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Mensaje por Cheshire Dom 23 Mayo 2021 - 15:22

Se podía decir que por fin había tenido suerte en uno de sus viajes. No solía ser así, y por mucho que siempre tratase de evitar los problemas estos llegaban sin poder evitarlo. Así que agradecía estar sumida en una tranquilidad absoluta por primera vez en mucho tiempo. Llegar hasta la ciudad desde la costa había sido sencillo, pues podía observarla desde la distancia -lo que hacía mucho más difícil perderse en la inmensidad del lugar-, y aunque los mosquitos habían resultado ser un incordio, el sol brillaba en el firmamento y no hacía nada de frío. Para ella, que aprovechaba la calidez del día, estaba siendo perfecto. No sabía mucho sobre la isla, pero lo poco que había podido averiguar antes de viajar hasta allí era que los habitantes no utilizaban demasiado los bosques cercanos, y no era para menos. Aunque no vio ningún animalejo en el camino, sí que encontró huellas que podían corresponder con felinos grandes. Los había evitado, desde luego, solo le faltaba tener que huir cuesta arriba de animales que seguramente corriesen más que ella.

La ciudad no era especialmente grande, las casas lucían prácticas pero no extremadamente evolucionadas, y en general parecía que vivían más de la agricultura que de otra cosa. Por eso le sorprendía que la mayoría de los habitantes estuviesen evitándose entre ellos. Era raro, pero desde que había pasado a la ciudad en sí, se fijó en que la cantidad de civiles en los alrededores disminuía enormemente. Los locales seguían teniendo gente, y los establecimientos comerciales estaban abiertos, pero no podía ver a nadie entre los callejones y era raro ver a gente deambulando por allí. Mucho más sin un rumbo fijo en concreto. No es que precisamente fuese a socializar mucho con la gente del lugar, pero era extraño ver semejante comportamiento en la gente.

Como simplemente había decidido utilizar la isla como un lugar en el que reponer provisiones y en el que pasar la noche antes de volver a zarpar, decidió que debía comprar lo necesario para unos cuantos días. Por lo menos para evitar morirse de hambre en el camino hasta su siguiente destino, fuera cual fuese. Hubiese preferido tener la oportunidad de robar las provisiones en el mercado de la ciudad, pero como no parecía que fuese a haber una próximamente, simplemente se dirigió al primer bar que encontró. Situado en el centro de la ciudad, tenía el espacio suficiente para albergar al menos unas treinta o cuarenta personas sin problema alguno, y tenía bastantes clientes. La mayoría estaban repartidos en grupitos, pero incluso había algún que otro solitario por ahí. Y lo que más llamaba la atención era la inmensa barra colocada justo en el fondo de la taberna.

Cheshire se acercó hasta esta, evitando chocar contra cualquier persona que se moviese por el lugar, y tomó asiento en el primer taburete que encontró solitario y ajeno a los demás. Como llevaba la capa cubriéndole prácticamente todo el cuerpo, evitó chafársela al sentarse y con tranquilidad miró a la señorita -de unos treinta y pocos- que servía tras la barra. Su cabello era de un tono castaño y poseía unos ojos algo alicaídos.

- Buenas tardes, ¿qué le sirvo? - Preguntó. En su voz notó un deje de cansancio, pero ella no resultaba el tipo de persona que se preocuparía por los demás y se entrometería en sus vidas sin un motivo, así que simplemente sonrió un poco y miró a su alrededor.

- Un vaso de agua y si tenéis estofado o algo así para comer sería estupendo.- Seguramente aquello acabase doliendo en su bolsillo, pero tenía hambre y cansancio y por una vez no le importaba gastar algo de dinero para estar más tranquila. A su alrededor apenas había murmullos, algo más que añadir a la cosa de extrañezas que estaba viendo en aquella ciudad.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 24 Mayo 2021 - 2:06

Tu concepto de "chica dura" siempre había logrado fascinarme. Vale, era cierto que en lugar de recogido en una coleta con lazo rojo llevabas el pelo suelto, y que en lugar de vestido tapado ese día habías optado por una camiseta escotada de tirantes que dejaba ver con cierta precisión la filigrana de tu pecho. También era cierto que el color amarillo te sentaba bien, y que bajo la falda algo más corta de lo que acostumbrabas los cuchillos estuviesen casi perfectamente visibles en un liguero te daban un aspecto... Particular. Sí, particular; pero no duro. A pesar de que llevases un par de pulseras y te parecieses más a cualquier muchacha del vulgo en Queens Plaza, poco más parecías que una adolescente tardía en medio de una última fase rebelde.

Sin embargo, te quedaba bien.

Habías optado por esa indumentaria a raíz de la profesión tan estúpidamente vocacional que habías elegido. Influenciada por tu poca cabeza y tu ímpetu suicida te habías convertido en cazadora de fortuna, una suerte de mercenaria que atrapaba criminales a cambio de una -bastante jugosa- comisión. Pero los cazadores de recompensa eran gente dura, así que llevaban faldas cortas, medias de rejilla y tops de color amarillo. También collares apretados y pulseras de pinchos -aunque no tenías ninguna-, así como armas a la vista. No dabas miedo; como mucho inspirabas una suerte de ternura salvaje, como la producida por ver un bebé tigre o algo así. Una máquina de matar, pero en unos años.

Estabas todavía por Karakura. Mientras decidías tu destino y con el cheque de Clayton guardado a buen recaudo en el barco habías optado por no salir todavía a alta mar. Si bien la gente todavía te miraba con una mezcla de miedo y admiración -en realidad poca gente te recordaba ahora que no ibas embadurnada en sangre fresca, pero tú tenías una cierta inseguridad al respecto- te había gustado el lugar, por lo que habías alquilado una habitación en uno de los pocos hoteles de la isla. Hotel, no taberna. Hotel. Seguías siendo una niña pija, por muy tía dura que pretendieses aparentar. Y no, no parecías una tía dura. ¡A nadie so lo parecías, Alice!

Qué tonto, si no me oyes.

Todavía en la habitación del hotel miraste tu mano. El día anterior había sido duro; aún te dolía un poco moverla, pero todo parecía estar bien soldado. Tal vez no debías forzarla, pero te encontrabas en perfecto estado para salir a dar una vuelta, quizá incluso para divertirte un rato. Con suerte encontrarías algo que hacer y si no, a las malas, podrías ir repasando poco a poco los carteles de criminales que se habían repartido a los cuarteles del North Blue. De ese modo saliste de la habitación cerrando la puerta a tu espalda y comenzaste a caminar por las calles, perdiéndote por los mercados sin preocuparte por nada más.

Una cosa que notaste respecto a tu llegada era el clima de tranquilidad antinatural que dominaba la isla. No era una calma orgánica, una quietud agradable o un silencio plácido, sino más bien ese instante que precedía a la tormenta. No preguntaste a ninguno de los vendedores, pero darte cuenta de que las calles estaban claramente vacías salvo por unos pocos individuos de no muy buenas pintas te hizo sospechar un par de cosas. Aun así no dijiste nada; lo primero era obtener información. Por eso buscaste entre las ventanas el bar más lleno que pudiste encontrar. Los locales de hostelería solían poseer el curioso don de ser inmunes a casi cualquier evento, estando llenos o vacíos en función del número de clientes habituales, que al mismo tiempo tendían a ser una fuente de información fiable para conocer rumores y "qué decires". Tal vez por eso entraste en uno de tipología curiosa, aunque seguramente te atrajo la extraña barra que, lejos de ser lateral, se encontraba al fondo del salón.

- ¡Buen día! -saludaste enérgicamente con una sonrisa. Otro afable gesto de Alice, la chica dura, mientras avanzabas hacia la camarera con seguridad-. ¿Conoce algún sitio donde pueda encontrar una buena copa de blanco arabastense y rodaballo en salsa? -Di que sí, que las pijerías son muy propias de la gente recia.

De todos modos poco importaba, porque negó con la cabeza sin comprender.

- Tenemos blanco joven y estofado de carne o de pescado -contestó, con cierta sequedad. No fue descortés, solo seca. Si era nervio o cansancio no lo sabías, pero habrías apostado por lo primero-. Si no, puedo tenderte el menú y le echas un ojo. -Intentó sonreír, pero le salió mal.

- Una cerveza estará bien, entonces. Pero negra, por favor. -Evitaste concretar en esa ocasión-. Carne. Un estofado de carne puede estar bien; no me apetece mucho pescado si no puede ser rodaballo, la verdad. -Trataste de sonreír con amabilidad-. Gracias por todo.

