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Las cosas nunca cambian [Privado] [Pasado] [Yuu & Murasaki]

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Mensaje por Yuu Z. Blade Sáb 28 Mar 2020 - 23:14

La búsqueda no estaba saliendo como Yuu quería. Pensaba que todo sería más fácil, que encontraría rápido a su objetivo y que volvería a vivir como antes de que cantara un gallo. Pero… no. El dinero, el hambre, la mugre… todo se acumulaba en su contra. ¿Cómo iba a seguir con su búsqueda si se moría de hambre, o si nadie quería acercarse a él porque olía como un jodido estercolero? Si tan solo el mercenario pudiera conseguir ser invulnerable e inmortal… todo sería coser y cantar. Sin embargo, la realidad le deparaba algo completamente opuesto al mercenario, y tendría que utilizar todo lo que estuviera en su mano para lograr aquello que quería sin caer en el intento. Ahora, ¿cuál sería el primer paso para conseguir comida? Dinero. ¿Y… qué hace falta para conseguir dinero fácil? Sangre. Cualquiera que costase dinero le valdría, fuese de la procedencia que fuese.

Lo que más cerca estaba de él en aquel momento era la oscura Little Paradise, una isla plagada de piratas y gente deleznable que lo único que les importaba era saquear, comer, beber y follar. Algo que… bueno, recordaba a Yuu sus inicios fuera de la ciudad del agua. Sería una localización perfecta para ganarse el dinero suficiente como para permitirse un buen festín durante unas cuantas semanas. Pero también era una ubicación lo suficientemente indeseable como para que el mercenario no quisiese ni entrar por delante, así que tuvo que atracar en un muelle que había justo al otro lado de la isla. Su lancha desapareció de la faz de la tierra, y el pelinegro puso sus pies en la isla.

Su mejor baza allí era lo de siempre: escuchar, preguntar y trabajar. Si seguía ese mismo orden, todo iría a pedir de boca para el parchado. Por eso mismo, y para que todo fuese bien, Yuu fue directamente a buscar la taberna más tétrica y lúgubre del lugar. Para llegar tuvo que caminar un buen rato por la senda que llevaba a la población que, bueno, quitando de un par de antorchas no contaba con una iluminación increíble, que digamos. Llegó, que es lo importante. No tenía dinero para cerveza, así que justo al entrar a la taberna se dirigió hacia la barra. Por suerte, no llamó la atención debido a sus raídos ropajes y a que iba encapuchado la mayor parte del tiempo, por lo que pudo llegar a sentarse delante del barman sin que ningún pirata indeseable le detuviese.

Bienvenido, chaval. ¿Qué quieres que te sirva? ¿Grog, o quizás una típica jarra de buena cerveza? –le atendió un hombre de avanzada edad con una larga y desaliñada barba gris – No me digas más… estoy seguro de que quieres algo incluso más fuerte que eso, ¿verdad?

Nada de eso… no. Entre tú y yo, no vengo a consumir. Estoy sin blanca y, bueno, por desgracia no podría permitirme una buena jarra ni aunque quisiese. –se victimizó a sí mismo, intentando despertar la curiosidad del tabernero.

Venga ya –apoyó sus brazos en la barra y miró a Yuu, sospechoso –. No me cuentes historias, muchacho… que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y yo de viejo tengo un rato. Así que ve al grano, chico, pues no eres el primero que me viene contando eso.

Bueno, bueno… me has calado –sonrió falsamente, dando a entender que le había hecho gracia la astucia del sujeto – Como te he dicho… no tengo dinero, ¿sabes? Y bueno, dicen por ahí que para conseguir dinero necesitas trabajar. Seguro que un anciano tan curtido como tú sabe de alguien que busque trabajo por estos lados.

Muy gracioso, chaval. Muy gracioso. Seguro que has venido de muy lejos solo para trabajar en mi taberna, ¿verdad? –bromeó el tabernero, a la par que limpiaba una jarra con un trapo blanco.

Me has vuelto a calar. Culpable –soltó una breve carcajada falsa. Al parecer aquel tipo era un hueso duro de roer… pero nada que Yuu no pudiese superar –. Pero yo nunca sabría trabajar aquí… soy un negado para cualquier cosa que tenga que ver con la comida y todo esto. Me llevo mejor con otros tipos de trabajos, pero por aquí cerca no hay ninguna isla en los que pueda ejercer, y es una pena. Casi le diría que incluso he pensado en empezar a matar a gente por dinero –dejó caer, esta vez riéndose de verdad.

¿Cómo? –dijo, con una ceja levantada –. Oye, pues… igual has venido a la isla adecuada –empezó a presentar un mínimo interés por el mercenario.

¿Aquí contratan carpinteros? Vaya, ¿dónde? ¿Alguna banda necesita alguno? –empezó a hablar con dobles sentidos, por si aquel tipo lograba pillar a qué se refería.

Una banda no, pero oye, quizás cierto tabernero esté interesado en tus servicios como carpintero –le siguió el juego, pues aquello pintaba que había encontrado al hombre adecuado para lo que sea que tuviera entre manos aquel anciano.

¿Le puedes dejar mi tarjeta? –bromeó.

No, pero le puedo hacer una llamada y que venga. ¿Por qué no me acompañas a la trastienda y le doy un toque con el caracol? –dejó el vaso en su sitio y el trapo encima de la barra. Acto seguido, habló con la mirada al parchado para que le siguiese. El mercenario hizo lo propio, y una vez llegaron al lugar indicado y la puerta estaba cerrada, el tabernero siguió hablando, ahora sin segundas – Eres discreto. Y eso me gusta. No tengo información para ti, pero si que te puedo ofrecer un trabajo y pagarte lo suficiente para que te des unos cuantos lujos. ¿Te interesan los detalles?

Soy todo oídos –se cruzó de brazos.

La taberna del muelle me está quitando a casi toda la clientela. Antes todo Little Paradise acudía aquí a beberse unas buenas jarras de grog. ¿Pero ahora? Ahora esto está muerto. Sigue existiendo porque aún viene algún que otro cliente de vez en cuando, pero… sé que pronto se esfumarán e irán a la otra.

¿Quieres que les arruine el negocio o que solo acabe con alguien? –preguntó, curioso y con seriedad.

Conque acabes con el que maneja el cotarro allí… creo que se desmoronará por sí sola –miró al suelo, preocupado.

No pareces muy confiado. Pero bueno, si cae el jefe cae todo, eso siempre suele ser así. Necesito que me digas el pago exacto y cómo quieres que ejecute el trabajo. Dicho eso, solo necesitaré un nombre.

Lo más limpio posible… no querría que hubiese una escabechina. Si puedes hacer que parezca un accidente, mejor. Respecto al pago… diez millones de berries si lo matas. Te daré veinte en caso de que  cumplas con los requisitos que te he dicho –carraspeó –. Su nombre es Teodoro Lepanto. Es gordo y con poco pelo… y siempre suele ir vestido con un chaleco rojo que parece que va a explotar de lo jodidamente obeso que está el tío. Eso debería ser suficiente para que lo localices.

Perfecto. Voy a necesitar que me adelantes cinco millones de garantía para que haga el trabajo con normalidad –decidió ir a lo seguro, por si acaso luego se negaba a pagarle tanto dinero.

¿Cinco? Esto… bueno –dijo, un tanto desconfiado, para luego acercarse a un maletín que había escondido debajo de un mueble. Al abrirlo, Yuu se cercioró de que allí hubiese el suficiente dinero para pagarle, y puso atención a los cinco millones que el anciano le tendía con la mano –Toma. Cuando hagas el trabajo aquí tienes el resto. Buena suerte.

En cuando esté hecho me pasaré por aquí –acordó el mercenario con el tabernero, para luego salir por la parte de atrás y dirigirse inmediatamente al muelle para buscar la taberna y luego al objetivo en cuestión.

No fue muy difícil encontrarla, pues allí donde estuviese la música y los gritos estaría la taberna más famosa de Little Paradise. Como había mucha gente, pasar desapercibido sería un juego de niños para el veterano ladrón. Pasó por la entrada sin que nadie se fijase en él e inmediatamente se sentó en una silla ubicada en uno de los rincones de aquella taberna. Rápidamente, echó un vistazo a todo el local. Aquello era como el triple de grande que la taberna donde había estado minutos atrás, e incluso contaba con un escenario para espectáculos. Quizás esa era la razón por la que el lugar de mala muerte que hospedaba el viejo no tenía tantos clientes como antes… pero bueno, aquello no le importaba al mercenario. Él solo quería el dinero, así que no le importaba quién ganara o quién perdiera… puesto que el único que iba a ganar sí o sí era él mismo.
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Mensaje por Maze Mar 31 Mar 2020 - 15:53

No le gustaba aquel lugar. Si se paraba a pensarlo era normal que no le gustase. Pese a ser una de las personas con el título de mayor renombre entre los piratas, una “señora de la piratería” y a haber servido a un Yonkou, haber estado en otra banda pirata, haber matado en más de una ocasión. No le gustaba, simplemente no encajaba con la etiqueta de pirata. Aunque ser un criminal tampoco era algo que cuadrase con ella. Tal vez terrorista sería una mejor etiqueta al ir contra el gobierno, pero no concebir a la revolución como una opción, al contrario que Dexter.

A pesar de ello, no podía decir que esa ciudad fuera igual de terrible en apariencia. Si la comparaba con Jaya, por ejemplo, tenía una criminalidad mucho más baja y una población muy tranquila, fruto de la forma de negociar que, a la pelirroja, le olía a chamusquina. Tal vez pasarse por Momoiro antes de continuar su viaje para ver si se cruzaba con el pajarraco en llamas no fue tan buena idea viendo donde había terminado a parar. Mura suspiró, al menos hubo la posibilidad de ver a uno de sus viejos amigos. Pero al final, su viaje en solitario había despertado más y más la atención de otras personas. Y llamar la atención era lo último que necesitaba. Al menos no había salido en ninguna noticia per se… Pero dudaba que los misteriosos estragos sucedidos en la isla en la que se cruzó con Katharina fuera a pasar como si nada. Por lo menos no tenían su sello persona.

“Bueno, mientras que de aquí en adelante el viaje sea tranquilo”. Se obligaba a pensar mientras observaba a su público desde lo alto del escenario. Era la primera vez en muchos años que tomaba un instrumento de cuerda entre sus manos. Una petición del tabernero para animar la noche. Con el pelo recogido en una coleta alta. A veces un cambio tan sencillo como ese podía confundir a cualquiera. Ropas modestas, pero que no hacían que perdiera su encanto y un micrófono sujetado por un soporte para quedar a la altura de sus labios mientras ella se mantenía sentada. Ese tipo de escenarios sin duda le pegaba más que su actuación de bailarina en casino Island. Aunque acabó siendo divertido.

