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[Misión Legendaria] El Culto de la Ostra Azul

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Mensaje por Katharina von Steinhell el Sáb 21 Sep 2019 - 18:54

Había pasado una semana desde que la carta de ayuda llegó a sus manos, y su destino ahora era Samirn. Realmente no había mucha información dentro del mensaje, sólo indicaba el nombre de la persona que quería contactarse con la bruja, una tal “Loseta”, y cualquier ayuda para resolver su problema sería muy bien recompensada. Normalmente, hubiera tirado la carta al fuego y se habría olvidado del asunto, pues tenía cosas más importantes de las que ocuparse, sin embargo, la recompensa era exageradamente alta. Para poner en marcha su gran plan necesitaría una buena cantidad de dinero y que se presentara una oportunidad así parecía casi un milagro.

El punto de encuentro era una taberna de mala muerte ubicada en la periferia de la ciudad, alejada de la enorme fortaleza en la que residía la familia real. Katharina conocía lo básico de la isla, ya fuese por su anterior visita o por lo que había encontrado en los libros. Según recordaba, Samirn alguna vez fue gobernado por un culto que fue expulsado, culto con el que ya tuvo problemas en el pasado al ser transformada en una niña. Esperaba no pasar por lo mismo otra vez, pues fue una experiencia aburrida y muy problemática. La bruja también sabía que el pueblo de Samirn no era demasiado… evolucionado, y eso podía comprobarlo al ver el ambiente dentro de la taberna. No había luz eléctrica, sino que velas dispuestas en las paredes y en el techo proporcionaban iluminación. A esa hora de la noche la mayoría de la gente debía estar durmiendo en sus camas, protegidos bajo un techo seguro y ajenos a los problemas del mundo.

—¿Qué le sirvo, señorita? —preguntó un hombre de avanzada edad, rasgos toscos y voz grave.

—Un vaso de agua estaría bien —respondió casi indiferente. El lugar estaba tan mal cuidado que no le apetecía comer ahí.

Minutos después de su llegada, una figura encapuchada entró a la taberna. Sus pisadas eran ruidosas y sus movimientos poco elegantes, por lo que Katharina dedujo que no se trataba de un asesino. En todo caso, ¿por qué habría de haber uno en esa puta taberna? Igual podía ser la trampa de un cazarrecompensas que tenía la intención de hacerse con más de 500 millones de berries. Según había leído en la carta, el contacto llevaría una ostra azul en alguna parte de su vestimenta.

—¿Y bien? ¿Por qué me has hecho venir hasta tan lejos? —le preguntó una vez divisó el símbolo que buscaba en la vestimenta de la figura encapuchada.

—Tú debes ser la infame Katharina von Steinhell, ¿no? Ruego que esperes unos minutos, pues aún debe llegar alguien más. Hemos sido muy cautelosos con las personas a quienes les hicimos llegar nuestra petición de ayuda. Pronto nos reuniremos con Loseta.

La bruja frunció el ceño y luego le tendió la mano al hombre de la capucha a modo de saludo. El contacto físico era una condición necesaria para activar una maldición. No confiaba en él, por lo que era mejor ser precavida. Finalmente, Katharina esperó en silencio la llegada de los otros contactados.
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Mensaje por AEG93 el Dom 22 Sep 2019 - 12:32

La misiva que había recibido especificaba que la presencia de un hombre con sus habilidades era requerida en Samirn. No explicaba mucho más, aparte de el lugar de reunión y de que su contacto iría ataviado con una ostra azul. No sabía demasiado de Samirn, una isla del Nuevo Mundo que se relacionaba poco con otros lugares. Apenas que había estado gobernada hasta hacía relativamente poco por una secta llamada "El Culto". Normalmente no habria acudido a un lugar como aquel, pero la recompensa económica ofrecida era de tal cuantía que podría serle de mucha utilidad para acelerar la consecución de sus objetivos.

Cuando llegó a la taberna donde supuestamente debía reunirse con su contacto pudo observar que no había demasiada gente. Y tampoco era de extrañar, pues el estado del establecimiento era poco menos que lamentable. No obstante, allí estaba la persona con quien debía reunirse. Una figura vestida completamente de negro y con una capucha cubriendo su rostro. Un pequeño colgante con forma de una ostra azul delataba su identidad. Pero lo que más llamó la atención de Thawne fue la mujer que le acompañaba. Ni más ni menos que una de las delincuentes más buscadas del momento (al igual que él mismo), y una de las personas con quien había colaborado durante el asalto a la Gran Aguja. La infame Katharina Von Steinhell, hasta hacía muy poco tiempo miembro de los Arashi no Kyoudai y que había abandonado dicha banda durante la vertiginosa sucesión de acontecimientos que desató la deserción de Thawne.

Le había dado la sensación en aquel momento de que la bruja perseguía un objetivo final similar al suyo, y de hecho también había sido integrante inicialmente de las filas del Gobierno Mundial. No obstante su carácter individualista e impredecible la convertía en una aliada no del todo fiable, pues tendía a pensar únicamente en sí misma y solía perder de vista el largo plazo a la hora de tomar decisiones. Sin embargo si lograba encontrar la forma de encauzar esa impulsividad... tal vez pudiera convertirse en una colaboradora a tener en cuenta. Desde luego su poder era digno de ser respetado, y no muy inferior al suyo propio. ¿Habría contactado "Loseta" también con ella para ofrecerle la misma misión que a él?

- Saludos, Katharina. Me alegra ver que no tuviste problemas para abandonar la Aguja a tiempo. - dijo cuando se acercó a la extraña pareja. Acto seguido fijó su mirada en el encapuchado y continuó hablando. - Y vos debéis de ser Loseta, supongo. Estoy aquí porque recibí vuestra misiva, y me interesaría saber qué tarea necesitáis que realicemos a cambio de tan cuantiosa recompensa.

- Yo no soy Loseta, mi señor. Tan solo soy su servidor. Mi tarea no es otra que llevaros con él. Y ahora que ambos están aquí, si no les importa acompañarme...

Y acto seguido el hombre se puso en camino. El antiguo espía dudó sobre la conveniencia de hacerle caso. Por lo que sabía todo aquello podría ser una trampa del Gobierno Mundial con el objetivo de echar el guante a dos de sus mayores quebraderos de cabeza. Sin embargo las posibilidades de que hubiesen desplazado hasta aquella remota isla un contingente suficiente para vencer a dos personas tan poderosas eran verdaderamente escasas. Así que miró a Katharina y, estableciendo un vínculo telepático en ella, le dijo:

- Voy a seguirle. Soy perfectamente consciente de que podría tratarse de una trampa, así que si nos acompañas lo mejor sería permanecer en comunicación por esta vía y no descuidar nuestra atención al entorno en ningún momento. Cuatro ojos siempre ven mejor que dos, y de ese modo nos aseguraremos de que en caso de que pretendan capturarnos no nos pillen con la guardia baja. ¿Qué opinas?

La bruja ya estaba familiarizada con su telepatía, dado que en la Aguja habían utilizado el mismo método de comunicación, así que esperaba que confiase en que les ayudaría a salir airosos de lo que quisiera que les esperase al final del camino.

Tras abandonar la taberna se dirigieron hacia un edificio de aspecto realmente viejo y destartalado. Casi era más una ruina que una casa. Cuando el encapuchado se adentró en ella, el calvo miró por un momento a la bruja y, con suma precaución, se adentró en el edificio.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 23 Sep 2019 - 18:46

La bruja frunció el ceño al enterarse de que el antiguo agente del Cipher Pol, Anders D. Thawne, había sido convocado a la “reunión”. ¿Acaso el dinero también le interesaba a ese hombre? Hasta ahora no lo había considerado, pero él había sido el detonante de la deserción de Katharina. Si no le hubiera declarado la guerra al Gobierno Mundial, si no hubiera anunciado la independencia de Water Seven, la discusión que tuvo con su excapitán jamás habría existido y ahora continuaría navegando junto a los Arashi no Kyoudai. Por supuesto, no le culpaba; había sido su decisión y no se arrepentía de haberla tomado. Le hizo entender que Kenshin D. Zane era un hombre egoísta que arriesgaba la vida de sus compañeros sólo por la gloria personal. Le producía náuseas recordar el hecho de haber servido a ese hombre.

Si su memoria no le fallaba, el agente era alguien inteligente y capaz. Sin embargo, también era increíblemente orgulloso, soberbio y gustaba de estar al mando. Por muy fuerte que pudiera ser, la bruja no le reconocería como para trabajar bajo sus órdenes. Seguiría sus deseos y los de nadie más; jamás volvería a pelear por los sueños de otra persona. En cualquier caso, Katharina no buscaba ser la superior de Thawne ni liderar el posible grupo que conformarían.

—¿En serio te alegra, traidor? —preguntó con desconfianza, depositando sus fríos e inexpresivos ojos en el antiguo agente—. Ese epíteto nos queda bien, ¿no crees? Ambos traicionamos la confianza que depositaron en nosotros.

La bruja dejó caer la mirada sobre el mensajero y le hizo una advertencia:

—Te acompañaré, pero ni pienses en tenderme una trampa, de lo contrario, lo pagarás con tu vida.

El encapuchado intentó sonreír, pero el nerviosismo le jugó una mala pasada, por lo que se limitó a asentir y salir de la taberna. Segundos después, Katharina sintió una voz dentro de su cabeza, algo que ya había sentido anteriormente en la Gran Aguja.

—Trabajé contigo el suficiente tiempo para saber que sólo te importa tu opinión —contestó la bruja en su cabeza, esperando ser “oída” por Thawne—, pero, si tanto te interesa saber lo que pienso, te lo diré. He descartado la posibilidad de que Loseta trabaje con el Gobierno Mundial, pues ¿cuál es la idea de juntarnos, siendo que cada uno de nosotros ya supone suficientes problemas? Este planteamiento debería bastar para suponer también que Loseta tampoco trabaja con cazarrecompensas, a menos que confíen tanto en sus habilidades como para querer capturarnos juntos. —Katharina hizo una pequeña pausa, adoptó una pose pensativa y continuó “hablando”—: En cualquier caso, estoy de acuerdo en no descuidarnos.

El destartalado edificio se ubicaba en la periferia de la ciudad, estaba tan apartado que una pelea no involucraría a ningún civil. Las ventanas estaban rotas y daba la idea que poner un solo pie dentro de este lo colapsaría. Le costaba trabajo creer que, ofreciendo una recompensa tan cuantiosa, el punto final de encuentro sería en un lugar como ese. El mensajero llevaba una pequeña lámpara de aceite que iluminaba tenuemente el camino, apartando las sombras que parecían devorarlo todo a su alrededor. Sin embargo, la iluminación que el foco ofrecía no era suficiente, por lo que la bruja creó una pequeña llama anaranjada sobre su mano para saber dónde pisar.

—Por aquí —dijo el mensajero, levantando una compuerta al nivel del suelo.

La bruja descendió con precaución las oscuras escaleras que daban la impresión de conducir a las profundidades del infierno. Al bajarlas, un fuerte viento apagó la llama que había sobre su mano. Enseguida, decenas de antorchas ubicadas en las paredes fueron encendiéndose poco a poco, ofreciendo un fuego azul y revelando una especie de habitación circular. Una figura encapuchada apareció en el centro de esta y unos brillantes ojos azules atravesaron a los presentes.

—Tú debes ser Katharina von Steinhell, y tú Anders D. Thawne —habló con una voz calmada y amable—. Buen trabajo, Sammy. En estos tiempos es muy difícil confiar en alguien, por lo que agradezco que hayan aceptado venir. Permítanse llamarme Loseta, y espero contar con su ayuda de ahora en adelante.

La sombra dio un paso hacia delante y se quitó la capucha, revelando así un rostro juvenil y amable. Sus ojos parecían dos auténticos zafiros con la forma de una almendra y su nariz, delgada y respingada, tenía el tamaño perfecto. Su piel era clara y pálida como la misma luna, y un mechón ondulado y negro como la propia oscuridad caía sobre su rostro. Su mentón afilado hacía juego perfecto con su delicada y poco pronunciada mandíbula, otorgándole más bien un aspecto débil. Loseta era un hombre que no debía superar los treinta años, era delgado y sólo un poco más alto que Katharina.

—Ahora, les hablaré sobre todo lo que deben saber acerca de esta misión.
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Mensaje por AEG93 el Vie 27 Sep 2019 - 17:48

Por su respuesta la bruja parecía no confiar en él, o al menos no en demasía. No podía culparla, en cierto modo hacía bien. Tal vez si conociese sus verdaderos objetivos no pensaría lo mismo sobre él, pero el calvo no pensaba confesárselos. Todavía faltaba mucho tiempo para que pudiera llevarlos a cabo y, si bien Katharina podría terminar siendo una poderosa aliada en la fase final de su plan aún quedaban muchas cosas por hacer mientras tanto, y todo debía permanecer en secreto hasta el momento apropiado.

