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[Misión legendaria-Nuevo Mundo] Explorando el pasado (Exclusiva Lance)

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Mensaje por StaffOPD el Miér 27 Mayo 2020 - 23:27

Contratante:Hipatia Stix

Descripción: ¡Vaya! ¡Has encontrado la vieja brújula de Gauss! En ella se marca la dirección a nuestra vieja base, aunque seguramente ahora esté todo destrozado. Era un sitio maravilloso, lleno de animales enormes y plantas gigantes... ¡Y grifos! ¡Había grifos! Y dinosaurios, aunque no muy grandes. Bueno, en comparación a caballos más grandes que un barco un estegodón parece pequeño, ¿sabes? Pero bueno, seguro que encuentras algo por ahí. Si vas a ir, tráeme un par de manzanas doradas. Están junto al gran lago, y están deliciosas

Objetivos: Explora la isla y consigue las manzanas de Hipatia

Premios: Una pequeña base en una isla de nombre desconocido (¡Podrás darle nombre!), aunque en muy mal estado, y una manzana dorada. Conocimiento único.
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Mensaje por Lance Kashan el Miér 3 Jun 2020 - 20:45

Bueno… Había sacado unas recompensas, digamos que, variopintas. No era nada extremadamente útil ni que pudiera sacarme de un problema, o al menos así se habían demostrado. Por suerte el arma de fuego subía la media de los cinco objetos, ya que solo me había hecho falta probarla sin salir de la isla gyojin para descubrir que los habitantes eran capaz de usar esa agua. ¿Perdía su identidad como agua…? Era algo que tendría que investigar más, desde luego, porque la puerta de evitar mi muerte por caída al mar se abría de golpe, además de que también había demostrado tener un cargador virtualmente infinito. Se recargaba automáticamente durante la noche, así que supuse que tenía un circuito dentro de engranajes, pero me daba miedo abrirla y estropearla.

Obviando eso, y la bacinilla, tenía una nueva estatua con la que adornar el Ragnarok. Fue una putada increíble subirla al barco en el que iba y terminar moviéndola al Loki, para luego hacerla llegar a la cubierta del Ragnarok. Muchas poleas, gente gruñendo para subirla a pulso y rampas con ruedas. Terrible. De todas formas, allí estaba, en el salón del barco, en una esquina remota, todavía entera, junto con tres maromos que se encontraban descansando con las manos en las rodillas para recuperar el aire. Me había percatado de que tenía una Eternal Pose en la mano, pero no me hacía falta tener conocimientos de navegación para afirmar que debía estar estropeada: la aguja no tenía un rumbo fijo, sino que se dedicaba a dar vueltas por todos lados como si estuviera loca. Era una pena, ya que una brújula de aquel tipo nos ayudaría a hacer crecer la base de datos de Freya y, mejor aún, se solían vender por un buen pellizco. No todos contaban con aquella pertenencia, por lo que los cartógrafos se mataban cuando veían una de esas en el mercado.

Entré a la gigantesca estancia, dejando una caja con todo lo obtenido en la puerta y caminando hacia la barra, pidiendo un zumo de frutas que se me sirvió en cuestión de un minuto. Anduve hacia uno de los sofás y, tirando la máscara a la mesa, descalzándome y dejando el recipiente en la mesa de al lado, me tiré sobre este a lo largo. Cabía de sobra por temas de tamaño, eso estaba claro. Ya allí, cogí el vaso y empecé a beber con cierta pereza, cansado de la experiencia. Trabajar con dos inútiles como aquellos había sido terrible a todas luces y nadie prometía que si me los volvía a encontrar no sufriera una embolia o los fusilase.


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Mensaje por Lance Kashan el Vie 5 Jun 2020 - 11:13

Y, de pronto… Un DDM sonó. Desde el interior de mi chaqueta para ser más precisos. Levanté la solapa izquierda con dedos índice y corazón, suavemente, y metí la diestra en el bolsillo, recogiendo al gasterópodo que no paraba de resonar por el salón en búsqueda de atención. Una pequeña sonrisa surgió en mi rostro, reconociendo que se trataba de aquel que le había dado a la actual reina de los gyojin, lo que significaba que necesitaba de mis servicios. De todas formas, la mueca se empañó ante la idea de que compartir la misión nuevamente con aquel par era una posibilidad y, tras meditar durante un par de segundos si realmente me era rentable embarcarme en aquello, elevé el teléfono:

— ¿Sif? — Asentí, tontamente, pensando luego que ella era incapaz de verme. Dejé escapar un escueto ''Sí'' para dar fe de que allí estaba. — Verás, en el palacio nos hemos dado cuenta de que te llevaste la estatua de Neptune tercero. Y aunque no me interese la escultura per se, porque es cultura y tampoco es tan importante.

— Entiendo, señorita Hipatia.

— Lo importante es la Eternal Pose que lleva en las manos. Llevamos demasiado tiempo sin darle uso, pero pertenecía a Gauss y dirige a aquella isla en donde pasé tantos días con una buena compañía. — Esperó a una respuesta, pero no sabía muy bien qué decir. — No, la brújula no está rota; digamos que es un destino un poco especial.

— ¿Necesita que se la devuelva pues? — No me agradaba el volver a dársela. No por perder aquella estatua que no hacía más que decorar el salón y que aunque era bonita no aportaba nada. Tampoco me llegaba a importar la brújula, ya que si no la conocía tampoco debía ser tan importante. Era la pereza de descender nuevamente y llevarla de un lado a otro.

— ¡No, no, no! No te preocupes. — A pesar del tema de conversación tenía un tono jovial y hasta dejó escapar una carcajada de felicidad. — Solo necesitaría que me trajeses un par de manzanas. Crecen al cobijo del gigantesco lago del centro de la isla, nutridas de los restos de increíbles animales y con un agua única, que hace justicia a la fauna y flora de allí. Son doradas, así que duro que seas capaz de perderlas de vista una vez que las encuentres. — Yo me limité a mirar fijamente a la estatua, pensativo, entrecerrando los ojos.

— Entendido, reina. — Ella dejó escapar un suspiro, supongo que de alivio.

— Es el mejor plato que haya probado en mi vida. Me gustaría repetir, la verdad, y quizás logramos plantarlas. — Empezó a reírse sonoramente. — Tendrás las puertas del palacio abiertas en cuanto vuelvas. Suerte, Sif. — ''¿Suerte?'', me repetí para mí mismo. ''¿Para qué necesito yo suerte, si es hacer de agricultor…?'' era la pregunta que más ocupaba mi mente. Y, antes de que pudiera hacerla responder, colgó.

Casi no había descansado del primer trabajo y me tocaba hacer el siguiente, además para la misma clienta. Era la reina de los gyojins y tritones, así que debía estar en buenos términos con ella si quería un aliado importante y no deseaba una guerra contra un país simplemente por descartar un trabajo como aquel. Además, tenía curiosidad acerca de la naturaleza de aquellas frutas, así que valdría la pena ir allí y, como científico con ciertos conocimientos de biología, me llamaba la atención que definiese a los animales como ''increíbles'' a pesar de ser… Bueno, una sirena.

— ¡Chicos! — Di un par de palmadas al aire mientras me levantaba, señalando a la estatua de Neptune. — ¡Que un navegante se acerque a seguir el rumbo de la Eternal Pose, tenemos curro! — Se me quedaron todos mirando ojipláticos, hasta que uno se acercó andando de forma tímida.

— Verá, señorito, fue lo primero que tratamos de hacer nada más verla… Por curiosidad, ya sabe. — Se frotó la nuca mientras reía nerviosamente. — Pero nada. Nadie sabe seguirla con ese movimiento de vaivén que tiene. — Dejó de mirar al suelo y se fijó en mí por un segundo, para después volver a la primera posición. — ¿Está seguro que no está rota?

— ¡No puede estar rota! — Pegué un golpe en el respaldo del sofá, emitiendo una serie de chispas que resonaron por toda la estancia. — ¡Me lo acaba de asegurar esta mujer! — Miré mi mano, apretándola para formar un puño. — Sin Eternal Pose, no hay trabajo. Sin trabajo, no hay favor de la reina de los gyojin. Más os vale encontrar la forma si no queremos problemas.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Sáb 6 Jun 2020 - 21:16

El mercenario miraba las nubes mientras se apoyaba en la baranda de cubierta. Consumía su cigarro lentamente mientras dejaba su mente completamente en blanco, deleitándose con la tranquilidad que tenía en aquellos momentos. Era un día sin trabajo, por lo tanto Yuu se podía tomar la libertad de relajarse y no hacer absolutamente nada. Para su desgracia, aquella paz duraría lo que el tripulante que acababa de salir a cubierta tardase en llegar hasta él. El criminal se dio cuenta de su presencia a mitad de camino, y chasqueó la lengua en señal de molestia.

—¿Qué? —dijo, con bordería, el capitán del Ragnarok.

—Jefe, el señorito Sif ha llegado de su misión. Ha traído bastante equipaje y está ahora mismo en el salón.

—¿Ha traído algo interesante? —se volteó, dejando de apoyarse y mirando a su tripulante.

—Eso tendrá que verlo por usted mismo, señor. No me he fijado en qué era, lamentablemente…

—Entonces me has interrumpido con la información a medias. De puta madre. ¿Qué coño me toca a mí hacer ahora? Pues nada, iré a ver yo mismo lo qué cojones ha traído —tiró su cigarrillo por la borda e inmediatamente se dirigió al ascensor que le llevaría al piso donde se hallaba al salón. Tardó un par de minutos en llegar, y cuando cruzó el umbral que daba al gigantesco habitáculo no pudo evitar escuchar la conversación que estaba teniendo Sif con los hombres que le estaban ayudando a mover cajas— Hey, hey… ¿Qué Eternal Pose? ¿Reina de los gyojin? —se acercó a curiosear lo que el joven de cabellos castaños tenía entre manos. En este caso no lo tenía él, sino una estatua extraña. Yuu lo examinó ladeando la cabeza un poco—. Eso no está roto, chavales… A ver… —la cogió con cuidado con las dos manos y siguió examinándola a fondo—. Solo le hace falta un apaño rápido y estará como nueva… Pero joder, cómo gira la condenada. Según lo que sé, Sif, si esto lleva a una isla… Más nos vale estar preparados. En mi puta vida había visto una brújula de estas moverse tanto y a unas velocidad tan endemoniadamente irregulares. La isla a la que lleve esta mierda tiene que ser chunga de cojones —avisó a su compañero de antemano—. Vienes como un anillo al dedo ahora mismo, Sif. Con esa mierda tuya de los rayos creo que podrías… ¡Já! Mira, tío. Pon la mano e intenta que pare con tu magia. Ya verás como funciona, confía en mí. Estas mierdas se rallan que no veas con el magnetismo ese, así que tú podrías hacer que marque la dirección correcta —colocó el instrumento de navegación delante de su compañero y, cuando este lo tocó, este empezó a regularizar su giro, parándose a los pocos segundos en un punto en concreto. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Yuu al ver la dirección a la que apuntaba— Vamos, creo que va a ser la primera vez que pilote de forma manual, pero tengo que hacerlo por cojones. Llegarás antes que yo, así que ordena a todo alma viviente en el centro de mando que preparen todo para la navegación manual.

Yuu empezó a correr hacia el lugar designado, llegando allí en poco menos de tres minutos. Se colocó directamente en el timón, contemplando todo el panorama del cielo. Si el mapa de Freya no se equivocaba, estaban cerca de la gigantesca montaña que separaba el Grand Line del Nuevo Mundo. El destino de la brújula, una vez Lance volviera a usar su fruta del diablo para que volviese a marcar uno, dirigiría al Ragnarok hacia el peligroso cielo del Nuevo Mundo. Yuu dio todas las órdenes necesarias para preparar a la enorme embarcación para sobrevolar aquello, además de que le trajeran un montón de bebida y comida.

—De aquí no me muevo hasta que lleguemos. ¡Chavales! ¡Cuando lleguemos a lo alto del puto cielo quiero esos motores a su máxima velocidad! ¡Esto no es ninguna puta broma, así que os quiero a todos al máximo puto rendimiento! ¡Va, va, va! Por cierto, Sif, ¿tienes idea de a dónde coño nos dirigimos?

Aquella brújula había cautivado al mercenario, aún sin saber a dónde demonios llevaba aquello. Simplemente todo aquello fue fruto de uno de los múltiples impulsos que tenía Yuu a la hora de emocionarse por algunas cosas. Navegar era una de las pocas cosas que le daban emoción a su vida —junto con los contratos que realizaba siempre—, y eso con el Ragnarok se perdía completamente gracias al sistema Freya. La sola oportunidad de descubrimiento inspiraba al mercenario… Porque posiblemente aquello podría llevarle a hacerse más rico todavía.
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Mensaje por Lance Kashan el Lun 8 Jun 2020 - 8:23

Como si se tratase de una llamada directa, Yuu apareció por la puerta del salón con esa iniciativa que le caracterizaba, escuchando sobre el tema del que hablaba con interés real. Y no era para menos: desde que había salido al mar, era el navegante más cualificado que había conocido. Sin leer libros ni documentarse de forma alguna, lo que no sé si le otorgaba más o menos mérito, pero ahí estaban los hechos. Mencionaba la peligrosidad de la isla en base al giro de la Log Pose y, aunque por el momento no le encontraba el sentido lógico —al menos en este caso—, acepté la realidad. Muchas veces era más fácil asentir que negarse a lo que te escupía el Nuevo Mundo, usualmente locuras.

Me pidió segundos después que frenase la brújula, imantando mi mano, algo que hice al momento. Esperaba no romperlo, por lo que moderé al máximo mis capacidades, posando la mano sobre la cúpula, en el punto superior, y generando un magnetismo nimio. La brújula, por ende, tardó unos cuantos segundos en atender a mis esfuerzos y frenar y, para cuando  se frenó en seco, marcaba una dirección que a simple vista se podía tildar de aleatoria. Pero según  Yuu era ese el camino que debíamos tomar si queríamos llegar a la isla y, tan emocionado como yo, me instó a acercarme al centro de mandos para perder el mínimo tiempo posible.  Me desmaterialicé en cuanto dijo las palabras y recorrí los pasillos hasta llegar a la estancia, dando un par de palmas:

— ¡Chicos, tenemos curro! — Uno de ellos me miró, enarcando una ceja para luego fijarse en una de las pantallas. — No, cada uno a su puesto, en una alarma blanca. Yuu manejará de forma manual el barco, ya que tenemos prisa. — Como si se tratase de una manada perseguida por un león, cada uno huyó hacia su puesto ya designado, preparada la formación en cuestión de segundos.

El parchado llegó un par de minutos, corriendo. Por alguna razón parecía incluso más emocionado que yo a pesar de no tener ni idea de a dónde íbamos, por qué, para qué ni para quién, así que vi mi turno de informarle de lo que sabía en cuanto me pidió que volviera a marcar el rumbo y, curiosamente, me preguntó:

— No me han dicho el nombre aunque, sinceramente, dudo que nos sonase. — Miré el mapa que Freya nos mostraba por instinto, sin querer ver nada en particular. — Es un encargo de manos de Hipatia Stix, actual reina gyojin, a la que acabo de poner en el poder junto a dos ineptos. — Comencé a caminar por la sala, aprovechando mi constitución para no molestar a nadie en sus caminatas. — Según ella, vivió allí durante una temporada y comí lo que le pareció el mejor alimento de este mundo: la manzana dorada. Quiere que le llevemos dos, aunque no ha mencionado la recompensa. De todas formas es monarca, así que la podemos expoliar si simplemente juega con nosotros. — Me acerqué a la brújula, al lado de Yuu, mirándola de cerca mientras encorvaba mi espalda casi noventa grados. — Aunque, si no me ha mentido, ella ha pasado unos cuantos años allí y, a menos que tenga unos dones de primera escondidos, no he notado nada proviniendo de ella. Si una mujer sin poder alguno ha podido asentarse allí, dudo que nos resulte un problema pasar con el carrito de la compra, ¿no? — Me reí ante la expresión que acababa de soltar, esperando una carcajada aunque fuera de parte de alguien en aquella sala. — Fuera de todo esto…, ¿ha llegado el regalito que pedí?


