertes. Las inusualmente violentas tormentas de esta zona hacen inviable cualquier tipo de operación naval y mantienen las comunicaciones cortadas con el resto del mundo civilizado durante varios meses.

Los días caen como losas desde que pusiste un pie en el cuartel. El aburrimiento y la ausencia de operaciones han hecho que seas capaz de mapear mentalmente cada rincón de la fortaleza. El perímetro está rodeado por una muralla de ocho metros de altura y al menos unos seis de ancho, con torres de planta cuadra cada veinticinco metros. Aunque, cuando llegaste por primera vez a la isla, los cañones que asomaban entre las almenas te parecieron una burla, poco o nada tenían que envidiarles a los que viste hace algunos meses en Gray Rock. A unos ocho metros sobre el nivel del suelo se levantaba una barbacana, el único acceso a la fortaleza, donde descansan las que probablemente sean las mejores piezas de artillería que has visto en tu vida y a continuación un profundo foso que aprovecha a la perfección el desnivel de la loma en la que se sitúa la fortaleza. No fue hasta al cabo de unos días, que descubriste que también había situadas varias torres que se levantaban a pocos metros de la orilla del mar, con una muralla más modesta para evitar que navíos indeseados amarraran en la zona de playa más cercana al G4. Por último, a unos dos kilómetros de la fortaleza, se encuentra la villa de Nifyara. Este pequeño asentamiento, por lo que has oído, es anterior a la construcción del cuartel y, tras la construcción de este, ha ido creciendo en prosperidad. Aun no te has ganado un permiso desde que llegaste, pero has oído que esa villa también esta fortificada con un perímetro de troncos de madera. Además, en su pequeña bahía se encuentra el único puerto natural de la isla.

¿Para que querría alguien atacar una isla inhóspita y sin ningún valor estratégico? No eres el primer marine que se hace esa pregunta y, probablemente, no serás el último. Llegaste en la isla en estación conocida como paz-tormenta, pero sin que nadie te lo diga, sabes que esa extraña estación está dando sus últimos coletazos antes de dar paso a la siguiente. Son las siete de la mañana, la hora en la que los sonidos del resto de la guarnición comienzan por regla general a romper el silencio, pero hoy es distinto. Hay algo en el ambiente, una especie de electricidad estática, remarcada por la oscuridad reinante. A lo lejos, puedes ver como un perezoso Michael, tu relevo, arrastra los pies hacia tu posición en las murallas. Michael el Pardo, como le suelen apodar por el lugar, es un muchacho de unos veintitantos de origen villano. Con el paso de los días te enteraste que, en el pasado, había hecho una pequeña fortuna vendiendo las tierras de cultivo de su familia y que, con el beneficio de las mismas, se había comprado una buena espada y se había hecho a la mar. Cazarrecompensas y mercenario arribista, no es precisamente un hombre de honor y, sin embargo, es lo más cercano a un amigo que tienes en el lugar. Al llegar hasta tí, el deshonroso marine se levanta la visera de su gorra dejando a la vista unas prominentes ojeras. Aunque no hay rastro alguno del saludo militar que se merece alguien de tu rango, te entrega un vaso humeante del que rezuma el inconfundible olor a café recién hecho.

- Seguro que tus familiares estarán tan orgullosos como los míos de saber que tan bravos guerreros protegen sus vidas en esta frontera de mala muerte - te dice en un evidente tono de burla mientras comienza a buscar algo entre los bolsillos de su arrugado uniforme. Finalmente se detiene al darle la vuelta a uno de ellos, ambos contempláis el agujero del tamaño de tres dedos que tiene en uno de extremos - Espero que no quisieras azúcar...
off:
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Re: En el ojo de la tormenta. La presencia oscura del G4 [Moderado Nivel 5 - Eric]

Mensaje por Eric Zor-El el Dom 16 Sep 2018 - 18:39

El shandiano había llamado la atención desde su ingreso en la marina. Acciones heroicas que habían salvado muchas vidas, sí, pero que, al contrario que muchos de sus semejantes, habían causado costes al gobierno por más dinero del que iba a llegar a ganar en los años que le restaban con marine. Mientras que un sector de la cúpula del gobierno mundial estaba a favor de la actitud dinámica y enérgica del joven marine, cuyos actos le habían llevado a obtener el rango de comandante gracias a la recomendación de unos pocos, así como un gran número de medallas obtenidas por sus actos, el lado contrario, la facción más conservadora, que creen que solo gente que haya mostrado su valía desde niño, como mucho desde su adolescencia como se hacía en la vieja era, eran los únicos que debían entrar en las fuerzas armadas del gobierno mundial, es decir, la marina, no estaban completamente de acuerdo con la forma de ser del albino, así que lo enviaron a una isla perdida del mundo, donde lo más interesante que sucedía era el apareamiento de dos roedores que correteaban por allí. “Un rico manjar”, decía Eric, que comía de todo.