Así que se ahorró la respuesta y simplemente siguió al emisario hasta llegar al ruinoso edificio. Una vez dentro levantó una sorprendentemente bien disimulada trampilla y comenzó a descender junto a los dos criminales. Entre la tenue luz de la lámpara del mensajero y la pequeña bola de fuego convocada por Katharina a modo de antorcha Thawne podía ver a su alrededor con suma facilidad apoyado en su prodigiosa visión nocturna de felino. Pronto una ráfaga de aire apagó la llama, pero escasos metros después numerosas antorchas proveyeron de una aún mejor iluminación. Su fuego era azulado, cosa realmente particular, y daban luz a una amplia pero sencilla estancia circular. En su centro un hombre joven les aguardaba. Sus ojos, de un azul tan intenso como pocos había visto el ex-agente, se clavaron en los recién llegados antes de dirigirse a ellos.

Aquel hombre dijo ser Loseta, la persona que les había convocado allí. Probablemente tuviera una edad similar a la del propio Thawne, y parecía ciertamente desesperado. Según sus palabras su padre, el líder del "Culto", había caído gravemente enfermo. Por lo que contaba los síntomas, dada la rapidez de su instauración y el progresivo empeoramiento pese a haber recibido todos los tratamientos a su disposición, hacían pensar en un envenenamiento. Y Loseta tenía muy claro quién podía estar detrás de todo. El gobierno de Samirn llevaba tiempo intentando hacer desaparecer el "Culto", y estarían encantados de acabar con su líder. Para colmo en la fortaleza real poseían un manantial de unas aguas consideradas capaces de purificar cualquier veneno o toxina exógena de un organismo, por lo que los seguidores del enfermo, cada vez más exaltados, se estaban planteando atacar dicho enclave. Lógicamente todo aquello podía desencadenar una guerra que, en opinión de Loseta, no sería sino el fin del "Culto". Eran demasiado pocos para lograr la victoria y, sin duda, uno de los principales motivos para envenenar a su líder podía ser forzarles a atacar sabiendo que no eran rival para el estado.

- Estoy de acuerdo en que no debéis atacar, y has sido sabio contactando tanto con Katharina como conmigo. Se me ocurren muy pocas personas en los bajos fondos del Nuevo Mundo capaces de infiltrarse en un lugar tan bien defendido con la misma eficacia. No obstante también poseo amplísimos conocimientos de medicina, y es posible que mi compañera conozca alguna clase de hechizo para eliminar venenos o dolencias. Por mi parte estoy dispuesto a explorar a tu padre e intentar hacer lo posible por él antes de adentrarme en la fortaleza. ¿Tú que opinas, Katharina? ¿Intentamos primero agotar las opciones?
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 29 Sep 2019 - 18:37

No le sorprendió haber escuchado que era probable que el gobierno de Samirn hubiera envenenado al líder del Culto. Antaño, Samirn fue gobernada por un grupo religioso cuyos pocos progresos ponían en duda su liderazgo. Por fortuna, ahora los habitantes, aunque pobres, contaban con la mayoría de los servicios básicos. Loseta quería evitar una guerra entre ambos bandos, puesto que el Culto no estaba preparado para enfrentar una crisis así. Algunos creían que su padre fue envenenado por un agente del gobierno, mientras que otros aseguraban que se trataba de una enfermedad. En cualquier caso, no hubo médico ni brujo que pudo sanar al sacerdote. Se decía que en las profundidades de la fortaleza real fluían aguas de un manantial capaz de sanar cualquier mal, y ahí entraba la parte de Katharina y Thawne.

 Si se trataba de envenenamiento, bastaría sólo un hechizo para cumplir el encargo. La magia era capaz de sanar toda clase de venenos, incluso el más complejo y rebuscado. Sin embargo, si consistía en una enfermedad, estaba segura de que su compañero podría hacerse cargo. En cualquier caso, Loseta había elegido las dos mejores opciones que podía encontrar en el bajo mundo. Además, cualquiera de los dos podría infiltrarse sin problemas en la fortaleza de Samirn. Era un país muy pobre arquitectónicamente, ¿cuán difícil sería adentrarse en las profundidades del “castillo” para robar las aguas del manantial?

—No hay veneno que mi magia no pueda repeler —aseguró la bruja, asintiendo ante las palabras de su compañero—. Loseta, llévanos ante tu padre. Quizás sea innecesario adentrarse en la fortaleza.

 El hombre sonrió aliviado al escuchar las respuestas, luego caminó hacia la pared y cogió una antorcha. Pareció buscar una especie de trampilla en el muro y, tras varios intentos, finalmente la encontró. Al presionar el bloque sobrepuesto, un sonido de ultratumba inundó la habitación y segundos después apareció un pasadizo que conducía a un lugar incluso más profundo. Mientras Loseta avanzaba, explicaba que bajo Samirn había una compleja red de túneles usados por el Culto hacía muchísimos años, y fue gracias a estos que pudieron escapar de las garras del gobierno que les usurpó el trono. Desafortunadamente, los pasadizos que conducían a la fortaleza real habían sido bloqueados, pero el resto servía para escapar de ojos curiosos y oídos atentos. Los conductos olían mal y eran tan oscuros que a cualquiera le sería imposible ver a través de las sombras. Por suerte, la antorcha de Loseta iluminaba lo suficiente para no dar un paso en falso.

 Caminaron por más de media hora y finalmente llegaron a una estancia rectangular y pequeña que contaba con una puerta de metal.

—Detrás de esta puerta se encuentra nuestro templo, y sólo aquellos que pertenecen al Culto tienen el derecho de entrar. Sin embargo, hemos decidido hacer una excepción con ustedes —explicó el sacerdote mientras abría la compuerta metálica con un tono muy amable y tranquilo—. Por favor, disfruten del regalo de nuestra Madre.

 La bruja quedó boquiabierta al ver la maravilla geológica que se extendía frente a ella. El templo del Culto consistía realmente en una enorme cueva con un agujero en el techo lo suficientemente grande como para que la luz de la luna iluminase mágicamente cada rincón. Los sacerdotes habían construido escaleras interminables que conectaban a todas las secciones de la cueva, creando así aposentos y espacios comunes, aunque lo realmente fenomenal era el lago de aguas turquesas que yacía frente a un enorme árbol de hojas lilas. Pequeños insectos luminiscentes revoloteaban de allá para acá, dando un toque incluso más mágico.

—Síganme, por favor.

 Atravesaron el claro y al cabo de unos minutos llegaron a una enorme habitación iluminada por decenas de toda clase de velas. Había varios hombres que vestían túnicas y, sobre la cama, yacía el padre de Loseta. El anciano se veía débil y cansado; cualquiera podía darse cuenta de que estaba enfermo.

—¿Quiénes son estos, Loseta? —preguntó uno de los sacerdotes, incorporándose y caminando violentamente hacia el contratista.

—Son quienes sanarán a nuestro líder, Gail. No hay tiempo que perder, mi padre cada vez luce peor y esta gente posee habilidades que no encontraremos en ningún otro lado.

 La bruja ignoró la discusión que se formó entre Loseta y ese tal Gail, y caminó directamente hacia el Sumo Sacerdote. Era un hombre pálido y de cabellos canos, grandes ojeras y nariz delicada. Sin más espera, Katharina cerró los ojos y dejó que la energía mágica fluyese por sus venas, extendió la mano hacia delante y formó un círculo mágico sobre el anciano. Si se trataba de un veneno, este sería repelido a lo más en un minuto. Sin embargo, los esfuerzos de la bruja fueron inútiles. El paciente no mostró alivio alguno, sino todo lo contrario. Cada segundo que pasaba lucía más cansado y dolido.

—Hmm, esto nunca había pasado… —susurró Katharina, adoptando una pose pensativa y mirando al hombre—. ¿Puede que se trate de una enfermedad, después de todo? Es tu turno, Kirtash.
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Mensaje por AEG93 el Dom 29 Sep 2019 - 21:33

El método mediante el cual los miembros del Culto se movían por el país sin ser vistos era cuanto menos interesante. Era una pena que los pasadizos subterráneos que daban a la fortaleza hubiesen sido bloqueados, pero por lo demás se trataba de una red de túneles realmente útil. Aunque lo que más le impresionó fue el templo. Según Loseta solo los miembros de la organización tenían permitido entrar, pero dadas las circunstancias ellos constituirían la excepción. El cristalino lago reflejaba la luz de la luna creando brillos que hacían el lugar aún más hermoso. Los pequeños insectos luminosos y las hojas de un suave tono violeta del árbol ayudaban a crear una atmósfera verdaderamente idílica.

Tras atravesar aquel maravilloso claro llegaron a una habitación. En ella varios miembros del Culto velaban a un anciano de aspecto débil. Sus ojos estaban profundamente hundidos, y  cada músculo de su cuerpo se marcaba bajo la piel. Daba la sensación de estar consumiéndose, apagándose lenta pero inexorablemente.

Los sacerdotes no parecían demasiado conformes con la presencia de los dos desconocidos en tan importante emplazamiento, pero cuando uno de ellos se atrevió a inquirir a Loseta al respecto este no mostró el menor atisbo de duda. Con autoridad y preocupación en su voz, dejó claro que los dos extraños eran absolutamente necesarios.

Acto seguido la bruja se acercó al convaleciente anciano y, con gesto de profunda concentración, lanzó un hechizo. Según sus palabras aquel conjuro tenía la capacidad de anular cualquier veneno. No obstante no tuvo ningún efecto, al menos en apariencia. En ese momento el calvo avanzó hacia ellos. Con un gesto indicó a Katharina que se apartase y comenzó a preparar el terreno. Se encargó de que el abdomen del anciano estuviese en la más escrupulosa asepsia, así como sus manos, y empezó con la cirugía. Abrió el abdomen de arriba hacia abajo a través de la línea media, pasando a través del ombligo. Separó ambos rectos abdominales para abrirse paso a la cavidad abdominal y, una vez allí, fue incapaz de ocultar su sorpresa.

Había estudiado todas y cada una de las enfermedades conocidas, desde las causadas por microorganismos ajenos al ser humano que invadían el cuerpo de este hasta las originadas por células propias que comenzaban a replicarse sin control hasta consumir a su huésped, y conocía las pautas de tratamiento a seguir en cada una de ellas, pero nunca había visto nada parecido a aquello. Las vísceras del anciano se estaban poco a poco necrosando de forma perfectamente simétrica. No parecía haber un foco de la enfermedad sino que esta estaba atacando al mismo tiempo a todo el organismo del hombre. No podía ser, ninguna dolencia se comportaba de aquella manera. El afamado doctor no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Y claro, siendo como era una enfermedad generalizada nada de lo que hiciese podía ayudar a tratarla. No había una zona culpable que extirpar, dejando el resto del organismo libre. Lo único que se le ocurría era que se tratase en efecto de algún tipo desconocido y especialmente peligroso de veneno, uno que ni la magia de Katharina fuese capaz de sanar. Y en ese caso existía una posibilidad de que al anciano sanase, pero debían darse prisa.

- La enfermedad afecta de forma paralela a todos sus órganos, haciendo que estos vayan poco a poco muriendo. Jamás he visto ni oído hablar de una enfermedad que se comporte de ese modo, por lo que debo mostrarme de acuerdo con Loseta. Lo más probable es que se trate de alguna clase desconocida de veneno. Lo bueno es que en caso de que así sea si damos con un antídoto la necrosis es aún mínima. La gran mayoría de sus células están aún en una fase reversible al menos en lo que respecta a su aspecto. Pero tenemos poco tiempo hasta que eso deje de ser así y, aunque logremos administrarle el antídoto, no sirva de nada. Así que deberíamos ponernos en marcha e intentar entrar en la fortaleza sin ser vistos.

Mientras hablaba el antiguo agente se afanaba en cerrar tanto el músculo como posteriormente el tejido subcutáneo y la piel del anciano. Una vez hubo finalizado miró a la bruja. Había llegado el momento de infiltrarse en aquel lugar que, casi con toda seguridad, estaría fuertemente defendido.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 2 Oct 2019 - 20:56

Chasqueó la lengua cuando supo que las habilidades médicas de su compañero tampoco hicieron efecto. El estado del Sumo Sacerdote era crítico y cada vez quedaba menos tiempo. Si no se conseguía el agua milagrosa, el Culto estaría nombrando a un nuevo líder en los siguientes días. Sin embargo, ese era el “menor” de los problemas. Había sospechas de que el gobierno de Samirn había envenenado al padre de Loseta, por lo que estallaría una guerra. Los sacerdotes arremeterían contra la fortaleza real para conseguir las aguas del manantial, lo que conllevaría al fin del Culto y la victoria se la quedaría el gobierno. En las manos de Thawne y Katharina no sólo estaba la vida del Sumo Sacerdote, sino que también el futuro del Culto de la Ostra Azul.

La bruja suspiró y le devolvió la mirada a su compañero.

