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Arny, vas a morir [Moderado nivel 4]

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Mensaje por Narrador OPD Mar 4 Mayo 2021 - 21:15

¿Ves eso? Es un gato. No sé si te has dado cuenta, pero lleva siguiéndote como tres días. El bicho se relame mientras te mira, como si no tuviese claro qué eres ni si eres comestible. Yo tampoco lo tengo claro, si he de ser sincero. El caso es que ahí lo tienes, masticando una paloma muerta mientras te observa fijamente con esa cara de mala leche surcada por una cicatriz en forma de cruz. Son cosas que pasan en Ohara.

La sombra del árbol al mediodía, con el sol en su cénit alumbrando a ese coloso justo desde arriba, es como un charco negro que se extiende hasta donde alcanzan sus enormes ramas. Lo que significa que ocupa buena parte de la isla. Mucha gente abarrota sus alrededores. Eruditos y curiosos van y vienen en un estado de agitación y nerviosismo que haría enorgullecerse al más bullicioso de los hormigueros. El interior del árbol-biblioteca no es diferente, pero casi nadie lee ni estudia hoy.

Hoy Ohara tiene visita.

La verdad es que nadie tiene claro qué pasa. Depende de a quién le preguntes, la isla está bajo ataque, se ha embarcado en un proceso secesionista o ha cobrado vida propia y se dispone a conquistar el mundo. Eso último es poco probable, pero los rumores son resbaladizos y se van de las manos fácilmente. Lo único realmente claro, en lo que concuerdan el noventa y nueve por ciento de los cotillas -el otro uno son los partidarios de la teoría de la isla viviente-, es que ha llegado una celebridad a la isla. Una celebridad enfadada, con prisas y con un ejército a cuestas.

Tras una larga reunión en la biblioteca con algunos de los eruditos ha salido dando voces y clamando que iba a encontrar el One Piece. Vale, igual no, a la mujer de la lavandería le parece que ha dicho que quería presentarse a alcalde. ¿Sabes qué? Mejor dejamos de hacer caso a los rumores.

Si consigues pasar a través de la intrincada red de chorradas que se inventa la gente te enterarás de que está en busca de tripulación para una expedición de las gordas. No da detalles, tan solo promete buena paga a cualquier desgraciado que se suba a su galeón antes de que anochezca, un generoso salario que tal vez, solo tal vez, compense el riesgo que conlleva el trabajo.

Te invito a prepararte si es que quieres apuntarte o a tomarte un café si no. Prepara tu equipo y, silo deseas, puedes llevar hasta tres NPCs -humanos normales, de nivel 1- contigo para hacerte compañía. Quién sabe, igual te salva la vida.
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Mensaje por Arny Sanskari Miér 5 Mayo 2021 - 11:22

Otro día más, amanecía en su humilde habitación de la posada para cerebritos en la que se hospedaba. Aun podía ver en el fondo de su mente los elementos de la tabla periódica. Bailaban perezosos en el fondo de su conciencia, repitiéndose como una vieja letanía, que Arny repasaba casi automáticamente, sin pensar. Una vez completamente despierto y tras tomar una ducha bajó al comedor a desayunar.
El sonido alterado de los comensales, sus voces gritonas y las carreras por los pasillos, llenaban el normalmente silencioso lugar. Aquella mañana había algo distinto en el ambiente y no era por aquel extraño felino que parecía seguirlo desde hacía un par de días. Tal vez más. Aquel día el ambiente estaba alterado en todos los sentidos.
Cuando Arny llego al comedor, atestado de gente de manera anormal, comenzó a escuchar sorprendentes rumores sobre ataques y cosas aun más extrañas, teniendo en cuenta que el cuartel de la marina montaba guardia en la isla. -Qu... ¿Que?- preguntó sorprendido al esmirriado anciano que esperaba el desayuno, como cada día, sentado en su silla. Cuando al pasar a su lado, agarro al ornitorrinco por el antebrazo con fuerza, solo para exclamar emocionado -¡La isla esta cobrando vida propia!-
El mink se mostraba incrédulo ante tal afirmación, pero no podía negar que el ambiente estaba enrarecido. Aquel día se había levantado algo más tarde de lo habitual, casi era medio día, pues había pasado la noche entre teoremas y diagramas, y durmió hasta tarde para recuperar alguna de las horas que le había robado al sueño por sus estudios.
Sin entender del todo lo que ocurría, pidió un café y un trozo de la pizza de ayer. Arny prefería las cosas saladas para desayunar, aunque fuesen de la cena del día anterior. La camarera, acostumbrada a las excentricidades de sus clientes se giró con una sonrisa a cumplir con el pedido, pero con una oreja siempre puesta a los comentarios de los parroquianos que aquella mañana parecían más alterados que de costumbre. Tras el desayuno entre una inusitada algarabía que le impedía escuchar sus propios pensamientos, decidió salir a dar un paseo y despejarse del todo antes de regresar a sus estudios. Cosa imposible como pudo comprobar después.

El sol iluminaba desde lo alto, brillante y magnifico, calentando la isla que hervía de acción como aquel día que un par de científicos creyeron haber dado con la formula para transformar el plomo en oro. Las carreras y los rumores perseguían al ornitorrinco calle tras calle, como aquel estúpido gato que no le quitaba el ojo de encima mientras se merendaba una paloma con cara aburrida. El grueso de la población se acumulaba en la zona portuaria, lugar del que parecían provenir los rumores. Rumores que interesaban poco al estudioso mink que había ido a la isla para aprender y crecer, no para actuar como una vieja chismosa. Pero la verdad era que la curiosidad natural de Arny no le dejaba centrarse ni siquiera lo suficiente como para recitar la tabla periódica sin desviar el pensamiento a lo escuchado durante el desayuno. Mucho se decía de lo que ocurría pero pocas cosas estaban claras, Arny sabía que no podía fiarse de la gente, así que tomo la iniciativa y caminó hasta el puerto, como tantas otras veces había hecho. De camino pasó por su callejón favorito, aquel donde había expulsado sus sentimientos en forma de pintura sobre una pared, donde un simple vistazo valía para aplacar su alma y darle cierto consuelo.

Los marines habían creado un cordón de seguridad para evitar que el publico atestase los muelles donde un enorme navío daba sombra a las pequeñas embarcaciones que habitualmente amanecían amarradas. Un ejercito privado montaba guardia mientras el vocero del grupo salía del interior del barco para, al fin, despejar las dudas de la población.
-¿Buena paga y un viaje misterioso?- Pensó intrigado Arny -Mierda- dijo de repente en voz alta asustando a los que tenía alrededor por lo repentino de la exclamación -Mi curiosidad no puede con tanto-
El ornitorrinco había llegado a la isla para buscar información sobre su fruta, sobre los gases y todo lo relacionado a los poderes que aquel amargo caramelo le había entregado. Pero al encontrarse rodeado de tanto conocimiento no pudo evitar sino seguir aprendiendo cosas. Navegación, pintura, ciencia. Todo le venía bien al mink que, estancado en aquel islote, llevaba tal vez más tiempo del que había planeado estar en un principio. En la isla quedaba poca gente que supiera más que él sobre gases. Conocimientos teóricos que podía adquirir de los libros, pero tenía muy claro que su verdadera vocación, la navegación, tan solo podría aprenderla navegando -A capar se aprende cortando cojones- pensó recordando el refrán que tanta gracia le había hecho tiempo atrás. Viniendo de uno de los viejos del laboratorio dedicado a los experimentos, aquello parecía una verdad universal. -¿Como sino?- reía para sus adentros.
De repente el humor de Arny había cambiado, había mejorado. Por un momento, pensar en aquel viaje le recordó el sentimiento de libertad que tan solo había conseguido al surcar las olas en el basto mar. -Creo que es hora de despedirse- aceptó al fin dándose la vuelta para regresar a la posada a hacer su maleta, esquivando en el ultimo momento al felino con la cara marcada que parecía perseguirlo por cada rincón de la isla -Casi te piso, bobin- dijo mirando directamente al animal que se metía entre las piernas del publico, escapando de la mirada del mink.

La posada permanecía llena de ruido, voces y rumores cuando Arny regresó. Sin hacer caso a los ahí reunidos, subió a su cuarto y comenzó a empacar sus apuntes, teorías y herramientas conseguidas con el tiempo. Lo cual lo mantendría entretenido hasta la hora de comer.
Con la mochila terminada, regresó al piso de abajo y se sentó a degustar su ultima comida. Tranquilo, con el alma complacida con aquella extraña sensación que lo embriagaba antes de iniciar un viaje. Aquella casi olvidada sensación de libertad.
Tras la comida regresó al exterior, el sol brillaba, el día mantenía una temperatura agradable pese a la ausencia de nubes que dieran sombra. -Un ultimo paseo- se dijo de camino al barrio comercial, donde ingresó a su tienda de arte preferida a conseguir un buen surtido de pinturas. Sería lo único que se llevaría de la isla. Contaba con ser alimentado como parte de la tripulación y sino, siempre podría conseguir algún que otro pez para comer, pues podría incluso comerlo crudo sin consecuencias gracias a su raza.
Sin preocuparse por nada más que dar una ultima vuelta por la zona y despedirse del gran árbol al que prometería regresar en alguna ocasión si el destino se lo permitía. El ornitorrinco regresó a la posada a tiempo para recoger su petate, pagar su deuda y partir con la mochila cargada de papeles y el corazón de emociones, a hacer la escasa cola de valientes que se había formado delante de la escalinata del galeón.
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Mensaje por Narrador OPD Jue 6 Mayo 2021 - 17:02

No sé si “cola de valientes” es la mejor forma para describir... bueno, esto. Con la supervisión de unos cuantos chicos de blanco, la Gran Expedición Científica del Magnífico Doctor Profesor Wangston va a comenzar. Y va a comenzar con una señora muy mayor que lleva un andador. Es, ahora mismo, la primera de la larga fila de voluntarios que se presentan para acompañar al notorio explorador que pone nombre a la travesía. No es la única, ni mucho menos. Hay como cien personas por delante de ti, gente de todo tipo que en algunos casos parece que solo hace cola por echar la mañana. En cambio, otros están más que comprometidos.

¿Y cómo no estarlo? Wangston Hoecke Delano Tercero III, hijo del legendario Wangston Hoecke Delano Tercero II y nieto del no tan legendario pero simpaticote Wangston Hoecke Delano Tercero, es lo más cercano a una estrella del rock que pueda existir en el polvoriento mundo de la arqueología. Ha encabezado expediciones a todo de islas, desenterrado civilizaciones antiguas y colaborado con el mismísimo Gobierno Mundial en el análisis, y a veces censura, de documentos y ruinas de carácter más que sensible para según qué intereses. Eso hace que tenga muchos detractores, pero lo compensa con grandes donaciones a la biblioteca y con su enorme carisma.

Todo esto se comenta mientras avanza la cola, así que es fácil que te enteres incluso aunque no quieras.

Ante el imponente galeón de tres palos hay montado un puesto donde reclutar a la tripulación. Un par de tipos con aspecto de académicos entrevistan brevemente a los candidatos, aceptando a la mayoría. ¡Incluso a la anciana! Sube tan contenta -y tan despacio- por el tablón hasta cubierta.

De vez en cuando se acerca algún marine para husmear. Uno de ellos se te queda mirando cuando llega al fin, con el sol mucho más abajo que cuando te pusiste en la fila, llega tu turno.

-Nombre, profesión, habilidades y... -El tipo tras el escritorio alza la vista de sus papeles por primera vez-. ¿Qué... qué se supone que eres tú?

Uno de sus compañeros le hace una seña y acaban dejándote enrolarte. El navío está bien surtido con personas de todo tipo que hacen tiempo hasta que llegue el momento de levar anclas. Más allá, fondeados a media milla, esperan tres barcos vigilados de cerca por buques de guerra. Un ojo despierto notaría cierta tensión entre los tripulantes más veteranos. Y un escaso número, además. En fin, serán cosas del directo.

Un par de horas más tarde, con el ocaso apagando las últimas luces del sol, se ordena zarpar a toda prisa. Aún hay gente que tiene que subir y pertrechos por cargarse, pero la tripulación se esmera en poner en marcha su gran embarcación.

De repente, alguien intenta cogerte en brazos.

-¿Quién ha dejado esta cosa aquí? Metedlo con los demás animales, joder, que luego nos caga toda la cubierta esta... ¿nutria?
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Mensaje por Arny Sanskari Vie 7 Mayo 2021 - 12:07

-Pues tiene pinta de ir en serio- pensaba el ornitorrinco mientras los rumores sobre el capitán de la expedición se extendían por la fila. -Por lo menos se definen como una expedición científica- dijo en un suspiro, más animado, mientras el puesto de contratación provisional iba entrevistando a los primeros.
Según pasaba el tiempo y la cola avanzaba, quedo claro que ni ellos sabían lo que querían. O simplemente lo aceptaban casi todo. Los ratos que la fila era incapaz de continuar adelante, por el motivo que fuese, Arny ponía su musculosa cola con la punta apoyada en el suelo y descansaba las piernas en una suerte de trípode. Equilibrando el peso.

Los “Ohariundos”, los oriundos de Ohara, hacía tiempo que se habían acostumbrado a la presencia del ornitorrinco. Por lo que durante la espera pudo evitar aquella sensación de estar siendo observado continuamente, pero a medida que se acercaba al barco y los pretendientes iban siendo aceptados o rechazados. Las miradas de los hombres de la expedición o incluso los marines que por ahí se acercaron, llegaron a taladrar al ornitorrinco, que era muy consciente de lo que podía llamar la atención en una comunidad humana poco acostumbrada a la raza mink.
-Si- comenzó -Me llamo Arny sanskari. Navegante y químico. Pintor en horas libres. Artista marcial y ornitorrinco de la tribu mink. No tengo antecedentes, ni obligaciones familiares- Arny evitó comentar las capacidades que aquella fruta le habían concedido. De todos modos tampoco tenía muy claro lo que podía decir para explicar su situación pues, aunque había investigado en la biblioteca sobre las frutas. No podía dar una explicación de sus capacidades ya que hasta el momento, no había entendido ni siquiera sus limites.
Aquellos tipos ni siquiera miraban con cuidado a los que aceptaban como camaradas o subordinados. Parecía una fila de carne de cañón, más que el acceso a una nueva aventura. Y al parecer no sabían lo que eran los minks -Empezamos bien con los científicos- pensó ante las formas de preguntar del hombre del tenderete. Al fin, Arny embarcó.

