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Mensaje por Kusanagi el Mar 7 Ene 2020 - 21:11

Tan solo unos pocos curiosos dirigieron la mirada hacia la entrada en el momento en que la puerta se abrió, dejando entrar una brisa helada durante los escasos segundos en los que permaneció así. El seco sonido de la madera al chocar junto con el chirriar de las bisagras fue cuanto hizo falta para llamar la atención del posadero, indicándole la llegada de un nuevo cliente. Este iba encapuchado, envuelto en una cálida capa que aún conservaba pequeños cúmulos de nieve en la zona de los hombros. Colgada gracias a un arnés, una ligera bolsa de viaje aguardaba a su espalda, y apenas se llegaba a intuir el pequeño bulto del guardamanos de la espada sobresaliendo del interior del manto que la protegía. Kusanagi dejó caer la caperuza, dejando ver su larga cabellera pelirroja que, suelta, le llegaba por los hombros. Se aseguró de quitarse los restos de nieve antes de dar sus primeros pasos hacia la recepción, desde la cual se tenía una vista completa de la sala principal que conformaba el comedor.

—¡Bienvenido! —se apresuró a saludar quien parecía el dueño del sitio mientras que su potencial cliente soltaba su carga sobre un taburete, comenzando a frotarse las manos a continuación— Debe ser usted nuevo por aquí, su cara no me suena. ¿Acaba de llegar a Sakura?

—Es usted muy observador —respondió él, dejando caer sus palabras en un deje un tanto irónico pero manteniendo una sonrisa amable, sin malas intenciones—. Mi barco ha atracado hoy mismo, sí. Buscaba un sitio cálido donde poder pasar la noche y, probablemente, unos pocos días antes de continuar mi viaje. ¿Sería posible?

Los ojos color miel del posadero, quien presentaba una tez bastante más oscura de lo que se podía ver normalmente por el antiguo reino de Drum, parecieron brillar con luz propia al saborear el inminente dinero que estaba a punto de obtener.

—¡Claro que sí! A cambio de unos pocos berries puede quedarse todo el tiempo que desee. Aún quedan varias habitaciones libres. —Su mano pasó por encima de la humilde recepción de madera, ofreciéndosela al viajero para que se la estrechase— Le doy la bienvenida al Reino de Sakura y, más concretamente, al Lapahn Somnoliento. Mi nombre es Ahmir, y espero que mi hogar sea de su agrado.

Con una sonrisa en los labios, Kusanagi estrechó su mano a modo de saludo y asintió con la cabeza, antes de empezar a buscar su cartera para pagar lo que fuera que cobrasen allí por el hospedaje y la comida.

* * *

—Agh, quema, diablos...

Arrugó la nariz mientras apartaba el tazón de chocolate de sus labios, dejándolo sobre la mesa de madera a un lado del ya vacío plato. Para variar, se había pasado de impaciente para terminar achicharrándose la lengua. La empujó contra su paladar y dientes, comenzando a notar cierta aspereza en ella. Detestaba aquella sensación. «Será mejor que lo deje enfriar un rato».

La sala se había vaciado considerablemente en comparación al momento de su llegada, y es que apenas tres de las quince mesas se encontraban ocupadas: una pareja con sus pequeños, resguardándose del frío y tomando algo para calentar sus estómagos; un hombre entrado en años que disfrutaba de una enorme pinta, digna de los más expertos bebedores y, en una zona apartada, él mismo. Debían de ser cerca de las siete de la tarde, por lo que se imaginaba que los habitantes estarían haciendo los preparativos pertinentes para la hora de la cena. Él, por el contrario, no debía preocuparse por la rutina, pudiendo permitir que su mente se mantuviera ocupada en otros pensamientos bastante menos dulces que su bebida. Su ojo izquierdo, aquel que no se encontraba oculto por un parche, escudriñaba las letras impresas en el periódico local. Años atrás la gente se habría asustado al verle entretenido leyendo cualquier gaceta, salvo que hubiera alguna noticia expresa que le hubiesen comentado y que pudiera llamar su atención. Desde su retiro, sin embargo, había cogido el hábito de leer las noticias al menos una vez por semana. No era tan sencillo enterarse de las novedades siendo un ciudadano de a pie que ejerciendo de agente gubernamental en Enies Lobby. Era necesario, por lo menos, prestar algo más de atención, y aunque las noticias llegaban con algo de retraso a las islas del cielo, le había permitido mantenerse informado de lo que ocurría durante su ausencia. Por desgracia para él, su lectura también desembocó lamentaciones, enfados y reproches hacia sí mismo.