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Lun 8 Jun 2020 - 10:02

Cuando el barco estuvo a una altura lo suficientemente alta como para pasar por encima del Red Line, la tripulación habilitó los motores para sacarles el máximo potencial. El Ragnarok empezó a acelerar, notándose bastante poco la sensación desde el centro de mando. Yuu ni siquiera se inmutó, pues estaba concentrado solo en dos cosas en esos instantes. Mientras pilotaba, intentaba escuchar lo que Lance le tenía que decir al respecto de aquella misión que le había mandado la reina de los gyojin. Justo al nombrar esa palabra en concreto, en el rostro del criminal se dibujó una ligera mueca de asco que dejaba entrever su desaprobación y desdén hacia esa raza. De todas formas… Era una reina. Tenía poder y seguramente dinero, así que su condición de pez era una cosa a parte para el mercenario. Según el joven, esta quería que le trajeran un par de manzanas doradas procedentes de la isla a la que en esos momentos se dirigían a ciegas. No mencionó recompensa, lo cual hizo que Yuu dejara soltar un quejido en señal de disgusto.

—¿Quién manda un trabajo sin pedir recompensa, loco…? ¿Qué edad tiene esa pava, tres años? Venga ya… Si es reina al menos tendríamos que pedirle cien millones o más, no me jodas —siguió refunfuñando como un viejo cascarrabias durante dos o tres segundos, hasta que Sif le preguntó una cosa que no tenía nada que ver con el tema—. ¿Eh? ¿Regalito…? Eh… —se volteó un segundo para ver a su compañero, un tanto confuso—. Pues… Creo que te refieres a la cosa esa… —miró a Morris, que siempre solía estar en el centro de mando como coordinador, esperando una confirmación a lo que había preguntado Lance. Este, entendiendo a qué se refería, asintió con la cabeza—.  Vale… Sí, una caja llegó el otro día. Creo que la dejamos en el almacén, vaya. No sé, se encargaron ellos de moverla a algún sitio y yo pasé un poco. Pero debería de estar ahí. Es a dónde llevan todos los paquetes y la mayoría de cosas —siguió mirando hacia delante, comprobando el mapa que tenía al lado del timón para evitar desastres. Por lo que este decía, al parecer ya estaban a punto de cruzar la montaña por completo y pasar al Nuevo Mundo— No puedo decir cuándo llegaremos allí, pero… Tengo hambre. ¡Chicos! ¿¡Dónde coño están esas chatarras con la puta comida!?

—Están a punto de llegar, Capitán. No deberían tardar mu… —por la puerta entraron cuatro autómatas con cuatro carritos a rebosar de comida y bebida. El sujeto que acababa de hablar volvió a su trabajo.

—Ahí está. Así me gusta joder. Tú, cabeza de hojalata, tráenos un carrito de esos aquí —el autómata captó la orden inmediatamente y les acercó a Sif y a Yuu uno de los carritos más jugosos, lleno de carne  y de comida basura, además de refrescos, cerveza, vino, y un montón de cosas más. Yuu cogió una hamburguesa y empezó a comérsela mientras con la otra mano pilotaba—. Enghtonces, la mighsión que  hgas hechgo paga la... —acabó de masticar y volvió a hablar sin tener nada en la boca—. La pava esa te ha dado todas las cosas que habías llevado al salón, ¿no? La reina, digo. ¿No te ha dado dinero? Porque yo quiero dinero de esto, no quiero cuatro milongas porque ya tenemos demasiada mierda —le dio otro mordisco y dejó la hamburguesa en el plato—. Por cierto, ¿qué cojones me has dicho antes? ¿Qué habías hecho esa misión con dos subnormales más? Pensaba que solías —bebió un trago de cerveza cuando engulló la hamburguesa que aún estaba en su boca. Acto seguido, dejó la jarra en el carrito de nuevo— trabajar solo.

Unos cuantos días después...
━━━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━━━

Tras muchos días de dormir poco y comer mucho, la brújula empezó a apuntar hacia abajo. Eso solo significaba una sola cosa, y es que la isla que estaban buscando se encontraba justo debajo de ellos. Cuando esta apuntó completamente hacia abajo, Yuu ordenó que pusieran el Ragnarok en suspensión. La plataforma del timón volvió a su plataforma original y el criminal empezó a estirarse mientras bostezaba. Era de buena mañana y no hacía mucho que este se había despertado para volver al timón, así que aún no estaba del todo despejado.

—Ya estamos, chavales. Sif, si ya lo tienes todo… Ve y prepara el Loki. Bajaremos enseguida. Yo tengo que ir a equiparme por si acaso, así que ponle que tardaré poco —dicho aquello, se fue con parsimonia derecho al ascensor.

Una vez estuviera en su habitación, cogería todo lo que solía llevar cuando salía del barco, incluyendo sus espadas. Se puso su cinto con las tres ya colocadas, y marchó directamente al hangar para bajar a la isla. Todo esto le llevó alrededor de diez minutos contados, así que tampoco es que le mintiera a Sif respecto a lo que iba a tardar. Cuando llegó, el mercenario se puso a los mandos del timón. Cuando todo estuviera listo, se dispondría para descender a la isla desconocida.
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Mensaje por Lance Kashan el Lun 8 Jun 2020 - 14:10

¿Qué no me había prometido ningún pago? Cierto era. Solo había pedido por esa boquita de sirena, sin ofrecer cómo me agradecería, pero tenía un seguro muy rápido: se me había prometido la entrada facilitada al reino para traer aquellas manzanas. No sería realmente difícil conseguir una cita con la propia reina para hablar con ella y, tal y como sonaba por llamada, seguramente tuviera curiosidad acerca de cómo seguía siendo aquel lugar. En ese preciso instante, cuando la tuviera a escasos metros, sería tan fácil como encaramarme a ella y dar por terminada su vida si sus respuestas no me convencían. Aunque el terrorismo y el magnicidio no me atraían. ¿O sí? Bueno, la había puesto en el poder a través de asesinatos reales, así que…

Agité la cabeza, quitándole importancia. No servía de nada ponerse en una situación que siquiera teníamos por seguro que iba a suceder en el futuro, así que estaba perdiendo el tiempo. Además, cobrase o no, estaba interesado en aquellas frutas en torno a las que giraba todo el recado, por lo que lo iba a realizar de forma gratuita, aunque luego me pensase en si hacérselas llegar o no. También tenía por allí el laboratorio químico a disposición de unas manos cargadas de mala fe para envenenar de forma limpia un alimento, para ser sinceros.

Por otro lado, mi encargo había llegado… Espera, ¿mi encargo había llegado? Desaparecí de aquel plano y, al medio minuto, me encontraba en la habitación junto a ellos con un gigantesco paquete en la mano. Bueno, no era tan grande, sino que yo lo hacía parecer de mayor tamaño en la comparación. De hecho, era de mi tamaño, aunque el paquete menguó al ritmo en el que destrozaba el cartón y quitaba protecciones hasta llegar al núcleo que, aunque no pequeño, sí que era más pequeño que yo. Lo sostuve entre los brazos, abrazándolo. La noche iba a ser larga, probando todas y cada una de las posibilidades y, viendo cómo había tratado su existencia Yuu, me encargaría de que descubriese su capacidad en el campo de batalla. Aún en esa postura, con los brazos cruzados al otro lado del material, apoyé mi barbilla sobre uno y hablé.

— Sí, trabajo solo. — Lo miré, enarcando una ceja. — Y tras esto me reafirmo. No pienso compartir encargos tan importantes con inútiles. — Tomé un vaso de leche que seguramente hubieran traído expresamente para mí y me puse a tragar, casi bebiéndomelo de una, dejando escapar un suspiro tras esto. — Casi me mata su ineptitud, hice el trabajo yo solo. Y tiene trescientos años, o eso quise escuchar. — No estaba muy seguro de la cifra, tampoco me importaba. Me sonaba aquel número por alguna razón, pero podía ser tanto falso como verdadero.

╔════════════════╗
Varios días más tarde…
╚════════════════╝

El destino parecía alejarse cada vez que nos acercábamos. Tan loca como la brújula estaba, parecía estar viva y ser bastante traviesa, ya que existían momentos en los que se frenaba en seco para apuntar a direcciones seguramente aleatorias. Pero Yuu dudaba, yo también, y el resto de la tripulación se miraban mutuamente las caras. ¿Y si nos habíamos pasado de largo, o era una dirección contraria completamente. Y luego venía un suspiro de tranquilidad cuando el dispositivo de navegación volvía a enloquecer. Me acercaba, la tocaba y seguía dirigiendo la embarcación hacia el mismo sitio. Mi control del magnetismo había mejorado a base de practicar con el arma hasta el punto de que podía proyectar mi capacidad de imán desde lejos, así que todo se estaba agilizando.

Y, finalmente, llegamos sin que nadie se lo esperase. En cuanto la brújula apuntó al suelo y, tras aplicar yo mis poderes, siguió con el mismo destino, supimos que era el fin de la travesía y el comienzo de la aventura. Los subordinados, ojerosos, levantaron los brazos y vitorearon al destino. Era lógico que estuvieran cansados ya que, sin estar Freya al mando, debían de mantener horarios bastante extraños. Ahora solo les quedaba dejarnos allí hasta que los llamásemos, por lo que se podía decir que era su momento de descanso. Además indefinido porque, aunque pensase que era un encargo fácil, en el Nuevo Mundo nunca se sabía lo que podía pasar. Yuu dio la orden de preparar la segunda nave y asentí, colocándome el arma de mi vida a la espalda con ayuda de dos asas como si de una mochila se tratase. Desaparecí y volví a hacerme ver en el hangar, vestido como Sif y con las Elektro Guns en la cintura y una cierta cantidad de balas colgando del interior del traje. No iba a ir poco preparado, siendo esta la primera misión en la que realmente iba a tener un arma hecha a medida y útil a más no poder. Me estaba emocionando, algo que constaté cuando comencé a aplaudir al cielo.

— ¡Chicos, chicos! ¡Hemos llegado! — Grité de júbilo, haciendo gestos para que me rodearan. — ¡Está viniendo el jefe y tiene prisa e ilusión por bajar a la isla, así que más os vale tener preparado el Loki para dentro de tres minutos. ¡Ánimo! — Y, como si fueran profesionales preparados únicamente para ello, comenzaron a poner a punto la pequeña embarcación que, para el momento en el que el parchado se asomó, estaba impoluta. Yo ya estaba dentro, esperando a que él se montase y comenzase el rumbo.

En cuanto se dio la señal y se abrió la compuerta, me pude fijar en lo que teníamos justo debajo de nosotros. Me desmaterialicé a la par que saltaba por la borda, tratando de tener una imagen más amplia que no estuviese tapada por el Loki: era una isla absurdamente grande. Más que cualquiera otra que hubiera visto. Para recorrerla de una punta a otra estimaba que harían falta un par de semanas a un paso rápido, así que ojalá fuera un encargo rápido y no tuviéramos que dar vueltas. El ancho de la isla se dividía en dos grandes biomas que imperaban sobre el resto: una serie de llanuras de relieve muy variado, con montañas increíbles, y un bosque que a ratos tenía un techo cerrado a cal y canto. Ya tenía por seguro a dónde no ir. Me subí a la embarcación de un salto, aterrizando grácilmente y mirando al encargado de tripular la nave.

— Si a esta distancia se ve así, debe ser un lugar increíble. — Me asomé, apoyándome con ambos brazos en la barandilla, y llevando mi mano a la espalda. Se escuchó el choque del metal y para cuando volví a fijarme en mis dedos, estos llevaban el francotirador. Los apoyé en la superficie, mirando a través de la mira para poder fijarme más en los detalles, siendo capaz de vislumbrar un gigantesco árbol al lado de un lago de tamaño demencial. — Bingo, sé dónde tenemos que ir. Esto va a ser fáci… — La vista se me había ido a una sombra cuyo tamaño iba creciendo y que terminó ocupando tanto espacio que me aparté la mira del ojo. — ¡Yuu, joder! ¿¡Por qué cojones…!? — Devolví el arma a la masa y saqué el rifle de asalto, apuntándolo a la cabeza mientras este volaba de un lado para otro alrededor del barco, quizás curioso. — Como se acerque le vuelo la cabeza. — No me hacía gracia matar a un ejemplar como aquel, pero no me dio más alternativa cuando acortó la distancia de seguridad, provocando que apretase el gatillo por instinto y una ráfaga de balas imbuidas saliesen despedidas hacia su cara. Aunque algo me decía que no sería suficiente.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Miér 10 Jun 2020 - 8:57

El barco se desancló del hangar, y el Loki salió por la compuerta a toda velocidad. Este empezó a caer en picado hacia la isla, mientras todos se aferraban a algo para no caerse. Una vez estuvieron a la suficiente altura como para manejar bien el barco y ver toda la envergadura de la isla, Yuu estabilizó la embarcación y menguó la velocidad. Segundos después de que el mercenario tuviera visual de dónde se  encontraban, el joven Sif descendió de los cielos a cubierta tras un reconocimiento aéreo. Al parecer, encontró el lugar indicado. No obstante… Cuando todo parecía que iba a ser sencillo, no iba a hacer más que complicarse a partir de aquel momento. Para el criminal, el sol pareció ponerse de una forma muy extraña, lo que causó cierto desconcierto en él.

—¿Por qué coño solo hay sombra en…? —miró a Lance, instantes antes de que este empezase a sacar el rifle y apuntar a lo que fuera que estuviera creando aquella penumbra temporal en el Loki—. ¿Qué hac…? —llevó su mirada hacia arriba, encontrándose con algo verdaderamente demencial.  No era un león, ni tampoco un águila. No daba crédito a lo que veía su ojo. Aquella criatura no parecía tener instintos asesinos, mas los acabaría teniendo cuando su compañero francotirador le disparase sin pensárselo dos veces siquiera—. Chaval… —dijo justo cuando apretó el gatillo. Segundos después, un ensordecedor quejido de dolor salió del gigantesco animal. Sin embargo, y pese a que parecía que Lance había claramente hecho un tiro certero, aquella cosa seguía viva y más enfadada que nunca—. Mierda, ¡el barco, joder! ¡El barco! —el Loki se inclinó hacia abajo y volvieron a caer en picado para alejarse del animal. Se estabilizó de nuevo y Yuu volvió a mirar hacia arriba—. Mierda. Está viniendo directo, tío. Hey, chaval. Voy a hacer que explote en pedazos, pero tú sigue disparando —soltó el timón y creó un lanzacohetes en su hombro, al cual colocó la mira láser que siempre guardaba dentro de su chaqueta para apuntar mejor— Joder, cómo pesa esta mierda… Que no dé al barco, que no dé al barco… —apuntó a cualquier punto de la envergadura de aquel bicho gigante, y apretó el gatillo sin siquiera pensárselo. El retroceso de aquello no era algo a lo que Yuu estuviera para nada acostumbrado, así que se chocó contra el timón. Amortiguó el daño controlando su cuerpo y haciendo fuerza con las piernas. Mientras se reincorporaba, el cohete impactó de lleno en la cabeza de aquel híbrido entre águila y león— Toma esa, bicho de mierda —esperó a que se disipara el humo, solo para ver cómo aquella monstruosidad seguía con vida y más dispuesta que nunca a matarles. El mercenario hizo desaparecer el lanzacohetes y volvió al timón rápidamente, esta vez volviéndose a lanzar en picado con vistas de aterrizar— ¡Si no luchamos en tierra contra esta cosa nos va a reventar el puto barco, Sif! ¡Agarraos, chavales!

