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Cuando dos mundos diferentes colisionan... [Privado][Toshiro-Annabelle]

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Mensaje por Hitsugaya Toshiro Dom 17 Mayo 2020 - 20:10

Se acomodó bien el abrigo y empezó a caminar. Estaba en Tequila Wolf y sería, según sus cálculos, el último descanso antes de internarse en el Grand Line. Se sentía listo… O eso creía. No quería caer en la arrogancia y terminar muriendo por culpa de eso. Suspiró y vio como un vaho de vapor salía de su boca. ¿Qué carajos estaba haciendo allí? No lo sabía del todo bien, seguramente algo se le iba a ocurrir o, como siempre, iba a terminar metido en más de algún problema. La ayuda que le habían dado Khan y Kenai, había logrado llegar. Aunque debía tomárselo con calma, la herida si bien había sido curada, era mejor prevenir que lamentar y que se volviera a abrir. Así que intentaría evitar todos los problemas posibles.

Conocía a grandes rasgos la historia de Tequila Wolf, ¿cómo no hacerlo? Era el símbolo perfecto de lo que el poder mal usado podía llegar a hacer. Siglos antes de que la Revolución la liberara, el gran puente se empezó a construir a punta de esclavos comprados o criminales en compensación de sus crímenes. Pasó por varios asentamientos y se quedó quieto, había llegado al final del gran puente y estaba completamente solo. No podía evitar interesarse en lo que había pasado, al menos, hoy en día, gracias a la Revolución, esta isla no era más que una base para ellos.

—Podría intentar capturar a algunos y cobrar su recompensa. No estaría mal del todo —susurró mientras se quedaba mirando el horizonte. Negó con la cabeza, no era el momento para eso, además… Dar un golpe a la revolución podría ser más perjudicial de lo que se creía, le faltaba dinero, sí, pero no era un idiota o una gallina sin cabeza —. Todavía debo recuperarme al cien por ciento y terminar de averiguar que fue lo que me dio la victoria en ese combate…

Se acomodó mejor el gran abrigo de color café, vestía con unos pantalones negros y unas botas rojas y su espada colgaba en su espalda, se quedó de brazos cruzados. Empezó a pensar en Asuna y sus padres y aunque quiso evitarlo en Santo Amanecer, ¿quiénes serían ellos? ¿Por qué sus padres se habían involucrado con ellos? ¿Qué planeaban? Chasqueó con la lengua, molesto. Debía averiguar lo que más pudiera sobre dicha organización o terminar de comprobar si era una estúpida fantasía de alguien que estaba medio muerto. Negó con la cabeza, no era el momento de pensar en todo eso. Quería aprovechar la ventaja de estar solo para planear su siguiente movimiento y como debería llegar al Grand Line. ¿Comprar un barco mejor? Dudaba que la mierda de transporte que tuviera resistiera los embates del famoso “cementerio de piratas”. Los ruidos de pasos rompiendo la nieve le llamaron la atención y lo sacaron de sus pensamientos.

—¿Enemigo? —preguntó sin darse la vuelta. Estaba con los brazos cruzados, aunque dudaba que él o ella pudiera verlo —No quiero tener problemas, ¿sabes? Si quieres pelear, dame unos segundos que estaba pensando en lo mal que hace tener tanto poder o riquezas… El ejemplo perfecto es esta isla —comentó casi sin darse cuenta. Suspiró y se quedó nuevamente en silencio. Movió un poco su cabeza y la nieve acumulada en sus blancos cabellos quedó en el suelo —. Bueno, supongo que da igual, entonces… ¿Enemigo? ¿Posible aliado? —preguntó nuevamente, esperando que no pasara nada de nada. ¿Quién sería? Estaba atento a sus movimientos y con la guardia en alto, aunque sin desenvainar su espada, solo por si acaso.
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Mensaje por Annabelle C. Collingwood Dom 17 Mayo 2020 - 23:00