«El peso de la justicia cae, al fin, sobre el dragón: la ejecución de Dexter Black», leía con cierto retintín en su mente. Durante su retiro habían acontecido multitud de eventos importantes, desde dos ejecuciones —o intentos de ejecución— de Yonkous hasta la aniquilación de un Blue, seguida de un alzamiento en Water Seven. El mundo se había vuelto loco, y él no había estado allí para intentar traer algo de orden y esperanza, aunque fuera un poco. Suspiró con desdén, doblando el periódico y dejándolo caer sobre la mesa a un lado mientras se recostaba contra el respaldo del asiento. Ni siquiera aquella era una buena noticia. No a sabiendas de lo que la muerte del ex-capitán de los Blue Rose iba a desencadenar.

—De mal en peor. Damos palos de ciego —refunfuñó, tomando nuevamente su taza y mojándose los labios con el chocolate, únicamente para asegurarse de que se había enfriado un poco antes de beber.

Mientras tanto, parecía haberse montado algo de barullo en las calles colindantes al Lapahn Somnoliento. ¿Quizá debiera aventurarse a ver qué ocurría? Tampoco es que tuviera mucho que hacer hasta la cena.


Última edición por Kusanagi el Jue 19 Mar 2020 - 21:33, editado 1 vez
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Mensaje por Taylor Fitzgerald el Sáb 11 Ene 2020 - 20:17

Taylor suspiró desde la cubierta del buque del gobierno. Llevaba unos días en alta mar, los suficientes como para sentirse aburrida y echar de menos a sus compañeros de la Karasu. ¿Qué sería de ellos en esas semanas de ausencia? No había avisado en absoluto, ¿se habrían preocupado al menos o todo seguiría como siempre? Cuanto más quería librarse de los científicos del proyecto, más los tenía encima. Ya no sabía como escaquearse de la vigilancia.

Caminaban a sus espaldas, pero ni se inmutaba. Como siempre, estarían anotando cosas en sus carpetas y posponiéndolas para investigar el comportamiento de la autómata. Si al menos alguno de sus hermanos estuviera con ella, la espera sería más amena. Pero como siempre, trataban de aislarla de todos y nunca entendería por qué. Bueno, si lo sabía, quizás se debía a que a pesar de ser uno de los prototipos perfectos era demasiado inestable, no como Alex, o Doce.

Poco a poco perdía su humanidad y acabaría siendo como ellos dos. En cierto modo le aterraba por dentro ahora que finalmente había conseguido hacerse un hueco en la Karasu de manera oficial. Sin embargo, muchas veces aceptar perder lo poco que le quedaba quizás hiciera más llevaría su vida. Al menos no tendría que sentir cosas que no le gustaban o replantearse todo el rato poder ser una humana. Por lo que fuera, no tenía las ideas muy claras sobre su vida.

-¿Alguna vez has visto la nieve? - sonó una voz de fondo y Taylor se giró, para después regresar a su posición.

-No.

-Sé que estás molesta con todas las pruebas que hay últimamente - comentó el profesor Fitzgerald -, pero es por tu bien - Taylor no se molestó en contestar-. Bueno, pues la isla a la que vamos a llegar ahora siempre está totalmente cubierta de nieve. Me envían para entregar unos informes, solo estaremos un día o dos como mucho, pero imaginé que te haría ilusión visitar una isla tan bonita.

A pesar de que si había escuchado hablar del reino de Sakura, nunca tuvo la oportunidad de poder visitarla y, aunque se comportara con rudeza, en el fondo le hacía ilusión. La agente ya veía cada vez más cerca las luces que inundaban el reino de la nieve, que a pesar de su aspecto frío, parecía muy acogedor.

