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Mensaje por Thymo Bandle Miér 26 Mayo 2021 - 12:10

Thymo vio la luz a sus problemas. Tras meses de gira con el barco de la compañía de actores de Mirrorball, casi había terminado sus provisiones de munición y útiles para la caza. Temía quedarse sin nada en la siguiente isla en la que tuvieran que cazar algún bicho o simplemente hacer practicas de tiro. Pues el enano sabía a ciencia cierta que se quedaría rápidamente sin munición pasase lo que pasase. Por eso, cuando escucho que estaban cerca del barco más grande del paraíso, el cual tenía hasta mercado propio, no pudo evitar apuntarse a la pequeña expedición que partiría a visitar aquel “navío del tamaño de una isla”.
-Thym, prepara una mochila y que tenga sitio de sobra, que nos vamos de compras- dijo con energía al llegar al camarote, donde su melliza trasteaba con sus herramientas de cocina -He escuchado que partirá una pequeña expedición hasta un barco ENOOOOOOOOOOORME- decía mientras separaba sus manitas por encima de su cabeza, a todo lo que los brazos le permitían -Donde hay un mercado en el que muchos piratas tienen tienda, seguro que encontramos cosas interesantes- sonreía, con los ojos muy abiertos, imaginándose con un tirachinas nuevo en las manos, tan brillante, que era incapaz de mirarlo fijamente incluso en su imaginación. Lo que le hacia poner cara de mirar de lejos delante de su melliza, mientras trataba de cubrirse la cara de una luz que no estaba ahí.
Thymo hizo lo propio y preparo uno de sus petates para el viaje entre carreras y gritos de alegría. El viaje sería al amanecer, aun quedaban horas, pero el tontatta estaba tan entusiasmado que no podía parar de revolotear por el camarote que compartía con su melliza.

La embarcación, en la que ningún actor quiso montar pues temían que les sucediera algo, estaba llena de miembros de la tripulación que navegaba el crucero promocional. El barco al que iban pertenecía a una banda pirata, pero para el pequeño, si aquello tenia un mercado con acceso publico, no era un lugar prohibido. Además, él no tenía nada en contra de los piratas, aunque nunca hubiera conocido uno real. Las películas rodadas en mirrorball le habían permitido la oportunidad de ver muchas escenas en las que participaban actores encarnando piratas. Y le fascinaba la idea de ir por ahí, conquistando los mares con un parche en el ojo y un loro en el hombro. Aunque cada vez que llegaba a ese pensamiento se deprimía un poco, pues él tendría que llevar al hombro un periquito y no molaba tanto.
La chalupa se acercaba a la enorme construcción móvil, que pronto ocuparía todo el horizonte de los enanos, fascinados ante semejante monstruo -ES ENOOOOOOOOORME- gritaba el pequeño acompañando los saltitos que no podía evitar pegar -Thym, ya sabes lo que viene JAJAJAJAJA- rio, casi como un maníaco por los nervios y la emoción de una nueva aventura. Hizo brotar sus poderosas alas, agarró a su melliza y partió en dirección al barco pirata sin esperar las maniobras de amarre.

El puerto, si es que le podía llamar así al lugar donde los barcos eran amarrados junto al gigantesco galeón. Pasó por debajo de los mellizos, que ya habían visto un par de puertos y pensaban que “visto uno vistos todos”. La entrada real estaba un poco más allá, donde los primeros toldos delataban el comienzo del mercado -Nuestra parada, hermanita- dijo, avisando del aterrizaje. Con cuidado, la dejo en el suelo y descendió a su lado.
A los ojos del pequeño, aquello era un mercado en toda regla, si no te dejabas llevar por el aspecto de los viandantes o los tenderos, claro. Los aromas, los ruidos y el tintineo de monedas desde luego eran los mismos. Aunque los gritos, las amenazas y las ofertas gritadas casi con rabia diferían bastante de lo que habían visto en un mercado de pueblo.
-No te separes de mi, ¿vale?- pidió a su melliza -No tiene por que pasar nada, ¿vale?, pero veo pocos piratas con parche. Y desde luego ninguno con un loro. No se si son de fiar- terminó, mientras la agarraba de la mano y se internaban entre los puestos del mercado.
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Mensaje por Thyma Bandle Miér 26 Mayo 2021 - 14:13

Thyma se encontraba tranquilamente, disfrutando de la soledad de su camarote. Concentrada, afilaba sus cuchillos con todo el mimo y la dedicación que merecían aquellas maravillosas piezas. En un momento dado, Thymo entró en la estancia, abruptamente, hablando muy rápido y lleno de ensoñaciones. Las ilusiones de Thyma se elevaron al máximo nivel al escucharlo. Llevaban demasiado tiempo viajando en ese barco y sentía unas ganas inmensas de pisar tierra firme e ir de compras. Su mellizo se encargó de echar sus ilusiones por tierra. El mercado se encontraba en otro barco. -¿Cómo va a ser eso así, Thym? ¿Cómo un barco va a tener un mercado?- La Tontatta no podía ni imaginarse las barbaridades que, los humanos, habían sido capaz de poner a flote. Thymo parecía muy convencido de lo que había escuchado y, por sus gestos, ya se estaba imaginando encontrando grandes tesoros entre las tiendas. Thyma sonrió y se encogió de hombros. Afanosa comenzó a preparar su mochila. -No llevaré comida, ocupa mucho espacio y en un mercado seguro que habrá algún puesto con cosas ricas. ¿A que sí?.- Dijo con la emoción de vuelta. Bien pensado en un lugar así podrían encontrar objetos muy interesantes. Ambos eran inocencia pura, ni tan siquiera se plantearon la procedencia de aquellos artículos. Thymo, por su parte, también comenzó a preparar su mochila. Cuando ambos estuvieron listos, embarcaron en el bote de expedición. Ningún actor quiso acompañares y sólo fueron los encargados de aprovisionar el barco. La pequeña no entendía la actitud que mostraron. Ella y su mellizo compartían una idealización romántica y fantasiosa de los piratas. Los veían como en la películas que rodaban en su hogar, aventureros valientes que buscan tesoros y tal vez, el amor. Ataviados con excéntricas vestimentas y sustituyendo partes de sus cuerpos por curiosos objetos.

La barcaza se acercaba, cada vez más, al gigantesco navío pirata. Las dimensiones de aquel sitio, escapaban de la comprensión de la Tontatta que admiraba el barco boquiabierta. Ya estaban lo suficientemente cerca como para que los trabajadores comenzaran a preparar los amarres. Thymo hizo la señal a su hermana de que harían lo de siempre, antes de atracar. Un proceso aburrido y lento que los mellizos detestaban. El Tontatta desplegó sus irisadas alas y su hermana se colocó en su sitio. No podía evitar quedarse maravillada con los colores que emitían las alas de Thymo. Ejercían sobre ella una atracción sobrehumana. En un abrir y cerrar de ojos, los hermanos llegaron a la entrada al mercado del gran barco pirata, dejando atrás la especie de puerto, donde los compañeros del navío comenzaban a ejercer sus funciones. Cuando Thymo posó a su hermana en el suelo, ella estaba fascinada. Aquel lugar era todavía más grande de lo que cabía esperar. Multitud de personas se encontraban en el mercado, que estaba abarrotado de puestos de diferentes tipos. Los tenderos eran bastante diferentes a los que estaba acostumbrados, los pequeños. Eran hombres rudos, en su mayoría y con modales bastante toscos. Thyma ya se estaba agarrando al brazo de Thymo, cuando éste le pidió que no se alejara de él. La Tontatta negó con la cabeza. -Tienes razón, Thym. No tienen ni parche, ni pata de palo.- Dijo la pequeña con algo de temor en su voz.