—¿Por qué las cosas nunca son fáciles? —se quejó con el ceño fruncido casi en un susurro, intentando evitar ser escuchada por los sacerdotes presentes—. No podemos infiltrarnos en ese lugar sin saber exactamente hacia dónde vamos. Sí, buscamos el manantial milagroso, pero ¿dónde está? Existe la posibilidad de que conserven un mapa de la fortaleza real, después de todo, ustedes gobernaron Samirn hace muchísimos años, ¿no?

Si bien el fuerte de Katharina era la reconstrucción de textos perdidos y la comprensión de lenguas olvidadas, sus conocimientos históricos superaban en creces a los de alguien ordinario. No había nada bueno en que una entidad religiosa gobernase un país, y Samirn tampoco fue la excepción. Hace muchos años, el Culto de la Ostra Azul controlaba cada aspecto de la nación y de sus habitantes. Según había leído, una sangrienta guerra civil se llevó a cabo entre las fuerzas religiosas y aquellos que estaban hartos de vivir bajo un sistema opresor e injusto. Con la aparición del nuevo gobierno de Samirn, su pueblo alcanzó un estándar de vida jamás imaginado. Cuando antes apenas tenían para comer pan y beber agua, ahora tenían a su disposición los servicios básicos imprescindibles de cualquier sociedad; excepto la electricidad, por supuesto. Entonces, ¿cuál era el sentido de ayudar a una secta que tanto daño había causado?

—Antes de seguir con esto, quisiera comentarte algo, Kirtash —le dijo a su compañero, pidiéndole privacidad a Loseta y a sus hombres. Luego de ponerle al tanto sobre la guerra civil y el daño que había causado el Culto, le preguntó—: ¿Estás seguro de querer ayudar a estos? Puede que en algún momento recuperen la influencia y la fuerza que tuvieron en el pasado y nada bueno saldrá de ello. Hace un tiempo, antes de dejar a Kenshin, estos sacerdotes se involucraron con nosotros. Nos convirtieron en niños y, si mal no recuerdo, quisieron robar nuestra “energía”.

La bruja había perdido su alma hacía mucho y no le causaría remordimiento ayudar a esa gente que tanto mal había causado en el pasado, sin embargo, el antiguo enmascarado era un justiciero social que peleaba por el bien del pueblo, o al menos esa era la imagen que había vendido al mundo. Katharina necesitaba saber la posición de su compañero para ahorrarse futuros problemas y posibles discusiones morales. Allá en la fortaleza real tendrían que quitar vidas para seguir adelante, y ayudarían a un hombre que cargaba con los pecados de sus antepasados.

Luego de escuchar la respuesta del antiguo agente del Gobierno Mundial, la chica se dirigió hacia Loseta.

—Necesitamos toda la información que nos puedas proporcionar sobre la fortaleza real, mientras tanto Kirtash y yo pensaremos en un plan —mencionó la bruja, dando órdenes como si fuese la que estuviera al mando—. Escucha, poseo una habilidad que me permite adoptar cualquier forma, además podría imitar a la perfección cualquier acento. En una misión de infiltración lo que menos se espera es llamar la atención y conseguir un enfrentamiento. Por mucho bien que haga el actual gobierno de Samirn, aún existe una gran brecha entre las clases sociales. Bien podría hacerme pasar por una noble como por una importante funcionaria del gobierno y encaminarnos libremente hacia el manantial. Los soldados no desobedecerán la orden de un superior. Por supuesto, tú serías mi guardaespaldas. Ahora, esto sólo es una idea; si tienes algo mejor en mente, me encantaría oírlo.

Luego de escuchar la respuesta de su compañero, Loseta volvió junto a sus hombres cargando un montón de pergaminos.

—Hemos encontrado un mapa de la fortaleza real, pero hay un problema… Este es de hace 50 años y apenas es legible.
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Mensaje por AEG93 el Jue 3 Oct 2019 - 17:26

- No es necesario que susurres, Katharina. Si he establecido este vínculo telepático es precisamente para poder hablar entre nosotros sin miedo alguno a ser escuchados. - Recordó el calvo a su compañera. Katharina era una mujer de intelecto realmente agudo pero, como probaban detalles como aquel, tendía a olvidar o pasar por alto ciertas cosas cuando encontraba algo que captaba su atención en mayor medida. Su explicación sobre los motivos de la guerra civil de Samirn y sus dudas acerca de la conveniencia de ayudar al Culto eran totalmente comprensibles. No obstante necesitaba el dinero para continuar financiando su gran proyecto, y ellos tenían mucho.

- No te preocupes por eso. Soy perfectamente consciente de que no podemos fiarnos de unos fanáticos religiosos. Las creencias tan fervientes y radicales nunca traen nada bueno, y menos aún cuando quienes las profesan se hacen con el poder. No obstante hay que tener en cuenta varios detalles: Los miembros del Culto son actualmente tan pocos y disponen de tan ínfimo poder militar en comparación al gobierno que aunque ayudásemos a que su líder sobreviviese la probabilidad de que recuperen el control del reino es prácticamente inexistente. Por otro lado los habitantes de la isla no confían en ellos, por lo que cualquier plan que pretendiesen poner en marcha para hacerse con el poder no gozaría de ninguna ayudaría externa, dejándoles sin los recursos precisos para llevarlo a cabo.

Sus palabras sonaron en la mente de la bruja firmes y tranquilas, buscando hacerle ver que no había ningún problema ni conflicto moral en ayudar a aquellos fanáticos en esa ocasión. Además le sorprendía mucho que alguien como Katharina, famosa por su más que dudosa moralidad, tuviese reparos en enriquecerse ayudando a gente como aquella.

El plan de infiltración esbozado por la pirata estaba bien trazado, aunque estaba obviando un pequeño detalle. El rostro de Anders D Thawne, traidor al Gobierno Mundial y que había desafiado a este públicamente, era en aquellos momentos uno de los más conocidos a lo largo y ancho del Nuevo Mundo. Así se lo explicó telepáticamente a la bruja, para después comentarle que él también poseía la habilidad de transformarse en quien deseara y que si ambos cambiaban de aspecto todo resultaría más sencillo. Eso si, pensaba hacerlo fuera del alcance de posibles miradas indiscretas del Culto. No se fiaba en absoluto de aquellos hombres, así que cuanto menos supiesen de sus capacidades mejor.

Poco después Loseta y sus hombres regresaron con un mapa de aspecto añoso, raído y polvoriento. Databa de cincuenta años atrás, por lo que posiblemente más de un camino hubiera sido modificado o taponado, y además estaba tan desgastado que costaba mucho esfuerzo leerlo adecuadamente. No obstante era toda la ayuda de la que disponían, por lo que no hubo más remedio que usar aquel viejo plano para guiarse.

- De acuerdo. - Dijo en voz alta el antiguo agente - Parece que para llegar hasta la localización del manantial debemos llegar hasta el tercer sótano de la fortaleza, por debajo de los almacenes y de las mazmorras. El camino parece largo y complejo, pues tendremos que atravesar la puerta principal y todo el Gran Salón hasta encontrar la escalera que desciende hacia los almacenes. Esa será la parte más difícil imagino. Habrá gente y tendremos que ser precavidos y actuar de forma impecable. Una vez abajo supongo que la oscuridad nos ayudará a evitar ser descubiertos por los pocos hombres que nos encontremos, aunque tampoco podremos confiarnos. Y según este mapa el camino para bajar al tercer sótano se encuentra en un extremo de las mazmorras, por lo que habremos de atravesar una zona llena de celdas y, por supuesto, guardianes.

Miró a su compañera con seriedad antes de inquirir:

- ¿Estás preparada?

Esperaría a la respuesta y abandonaría el lugar con ella. Una vez fuera del templo buscaría un lugar apartado y desierto para transformar sus acciones en las de un hombre de casi cuarenta años, alto y robusto aunque sin llamar mucho la atención, y de facciones hoscas pero anodinas. Si iba a hacerse pasar por el guardaespaldas de una noble debía parecerlo.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 8 Oct 2019 - 0:55

Ignoró las primeras palabras que salieron de la boca de su compañero, ahorrándose las explicaciones. Si había susurrado era porque quería hacerlo y ya; si hubiese querido decírselo a Kirtash, lo habría hecho. Recordaba el gran detalle de la telepatía y era una habilidad codiciada por la bruja, una que esperaba poseer algún día. En algún momento, el antiguo enmascarado comenzaría a confiar en ella y sería el momento perfecto para hacerle preguntas sobre sus habilidades.

No quería continuar con una discusión que no tenía sentido, pues lo único que quería saber era la opinión de su compañero. Subestimarles no sería sensato, después de todo, tenían suficiente dinero para contratar a dos de los criminales más buscados en el mundo. Fácilmente podrían traer un ejército de mercenarios a Samirn y derrocar al actual gobierno, aunque Katharina no tenía idea de por qué no lo habían hecho aún. Tal vez no querían recuperar el poder; quizás querían pasar el resto de sus vidas en paz, esperando que algún dios escuchase sus plegarias. En cualquier caso, no era asunto de la bruja ni tampoco de su compañero. A ellos se les había llamado para cumplir con un propósito particular: curar al Sumo Sacerdote.

—Perfecto —se limitó a responder la bruja al escuchar las respuestas de Kirtash.

Le hubiese gustado agregar que había una forma más rápida y segura de llegar al manantial, pero no tenía garantías de que fuera a funcionar. Si bien la bruja podía controlar el elemento tierra, no había forma de que supiese hacia dónde iba realmente. Estaría cavando un túnel a ciegas sin saber hacia dónde conducía. Por ende, decidió guardarse esa idea y la usaría en caso de que estuvieran en peligro.

—Vamos.

Los criminales fueron llevados de vuelta a la ciudad y allí Loseta les dejó trabajar. Antes de marcharse, les deseó buena suerte. Parecía un hombre tranquilo para nada conmocionado con la muy posible muerte de su padre. La bruja había leído suficiente para sospechar que en realidad el gobierno de Samirn no era el culpable del estado del Sumo Sacerdote. Si la ubicación del templo era secreta, ¿cómo le iban a envenenar? Había un traidor dentro del Culto, alguien lo suficientemente cercano como para encargarse de la comida del padre de Loseta. Tal vez, si todo terminaba sin ningún problema, se lo comentaría.

Se transformó en una mujer de cabellos negros y largos llevados en forma de cola de caballo. Sus grandes ojos alargados no expresaban nada más que seriedad y parecían dos granates negros, brillantes y profundos. Decidió conservar parte de sus facciones, como la delicada nariz respingada y los suaves labios rosa. Lo único que le preocupaba era la identidad de la noble que había inventado recién: Lilian Rose. Era una mujer que había llegado hacía poco a Samirn y se había instalado en el centro de la ciudad, viviendo en uno de los palacios más bellos de esta. Esa era parte de la historia que había pensado Katharina, aunque le incomodaba no haberse preparado mejor. No tenía tiempo suficiente para investigar a una noble, secuestrarla y usurpar su identidad.

—Vamos —dijo tras haberle explicado a su compañero quién era Lilian Rose. Lo único que necesitaba saber era que Rose era una noble recién llegada a Samirn, nada más.

El camino hacia la fortaleza era empinado y poco a poco la infraestructura de los edificios mejoraba hasta crear verdaderos palacios. No hubiese sido demasiado creíble llegar a pie, por lo que, antes de partir rumbo a la fortaleza real, Katharina tomó prestada una carroza y le añadió algo de ornamento para parecer más apropiada.

La bruja se quedó impresionada al ver la tremenda edificación que se alzaba al cielo, como un coloso embutido en la montaña. Si no fuera por las habilidades de los criminales, infiltrarse en esa fortaleza sería una tarea completamente imposible. Tragó saliva, intentando reprimir cualquier expresión que delatase nerviosismo. Era la primera vez en mucho tiempo que participaba en una misión así, de hecho, la última vez que lo había hecho fue hacia más de 10 años. No hablaría demasiado, sino que mantendría el semblante serio todo el tiempo y actuaría como una mujer déspota e imponente.

Katharina descendió elegantemente de la carroza

—Buenas noches, ¿en qué le puedo ayudar, señorita…?

—Soy Lilian Rose y tengo asuntos pendientes con el gobernador —respondió tajantemente sin mirar al guardia que le hablaba educadamente.

—¿Asuntos con el señor Balmaceda…? Señorita Rose, disculpe mi atrevimiento, pero es demasiado tarde para que tenga una reunión…

La bruja le dirigió una gélida mirada al hombre que le hizo guardar silencio.

—Tengo una carta firmada por el mismísimo gobernador —le interrumpió, sacando un trozo de papel cualquiera de su elegante vestido negro y cogiéndolo con su enguantada mano derecha—. Puedes revisar la veracidad de este documento, pero antes te diré algo. Primero, no tienes idea de quién soy y, segundo, odio que me hagan perder el tiempo.

—Está bien —tartamudeó el soldado—, por favor, adelante. Uno de nuestros hombres le guiará hasta el despacho del gobernador.