Sus dedos comenzaron a puntear la guitarra en el momento en que la puerta de entrada a la taberna se cerró otra vez, entrando un nuevo huésped. A aquella taberna le iba sorprendentemente bien.  No había visto más que una sombra encapuchada dirigirse a la parte más apartada del lugar y sentarse en una mesa. Mura no le dio más importancia. Ella misma había tenido que ajustar los audífonos que llevaba para no agobiarse con el barrullo que se había formado delante suya tras la primera pieza, así que no le dio más importancia y se centró en su actuación. La música sonaba mientras las notas se desprendían de las cuerdas a gusto de la muchacha. Su voz no tardó en acompañar. A esas horas de la noche vendría bien una balada que ayudara a que los clientes se relajaran. Su melodía era dulce, suave y contaba una historia. Ya que la historia podía llegar a resultar aburrida para algunos por sí sola, decidió acompañarla con un pequeño juego de luces. La taberna se había quedado en penumbra y la poca luz que quedaba se encontraba a los pies del escenario y en el suelo de este mismo, donde el aura de Mura había empezado a generar las escenas cantadas en su obra, mostrando distintas ilusiones de colores etéreos. Podría haberlas hecho mucho más realistas, pero lo interesante de aquello era sorprender. La “magia” que se hubiera perdido de no ser tan fantasmagórica.

La pieza se acabó y la gente comenzó a aplaudir mientras la chica apagaba el micrófono, aprovechando para recuperar el aliento. Una vez apagado, se levantó con cuidado e hizo una reverencia antes de dejar la plataforma vacía. Necesitaba un descanso. Su garganta estaba seca de tanto cantar y algo dolorida. Si no fuera una profesional hubiera destrozado la pieza en el último momento con algún gallo. Con cuidado, dejó la guitarra en su funda y se agenció la primera botella de agua que vio, bebiendo casi todo su contenido de un largo trago. Después, suspiró satisfecha. El dueño no tardó en ir a felicitarla, saliendo desde detrás de la barra. Era un hombre de apariencia algo desagradable. Quizás por la forma en que solía vestir más que porque hubiera mostrado malas formas o una actitud que la pelirroja pudiera reprocharle. Casi parecía un abuelo entrañable. Aunque, de nuevo, la pelirroja se obligó a recordar que las fachadas lo eran todo en esa isla.

—Has estado espectacular, pequeña. ¿Qué ha sido ese último truco?

—Bueno, señor… Solo unos juegos de luces para animar el espectáculo. Ya le dije que tengo muchos recursos para trabajar como interprete.

—¿Un juego de luces, dices? Pero no te vi subir nada al escenario para hacerlo…

—Que puedo decir, un mago nunca revela sus trucos.

—Bueno…— Pareció rendirse. Seguramente quería ofrecerle un trato para que le vendiera lo que hubiera usado para hacer esas escenas. Pero Mura no podía vender su propia aura y tampoco se iba a quedar en la isla. Nada más encontrara a alguien que pudiera llevarla a la próxima isla, se iría con viento fresco. —Lo dejaremos estar. Deberías ir a cenar ahora. —Era un ofrecimiento malicioso, y la pelirroja lo sabía desde la hora de la comida. Por suerte para ella, el veneno no le hacía efecto alguno y lo mismo pasaba con las drogas. A pesar de todo, simplemente sonreiría y le aceptaría con falso agradecimiento su comida.

“¿Estás segura de que no prefieres matarle y marcharte?” La pregunta del felino fue inesperada, hasta el punto en que crispó con su ocurrencia. —Sabes que yo no mato por matar. —Se quejó ella. Fue solo un murmuro. “Pero crees… No, mejor dicho. Sabes que te lleva varios días intentado drogar con algo raro en la comida. ¿No te preocupa que sea como los de aquella vez?”

—Kougar, silencio. —Espetó Akane. Por suerte, nadie escuchó su queja más allá de ella misma, que se mordió la lengua y decidió empezar a hablar con el telepáticamente. “Si de verdad es él, primero debería descubrir para qué. Si hay más gente implicada lo mismo cambio de parecer. Pero no puedo matar por matar. También pudo ser alguno de sus pinches de cocina. Quien sabe”. Y tras eso, se sentó en la barra y comió.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Dom 5 Abr 2020 - 14:31

La melodía creada por la guitarrista del escenario danzaba por toda la taberna de una forma pausada y suave, llegando a cautivar incluso a los oídos del mercenario. La penumbra en la que se hallaba todo, centrándose solo en aquella mujer que yacía sentada encima del proscenio, dificultó el reconocimiento de Yuu. De esa forma, encontrar a su objetivo no sería tarea fácil, así que tendría que esperar a que aquella función terminase lo antes posible y ponerse manos a la obra. El pelinegro no se esperaba para nada quedar tan fascinado por aquella mujer, cuya voz parecía sacada del mismísimo cielo. Como siempre, y aunque estuviera trabajando, su atención parecía no desviarse más allá de aquella mujer, independientemente de las ilusiones que parecía estar creando. Ni siquiera se preguntó el porqué podía hacer eso, no. Maldijo a todas las gaviotas del mundo por haberle puesto en aquella situación de desespero y de hambruna. Necesitaba acabar el trabajo, pero también ardía en deseos de cortejar a aquella hermosa artista que tanto le estaba cautivando. “Cuando se acabe, a por el gordo. A por el gordo. Olvida a la chica. A por el gordo.”, se dijo a sí mismo, refiriéndose a que su objetivo era lo principal siempre.

La actuación acabó unos minutos después, y las luces se prendieron de nuevo. Era la hora de ponerse manos a la obra, así que Yuu empezó de nuevo a reconocer el terreno y a identificar tanto al objetivo como todo aquello que podría matarle sin que nadie notase que había sido un asesinato. Necesitaba aquella pasta extra con urgencia, y la iba a conseguir. La gente levantada aplaudiendo fue la oportunidad perfecta para cambiar de posición, así que se camufló detrás del gentío y se abrió camino hasta el otro lado de la taberna, apoyándose en una pared cerca de la barra donde tenía mucho más campo visual que antes.

Desde allí, el objetivo apareció inmediatamente en el camino de su mirada, felicitando a la joven guitarrista… o al menos eso parecía desde donde el pelinegro se hallaba. “A ver, veamos… Opción número uno, ¿tirarle el candelabro encima? Eso podría acabar con daños colaterales, así que descartado. Esto… Opción número dos, ¿veneno? No sé hacer venenos, pero podría encontrar uno. ¿Igual habrá alguna mierda que echarle en el vaso en la trastienda de la taberna? Lo consideraré, pero mejor busco otras maneras, no vaya a ser que… A ver, a ver… maneras de matar a este gordo seboso… a ver…  Lo ideal sería que todos lo vieran. Si sube por esas escaleras de ahí, que seguramente es donde esté su despacho, probablemente mis oportunidades bajen bastante, así que no tengo que permitir que ese tío suba. Yuu, piensa joder, piensa. No, el veneno no parecería un accidente, es verdad. ¡Mierda, joder! Vale, eso me deja con ninguna puta opción.” respiró profundamente, intentando no ponerse nervioso, y siguió pensando “Puedo hacer que se tropiece con un vaso y se caiga. Pero se tendría que caer de espaldas y darse fuerte detrás de la cabeza para que la cascase. Pero… eso no sería una buena idea. La puedo utilizar de último recurso, pero… no, de momento no.  ¡Espera! ¿Y si…? ¿Y si hago que se caiga por las escaleras? Si no se mata, siempre puedo esperarle en el despacho y rematarle de alguna forma que se me ocurra. Vale, Yuu, manos a la obra.” finalizó el planteamiento de su plan.

De nuevo, camuflándose entre la gente, llegó a la salida de la taberna. Con discreción, rodeó el edifico para encontrar aquello que buscaba: el ventanal que le llevaría al despacho del tabernero. Cerrada y sin luces dentro, en el segundo piso se hallaba. ¿Problema para Yuu? Ninguno. Colarse en edificios era una de sus especialidades. Y encima, la parte de atrás del edificio daba a un patio amurallado, alejando el sitio de miradas indiscretas. Sin esperar demasiado, pues no tenía tiempo que perder, creó una cuerda con un gancho de cuatro puntas, que acto seguido lanzaría hacia el tejado de aquel edificio, que era completamente plano por arriba. Empezó a escalar lo más rápido posible aquella fachada, y creó en su mano un par de ganzúas por si acaso la ventana no estaba abierta. Pero, por suerte, si que lo estaba, así que la abrió cuidadosamente y una vez se sentó en ella, hizo desaparecer tanto las ganzúas como el gancho. Dentro del edificio de nuevo, cerró la ventana tras de sí, y se dirigió a la puerta. Si su plan salía como él quería, todo saldría a pedir de boca Se arrodilló y miró por la bocallave, esperando a que su objetivo subiese las escaleras. Intuía que era de los tipos que necesitaría un rato de descanso a solas con su botella de ron en su despacho, así que tenía que subir sí o sí en algún momento de la noche, y Yuu esperaría para ello todo lo que hiciese falta.

Tardó más de diez minutos en llegar el momento, pero al final subió. El pelinegro se alertó de inmediato al presenciar el comienzo de su calva subiendo por las escaleras, y concentró toda su atención en el individuo. Una vez llegó arriba del todo, justo tras salir del último escalón y cuando iba a pisar el suelo del segundo piso, Yuu creó un vaso cilíndrico debajo de su pie para que tropezara con él. Tras esto, todo el cuerpo del sujeto dio un vuelco en el aire y empezó a rodar por las escaleras, dándose en sitios que normalmente al golpearse acabarían con la vida de una persona. Su muerte no estaba confirmada, aún así. El mercenario se levantó y fue hacia la ventana, para colgarse luego de la fachada. Cerró la ventana desde fuera y se impulsó hacia el suelo, dando una perfecta voltereta en él, amortiguando su caída. Acto seguido, volvió a la entrada de la taberna, camuflándose de nuevo con el gentío, que ahora creaba un círculo alrededor del cuerpo despeñado del jefe de aquel famoso antro. Nadie sabía que había ocurrido, solo que había un supuesto fallecido con varios huesos fuera de sitio y con bastante sangre debajo de él. Al parecer, la muerte estaba confirmada. Sí que era larga la escalera...
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Mensaje por Maze Lun 6 Abr 2020 - 14:23

La comida era… Terrible. Bueno, no. El sabor de la comida estaba bien, la habían preparado de forma adecuada. Y cualquiera cocinaba mejor que ella que solo sabía cazar algo y tratar de calentarlo sin que se carbonizara o se quedara demasiado crudo por dentro. El problema era la droga que habían añadido. Tener papilas gustativas humanas, pero el olfato de un puma para estas cosas no ayudaban. El buen sabor que tenían los alimentos se veía nublado por el hecho de que le hubiera puesto dios sabe qué. Aunque se sentía un poco cansada. Más de lo que estaba antes de ponerse a comer. Seguramente una persona común ya se estuviera mareado tras comerse medio plato.