Buscaste una mesa con la mirada, pero en realidad perseguías una panorámica de lo que se encontraba por el local, y te sentaste a una de las banquetas altas. La barra era tan buen sitio para comer como cualquier otro, y la camarera desde luego era posible que poseyese más información que cualquier otro.
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Mensaje por Cheshire Mar 25 Mayo 2021 - 11:04

No sabía si entrar allí había sido un error o no, pero empezaba a creer que tendría que haber buscado información en otro lugar. Una vez, Mara le dijo que el mejor lugar para investigar y obtener datos sobre un sitio era una buena taberna y desde entonces se había guiado bajo esa premisa. Claro que no en todos los lugares funcionaba y no en todas las tabernas había información, pero le había servido bastante. En aquella, sin embargo, todos hablaban en susurros demasiado tenues. No solo eso, tampoco comentaban nada que pudiese ayudarle a averiguar por qué todo estaba tan vacío. Casi parecían temer hablar de algo que no fuese el clima. Precisamente porque el ambiente de un bar tendría que ser cordial y agradable resaltaba todavía más la ausencia de emoción en la gente.

Llevaba un par de minutos esperando la comida. Tenía hambre, no lo podía negar, pero lo que más le preocupaba era no saber por qué el ambiente era así. Durante esos minutos no había parado de prestarle atención a la camarera desplazándose de un lugar para otro. Intentaba averiguar si había algo raro en sus gestos, y aunque a cada paso que daba parecía agotarle todavía más, no había nada que pudiese servir de ayuda. Por lo que podía ver, la mujer trataba de parecer simpática con los demás a pesar de su cansancio, pero era obvio que no se encontraba del todo bien.

Estaba a punto de intentar entablar una conversación medianamente larga con ella cuando vio la puerta abrirse por el rabillo del ojo. Esperaba encontrar a otro pueblerino de la zona entrando solo para estar callado, pero se topó con algo que no se esperaba para nada. Se quedó sorprendida al ver a una joven con un top amarillo y medias de rejilla entrando a la taberna sin más, con alegría. Al instante se dio cuenta de que ella tampoco era de allí -pues destacaba entre todos los demás-. Y si lo era, tal vez no entendiese el tipo de estela funeraria que el resto dejaba. Pidió comida sofisticada, a pesar de que no parecían el tipo de taberna en la que podría encontrar algo así, y finalmente se sentó en la barra. Sin decir nada, siguió sus movimientos con la mirada hasta que la tuvo lo suficientemente cerca.

- Perdona, siento interrumpir-. Empezó la conversación con una voz suave, aunque no interrumpía realmente porque había esperado a que acabase de hacer su pedido-. ¿Eres de aquí? - Por sus pintas, su elegancia y el porte que tenía consigo y que resaltaba como un aura intuía que no, pero quién era ella para juzgar un libro por su portada-. Estaba preguntándome por qué todos parecen haber venido de un funeral hasta que has llegado tú-. Compuso una pequeña sonrisa mientras giraba un poco el taburete para poder fijarse mejor en ella. Sin duda era guapa, o eso le parecía. Lucía como el tipo de chica a la que los hombres silban cuando van por la calle, pero de la que tener cuidado por si acaba sacando una navaja. Hermoso, pero letal.- Acabo de llegar, así que estoy un poco perdida, pero no entiendo lo que está pasando.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 25 Mayo 2021 - 14:52

Tal vez fue que el ambiente era antinaturalmente tranquilo lo que te hacía sentir un poco incómoda. Quizá la mirada agotada de la camarera o el tic nervioso que detectabas en su mano derecha, o los susurros y cuchicheos que se daban cada pocos segundos pero no llegaban a germinar en ninguna clase de conversación era lo que te enervaba. Quizá que el local estuviera en casi total silencio fue lo que te hizo saltar en el asiento cuando alguien se dirigió a ti.

Era una muchacha. Había algunas mujeres más allí, pero solo ella tan joven. No parecía de por allí aunque su ropa no era particularmente diferente, si bien la calidad resultaba similar a las del resto. Aunque, haciendo honor a la verdad, te costaba discernir la calidad de cualquier cosa que no se pudiese valorar en al menos cinco cifras como, por ejemplo, el curioso aparatejo que llevaba a la cintura. Por un instante el susto se volvió emoción y sonreíste mientras buscabas en sus ojos el mismo tipo de complicidad -a pesar de que desde que abandonamos Hallstat no habías vuelto a ver el ascensor a los cielos resultaba difícil olvidar cómo era-. Seguramente a otra gente le hubiese frenado ver la ausencia de respuesta en el rostro de su interlocutor, pero ignorando por un momento su pregunta señalaste a su cinturón:

- Oh dios mío, ¿conoces a Illje? -Vale, era oficial: Hacías demasiados aspavientos-. ¡¿Qué tal está?! ¿La has visto hace poco? ¿Anda de vuelta por aquí?

A lo mejor había vuelto a Hallstat para encontrar la villa hecha cenizas. Tal vez estuviese preocupada, creyendo que te había pasado algo grave. Cabizbaja, tu sonrisa se perdió por un instante. ¡Tenías que escribirle una carta cuanto antes! Pero también necesitabas volver al mundo real, ese donde una chica te había preguntado si sabías lo que estaba sucediendo en la isla. Volviste a establecer contacto visual, encogiéndote de hombros.

- Ni idea -contestaste-. La verdad es que yo me estaba preguntando lo mismo; ayer todo estaba muy animado, pero hoy...

El sonoro siseo de la camarera ordenó silencio, alterándote por completo. Miraste a todas partes, comprobando que la tensión era evidente. Los ojos de los parroquianos se clavaban en ti y en la otra chica, aunque había algunas sutiles diferencias. Algunos transmitían cierta agresividad, mientras otros puro terror.

- No pasa nada -atajó la mujer, con una energía impropia y una alegría que era evidente que no poseía-. Ayer fue día de circo y hoy se descansa, eso es todo.

Completó su mentira piadosa con una risa falsa. Tú alternaste un par de veces entre ella y la muchacha, no evitando buscar una vez más entre los parroquianos. Habías visto esta situación con anterioridad.

- En esta isla hay piratas. Ahora mismo.
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Mensaje por Cheshire Mar 25 Mayo 2021 - 16:55

No esperaba que se sobresaltase con las preguntas o el inicio de conversación en sí. Tampoco esperaba verse ella misma algo incómoda al romper el silencio del lugar. Por norma general prefería mantenerse callada y dejar que el tiempo pasase sin más, pero incluso aquella pequeña introducción a una charla resultaba excesiva en aquel bar. Comprobó por las miradas que algunos se dedicaban entre sí que les incomodaba que hubiese algo que no fuese un absoluto silencio. Si no hubiese sido porque había recopilado algo de información del lugar antes de llegar hubiese llegado a pensar que se trataba de una moda de la isla o algo así. Pero no, era extraño y quería averiguar por qué los civiles habían dejado de sonreír y de pasar un buen rato entre ellos.

Los gritos de la chica no ayudaron en absoluto a calmar las miradas de los demás. Aunque había esperado que por lo menos contestase alguna de las cosas o que explicase por qué lucía diferente al resto, se limitó a señalar aquel artefacto que le habían regalado y a hacer preguntas que no tenían demasiado sentido para ella. ¿Quién era esa mujer que mencionaba? Atando cabos intuyó que se trataba de la persona que le había mandado esa carta junto al extraño y útil objeto, aunque hasta ese momento no sabía su nombre ni nada sobre ella en realidad. Con un ligero gesto abrumado, negó un par de veces.

- Lo siento, en realidad no la conozco... Me mandó esto como regalo hace un tiempo-. Encogió suavemente los hombros. Aunque no estaba tan animada como la joven, sí que mantenía una sonrisa entre su rostro a pesar de todo. Y es que le hacía ilusión que alguien conociese a la persona que le había hecho tal impresionante regalo-. ¿Dices que se llama Illje? Estoy deseando conocerla para darle las gracias-. Tal vez, si había conseguido alguno de sus objetivos, incluso pudiese agradecérselo invitándole a algo o semejante. Eso esperaba, al menos, ya que la amabilidad sería recompensada con amabilidad.

Tal y como ella decía, la ciudad había estado poco animada desde ayer. Igual sí que había habido algún tipo de asesinato por el que la gente del pueblo estuviese preocupada, o quizás algún tipo de incidente extraño. No le sorprendería que la mayor parte de una ciudad conociese a alguien lo suficientemente influyente o algo así. Antes de que pudiese hacer más preguntas, la camarera se acercó solicitando silencio entre ambas, y la idea de que fuese algo propio de la ciudad regresó por unos instantes. Pero no, no era así. Había algo que ocultaba y que estaba intimidando al pueblo tanto que ni siquiera querían hablar con los demás. En cuanto mencionaron la palabra piratas, la joven se puso alerta.

No es que temiese a los piratas precisamente, pero la forma de decir aquello le hacía sentir incómoda. No todos los piratas eran malos, eso también lo sabía, y comprendía que algunos podían tener unas aspiraciones diferentes. Pero si de verdad allí había algún otro pirata además de ella y estaba silenciando al pueblo, entonces debía ser uno de los malos. Tragó saliva, preocupada, pues otra de las opciones -aunque menos probable- era que estuviesen callados en su presencia porque sabían que se trataba de una pirata. Teniendo un cartel de se busca... esperaba que no fuese eso. Odiaría ser el motivo de incomodidad de la gente. Y para asegurarse, volvió a recorrer el bar con una mirada, entre incómoda y agobiada.