Las semanas transcurrían lentas y tediosas, cada vez más el albino se preguntaba qué demonios hacía allí. Tan grande era su estrés, que una tarde de entrenamiento casi le abre la cabeza de un golpe al protegido del Vicealmirante Ajax en un combate práctico, pues aquel alto cargo era el culpable de que estuviera allí. Eric no entendía porque aquel hombre le odiaba tanto, pero su protegido, un sujeto simpático llamado Yusep Mou R. Nho, que cuestionaba siempre todo con un porqué, le explico que fue por la destrucción de la torre de batalla que llevaba su nombre, cuyos cimientos destruyó durante los prolegómenos de la gran guerra en la que participó. Sin embargo, para Eric aquello no era más que una burda escusa, que tenía que solucionar fuera como fuere.

Entretanto, hizo un amigo, Michael El Pardo, un mercenario de segunda que le caía simpático. Quizás la única persona con dos dedos de frente y sincera de aquel lugar, alguien que sabía cómo se movía el mundo. Un buscavidas que había acabado de marine.

-Si mis familiares estuvieran aquí ya los habría movilizado para tomar el control –le dijo con sorna en su tono de voz, aunque en sus palabras se atisbaba un ápice de sinceridad-. No te preocupes. El café me gusta solo, quizás con un par de cubos de hielo, pues no me gustan las bebidas calientes.

Se mantuvieron en silencio durante un buen rato. Eric no era una persona muy habladora, prefería observar y mantenerse callado, pero su compañero, al contrario, era alguien demasiado parlanchín. El salvaje se encendió su pipa, la cual compartió con su compañero de buena gana. Aquel era la última migaja de tabaco que trajo consigo de Skypiea, el cual había ido dosificando hasta ese momento. En su habitación del cuartel general había plantado una pequeña planta de consumo personal, al lado de una hierba que descubrió de manos de un pirata moreno con aspecto de trápala de poco fiar, Jish se llamaba, y que había dejado en manos de Zuko, con la esperanza de que no la calcinara.

Fue entonces, cuando un terremoto sacudió la zona. Era fuerte, más de los que Eric podía llegar a crear.

-¡Comandante Zor-El! –gritó por el megáfono el comodoro Mardoz una vez cesaron los temblores-. Acuda a mi despacho, ¡Ahora

A regañadientes, apagando su pipa con el pulgar, fue hacia el otro lado de la base, donde se encontraba el despacho. Golpeó dos veces con la mano y entró.

-¿Qué desea, comodoro? –le preguntó.

-¿Qué le he dicho de crear terremotos en la base?

-No he sido yo.

El comodoro frunció el entrecejo.

-Me encontraba en la garita de inspección junto a Michael, haciendo guardia, como siempre, y de pront…

Y de nuevo otra sacudida, seguido de un apagón.

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Re: En el ojo de la tormenta. La presencia oscura del G4 [Moderado Nivel 5 - Eric]

Mensaje por Ummak Zor-El el Lun 17 Sep 2018 - 21:53

Efectivamente, por mediación del sistema de megafonía, la voz enlatada del gerifalte de aquella insidiosa fortaleza comenzó a rebotar por los enormes bloques de granito. De hecho, no había que ser demasiado lumbreras para comprender lo que estaba ocurriendo. Fuera lo que fuese que hubiera generado aquel seísmo, tú y solamente tú estabas en el punto de mira del comodoro. Resulta irónico ¿verdad? Aun habiendo pasado ya dos semanas desde que pusiste un pie en el G4 tan solo has visto a ese hombre en un par de ocasiones. La primera; el mismo día de tu llegada, en su despacho. La segunda; en el comedor, sirviendo la comida al resto de la guarnición como un recluta más ¿Cómo un hombre dos rangos mayor que tu ha sido capaz de convertirse en el mandamás de una guarnición tan grande? Poco o nada importa, tus supuestas gracietas han puesto al cuartel en plena ebullición y ahora no te queda más remedio que ponerte tú también en marcha.

