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Mensaje por Einar Horn el Vie 27 Oct 2017 - 20:09

Mi ingreso a la Marina era irremediable. Los necesitaba. Requería de un apoyo que me ayudase, en un futuro, a volver a mi tierra a acabar lo que empezó hace años. Si hubiese podido volver solo, no me hubiera molestado en presentar mi solicitud para acceder a ellos. Pero… no era el caso. Retornar a Elbaf era una ardua tarea, debido a la distancia a la que me encontraba, y a la falta de navío propio. Sabía de buen grado que, como un mero recluta, no conseguiría los medios para lograr mi objetivo. Por ello, debía demostrarles de lo que era capaz.

De no haberle implorado a mi superior que se me asignase un cometido… no habría llegado a Alabasta. A petición mía, se me asignó la misión de buscar, junto a un aliado, a un criminal de poca monta que se había ganado una buena suma por su cabeza. Sería mi primera “cacería”, por así decirlo.

El barco marine atracó en el puerto más cercano a su capital, Alubarna. Se me asignó a mi la misión ,si… pero un pequeño inconveniente era que tenía que ir acompañado de un pequeño grupo. Un sargento dirigiría a mi grupo, conformado por tres reclutas, en el cual me hallaba incluido.

Vamos a ver, chicos… me han dicho que tengo que asustar a los reclutas para que se esfuercen. Me temo que, por una vez, me veré obligado a no obedecer a mis superiores. No os voy a mentir, nos han encomendado una misión sencilla. – el sargento sacó el cartel de recompensa del objetivo – “El camello justiciero” le llaman. En principio, hay doce millones por su cabeza. Si sale vivo o muerto depende de nosotros. Personalmente, si lo traemos vivo quizás nos den un extra, y creedme que eso lo acabaréis agradeciendo. A ver… problema. Quizás acabará siendo un debilucho, pese a sus crímenes. La cuestión es que tiene fama de escurridizo, con lo que nos será complicado dar con él fácilmente. Hasta ahí la única complicación de la misión. Nos reuniremos con un agente del gobierno en la ciudad, el cual también nos ayudará en nuestra misión. Dicho esto, si no tenéis ninguna pregunta… deberíamos partir hacia Alubarna.

Acto seguido, nos entregó a los tres un cartel para que, en caso de separarnos, pudiésemos identificar al hombre. Por mi parte, dejé mi capa en el barco – el cual no se iría de alli hasta que acabasemos la misión –, quedándome con mi peto de bronce y mis otras ropas, acompañadas claro de mi uniforme de recluta, y seguí a mi superior. Durante el camino por el desierto, ya faltando poco para llegar a la capital, uno de mis compañeros se aventuró a preguntarme algo.

¿Te llamabas Einar, verdad?

Así es. Si quieres puedes recortarlo, o ponerme un mote. Me es indiferente.

Entonces, si te parece bien, te llamaré Ei.

Me parece bien.

¿Cómo es que alguien como tú decidió entrar a la Marina, Einar? – dijo de improvisto nuestro superior, el cual se hallaba al frente – No se ve gente de tu especie muy a menudo. Yo solo he visto un par, un poco más grandes que tú y… la verdad es que me cagué un poco en los pantalones cuando los vi.

Cosas del destino, supongo. Es una larga historia, la verdad… y no tengo ganas ahora de contarla. – le respondí con una sonrisa – Y si eran más grandes que yo… seguramente no serían de mi misma especie, intuyo.

¿Por? ¿No hay gigantes pequeños y eso? – preguntó el otro recluta, que aún no había hablado.

Realmente nací del vientre de una humana, aunque tengo sangre gigante.

Oh, conque eres una especie de… ¿híbrido? – comentó el sargento.

Algo así.

La conversación no llegó a más, y simplemente permanecimos en silencio hasta llegar a Alubarna. Una vez nos posicionamos en lo alto de la escalera, tras subir unos cuantos escalones – los cuales subí con especial facilidad, al contrario que mis compañeros – nos encontrábamos ya a la entrada de la capital, donde el gentío paseaba por sus calles, los vendedores gritaban sus ofertas, los niños correteaban por todos lados… lo que se diría un pueblo feliz, o al menos eso creí. Como siempre ocurría, tanto en gigantes como humanos, había gente que tenía su mirada puesta en mi. Algunos con una mirada discriminatoria que no me agradaba. Otros, como si quisieran acercarse a resolver la curiosidad que sentían hacia mi persona. En todo caso, ignoré a ambos y decidí centrarme en lo que nuestro superior estaba a punto de decir.

Venid… nuestro contacto debe de estar ya en el lugar indicado. – nos ordenó.

Los cuatro nos desplazamos hacia un callejón vacío, donde curiosamente cabía mi cuerpo. Allí, no parecía haber nadie, con lo que supusimos que no había llegado aún. Cabe decir que, pese a que yo cupiese, la pequeña calle era estrecha y no tenía salida, salvo por la que habíamos entrado.
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Mensaje por AEG93 el Sáb 28 Oct 2017 - 11:48

Alabasta, la isla desértica. No venía aquí desde hacía un par de años, cuando la había visitado durante mis viajes con Reigh, cosa que agradecía. No era para nada una de mis islas favoritas, ya que siempre había odiado el desierto. Por lo tanto, me contrariaba profundamente que mis superiores me hubiesen enviado a una misión aquí. Solo quería terminarla cuanto antes con éxito para poder largarme de aquel asqueroso trozo de arena en mitad del mar. Nunca había logrado entender como los habitantes de aquella isla no la habían abandonado hacía ya siglos.

Enfrascado en estos pensamientos llegué hasta la capital, Alubarna. Allí debía reunirme con un pequeño grupo de Marines, a los que habían asignado también la misma misión. Esperaba que al menos fuesen competentes o, al menos que no me retrasaran ni tuviera que cuidar de ellos. La misión no parecía muy complicada. Se trataba de atrapar a un revolucionario conocido como "El Camello Justiciero", cuya cabeza valía 12.000.000 de berries.

Cuando llegué al callejón donde se suponía que debía reunirme con los militares, aún no había nadie. Buscando poder analizarles un poco cuando llegasen, y sorprenderles ligeramente, subí al tejado, desde donde tenía una perfecta visibilidad de la zona, al tiempo que activé mi Haki de Observación. Mi posición no era muy elevada, ya que la casa apenas tenía dos pisos, por lo que resultaba un sitio muy accesible para mí.

Unos diez minutos después, cuatro personas con el uniforme de la Marina aparecieron en mi campo visual. Uno de ellos, por sus galones, debía de ser un oficial de bajo rango. Su aura, a pesar de no ser la de un simple recluta, no me decía nada especial, a decir verdad. Le seguían tres tipos que parecían estar bajo su mando. Dos de los tres tenían auras totalmente anodinas, no parecían nada destacables. Sin embargo, el tercero llamó mi atención. Su aura tampoco era muy poderosa, aunque si que lo era más que las de sus compañeros. Sin embargo, lo que hizo que me fijara en él fue su aspecto o, más concretamente, su tamaño. Estaba convencido de que aquel tipo tenía que ser un semigigante. Era realmente enorme, con cabello y barba rojos, y con prominentes músculos que se podían ver incluso llevando el traje de la Marina puesto.

Una vez los cuatro estuvieron en el callejón, salté desde el tejado, apoyándome en la pared contraria a media caída y apareciendo delante de ellos mientras amortiguaba el impacto con una ágil voltereta. Acto seguido, procedí a presentarme.

- Saludos compañeros. Mi nombre es Thawne, y soy el Agente del Gobierno con el que debíais reuniros. Como supongo sabréis,
nuestra misión consiste en atrapar al infame revolucionario conocido como "El Camello Justiciero", el cual, según nuestros informantes, se esconde actualmente en esta ciudad. Es probable que haya ciudadanos que apoyen secretamente a la Revolución o, incluso, que estén dando cobijo y alimento a esa rata. Es nuestro deber averiguar donde se esconde y entregarlo, vivo o muerto, a nuestros superiores. Y ahora, ¿cómo os llamáis y qué sugerís para comenzar con nuestra misión?


Una vez dicho esto, me apoyaría en la pared con el hombro y cruzaría los brazos mientras escucho lo que tengan que decirme los marines. Una vez haya oído sus propuestas, daré mi opinión y, si lo creo necesario, propondré una estrategia.


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Mensaje por Einar Horn el Lun 30 Oct 2017 - 19:28

Cuando todos pensábamos que el contacto tardaría, alguien aterrizó de un gran salto en el suelo, a escasa distancia de nosotros. Un hombre completamente trajeado se presentó ante nosotros. Se hizo llamar Thawne, y alegó que pertenecía al gobierno, lo que hizo que nos aseguráramos que era el contacto con el que nos habían citado. Por mi parte, no vi nada fuera de lo común en el sujeto. Sus formas eran correctas, esperables de un agente. Como también era de esperar de alguien que trabaja para el gobierno, era alguien con un tono serio y que iba al grano. Todo un profesional, vaya. Finalizó con su presentación, diciéndonos prácticamente lo que ya sabíamos, solo que añadiendo observaciones hechas por él. Acto seguido, preguntó por nuestros nombres. Cómo ni siquiera nuestro superior parecía acordarse de ellos, nos presentamos como es debido uno a uno.

Mi nombre es Charles, y soy el superior de estos tres hombres. Un placer trabajar contigo, Thawne. – dijo, respetuosamente, nuestro líder.

Yo me llamo William, un placer. Espero ayudar en lo que pueda. – continuó presentándose aquel que, en primera instancia, decidió entablar conversación conmigo en el desierto.

A mí puedes llamarme John. Daré lo mejor para no cagarla en la misión. Un placer, Thawne. – dijo el restante, dando paso a un servidor.

Bienhallado sea, Thawne. Si así lo desea puede referirse hacia mi persona como Einar o, si lo prefiere, llamarme por mi apellido, Horn. – me presenté para, acto seguido, dirigirme hacia mi superior. – Señor, solicito permiso para proponer un plan.

Concedido. Exponlo y luego aportaremos nosotros lo nuestro.

Muchas gracias, sargento. – me aclaré la garganta, y me dispuse a hablar. – Como usted dice, agente Thawne, habrán civiles que apoyen la causa de los revolucionarios. Pero habrá otros que no, por lo tanto, hay que ir con cuidado. Lo que menos queremos es acosar a los ciudadanos. Ahora bien, será difícil identificar a los que saben algo, y si vamos todos juntos no lograremos abarcar demasiado terreno. Si el sargento me lo permite, me gustaría que el grupo se dividiese. Me veo capacitado para ayudar al agente en aquello que necesite. Por lo tanto, pido expresamente acompañarle a rastrear a la revolución.

¿Tú solo? Estás bajo mi responsabilidad… no sé si debería dejarte.

De no cumplir con las expectativas, solicito que se me aplique el castigo correspondiente.

Aún si me lo dices así, no es tan fácil. Sigues siendo un recluta, no puedes campar a tus anchas aunque vayas acompañado de un agente. Debes de acatar las re… – fue interrumpido.

Señor, piénselo. De cualquier otro modo, alguien de nosotros tres quedaría separado de usted. Es inevitable en caso de dividirnos. Dejar al agente Thawne solo sería perder el tiempo, ¿no cree? Le pido, por el éxito de la misión, que haga una excepción hoy.