- ¿Crees que...? - No terminó de formular la pregunta, y la planteó nuevamente en su cabeza antes de hablar-. ¿Crees que están siendo amenazados por piratas? O por alguien, en general...- Chasqueó un poco la lengua, dejando un par de toquecitos silenciosos con los dedos enguantados sobre la barra. Miró a la tabernera, quien no parecía querer responder a nada de lo que decían, y bajó todavía más la voz-. Oye, si estáis bajo coacción... puedo ayudaros. No deberíais dejaros amedrentar por gente así-. Finalizó. Quería borrar un poco la idea de que los piratas tuviesen que ser malas personas en todo momento, y por eso se ofreció a ayudar.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 25 Mayo 2021 - 17:55

Lo primero que sentiste cuando respondió fue un pinchazo en el corazón. Si ni siquiera la conocía y le había enviado un regalo a ella también, ¿qué tenía de especial el que te había dado a ti? Luego, resistiendo la tentación de hacer un puchero -ibas vestida de chica dura y las chicas duras no lloran- recapacitaste por un momento, dándote cuenta de que por mucho que el artilugio pudiese ser alguna extraña estrategia publicitaria era a ti a quien le había dicho que deseaba estar durante su primera hostia. Por miedo nunca habías llegado a probarlo, pero todavía escondías la carta en el reloj de collar que te había regalado al conoceros.

Aun así, que no estuviera te decepcionó un poco. No saber cuándo volveríais a veros era una sensación complicada. Te alegrabas de que no hubiese visto lo que quedaba de la villa, pero no podías evitar tener ganas de encontrarte con ella y repetir otra loca mañana de vino y tatuajes. Tal vez en esa siguiente ocasión fueses tú quien la tumbase sobre la camilla y no al revés, aunque sonreíste rozándote el hombro mientras recordabas la suavidad con la que te había marcado.

- Sí, Illje -confirmaste, asintiendo enérgicamente-. Metro ochenta, pelo muy clarito, orejas de conejo, un pompón por cola, un buen... -Te detuviste ahí. Las señoritas no decían obscenidades si deseaban encontrar marido. Y aunque tú no querías un marido, sí eras una señorita. Una señorita dura, pero una señorita-. Un buen par de piernas. ¡Son larguísimas! -Dios mío, otra vez los aspavientos-. Y tiene una cara súper tierna, dan ganas de achucharla, como de hacerle así. -Acompañaste tus palabras agarrándote los mofletes con suavidad y tirando un poco. Se te quedó la cara un poco enrojecida, pero si no tenía una pésima impresión de ti ya, ¿cómo tenerla ahora?

La situación no tardó en tensarse cuando la sombra de los piratas se extendió por la taberna. Un nuevo siseo de la camarera, miradas alteradas y la repentina conversación acerca de lo bien que había estado el circo en los últimos días fueron cosas que te hicieron saltar las alarmas. También el momentáneo estado de alerta en el que entró la muchacha cuando lo mencionaste te dio mucho que pensar. Ella estaba claro que no era de por ahí, pero obviamente todo el mundo temía a los piratas. En el mejor de los casos se trataba de tunantes que viajaban por los mares alterando la paz y, en el peor, enanos sobre una gallina que buscaban la guerra sin fin. Pero, lejos de achantar y decidir ocultarse en cualquier agujero lejos de ahí ofreció su ayuda a la camarera.

Miraste hacia tu mano de nuevo, abriéndola y cerrándola. Tal vez no estabas al cien por cien, pero con un poco de cuidado también podías hacerte cargo de quienquiera que fuese. Aún habías conseguido una recompensa hacía menos de veinticuatro horas, dándote tanto dinero que habrías podido pasar un mes sin cazar, pero la adrenalina ya estaba tomando las decisiones por ti y antes de que pudieses pensarlo dos veces dejaste tu placa de cazarrecompensas sobre la barra.

- Yo daré cuenta de esos indeseables -afirmaste. Y no, no parecías una chica dura-. Siempre y cuando se pague bien por ellos.

En realidad el dinero te daba igual, pero tenías la idea en la cabeza de que los cazarrecompensas hablaban así, por algún motivo. De ese modo también sacaste un taco de carteles del bolso.

- Solo decidme cómo se llaman y les faltará tierra para correr.
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Mensaje por Cheshire Mar 25 Mayo 2021 - 21:32

Intentó grabar en su cabeza la descripción sobre esa tal Illje, precisamente por si daba el caso y se la encontraba en alguna parte del mundo en alguno de sus múltiples viajes. Aunque el mundo fuese tremendamente grande, si lograba visitarlo entero tal vez lograse toparse con ella en algún momento. Sería bonito poder agradecérselo, así que atendió perfectamente a la descripción intentando hacerse una imagen mental de cómo podía llegar a ser. En cuanto al pompón y las orejas... se imaginó todo lo contrario a la realidad: una joven que llevase orejas postizas y una especie de pompón mullidito en el culo por algún motivo desconocido. Aunque detuvo la imagen que se estaba formando de ella en cuanto la joven se llevó las manos a la cara y se estiró sus propios mofletes. Cuando se puso roja, le provocó una ligera risa que se extendió por la estancia sin poder evitarlo.

- Espero poder conocerla pronto, entonces. Parece una persona alegre por lo que dices-. Limpiándose una lágrima que se deslizaba por su mejilla a causa de la risa, simplemente sonrió un poco. Para su desgracia, el momento de animosidad y tranquilidad se deshizo en cuanto prosiguió la conversación sobre los piratas.

Aunque ella misma se consideraba un pirata -y pretendía seguir siéndolo-, nunca había entendido la idea de que pudiesen llegar a dañar tanto a alguien, por lo que la idea de perseguir a esos criminales junto a la chica, que también se estaba ofreciendo a ello, le ilusionó bastante. Como no sabía las habilidades de las que podría disponer el enemigo, toda ayuda sería bienvenida. Además, la joven parecía tener información al respecto. Aunque únicamente fuesen unos carteles de se busca. Si lograban identificar al criminal entre aquellos carteles, podrían asumir un poco la dificultad de captura y derrota que tendría.

- Disculpa, ¿puedo echar un vistazo contigo a los carteles? Si no te importa, me gustaría ayudarte a capturarle.- Comentó, acercándose un poco, no lo suficiente para tocarse o para sentirse incómoda, pero sí para poder ver un poco por encima. En realidad lo que más le ilusionaba de ver diferentes carteles no era el propio criminal al que pudiesen estar buscando -que también-, lo que quería era verse a sí misma. Precisamente Illje le había confirmado su presencia en los carteles de se busca, y sentía curiosidad-. Pasa el siguiente, pasa el siguiente, por favor-. Con completa ilusión, sonrió muy ampliamente dejando una mueca de infantil ilusión. Como si fuese un niño guiado por la impaciencia y la esperanza de verse retratada.

A partir de ese momento, si aquella joven decidía colaborar con ella incluso después de ver su cartel de se busca, entonces podrían llegar a librar aquella ciudad de los criminales y, tal vez, demostrar que el propio mundo pirata estaba diferenciado entre los desgraciados que aprovechaban para sembrar el terror y las personas queriendo ser libres.

- Por si acaso, no necesito llevarme recompensa por él, únicamente pretendo limpiar un poco el nombre de los piratas y encargarme de aquellos que ponen la mano encima de inocentes-. Eso último lo dijo más por lo bajo, tratando de evitar que la gente tuviese más miedo del que ya tenían.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 25 Mayo 2021 - 23:00

Como era de esperar al principio no te tomó en serio, pero a medida que tu sonrisa iba dejando paso a un rictus serio pequeñas marcas que podían identificarte como chica -un poco- dura salieron a relucir: La cicatriz -bastante bien curada, casi inapreciable- de tu pómulo, los diversos tatuajes... Bueno, no parecías todo lo recia que te creías, pero desde luego conseguiste causar una cierta atmósfera de confianza dentro de la taberna. Frágil, casi inexistente, en medio de un precario equilibrio que podía romperse en cualquier momento, pero confianza al fin y al cabo.

- Hunky Dunky -dijo en voz muy baja, casi a tu oído-. Es un criminal sanguinario que acumula una recompensa de...

No hiciste demasiado caso del precio, pensando que ya lo encontrarías por ti misma, y comenzaste a mover con cierta ansiedad los carteles de delante hacia atrás, leyendo y releyendo los nombres para matar dos pájaros de un tiro. Había piratas desde un millón hasta los setenta y cinco, y un tipo de pelo blanco y gabardina muy parecido a Billy "el pecas" con un precio que, sin duda, era una errata. Nunca había oído hablar de ese hombre. La primera vez habías llegado a creerte que podía ser real, pero nadie podía valer tan...