La bestia se hallaba persiguiendo a un Loki tan veloz como ella. Intentó volver a atacar varias veces, pero nunca llegó a alcanzar la embarcación en el aire. En todo el trayecto hasta tierra firme no pararon de escucharse los gritos de aquella alimaña de los cielos. Yuu no se desconcentraba de lo que estaba haciendo ni con eso. Miraba fijamente el área en la que iba a realizar un aterrizaje lo menos forzoso posible. Un terreno amplio y desprovisto de montañas —solo rodeado de ellas—, serviría al criminal para su propósito. Con una rápida y diestra maniobra, dejó encendidos solo los motores de la parte inferior del barco para mantenerse suspendidos. Justo tras esto, el barco se detuvo a los dos segundos a unos dos metros del suelo. Yuu se giró rápidamente y golpeó al enorme monstruo con un cubo gigante de hierro. No le haría nada, pero prevendría que su ataque en picado llegase siquiera a resultar. Hizo desaparecer aquello que había creado, y se asomó por la barandilla. La bestia estaba ahora en el suelo, mirándoles furiosa.

—Sif, ahora o nunca. Eso o nosotros. ¡Abajo! —saltó del barco por la popa, aterrizando perfectamente y rodando con una voltereta para no hacerse daño. Desenvainó rápidamente su espada más poderosa y se colocó en posición de ataque—. Si revienta al Loki estamos jodidos… Tengo que… —su pensamiento se vio interrumpido por aquella alimaña, que se preparaba para atacar. Esta alzó el vuelo, impulsándose con sus piernas, y luego permaneció a una altura de unos tres o cuatro metros. Con sus alas, empezó a desatar ráfagas de vientos huracanados dirigidos hacia Yuu— ¡Hija de puta! —el mercenario empezó a correr para alejarse de su embarcación, pero acabó volando unos cuantos metros y rodando por el suelo. El viento que aquella producía era demasiado fuerte como para que alguien como el criminal pudiera mantenerse en pie. No obstante, ahora ya contaba con que aquella cosa podía hacer eso. Se levantó rápidamente gracias a su espada y al impulso que consiguió con su otra mano. Ya que esta parecía distraída con él, el plan de Yuu sería esperar a que Sif la pillara desprevenida desde el Loki. Cuando este atacara, el mercenario se aseguraría de estar preparado para cortarle la cabeza.
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Mensaje por Lance Kashan el Miér 10 Jun 2020 - 10:47

No esperaba, siendo sinceros, que aquella multitud de balas lo sacase de juego, nada más cerca de la realidad, pero tampoco pensaba que iba a seguir entero tras aquella ráfaga. Una tras otra, todos los proyectiles menos uno fueron fundiéndose chocando contra las plumas y, haciendo lujo de una tenacidad inquebrantable, rebotaron y cayeron los cientos de metros que nos separaban todavía del suelo. El único que realmente impactó se fundió con la carne cercana al pico, arrancándole un quejido de puro dolor para el que el animal no parecía estar preparado cuando se acercó en primera instancia al barco.

Entonces, antes de poder seguir con el trabajo que ya había empezado, Yuu decidió maniobrar el barco para ganar la distancia con el extraño ser. Ahora que lo podía ver con un poco de calma, me sonaba sobre mis lecturas de Biología, en la época en la que todavía me interesaba por aquellos temas. Cabeza y alas de águila, cuerpo de león… Un grifo. Y, por lo que parecía, la parte propia del ave estaba bien protegida, debido a unas plumas rígidas a más no poder. Ante el ofrecimiento de Yuu enarqué una ceja, observando cómo había cesado su iniciativa para acercarse a tierra para crear un lanzacohetes con el que amenazó al animal. Si había logrado frenar mis balas, dudaba realmente que aquello pudiera hacer algo más que molestarle por el humo.

— Deberíamos ir a tierra. — Dije con cierta entereza, a pesar de tener un ser mitológico amenazando con acabar nuestras vidas. Ahora tocaba plantearse si era un ser humano o derivados con una fruta del diablo del tipo zoan, o esa isla tenía una terrible naturaleza. De todas formas, algo preocupado por el hecho de que el parchado pudiera errar el disparo y que la embarcación sufriese las consecuencias, seguí empuñando el rifle y apuntando, esta vez, a su parte anterior. — No va a funcionar… — El explosivo salió disparado hacia el cielo, chocando a los pocos segundos con el animal y nublando nuestra vista. Pasados dos segundos, teniendo en cuenta que no lo había visto caer, debía seguir en un muy buen estado para volar. — ¡El timón, Yuu, el timón! — En esos instantes una garra surgió desde la nube de humo y, segundos después, se dispersó, permitiéndonos vislumbrar el cuadro completo. Allí estaba, sin más rasguños que alguna señal de quemadura en las plumas. Pareció hacerme caso cuando lo tomó y el Loki se inclinó repentinamente, causando que mis pies resbalasen y comenzase a caer, salvaguardando este problema desmaterializando mi tren inferior. — Vale, veamos… — Mi tono era calmado, acallado por el sonido de las balas que escupió el cañón en dirección a una de las patas, atravesándola de lleno y dejando como prueba una mueca, aunque un águila no soliera tener mucha expresividad. Aun así, en la comparación… El calibre dejaba mucho que desear. Necesitaría varios cargadores de ese tipo si mi deseo era dejarlo fuera de combate, pero al menos me había servido para descubrir su aparente debilidad.

La carrera se intensificó, presentando a un grifo que daba cortos sprints con los que nos amenazaba, infructuosos ante la absurda velocidad con la que Yuu manejaba los mandos. En ciertas ocasiones era una persona en la que confiar, aunque me entristeciese decir que solía ser al estar detrás de un timón. Bueno, quizás estaba exagerando. A escasos instantes de chocar contra la tierra que conformaba la isla, el barco frenó, haciéndome pasar todo mi peso a la zurda para mantenerme en pie, viendo cómo el peliazul ya estaba preparado y dispuesto a seguir con la ofensiva. O, mejor dicho, la defensiva, ya que aquella acción solo sirvió para proteger la cubierta del barco del animal que ahora se encontraba caminando a un par de decenas de metros, mirando al que podía ser su festín. Yuu decidió abandonar el Loki en manos de sus subordinados, saltando con agilidad y viéndose fusilado por media decena de ondas aéreas que el grifo había desplegado con simples movimientos de sus alas, alejando cada vez más al que era mi compañero en el encargo.

— Si esto no funciona… — Mascullé para mis adentros, llevándome las manos a la espalda para fundir el rifle con el todo y extraer la escopeta, la cual cargué con un simple movimiento de vaivén. Aquellas armas estaban cargadas de mi propia energía desde que había puesto mis manos sobre ellas, con la única desventaja de que no había podido comprobar su poder: temía por la integridad del barco si lo disparaba dentro y, si lo hacía al aire, no me serviría para ver las consecuencias.

Me desmaterialicé sobre la cubierta del barco y, a mi máxima velocidad, recorrí el aire hasta encontrarme tras la espalda del animal. Había visto mis capacidades con casi toda seguridad, pero estaba completamente seguro de que no era capaz de acostumbrarse aún a un ser que superaba los cien metros por segundos. Mi espalda daba hacia el cielo, más concretamente hacia el exterior; era plenamente consciente de que, si se desencadenaba tal y como esperaba, el retroceso no sería una broma. Contuve el aire por emoción e instinto y apreté el gatillo, apareciendo dos láseres cegadores de dos centímetros de diámetro cada uno, que avanzaron a una velocidad demencial hasta la nuca del grifo. La atravesaron sin dificultad, terminando por morir en el horizonte y dejando a su paso un rugido de volumen absurdo que me hizo llevar las manos a las orejas. Yo me encontraba volando media decena de metros hacia atrás por culpa de la potencia del disparo, más en el aire donde no podía oponer resistencia, pero terminé concentrándome para volverme electricidad y acortar distancias con Yuu.

— No creo que podamos matarlo antes de que nos joda el Loki. — Me volví a materializar, apareciendo justo a su lado, dándole una palmada en el pecho que se terminó convirtiendo en un empujón mientras mis pies desaparecían en chispas. — ¡Corre! — Obviamente debería ir a por mí, teniendo en cuenta que le había abierto un agujero que recorría todo el cuello estaría un poco enfadado. Si no se veía muy convencido y se quedaba quieto, sujetaría su traje para arrastrarlo si hiciera falta; no era el momento de buscar pleitos con la mitología.

¿A dónde correr…? Bueno, podríamos ir a la pradera, donde no lo perderíamos de vista, pero era recíproco, por lo que no se podía barajar la opción. La otra… El bosque que se desplegaba a un centenar de metros, brillante como solo uno de leyenda podía. Brillos salían despedidos desde las hojas y, en el interior, algunos matorrales parecían tener una bioluminiscencia destacable, de colores vivos y ajenos a lo que suelen ser las plantas, por lo que, muy a mi pesar, no parecía tan mala opción. De hecho, era la única. A la carrera, notaba cómo el grifo había decidido seguirnos, colocando un par de paredes de electricidad gruesas que rompió al simple contacto sin demostrar dificultad alguna. Si seguía así, nos pillaría, y el problema era Yuu: tenía que limitarme a su velocidad para no perderle. En una decisión algo arriesgada, tomé altura, dejando el parchado a ras de suelo y llamando la atención del híbrido con una descarga que aterrizó en su pico. Vino hacia mí a máxima velocidad y comenzamos a bailar por el aire, corriendo detrás de mí como si de un gato con un ratón se tratase, tratando de ganar el tiempo suficiente como para que Yuu se ocultase y, en cuanto lo hubiera logrado, caería en picado hacia la entrada del bosque y me escabulliría entre los árboles, aterrizando con cuidado y volviendo a mi forma corporal. Coloqué mis manos en las rodillas, tratando de recuperar el aliento que había perdido durante la carrera y notando, en ese segundo de calma, como una de las zarpas aparecía en los árboles, tratando de alcanzarnos. Me asomé un segundo y pude distinguir la figura del Loki alejándose, por lo que habíamos ganado la apuesta.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Vie 12 Jun 2020 - 20:51

Con las dos manos empuñando a Aullido Infernal, Yuu miraba fijamente a aquel monstruo. Contaba con que el chico hiciera su parte, porque sino sería él el que se tendría que encargar de aquel descomunal animal. Por suerte, el mercenario captó diversos haces de luz cerca de la bestia. Lo que no se esperó para nada fueron las dos especies de láseres que parecieron atravesar la nuca de aquella cosa. Estos desencaderon, instantes más tarde, que un grito demencial del monstruo rapaz casi dejara sordo al criminal. ¿Cómo demonios había hecho eso Lance? «Su putísima… ¿Qué cojon…? ¡Ah, cállate! ¡Me va a explotar la puta ca…! ¡Ah!», se quejó internamente mientras llevaba sus manos a sus orejas —aunque una de ellas seguía sosteniendo la espada y no pudo aislar completamente a Yuu de aquel chillido— y retrocedía unos cuantos pasos. Cuando el sonido cesó, el mercenario volvió a blandir su espada con las dos manos. Al menos… Hasta que Sif apareció delante de él y le dio un pequeño empujón, avisándole que aquella podría ponerse feo y que habría que correr.

—¿Corr…? —volteó su cabeza para vislumbrar por un instante a su compañero. No le gustaba la situación, pero aquella bestia volvía a por ellos. Chasqueó la lengua y empezó a correr en la dirección que Lance había tomado, a la par que envainaba su espada. Intentó llevarle el ritmo, pero aquel condenado crío era demasiado rápido—. ¡Mierda, mierda, mierda! —gritaba mientras corría con todas sus fuerzas e intentando incrementar su velocidad poco a poco. Por lo visto, el chaval quería ir al bosque que tenían más adelante para perderlo de vista… O al menos eso supuso Yuu—. ¡Ahora! —gritó justo cuando alcanzó su máxima velocidad.

No sería suficiente como para alcanzar a Lance o para escapar de aquella rapaz, pero con la distancia que habría entre él y el bosque, podría llegar en un santiamén. Y encima… Sif parecía haber pensado en algo para evitar que el león–águila pusiera su vista en Yuu. Gracias a él, pudo entrar a la gran arboleda pasando justo entre dos árboles gigantes. Por desgracia, no se había percatado de que tenía que parar, así que iba directo contra un árbol. Creó una colchoneta puesta en vertical que amortiguó por completo su impacto, pero que hizo que rebotara y cayera al suelo haciendo una curiosa parábola. Amortiguó su caída con sus codos y se quedó tumbado allí, esperando a que el ave–felino dejara de perseguirles de una vez. Para cerciorarse de qué era lo que ocurría a su alrededor, activó su percepción para detectar las presencias que tenía a su alrededor. Sentiría el aura agitada de color azul claro de Lance en lo alto de los árboles justo cuando este entrara en picado hacia allí, y también la gran presencia del animal, completamente roja y muy agitada. Yuu se mantuvo en silencio hasta que aquello se fuera. Al minuto, frustrada de no poder encontrarles y de no poder acceder al interior del bosque, se marchó a los cielos de los que había venido.

—Con lo bien que había empezado el puto día… —se quejaba mientras se levantaba del suelo. Se limpió el traje con las manos todo lo que pudo, y miró hacia donde sentía la presencia del chico—. ¡Sif! ¡Ya se ha pirado! ¡Puedes bajar de ahí! —gritó, poniendo sus manos en su boca a modo de megáfono. Este bajó a los pocos segundos y se reunió con Yuu—.  Hey, chaval… No sé dónde coño estamos ni porque hay bichos tan raros en esta puta isla. Pero hay una cosa que sí sé, chico. ¡Si capturamos uno de esos Yggdrasil será jodidamente rica! Bueno, más aún —miró al suelo mientras se tocaba el mentón, intentando pensar en algo—. Pero no estamos aquí por eso, no. Volveremos a por ese cabronazo cuando… ¿Cuál era el contr…? —se quedó con la mirada perdida durante un segundo—. ¡Ah! Sí, joder. Las manzanas esas maravillosas que quería la vieja esa… Hopotia, o algo así. Qué más da. En fin, Sif, ¿a dónde hay que ir ahora? ¿Te habías quedado con donde estaba esa mierda, no? —La respuesta a una de sus preguntas llegó rauda, puesto que su compañero señaló directamente la dirección en la que tenían que ir—. ¿Por ahí? Coño, pues entonces estábamos yendo en buen camino huyendo del águila–león ese. Venga, pues a patearnos toda la isla… —emprendió el rumbo hacia dentro del bosque, siguiendo la dirección indicada por el chaval.
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Mensaje por Lance Kashan el Sáb 13 Jun 2020 - 23:34

Al menos Yuu parecía estar bien centrado con la misión que teníamos por delante, aunque no le pareciera seducir la idea de que el pago no estuviese pactado ni que la contratante fuera una sirena. Pero era una reina de una isla importante —si, ahora que lo pienso, se le podía llamar isla a aquel lugar— y eso parecía pesarle más que su aparente racismo que, respecto a aquellos señores peces, compartía hasta cierto punto. Si lográbamos recoger aquellas manzanas tendríamos de nuestra parte a aquella mujer y eso significaba más que pillar un enfado o rendirse porque nos atacase aquel animal, así que sonreí cuando él fue quien preguntó acerca de la dirección.

Era obvio que yo podía llegar antes a aquel lago que el parchado y que este último no hacía más que retrasar mi avance, pero tenía algo que evitaba que me despegase de este: miedo. Es decir, un león volador coronaba los cielos de aquel lugar, no debía de ser tan extraño que hubiera seres de la misma calaña desperdigados por los distintos puntos del terreno. Por más que tardásemos —incluso si teníamos que pasar la noche allí— llevar a Yuu era indispensable; era más útil en el combate cercano. Yo podía hacer un buen trabajo pero no me fiaba de no terminar demasiado cansado, vendido o superado en número.