No se que haces aquíPero no molestes
Sus ojos azulados recorrieron el lugar que se extendía frente a ella notando aquel paraje frio y lleno de nieve, sin que pudiese evitarlo una pequeña sonrisa termino por escapársele por los buenos recuerdos que le traía aquel clima. Después de todo, ella había tenido un gran armario, y una exquisita colección de abrigos y botas de invierno ¿Sabían los plebeyos lo que era no pasar frio? ¿Lo exquisita que era la piel de un animal especialmente cuidado para convertirse en un abrigo? No, la respuesta era obvia. Ellos debían colocarse capas y capas de ropa para poder sobrevivir a aquellos climas, mendigando comida o un poco de dinero para abastecerse de algo en aquellos lugares en los que no podían jugar con la tierra y el barro. Sin pensárselo demasiado comenzó a caminar, notando el humo que salía de las chimeneas de las casas, locales y restaurantes que estaban localizados allí, pero extrañamente, ella no estaba añorando el calor de un buen fuego, la princesa no tenía frio y mucho menos tenia animo de relacionarse con alguno de los tontos que vivían en un lugar que poseía ese clima. Cualquier persona con un mínimo de educación sabía que aquellos lugares eran buenos para pasar el rato, pero no para establecerse. Sin seguir perdiendo el tiempo comenzó a caminar, siguiendo algún sendero, buscando adentrarse en lo que parecía ser un bosque cuyos arboles estaban sin ninguna hoja a la vista y algunos, tenían acumulaciones de hielo y nieve que los hacia volverse más estéticos. Si era sincera, no sabía que hacia allí, no tenía una razón más allá que el ánimo de querer ver más del mundo, y seguir investigando el mar para dibujarlo en sus planos. Aquella era una tarea que la relajaba. Además e que genuinamente lograba sorprenderla la cantidad de capitanes que eran tan tontos como para no tener un conocimiento del mar que fuese adecuado para su posición.

Mientras más caminaba, más se adentraba en aquel lugar, y en un punto de su recorrido pudo ver a la lejanía lo que le parcia un chico. Sin poder evitarlo termino por arrugar el ceño sin dejar de caminar, pero atenta a cualquier cosa. Ella no iba a cambiar su rumbo porque a un extraño se le hubiese antojado quedarse de pie en un lugar al azar ¿Qué tan tonta podría ser la gente para ser algo así? Mientras la distancia se reducía entre ambos pudo ser capaz de notar algo, el cabello de aquel chico era blanco, y no era nieve acumulada en él como había podido pensar en un primer momento. Lo vio moverse, y no pudo hacer más que acercar una de sus manos a una de sus espadas, muchas veces había pecado de confiada, y ya estaba cansada de ello.

Sin que ella lo esperara el hombre rompió el silencio, preguntándole lo que ella quería saber —No me interesa hacerte nada— explico con sinceridad, hablando con aquella suave, pero ligeramente aguda voz, dominada por la eterna soberbia imposible de ocultar —Para decir esas cosas deber ser simplemente alguien pobre que nunca a gozado de ningún lujo— el tono soberbio volvió, y su expresión paso a ser una de fina burla. En su cabeza no había manera de que alguien que hubiese gozado de importancia, hablase así de ello, cualquiera diría que aquello era lo más importante, la idea de que alguien te siguiese sin preguntar ni rechistar —Todos los que lo hemos probado sabemos que no hay nada más importante ¿Estas resentido por no tener nada?— ella no lo conocía, pero no era buena callando sus pensamientos y él, había jugado a tocar uno de sus filos sensibles.

No soy tu enemiga y tampoco tu aliada— volvió a especificar, deteniéndose cuando le faltaba un escaso metro y medio para alcanzarlo —Solo soy alguien que va pasando— comento, manteniéndose alerta, observándolo, siendo consciente de como aquella tela negra que caía desde su nariz acentuaba el azul de sus ojos —¿Y tú eres un enemigo?— pregunto, colocando su mano izquierda en su cadera, cerca también de sus otras espadas.