Miraste a la aparentemente inocente chiquilla que se asomaba por tu hombro con cierta curiosidad, arqueando una ceja. En tus manos una imagen suya y un nombre cuanto menos evocador. Devolviste la mirada a los carteles y lo pasaste sin hacer ningún comentario, llegando tras un par de iteraciones hasta el hombre que os interesaba: Hunky Dunky. Tenía forma de huevo, aunque llevaba un ridículo peluquín de color malva y una gabardina verde pistacho, cerrada. Bajo ella se detectaba una camisa de cuello demasiado amplio y una pajarita hortera, pero lo que más te hizo palidecer fue darle la vuelta a la hoja y encontrarte el desglose de delitos que había cometido.

- Asalto, asesinato, extorsión, robo a mano armada, sabotaje... -recitaste, sin ponerle demasiada pasión. Era una pena que en los carteles no añadiesen ningún tipo de advertencia o información más allá de sus crímenes-. Parece que estamos frente a un grande, ¿No, Cheshire?

Miraste hacia la pirata una vez más. Su recompensa no era demasiado alta y no parecía que fuese alguien execrable; a lo sumo, alguien que había tomado unas cuantas malas decisiones -entre ellas enorgullecerse de llevar recompensa sobre su cabeza-, pero no una criminal al uso. Cierto era que podías estar equivocándote, pero si Clayton ya había resultado un dolor insufrible en el trasero esta chica, sumada a Dunky, podría ser una pesadilla. Era mucho mejor tenerla como aliada mientras pudieses.

Lo bueno de ser cazarrecompensas, al fin y al cabo, era poder elegir a tus presas. Y si bien Cheshire podía ser una criminal, ¿cómo no confiar en alguien que sacaba su nombre de tu libro favorito?

- Prefiero a medias. -Si iba a trabajar la mitad era justo que cobrase la mitad-. Ya vale suficiente, ¿no te parece?

Además, no lo hacías por el dinero. Lo hacías por la emoción.
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Mensaje por Cheshire Vie 28 Mayo 2021 - 1:54

Le preocupaba un poco el tipo de criminal que pudiese ser aquel pirata acechando en las sombras de la ciudad. En gran medida eso se debía a que los únicos piratas a los que había conocido rondando por el North Blue habían resultado ser personas completamente peligrosas y con un nivel de poder considerable. También por ello agradecía que esa joven estuviese dispuesta a ayudar, y ya que la gente de por ahí parecía confiar más en ella, supuso que sería capaz de adecuarse a las circunstancias. Intentó no presionar a la tabernera, pues prefería permanecer al margen si eso suponía que ella pudiese confiar en su compañera cazarrecompensas. Y tal como pensó, así fue. Hunky Dunky no le sonaba de nada, pero tampoco creía que pudiese identificar a alguien solo por su nombre. Encogió los hombros y se fijó en el precio. Si lo repartían, eso supondría un grandísimo avance de cara a conseguir un barco y, más importante, podría pasar tiempo sin morirse de hambre. Así que definitivamente tenía que atraparlo. No solo por su honor como pirata, también por su estómago y las ropas que quería comprar y que ya rondaban por su cabeza.

Conforme iban pasando las hojas de los carteles, el nerviosismo aumentó, pero consiguió mantenerse firme y no mostrarse excesivamente emocionada. Lo estaba, desde luego, pues para ella ser reconocida por el gobierno ya resultaba un firme avance a lo largo de sus objetivos, pero no pretendía ni quería hacer sentir incómodos a aquellos a su alrededor. Y menos a la joven que no dudaba en compartir con ella las imágenes de los criminales buscados de aquella parte del océano. La verdad es que no consiguió prestar mucha atención a ninguno en específico. Al menos hasta que llegó a Billy "el pecas", y tuvo que contener la risa. ¿Era cosa suya o ese hombre se parecía increíblemente a Ivan? Supuso que en algún momento, si es que volvían a verse, le preguntaría si tenía hermanos. No lo creía, pero peores cosas había visto a lo largo de su vida.

Y por fin llegó a su cartel. Nada más verlo, la sonrisa se le ensanchó en el rostro, ocupando prácticamente toda la cara. La ilusión centelleaba en sus ojos y estuvo a punto de derramar una lagrimita de felicidad. Tal y como pensaba no habían escrito su nombre real -algo que le preocupaba enormemente desde que supo que tenía un cartel semejante-, y utilizaban el apodo por el que llevaba años llamándose a sí misma. Cheshire quedaba bien en aquella hoja, centrado y perfecto junto a su imagen. No era reciente ni mucho menos, podía decir fácilmente que se trataba de una foto tomada casi sin querer en alguna isla invernal, pero no le preocupaba demasiado. Para ella, era perfecto.

- ¿Eh? - Reparó inmediatamente en que la joven le había hablado. Y, cómo no, le había reconocido en los carteles. Que no hubiese dicho nada resultaba de agradecer. Recapacitó un poco en cuanto le había dicho y asintió varias veces-. Parece que tendremos que ocuparnos antes de que siga dando más problemas, ¿no crees? - Lo que más le preocupaba era que pudiese seguir causando daños al pueblo antes de detenerle, así que removió suavemente sus manos con un destello de impaciencia. La violencia no solía ser el camino que ella elegía -aunque últimamente se había visto envuelta en demasiados problemas semejantes-, pero no había otra alternativa en un momento así.- ¿De verdad que quieres compartir la recompensa? - Preguntó, pues tampoco quería suponer un problema. Si ella se dedicaba a eso, o si necesitaba el dinero para subsistir, prefería que ella se lo quedase a acaparar algo que podía conseguir con tiempo, un poco de dedicación y sus manos. Rechazar tanto dinero parecía algo propio de estúpidos, pero ella solía ser así de subnormal en momentos delicados.

En cualquier caso, necesitaban prepararse y ver dónde demonios podía estar escondido ese hombre. Tal vez la tabernera supiese algo más al respecto, pero no sabía hasta qué punto compartiría la información con ellas. Quizás si le aseguraban que nada le ocurriría... Entendía que no quisiese dar información sobre un criminal acusado de asesinato y un montón de crímenes más, pero de alguna forma lo que sí que no comprendía era que, frente a quienes querían ayudar, se quedasen callados. ¿Harían lo mismo si se tratase de agentes del gobierno? No lo creía.

- Disculpe...- Se aproximó un poco a la barra, apoyándose de forma que pudiese hablar en un susurro muy tenue-. ¿Sabe algo de su paradero? Nos sería muy útil...
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Mensaje por Alice Wanderlust Sáb 29 Mayo 2021 - 16:42

Te extrañó que preguntase de nuevo. La mitad de lo que valía Dunky era suficiente para llevar una vida modesta durante casi noventa años, o lo que para ti significaba lo mismo: No preocuparte más por el dinero en una temporada. Claro que darle la mitad de su recompensa a otra pirata favorecía que el crimen floreciese en los mares, pero había muy buenas razones para repartir equitativamente: La primera de ellas era que era lo más justo teniendo en cuenta que iba a resultarte mucho más sencillo gracias a ella, pero también estaba el hecho de que ella no parecía particularmente peligrosa. En el futuro si seguía cometiendo delitos podrías llevarte un buen botín por ella, pero no era el momento ni el lugar, mucho menos cuando se había visto tan dispuesta a ayudarte. Aparte, darle la mitad podría hacer que tras cobrar pensase dos veces si deseaba atracarte o no; todo ventajas.

- Si dudas una tercera vez me lo voy a quedar yo todo -bromeaste, adelantándote hacia la barra junto a ella mientras preguntaba a la camarera-. Sí, cualquier cosa que sepas podría ayudarnos.

Ella negó con la cabeza un par de veces. Luego, sumamente airada, negó con un grito:

- ¡No! -exclamó-. ¡No sé nada, no me preguntéis!

Dejó la barra para perderse tras la puerta de la cocina. Tal vez para Ches hubiese pasado desapercibida la trayectoria de sus ojos, pero para ti fue clara como agua cristalina; había piratas en la taberna. No resultaba fácil distinguirlos a primera vista dado que -a pesar de la mitificación alrededor de estos- solían llevar ropas variopintas los más ricos e indumentarias comunes los que estaban más bajos en la cadena de mando. No obstante si bien hacía un momento habías visto la agresividad en algunas miradas ahora eras capaz de entender el por qué. Más despiertas que antes, cuando te giraste para mirar se habían polarizado los parroquianos entre los que te evitaban y los que miraban hacia ti con mucho interés. Demasiado interés.

Decidiste ignorarlos por el momento y rebuscaste entre los carteles quiénes pertenecían a la tripulación de Dunky. Él valía un precio importante, pero no por ello su tripulación no tendría recompensa; además, quizá en un segundo vistazo encontrases a alguien dentro de la taberna. Por probar que no fuese.