He de decir que tienes un punto. – suspiró – Está bien. Permiso… concedido. Ahora bien, toma este Den Den Mushi, recluta. No querremos perder la comunicación por nada del mundo. Por mi parte, agente Thawne, me gusta la idea del novato. ¿Qué dices?
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Mensaje por AEG93 el Mar 31 Oct 2017 - 9:58

Los cuatro marines se presentaron también uno a uno. El oficial al mando se llamaba Charles, y los reclutas William, John y Einar. Éste último era el semigigante pelirrojo que había llamado mi atención. Su saludo me pareció un tanto anticuado, pero mostraba educación y respeto. Después propuso dividirnos en dos grupos para cubrir más terreno, de forma que él viniera conmigo. Me pareció una buena idea, si fuéramos todos juntos llamaríamos mucho la atención, y además tardaríamos mucho más en explorar la ciudad. Aunque bueno, el grupo en el que fuese el grandullón iba a llamar la atención de todas formas. Con ese tamaño debía resultar imposible pasar desapercibido.

A su superior no le pareció tan buena idea. Parecía reacio a dejar a alguno de los reclutas sin su supervisión personal. Finalmente, los argumentos de Einar terminaron por convencerle de que era la mejor idea y, a regañadientes, accedió. Eso sí, no sin antes entregar a su subordinado un DDM para permanecer en contacto. Acto seguido, preguntó mi opinión, a lo que respondí:

- La idea de Einar me parece sensata. Los cinco juntos no solo tardaríamos muchísimo en explorar toda la ciudad, sino que además llamaríamos más la atención que yendo en grupos más pequeños. No se preocupe por el recluta, sargento, yo me ocuparé de su supervisión y asumiré la responsabilidad en caso necesario. Tengo experiencia en misiones de este estilo, así que puede estar tranquilo, deja a su hombre en buenas manos.

Tras esto, acordamos que Einar y yo nos encargaríamos de la mitad este de la ciudad, y los demás de la mitad oeste. Nos despedimos, con la consigna clara de llamar al otro grupo por el DDM si averiguábamos algo y, más importante, con la de intentar evitar por todos los medios que ningún civil resultara herido.

Una vez el semigigante y yo estuvimos de camino, comencé a hablar con él, preguntándole:

- Bueno, Einar, ¿por dónde sugieres que empecemos? Tenemos muchas posibles opciones. Podemos desde entrar a una taberna e intentar ver si alguien sabe algo, a dirigirnos a la plaza. Lo primero, quiero que sepas que soy usuario de una fruta mitológica, lo cual me permite comunicarme con los demás con la mente. - en este momento dejaría de hablar en alto y pasaría a hacerlo de esta forma para que mi compañero se fuese acostumbrando - ¿Ves? Tú también puedes usar este vínculo para comunicarte conmigo mientras no haya más de 20 metros entre ambos. También puedo transformarme en quien yo desee, lo que, en mi experiencia, suele ser bastante útil para este tipo de misiones. Te lo cuento para que no te asustes si ves que de repente me convierto en otra persona.


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Mensaje por Einar Horn el Jue 2 Nov 2017 - 20:18

La verdad es que me sorprendió que el agente me diese la razón. Sinceramente, en lo más hondo de mi corazón, pensaba que mantendría la postura de mi sargento. Según él, mi persona estaría bajo su responsabilidad a partir de ese momento. No mentiré, el tipo parecía competente, y decidí fiarme de él. El grupo se separó de la forma en la que yo propuse. Mis compañeros serían asignados a la zona este de la ciudad, mientras que nosotros dos tendríamos que buscar en la oeste. Guardé el extraño caracol llamado Den Den Mushi, que parece que me otorgaba el poder de comunicarme en la lejanía con otro usuario de este. ¿Qué clase de tecnología tenían más allá de Elbaf? Simplemente sorprendente. El caso es que, tras eso, el agente empezó a entablar conversación conmigo. Primero empezó preguntándome si tenía algún plan, y luego acabó comentándome algo acerca de sus poderes. Estupefacción fue lo que se representó en mi rostro al escuchar en mi cabeza cómo el agente Thawne hablaba. Los poderes que una simple fruta me había otorgado eran asombrosos, pero… los de este sujeto eran muy curiosos. Como pude, intenté hablar de la misma forma que él. Al fin y al cabo, solo era pensar y transmitir mis pensamientos hacia él, ¿no?

¿Hola? ¿Me escucha? Espero hacerlo bien. – intenté comunicarme de la mejor forma posible, y por si acaso, volví a hablar en voz alta. – ¿Se me escucha? Si no, dígame cómo se hace. Pero bueno, voy primero a centrarme en el tema que nos ocupa. Mi plan es el siguiente. Sé que lo mío no es ocultarme, aún así, no deberíamos de ir preguntando al azar por ahí, sino hacerlo por los antros del lugar y los sitios menos frecuentados por gente. Quizás usted sepa más acerca de qué lugares podría frecuentar un revolucionario, o qué clase de personas podrían simpatizar con ellos.

Por mi parte, le indiqué con la mano al agente para que nos moviésemos de allí. En poco tiempo, llegaríamos a la parte de los bajos fondos de la ciudad, o al menos, eso parecía ser. No podía hacer demasiado para ocultar mi uniforme de marine, así que lo de preguntar se lo dejaría al agente. En nuestro campo de visión apareció unas escaleras que descendían hacia abajo, con un cartel sospechoso que indicaba que aquello era un bar.

Señor Thawne, temo no poder entrar ahí dentro. Si lo ve conveniente, pienso que quizás ahí podríamos averiguar algo. Yo me quedaré aquí fuera, vigilando. En cuanto a usted, avíseme si se ve envuelto en problemas y yo intentaré ayudarle. Si hace falta romper el edificio para entrar, lo haré. – intenté comunicarme mentalmente. Si funcionaba y el agente me respondía, perfecto. Si no, me acercaría a su oído y se lo diría.
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Mensaje por AEG93 el Vie 3 Nov 2017 - 16:02

En un primer momento, el intento de Einar por comunicarse conmigo a través del vínculo telepático resultó incluso cómico. Sin embargo, rápidamente se centró en el objetivo que nos ocupaba, y en la forma de llevarlo acabo. He de reconocer que cada vez que hablaba me caía mejor. No me esperaba que un simple recluta, y más aún tratándose de un semigigante, pensara con tanta claridad. Era agradable ver que mi compañero no era solo fuerza bruta.

Poco a poco, fuimos adentrándonos en los bajos fondos de la ciudad. Finalmente, llegamos a una especie de bar subterráneo. Por el aspecto de su entrada, el local no debía de ser muy selecto. A priori, un sitio ideal para intentar conseguir algo de información. En ese momento, escuché la voz del semigigante en mi cabeza. Lo que me dijo sonaba razonable, por lo que le respondí:

- Estoy de acuerdo. Con tu tamaño no creo que quepas por esa puerta y, aún así, tu uniforme seguramente nos haría imposible conseguir información una vez dentro. Seguiremos tu plan, me parece la mejor idea. Yo me encargaré de investigar el local, y tú mientras tanto espérame aquí, permaneciendo atento por si ves algo sospechoso. Mantendré el vínculo telepático activo en todo momento, así que mientras no nos alejemos más de 20 metros podremos comunicarnos mentalmente.

Una vez dicho esto, entré al bar. Mientras bajaba las escaleras, tomé el aspecto de un hombre al que había visto de camino. Se trataba de un tipo de unos 30 años, de tez morena y pelo negro recogido en un moño. Llevaba un poblado bigote del mismo color, y una túnica verde con rayas marrones verticales. Era más o menos de mi altura, pero de pecho y hombros ciertamente más amplios.

El local era tan poco recomendable como su entrada daba a entender. Mesas cojas, sillas medio rotas, varios borrachos apoyados en la barra... Desde luego, aquel no era el bar donde se reunía la crème de la crème de Alubarna, pero era probable que me sirviera para conseguir algo de información.

Me acerqué a la barra y, en cuanto el camarero me miró, pedí una cerveza. Me la sirvió con bastante rapidez pero, en cuanto la probé, me di cuenta de que su calidad iba acorde con la del local. Incluso me costó no escupirla. Haciendo de tripas corazón, me esforcé por tragar y, acto seguido, respiré profundamente, aliviado por haberme librado de ese mal sabor.

En aquel momento, un tipo se me acercó, diciendo:

- Ey, chico. No te he visto nunca por este local. ¿Quién eres?

- Me llamo T'hon, y he venido porque quiero averiguar algo.

- Pues estás de suerte. Me llamo Shar-Ku, y si quieres saber algo, puedo conseguirlo, siempre que estés dispuesto a pagar el precio adecuado, claro.

Bajando la voz, acerqué mi cara a su oreja y le dije:

- Quiero unirme al Ejército Revolucionario. Deseo encontrar a algún miembro de la Armada con el estatus suficiente como para reclutarme. ¿Puedes ayudarme con eso?

- Tal vez. Reúnete conmigo a las 12 en este lugar, y te contaré lo que pueda averiguar. Pero es un trabajo peligroso, y no será barato. 10.000 berries por adelantado, y otros 10.000 más si consigo la información.

Mientras me decía esto, escribió algo en un papel y me lo dio. Ponía: "establos Sehor, plaza principal, frente a torre del reloj". Me pareció buena idea pero, por si acaso el hombre solo estaba tratando de estafarme, le hice una contraoferta:

- De acuerdo. Sobre el pago, no te daré nada ahora pero, si la información que consigues es buena, te pagaré 30.000 berries. Es mucho más de lo que pensabas sacar, ¿qué me dices?

Tras pensarse mi oferta durante unos, segundos, el hombre respondió afirmativamente y, al momento, abandonó el local. En cuanto se levantó para irse avisé a Einar mediante el vínculo de que se ocultara como pudiera. No podía correr el riesgo de que el tipo viese a un marine en la puerta y empezase a atar cabos. Después, esperaría un par de minutos, salvo que el semigigante me pidiera que saliera. Tras esto, me iría de allí mientras ponía al tanto a mi compañero de todo lo ocurrido a través de la telepatía.


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Mensaje por Einar Horn el Vie 3 Nov 2017 - 16:59

Thawne accedió a entrar al local. En aquel momento confié en él, se le veía un tipo de lo más capaz. Por mi parte, al parecer ya había aprendido a comunicarme con él. No era tan difícil… simplemente había que concentrarse. Cuando empezó a bajar las escaleras, me apoyé en una pared a esperar. ¿Qué encontraría allí abajo el agente Thawne? Intenté no impacientarme en la medida de lo posible… pero la incertidumbre podía conmigo. Mi vista estaba fija en la entrada del local. De allí no salía ni entraba nadie sin que yo me enterase de ello.

De vez en cuando, se me acercaba algún niño a quedarse mirándome. Sin decir nada. Callado. Con la mirada fija en mi. La verdad es que me sentía un poco incómodo allí. Sin embargo, también emocionado por la misión que estaba llevando a cabo. Algo tan diferente a las belicosidades de mi tierra natal… una misión de búsqueda e infiltración. ¡Me sentía como si fuese un agente del Cipher Pol! Salvo que era un marine, algo muy distinto a ellos. Lo de infiltrarse se lo dejé completamente a Thawne, vaya. Yo no podría hacer su trabajo, pero lo intentaría aquel día.


De repente, en mi mente se proyectó la voz de mi aliado. Me advirtió de que alguien subía, y que no debía de verme bajo ningún concepto. Mi sentido de infiltración oculto se activó. Rápidamente, busqué un escondite. Con movimientos rápidos de cabeza, pude hallar una alfombra colgada del techo, suficiente como para que no me viese. Estaba al otro lado de la calle, así que corrí hacia ella y me escondí detrás. Nunca en mi vida había permanecido inmóvil tanto tiempo. Hasta que Thawne no me diese la orden, no me movería de allí. No obstante, algo me hizo mover la cabeza. Alguien estaba tirando de mi túnica, una anciana con el pelo blanco y recogido.