Entregaron un camarote al ornitorrinco con otras cinco camas además de la suya. Tres ya parecían ocupadas aunque la habitación estuviese vacía. Los petates de sus ocupantes los delataban. Caminó, tras dejar sus pertenencias a buen recaudo en su taquilla, con ganas de salir a ver el barco que sería su hogar durante los próximos... ¿días?¿meses? En verdad no tenía ni idea, nadie había dado ninguna explicación y la parte misteriosa fue la que terminó por atraer toda la curiosidad del ornitorrinco hiperactivo.
De regreso a cubierta, tras establecerse, paseó por el interior atento a los detalles de aquel galeón. Las cubiertas de camarotes, si eran todas iguales, comprendían un hotel en miniatura para un montón enorme de personas. Como navegante, tenía estudiados varios barcos, sus planos y distribución general. Y las enormes embarcaciones seguían el mismo patrón que las más pequeñas y humildes. Los espacios interiores estaban distribuidos de manera similar en todos los que Arny sabía de memoria por una razón. Salvando excepciones, el ornitorrinco asumía que sabría moverse por aquella mastodóntica construcción sin perderse demasiado.

Al llegar a la cubierta principal, donde todo el mundo parecía reunirse por una razón u otra, Arny divisó más barcos en la lejanía. Comenzaba a emocionarse y sería una sensación real si no estuviera mezclada con cierta desconfianza. Las formas de los reclutadores, las miradas entre los tripulantes con mayor graduación en sus galones, y la falta de expertos en navegación en general. Mantenían la imaginación del ornitorrinco volando entre posibilidades. A cada cual más rocambolesca.
El trajín de gente y materiales, animales y despedidas desde la borda, duró hasta el ocaso. Al caer el sol, los tripulantes comenzaron a desplegar velas. La maniobra de desamarre con un barco tan grande requería mucha concentración para controlar los cabeceos y movimientos bruscos. Un control absoluto del trinquete y la mayor, y cuanto de las velas desplegar en cada momento.

Arny observaba fascinado como aquellos trozos de tela se henchían y se encargaban del peso del navío a través del mar, cuando un par de manos lo agarraron por detrás. El brusco movimiento desde su espalda queriendo levantarlo del suelo, mientras lo llamaban animal, no resultaba nuevo para el mink. Un empujón con la cola bastó para sorprender al humano el tiempo suficiente como para mirarlo fijamente a los ojos y exclamar -A ver “salao”, ni soy un simple animal, ni soy una nutria, ni os voy a cagar la cubierta. Así que suéltame. Y habla más con tus compañeros. Estoy seguro que hay muchos que saben que ha embarcado un “animal” como os gusta llamarnos- Tras esto, Arny golpeo suavemente la cara del humano con la palmeada zarpa un par de veces y dijo -Alégrate, ahora somos compañeros de trabajo- mientras una expresión que solo podía significar una sonrisa, crecía en el pico de Arny. Había pasado por muchas cosas para que algo como eso le afectase cuando estaba a punto de comenzar un nuevo viaje.
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Mensaje por Narrador OPD Miér 12 Mayo 2021 - 19:48

No veas la cara que pone. Desde luego, no esperaba que te pusieras a hablar, ni tampoco la bronca. Te suelta de inmediato y retrocede un paso, sin estar muy seguro de qué hacer. Ni de lo que puedes hacer tú. Por suerte, alguien más listo aparece.

-¡No molestes a Arny, bobo!

La voz, una octava demasiado chillona para mi gusto, pertenece a una bata blanca con una mata de pelo verde tan densa y desarreglada que oculta la figura humana que, se intuye, hay debajo. Con un gesto ensayado mil veces se aparta los mechones descontrolados de la cara y planta la cara a tu altura. Sus gafas, enormes y redondas, reflejan el sol y brillan casi tanto como la sonrisa de su boca.

-Hola -dice. Y menos mal, porque se ha tirado como un minuto largo mirándote sin decir nada-. Soy Mimi. Doctora. Osea, doctora Mimi. Doctora Michalengica, pero... en fin, Mimi es más... menos de doctora. Hola.

La rarita te tiende la mano. Al principio lo hace con la palma hacia arriba, como se haría con un animal, aunque de inmediato se da cuenta y te ofrece un apretón digno de cualquier humano. Luego, sin perder esa sonrisa mitad de emoción y mitad de loca, te susurra al oído:

-Te he estado observando.

Pero quién tiene tiempo para ligar cuando El Hombre en persona está aquí. El Doctor Profesor Wangston Hoecke Delano Tercero III por fin hace su aparición en cubierta. Va vestido como todo un erudito, solo que al revés. Una llamativa capa púrpura cuajada de estrellas que se van moviendo por la tela lo envuelve entre ondulaciones y aleteos provocados por la velocidad de sus pasos. Los tacones de sus botines resuenen en la cubierta del galeón; su sombrero de ala ancha llama la atención de los caballeros, y su frondoso bigote cobrizo, su mentón perfecto y su forma de contonearse ligeramente, la de las damas.

Son muchos los que le saludan y tratan de obtener alguna respuesta o alabanza de tan notable personaje. Sin embargo, no tiene tiempo para menudencias. Wangston se abre paso hasta una persona en concreto, una mujer que abandona el anonimato de la multitud para abrazarse al científico. Lástima que estés demasiado lejos y haya demasiada gente para saber lo que se dicen. Mientras tanto, el barco ha cogido cierta distancia ya con respecto a la costa.

-¡Gracias por venir! -proclama poco después a voz en grito, suficientemente alto como para hacerse oír. ¡Es hora de...!

Pum.

Un surtidor de agua se eleva a poca distancia de la borda. La confusión deja perpleja a la gente durante unos segundos, preguntándose qué habrá sido. Hace falta que el segundo cañonazo encuentre carne y madera que hacer trizas para conseguir una reacción.

El caos estalla. Los tripulantes se esfuerzan por ocupar sus puestos mientras el resto de pasajeros opta por correr de aquí para allá como gallinas descabezadas. A no mucha distancia, un buque de guerra de la Marina ha comenzado a dispararos. Maldita sea, Arny, ¿qué has hecho? Sea lo que sea, es suficiente como para que Wangston ordene exprimir al máximo las velas y huir cuanto antes.

Por desgracia, solo él parece medianamente calmado. La multitud está tan agitada que pocos escuchan las instrucciones de la tripulación. En su pavor, derriban a Mimi y amenazan con aplastaros a ambos entre empujones y pisotones. Un amala forma de morir, si me permites opinar. Ahora te gustaría estar con los animales, ¿eh?
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Mensaje por Arny Sanskari Vie 14 Mayo 2021 - 12:43

Con el chirrido similar al portón de un viejo castillo cerrado durante largos años, la voz de la doctora llamó inmediatamente la atención del ornitorrinco. -Esa voz con helio...- pensaba Arny, pero no tuvo tiempo de continuar esa línea de pensamiento. La doctora se acerco a la pareja y miró directamente al mink que, sorprendido por la reacción, aunque no tanto por la novedad de la misma, miraba de vuelta a la mujer peliverde esperando a ver por donde saldría esa situación. Salió por el camino bueno.
-Hola... Mimi- contestó al fin el ornitorrinco, aceptando el apretón de manos. -Yo soy Arny Sanskari, como supongo que ya sabías. Encantado- respondió con una corta inclinación de cabeza.
El siguiente gesto de la doctora, puso los pelos de la nuca de Arny de punta. No sabía muy bien como corresponder a aquella humana que, a ratos le traía recuerdos en blanco y negro de guerras pasadas con aquellas miradas. Y a ratos le recordaba a tantos maestros de Ohara.

Cuando más extraña se volvía la situación, apareció el jefe de la expedición. El hombre que mantenía económicamente el navío y la tripulación, el hombre que se llevaba la fama por los descubrimientos.  Arny nunca había tenido un jefe como tal. Sus maestros y padres cuando aun vivía en Zou, pero una vez que abandonó la isla y comenzó a vivir de por libre el único contacto que había tenido con una autoridad había sido la esclavitud. La mezcla de sentimientos al ver la cara del que a partir de ese momento, estaría en la cima de la cadena de mando, mantenía tenso al ornitorrinco.
El aspecto no importaba al mink, que sabía lo que se sentía al ser discriminado solo por la apariencia. Pero las formas del hombre fue una gran llamada de atención para el ornitorrinco. Arny conocía la soberbia, el ego y la estupidez humanas, y sus alarmas comenzaron a sonar tras presenciar la escena de su llegada.

Nueva Ohara se veía empequeñecida por la distancia, pero el gran árbol, la gran biblioteca en la que había pasado la ultima temporada, la primera etapa de su nueva vida. Seguía resultando impresionante en la distancia. El viento movía de nuevo el pelaje del navegante, que casi había olvidado la sensación de libertad que ofrece el mar. El olor a salitre de la espuma marina rompiendo contra la proa del galeón, llenaba las fosas nasales de Arny y le recordaba el porqué del inicio del viaje de su vida, tanto tiempo atrás.
Aquellos estímulos jaleaban el espíritu aventurero del mink, que no se dejaría amilanar ni volver a atrapar. Ya no, no desde que tenía aquella capacidad. Ahora podía defenderse o escapar. Y los conocimientos acumulados durante su tiempo de estudio le daban aun más opciones. Arny se encontraba seguro, un guerrero que se hacía al mar dispuesto a merendarse la vida a bocados. Más viejo, más sabio y más experimentado que nunca. Y entonces, cortando el discurso del líder de la expedición, un impacto arrasó tablones de la cubierta y segó alguna vida, cubriendo de carmesí la escena.

-Una expedición de cerebritos...- pensó el ornitorrinco al presenciar el caos que se desplegó ante sus ojos. Los científicos y arqueólogos ahí presentes, podían ser muy eruditos y mucho eruditos, pero desde luego, no eran gentes acostumbradas a la sangre, las peleas, reyertas y tripas con las que resbalar por la cubierta. Las carreras sin sentido convirtieron a los educados maestros en una manada de cabras asustadas, arrasando con todo en su estampida.
Mimi termino rodando por el suelo ante los ojos de Arny, que se veía aplastado por decenas de pies de empollones. -¡Mierda!- exclamó. Los gritos y los pasos atropellados por cubierta cargaban el ambiente y acompañaban el sonido de las lejanas descargas de los cañones de la marina. Columnas de agua se elevaban peligrosamente cerca del enorme barco mientras la tripulación desplegaba las velas y modificaba ligeramente su inclinación para cazar el viento de manera mas firme. Había prisa.
Viendo venir la maniobra, Arny agarró a la doctora y la ayudo a levantarse del suelo con un pequeño tirón de la cintura de los pantalones. En cuando asentó los pies y pudo mantenerse por si misma, el ornitorrinco la agarró para sujetarla con un brazo, mientras con la mano izquierda se aferraba a la baranda. En cuanto el viento hincho las velas hasta el limite de su extensión, el timonel viró la dirección del barco para continuar la marcha hacia adelante. Aquel giro escoró lo suficiente el barco, y lo suficientemente rápido, como para que muchos de aquellos empollones, poco o nada acostumbrados al mar, resbalaran por cubierta como fardos de harina sin asegurar.
Wangston parecía demasiado tranquilo para la situación, lo que a ojos del mink solo significaba dos cosas y cualquiera de ellas estremecía su pellejo. O estaba acostumbrado, o ya esperaba el ataque. -¿Que le había dicho al oído aquella mujer? Es más... ¿Dónde está ahora?- Arny buscaba con la mirada los cuerpos de los humanos que se intentaban poner de pie entre cabeceo y cabeceo del galeón surcando las olas. Imposible de localizar a la mujer a la que no prestó atención en su momento, Arny encontró otra cosa que tampoco esperaba ver en aquel lugar. El extraño gato que lo miraba fijamente y lo seguía por Ohara estaba ahí. Asomado desde la lona que cubría uno de los botes salvavidas. Asomando sus bigotes y la extraña cicatriz, observando la escena. Parecía divertirse.
-Doc, ¿Por que traéis a la marina tras vosotros?- Preguntó a la mujer de pelo verde, aun sujeta en su brazo mientras el barco terminaba de estabilizarse tras la maniobra -¿De que se trata todo esto?- preguntó haciendo referencia al barco, al jefe y la expedición secreta, mirando significativamente a su alrededor.
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Mensaje por Narrador OPD Vie 14 Mayo 2021 - 20:08

El galeón zozobra peligrosamente al tratar de salir entero del ataque de artillería, trazando una ruta en zigzag que las capacidades del navío no toleran fácilmente. Mucha de la gente que cae al suelo decide no levantarse, y en vez de eso se arrastran o caminan cómicamente agachados hacia la aparente protección que otorgan los niveles inferiores. Algunos optan por imitarte y buscar asidero en la borda, lo que le cuesta a más de uno darse un chapuzón inesperado. Nadie se molesta en tratar de ayudar a los que caen.

-¡No temáis! -exclama Wangston, que posa con su espada desenvainada en lo alto del castillo de popa-. ¡Yo defenderé vuestras vidas!

Y el tío lo dice con tanta convicción que puedes ver cómo los rostros de algunos de los presentes reducen ligeramente el pánico que expresaban hace un segundo. Ahora ya solo parecen sentir terror, aunque mezclado con el alivio de poder agarrarse a un clavo ardiendo llamado Wangston Hoecke Delano Tercero.