Ya iba a darse por vencida con lo de comer, decir que estaba llena, dejar el plato y subir a su habitación como excusa para salir por la ventana e ir a dar un paseo nocturno. Quizás comer comida en condiciones en otro lugar. Cuando de repente un estruendo sonó arriba del todo. Un grito ahogado por parte del hombre que la hubiera contratado para trabajar como interprete y, que de repente se encontraba cayendo escalera abajo. Mura hizo una mueca de desagrado, maldiciendo su buen oído al escuchar partirse sus huesos. Al llegar al suelo, todo se empezó a llenar de sangre. Seguramente el último golpe le había abierto la cabeza. Una muerte terrible. La persona frente a ella dejó de prestarle atención a si Mura se desmayaba o no y salió alarmada hacia el hombre. La camarera –supuso que era pariente suya- Se metió entre la multitud para ver el cuerpo inerte del hombre. “No es mi problema”. Dijo fríamente en su cabeza, aunque no pudo evitar percatarse de algo. Una figura que acababa de volver al establecimiento justo después de que el anciano cayera rodando. “Aunque es algo sospechoso”. Pensó, mirando al “caballero”. Llevaba una tela raída cubriéndole, de forma que sus rasgos no eran fáciles de reconocer, pero estaba segura de que era el que había entrado por la puerta antes de su última presentación. ¿Un sabotaje?

—Que alguien llame a un médico. —La voz de un hombre se sobrepuso sobre el bullicio que se había formado y varias personas salieron corriendo. Los otros se apartaron, despejando la zona para poder dar espacio a la mujer que lloraba tirada en el suelo. Su pantalón se iba a manchar de sangre. Si de verdad era su padre, aunque fuera un desgraciado, no podía evitar tenerla algo de pena o empatía. Ella también había visto morir a gente querida. Y la muerte de ese hombre había sido real, no como la de Dexter. Mura suspiró. “Tampoco puedo hacerle nada, ¿no?” Y con esa idea en mente se dirigió a la salida. Cinco minutos de aire fresco y estaría como nueva. Tampoco le gustaba el olor a sangre después de todo. Cuando salió, no pudo evitar cruzarse con el hombre de cabello oscuro. Desde su posición, más baja por su estatura, pudo distinguir uno de sus dos ojos, de color sangre. No tenía pruebas, pero si eso no había sido un accidente, quizás fuera mejor andarse con cuidado. Tras unos segundos de mantenerle la mirada, con un semblante serio, pero bastante tranquilo, la pelinaranja termino por salir del establecimiento.

La brisa acarició su cara y el aire fresco llenó sus pulmones. Sus pasos casi a zancadas, conducían a la zona del puerto.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Lun 6 Abr 2020 - 16:24

La conmoción entre la gente era clara. Gente que ni siquiera se podía mover del sitio, consternados por la súbita muerte de aquel tipo. Todos pensaban que aquel hombre había tenido un accidente. En su cabeza, no daban crédito a que aquel sujeto pudiera haberse desvanecido del mundo así como así, tras un tropiezo tonto. Temían por sus vidas, y eso que no sabían que aquel hombre había sido asesinado a manos de un mercenario profesional. Pensamientos egoístas inundaban sus mentes, inconscientemente, pidiendo que aquello no les pasara a ellos nunca. ¿Quién les podría recriminar que pensaran así? Al fin y al cabo, todos preferimos que otras personas mueran en vez de nosotros, ¿no? Pero bueno, la buena cuestión es que seguramente a dos o tres individuos concretos de aquella sala les importaría la muerte de aquel sujeto al día siguiente. Al pelinegro le daba igual si esa persona había donado millones a organizaciones de caridad o si había violado a cuarenta menores en una semana. Lo único que le importaba era cobrar por aquella vida que había arrebatado, nada más.

Ante aquel espectáculo de depresión que él mismo había organizado allí, el parchado mantenía una leve sonrisa, deseoso de saborear los millones que le habían prometido. Para Yuu, aquello había sido un trabajo fácil, como en muchas otras ocasiones. Su mirada, fija en aquel cuerpo inerte que seguía en el suelo, no veía a ese tipo como un cadáver. Era su pasaporte para seguir con vida, para no morir de hambre. Otro más a su larga lista de crímenes se escribía aquel día. Todo fuese por su resurgimiento.

La escena le daba igual. De hecho, estaba por marcharse ya y esperar al día siguiente para cobrar sin levantar demasiadas sospechas. Se hubiera ido tranquilamente a dormir en algún tejado o en el muelle, mas sus deseos atisbaron algo que podría divertirle bastante más. La señorita pelirroja, la que había actuado hacía un rato en aquel escenario, se hallaba caminando justo al lado de él. Se marchaba, por lo visto. La sonrisa del pelinegro aumentó su grado, dedicándole al mismo tiempo una mirada de interés a la joven. Era hora de relajarse un poco del trabajo y ver si aquella noche podría entretenerse con una mujer de aquel calibre. Cuando salió de allí la muchacha, Yuu esperó unos segundos para seguirla con discreción. Antes de nada, eso sí, se metió en un rincón donde nadie pudiera verle e hizo desaparecer la capa con capucha que le cubría el rostro y gran parte de sus vestimentas. Obviamente, si iba a intentar cortejar a aquella dama a su estilo, tenía que hacerlo con toda la elegancia de la que podía disponer. Sus ropajes de terciopelo negro le daban la clase de la que hacía poco tiempo disponía. La época de ser un cazurro desarrapado pasó ya hace bastante tiempo, y era algo de lo que el pelinegro se enorgullecía. Ahora… era un cazurro de lo más elegante. Lo de dejar de ser tonto lleva tiempo, eso sí.

El mercenario emprendió su camino hacia el muelle, siguiendo de cerca a aquella mujer, la cual ya se había adelantado bastante desde que Yuu había tenido que esconderse unos segundos. Era rápida, sin duda. Supuso que iría a algún sitio, así que no se dio mucha prisa para alcanzarla. Total, tampoco quería que descubriese que la estaba siguiendo. A paso lento, acabó llegando al muelle. No quiso acercarse a ella directamente, sino analizar lo que hacía y actuar en consecuencia. Se colocó con las manos en la espalda a observar la luna, que yacía con una hermosura digna de ser vista aquella noche.
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Mensaje por Maze Lun 6 Abr 2020 - 16:57

Los pasos de la joven eran casi imperceptibles. No había un eco al posarse sus pies en el suelo. De hecho, si fuera una figura encapuchada o si su pelo fuera de un color menos vivo ni siquiera se distinguiría al pasar entre las sobras de las calles alumbradas pobremente con farolas. Y eso andando sin intención de ocultarse de nadie. No tenía motivos en primera instancia para caminar en una isla criminal como si temiera que la cazasen, y tampoco se consideraba en tan mala forma como para que alguien pudiera atraparla. Es decir, a pesar de sus dificultades contra la pirata de cabellos albinos hacía ya medio mes, estaba segura de que hubiera podido salir sin ningún rasguño de simplemente no haberla encarado. Pero esa no debía ser una de sus preocupaciones esa noche. O no lo seria si no fuera porque había podido percatarse de que desde que hubiera salido de la posada una figura parecía seguirla.

Quizás solo fuera su intuición, pero le daba mala espina aquel hombre encapuchado. Seguía diciendo que la muerte del viejo había estado demasiado… ¿Ajustada? Bueno, el pervertido ese no le preocupaba lo más mínimo, al fin y al cabo, así que pensaba dejarlo pasar por alto. Solo esperaba que eso no fuera una escaramuza para intentar pescarla a ella. ¿Tal vez solo quiera un autógrafo? No se molestó en mostrarse perturbada, al contrario, seguiría su juego y se haría la doncella que pasea sola por unas calles terriblemente peligrosas. “Más bien, será mi doble quien lo haga” Pensó y, aprovechando que tenía que girar una esquina, cambió posiciones con una “copia”. Una ilusión con su propia apariencia. La idea era dejar que el chico pasase de largo, así podría ver si la estaba siguiendo a ella o simplemente tenían caminos diferentes que hubieran estado coincidiendo por el momento.

De paso podría estudiarle un poco mejor. Sus ropas harapientas ahora eran de un material mucho más costoso, pero la forma de su cara –incluso en penumbra- seguía siendo la misma. Y ese ojo que parecía un rubí seguía resaltando en su piel pálida. Ahora podía ver también que su otro ojo estaba oculto no solo por su cabello oscuro, sino por un parche de tela. Bueno, eso era lo de menos. Pero es raro perder un ojo porque sí. De momento, le faltaba ver si llevaba alguna arma consigo, pero no parecía ser el caso. Mura se acomodó el pelo dentro de la capucha de su prenda superior para llamar aún menos la atención y activó su Haki de observación, concentrándose tanto en su acosador como en su propia copia. Solo por si acaso le tocaba hablar con él, activó su micrófono y uno de sus altavoces, el cual lanzó para que quedara flotando cerca de su copia y se introdujera “dentro” cuando llegaran a algún otro cruce. Así, solo quedaba esperar.

Cuando llegó al puerto, hizo que su falsa figura se quedara sentada sobre los tablones de madera, observando el espectáculo que eran las luces de las estrellas sobre el mar en movimiento. Una pena no ser ella misma quien estuviera ahí. La verdadera Akane se encontraba a menos de cincuenta metros, oculta por la sombra de una de las casetas con útiles de pesca que había para los pescadores que trabajaban ahí, agachada, se mantenía observando todo asomándose desde una esquina. El hombre empezó a acercarse a “ella” en ese momento. Pero aún mantenía cierta distancia. De hecho, se había quedado mirando hacia el cielo. Su copia no cambió de posición, pero sus labios empezaron a moverse imitando la forma en la que lo hacía la original mientras hablaba por el micrófono.