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Mensaje por Hitsugaya Toshiro Lun 18 Mayo 2020 - 1:34

¿Bajo qué estrella había nacido? Sea quien fuera la persona que estaba a sus espaldas, había tomado a modo personal sus palabras. Ni siquiera lo había dicho con la intención de… ¡Nada! Suspiró. La miró por sobre el hombro y se dio cuenta de que tenía… ¿Tres espadas? ¿Dos? Muchas, terminó por concluir. Si bien había dicho que no era ni aliada ni enemiga, que eso lo había hecho sentirse, más o menos, seguro… Sus actos eran… Raros. ¿Quién se llevaría la mano cerca de su espada si no era enemigo? Él estaba alerta, sí, pero sus manos estaban muy lejos de la empuñadura de su arma. Volvió a mirar el horizonte, pensando en que debería responder… O si era necesario hacerlo. ¿Sería necesario perder el tiempo en algo tan banal como eso? No le gustaban las conversaciones sobre riquezas o poder, las encontraba estúpidas y que no podían llegar a ningún lado. ¿Valdría realmente la pena? Se corrigió, ¿ella lo valdría? Por mucho que lo escondiera, se notaba a leguas su soberbia y arrogancia. ”Esto va a acabar mal…”

Se giró de forma despacio mientras la miraba a sus hermosos ojos azules. Vestía como si fuera un ninja, bueno, no, quizás exageraba un poco, pero no tanto… O eso creía. Una especie de bandana negra cubría su boca y nariz. En su cabeza, una capucha se la cubría. La miró de arriba abajo, analizándola. Decidiendo si era necesario o no entablar algún tipo de conversación con ella, quería responderle, pero tampoco quería armar una tormenta en un vaso de agua. Su instinto le decía que era mejor no hacer nada, quedarse callado y que el silencio, falsamente, le otorgara la razón… Pero su corazón le gritaba que le diera una lección a aquella mujer. ”Que fastidio…” —pensó mientras se rascaba la cabeza. Estaba bastante cerca, más de lo que le gustaría. Medían exactamente lo mismo. ¿Acaso importaba? No, para nada.

No había ignorado el resto de sus palabras. Las tenía en su memoria y estaba pensando que decirle. No pudo evitar recordar sus bellos momentos en Senki. Una isla pobre, que se sustentaba solo con lo que producía. Su casa era pequeña, pero acogedora, nunca le faltó nada, tampoco le sobraba nada. ¿Paraíso? Ni de lejos para algunos, para él… Sí. Podía inferir a grandes rasgos de donde provenía ella o se hacía una idea. Una… ¿Princesa? ¿Hija de un millonario? ¿Una reina que le quitaron el poder? Eran sus tres grandes teorías, solo alguien que lo tuvo todo podría hablar así o bien alguien sumamente egocéntrico y arrogante, en pocas palabras, no tenía nada claro.

—Riquezas, ¿eh? —comentó con tranquilidad mientras daba un pequeño rodeo y generaba un poco de distancia, solo por si acaso —¿Qué es la riqueza? ¿Un enorme palacio? ¿Dinero infinito? ¿Joyas estúpidamente caras? —preguntó sin esperar alguna respuesta. Por sus palabras, sabía que la contestación que saldría de los labios de la chica de ojos azules sería un rotundo sí —¿El mundo a tus pies? ¿Qué te respeten por lo que tienes y no por lo que eres? Si eso es tener riqueza o tener poder… —Tomó una ligera pausa y elevó la mirada al cielo. Se había detenido a propósito, quizás para ver la reacción de ella a sus palabras. Bajó su mirada y clavó sus ojos en los orbes de ella —Prefiero no tener nada de eso y seguir siendo un pobre. Quizás te dé igual, pero te puedo asegurar una cosa, el dinero y poder, eventualmente se pierden… Es efímero, de nada sirve. —Agarró un puñado de nieve con sus manos e hizo fuerza hasta tener pequeños trozos y luego los tiró al aire —Así de fácil y sencillo puedes perder todo.

No sabía si iba a servir de algo o no, lo dudaba, pero… Había algo en ella que lo obligaba a detenerse. No podía saber qué, pero prefería, en cierto modo, confiar en su corazonada y no en su razón. Quizás, como siempre, se metía en algún problema, pero tampoco es que tuviera algo más divertido que hacer y podría llegar a ser interesante ver que sorpresas le deparaba aquella mujer de ojos azules. Entrar en un debate de riquezas y poder no era algo que lo terminaba de convencer, pero… Quería ver hasta donde podía llegar todo aquello. Era una prueba interesante, dos mundos diferentes que habían coincidido por la gracia del destino. Se le quedó mirando y atento, quizás terminaba por reaccionar mal y lo terminaba atacando, pero esperaba que no. Si ninguno de los dos tenía intenciones de hacerle nada al otro, deberían poder seguir en ese camino un tiempo… Deberían.