Tiene un nombre tan largo que cuesta pronunciarlo entero sin que algún cañonazo lo interrumpa. A las salvas del buque se une la cañonería de otro más, que avanza con el viento a favor y una puntería improbablemente mala.

-¿La Marina? -chilla Mimi en tu oído-. Y yo qué sé. ¡Nos están disparando! -No descartes que acabe de darse cuenta-. ¡Nos disparan de verdad! ¡Señor Arny, ¿por qué nos disparan?!

Un trozo de madera del tamaño de una vaca sale arrancado a un metro de donde estás cuando un impacto acierta. Poco a poco, los navíos de guerra recortan distancias y afinan su precisión. A todo esto, seguís a la espera de que Wangston haga algo. Sigue en la misma pose de antes con su esp... Espera, no es una espada. ¡Es un paraguas! Eso sí que es clase. De hecho, lo abre y se cubre con él como si estuviese lloviendo, mientras mira confiado a vuestros perseguidores.

Por el contrario, la realidad no se muestra tan relajada. Uno de los palos está seriamente dañado y amenaza con partirse en dos. Los incautos que estaban aferrados a su base se dan cuenta en cuanto alguien se lo hace notar a gritos y se apartan, corriendo hacia donde les lleva el vaivén de las olas: hacia ti. Son una masa humana considerablemente molesta, excepto los dos que se caen por el agujero de la baranda, porque va directa a empotraros a ti y a Mimi contra ella y tal vez hasta lanzaros al agua.

Mientras tanto, un nuevo proyectil hace que la parte superior del palo, seis buenos metros de robusta madera astillada, se desprenda y caiga, velamen incluido, hacia donde el cruel destino la lleva: sí, también hacia ti.
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Mensaje por Arny Sanskari Sáb 15 Mayo 2021 - 13:11

Aquella maniobra de cosido, utilizada para navegar a contra viento, estaba retrasando el avance del galeón. Los barcos de la marina, navegando a favor del viento acortarían metros rápidamente con la nave. Los disparos serían más cercanos y certeros y se verían rodeados antes de abandonar la zona de influencia de Ohara. -¿Que coño hacen?- preguntaba Arny en voz alta ignorando los gritos de Wangston en el castillo de popa. -No, en serio. ¿QUE MIERDA HACEIS?- gritó en dirección a la cabina del timón.
La tripulación recién reclutada carecía de habilidades navales. El simple bamboleo del barco los tenía tropezando de un lugar a otro. Algunos con húmedos resultados, pero Arny no sabría decir si eran los más afortunados por tener la opción, aunque involuntaria, de salir de aquel infierno ante4s de que las cosas se pusieran demasiado feas para su integridad. Si sabían nadar estarían bien, tal vez hasta consiguieran llegar a la isla por sus propios medios antes de que la marea los succionase mar adentro.

Sin tiempo ni para responder de manera irónica a la pregunta de la doctora, trozos del barco volaron cerca de la pareja, que permanecía aferrada a la barandilla gracias a la fuerza del ornitorrinco. Muchos con menos agarre que éste intentaron en vano mantenerse en posición, acompañando a los que cayeron por la borda primero. Estos al menos tenían maderas a las que aferrarse como compensación por estar más lejos de la costa.
La forma de actuar del fantoche del paraguas terminó de aclarar las dudas del ornitorrinco. -Menudo patán- pensó justo cuando los gritos de los humanos llamaron su atención. El mástil se partiría y había gente debajo -¿El mástil se va a romper?- dijo sin querer en voz alta, totalmente incrédulo. Los que estaban debajo arrancaron a correr, alejándose del peligro y convirtiéndose en uno para Arny y su acompañante. Una nueva andanada consiguió reventar la sección superior del palo, agravando la situación para los que estaban debajo.

El sonido de la madera desgajándose tras el impacto no dejó indiferente a nadie, la marabunta comenzó a correr más deprisa, más nerviosa. Algunos tropezando, acabaron resbalando en dirección contraria en el siguiente zigzag. La cubierta mojada aseguraba resbalones y los empujones entre ellos convertía el grupo que se acercaba al ornitorrinco en una masa impredecible.
El instinto guerrero de Arny, adormecido tras tiempo dedicado al estudio, despertó en aquel momento. Mientras los gritos y los llantos a su alrededor rellenaban los pocos vacíos que las andanadas dejaban entre ellas. El sonido de las olas rompiendo contra la proa y las gaviotas que, inteligentes o experimentadas, revoloteaban la persecución a la espera de que la comida flotase en el mar con sus gritos excitados esperando un festín.
El viento resonando en las telas rotas, como banderas a su suerte en un temporal, marcaba el frenético ritmo con el que todo estaba sucediendo alrededor del mink, que abría los ojos de guerrero por primera vez en mucho tiempo.

Todo en las inmediaciones del ornitorrinco pareció volverse lento, o tal vez Arny aumentó su velocidad, pero él seguía aferrado a la barandilla con la profesora bajo el brazo. El navegante observaba la escena a cámara lenta, podía distinguir perfectamente los rostros llorosos y asustados de los humanos que trastabillaban hacia su posición. Podía ver el temblor en los ojos de Mimi y contar las veces que sus pupilas se dilataban y regresaban a su posición normal debido a las inyecciones de adrenalina que su cuerpo estaba fabricando.
Distinguía las gotas de agua marina que flotaban en el aire unos segundos, tras un nuevo impacto. Los gestos de la gente en cabina, alterados y temerosos. Mientras trataban de maniobrar aquella enorme embarcación como si se tratase de una simple regata. Y pudo observar en detalle la sección de mástil que se le venía encima con una sección de tela, arrancada de la mesana.

Era poco probable que la doctora pudiera sujetarse por si misma visto lo visto, Arny no tenía muchas opciones más que salir de ahí con un salto y dejar a todos aquellos humanos a su suerte, pero el ornitorrinco no era ese tipo de gente. La situación se complicaba pero Arny ahora tenía opciones que hace años tenía vetadas. Con un empujón controlado envió a la doctora contra el grupo que, tambaleantes, se dirigían a paso rápido hacia ellos -Agarraos unos a otros- gritó. El tronco sin duda caería, provocando un montón de muertes y destrozos, pero tras haber estudiado muchas cosas en Ohara, el científico también tenia respuesta para esto.
La sección de mástil sería pesada, sin duda, lo cual venia de perlas a la estrategia que Arny tenía en mente. Tras alejar a la doctora y darse un poco de margen de acción, saltó en dirección al mástil volador. Agarrando la tela y dando un fuerte tirón aprovechando disimuladamente su capacidad de vuelo y la potencia del salto. La inercia de caída, bruscamente modificada, elevó la trayectoria de los seis metros de madera quebrada, lo suficiente como para pasar por encima de las cabezas humanas de abajo. Cayendo sobre la cubierta con un giro por el viento, y clavándose hasta la mitad donde segundos antes estaba agarrada la pareja, perforando la cubierta.
El trozo de tela sobrante al que el ornitorrinco aun seguía unido, cayó tras la madera, sobre el grupo que luchaba por mantenerse en pie tras el nuevo temblor. Provocado por el golpe y un nuevo disparo cercano, que elevó el barco por babor. El grueso tejido empujó a los que pilló debajo al suelo. Entonces el mink, que caía al suelo tras la tela, aprovechó su velocidad para correr a atar el cabo que acompañaba el velamen a la barandilla. En el lado opuesto al trozo de mástil. Creando tensión entre la madera y el extremo roto del cabo. Manteniendo a los humanos pegados al suelo y seguros ante nuevos resbalones.
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Mensaje por Narrador OPD Sáb 15 Mayo 2021 - 21:18

En absoluto tienen suerte lo que caen al agua. Para nada. No saben nadar, Arny. ¿Ves eso en el agua? Es un bebé. Un bebé, Arny. ¿No vas a hacer nada? No tienes corazón.

Volviendo a los vivos, seis metros de madera son seis metros de madera. Con el tirón a la vela consigues que no aplaste de golpe a todos, pero no libra a más de uno de un buen topetazo. El mástil, de hecho, aplasta a un par de tipos, que fenecen con un crujido desagradable amortiguado por un disparo de cañón. Pero tranquilo, seguro que se lo merecían.

Lo bueno es que has conseguido salvar a bastante gente, aunque sea para luego aprisionarlos con una vela. No es muy ortodoxo, pero al menos alivia un poco el caos de cubierta. Tu hazaña llama la atención del mismísimo Doctor Profesor Wangston, que camina hacia ti a paso vivo, arrancando un sonido improbablemente alto con los tacones de sus botas. El gran héroe se te queda mirando desde su imponente altura de más de dos metros y se atusa el bigote sin dejar de murmurar pensativamente.

-¿Por qué hay aquí un castor, si puede saberse? -pregunta.

La respuesta llega en forma de bola negra volante. La bala de cañón cruza el mar en un parpadeo, amenazando con haceros picadillo a ti y a Wangston, lo cual sería una amenaza si no estuvieras con una leyenda viviente. Tu jefe orienta el paraguas hacia adelante y la tela detiene el potente disparo como si nada. Ruido, calor y el eco en los oídos que provoca una bala de pomo chocando contra un muro de metal es lo único de lo que puedes quejarte.

Wangston se echa mano al bolsillo, te lanza unos trozos de pan y se va a darle órdenes a alguien por Den Den Mushi.

No sé si tendrá algo que ver, pero nuevos barcos se unen a la refriega, esta vez en vuestro auxilio. Las tres naves que aguardaban a cierta distancia cubren vuestra retirada. Son más pequeñas, más rápidas y van mucho mejor armadas que vuestro punching ball flotante. Gracias a ellas, el galeón logra escapar y perder de vista a sus adversarios en cuestión de minutos.

¡Una nueva victoria del Doctor Profesor Wangston! No lo digo yo, sino la ancianita del andador, que ha salvado la vida milagrosamente. Las gentes de a bordo se deleitan con la supervivencia y alaban a su líder y salvador mientras que a lo lejos se pierden las columnas de humo que señalan la batalla naval. Sería un buen momento para tomar decisiones, y vuestro líder empieza con la primera de ellas.

-Echad el ancla.

Y sin más, vuelve con su conocida y entran juntos al castillo de popa.
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Mensaje por Arny Sanskari Dom 16 Mayo 2021 - 14:31

Tras observar más detenidamente la escena, Arny descubrió sangre corriendo por debajo de la lona que cubría a la tripulación, aquel sonido presagiaba lo que el ornitorrinco ni quería pensar, pero que constató al ver escurrir el elemento vitar de aquellos aplastados por su maniobra -Lo siento- dijo en silencio, cerrando los ojos tan solo un momento.
El repiqueteo de los tacones de Wangston por la cubierta, alertó al mink de su presencia dirigiéndose a la posición donde permanecía agarrado tras el salto.
-Un castor...- exclamó en voz baja, decepcionado -En fin, expedición científica: mis espolones- pensó, aceptando al fin la cruda realidad. Arny no podía ni pensar, que ni siquiera el jefe de todo aquel extraño grupo desconociera su raza. Poniéndose de pie para mirar directamente a los ojos del bigotudo humano, desde la altura de su pecho, estuvo a punto de contestar cuando el silbido de un proyectil aproximándose le quitó la oportunidad. Con desidia y parsimonia, Wangston  abrió el paraguas cortando la trayectoria de la bala y su inercia en el proceso, con un estruendo metálico que baño la cubierta con sonido y trozos de metralla.
Lo ultimo que pudieron soportar los alterados nervios del ornitorrinco fue ver los trozos de pan cayendo al suelo a cámara lenta. Literalmente trozos semi mordisqueados, con su miga blanca y su corteza tostada girando en el aire, hasta caer en un charco de agua marina. Aguantó lo que pudo, rechinando sus dientes en el pico y apretando sus puños, hasta que el humano comenzó a hablar por den den mushi, para soltar -¿Pero quien en su sano juicio lleva trozos de pan en el bolso? ES MÁS ¿Qué científico mínimamente instruido alimenta a los castores con pan mojado en agua salada?- Pensaba continuar enumerando los errores que había detectado, pero tres hermosas fragatas entraron en acción a la distancia. Arny reconocía el corte del casco, además, los fogonazos de los cañones revelaban el armamento y la disposición de este. Sin genero de dudas, tres poderosos barcos de guerra cubrían la popa del galeón, que había sufrido numerosos daños.
Tras un rato de navegar en línea recta y a toda vela, tan solo se veía el humo en la distancia. Testigo de la batalla que se libraba a millas de la posición actual del gran barco “científico”

La anciana del andador apareció entonces del acceso a los camarotes con aquella proclama inconsciente en la boca. Arny alucinaba tanto con la situación, que no se entero de la ultima orden dada a la tripulación, hasta que el chirrido de la cadena del ancla lo alertó de lo que estaba a punto de ocurrir. -Pffff- exclamó, agarrándose fuerte al cabo más cercano.
El ancla alcanzó el fondo marino en el momento en que las velas eran arriadas del todo, haciendo cabecear el navío violentamente, haciendo crujir las tablas en sus uniones metálicas con la presión. Como una “Jolly Roger” estrafalaria, como la ropa tendida a secar al viento. El cuerpo del ornitorrinco hondeaba sobre la cubierta mientras las fuerzas contrarias se anulaban a si mismas y el ancla cumplía su cometido. La anciana sin embargo, con el taca taca bien anclado en cubierta se mantenía firme con una extraña mueca de ilusión y alegría en la cara, mientras el agua del mar la bañaba durante la frenada.
Cuando todo se calmó lo suficiente y Arny vio seguro soltarse, volvió al lugar donde había anudado el cabo de la vela y liberó de la presión, pero también de la sujeción, a los humanos que quedaban vivos bajo el trozo de aparejo. -¿Como estáis?- preguntó -¿Tal vez deberíais volver a vuestros camarotes?- aseguró más que preguntó, al ver la masa de piernas y brazos que se retorcía, intentando levantarse del charco de agua y sangre en el que se encontraban. -Doc, disculpa, no tenía tiempo para explicaciones. ¿Estas bien?- dijo con tono preocupado ayudándola a levantarse -¿Vamos dentro y me explicas de que va todo esto? Espero que al menos tengáis un buen laboratorio en esta enorme bañera llena de agujeros- exclamó con ironía -Y carpinteros capaces de arreglar este desastre- señaló mirando significativamente a su alrededor, pero sobre todo al trozo de mesana que se había desprendido mientras seguía a Mimi al interior del barco.
-Necesitaré algo para limpiarme-
pensó mirando con disgusto la sangre pegada a su cuerpo.
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Mensaje por Narrador OPD Lun 17 Mayo 2021 - 18:41

-¡Arny! ¡Nos disparan!

