El Juicio final

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La danza del fuego [Privado - Alpha]

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Mensaje por Alice Wanderlust Sáb 21 Ago - 2:39

Podría decirse que Arabasta era una de las capitales del Gobierno Mundial. No era como Mary Geoise y resultaba demasiado seca como para parecerse a Water Seven, pero en sus puertos atracaban la mayoría de los barcos cargueros en medio de todas las rutas comerciales que buscasen abastecer al mundo civilizado. Eso hacía que el reino de los desiertos fuese una de las islas más ricas del Grand Line, también que se hubiese convertido con los años en un crisol de culturas donde los nativos, desde sus casas abuhardilladas de piedra caliza, observaban negocios de todas las nacionalidades inimaginables. El puerto de Nanohana acogía arquitecturas sintéticas de muchos lugares y los grandes bulevares que la formaban recordaban a otras islas más amigables para pasear. Aunque, habías comprobado ya la noche anterior, que cuando el sol se perdía en el horizonte la vida llenaba cada rincón de la ciudad. Y esa noche seguramente mucho más, porque era el Festival de la Llama.

Llevabas todo el día observando por las ventanas, anhelante. Habías alquilado una casita al llegar; no muy grande, pero sí lo suficiente como para no sentirte constreñida: Un par de habitaciones, un saloncito cuco, una cocina y un baño con bañera. La bañera era muy importante, aunque no terminabas de entender por qué desde hacía un tiempo sumergirte entumecía la mayor parte de tu cuerpo. Era relajante y se desvanecía en cuanto lograbas salir, pero a veces llegaba a preocuparte.

Ese día no fue diferente.

Agua templada, sales de baño y una esponja sin jabón que no cumplía más propósito que humedecerte los hombros cada cierto tiempo. Te desnudaste siguiendo un orden ritual, cuidadosamente, e introdujiste un pie en la tina. Se sentía fría, claro que sí, y toda tu piel se erizó repentinamente. Puede que incluso se te escapara un suspiro de susto, pero con sumo cuidado entraste por completo y te sentaste sin darte tiempo a pensarlo dos veces.

Al principio sentiste un escalofrío. Era como si te faltase el aire de los pulmones, que tardó un par de segundos en volver. La cerámica pulida resultaba fría al tacto pero te acostumbraste deprisa, y desde tu posición privilegiada te quedaste un rato mirando el atardecer en la terraza. Te encantaba pasar las horas en el agua, pero no terminabas de acostumbrarte a ese adormecimiento de tus dedos, ni al cosquilleo incómodo en tu vientre. Era como si algo tirase de ti hacia el fondo de la bañera y casi debieses esforzarte por mantener las rodillas flexionadas. No terminabas de comprenderlo, aunque cuando el sol comenzó a colarse por la baranda no importó.

Saliste con un quejido. Era un dolor plácido, pero un dolor al fin y al cabo. Romper la presión del agua, levantarte y erguirte, estirar todo tu cuerpo... Asiste una toalla con cuidado y te secaste con delicadeza. Habías elegido un vestido muy bonito para aquella noche; casi te hacía ilusión poder estrenarlo al fin: Blanco y largo de espalda desnuda, escote griego atado al cuello con una correa de oro. Podía verse la filigrana tatuada entre tu pecho, también la corona en tu costado y las alas que Illje te había tatuado recorriendo el hombro. Sobre el ombligo llevabas cinturón también de oro, con cadenas doradas terminadas en rubíes y diamantes -una vestimenta cara para una ocasión especial- y unos zapatos con más tacón del que debías, blancos con algo de plataforma. Ganabas no pocos centímetros con ellas, pero sus tonos crema y bronce contrastaban con la radiante luz del resto del conjunto; era simplemente espectacular.

Terminaste de prepararte con los cuchillos en la liga y un pequeño bolso de fiesta y saliste por la puerta, cerrando a tus espaldas. Tenías ganas de presenciar algo tan único como el gran festival de la Llama; sobre todo, para saber por qué Padre hablaba tanto de él. Si lo había marcado tanto debía ser como poco impresionante.

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Mensaje por Freites D. Alpha Dom 22 Ago - 3:01

Estoy en el techo de alguna casa cualquiera. Hoy la luna está muy bonita. Tan bonita, que no puedo evitar sonreír al observarla. ¿Por qué me encuentro hoy aquí? Realmente solo ando de paso, mi objetivo era llegar a Rainbase para toparme con cierta persona que me ha enviado una carta para citarnos. Por otro lado, aún tenía tiempo para ello. Han pasado un par de semanas desde que deje el Erebus y mi camino lleva rumbo hacia Amazon Lili. Quiero darme un tiempo para mí y entrenarme lo suficiente antes de hacer cosas. Vuelvo a mirar la luna llena de melancolía. Luego miro hacia las calles, al parecer hay mucho movimiento. ¿Algo interesante que hacer hoy? ¿Debería investigar? No lo sé. Fijo mi mirada en mis acompañantes plumíferos, esperando alguna reacción o afirmación de ellos. Suzaku se muestra seria como siempre. Susanoo por su parte se muestra curioso hacia la gente. Es intrigante ver como una es totalmente desinteresada y otro es muy curioso.