Vete de aquí, rar – con rapidez, le tapé la boca con la mano, y puse mi dedo índice en mis labios, en señal de silencio. Luego, señalé mi gorra de marine para que no se alterase.

Por poco no le aplasté la cabeza. La mantuve callada durante un minuto o dos, hasta que mi aliado me contactó para que saliese a hablar con él. Reportó que había contactado con alguien que le ayudaría a encontrar a la revolución. Thawne se había hecho pasar por un ciudadano que quería unirse a ellos. Según recordé, gracias a su fruta. ¿Acaso no era aquel agente el espía perfecto? Desde mi punto de vista, así era. Luego me comentó acerca del lugar donde habían quedado, y que habían marcado una hora también.

Muy bien… ¿y qué hora es? – le dije por telepatía.
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Mensaje por AEG93 el Dom 5 Nov 2017 - 19:43

Al salir, no vi a Einar por ningún lado. No sabía dónde podía haberse metido el semigigante pero, teniendo en cuenta que había recibido mi mensaje, no podía estar lejos. De repente, apareció justo en frente de la puerta del bar, perseguido por una anciana que parecía bastante molesta. Decía no se qué de un gigante pervertido que quería verla desnuda. Finalmente, al ver que tras un par de minutos nadie le hacía caso, se marchó por donde había venido.

La pregunta de Einar hizo que recordara que no tenía reloj, por lo que no teníamos forma de saber qué hora era. De todas formas, el sol todavía brillaba alto en el cielo, así que debían de quedar muchas horas para la medianoche. Teníamos tiempo.

- Pues, ahora que lo dices, no lo se. Debería comprar un reloj. Todavía quedarán varias horas, ¿qué te parece si buscamos una tienda para que compre uno?

Si Einar aceptaba, recorreríamos la zona en busca de un lugar donde adquirir un reloj. Una vez lo encontráramos, entraría y compraría un reloj de muñeca de buena calidad, y con la correa de cuero negro. Al salir, diría a mi compañero:

- Bueno, ahora ya sabemos que aún son las 5 de la tarde. Deberíamos llamar a los demás para comunicarles lo que hemos averiguado, ¿no crees?

Si Einar respondía afirmativamente, esperaría a que terminase la llamada. Si el sargento tenía también información para nosotros que nos diera un modo de pasar las horas restantes hasta las 12, lo aceptaría. Si no, propondría acercarnos hasta la plaza, a ver si desde allí lográbamos ver u oír algo sospechoso.


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Mensaje por Einar Horn el Dom 12 Nov 2017 - 16:04

Nada más mi compañero dijo que no sabía qué hora era me llevé las manos al rostro. Le dediqué una carcajada y asentí ante su opción de ir a comprar uno. La verdad es que no tenía ni idea de dónde podrían vender relojes en aquella ciudad… así que tendría que estar ojo avizor por si veía algún artilugio con el cual poder comprobar la hora. No era algo que se llevara en Elbaf, pero si que lo había visto fuera de él. De todas formas… allí teníamos otras formas más primitivas de conocer el momento del día en el que nos hallábamos, mas no tenían la misma exactitud que los aparatos mencionados. En cualquier caso, empezamos la búsqueda por las calles de Alubarna. No nos llevó demasiado tiempo encontrar una pequeña tiendecilla que los vendiese, la verdad. Esta la regentaba un fornido humano con una gran barba, el cual recibía a los clientes con una gran sonrisa.

¡Sed bienvenidos a Abalarios Al’Mansur! Sentíos libres de mirar lo que queráis y, si algo os interesa, no tenéis más que decírmelo. – nos dijo, dado que estábamos frente a él mirando la alfombra donde los productos se encontraban.

Saludos, caballero. Nos gustaría saber el coste de este artilugio que señala la hora, estamos especialmente interesados en él.

Veo que no le falla la vista, amable gigante. Esta pieza es bastante valiosa, ¿sabe usted? Su precio asciende a las trece-mil rupias. Que, en la moneda de estos mares, serían unos cien mil berris.

Diría que ese precio esta un poco inflado, señor… espero que podamos llegar a un acuerdo. – me agaché para estar más o menos a su altura.Verá, he visto uno igual en una tienda dos calles atrás. ¿Sabe a qué precio? Treinta-mil berris. ¿Qué ocurriría si ahora nos marchásemos y se lo comprásemos a él, en vez de a usted?

Eh… desconocía que hubiese… alguien de la competencia. Esto… – se mordió el labio – Veinticinco mil.

Veinte.

Veintitrés.

Veintidós mil quinientos.

Vendido.

Un placer hacer negocios con usted. – cogí el reloj y Thawne le dio el dinero acordado.

Al alejarnos de allí, mi compañero me comentó que aún faltaba mucho para la medianoche, siendo aún las cinco de la tarde. Además, me recordó que deberíamos llamar a los otros marines para reportar y para ver si tenían más información. Así lo hice. Nos metimos dentro de un callejón y saqué el caracol de mar extraño para comunicarme con ellos. Pronto me cogieron la llamada.

Charles al aparato. Einar, ¿alguna novedad? – respondió a través del curioso aparejo.

El agente Thawne ha concertado una cita con un informante, con el fin de descubrir algo más sobre los revolucionarios de Alubarna. El evento se llevará a cabo a medianoche. ¿Qué han encontrado ustedes?

Antes de nada, si te parece, Einar… tutéame, por favor. Luego… nosotros por nuestra parte hemos averiguado más bien poco. Sabemos que su última aparición en público fue cerca de la plaza principal de Alubarna, donde les dio una severa paliza a unos bandidos que pretendían robar a unos mercaderes. ¿No es allí donde se va a llevar el evento con el informante?

Así es… y me temo que lo que habéis averiguado es mucho más útil que lo nuestro. Quizás allí la gente sepa algo. Os informaremos si encontramos algo más.

Bien… nos apostaremos cerca de la plaza, entonces. Si ocurre algo, llámame inmediatamente.

Entendido. Corto. – dije, al mismo tiempo que cortaba las comunicaciones entre nosotros.Thawne… deberíamos ir ya a la plaza. Quizás encontremos más información de los ciudadanos locales antes de que el hombre llegue a medianoche. ¿Qué me dice?

Si mi compañero aceptaba, iríamos a rastrear la zona. Si no, escucharía aquello que tenga que decir y lo hablaríamos.
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Mensaje por AEG93 el Dom 12 Nov 2017 - 21:52

Tras buscar un poco dimos con una tienda donde comprar un reloj. La transacción dio lugar a una escena bastante curiosa, ya que un semigigante con uniforme de la marina regateando con un vendedor de Arabasta no es algo que se vea todos los días. Finalmente, Einar logró adquirir el reloj a un precio aceptable, así que pagué y me puse el reloj en la muñeca izquierda.

Al salir de la tienda, dado que aún era pronto, mi compañero llamó a su superior para comunicarle nuestros progresos. Éste le dijo que, al parecer, el último lugar donde habían visto a nuestro objetivo era en la plaza, ya que montó un altercado allí. Según nuestra información había sido por un buen motivo, pero eso daba igual. Hasta los miembros de organizaciones delictivas como la Revolución hacían cosas buenas de vez en cuando, pero eso no les hacía menos criminales. Con estos datos, Einar sugirió ir a la plaza para intentar conseguir información.

- Estoy de acuerdo, deberíamos ir hacia allí. Tal vez consigamos algo útil, y así no desperdiciaremos las horas que faltan hasta las 12.

De camino a la plaza, de cara a poder trazar mejor las estrategias en caso de que nos encontráramos con nuestro objetivo y entráramos en combate, pregunté al semigigante:

- Bueno, Einar, ¿cuál es tu especialidad en combate? ¿Cómo sueles pelear? Prefiero saberlo un poco por si localizamos al objetivo antes de lo previsto.

Cuando llegáramos a la plaza, observaría el panorama, fijándome detenidamente en la gente que allí hubiera. Una vez hecho el barrido, preguntaría de nuevo a mi compañero para ver cómo creía que debíamos actuar. Quería, por un lado, que sintiera que no era simplemente alguien que se limitaba a cumplir órdenes, sino que su opinión se tenía muy en cuenta. Además, sería una forma de comprobar si mi impresión inicial sobre él era acertada, y el gigantón era mucho más que músculo.



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Mensaje por Einar Horn el Jue 23 Nov 2017 - 16:54

La respuesta del agente Thawne fue afirmativa, con lo que partimos hacia la plaza central de Alubarna. No sabía lo que me esperaría allí… pero fuese lo que fuese, lidiaría con ello como si me fuese la vida, como siempre. No me gustaban las misiones como estas. Que el objetivo se escondiese hacía que tardásemos aún más en finalizar la misión. Si supiésemos desde un principio donde está, solo sería ir y llevárnoslo a rastras. En fin… decidí no pensar sobre eso y centrarme en ella, que si no solo haría que retrasarme yo solo. Mientras íbamos de camino, Thawne me sacó de mis pensamientos con una pregunta acerca de mi estilo de combate.

Oh, vaya… ¿Mi especialidad, dice? Pues la verdad es que he sido entrenado en diversos estilos de combate con armas, pero si tengo que destacar uno… le diría el uso de los puños y la fuerza bruta, que es algo que me he visto a perfeccionar desde que era un pequeño mozalbete. Al igual que usted, soy un usuario. No sabría decir con exactitud qué tipo de fruta consumí, pues en mis conocimientos no se halla tal información acerca de ellas. Por lo que he podido observar y sentir… esta me otorga capacidades sobrehumanas tales como el dominio del fuego. Como puede intuir, mi fruta no tiene demasiados usos fuera del combate, al contrario que la suya. Pero… ¿y usted? ¿Cuál es su estilo de combate? Según he podido comprobar, usted puede comunicarse mentalmente con aquellos individuos de su elección, e incluso transformarse en otros seres… pero más allá de eso, desconozco cualquier faceta bélica en usted. – dije, con un tono que denotaba que sentía verdadero interés por mi compañero.

Tras unos minutos de calma y un amistoso diálogo, alcanzamos por fin la plaza donde se llevarían a cabo las operaciones que haríamos a lo largo del día. Para empezar, nos tocó inspeccionar la zona circundante a la plaza, por si veíamos algo sospechoso o que diese indicio del paso de nuestro objetivo por aquellos lares. A primera vista, nuestros ojos no detectaron nada ni nadie sospechoso, con lo que decidimos centrarnos en la plaza en sí. El agente me hizo una pregunta que, curiosamente, me sorprendió sobremanera. Desde mi llegada a la Marina, escasas habían sido las personas que habían preguntado mi opinión al respecto antes de dar una orden. Era verdad que él no pertenecía a mi misma organización… pero eso no quitaba el hecho de que siguiese ostentando un puesto superior al mío. Entonces… ¿por qué? La única razón que se me ocurría era que mi compañero era algo más que un agente. Él era un verdadero hombre, y lo reconocí como tal después de ver su visión hacia las jerarquías con solo una simple acción de su parte.

Verá… desde mi punto de vista, creo que deberíamos separarnos para abarcar toda la plaza, puesto que sus dimensiones son considerables y, en solitario, considero que obtendríamos un mejor rendimiento. En las zonas de alrededor no hemos encontrado nada, pero… este lugar puede ser una buena fuente de información. Sugiero preguntar acerca del altercado sucedido, del cual desconocemos la fecha exacta. Probablemente, si estuviesen en la plaza aquel día, podrán brindarnos de conocimiento importante. – dije, mientras me acariciaba la barba con los dedos de mi mano derecha. Esbocé una sonrisa determinada. – Si le parece bien lo que he dicho, lo conveniente sería empezar cuanto antes. Yo me ocuparé de la zona norte y la este. Si averiguo algo, se lo comunicaré mentalmente. Como veo que quizás la envergadura de esta plaza supera los veinte metros límite de su fruta, intentaré acercarme lo más que pueda al centro de esta, si no, yo mismo le buscaré en su zona. – aclaré, para acabar cuanto antes los planes que había desarrollado en mi cabeza. – Muy bien, en marcha.