Es lo primero que dice Mimi cuando la sacas de debajo de la vela. Lo bueno es que parece mucho más calmada que antes, aunque la tiemblan un poco las piernas. Cuando se da cuenta de que ya nadie intenta mataros, da un largo suspiro de alivio y se sienta en el suelo.

-Nunca me habían disparado, ¿sabes? -Echa un vistazo alrededor, al destrozo flotante en que ha quedado convertido el barco-. ¿Por qué hay pan ahí tirado?

Accede a llevarte a su camarote en cuanto puede levantarse, lo que os vale un elocuente silbido que insinúa que en ese cuartito van a pasar cosas para adultos. Enhorabuena, chico, has ligado. Más o menos.

Para decepción del inoportuno silbador, lo único que se frota entre las tres paredes del camarote de Mimi -porque una ha desaparecido como consecuencia de un cañonazo- es un trapo mojado con los pegotes de sangre de tu pelaje. Mimi insiste en hacerlo ella misma, porque nunca ha tocado a un mink.

-Está blandito y mojado -susurra. Cuando acaba, se siente sobre el catre-. Vale, ¿qué quieres saber? Seguro que ya conoces al doctor, ¿no? No se decidía entre si quería ser doctor o profesor, así que eligió las dos. Es un gran hombre. Dice que conformarse va contra los ideales científicos. ¿Sabes? siempre quise conocer a alguien de tu raza. O especie. A uno de los vuestros. No es racista decir “los vuestros”, ¿verdad? El caso es que te he visto por Ohara desde hace tiempo y... Oh, debería decir que soy zoóloga. Y antropóloga, historiadora, arqueóloga, química y poetisa numérica. Y criptozoóloga en mi tiempo libre. Llevo estudiando a los animales antropomorfos mucho tiempo. Nunca pensé que vería uno. Hay relatos de Grand Line que hablan de ellos, pero tan lejos son como un cuento y... ¿Hablo mucho?

Sí que habla mucho, sí. Cuando su cháchara te dé un respiro oirás cómo el alboroto vuelve a apoderarse del barco. En cubierta, todos los pasajeros rodean a la tripulación para pedir explicaciones, soluciones, autógrafos y una forma segura de volver a casa. Los tres barcos de antes, algo dañados, han vuelto. No sé qué pensarás de Wangston y los suyos, pero te aseguro que los de esos tres barcos sí que no son científicos. Tienen más bien pinta de merendarse científicos después de un duelo a muerte.

-¡No os preocupéis! -exclama el líder. La mujer misteriosa está a su lado. Todos los estudiosos que conforman su equipo están allí junto a él-. Todo irá bien, damas y caballeros. Solo ha sido un pequeño contratiempo que...

-¡Queremos volver! -grita alguien entre la multitud.

A Wangston se le agría el gesto. Renuncia a su discurso y da una orden con un ademán. Sus hombres colocan un tablón entre el galeón y uno de los barcos tripulados por esa gente tan chunga. El doctor profesor y su séquito cruzan sin pensárselo. Cuando llega el turno a los demás, el propio Wangston le da una patada al tablón y pasa a dar instrucciones a uno de los hombres de a bordo.

-No hay tiempo que perder, Barber. Dile a tu jefa que estamos listos para partir.

El trío de naves se aleja dejando atrás a sesenta y seis civiles y un ornitorrinco en un barco hecho trizas. Di adiós a Wangston, Arny.
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Mensaje por Arny Sanskari Mar 18 Mayo 2021 - 21:28

Por el camino al camarote Arny fue haciendo recuento de daños. El galeón, un navío bien construido, robusto y de construcción moderna. Permanecía varado tras la maniobra con el ancla. La tripulación corría de un lado a otro apagando los fuegos que amenazaban con terminar con el barco en el fondo y cubriendo grietas que los impactos abrieron.

Unos minutos de calma charlando con la doctora fueron suficientes para que el ornitorrinco se diera cuenta de su error. Tras recibir la ayuda de la doctora para eliminar los rastros carmesíes de su cuerpo y escuchar sus palabras dijo -Comprendo, entonces a ti también te reclutaron en Ohara- suspiró -Creí que conocerías los entresijos del barco y su finalidad, donde íbamos y que quería hacer el jefe con tanto erudito reclutado a trompicones. Pero en fin, supongo que tendré que preguntarle directamente al jefe para que me ha contratado jajaja- rio -Por otro lado, a mi no me molesta lo más mínimo como se refieran a mi, creo que ya me han llamado de todo en esta vida- dijo con tono indiferente y la mirada perdida en el vasto océano, recordando su esclavitud, mientras la luz solar se reflejaba contra el camarote de tres paredes -Parece que tendrás que solicitar un cambio de habitación- sugirió entonces, tras darse cuenta que podía ver el océano donde no debería y cambiando de tema -De donde provengo, hay muchos de mi raza, en verdad somos como humanos con más pelo... y algunas capacidades extra. Los mink somos una tribu llena de características diferentes- dijo con cierto orgullo -Tantas como mamíferos diferentes conozcas- sonrió entonces -El mundo es hermoso, ¿no es cierto? Sería muy bonito que..- Los gritos en cubierta alertaron a la pareja de que algo estaba sucediendo, cortando la charla ensoñada del ornitorrinco, que deseaba un mundo donde todos pudieran viajar en paz, siendo libres y sin preocuparse de los “chicos malos” como su añorada madre decía. Salieron a la carrera para enterarse de las novedades.

Al llegar a cubierta, la tripulación que servía a Wangston se veía rodeada de los nuevos reclutados. Estudiosos y cerebritos de Ohara, especialistas en diferentes campos de la ciencia, pero verdaderamente, no luchadores. -¡QUEREMOS VOLVER!- pudo escuchar Arny por encima del volumen de voz del jefe, cortando su discurso. Así fue como “La leyenda”, “El dios terrenal de la arqueología”, mostró su verdadera cara, el rostro de la soberbia. Dejando atrás a quienes no le lamían el culo en un barco dañado, en medio del océano, y rompiendo el corazón de la anciana con el andador que hasta ese mismo instante creía en él pese a todo.
La situación pronto regresó al caos previo. Como si de nuevo estuvieran bajo ataque, las buenas gentes recién reclutadas y abandonadas, comenzaron a correr como pollo sin cabeza por cubierta. Los gritos y llantos de los humanos amenazaban con sacar de quicio la situación, volviendo algo malo en algo completamente incontrolable. Estaba claro que nadie sabía como mover aquella mole del lugar donde estaba y temían una muerte horrible en un temporal, o de hambre o sed. Aquellos humanos casi saltando por la borda clamaban por ayuda, intentando llamar la atención de cualquiera de las tres fragatas para que regresaran a recogerlos, pero sin éxito.
Arny se acercó a la doctora para que nadie más pudiera oírle, aunque dudaba que ni la anciana del taca taca, anclada cerca de la popa, fuese capaz de escuchar lo que iba a decir, pues estaban demasiado ocupados teniendo pena de si mismos. -Yo podría intentar navegar esta enorme bañera, además de científico y pintor, soy navegante- explicó, para tranquilidad de Mimi, cuyas pupilas se dilataron varias veces mientras comprendía la situación -Creo que necesitaré tu ayuda con el resto, ya sabes... por evitar explicaciones tontas por la raza- dijo señalando a las personas que, devastadas, seguían rogando por ayuda. Prometiendo incluso todos sus bienes si regresaban a por ellos, gritando a unas naves que nunca tuvieron intención de regresar. -Vamos a darles un rato a que se cansen de llorar y pasen el mal trago. Necesito que me ayudéis a cerrar las heridas del barco antes de poderlo mover, pues si navegamos así se hundiría rápidamente- aclaró a la doctora.

Antes o después se cansaron de gritar y se sentaron en cubierta a esperar su triste destino, y cuando quedó claro que eran demasiado cobardes como para quitarse la vida. Arny regresó al interior de la barcaza pidiendo un favor a la peliverde antes de irse -¿Podrías reunirlos? Necesito que estén despejados y dispuestos a salir con vida de aquí en cuanto regrese. Voy a bajar al almacén a comprobar cuanta madera, clavos y brea tenemos. Si podemos reparar los agujeros más cercanos a la línea de flotación no habrá problema- dijo con tono seguro y un guiño -Dame diez minutos- Terminó antes de salir corriendo a toda velocidad en dirección al almacén de carga, a donde se supone que los galeones transportaban la carga al menos.
El navegante no tenía mucha idea de carpintería, pero si sabia de barcos. Lo suficiente al menos como para poder realizar un apaño y evitar que aquel cascaron agujereado terminase con los cuerpos de todos aquellos humanos en el fondo del mar, en un enorme ataúd.
Los pasillos y escaleras internas estaban donde se suponía que debían estar y, aunque de algunas salas parecían salir extraños sonidos de maquinaria y pitidos típicos de laboratorio, Arny no se dejó distraer y abrió, de un par de patadas, la puerta cerrada con llave del almacén. A esas alturas poco le importaba la integridad de la cerradura y no tenía tiempo de buscar un juego de llaves que abriera aquella puerta en concreto.
Bien surtido para el viaje que se supone, iban a realizar, los almacenes rebosaban comida, materiales y elementos extraños cubiertos bajo pesadas lonas. Por suerte la zona permanecía seca y ordenada pese al azorado desencuentro con la marina. Tras un par de estanterías ancladas a la estructura del barco, se ocultaban los barriles de brea. Y un poco más allá, una autentica pila de tablones y listones metálicos listos para ser utilizados.
Tomando nota mental de los materiales que tenia a mano regresó a cubierta, no sin antes coger una caja de madera llena de trapos limpios, vaciarla y cargarla con fruta. Las peras y manzanas se pondrían malas rápidamente de todos modos y seguro que aquellos humanos tenían hambre tras tanto golpe y tanto llanto -Algo dulce siempre ayuda- pensaba Arny para si mismo.
Una carrera más y regresó a cubierta, justo a tiempo para ver a Mimi discutiendo sobre la viabilidad de mover el galeón con un grupo de científicos blanquecinos y enclenques. Los típicos científicos que, fuera de su zona de confort, reaccionan negativamente a todo -Esto igual ayuda, seguro que tenéis hambre- Dijo a modo de saludo, dejando la caja con fruta a los pies del grupo, cortando la conversación y sin dejarles protestar continuó. Arny ya había tratado con científicos antes y sabía lo cabezones que todos, incluido él mismo, podían ser -Si, soy un animal que habla, para simplificar. Si, soy real y no, ni soy un castor, ni una nutria, ni un pato. Soy un ornitorrinco, un mink ornitorrinco. Pero no tenemos tiempo para eso- explicó mientras movía las manos frente a si como despejando una nube invisible -Hay que arreglar el navío si queréis salir con vida de aquí- se presentó -La Doctora Michalengica será mi mano derecha y, todo aquel que se vea capaz y quiera ayudar será bienvenido. Los que no se vean capacitados pueden irse a los camarotes, pero que no molesten ni interfieran. Aunque estoy seguro que con tanto científico brillante a bordo de esta nave podemos hacer que esto flote en el aire- acabó con un tono animado, intentando transmitir la esperanza y la seguridad en que aquello funcionaría que sentía el ornitorrinco. -Tenemos material de sobra para tapar esos agujeros, tan solo necesitamos mano de obra para acabar cuanto antes y si alguien supiese como trabajar la madera sería genial- dijo lo suficientemente alto como para que no solo aquel reducido grupo escuchara, sino todos los que se encontraban en aquel momento en los alrededores cercanos, dejando en el aire la petición de ayuda para algún carpintero que pudiera haber entre los científicos.
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Mensaje por Narrador OPD Dom 23 Mayo 2021 - 12:15

-¿Ha dicho mink? ¿No eran cuentos?

-Habla. Pero si habla...

-¿Pones huevos? ¿Cómo has llegado aquí?

-¿Qué comes? ¿Podrías aparearte con una humana?

-¿Tu raza es comestible?

Preguntas, preguntas por doquier. Enhorabuena: le has dado a estos empollones algo más interesante en lo que centrarse que su potencial y horrible, horrible muerte -y la tuya-: tú. Olvidan sus miedos casi enseguida, sustituyéndolos por una curiosidad casi mórbida. Un tipo especialmente rudo, un fortachón de más de tres metros que se apoya en un bastón, se te acerca para cogerte la cara entre sus manos.

-Estamos salvados gracias a ti, amigo -dice sinceramente-. Eres... ¡Eres pintor! -O no tan sinceramente-. ¡Mirad, tenemos una comadreja que sabe pintar! ¿No veis lo que eso significa? ¡Ahora sí que todo va bien! ¡Todos los carpinteros se fueron con Wangston, igual que los marineros y los navegantes de verdad, pero a nosotros nos va a salvar esta cosa peluda!

Aunque sus comentarios levantan ampollas y provocan más de una respuesta negativa en su contra, se ha cargado el buen ánimo que habías despertado. Vuelve la presencia del peligro a cernirse sobre la gente.