—Tranquila, no soy tu enemigo, aliado… Según qué circunstancias. Es muy pronto para cerrar esa puerta, ¿no crees….? —Recordó que ninguno de los dos se había presentado. Nunca supo por qué, pero era un hábito casi obligatorio decir su nombre —Perdón, soy Toshiro Hitsugaya. ¿Y tú eres? —finalizó.
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Mensaje por Annabelle C. Collingwood Lun 18 Mayo 2020 - 19:02

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No se que haces aquíPero no molestes
No esperaba que aquel chico se dignase a contestarle, después de todo ¿Qué podría decirle? Él no tenía razón, y a ella le aburrían los falsos moralistas, y lo hacían aún más los mediocres que no querían nada más en su vida que vivir de pequeñas migajas, que apenas le permitieran sobrevivir un día más, manteniéndose delgados por falta de comida y no por empeño al ejercicio. Sus ojos lo observaron poner distancia entre ambos, alejándose como si ella estuviera tan siquiera remotamente interesada en hacerle algo. Annabelle había aprendido a defenderse a la fuerza, la habían arrojada a aquel mundo en el que nadie iba a dar un centavo por ella, muchas personas habían intentado aprovecharse de una bonita y joven chica que no parecía entender nada. Y por apenas escapar de muchas situaciones de peligro, había aprendido a que debía buscar la forma de no ser un blanco tan sencillo, y allí habían llegado sus espadas y un largo tiempo en Shimotsuki, del cual había salido una nueva Annabelle. Nunca se imaginó en una situación semejante, pero ella no iba a dejarse vencer por nada y por nadie, no de nuevo. Ella había tenido que fortalecerse y cada vez se lo hacía más, y esperaba ansiosa llegar al punto en el su fuerza fuese suficiente como para arrasar con la isla que la había olvidado y borrado su existencia, ella sola. Esperaba que su tío y sus hijitos disfrutaran de su palacio, de su ropa y de su trono por el tiempo que les quedaban, pero su tiempo estaba siendo contado, segundo a segundo su final se iba acercando, ella se estaba fortaleciendo y aquel hombre lo único que hacía era regodearse de su aparente victoria. No sabía si el sospechaba que aún estaba viva y no le había tomado importancia, o si de plano él pensaba que estaba muerta. Sus objetivos estaban fijos, y entre ellos, no estaba el usar su espada en un chico escuálido y común en una islucha.

Cuando aquel chico termino de hablar, Annabelle solo pudo soltar una risita, una burla total a la par de que retiraba la tela de su boca y nariz, además de la capucha que cubría su cabello negro azabache, preparándose para darle una lección a aquel chiquillo y que viese en su rostro el desprecio que sentía por sus ideas—¿Ya te sientes mejor? ¿Con eso te consuelas todas las noches por no tener nada?— pregunto, aguantándose una segunda risa mientras se mordía los labios —¿Comes tierra todos los días consolándote diciéndote a ti mismo que la gente te respeta porque eres buena gente? ¿Qué todo está bien porque tus juegos de moralidad se adaptan a tu miserable vida?— sus cejas se juntaron con desprecio y simplemente lo observo de pies a cabeza, torciendo la boca con una burla más que palpable —Por dios, para de hablar que me va a dar un ataque de risa. Por eso me dan asco los plebeyos, siempre conformándose con nada, revolcándose en barro y sin tener una mínima intención de progresar. Siempre jugando a ser felices por tener amor o una estúpida familia y convenciéndose a sí mismos de que no necesitan de nada más— sus ojos se volvieron fríos, como dos témpanos de hielo que adornaban la armoniosa cara de la princesa —El poder te da todo lo que puedas soñar. Te abre puertas que personas como tú solo pueden fantasear, te permite alcanzarlo todo y es un reto mantener tu dinero e invertir en las cosas correctas— al parecer no sabía cómo funcionaba el mundo ¿Cómo podía abrir la boca sin saber nada —¿Piensas que los ricos y poderosos están conformados con idiotas que dejan que lo que tienen se les escape por los dedos?— le pregunto, como si fuese un pequeño niño que no entendía nada de como estaba conformado el mundo.