—Bonita noche, ¿verdad? —Le daría un momento para que se diera cuenta de que le hablaba a él, ya que, aunque no hubiera nadie, suponía que no esperaba que se hubiera percatado aún de su presencia. O podía pensar que estaba hablando sola. —Mucho mejor que quedarse en el establecimiento de un cadáver. Aunque bueno, creo que no te quedaste mucho más allá de mi espectáculo. Señor…—Espero una vez más, esta vez la copia giró la cabeza en dirección, al contrario, aunque sus ojos no buscaron los de él. Una mirada vacía podía ser demasiado obvia así que el contacto directo era mejor evitarlo por el momento.

—Y dime… ¿Hay algo que quieras de mí? —Terminaría por preguntar una vez el moreno se hubiera presentado, en caso de hacerlo. —Es decir, ya que me has seguido hasta aquí…—
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Mensaje por Yuu Z. Blade Lun 6 Abr 2020 - 20:13

Allí estaba ella. Sentada sobre la húmeda madera de aquel poco concurrido muelle, bañada por la luz de la luna. Bajo los ojos del pelinegro, las chicas como ella eran prácticamente tesoros divinos. En cuanto veía una… no podía quitarle los ojos de encima, pues su pasión por las féminas era demasiado grande como para pasar por alto tal belleza. Y aquella, encima, tenía un talento embriagador que cautivaba sobremanera al muchacho. Un cuerpo perfecto, un rostro perfecto, y un cabello perfecto. ¿Qué más podía pedir Yuu? Aunque siquiera aquella noche no tuviera la oportunidad de entretenerse junto a ella estaba claro que, al menos, el recuerdo de haber visto a semejante obra de arte permanecería en sus pensamientos hasta que se muriera. Aún recordaba la última vez que había visto a alguien así, y es que la albina no era fácil de olvidar.

Parado allí, y observando cómo la luna llena se alzaba resplandeciente sobre el mar, dio unos pasos lentamente hacia delante. La voz de la mujer hizo que se detuviera, cabe decir. Y es que no se esperaba para nada que aquella muchacha supiese de su presencia. Escuchó con atención aquello que tuviese que decir, para acto seguido seguir caminando hacia delante, con una sonrisa dibujada en el rostro, y el ojo cerrado. Se colocó justo al lado de ella, abriendo su ojo y mirando el movimiento del oleaje.

Parece que he perdido facultades –dejó soltar una pequeña carcajada. En realidad había herido su orgullo. No sabía cómo le había descubierto, sabiendo que sus habilidades rozaban prácticamente la excelencia… O al menos eso decía él–. Un espectáculo increíble, he de decir –le halagó, para luego sentarse a unos pocos metros de la joven. No quería invadir su espacio personal, al menos no todavía–. Muy buena pregunta. Muy, muy buena pregunta. ¿Qué quiero de ti?  No te conozco, al fin y al cabo, ¿no? Bueno, digamos que cuando te he visto en ese escenario has captado mi atención. No era mi intención parecer un acosador ni nada de eso, vaya. Al fin y al cabo… solo quería conocerte. Es así como la gente entra en contacto, ¿no? Hablando, digo –volteó su cabeza para cruzarse con sus ojos, mas se encontró con que aquella miraba en otra dirección. De momento no estaba interesada en lo más mínimo en él, y eso se podía notar. ¡Si ni siquiera le estaba mirando! –. En cualquier caso… mi nombre es Yuu. Vaya faena lo que ha pasado en aquella taberna, ¿eh? Supongo que después de eso ese negocio tiene los días contados…
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Mensaje por Maze Mar 7 Abr 2020 - 13:39

La posición de Akane fue variando una vez el chico se sentó, adoptando la forma de un felino, aprovechó el momento en que el hombre empezó a hablar. Pareciendo un gato un poco más grande que la media de gatos comunes y con un sigilo superior a lo que ya poseía, que no era poco, no le costaría mucho quedarse a la espalda del hombre de cabellos azabaches. Supuso que su copia ya no era necesaria si solo quería conocerla, pero todavía se veía escamada por eso de “haber perdido facultades”. Eso implicaba que estaba acostumbrado a perseguir a gente, o como mínimo a trabajar con discreción. ¿Un espía? Iba vestido de traje, así que podía ser un miembro del gobierno que se hubiera camuflado. Pero ese viejo no tenía razones para ser su objetivo a simple vista… Bueno, quizás tenía contactos con gente que vendía y compraba esclavos, pero eso también lo hacían los tenryu para los que trabajaba el gobierno. Era sospechoso a simple vista, así que simplemente permaneció en silencio mirando y escuchando, a menos de un metro de distancia de él, a su espalda. Cuando mentó el negoció se relajó un poco. ¿Un ajuste de cuentas entonces?

Volviendo a tomar su forma, Mura dejó de concentrarse en su copia fantasmal, que simplemente comenzó a hacerse cada vez más transparente hasta que no quedó más que un lugar vacío y una esfera que tardó segundos en posarse en el suelo de madera con suavidad. Ella por su parte habló de nuevo, esta vez de verdad:

—Vaya, gracias. —La voz que se escuchaba a su espalda tenía un tono serio, adornado con un deje de sarcasmo. —Aunque normalmente las personas se acercan de frente cuando quieren conocer a alguien, pero tú simplemente pareciste volver a entrar a la sala cuando el anciano se cayó, así que… Es algo raro, ¿no crees? Lo de la taberna… Quién sabe. —Jugueteando con una de sus dagas entre los dedos, se permitió el hacer una floritura antes de apuntarle por un instante con ella y luego encogerse de hombros. —Quizás la hija u otra persona continúe su trabajo. Lo mismo incluso consiguen que les vaya mejor. Hay un cuento sobre una serpiente a la que no podías matar porque si le cortas la cabeza le salen otras dos. Podría pasar lo mismo, o quizás no. —

Se tomó un segundo para esperar una reacción, una respuesta… Lo que fuera. Tal vez le estuviera mirando atónito o se hubiera enfadado por “perder facultades”. Como fuera, él podría ahora sí, ver sus enormes ojos a la luz de la luna, con su pupila alargada como la de un felino en la noche. Era una de las cualidades que su fruta le había brindado, volver sus ojos como los de una criatura nocturna para poder ver con mayor claridad. Aunque seguían siendo morados. Normalmente, en su forma completa estos se volvían azules, pero con esta técnica no era el caso. En su rostro, se mostraba una leve sonrisa. No pretendía sonreír por eso, pero acechar a una “presa” y tener la posibilidad de jugar con su vida era parte del instinto asesino que le habían inculcado. Puede que lo detestara con toda su alma, pero ahí estaba y se estaba reflejando en esa sonrisa que, si bien no parecía la de un maniaco ni nada por el estilo, contrastaba con su tono por su carácter burlesco.

—Por mi parte… Bueno, la gente suele llamarme Saki cuando me conocen como cantante, pero creo que haré una excepción ya que estamos en esta isla de criminales. Mi nombre es Akane. El resto te tocará intentar adivinarlo. —Ojos morados, pelo naranja, rasgos felinos… Aunque no la había visto con orejas y cola de puma quizás el hombre fuera capaz de hilar cosas si no había hecho como ella, viviendo durante los últimos años bajo una piedra. Así acabó por enfadar a Katharina, de hecho. Bueno, ella no era una buscafamas así que en verdad le daba igual. —Y bien, ahora que ya nos hemos presentado, ¿hay algo que quieras hacer?
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Mensaje por Yuu Z. Blade Mar 7 Abr 2020 - 16:38

El pelinegro no consiguió de ninguna de las maneras que aquella chica se volteara para verle. Creía estar haciendo algo mal, pero no concebía el hecho de que así fuese. Si la cosa no iba con él... ¿entonces por qué su cortejo no estaba funcionando? ¿Acaso tenía otros motivos y había tenido tan mala noche que ni siquiera era capaz de mirar a una persona a la cara? El parchado no quiso darle demasiadas vueltas, pues era un tontería. Aunque bueno, igual dejaría de serlo cuando la silueta de aquella joven comenzó a desvanecerse. "¿Pero qué cojones...? ¿Con qué coño estaba yo hablando...? Oh. Espera... No me jodas, tú. Coño... ¡Coño, claro!", recordó lo que había pasado en aquel antro, y a las ilusiones que no había hecho mucho caso. ¿Sería aquello también una ilusión? Eso parecía, y eso fue. Y para confirmarlo, justo detrás del mercenario se escuchó una voz. La misma voz. Yuu sonrió, aliviado. Su hipótesis era correcta y todo aquello había sido una pequeña jugarreta de la pelirroja. No pasaba nada, pues el muchacho no había hecho más que incrementar su interés por ella. La joven artista agradeció el halago que segundos atrás Yuu le había lanzado directamente. Tras esto, la suspicaz mujer dejó caer varias frases que podrían ser perfectamente acusaciones o sospechas hacia el parchado. En cualquier caso... Yuu no le iba a seguir el juego por esa vía.

Quién sabe si seguirán su negocio. Lo que pase a mí me da igual –se volteó para ver su rostro. Bañada por la iluminación de la Luna, Yuu se sentía maravillado por aquella mujer. No obstante… había algo raro. Sus pupilas eran algo raras, como si fuese un gato o algo por el estilo. Pero bueno, no estuvo demasiado tiempo dentro de su atención, puesto que él tenía un ojo rojo. Es decir… al nacer pasan cosas raras, y eso se sabía ya. Dejando eso de lado, la chica prosiguió y se presentó. Akane, decía llamarse. Al mercenario parecía sonarle, pero en su cabeza tampoco es que llegase a ninguna conclusión–. Un placer, Akane. Un verdadero placer. Esto… bueno, he de decir que hay muchas cosas que se me ocurren hacer –se levantó calmadamente, volteándose tras esto hacia ella, y haciendo contacto visual–. Nada me gustaría más que ofrecerte un paseo por la isla. No es muy grande, pero estoy seguro de que habrá sitios mejores que este, ¿no? Una cosa está clara, si tú quieres, vaya. Si no quieres que te acompañe esta noche, solo tienes que decirlo y me largaré.