-Es cierto. ¡Mirad, los tablones con los que ha reparado el barco son de cartón! -señala un tipo que sale de las entrañas del barco.

Vaya, eso sí es mala suerte. El galeón empieza a escorar a babor, comenzando a hundirse. Mal asunto. Por tu culpa hay un par de tipos que se lanzan al agua para intentar alcanzar los barcos en los que se marcha su líder. Por su parte, la ancianita del andador se acerca a la borda lentamente, provocando el espanto en los que creen que se va a tirar. Nada más lejos. De hecho, toca algo en su apoyo y los extremos del andador empiezan a expulsar fuego y humo, propulsándola por los aires de vuelta a Ohara. ¿Lo último que ha dicho ha sido un "Ahí os quedáis”? No, seguro que no.

La buena noticia es que hay una persona que no pierde los nervios -te diría que Mimi, pero está abrazada a ti como un koala sin dejar de repetir que vais a morir todos-. Es una mujer de unos treinta años con un montón de herramientas de arqueología en el cinturón.

-Todo esto era una trampa. No podemos fiarnos del material de las bodegas -proclama, y todos la escuchan. La escuchan con mucho más interés que a ti, de hecho, aunque solo sea porque no la interrumpen con preguntas todo el rato-. Necesitamos buscar botes y remos para organizar una evacuación. Puede que yo no sea un animal que habla o que no sepa pintar, pero os salvaré a todos, amigos míos.

Cuando empieza el frenético movimiento, solo media docena de personas se quedan contigo y con Mimi a la espera de tus instrucciones y ponerse a reparar el barco. Aunque claro, no hay madera en la bodega... El grupo incluye al grandullón cojo, pero creo que solo quiere seguir burlándose.

-¿Qué hacemos, señor ornitorrinco? -pregunta un joven asistente.

Mientras tanto, tras el discurso de la arqueóloga estallan los vítores, la gente se mueve, el barco se hunde... Y, por cierto, por mucho que busquéis, no hay botes.
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Mensaje por Arny Sanskari Lun 24 Mayo 2021 - 11:48

-Humanos- pensó -Científicos- Continuó pensando cuando una avalancha de preguntas sobre su físico, costumbres y reproducción.
Sin tiempo ni para contestar de manera irónica un grandullón pensó que sería buena idea utilizar el sarcasmo en aquella situación -Los nervios- imaginó el ornitorrinco mientras aguantaba el tirón. Las emociones de aquellos humanos, a flor de piel, los mantenía más tensos que la cuerda de un violín, cualquier cosa los haría estallar de nuevo en caos, cualquier cosa como que los materiales de la bodega fueran un engaño para los sentidos.
-¿CARTÓN?- preguntó escandalizado el ornitorrinco -NO...- Arny no podía creer lo que escuchaba. Los cerebritos, comenzaban a alterarse de nuevo hasta el extremo de algunos saltar por la borda, así como la anciana que salió volando, abandonando el barco y el peligro.
Todos parecían a punto de comenzar a mearse encima hasta que una mujer habló. Habló atrayendo la atención del resto de humanos, no sin faltar de manera velada al mink que se había ofrecido anteriormente. -¿Los salvaras a todos?- pensaba escéptico Arny, que imaginar aquel barco como una trampa lo ponía ciertamente nervioso por los humanos que estaban ahí. La distancia a nado hasta Ohara ya no era ninguna broma, sin contar los bichos que pudieran pulular por aquellas aguas.

Los vítores arrancaron tras el corto discurso y la promesa de la mujer. Momento en el que un incrédulo ornitorrinco, pidió un minuto a quienes aun estaban a su lado para bajar a la cubierta de almacenaje, a comprobarlo por si mismo.
En efecto, menos los camarotes y la estructura del barco, lo que había en los almacenes no eran más que trampantojos para engañar al incauto. Con las prisas, Arny ni siquiera comprobó la calidad de la carga, dio por sentado que semejante expedición debería ir bien cubierta de materiales para una larga travesía. Pero un vistazo más concienzudo a los materiales del almacén arrojaría luz sobre las dudas del mink. En efecto, todo el material alojado para construcción era cartón. La brea, una especie de jalea de frutas oscurecida y almacenada en los típicos barriles del pegajoso material. Y los clavos poco más que alambres cortados y doblados para simular los metálicos instrumentos para la unión de secciones de madera. Haciéndolos completamente inútiles para la construcción. -MIERDA- exclamó
De regresó no pudo evitar pasar por la sala donde un montón de pitidos esperaban bajo lonas. Tras retirar una de aquellas telas descubrió un simple sistema de luces que se iluminaban periódicamente, como si estuvieran realizando algún trabajo, pero no había maquinaria que apoyase ningún tipo de experimento. Tan solo luces y un desagradable pitido aleatorio -MIERDA- exclamó de nuevo.
Al regresar a cubierta, los humanos de su lado lo esperaban expectantes, pero la cara de Arny no presagiaba nada bueno para sus esperanzas. El resto corría de un lado a otro como pollo sin cabeza buscando unos botes que no existían. Todo en aquella nave era mentira, aquel barco parecía exactamente lo que era, un engaño para los perseguidores, el sacrificio que Wangston preparó para escapar, en secreto, y dándole igual las vidas de todos aquellos recientemente reclutados.

La escora del barco presagiaba un húmedo final para todos aquellos a bordo si no se hacía algo rápido, al menos Arny tenia un reducido grupo que parecía querer ayudar, ningún navegante entre ellos. Las instrucciones debían ser precisas para que aquellas gentes, alejadas del mundo de la navegación, pudieran entender los planes del ornitorrinco. -Escuchad, vamos a darles tiempo a los demás para encontrar algo que flote y que podáis salir con vida de esta bañera- comenzó -Aun tenemos la mayor, el trinquete y el bauprés, podemos reducir la velocidad a la que el barco se irá a pique, pero tenéis que ayudarme a desplegar las velas- Tras enseñar a aquellos científicos los cabos que debían agarrar, y dar la orden de hacerlo todos a la vez, Arny ingresó a la sala de navegación. Las ordenes eran sencillas, podría hacer un trabajo mucho mejor si algún navegante lo apoyase, pero con aquellas personas tan solo podría hacer una maniobra muy sencilla. Soltar los cabos que mantenían arriadas las velas y dejar que el propio peso de las mismas, las llevase hasta su posición desplegada. La maniobra no era ni siquiera peligrosa, algo que en los barcos era el pan nuestro de cada día, así que esperaba que todos pudieran dar el pequeño tirón necesario para desatar la lazada típica de amarre de velas, lista para aflojarse fácilmente.
El timón, solitaria rueda en medio de la cabina rodeada de instrumentos de navegación, log poses y brújulas de varios tipos, permanecía bloqueado. -Maldito Wangston- exclamó -No puedo hacer nada con esto- pensó, empezando a estar muy cabreado con el altanero profesor. Hasta que encontró la causa del bloqueo. -¿Un palo?- incrédulo, agarro el pedazo de madera que fijaba el timón y tiró de él. El barco entonces dio una sacudida, acelerando la escora, pero el navegante estaba preparado. -AHORA- gritó por la escotilla, haciéndose oír por encima de las carreras, los lloros y los gritos del resto de los ahora tripulantes.
Si todo salía bien, con las fuerzas de los humanos distribuidas entre los cabos que debían soltar para que las velas cayesen por su propio peso, y desplegasen todo el trapo al viento, y Arny haciendo contrafuerza en el timón. El viento sostendría el barco, aun anclado, y evitaría la desgracia que se cernía sobre los ocupantes del barco sacrificado. Al menos el tiempo necesario para pensar en algo más, antes de que la tensión del viento contra el navío anclado y agujereado, lo partiera por la mitad.
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Mensaje por Narrador OPD Lun 24 Mayo 2021 - 18:33

-Sí, los salvaré a todos -afirma la arqueóloga antes de ponerse en marcha, dedicándote una sonrisa sincera.

Buenas noticias: el timón es de verdad. Al menos algo a favor, ¿no? Tus chicos consiguen, además, cumplir tu plan a la perfección, aunque el cojo lo comenta todo con un aire sarcástico cada vez menos disimulado. Lo malo es que el resto de pollos sin cabeza no ha dado con bote alguno. Van por ahí diciendo que hay que reparar los agujeros y no sé qué más. Unas pocas parejas se han dado al romanticismo en la intimidad de sus camarotes y una señora se ha puesto a cocinar con lo poco comestible que ha encontrado a bordo. Está haciendo bizcocho de medio limón, por cierto. Todo ello mientras la madera cruje peligrosamente. Quizás solo sea tu imaginación.

De repente, todos los Den Den Mushis empiezan a sonar al mismo tiempo.

Todo aquel con un caracol encima o cerca lo saca y se lo queda mirando. Alguno hace amago de contestar, pero la situación es tan extraña que nadie termina de atreverse. Porque uno sería lógico, dos sería casual, y hasta tres a la vez podría pasar. Pero catorce... Incluso el de un hombre que estaba tratando de explicar vuestra situación a alguien de la isla se ha cortado y ha empezado a sonar.

¿Vas a contestar, Arny? Bueno, tranquilo. Si no lo haces tú ya lo hará la arqueóloga.

En cuanto se contesta a uno, todos dejan de sonar. La misma voz habla a través de todos ellos.

-Navío científico. Se os ordena entregar a la delincuente Leile Toposhi -clama el coro de caracoles-. Entregadla y seréis tratados con justicia. Ocultadla y seréis tratados con justicia. -Sutil, pero hay un inquietante matiz en la forma de mencionar la palabra “justicia” por segunda vez-. Una hora. Entregad a la delincuente Leile Toposhi al agente de a bordo. Seréis tratados con justicia.

Una diminuta vela, a varias millas de distancia, destaca apenas en el horizonte como una mota de polvo. Calcularás que tardará como una hora en alcanzaros. El mensaje termina y los caracoles quedan inservibles. La voz se acalla y se hace el silencio. No está claro cuál de las dos “justicias” ha usado por última vez.
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Mensaje por Arny Sanskari Mar 25 Mayo 2021 - 12:52

En medio del caos de la situación, los den den mushi comenzaron a sonar. Con un pequeño sobresalto, el ornitorrinco se quedo mirando al caracol de la sala de navegación mientras su “PURU PURU PURU” resonaba en la sala vacía. Sin pensar lo que hacía, descolgó el auricular y una voz resonó a través de los pequeños caracoles de todo el barco explicando el ultimátum en el que se habían visto metidos.
Cuando la voz terminó, Arny intentó comunicarse con ellos -Aquí barco científico, mi nombre es Arny. Solo quedamos civiles, los tripulantes han huido en tres fragatas dirección setenta grados noreste. El barco se hunde, repito. El barco se va a pique con civiles. No podemos esperar una hora. Inicio maniobras para acercar el navío en vuestra dirección tanto como sea posible. No podemos mantenernos anclados o escoraremos a babor, en el caso de que vuestra perseguida se encuentre a bordo también la perderéis si nos hundimos- habló rápido, pero claro, deseando al menos haber hablado a tiempo, antes de que su interlocutor colgase. Tras el comunicado esperó instrucciones, al menos una respuesta agarrado aun al timón.

El plan funcionaba por el momento, pero el crujir de las tablas presagiaba lo peor para el barco, que estaba sufriendo como animal herido en una trampa. Anclado en el lugar de su muerte, cuando aun seguía vivo. -CHICOS- gritó -VENID A LA SALA DEL TIMÓN- Arny tenia un plan pero estaba bastante seguro de que aquellos humanos, incluido el gigantón, no tendrían la fuerza necesaria para llevarlo a cabo. Durante el tiempo que tardaron en llegar a la sala de navegación, Arny se aseguró que el timón permanecía intacto y la fuerza necesaria para mantenerlo en posición sería insuficiente como para vencer la fuerza combinada de los otros. Al menos eso esperaba.
-¿Notáis esa vibración?- preguntó cuando todos hubieron llegado -El ancla partirá el barco en dos si seguimos navegando anclados a toda vela, no queda una hora, sino mucho menos si no hacemos algo- Sin soltar las manos comenzó entonces a dar instrucciones -Tú- dijo señalando al cojo con el pico. Arny sentía que pese al extremo uso de la ironía, se podía confiar en él -Aun no se tu nombre pero ven y agarra el timón aquí donde yo estoy por favor. Confío en tu fuerza. Los demás agarrad por los lados y ayudaos entre vosotros a que no se mueva de esa posición. Esta haciendo mucha fuerza hacia la izquierda, pero no es por esto que os quiero a todos aquí- Explicaba mientras los humanos se agarraban a la rueda de dirección, agarrando cada uno, una de las secciones del volante. Con el más grande y aparentemente más fuerte en medio -Tu serás la guía- le dijo Arny confiando en él, mientras cedía el control al grupo de humanos. Aferrados a las maderas, como se aferraban a sus ganas de vivir -Los demás te apoyarán para que el barco continúe en la misma posición sobre las aguas cuando levante el ancla. Notareis un tirón, ese será el momento clave y por eso os necesito a todos aquí, para que esa cosa no gire sin control y escoremos hasta irnos a pique- Arny observaba atentamente al grupo y comprendía sus nervios y su miedo -Cuando salgamos de aquí, vayamos a tomar algo. Sois muy valientes- exclamó con una sonrisa en las comisuras del pico, antes de agarrar el den den mushi por si decían algo más y salir corriendo, sin perder más tiempo, al sistema de anclado del navío.