Me adelanté a los acontecimientos, si. Mas como superior mío que era, él estaba en todo su derecho de no estar de acuerdo con mi plan. En cuyo caso, le escucharía y acataría sus órdenes en base a lo que él dijese. Si aceptase mi plan, pondría rumbo a la zona que yo mismo me había asignado a investigar acerca de los sucesos. Tenía tiempo de sobra, así que lo hice con calma y sin alterarme.
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Mensaje por AEG93 el Dom 26 Nov 2017 - 16:32

No me sorprendió escuchar que el estilo de combate del recluta se basaba en puños y fuerza bruta. Al fin y al cabo, era esperable en alguien de su tamaño. Lo que sí llamó mi atención fue que dijera ser también usuario, y que gracias a ello tenía control sobre el fuego. Esa podía ser una habilidad muy útil, a decir verdad.

- Yo también prefiero el combate cuerpo a cuerpo, sin armas. Mi fruta es una Zoan, por lo que dispongo de transformaciones que aumentan mis capacidades físicas. Además, estoy familiarizado con las técnicas de combate propias del Cipher Pol.

Cuando llegamos a la plaza, una vez hube comprobado que a primera vista no había nada extraño, pregunté al semigigante por su opinión sobre el siguiente paso a seguir. Escuchar su respuesta resultó realmente gratificamente, pues confirmó en gran medida mis primeras impresiones sobre mi compañero de misión. Einar era, ahora estaba seguro, mucho más que una enorme masa de músculos. Su capacidad deductiva quedaba fuera de toda duda. Seguramente en el futuro sería un valioso activo para la Marina. Alguien como él no valdría para el CP, pues su tamaño prácticamente imposibilitaba cualquier tipo de sigilo y discreción. Sin embargo, la fuerza de un gigante unida a una mente aguda era una combinación que auguraba éxito.

Su plan me pareció muy adecuado, y así se lo hice saber. Yo me encargaría de cubrir los sectores sur y oeste de la plaza, mientras él cubría los otros dos. El primero que averiguara algo interesante usaría el vínculo telepático para comunicárselo al otro y, en caso de encontrarnos demasiado alejados, acercarse lo suficiente para que yo pudiera restaurarlo.

Una vez acordado esto, me puse en camino hacia la zona que me había tocado. Allí comencé a preguntar a la gente por lo ocurrido recientemente en aquel lugar. Para mi desgracia, aunque la mayoría de ellos habían oído hablar del incidente, ninguna de las personas con las que hablé lo había presenciado, y todo lo que me contaron eran solo datos indirectos, escuchados a su vez de otras personas. Algunos de ellos, de dudosa credibilidad. Varios de los transeúntes ni siquiera se habían enterado hasta que yo les pregunté. Aquello estaba resultando bastante más tedioso e infructuoso de lo esperado. Tras una hora de búsqueda de información no había conseguido nada que nos fuera a ser mínimamente útil. Tan solo esperaba que Einar estuviera teniendo mejor suerte que yo.


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Mensaje por Einar Horn el Vie 8 Dic 2017 - 16:14

Confiaba en que Thawne haría lo correcto acatando mi plan, y así lo hizo. El intercambio de palabras antes de partir hacia nuestras respectivas zonas de búsqueda fue escaso, dado que no había ya más temas que tratar. Cuando le di la espalda al agente, observé todo mi alrededor para ver a dónde me podría dirigir primero. Como no vi nada destacable, opté por hacer una ruta completa por el pequeño mercado de la zona norte. Alcé la vista hacia la torre, y me di cuenta de algo. No se nos había ocurrido mirar el reloj de la torre… y decidimos pagar por el reloj. Sin duda, estaba dispuesto a transmitirle el tan hilarante hecho que se nos había pasado.

Oiga… ¿usted se acuerda del reloj que hemos comprado? Bien. Mire a lo alto de la torre y saque conclusiones vos mismo. – le dije telepáticamente, para que se diese cuenta del derroche que había supuesto el reloj.

Decidí seguir con lo mío y obviar todo lo que había acontecido con el tema de la torre. Empecé a pasearme por las estrechas calles que las tiendas formaban en medio de la plaza. Como siempre, mi persona era objetivo de la mayoría de miradas de la zona. Había aprendido a ignorarlas, pero… siempre había alguien que se iba de la lengua y no podía ignorar.

Hey, grandullón. Creo que te has pasado bebiendo leche. – me llamó la atención un zagal, el cual iba acompañado de tres muchachos más, posiblemente de su misma edad.

¿Tú crees? – dije, acercándome para estar delante de él. El número de gente que tenía su mirada fijada en mí se incrementó cuando hice eso. No podía hacer nada más que humillarle con palabras, y eso iba a hacer. – Yo creo que a ti aún te falta beber mucha leche, pues si tus comentarios equivalen a tu edad mental entonces eres aún un niño de seis años. – le dije con una sonrisa, mirando hacia abajo e invadiendo de sombra a todo el grupo de chavales.

Justo cuando me giré para volver con lo mío, sentí un pequeño golpe en mi pie. El zagal tenía coraje, sin duda.  Pero… ¿de qué le serviría? Me volteé al instante para volver a clavar mi mirada en él, que aún seguía en el mismo sitio.

¡Vete a la mierda, viejo!

Deberías de respetar a tus mayores, chaval. – dije, a la par que le cogía con cuidado de la camisa para alzarlo. Una vez lo tuve delante de mi rostro me vi obligado a decirle unas palabras. – Mira… yo solo hago mi trabajo. Y no me gustaría salirme de él. Por ello, creo que deberías permanecer con la boca cerrada y dejarme trabajar. ¿Entiendes?

El adolescente me escupió en la mano. Mi paciencia estaba al borde de quebrantarse. Además, algo hizo que pasase de él inmediatamente. Una flecha impactó en mi brazo. Para mi, era como clavarme una pequeña astilla, aún así, quién lo hubiese hecho sería considerado como criminal.

Agente Thawne, acuda inmediatamente. Creo que tendremos problemas. – le dije telepáticamente a mi compañero. Acto seguido, dejé cuidadosamente al chico en el suelo.

Volteé mi cabeza para divisar a mi agresor, mas no vi nada. No obstante, sentí un leve dolor subiendo por mi espalda, y disipándose a los pocos segundos. Luego noté un pinchazo en el cuello, por la parte izquierda de este. Tan rápido como pude giré la cabeza hacia ese lado, y vi a alguien. No reparé en analizar sus atuendos, así que inmediatamente lo agarré con fuerza y lo puse enfrente de mí.

¡Suéltame, sucio marine! ¡Tu destino es la muerte! – dijo el criminal, mientras forcejeaba inútilmente en mi mano.

Y si no me dices quién eres el tuyo será el mismo. Habla si no quieres que apriete el puño.

¡Nada más y nada menos que El Águila Justiciera! – se autoproclamó. – ¡Sabemos de buen grado el porqué de vuestra llegada! ¡Y no os dejaremos llegar hasta él!

Repito. Problemas de verdad. – repetí telepáticamente al agente. – Tú, hablas en plural. ¿Quién te acompaña? – pregunté al criminal cautivo.

¡Pronto lo verás!

Se iba a librar algo gordo en la plaza. Sabían a qué habíamos venido, e iban a por nosotros. Con un grito invité a todos los civiles a abandonar el lugar. Algunos acataron la orden, otros simplemente se quedaron a expectar, aunque no demasiados. Luego volví a centrar mi mirada en el revolucionario, el cual identifiqué como compañero directo de nuestro objetivo. Quería lanzarle contra el suelo y quebrar todos sus huesos en dicho acto… mas no podía hacerlo. Lo que si podía hacer era dejarle inconsciente de una forma un tanto dolorosa, pero efectiva. Mi mano con él dentro impactó en el suelo, dejándole fuera de combate al instante.

No deberías haber hecho eso. – dijo una voz que no parecía estar muy alejada. Cuando me volteé, dejando al “águila” en el suelo, pude comprobar que se trataba de otro malhechor. Con un vestido parecido al de los beduinos del desierto, alzaba dos dagas ornamentadas en posición de combate. – ¡Prepárate para caer, gigante! – acto seguido, corrió hacia mi.

No sería muy difícil matarles… y ese era el problema. Esto se vería agravado con la aparición de un tercero en silencio, el cual hizo su entrada tras la carrera del otro. Un hombre bastante más alto que los otros dos, vestido solo con un chaleco negro y exhibiendo sus músculos. Ese sería mi otro problema. Esperaba que Thawne llegara pronto.
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Mensaje por AEG93 el Miér 13 Dic 2017 - 0:15

La cosa no mejoraba, por mucho que lo intentara no conseguía encontrar a nadie que tuviese la más mínima información o, al menos, nada que fuera realmente valioso para nuestro objetivo. Aunque claro, siempre cabía la posibilidad de que estuviese callándose lo que sabían. Arabasta era un reino muy independiente, en el que el Gobierno Mundial no gozaba precisamente de una gran popularidad, así que existía la posibilidad de que muchos de sus habitantes tuviesen más simpatía por la Armada Revolucionaria que por éste. Al fin y al cabo, el pueblo de aquel desértico país siempre había sido muy dado a expresar su descontento de forma activa, a las revueltas y a luchar por lo que querían, así como a enfrentarse sin reparos al poder establecido si no estaban de acuerdo con él. Tal vez esto pudiera hacer que se sintieran más cerca de los Revolucionarios, que solían tratar de aprovechar esa vena reivindicativa de la población en su favor.

Cuando me llegó mentalmente el comentario de Einar sobre la torre, no pude sino llevarme una mano a la cara. Teníamos un enorme reloj, visible desde casi cualquier punto de la ciudad, delante de nuestras narices. Me resultaba inconcebible que se nos hubiera podido pasar por alto algo tan evidente, sobre todo a alguien tan observador como yo. Definitivamente, el calor del desierto no me sentaba bien.

Retomé la búsqueda de información, pero una y otra vez acababa con las manos vacías cada conversación. Lo máximo que llegué a obtener fue un breve relato de cómo el tal "Camello Justiciero" había dado su merecido a unos bandidos que habían robado su dinero a un ciudadano. Al parecer, el tipo era bastante fuerte y, por cómo describió su comportamiento, también un tanto peculiar, pues una vez hubo derrotado e inmovilizado a los dos delincuentes les colocó agachados y comenzó a darles azotes con una especie de pala de madera. Aunque quién sabe, tal vez el hombre que me contó aquella historia se la hubiese inventado, o quizás simplemente se trataba de la típica exageración de los hechos al pasar de boca en boca.

De repente, escuché ruidos al otro lado de la plaza. La gente gritaba y se alejaba de una de las esquinas de ésta. Tal vez nuestro objetivo hubiese hecho acto de presencia de nuevo. Intenté contactar con Einar para alertarle, pero fue en vano. Nos habíamos alejado demasiado y el vínculo se había cortado.

Tratando de preservar mi identidad en secreto, tomé la apariencia del superior del semigigante y, mediante el Soru, recorrí en apenas un par de segundos la distancia que me separaba de aquel escándalo. Al llegar pude ver al enorme marine con una flecha clavada en un brazo, sujetando a un hombre inconsciente. Cerca de él, otros dos hombres le miraban con actitud desafiante y agresiva. Rápidamente, contacté con él por medio de mi telepatía, y le dije:

- No te preocupes, Einar, soy Thawne. He tomado el aspecto de tu superior para mantener mi identidad en secreto. Hay demasiados testigos para que un agente del Gobierno actúe a no ser que se trate de una situación de emergencia. Ocúpate del de las dagas, yo me encargo del grandullón.