- Qué curioso, su segundo al mando se llama Tweedle. -En realidad, se llamaban. Era una pareja de piratas siameses-. Si pudiésemos entregar a los dos...

- ¡Ey, zagalas! -me interrumpió un hombre desde su mesa. También el estruendo de la silla al arrastrarse-. ¡Dos mujercitas tan lustrosas no deberían meterse en líos tan grandes!

Comenzó a avanzar. Decidiste ignorarlo, pero no fuiste capaz. Te quedaste escuchando cómo arrastraba los pies al caminar, cómo rozaba la tela entre sus muslos y el metal con el que se adornaba -o quizá el oro de su bolsa- resonaba como una campanilla macabra. Notaste su aliento fétido y el olor a alcohol se esparció por tu asiento mientras el hombre se posicionaba entre vosotras dos.

- Es un mundo peligroso, y vosotras muy osadas... -Sonrió. Le faltaban demasiadas piezas, pero aun así sentiste que le sobraban-. Pero sería muy descortés pasaros por la quilla; os merecéis algo más cómodo.

Llevaste una mano a la pierna, agarrando con firmeza uno de tus cuchillos, y esperaste.
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Mensaje por Cheshire Mar 1 Jun 2021 - 20:15

La idea de tener semejante cantidad de dinero en cuanto pudiesen atrapar al criminal le hizo sentirse a salvo. Y que ella confirmase que podrían tener cada una la mitad era agradable cuanto menos. En cierto modo había preguntado otra vez por estar completamente segura y poder empezar a hacer planes mentales en su cabeza. Aunque había aprendido que no era bueno pensar en las cosas antes de haberlas conseguido, no podía evitar emocionarse. Era una cacería en toda regla, con sus más y sus menos, sus villanos de cuento y una recompensa justo después de sus actos. Algo maravilloso que hacer en un pueblo que parecía más aburrido que otra cosa. Y, por si fuera poco, si eso conseguía ayudar a sus habitantes... sin duda era espectacular.

Cuando la mujer se negó a contarles cualquier cosa que supiese, sin embargo, no pudo evitar decepcionarse un poco. Sin la información que pudiesen darles los civiles seguramente irían mucho más lentas. ¿Qué pasaría si los criminales decidían huir sin más? No, tenían que hacer algo para evitarlo. Pero ir detrás de la mujer atosigándola no era una buena forma de tratar a las personas y estaba segura de que le traería más problemas que ventajas. ¿Y si luego pensaba que ella estaba de parte de los piratas o algo así? Se había propuesto hacer que ellos confiasen un poco más en los piratas y aprendiesen a diferenciar entre los buenos y los malos, y ese no era el modo.

- ¿Siameses? ¿De verdad hay un par de piratas siameses? - Preguntó, pues aunque había estado siguiendo la trayectoria de la mujer con la mirada, había atendido a su nueva compañera de aventuras. Parpadeó un par de veces, sorprendida. Tenía varias dudas sobre aquello, como por ejemplo si les subían la recompensa al tratarse de dos personas en el mismo cuerpo o si compartían una única. O si habrían aprendido algún tipo de estilo de lucha utilizando la coordinación de sus movimientos. Por desgracia, sus pensamientos se vieron interrumpidos drásticamente por un molesto hombre gritando.

Suspirando suavemente, se giró un poco en su dirección simplemente para observar el esperpento al que tendrían que aguantar. No era la primera vez que se topaba con ese tipo de gente. Bandidos, o simplemente estúpidos creyéndose los reyes del mundo por tener un par de monedas en sus bolsillos. Patéticos. Por si fuera poco, el hombre empezó a avanzar hacia ambas, empeorando por mucho la visión que tenía de la taberna. Olía peor que los cerdos después de revolcarse en su propia mierda, y aunque escuchaba el metal entre su cuerpo -algo atractivo para cualquier ladrón que se preciase- se negaba a tratar de asaltar a esa bestia. Incluso bestia era una palabra demasiado amable para semejante ser.

- Tal vez me plantee tirarte a ti por la borda después de pasearte como el cerdo que eres entre las calles de la ciudad. Quién sabe, quizás así el aroma a mierda que desprendes desaparecería.- Mirándole de arriba a abajo, se apoyó sobre la barra. Un gesto de asco se formó en su rostro, pero no pudo evitar sonreír un poco. Parecía el tipo de hombre capaz de querer lanzarse a por ellas simplemente para intentar demostrar su superioridad, así que juntó sus dedos esperando a ver si tomaba la iniciativa.- No te ha dado nadie vela en este entierro, así que...- Con sus dedos, hizo un gesto despreocupado meciéndolos para señalar que se alejase.
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Mensaje por Alice Wanderlust Sáb 5 Jun 2021 - 1:13

Los segundos pasaban tan despacio que se sentían como horas. Te mantenías alerta como un animal acorralado, lista para sacar las garras cuando se abalanzase ese monstruo sobre ti. Tu corazón latía con fuerza, más de la que podías soportar. La sangre circulando taponaba tus oídos, amortiguando casi por completo las palabras de Cheshire que, aun así, oíste.

Por un momento fue como si toda la tensión desapareciese. La cara de incomprensión del mamarracho ese era casi relajante, pero en cuanto ambos fuisteis capaces de razonar la profundidad de esas palabras el miedo regresó, mucho más intenso. A medida que su ceño se fruncía y su sonrisa socarrona se rompía en una expresión malencarada tu instinto gritaba que salieses corriendo. Debías refugiarte del temporal, escapar de la tormenta que se avecinaba. Aferrabas el cuchillo en tu muslo con tanta fuerza que te estabas clavando las uñas por debajo del cuero, pero entonces el tipo echó a reír. Como un puto loco, echó a reír.

- ¡Pero quién te has creído que eres, mocosa! -rugió, sin dejar de reírse-. ¿No te das cuenta de tu lugar? Mira a tu amiga, ella sí sabe comportarse. -Te señaló. Tú apartaste la vista, algo intimidada, mientras pensabas en cómo afrontar el problema. No podías cortarle el cuello antes de saber cuántos más había de los suyos en la taberna. Tampoco sabías si podrías hacerlo; era enorme-. ¡Deberías enseñarle modales, chica!

Seguiste agarrando el cuchillo con fuerza. Los carteles seguían sobre la barra, e inevitablemente él reparó en ellos. Con una sonrisa torcida se inclinó hacia ti, dejando su mentón casi apoyado sobre tu hombro. Era terrible, el aliento le apesataba más aún de cerca, y el simple pensar que estaba tan cerca te provocaba náuseas.

- Pero no creas que me olvido de tu trabajillo... Si quieres unos berries, hay algo que podrías cazar tanto como quieras.

- Preferiría que no -dijiste, ruborizada. Sin embargo, con un tono incomprensiblemente íntegro, proseguiste-. Le agradecería que aparte su asquerosa boca de cerdo de mí y vaya a cepillarse los dientes. -A veces no sé de dónde sacabas esa valentía. Aunque bueno, supongo que nunca estuviste muy bien de la cabeza-. De hecho, le pediría que si estima su integridad física se aleje al menos dos metros de mí antes de tres segundos.

- ¿Qué?

No le dejaste tiempo a reaccionar. Antes de contar siquiera hasta dos, habías desefundado el cuchillo y lo clavaste en su mejilla. Desde luego, esos cambios de planes y semejante impulsividad... Por suerte salió más o menos bien. Más o menos. Él dio dos pasos atrás, o tres, gritando mientras se llevaba las manos a la herdida, y otros cinco hombres se levantaron de sus asientos. ¡Bien, ahora sabías cuántos eran! La mala noticia era que os superaban en tres a uno.

- Que no me toques, cerdo -dijiste, como si hiciese falta reafirmarlo, ignorando que ahora eran muchos más-. O te mato.

Oh, sí. Qué chica más dura. Si no fuese porque no imponías en absoluto, seguro que habrían temblado de miedo.
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Mensaje por Cheshire Lun 7 Jun 2021 - 4:49

Tal y como pensaba, aquel hombre era poco más que una bestia con apariencia humana -más o menos- y unos modales tan burdos que incluso el paleto más paleto del pueblo podría llegar a darle lecciones de comportamiento. Que alguien pudiese aguantar delante de él más de dos minutos sería digno de alabanza, pues su olor podría ser considerado incluso un delito grave. ¿Es que nadie enseñaba a ese tipo de gente la existencia del jabón y el agua? Suponía que no. Pero incluso aunque supiesen de su existencia, dudaba que tuviesen la capacidad intelectual de utilizarlo adecuadamente. Y así acababan, intentando intimidar a dos jóvenes en una taberna llena de gente. Como si sus bocazas pudiesen llegar a ser algo más que patéticas.