Para alguien con la fuerza del ornitorrinco sería más simple que para aquellos científicos poco acostumbrados a los excesos físicos continuar con la segunda parte del plan. Arny no quería que la marina pensara que estaban iniciando la huida, pero no tenían muchas opciones si quería sacar a tantos como pudiera con vida de aquella situación. El ornitorrinco había visto suficientes muertes en su vida y no disfrutaba con las desgracias ajenas. Intentaría ayudar a aquella gente tanto como sus posibilidades se lo permitieran.
Al llegar al sistema de izado del ancla, y advertir a todos los que pudieran estar cerca, para que se alejen del peligro real de recibir un cadenazo. Trataría de levantarla, desanclando el barco del lecho marino. Pero de ser imposible la maniobra, el plan sigue siendo liberar el barco, por lo que de ser necesario, trataría de romper a golpes el sistema y soltar la cadena del barco, dejando el ancla en el mar. Pues no le teme al latigazo que pueda dar la cadena.
Si todo salía bien, y conseguían mantener el timón en la misma posición, el barco comenzaría a virar, describiendo una clara trayectoria hacia la izquierda que daría el tiempo necesario al ornitorrinco para regresar a la sala de navegación y guiar el rumbo del agujereado galeón.
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Mensaje por Narrador OPD Jue 27 Mayo 2021 - 19:03

No hay respuesta al otro lado del caracol, así que es difícil saber si han recibido tus palabras. De ser así, no han reaccionado en absoluto. A lo mejor no les has dicho nada que no supieran. O a lo mejor no hablan con patos.

Más tarde, el grandullón cojo responde a tus instrucciones con sarcasmo, hiriente sarcasmo, pero por alguna razón termina cogiendo el timón. Igual está loco. Sea como sea, tienes a tu pequeño equipo preparado para la maniobra. ¿Vas a izar el ancla? De ser así necesitas hacer girar el cabrestante hasta que recoja toda la cadena. No hace falta mucha fuerza, solo algo de paciencia, y en cuanto el ancla se despega del lecho marino, el viento os impulsa.

El barco moribundo comienza a avanzar mientras la cadena va siendo recogida poco a poco. Oscila hacia babor de forma bastante evidente, pero tus ayudantes parecen haber conseguido cierta estabilidad. El problema ahora es que nada de esto ha impedido que siga entrando agua a raudales. El galeón va perdiendo capacidad de flotación a un ritmo alarmante.

-Y ahora ¿qué? -te pregunta Mimi, que ha decidido seguirte en lugar de quedarse junto al timón-. ¿No deberíamos entregarnos? -Lo dice señalando al navío aún distante que os sigue.

Pero no te pierdas esto, porque el resto del mundo sigue girando. Mientras tú izas el ancla, el pasaje discute acaloradamente que hacer. La opción mayoritaria apoya lo de entregarse, sobre todo porque no han encontrado una forma de evitar el hundimiento inminente.

-No les daremos a nadie a esos perros. Y menos aún a Leile -dicen algunos.

-Entonces nos ahogaremos. O nos capturarán antes y será peor. Debemos colaborar -argumentan otros.

La discusión no muestra indicios de que vaya a resolverse pronto, pero, milagro, ocurre algo que hace que la atención de todos se concentre en un punto. Antes de que puedas volver al timón, la arqueóloga se aproxima a ti con la mirada encendida, sujetándose el cinturón lleno de herramientas porque le viene un poco grande.

-¿Quién te ha dado permiso para hacer nada de esto? No debes actuar por tu cuenta, mink. -Susurros de “¿Qué se ha creído?” y “Ni siquiera es de los nuestros” acompañan al comentario desde quienes os observan-. Aun así ya no hay vuelta atrás. Debemos virar e ir a encontrarnos con las fuerzas del gobierno antes de que sea tarde. No podemos confiar nuestra seguridad en alta mar a -Hace una leve pausa, difícilmente perceptible pero con un claro significado- un desconocido.

Mientras tanto, el barco más pequeño se acerca a una velocidad considerable. Parece haber acelerado en cuanto habéis empezado a moveros otra vez. No tardará en alcanzaros, aunque a saber si seguís  teniendo algo que flote para entonces...
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Mensaje por Arny Sanskari Dom 30 Mayo 2021 - 14:05

-Si no sabes nada de barcos aparta, bonita. Me estas haciendo perder el tiempo- Arny hacía años que había dejado de sentirse intimidado por semejantes muestras de poder. Aprendió con el tiempo tras sus años de esclavitud a discernir entre los que verdaderamente ostentan el poder y los que solo intentan mostrar que son más que los demás. Y en este caso, en alta mar, en un barco sin capitán y con vidas en juego, el navegante no podía ignorar su instinto -Mira- dijo, sintiendo que había sido demasiado brusco, mientras comenzaba a caminar -Voy a hacer que esto no se hunda hasta que lleguen los barcos de la marina. Si quieres seguir hablando sígueme a la sala de navegación. Pero si realmente quieres salvar las vidas de toda esta gente, te recomiendo que recojas a todos los humanos que hay en cubierta y bajéis a cerrar las compuertas de las bodegas de babor. Inclinaré el barco a estribor y usaré el peso del agua que ha entrado para estabilizar la inclinación, sacando el agujero por encima de la línea de flotación- frase tras la cual el ornitorrinco alzó la voz lo suficiente como para ser oído por el resto de humanos presentes en la cubierta -SEGUID A LA DAMA Y SALDREIS DE ESTA- En verdad, cerrar las puertas de las bodegas no serviría de nada para lo que tenía pensado hacer, pero mantendría dentro del barco a quien fuese a cerrarlas. Tal vez algo golpeados, pero no caerían al mar.
Con una mirada atrás, a la mujer, comentó -Confían en ti, no los decepciones... Vamos Mimi, regresemos al timón- Arny no estaba de humor para tonterías, las vidas de aquellas personas no le importaban en especial, no por ser ellos, sino simplemente por que veía la situación completamente injusta. Habían sido engañados de manera cruel y metidos en problemas por quien era, en cierta medida, su héroe. La conciencia del ornitorrinco también estaba limpia, sabía lo cabezones y desconfiados que podían ser los humanos. Les había advertido, sabían lo que iba a suceder, que quisieran aferrarse a la vida o a la desconfianza dependería de sus corazones.

Con seguridad entró en la sala donde aquellos humanos encargados del timón, seguían aferrados a él tratando de mantener el barco. -¡Buen trabajo, chicos!- exclamó al regresar, ahora dejadme agarrar eso, vamos a hacer que el barco enseñe la barriga.
Sujetando con fuerza, mientras los humanos iban dejando sus posiciones poco a poco, el ornitorrinco intentó mirar a cubierta y comprobar si el resto seguían ahí o habían entrado a cerrar las cubiertas. O al menos se habían agarrado a algo. Arny mantenía la esperanza en su instinto de supervivencia, pero fue incapaz de ver nada, preocupado por mantener el timón en posición hasta poder afianzarse en el puesto de dirección. Esperaba que los demás hubieran tenido el tiempo necesario para, al menos, haber entrado al interior del navío.

-Agarraos bien y cerrad la puerta. Mimi, explícales lo que va a pasar-
El navegante no giraría el timón de golpe, podría romperse o algo peor. Poco a poco, acompasando la corriente sobre la que se desplazaba la embarcación, giró el timón. Intentando controlar el peso que se desplazaba libre por el interior de la nave, para no excederse con la inclinación, y tumbar la herida nave por completo.
Si había hecho bien los cálculos, el barco escoraría a estribor y se tumbaría lo suficiente como para sacar el agujero en el casco del agua. Además, con la ayuda del peso del agua del interior, lo estabilizaría en una posición de otro modo imposible para alguien con su experiencia. Mantener el barco en esa posición conseguiría que describiese círculos abiertos hasta la llegada de la marina. Lo que podría servir también para relajar la tensión que pudiera existir, al eliminar la posibilidad de huida.
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Mensaje por Narrador OPD Mar 1 Jun 2021 - 14:56

No sé si está funcionando o si dar tantas vueltas nos está afectando a ambos. El caso es que hay muchos científicos raritos y antisociales que han salvado sus vidas gracias a un ornitorrinco anónimo. Para cuando el barco del gobierno os alcanza, aún queda un trozo de galeón que sobresale del mar, lo cual puede considerarse todo un éxito dadas las circunstancias. Ha habido un poco de tensión, pero al final todos habéis sobrevivido y todo ha salido bien. Ale, para casa.

Lo curioso es que no es un buque de la Marina lo que os alcanza, sino un navío negro, pequeño y de apariencia veloz. Cada centímetro de su casco está diseñado para cortar las aguas con la fluidez de un cuchillo atravesando mantequilla, cada vela y cada cuerda forma una bella oda a la propulsión pensada para exprimir al máximo hasta el último nudo que el viento pueda proporcionar. En la parte trasera se distinguen dos ruedas formadas por palas que funcionan como un sistema de propulsión secundario. Sus tripulantes, aproximadamente dos docenas de hombres y mujeres trajeados y con elegantes sombreros negros, se despliegan firmes en cubierta. Los científicos hacen lo mismo en vuestra nave, agolpándose frente a la borda a la espera de la ayuda. Ya nadie controla el timón, pues entienden que no hace falta seguir con tanta vuelta.

La arqueóloga se aproxima a ti sin romper la desasosegante calma.

-Has hecho un gran trabajo. En serio, excepcional. Mucho mejor que el mío, me temo.

Tras un tenso silencio, una señora entrada en carnes de unos cuarenta y tantos, se adelanta del grupo de agentes del gobierno.

-La delincuente Leile Toposhi no ha sido entregada -anuncia-. Se procederá a tomar las medidas correspondientes.

Los agentes permanecen inmóviles, pero es en este momento cuando la mayoría repara en las armas que portan. Pocas operaciones de rescate implican tal cantidad de espadas y armas de fuego. De hecho, en ningún momento os han ofrecido abordar su navío, y eso que el vuestro quedará engullido por las aguas en cuestión de minutos. Pero no te preocupes, a ti no te concierne todo eso. Te recomiendo prestar más atención a la pistola que te apunta a ti.

-¡Agente! -exclama la arqueóloga-. ¡Solicito continuar con la misión! No debe darse por fracasada todavía. -Es increíble el aplomo que muestra su voz. Casi no parece que te esté apuntando a la cabeza-. Dispongo de los recursos para emprender de inmediato la persecución de los fugitivos.

-Comunicó el fracaso del operativo hace escasos minutos, agente Sjan.

-La situación ha cambiado. Contamos con un nuevo activo, señora. -Es entonces cuando aprieta el cañón contra tu cogote-. Esta criatura posee habilidades de navegación considerables. Nos ayudará a encontrar a los objetivos antes de que crucen a Grand Line. -La señora arquea una ceja, dejando una pregunta en el aire. La arqueóloga señala con la cabeza al resto de la expedición-. La moneda de cambio. Se ha preocupado por salvarlos; trabajará a cambio de su seguridad. Por favor, señora, solicito una nueva oportunidad.

-¿Qué dice usted, mink? -¡Eh, por fin!- ¿Colaborará con la Justicia para dar caza a dos peligrosos fugitivos?

La señora tiene cara de que le importa bien poco mataros a todos ahora que esperar a que fracaséis y os muráis solitos, pero parece abierta a la opción que plantea la falsa arqueóloga. Supongo que el fracaso está mal visto en su línea de negocio. Decir que sí garantizará que todos sean rescatados y subidos al barco del gobierno, aunque tendrán que apretarse un poco, y te tocará poner rumbo a la Reverse Mountain bajo la supervisión de los navegantes de a bordo. Y si vas a decir que no te recomiendo que seas rápido, que a esta gente no le da para más disgustos.
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Mensaje por Arny Sanskari Miér 2 Jun 2021 - 13:41

El navío describía círculos en alta mar a la espera del rescate, retrasando su inminente hundimiento, hasta que el barco que los perseguía consiguió darles caza al fin.
Arny apenas tuvo tiempo de fijarse en sus rescatadores, ocupado con las maniobras de estabilización de la nave. Para cuando llegaron, el ornitorrinco había conseguido reducir la velocidad lo suficiente como para estancar en medio del mar, sin posibilidad de salvación, el enorme galeón científico, o lo que quedaba de él, con todos sus tripulantes a salvo, o los que quedaban de ellos. En apenas unos minutos terminarían por nadar en las heladas aguas si no subían rápido al barco de -¿Rescate?- pensaba Arny confuso, viendo claramente la línea de construcción del casco y la tripulación que venia en él. Antes de poder llegar siquiera a una conclusión mental, la voz de la arqueóloga de cinto demasiado grande para su talla, elogia al mink, sacándolo de sus pensamientos -Gracias- responde -Me alegra que entraseis en razón y os diera tiempo de llegar a las cubiertas inferiores, pero todo ha sido cuestión de suerte. Nos hubiéramos hundido de todos modos- terminó, quitando importancia a lo ocurrido.

La gente se amontonaba contra la baranda del barco a la espera de ser rescatados, pero no encontraron ningún tablón colocado para la extracción. Ninguna pasarela móvil ni intenciones de rescatar a los científicos. En su lugar, una demanda y una amenaza surgieron de la boca de la que aparentemente era la líder, o portavoz, del grupo. Es entonces cuando el ornitorrinco toma consciencia de lo que tenía en frente, pero una vez más sin tiempo para reaccionar, aquella mujer arqueóloga se adelanta a sus pensamientos y comienza una conversación con la gorda del barco de rescate. En silencio mientras hablaban, Arny observaba el barco, la tripulación no le importaba, pero aquello que tenía en frente era una autentica maravilla para cualquier navegante que se enorgulleciera de serlo. La posición del velamen, el corte de la tela y la forma del casco, completamente aerodinámico, aseguraban una velocidad por encima de lo comúnmente conocido. Un exprimidor de nudos, un ladrón de vientos, una maravilla creada con ingenio y extremo conocimiento del mar, las corrientes y los vientos.