-Podrás ir a tus anchas durante esos días, tómatelo como un pequeño descanso. - Tras eso, acarició los cabellos rosas de la muchacha y se retiró.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Taylor, estaba deseando llegar para perder de vista a todos los científicos por muy corto que fuera el tiempo. Sin embargo, sus ilusiones se vinieron abajo cuando dijeron que abandonarían el barco al amanecer. Solo de pensar que debía pasar una noche más en él le volvería loca. Al cabo de unas horas, cuando había atracado y la mayoría de agentes y científicos disfrutaban de una buena cena, aprovechó para escaquearse hasta el muelle.

Una vez fuera extendió su mano para ver como los copos de nieve aterrizaban sobre ella y derretían rápidamente. Podía notar el frío por sus sensores y eso, le encantaba. Incluso más de una vez abrió la boca para ver si se posaban sobre su lengua, pero por algún motivo eso no pasaba. La muchacha abandonó el muelle y se aventuró por las angostas calles de la ciudad invernal. No había mucha gente, hasta que en una de las calles empezó a escuchar un fuerte alboroto. Sin pensárselo mucho, decidió seguir el rastro del sonido hasta llegar a una zona muy amplia en donde existía un círculo de personas bastante grande. Tampoco quería entrometerse mucho por si llamaba la atención, así que permaneció atrás escuchando.
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Mensaje por Kusanagi el Vie 17 Ene 2020 - 0:16

Apuró el contenido de la taza pese a que no hubiera terminado de enfriarse, sintiendo un calor algo menos intenso arder por su paladar, lengua y garganta hasta terminar por sentir la calidez del chocolate en su estómago. Soltó aire en un jadeo seco y corto, negando con la cabeza ligeramente antes de levantarse del asiento, asegurándose de volver a colocar la silla en su sitio y de devolver el periódico que había estado leyendo, dejándolo en uno de los extremos de la barra de Ahmir junto a algunos más.

—La cena no tardará demasiado en estar lista, amigo. ¿Adónde va? —inquirió el inquilino al ver que su pelirrojo cliente comenzaba a abrigarse mientras se encaminaba hacia la salida.

—No se preocupe, tan solo voy a dar una vuelta por el pueblo para orientarme mejor mañana. Estaré para la cena —aseguró él, haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia mientras se ajustaba la capa, sin molestarse siquiera en buscar su espada, la cual ya descansaba a un lado de la cama de su habitación. Total, ¿qué necesidad tenía de cogerla?

En cuanto estuvo preparado se apresuró a salir, sintiendo nada más abrir la puerta cómo el aire del exterior entraba y se adueñaba del lugar en apenas un parpadeo, helando sus pulmones al respirarlo y haciéndole tiritar levemente. «El clima de esta isla es insano. ¿Cómo podría alguien acostumbrarse a este pedazo de frío? Es preferible al insufrible calor de Arabasta, pero... hay que ser de otra pasta», comentaba para sí mismo, aventurándose fuera del hospedaje. Las calles, al igual que prácticamente la totalidad de la isla por lo que había podido observar, estaban cubiertas de un espeso manto blanquecino, el cual incrementaba su volumen de forma directamente proporcional a lo alejado que se estuviera del pequeño pueblo. En aquellos momentos no nevaba, aunque no había podido decir lo mismo cuando llegó. Los habitantes de aquella isla probablemente tendrían que apartar la nieve para despejar las calles a diario. Un pequeño despiste y, quizá, no serían capaces siquiera de abrir las puertas de sus casas.

Se frotó las manos, enfundadas en unos guantes demasiado finos para aquel clima, antes de intentar localizar el origen de tanto alboroto. Parecía que había un grupo de personas reunido calle arriba. ¿Eran aquello antorchas? Su mirada se dirigió al cielo, dándose cuenta de que ya había oscurecido y que comenzaban a adentrarse en la noche. Aligeró el paso y se aproximó al lugar de la pequeña reunión de vecinos, diferenciando entre los gritos y sollozos las palabras "desaparecido", "niño" y "bestia". Fuera lo que fuese lo que había ocurrido no pintaba para nada bien.

—¡Hay que salir cuanto antes! —exclamaba una mujer que denotaba una clara preocupación y desesperación en su tono— ¡Si esperamos más tiempo no quiero imaginarme lo que le podría pasar! ¡Es mi niño y voy a ir me dejéis o no!