El Pardo te mira de reojo y, sin mediar palabra, se encoge de hombros y empieza su guardia como si toda aquella fanfarria de frenética actividad no fuese con él. Nunca llegará a ascender con esa actitud, pero no parece preocuparle en absoluto. Ni tan siquiera se molesta en despedirse, tan solo se limita a levantar levemente la barbilla mientras vuelve a hacer gala de esa cara suya de póker.

No era ningún secreto, te gustaba demasiado poco aquel lugar. Mientras caminabas por las estrechas galerías, el resto de la guarnición se dedicaba a sus propios asuntos. Decenas de marines se afanan en examinar el estado de la infraestructura del cuartel. Sin embargo, aunque parecían distraídos, podías sentir como las miradas se clavaban en tu nuca. Al cabo de unos instantes llegaste al umbral del despacho del comodoro. Sobre la puerta, con unas hermosas letras de orfebrería doradas, podía leerse con total nitidez lo siguiente: G4 - Mando de Operaciones: Comodoro Cildofus “Jakkusuchīru“ Hart.

apariencia de Jakku:

El despacho del señor Jakku, como se le denomina cariñosamente en el cuartel, Impresiona. Grande, de techos altos con las paredes repletas de títulos y fotos de personas influyentes del Paraíso posando junto a él. Aunque sale en todas con la misma cara, la de un hombre que está allí por obligación y que quiere huir de la cámara en cuanto se descuiden. Aquella habitación representaba toda una trayectoria militar que hace palidecer la de cualquier otro marine que jamás hayas conocido. A sus cuarenta y cinco años de edad, Hart es un veterano de no menos que seis guerras. Uno de esos extraños casos en los que un miembro brillante de la marina se niega a sacrificar sus ideales a cambio de más privilegios y ascensos.

Cuando niegas con tanta vehemencia tu participación con aquellos seísmos, este alza la cabeza y estudia tu rostro, sin apartar en ningún momento la vista sobre ti. No sabrías explicarlo, pero puedes sentir una mirada abrasadora sobre la piel. Sin saber cómo ni porque, sientes como si todo tu cuerpo se hubiese quedado petrificado y, de alguna forma que no sabrías como explicar, tienes la impresión de que el marine te está poniendo a prueba.

Sin embargo, antes de que tome una decisión sobre lo que hacer contigo, un segundo terremoto sacude el G4 aun con más virulencia que el ultimo. Tanto es así que, se produce un repentino apagón y, aun siendo de día, la fortaleza se sume en tinieblas. Enseguida sientes como esa presión se desvanece y observas como el rostro aún más ceñudo del comodoro se llena de arrugas.

- Esta zona del paraíso no ha tenido actividad sísmica en años – puntualiza, mientras saca de uno de los cajones de su escritorio varios planos de la región – La paz-tormenta está a punto de llegar a su fin y en apenas unas horas estaremos aislados del mundo exterior. Todo es tan conveniente…

Antes de que tu superior continúe exponiendo su visión del problema, una tercera sacudida hace vibrar por completo los cimientos del G4. Todo retumba, es como si cada uno de los edificios del cuartel se estuviese desmoronando. Pero todo cambia cuando el sonido cacofónico de la llama, el metal y la piedra partiéndose en añicos inunda vuestros oídos. Escucháis como cientos de ventanas se hacen añicos a lo largo y ancho del complejo y como cerca de una veintena de colosales bloques de piedra salen despedidos del lugar en el que antes se encontraba la armería. Uno de ellos, lo suficientemente grande como para poner en peligro la estructura de vuestro edificio, se dirige hacia vosotros.

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Re: En el ojo de la tormenta. La presencia oscura del G4 [Moderado Nivel 5 - Eric]

Mensaje por Eric Zor-El el Miér 17 Oct 2018 - 1:00

Sólo llevaba unos pocos segundos en el abrumador despacho del comodoro, cuando el shandiano tuvo claro que tampoco era muy querido para él o, al menos, esa fue su primera impresión al mirar al ojo a su superior. Al comienzo no estuvo muy atento, pues le interesaba más ver la multitud de premios y medallas heroicas que tenía, pudo contar en un cuadro más de cien, ¿serían todas al valor o habría alguna por otros actos? Esa cuestión era la que eclipsaba la mente de Eric cada vez que visitaba ese despacho. Y entonces, antes de que pudiera dar una buena exculpación, sintió una extraña fuerza que le acogotaba y le impidió moverse. Durante un breve intervalo de tiempo, se vio incapaz de moverse, pese a que intentó hacer acopio de todas sus fuerzas para hacerlo. “¿Qué clase de brujería era aquella?”, pensaba, apretando el puño.