Para cuando la pistola se pego a la nuca de Arny, éste había entendido lo suficiente de la conversación como para comprender el jardín en el que se habían metido. Observando a su alrededor, a las caras de los humanos que lo acompañaban en silencio, mirando al ornitorrinco con renovado respeto, tomó la decisión sin dudar -Esta bien, os ayudaré a dar caza al barco que perseguís si los ayudáis-

El cañón de la pistola dejo de enfriar el cogote de Arny tras aceptar la propuesta, los hombres de negro colocaron una pasarela para los civiles que al borde de las lagrimas se agolpaban contra la baranda a la espera de su turno para acceder al navío negro. -Id subiendo y no os empujéis, ya estáis a salvo. Tranquilos- intentó relajar a los científicos que parecían a punto de saltar si fuera necesario para llegar al otro barco -Yo regreso ahora mismo, necesito recoger algo, id subiendo rápidamente- exclamó antes de regresar a la cubierta interior del barco. Por suerte, o como plan de Wangston, los camarotes estaban en la primera cubierta, de fácil acceso para aquellos que no debieran ver lo que había, o no había, en las bodegas del barco señuelo. En cualquier caso, una ventaja para el mink que abría la puerta de su camarote y agarraba su mochila -¿EH?¿Pesa más?- sintió al ponérsela al hombro pero, sin tiempo para comprobarlo y con el sonido del agua entrando a borbotones cerca de su posición, salió al exterior de nuevo, donde los últimos científicos pasaban ya por las tablas colocadas entre barcos. Arny esperó a que todos estuvieran del otro lado y salto directamente a la cubierta del otro barco, salvando el agujero que separaba las embarcaciones. Al caer creyó escuchar un “miauhhh” en tono grave proveniente de su equipaje.

Lo primero que pudo notar al poner los pies en la madera de cubierta fue la calidad y solidez de los materiales utilizados. Casi con gusto, casi con placer, arrastro un pie sobre las tablas sintiendo una sensación extraña, una sensación que le recordaba al calor del hogar.
El timón, construido en una suave madera ennegrecida, encajaba a la perfección en las manos palmeadas del ornitorrinco mientras comprobaba que los civiles ingresaban al interior. -Asumo que vosotros sabéis lo que hacéis y lo que tenéis entre manos, no como los científicos, que son muy buenos en sus cosas, pero ninguno sabe navegar, así que DESPLEGAD LA MAYOR, CAZAD LAS VELAS Y PRESTAD ATENCIÓN- Arny colocó la popa a sotavento, girando el timón, momento en el que las velas se hincharon en toda su extensión, alejando la negra embarcación del galeón hundiéndose en las aguas. El navegante sabía que carecía por completo de autoridad, pero como timonel, había ciertas cosas que los demás debían respetar si querían llegar a buen puerto. Y ahora, el barco estaba en sus manos.
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Mensaje por Narrador OPD Lun 7 Jun 2021 - 17:13

Muchas miradas frías y un silencio tenso es lo que sigue a tu despliegue de órdenes. Todos los agentes permanecen en sus posiciones sin mover un dedo hasta que su superior les hace un gesto con la cabeza, asintiendo levemente. Solo entonces comienzan a prepararlo todo para la persecución.

-No te pases de listo -te advierte la Señora-. ¿Crees que somos unos principiantes? ¿Por quién nos tomas? Es culpa de vuestro querido líder y sus mercenarios que nuestro navegante acabara indispuesto.

Según te comenta más tarde la falsa arqueóloga, a la que conocerás como la agente DD, el tipo estaba en los muelles junto con otra media docena de miembros de la tripulación cuando la batalla marítima comenzó. El pobre diablo acabó con un trozo de madera de medio metro embutido en el cráneo cuando un cañonazo perdido le acertó. Y por lo visto el otro no aparece. La idea no era una persecución en alta mar, así que pasaron sin ellos debido a la urgencia. Pero las cosas cambian. Suerte que encontraron otro navegante habilidoso y manipulable.

En cuanto a tu punto débil, por cierto, los civiles ya están todos metidos en un par de botes. Les han lanzado un par de remos, una brújula y los han mandado a casa. Son científicos, se las arreglarán. Solo Mimi sigue en el barco, por si acaso decides que una bala o dos en la cabeza no te van a hacer colaborar. Al principio intentan meterla en un camarote, pero sus continuas protestas de que se marea hacen que la suban a cubierta con tal de callarla. Un par de hombres la vigilan en todo momento.

Dicho esto, os lanzáis a la aventura. DD te proporciona mapas e instrumentos y deja seas tú quien se ocupe de sacar a vuestro corcel de madera toda la velocidad posible. De vez en cuando se marcha para hablar con su superior sin que las oigas, dejando un par de agentes para echarte un ojo. Puedes ver como se echan unas risas a tu costa. Es lógico. El gato de tu mochila te ha soltado un arañazo de cuidado en cuanto ha podido, dejándote una larga marca rojiza en la cara que recuerda a un bigote. No era el gato que te seguía antes, por cierto. Ese también está a bordo, pero a saber cómo a subido, y se ha hecho amigo del que te ha arañado. Ahora te siguen los dos.

El viaje sigue y cae la noche. Oscura, silenciosa, con su calma interrumpida solo por el sonido de las palas. Los agentes apenas hablan o dan muestras de cansancio. O de ser personas siquiera. Uno de ellos se aproxima a la borda y tras otear el mar informa a la Señora. Llegas a oírlo claramente:

-Un cadáver flota hacia nosotros, señora. Estamos cerca.

Sin embargo, el cuerpo, que deja un rastro de sangre negra a su paso, atrae una atención indeseada. Si te asomas, verás a la luz de los candiles cómo desaparece. Una amplia sombra lo arrastra a las profundidades con un sonoro y rápido chapuzón. Poco después, algo golpea el pequeño barco con fuerza.
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Mensaje por Arny Sanskari Vie 11 Jun 2021 - 13:55

Los segundos pasaban entre miradas ofendidas y rostros mal encarados. Las ordenes eran bastante claras, pero la parecer, sin que uno de sus superiores dijera salta, esos perros no saltarían. -Esto se va a poner interesante- pensó Arny, imaginando una persecución en alta mar en la que las ordenes deberían ser atendidas sin preguntas y de manera automática, para la buena ejecución de las maniobras. -No señora, no os creo unos principiantes. Es lo primero que he dicho y por eso los comandos fueron expresados en ese lenguaje. Por lo tanto comprenderá que necesite ser claro y mis ordenes de navegación atendidas sin dudar. Esos segundos pueden ser vitales cuando tenga que salir de la trayectoria de algún cañonazo- Mientras hablaba, el ornitorrinco observaba el cielo, sentía con su cuerpo la dirección del viento y olfateaba el ambiente -Tomaré la ruta más rápida- explicó mientras se asomaba por la baranda de estribor, observando la dirección en la que la marea golpeaba el barco -¡Vamos a coser una buena trazada!- dijo animado, sin prestar atención a la tensión de los tripulantes ni a las risas de sus vigilantes cuando, tras ir a sacar el mapa que tenía en la mochila, un rápido zarpazo cruzo su rostro haciéndole pegar un gritito y sentándolo en el suelo por el susto. Otro gato diferente al que lo seguía en un principio salió de la mochila. Arny, boquiabierto y con los ojos como platos, miraba caminar al felino hasta el castillo de popa donde el gato con la cicatriz cruzando su cara estaba -ESPERO QUE NO ME HAYAS CAGADO DENTRO- gritó con el puño izquierdo alzado, aun sentado en el suelo.

DD explicaría las circunstancias del viaje al mink durante el tiempo que la tripulación tardaba en ponerse en marcha para la persecución y bajaban los botes al agua con los científicos dentro. Otorgándole instrumentos de navegación y unos mapas de la zona. En cuanto pudo hablar tras las indicaciones, no pudo evitar explicar haciendo referencia al “querido” que la jefa había dicho anteriormente -Tu sabes que Wangstron no me caía bien, ¿no? Estoy seguro que oíste lo que dije cuando me tiró pan como a una paloma en el parque y lo que ha hecho con un montón de inocentes. Os ayudaré a darle caza, siento que tengo algo pendiente con él, es la clase de personas que arruinan el mundo-

-Mimi- llamó mientras tomaba su posición tras el timón -Ven, necesito que me ayudes- mintió. Arny sabía que podría evitar que hiciese alguna tontería si la mantenía ocupada ayudando con los mapas y las brújulas. Al estar fuera de su materia de conocimiento y dada su trayectoria estudiantil, Arny esperaba que encontrase interesante aquella nueva fuente de conocimiento el tiempo suficiente como para mantenerla concentrada y tranquila. Esperando distraerla de sus nervios y temores, pues estaba convencido que con la mente serena, podría ser de ayuda más adelante. Además estaba más cerca del alcance de los poderes del ornitorrinco, lo cual también lo tranquilizaba y le quitaba una preocupación de encima.

En el momento que el ancla se despegó del lecho marino, el navío comenzó a moverse hacia adelante impulsado por el viento. Pero debían girar y colocarse casi en contra del mismo para poder tomar la ruta tras el infame explorador. -SI CUENTO CON LA APROBACIÓN DE VUESTRO SUPERIOR- gritó para llamar la atención de todos los presentes en cubierta que se encargarían de adecuar el velamen a las necesidades de la navegación -VAMOS A TRAZAR UN ZIG ZAG NAVEGANDO A CONTRA VIENTO, NECESITO QUE A UNA ORDEN MOVAIS LA BOLINA Y LA ASEGUREIS DE BABOR A ESTRIBOR . HA DE SER PRECISO PARA NO PERDER IMPULSO. IZAD TODAS LAS VELAS MENOS LA MAYOR, NO LAS NECESITAREMOS- Mientras voceaba había sacado su block de dibujo y algunas ceras y había realizado una explicación visual que pasaría al agente más cercano con la intención de que se lo fueran pasando para entender a que se refería. Pues no era una maniobra habitual por su dificultad.
Dibujo:
Arny, vas a morir  [Moderado nivel 4]  Dibujo10
El buen tacto de Arny con el timón podría mantener al barco dentro de la corriente tras haber analizado el viento y la marea. Si conseguía que aquellos hombres actuasen como se esperaba en el momento que diese las ordenes.

Todo fue más o menos bien a partir de la tercera bordada, cuando le habían agarrado el truco a la maniobra. Arny tuvo a Mimi calculando la distancia que necesitarían recorrer en contra del viento hasta poder navegar a toda vela utilizando la potencia del mismo. El ornitorrinco conocía la respuesta aproximada, pues se fiaba de su suerte, o instinto, como él lo llamaba. Solo esperaría a que el viento le dijese que ya estaba bien.
El ejercicio matemático mantendría a la científica utilizando buena parte de sus conocimientos sobre el mundo en general y los factores que conocía para suplir los conocimientos sobre climatología y navegación que desconocía. Si superaba aquella prueba, Arny comenzaría a considerar el llevarla consigo como apoyo, pues no le disgustaba aquella humana tan curiosa como él mismo.
Aquel barco disponía de un sistema de palas para impulsarlo, lo que sumado a la maniobra con las velas y el trabajo con el timón, haría que la nave surcase las olas cortándolas a toda velocidad.

-No puedo predecir el clima Arny. Podrían faltar minutos u horas hasta que sea el momento oportuno- se quejaba Mimi, sacando al ornitorrinco de su silencioso estado de concentración máxima al timón. Necesitaba algo tangible para sus cálculos y no tenía nada a lo que agarrarse para hacer una suposición correcta. Una mirada sonriente y un guiño fue toda la respuesta del ornitorrinco -ULTIMA BORDADA, TODO A ESTRIBOR- gritó entonces, girando el timón para contrarrestar la fuerza del viento y seguir la ruta. Aquella había sido la señal que había estado esperando. Aquel era el momento de comenzar a salir de aquella corriente y cazar el viento a toda vela.

La maniobra podría haber sido desechada por cualquiera para iniciar una persecución, pero Arny sabía la ruta que tomó Wangston, y sabía que podría utilizar el viento a su favor, especialmente con aquel barco diseñado para volar sobre las aguas. -DESPLEGAD LAS VELAS, SALIMOS DE LA CORRIENTE TRAS WANGSTON. ARRIAD LA MESANA LA PRIMERA Y LUEGO TODAS LAS DEMÁS, NECESITAMOS UN IMPULSO PAREJO PARA QUE NO SE PARTA EL BARCO... Y AGARRAOS FUERTE- Preparándose para la maniobra, agarrando fuertemente el timón, listo para contrarrestar la fuerza necesaria para virar el barco y ponerlo a favor del viento. -Mimi, ve a agarrarte con los agentes y no te sueltes. Ellos te protegerán de caer al mar si es necesario-

La maniobra de giro comenzó bien, parecía que el barco salia sin problemas de la corriente, pero entonces, cuando arriaron la mesana y el viento comenzó a golpear el navío , el giro comenzó a cerrarse violentamente, haciendo crujir las maderas y haciendo correr el agua por la cubierta tras una gran inclinación a babor. Arny, recuperó el control con un grito acompasando el giro del timón con gran esfuerzo y el barco se enderezó al fin -YA PASÓ LO PEOR, DESPLEGAD TODA- gritó como orden final. Con el viento a favor, golpeando directamente la popa del navío ganarían velocidad suficiente como para acortar camino en su persecución. La flotilla del arqueólogo viajaba con el viento de lado, lo que les impediría navegar a toda velocidad, pero con aquella estrategia, Arny iría directo gracias al viento y sacando hasta el ultimo nudo de velocidad de aquel barco. Aprovechando las ráfagas con precisión y ejerciendo la presión necesaria en la dirección del barco. Con la capacidad de aquellas palas alcanzarían rápidamente a la flota.