Ese mercado era demasiado grande y contaba con demasiadas cosas como para que Thyma lograra mantener la atención en una sola, más de un minuto seguido. Dos largas hileras de puestos con tendejones y cortinas, formaban un larguísimo pasillo dónde piratas y visitantes comerciaban y regateaban. -Echemos un vistazo rápido para ver que hay, antes de detenernos en uno. ¿Te parece bien?.- Le preguntó Thyma a su hermano, cuando un tendero comenzó a discutir con uno de sus clientes. A voz en grito, con insultos y amenazas, logró amedrentar al envalentonado cliente. La Tontatta miró a su hermano con algo de miedo en sus ojos y dando unos pasitos hacia atrás, alejándose de la escena. -A mi que no me griten ¿Eh?.- Le dijo con confianza. El plan de Thyma se vio interrumpido, cuando de camino por el largo pasillo, dieron con un puesto lleno de grandes cuencos con polvos y hierbas en su interior. Aquel lugar emanaba potentes olores que se entremezclaban entre si, creando un atmósfera densa y difícil de respirar. La Tontatta olisqueó el saturado aroma con una sonrisa en la cara. -Un puesto de especias hermanito. ¡Vamos a ver qué tienen!.- Dijo estirando de una de sus mangas. Para Thyma las especias eran la magia de sus platos, estaba aprendiendo a controlarlas, utilizarlas y entenderlas. Sentía una gran curiosidad por ver que tipos se podían encontrar en un sitio como ese. -¿Habrá especias distintas en el Paraíso?- Preguntó al aire, sin esperar respuesta alguna, mientras seguía intentando arrastrar a su hermano hacia el puesto. Thymo sabía que poco o nada podría hacer, para sacar, a su hermana, de la fijación que se le había cruzado en su camino. Thyma avanzaba con los ojos brillantes. tratando de discernir olores conocidos de entre los nuevos.
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Mensaje por Freites D. Alpha Jue 27 Mayo 2021 - 17:56

Y yo… desperté. Desperté como cualquier mañana, cabello un poco desordenado y un poco somnoliento. Lo primero que hice fue pasar la mano derecha por mis ojos, estrujándolos buscando calmar esa sensación de pereza que aún tenía. Luego estire mi mano a un costado y tome a Vulcano, mi brazo izquierdo, siempre acostumbraba a dormir sin el para que fuese más cómodo, tener un brazo mecánico tenía sus ventajas, aunque nunca me canso de decir que es extraño tener algo que sabes que puedes mover, pero al final de cuentas no sientes nada ni te causa dolor alguno.

Me levante directo a la ducha. Abrí la llave y deje que el agua hiciera su trabajo. Hoy el agua estaba fría, cosa que no me degustaba. De hecho, desde que tengo este poder acostumbro a ducharme con agua bastante fría, ya que el calor ya era algo que no podía sentir nunca más.

Salí, y me conseguí con mi kimono ya preparado sobre la mesa de noche. Hoy tocaba color Rosa. Con mucho cuidado fui colocando cada parte de la vestimenta, asegurándome no arrugarlo en ningún momento. Luego, era momento de arreglar mi cabello. Con sumo cuidado y comencé a peinarlo utilizando el espejo como apoyo, quería que quedara bien. Deslizaba buscando ese liso natural que caracterizaba mi cabellera. Al termine, coloque un nudo rojo que dio vida a una enorme cola de caballo. Una vez listo, ya era momento de comenzar un día más en mi hogar, el Erebus.

- ¡Buenos días, capitán! – Fue lo primero que escuche al salir a la enorme cubierta.

- Buenos días. – Respondí sonriendo. Si precisamente hoy era un día donde me disponía a dar una vuelta por el barco y ver qué cosas nuevas podía encontrar. El Erebus siempre estaba abierto a comercio siempre y cuando respetaran las normas. – ¿Algo nuevo que reportar?

- Nada nuevo que reportar, señor. Hasta ahora las tiendas se han mantenido al trote y las otras dos estancias se mantienen a la perfección.

- ¿Todo de acuerdo al reglamente?

- Si, señor.

Escuchar eso me daba calma. Aunque hoy quería Visitar la Plaza del Doblón, hacia un buen tiempo que no visitaba ese lugar y me vendría bien echar un vistazo. Al entrar, el comercio estaba totalmente a trote. Negocios, tratos y acuerdos por doquier. Aunque, alguna manera de tratar de ciertos comerciantes no me gustaba del todo.

-¡Abrid paso! ¡El señor de la guerra está pasando! – Dijo uno de los piratas que se percató de mi presencia. Yo solo ojeaba y mataba mi curiosidad. Aunque, si tenía ganas de recalcar cierta cosa.

- Si alguno de ustedes se le ocurre la brillante idea de pelear en un lugar que no sea plaza del puño, me veré en la obligación de disciplinarlo personalmente, ¿O tal vez prefieren que Zira se haga cargo?

El aire se tornó un poco tenso ante mis palabras. Yo continúe con mi caminata mirando en las tiendas. Luego, el comercio y los negocios seguido su curso, aunque utilizando un mejor trato entre comerciantes y compradores. Por otro lado, un singular aroma llamo mi atención, me introduje a la tienda. Quizás ya tenía tiempo aquí pero era primera vez que yo me percataba de su presencia. Era muy curioso ver como alguien comerciaba con especias.

-Bienvenido, capitán. – Me dio la bienvenida una amable anciana. Dentro de la tienda pude percatarme de la existencia de un par de Tonttatas. Yo simplemente sonreí y saluda educadamente inclinando la cabeza.

- No se preocupe, solo estoy matando la curiosidad.
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Mensaje por Thymo Bandle Dom 30 Mayo 2021 - 14:52

Los sonidos, los gritos y las voces que provenían del mercado, sin duda recordaban al típico mercado. Algo mas brusco en sus maneras de lo que los enanos habían conocido, pero sin duda, los aromas y los colores, los carteles con ofertas y el ambiente en general eran típicos de mercado.
El instinto de cocinera de la pequeña enseguida atrajo la atención de la pequeña sobre los aromas que flotaban en el aire, casi arrastrando a su hermano, al que seguía aferrada a muerte, hacia el origen del olor. Thymo, con su entrenado olfato, reconocía varios olores mezclados en el aire, convirtiendo el ambiente en algo casi pesado de respirar, pero que habría el apetito con solo acercarse.
Por el camino siguiendo el rastro de especias, el pequeño paso por delante de un par de puestos que llamaron poderosamente su atención. Un largo mostrador lleno de anzuelos de diferentes formas, tamaños y colores prometía material para pescar. Junto a la primera, la tienda de caza llevada por el mismo comerciante, separadas por una simple lona. Mostraba puntas de flecha en el expositor. El pequeño imaginaba que si eso era lo que tenían fuera, la tienda sería una delicia para los sentidos de cualquier cazador. -Tengo que entrar ahí- Pensó, siguiendo los pasos de su melliza, agarrado a su mano y evitando ser pisados por los humanos que cruzaban en su camino, distraídos.  