Yuu tenía un código desde bien joven. Podría parecer gracioso a oídos de gente que conoce al pelinegro  desde hace bastante, sabiendo lo deshonroso y capullo que podía llegar a ser el muchacho. Él era bastante distinto con las mujeres que le interesaban. Más elegante, más cortés. Total, como nunca acababa saliendo con ninguna de ellas, ¿qué más daría ser una persona distinta si lo único que quería era llevárselas a la cama? Así de cabrón era, por desgracia para muchos. Con aquella joven no sería distinto, o al menos él esperaba. En cualquier caso, no acabaría su fachada hasta que no dejara de hablar con ella, y si le daba puerta, pues entonces Yuu tendría que asumirlo y marcharse por donde había venido. Tampoco era tan importante si le rechazaban, ¿no?
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Mensaje por Maze Miér 8 Abr 2020 - 21:47

Akane escuchó las palabras del hombre con atención mientras este se levantaba, y le mantuvo la mirada en todo momento, escuchando sus palabras. Su ceño se frunció según seguía hablando y hablando. ¿Así que solo quería cortejarla? En su mente pasó fugazmente el recuerdo de Volken, que al final la situación hubiera acabado mejor o peor parada no quitaba, de nuevo, el hecho de que solo se juntaba con hombres sin ningún sentido del pudor, sin encanto. La imagen de Dexter e incluso la de Berthil se pasaron por su cabeza. El único que tenía un pase ahora tenía una bonita familia. Si es que la pelirroja al final no estaba hecha para tener una vida sentimental bien cimentada. Mejor, para sus objetivos. A pesar de ello, no pudo evitar que se le escapara un bufido, resoplando, su flequillo del color del fuego se elevó por un instante para volver a ascender. Su rostro mostraba una mueca por haber ido recordando el camino que había estado recorriendo los últimos meses. Tenía el ceño arrugado, con una ceja enarcada y una mirada que reflejaba que estaba algo “cansada” de tantos donjuanes que intentaban cortejarla. Mirándola bien –y aunque ella no se percatara de sus propios encantos-, era bastante obvio el motivo. De pequeña no tenía tantos problemas, de verdad.

Sus brazos se cruzaron por debajo de su pecho mientras la punta de su dedo índice tamborileaba sobre su brazo. “¿Vas a darle largas?” La pregunta recibió como respuesta un leve asentimiento de cabeza, que podría malinterpretarse por el chico. —A ver si lo he entendido bien…—La pausa que usó fue más que nada para centrarse en recoger el dispositivo que había usado para realizar su truquito. —¿Me has seguido desde la taberna, pudiendo simplemente haber hablado conmigo ahí, solo para pasar una velada conmigo? Es una forma un poco espeluznante para acercarte a alguien, ¿no crees? — Tenía que reconocer que, si bien el hombre no cabía duda de que no la conocía, no terminaba de inspirarle confianza. —Tras lo que ha pasado en la taberna cualquiera esperaría que pretendiesen matarla o hacerle algo peor. —Sus ojos volvieron a clavarse de manera inquisitiva en el del contrario. —Aunque bueno, no hay ningún motivo para que nadie quiera matarme… Pero no sería la primera vez que alguien intenta otras cosas. Entiendes que me resulte raro, ¿no es así, Yuu?

Y tras pronunciar su nombre, le dio la espalda. —Pero bueno, no es algo tan fácil, el atrapar a esta música. Tenlo en cuenta. —Su tono era más calmado ahora sí, más como un juego. Estaba tentándole para poder descubrir qué clase de persona era. Si tenía que cuidarse las espaldas o no. De no tener que hacerlo podría aprovecharse de esta persona para tener un mínimo de seguridad en la isla. O eso quería cree. Así pues, comenzó a caminar, separándose un par de pasos del contrario antes de detenerse y girarse. —Ya que dices que conoces la isla, será mejor que guíes tú. Yo solo estoy de paso. —
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Mensaje por Yuu Z. Blade Miér 15 Abr 2020 - 7:02

Las cosas iban mal. Muy mal. Esa mujer parecía tener contra las cuerdas a Yuu, y de una forma que él no se esperaba para nada. Sospechaba de él por la forma en la que la había seguido. “¿Pero cómo coño has sabido que te seguía, joder? Tú… esta tía controla. Me da mala espina esta mierda. ¿Debería seguir con esto después de lo que me acaba de decir? A ver, me ha seguido la corriente, más o menos. Pero… Pero joder, sería un desperdicio irse ahora. Está buenísima, tío. Eh… Quizá si… Vale, le soltaré alguna excusa y a tomar por culo. Hoy pillo. Por mis cojones que hoy pillo”, debatió consigo mismo en su mente. No estaba nervioso, mas si indeciso. Las palabras de aquella mujer le ponían en una posición que no le gustaba. Y además, su miraba empezaba a inquietar al mercenario.

—Qué quieres que te diga, la verdad. No me he acercado en la taberna porque había demasiado ajetreo, y si te soy sincero, prefería esperar a que hubiera tranquilidad —carraspeó y se aclaró un poco la voz— . Pero bueno, tú tranquila, que yo no voy a hacerte nada. Ya lo hubiera hecho, ¿no? —sonrió falsamente, mientras daba unos pocos pasos para ponerse al lado de la pelirroja, quien hacía unos segundos se había girado, mostrándole la espalda— No es que conozca muy bien la isla, pero cuando he atracado he visto un sitio genial que seguro que te va a encantar —mintió. Estaba improvisando, como siempre, e iba a caminar por donde había venido para ver qué coño encontraba. Yuu empezó a caminar en dirección a la ruta por la que había accedido al pueblo, suponiendo que aquella haría lo mismo y seguiría a su lado—.  Pongo la mano en el fuego a que sé la respuesta que me vas a dar, pero voy a preguntar de todas formas. ¿Cómo haces eso de las ilusiones? O sea, te juro que no me esperaba todo aquello que has hecho. ¿A parte de guitarrista eres maga o algo por el estilo? —bromeó, soltando una breve carcajada.

Por el camino, Yuu siguió intentando seguir la conversación que había sacado como pudo. Aquella mujer no parecía de las que hubiese que tomarse a la ligera, así que prefirió ir con calma. Acabaron llegando a una parte de la isla en la cual se hallaban unos cuantos personajes cantando alrededor de hogueras, bebiendo y yendo hasta arriba de alcohol. Lo típico en una isla de piratas, vaya. La pareja caminaba tranquilamente, supuestamente hablando entre ellos cuando, de repente, uno de los ebrios sujetos que allí se hallaban se acercó demasiado.

—Uh… ¡Pero bueno! ¡Qué pelirroja! ¡Estás buenísima! —intentó ir a tocarle a Saki donde no debía. Como Yuu era el que estaba del lado que venía él, le dio tiempo a pegarle un puñetazo en la barriga — Ugh… ¿pero qué haces…? —vomitó al pelinegro todo su traje.

—No puede ser. No… —empezó a hinchársele la vena. El sujeto siguió vomitando como si nada. El parchado le agarró de la camisa y lo levantó de una, para propinarle un golpe directo en el rostro y tirarle al suelo. Acto seguido, se quitó la parte de arriba de sus ropajes, dejando a la vista su cuerpo esculpido por los años, con diversas cicatrices alrededor de este, tanto en su espalda, su pecho, como sus brazos. Tiró al suelo su vestimenta, y se acercó al borracho — A ver, gilipollas… te lo voy a explicar —ya le daba igual que Saki estuviera allí o no. Aquello era algo personal, y le habían tocado la moral. Nada nuevo, cabe decir. El mercenario se puso de rodillas encima del sujeto, y empezó a golpearle una y otra vez en la cara.

—¡Eh, tú! ¡Eh, eh! —vino un grupo de piratas a pararle los pies al bestia de Yuu, y el más grande habló amenazadoramente— ¡Apártate de él! ¡Déjale o te vamos a reventar, hijo de tu putísima madre! —le agarró con los dos brazos, levantó al criminal y lo lanzó contra la arena unos metros más allá. Enseguida, los compañeros de aquel hombre lo socorrieron y se lo llevaron cerca de su hoguera. En cambio, el grandullón que le había llamado la atención al pelinegro se quedó —Te voy a enseñar yo a dar hostias, puto imbécil —el tío era el doble que el pelinegro, tanto en altura como en masa corporal. Calvo y con barba, era el típico pirata.

—La madre que os hizo… me habéis arruinado la noche, putos subnormales de mierda. Os parecerá bonito, ¿eh? —se levantó con facilidad, escupiendo en el suelo y quitándose la arena de la cara— Saki, en un momento estoy contigo. Tengo que explicarle a este tío… —intentó que aquella mujer no se fuera al ver al verdadero Yuu.  No obstante, aquella frase no se terminó.  Un puñetazo directo entró en la visión del parchado. Aunque venía por donde su visión estaba nula, pudo alertarse lo suficientemente  rápido y esquivar aquel ataque— Pero chico… ¿dónde ibas? —le cogió el brazo y le clavó en la mano un cuchillo que rápidamente había creado. Lo sacó y lo hizo desaparecer, para luego crear unos puños americanos en cada una de sus manos. Encajó diversos ataques con estos en la barriga de su oponente, y luego metió un gancho que dejó inmediatamente inconsciente a aquel pirata. Los nudillos desaparecieron tras esto, claro está— Y ya estaría… —empezó a calmarse. Tras tumbar a aquel sujeto, sus compañeros ni siquiera osaron acercarse. Ahora solo le quedaba lidiar con la reacción de Saki a aquel espectáculo. No tenía muchas esperanzas en aquello, pero igual tampoco le juzgaba mucho.
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Mensaje por Maze Dom 19 Abr 2020 - 19:04

La actitud de aquel hombre era… Como todos los demás que había conocido a lo largo de su viaje. Últimamente había demasiada gente interesada en ella. De verdad. No recordaba haber tenido que lidiar con ese tipo de situaciones tan a menudo cuando era más joven. Supuso, que quizás se debiera al hecho de viajar por la zona más «peligrosa» del mundo. Pero no por estar ella ahí debería considerarse que no era moco de pavo tampoco. Un poco de seriedad, por favor. Los hombres no eran los únicos fuertes. Pero si se paraba a pensarlo, y aunque no se sintiera orgullosa de ser una de las excepciones, era raro ver carteles de «se busca» con altas recompensas sobre la cabeza de mujeres. Y se refería a altas de verdad. Quizás fuera por eso. Bueno, aparentar ser menos podía ser una ventaja también. O eso se decía a sí misma Akane para que su orgullo no sacara lo peor de ella. Tampoco era culpa del hombre trajeado que estaba ahora caminando a su diestra. Había tenido una mala racha, pero que se le iba a hacer. Simplemente pasaría por alto su ocurrencia y aprovecharía su compañía un rato. Hasta le seguiría la conversación.

—Decir que un mago nunca revela sus trucos quedaría un poco cliché tras esa afirmación de tu parte, ¿verdad? —preguntó, primeramente, antes de dibujar media sonrisa. Aquella ocurrencia había sido graciosa en cierto sentido—. Pero me temo que no soy ninguna maga, y tampoco soy guitarrista —añadió, queriendo clarificar un par de cosas—. Soy cantante, aunque sé tocar algún que otro instrumento. La guitarra era del dueño, de hecho—. Le miró de reojo, planteándose aún si contestar o no a su pregunta sobre sus ilusiones. Era complicado explicarle a otra persona que era capaz de dar esa forma a su propia energía. De hecho, no era una habilidad cualquiera, solo una de muchas que había obtenido con el dominio de su aura. Y explicar todo el proceso sería… «Definitivamente, una muy mala idea», sentenció en su cabeza.