— Odio el bioma de bosque techado… — Miré a las ramas de los árboles que se entrelazaban unas con otras, formando un tupido tejado que me impedía notar siquiera un rayo de luz. Mientras más nos adentrásemos en aquel lugar, más oscuro estaría todo, razón por la que poco pasto crecía a los pies de los troncos. El suelo estaba ocupado por hongos o, mejor dicho, setas, que aumentaban en cantidad con cada paso que dábamos. — Bueno, haré de bombilla si no nos queremos quedar cieg… — Ya había formado una luciérnaga frente a mí cuando vi un pequeño destello al fondo del bosque, de color púrpura, que brillaba de forma permanente e inmóvil. Coloqué ese ápice de luz frente a mí mientras aumentaba la velocidad hasta casi correr, viendo como el brillo era cada vez más intenso y de mayor tamaño. — O no. — Un arbusto rodeaba, como abrazando, la madera de uno de los árboles, cegando mis ojos acostumbrados a la oscuridad. Sus tonos tornaban desde el morado más oscuro hasta casi el rosa palo, generando unas sombras curiosas. O las generaría, de no ser porque a escasos pasos había otro igual, y a media decena uno más. — Guau. — Era un espectáculo digno de ver: decenas de troncos nos rodeaban, llevando boas de tonos fríos, trepándolos como enredaderas. La altura de los troncos crecían gradualmente hasta perder el techo de vista, como si de una cúpula gigante se tratase, y hasta otros árboles bioluminiscentes tomaban lugar bajo los primeros. Era un bosque dentro de otro, este último de llamativos colores, como si gritase por atención. — Bueno, la isla está resultando ser una montaña de sorpresas de todo tipo, para bien o para mal… — Me llevé la palma de la mano a la máscara, tomándola firmemente y quitándomela para poder admirar el escenario en todo su esplendor, mostrando una sonrisa de oreja a oreja. — Imagínate una casa de campo aquí, Yuu. ¬— Se me había ido la cabeza a otro lado, pensando en un futuro tranquilo donde solo me tuviera que preocupar de no quedarme ciego cada vez que abriera las persianas y aquellas preciosas luces entrasen por la ventana.

Y, entonces, crujieron ramas. Me puse aquello que tapaba mi rostro por puro instinto, aterrado de que pudieran verla personas indeseadas, aunque aquel lugar no pareciese estar habitado desde hacía ya. Un palo se rompió, luego un par, hasta conformar una orquesta bastante molesta frente a nosotros: media decena de dinosaurios que rozarían los dos metros estaban allí, arrastrando las garras para llamar nuestra atención. No sé si en su mirada imperaba la curiosidad y pillería o el hambre, aunque la fila de dientes que mostraban no me indicaban la mejor de las opciones. Patadas delgadas y bien definidas que daban lugar a un tronco alargado y horizontal con una cola que duplicaba la longitud, unos brazos cortos —como habituaban a tener todos los dinosaurios— y una cabeza... curiosa. Parecían tener un pico grueso pero corto, preparado para partir semillas con facilidad, y una cabeza chata cuyo cráneo estaba cubierto por un caparazón más propio de una tortuga que de aquellos seres.

— Yuu, no sé si buscan amigos o comida, aunque por la forma de su boca diría la primera… — Uno de ellos se lanzó hacia mí corriendo con una velocidad para nada desdeñable y, a pesar de que fui capaz de esquivarlo corriendo, pude ver cómo hacía el amago de morder, llenando el ambiente con un sonido hueco e intenso. — Puede que solo sean brutos… — Aun así, si miraba a nuestro alrededor y ampliaba mi visión, era capaz de discernir decenas de sombras que iban de aquí para allá: aquello era un ecosistema en toda regla, con muy distintas especies. Y estábamos llamando la atención de algunas que podían ser indeseadas, eso seguro.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Dom 14 Jun 2020 - 8:49

El dúo de criminales se hallaba paseando tranquilamente por aquel oscuro bosque, que curiosamente parecía tener un techo de ramas que impedían siquiera que pasase la luz. Era algo digno de ver, sin duda. Si el parcheado se estaba moviendo por allí no era porque viera algo, sino por puro instinto. Un par de veces incluso se tropezó con alguna rama, aunque intentó disimularlo lo mejor que pudo.

—¿Bio–qué? —arqueó una ceja ante la desconocida palabra salida de la boca de su compañero. En muchas de las ocasiones, no entendía ni una de las que soltaba aquel. Tenía un vocabulario que se escapaba completamente a su comprensión a veces, pero tampoco es que hiciera mucho esfuerzo por entenderlo. En cualquier caso…  Ambos quedaron perplejos al observar el destello púrpura que había a lo lejos. Sobre todo Lance, quien fue corriendo a ver qué era aquello. Yuu siguió caminando a la misma velocidad que antes, llegando un poco más tarde que el chaval—. Joder con el bosquecito, ¿no? —echó un vistazo a su alrededor, mientras se ponía al lado de Sif—. Una montaña de sorpresas, sí. Ya te digo. Desde ese bicho volador a este bosque en el que no se ve un carajo —dirigió su mirada hacia el joven, quien parecía haberse quitado la máscara para ver mejor todo el bosque—. Tú flipas, chaval. Aquí se puede montar algo mucho mejor que una casa de campo, tío… —sonrió el también, mientras se imaginaba cómo podía convertir aquello en una base militar o algo por el estilo. De pronto, sus pensamientos fueron cortados por varios sonidos cercanos. En concreto, unas ramas que parecían no haberse partido solas—. Ya decía yo que esto me olía raro… —desenvainó su espada por puro instinto, y se concentró en su alrededor, intentando detectar si había alguna presencia. Para nada sorprendente, el mercenario captó mínimo seis auras en el entorno, obviando la de Lance. Tres por su lado, y otras tres por el lado del mercenario. Yuu pudo ver con dificultad de qué se trataban aquellos, y no es que le gustara en demasía—. ¿Qué coño son esas cosas, Sif…? Algo me dice que en esta puta isla no hay ni un bicho normal, eh. —De repente, sintió como una de las auras empezaba a moverse con rapidez en dirección hacia su compañero. Notó como este pareció esquivarlo, pero Yuu no iba a querer tomar ese camino de nuevo. Centró su concentración en todas aquellas criaturas, y volteó su torso junto con una de sus piernas para realizar un tajo hacia donde intentaba morder aquel engendro. Con un corte bastante profundo en el pico, este soltó un sonoro quejido y se echó para atrás, gruñiendo al parcheado.

Aquellas cosas no se parecían en nada a la ferocidad del bicho que habían enfrentado al llegar a la isla. Eran tan grandes como Yuu, incluso un poco más. Tenían cola y pico, pero eso no quitaba que para al mercenario le parecieran poca cosa. Esta vez no se permitiría escapar de nuevo, además de que tenía algo de hambre y esas alimañas extrañas parecían tener la suficiente carne como para llenar la barriga del criminal. Confiado, desenvainó otra de sus espadas para obtener mayor versatilidad en su movimientos y poder combatir con varios a la vez. No sería hasta justo instantes después de realizar esta acción que tres de ellos se abalanzaron en su contra. Dos en la misma dirección, y otro saltando por detrás. Yuu cogió un poco de impulso y dio un gran salto hacia atrás, haciendo que los tres se chocaran entre ellos y quedaran confusos durante unos segundos. Al aterrizar, el pelinegro dio un par de pasos hacia delante e intentó cortar a dos de ellos en la nuca. De hecho, las intenciones de este era cortarles la cabeza, pero estos recobraron antes de lo esperado el sentido y se apartaron rápidamente. Aún así, logró hacerles un par de cortes bastante profundos en el cuello, haciéndoles sangrar bastante y produciendo diversos quejidos en ellos.

—Algo me dice que… —miró a su alrededor. Por el lado en el que no tenía el parche logró discernir más siluetas de las que había anteriormente— Sif, tenemos más compañía, ¿no? Bastantes más, de hecho… —habló con un tono serio. Aquello estaba repleto de peligros, y a los que les estaban atacando parecía que se le habían sumado unos cuantos más. En especial… De las sombras apareció uno parecido a estos, aunque un par de metros más grande, de color rojo y con unas ostentosas plumas en la cabeza. ¿El rey? ¿La reina? ¿El líder de la manada? Yuu no sabía lo que era aquello, pero sí que tenía en cuenta que seguramente aquello si podría hacer frente al ave que habían enfrentado antes. Tenía toda la pinta de que no sería como los otros—. ¡Sif! Parece que no vamos a poder caminar tranquilos por el bosque de mierda. Acaba con los pequeños, yo me encargo del grande.  Si vemos que son demasiados nos piramos a toda hostia, ¿entendido? De momento… Creo que podemos acabar con ellos —el líder y Yuu empezaron a dar vueltas en círculos, tanteándose el uno al otro—. Venga, hijo de puta, venga… —Finalmente, su enemigo se abalanzó contra él. Sin embargo, justo cuando iba a alzar sus espadas en su contra, unos gritos agudos de guerra se escucharon de lo alto de los árboles. Una enorme silueta cayó encima del oponente del parcheado, haciendo que este último se echara atrás un par de metros, bastante perplejo por la situación— ¡¿Qué cojones, tío?! ¡¿Y ahora qué?! —echó un vistazo a los nuevos seres que se postraban ante él. Lo que parecía ser un mono de pelaje negro de unos seis metros estaba golpeando una y otra vez al líder de los otros bichos. Y con él, otros enormes primates habían llego al suelo y empezaron a pelear contra los otros más pequeños. Yuu seguramente se había quedado sin comida, puesto que al parecer la cadena alimenticia de aquella isla no le ponía a él precisamente en un lugar muy elevado— ¡Sif, Sif! ¡¿Qué mierdas es esto, loco?! ¡Vámonos de aquí! ¡Ya! ¡Son muchísimos y están peleando entre ellos, me cago en la putísima madre! ¡Señala, Sif! ¡¿Hacia dónde?! —cuando el chaval le señalara el camino, este comenzaría a correr hacia allí sorteando la batalla que se estaba librando entre las dos especies.
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Mensaje por Lance Kashan el Dom 14 Jun 2020 - 15:22

Yuu pareció ofrecerse a llevar la voz cantante en esta ocasión, y me alegraba. No tenía ganas de repetir aquello que había hecho afuera del bosque y, peor aún, no tenía todavía el arma cargada como para poder hacerlo rápido. En Little Garden había comprobado que los dinosaurios no eran precisamente débiles ni frágiles, sino que aquella piel llena de escamas servía para algo más que captar calor y decorar. No dudaba ni por un segundo del potencial de aquello que llevaba a la espalda, eso lo tenía claro, pero tampoco era muy dado a subestimar a mis posibles contrincantes. Con la destreza que caracterizaba al parchado, siendo capaz de tener cierto control de lo que le rodeaba a pesar de aquel parche que se esforzaba en portar, se trató de encargar del que amenazó con atacarme y, tras esto, de los tres que fueron a ajustar las cuentas por agredir a su compañero. Tampoco sabría dar muchos detalles, ya que mis ojos estaban más bien centrados en otro punto: aquellos ojos oscuros que coronaban como dos puntos el gigantesco ser que aparecía en la reunión, gruñendo en un tono que daba pistas acerca de su potencial. El tono de sus escamas era obviamente diferente al resto, demostrando superioridad, combinando con aquellas plumas que brotaban por su nuca y cráneo y lo hacían ostentar del mayor cargo en aquella manada.

Yuu, quizás llevado por el orgullo o su propia confianza, me encargó actuar de control de plagas con los animales que, en comparación al ser de cuatro metros, parecían mucho menos intimidantes ahora. Asentí en silencio, notando como, sendas espadas en mano, comenzaba un baile con el contrincante, mientras el resto parecían entender lo que sucedía y me miraban fijamente, sacando una lengua poco menos que viperina mientras se movían a mi alrededor, rodeándome. Sus pasos eran lentos, metódicos, tanteando el terreno para acortar distancias cada vez más, haciendo que la circunferencia que me separaba de ellos fuese desapareciendo por momentos. Sin siquiera moverme un ápice, generé una ola de electricidad a mi alrededor, cubriendo los trescientos sesenta grados y estancándose a un metro. Desde ahí, se elevó, formando un cilindro cuyo centro era yo. Así no se podría acercar y, si su comportamiento se acercaba al de otros tantos animales como los leones, tendrían prohibido intervenir en el duelo de su jefe por miedo a las futuras represalias, además del miedo a los daños colaterales.

Miraron fijamente mi protección durante varios segundos, girando la cabeza para tener varios planos y tratando de discernir de qué se trataba, atreviéndose lentamente a seguir su plan. Antes de que ninguno de ellos me pudiera tocar —o, mejor dicho, mi armadura—, un chillido resonó por los alrededores y provocó que las hojas se agitaran: era el inconfundible sonido de un mono. Aunque por la potencia y lo grave del tono, no se parecía a nada que conociera, y tampoco ayudó el sentido de la vista: el suelo retumbó y para cuando me fijé en Yuu, estaba frente a un descomunal mamífero montado sobre el dinosaurio. Estos estaban forcejeando, ganando obviamente el de mayor tamaño. Otros tantos, un poco más reducidos que este, descendieron y dieron manotazos al aire, repitiendo el gesto nuevamente para golpear a mis contrincantes y lanzarlos volando varios metros. Uno de ellos chocó contra la que había sido mi defensa, quebrándola sin dificultad alguna y provocando que, junto al llamado de Yuu, echase a correr en mi forma etérea. Señalé hacia el frente, más concretamente al lugar donde previamente habían estado los reptiles: un tronco cuyo grosor podría rozar la media centena de metros. Disminuí la velocidad hasta ponerme a la de mi jefe, tratando de no dejarle atrás ni perderlo, viendo cómo aquella trifulca entre especies quedaba cada vez más lejos. O no.

— Yuu, parece que le has gustado… — Uno de aquellos simios corría hacia nosotros, clavando los nudillos en la tierra y acortando la distancia mucho más rápido de lo que nosotros la podíamos crear. Al fin y al cabo, seis metros de animal no eran pocos, más aún en comparación a unos que ni alcanzaban los dos. — Quizás deberíamos encargarnos ahora que está so-- — Y, desde unos árboles a su izquierda, surgió una alargada sombra viperina que, en cuestión de un par de segundos, se abalanzó sobre el peludo ser y se enrolló a su alrededor, impidiéndole perseguirnos. — No, no está solo. — No sabía si reírme o llorar. Aquella isla fascinaba a mi científico y curioso interior, pero también presentaba un peligro nunca antes visto donde hasta un simple macaco nos podía partir por la mitad. Los cielos estaban protegidos por aquel animal mitológico, por lo que no eran fáciles de circular, pero el suelo no estaba en mejor estado.

Al final, fuimos capaces de recorrer una cantidad generosa de metros hasta que me comencé a cansar de mantener mi forma desmaterializada. Resoplando, volví a generar mis piernas mientras frenaba casi en seco, mirando hacia atrás y notando cómo aquel gigantesco vegetal había desaparecido de mi vista junto a sus acompañantes animales. Mis manos estaban sobre mis rodillas, doblando mi espalda para poder recuperar el aliento. — ¿Y si descansamos… un poco? — Miré de reojo a mi acompañante, sin tener muy claro cuál sería su decisión. — No digo quedarnos aquí, sino buscar… buscar un sitio que parezca seguro. — Espiré una última vez y me erguí finalmente, dispuesto a volver a caminar.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Dom 14 Jun 2020 - 17:26

Yuu envainó sus dos espadas con gran rapidez y siguió las indicaciones de Sif. Empezó a correr como si no hubiera un mañana, sirviéndose de hacer específicos movimientos con los brazos para aumentar su velocidad, esta vez controlando la misma para no estrellarse de nuevo. El chico iba a su lado como buenamente podía, puesto que era bien sabido que él podía llegar a velocidades muchísimo más altas que Yuu. Por suerte para Yuu, quien le acompañaba era la persona más confiable que conocía, por lo que sabía que no entraba en su abanico de opciones dejar tirado a su jefe. El chico, mientras seguían corriendo hacia la misma dirección, pareció avistar segundos más tarde a uno de los simios perseguirles.