Al llegar a la pequeña tienda llena de sacos abiertos con polvos de diferentes colores y fragancias, El pequeño ya conseguía a duras penas no babearse encima imaginando aquellos sabores que evocaban las especias en su mente. Y el trastear de la pequeña moviéndose de aquí allá entre sacos y cajas revolvía los aromas lo suficiente como para casi adormecer al pequeño y hacerle soñar con banquetes y festines.

La viejecita sentada tras el mostrador, saludó al recién llegado con la palabra “Capitán”, lo que sirvió de jarro de agua fría para el tontatta. En aquel momento los festines y las comilonas se esfumaron entre la bruma de la mente mientras sus ojos enfocaban al hombre que acababa de entrar a la tienda. Tras una rápida inspección visual no pudo evitar que una sonrisa surgiera en su rostro -¡ESTE SI!¡MIRA HERMANITA!- exclamó, señalando al brazo metálico que portaba aquel pirata -¡ESTE SI ES COMO LOS DE VERDAD!- visiblemente emocionado, el pequeño saludaba al hombre desde el suelo -HOLAAAA- decía mientras agitaba la manita derecha -¿Eres el capitán pirata de este barco pirata?¿Has rodado alguna película?¿El brazo es de verdad? mi hermana y yo somos grandes fans de las películas de piratas- el pequeño, con su candidez, no tenía medida a la hora de hacer preguntas cuando se interesaba por algo. Era muy fácil mentirle, pues se creía cualquier cosa, pero su curiosidad y su forma de ser lo empujaban a realizar, a veces, preguntas de más. Como si fuera un niño pequeño aprendiendo a relacionarse con el mundo adulto.
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Mensaje por Thyma Bandle Lun 31 Mayo 2021 - 12:49

Entraron a al puesto de especias, una anciana mujer se encontraba tras el mostrador. Al ver entrar a los pequeños, la mujer se ajustó sus gafas y se inclinó sobre el mostrador. Sus ojos, completamente abiertos y su expresión facial, hacían pensar que tal vez, fuese la primera vez que veía unos Tontatta o, como poco, hacía mucho tiempo que no veía unos. -¡Buenos diiiías!- Saludo la cantarina diminuta. Thyma agarró una cestita de mimbre con varios envases trasparentes en el interior y las dejo bajo uno de los estantes. Pronto comenzó a revolotear por entre los enormes cuencos cargados con aquellas maravillas culinarias. Todos ellos poseían un letrero donde, además del nombre, se podía leer una breve descripción del producto y sus propiedades. Cúrcuma, tomillo, anís, curry, albahaca o azafrán, eran especias que no suponían misterio alguno para la pequeña cocinera, pero la maca, la satureja o el zumaque, no los había visto nunca. Po su puesto adquirió muestras de todas ellas y también de la gran variedad de pimientas que tenían. -¡Thym, hay pimienta rosa! ¡Que bonita es!- Exclamó emocionada al verla, mientras daba saltitos. No sabía muy bien como usarla, por lo que le esperaban varios días de pruebas y experimentos. Al oír la voz entusiasta de Thyma, la anciana sonrió. -Deberías probarla en los postres pequeña, es pura fantasía.- Dijo la tendera con seguridad. La pequeña la miró con los ojos muy abiertos y rascándose la cabeza. "¿Pimienta en un postre?" No se imaginaba esa combinación de sabores y sus dudas se reflejaban en su cara. La idea de hacer un pastel de pato cada vez era más factible. La anciana le indicó que cogiera un trocito pequeño y se lo comiera. Al obedecerla, Thyma comprendió todo. Acto seguido, comenzó a llenar uno de los cuencos de la cesta, hasta arriba de pimienta rosa, recreando recetas a toda velocidad en su mente, dónde pudiera utilizarlo. Se quedó en trance unos instantes pensado en ese oro rosa espolvoreado sobre su mousse de piña y a punto estuvo de comenzar a babear. "A Thym le va a encantar" Pensó.

Thyma estaba feliz con los descubrimientos que hizo en esa tienda. Su intuición no le engaño. Siguió revoloteando entre polvos de colores y hierbas secas, cuando un hombre entró en el puesto. La anciana lo saludó con amabilidad y respeto. -¿Capitán?- Repitió automáticamente, mientras apartaba la vista del cuenco de eneldo fresco. Al girarse y ver aquella figura, Thyma posó sus manos en las mejillas. -¡WOOOOOOOOOO! ¡UN PIRATA DE VERDAAAAD! ¡THYM MIRA QUE BRAZACO!- Exclamó totalmente sorprendida. Como era habitual Thymo se adelantó a sus pensamientos y realizó las mismas preguntas que ella hubiera hecho. La pequeña bajó de la estantería de un salto y a toda velocidad se dirigió a los pies de aquel hombre. Sus ojos se clavaron en la tela y la composición de aquel kimono. Para Thyma no sólo era precioso, si no que encima ese capitán sabía llevarlo. Parecía que estaba hecho a su medida y no tenía una sola arruga fuera de su sitio. La mirada de la Tontatta resplandecía, con sólo pensar que ese mercado se pudiera comprar un tejido tan delicado. A los pies del capitán, Thyma agarró el borde del kimono para notar el tacto de esa tela y le dio la vuelta. -¡Alaaa! Las puntadas son perfectas- Exclamó sin importarle quien la escuchara. Aunque la pequeña había estado revolviendo entre las especias, no dejó con su manos, ni una sola mancha en la tela. Después se reunió con su hermano y lo rodeó por el hombro. -Thymo, es el capitán de verdad, seguro... Seguro. ¿Has visto que kimono más guapo lleva?- Le dijo con una sonrisa en la cara.
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Mensaje por Freites D. Alpha Jue 3 Jun 2021 - 16:48

Las primera impresión que pude tener de las pequeñas criaturas podría implicarse en una sola palabra: inocentes. No me malinterpreten, ser inocente no tiene nada de malo. En cierto punto, podría atreverme a decir que así se podría disfrutar mucho más la vida. De hecho, ver la reacción y la manera de hablar de los pequeños me hizo sonreír ¿cuánto había pasado desde la última vez que vi alguien así?

- Con calma, con calma. Una pregunta a la vez, por favor. – Preste atención al pequeño. Sus preguntas generaron curiosidad para mí. ¿Películas? Jamás había escuchado o visto nada parecido en mi vida. Después de todo, los de mi especie siempre somos los malos en todos lados.

- Sí, soy el capitán de este barco, pequeño.- Sonreí tiernamente para ellos. -  No, nunca he podido rodar una película y sinceramente no creo que sea algo valla hacer en esta vida. – Moví mi brazo mecánico un poco, acercándoselo a ambos para que pudieran ojearlo más de cerca. – Si, es de verdad. – Cuando escuche que eran fan de las películas de piratas, no pude largar una carcajada. ¿Realmente nos ponen en películas? Bueno, en mi caso soy una especie de pirata que busca algo que muchos considerarían una alocada y trillada idea o visión. Yo simplemente solo quiero pasarlo bien.

Incluso si para ello tengo que hacer el mundo arder.