Alguien sacó al ornitorrinco de su concentración de nuevo al avistar un cadáver. Momentos después un impacto contra el casco sorprendería al ornitorrinco, que aun estaba pensando en la trayectoria, atento al cielo nocturno y no fue totalmente consciente de las expresiones de sorpresa entre los tripulantes ante la desaparición del cuerpo bajo las aguas. -¿QUE COÑO?- preguntó al aire tas el temblor -¿NOS ATACAN?- Arny era consciente que a veces se concentraba demasiado y no estaba atento a su alrededor, pero debería haber detectado los fogonazos de los cañones en la distancia y el sonido al abrir fuego con semejantes armas, pero por el contrario tan solo un impacto contra el navío.
“Estamos cerca” Arny se quedaba con eso, y corrigió la dirección del barco para encarar de nuevo la ruta tras Wangston de la que el golpe los había sacado ligeramente. Proteger el barco no era labor del ornitorrinco. Tan solo mantenerlo en aquella ruta con la que con suerte encontrarían a su objetivo próximamente.
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Mensaje por Narrador OPD Lun 14 Jun 2021 - 19:42

Desde luego, ahora obedecen mucho mejor. Nada como el beneplácito de tu tiránica líder para ponerte a obedecer a un animal extraño sin preocupaciones. La Señora parece tan satisfecha con la velocidad alcanzada que incluso se permite levantar una ceja a modo de parca muestra de consideración. La agente DD parece más alegre, aunque con la comedida frialdad que toda agente profesional debe mostrar siempre. Y dada la estimada proximidad de vuestro objetivo, casi dan ganas de pasar por alto la nueva sacudida que da el barco cuando golpea con algo.

El navío zozobra una y otra vez, siempre empujado desde el mismo lado a intervalos irregulares. Más de una espada abandona su vaina, más de un sombrero reposa en el suelo ante la perspectiva de problemas. Los agentes se preparan para cualquier cosa con los fusiles prestos, tal vez dándose cuenta de lo problemática que puede resultar la carencia de artillería o armas algo más grandes. En fin, quién iba a pensar que haría falta...

De repente, uno de ellos desaparece. El mar estira un brazo y lo agarra, o esa es la sensación que da. Ha sido tan rápido que los compañeros que había a su lado tardan un poco en procesarlo, y para entonces ya hay otro que ha sido raptado por la masa tentacular de alguna criatura inidentificada. Los golpes se vuelven más fuertes y la tensión aumenta...

Pero tienes razón, no es cosa tuya proteger el barco. Así que vamos a saltarnos la espectacular carnicería entre una langosta gigante que ataca con sus bigotes serrados y elásticos, la barbarie acontecida entre sus pinzas, el heroísmo de mártires anónimos que dieron su vida por sus compañeros y otro montón de cosas muy poco interesantes para el timonel y centrémonos en lo importante.

El gato se te queda mirando, lamiéndose una mancha de sangre en una pata. Es el mismo que lleva pegado a tu chepa desde Ohara. Mimi grita, la gente DD maldice y lanza funestas miradas a la batalla, el agua salada salpica con cada oscilación del barco...

-No es por ahí -dice alguien-. Te has desviado dos grados a estribor -te explica el gato, alzando la patita para tocar el timón y hacer que lo reconduzcas en la dirección adecuada.

En ese momento, la langosta, herida y sangrando por una docena de sitios, con el exoesqueleto rasgado y plagado de balas clavadas en él, aparece justo a popa con malévolas y abstractas intenciones. No está muy claro si quiere comeros o despedazarlo todo al zarandear sus afilados bigotes, pero el caso es que te pilla en medio.

-Sí, así. Mucho mejor -dice el gato. Este va a lo suyo.
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Mensaje por Arny Sanskari Mar 15 Jun 2021 - 21:45

El caos comenzó antes de que el ornitorrinco fuese consciente de lo que ocurría a su alrededor. Los golpes contra el casco habían alertado a la tripulación de que algo ocurría. Susurros comenzaron a elevarse entonces desde las tropas acusando a un rey marino de la desaparición de sus compañeros. Susurros que fueron confirmados rápidamente cuando una langosta gigantesca surgió de las aguas, masacrando a los tripulantes. Las armas que portaba aquel barco o los mismos agentes no parecían suficientes para terminar con la bestia sin sufrir daños irreparables. El duro exoesqueleto de la criatura y sus poderosas pinzas cumplían como escudo y espada. Las elásticas pero duras antenas eran la lanza que se abría paso y arrebataba las armas de las manos de los hombres antes de que estas pudieran ser utilizadas, llevándose también incluso las manos en algunas ocasiones.
Arny por su parte trataba de mantener el barco alejado de sus ataques, intentando predecir el patrón de unos ataque y de una criatura que nunca había visto antes con penosos resultados. El rey marino era mucho más ágil de lo que cabria esperar para un artrópodo de semejante tamaño y las habilidades como timonel del ornitorrinco aun dejaban mucho que desear. Aun así, era un tipo con suerte y pudo mantener el velamen alejado de los desgarradores ataques de las antenas y las pinzas, que pasaban justo por debajo de los palos para atacar a la tripulación.

Los vaivenes del navío producidos por cada embestida del salvaje animal empaparon de agua salada la cubierta, haciéndola resbaladiza y peligrosa para los agentes implicados en la pelea. La sangre de sus compañeros regaba las tablas y los cuerpos de los que aun se mantenían de pie, dando a la escena un matiz de perversa belleza con brillos carmesíes, bajo la luz de la luna y las luces del barco.
La cruenta batalla llego a un corto impás. Un escueto descanso que la langosta dio a los humanos mientras se posicionaba detrás del barco para continuar la lucha. En ese momento la mente del ornitorrinco comenzó a jugarle malas pasadas. No entendía muy bien el razonamiento lógico de todo aquello, asique simplemente se dejó llevar -El gato me habla y sabe de navegación, no te diré más- pensaba para si mismo el timonel, con los ojos como platos.
Tras corregir la ruta, la mente del científico razonó la voz del gato como una manifestación de su propia conciencia, que le advertía del desvío en el rumbo. Mientras que el gato no era más que un gato que estaba ahí, limpiándose la sangre del pelaje. Arny no quería mirarse a si mismo en ese momento. Sabía que iba a tener que pegarse una limpieza a fondo si salía vivo de esa, pero no tenía tiempo para distraerse en aquel momento. Tanto fue así que una de las antenas del crustáceo atravesó su cuerpo gaseoso, partiendo por la mitad su cuerpo, para desesperación de Mimi que estaba a punto de sufrir una crisis nerviosa.
La visión de Arny tembló por un momento, mientras se adaptaba al extraño movimiento que la sección superior de su cuerpo, desligada a la altura del pecho de la inferior, se separaba cada vez más y comenzaba a caer en un ángulo lateral. Segundos que parecieron minutos para el mink, que sufría ese tipo de herida por primera vez. Era una sensación extraña para él y se permitió un segundo de análisis mientras parecía caer sobre las tablas de la cubierta.
Antes de que el pico rozase el suelo, el cuerpo gaseoso de Arny se había recompuesto por completo. -AAARRIAD LAS VELAS PERO NO SOLTEIS EL ANCLA, ESO DEBERÍA SER SUFICIENTE- gritó a la tripulación que quedaba -¡ASÍ NO PODEMOS IR A NINGUN LADO!- exclamó molesto. Como navegante estaba disfrutando el viaje en aquella nave, pero si aquel ser seguía golpeándolos terminarían como el anterior barco y Arny no tenía ganas de un segundo hundimiento en el mismo día, además, el descenso progresivo de velocidad, ayudaría a los tiradores a asentarse y soltar una andanada certera -Sujeta el timón, intentaré distraerlo para que podáis matarlo- pidió a DD antes de soltar el timón y agacharse junto a la científica peliverde -Saldrás viva de esta, se que no me conoces, pero confía en mí- dijo mientras apoyaba la zarpa derecha en su hombro y la giraba para que lo mirase a los ojos.
Sabía que pronto tendría que dar explicaciones, y tal vez aun más problemas por lo que acababa de suceder, pero cada cosa a su tiempo. El mink subió a lo alto del castillo de popa y observó a la bestia a los ojos. Su caparazón, ya quebrado por decenas de ataques. La sangre manando de sus heridas y la espuma enrojecida que teñía el mar ante el colosal animal.

Recuerdos en blanco y negro de sus entrenamientos, sumieron la mente del artista marcial en la calma que precede a la tormenta. La bestia, al verse desafiada atacaría al mink, atravesando su cuerpo sin provocar daños. Entonces el ornitorrinco aprovecharía el ataque del rey marino para pasar entre sus pinzas volando sobre el océano. Tomando la suficiente altura como para imprimir en un solo golpe toda la potencia de la que era capaz. Aprovechando las múltiples heridas del ya zarandeado ser, para hacer el golpe penetrar lo suficiente como para al menos, dejar atontado al animal y que los humanos puedan tener una oportunidad de rematarlo.
Arny usaría su técnica cuerpo a cuerpo más poderosa, capaz de abrir un gran cráter en el suelo.
Con un giro en el aire, aprovechando la caída, golpearía el cráneo del animal con su musculosa cola y regresaría al barco, que debería haber perdido la velocidad suficiente como para facilitar el regreso al gaseoso mink.
Técnica usada:

HAMMERFALL: grado mítico

Tiempo de reutilización: 3 asaltos
Canalización: 2 Segundos
Naturaleza: Física
Descripción: Tras girar brevemente en el aire aprovecha su fuerza centrífuga para asestar un poderoso golpe descendente con el plano de la cola. El golpe es lo suficientemente fuerte como para dejar un cráter de tres metros de diámetro en el suelo, lo que lo hace una opción perfecta para demoler estructuras, atacar a varios enemigos o romper la postura de uno resistente.
También puede ser usada para mitigar parcialmente el daño de una caída si se calcula bien el tiempo.

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Mensaje por Narrador OPD Sáb 19 Jun 2021 - 19:47

A la langosta le hace cero gracia, que lo sepas. Los ecos de tu golpe reverberan en su carcasa agrietada y termina de romperla en no pocos sitios. Piezas enteras de exoesqueleto hecho trizas caen al mar, provocando que la criatura lance un... bueno, un ruido muy alto y muy raro que bien podría ser el equivalente de un rugido. También hay cierta frustración por haberte partido en dos sin efecto alguno. De hecho, mueve sus bigotes con una velocidad aún mayor y hace pedazos tu gaseoso cuerpo. Cuando ve que sigues ahí, suelta un gemido y decide volver a sumergirse.

De nuevo a bordo, puedes ver los efectos de la escaramuza. Seis muertos y otros cuatro heridos, que ya ha sido apartados de la vista con asombrosa eficiencia. Algunos incluso están ya limpiando la sangre de la madera, cosiendo las velas que han quedado rasgadas, empalmando los cabos cortados, reponiendo los tablones rotos... En cuestión de minutos, gracias a la disciplina de a bordo y a un potente ambientador de limón, está todo como si no hubiese pasado nada. Parece que la langosta os haya lavado el barco en lugar de intentar comérselo.

Por otro lado, tu curiosa habilidad ha suscitado un considerable interés entre la tripulación, aunque a Mimi parece gustarle. La Señora, por otro lado, no se lo toma tan bien, y DD menos aún. Resulta que en lugar de llevar a bordo a un navegante ha llevado a un usuario potencialmente imparable de habilidades desconocidas. Por el momento, el ceño fruncido de la mujer al mando se mantiene a distancia, observándote, mientras que el de tu vigilante ronda a tu alrededor pintado con una perpetua pátina de preocupación.

-¡Arny! -Ahí viene Mimi. La Señora hace un gesto y nuevos agentes, cuatro esta vez, se apresuran a convertirse en sus sombras-. ¿Cómo lo has hecho? ¿En qué te has transformado? ¿Sabías que podías hacerlo? ¿Es algo innato en tu especie o...?

Cinco minutos después, su entusiasmo le permite callarse para ver si contestas a algo.

-Bicho raro -musita el gato parlante.

-Miau -conviene el otro.

-Informe -ordena la Señora, y DD se apresura a obedecer. Se aproximan ambas a las cartas de navegación y, tras cerrar los ojos durante un largo minuto de intensa concentración, DD señala un punto en el mapa-. Muy cerca de la Red Line. ¡Criatura, debemos darnos prisa!

La jefa se marcha a ladrarle a otro, y la agente DD se muestra visiblemente aliviada de tenerla lejos. Mimi se va a buscar algo con lo que tomar notas sobre tu “fantástica condición” -palabras suyas, no mías- y ambos os quedáis solos. Parece un buen momento para sacar algo en claro, o tal vez para ligar un poco. Siempre que no te importe que el gato mire, claro.

Sea como sea, el pasar de las horas termina por regalarte la más imponente visión que un... lo que seas tú puede tener en su vida. Línea diminuta al comienzo y monstruoso coloso en cuestión de tiempo, la infinita línea de piedra rojiza que es la Red Line atraviesa la creación de parte a parte, ocultando el horizonte de tus ojos y taladrando las nubes con su altura imposible. Según os acercáis, la gigantesca mole va creciendo y creciendo, como una ola inofensiva que termina convirtiéndose en un tsunami capaz de arrasar ciudades enteras.

Las nubes ocultan las estrellas, y la llovizna intenta sin éxito ocultar de tus ojos la muralla de roca. Según los mapas, en alguna parte hay un ancho canal, uno solo, que permite ascender por ella casi en vertical para alcanzar el otro lado. Por desgracia, la visibilidad es la que es. Allá a lo lejos, las luces de farolas y lámparas recortan la burda silueta de tres naves que encajan, aparentemente, con las que buscáis. DD asiente y, sin ningún género de dudas, asegura que estáis ante el objetivo, aún a unas millas de distancia.

Mientras los agentes preparan su, sin lugar a dudas, violenta intervención, el gato parlante aprovecha un momento de cierta intimidad y te araña una pata.

-¿Sabes que os matará a los dos, verdad? Mi amigo -señala al otro gato- dice que no eres tan tonto como para no saberlo. Yo he apostado a que sí. -El gato se deja caer en el suelo y se pone panza arriba, las patas delanteras encogidas sobre su pecho, la cola moviéndose de un lado a otro, golpeando los tablones de cubierta-. Si me rascas la panza te ayudo, figura.
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