Y con otro seísmo, la presión cesó.

Eric dejó de apretar su mano, y unas gotas de sangre empezaron a deslizarse desde la palma de su mano hasta la punta de sus dedos, cayendo sobre la alfombra que había bajo la mesa del señor Jakku. Se relajó, y exhaló una leve bocanada de aire y se aproximó a la mesa cuando su superior sacó un mapa. Y nuevamente, otro seísmo lo sacudió todo. Éste era de más magnitud que el anterior, siendo como los que él mismo cuando comenzó a controlar los poderes de su fruta del diablo. Las luces se apagaron y se encendieron un total de cinco veces en menos de tres segundos, y un centenar de ventanas parecieron romperse, escuchando el sonido de cristales rotos.

—Akk’um tam par’a —maldijo en su dialecto, al contemplar como un bloque de piedra estaba a pocos metros de su posición. ¿Que qué significaba? Digamos que se acordó de los ancestros de la madre piedra, aunque eso sería quedarse corto. Concentró su haki de armadura en sus brazos, y golpeó la piedra hasta romperla en varios trozos—. Creo que deberíamos ir a la maceta baja, comodoro.

—¿Maceta baja? —preguntó.

—Sí, al primer piso —aclaró.

—Planta baja, comandante Zor-El —le corrigió.

Eric parpadeó dos veces, y asintió con la cabeza, asimilando lo aprendido. Fue entonces cuando un marine llegó al despacho, con una herida en el hombro.

—Señor Jakku, señor —dijo—. Tenemos varios heridos, y algunos están hechos por un arma de filo.
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Re: En el ojo de la tormenta. La presencia oscura del G4 [Moderado Nivel 5 - Eric]

Mensaje por Ummak Zor-El el Miér 24 Oct 2018 - 18:58

Casi tan intrigado con tu forma de deshacerte de los escombros voladores como de tu escasa riqueza lingüística, el comodoro Jakku se pone finalmente en pie y se dispone a hacer caso a tu sugerencia de observar los hechos a pie de calle. Sin embargo, antes de que ambos abandonéis el despacho, un agotado teniente irrumpe en la habitación sin tan siquiera molestarse en llamar a la puerta. Dado el estado de excepción ninguno de los dos le reprocháis nada, ni tan siquiera la ausencia de un saludo militar.

Señor Jakku, señor —dice entre jadeos— Tenemos varios heridos, y algunos están hechos por un arma de filo.

A pesar de ser muy de mañana, tras el amanecer y que el ruido de las explosiones ha dejado a más de un soldado sin dormir; en seguida el líder del G4 toma las riendas de la situación. El comodoro Jakku es conocido por su mano de hierro, corazón caliente y su entereza bélica; implacable con el enemigo y justo con los desvalidos. Tras observar de primera mano los destrozos ocasionados por las explosiones y la ausencia de enemigos, algo de todo aquello os da muy mala espina. Lo curioso de todo el batiburrillo de órdenes que salen por su boca de tu superior es que, ocurre algo que no había ocurrido hasta aquel preciso momento en el pacifico G4. Jakku convoca a todos los comandantes, mayores y directores de proyectos de proyectos de la fortaleza en el patio. No hay ni rastro de reclutas o soldados rasos en la reunión de emergencia, ya que la gran mayoría están doblando y redoblando jornadas para dar asistencia médica a los heridos y subsanar, en la medida de lo posible, los daños estructurales de las instalaciones.

Os encontráis armados y listos para cualquier enfrentamiento. Algunos oficiales susurran, también un poco sorprendidos. Los cuchicheos cesan de inmediato en cuanto el comodoro entra en escena. Cruza con rostro pálido y desencajado, fiero pero seguro, el patio de armas.

- ¡Soldados! – grita, dejando que su voz resuene por todo el edificio – Este ataque no es fruto de la casualidad. Hoy es el último día de paz-tormenta. Teníamos previsto recibir un último envió de provisiones desde el mundo civilizado, pero hemos sido informados de que esos insurrectos que se hacen llamar revolucionarios preparan otra ofensiva contra el G4 ¡Vosotros! – grita, dirigiéndose a la mitad de los oficiales – cubrid las Puertas Lauden, Aries y Arlin ¡Vosotros! ¡A la defensa del puerto! ¡Tú, tú y tú! – entre los que tu estas incluido – ¡Venid conmigo! – ordena, antes de desaparecer entre la multitud mientras el resto de oficiales marchan a sus puestos destacados.