—Digamos que mis truquitos son más un secreto que otra cosa. Si fuera contándolo por ahí, otros artistas podrían empezar a imitarme, ¿no crees, Yuu? Los plagios son terribles para la carrera de alguien como yo. —No era mentira, pero tampoco estaba diciendo toda la verdad. Al fin y al cabo, a ella su carrera artística o la fama le interesaba tirando a poco. No era importante más allá de que la siguieran contratando bajo el módico precio de una estadía con los gastos pagados.

La conversación se siguió alargando mientras su agradable paseo nocturno iba avanzando. La tranquilidad del muelle se vio suplantada con la entrada en la ciudad por los gritos provenientes de otros establecimientos con las luces encendidas y los borrachos que ya no aceptaban en las tabernas, por lo que se veían obligados a seguir su verbena por las calles. Botellas en mano y hartos de ron. El alcohol se mezclaba con el olor de heces, orina y vomito. A Mura se le arrugo la nariz mientras su rostro se torcía en una mueca de desagrado que intentó omitir como buenamente pudo. Esperaba de verdad que el lugar mentado por su acompañante parcheado valiera el mal rato. Y ese deseo solo pudo ir en aumento cuando uno de los hombres, turbados por el alcohol se acercó a ellos, llamando de forma escandalosa la atención de la joven mientras su mano intentaba hallar su camino hacia el trasero de la joven. Esta, sin embargo, no llegó en ningún momento ni a tan siquiera rozar su estela, siendo detenido de forma agresiva por Yuu. Mura arqueó una ceja, mirando la escena.

«Gracias, supongo» pensó. Una pena que la siguiente reacción del moreno hiciera que todo interés que Mura hubiera podido depositar en él se fuera. Su carácter resulto ser peor que el suyo propio. Comenzando a golpear sucesivamente al hombre que había detenido a forma bruta por haberle vomitado encima. «¿Qué esperaba tras el golpe que le ha metido en la boca del estómago?» se cuestionó ella, apartándose de aquel pésimo espectáculo. Entendía que se hubiera enfadado. Ella también se hubiera enfadado si su ropa se viera ensuciada. Pero para empezar estaba casi segura de que su capacidad para controlar su enfado hubieras sido mayor.  

«¿Debería detenerles?». Quizás hubiera sido lo óptimo, pero ya era un poco tarde para parar eso sin recurrir a su Haki del Rey para intentar dejar parados en el sitio tanto a los nuevos asistentes de aquella grotesca obra como al hombre que la había defendido. Y no quería montar un revuelo aún mayor, por lo que se limitó a esperar, sentándose en el suelo, a unos veinte metros. Cruzó las piernas y apoyó los codos sobre sus piernas para poder usar las manos como punto de reposo de su barbilla. Su atención se mantuvo en sus oídos, que le aseguraban un aviso en caso de que alguien se le intentara acercar por cualquier flanco del que no tuviera visión. Se sentía, por ello, casi como si estuviera viendo una película mala. Era tan mala o aburrida que no podía sino divagar entre los sucesos de aquel día y lo que le esperaba en adelante. Aunque sí que llegó a atisbar una cierta habilidad curiosa. Era un detalle ínfimo, un tenue brillo en cierto momento al golpear la cabeza de su adversario que desapareció casi al instante.
—Oh… Parece que no soy la única maga. ¿Tú qué opinas, Kougar?

«Quizás sea un usuario, ¿y qué?».

—Bueno, un usuario trajeado, una muerte misteriosa. A mí me huele a que es un mercenario. Esa forma de luchar tan burda no pega con cómo estaba actuando.

«¿Sigues con la idea de ir por libre?».

—Claro, usaré los recursos de esa persona –Dexter– hasta cierto punto. Pero igual que Katharina, yo también tengo que buscar mis propios recursos para librar mis batallas.

«¿Vas a seducirlo para conseguir su ayuda?». Akane rodó los ojos

—Por favor, por quién me tomas. No soy ninguna fulana. Y quiero que se me respete y trate como una persona. No solo que se interesen en ayudarme a cambio de que les enseñe las tetas. —Soltó un bufido—. Como sea, ya vuelve… —se levantó del suelo, sacudiéndose el polvo de la ropa—. Seguiremos nuestra conversación luego, Kougar —musitó para que el contrario no se pensara que se había vuelto loca y por eso estaba hablando sola.  

—Creo que te has pasado un poco con ellos —comentó, mirándole de arriba abajo ahora que se encontraba más calmado. Sin prenda superior, fue capaz de fijarse en algunas cicatrices que surcaban su cuerpo. No le dio tanta importancia, sin embargo, al hecho de que estuviera desarrollado muscularmente hablando. No era algo raro encontrarse con gente que pusiera esfuerzo en curtir su cuerpo. Pero eran detalles que afianzaban su teoría. «Aunque un mercenario debería conocer los rostros de las personas por las que más pagaría el gobierno para conseguir su cabeza»—. Pero bueno, supongo que no se podía evitar… ¿Aunque no vas a coger frío así vestido? —vio oportuno mentar la menor, mientras acentuaba sus palabras con una mirada ascendente desde el abdomen del chico hasta su ojo—. Quizás sea mejor parar por hoy aquí para que puedas ir a cambiarte.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Mar 19 Mayo 2020 - 13:01

Aquellos tipos le habían sacado de sus casillas, como siempre. Y bueno, no era agradable ver a Yuu con la vena hinchada, eso estaba claro. Y menos… cuando le juzgas por ello. El mercenario sabía que esa chica le estaba juzgando con la mirada todo el rato y, bueno, no era para nada de extrañar. Nadie se esperaría que un señor con parche como él, tan apuesto y fornido, tuviera un genio tan terriblemente malo. Con ese peso encima, no habría mujer en la tierra que quisiese acostarse con él viéndole en ese estado. De todas formas, él conservaba aún la mínima esperanza cuando volvía de darles aquella paliza a los piratas.

—Creo que te has pasado un poco con ellos —dijo la pelirroja. Aquello no era nada, sabiendo que otras veces que incluso sus oponentes habían acabado en peores condiciones—. Pero bueno, supongo que no se podía evitar… ¿Aunque no vas a coger frío así vestido? Quizás sea mejor parar por hoy aquí para que puedas ir a cambiarte.

—¿Eh? ¿Ya te has aburrido tan pronto de mí? —bromeó, pese a que en su interior supiera que podría ser realmente verdad que el interés por él hubiera decaído a cero— ¿Desde cuándo necesito ir a cambiarme a otro sitio cuando puedo cambiarme aquí mismo? —hizo desaparecer la camisa vomitada y creó una camiseta negra básica en su brazo. Se la puso inmediatamente y esta quedó ceñida a su cuerpo perfectamente— Listo. Va, sigamos. Aún nos queda un tre… —al voltearse a seguir por el camino, vio a dos siluetas justo delante de ellos, bloqueando el camino.

—Vaya, vaya, vaya… ¿dos por uno? ¿Has visto, Kar? Hoy tenemos postre después del plato principal —habló una mujer bastante joven, cercana a la veintena. Su voz era suave y melódica, e iba acorde completamente con su apariencia. Iba vestida completamente con un traje de cuero negro ceñido, resaltando sus atributos delanteros de una forma bastante extravagante. En su espalda, llevaba un martillo que prácticamente era más grande que ella. Su tez era oscura, contrastando con su pelo completamente blanco y sus ojos rojos.

—Uy… Pero bueno, vaya noche la mía… ¿Quién soy yo, el plato principal o el postre? —levantó la única ceja que había a la vista, mientras su ojo intentaba seducir a la mujer.

—Esos ojos donde yo los vea, The Maker. O debería decir… ese ojo —avisó el hombre que acompañaba a la mujer, de nombre Kar. Este era un fornido hombre de mediana edad que no llevaba absolutamente ningún arma, y que vestía solamente unos pantalones cortos con estampado militar y unas botas. La tez de este era parecida a la de la mujer, solo que este tenía los ojos marrones, una extravagante cresta negra en su cabeza, y una barba que le llegaba hasta la barriga—. Risa, parece que hoy es nuestro día de suerte. ¿A quién te pides?

—¿Cómo? ¿The Maker? Espera… No me jodas. ¡Oh! ¡No me jodas! ¡Vosotros sois…! —empezó a reírse el mercenario. Se acababa de dar cuenta de que que estaban allí por él—. Joder, macho… ¿Cómo coño me habéis encontrado?

—No te estábamos buscando a t… —fue interrumpida antes de siquiera acabar la frase.

—Es igual, es igual. No me lo digáis. Mirad, si queréis pelea solo decidlo —la situación le estaba pareciendo completamente absurda en su cabeza. Seguía descojonándose en la cara de aquellos dos, quienes parecían empezar a ponerse furiosos.

—¿Te estás riendo de nosotros, chaval? —alzó una ceja, el cazador llamado Kar.

—¿No veis que sí? En fin… ¿Risa, no? —ignoró al tipo por completo.

—¿Qué quieres, The Maker?

—¿Cuáles son las probabilidades de que hoy te lleve a la cama? —no supo porqué, pero vio a aquella tipa la clase de mujer que al decirle eso podría lograr algo. Ya que la cosa estaba cruda con Saki, y tras aquello lo iba a estar más porque iba a demostrar totalmente qué clase de hombre era, pues el criminal aprovechó cualquier oportunidad.

—¿A este tío qué coño le pasa? —dijo Risa a su compañero, atónita por semejante pregunta.

—Pasa de su cara, cariño. Elige presa. ¿Quieres reventarle la cara a el tonto del parche?

—¡¿Pero me estás escuchando, hija de puta?! —no le gustaba que le ignorasen. Su faceta cómica se hallaba desapareciendo, y su vena se estaba hinchando—. ¿A quién coño llamas tú tonto del parche, enorme hijo de la grandísima puta? —creó una espada en su mano.

—Yo me encargo de este gilipollas, Kar. Encárgate tú del plato fuerte. Cuando acabe con él te echo un cable, ¿vale?

—Entendido —sonrío el hombre, quien fijó su mirada en Saki inmediatamente— ¿Jugamos, Murasaki?

—¿Y este tío por qué coño te conoce, Saki? ¿Y por qué te llaman el plato fuerte? ¿Quién demonios e…? —se dio cuenta de que el martillo de aquella mujer se hallaba yendo hacia él— ¡Hija de puta! —lo esquivó por los pelos.