—¡Pero tío! ¡Me cago en las mil putas! ¡Déjame en paz, puto mono de mierda! —se volteó un poco hacia su izquierda, viendo a aquella enorme bestia perseguirle a toda velocidad— ¡Sí, y que vengan dos más, no te jo…! —vio lo mismo que su compañero. Algo pareció incapacitar al primate… Algo grande y largo. Yuu no quiso saber más detalles sobre qué demonios era aquello, así que se volvió a girar. Pasó un minuto o quizás un poco más hasta que dejaran atrás cualquier peligro que les acechara. Lance se detuvo, mostrándose bastante cansado de la carrera que habían pegado—. No te sienta bien el correr con las piernas, ¿eh? Menudo maricón estás hecho, Sif —bromeó, parándose y dándole una palmada en la espalda al joven criminal—. Un sitio seguro en esta isla de mierda va a ser casi imposible… Vamos a seguir por dónde íbamos. Igual hasta encontramos un sitio donde descansar sin que nos persigan cuarenta putísimos monstruos de mierda ni nos quiera comer nadie—siguió caminando hacia la dirección a la que se dirigían anteriormente. Conforme iban avanzando, el bosque parecía abrirse más y más y el espacio que había entre árboles aumentaba considerablemente—. Aquí no hay una puta mierda… —Le rugieron las tripas de repente. Se llevó una de sus manos a su barriga y su rostro expresó claramente lo mal que lo estaba pasando. Había salido del Ragnarok sin comer absolutamente nada, y eso le estaba pasando factura—. Esto… Si ves cualquier animal que no quiera matarnos y que se deje comer avísame, ¿vale? Y un riachuelo potable estaría de putísima madre… —miró hacia el frente, buscando con la vista cualquier cosa que pudiera satisfacer sus necesidades en ese momento.

Pasados unos minutos de travesía, finalmente logró avistar una especie de ardilla del tamaño de un perro en la lejanía. Esta estaba parada debajo de un árbol, comiéndose una especie de fruto seco que acababa de recoger del suelo. Movía su cola de un lado para otro, y no parecía siquiera inmutarse de lo que ocurría a su alrededor.

—¡Sh! —le hizo un gesto con la mano a su compañero, para acto seguido señalar a la presa escogida. En su rostro se dibujó una gran sonrisa, seguida de un pequeño río de baba cayendo por su barbilla. Sin hacer absolutamente nada de ruido, se fue acercando poco a poco a aquel animal con un cuchillo que acababa de crear en su mano. Cuando fue a abalanzarse a por él con el arma blanca este empezó a correr hacia delante. Yuu corrió tras él, furioso—. ¡Ven aquí, cabrón! —Le siguió durante al menos diez segundos, pero acabó perdiéndolo.

Por suerte para él, aunque aquella presa no hubiera caído en sus manos… Lo que acababa de encontrar le haría matar dos pájaros de un tiro. El mercenario se paró en seco al lado de un árbol, observando la escena. Había una cabaña de madera abandonada en medio del bosque, y justo en la entrada había una familia de ciervos. El más joven era un poco más pequeño que un ciervo adulto normal, y el más mayor —el cual tenía una cornamenta reluciente y blanca— sería más o menos del tamaño de un oso. Respecto a la casa, era una choza bastante grande que parecía tener dos pisos. La estructura parecía sorprendentemente firme y, pese a todo el musgo que se había llegado a formar en la madera, no se había caído todavía. Su techo estaba recubierto con telas púrpuras,  aunque la mayoría estaban rasgadas. Yuu no entendía como alguien habría sobrevivido en aquel lugar viviendo en un sitio sin ninguna defensa. Tampoco se paró a pensarlo dos veces, puesto que había algo más importante que tenía que hacer en esos instantes… Necesitaba saciar su hambre. El mercenario creó dos cuchillas enormes, una delante y otra detrás del cuello del ciervo macho y adulto. Estas se adentraron profundamente en la carne del animal, pero no llegaron a cortarle de cuajo su cuello. Las hizo desaparecer y creó otras dos antes de que pudiera siquiera escapar. Estas últimas si que hicieron que este se separara por completo de su torso, cayendo al suelo ambos.

— ¡Sif, ya tenemos comida! —se relamió el labio y empezó a caminar hacia la casa, al mismo tiempo que veía como la hembra y su hijo escapaban aterrorizados de aquel lugar—. Menudo fuego va a hacer falta para cocinar ese bicho…  Hey, Sif. Echa un vistazo a la casa, ¿quieres? Tengo que mover a esta fiera dentro, no vaya a ser que venga otro animal y me lo quite. No, no, no… —dijo, mientras creaba una carretilla que pudiera soportar el peso de la carne. Tumbó la carretilla y se puso al otro lado de este. Creó un machete bastante grande, y empezó a darle golpes al ciervo para ver si al menos podía conseguir cortarle un gran trozo de carne. No es que fuera mucho, pero... Al menos logró hacerse con unos veinte kilogramos de venado. Cogió el enorme trozo de carne y lo lanzó a la carretilla, levantándose tras esto. Agarró por los dos mangos el pequeño vehículo, y movió la carretilla al interior de la casa. Antes de entrar, miró hacia atrás y creó una cúpula de metal que cubriría a todo el animal, con el fin de que nadie se acercara a quitarle su presa— Venga ya… Pensaba que no habría ni puerta. Ciérrala, ¿quieres? —se dirigió a Lance, mientras soltaba la carreta. Se sentó en el suelo, exhausto por la fuerza física que había tenido que sacar de la nada. Por suerte, sus entrenamientos daban sus frutos… Pero aún necesitaba más fuerza—. Dame un minuto y… Y me pongo a asar este trozo de carne. Aunque tengo que despiezarlo primero, creo… Y luego ir a por más... Menuda pereza… Pero qué hambre tengo, joder —se tumbó en el suelo, colocando sus brazos detrás de la cabeza.
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Mensaje por Lance Kashan el Dom 14 Jun 2020 - 18:37

No tardamos mucho, paso a paso, en alcanzar un destino donde pareciéramos estar a salvos. Y tan a salvos: era una maldita casa. En todo este remanso de vida salvaje, fieras y gigantescos herbívoros, no cuajaba para nada ninguna acción del hombre, pero también era cierto que Hipatia me había avisado en la llamada de que había vivido aquí durante un tiempo. No me cuestionaría —ya que se trataba de la actual reina de los gyojins y algo significaría— cómo había sobrevivido tanto tiempo en un lugar como este, teniendo todas las extremidades intactas, pero era lógico que debía necesitar algún lugar que llamar hogar. Allí estaba el edificio que, aunque derruido, se erguía en mitad del bioma salvaje, iluminado por lo púrpura de los alrededores. El escenario a su alrededor lo convertía en un lugar idóneo y disfrutable: una elevación del terreno a la derecha desde donde se podía observar cierta parte del terreno, un par de socavones en la tierra que dirigían a pequeñas cuevas y, lo más importante, un claro vacío por completo de árboles que decoraba un lago. Parecía la postal idónea que llevarse como suvenir; un emplazamiento ideal para vivir y salir cada mañana a respirar aire fresco. Si no fuera por la ausencia de luz o, peor aún, los vecinos.

De todas formas, Yuu estaba más bien ocupado con otras cosas: los animales que pululaban alrededor del edificio poco civilizado. Eran una pequeña familia de cervatillos que, a juzgar por sus números, se habían separado de la manada. Me sorprendía pensar que podía vivir una cantidad tal de animales en un lugar como aquel donde la luz del sol, aquella que hacía la vida proseguir, no llegaba, pero no dudaba que tuvieran sus propios truquillos, quizás simbiosis con algunos vegetales. Lo importante no era aquello, sino más bien el tamaño que habían adoptado en comparación a sus familiares de islas del Blue. Así a ojo, cuatro, cinco o seis veces más grandes que los mamíferos y reptiles que yo había estudiado y con los que había convivido durante tanto tiempo. Vi de reojo como el parchado se había encargado de cercenar al venado y, con velocidad, se había hecho con un trozo de su carne, obviamente para cocinarla. Estaba claro que, con toda la emoción, no había siquiera comido antes de marcharse del Ragnarok, con la esperanza de que nuestra misión durase lo menos posible. Además, en el Loki teníamos reservas que ahora no podríamos obtener por miedo a llamar demasiado la atención.

— Ya voy, ya voy. — Me sequé las manos en la ropa para acercarme a la puerta y, poniendo la mano en el pomo, hice por girar. Aun así, me quedé con aquello en la mano, ya que la entrada estaba abierta o, mejor dicho, era incapaz de cerrar. La empujé hasta que chocó contra la pared, sonando la bisagra y pidiendo en su idioma eutanasia, pero lo dejaríamos para otro momento. Vi como la carretilla con el trozo sangrante pasaba dentro de la estancia y, tras él, cerré a su petición. El hogar era algo bastante normal, más bien pobre y vacío. A pesar de tener dos pisos, con un simple paseo pude descubrir que sus únicos muebles eran estanterías vacías y un par de camas realmente modestas e incluso incómodas. Una triste mesa decoraba la salita más grande, que palidecía frente a una habitación normal y corriente de nuestra embarcación. — Entiendo que Hipatia tuviera tantas ganas de ser reina y dejar atrás este lugar. — Solté un par de carcajadas mientras miraba al parchado tirado en el suelo, lleno de moho y polvo. — Entiendo que quieres cocinar ese trozo para no morirte después de comer, ¿no? — Enarqué una ceja en el interior de la máscara mientras me fijaba en él, esperando a que se diese cuenta por sí solo. — Yuu… — Me puse de cuclillas justo a su lado, mirándolo fijamente. — ¿Piensas hacer fuego dentro de una casa de fuego y piel…? — Realmente esperaba que se percatase de la locura que estaba por cometer ya que, aunque aquel lugar tenía una pequeña cocina, estaba tan destartalada que con dificultad serviría para algo más que hacer el paripé y perder el tiempo. — Creo que te toca llevarlo con la carreta de nuevo al exterior… — Me acerqué nuevamente al lugar donde hacía ya mucho tiempo se cocinaban alimentos y encontré una modesta sartén que seguramente hiciera el encargo. — Yo me encargo del fuego si tú te ofreces a recoger alguna fruta que haga de jugo… — Miré a la carretilla durante unos segundos. — No, mejor, trata de cortar la zona circundante al hueso de la pata, nos servirá de grasa animal, creo. — No estaba muy seguro de aquello, pero sabía que el tejido cartilaginoso solía contener lípidos, y este estaba alrededor y dentro del óseo.

Empecé entonces a generar chispas bajo la sartén con la mano zurda mientras mi diestra sujetaba el asa, tratando de calentar lentamente el suelo de esta para que un filete de la carne se empezase a cocinar. La carne empezó a soltar jugos desde su interior y, medio minuto después, estaba algo inundada en un líquido que se calentó y no tardé en salpicar, asustándome un poco y provocando que lanzase electricidad al suelo, quemando las tablas. Todavía con todo en las manos di zapatazos al fuego, tratando de apagarlo, terminando por atravesar mi pie las tablas calcinadas y chocando contra otro suelo. Se apagaron y yo, curioso, empecé a patalear hasta que un gran agujero se creó en el suelo del edificio que parecía dirigir a otra estancia muy distinta de la habitación.

— ¡Yuu, aquí hay algo! — Dije mientras sujetaba todavía el instrumento en mi mano y la calentaba con la otra.


Última edición por Lance Kashan el Dom 14 Jun 2020 - 23:46, editado 1 vez


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Dom 14 Jun 2020 - 20:39

Yuu seguía tirado en el suelo, descansando, cuando Lance le comentó lo que tenía pensado para la carne. Si bien su teoría era acertada… Yuu ya había pensado en ello. O quizás no, pero hizo como si lo hubiera hecho. Levantó su torso primero y miró alrededor, echando un vistazo a la casa mientras su compañero le hablaba. Cuando este le dijo de salir de nuevo al exterior, el mercenario estuvo a punto de soltar un quejido. No obstante, Lance rectificó en poco tiempo y le mandó a por una cosa que Yuu no tenía ni idea de lo que era.

—Eh… La zona circun… —musitó, mientras se levantaba de nuevo—. ¿Eso qué coño es? Bah, da igual. No me lo expliques, te traigo la pata entera y a tomar por el culo —se dirigió hacia la entrada y abrió la puerta. Empezó a silbar mientras creaba otra vez el machete en su mano. Era una melodía inventada, pero se estaba entreteniendo. Hizo desaparecer la cúpula y se agachó delante del ciervo muerto. Cual carnicero profesional, de unos cuantos cortes cortó la pata de cuajo. Supuso que eso valdría, así que se encogió de hombros y se levantó. Volvió a cubrir al animal con la cúpula y se dirigió de nuevo hacia al interior de la casa. Justo cuando iba a abrir la puerta, escuchó a su compañero llamarle. Entró con la pata en alto y miró el panorama—. ¿Eh? Ostia… Un agujero —casi ni se inmutó. Se acercó a Lance y le ofreció la pata—. Toma, no sé qué coño es la zona circunnosequé, así que no puedo cortar algo que no sé ni lo que cojones es. Ah, ten —creó una navaja de la nada y se la ofreció también junto con la pata. Cuando este la cogió, Yuu echó un vistazo al agujero que se había abierto en el suelo. Sin mediar palabra, bajó de un salto y aterrizó a la perfección en aquel segundo suelo de madera— Pues se bajaba por ahí —señaló al final del pequeño pasillo en el que ahora se hallaba, donde había unas escaleras y una trampilla por la cual se podía bajar en la habitación contigua a la que estaban arriba—. Voy a ver qué hay por aquí. Cualquier cosa grita, Sif —creó una linterna eléctrica y apuntó hacia una parte del pasillo, observando que había un par de estancias a cada lado. Entró a una de ellas y lo alumbró todo.

A esta se bajaba por unas escaleras, y por poco Yuu se tropieza y se cae. Como esta estaba más hundida en la tierra, era más grande por consecuencia. Por lo que el mercenario supuso, era un dormitorio normal y corriente, con muebles de madera y bastante simples. Al parecer, fuera quien fuera que hubiera estado allí, no se atrevía a dormir a ras de suelo… Y era completamente entendible. Pero vaya, de momento esa estancia no le interesaba, así que se dio media vuelta y subió las escaleras para entrar a la de enfrente. Esta vez era una habitación mucho más pequeña, y no era para nada del agrado de Yuu. ¿Por qué? Porque estaba llena de libros y notas por todos lados. Dio marcha atrás y atravesó el pasillo para acceder a las otras cuatro estancias que le quedaban por mirar.