Y, dicho y hecho, encaré a aquella gran masa de músculos. Usando el Soru, comencé a correr en torno a él, pasando muy cerca en varias ocasiones, y dándole pequeños golpes. Mi objetivo era enfadarle, hacer que perdiese la concentración. Una vez pensé que había jugado lo suficiente con él, paré en seco. Centré mi Mantra en aquella mole, esperando su ataque.

Cuando el grandullón se lanzó contra mí con el puño preparado, esperé hasta el último segundo. En ese momento, me agaché a una velocidad aparentemente inhumana, haciendo gala de la agilidad que el Kami-e otorgaba, para después volcar el peso de mi cuerpo hacia delante mientras gritaba:

- Hasshoken.

Mi puñetazo impactó en su rodilla derecha, la cual pude sentir quebrarse ante la potencia de la onda de choque por mi ataque. El crujido de su articulación al quedar destrozada fue estremecedor, aunque aún más lo fue el grito de dolor de aquella mole.

Una vez me hube asegurado de que no iba a ser capaz de levantarse, observé a Einar, por si acaso necesitaba alguna ayuda.


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Mensaje por Einar Horn el Mar 30 Ene 2018 - 0:11

El atacante parecía decidido. Demasiado, diría.  Cuando llegó a estar a escasos metros de mí, dio un  considerable salto hasta quedarse a la altura de mis rodillas. ¿Qué pretendía hacer? De sus ropajes extrajo una especie de de cuchillo, enganchado a una cadena de metal. Con una gran fuerza, la lanzó hacia mí, haciendo que se clavase en mi rodilla izquierda. Noté rápidamente la ineptitud de los humanos para luchar contra personas de mi tamaño. Si hubiese tomado otra estrategia, quizás me hubiese dejado contra las cuerdas. Mas no era el caso. El sujeto empezó a girar a mi alrededor en un ineficaz intento de hacerme caer. Intenté recubrir con mi fuego la cadena… pero algo no iba bien. Nada ocurría en ella, ni siquiera una reacción. ¿Sería el calor insuficiente para romperla? Me di cuenta demasiado tarde… justamente cuando ya me había inmovilizado y cayéndome al suelo me hallaba. Inconcebible.

Te dije que ibas a caer, gigante. Ahora estás a mi merced. – dijo, con un tono muy altanero.

No estás en posición de decir eso. Ríndete y dejaré pasar esto. – le dije, mientras tenía mi barbilla apoyada en el suelo, mirando de cara al agresor.

No me puedo creer lo que escucho. ¡Quién no está en posición eres tú! – gritó, señalándome. – Nunca hallaréis a nuestro líder.

Fue entonces cuando escuché la voz de Thawne, avisándome que se había convertido en mi superior marine. Luego lo vi, derrotando al fornido hombre que había divisado minutos atrás. Si él podía acabar con alguien más grande que él… ¿por qué no podía hacerlo yo con uno más pequeño?

Oye, chico. – dije, tranquilo, al hombre.

¿Qué?

No me has atado los brazos. – comenté, mientras hacía fuerza con mis piernas hacia fuera. Con ayuda de mis manos, agarré fuertemente la cadena y la hice añicos. – No quiero matarte, sino te hubiese calcinado. – me levanté poco a poco, a la par que con mi mano derecha agarraba al sujeto y lo alzaba en el aire. – Nunca subestimes a nadie como yo.

Caminé hacia Thawne con el hombre en mi mano. Me agaché para acercarme a la altura del agente y hice crujir un par de huesos del sujeto que en mi mano se hallaba. Acto seguido, lo dejé en el suelo, malherido.

Déjeme encargarme del otro… prefiero interrogar a alguien más cercano a mi tamaño. – me centré en el otro sujeto, que se hallaba retorciéndose en el suelo. – Tú. Habla. ¿Dónde está vuestro líder?

Nunca te lo diré. ¡Nunca! – gritó con las pocas fuerzas que tenía.

¡Habla! – pisé el suelo con fuerza, haciendo temblar la zona.

¡No me das miedo! No hablaré.

Voluntad férrea… un hueso duro de roer. Agente, vománonos a otro sitio, no quiero que nadie presencie esto. – agarré al sujeto, que bien podría alcanzar los dos metros y medio de altura, con las dos manos. Luego, me lo llevé hacia un lugar apartado, un callejón oscuro sin ningún testigo. Allí, sin que nadie me viese, di paso al interrogatorio. Empecé a hacer que de mis manos emanara un calor insoportable, de más de ochenta grados. – Si el calor del desierto no te ha matado, lo haré yo. ¿Entendido? Habla si no quieres que suba la temperatura.

Sin embargo… el sujeto prefirió morir a revelar la verdad acerca del paradero de su superior. Tan solo quedaba una oportunidad, y esa es la que el agente debía aprovechar con el tipo de las dagas.
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Mensaje por AEG93 el Jue 1 Feb 2018 - 18:49

El semigigante no pareció sorprenderse lo más mínimo al verme bajo la apariencia de su superior. Cierto era que ya sabía de mi habilidad polimórfica, dado que me había visto cambiar de aspecto antes de entrar en la taberna, pero no esperaba que le costase tan poco asimilarlos. Tal vez eso fuese un signo de que ya había visto bastantes cosas extrañas. ¿Hasta dónde llegarían los poderes que antes había definido como dominio del fuego?

Una vez hube terminado con mi oponente, Einar tampoco tardó demasiado en vencer al suyo con una buena demostración de fuerza física. Lo trajo hasta mí agarrándolo con una de sus manos y, tras darle un apretón que provocó que sonasen varios chasquidos provenientes del maltrecho revolucionario, lo dejó caer a mi lado. Después se dirigió al grandullón al que yo había derrotado y comenzó a hacerle preguntas.

Al ver que el tipo no estaba precisamente dispuesto a hablar, el semigigante me propuso ir a un lugar menos concurrido para evitar miradas indiscretas. Sin esperar mi respuesta, agarró al enorme delincuente y comenzó a caminar. Manteniendo aún el aspecto de su superior, hice lo propio con el hombre al que Einar había depositado en muy mal estado a mis pies y le seguí.

Poco después, mi compañero se detuvo en un callejón, oscuro y sin salida, donde no había ni un alma. Una vez allí retomó el interrogatorio. No obstante, la persistente negativa del grandullón hizo que éste no fuese demasiado largo. De las manos del marine comenzó a brotar un calor sofocante y, pocos segundos después, su prisionero yacía inerte en el suelo.

- Muy poca paciencia para tratarse de un interrogatorio, se nota que los marines no son precisamente unos expertos en este campo - pensé. En mi caso, sin embargo, era diferente. A la hora de sonsacar información a un prisionero, se me antojaba difícil que hubiese más de un par de personas con habilidades más idóneas que la mía.

Adoptando mi forma híbrida durante unos momentos antes de volver al aspecto del Sargento, arañé ligeramente el cuello del revolucionario que seguía aún con vida para que un poco de mi veneno pasara a su sangre. Gracias a esa sustancia, nuestro cautivo sentiría fuertes mareos, además de ver muy reducida su velocidad de movimientos. Después de esto, di comienzo al interrogatorio:

- ¿Dónde se encuentra vuestro líder, el conocido como Camello Justiciero?

No esperaba que contestase a mi pregunta, o al menos no con la verdad. Sin embargo, eso no me preocupaba. Colarme en la mente de alguien tan débil y escudriñar entre sus pensamientos hasta encontrar lo que quería saber sería poco más que un juego de niños. Entre jadeos y con voz temblorosa, el revolucionario contestó:

- N-no pi-pienso decirte na-nada, ma-marine asqueroso.

Por desgracia para él, aquellas palabras significaban poco o nada. Mientras las pronunciaba pude ver cómo por su mente se cruzaba la verdad, lo que él nunca nos diría. Sus ojos se abrieron como platos en una expresión de profunda sorpresa y terror cuando escuchó mis palabras:

- Así que el Camello se esconde en un pequeño edificio abandonado dos calles más arriba de la plaza. El lugar está al lado de un restaurante de comida rápida llamado "McRonald's". Interesante, ¿no crees?

El tipo, totalmente en shock al darse cuenta de que había averiguado lo que quería sin necesidad de que él me hubiese dicho nada, era completamente presa del pánico en aquellos momentos. Viendo que no iba a poder sonsacarle nada más, pues en su cabeza reinaba ahora el caos más absoluto, extendí el dedo índice de mi mano derecha hacia su pecho. Apuntando a un hueco entre dos costillas justo a la izquierda del esternón, buscando atravesar su corazón, moví mi mano hacia delante mientras susurraba:

- Shigan.

El revolucionario se desplomó en cuanto mi dedo atravesó su pecho, cayendo sin vida al suelo. Como si nada, miré mi reloj y, tras observar la hora que marcaba, dije a mi compañero:

- Con la pelea y el interrogatorio se nos ha hecho tarde. Son ya casi las once, y en poco más de una hora tenemos el encuentro con el tipo de la taberna. Creo que deberíamos ir a ver qué ha logrado averiguar, y después de eso informar a tu Sargento y reunirnos con los demás miembros de tu unidad para atacar la base de la Revolución. ¿Tú que crees?

Si Einar se mostraba de acuerdo, dado que aún teníamos algo más de una hora hasta la reunión, tal vez fuese un buen momento para buscar un puesto de comida y cenar algo.


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Mensaje por Einar Horn el Sáb 24 Feb 2018 - 17:55

Quizás mis métodos no fueron del todo correctos… o eso quise pensar. Él había cambiado su propio destino al no hablar. Podría haber evitado su muerte fácilmente, pero no lo hizo. ¿Hasta dónde podía llegar la fidelidad de los revolucionarios? Tuve que poner atención al interrogatorio de mi compañero para cerciorarme de que el otro sujeto hacía lo mismo, con el fin de confirmar mi teoría. De todas formas, supe que mi tortura no fue lo suficientemente bárbara como para sonsacársela.

El agente Thawne empezó. Para mi sorpresa… el interrogatorio no duró incluso menos tiempo que el mío. Con solo una pregunta, mi compañero logró sacarle lo que quería sin que este hablase. ¿Podía leer también las mentes? ¿Cuán peligroso podía llegar a ser este hombre? Recé a los dioses para que aquel individuo no fuese mi enemigo, pues sería un contrincante muy duro de aplacar.

–  Bueno… –  intenté iniciar la conversación, justo antes de que Thawne asesinara al revolucionario cautivo. – “Por Odín, con un solo dedo…” –  reflexioné, asombrado. Acto seguido, escuché lo que me tenía que decir con atención. –  Mejor será que notifique al Sargento cuanto antes, para que se vayan movilizando. Así asegurarán el terreno y podremos movernos mejor.  –  saqué mi Den Den Mushi y empecé a llamar a mi superior –  Y si, tengo bastante hambre. Propongo comer algo en algún sitio abierto. No creo que quepa en cualquier lugar. –  le comenté, antes de que me cogieran la llamada.

Aquí el Sargento Charles.

–  Aquí Einar, señor. Tenemos la ubicación del sujeto.

–  ¿Y a qué esperas, recluta? Dímela.

–  Desde la plaza de Alubarna, dos calles más arriba, encontrará un restaurante con un cartel que pone “McRonald’s”. Justo al lado hay un edificio abandonado que parece ser el escondite de nuestro hombre. –  hice una pausa. –  El agente Thawne me ha propuesto esperar hasta hablar con el informante, por si tiene más información o por si puede infiltrarse y atacar desde dentro. Para la reunión aún queda poco más de una hora, por lo que mi propuesta, Sargento, es que se movilicen hasta el lugar y aseguren la zona hasta que lleguemos.