—Lo entiendo, Lailah, pero no puedo mandar una comitiva a buscarle así como así. Va a anochecer y el clima empeorará, lo sabes bien. Sería poner demasiadas vidas en peligro —trató de justificarse otra persona, un hombre ya entrado en años que vestía con ropas ligeramente más sofisticadas que el resto de los allí presentes. Parecía ser quien estaba al cargo en el pequeño pueblo; probablemente el alcalde—. Además, si se lo ha llevado uno de ellos, lo más probable es que...

La señora echó a llorar de forma desconsolada, justo antes de intentar abrirse camino mientras algunos de sus vecinos la sujetaban e intentaban tranquilizarla. El resto del grupo comenzó a susurrar y, en esta ocasión, el pelirrojo no llegó a escuchar nada de lo que decían. Podía imaginarse que sería un conglomerado de frases como «pobre mujer» o «que mala suerte ha tenido el chiquillo», nada que fuera demasiado útil en aquellos momentos, con los sollozos de Lailah de fondo. El llanto transmitía un dolor demasiado intenso como para que alguien como Kusanagi pudiera soportarlo, así que tan solo era cuestión de tiempo que...

—Yo iré. —Su voz se alzó por encima de las demás, haciendo que todos se girasen a mirar al desconocido que acababa de irrumpir en la conversación. El chico miró a cada uno de ellos en una rápida pasada, antes de hacer un ademán con la mano y comenzar a presentarse— Quizá no debería inmiscuirme y no quiero que se me malinterprete, no pretendo desafiar a la autoridad, pero está claro que cuanto más se tarde en buscar al chico menores serán sus posibilidades.

Los vecinos se miraron entre ellos, confusos.

—¿Y se puede saber quién eres y por qué debería dejar que un desconocido se juegue la vida así como así? —se adelantó el hombre anterior— Mi deber como alcalde es el de velar por el bien de la gente, y eso incluye a los recién llegados, ¿señor...?

—Yu —respondió—. Katsu Yu. No hay nada de lo que preocuparse, soy un hombre hecho a los viajes y he recorrido bastantes terrenos... complicados. Estoy hecho a ello. Tan solo necesitaría un mapa de la zona y algunas indicaciones sobre la dirección en la que podrían haberse llevado al chico esas... ¿qué han dicho que eran?

—Lapahn, señor Yu. Unos molestos roedores que habitan la isla —comenzó a explicarle el mayor—. El chico debió provocar sin querer a uno de ellos y... bueno, se lo habrán llevado para dios sabe qué.

—Lapahn, bien —no tenía ni idea de qué era un Lapahn—. Yo me ocupo. Tan solo denme lo que necesito y me aseguraré de traer al chico sano y salvo —aseguró, mirando a la que supuso que sería la madre del pequeño extraviado mientras que, con cierta resignación, el alcalde daba el visto bueno para que trajeran al pelirrojo lo que necesitase.


Última edición por Kusanagi el Jue 19 Mar 2020 - 21:39, editado 1 vez
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Mensaje por Taylor Fitzgerald el Sáb 29 Feb 2020 - 19:57

Taylor se sorprendió al escuchar tanto barullo y ver a tanta gente reunida en un mismo lugar, sobre todo con el tiempo que hacía. Se fue acercando poco a poco, colándose entre las personas que gritaban y los llantos desgarradores provenientes de una mujer. La gente no dejaba pasar, pero al final logró hacerse hueco hasta quedarse en primera fila. Sintió pena al ver a aquella mujer tan preocupada y sufriendo por lo que al parecer era su hijo. Taylor bajó la cabeza y se dedicó a escuchar la conversación.

Su nombre era Lailah y había perdido a su hijo, ¿qué habría pasado para perder a su hijo? Tenía un poco de curiosidad en cierto modo. El Reino de Sakura no parecía un lugar problemático, al contrario, lo que siempre había escuchado de él es que era un lugar idílico para pasar un tiempo perdido, alejado de la vida mundanal y del jaleo de la sociedad.