Precisamente porque sabía el tipo de calaña que era aquel hombre, ante su contestación no dijo nada. Esperó pacientemente, pues si decidía intentar algo contra la nueva compañera que se había buscado entonces sí que tendría un problema. Uno grave, desde luego. Entendía que no se podía juzgar a alguien por su portada, y aquella chica le había demostrado con su comportamiento que era mucho más de lo que aparentaba. Un disfraz perfecto que presentar ante los demás, valiente y decidida en los momentos importantes pero callada en según que momentos adecuados. Ante la repugnante y mediocre capacidad de expresarse de aquella mala bestia, Cheshire compuso una mueca asqueada. A algunas personas deberían darles lecciones sobre cómo tratar a los demás, desde luego.

Para su sorpresa, su nueva compañera resultó tener un pico de oro. Como si nada, sorprendió a aquel hombre, que parecía continuar en sus trece con respecto a ella. Y antes siquiera de que pudiese darse cuenta, tenía la mejilla sangrando. Alguna gota carmesí salpicó, pero no le importó. En su lugar, soltó una carcajada de satisfacción. Por fin el cerdo tenía la cuchillada que se merecía, y nada más. En realidad le pareció impresionante que, de un momento a otro, pudiese pasar de parecer una niña tierna e inocente a lo más agresivo del planeta. Definitivamente, si hubiese estado en el bando contrario, se hubiese asustado de sus palabras. Pues, aunque su apariencia no era para nada intimidante, su semblante sí que lo era. Y eso era lo que más valía de todo.  

- Bueno, pues ya sabemos cuántos estaban por aquí-. Dijo en voz alta. Se acababan de levantar cinco tipos repartidos entre la taberna. Algo de diversión si no fuese porque estaba segura de que no durarían mucho contra ambas. Echando un poco atrás su capa, deslizó una de sus katanas, que fulguró en un tono plateado intenso como siempre hacía nada más ser extraída de su vaina.- ¿Nos los repartimos? Puedes quedarte con los de ese lado.- Señaló la zona que tenía más cerca ella, y después a los que estaban en su extremo-. Y yo este.- Ondeando suavemente el filo de su espada, dejó caer una de sus manos cerca de su cintura. Le parecía un buen momento para practicar. O por lo menos, uno tan bueno como cualquier otro-. ¡Venga, vamos a bailar! - Con una sonrisa en los labios, compuso el primer paso hacia aquellos energúmenos en pos de comenzar aquella especie de baile que siempre resultaba ser una buena pelea.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 8 Jun 2021 - 1:08

Las palabras de Cheshire te devolvieron a la realidad. No porque no fueses consciente de lo que habías hecho, sino porque no habías baremado del todo las consecuencias y estas terminaron por golpearte en la cara una a una. No literalmente, claro, pero ahora tenías delante a seis hombres -aunque ella fuese a encargarse de la mitad de ellos- y estabas en un entorno lo bastante cerrado como para que cualquier paso en falso acabase contigo recibiendo golpes de realidad, uno tras otro y de forma muy pero que muy literal. Además habías escuchado al gordo, y no creías que fuesen a conformarse con pegarte una paliza.

- Definitivamente me he precipitado -concediste, de forma retórica, en voz alta. Una para cada tres siendo más grandes, seguramente más fuertes y al menos, en lo que a ti te concernía, más resistentes. Sin duda no había sido de tus ideas más brillantes-. Creo que necesito algo un poco más contundente.

No tenías una espada, pero guardabas en el interior del bolso una pistola de chispa. La sacaste y mientras se iban acercando tal vez con demasiada cautela a ti apuntaste a uno de ellos. Era larguirucho, con ojeras y una coleta canosa. Sonreía como si no le importase en absoluto, pero levantó las manos lentamente hasta que estuvieron por encima de su cabeza.

- Una niña tan mona no debería jugar con esas co...

Apretaste el gatillo. La bala se depositó limpiamente entre sus cejas sin que pudiese completar la frase, y se derrumbó arrodillado antes de caer boca abajo sobre el suelo de madera. Tu arma solo tenía una bala, pero pareció que el miedo impidió que los otros se abalanzasen sobre ti el tiempo suficiente como para que tomases una decisión.

- Fuera -dijiste-. Esto no es un juego y vuestras cabezas no valen nada. Largaos ahora.

Lo cierto es que tras haber asesinado a un hombre a sangre fría parecías definitivamente imponente, o al menos más imponente que antes. Sin embargo lo que el miedo inicial pareció frenar la furia aventó, y antes casi de que pudieses razonarlo habías saltado sobre la barra para evitar que te diesen un botellazo en la cabeza. Pero no bastó.

Uno de ellos rompió el cristal contra la madera mientras el otro agarraba uno de los taburetes. Ese se quedó atrás, pero el del improvisado puñal optó por acercarse cuan rápido era -que no era muy veloz, en realidad- para que no pudieses evitarlo, y rodaste en una voltereta por la barra hacia atrás para evitar la puñalada que te esperaba de quedarte quieta. Mientras tanto, Cheshire no parecía estar tampoco en la mejor de las situaciones...
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Mensaje por Cheshire Miér 16 Jun 2021 - 15:21

Siempre había querido estar en una pelea de bar. En una de verdad, al menos. Cuando era más pequeña había escuchado historias de Mara, de cómo ella había sobrevivido a varias y de cómo alguna que otra de las cicatrices que tenía habían sido producidas en esas peleas llenas de desafíos y diversión. Igual que conocía las historias de esas cicatrices, también sabía que ella no había luchado en ninguna de esas peleas sin motivo. Y quizás por eso mismo estaba tan determinada a seguir luchando contra esos babosos. Se podía considerar un buen motivo para continuar, ¿no? Esperaba que luego la decisión de continuar no se chocase de lleno contra ella.

Sabía que girarse y comprobar el estado de su nueva compañera no sería especialmente satisfactorio. No porque verle luchar no fuese un espectáculo digno de admiración, sino porque en el mismo momento en que se girase hacia ella seguramente acabaría con un feo y profundo corte. Y desde luego no le apetecía para nada empezar a sangrar justo en ese lugar lleno de, posiblemente, unas cuatro o cinco infecciones que coger. Frente a ella se encontraban dos hombres lo suficientemente gordos como para que la joven Cheshire sintiese algo de envidia. Desde luego debían de llevar años alimentándose bien, algo que ella no había podido disfrutar en demasía. Por lo demás no tenían ningún rasgo especialmente destacable. Uno de ellos estaba prácticamente calvo y ambos tenían cara de mal genio, posiblemente porque unas jóvenes como ellas estuviesen amenazando su reinado de caos y opresión.

- Qué caras de tontos tenéis-. Comentó, manteniendo la sonrisa en su rostro. Desde que había optado por enfrentarse a ellos apenas había recibido un par de toques de sus sables contra su katana y no podía decirse que estuviese disfrutando demasiado de la pelea. Se había esperado un intenso combate en el que sus voluntades chocasen y solo el más fuerte pudiese sobrevivir... y lo que había recibido era a dos borrachos apestosos preguntándose entre miradas qué hacer.

Cuando por fin uno de ellos se dignó a atacar, tal vez movilizado por las palabras de la joven o porque por fin se habían puesto de acuerdo, escuchó el ruido de un cañón al ser disparado. Esa vez no pudo evitar mirar por el rabillo del ojo a su compañera, quien acababa de abatir al primero de los energúmenos que habían optado por enfrentarse a ella. Por desgracia, ese simple movimiento, ese acto de preocupación por la seguridad de la otra joven le hizo distraerse momentáneamente, y uno de sus rivales acertó un corte en su brazo derecho. No parecía demasiado profundo, pero sí que escocía lo suficiente como para molestarle.

Chasqueando la lengua, frunció con suavidad el ceño y volvió a mirar hacia delante. Ladeó un poco la katana de forma que el sable no pudiese llegar a romper el filo en caso de impactar directamente contra su espada y echó el brazo hacia delante. Tenía experiencia en combates en los que le superaban en número, así que esperó a que el otro se acercase para tratar de golpearle y entonces se agachó, dejando que fuesen ellos dos quienes se golpeasen entre ellos. No podía llamarse una estrategia muy premeditada, pero así eran las peleas de bares de las que había escuchado. Aunque ellos no parecían disfrutar tanto de ese tipo de espectáculo, y no tardaron en levantarse, algo molesto por los jueguecitos.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 25 Jun 2021 - 18:40

Un golpe. Era todo lo que ellos necesitaban para hacerte caer. Un simple golpe mal dado, o con más fuerza de la que podías soportar, bastaría para dejarte tirada en el suelo como una muñequita de trapo, inmóvil y respirando muy suavemente no se te fuesen a astillar más los huesos. Por suerte no lo sabían o su confianza se habría visto sobredimensionada, pero en apenas unos segundos tu pelea se había convertido en un ejercicio de gimnasia rítmica del que más pronto que tarde tus tobillos iban a resentirse; y cuando llegase ese momento, estabas vendida.