Muy bien, recluta. Buen trabajo. Estaremos a la espera de vuestra señal. Mientras, nos encargaremos de identificar las diferentes entradas y buscaremos el modo de evacuar la zona hasta vuestra llegada.

Recibido, Sargento. Buena suerte. Corto la conexión. –  colgué el interfono. –  Muy bien, agente. ¿Vamos? –  empecé a caminar tranquilamente hacia fuera del callejón.

Durante el camino hasta algún restaurante cercano, le preguntaría a Thawne qué planes tendría en mente para el ataque.
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Mensaje por AEG93 el Mar 6 Mar 2018 - 18:47

El semigigante prefirió informar a su superior antes de hacer ningún movimiento más. No tuve ninguna pega con ello, pues todavía teníamos cierto margen hasta la hora de la reunión. La conversación fue rápida y directa, y Einar finalmente acordó con su Sargento que, mientras ellos tomaban posiciones en torno a la base revolucionaria, nosotros dos nos dirigiríamos al lugar en el que habíamos quedado con el informante del bar, el tal Shar-Ku.

Por lo tanto, una vez el Recluta hubo colgado comenzamos a caminar en dirección a la plaza principal de la ciudad. Por el camino, estaba seguro de que encontraríamos más de un sitio donde poder comprar algo de comida para llevar. Mientras avanzábamos, el enorme marine me preguntó si tenía algún plan. Asintiendo y tratando de transmitirle seguridad con la mirada, le respondí:

- Así es. Para empezar, creo que sería conveniente que te quitaras esa capa. Tu tamaño ya atrae las suficientes miradas indiscretas como para encima ir proclamando a los cuatro vientos que perteneces a la Marina. En segundo lugar, pienso que deberíamos entrar ambos al punto de reunión. Shar-Ku no te conoce, y puedo presentarte de forma muy creíble como mi compañero de batalla, que también pretender engrosar las filas de la Armada Revolucionaria. De este modo no tendrás que quedarte de nuevo fuera esperando. Yo iré, por supuesto, bajo la misma apariencia que tomé en el bar. Mantendremos contacto a través de un vínculo mental en todo momento y, a la menor sospecha de traición o peligro, habrá que tomar medidas rápido. ¿Estás de acuerdo con mi plan?

Tras la conversación, ambos seguimos caminando hasta que encontramos un callejón sin salida. Allí, tomé de nuevo el mismo aspecto con el que había hablado con Shar-Ku en el bar, y esperé a que el marine se quitase la capa y la guardase. Poco más adelante, encontramos una tienda de bocadillos con muy buena pinta. El llamativo letrero de su puerta anunciaba con luces parpadeantes de un tono verde chillón: S & Wich, los mejores bocadillos de Arabasta. Una vez dentro, pedí una baguette de pechuga de pollo empanada con queso picón, y esperé a que Einar decidiera qué quería comer, si es que tenía hambre. Cuando los dos tuvimos nuestra comida en la mano, pagué los pedidos de ambos y eché de nuevo a andar mientras devoraba mi bocadillo a grandes mordiscos, esperando que el semigigante me siguiera.

Unos minutos después, a las once cincuenta y nueve, entré en el casi ruinoso edificio en cuya entrada se podía leer "Establos Sehor". En teoría, el marine entraría tras mis pasos. Había activado el Haki de Observación para evitar posibles sorpresas desagradables, pero no sentía nada extraño. De hecho, no sentía nada. No percibía ninguna presencia en el interior del edificio. Algo no cuadraba, y mis pasos se tornaron más lentos mientras trataba de divisar cualquier posible amenaza. No obstante, no parecía haber nadie allí. No se oía el más mínimo ruido, ni mi Mantra me advertía de que hubiese ningún ser vivo allí.

Finalmente, cuando estuvimos en el centro de la nave pude ver algo que, de haber ocurrido hacía apenas unos meses, me habría removido las entrañas. La cabeza de Shar-Ku se encontraba sobre una fina columna metálica vertical, medio destrozada pero aún reconocible. Mis sospechas se tornaron en certezas, aquello no podía significar nada bueno para nosotros. Sin embargo, seguía sin notar ninguna presencia allí. No entendía nada. En ese momento, se escuchó el enorme reloj de la plaza. Eran las doce en punto. De repente, mi Haki de Observación empezó a notar muchas presencias, por lo menos veinte, acercándose a gran velocidad desde las alturas.

Advertí a Einar de lo que mi Mantra me decía, pero no tuvimos tiempo de hacer mucho más. En apenas unos segundos, las barandillas del piso superior que nos rodeaban se llenaron de hombres armados con rifles que comenzaron a disparar contra nosotros.

OFF-ROL:
- El plan está acordado con Einar por WhatsApp, por eso el post continúa sin conocerse su respuesta on-rol.


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Mensaje por Einar Horn el Sáb 24 Mar 2018 - 14:15

Escuché con atención lo que el agente e respondió. Mientras hablaba, procedí a quitarme la capa blanca que me habían dado al no tener ningún uniforme de recluta de mi talla. No era tan ostentosa como la capa que les otorgan a los rangos más altos, mas cumplía su función perfectamente. Como no tenía ningún lugar donde colocarla, la doblé y me la puse en uno de mis brazos. Cuando el agente terminó de hablar, el semigigante procedió a ofrecerle una respuesta digna.

Por supuesto. Solo espero que nadie haya delatado mi condición. –  aporté.

Tras esto, el agente tuvo que tomarse un pequeño tiempo para tomar el aspecto necesario para reunirse con el informante. Cuando salimos de allí, nos dirigimos a una tienda de bocadillos cercana. Me paró justo enfrente del letrero de neón que anunciaba el nombre del lugar: “S & Wich”. Lo observé con detenimiento, curioso de su funcionamiento. De allí de donde yo venía, aquella clase de cosas no existían y ni nos planteábamos su invención. Justo cuando mi compañero iba a cruzar el umbral para ir a hacer su pedido, le pedí que le dijese a algún empleado que saliese a tomarme el pedido, pues no podía entrar en aquel pequeño establecimiento debido a una cuestión de tamaño. Cuando Thawne se fue, seguí toqueteando el letrero pues, aunque realmente quemase, no sufría daños por tan mísera temperatura. Poco después saldría un empleado a tomar nota de mi pedido.

Buenas tardes, caballero. ¿Qué le sirvo? –  llamó mi atención un hombre con un uniforme azul y con una gorra, donde ponía el logo de la empresa.

–  ¡Oh! ¡Buenas! – dejé de lado el letrero y me agaché un poco para intentar estar a la altura del hombre. –  ¿Tienen bocadillos extra-grandes?

Ahora mismo… no disponemos de nada de ese calibre, lo siento.

–  Lástima… entonces creo que con unos treinta bocadillos iré bien.

–  ¿De qué serán, señor?

 Ternera, a poder ser.

–  ¿Quiere algún condimento?

¿Cómo que condimento? –  me mostré extrañado, tocándome la cara con el dedo. –  ¿Me puede explicar qué es eso?

–  Salsa de tomate, por ejemplo. O salsa picante, también tenemos.

–  ¡Oh! –  me golpeé la palma de la mano con el puño, entusiasmado. –  ¡Que así sea! Póngame salsa picante, por favor.

–  Muy bien, señor. Muchas gracias y, por favor, espere aquí fuera si es tan amable.

–  ¡Por supuesto! – despedí al hombre con mi característica risa y con una sonrisa de oreja a oreja. La gente de a mi alrededor me miraba desconcertada.

Me senté en posición india justo delante del local, un poco apartado de la terraza de este, para no molestar a los clientes. Cuando mi compañero llegó con su bocadillo, tuve que resistir ver a este comer, pues mi pedido tardaría unos minutos más. Una vez llegó el mío, antes de empezar a tragar, le agradecí el gesto al agente, pues este pagó también mi comida.

Con la barriga más o menos llena, llegamos por la noche al lugar de reunión. Algo que me sorprendió bastante era que podía pasar perfectamente junto con mi compañero, puesto que el techo era lo suficientemente alto para albergar a alguien de mi tamaño. Teniendo cuidado de no golpearme la cabeza, seguí los pasos de Thawne por aquel lugar. Cuando llegamos al centro del edificio, el cual era un patio iluminado por la luz lunar, donde se podía ver los diferentes pisos. Allí se hallaba una imagen un tanto grotesca, pero a la cual estaba acostumbrado. La cabeza empalada y parcialmente destrozada del supuesto Shar-Ku yacía en una columna de metal oxidada justo en medio del patio.

–  Esto si que no me lo esperaba. –  me acerqué a la escena con cuidado. Acto seguido, me agaché para observarlo más de cerca. –  Parece reciente. –  Inesperadamente, mi compañero me avisó de que sentía una gran cantidad de presencias en aquel lugar.

Me levanté, y me puse a observar como el piso superior se llenaba de individuos apoyados en la barandilla, armados con rifles y abriendo fuego hacia nosotros. Acorralado, no tuve más opción que hacer algo que hasta el momento nunca había hecho. Mis ropajes empezaron a desaparecer como si se convirtiesen en ceniza. Mi pelo empezó a crecer y mis ojos empezaron a desprender fuego. Aumenté mi altura hasta los ocho metros, alcanzando así el segundo piso. Furioso, desaté mi ira contra mis enemigos haciendo diversos barridos con las manos, con el fin de destruir las barandillas y tirar a varios enemigos al piso de abajo.

–  Coja a uno y déjelo con vida, yo me encargo del resto. –  dije con una voz mucho más grave que la que normalmente tenía.

Como el edificio prácticamente estaba en ruinas, de unos pocos golpes pude hacer que la superficie donde estaban los enemigos cayese, provocando una lluvia de escombros en el piso de abajo. Muchos murieron aplastados, así que los disparos cesaron. Los que quedaban vivos no estaban en condiciones de seguir atacando. Por lo visto, no se esperaban la llegada de un semigigante.

Pagaréis por lo que habéis hecho. –  dijo uno de ellos, mientras apartaba los escombros. Por lo que parecía, era el líder de aquellos hombres. –  Tú, gigante, has provocado mi ira.

Tú provocaste la mía. – le dije, sin cortesía alguna, y mirándole desde arriba con desdén. – Ríndete, y conservarás lo único que puedes llegar a apreciar de verdad. –  le señalé con el dedo índice.

–  ¡Jamás! ¡Permaneceré fiel a la causa hasta que halle mi muerte!

–  Que así sea, pues. Este será tu lecho de muerte. – me acerqué poco a poco hasta estar a pocos metros de él. El otro, inmediatamente, sacó una espada de la vaina de su espalda y empezó a atacar la pierna del semigigante. –  Tu convicción me sorprende, humano. –  me agaché para cogerle con la mano, inhabilitando su movimiento. – Deje que escapen todos los que quedan, este es el que más útil nos puede ser. –  le dije a mi compañero. Acto seguido, dejé al individuo justo delante de Thawne, mas no le solté bajo ningún concepto. –  Sáquele lo que pueda. De todas formas, el paradero del Camello ya lo sabemos.


Última edición por Einar Horn el Miér 28 Mar 2018 - 13:17, editado 1 vez
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Mensaje por AEG93 el Miér 28 Mar 2018 - 10:26

Lo que el Marine hizo en cuanto le avisé de la llegada de gran cantidad de enemigos fue, cuanto menos, sorprendente. Repentinamente se transformó en un coloso que emitía fuego y, con inusitada facilidad, comenzó a derribar las barandillas con sus descomunales brazos. Así que a eso se refería cuando dijo que su Akuma no mi le daba cierto control sobre el fuego... A decir verdad sentía mucha curiosidad por ver qué podía hacer con dicho elemento cuando se transformaba como en ese momento.