—Este hombre conoce el lugar y me acompañará. Gracias por nada.

Katharina comenzó a caminar sin mirar hacia atrás, escuchando un claro «maldita zorra» por parte del soldado humillado.
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Mensaje por AEG93 el Dom 13 Oct 2019 - 21:29

La expresión de la bruja hacía ver que no terminaba de compartir su opinión, pero para su sorpresa no hizo el menor amago de discutir con él. Al fin y al cabo lo importante era en aquel momento cumplir la tarea para la que les habían contratado, y daba la sensación de que la pirata sí que estaba de acuerdo con él en ese punto.

No tardaron mucho en ponerse en marcha y abandonar el templo. Thawne casi se sintió aliviado, pues había algo en aquel lugar que no le terminaba de gustar. El Culto tenía algo que no transmitía buenas sensaciones, aunque era explicable teniendo en cuenta que se trataba de una antigua secta en decadencia. Vivían en el secretismo, apartados de la sociedad que les repudiaba. De hecho en ese detalle podía estar alguna de las claves de lo que ocurría. Si nadie fuera del Culto conocía la ubicación de su templo o los caminos que solían recorrer sus miembros, ¿cómo había logrado el gobierno envenenar a su líder? La opción más factible era que tuviesen un infiltrado del gobierno. Otra era que ellos mismos, o alguno de ellos en concreto, fuese quien había envenenado a su líder por algún motivo que Thawne desconocía. Desde luego si algo estaba claro era que no podía fiarse de aquellos hombres.

Una vez estuvieron solos la bruja cambió de aspecto hasta parecer una mujer de alta cuna. Mientras tanto el calvo mutó también su apariencia, pero hacia la de un hombre de mediana edad, alto y fuerte. Su pelo era castaño y corto, ligeramente despeinado, y sus ojos de un anodino color marrón. Nada en su rostro llamaba excesivamente la atención. Podía decirse que era un tipo normal, ni guapo ni feo, más allá de sus dos metros de altura y sus pronunciados músculos. Ya estaba preparado para asumir el papel de guardaespaldas.

Entrar al castillo resultó sencillo. El soldado encargado de la vigilancia de la puerta no se mostró especialmente convencido inicalmente, pero la actuación de Katharina fue impecable. Bordó el papel de mujer de alta alcurnia con carácter despótico y profundamente intolerante, convencida de que se encuentra muy por encima de todo aquel que no tenga su poder y estatus. El antiguo agente se limitó durante ese momento a mirar con gesto amenazante a aquel hombre, sin abrir la boca en ningún momento.

El Gran Salón era realmente amplio y, sobre todo, muy lujoso. Las paredes y las columnas eran de brillante mármol, y una enorme alfombra roja cubría la práctica totalidad del suelo. Una lámpara de araña de unas proporciones escandalosas iluminaba la estancia, reflejando su luz en el blanco mármol. No había mucha gente en aquellos momentos más allá de los empleados que pasaban de un lado a otro continuamente. Los dos infiltrados avanzaron a su través buscando las escaleras que les permitiesen bajar hasta los almacenes. Según el mapa debía estar justo tras el salón.

El calvo se mantuvo todo el tiempo tras Katharina, mirando a ambos lados con cierta frecuencia. Para él representar un papel era algo casi natural, pues tanto como agente como en su faceta criminal antes de descubrir su identidad al mundo todo aquello había formado parte de su día a día. Para cuando dieron con la puerta Thawne ya se había dado cuenta hacía un par de minutos de que un hombre con el pelo largo y rubio y una fina perilla no les quitaba los ojos de encima. Por lo tanto comunicó este hecho a Katharina, mencionando la posibilidad de que intentase cruzar la puerta tras ellos.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 17 Oct 2019 - 19:19

Frunció disimuladamente el ceño al enterarse de que alguien les estaba vigilando, concretamente un hombre de cabello largo y rubio. Mentalmente repasó las opciones que tenían para lidiar con ese posible problema. Deshacerse del sujeto no sería complicado, teniendo en cuenta las habilidades de los infiltrados, pero sería demasiado notorio; además, tampoco conocían sus intenciones. Por otra parte, avanzar sin tenerle en cuenta lo consideraría un error de novatos. El gran problema era que no contaban con la información suficiente para tomar una decisión. Bien, finalmente estaba la opción de distraerle, recorrer las instalaciones más o menos públicas del castillo y perderle de vista para luego bajar a los almacenes, pero algo le decía que sería una pérdida de tiempo.

 Katharina caminó sin apuro hasta la puerta que seguramente conducía a los almacenes. Pensó en quitar la manija para que el hombre que les vigilaba no pudiera seguirles, pero eso sólo llamaría más su atención.

—Limitémonos a seguir nuestro camino —mencionó a través del vínculo telepático—. Si ese hombre empieza a darnos problemas, lo quitamos de en medio.

 Esperaba que su compañero comprendiese que en una misión como esa la posibilidad de tener que quitar vidas era altísima. Si bien estaba en juego la vida del Sumo Sacerdote, no era lo que más le importaba a Katharina. Si fallaba, su reputación se vería afectada y la gente comenzaría a dudar de ella; sería un duro golpe a su orgullo.

 Tras la puerta se mostraba un pasadizo de piedra lo suficientemente ancho como para que dos personas caminasen juntas sin rozar las paredes. Luego de recorrer veinte metros, el túnel se transformó en una escalera que descendía hasta las profundidades del castillo. Había antorchas dispuestas en los muros para iluminar la enorme habitación repleta de cajas, barriles y más cajas. Cuando la bruja vio la infinidad de comida que había allí no pudo evitar imaginarse el sinfín de sabores que podría probar, pero enseguida su lado racional le impidió cometer un acto imprudente. «Estás aquí por un objetivo específico; nada de distracciones, Katharina», se dijo en su mente, aferrándose al propósito.

 Instintivamente se escondió detrás de un enorme barril al escuchar unas voces que se acercaban poco a poco. Intentó disimular lo que más pudo su respiración para no llamar la atención de los guardias que vigilaban el gran almacén. Vestían grandes armaduras y llevaban espadas a la altura de la cadera. Si bien se veían intimidantes, las expresiones de sus rostros no reflejaban más que despreocupación, como si les costase creer que podrían encontrar a alguien en ese lugar.

—Vamos bien —aseguró la bruja, usando una vez más el vínculo telepático—. La presencia de enemigos indica el camino correcto, al menos siempre es así en los libros.

 Esperó a que los guardias pasasen para salir de su escondite y tomar el camino contrario al que estos habían tomado. Se aseguró de que su compañero le siguiese de cerca y caminó lo más rápido que pudo, intentando no provocar ruido alguno. Afortunadamente, había elegido las prendas correctas para la misión; nada que fuese demasiado ostentoso ni ruidoso. El vestido de seda negro que dejaba a la vista un pronunciado escote no provocaba el más mínimo sonido al rozar con el suelo. Al cabo de unos pocos minutos, los infiltrados se encontraron frente a otra puerta que, seguramente, conducía a las mazmorras, aunque no terminaba de convencerle el hecho de que los almacenes estuviesen junto a las cárceles del castillo.

 Pensando en lo fácil que estaba resultando la misión, abrió la puerta con una sonrisa, pero enseguida su expresión de confianza se transformó a pánico. Se encontró cara a cara con un soldado que llevaba una armadura de cuero, el cual dudó unos cortísimos segundos. Ambos se miraron a los ojos, como queriendo saber quién sería el primero en atacar. Cuando la bruja notó que el hombre dirigía su mano derecha a la empuñadura de su espada, supo que tenía que actuar. Katharina le propinó un fuerte puñetazo en el plexo solar para dejarle sin respiración, y enseguida creó una daga de hielo para rajarle la garganta, aunque el soldado sacrificó su brazo izquierdo para salvar su vida.

—¡Enemi…! —intentó gritar el hombre pese a las dificultades respiratorias que tenía, pero una mano poco amistosa le tapó la boca.

 El frío comenzó a expandirse primero por los labios del soldado, sellándolos por completo, y enseguida la congelación se propagó por el resto de su cabeza hasta llegar al cerebro, causándole la muerte.

—Creo que habrá que ser más cuidadosos —mencionó mentalmente la bruja, aun sosteniendo el cuerpo helado del soldado—. ¿Dónde dejamos el cadáver?
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Mensaje por AEG93 el Dom 20 Oct 2019 - 13:47

Poco después llegar al almacén los infiltrados se vieron forzados a detenerse y aguardar unos instantes para evitar ser detectados por dos guardias. Los lúgubres pasadizos jugaban a su favor, pues debido a la escasa luz resultaba mucho más complicado reparar en la presencia de los dos extraños. Aunque había algo en todo aquello que no terminaba de gustar al calvo. Estaba resultando demasiado sencillo avanzar. Apenas se habían cruzado con dos guardias y ya habían recorrido más de medio camino.

Una vez localizada la puerta que daba acceso a las mazmorras, Katharina se dispuso a abrirlas. Y al hacerlo se encontró frente a frente con un soldado enemigo. Por suerte la bruja lo neutralizó antes de que pudiesen dar la alarma, aunque ahora tenían otro problema. No podían ir dejando un reguero de cuerpos sin vida a su paso o pronto alguien se daría cuenta de que algo iba mal. Por suerte si el antiguo mapa tenía razón la estancia contigua podía darles la solución en aquel caso concreto:

- La puerta anterior era una "nevera", un almacén de alimentos a muy baja temperatura para favorecer su conservación. Podríamos dejarle allí ya que, aparentemente, ha muerto por congelación.

Con cuidado y en silencio para evitar atraer a personas no deseadas hacia su posición, Thawne se echó a la espalda el frío cadáver y recorrió los siete metros que separaban el lugar donde se encontraban de la nevera. Abrió la puerta con cuidado y, dándose cuenta de que evidentemente aquello era un almacén helado, dejó allí al malogrado soldado. Acto seguido retornó hasta la puerta que daba acceso teóricamente a las mazmorras, donde la bruja le aguardaba.

- Sigamos, no podemos perder más tiempo.

El descenso por la larga y estrecha escalera transcurrió sin incidencias, pero al llegar al piso inferior una cosa resultó evidente para el antiguo agente: no se encontraban en donde se suponía que debían de estar. En lugar de hallarse en las mazmorras se encontraban en lo que parecía una enorme sala de entrenamiento. Multitud de soldados, con total seguridad más de cincuenta, se afanaban en mejorar sus habilidades de combate. No parecían haber reparado en ellos, aunque siendo tantos era cuestión de tiempo que alguno lo hiciera.

- Bueno, bueno. Si parece que nuestras dos ratas han llegado a la ratonera... - Una voz a su espalda le hizo volverse, pudiendo comprobar que se trataba ni más ni menos que del hombre de cabello largo y rubio que les había estado siguiendo desde el principio. - Debéis pertenecer al Culto, ¿verdad? Imaginaba que tratarían de enviar a alguien a conseguir una dosis del manantial. Por desgracia para vosotros cuando el actual gobierno se hizo cargo del país decidió trasladar las mazmorras que seguramente esperabais encontrar y montar aquí un centro de entrenamiento. De ese modo quien quisiera acceder sin permiso a las poderosas aguas que descansan aquí debajo sería indudablemente descubierto. Y henos aquí, vosotros atrapados y nosotros a punto de daros caza como las vulgares ratas que sois.

Los ojos de Thawne brillaban con rabia... ¿habían sido engañados? De cualquier forma era tarde para lamentarse, la situación no tenía vuelta atrás e iban a tener que hacer frente a un auténtico ejército si querían salir de allí con vida. Sus facciones comenzaron a cambiar mientras su estatura aumentaba y brotaba un corto pero tupido pelaje gris por todo su cuerpo, preparándose para la batalla.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 21 Oct 2019 - 20:19

Era norma general que los planes jamás resultasen como se pensaban, y la situación en la que la bruja se encontraba lo corroboraba. Habían hecho un impecable trabajo hasta ahora, escondiéndose de los guardias y callando silenciosamente a los que habían visto algo. Su compañero había estudiado el mapa y había trazado la ruta más pertinente para llegar al manantial, sin embargo, no debieron haberse fiado de un trozo de papel antiguo y desactualizado. Ahora estaban inmersos en una posición compleja y cuanto menos peligrosa, aunque, incluso en un momento así, Katharina se percató del detalle que hubo en las palabras del hombre que les había estado siguiendo. Si bien el acosador los había confundido con gente del Culto, sí que sabía que iban por las aguas milagrosas del manantial, lo que quería decir que conocía la situación del Sumo Sacerdote. No obstante, ¿cómo podía saberlo? ¿Acaso…?