-¡Zehahaha! Creo que existe una gran diferencia entre los piratas de películas y los reales. Pequeños, no les mentiré, existen piratas que tienen mejor moral y otros que no. Si rodaran una película de mí, sin lugar a dudar yo sería el villano.

- Sea o no un villano, capitán, ha de admitir que en sus cruzadas nunca ha dañado a ninguna persona inocente.  – Recalco la ancianita.

- Siempre es de educación tocar a la puerta antes de atacar a tu enemigo. Además, nunca levantaría la mano contra alguien que no se pueda defender,

La curiosa manera de la hermana resulto aún más dulce aun. Ojeaba mi kimono y resaltaba la caldiad de este. – Puedo conseguirte uno, si así gusta. -  Observe nuevamente a la vendedora. – Todo lo que estos dos pequeños curiosos compren, sale por mi cuenta.


- Entendido, capitán.
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Mensaje por Thymo Bandle Jue 17 Jun 2021 - 18:41

-SIIIII- gritó, -Hay muchas películas que tratan de piratas, viajes por el mar, tesoros y damiselas- explicó con una sonrisa antes de que su voz se apagara lentamente -UOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHH- exclamó alucinando al ver el brazo metálico más de cerca -UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHH- gritaba con los ojos completamente abiertos, ocupando dos tercios de la pequeña cara del tontatta -ALUCINO PEPINILLOS- decía el pequeño, que se había quedado sin palabras ante tal obra maestra -Me gustan mucho este tipo de trabajos, yo mismo hago muchas cosas con mis propias manos, principalmente con madera, pero el metal y la piedra también me gustan para crear cosas. Una buena aguja de coser debe ser metálica, ¿verdad hermanita?- decía mientras exploraba visualmente la obra de ingeniería -Pero jamas sería capaz de crear algo así, ¿lo has fabricado tu?... aun así... ¿no molesta para limpiarte el culo? Yo de seguro me pellizcaría ahí abajo- pregunto entre carcajadas imaginándose la situación.

El ambiente cargado de la tienda de especias, lleno de diferentes aromas que se entremezclaban en el aire mantenía al pequeño respirando por la boca para evitar marearse, pues para su olfato aquello podría ser una tortura, si no hubiera estado acostumbrado a evitar olfatear cuando no debía hacerlo. Los animales desprendían un increíble olor a muerte una vez cazados y abiertos en canal que el enano aborrecía y aprendió a evitar utilizar su nariz más de lo necesario -Entonces... capitán, ¿Eh?- preguntó -Yo también fui capitán en muchas aventuras que imaginé- respondió entonces -Y almirante de la marina JAJAJAJA- rio. El enano tenía mucha imaginación y dada su inocencia y las películas vistas, las historias surgían en su cabeza una detrás de otra, como un cuento que jamás termina, llenando los vacíos de su vida de cazador, cuando tenía que mantenerse a la espera de alguna presa bajo un arbusto lleno de bichos. -Pero en verdad soy cazador. Uno bastante bueno- dijo con orgullo, pues gracias a las capacidades de su raza y las que aquella extraña fruta le habían otorgado, sus sentidos, fuerza y velocidad, habían sido extendidos hasta limites increíbles -Y también somos actores- terminó por decir, incluyéndose en un gremio que no comprendía tan solo por haber rodado una película. -Mi hermanita y yo estamos de paso, la verdad. Solo hemos llegado aquí por que el barco en el que viajamos necesitaba comprar provisiones, así que hemos venido a ver el mercado flotante más grande del mundo mundial y de los mares marinos. Además, también nosotros necesitábamos comprar algunas cosas, así que vinimos con los pocos que se atrevieron a visitar un barco pirata- El enano hablaba sin parar, y sin dejar de sonreír. Se le veía feliz y contento. Totalmente ajeno a lo que podría ocurrir en una situación como aquella, rodeados de piratas. Aun así él estaba medio tranquilo. Sabía que podría gritar “PARLAMENTO” y tendrían un pequeño lapso de tiempo en el que los tripulantes no les atacarían, como había visto en aquella película en la que unos piratas que habían robado un tesoro maldito asaltaban una ciudad intentando recuperar una de las monedas de aquel cofre.
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Mensaje por Thyma Bandle Vie 18 Jun 2021 - 15:23

-WAAAAAALAAAAAAAA ¡Mira Thymo que pasada! ¡Cómo se mueeeve!- Dijo la pequeña cuando el capitán les mostró su brazo, aunque su mellizo estaba todavía más alucinado que ella. -Pues yo creo que algún día podrás hacer uno así y cuando eso pase, al mío le tienes que poner mucha purpurina rosa.- Le dijo a su hermano convencida de sus palabras. Thyma asentía a todo lo que su mellizo relataba. Cuando formuló su duda sobre cómo se limpiaba su trasero, ella se quedó esperando la respuesta del capitán, pues era una gran incógnita. -Tendrás que usar papel muy gordo, ¿A que sí?.- Le preguntó finalmente.
El capitán del Erebus afirmó que nunca había visto una película de piratas y peor aún, que si se rodase una sobre su vida, él sería el villano. Thyma lo miraba incrédula. Los villanos siempre eran tipos muy feos, vestían ropas raídas y tenían los dientes pochos. El capitán que tenían al frente, tenían un rostro muy agradable y sin duda alguna, tenía estilo. La tendera lanzó una lanza a su favor. -¿Verdad? ¿A que no es un villano?- Exclamó la pequeña. El pequeño comenzó a contarle las veces que se había imaginado ser un capitán de barco y como Thyma no podía ser menos, se metió en la conversación para explicar que ella, también, se imaginaba ser capitana, con su mellizo y también una poderosa almirante. Ella no veía nada malo en que un navío tuviese dos capitanes, siempre y cuando se llevasen tan bien como ellos lo hacían.

La conversación continuó y Thymo explicó el motivo de su estancia en aquel enorme barco. Se le notaba tan entusiasmada de estar allí, como lo estaba la propia Thyma. -Es verdad, yo tengo que comprar muchas cosas, porque soy cocinera, costurera y una gran artista, además ya no me quedan dardos...- Thyma relataba todas las cosas que quería adquirir en ese mercado, sin importarle lo que el capitán pudiera pensar de ellos. No se había dado cuenta de que seguía con el bajo del kimono en su manos. Cuando el capitán del Erebus le ofreció conseguirle uno, la Tontatta soltó la tela y miró al capitán con los ojos vidriosos. Dio unos pasitos hacia atrás y emitió un pitido agudo y penetrante, para después comenzar a menear su caderas de un lado hacia otro, con sus manos posadas en las mejillas. A pesar del pelaje de su rostro, se la podía notar totalmente ruborizada. -¿De verdad? Me encantaría ¿Puede ser rosita y con flores?- Dijo entusiasmada. -El rosa es el color más bonito del mundo mundial y después el rojo.- Su meneo de caderas se detuvo en seco, cuando además les invitaba a las especias que necesitase de ese puesto. Thyma era rápida y no sólo en sus movimientos. Al oírlo, salió disparada hacia los estantes para coger un poco de cada. Incluso algunas especias que no necesitaba. En un abrir y cerrar de ojos la cesta quedó llena de cuencos y bolsitas de muchos colores, olores y formas diferentes. Miró el contenido, esperando no haberse excedido y con una sonrisa llena de pequeños dientes de dirigió al capitán: -Esto es todo lo que necesito. No he cogido nada que ya tuviese, incluida esta pimienta negra.- Dijo cogiendo una bolita, enorme para sus manos. Su voz y su entonación sonaban sospechosas, era evidente. Aun así las cantidades que había cogido eran ridículas para un humano y no supondrían un gran desembolso. La anciana comenzó a pesar y embolsar todos los artículos. Finalmente posó la reducida cuenta sobre el mostrador. Thyma tenía una pícara sonrisa en su rostro, pues pensaba que nadie se había dado cuenta de su "gran engaño." Ninguno de los dos eran conscientes del peligro que corrían en un sitio así y habían pasado por alto las advertencias de sus compañeros de viaje. Aunque no les habían gustado los modales de los tenderos del mercado, no podían negar la amabilidad de la anciana a cargo del puesto de especias y Thyma se sentía agradecida con el gesto del capitán. No entendía porque los compañeros tenían tanto miedo. Los piratas parecían hombres rudos y bruscos, pero más allá de eso no veían más problema.
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Mensaje por Freites D. Alpha Vie 25 Jun 2021 - 16:59