Los hombres armados que habían pretendido emboscarles caían al suelo, presas del pánico y completamente sorprendidos ante tal demostración de fuerza bruta. Si algo quedaba claro era que el poder de Einar superaba en mucho el de un mero Recluta, por lo que imaginaba que no tardaría mucho en ascender considerablemente en la jerarquía de la Marina.

Junto a los soldados, partes del ruinoso edificio se derrumbaron también, sepultando a muchos de nuestros enemigos. Varios seguían con vida, pero solo uno de ellos parecía querer continuar el combate. No obstante, su bravura no le dio la más mínima oportunidad, pues el semigigante le inmovilizó fácilmente. Lo que me dijo después denotaba por un lado el sentido de la justicia y la piedad que caracteriza a los mejores marines, pero también cierta falta de experiencia en misiones en terreno enemigo como era aquella.

- Entiendo que quieras evitar muertes innecesarias Einar, es algo loable. Sin embargo, debo decirte que no puedo permitir que ninguno de estos hombres salga de aquí con vida. Primero porque cualquiera de ellos podría poner sobre aviso al Camello y acabar con nuestra mejor oportunidad de atraparle, y segundo porque podrían aportar a la Armada Revolucionaria información valiosa sobre tu aspecto y capacidades. Además, podrían fácilmente ganar más adeptos para su causa contando cómo un desalmado marine gigantesco que escupía fuego masacró sin piedad a sus compañeros, ya que aunque no sea cierto, el pueblo suele sentirse inclinado a creer esas cosas. Así que lo mejor es que elimine esas posibilidades antes de que alguna de ellas se haga real, que con el estruendo del derrumbamiento seguramente ya haya gente que empiece a preguntarse qué estará ocurriendo aquí.

Cuando la última letra apenas había terminado de salir de mi boca, comencé a moverme tan velozmente que parecía que desaparecía y volvía a aparecer a varios metros de distancia. Así llegué uno a uno hasta los escasos supervivientes del derrumbamiento, que luchaban por escapar a duras penas. Uno tras otro, fui hundiendo el dedo índice de mi mano izquierda en su pecho, notando con mi Haki de Observación como sus presencias se iban extinguiendo, abandonando este mundo hacia quién sabe dónde.

Una vez no quedó ninguno con vida, me dirigí hacia mi compañero y el tipo que tenía prisionero. Mirando a este último fijamente a los ojos, pregunté con voz firme y carente de emoción:

- ¿Quién acompaña al camello en su escondite? ¿Qué tipo de vigilancia hay?

Con una mirada que reflejaba un profundo odio y a la vez terror ante lo que acababa de presenciar, el revolucionario contestó:

- Es imposible que logréis capturarle, malditos. El Camello os arrancará la puta cabeza sin despeinarse, como hizo con el cabrón del informante que pretendía venderos nuestros secretos.

No obstante, sus pensamientos decían algo muy distintos a lo que su lengua nos transmitía: << Espero que estos dos cabrones no consigan encontrar al Camello. Con el poder que tienen, y teniendo en cuenta que acaban de cargarse a casi la mitad de nuestras fuerzas en la capital sin ninguna dificultad, no sé como podrían vencerles. Espero que hayan llegado los refuerzos que pedimos hace dos semanas, aunque sería casi un milagro. >>

En ese momento, pedí a mi compañero que acabara con la vida de aquel hombre, pues ya no nos iba a ser de utilidad. Después, le expliqué lo que había averiguado escrutando sus pensamientos, haciendo énfasis en que debíamos ponernos siempre en la peor posibilidad para ir sobre seguro y evitar sorpresas desagradables. Teníamos que contar con que los refuerzos habían llegado, solo así estaríamos preparados en caso de que así fuera.

- Qué hacemos entonces, Einar? ¿Nos reunimos con tu superior y sus hombres para preparar el asalto? Por cierto, después de acabar con el Camello lo ideal en mi opinión sería quemar el edificio para eliminar todo posible rastro de nuestra actuación.


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Mensaje por Einar Horn el Miér 28 Mar 2018 - 13:07

Escuché con atención lo que mi compañero me tenía que decir, lo cual sería una valiosa lección para misiones futuras. Me guardé los consejos del agente en lo más profundo de mi ser, dispuesto a mejorar mi forma de actuar. Aún así, sabía que todo aquello era circunstancial, es decir, era consciente de que aplicar los razonamientos de Thawne en todos los casos era un craso error que no debía cometer. Antes de dejar ir a un criminal,
debía de pensar en lo que este haría si quedase libre de las garras de la justicia. “Pero… ahora que lo pienso, si dejo ir a cualquier delincuente… ¿volverá a delinquir?” reflexioné, temiendo que tuviese que dejar de lado aquella piedad que corría por mis venas. No obstante, tendría que hacerlo. Si incumplía la ley dejando escapar a criminales, mis opciones de volver a Elbaf se reducirían progresivamente.

Tiene razón. –  volví a mi forma normal, a la par que veía como mi compañero acababa con los restantes. –  No ha sido mi mejor idea, pido disculpas. –  dije, de una forma cortés.

Mis ropajes volvieron a aparecer, como si nunca se hubiesen ido. Como era la primera vez que me convertía en aquello, mostré mi sorpresa ante tal hecho. Por unos instantes, por mi cabeza pasó un pensamiento… ¿qué hubiera pasado si la fruta que él se había comido hubiera caído en malas manos? Con la destrucción que había causado en tan poco tiempo… no me podía imaginar si algún malhechor hiciera uso de dichos poderes tan destructivos. Si no llegase a ser por la Marina, yo no estaría allí, y seguramente algún desdichado se hubiera hecho con la fruta. Era consciente de ello.

Cuando Thawne acabó con la vida de los restantes, se dirigió hacia el prisionero que se hallaba en la pequeña prisión carnal creada por mí. Como era de esperar, se resistió a hablar. La lealtad ferviente que sentían los revolucionarios hacia su causa… verdaderamente era algo digno de admiración. Por desfortuna para el muchacho, el agente captó sus pensamientos y no le hizo falta que hablase más. Cuando lo hizo, me pidió la ejecución del sujeto.

–  Entendido. –  quebré el cuello del individuo con sus dedos, y abrí la mano para que cayese al suelo. Tenía raíces bárbaras, mas mi buen corazón me impedía cometer atrocidades a no ser que fuese necesario… y en ese momento no hacía falta aplastarle, que era lo que en primer momento había pensado. –  ¿Qué ha averiguado, agente? –  inquirí.

La respuesta de Thawne fue rápida, como si no hubiera hecho falta mi pregunta. Me explicó lo que había descubierto en su mente. Al parecer, los revolucionarios habían pedido refuerzos para la base, quizás temiéndose la llegada de los marines o del Gobierno Mundial. Tras decirme lo que había, el agente me preguntó qué harían en aquellos instantes.

 Si el ataque tiene que ser en algún momento, debe de ser ahora. Hay que marchar inmediatamente hacia allá. De camino, avisaré al Sargento y le informaré de la situación. –  acto seguido, pensé en la propuesta del agente. –  Al fin y al cabo… la Revolución ya sabe que vamos tras él. ¿De qué serviría quemar el edificio? Solo crearíamos un incendio innecesario que quizás se extendiese, acabando nosotros con más problemas de los que ya teníamos, ¿no cree? –  le pregunté de vuelta. Si mi compañero tenía una opinión acertada que me convenciera, me pensaría si acceder a su idea, mas era complicado que lo hiciera. –  Marchemos. –  finalicé, emprendiendo camino hacia la puerta desde donde habíamos accedido al ruinoso establo.

De camino hacia su objetivo, extraje mi Den Den Mushi del interior de la capa de marine, la cual había dejado y vuelto a coger justo en la entrada del establo. Como el caracol estaba hecho para mi tamaño, mis manos podían coger el interfono perfectamente. Llamé a mi superior nada más colocarme el aparato en la palma de su mano, mientras caminaba.

–  Aquí el Sargento Charles. Einar, ¿eres tú? –  contestaron al otro lado de la línea.

–  Aquí Einar. Nos dirigimos hacia allá. Acabamos de salir de una emboscada de la Revolución. No hemos dejado cabos sueltos, pero hemos conseguido información que nos podría servir. En el peor de los casos, el edificio que vamos a asaltar… seguramente cuente con refuerzos imprevistos.

–  ¿Os han asaltado? ¿Estáis bien?

–  Si, no se preocupe. He logrado acabar con ellos antes de que la cosa fuera a más, ya le daré más detalles cuando todo se acabe.

–  Entendido. Buen trabajo, recluta. Respecto a los refuerzos, nosotros hemos llamado algunos también. Estamos escondidos en la misma calle donde está escondido el Camello. Cuando estéis cerca, dadnos un aviso por Den Den Mushi y nos pondremos en acción.

¿Cuál es el plan, señor? –  pregunté, curioso.

–  Verás… según hemos comprobado, hay solo dos entradas al edificio. Una en la parte delantera, y otra en la trasera. Los que estamos en la delantera vamos a entrar directamente, deteniendo a todo aquel que se halle en el edificio. No sabemos dónde está el Camello, así que el primero que lo encuentre tendrá que enfrentarse a él. Si alguien decide escapar por la entrada trasera, los nuestros acabarán con ellos y no dejarán que nadie escape. Y con eso concluye nuestro plan. ¿Lo has entendido, recluta?

–  Alto y claro, señor.

–  Perfecto. No tardéis, estamos esperándoos.

Tras esto, le explicaría a mi compañero todo lo que me había dicho el Sargento. Una vez llegáramos a nuestro destino, avisaría a mi superior y comenzaría el ataque.
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Mensaje por AEG93 el Miér 2 Mayo 2018 - 19:14

El enorme marine pareció entender mi consejo y ver el razonamiento lógico detrás de mi forma de actuar y de lo que pretendía enseñarle. Es necesario que al servicio del Gobierno Mundial, principalmente en la Marina dado que son quienes más expuestos a la opinión pública están, tengan esa capacidad de ser piadosos. Da buena imagen. Pero no es menos cierto que hay que saber cuando no se puede serlo, y eso era algo que Einar debía aprender para alcanzar todo su potencial como marine.

En cuanto a la forma de proceder en la captura del Camello, el semigigante se mostró de acuerdo conmigo y avisó a su superior para organizar el ataque. Ellos se encontraban ya esperándonos, pues habían tomado posiciones cerca del McRonalds donde el Revolucionario se escondía. La idea era entrar por la puerta delantera, dejando un pequeño número de hombres apostado para evitar que nadie escapase por la trasera. Me mostré de acuerdo con el Recluta, indicándole que, dado su tamaño, tal vez él debería ser uno de los encargados de evitar huidas. Con sus devastadores poderes y su corpulencia resultaría tremendamente útil cerrando vías de escape. Mientras tanto yo, más especializado en movimientos rápidos e infiltraciones, podría acompañar al grupo que entraría en el edificio. Por suerte no solo contábamos con el grupo de cuatro en el que Einar venía, sino también con todos los demás grupos similares de marines que habían desembarcado en la isla para encontrar al Camello. En total eran cuarenta marines los que participarían en la emboscada, aparte de mí, por supuesto.

Si a Einar le parecía bien, cuando estuviésemos cerca le recordaría que llamase a su Sargento para dar comienzo al plan, y acto seguido le desearía suerte. Seguramente alguien intentase huir, y quería dejar clara la importancia de aquella parte de la misión. No entrar al edificio no iba a significar perderse la acción:

- Suerte con lo que se avecina, Einar. No tengo ninguna duda de que cumplirás tu papel adecuadamente. Y recuerda, en este caso ambos vamos a tener acción. No entrar al edificio no implica perderse la batalla, ya que en cuanto se vean cercadas esas ratas buscarán huir. Nos vemos cuando termine.