¿En serio crees que me apetece ser tu aliada cuando dices tantas estupideces juntas?— pregunto, observándolo como si no estuviera segura de sí aquel muchacho era estúpido o no —Antes de que considere algo como aquello, por lo menos deberías ser un poco más listo

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Mensaje por Hitsugaya Toshiro Lun 18 Mayo 2020 - 20:25

Sabía o su razón le decía que sería una pérdida de tiempo. ¿Por qué había respondido? A veces no era necesario responder para demostrar tu punto, pero ya se había metido en un embrollo. Escuchó cada una de sus palabras y no pudo evitar suspirar. ¿Era lo mejor que tenía? ¿Asco a los plebeyos? No era muy diferente a todos los que ostentaban algún tipo de “poder” o “riqueza”, era… Común. Quizás su juicio se había nublado y se había equivocado, quizás solo lo estaba haciendo para pasar el rato, pero ella… Era demasiado común. Nada diferente, nada extraordinario, nada nuevo. —No sé ni por qué me hice esperanzas —pensó con cierta desilusión. ¿Acaso tanto se había equivocado? Quizás lo que lo hacía mantenerse ahí era… Nada. ¿Qué lo retenía? Sabía que de seguir en este estúpido juego no iba a llevar a ningún lado, lo sabía, pero no quería marcharse… No todavía. No había perdido la esperanza de que ella demostrara algo mejor, algo que no fuera tan predecible.

La vio sacarse la bandana y la capucha. Había observado sus gestos. De ella nacía una soberbia increíble y mientras más la escuchaba hablar, más seguro estaba de que había nacido en altas esferas del poder. En bandeja de plata, con todo regalado, sin saber lo que significaba el verdadero esfuerzo. —Común, Toshiro, común. —se repitió mentalmente mientras analizaba que más poder hacer. ¿Acaso sus palabras lograrían romper la burbuja en la que ella estaba viviendo? ¿Acaso serviría de algo? Había que ser un idiota si no se conocía la historia del mundo, de los pecados que se habían cometido y de lo que eso había significado. Halltast era un claro ejemplo, un rey loco que buscaba la dominación del mundo provocó una fiera guerra. No hace mucho tiempo atrás en el evento conocido con La Aguja… ¿Acaso nada de eso le indicaba que estaba completamente errónea?

—Pff —dijo. Su mirada mostraba desinterés —. Eres común. —sentenció de forma seca y fría. No entendía muy bien lo que quería conseguir, pero a este paso nada bueno iba a resultar… O quizás sí, solo había una forma de averiguarlo, siguiendo con esta conversación un tiempo más o hasta que se aburriera —Tus palabras, gestos, formas de expresarte… Es tan común, nada diferente, nada nuevo… Solo alguien más que se cree el dueño del mundo solo porque sí.

Su parte lista, a la cual no le hacía mucho caso, le decía que lo dejara, que era mejor marcharse de ese lugar y no decir nada más. Su parte instintiva, a la cual le hacía mucho caso y ocasionaba que se metiera en muchos problemas, le decía que siguiera adelante y viera con sus propios ojos que es lo que iba a pasar más adelante. Estaba en un poderoso debate interno, algo que debía aclarar lo más pronto posible, antes de que fuera tarde. —¿Qué harías en mi lugar, viejo? —pensó mientras lo recordaba. Él era el que le había inculcado sus valores, además de enseñarle las técnicas con la espada. —Seguir —se respondió mientras no le quitaba la vista a aquella chica que ni siquiera se había presentado.

—Halltast, La Aguja, esta isla —comentó —. Son claros ejemplos de lo que el poder hace, te corrompe y hace que gente inocente muera. Te podría nombrar miles de ejemplos más, pero todos acaban en lo mismo… —Tomó una ligera pausa, se colocó ambas manos en los bolsillos de su abrigo. Seguía repitiéndose que no era necesario, pero tenía curiosidad de lo que podría llegar a pasar —Guerra, dolor, miseria y desesperación. No soy ningún falso moralista ni nada, hablo desde los hechos, de historia, de eventos que fueron gatillados por lo que tú buscas casi por desesperación —prosiguió con calma mientras se iba preparando para lo que fuera. ¿Lo llegaría a atacar realmente? Si seguía presionando de ese modo, quizás era un hecho que no se escapaba tanto de la realidad —. Vives en una burbuja y no conoces nada de la realidad. Como dije, eres común, nada interesante, es todo —dijo mientras se encogía de hombros.