La bruja, sin abandonar el aspecto que había escogido para la misión de infiltración, frunció el ceño y miró al montón de hombres que desenfundaban sus armas y alzaban sus escudos. Tenía el presentimiento —y pruebas intelectuales— de que fueron conducidos a una trampa por parte de uno de los miembros del Culto; ¿Loseta, tal vez? Sin embargo, ahora poco y nada importaba, pues los soldados estaban preparados para atacar. Estos tenían una coraza de hierro que reproducía la forma de los músculos del torso, grebas para la protección de las tibias, un casco con protección para las mejillas y un escudo de forma circular de un metro de diámetro, además de capas escarlatas. En sus cinturas colgaban espadas cortas, mientras que sus manos sostenían lanzas de casi tres metros de largo.

Los soldados se dividieron en dos grandes grupos, formando una especie de cúpula protegida por un férreo muro de escudos, colocando las lanzas cual fuera un puercoespín gigante. Katharina frunció el ceño y estudió rápidamente los movimientos de los guardias, intentando encontrar algún patrón para usar a su favor, pero no encontró nada. Sin embargo…

—Tengo una idea—dijo la bruja a través del vínculo telepático que compartía con su compañero, agradeciéndolo más que nunca—. Los soldados confían en sus armaduras y escudos, seguramente creen que nada puede atravesar esa estratégica formación, pero ahí está su principal debilidad; bueno, la de cualquier soldado con armadura. —Katharina soltó una sonrisa de confianza, pensando que había una posibilidad de obtener la victoria—. Las armaduras están hechas de metal, y adivina qué: este conduce la electricidad. Sin embargo, hay dos problemas: habrá una sola oportunidad y necesito que todos estén lo más juntos posible.

»Atacaremos sin cuartel desde los flancos para juntarlos y así poder disparar —continuó hablando—. Si nos lanzamos sin usar la cabeza, perderemos. Por el momento, nos ocuparemos de los soldados y luego del cabecilla. ¿Y bien? ¿Qué dices?

Si su compañero le daba el visto bueno al plan que recién había pensado, empezaría a actuar.

Transformó el pendiente en una fina y ornamentada katana, ocultando la verdadera forma de la Hoja de Argoria. Los soldados, al ver que un arma había aparecido aparentemente de la nada, intercambiaron miradas de confusión, mas no dudaron. Katharina corrió a toda velocidad hacia el flanco derecho y desde allí lanzó una onda cortante, tensando los músculos de su espalda y haciendo uso de la cadera para darle más fuerza. La bruja creía que eso bastaría para hacer retroceder unos cuantos metros a los guardias, pero estaba equivocada. Los soldados resistieron uniformemente la onda cortante sin siquiera inmutarse, demostrando la fuerza que habían obtenido tras entrenar todos los días durante años. Eran la principal fuerza militar del gobierno de Samirn y no dejarían que unos intrusos se adueñasen de lo que protegían.

La chica chasqueó la lengua y frunció el ceño, dándose cuenta de que su plan no sería tan fácil de llevar a cabo. Necesitaba que todos los soldados, o la gran mayoría, estuvieran cerca los unos de los otros para acabar de un solo disparo con ellos. Debía esperar una considerable cantidad de tiempo para volver a usar la habilidad de su arma, Descarga del Dragón Blanco. No obstante, no pudo evitar sentir un dejo de alegría al saber que tenía un verdadero desafío en frente, después de todo, estaba en el Nuevo Mundo.
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Mensaje por AEG93 el Mar 22 Oct 2019 - 20:15

El plan propuesto por Katharina no era descabellado, y de hecho si la bruja disponía de una técnica basada en electricidad lo suficientemente poderosa podía suponer un factor decisivo en aquel momento, rodeados como se hallaban. Los soldados les apuntaban ya con sus lanzas mientras el tipo del pelo rubio les miraba fijamente entre divertido y desafiante. El calvo decidió optar por el plan con mayor probabilidad de éxito, que en aquel momento era sin duda el elaborado por la bruja. Así que se dirigió como una exhalación al flanco opuesto al que ocupaba esta y comenzó su ofensiva.

No obstante aquellos soldados parecían realmente bien entrenados, y no solo en el combate individual, sino que aprovechaban su superioridad numérica de forma realmente inteligente y efectiva. Siempre que alguno atacaba otro (u otros dos) aparecían para cubrir los posibles huecos que pudiese dejar en su defensa, y cuando alguno bloqueaba un ataque varios más aprovechaban para contraatacar. Ni siquiera sus afiladas garras estaban logrando hacer mella en ellos, pues se protegían mutuamente. Además sus veloces y perfectamente coordinados contraataques grupales pronto le granjearon varias heridas que, si bien no revestían gravedad, eran molestas e implicaban una pérdida de sangre que, de mantenerse mucho en el tiempo, podría hacer mella en sus fuerzas. Y, dado que se encontraba en los sótanos de un enorme castillo, no podía utilizar su arma más poderosa. Sus Rankyakus podían perfectamente hacer colapsar la estructura del edificio, enterrándoles a todos en una montaña de escombros de forma que seguramente nadie que estuviese en el interior del castillo sobreviviría.

Tenía que aumentar el poder destructor de sus golpes. Y solo se le ocurría una forma de hacerlo que no supusiera un gasto de energía excesivo en aquellos momentos. Así que, centrándose en no soltar la energía generada sino mantenerla en torno a él, movió ambos brazos a una velocidad vertiginosa para después frenarlos bruscamente. Un filo de energía apareció en cada uno de ellos, permitiéndole usar todo el poder de sus Rankyakus en el cuerpo a cuerpo y sin riesgo de destruir la fortaleza al completo.

El calvo retomó entonces la ofensiva con mayor ímpetu aún, atravesando en esta ocasión las defensas de cuantos adversarios intentaron bloquear sus ataques y causando rápidamente ocho bajas en las filas enemigas. No obstante en cuanto los soldados se dieron cuenta de su tremendo poder ofensivo variaron su estrategia y se decantaron por jugar una especie de "tira y afloja" en el que medían muy bien las distancias, atacando y retrocediendo, esquivando y protegiéndose mutuamente siempre en el momento oportuno de forma que el antiguo agente no fuese capaz de alcanzar a quienes pretendía golpear.

Continuó atacando desde el flanco, buscando que sus oponentes se juntaran entre sí para hacer más efectivo el futuro ataque de Katharina. Sin embargo su empuje parecía no ser suficiente, pues los disciplinados y coordinados soldados bailaban a su alrededor, atacando, retrocediendo y esquivando. Parecía que aquella misión iba a ser más difícil de lo esperado.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 23 Oct 2019 - 19:40

La coordinación de los soldados era más que envidiable, perfecta. Cada vez que la espadachina se abalanzaba para atacar, los hombres se protegían los unos a los otros, alzando sus pesados escudos y reduciendo por completo el daño. Entonces, contraatacaban. Rompían momentáneamente el impenetrable muro de escudos para empuñar con firmeza sus lanzas, lanzando precisas estocadas. Los reflejos sobrehumanos y el mantra de Katharina le permitían reaccionar a tiempo, pero eran tantos ataques simultáneos que era imposible estar atenta a todos ellos, recibiendo cortes superficiales que, si bien estaban lejos de ser mortales, pronto comenzarían a molestar.

La bruja se quitó la sangre que le manaba desde una herida en la mejilla, frunciendo el ceño y mirando a sus oponentes. «Vamos, piensa en algo», se dijo en sus pensamientos, intentando buscar algún patrón del que aprovecharse, alguna debilidad la cual explotar para finalizar el encuentro lo más pronto posible. Observando, se dio cuenta de que no lograría llevar a cabo su plan usando la fuerza bruta. No, ese jamás había sido su estilo. Antaño, Katharina era muy débil físicamente y siempre había usado su cabeza para voltear las situaciones a su favor, pero ¿cómo podría vencer a ese monstruo formado por decenas de soldados entrenados que actuaban como uno solo?

Cortó sin problemas la lanza que buscaba atravesarle el pecho y enseguida dio un salto hacia la derecha para esquivar otra estocada. Cogió con la mano izquierda el arma de uno de los soldados y la rompió con algo de esfuerzo. La espadachina soltó una onda cortante, pero los hombres de Samirn rápidamente formaron el muro de escudos y se protegieron sin dificultades. Entonces, volvieron a atacar. Katharina parecía que bailaba en el campo de batalla, esquivando y desviando ataques, uno tras otro. Y estaba demasiado ocupada con los soldados como para darse cuenta de la jabalina que surcaba el aire a toda velocidad, buscando su corazón. «¡Olvidé al comandante!», pensó fugazmente al ver el enorme proyectil. Creó un escudo de hielo para detener la jabalina, pero esta impactó con tal fuerza que lo rompió con facilidad, atravesando el cuerpo de Katharina.

La chica reprimió un grito de dolor únicamente por orgullo y se echó hacia atrás, aumentando la distancia entre los soldados y ella. Se retiró con brutalidad la lanza que le había atravesado el estómago, y volteó la mirada hacia el comandante, dedicándole una mirada fría, carente de humanidad. Si no hubiera volteado en el último segundo, el proyectil le habría quitado instantáneamente la vida. Antes de que los soldados volvieran a atacar, susurró para sí misma el nombre de uno de los tantos hechizos que conocía. Un círculo mágico apareció encima de ella, llamando la atención de los soldados, y enseguida una luz dorada rodeó su cuerpo. Las heridas poco a poco fueron cerrándose, aliviando el dolor.

Sabía que tenía que hacer retroceder al grupo militar, paralizarlos de alguna forma para asegurar un disparo único y fulminante, uno que sentenciaría el combate. Repasó la lista de sus habilidades, pensando en cada opción posible. Si bien podría controlar el viento para crear un poderoso vendaval y hacer retroceder a sus oponentes, esto colapsaría la habitación. Por otra parte, ni el fuego ni el hielo cumplirían su objetivo. «Sí, debo intentarlo…», se dijo a sí misma en sus pensamientos.

La fortaleza de Samirn se ubicaba en la gran montaña de la isla, y el suelo de esa habitación era de roca pura. La magia de Katharina no sólo le permitía controlar este elemento, sino que, con mucha concentración y usando sus habilidades de transmutación, podría crear una especie de “trampa de arena”. Seguramente, los soldados se esperaban ataques desde todos los flancos, pero jamás imaginarían que algo les atacaría desde abajo. Entonces, sin perder más tiempo, la chica dejó caer el arma y colocó ambas palmas en el suelo. Cerró los ojos para concentrarse por completo, perdiendo el dominio sobre su aura congelante. De alguna forma, daba la impresión de que se estaba rindiendo, pero no era el caso. Alguien como ella jamás se rendiría.

Hacía años había aprendido a sintonizar su magia con los elementos de la naturaleza, y era justamente lo que estaba buscando. Poco a poco comenzó a sentir la tierra como una extensión más de su cuerpo, separando los granos de roca y volviéndolos cada vez más finos. Entonces, una fuerte sensación recorrió cada poro del cuerpo de Katharina, habiendo encontrado el punto exacto, la frecuencia perfecta. Y luego de unos segundos el suelo pasó de ser roca a arena, provocando que los hombres, causa de su excesivo peso, comenzaran a hundirse. Confusos, se miraron los unos a los otros e intentaron salir de la trampa hecha por la bruja, pero mientras más luchaban más rápido caían. Finalmente, la chica congeló la arena para evitar que estos se escaparan.

—Como ratas a la ratonera, ¿eh? —dijo, mirando enojada al comandante que no terminaba de creer lo que había pasado.

La bruja sabía que era una medida temporal y que en cualquier momento podrían escapar, pero al menos había frenado sus movimientos y era cuestión de tiempo para que su compañero terminase con los preparativos para ejecutar su plan y acabar de una vez.
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Mensaje por AEG93 el Dom 3 Nov 2019 - 17:00

Katharina, durante la batalla, fue herida por un proyectil lanzado por el hombre de la melena rubia. No obstante se las ingenió para llevar a cabo un peculiar truco que inmovilizó a la gran mayoría de oponente al menos temporalmente. Y a punto estuvo de hacerlo también con él de no ser porque en cuanto las rocas que formaban el suelo sobre el que pisaba comenzaron a volverse arena se impulsó en el aire, evitando así quedar atrapado.

Desde aquella posición gozaba ahora de cierta ventaja, otorgada por la altura, con respecto a los soldados que habían escapado de la trampa de la bruja. Así que, desplazándose velozmente a través del aire, se dedicó a disparar sus Shigan y a dejarse caer sobre ellos con sus improvisadas cuchillas de energía. Sorprendidos como estaban por la proeza mágica de Katharina y viéndose atacados desde arriba a una velocidad tan elevada los guerreros poco pudieron hacer por evitar ser alcanzados. Así, una vez neutralizados los escasos siete individuos más alejados tan solo quedaban allí los hombres atrapados en el hielo. Hielo que, para más inri, ayudaría a propagar la electricidad que la bruja planeaba utilizar. Solo había un escollo para la liberación de dicho poder: el rubio. De nuevo acechaba a Katharina esperando encontrarla desprevenida por segunda vez para en esta ocasión rematarla.

- Yo entretengo al rubio, tu usa la técnica que mencionaste antes. Ahora todos los soldados restantes están razonablemente juntos entre sí, así que supongo que no tendrás problema, ¿no?