La manera de reaccionar de los pequeños seres hizo que les mirara con ternura. Su manera tan inocente de pensar me resultaba idéntica a la de los niños, bueno, tampoco no era como si yo no me hubiera comportado como uno, he de admitir que de vez en cuando tengo actitudes que incluso yo mismo me doy cuenta que no eran las indicadas.

Aunque… lo aprendí con el pasar del tiempo.

- No es una molestia. – Respondí sonriente-mente al auto-proclamado almirante de la marina. – De hecho… - Coloque mi mano derecha sobre el hombro presionando el mecanismo para que se desprendiera. El brazo salió de su sitio. – El brazo es desprendiesen, no me preocupo por ese tipo de cosas. Además, soy diestro, no zurdo.

>Y contestando a tu pregunta. Este brazo fue fabricado por “el más fuerte de todos”. Aunque no ha salido gratis.

Dexter, ese nombre me trae recuerdos de aquel día. Alguien admirable que desea luchar una guerra silenciosa y sin baja alguna. Alguien cuya lógica suele chocar mucho con la mía. Un hecho respetable. Después de todo, cuando eres el humano más fuerte de la tierra tienes el derecho a hacer lo que te plazca cuando te plazca.

En cuanto a mí, solo soy un fenómeno más de la madre naturaleza. Una especie de humano impostor con cuernos, colmillos y garras. Día a día siento como mi cuerpo se desarrolla de una manera que incluso yo me sorprendo. Madre me dijo hace tiempo que el origen de nuestra gente es algo que incluso ella nunca comprendió, pero de igual manera debía seguir adelante y abrazar esta realidad. Personalmente no me disgusta, pero tampoco me agrada del todo. No soy del todo humano pero tampoco soy del todo un monstruo.

Al final de cuenta soy una criatura.

Una criatura con un simple deseo egoísta. Luchar en la guerra. La batalla ciertamente es algo que me da mucho placer. Luchar contra alguien fuerte que haga que mis límites sean superados más allá. Sentir de nuevo el calor en mi cuerpo, aquel calor que perdí consumiendo mi akuma no mí. Quizás es como Dexter me dijo una vez: “tú y tu madre no están bien del todo de la cabeza”. Y razón no le quito.

Después de todo, no es normal para alguien consiente disfrutar de algo tan macabro y sínico como la guerra.

- Tu kimono será como tú quieras, pequeña. – Respondí tierna-mente. Luego de que ella tomara todo los condimentos que quiso. Observe la cuenta, levante una ceja, no necesariamente por lo caro del condimento, es que era demasiado barato. – Aquí tiene, gracias por su buen servicio. – Ajuste me brazo de nuevo en su lugar e indique a los pequeños que me siguieran, era momento de ponernos en camino hacia una tienda de costura que yo suelo ver mucho. Era momento de cumplir mi promesa a la pequeña mientras seguíamos platicando.

- Ser actor mola bastante. Pero díganme ¿que los motivo a llegar a serlo?
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Mensaje por Thymo Bandle Lun 28 Jun 2021 - 20:09

-AAAAAHHHH- gritó el enano al ver aquel miembro caer desprendido de su sitio -WOOOOOOOHHHH- exclamó al ver que era parte de las funciones de aquel aparato que para él era lo más sofisticado que había visto nuca. -Eso es increíble, hermanita- dijo totalmente boquiabierto de manera casi grotesca. Unas antenas surgieron de su cabeza, órganos sensitivos que ofrecían una mayor comprensión del entorno al pequeño. Tras cerrar los ojos para concentrarse en aquellas nuevas sensaciones que desprendían sus alrededores su cabeza se llenó de vibraciones. Las mismas que emitían los pesados pies de una persona -...Mujer...- cargando algo pesado en sus brazos caminando por las maderas del suelo del mercado -...La desequilibra al caminar, el peso esta mal distribuido...- Aquella información ingresaba en el cerebro del tontatta en forma de imágenes tan nítidas como si las viera con sus propios ojos.
Centrándose en el entorno cercano, focalizó su percepción en el objeto de su interés, el brazo mecánico.
-Es increíble- Volvió a repetir -Pero yo jamás sería capaz de realizar algo así Thym- dijo con seguridad -Es una obra maestra- dijo el pequeño, que no entendía las extrañas vibraciones que las partes mecánicas emitían, debido a los movimientos involuntarios del brazo “muerto”, desprendido del cuerpo. Pero estaba seguro que era increíble.

Lo siguiente hizo que Thymo se tapara los oídos pues sabía que los decibelios de la voz de su melliza llegarían a molestar a los perros cercanos por el ofrecimiento a ir a ver kimonos.
Cuando pudo, el pequeño quito las palmas de sus orejas peludas dando gracias de no poder hacerse vacío y vaciarse el cráneo de lo que era capaz de apretarse. Pero la siguiente pregunta pondría a su melliza el chip de artista, tras lo cual sería bastante difícil meter baza, así que se dedicó a apoyarla en sus pausas para respirar como solían hacer -...Y entonces Horacio le dijo al técnico de sonido que lo siguiera intentando aunque ya estaba llorando. Mi hermanita cantaba tan bien para ser la primera vez que le había emocionado...- -... Sí, vino hasta nuestra casa en persona a decirnos que era un racista y que me necesitaban en la peli pero yo tampoco estaba muy convencido al principio porque...- -... Tan bien bailaba que muchas veces nos decían al resto, que nos habíamos aprendido unos pasos de baile, que simplemente intentásemos seguirla. INTENTASEMOS por que es increíblemente buena y la directora de coreografía lo sabía. Sabía que el resto de bailarines profesionales y yo lo tendríamos muy difícil...- El pequeño era completamente sincero cuando hablaba. Para él, su melliza era la mejor y todo lo achacaba a la increíble capacidad de la pequeña.