Una suave brisa recorrió el lugar y jugó con sus blancos cabellos. ¿Algún día le haría caso a la parte lista? Era probable que nunca, pero de momento iba bien… Sus instintos funcionaban mejor de lo que imaginaba. Aunque también era cierto que, en según qué situaciones, podría llegar a ceder y tratar de encontrar un punto medio. ¿Qué sería complicado con alguien como ella? Claro que sí, pero le gustaban los desafíos y así es como se lo estaba tomando… A medias, también no negaba que se estaba divirtiendo un poco. No era lo suyo entablar estas conversaciones tan banales, pero con ella era diferente y esperaba saber la razón. Dudaba que lo pudiera hacer, pero no perdía nada en intentarlo, quería confiar, nuevamente, en sus instintos.
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Mensaje por Annabelle C. Collingwood Miér 20 Mayo 2020 - 20:24

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No se que haces aquíPero no molestes
Ella simplemente lo miro, sus azulados ojos fijos en él. Implacables, inclementes y… Desinteresados. No entendía el punto de aquel chico, no entendía porque se molestaba en darle una opinión que ella no había pedido, y que no tenía lógica ¿Esperaba amedrentarla? ¿Humillarla? ¿Creía tener el poder para ello? La situación no llegaba a darle risa siquiera. El mundo estaba lleno de personas como él, personas que creían que realmente sus palabras tenían algún poder sobre otras y que decir un par de cosillas mermaría sus voluntades. Personas que jugaban a tener un grado alto de moralidad echando de lado lo que pensaban, creían y eran otras, jugando a ser especiales, agujas en un montón de paja y que al final de cuentas, solo resultaban burdos charlatanes. Por ello sus ojos se mantuvieron indiferentes y fríos al verlo, sin ninguna reacción a sus palabras necias ¿En su pequeña mente la creía común? ¿Esperaba que ella reaccionase al juicio de alguien que ni en sueños había tenido el mismo nivel del estudio que ella? Si esperaba aquello, el chico era más tonto de lo que ya parecía desde un principio. Los juicios basados en la ignorancia eran lo peor que podían existir en es basto mundo, pero era algo que se repetía día con día en la clase baja, en los estúpidos plebeyos analfabetas. Y aquello estaba reproduciéndose en aquel albino que no paraba de hablar frente a ella. Con delicadeza paso uno de sus mechones azabaches tras su oreja, manteniéndose siempre altiva y soberbia, como la perfecta representación de la realeza que era, como alguien que estaba más que acostumbrada a escuchar las quejas de las personas de su clase, como una obligación entre sus deberes reales. Aquello era rutina, una rutina que le recordaba a sus días en su nido de oro, siendo mimada sin descanso.

¿Has acabado ya? ¿O debo tomar asiento?— pregunto la chica, observándolo con una seriedad palpable. Las palabras de alguien dispuesto a cumplir lo que estaba diciéndole —¿Quieres que llore por lo que acabas de decirme o que me disculpe?— volvió a preguntar, con la misma seriedad y sin cambiar su expresión mientras cruzaba sus brazos en su pecho con elegancia, alardeando inconscientemente de aquella postura por la que había trabajado desde que nació, aquellos modales exquisitos que eran cautivantes de ver —Sea lo que sea que esperes obtener de tu discursillo, mejor déjalo. Es en serio, es patético verte metido de lleno en palabras que ni cosquillas me hacen— declaro, girando levemente su cabeza hacia su derecha —Alguien como tú no podría ofenderme, ni mucho menos hacerme dudar. No tienes suficiente nivel para lograr algo así. Yo llevo estudiando desde antes de que aprendieses a comer por tu cuenta, y estoy segura de que e leído más libros de los que tu podrás leer en tu patética vida ¿Y aun así crees que puedes darme una lección?— pregunto, juntando sus bonitas cejas con desprecio —Yo puedo volver una isla miserable que apenas puede sobrevivir, a una isla prospera, en el que desempleo sea prácticamente inexistente y cada casa sea agradable de ver, aunque este ubicada en el sector “más pobre”. Puedo reformar todo desde cero, llevarme la tarea sobre los hombros y tomar las decisiones correctas… Ahora dime ¿Qué puedes hacer tú? Todo ese juego sobre bondad y justicia ¿Te sirve para algo o son solo palabras?— quería hechos, no jueguitos de moralidad, y si él no podía darle eso ¿Por qué seguir manteniendo una conversación que no iba a ningún lado?