El combate no hacía nada más que empezar. Por parte de Kar, se abalanzó con una velocidad pasmosa contra la pelirroja, intentando agarrarla del cuello con una de sus grandes manazas.
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Mensaje por Maze Mar 19 Mayo 2020 - 22:00

«¿Y a este personaje que coño le pasa?». Fue el primer pensamiento que le vino a la mente al escuchar las palabras del azabache preguntando si ya se había cansado de él. Ni que le hubiera tratado de juguete. ¡Podría simplemente haber pasado de su cara y dejarle atontado con el truco de su espejismo al desvanecerse! Pero no lo hizo, y pese al pésimo espectáculo que le había dado… En fin. Su cara demostraba que, si no había perdido el interés en él —interés que no incluía el dejarse llevar a su cama— se estaba empezando a replantear si no marcharse, por mucha broma que fuera. Con la boca torcida en una mueca y una ceja arqueada. Aunque tampoco tuvo tiempo de pensar en ello. A unos diez metros de ellos acababan de aparecer otras dos personas. Una mujer de cabellos albinos y un hombre de apariencia estrambótica que les estaban cortando el paso. Tras el comentario de plato fuerte y postre, no había que ser un genio para intuir que se trataba de un par de cazadores. Por suerte, el tarugo de su acompañante tenía suficiente ego como para darse por aludido cuando le llamaron por su mote.

«Así que este tipo también tiene precio por su cabeza». Bueno, viendo que podía crear cosas entendía el mote… Y ya había visto que no era trigo limpio entre sus intentos de seguirla y su agresividad. Pero dudaba que tuviera más recompensa que ella… Tampoco era como si su propia recompensa fuese por méritos propios únicamente. Chasqueó la lengua. ¿La había seguido desde Casino Island? Ese fue el único lugar en el que había dado señales de vida siendo «ella» y habían pasado meses… «Mierda, quizás fuera de cuando tuve mis roces con Katharina. Pero igualmente no debería ser motivo para que me estuvieran. Bueno, da igual. Los muertos no hablan, ¿no? Tocará buscar otra forma de darles esquinazo a los siguientes que se puedan plantear buscarme». Sentenció en su cabeza mientras de fondo escuchaba la riña entre Yuu y la parejita. ¿Había escuchado algo de llevarse a la cama a la albina? Resopló desesperada, llevándose la mano a la cara. «Hombres». Bufó, recordando a Volken.

Por un momento se planteó el marcharse. Dar media vuelta mientras se centraban en Yuu y perderse en el bosque no le costaría mucho. Y tampoco tenía ningún tipo de apreció al salido ese. Pero la voz de la caridad sonó en su cabeza diciendo que estaría feo. Iba a ignorarla, pero luego pensó en que si le dejaba solo y le mataban luego la buscarían a ella, y un dos contra uno era más tedioso que un dos contra dos, así que solo había que hacer cuentas. Suspiró. Al final lo mejor sería aliarse con ese hombre.

Resignada, Mura empezó a concentrarse en generar sutiles hilos mientras se movía, dejando en su posición inicial una copia que se mantendría de brazos cruzados. Mientras no atacase a nadie no se percatarían del truco, menos aún con esa oscuridad. Sobre sí misma intentaría hacer algo por el estilo. Ya había pretendido emplear antes esa técnica, pero nunca había encontrado la ocasión. Usando el recuerdo del escenario que tenía detrás, tejería una ilusión que la volvería «invisible», o esa era la teoría. Hasta el momento apenas había conseguido parecer un borrón, y eso estando quieta. En movimiento no sería tan fácil. Pero daba igual. Mura sonrió. “Al menos es útil como distracción”.

Cuando el hombre se dirigió a ella, mejor dicho, a su copia, esta se mantuvo hierática, aunque cambió un poco su postura, para no delatarse. Y, obviamente, tampoco contestó al azabache.

—Vaya, así que la gran pirata es una persona de pocas palabras. Supongo que tras lo de Dexter no tienes mucho que decir. Tal vez tengas demasiada fama para ser solo una niña —dijo con una sonrisa afilada que dejaba entrever todos y cada uno de sus dientes, por los que se pasó la lengua—. Pero eso no te salvará de que llevemos tu cabeza ante el gobierno.

Y de nuevo, silencio. Aunque este silencio solo incentivó a que el barbudo se abalanzase sobre ella, agarrando a su copia por el cuello. Esta se desvaneció entre sus manos como si nada, quedando él con el brazo en el aire y el puño cerrado. De hecho, con esa potencia quizás se desequilibraba. Poco importaba.

—Bueno, para querer jugar eres muy aburrido. Ni siquiera has sido capaz de proponerme a que querías jugar… —negó con la cabeza mientras chasqueaba la lengua repetidamente. Siendo la original, se notaba que sus ojos violáceos ardían con ira. En tan solo un segundo, los hilos que ocupaban el área en el que se hubiere encontrado antes la felina se solidificaron, debido a su haki, seguramente enredándose contra la piel del hombre. Estos tenían una resistencia similar a la que conseguía su cuerpo con el haki de armadura. De ser así, Mura comenzaría a apretarlos, tirando de ellos, con intención de cortarle en rodajas.

Por otro lado, la peliblanca parecía haber fallado por poco el primer ataque que había dirigido hacia Yuu, pero el segundo no tardó en volver, esta vez siguiendo una trayectoria que ascendía en diagonal hacía la derecha a una velocidad sorprendente teniendo en cuenta la estatura de la joven y su aparente constitución —en comparación al tamaño del arma. Acertase o no, se vería acompañada por una onda de choque, surgida de la base del martillo.

—Tal vez debas centrar más tu puta cabeza en la pelea si no quieres perderla. O podrías entregármela y ahorrarme algo de tiempo, «The Maker» —se mofó al pronunciar el apodo del mayor.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Jue 28 Mayo 2020 - 15:16

El mercenario dio un pequeño salto hacia atrás cuando casi le golpea la albina. Una demostración de fuerza inolvidable, sí señor. Sería toda una bestia en la cama… Si a Yuu no se le hubiera pasado el interés cuando le ignoró por completo. Aquello pintaba mal, la verdad. «¿Entonces buscan a la estirada esta? Ni siquiera me ha respondido, la muy borde. Eh… ¿Y si…? ¡Mierda!», estuvo a punto de idear una estrategia de huida, pero… el martillo volvió a ir hacia él. Sus capacidades premonitorias se activaron por puro instinto de supervivencia, y logró ver su próximo ataque con pelos y señales. La tipeja estaba de lo más relajada, por lo que podía ver con el color de su aura. Una cazadora acostumbrada a cazar… No era ninguna novedad que esa clase de personas no tenían en absoluto piedad alguna. ¡Qué suerte! Porque Yuu tampoco.

—¿Dónde vas, flipada? —sonrió mientras creaba un muro de acero entre ellos. El mercenario volvió a retroceder de un salto mientras intentaba apartarse de en medio. No obstante… El muro se rompió rápidamente y la onda de choque que le siguió hizo que el muchacho saliera volando hacia atrás. Recibió un impacto bastante contundente en el hombro izquierdo, que posiblemente le hubiera roto varios huesos si no supiera como recibir aquellos golpes.

Yuu se llevó a varios por delante mientras seguía en el aire por la inercia. Acabó impactando contra la pared de un edificio. Teniendo en cuenta que no era la primera vez que le pasaba, sabía cómo amortiguar esos golpes con más facilidad que antes. Eso sí, sus huesos no. Alguna costilla empezaba a quebrarse, y eso no era buena señal. El criminal recobró la compostura y estiró un poco su cuello. Aquella tipa tenía un poderío considerable, pero no suficiente como para bajarle del pedestal en el que él mismo se posicionaba.

—¿Escapo? ¿Me enfrento a esta tipa…? —dijo en voz baja, mientras se re–colocaba el hombro— Me ha tocado los cojones, pero… Bah, qué más da. Al lío, con todo. —Se acercó a la playa por la que acababa pasar volando, y donde aún se encontraban los cuerpos con los que había colisionado. Metió en su puño un montón de arena que más tarde serviría para su improvisado plan. Dos brazos etéreos salieron de su espalda, a la par que atrasaba su pierna para salir disparado hacia su oponente. Como una liebre, salió corriendo en su dirección.

Justo cuando se posicionó delante de ella, sabiendo que le atacaría antes de que él pudiera hacer nada, le lanzó la arena que había recogido a los ojos y dio un salto de varios metros para caer detrás de ella. Cuando estaba aún en el aire, miró hacia abajo y creó un cuchillo que iría a diez metros segundos hacia el hombro derecho de la muchacha. Aterrizó perfectamente y se giró para realizar su segundo movimiento. Creó una espada en cada una de sus manos y cinco encima de ella, a unos tres metros de alturas y apuntando hacia su cabeza. Conectó con una de sus manos etéreas las armas y las lanzó en su contra con soltura y rapidez. «A ver si esquivas eso, pedazo de zorra», pensó mientras dibujaba una sonrisa perversa en su rostro y se colocaba en posición defensiva.

Parece que a Yuu le iba de maravilla… Pero no se podía decir lo mismo del pobre Kar. ¿O sí? Murasaki había engañado al sujeto y había conseguido enredar por completo al hombre. ¿Acaso su carrera de cazarrecompensas había llegado a su final? No, él no lo podía permitir. ¿Quién sino podría darle cariño a la pobre Risa? Solo él podía, y no se permitiría morir a manos de aquella pelirroja. Su piel empezó a enrojecerse allá donde estaban los hilos de la muchacha, pero no pareció hacerle absolutamente nada. Kar proclamó a los cuatro vientos su grito de guerra, y con una descomunal demostración de fuerza rompió los hilos de una. No cabía duda de que para herir a este sujeto habría que usar algo muchísimo más contundente.

—¿Jugar? Vas a arrepentirte de llamar a esto jugar, sucia pirata… —rápidamente, se giró hacia la ubicación de Murasaki al haber escuchado su voz previamente— Déjate de trucos de magia, muchacha… —atrasó una pierna y colocó sus dos brazos paralelamente al lado de sus caderas, con sus puños cerrados. Salió disparado hacia ella con los dos brazos prácticamente negros y, una vez se colocó delante de la mujer, gritó de nuevo y ejecutó cuatro puñetazos con sus respectivas ondas de choque dirigidos al pecho de la pelirroja— ¡¿Quién coño juega ahora, zorra?!
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Mensaje por Maze Mar 2 Jun 2020 - 16:06

El gesto de la pelirroja se torció en una mueca mientras veía como su oponente se retorcía y farfullaba. ¿La había llamado sucia pirata? Vale, lo de pirata no podía evitarse. Hasta hacía medio año había sido parte de la banda de un Yonkou. ¿Pero sucia? Por favor, estaba segura de ser la persona más cuidada en lo que a higiene se refería de aquella isla de mala muerte. Aunque explicarle eso a una persona que parecía tener más músculo que cerebro solo haría que le doliera la cabeza. Es decir, más de lo que ya lo hacía por la situación, el cansancio acumulado de su jornada en la taberna y los gritos del subnormal ese. La próxima vez debería atarle la boca con hilos también… O quizás no, ya que para sorpresa de Mura estos se habían roto, cediendo a la fuerza del cazador.