—¿Cómo va? —alzó la voz para ver si la comida ya estaba lista. Sus tripas seguían rugiendo y aquello no era para nada una buena señal— Aquí abajo no hay nada interesante, tío. He visto ya dos habitaciones y una era un dormitorio y la otra una puta biblioteca. ¡Una puta biblioteca! ¿Te lo puedes creer? No he podido pasar ni cinco segundos ahí metido. A ver si la próxima no es puta mier… —atravesó el umbral de la siguiente que tocaba por investigar— Chaval… Menuda fiesta tienen aquí montada las ratas gigantes. Hay como cinco o seis putas ratas del tamaño de un puto perro follándose entre ellas. ¡En menudo momento las he pillado! Aunque bueno, esto parece el trastero. Igual hay algo de utilidad si mato a las putas ratas… Venga, dejad de follar y morid, putas asquerosas —desenvainó una de sus espadas y avanzó a paso lento con el fin de acabar con aquella orgía.
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Mensaje por Lance Kashan el Lun 15 Jun 2020 - 0:08

Yuu, provocando que me llevase una mano a la frente por la decepción, terminó presentándose por la puerta con lo que venía siendo la pata al completo del animal. Le había dicho zona circundante al hueso de la pata, no esta última por completo, pero bueno, la parte buena es que una incluía a la otra y había pecado de excesivo y no de falto. Me ofreció una navaja, supuse que para cercenar la carne y tomar lo que quisiera y, con un veloz gesto algo airado, solté la sartén en una mesilla que decoraba la esquina, dejando una marca de quemado sobre esta por la temperatura que había alcanzado el instrumento metálico. Entonces tomé aquellos dos ofrecimientos y, como si su almuerzo no fuera con él, saltó por el agujero que había creado y desapareció en la más tenebrosa de las oscuridades.

— Sigh… — Rechisté sonoramente, dejándole hacer sus cosas de hombre mientras yo me encargaría, como persona consciente de nuestra situación y preocupado por mi vida, por cocinar aquella carne de una manera correcta. — Pásatelo bien. — Me di la vuelta, dejándole vivir su propia aventura y centrándome en el almuerzo.

Ahora que me percataba, la parte del muslo, justo por donde había sido cercenada, estaba chocando contra el suelo, fruto de mi incapacidad para levantarla por su peso. Ahora es cuando me vendría bien tenerle al lado para que la sujetase mientras cortaba, pero me las tendría que apañar con mis pequeñas manos. Cogí el cuchillo con una pose segura a pesar de mi poco conocimiento sobre armas blancas, cortando pequeños filetes de dicha parte que iban cayendo al suelo poco a poco. Lentamente fui haciéndome un camino hasta que alcancé el hueso o, mejor dicho, el cartílago que lo rodeaba y que extraje sin mucha dificultad, tomándolo para verterlo sobre la sartén, más concretamente sobre aquel trozo que ya estaba tomando color. Entonces, apoyándome en la pared, volví a las andadas: zurda bajo la sartén, calentando, diestra en el asa. Poco a poco se fue dorando, fruto del cartílago que se había derretido por la temperatura, formando grasa animal que funcionaría de mantequilla, o eso confiaba. La química orgánica, o mejor dicho la bioquímica, me había enseñado aquello, pero tampoco nada me prometía que lo que estaba preparando fuese comestible. Suspiré en cuanto terminé con aquello, generando una pequeña plataforma de electricidad, lo más plana posible, donde lo dejaría reposar mientras tomaba otro filete que dejar sobre el instrumento de cocina, repitiendo el proceso. Prepararía unos cuantos; sabía cómo era de glotón Yuu cuando tenía hambre y lo propenso que era a dejarme a mí sin nada por puro despiste.

Poco después se escuchó la voz del comensal desde la habitación de abajo, preguntando acerca del menú, a lo que me limité a afirmar con un tono algo seco. Entonces, captó mi atención: una biblioteca. ¿Hipatia sería una ávida lectora o tenía algo más que novelas allí? En cuanto terminase con la tarea bajaría a comprobarlo, pero primero me tenía que encargar de preparar aquel plato si quería estar dispuesto para continuar la aventura más tarde. Entonces, Yuu pareció seguir con su odisea, esta vez narrando cómo ratas gigantes follaban entre sí. Bueno, no me afectaba, pero cualquiera diría que era un comentario bastante innecesario, especialmente teniendo la comida delante. Suspiré tras dejar el séptimo filete sobre la plataforma y, concentrándome en que no desapareciese, dejé también el acero sobre esta. Su intensidad era nimia. La justa y necesaria para poder ser manipulada y que no se enfriasen por completo, pero tampoco quería seguir cocinando aquello hasta que se quemase.

— En cuanto termines con esos… — Las vi, allí retozando. — con eso, tienes arriba algo para comer. SI necesitas más, avisa. — Esperaba que no entrase ningún animal a curiosear, aunque la puerta estaba cerrada y pocas ventanas existían. Generé una gigantesca luciérnaga que haría parecer aquella estancia subterránea una habitación moderna. Me asomaría al dormitorio, encogiéndome de hombros mientras me acercaba entonces a la biblioteca, dándole la espalda a aquel samurái que se enfrentaba a un clan de ratas promiscuas. Entraría, buscando algo que leer y tomando en mis manos un par de hojas algo raídas por el tiempo. Las acerqué un poco a mis ojos, tratando de discernir palabras, pero era un intento absurdo: la tinta había dejado este mundo. Entonces me aproximé a un libro, tratando de tener mejor suerte esta vez, y gracias a dios que así fue. Tenía páginas llenas y otras vacías, pero parecía ser un diario del puño y letra de la señorita actual reina de los gyojin. No me interesó demasiado el contenido, especialmente porque más frases rezaban sobre su familia real que sobre la isla per se, pero me lo llevé al bolsillo para darle un vistazo cuando me sobrase el tiempo. Hice lo mismo con el resto de documentos, tratando de encontrar algo, pero nada: vacío o ilegible. Suspirando, saldría de la estancia y volvería a la de arriba, tratando de recoger algo de carne que llevarme a la boca y, estuviera o no Yuu allí, preguntaría si los seis que restaban eran buena cantidad. De no ser así, seguiría cocinando. Veinte kilos daban para demasiado.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Lun 15 Jun 2020 - 13:14

Las ratas dejaron de follar cuando vieron a Yuu, y curiosamente no volvieron a su madriguera. En su lugar, decidieron atacar al mercenario, que se estaba abalanzando sobre ellas. La primera, dio un gran salto hacia la cara del criminal, siendo cortada en dos antes de siquiera llegar. La segunda, un poco más tarde que la primera, intentó morderle en la pierna, pero su cabeza acabó ensartada por la espada del pelinegro. Las cuatro restantes, no tan valientes como las otras dos, decidieron huir por los túneles que habían en el subterráneo. Yuu tapió todos y cada uno de ellos con un bloque de hierro y les impidió el paso. Una de ellas soltó un quejido, y las demás se giraron hacia el parcheado, atemorizadas. Sabían que iban a morir, así que antes de que el mercenario llegara a ellas para cortarlas en pedazos, se pusieron una detrás de otra y empezaron a copular de nuevo.

—¿De verdad? ¡¿De verdad?! —no se podía creer lo que veía su ojo. Las insensatas aquellas recibieron instantes después cuatro espadazos que les quitaron la vida y las dejaron en el suelo. Y bueno, justo cuando envainó su espada, apareció Lance en la entrada de la habitación para avisarle de que la comida ya estaba lista—. ¿Cómo? ¡¿Cómo?! ¡Voy! ¡Voy! —como un perro hambriento, corrió desesperado hacia el agujero y dio un salto sin siquiera agarrarse al saliente, apareciendo y aterrizando arriba. Su mirada buscó los filetes con avaricia , y cuando los encontró, se lanzó a por ellos y se sentó delante de la plataforma con las piernas cruzadas. Cual bárbaro, cogió uno de los filetes y empezó a comer aunque estuviese acabado de hacer. Se estaba quemando, pero no le importaba. Él seguía engulliendo y engulliendo, y su hambre desaparecía por momentos— Joghder, ¡agshí shí! —gritó, con la boca llena. Al rato, vio subir a Lance y este le preguntó sobre los filetes. Por suerte, le pilló sin nada en la boca para entonces—. Llenan más de lo que parece, eh. Me da que vamos servidos con esto —siguió comiendo, estando a punto de acabarse el gran filete y pasar al siguiente. Cuando terminó de masticar, carraspeó y se dispuso a preguntarle algo a su compañero— Hey, Sif. ¿Has bajado a la biblioteca esa? ¿Algo de interés? —finalmente, se acabó la carne que tenía en sus manos y cogió otro.

El dúo de criminales finalmente acabó de comer a los tantos minutos. Yuu estaba completamente lleno, y necesitaba urgentemente otra cosa para quedarse tranquilo. Sacó su encendedor del bolsillo y una caja de cigarros que siempre intentaba llevar encima. Se colocó el tubo en la boca y prendió el tabaco, para luego cerrar el mechero y guardarlo de nuevo, junto a la caja. Yuu se levantó y creó dos sillones de madera revestidos de cuero negro uno al lado del otro, un poco alejados del agujero. Se sentó en uno de ellos, apoyando sus dos codos en los reposa–brazos.

—En un rato saldremos, Sif. Quiero acabar el encargo en menos de dos días, a poder ser —le dio una calada a su cigarro y echó el humo por la estancia lentamente—. Cogemos las manzanas y nos piramos.  Aunque ya sabes, chaval… Volveremos. Mi instinto me dice que esta isla del demonio puede ser una auténtica lotería para la organización. Traeremos gente para sacar tajada de los recursos de por aquí y, además… ¿Sabes lo que se me ha ocurrido? —dio otra intensa calada y echó el humo de nuevo—. Los túneles de debajo de esta casucha me ha dado una idea. Si ellos se podían esconder bajo tierra de esos bichos… Nosotros también. Es decir, ¿quién más a parte de la vieja sirena y nosotros puede saber que esta isla siquiera existe? Nadie. Por eso mismo… —apuntó con su cigarro a Lance, puesto que estaba a punto de decir algo importante y le atañía—. Yggdrasil se quedará esta isla. Que le den a los dinosaurios. Prepararemos armas pesadas o las compraremos, y vendremos para quedarnos y exprimir todos los recursos y asentar nuestra base. Primero, Sif —señaló de nuevo con su cigarro, pero esta vez al gran agujero que había en el suelo—, un búnker. Si hace falta… Atracaremos el Ragnarok en la isla y nos haremos cargo de todos los bichos del cielo para que no nos toquen los putos cojones —dejó de señalar y le dio otra calada—. Ese sería mi plan. Confío en tu cabeza, Sif. Si tienes otro mejor, podrías ser al único que podría tomar en cuenta. Piénsalo y a ver si se te ocurre algo hasta que nos vayamos.
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Mensaje por Lance Kashan el Lun 15 Jun 2020 - 22:15

Al menos parecía estar contento con el plato que había preparado y, más que otra cosa, agradecido con la cantidad. Sabía que Yuu, en este tipo de casos, prefería cantidad a calidad, por lo que tampoco me debía preocupar de que su paladar se negase a alimentarse de carne un poco mal hecha. No tenía dotes de cocinero —y lo podían verificar todos y cada uno de los que habían podido probar los platillos que preparaba en el Ragnarok solo por curiosidad—, pero había sido capaz de simplemente cortar carne y cocerla, y me enorgullecía hasta cierto punto. Y ese punto era que la comida me sabía extremadamente bien.

Tras saciar el hambre, me volví a colocar la máscara y Yuu generó un par de butacas, tan extravagantes y llamativas como a él le gustaban, supuse que una para que me pusiera cómodo. Me senté allí, acurrucándome hasta cierto punto a lo ancho del asiento ya que el tamaño, preparado para que cupiera Yuu, distaba mucho de lo que yo solía usar. Entonces este, como si de una reunión privada en el barco se tratase, comenzó a hablar sobre lo que opinaba que debíamos hacer acerca de la isla y todo lo que respectaba a ella. ''Dos días… ¿Dos?'' era la pregunta que me hice a mí mismo, tratando de pensar cuánto tiempo podríamos perder de camino al centro de la isla, teniendo en cuenta la proporción que había podido descubrir mientras el Loki descendía. Fui a negar, tanto con la cabeza como verbalmente, pero el parchado continuó hablando, quizás con unos pensamientos tan grandes que se desbordaban de su cabeza. Planeaba venir en un futuro cercano a conquistar esta isla del demonio —de manos de los animales, supuse—, aprovechando su materia prima para explotarla y conseguir una base y dinero fácil. Y, si no fuera porque para explotarla debíamos traer gente dedicada a ello y, por ende, prometerles una protección que difícilmente le daríamos, estaría completamente de acuerdo. Al fin y al cabo, una propiedad en el Nuevo Mundo no era algo que se tuviese con facilidad, aquello estaba claro.

— El problema no solo es el cielo… — Miré al techo del triste edificio, encontrando el humo que se estaba acumulando en este, serpenteando de esquina a esquina mientras crecía con el recién llegado. — Ya has visto el bosque. Ni una hora para que amenacen nuestra seguridad dos veces. — Suspiré, mirando el cigarrillo de mi acompañante mientras le daba al coco. — Si quieres sacarle provecho a la isla, sea explotándola o construyendo, necesitaremos profesionales y, por mucho que me duela… — Me volví a colocar en el asiento de una forma más cómoda, esta vez de lado, tumbado a lo ancho de este. — …ese tipo de gente no suele conciliar la arquitectura o la minería con el combate con dinosaurios. Sería un proyecto a gran escala, contratando guardaespaldas, limpiando de la isla de todo lo que no sean herbívoros o buscando gente que realmente se pueda cuidar sola. Porque ni tú ni yo sabemos construir un búnker, me parece. — Le miré, subiendo la máscara hasta que se viera aquella ceja derecha, enarcada. — Aun así, tienes razón. Es un emplazamiento magnífico donde nadie más, sea quien sea, podrá llegar si no es de nuestra mano, por lo que seguramente valga la pena la inversión. — La volví a bajar, colocándola a la perfección para que cubriese todo el rostro. — Por el otro lado, me gustaría saber qué planes tiene Hipatia Stix porque, aunque nos haya mandado en esta ocasión, nunca se sabe; las reinas suelen ser más bien excéntricas. Quizás le da el venazo de sirena y decide retomarla, aunque lo dudo. — Me desmaterialicé, volviendo a aparecer dado la vuelta, esta vez con la cabeza apuntando al punto cardinal opuesto. — De todas formas, más que matar a toda la población, ya que destrozaría el ecosistema… — ''La tensión me pone incómodo, coño'', pensé, mientras bajaba las piernas del reposabrazos y las llevaba hasta el suelo, inclinando mi cuerpo y espalda hacia adelante para acercarme levemente a mi jefe. — ¿Y si nos colocamos en la cúspide de la cadena? — Se me formó una tonta sonrisa, rememorando algún estudio que había tenido sobre zoología y, más aún, mi sentido común. — En todas las sociedades, humanas o no, hay un rey. — Llevé la mano hacia el frente, dejando la palma bocarriba y generando una corona que, aunque de trazos torpes, se podía distinguir por su forma. — Destrocemos a ese rey y… — Apreté el puño e hice como que la electricidad caía al suelo para, segundos después erguí el índice y apunté sobre mi cabeza. — …pongámonos esa corona.

Aunque quizás era solo una chiquillada, no lo tenía muy claro. Aun así, a pesar del entusiasmo que había demostrado al hablar, no estaba muy de acuerdo con enfrentarse a aquello que inspirase temor a todos y cada uno de los animales que habitaban el lugar. Debía ser algo inimaginable.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Mar 16 Jun 2020 - 17:30

El parcheado cruzó una pierna debajo de la otra y apoyó uno de sus codos en esta, tocándose el mentón con la mano, pensativo. Cuando su compañero empezó a hablar, alzó su mirada para verle. Este parecía bastante convencido de sus palabras, para su edad. Sabía cómo iban esa clase de cosas, y eso facilitaba muchísimo las cosas al veterano ladrón. Yuu había tenido en cuenta la mayoría de lo que el chaval dijo, pero su última idea le pareció un tanto extraña. Cuando este dejó de hablar, el pelinegro se rascó la barbilla y carraspeó para devolverle una respuesta al joven.