Acto seguido, seguís a Jakku por el patio de armas. De los tres oficiales con los que ibas, a uno le mandan vigilar lo que queda del maltrecho polvorín, a otro internarse en las despensas de la fortaleza y a ti… a ti te ordena que le sigas.

- Eres mi mejor soldado, Zor-El – te dice en confianza, ya cerca de la Puerta Aries – No hay ninguna ofensiva de los rebeldes, aun, contra esta base ¡Es una farsa! – te dice, mientras mira de izquierda a derecha desconfiado – El ataque inminente del que hable enfrente de los demás oficiales es falso – aclara – Ahora se respira cierta calma. Aunque no se por cuánto tiempo… El caso es que quiero que vayas a la villa de Nifyara. Eres prácticamente el único en quien confió, pues sospecho que estamos rodeados de espías… Tu misión será llegar al puerto natural de la villa y proteger el envio de provisiones. Viajan en una goleta, recoge la mercancía y tráela a salvo. Con esto sabrán que vas de mi parte – dice mientras de entrega una de sus muchas medallas.
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Re: En el ojo de la tormenta. La presencia oscura del G4 [Moderado Nivel 5 - Eric]

Mensaje por Eric Zor-El el Sáb 27 Oct 2018 - 20:26

Haciendo gala de su habilidad de mando, así de un buen pulmón, movilizó a todos los oficiales, rangos medios y bajos del cuartel. En poco menos de dos minutos, todos los comandantes, un total de seis, estaban frente al comodoro. Todos eran del departamento de infantería, y ninguno de ellos simpatizaba con el salvaje. Le miraban de arriba abajo como si fuera un desecho de la sociedad, como si fuera un burdo pirata, y eso mosqueaba a Eric. El resto de soldados, estaban también allí, con ligero aire de preocupación. Jakku comenzó a hablar muy rápido, haciendo que el albino no pillara todos los conceptos, pues aún le costaba entender el idioma. Los dividieron en distintos escuadrones, yendo cada uno a un lugar distinto. Entretanto, él junto a dos marines más, siendo uno de ellos su amigo Michael el pardo.

—Comandante Zor-El, venga conmigo —le ordenó, con ligero gesto de preocupación en su mirada.

Eric no era muy bueno hablando, eso estaba claro, pero era capaz de ver los sentimientos de otra persona con mucha claridad. Sabía que algo iba mal, pero ¿el qué? Pensativo siguió a su superior hasta llegar a la puerta Aries, la más meridional y que daba al pueblo más cercano en kilómetros. El señor Jakku estaba nervioso, miraba a un lado y al otro continuamente, mientras lo adulaba como solo habían hecho una persona en su vida, su líder y amigo, Zuko.

—¿Estás seguro de querer quedarte solo? —le preguntó, cogiendo una brillante medalla.

—No te preocupes —le contestó—. No hay nadie en esta base que pueda conmigo.

Eric se calló, y guardó la medalla en el interior de su poncho.

—Está bien —le dijo, cruzándose de brazos—. ¿A cuántos minutos está?

Una vez tuvo una respuesta, a regañadientes se puso las botas reglamentarias y la capucha de su poncho.

—Suerte, Zor-El —le dijo el comodoro.

—La suerte es para los débiles de espíritu —le contesto Eric, y de la misma forma emprendió camino hacia Nifyara.

A Eric no le entusiasmaban los climas fríos, es más, no le gustaba ninguna atmósfera que le impidiera caminar descalzo, como debía hacerse. Sentir el suelo en las plantas de los pies, la hierba en los dedos… Era una sensación indescriptible. Era como sentir que se es uno con la madre tierra, y eso le encantaba.

Camino apresurado durante algo más de veinte minutos, pudiendo ver un pueblo en la lejanía. ¿Sería ese su destino? Seguramente, así que continuó hacia allá. Durante el camino se encontró con dos hombres, ¿o eran un hombre y una mujer con rasgos bastos?

—¿Ese pueblo de allí es Nifyara? —le preguntó, clavando la mirada sobre aquellas dos personas.
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