La charla duró hasta que llegaron a la entrada de una sastrería. La pared frontal estaba decorada con diversos materiales textiles como muestras de lo que podría encontrarse en el interior. Trozos de radiantes colores competían por destacar, mientras que otras secciones más lúgubres parecían absorber la luminosidad en gamas negras, gris muy oscuro o incluso el azul marino mas oscuro que el tontatta había visto jamás. -Este parece noche cerrada sin estrellas- pensó en alto el pequeño -Seguro que aquí puedes encontrar algo para hacer un disfraz molón- sugirió entonces inútilmente el enano, pues la pequeña ya tenía puesta aquella cara.
Thymo se tapó de nuevo las orejas con sus peludas palmas.
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Mensaje por Thyma Bandle Jue 1 Jul 2021 - 12:41

Mientras la pequeña esperaba la cuenta en el mostrador, el brazo mecánico del capitán se desprendió. Thyma abrió mucho los ojos sorprendida. No pudo evitar comenzar a hacer pucheros, pensando que se le había estropeado. -¿Se ha roto?- Balbuceó. Su gesto cambió radicalmente cuando se dio cuenta de que podía quitarlo y ponerlo a su antojo. Aquello le pareció todavía más impresionante. -Para algunas noches, sería muy útil poder quitarse un brazo ¿A que sí?- Le dijo a su hermano, que estaba totalmente alucinado con aquel artilugio. -Pues claro que lo conseguirás, Thym. Eres un Bandle y los Bandle siempre consiguen sus metas.- Sentenció ante las palabras de su hermano. Thyma sabía lo tenaz que era su mellizo. Conocía su forma de trabajar y nunca dudó ni por un instante que si quería hacer un brazo como ese al final lo conseguiría.

La tendera extendió el ticket de la cuenta y Thyma agarró las bolsas con una sonrisa de victoria en la cara. Entonces el capitán del Erebus dijo las palabras más maravillosas que la pequeña pudiera oír en ese momento. -¡IIIIIIIIIHHHHHHHHHHH!- Thyma chillaba en un tono muy agudo, casi como un silbato, pero en una nota alta y prolongada. Sus pies comenzaron a zapatear sobre el suelo, hasta terminar dando vueltas y saltitos. Tener su kimono propio había sido uno de sus sueños desde que conoció a una actriz procedente de Wano. Cada vez que esa mujer entraba en el taller, ambientaba el lugar con elegancia y glamour. El paso de los años no hicieron mella en ella, pues siempre la acompañaba la esencia de la juventud, rodeando sus viejos huesos. Esa fue la primera vez que vio esa valiosa prenda fuera de las revistas de moda que había por el taller. Ahora Thyma podía elegir el suyo propio, a medida. El capitán pagó la cuenta de buena gana. La Tontatta agradeció la amabilidad y el buen servicio a la tendera. Después se dirigió al capitán, con lo ojos redondos, vidriosos y la voz cantarina. -¡Jo. Muchas gracias capitán. Ahora, después de mi hermano, tú eres la persona más molona del mundo mundial.- Se sentía conforme con su afirmación y la acompañó con una dentada sonrisa.

El capitán recolocó su fascinante brazo y salieron del tendejón. Un pregunta de su boca, activó la faceta más especial de la pequeña. -¡Es lo más guay del mundo! Los focos, los vestidos, la música y la purpurina... ¿Te imaginas algo mejor que eso?- Thyma se adelantó un poco, posó las bolsas en el suelo y dio dos vueltas sobre sí misma, moviendo los brazos de forma exagerada. Casi pierde el equilibrio frenando en seco ante ellos, pero se recompuso con total naturalidad. -El artista nace, no se hace.- Dijo con una sonrisa en la cara. Era normal que, un ser carente de talento y que odiaba los ensayos, pensase así. Recogió las bolsas del suelo y en una sincronización perfecta con su hermano comenzaron a contarle la historia. -La actriz principal de la película abandonó el rodaje antes de empezar y me presenté al casting. Les encanté y me cogieron. La primera prueba fue alucinante, di todo de mi misma...- -...Entonces el bailarín principal, dejó el puesto también al enterarse de que yo sería su pareja...- -...Si, un racista, pero el se lo pierde. Los bailes eran la bomba y los aprendí en seguida, a los compañeros les costaba un poco más y tuvieron que ensayar mucho...- -...Al final la grabación fue un éxito y ahora vamos a compartir nuestro arte por toooodoooo el muuuundo.- Al terminar de resumir su historia del estrellato Thyma miró a su hermano y beso su mejilla peluda, sus palabras habían sido muy bonitas y sabía el enorme esfuerzo que había hecho para realizar su sueño. Gracias a eso estaban viajando por el mundo y conociendo muchas personas. Hasta llegar a este punto donde Thyma estaba a punto de cumplir otro de sus muchos sueños.

La conversación les llevó hasta la puerta de una sastrería. La entrada presentaba distintos retales de diversos tejidos, a cada cual más hermoso a ojos de la costurera. -¿Es aquí?- Preguntó al capitán, mientras tomaba entre sus manos un trozo de seda rosa. Thyma cerró los ojos con fuerza y volvió a gritar como una tetera a punto de estallar. Varios perros salieron huyendo del lugar y una pequeña rata buscó refugio entre unas cajas. La pequeña sabía que si esa seda era la carta de presentación, aquel lugar sería un paraíso textil. Estaba ansiosa por entrar.
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Mensaje por Freites D. Alpha Mar 13 Jul 2021 - 16:35

-Hemos llegado- Dije sonriente-mente. El lugar no parecía la gran cosa, era una tienda más cualquier otra, cubierta por un gran toldo y con diferentes tipos de telas por fuera, personalmente lo considero una manera bastante curiosa de exhibir las telas. Incluso algunas estaban cosidas en el toldo, como parte de la decoración. Siempre que vengo me quedo admirando la curiosa manera de decorar de esta tienda.

-¡Zehahaha! Que grito tan fuerte. – Dije mientras utilizaba el dedo índice de mi diestra para quitar el zumbido que había dejado su potente grito. – Capitán. Siéntase libre de también pedir que le hagan cualquier cosa, va por mi cuenta. – Entre a la tienda con una total tranquilidad, fuimos recibido por una joven dama de unos veinte años a ojo calculo. Cabellera larga de color negro. Su piel era blanca casi llegando a la palidez. Sus ojos eran totalmente azules. Ella vestía un kimono de color azul cielo adornado con bordados de flores, bastante lindo la verdad.

-Ha pasado tiempo, Mingming. – Salude a la costurera y dueña de la tienda inclinando la cabeza.

- Por favor, capitán. No incline su cabeza. Solo soy una mujer que crea atuendos.

- La mejor de todo el Erebus. –Ella solo se sonrojaba y se cubria el rostro con la manga de su kimono. Yo por otro lado incite a los pequeños a dar un paso al frente y que ella los pudiera ver más de cerca.

-¡Que lindos! – Dijo Mingming. Se mostró bastante interesada por el par de pequeños y se acerco un poco mas. Coloco ambas rodillas en el suelo optando por una postura un poco mas comod para ella sentándose. – Soy MingMing, es un placer.

-Ellos son gemelos Thym, la pequeña dama quiere un kimono. El caballero aun esta indeciso. Utiliza tus mejores telas para lograr este trabajo. Va por mi cuenta.