Pero sus próximas palabras la hicieron reír, reír de forma arrogante, pero divertida ¿Él quería hablar de historia? Pues, entonces ella le hablaría de historia —O… La Isla de Cambridge— dijo, mientras observaba sus uñas como si aquello no importase, como si no estuviese a punto de revelar lo que le había marcado de por vida —Una isla prospera, apacible y rica. Gobernada por un Rey y su Reina consorte. Además de la princesa heredera— recuerdos que se esparcían por su mente, un lujoso balcón que le permitía disfrutar de la grandeza de sus dominios —Un día unos piratas lograron llegar al castillo de los regentes ¿Cómo fue aquello posible? Nadie lo sabe. Antes de que pudiesen darse cuenta, el Rey y la Reina cayeron en la sala, con su sangre manchando la cara alfombra. Los sirvientes espantados corrieron a buscar a su princesa, logrando despertarla, pero en medio del caos alguien tomo a la princesa, la noqueo y se la llevo. Nadie sabe que paso con ella ¿Fue asesinada? El cuerpo nunca a sido encontrado ¿Fue secuestrada? Nadie envió a alguien para encontrarla— si él había pensado que conocía las emociones en sus ojos, no iba a estar preparado para la furia, dolor y sed de venganza que se entremezclaban y estallaban en ellos —¿Esta viva? Oh… Eso sería un gran problema para su tío y herederos

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Mensaje por Hitsugaya Toshiro Miér 20 Mayo 2020 - 22:31

Decían que a la tercera iba la vencida, ¿no? Tres intentos y dejarlo pasar o rendirse. Quizás era el mejor momento de marcharse antes de que la situación escalase a más, no iba a luchar contra ella, claro, pero tampoco quería llegar a ese extremo. No dudaba que sería algo, en cierta manera, divertido, pero no era necesario… No si, por lo menos, podían seguir “hablando”. En sí, no lo consideraba una conversación, no iban a llegar a ningún lado. Sus palabras, gestos y expresiones así lo reflejaban, que por mucho que estuvieran debatiendo, intercambiando ideas, no iban a encontrar un punto medio, por mucho esfuerzo o dedicación que el espadachín le pusiera. Suspiró con desgana, estaba aburrido de la situación. Aquella chica no iba a cambiar de parecer ni ahora y, muy posiblemente, nunca.

Le prestó especial atención a lo último que dijo. ¿Isla Cambridge? ¿Rey y Reina muertos? Le sonaba haber leído algo así en alguna noticia, en teoría, la hija de ellos estaba muerta, aunque, en palabras de ella, nunca se había encontrado el cadáver. —No puede ser… —Pensó mientras iba uniendo cabos. Intentó recordar el nombre… ¿Ania? ¿Anne? ¿Emma? Chasqueó con la lengua, sabía que lo había leído. ¡Annabelle Chariot Collingwood! Ella era la hija desaparecida… O eso creía. ¿Acaso podía ser tanta la casualidad? No tenía algún modo de comprobarlo, a menos que intentara tirar de ese hilo y ver hasta donde podía llegar. Saber su nombre era algo, pero conocer la historia era diferente, de forma vaga explicaría porque era como era. La duda era, ¿lo haría para protegerse y no afrontar sus sentimientos? O ¿Lo haría solamente por qué sí? Seguramente sería la segunda opción, pero tampoco es que pudiera leer mentes y saber con real certeza, no era adivino al final de cuentas.

—Interesante, ahora si has llamado mi atención —comentó con una suave sonrisa.

Algo en su interior lo incitaba a afrontar los hechos y ver hasta donde llegaba por ese camino. Podía entenderla y comprenderla, había perdido todo lo que una vez tuvo y ahora estaba obligada a vivir de una forma que, claramente, no le correspondía. Si ese era el caso, no comprendía… Si había visto la desesperación, dolor y miseria, ¿por qué era así? Quizás tenía razón y usaba aquella fachada para esconder sus verdaderos sentimientos. Aunque tampoco podía terminar de descartar que lo hiciera sin razón aparente. ¿Eso era lo que lo obligaba, en cierta forma, a quedarse? Quizás porque algo en ella le recordaba a aquella noticia que había leído tiempo atrás.