—A veces haces cosas muy raras, Sif… —soltó una pequeña carcajada ante su teatro con la corona. Dio un calo a su cigarro, al cual ya le quedaba poco para perecer, y se dispuso a volver a hablar con una sonrisa dibujada en su rostro—. Creo que el bicho de los cielos nos ha dejado clara nuestra posición en la cadena, eh. De todas formas… Supongamos que hay una especie de… Rey, vamos a llamarlo así —hizo el gesto de las comillas con su mano libre cuando pronunció la palabra «Rey»—. Y supongamos también que tenemos el suficiente armamento y poder como para cargarnos a una bestia a la que toda la maldita isla le tenga miedo. En ese caso específico… Si nos lo cargamos, ¿luego qué? Nadie nos garantizaría que los animales de la isla nos acepten como su… Rey —volvió a hacer las mismas comillas que antes. Seguía sin gustarle aquella palabra para referirse al depredador más alto en la cadena alimenticia—. Pero también te digo… Si nos asentamos aquí, como tú mismo has dicho… Vamos a tener que ofrecer protección a los trabajadores que contratemos… Así que por cojones seguramente nos tengamos que cargar a esa cosa, si es que la hay. Vamos, no será fácil… Pero tú eres una puta batería andante y yo soy un jodido arsenal. Así que seguramente acabemos encontrando la forma de cargarnos a sea lo que sea eso.

Dio la última calada a su cigarro, para luego apagarlo en el sillón, dejando un claro rastro de quemadura en este. Se levantó de su asiento e hizo desaparecer el mismo. Hablar de aquello le había motivado a seguir con el contrato lo antes posible, además de que ya se encontraba completamente listo. Aunque bueno, realmente la finalidad de levantarse era otra. Avisó a Sif de que volvería en un momento y salió fuera de la casa. Se acercó al árbol más cercano a la choza y se bajó los pantalones hasta las rodillas. Se puso de cuclillas mirando hacia el lado contrario al árbol, haciendo fuerza con su trasero para soltar los excrementos que había acumulado tras zamparse el venado que había preparado su compañero. Llevaba un rato aguantándose, pero finalmente pudo soltar todo aquello, que probablemente serviría de abono para aquel precioso árbol de gran tamaño… O quizás se lo comía algún ingenuo animal. A él le daba igual, ya se había quedado a gusto. Creó un rollo de papel higiénico en su mano, y con la otra lo cortó para limpiarse los restos que habían quedado en sus nalgas. Hizo desaparecer el papel restante y se subió los pantalones, aliviado. Volvió a la casa y cruzó el umbral de la entrada, suspirando.

—Sif, vamos a ir moviéndonos de aquí. Cuando antes encontremos las manzanas y nos larguemos de aquí, antes podremos poner en marcha el plan del asentamiento —se apoyó en el marco de la puerta, mientras con el pie aguantaba la misma para que no se cerrara—. A todo esto… ¿Cómo coño nos acordaremos de dónde está este sitio? No quiero volver a ir a ciegas por ese bosque ni de coña, te aviso desde ya.
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Mensaje por Lance Kashan el Mar 16 Jun 2020 - 21:46

No pude evitar sonrojarme cuando Yuu remarcó lo extraño de mi interpretación. Había leído en algunos libros de la biblioteca —que obviamente no usaba él— que los gestos, objetos y todo aquel tipo de recursos fortalecían el discurso y tendían a convencer al otro, pero el resultado parecía otro. Miré hacia las tablas que conformaban el suelo durante unos segundos, hasta que el parchado volvió a hablar, esta vez fijándome en su ojo. Estaba dudando hasta cierto punto de mi idea, pero no tenía duda alguna de que era nuestra mejor posibilidad. No por nada tenía una capa en el barco cuyo olor asustaba o atraía a según qué reyes marinos. Si cortábamos la piel de aquello que fuera lo que aterrorizaba a los dinosaurios, los monos gigantes y el león volador, seguramente ocupásemos un mejor lugar en aquella pirámide alimenticia que mencionaba. Estaba claro que un par de seres humanos, con su metro ochenta —bastante menos en mi caso— no podían ser para nada contrincantes de monos que nos superaban varias veces en complexión, pero poseíamos algo de lo que ellos carecían: una mente racional. Bueno, Yuu solía perder la cabeza en según qué ocasiones o atender a pocos razonamientos, pero seguía haciéndome caso cuando se trataba de un momento peligroso. Suspiré, dejando ver una sonrisa a la par que mi jefe terminaba con su charla, dando por finalizado el descanso, o eso parecía cuando hizo desaparecer el cómodo asiento.

Me levanté, mirando la sartén. ¿Habíamos asesinado un animal que podría alcanzar el par de toneladas para cortar un par de docenas de kilos de su lomo y, peor aún, cocinar la mitad? Era malgastar una vida, pero tampoco es que hubiésemos tenido una presa con la que contenernos o cuyo cuerpo hubiéramos podido utilizar de forma más eficiente. Lo importante era que ahora ambos estábamos llenos y preparados para continuar la caminata, pues aquel rato sentados me había permitido descansar las piernas y el cuerpo en general. Seguiríamos la dirección marcada por la proximidad, así que no sería difícil tardar menos de dos días. Salté por el boquete a la habitación inferior para asegurarme de que hubiera recogido todo y, en cuanto lo confirmé, trepé nuevamente para la sala, encontrándome a Yuu en la puerta.

— ¿Para qué quieres recordar la posición de esta casa…? — Me recordó la razón del búnker y caí en que lo lógico sería empezar donde la obra ya estaba hecha, así que asentí. — Sinceramente, no se me ocurre ninguna con lo que tenemos encima… Al menos nada que permanezca hasta que volvamos con dichas intenciones. — Quemar un árbol sería demasiado peligroso, disponer ramas en el techo del bosque ni sería permanente ni seguro, las creaciones de Yuu no eran permanentes. No había nada que pudiera hacer sin herramientas y materiales, por lo que nos tocaba dejarlo a la vieja usanza. — La isla es grande, pero no tanto. Cuando volvamos, me introduciré yo solo en el bosque y lo recorreré en cuestión de minutos, no te preocupes. — Dudaba que existiese un animal allí capaz de rivalizar a mi velocidad o, en cualquier caso, tener los reflejos como para impedirme avanzar. — Será más seguro y fácil que cualquier otra cosa que podamos hacer. — Asentí para mí mismo, esperando que entendiese mis razones. — Además, no tenemos el tiempo para preocuparnos en eso; lleguemos lo antes posible al lago y marchémonos de aquí. Quizás le puedo sacar alguna pista a la reina acerca de su estancia en la isla y el cómo de sus días aquí. — ¿Continuamos pues? — Esperaba que dijera que sí.

Y, por suerte, fue así. Suspiré mientras rodaba los ojos, tratando de concentrarme en recordar la posición de cada lugar relevante en el mapa que había formado en mi cabeza desde el aterrizaje y, nada más fijarme en los árboles que rodeaban el improvisado hogar, supe qué dirección tomar. La señalé para que Yuu lo tuviese claro. — Creo que para antes de la noche podemos ser capaces de llegar a salir del bosque. Aunque no sé si queremos dormir al raso, también te digo. — Ya había experimentado en una ocasión lo que era tratar de descansar en una pradera, a merced de cualquier animal que se acercase, y no era grato. Menos aún si cualquiera nos podía devorar como aperitivos en esta isla.

El resto del camino no fue preocupante para nada: únicamente nos encontramos con herbívoros y animales poco peligrosos. Definiendo poco peligrosos como depredadores del tamaño de lobos, que palidecían en la comparación con los simios de seis metros. Ya podíamos ver la luz de la noche al final del camino de troncos, ramas y lianas cuando noté algo en la muñeca.

— Yuu, ¿por qué me sujetas…? — No sabía si le estaba sucediendo algo y quería silencio o había encontrado un animal peligroso, pero no era de aquellas personas que solía tocar a otros. — ¿Yuu? — Me fui a dar la vuelta y descubrí que aquello que me estaba agarrando no era precisamente un humano. Era una especie de enredadera que, por cada segundo que pasaba, se aferraba con más vehemencia a mi piel. — Espera, ¿qué…? — Tardé un par de segundos en reaccionar hasta que me transformé en electricidad y me escabullí del agarre, tratando de conectar mi mirada con la de mi acompañante, pero no estaba allí. Tratando de mantener la calma, llevé mis ojos al frente y me fijé en lo que parecía ser aquello vivo: una especie de planta gigante emergía de la tierra. ¿Hasta los vegetales de la isla nos querían matar? Era cierto que necesitaban protegerse de los herbívoros para no ser devorados y extinguirse por culpa del tamaño de aquellos animales, pero quizás amenazarme era pasarse. — ¿Me quieres mantener en el bosque…? — Traté de comunicarme con ella, pero si era imposible con animales, más lo sería con plantas.

Una especie de flor de la cual asomaban los estambres se erguía frente a mí, con el movimiento que una boca tendría o, mejor dicho, un estómago. No era la escena más repugnante que había visto últimamente, pero sí que estaría en un puesto bastante alto. Me llevé las manos a la espalda, tomando el rifle con el cual apunté a los estambres y disparé, atravesando uno y sacándole un extraño chillido que hizo retumbar la tierra y el cual pareció provocar que todas las cuerdas vegetales se abalanzasen sobre mí.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Jue 18 Jun 2020 - 20:03

Al parecer Lance no tenía ni idea de cómo volver a hallar el mismo sitio una vez volvieran allí. No obstante, le tranquilizó el hecho de que propusiera encargarse él mismo de la búsqueda cuando retornaran a la isla. Al fin y al cabo, su velocidad y su percepción era prácticamente inigualable por nadie de la organización. Pero vaya, tras dejar claro aquello, dejó de preocuparle al mercenario y aceptó seguir con la travesía y acabarla cuanto antes.

Caminaron largo y tendido, llevando Lance la delantera puesto que era él el que había avistado desde arriba el lugar indicado. Al pelinegro le parecía que no avanzaban nada, puesto que todo era prácticamente igual a medida que seguían y seguían caminando. Muchos árboles, mucho bicho, y muchos ruidos. Y no precisamente ruidos felices… Escuchaba a su alrededor desde aparentes peleas entre animales salvajes, hasta los pasos en la lejanía, seguidos de leves temblores, de enormes animales capaces de devorarles a ambos si les pillaran con la guardia baja.

Yuu no tenía miedo de nada de eso, no… Pero sí que le daba una pereza tremenda enfrentarse a todos aquellos engendros de la naturaleza que querían matarle. Solo en un día se había hecho prácticamente una maratón entera solo escapando de ellos, y no le apetecía meterse más con ninguno de ellos. Aunque bueno, eso no se aplicaba realmente a los animales en sí, solo a él. Ellos si que parecían querer meterse con Yuu, y lo demostrarían justo cuando el pobre pelinegro se hallaba encendiéndose uno de los pocos cigarros que le quedaban. Apartado unos cuantos metros del joven Lance, el ladrón prendió fuego al tabaco que residía en el interior del tubo, guardando tras esto el respectivo encendedor. Miró al frente durante dos segundos y, en un instante, su cuerpo se elevó en el aire y empezó a sentir algo bastante caliente agarrándole. El parcheado no veía absolutamente nada, pero algo le estaba zarandeando de un lado para otro. En su mente lo único que se preguntaba era cómo demonios no había percibido la presencia de lo que fuera que le había cogido de aquella manera.

—Suél… —empezaba a marearse—. Suéltame… —Le soltó en lo que parecía ser tierra firme— ¡Bicho! —todo le daba vueltas. Se recompuso y posó sus manos en el suelo. Un par de arcadas después, esta vez sí que sintió algo acercándose a él. Miró en la dirección de la que provenían unos gigantescos pasos que se dirigían hacia él. No daba crédito a lo que veían sus ojos—. Oh, venga ya… Otra vez no —atisbó al mono de seis metros que caminaba erguido ante él, con la cabeza ladeada y mirándole fijamente. Parecía estar analizándole, y realmente lo estaba haciendo—. ¿Qué miras, payaso? —se puso de pie, ayudándose de su rodilla para levantarse. Echó un vistazo a su alrededor y, por lo que veía, se hallaba a unas cuantas centenas de metros de altura, en una rama gigante de un árbol también gigante. En esos instantes, el mercenario se estaba cagando en toda la estirpe de aquel primate por dentro— Espera, déjame adivinar, puto mono de mierda. Ni siquiera sabrás mi puto idioma y por decir algo, ¡ni siquiera sabrás hablar! —El mono empezó a imitar su comportamiento, burlándose de él y riéndose tras esto— ¿Y ahora de qué te ríes, putísimo subnormal de mierda? —le dijo en voz alta y empezando a cabrearse. Que un mono de tal tamaño se estuviera riendo en su cara de él no le hacía absolutamente ninguna gracia.

—¡Bupupu! ¡Bajabajaba! —continuó riéndose cada vez más y más fuerte. Al parecer… No era agresivo de primeras. Incluso cuando Yuu desenvainó dos de sus espadas siguió riendo y no cambió su actitud en absoluto.

—Me vas a comer los cojones. —Se abalanzó contra él con los brazos atrasados y sus espadas mirando hacia su retaguardia. Cuando pensaba que siquiera iba a cortar al primate, este dio un gran salto y esquivó por completo los cortes que el mercenario efectuó en dirección a sus piernas. Miró hacia arriba y vio como el primate había juntado sus manos, probablemente para impactar con ellas en la rama cuando cayera. El ladrón dio unas cuantas volteretas hacia atrás, pensando que con aquel golpe no rompería la rama porque vaya, era un simple mono… ¿No? La verdad es que se daría cuenta de que no, no era un simple mono. El animal golpeó el suelo con gran fiereza, rompiendo completamente esta y haciendo que Yuu se precipitara al vacío—. ¡Hijo de puta! —su voz se escuchó con eco por todo el bosque, y permaneció sonando durante unos dos segundos, alargando su última palabra.

En el camino hasta abajo se golpeó con varias extensiones de los árboles más pequeñas que la que había pisado. Por suerte, logró recomponerse en el aire a tiempo y perforar la corteza de una de ellas con el gancho que él mismo creó, al cual se hallaba atada una cuerda bastante resistente que ayudaría a Yuu a subir hasta allí. Lo que él no sabía es que el mono de antes parecía estar persiguiéndole de una forma bastante peculiar. Se estaba deslizando por los árboles hacia abajo, saltando de uno a otro gozando de una agilidad extraordinaria. El mercenario intentó subir la cuerda, mas el gran primate aterrizó en la susodicha rama, rompiéndola e intentando agarrar a Yuu con su enorme mano derecha. Desenvainó una de sus espadas en el aire, realizando una media luna ascendente que repelería aquel agarre y heriría la palma de la mano del animal. El parcheado siguió cayendo, pero esta vez él mismo invirtió su postura y empezó a caer en picado como si de un águila se tratase, aumentando la velocidad a la que iba. Al parecer, aquel mono había subido casi hasta la cúspide de aquellos árboles, que eran absolutamente descomunales. Cuando por fin vio el suelo, no le gustó lo que su ojo atisbó. Una planta enorme se erguía enfrente de su compañero, que también parecía estar allí.

—¡Sif, cuidado con el puto mono! —de nuevo, el bosque hizo que sus palabras se vieran alargadas, sonando por todo el bosque. Una vez estuviese a punto de tocar el suelo, Yuu crearía una colchoneta en la que impactaría poniéndose de lado, mirando a esta con su hombro izquierdo. Tras esto, tardaría unos cinco segundos en reincorporarse, así que esperaba que su compañero pudiera lidiar con los peligros hasta que su cuerpo volviera a reaccionar.
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Mensaje por Lance Kashan el Vie 19 Jun 2020 - 20:51

Una tras otra, las cadenas del vegetal amenazaron con apresarme como buenamente podían, enrollándose alrededor de mis brazos, muñecas, tobillos y rodillas. Por alguna razón, era completamente incapaz de esquivar aquel agarre con simplemente volverme etéreo. «¿Está utilizando haki de armadura aun siendo una planta…?», me cuestioné a mí mismo. No era una teoría muy reputada el hecho de que los vegetales contasen con algún tipo de voluntad propia o fueran siquiera conscientes, de ahí el nacimiento de los veganos. Pero, para ser justos y sinceros, aquel ser vivo me estaba atacando en aquellos precisos instantes y un gesto como aquel demostraba demasiado. Es decir, uno necesitaba poder pensar y meditar sus acciones hasta cierto punto para poder decidir atacar y tratar de asesinar a alguien. Así que sí, seguramente pudiera portar una voluntad que tomase forma o, quién sabe, tenía algún tipo de habilidad que interfería con la mía.