-Como usted mande, capitán.
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Mensaje por Thymo Bandle Sáb 24 Jul 2021 - 21:43

El olor de las telas y productos para teñir y tratarlas no resultaban desconocidos para el pequeño, que los conocía bien tras haber visitado el taller donde su melliza trabajaba en Mirrorball -Buenaaaaaaaassss- Exclamó con una amplia sonrisa en su rostro -Mi nombre es Thymo, y ella es Thyma. Mi hermana es la experta en estas cosas así que la dejaré decidir a ella. Yo siempre he confiado en su capacidad para coser, hacer patrones y todas esas cosas que se necesitan para los disfraces que hace, además mi cuerpo es un poco extraño a la hora de utilizar vestimentas, necesita agujeros por algunos lados, tiras elásticas en otros y posiblemente mas agujeros o en su defecto cremalleras por oootros lados. Solo ella sabe lo que hace, aun así te lo agradezco infinitamente, tanto a ti como al capitán- dijo finalmente guiñando el ojo derecho -Estoy seguro que podrás encontrar alguna tela para apañar los disfraces de abeja, jajaja- dijo a su hermanita antes de que se perdiera en el mundo textil. Por suerte para él, sabía que podría sacarla de la tienda a la fuerza de ser necesario, aunque fuese volando, lo que posiblemente fuese la única posibilidad ya que evitaría que sus pies tocasen el suelo para regresar una vez fuera.

El pequeño disfrutaba tanto como el que más viendo a su melliza con los ojos súper abiertos, en una mueca exagerada cada vez que encontraban algo de su interés. Pero no estaba dispuesto a quedarse sordo con sus gritos, ni a estropearle la sorpresa. Thymo sabía que la pequeña se traía algo entre sus  manos, no había que ser un lince para saberlo, y mucho menos conociéndose como se conocían. Ella podría ocultar lo que estaba diseñando, pero no que algo diseñaba para el próximo disfraz.
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Mensaje por Thyma Bandle Miér 4 Ago 2021 - 13:16

Thyma no podía estar más feliz. Al ingresar en aquella tienda los olores a los tejidos y los diferentes tintes le recordaron a su hogar. La pequeña asentía ante las palabras del amable capitán y también de la sabiduría que emanaba su hermano. Entonces la atención de la preciosa joven de cabellos negros se centró en la pequeña. -Hola señorita. Soy Thyma Bandle . Soy la más mejor sastre, actriz y cocinera de mi casa. Aunque mi hermano Thymo también es muy buen actor. Y quería un kimono tan bonito como el de mi amigo.- Dijo la Tontatta señalando al capitán. La pequeña comenzó a dar multitud de detalles a sobre las telas que emplear, los colores y el patronaje. Parecía que había pensado en ese diseño multitud de veces. Al ver la verborrea técnica que manejaba Thyma, la amable dependienta comenzó a dirigirse a ella de una forma más técnica y profesional. Esa comunicación tan fluida entre las dos costureras, facilitó mucho la creación del diseño, exactamente al gusto de la pequeña.
Thyma se disculpó con su hermano y con su nuevo amigo, debían tomarle medidas y eso no se podía hacer en público, aunque a ella no lo hubiese importado. La de cabellos morenos le tomó medidas y ultimó los detalles del kimono. La pequeña se sentía entusiasmada con la experiencia, pues siempre la había vivido del otro lado. Nunca había sido cliente en su propio oficio. La joven era muy experimentada, para Thyma era un placer hablar en según qué términos con ella. Pues era tan ágil mentalmente como ella. Cuando terminó de tomarle las medidas, la Tontatta se vistió y volvió a la tienda de telas, con una sonrisa en el rostro. -¡Ala, ya está! Esta misma tarde lo tienen listo. Me dijo que no había mucho que coser... Espero que sigua mis indicaciones... Son muchos pasos...- Dijo Thyma algo preocupada. Al momento salió la amable joven con un muestrario de telas. Se las enseñó a Thyma para elegir el peso de las mismas. La Tontatta se sorprendió, porque tenían una inmensa variedad de tejidos. "¿Dónde los guardarán? La tienda parece muy pequeña." Pensaba mientras elegía entre varios tonos rosados. Cuando el tomo se calló de sus manos dejando al descubierto un tejido grisáceo, oscuro y fuerte. Thyma posó sus peludas manitas sobre el tejido y supo que eso era lo que estaba buscando. Cogió el tomo del suelo y se dirigió a la joven. -Quiero tres metros de este tejido y si tuvieras estos otros, quiero dos metros de cada. Ah y el rosa 256 para las flores del kimono.- Dijo apresuradamente dándole una lista a la joven. Ella tomó la nota en sus manos y la repasó con atención. Le pidió unos minutos y se marchó.

Thyma se acercó al capitán y le dijo: -Tienes las mejores tiendas del mundo mundial.- La Tontatta se mostraba muy feliz, pues por fin había encontrado el sitio ideal para abastecerse de piezas textiles difíciles de encontrar. Además había abordado con una buena cantidad de berries y podría comprar en esa tienda todo lo que necesitase. Además el capitán de ese barco le regalaba un kimono tan bonito como el suyo, o más a ojos de la pequeña. ¿Cuántas personas podían decir que habían recibido tal trato del capitán del Erebus? Thyma pensaba que solo ella y su hermano. Ella había nacido para sentirse así. La preciosa joven le devolvió la lista a la Tontatta y le dijo que el pedido estaría preparado junto al kimono. Thyma posó a las curtidas manos de la joven una buena cantidad de berries como prepago al pedido, tal cual solían hacer en su taller.
Tras despedirse de la amable costurera, Thyma regresó junto a su compañía. -Thymo se vienen creaciones espectaculares.- Le dijo con una sonrisa pícara en su rostro. Después se dirigió hacia el capitán. -Capitán, Capitán, ¿Nos deja invitarle a comer algo rico? Hasta la tarde no estará listo mi kimono y las tripas de mi hermano van a empezar a rugir como leones furiosos.- La pequeña hablaba muy rápido y de forma atropellada, menos mal que gesticulaba mucho, con las manos, y más o menos se le entendía. -¡¡¡THYMOOO A COMEEEEEER!!!- Exclamó mientras trepaba hasta el hombro del capitán. -¿Qué se come aquí, señor?- Preguntó mientras meneaba sus patitas para acomodarse.
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Mensaje por Freites D. Alpha Mar 17 Ago 2021 - 5:16

La inocencia de la Tontatta era que rallaba en lo increíble. Es sorprende como puedes llegar a pensar en un momento que es un manojo de ternura y que nunca te hará daño de ninguna manera. Claro, eso es lo que a ciencia cierta parece. Aquellos que subestimen a los Tontattas están destinados a recibir una dolorosa y gran paliza.

Después de un largo rato y una larga confección de un kimono, era momento de ir a otro lugar. Ya comenzaba a darme un poco de hambre y, la propuesta de la pequeña, aunque innecesaria, era más que bienvenida. – Agradezco la invitación, pequeña Thyma. Pero soy yo quien quiere invitarlos a comer en esta oportunidad. – Dije sonriendo a la pequeña que había subido a mi hombro. – Sube tu también, Thymo. En mi mesa nadie paga, es hora de comer y celebrar.

Así fue como me dirigí al bufe del barco. Todo lo que predices imaginar estaba allí. La única regla era no dejar nada en el plato, de lo contrario, tocaría pagar una multa. – Las reglas son simple, comer hasta quedar satisfecho, pero no dejar sobras. De lo contrario, tocara penitencia pagando una gran cantidad de dinero.