Tras eso, un pelirrojo se ofreció a ayudar a Lailah a encontrar a su hijo. Aun existía gente bondadosa en el mundo y Taylor esbozó una sonrisa al ver como se ofrecía. Ella también debería haber hecho lo mismo, pero siempre estaba ayudando a los demás y, para una vez que el profesor Fitzgerald le decía que tenía permiso para disfrutar unos días en la isla invernal, no le apetecía pasarlo salvando a niños. Si, era un niño, pero esa gente estaba más que capacitada para ir en su ayuda y aquel joven pelirrojo, llamado Katsu Yu, tenía pinta de ser alguien con unas habilidades muy especiales.

Sin embargo, debería sentirse bien pese a su decisión, pero algo en su interior le incitaba a mostrar su ayuda también. Así que sin pensarlo dos veces estaba dando un paso al frente junto al alcalde y a la mujer con histeria. Ella estaba más capacitada que toda esa pobre gente que sentiría el frío calar sus huesos. Puso su mano en el hombro de la señora para calmarla y se dirigió a ambos.

-Taylor Fitzgerald, agente del CP, creo que no necesito permiso para entrometerme en esta misión - comentó. El alcalde arqueó las cejas, pero al final aceptó también la entrada de la autómata -. Señorita Lailah, haremos todo lo posible por encontrar a su hijo. Como dice mi compañero - le miró de arriba abajo - necesitamos los datos necesarios para ir en su búsqueda. ¿Cual fue el lugar exacto en dónde los roedores se lo llevaron?

Lailah negó con la cabeza frotándose los ojos y señaló en dirección de la agente del cp y el pelirrojo.

-Fue a un par de kilómetros de la entrada del pueblo, junto al gran peñasco, fue todo muy rápido y no recuerdo mucho más...

La agente arqueó las cejas y asintió. No le terminaba de convencer la idea de una madre que perdía a su hijo y no recordaba el resto, pero aun así su idea de ayudar no cambió. Tras eso se dirigió al alcalde para averiguar más información sobre los Lapahn, pero lo único que sacó en claro es que eran roedores carnívoros y muy agresivos con su territorio.

-Si no es indiscreción, ¿que hacían en el territorio de los Lapahn? ¿Es normal que se acerquen tanto al territorio de los humanos?

-¿Esto es un interrogatorio ahora? ¡Necesito a mi hijo! - Y volvió a romper en un llanto interminable.

Taylor suspiró y se llevó la mano a la sien. Era hora de ponerse en marcha así que se puso al lado de Katsu, emprendiendo la marcha.

-Ese niño está en peligro, no podemos perder tiempo.
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Mensaje por Kusanagi el Jue 19 Mar 2020 - 22:29

Los hombres del alcalde se apresuraron en alejarse del grupo para buscar lo que les había pedido: un mapa. En cuanto lo tuviera, tan solo precisaría de unas pocas indicaciones y daría comienzo a su pequeña batida. Con sus habilidades peinar la zona sería prácticamente un juego de niños, y es que rara vez había podido toparse con algo o alguien que pudiera equiparar su velocidad. Las hectáreas le llevarían pocos minutos, mientras que otros podrían tardar semanas en cubrir una superficie razonable; el temporal y la nieve no ayudaban, después de todo.

Estaba a punto de comenzar a pedirle algunos datos a la desconsolada madre, justo antes de que irrumpiera en la improvisada reunión una voluntaria más: una mujer de cabellos rosados. Sintió un escalofrío recorrerle desde la parte baja de la espalda hasta la nuca al escuchar aquellas dos letras: «CP». ¿Qué demonios hacía el Cipher Pol en Sakura? Sus ojos, ambos verdes pese a que un mechón de pelo cubriera el implante cyborg, se clavaron en la recién llegada para analizarla en un rápido vistazo. No tenía pinta de agente, aunque tampoco es que fuera el más indicado para hablar. Después de todo él tendía a pasar por un revolucionario o un pirata más que por un miembro de la agencia. De cabello rosado, con unas pintas un tanto punk. Curioso. El nombre no le sonaba de nada. Lo más probable es que fuera tan falso como el de Katsu; una agente de incógnito, quizá. Fuera como fuese, lo único que importaba en aquellos momentos es que contaría con un par de manos extra para aquella búsqueda. Saludó con un ademán, inclinándose ligeramente en señal de respeto.