Aun así, fuera un enfrentamiento desventajoso o no para mí, no podía encontrar a Yuu por ningún lado a pesar de mi preciada vista, llegando a la conclusión de que en aquellos instantes estaba yo solo contra el peligro. No me pararía a pensar acerca del paradero del falso tuerto ya que, conociéndole, se habría distraído o un jabalí gigante le habría llevado por delante, pero tarde o temprano encontraría su forma de llegar. Aquello me dejaba en un uno para uno donde no estaba en dentro de mis posibilidades en confiar que una espada como las que portaba el peliazul me librase del peligro. Forcejeé levemente, tratando de escaparme, pero como era lógico poco pude lograr frente a aquello. Tocaba sacar a relucir el poder del arma que todavía portaba en las manos tras dispararle, dando una descarga que haría que el material se desprendiese y dejase a su paso una pistola gruesa y con un fino acabado. Ya que mi posición era justo frente a la planta, que además estaba acercando lo que podía suponer que eran sus fauces a mí, no tendría un difícil trabajo. Disparé lo más paralelamente posible respecto al suelo y, concentrándome, generé una ligera película a mi alrededor que me permitió controlar por segundos el electromagnetismo. La bala se frenó paulatinamente a una velocidad desmesurada y, antes de que cualquiera se pudiera dar cuenta, se encontraba avanzando al contrario sin ningún tipo de control, ganando velocidad a su paso. Continuó, continuó y… continuó. Un instante antes de que atravesase mi cuerpo deshice la fina capa de electricidad y esta avanzó hasta atravesar otro de los estambres del vegetal, que retiró sus extremidades en cuanto se produjo el sonido.

— No esperaba que fuera tan exacto el «todo quiere matarte en esta isla» —dije, mientras trataba de quitarme la mugre del traje que me pudieran haber dejado aquellos tentáculos—.

Antes de que el contrincante pudiera repetir la acción me alejé con un paso instantáneo, transformándome en electricidad para evitar más agarres y presas, no sin antes recoger el material del suelo y pegarlo a la espalda. Presumiblemente no podría tener un combate cercano por el peligro que entrañaba su haki, por lo que volví a recoger mi fusil y apunté fijamente a las fauces, siendo desconcentrado en ese instante en el que iba a disparar por una sombra que repentinamente cayó del cielo, avisándome del peligro que se avecinaba.

— ¿Yuu…? —mascullé mientras bajaba el arma por un segundo para fijarme en la escena. — Bueno, ha hecho amigos —Un gigantesco simio apareció en escena en aquel instante, agarrándose de una de las ramas de los árboles que conformaban el bosque y ganando inercia para lanzarse contra mí—. Ya podría ser más amable… —El mamífero había unido ambos puños en una masa de dedos que apuntaba al cielo y, en cuanto fue a impactar contra mí, me desmaterialicé para aparecer una docena de metros más atrás, dejando al animal atacar el suelo. Este se hundió levemente, pero un segundo más tarde la plataforma cedió y se formó un boquete cuyo diámetro podía alcanzar el metro sin dificultad.

«¿Otro problema?», dije para mis adentros, esperando que fuese mejor de lo que aparentaba. Dejé escapar un suspiro al momento que mis manos desaparecían y una escopeta surgía donde antes había un rifle, preparada para ir de safari si fuera necesario. Entonces el gigantesco ser comenzó a acercarse a mí a una velocidad para nada desdeñable, utilizando sus nudillos como segundo par de patas y acortando la distancia en cuestión de instantes. El arma ya estaba fría tras comer, por lo que sería capaz de generar otro rayo y, con suerte, dejar fuera de combate al enemigo. Para cuando le faltaba un paso para llegar hasta mí, colocó su mano diestra a la espalda y lo llevó al frente, dando un puñetazo que no dejó indiferente al viento. Con la máxima calma posible, salté, dando un par de volteretas en el aire hasta alcanzar la espalda del animal y, apuntando a la cabeza, disparé el láser. Medí mal su velocidad y fue capaz de apartarse mínimamente, logrando que mi ofensiva no atravesase su nuca por el centro sino que lo hiciese desprenderse de la sien al completo. Permanecería vivo durante poco tiempo; el justo para seguir dando problemas. Aunque para problemas también se presentaba el retroceso del arma, el cual me hizo avanzar varios metros, volando justo por encima de la planta y atrapándome esta como buenamente pudo con sus lianas.

— ¡Yuu, termina al mono! —Era más una sugerencia que una orden, pero se podía confundir como tal—. ¡En cuanto salte a por mí, dispararé y quedará frent…! —no tuve tiempo de terminar la frase cuando mi vista panorámica me advirtió de que el mono no me permitiría el lujo. Guardé el arma a la espalda y desenfundé una Elektro Gun, apuntando a la boca del vegetal y esperando a que fuese el instante preciso para generar el rayo que me mandaría varios metros hacia atrás y dejase al mono frente a mi jefe.


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Mensaje por Yuu Z. Blade el Lun 22 Jun 2020 - 8:11

El mercenario empezó a tomar control de su cuerpo de nuevo. La caída le había jugado una mala pasada y, pese a que la colchoneta había ayudado, la altura desde la que había caído era bastante destacable. Hizo desaparecer la plataforma de amortiguación, posicionando sus pies y sus manos en el suelo. Desde su ataque contra el mono, aún no había soltado las dos espadas que se hallaba empuñando, así que clavó ambas en el suelo y hizo uso de ellas para ayudarse a levantarse. Alzó la mirada y contempló el panorama con el que Sif estaba lidiando. El mono había bajado y se estaba enfrentando a él en un duelo de agilidad, en donde el joven mercenario de la máscara parecía tener ventaja gracias a sus artilugios y a sus veloces movimientos. Tras ver lo del bicho con alas y ahora lo del mono, Yuu comprobó que aquel arma que Sif portaba no era ninguna broma. Lo que no entendía era por qué antes era un rifle y en aquellos instantes se había vuelto una endemoniada escopeta.

—¡Joder! —se irguió finalmente, al mismo tiempo que contemplaba como su compañero casi destruía por completo la nuca de aquel primate gigante con una especie de rayo láser extraño—. Menudo trallazo… —Vio como Sif empezaba a tener problemas con el otro enemigo. Este le instó a acabar con aquel mono de una vez por todas, puesto que por lo visto aquel no había caído aún y seguiría dando problemas un rato más pese a estar desangrándose—. Te vas a enterar, cabronazo… —estiró el cuello y salió disparado hacia su enemigo portando sus dos espadas.

Con una pasmosa velocidad, Yuu alcanzó una de las piernas del primate. Con sus dos armas colocadas de forma paralela entre ellas, realizó dos tajos simultáneos hacia su izquierda, hiriendo profundamente a su oponente en la pierna, haciendo que se tambalease y cayese, apoyándose en su otra rodilla. Una de sus manos estaba colocada en la gran herida que le había dejado Sif, así que este solo podía defenderse con la otra. Dio un puñetazo que impactó en el suelo donde estaba Yuu, esquivándolo este con un salto y posándose encima de su mano. El mercenario empezó a recorrer su brazo realizando cortes en este a medida que avanzaba. Le hubiera gustado poder cortarlo con sus espadas, pero su fuerza en aquellos instantes no se lo permitía. Llegó al hombro y ensartó el cuello de aquel mono con una de sus armas, agarrando su empuñadura y colgándose de ella mientras se apoyaba en el cuello del primate con sus pies. Con la otra espada empezó a realizar cortes a donde debería de estar la yugular en una persona humana, puesto que los monos básicamente tenían una composición casi idéntica a ellos. Con dificultad, llegó a cercenar lo que quería, causando que el gigante dejara salir un grito ahogado e instintivamente llevara su mano libre a la parte delantera de su cuello. Yuu soltó su espada y cayó al suelo, amortiguando su caída con una cama elástica que le alejó varios metros de delante del primate. Tras varios segundos de quejidos y de intentos de gritar, este cayó como un tronco en el suelo, levantando una nube de polvo y agrietando el suelo en el que había caído.  

—Eres un grande, chaval —felicitó a su compañero por haberle facilitado su pelea con el mono, una vez se hubo disipado el polvo. Se acercó a recoger su espada, sacándola con fuerza del cuello del animal, no sin antes dejar la otra clavada en el suelo. Creó un trozo de tela con el que limpiaría la sangre que había quedado en aquel arma, para luego hacerlo desaparecer una vez terminado el trabajo. Aún faltaba acabar con aquella planta rara, así que sacó la espada del suelo y volvió a empuñar ambas—. Sif, no dejes que cierre la… ¿boca? Voy a llenársela con un regalo —dijo en voz alta a su compañero. Caminó para tener visual de aquel enorme y extraordinario enemigo, para luego hacer aparecer una dinamita con la mecha encendida y metérsela dentro de la boca. Si aquello explotaba dentro… Sinceramente, esperaba que aquella planta implosionara y les dejara en paz. Si no, la explosión iba a ser un tanto preocupante si sucedía fuera. Aunque Yuu se encargaría de hacerla desaparecer, seguramente.
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Mensaje por Lance Kashan el Lun 22 Jun 2020 - 19:33

En cuanto escuché y sentí el ''clack'' del gatillo bajo mi dedo, un haz de luz tridimensional surgió de la boca de mi arma y, a la par que este avanzaba, yo comencé a retroceder a una velocidad pasmosa. Vi cómo, mientras menguaba, Yuu se lanzó de frente a por el gigantesco simio en cuanto mi proyectil impactó y le dejó vía libre y, antes de que pudiera ver cómo se desencadenaba la acción, atravesé las primeras ramas de los árboles y me perdí entre el follaje, chocando contra hojas y más hojas. Pasados un par de segundos se perdió la inercia y, con cierta tranquilidad, vi cómo comenzaba a caer aprovechando el camino ya realizado en la subida, sujetándome a una rama del camino como si de un mono me tratase. De hecho, generé una pequeña plataforma justo a mis pies para poder aterrizar y quedarme en la madera, ya que de otra forma me hubiera hecho daño.

Ya allí, miré hacia abajo, teniendo una vista cenital de todo el espectáculo. El parchado parecía haberse decidido de una vez por todas a ponerse serio y no jugar con la comida y, con dos katanas que no tenía muy seguro si eran de su propiedad o de la fruta, trataba de acabar con la vida del ya herido animal. En cuanto vislumbré con la lejanía que el filo había alcanzado la que se suponía que, por fisiología animal, era la vena más importante del cuerpo, me dejé caer por la derecha de la rama, aterrizando pasados unos tres segundos sobre el mullido colchón que conformaba el suelo del bosque y, gracias a mi peso y técnica, sin hacer ruido. Lo primero que escuché de parte de mi jefe fue una felicitación, la cual respondí con un leve «Gracias», una sonrisa y un leve rubor, fijándome como luego continuó con el trabajo, recuperando y limpiando sus queridas armas.

Finalmente, se vio decidido a acabar con la vida de la pobre planta, provocando que enarcase la ceja y que, levemente, girase la cabeza en señal de curiosidad y desconocimiento. «¿No ve que no se está moviendo tras mi disparo…?», medité, cerciorándome de que no. El impacto de mi Elektro Gun no había tardado en hacer efecto: la planta tenía una agujero para nada desdeñable en el centro de la boca, el cual la comunicaba con la tierra y seguramente, si no la había matado en el momento, finalizaría con su vida de forma agónica a lo largo de los días por inanición. Me encogí de hombros y, un momento después, se me escapó un ligero grito algo más agudo de lo normal al notar cómo una de las tan dichosas ramas se había escabullido a mi espalda y abrazaba mi tobillo, tirándome al suelo y arrastrándome hacia ella con tanta velocidad que mi ropa peligró por un par de segundos. Aun así, en cuanto el químico entró en las fauces del animal, viéndose saciado, cerró la boca y frenó mi avance; ya tenía el alimento que quería. O no. Aun así, el agarre no cedía ni un centímetro, provocando que no me pudiera alejar lo más mínimo, viendo cómo un ligero humo aparecía por encima de la planta.

— ¡Yuu, dame algo que me cubra! —Con suerte, lograría acercarme uno para taparme de la lluvia de desagradables restos vegetales. Si no era así, trataría de generar una cúpula a mí alrededor, encontrándome con que el ser vivo había cedido a la explosión y repartido sus restos mortales por sus alrededores, chocando contra lo que yo había producido y rompiéndola en pedazos para mancharme. Por suerte, no hubo necesidad, ya que una plancha de un material desconocido surgió sobre mí, escuchándose los fuertes choques de los órganos de la planta contra esta e incluso generando algún bollo—. Gracias… —dije una vez todo terminó, pataleando con la pierna presa y soltándome con extrema facilidad debido a que ya estaba inerte. Me reincorporé de una forma ágil y veloz, golpeando la ropa para tratar de quitar la mayor suciedad posible, aunque era cierto que había limpiado varios metros de suelo de bosque, así que difícil sería dejarla impoluta—. No me apetecía darme una ducha hoy en esta isla, para serte sincero —Además, seguramente los retos de aquel ser atrajeran, debido a su olor, a una gran cantidad de herbívoros en busca de carroña. Era una frase que no pensaba utilizar, pero que ahora era una certeza.

Cuando la ropa era más negra que verde y consideré que la había dejado suficientemente limpia, suspiré, mirando a mi alrededor sin tener muy claro dónde estaba. Con el fragor de la batalla me había olvidado de todo lo que no fuera mantenerme con vida, pero no tardé mucho en fijarme en una de las direcciones y, más concretamente, en la luz natural lunar que provenía de allí. Hacia esa misma dirección también estaba —si la memoria no me fallaba— el lago donde se encontraba nuestro objetivo, por lo que no había demasiada discusión acerca del rumbo a seguir.

— Vamos a ver si podemos recorrer un par de kilómetros antes de frenar —Mientras más me acercaba, más confirmaba que debería haber anochecido hacía una hora más o menos —. Realmente no me entusiasma dormir al raso, menos en esta isla de locos, pero si no queremos estar una semana aquí… —me encogí de hombros a la par que hablaba, con un tono algo resignado—… tendremos que rascar kilómetros. A ver si encontramos algún raso antes de que el raso nos encuentre a nosotros —Me empecé a reír tras la broma, comenzando a andar mientras las carcajadas no cesaban.

El camino no fue demasiado largo, pero sí algo atemorizante: la luz de la noche, con una luna creciente, dejaba discernir sombras que a uno no le placería ver que estaban allí. Al no existir un techo como en el bosque, los animales se daban el lujo de crecer y crecer hasta un punto criminal y tanto dinosaurios como mamíferos, reptiles o aves nos sacaban una, dos y trece cabezas. Era un escenario tan parecido a Little Garden que me recordaba a mi estancia en el Paraíso, con la leve diferencia de que allí los dinosaurios eran la cúspide y base de la cadena alimenticia y aquí, tristemente, ocupaban el escalón más bajo o el intermedio.

— ¿Algún plan para pasar la noche sin terminar entre las garras de… —Traté de pensar en un nombre o descripción más aterrador que el resto de las que habíamos visto por allí, pero ninguna asomó por mi mente—…de… ¿cualquier cosa?


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