—Tú eres Annabelle Chariot Collingwood, ¿no? —dijo, prácticamente seguro de lo que estaba diciendo —La protagonista de la historia que acabas de mencionar, eres tú. Tú eres la princesa que estaba desaparecida, vaya… Supongo que los milagros si existen —comentó mientras la miraba a los ojos —. Todo este tiempo y estuviste sola, pensando en la venganza y volver a lo que era tuyo. Es un mundo cruel incluso para ti, que lo tuviste todo y simplemente lo perdiste.

No había olvidado el resto de sus palabras, pero solo se había fijado en eso. No sabía si su sentido de “justicia” o “bondad”, serviría de algo, pero prefería no comentar nada sobre eso. Había encontrado algo mucho más interesante y divertido. Ella. —Te vas a arrepentir de esto, ¿verdad? —le preguntó su propia cabeza. —Claro, seguramente. —Se auto respondió. ¿Por qué no se iba? Annabelle tenía todos los puntos que no le gustaban de una persona, lo que constantemente rechazaba, pero… Tenía algo que le hacía quedarse y quería averiguarlo, aun cuando fuera a decepcionarse o arrepentirse.

—Entonces, Annabelle… —comentó con una sonrisa, aunque frenó la frase a medio camino. Era un nombre demasiado largo a su gusto y para que mencionar su apellido. —Dios, que largo, Anna, sí, mucho mejor —dijo convencido de que era lo necesario. —. No vamos a llegar a ningún lado si seguimos por este camino, pero creo que te llego a entender, creo. Tengo dos teorías sobre ti —prosiguió, sabía que estaba entrando en un terreno peligroso, pero ¿qué era la vida sin correr riesgos? —La primera, eres así para evitar afrontar tus sentimientos, aunque por lo orgullosa que eres no lo admitirías jamás, pero es la primera. —Se encogió de hombros, pensando en como hilar lo que tenía en mente. —La segunda, solo porque sí, pero eso te haría aburrida y poco interesante, creo que voy entendiendo porque me habías llamado la atención y no me fui cuando empezamos a conversar, pero… Dios, me vas a matar —dijo entre risas.

Inhaló y exhaló aire. No estaba nervioso, pero en unos cuantos segundos había analizado riesgos y beneficios de lo que estaba por proponer. Era una locura y todo su cuerpo lo sabía. ¿Por qué estaba dispuesto a hacerlo? No lo sabía muy bien, pero podía ser interesante o estúpidamente peligroso, pero aun así quería comprobar hasta donde podían llegar ellos dos. Tragó saliva mientras seguía pensando en qué decir o, mejor dicho, como decirlo.

—No pierdo nada preguntando, la verdad —dijo, finalmente —. Me has llamado la atención, quiero comprobar mis dos teorías, porque está claro que no me dirás nada —Tomó una ligera pausa. Tuvo que mover un poco su cabeza para limpiar la nieve de su cabello —. Quiero viajar contigo, los dos. Puede ser interesante y divertido, creo, supongo. Si seguimos cambiando ideologías y formas de pensar, estaremos aquí toda una vida, entonces, ¿por qué no comprobamos quién tiene razón y quién no? Que sea el mundo quien diga quién de nosotros está en lo correcto —comentó con una sonrisa y mirada desafiante.

Se formó un silencio sepulcral. Las apuestas estaban en su contra, si fuera una casa de estas, sería uno contra diez millones y más, pero… De verdad quería comprobarlo. ¿Él estaba equivocado? ¿Ella? Quizás si viajaban juntos encontraría esa respuesta y llegaría a saber mucho más de ella. Había decidido ignorar la conversación sobre ideologías. Eran dos mundos diferentes, pero… ¿Y si era capaz de encontrar un punto medianamente común? Estaba atento a sus movimientos, por si acaso. Quizás se lo tomaba a chiste, que era lo más probable, pero sus ojos y expresión estaban completamente en serio.
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