Una vez todos hubimos tomado posiciones, el Sargento y yo nos miramos. Cuando asentí con la cabeza, el oficial dio la señal a sus hombres para que entrasen al edificio. A partir de aquel instante, todo sucedió muy rápido. Al parecer los refuerzos habían llegado, pues según lo que había averiguado hurgando en la mente del tipo al que había interrogado debían de quedar unos treinta efectivos como mucho, y en aquel edificio había en esos momentos más del doble. Les superaban en número, pero los marines contaban con el factor sorpresa. Antes de que nadie se diese cuenta las balas ya habían comenzado a volar, y los primeros revolucionarios habían caído. La respuesta de los rebeldes no se hizo esperar, y muy pronto el interior de aquel edificio se convirtió en un campo de batalla.

Una presencia llamativamente más poderosa que las demás atrajo mi atención como un imán en el mismo instante en que activé mi Mantra para sondear la zona. Pertenecía a un tipo de tez oscura y perilla de color negro azabache que llevaba una túnica verde con rayas verticales, un turbante amarillo y unas babuchas marrones. En sus manos destacaba una afilada cimitarra, y la expresión de su cara, con la lengua fuera y los ojos muy abiertos, le daba aspecto de loco. Aquel hombre tenía que ser el Camello, estaba casi seguro de ello.

Por lo tanto comencé a moverme velozmente entre el fuego cruzado mediante el Soru. Por el camino se cruzaron en mi trayectoria seis revolucionarios. Cada uno de ellos recibió un poderoso golpe sin detenerme siquiera. No eran el objetivo principal sino meras distracciones. El tipo parecía estar tratando de escabullirse junto a varios de sus hombres, así que tenía que impedírselo. Sabía que Einar estaría al otro lado con nueve marines más para impedirles la huida, pero cuantos menos lograsen salir de allí, mejor.

Pocos segundos después, la enorme velocidad que mi entrenamiento en la Cipher Pol me otorgaba me permitió adelantarles y cerrarles el paso. Con un gesto de decisión, tratando de disuadirles de intentar pasar, anuncié:

- Se acabó la huida, escoria. Camello Justiciero, quedas detenido por conspiración contra el Gobierno Mundial, asesinato, robo y otros muchos crímenes. El resto de vosotros, como sus compinches, también seréis detenidos. Os aconsejo no oponer resistencia.

En respuesta a mis palabras, dos de los hombres comenzaron a dispararme. Por suerte, entre el Mantra y mi Kami-e Kempo esquivar las balas no fue un problema excesivo. No obstante, cuando el Camello se sumó al ataque cimitarra en mano ya me fue imposible evadirlo todo. El dolor me invadió cuando el curvo filo de su arma se deslizó sobre mi muslo derecho, abriendo una larga herida que, aunque no parecía excesivamente profunda, no era precisamente despreciable.

Cojeando, me desplacé hacia atrás como buenamente pude. Soporté estoicamente el dolor al apoyar el peso de mi cuerpo sobre la pierna derecha mientras con la izquierda lanzaba un Rankyaku al grupo de revolucionarios. El ataque acabó con dos de ellos, pero los demás salieron corriendo. Aprovechando que mi capacidad de movimiento no era la mejor en aquellos momentos, se abalanzaron sobre la puerta trasera buscando escapar.

- Einar - pronuncié en mi cabeza, enviando mis palabras al semigigante a través del vínculo telepático que nos unía. - El Camello va a salir por la puerta trasera acompañado de siete de sus hombres en unos segundos. Estad preparados para impedirles el paso. Me reuniré con vosotros rápidamente.

Y mientras veía cómo los ocho hombres salían del edificio, concentré mis energías en curar la herida abierta de mi muslo. No era que no pudiese soportar el dolor o la pérdida de sangre, pero la limitación de mis movimientos no era algo que me agradase precisamente. Así que canalicé la energía curativa como tiempo atrás había aprendido a hacer gracias a un poderoso libro. Una vez mi pierna estuviese curada, comenzaría de nuevo a correr hacia la puerta trasera para dar apoyo al grupo de Einar.

Nota:
- Lo que uso para curarme es la técnica del Manual Micaiah.


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Mensaje por Einar Horn el Mar 8 Mayo 2018 - 12:39

El ataque empezó cuando el Sargento dio la orden, por lo que Thawne y varias patrullas marine entraron al edificio. Para mí, sin embargo, las órdenes eran distintas.

 Einar, quiero que te posiciones en la parte trasera para ayudar a los posicionados allí, pues seguramente es una de las vías de escape que tienen planeadas.

 ¡Entendido!

–  Puedes acceder por ese callejón, aunque no se si vas a caber.

–  No se preocupe, ya se me ocurrirá algo.

Divisé el susodicho callejón con mi mirada, y me dirigí hacia este. Era estrecho, sin duda, por lo que la dificultad para pasar a través de él sería bastante elevada. Entre en posición lateral y empecé a atravesarlo. En el otro lado de los muros se podían escuchar el intercambio de disparos continuos, y los gritos de guerra de los revolucionarios. No tuve que aguantarlos demasiado tiempo, pues el edificio no era muy grande y logré pasar a la parte trasera en menos tiempo de lo esperado. Una vez allí, comuniqué a los presentes que era uno de los apoyos.

 ¿Ha escapado alguno? –  dije, curioso.

–  De momento no. Pero si alguien lo intenta se lo impediremos.

Perfecto…

Tras pasar unos minutos, escuché una familiar voz en mi cabeza. Thawne me estaba avisando de la salida inminente del Camello por la puerta trasera.

–  ¡Entendido!

Rápidamente, avisé a los presentes y me coloqué justo delante de la entrada, preparado para lo que viniese. En poco tiempo, abrieron la puerta de una patada y salieron por ella corriendo. Puse mi mano delante de ellos para impedirles el paso, y con la otra les acorralé para crear una pequeña cárcel en mis manos.

–  Ha sido más fácil de lo que esperaba. –  intenté comunicarme con Thawne. –  Lo hemos logrado. Misión cumplida.
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Mensaje por AEG93 el Miér 9 Mayo 2018 - 21:53

Einar confirmó al momento que había recibido mi mensaje, por lo que estaba tranquilo. Sabía que al menos en su huida el Camello y sus acompañantes se encontrarían de frente con unos cuantos marines que les cerrarían el paso, lo que en el mejor de los casos significaba que su camino acabaría allí, y en el peor que tenía algo de tiempo para terminar de curar mi pierna antes de lanzarme en pos de los revolucionarios.

Tras unos segundos, una vez me vi con fuerza para correr de nuevo, retomé la persecución. Cuando estaba a mitad de camino, el semigigante me comunicó mentalmente que les habían atrapado. Le felicité sinceramente por ello, pues el Camello no parecía un enemigo sencillo de capturar, y continué mi carrera hacia allí. Quería asegurarme de que no surgía ningún problema hasta que el líder revolucionario estuviese a buen recaudo.

Cuando llegué, me encontré con Einar sujetando en sus manos a varios hombres. No obstante, después de contarlos dos veces por si acaso, las cuentas seguían sin salirme. Tan solo había allí atrapados siete hombres, y el Camello no era ninguno de ellos. ¿Qué habría pasado? ¿Dónde estaría aquel taimado delincuente? El pasadizo por el que tanto yo como ellos habíamos venido no tenía más salidas, por lo que no podía haber tomado otro camino. No obstante, tal vez fuese lo suficientemente escurridizo y sigiloso como para haber pasado desapercibido.

- Aquí falta un hombre. Ocho personas salieron del edificio, y solo veo a siete. Además, el que falta es precisamente el camello. ¡Debemos encontrarlo! - declaré con vehemencia, anunciando a los marines que nuestro trabajo no había concluido aún.


Activé mi Mantra, buscando encontrar alguna presencia oculta. Percibí una señal, poderosa aunque a priori algo por debajo de mi nivel, que procedía del pasadizo, así que me dirigí hacia allí. Recorrí lentamente el estrecho pasillo, poniendo mucha atención en lo que hubiese a mi alrededor, pues la presencia no paraba de moverse. Por suerte, mis ojos de felino veían tan bien en la oscuridad como bajo la luz del sol, por lo que la vista no era un impedimento para mí en aquella situación.

Finalmente, percibí cómo aquella presencia se desplazaba rápidamente hacia mi posición. Probablemente se hubiese dado cuenta de que estaba siguiendo sus movimientos y había decidido pasar a la ofensiva. Me dispuse a esquivarle, pero su tremenda velocidad me pilló por sorpresa. Le había visto moverse con rapidez anteriormente, pero no con tanta como empleó en aquella ocasión. Apenas tuve tiempo de apartarme levemente hacia mi izquierda, librándome de que me diese de lleno en el cuello. No obstante, la punzada de dolor que experimenté cuando la hoja de su cimitarra me abrió un corte de considerable tamaño en el hombro derecho no fue precisamente leve.

Me llevé la mano a mi extremidad herida, dolorido. Mientras tanto, mi enemigo continuó moviéndose con sigilo a mi alrededor, posiblemente preparándose para realizar un nuevo ataque. Tenía todos mis sentidos centrados en seguir sus movimientos y tratar de anticiparme a ellos, pues no me podía permitir recibir otra herida como aquella.

Su siguiente ataque llegó desde mi derecha, aprovechándose de que tenía el hombro de ese lado tocado tras su anterior acometida. Esta vez, sin embargo, logré rodar sobre mí mismo a tiempo para apartarme de la trayectoria de su arma, que iba dirigida a mi cintura. El Camello no se detuvo ni un segundo, y me siguió, lanzando un tajo tras otro. Sin un solo segundo de respiro, comencé a contorsionarme una y otra vez, buscando evitar sus ataques. La gran mayoría pasaron a escasos milímetros de mi cuerpo, pues la velocidad de sus golpes era algo a tener muy en cuenta. Incluso un par de sus espadazos rozaron mi piel, abriendo dos pequeñas heridas superficiales en mi abdomen.

Finalmente, tras aguantar su andanada de golpes, me eché un par de metros hacia atrás para poner un poco de distancia entre nosotros. De este modo, pude ver mucho mejor cómo se lanzaba de nuevo hacia mí, ya algo fuera de sus casillas al no haber conseguido herirme de gravedad con sus anteriores ataques. Esto me permitió darme cuenta de lo que debía hacer. Viendo venir, por el ángulo en el que echó su brazo hacia atrás justo antes de golpear, un ataque horizontal, me agaché hacia delante para pasar por debajo de su arma. Con ambas manos en la misma posición, dedos índices estirados y el resto formando un puño, golpeé su abdomen con una de las ancestrales técnicas de la Cipher Pol, perforándolo en dos puntos.

Mi enemigo cayó de rodillas, incapaz de seguir luchando. Sus gritos de dolor debieron escucharse en todo el edificio, pues varios marines acudieron. Anunciaron que la célula revolucionaria había sido neutralizada, y al ver al Camello malherido ante mí, lo esposaron, proclamando que estaba detenido. Acto seguido, se lo llevaron al cuartel de la isla.

Dolorido y cansado, salí del edificio por la puerta trasera. Allí se encontraba Einar junto a varios marines más. Ya habían puesto también las esposas a todos los revolucionarios que había atrapado el semigigante, y que correrían la misma suerte que su líder. Felicitando a Einar por su desempeño en la misión, me despedí de él amablemente y puse rumbo al puerto con intención de embarcar en el primer navío gubernamental que se dirigiese a Ennies Lobby.


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