—Le agradezco su ayuda, agente. Será un placer echarle una mano —afirmó con decisión, justo en el momento en el que los subordinados del alcalde llegaban para darle el mapa.

La mujer, de nombre Taylor, se dispuso a realizar las preguntas. Mientras se encargaba de recabar información él aprovechó para echarle un ojo al documento, desenrollándolo. No es que fuera un cartógrafo experto pero podía defenderse sin problemas. Además, en caso de que se perdiera, tan solo necesitaba activar el P.O.L.O. y ayudarse de los datos que pudiera recabar. Con algo de suerte y la ayuda de la agente no sería necesario. Después de todo, siendo miembro del Cipher Pol, seguramente poseyera aptitudes de sobra como para desempeñar una tarea tan simple como aquella. Lo más prudente sería dejar que llevara la iniciativa para no llamar demasiado la atención Cuantas menos preguntas corrieran a su alrededor, mejor.

—Por el amor de dios, Lailah, tranquilízate. La muchacha tan solo quiere ayudar —instó el alcalde cuando la mujer empezó a perder los nervios ante la pregunta.

Kusanagi arqueó una ceja, centrando por un momento su empatía sobre la madre del chico perdido. Sentía confusión y nervios, también agitación y tristeza, pero había algo más que no cuadraba: estaba ocultando información. Fuera lo que fuera carecía de importancia. La prioridad era localizar al muchacho. «Junto al gran peñasco» repitió en su mente, volviendo su atención al mapa. Hizo un gesto con la mano para llamar la atención del hombre que se lo había entregado y señaló un punto sobre el papel.

—¿Aquí? —Su dedo marcaba una referencia ligeramente detallada, lo suficiente como para identificar la formación rocosa. Parecía ser una zona bastante escarpada. ¿Qué clase de criaturas serían esos Lapahn para vivir en un sitio así?

—Así es. Limita con el territorio de esas bestias. Supongo que se aventurarían un poco más allá antes de... bueno, ya sabes.

El agente asintió, mirando hacia la pelirrosa justo en el momento en el que esta comenzaba a liderar la marcha. Enrolló el mapa y se lo guardó en uno de los bolsillos bajo la capa.

—Muy bien. Volveremos pronto con el chaval, tenéis mi palabra.

Se apresuró para alcanzar a Taylor, quien ya le sacaba algo de ventaja, no llevándole esto más de unos pocos segundos y un pequeño sprint. Una vez se puso a su altura se dispuso a guardar silencio durante un rato, lo suficiente como para que les diera tiempo a salir del pueblo. Mientras se adentraban entre árboles y toneladas de nieve, decidió romper la calma.

—Creo que no me he presentado. Mi nombre es Katsu. —Le ofreció su mano a modo de saludo— Katsu Yu. Tú eras... Taylor, ¿no?

Volvió a echarle un rápido vistazo. No fue complicado darse cuenta de que su cuerpo estaba trabajado, de una forma o de otra. No sabía si era gracias a un entrenamiento intenso o a que, simplemente, era así. ¿Qué rango tendría? Parecía bastante joven, así que supuso que no demasiado —aunque la edad no indica demasiado entre las filas del Cipher Pol, para ser honestos—. Una vez correspondiera la presentación, si es que lo hacía, se dispondría a aventurarse un poco más.

—Así que... eres una agente del CP, ¿verdad? Tiene que ser un trabajo bastante interesante. —Lo era, sin duda; al menos así lo creía siempre y cuando no te adentrases demasiado en la oscuridad de la agencia— No sé si puedes decírmelo o no, quizá es poco prudente... ¿Pero qué hace aquí el Cipher Pol? Quiero decir, no parece algo oficial... no hay traje, vaya.

Se aseguró de emplear su tono más inocente y calmado, como si realmente no se diera cuenta del tipo de preguntas que estaba haciendo. Sabía que, perfectamente, podía estar infiltrada en aquella zona buscando a alguien. Lo único que no le cuadraba era el haberse presentado oficialmente como una agente. ¿Por qué? ¿Para qué iba a revelar su condición? Quizá fuera bastante nueva... o puede que no le importase lo más mínimo mantenerse en un perfil bajo.


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