El cheff del lugar era alguien bastante mayor y mal humorado a simple vista. Aunque cuando le conocías te dabas cuenta que era un amor de persona. – ¡Todo lo que pueda comer, capitán! – Dijo un mesero, quien nos atendió alegremente. – Conoce las reglas, ni una sola migaja de lo que coloque en su mesa.

Me acerque a la mesa donde se encontraba toda la comida. – Muy bien pequeños, díganme que desean comer y yo lo serviré. Yo comeré hoy… carne. – Decía mientras colocaba una gran cantidad en el plato. - ¡Vamos! No se cohíban. ¿De qué tienen antojo?
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Mensaje por Thymo Bandle Lun 23 Ago 2021 - 14:54

La peluda carita del pequeño se volvió todo ojos al escuchar la invitación del capitán. Con la manga se secó las babas que involuntariamente habían acudido a su boca, y subió al hombro de su nuevo amigo.
Desde aquella posición, Freites podría escuchar al pequeño tragar violentamente lo que podría haber sido medio litro de saliva, al entrar al bufet. Desde aquella altura Thymo podía ver todo lo que había por los alrededores gracias a su esplendida vista. Pero su afilado olfato se volvía loco al captar las salsas reducidas acompañando carnes y las frutas recién cortadas. El pequeño miraba a Thyma y a la comida, a Thyma y a la comida mientras sus pupilas solo veían a su melliza y montones de comida; a su melliza y montones de comida. Nada más existía en aquel lugar para el pequeño. Ni el cocinero, ni las bulliciosas mesas de trabajadores en su turno de descanso, ni siquiera el trío que hacía sonar con mejor o peor acierto ciertas melodías facilonas y pegadizas con instrumentos de cuerda y viento.

Durante unos segundos el tontatta estuvo quieto, callado. Procesando todo aquello como podía. Adoraba comer, así que sacó sus alas y revoloteó de un lugar a otro observando las piezas de carne, los trozos de diferentes quesos y cuando hubo decidido exactamente que quería comer, se acercó a los platos, seleccionó uno y posándolo en un hueco en el centro de la mesa de comida, comenzó a volar entre los cortes seleccionados previamente, sirviéndose exactamente esos pedazos que le habían llamado la atención. Thymo quería probar muchas cosas y no quería pagar la multa. Se había tomado el desafío como un juego y en verdad estaba disfrutando intentando cumplirlo.
Cuando su plato estuvo lleno de diferentes cosas, siempre en raciones minúsculas, lo levantó en el aire con una gran sonrisa dibujada en su carita y lo llevó volando hasta posarlo en la mesa. No podía evitar relamerse ante la perspectiva de probar todas aquellas salsas, pero la decepción llegó a su rostro en el momento en el que descubrió que no tenía pan. Había toda una surtida selección de diferentes panes que llevaba oliendo desde hacía un rato. Pero las ganas de comer lo habían traicionado y no se acordó de agarrar una miserable punta de pan. Y el dilema era grande.
Sabía que podía levantarse a coger tantas veces como quisiera, pero por el momento estaba solo en la mesa mientras el capitán y su melliza llenaban sus platos y tenía miedo de levantarse y que le robasen aquellos pedacitos de magia que había seleccionado en su incursión a por un bollito de pan.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 5 Sep 2021 - 21:32

El capitán se negó a ser invitado. A estas alturas a Thyma ya no le sorprendió. Era lógico que acompañándole nadie querría que pagase un solo berry y mucho menos con su orden dada. Esa era la gran ventaja de codearse con las altas esferas. Algo para lo que la Tontatta, si duda, había nacido. Freites era el jefe de todos ellos y el dueño de todo eso, aun así compartía sus bienes con sus aliados. Un gesto noble por su parte. La pequeña accedió a la invitación, no tenía muchas opciones para negarse. Aun que la idea del bufet n o le terminase de agradar. Tenía sentimientos contradictorios ante esos restaurantes, era cierto que tenían una gran variedad de platos y sabores, pero siempre estaban distribuidas en bandejas muy muy lejos del suelo. Thyma debía guiarse más por su olfato y conocimiento para saber el contenido de los recipientes, que por su vista. Su mellizo tenía la ventaja de poder sobrevolar los alimentos, pero Thyma tendría que subirse por otros medio y ni por asomo pisaría con sus zapatitos cerca de donde se sirven los alimentos.

Llegaron al lugar y en seguida les otorgaron una mesa. Otra ventaja de ser "famosos", nunca hacían cola. El cocinero les notificó las normas del local, las cuales a Thyma no solo le parecieron estupendas, si no que se marcó todo un reto: calcular la cantidades exactas para probar un poco de todo. Thymo salió disparado a llenar su plato. El capitán y Thyma se quedaron unos instantes junto al chef. -Disculpe, señor. ¿Qué plato me recomienda probar primero y cuál el último?- Le preguntó con una dulce voz. El cocinero se sorprendió y respondió con total sinceridad. Thyma seguiría sus recomendaciones, al pies de la letra. Todavía sobre el hombro de Freites, se mostró inquieta. Llegaba el momento de servirse y Thyma no supo cómo gestionar aquello. Hasta que el cocinero, que parecía saber tratar con la gente pequeña, la tomó en una mano, del hombro del capitán y con la otra sostuvo un plato. -¡Vamos, le hago el recorrido!.- Le dijo con amabilidad. La pequeña con entusiasmo en su rostro alzó la voz hacia Thymo. -Mira hermanito, visita culinaria guiada por el chef...- Dijo alegre. Sus ojos estaban entrecerrados y tenía una comisura en cada oreja. El cocinero le explicó cada plato que iban viendo, pronto descubrió los amplios conocimientos de cocina que tenía la Tontatta y cada vez puso más énfasis y tecnicismos en sus explicaciones. Thyma estaba nuevamente en su salsa, metafórica y literalmente. Pronto tuvo el plato lleno con muchas pequeñas raciones, cuando de un vistazo rápido comprobó que su hermano no había cogido pan. -Paremos en los panes. Mi hermano no sabe comer sin él y cogeremos también unos jugos de moras ácidas.- El chef atendió a sus posiciones y con educación la dejó en la mesa. El pan era demasiado grande y no podía sobrar nada por lo que le pidió a su hermano compartir la delicia de semillas. No quería que se enterase de que se había dado cuenta de su despiste. Thymo en cuanto veía carne, no atendía a razones.

Cuando estuvieron todos en la mesa, Thyma preguntó al capitán sobre la elección de sus alimentos y después quiso saber algo más de él. -Oye capitán. ¿Cómo alguien tan joven y guapo puede llegar a ser capitán, de un sitio tan molón? ¿Es por el brazo? Entiendo que le da cien mil patadas a una pata de palo ¿A que si? No hay color.- Thyma le hizo muchas preguntas, incluso le llegó a preguntar si cuando era pequeñito alguna vez había sido más bajito que ellos. Le hacía ilusión pensar que había sido más grande que un futuro capitán. -¡¡¡MMM QUE RICO THYMOOO!!! ¡PRUEBA ESTAS BOLITAS DE PULPO! Se llaman takoyakis.- Exclamó Thyma sin contenerse. Dio un grito agudo y estridente que logro romper una de las copas. Esta vez solo fue una. Acto seguido le dio la bolita que le quedaba para que disfrutara con ella de aquel manjar. -¿Los ha probado, capitán?- Le preguntó finalmente a Freites.
Thyma Bandle
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