Y dicho esto se lanzó tan rápido como fue capaz contra el hombre de las jabalinas. Este lanzó una de ellas en un intento de ralentizar su avance, pero el antiguo agente cubrió su brazo izquierdo y, con él, la cuchilla que de él brotaba en una brillante armadura negra y detuvo sin problemas el peligroso proyectil. Para cuando hubo alcanzado a su enemigo este había desenvainado dos espadas gemelas, y pronto el combate entre ambos dio comienzo. Una y otra vez chocaban, filo contra filo, incapaces de atravesar cada uno las defensas del otro. Gotas de sudor caían profusamente, resbalando por la frente de Thawne mientras este se esforzaba por mantenerse a la altura de su oponente. Atacando y bloqueando, una y otra vez, tan atento a su tarea que no era capaz de darse cuenta de si Katharina estaba o no teniendo éxito en su plan.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Vie 8 Nov 2019 - 21:30

Si su compañero no hubiera detenido al comandante, no habría tenido tiempo de ejecutar por completo su plan. Los soldados, o la mayoría de ellos, estaban apresados en la trampa de hielo y arena que, desafortunadamente, consumió más energía de lo esperado. Sin embargo, era un pequeño precio a pagar para deshacerse de 50 hombres de una sola vez. Los soldados luchaban por salir, algunos golpeaban con sus armas el duro hielo que amenazaba con darles una muerte por congelamiento; otros, se habían rendido. La fuerza de su escuadrón radicaba en la coordinación y en el trabajo en equipo, algo que habían perdido cuando Katharina los atrapó en su trampa. Y con ello, sus destinos quedaron expuestos a un final inminente.

 La espada de la bruja comenzó a despedir chispas eléctricas de un intenso color azul, mientras consolidaba la postura perfecta para no sufrir todo el efecto del retroceso. Flexionó ligeramente las piernas y cogió con ambas manos la espada, sujetándola con fuerza y con la punta de esta apuntando hacia los militares. El disparo hizo retroceder a Katharina varios metros, apenas soportando la potencia de este. Un dragón blanco de llamas y electricidad emergió de la punta de la espada, devorando todo a su paso sin discriminación alguna. Los soldados fueron carbonizados por completo y electrocutados hasta morir, y aquellos que intentaron protegerse con los escudos tampoco tuvieron demasiada suerte. Aunque pudieran soportar el calor de las llamas, la electricidad se propagaría por el metal y haría un cortocircuito en su organismo. Desde el momento en que decidieron enfrentar a esos “invasores” sentenciaron sus vidas.

 La bestia de pura energía destructiva golpeó con furia la pared, dejando un gran agujero que, gracias a la eficiente arquitectura del bastión, no provocó el colapso de este. No obstante, polvo y pequeñas piedrecillas cayeron del techo. Y lo que más sorprendió a Katharina fue que unos pocos hombres consiguieron sobrevivir. Los mismos que habían escapado de la trampa de arena miraban enfurecidos a la bruja, a la mujer que había asesinado sin reparo alguno a sus compañeros.

—Aún quedan unas cuantas ratas —le mencionó a su compañero mediante el vínculo telepático—, pero no significarán un problema.

 El combate no tardó en reanudarse y, pese a que la mayoría del escuadrón fue diezmado en un solo movimiento, la moral de los hombres siguió intacta. Es más, ahora tenían un motivo personal por el que luchar. Los siete hombres restantes atacaron como bestias salvajes a Katharina, lanzando estocadas y cortes por doquier, buscando los flancos de la asesina e impidiendo que se recuperara tras semejante ataque. Lo que no sabían era que ese formidable disparo provino de la fuerza de su espada, y no de sus habilidades mágicas. Las armas chocaron incontables veces, y mientras la bruja se protegía de los ataques de uno, otro buscaba golpearle por la espalda. A pesar de tener capacidades físicas que superaban las de cualquier hombre, le era imposible esquivar todos los ataques.

 Una espada rozó su muslo izquierdo, dejándole un corte superficial. Tuvo que sacrificar su mano derecha para evitar que una lanza le atravesara el pecho, momento que aprovechó para decapitar al soldado. Un bloque de hielo le protegió de los disparos provenientes desde atrás. Volteó vertiginosamente y atacó sin cuartel. El acero de su espada cortó sin cuidado el brazo de uno de los hombres y no tardó en atravesar su corazón. Dos soldados buscaron consolidar su venganza, realizando un ataque en conjunto, pero igual de lastimoso que todos los anteriores. La espada de uno de ellos cortó el estómago de Katharina; la otra, se deslizó brutalmente por su brazo, provocando un corte de medio centímetro.

 La espadachina pateó el pecho de uno de los soldados para alejarlo y centrarse en el que venía por la derecha, apuñalándole y quitándole la vida en el acto. Giró como si el campo de combate no fuese más que un salón de baile, danzando al ritmo del vals de la muerte. La espada de Katharina se encontró con la tierna carne de otro de los hombres, formando un corte diagonal desde el hombro hasta la cadera. Y en pocos minutos quedaba sólo un hombre, quien, a pesar de querer vengarse, sabía que no podría lograrlo. La muerte había venido tras ellos en el cuerpo de una chica de cabellos negros y expresión vacía, sin ningún ápice de humanidad en sus ojos. Y quedó demostrado cuando, a pesar de que su oponente dejó caer sus armas en señal de rendición, cortó su garganta sin pensárselo dos veces.

—Los muertos no traen problemas —susurró mientras la sangre aún caliente se deslizaba por el acero de su arma.

 Estuvo tan ocupada en su propia pelea que no tuvo tiempo de fijarse en cómo lo llevaba su compañero. Sin embargo, conociendo sus habilidades dudaba de que estuviera en problemas siquiera.

Habilidad emplead:
Descarga del Dragón Blanco: Sacrificando algunos nanobots, el arma puede sobrecargarse de electricidad que no afectará al portador. Esta sobrecarga permite que se realice un único y poderoso disparo que alcanza temperaturas de hasta 850°C, lo suficiente para fundir cualquier roca, y tanta electricidad como para alimentar un casino de las vegas durante todo un mes. Como consecuencia del sacrificio de estos pequeños cuerpos robóticos, el tiempo de espera de la habilidad anterior aumenta en un turno por cada vez que se usa esta habilidad hasta un máximo de tres disparos, tras lo cual no se puede usar ninguna habilidad del arma. Este disparo tiene un radio de 15 metros y un alcance de 85 metros, además la energía descarga simula la apariencia de un dragón blanco envuelto en llamas y electricidad. Para volver a usarse esta técnica, debe esperarse 5 turnos en los que los nanobots se generan a sí mismos.
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Mensaje por AEG93 el Jue 12 Dic 2019 - 17:27

Thawne apenas fue consciente de la aparición de un fugaz destello en las cercanías, seguido de un gran estruendo. Ni siquiera tuvo tiempo, tal era la concentración que de él requería su duelo con el rubio, de pararse a pensar en que la bruja estaba causando un alboroto de tal magnitud que probablemente la mitad de los habitantes del castillo se habrían dado cuenta de que algo estaba ocurriendo. La exigencia a la que su oponente le estaba sometiendo era tan elevada que toda su concentración estaba focalizada en él.

Continuamente las espadas del soldado chocaban contra los filos que brotaban de los antebrazos del antiguo agente, sin que ninguno de los dos lograse, aparentemente, superioridad sobre el otro. Ambos contendientes se desplazaban por la estancia a gran velocidad, atacando, bloqueando y esquivando una y otra vez. Hasta que, finalmente, el calvo vio una apertura en la defensa de su rival, que parecía haber descuidado ligeramente su costado derecho. La distancia entre ambos requería que se lanzase a fondo contra él, lo cual era arriesgado, pero tal vez aquella sería su única opción para pillar desprevenido al hábil guerrero, así que lo hizo. Cargando todo su peso, se abalanzó sobre él dispuesto a rajarle el costado por completo solo para darse cuenta de que había caído en una trampa.

Su adversario giró sobre sí mismo de modo que la acometida de Thawne no fue capaz ni de rozarle, y con un veloz movimiento conectó una estocada en el abdomen del criminal. Este ahogó un grito, sorprendido, al comprender que el aparente descuido que había percibido no era tal, sino que había estado perfectamente calculado para incitarle a lanzarse con todo a por él. Y él, que tanto se vanagloriaba de su habilidad estratégica sin par, había mordido el anzuelo. ¿Cómo había podido ser tan idiota?

La sangre manaba roja por la herida abierta. Thawne, esforzándose por mantenerse en pie, trataba de pensar en una manera de sobrevivir a aquella situación. Sentía el frío acero clavándose en su interior, provocándole un dolor que habría sido suficiente para dejar inconsciente a una persona normal.

No le quedaba otra opción... Lo que planeaba hacer le repugnaba profundamente, pero era incapaz de dar con una alternativa que le permitiese salir con vida de allí. Así que poco a poco su cuerpo comenzó a crecer y a cambiar, cubriéndose de un espeso pelaje gris. La hoja se clavó aún más en sus entrañas mientras el felino tiraba de su oponente hacia sí, y el dolor aumento hasta tal punto que incluso él mismo creyó por un momento que no lo lograría. Hasta que sus colmillos se cerraron sobre el hombro de su rival, arrancando un trozo de carne.

El hombre chillaba de dolor mientras el tigre demoniaco masticaba y tragaba. Tuvo que reprimir las intensas náuseas que sentía al hacer aquello, ya que no le quedaba más remedio en aquel instante. Su propia supervivencia estaba en juego, y nada era tan importante como eso. Pronto empezó a sentir cómo la carne humana fortalecía su cuerpo. Dejando fluir el poder de su energía curativa, fortalecida por el asqueroso alimento ingerido, Thawne comenzó a sanar su gravísima herida al tiempo que retomaba el ataque.

Sus capacidades físicas, ahora redobladas, le otorgaban ventaja sobre su rival, que pasó a tener bastante con frenar las acometidas del poderoso felino. Durante unos minutos más fue capaz de mantener el paso, pero finalmente el calvo se abrió paso entre su defensa y, con un poderoso tajo de su Kenkyaku izquierdo, segó su cabeza.

Cansado, el antiguo agente del Gobierno se volvió hacia su compañera. ¿Habría sido capaz de deshacerse del resto de los enemigos sola? No le cabía duda de que poseía la capacidad, pero ¿sería aquello suficiente?

Cosas:
Último asalto de Kenkyaku.

Forma Completa.

Nombre de la técnica: Cannibal Demon
Naturaleza de la técnica: Mejora de Akuma
Descripción de la técnica: Los Rákshasa son demonios conocidos por atormentar a los vivos y los muertos, así como alimentarse de carne humana. Los beneficios que esta les otorga son cuantiosos. Así, siempre que Thawne se alimente de un humano o una especie similar (sirve cualquier raza elegible para rolear), su Fuerza, Resistencia y Velocidad se duplicarán durante dos asaltos. Durante este tiempo, también su capacidad regenerativa se duplicará. Solo tiene efecto una vez por rol (Thawne, al menos por ahora, no hará esto salvo que se trate de una situación realmente desesperada, ya que le asquea profundamente la idea de alimentarse de otros seres humanos).

Nivel 90: Ahora Thawne puede regenerar por completo cualquier herida, reduciendo en un grado su gravedad cada asalto. Podría regenerar una extremidad perdida en una semana.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Vie 13 Dic 2019 - 17:08

La batalla no fue sencilla y la adrenalina empezaba a desaparecer de su organismo, dándole paso al dolor. El principal hechizo de sanación que conocía tenía un límite, y es que no podía emplearlo cada vez que quisiera, de hecho, podría usarlo solo una vez más. No podía hacer una evaluación precisa acerca del estado en el que estaba, pues sus conocimientos médicos eran equivalentes a su habilidad culinaria, pero confiaba en que su cuerpo resistiría. El único corte que le preocupaba era el que tenía en el estómago y, si bien este no era demasiado profundo ni sangraba excesivamente, un futuro combate podría agravar su condición.

A pesar de que el combata había terminado, la misión seguía en pie y debían obtener una dosis del manantial. Además, aún había una cuestión importante que rondaba en la cabeza de Katharina. ¿Cómo es que el gobierno de Samirn estaba al tanto del estado del Sumo Sacerdote? Bueno, la respuesta más factible era que había un infiltrado en las filas del Culto. En principio no pareciera que esto le afectase directamente, pero el hecho de que hubiera un enorme pelotón apostado a pocas habitaciones de la fuente decía lo contrario. Alguien había informado al gobierno de la isla que el Culto había enviado gente a por las aguas, estaban al tanto de los movimientos de la orden religiosa y todo apuntaba a que los problemas seguirían llegando.