Te mantuviste a la espera, desenvainando el segundo de seis cuchillos. El primero se te había caído al suelo, te quedaban cinco. Cuando terminases podrías recogerlo, pero si bien el tipo de la botella pensó bien su siguiente paso el de la banqueta comenzó a acercarse a la barra, saltando hacia su interior. Estaban flanqueándote, y si te lanzaba el taburete tendría el otro seguramente un mal movimiento que aprovechar mientras esquivabas. Ambos sonreían, en contraste absoluto con la silenciosa grada de espectadores sentados con un rictus fúnebre y la aterrada mirada de la dueña por el ventanuco de la cocina. Tú también sonreías, pero porque ya te empezaba a molestar un poco la espalda.

Decidiste actuar rápido. En un movimiento imprevisible diste una segunda voltereta, esta bajando de la barra hacia Cheshire. La banqueta voló, seguramente lanzada por instinto, pero tú ya estabas en el suelo, y si bien un tajo de la botella te rozó el hombro, este no llegó a hacerte sangre.

Te levantaste al lado de uno de sus rivales. Este, también sorprendido, tardó más de lo que habría querido en reaccionar. Enarboló su sable por encima de la cabeza y trató de descargarlo contra ti, pero lo esquivaste y antes de que lo subiese atrapaste su muñeca con una mano, clavándole entre el cúbito y el radio el cuchillo, con tanta fuerza que llegaste hasta el final del filo. Soltó en el acto su sable, pero ya que estabas optaste por subir el tajo hasta el codo mientras tirabas de su antebrazo, haciéndolo caer. Gritaba de dolor, pero tú solo cogiste su sable del suelo, volviendo a poner atención en tu combate.

- Perdón por quitártelo -te disculpaste con un tono que en absoluto recordaba a una disculpa-. Si quieres puedes quedarte uno de los míos.

Tu comentario pudo ofender al que estaba detrás de la barra, pero el otro se rio. De alguna forma seguía sin percibir peligro alguno en dos adolescentes, aunque una de ellas acabase de demostrar... Bueno... Ese ansia homicida que te caracterizaba en cuanto te ponías un poco agresiva. Siempre pensé que era el reflejo de una cierta inseguridad, aunque tú solías achacárselo a la poca paciencia y a la necesidad. Al fin y al cabo, el honor se lo podían permitir los caballeros. Las niñas con huesos de cristal ya tal.

Con dos menos solo quedaban cuatro, y te fuiste posicionando poco a poco: A tu izquierda dejaste al gordo de la cara sangrante. Con él se había ido tu cuchillo, pero tampoco parecía tener muchas ganas de fiesta. Respiraba fuerte, apenas caminaba y seguía perdiendo sangre a pesar de que la mayor parte de su herida ya tenía una costra granate. Por su parte, a tu derecha estaba la espalda del pirata de Cheshire, y frente a ti el de la botella rota. También el de detrás de la barra, que te observaba a tiempos mientras rebuscaba algo bajo la tabla. Esperabas que no hubiese una escopeta.

- Aún puedo dejaros marchar, si pagáis una módica cantidad.

Sabías que no aceptarían, pero querías molestarlos. Al fin y al cabo, si no ahora, ¿cuándo?
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Mensaje por Cheshire Mar 10 Ago 2021 - 6:37

Se dio cuenta en seguida de que su compañera no necesitaba ningún tipo de ayuda. A decir verdad, le parecía que incluso podía arreglárselas mejor que ella. Quizás, después de su pequeño numerito con ellos, lo mejor fuese simplemente terminar los juegos y acabar con ellos antes de que la cosa se complicase todavía más. Ella no era del estilo sádico en cuanto a las peleas se refería, hasta el momento no había atacado a nadie que no lo mereciese o que le hubiese atacado antes. En ese caso, aunque podía parecer que ellas hubiesen provocado la pelea, en realidad eran ellos quienes habían comenzado. Y precisamente por ello lo mejor sería acabar rápido para demostrarles el tipo de persona con la que estaban tratando. Ensuciar sus espadas no era algo extremadamente agradable, y tampoco quería mancharse las manos de sangre -una vez más-, pero no había otra opción.

Así que cuando volvieron a levantarse finamente y se colocaron uno a cada lado de ella, supo que las tonterías habían terminado. Dejó que su sonrisa se desvaneciese y únicamente quedase aquella concentración propia de una batalla sobre ella, determinada en finalizar con aquello cuanto antes para dejar clara su posición y sus objetivos. A su alrededor veía los rostros de aquellos hombres, que se miraban entre sí para intentar encontrar una buena estrategia. Y por el rabillo del ojo consiguió distinguir el carmesí que empezaba a llenar ya la taberna. Soltó un suspiro, sujetó sus espadas con fuerza y colocó la pierna izquierda algo más adelantada que la derecha.

Uno de los hombres atacó entonces. Se acercó lo suficiente como para que la joven pirata, con un rápido movimiento, diese un corte rápido sobre el brazo del maleante. Con semejante corte limpio, éste se vio obligado a dejar caer su arma. Una ligera ventaja de cara al enfrentamiento, pues así por lo menos no volvería a ser herida. Aún le escocía el último golpe, después de todo. Soltó un suspiro, pues todavía no había terminado la cosa, y observó con profundidad al otro hombre, aquel que continuaba flanqueando como si estuviese esperando el momento idóneo en el que atacar. Hasta el momento había supuesto que estaban coordinados, pero tal vez se había equivocado y únicamente estaban borrachos, intentando distinguir exactamente en qué les había metido su jefe. O quienquiera que fuese ese cerdo que se les había acercado.

Respiró hondo. Aunque había conseguido tirarle el arma y ahora el hombre se sujetaba el hombro cuidando un poco de la herida no podía confiarse. Tragó saliva y movió la mano en la empuñadura de su espada apenas un centímetro. Lo único que odiaba de una taberna semejante era el poco espacio del que disponía para actuar. Sobre todo teniendo en cuenta que ellos eran más. Resultaba difícil encontrar un espacio por el que moverse bien sin que ellos tuviesen la oportunidad directa de golpear. Así que se centró en su mirada. Había aprendido con el tiempo que los ojos pueden llegar a resultar un problema real, pues gracias a ellos es posible averiguar los movimientos previos. Y con él no fue diferente.

Abalanzándose directamente sobre ella, se vio obligada a agacharse nuevamente. Viendo que, sin embargo, esa vez el otro hombre intentaba aproximarse, torció una patada en su dirección, consiguiendo asestarle directamente sobre la cara. Escuchó el crujir de huesos y supuso que se trataba de su nariz, puesto que esta empezó a sangrar a borbotones. No tardó mucho en levantarse, preparando el filo, aunque acabó golpeando al otro con la empuñadura directamente en la barbilla. Por suerte para ella, fue lo suficientemente meticulosa como para no tocarle con las manos. Tras haberle golpeado -y gracias a que con ello perdió un poco el equilibrio-, terminó por trazar un corte con la mano contraria sobre su abdomen. Empujarle con la pierna no fue necesario, pues se tambaleó contra una de las mesas cercanas. La herida no era extremadamente profunda, pero sangraba como mil demonios y, de no tratarse, podía ser fatal.

Podría haber intentado cualquier otra cosa. Podía haber evitado hacer que sangrase. Pero al igual que ellos no se habían contenido, ella no lo haría. Al fin y al cabo, habían ensuciado el nombre de la piratería y les estaban causando problemas a ella y a su nueva compañera. Y por ello se merecían lo que les pasase.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 10 Ago 2021 - 15:21

En perspectiva, analizaste cada pequeño detalle. El ojo de uno, el brazo de otro y Cheshire empezaba a encargarse de un tercero. Había un tipo tras la barra y dos más, lo que visto lo visto podría considerarse una victoria técnica, ya que de un seis para dos estabais en un dos para cuatro en el que uno de ellos seguramente no pudiera moverse a causa del dolor en su cara. A pesar de este cierto optimismo, preferiste no dejarte confiar. Si a aquellas alturas aún no habían salido corriendo significaba que, inequívocamente, preferían morir antes que llegar derrotados frente a su capitán. Eso si no eran como tú, claro. Tú nunca huías. Aunque en tu caso la imposibilidad de correr hacía que el factor acorralamiento fuese sensiblemente más fuerte que la media.

Mientras la acción comenzaba para la pirata, para ti por un momento pareció haberse terminado. Las miradas de los delincuentes se cruzaban entre ellas y buscaban la tuya por momentos, como si estuviesen frente a un animal salvaje. Se alejaban de ti mientras trataban de acorralar a tu compañera, y era normal. Mientras que Cheshire golpeaba con una suerte de esgrima pulida y elegante tú habías descargado tajos brutales con un simple cuchillo, buscando puntos de dolor antes que dejarlos fuera de combate. Eso te hacía más peligrosa en el uno contra uno, claro, pero mucho más vulnerable en desventaja dado que debías ser dada a dejar tu defensa abierta. Al menos, así lo supusiste porque, visto lo visto, habías quedado como una puta loca. Aún menos mal que no se te había manchado demasiado el conjunto, aunque iba a pasarse una semana en agua con sal cuando terminases el trabajo.