«Bueno, le puedo conceder un punto por su fuerza bruta». Pensó, frunciendo levemente el ceño. Aquellos hilos estaban tejidos y revestidos por su propia voluntad, no era algo que cualquiera debiera poder romper —o, mejor dicho, dispersar— con tanta facilidad. Es decir, eran algo capaz de poner en jaque, aunque fuera durante menos de un minuto, a Katharina. Y de hecho ella no los llegó a romper en ningún momento. «Bueno, si atarle no le detiene…».

Akane clavó sus ojos en la figura del hombre: Era una mole que le sacaba tres o cuatro cabezas y con unos brazos que bien podrían tener el mismo grosor que su propio tronco. Sus piernas y el resto de su cuerpo tenían una complexión similar, por lo que suponía que era alguien centrado en el combate cuerpo a cuerpo. Era como enfrentarse a un rinoceronte. Tenía la piel igual de gruesa. Lo único que podía esperar era ganarle al desgaste porque mover toda esa masa le resultara complicado, más si mientras tenía que pisar arena. No era un terreno favorable, las piernas se hundirían con cada paso que daba y su vista se cansaría siguiendo su figura si lo hacía bien, pero de momento… «Tocará ver si su fuerza es más alta que mi resistencia».

El hombre se abalanzó hacía la pelirroja a una velocidad bastante decente, a pesar de su envergadura. Pero no era suficiente como para que Mura no pudiera simplemente esquivarle. Era una bailarina y se había especializado en controlar su cuerpo a la perfección y mejorar sus reflejos. Además, sus músculos eran mucho más flexibles y alargados, aptos para una mayor potencia en carrera. Si así lo hubiera querido, podría simplemente haber esquivado su ofensiva y golpeado desde otro punto. Pero no lo hizo, en su lugar, cruzó los brazos frente a su pecho y se posicionó de tal manera que su centro de gravedad quedara más cercano al suelo, sin agacharse. Sus brazos se recubrieron por un revestimiento de color metálico que no solo fortalecía su piel, sino también sus músculos, dándole una mayor tenacidad a su Haki de armadura. Por si fuera poco, los hilos de aura que había usado antes se encontraban entre medias del atacante y su cuerpo, aminorando todavía más los golpes.

—Tienes razón en algo —dijo la más pequeña de las dos figuras una vez Kar acabó su ofensiva, echándose hacia atrás. Seguramente el hombre esperaba ver tras la polvareda que sus golpes hubieran dejado a Akane malherida y casi sin fuerzas. No fue el caso, aunque seguramente le sorprenderían más su cambio de aspecto: unos centímetros más alta, con la piel recubierta levemente de un pelaje anaranjado, aún corto. De entre su cabellera sobresalían dos orejas animales y una cola de felino a su espalda se movía en un suave vaivén. Su tono de voz era diferente también, quizás por el cambio de la apariencia de su nariz y su maxilar. Además, tanto sus piernas como sus brazos habían cambiado, asemejándose sus manos y sus pies a las garras traseras y delanteras de algún felino. La única pena era que ese cambio había destrozado sus zapatos y calcetines, así que tendría que volver descalza a la posada, pero bueno—. Creo que me equivoque bastante en llamar a esto un «juego». —Su mirada se clavó de forma penetrante en los ojos ajenos —con sus rasgadas pupilas dando una apariencia más fiera a la menor, a pesar de su escasa estatura— mientras se tomaba un momento en quitar los restos de su calzado de sus pies, pisando ahora la suave arena de la playa—. Después de todo, los juegos deberían ser divertidos y esto no lo está siendo— sentenció antes de tomar posición, bajando su cuerpo.

En escasos segundos… Desapareció, simplemente eso. Su figura se escurrió desde el lugar en el que se encontraba, moviéndose hacia un lateral. Manteniendo el cuerpo bajo, pretendía probar a realizar un ataque más directo, esta vez centrándose en clavar sus garras en la pierna ajena reforzándolas como hubiera hecho antes con sus brazos para defenderse. Tenía que tantearle un poco antes de plantearse dar un golpe «serio».

Por el otro lado, la peliblanca parecía estar en apuros gracias a Yuu, quien había desplegado toda una serie de recursos en su contra. Una pena que no todas sus artimañas hubieran dado sus frutos o, de lo contrario, seguramente la mujer hubiera acabado ensartada por mínimo una de sus espadas. Sin embargo, cuando la arena fue hacia sus ojos esta ya los había cerrado como si predijera lo que estaba a punto de hacer. No podía estar segura de que lo que le tirase fuera arena, pero en su cabeza había visto por menos de un parpadeo como las manos del contrario se preparaban para lanzarle algo a la cara. Usando su fuerza, se aseguró de girar al tiempo que levantaba el martillo, quedando su cabeza justo en posición para que el cuchillo rebotara contra este, cayendo a varios metros de distancia sobre la arena tras el vibrante sonido del metal chocando contra otro metal. La mujer pareció enfurecerse con ese juego sucio, hasta le propició alguna que otro insulto mientras volvía a una posición defensiva.

—¡Eres una condenada sabandija, «The Maker»! —gritó frustrada antes de golpear el suelo con su martillo. En esta ocasión, la honda pareció crear una cúpula de arena, la cual se mantuvo estática durante unos segundos, deteniendo las espadas entre su grueso antes de esparcirse, dejando una forma circular dibujada sobre la playa.  Volviendo a mover su arma, que parecía ser la causa de aquella peculiar habilidad, hizo un barrido sobre la arena y esta se movió como una ola de dos metros y medio de altura y tres de ancho que se abalanzó contra el criminal.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Dom 19 Jul 2020 - 18:05

La mujer del pelo blanco fue capaz de zafarse de todos y cada uno de los ataques que Yuu realizó en su contra. Se mostró frustrado ante su ofensiva fallida, apretando los dientes y sus puños. Iba a tener que esforzarse más y no tenía ganas de hacerlo. Gruñó y soltó aire por la nariz, enfadado. Dejó su postura defensiva y miró a la mujer, la cual se hallaba insultándole y golpeando su martillo contra el suelo. La arena pareció cobrar vida y la protegió de las espadas que se abalanzaban contra ella. De nuevo, otro ataque fallido. Tras esto, la mujer pareció realizar otro golpe que envió gran cantidad de arena en contra del mercenario, creando una especie de ola de poco más de dos metros.

—Yo te lanzo un poco de arena y tú me lanzas el triple. Alguien se ha picado, ¿eh, pedazo de zorra? —flexionó un poco sus rodillas, agachando también sus brazos y cogiendo impulso.

Salió disparado hacia los cielos, concretamente en diagonal hacia la posición de la mujer. Para esquivar la ola sin preocuparse, volvió a impulsarse otra vez en el cielo gracias a una plataforma que él mismo creó e hizo desaparecer nada más completada su función. La distancia entre él y la mujer era cada vez menor, y seguramente esta ya tuviera algo en mente para abatir al mercenario antes de que este siquiera pusiera un pie en el suelo. Miró alrededor de esta, creando tres granadas de impacto que tardarían un segundo en explotar en la arena, y levantarían gran cantidad de granos. Si no impactaban en ella las bombas, al menos cegarían a la mujer. Pero esto no acababa ahí, pues su idea era que no viera los dispositivos de impacto y pensara que Yuu iba a atacarle. Este se hallaba cayendo en picado con los brazos en forma de cruz, dando a entender que iba a hacer un ataque sencillo hacia abajo con ambas. En el mismo instante en el que las bombas supuestamente impactarían, Yuu se aseguró de crear una plataforma flotante encima de la mujer —alejada del rango de ataque de esta— en la cual aterrizó y se aseguró una protección en contra de las explosiones. Nada más oyera estas, haría desaparecer la plataforma e intentaría caer detrás de la joven albina. Caería con las manos y sus espadas apoyadas en la arena, y con su pierna buena intentaría hacer un barrido para que esta perdiese el equilibrio y cayese en el suelo. Cegada o no… No se esperaría un ataque tan directo. Si conseguía tirarla, se encargaría de cortarle sin demora el cuello. Si no lo hacía y recibía un ataque directo de esta… Quizás las cosas se ponían un poco feas, dado que las defensas de Yuu estaban completamente abiertas.

Por otro lado… Kar y Murasaki continuaban con su combate unos cuantos metros más alejados de los otros dos. El hombre acababa de golpear a la joven pelirroja con toda su fuerza. Al parecer, esta no era para nada débil. El choque de ambos creó una onda expansiva que echó hacia atrás a ambos, levantando una leve polvareda que se disipó a los pocos segundos. Kar estaba sonriendo, y sus brazos ya no tenían ese color negro que había utilizado en su ataque. Escuchó lo que su rival tenía que decir y, cuando finalizó esta de hablar, dejó salir una curiosa carcajada de su boca. Observó el cambio que había tenido en su aspecto, no inmutándose en el proceso.

—Para ser tan jodidamente famosa sigues siendo una puta niñata —dijo en voz alta, al mismo tiempo que veía cómo la misma desaparecía.

Sabía que su ataque era inminente, y estaba preparado para recibirlo. Nada más la vio debajo de él, clavando sus garras de ébano en su pierna, supo que era su momento de atacar. No sintió dolor de aquel ataque, pese a que su carne acabó desgarrada y posiblemente tendría problemas para caminar luego. No obstante, no le importaba. Tenía a su objetivo donde quería, e iba a utilizar aquello a su favor. Los puños del hombre se tornaron de un color negro. Con un veloz movimiento, sus brazos descendieron en dirección a la espalda de la mujer. Una especie de llamas de un color rojizo perseguía a sus puños, los cuales buscaban impactar con todas sus fuerzas y quebrar algunas vértebras de su contrincante. Si lo conseguía, entonces la joven pelirroja estaría en apuros. Si esta conseguía zafarse, entonces el golpe impactaría en el suelo y la arena en un radio de cinco metros se levantaría. Cuando la polvareda se disipara, se podría ver como se habría formado un círculo de destrucción alrededor de Kar.
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Yuu Z. Blade

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