—El efecto sorpresa se nos ha ido a la mierda —comentó la bruja sin usar el vínculo telepático; quería escuchar su propia voz—. Bueno, en realidad nunca lo tuvimos. Creo que alguien estuvo informando al gobierno de Samirn de todo lo que hemos planeado. Estoy segura de que más adelante enfrentaremos desafíos mucho más… duros.

Esperaría la respuesta de su compañero, si es que la había, y luego retomaría el avance.

Del otro lado de la habitación había una puerta de metal en no muy buen estado, la cual chirrió endemoniadamente al ser abierta. La bruja descendió unas escaleras de piedra pobremente iluminadas con solo unas pocas antorchas. Se podía sentir la humedad en el ambiente, y también una suave brisa subterránea al golpear el rostro y mecer los cabellos. Hubiese resbalado al pisar un peldaño lleno de musgo de no ser por su impecable agilidad; para cualquier otro hombre esto habría significado un buen golpe. De alguna manera, el túnel parecía descender hasta las entrañas de una bestia en letargo, una que en cualquier momento despertaría para deshacerse de los invasores.

El equipo terminó llegando a un cuarto rectangular y hecho completamente de piedra, unas cuantas plantas salvajes crecían entre las paredes, infiltrándose entre las grietas de estas. Ya desde ese lugar podía oírse el fluir de las aguas, lo que le hizo pensar que estaba cerca del manantial. En la habitación había unas cuantas antorchas y unas estatuas de piedra que simulaban hombres gigantes y fornidos. Además, en el centro de esta podía verse lo que parecía ser una especie de rompecabezas puesto en el suelo compuesto por baldosas independientes. En el extremo derecho inferior, y sobre una de estas, había un cuenco de metal bastante grande que desprendía una peligrosa llama. El fuego saltaba hacia el contenedor de la derecha y este, a su vez, hacia el de arriba. Parecían seguir un patrón que la bruja aún no conseguía reconocer, y el hecho de que faltase una baldosa, dejando un espacio completamente en negro, hacía las cosas mucho más… interesantes.

Al otro extremo de la habitación se veía una enorme puerta de cinco metros de alto y tres de ancho. Sin consultarle nada a su compañero, la bruja atravesó la estancia e intentó abrir el portal, pero esta no cedió en lo absoluto. Frunció el ceño y lo intentó una vez más con todas sus fuerzas, pero no sucedió nada.

—Algo me dice que tendremos que resolver este rompecabezas para poder seguir avanzando.

Se fijó que en el extremo superior izquierdo había un cuenco más grande que todos los demás, por lo que supuso que, de alguna u otra forma, debían conducir la llama hasta este para activar el mecanismo que abriese la puerta. La pregunta era cómo. Le dio una vuelta al rompecabezas, que era de por lo menos unos veinte metros cuadrados, y entonces se dio cuenta de que podía mover una de las baldosas de acuerdo al espacio vacío. Al hacerlo, se escuchó un rugido de ultratumba, como si algo hubiese despertado. Y es que las seis estatuas de piedra, de tres metros de alto, comenzaron a moverse.
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Mensaje por AEG93 el Miér 18 Dic 2019 - 18:13

El cansancio del brutal combate hacía mella en el cuerpo del antiguo agente, que decidió mantenerse en forma completa dado que en aquellos instantes dependía de que sus capacidades curativas sanasen la tremenda herida causada por su maltrecho oponente. Con la imponente figura de un musculoso felino que sobrepasaba ampliamente los dos metros avanzó junto a su compañera. Esta hizo un comentario que, a aquellas alturas, resultaba casi una obviedad.

- Así es, pero salvo que dicho informante trate de impedir que cumplamos con nuestra misión no nos incumbe. Recuerda quiénes son los miembros del Culto y las cosas que hicieron en el pasado, como tú misma dijiste. No les debemos nada, y una vez les entreguemos el agua y recibamos nuestra recompensa sus disputas con el gobierno local no podrán importarnos menos. O al menos a mí no me interesarán lo más mínimo, y sinceramente creo que a ti tampoco. ¿Me equivoco?

Una escalera llena de resbaladizo musgo descendía más aún, lo que hacía pensar que ya estaban muy cerca. Por suerte las dos personas designadas para aquella misión eran sobrehumanamente ágiles pues, de lo contrario, el riesgo de perder el equilibrio y acabar perdiendo la vida en aquellos escalones era realmente elevado. No obstante tanto Thawne como Katharina descendieron sin muchos problemas gracias a sus capacidades físicas.

La sala a la que llegaron, tras la que ya se podía escuchar el sutil sonido del agua en movimiento que indicaba la cercanía del manantial, era ciertamente particular. Unas cuantas baldosas, cada una con un pequeño cuenco  en su centro rodeado por un círculo y lo que parecía una flecha que apuntaba en cada caso en una dirección diferente, poblaban su centro. Una llama descansaba en la esquina derecha del lado más próximo a su posición, y había otros dos detalles que llamaban especialmente la atención. El primero, que en la esquina radicalmente opuesta, es decir la izquierda del lado contrario, el cuenco era notoriamente más grande que en las demás baldosas. El segundo era la existencia de un hueco del tamaño de una baldosa en la parte central, como si faltase una.

- Así es, me parece que no tenemos otra alternativa que resolverlo. - Contestó el felino tras el infructuoso intento de la bruja por abrir la puerta que daba acceso casi con total seguridad al manantial. Y la idea básica de aquel puzzle parecía sencilla, aunque probablemente su ejecución no lo resultase tanto. - Parece obvio que esa llama se mueve en la dirección que indica la flecha de la baldosa en la que se encuentre, así como que debemos hacer que llegue hasta la esquina opuesta de donde se encontraba inicialmente. Ahora sí, no creo que resulte tan sencillo averiguar la manera de conseguirlo, pero lo acabaremos logrando.

En ese instante un ruido nació aparentemente de las paredes de la habitación, y las seis estatuas de los soldados de piedra que las adornaban tomaron vida y comenzaron a avanzar hacia ellos. Aquello supuso un déjà vu, pues por un breve momento el calvo se encontró en Gray Rock, peleando nuevamente contra el revolucionario Osuka. En aquel momento le dio rabia que la orden de retirada le impidiese matarle, pero ahora casi lo agradecía. Alguien con su poder en las filas de la Revolución podría llegar a ser un valioso aliado cuando su plan final diese comienzo si era capaz de ver más allá de sus múltiples diferencias y se decidía a luchar por un objetivo común más importante.

Thawne era consciente de que, aunque había sido herido de gravedad en el anterior combate, sus habilidades curativas habían reducido notablemente ya el peligro y podía sostener una nueva batalla mientras esta no fuese tan extrema como la previa. No obstante ese no era el caso de la bruja. Aunque también poseía habilidades curativas saltaba a la vista que no eran ni  mucho menos tan efectivas como las proporcionadas por su akuma, y se encontraba aún ciertamente maltrecha. Así que no quedaba otra opción:

- Ocúpate de resolver el puzzle, yo me encargaré de evitar que esas estatuas de piedra lleguen hasta ti. - Dijo a su compañera.

Dicho esto el Rákshasa se abalanzó sobre uno de los grises guerreros, el cual se movió mucho más rápido de lo que el antiguo agente esperaba y detuvo su puño envuelto en la brillante armadura negra de su voluntad como si se tratase de la mano de un niño.

- Mierda, estas estatuas son mucho más duras de lo que parecen. - Pensó para si mismo el calvo. No estaba seguro de poder enfrentarse a seis enemigos así en las condiciones en las que se encontraba, pero tampoco tenía otra elección. No tenían escapatoria y, si querían no solo cumplir su cometido sino simplemente sobrevivir, debían llegar hasta el manantial.

El antiguo agente decidió entonces concentrar sus esfuerzos en mantener a las estatuas lejos de Katharina mientras esta terminaba de desentrañar los misterios del puzzle. Para ello comenzó a utilizar el Soru para desplazarse con velocidad entre ellas y golpear velozmente para después alejarse antes de que pudiesen contraatacar. No obstante su táctica no resultó del todo efectiva y apenas logró ralentizar ligeramente a los soldados, sin conseguir dañar lo más mínimo sus pétreos cuerpos.

Los seis guerreros comenzaban a converger peligrosamente cerca de los dos infiltrados, y el felino trataba aún con mayor ahínco de enlentecer su progresión al máximo posible. Sin embargo en una de sus veloces acometidas la estatua situada al lado de su objetivo se desplazó lateralmente y, sin que pudiese hacer nada por evitarlo, le golpeó en las costillas con fuerza.

Thawne sintió como dos de sus costillas derechas se quebraban ante la fuerza del pétreo puño mientras salía despedido. Aterrizó girando con dificultad sobre sí mismo en una dolorosa voltereta que, sin embargo, logró amortiguar la caída. Definitivamente aquello le superaba, al menos en las condiciones en las que estaba. No tenía elección. Tendría que recurrir a la solución más desesperada. Algo que solo una vez había hecho, en una situación tanto o más extrema que aquella. La única vez que había estado al borde de la muerte: frente a Rodney G Mort, el asesino de su padre, quien había sido el objetivo de todo cuanto había hecho durante más de un lustro hasta hacía poco menos de un año.

Dejó de poner ataduras a la energía del Rákshasa, que inundó su cuerpo por completo, haciéndolo crecer aún más hasta los ocho metros de altura. Múltiples brazos y cabezas crecieron mientras su piel perdía el pelaje gris y los rasgos de sus múltiples caras se humanizaban. La increíble energía sanadora de aquella forma le invadió, restaurando todas y cada una de sus heridas al instante y dotándole de un nuevo vigor. Era su forma definitiva, el verdadero poder del Rákshasa. La única esperanza que tenía de salir de aquel lugar con vida.

Cosas usadas:
Despertar de mi Akuma no mi (ver ficha).
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Sáb 21 Dic 2019 - 1:07

Su compañero tomó la decisión más acertada puesto que, si bien el estado de Katharina no era extremadamente grave, lo mejor era no involucrarse en combates. Y es que los soldados de piedra demostraron ser hábiles guerreros, tanto que pusieron en aprietos al antiguo agente del Cipher Pol. La bruja debía confiar en que el calvo fuese lo suficientemente fuerte como para protegerla de los ataques de las estatuas, pero la verdadera pregunta era si sería capaz de confiarle su seguridad. Hasta ahora solo había dependido de sí misma, forjando un camino egoísta y carente de amistades en las que refugiarse cuando las cosas se tornan difíciles. ¿Será el día en que por fin encuentre un amigo en el que creer?

No podía perder el tiempo fijándose en la dura batalla que estaba librando su compañero, no cuando tenía un desafío por resolver. Debía haber un patrón que usar para encontrar la solución al problema, y afortunadamente Katharina era muy buena en ello. Bajó la mirada para estudiar el diseño de las baldosas, fijándose en las flechas que tenía cada una de estas. Antes de que las estatuas despertasen, la bruja descubrió que estas placas eran móviles, seguramente gracias a un sistema de rieles, y el fuego que se hallaba en la urna de metal saltaba hacia la baldosa contigua. Solo para confirmar sus sospechas movió aleatoriamente una de las placas y el fuego se le vino encima, debiendo hacerse a un lado para evitar quemarse.

Un verdadero monstruo de esos que solo aparecen en leyendas se presentó en la habitación. Katharina sabía que su compañero poseía habilidades extraordinarias y, viendo lo visto, podía deducir que era un usuario de una zoan mitológica. Sin embargo, el que llegase a una transformación tan… poderosa le hacía pensar que había alcanzado un nuevo nivel, uno al que solo unos pocos hombres podían llegar. La batalla continuó entre Kirtash y las estatuas de piedra, las cuales demostraron ser sorprendentemente fuertes.

No perdió un segundo más y volvió al puzle, dándose cuenta de que el fuego había saltado hacia ella porque la flecha en la baldosa le apuntaba en esa dirección. Teniendo eso en cuenta pudo resolver la cuestión más importante del problema: hacia dónde va el fuego. La falta de una baldosa permitía que las demás pudieran ser desplazada con relativa sencillez. Katharina abordó el problema de tal forma que imaginó un cuadrado compuesto por cuatro espacios: tres placas y el lugar vacío.

—No es tan difícil después de todo —susurró para sí misma.

Poco a poco la bruja fue formando una fila hacia la tercera baldosa de la izquierda para luego subir hasta la quinta posición, estando muy cerca del destino. Faltaban dos movimientos para terminar cuando una de las estatuas se le vino encima. Quizás su compañero estaba demasiado ocupado como para darse cuenta de que uno de sus enemigos había escapado de su alcance, yendo directamente a por la chica que intentaba resolver el puzle.

Un puñetazo mandó a volar a la bruja, incrustándola violentamente en la pared del otro extremo de la habitación. Katharina reprimió un gemido de dolor meramente por orgullo y salió del agujero hecha una furia. Creó dos espadas de hielo y arremetió contra el soldado de piedra. Los movimientos de la espadachina no eran tan gráciles y precisos como los de costumbre, y es que las heridas recibidas en el anterior combate no le permitían moverse con completa libertad. Los combatientes intercambiaron espadazos uno tras otro hasta que Katharina fue ganando territorio poco a poco. Entonces, la chica corrió hacia el enemigo, dio un buen brinco y clavó ambas espadas en el pecho de la estatua, la cual acabó por congelarse.