Dejaste de pensar, y actuaste. Si trataban de cercar a la pirata tenían que dejar sus espaldas al descubierto, así que te fuiste abriendo más y más. Sin piedad lanzaste un cuchillo  directo al entrecejo del de detrás de la barra, que cayó muerto sin terminar de rebuscar, y los otros dos estaban ahora flanqueados. No tenían más opción que dividir su atención entre ambas o...

- ¡Te pillé!

Reconociste la voz del gordo infame mientras su brazo se estrechaba alrededor de tu cuello. No lo habías tenido muy en cuenta porque parecía ya inofensivo, pero lo habías subestimado. En realidad, su agarre no iba a hacerte mucho daño debilitado como estaba, pero sí te dejaba en una situación delicada en la que uno de los rivales de Cheshire se dio la vuelta hacia ti. Pataleaste contra él mientras tus pies se iban separando del suelo. Dolía, claro, pero decidiste sacar tu vena más analítica en ese momento, llegando a una conclusión casi obvia: Estabas jodida.
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Mensaje por Cheshire Miér 11 Ago 2021 - 2:02

Uno más. Uno más y podría volver a centrarse en las otras molestias llamadas gordo uno y estúpido de la barra dos. Si se libraba del que tenía justo delante podría ocuparse de ayudar a la joven que, aunque no estaba desenvolviéndose nada mal -por lo que podía ver-, podía tener complicaciones en caso de ser atacada por todos los restantes. Dejó caer suavemente la espada de forma lateral para que las salpicaduras de sangre terminasen sobre la madera de la taberna. Odiaba ensuciarle el lugar a alguien que tendría que limpiarlo después, pero prefería eso a mancharse ella misma mientras peleaba. Sí, en cuestión de prioridades ella era la primera. Chasqueó un poco la lengua y se fijó en el hombre, que le miraba fijamente como si estuviese esperando que ella actuase primero. A su alrededor sintió algo más de movimiento, posiblemente porque aquellos que estaban pendientes de la joven empezaban a discernir entre sus prioridades, pero por el momento no les dio demasiada importancia. Podría dársela una vez terminase con el baboso de delante.

- Bueno, cuenta hasta tres.- Compuso una sonrisa que, lejos de denotar humildad, estaba carga de orgullo propio. Después de todo lo que había vivido para llegar hasta allí, lo que menos podía preocuparle era un grupo de piratas borrachos e inútiles. Si fuese su capitán tal vez empezaría a dudar el estar tan tranquila, pero ellos... no le habían demostrado en ningún momento ser temibles.

Sin siquiera darle esos tres segundos de contemplación, elevó una de sus katanas al aire. Como en cada ocasión que utilizaba aquel estilo de combate, observó los ojos del hombre virar en dirección hacia la espada. Fue en ese momento cuando aprovechó y sostuvo la daga entre su mano libre. Sin embargo, no le duró demasiado rato, pues la lanzó con rapidez -y no demasiada precisión justamente- hacia el abdomen del hombre. Aunque su intención había sido golpearle el corazón, prácticamente se clavó en el centro de su pecho. Comenzó a sangrar como el cerdo que era, aunque se la quitó con rapidez en un intento por dejar de sangrar. Como si apartarse aquel arma de la herida pudiese evitar que la sangre continuase fluyendo. Y ahí, antes de que pudiese contraatacar, Cheshire cogió la espada al vuelo mientras daba un paso hacia delante, terminando por clavar el filo de la misma hoja ya ensuciada en lo más bajo de su estómago.

De no haber sido porque escuchó al gordo a su espalda se hubiese ensañado un poco más en él. Pero no, la preocupación le impedía darle su merecido del todo. Se giró al instante, contemplando la imagen ante ella. La joven estaba ciertamente jodida, eso no podía negarlo. Empezó a sentir nervios, preguntándose qué ocurriría si intentaba ayudarle sin más. No podía pasar por delante como si nada, o seguramente le harían algo más -y peor-. No tenía mucha opción realmente, aunque, después de lo que había aprendido, ¿por qué seguía planteándose si debía utilizar su arsenal o no? Si se suponía que era algo suyo, propio, ¿por qué dudaba tanto?

Tragó saliva. El hombre con el que estaba peleándose se giró hacia ella. ¿Aún podía moverse? No lo sabía bien, ni tampoco conocía el alcance del aguante de esa gente. Pero lo cierto era que se complicaba cada vez más la situación. Así que simplemente hizo lo que debía de haber hecho en un primer momento en lugar de parar a pensar en lo que le podía costar hacerlo.

Envainó con rapidez la espada que continuaba limpia y trazó un círculo con los dedos, ya libres. Una cúpula semi transparente se formó a su alrededor, llegando prácticamente a cada rincón de la taberna. No tardó mucho en extenderse, pero fue menos lo que ella tardó en asimilar que, aunque estaba formada, parpadeaba un poco. Tenía lógica, dado que apenas había conseguido practicar en su camino desde esa isla de mierda hasta ese lugar. Pero servía, por lo menos. Algo nerviosa -pues si salía mal podía llegar a complicar todo-, simplemente trazó tres cortes rápidos al aire seguidos y esperó. Esperó porque quería comprobar por su cuenta lo que había pasado. Y al ver cómo el gordo sarnoso perdía la sujeción que tenía sobre Alice al perder sus dos brazos -uno de ellos partido en dos trozos, aunque sin sangre-, no pudo evitar soltar un grito.

- ¡Vamos! - Con la emoción, dio un pequeño saltito y todo en el sitio. Aunque la celebración seguramente duraría poco, pues aún quedaban varios oponentes a los que hacer frente. Solo esperaba poder seguir siendo de ayuda.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 13 Ago 2021 - 19:02

Siempre te quedabas bloqueada en el peor momento. Eras lo bastante hábil como para encontrar un hueco en su presa, y suficientemente elástica como para doblar tu cuerpo y saltar sobre él. Podrías haberle mordido, pateado su entrepierna, sacado un tercer cuchillo -dado que, reconozcámoslo, la situación era demasiado delicada para usar un sable- y podrías haberlo clavado en su otro ojo. Podrías haber hecho tantas cosas que casi resultó ofensivo que te salvasen, aunque no caíste en ellas hasta que los brazos del hombre cayeron con un sonoro "plof" al suelo.

Antes de razón, reacción. Y como tal diste un paso apresurado hacia delante frente a un hombre que, sin protección, aún no había sido capaz de reformular su defensa. Como si de un abrazo se tratara te lanzaste sobre él dulcemente, con suavidad, y atravesaste su abdomen intentando evitar cualquier rastro de hueso, asegurándote de cortar más durante la salida, en la que aprovechaste la fuerza que debías de utilizar para girar sobre ti misma y, avanzando, degollar en el acto al gordo.

La sangre manó al instante, pero tú ya habías rodado hacia atrás y no te salpicó ni una gota. Al menos, no de esa sangre. Tus zapatos se habían manchado y el vientre del primero te había dejado la falda hecha un desastre. Algunas lágrimas carmesí habían bañado tu cara y tu pelo dorado se bañaba de tintes ferrosos. Sumado a la sonrisa que te producía el dolor infame en el cuello tu aspecto bastó para que uno de ellos dudase un momento, pero no lo aprovechaste. No al menos para atacar.

- No me habías dicho que eras bruja -comentaste, ignorando a los dos que quedaban en pie, señalando a Cheshire por un momento con el arma-. Gracias.

Tragaste saliva. Si no te hubiera salvado habrías estado en problemas, pero lo había hecho liberando el mismo poder prohibido que Velkan había utilizado. Se manifestaba de otra forma, sí, pero Cheshire había hecho un pacto con el demonio: Era usuaria e una fruta del diablo. Si no te estuviese ayudando a cazar malhechores probablemente habrías decidido que ella era la mayor amenaza y, por ende, la más emocionante de vencer, pero asumiste... Bueno, lo que llevabas viendo un rato: Era un trozo de pan. Aunque miraste otra vez su hoja ensangrentada, y corregiste: Era casi un trozo de pan.

No terminabas de comprender que no estuviese usando su poder desde el principio, aunque de nuevo eso se entendía de varias formas y una de ellas era que, de alguna manera, le importabas. Eso estaba bien, tener amigos al otro lado de la trinchera nunca estaba de más, aunque siendo que cada pirata era un mundo... Bueno, tú ganabas una aliada, ella una excepción en la norma. Miraste hacia el de la barra.

- Si nos dices dónde está tu capitán me plantearé entregarte vivo a las autoridades. Si no... -Te encogiste de hombros. Tampoco había más que añadir.
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