Entre jadeos volvió al puzle y terminó de hacer los últimos dos movimientos para dirigir el fuego hacia la última urna. Un sonido de ultratumba recorrió la estancia y poco a poco la puerta comenzó a abrirse ante los invasores.
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Mensaje por AEG93 el Lun 23 Dic 2019 - 12:18

Una vez en su forma Despertar la batalla cambió radicalmente. Mientras esa transformación durase el calvo era prácticamente indestructible, pues a sus increíblemente mejoradas capacidades físicas se unía una curación natural que sanaba prácticamente al instante cualquier herida, por grave que fuese, e incluso reemplazaba los brazos o cabezas que pudiese perder en el combate. De ese modo el antiguo agente adquirió una enorme ventaja frente a sus pétreos adversarios.

Su primer puñetazo destrozó por completo a una de las estatuas, cuyos pedazos se estrellaron ruidosamente contra la pared más cercana. Tres de los pétreos soldados rodearon al calvo, que debido a esto no fue capaz de evitar que otro de ellos se abalanzase contra Katharina. Dado que era su misión proteger a la bruja mientras esta resolvía el puzzle, Thawne trató de zafarse de aquella emboscada lo más rápido posible. Utilizando sus veinte brazos para lanzar un Shigan tras otro a tal velocidad que el ojo humano normal no podría siquiera intentar seguir los movimientos de sus extremidades se quitó de en medio a los tres guerreros, que cayeron al suelo reducidos a poco más que gravilla.

Para cuando hubo acabado con ellos, no obstante, Katharina ya se había deshecho de la estatua que la había atacado, por lo que ya solo restaba una. Tampoco le resultó demasiado difícil convertirla en escombros con tres poderosos puñetazos, tal era la capacidad destructiva de su Despertar.

Apenas unos segundos después la bruja completó el desafío y la puerta se abrió ante ellos, dejando ver lo que parecía una antigua cueva tras ella. Su belleza era embriagadora. Las paredes de roca estaban grabadas con dibujos de escenas cotidianas y lo que parecían letras en algún idioma antiguo que Thawne nunca antes había visto. Al fondo, gota a gota, el agua descendía lentamente por la piedra hasta formar poco más que un charco en el suelo. El calvo debía reconocer que había esperado encontrar una mayor cantidad de agua en el manantial, pero también era cierto que si fuese muy abundante y tenía efectivamente esos poderes ocultar su existencia al resto del mundo habría sido aún más complicado.

El antiguo agente se agacho y recogió unas gotas en un pequeño vial para llevarlo a la sede del Culto, además de otro extra para guardar para sí mismo. Al fin y al cabo, en caso de que realmente poseyeran los poderes que se creía que tenían no vendría mal tener unas gotas. Tal vez incluso si las estudiaba a fondo podría crear un nuevo fármaco a partir de ellas.

- Ahora que ya tenemos lo que vinimos a buscar tenemos que encontrar la manera de salir de aquí. Que yo sepa la única forma de hacerlo es deshaciendo el camino ya andado, y no va a resultar nada sencillo. Desde luego no podemos utilizar la misma estrategia que antes, contigo disfrazada de noble y yo como tu guardaespaldas. Pero se me ocurre una cosa. Si tomas muevamente la apariencia de dicha noble yo puedo transformarme en el tipo rubio que quiso atraparnos. Si te coloco unas esposas, que estarían desbloqueadas para que pudieses liberarte fácilmente en caso necesario, puedo decir que te he capturado y te llevo a una prisión especial para delincuentes especialmente peligrosos. ¿Estás de acuerdo? La verdad es que no tenemos muchas más opciones llegados a este punto.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 23 Dic 2019 - 22:52

La última estancia de la travesía guardaba una belleza única e inigualable, en cuyas pétreas paredes se hallaba una escritura olvidada en los confines de la historia de la humanidad. Con algo de tiempo podría traducir lo que estaba escrito y revelar el mensaje, pero ahora mismo era lo que menos tenía. Grandes helechos de hojas turquesas crecían desordenadamente por todo el lugar, y también había pequeñas luciérnagas muy luminosas revoloteando de allá para acá. Al fondo de la caverna se encontraban los resquicios del manantial de aguas milagrosas, decepcionándose tanto como cuando uno abre un paquete de papas fritas. Su compañero se acercó a ellas, cogió un vial y extrajo unas pocas gotas; esperaba que fuesen suficientes para sanar la enfermedad del Sumo Sacerdote.

Escuchó con atención el plan de Kirtash y, si bien no le convencía del todo puesto que había unas cuantas cuestiones destinadas al azar, no parecía haber otra opción. Bueno, igual cada uno podía transformarse en un soldado y salir por la puerta principal como si no pasase nada. En cualquier caso, la bruja jamás se deshizo de la apariencia que había adoptado, por lo que cualquier delito cometido en la fortaleza de Samirn no podrían relacionarlo con ella.

—Estoy segura de que podríamos planear algo mejor, pero dadas las condiciones y el poco tiempo que nos queda, creo que es lo mejor —respondió con una pose pensativa—. ¿Has oído eso? —le preguntó al escuchar un gruñido muy profundo, como si proviniese del subsuelo—. He estado en situaciones parecidas a esta donde uno cree que ya lo tiene todo controlado, pero entonces aparece un puto dragón y todo se va a la mierda. Deberíamos irnos ahora mismo, no me creo el cuento de que no haya nada protegiendo estas aguas tan poderosas. Y tampoco quiero encontrarme con más sorpresas de las que hemos tenido.

Si su compañero estaba de acuerdo y no quería explorar un poco más la habitación, la bruja caminaría hacia la salida y usaría el camino ya recorrido para volver a las dependencias del Sumo Sacerdote.
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Mensaje por AEG93 el Jue 26 Dic 2019 - 12:51

Aunque a regañadientes, la bruja aceptó el plan propuesto por el calvo, que tomó entonces la apariencia del rubio. Atravesaron sin mucha complicación la sala de las estatuas y el puzzle, así como el lugar donde ahora descansaban los restos ensangrentados de todos los soldados que les habían enfrentado dirigidos por el hombre por quien el antiguo agente se estaba haciendo pasar y cuyo cadáver ocultó al pasar para asegurarse de que nadie lo viese y pusiera en duda su identidad.

Atravesar el hall principal fue lo más complicado. Las miradas inquisitivas de la gente al pasar hacían que el nivel de tensión se elevara y, cuando intentaron abandonar la fortaleza por la puerta principal, los guardias no parecían muy conformes:

- ¡Lord Bucknell! No pretendo importunarle, pero ¿dónde lleva a esa prisionera?

- Es la supuesta noble que entró hace unas horas en el castillo, realmente se trataba de una enviada del Culto a quien hemos logrado atrapar. Su guardaespaldas ha muerto. Varios de los hombres que se encontraban en el campo de entrenamiento también lo han hecho, pero los supervivientes se están encargando de los cuerpos. - Respondió con tono neutro Thawne, tratando de imitar la indiferencia de un noble ante la pregunta de un mero soldado raso.

- Pero... ¿por qué sacarla del castillo y no encerrarla en las mazmorras con el resto de delincuentes? - Inquirió el vigilante, que al parecer no era tan sumiso como el antiguo agente esperaba.

- Hay que tenerlos bien puestos para hacerme tantas preguntas, soldado. - Contestó el calvo con un tono que pretendía transmitir la profunda irritación de alguien poderoso al ser retrasado por las excesivas preguntas de quien debería simplemente obedecer. - Me gusta ese valor que has demostrado, así que tendrás tu explicación. Además de las mazmorras existe una sala especial, en un lugar apartado, para criminales muy peligrosos o que poseen información valiosa que el gobernador quiere conocerles. Llamémosla la "Sala de Negociaciones", ¿entiendes lo que quiero decir?

El soldado, cuya expresión facial cambió ligeramente, no pudo evitar tragar saliva antes de responder:

- Si, señor. Lo siento, por supuesto que puede pasar.

De aquella forma ambos lograron abandonar el castillo habiendo cumplido el encargo de Loseta. Ya solo quedaba regresar al escondrijo del Culto y entregar la mercancía solicitada.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 26 Dic 2019 - 19:12

—Podrías tratarme con más amabilidad; sigo siendo una dama y merezco un trato decente —fingió una queja la bruja mientras era llevada por el falso comandante, atrayendo miradas inquietas y curiosas.

Cuando recién llegaron al vestíbulo de la fortaleza no había demasiadas personas, sin embargo, ahora había tantas que era imposible pasar desapercibido. Había soldados que iban de allá para acá, seguramente investigando los ruidos que habían escuchado hacía unos minutos. No es que conociese el uniforme de la guardia de Samirn, pero a juzgar por las vestimentas ninguno de ellos alcanzaba el rango de oficial. No obstante, ello no impidió que un muchacho de unos veinte años se le acercara a lord Bucknell haciendo preguntas. Afortunadamente, su compañero abordó el problema con una habilidad excepcional posiblemente conseguida tras años de espionaje como miembro del Cipher Pol. Ni siquiera una lingüista como Katharina, quien podía ver las mentiras tan claras como un cristal, podría reconocer si Kirtash mentía o no; bueno, quizás con algo de esfuerzo eventualmente podría hacerlo.

—Hacemos un buen equipo; bueno, mis habilidades congenian con las de cualquiera —le comentó la pirata tras abandonar el castillo, entrando en los conductos subterráneos para llegar a la base secreta del Culto—. Me gustaría seguir haciendo negocios contigo en un futuro cercano, pero estos no existen si es que no hay confianza, y si lo hacen están destinados al fracaso. —Katharina se mantuvo en silencio unos segundos, usó el hechizo Absorber luz para iluminar el camino y comenzó a caminar—. ¿Por qué traicionaste al Gobierno Mundial? Si vas a responder, no me cuentes lo que dices con tanto fervor en tus discursos; quiero oír tu versión —dijo finalmente y luego volvió a su apariencia original, dejando el cuerpo ficticio de esa chica de cabellos negros.

Luego de la respuesta de su compañero —o no, quién sabe— estos llegaron a la guarida del Culto. Su belleza no dejaba de impresionar a Katharina y le hacía pensar que en Samirn existían lugares verdaderamente mágicos, como la caverna donde estaban las aguas milagrosas. Loseta fue el primero en recibirlos, acaparando miradas inquietas y hostiles. Antes de que Katharina y Kirtash saliesen de la guarida el ambiente dentro de esta comenzaba a volverse tenso. Unos estaban de acuerdo con atacar al gobierno de Samirn y comenzar una guerra civil que no sería beneficiosa para el pueblo; otros querían creer que las aguas milagrosas salvarían el futuro del Culto. Parecía que Loseta había menguado los ánimos candentes de los suyos, aunque pronto comenzarían a encenderse una vez más.

Un hombre algo más robusto que Loseta le observaba desde el otro extremo de la estancia junto a otros tres. Era el mismo sacerdote que había visto en la sala donde descansaba el Sumo Sacerdote; debía ser Gail. Según había visto antes, no estaba de acuerdo en confiar el destino del Culto a dos desconocidos motivados únicamente por el dinero, ¿o acaso tenían otras razones para ayudarles? Por fortuna, los desacuerdos y las discusiones terminarían una vez entregasen el vial con las aguas milagrosas.

—Bienvenidos, bienvenidos. ¿Pudieron…?

—Sí, mi compañero tiene la dosis que salvará a tu padre; puede administrársela él mismo —le interrumpió—. Hay algo que debo decirte; considéralo un favor.

—¿Qué es?

—Aquí no. ¿Hay un lugar donde no haya ojos curiosos ni oídos inquietos?

Katharina entró a una habitación pequeña y hecha a partir de la misma roca de la caverna, había varios estantes repletos de libros y pergaminos y un mapa del mundo colgaba del muro. Sobre el escritorio de madera había desparramo de hojas por todos lados y los bolígrafos no estaban en su lugar.

—¿Qué es lo que descubriste, Katharina?

—Nos encontramos con un comandante de la guardia que sabía el estado del Sumo Sacerdote. Quizás estoy obviando un detalle importante, pero hasta donde yo sé nadie conoce la ubicación de esta base supuestamente secreta —contestó la bruja tras tomar asiento—. Nadie que no pertenezca al Culto debería saber que tu padre está enfermo, Loseta. Y si un oficial está al tanto de lo que pasa aquí, créeme que el gobernante de Samirn también lo sabe.

—¿Estás…? ¿Estás diciendo que tenemos un soplón? ¿Que alguien nos traicionó?

—Eres libre de sacar las conclusiones que quieras, pero si yo fuera tú andaría con cuidado. Incluso puede que el verdadero enemigo se encuentre dentro de estos cuatro muros.
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