- Sigamos de paseo. – Me balanceaba entre los techos de los edificios de Nanohana. La ciudad aun no me había dado una mala bienvenida, pero tampoco una buena. Solo era un viajero de paso. Un caminante errante con un destino incierto en búsqueda de placer y dicha. Vuelvo a mirar la runa mientras me balanceo por el aire. Me pregunto si algún día podría llegar a ella y saber si es posible hacer un arma de ese material. Existen muchas cosas las cuales me intrigan. Cosas que quiero tener y coleccionar.

Pero ya habrá tiempo para ello.

Mi viaje llevo a una plaza no muy oscura, pero sin gente. Había una fuente muy linda, había unos cuantos barquitos con velas flotando sobre ella. Me pareció intrigante y con mi dedo dispare pequeñas ascuas, buscando encender cada vela. Al hacerlo, me di cuenta que el resultado me daría una vista maravillosa. De hecho, me provocaba cantar un poco, aprovechando la oportunidad de estar solo en una plaza tan amplia.


-Las nubes oscuras se acercan
Quemado con un rojo más profundo. Ooouuh
Debajo miramos
Cuando se separan viene el odio que traen, mmm.

>>Perdidos en la oscuridad, hemos llegado tan lejos
Otro paso para librarme del dolor
Ve y sé contrarrestado a través de tu última batalla
¡Porque solo las pesadillas rompen su fe!



El eco recorría el lugar. Cada parte de mi cuerpo podía sentir placer al cantar esta canción que llevaba ya escribiéndola. Aun así, estaba incompleta. Pensaba muchas maneras de completarla. Y mi quede mirando a los barquitos con velas. Pensando.
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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 23 Ago - 23:59

Te miraste al espejo antes de salir. El vestido caía hasta casi tus tobillos, en un imperial de cintura alta que separaba tu cuerpo en dos partes a través del cinturón dorado. Arreglaste tu pelo con una diadema con filigranas de oro y te hiciste una coleta media muy cuidadosamente. Tu cabello estaba cada vez más largo, y aunque intentabas mantenerlo cuidado el ajetreo de los viajes era enemigo de encontrar un peluquero de confianza. Aun así te felicitaste por el trabajo bien hecho al terminar. También posaste un poco, corregiste el ajuste de la falda, diste una vuelta sobre ti misma para comprobar el vuelo y te reíste un poco, algo nerviosa. Nunca habías ido a una fiesta sola.

Bajaste las escaleras cuidadosamente y cerraste la puerta con cuidado. Cuando estuviste bajo el cielo, a pesar de que los últimos rayos de sol aún rompían el horizonte, la luna ya estaba en lo alto, y para cuando su brillo se extinguió la luna llena deslumbraba con su fulgor blanco. Por un momento te quedaste parada, mirando el cielo con perplejidad y sorpresa. Nunca habías visto una luna tan grande, ni tan dorada. Tal vez se debiera al cielo del desierto, pero era simplemente mágica. Casi te dolía saber que duraría apenas unas horas más antes de perderse por casi un mes.

La llegada del ruido te sacó de tu ensimismamiento. No habías sido la primera en salir, pero sí de las primeras, y tras un par de minutos el alboroto crecía en la calle mientras la muchedumbre buscaba acercarse a Memphis Boulevard, la avenida central y donde se celebraría el grueso de las fiestas. Había niñas, jóvenes, ancianos y tanto ricos como pobres iban vestidos con sus mejores galas -era sencillo distinguirlos, pero en todos se respiraba el mismo aura de ilusión-, pero en vez de contagiarte su entusiasmo te sentiste sobrepasada. No recordabas haber visto tanta gente, mucho menos pasar por una misma calle a un tiempo. No eras una persona cobarde, pero tampoco deseabas enfrentarte a un encuentro social tan masivo de pronto sin haber podido mentalizarte y aprender jerga de plebeyo.

Encabezaste la marcha a paso ligero, resintiéndote en tus pies pero alejándote un poco de la marea de gente que te seguía, y a la primera oportunidad doblaste una esquina hacia la derecha. Diste a una calle no tan amplia, pero luminosa, y te tomaste el tiempo que necesitaste hasta que pudiste seguir andando sin que el cuerpo te pidiese volver a casa. Querías participar en la fiesta, claro, pero no esperabas tanta gente y necesitabas mentalizarte un poco más, así que en el momento optaste por simplemente alejarte.

Empezó a sonar la música pero, poco después, sin que te detuvieses, escuchaste una voz solitaria. No estaba acompañada de instrumentos, y su ritmo desacompasaba al resto de la música. ¿Alguien canturreando? Tal vez, pero llevada por la curiosidad avanzaste hacia el origen de la voz. Doblaste una esquina, recorriste una callejuela, doblaste de nuevo y...

Tuviste que reprimir un chillido, no sabías si de alegría o de terror. Delante de ti estaba Freites D. Alpha, el niño pirata de más de doscientos millones de berries. ¿Sabía cantar? No cantaba mal, pero una voz bonita no hacía a uno menos peligroso. Eso lo sabías bien, al fin y al cabo, porque tú también cantabas. Lo mejor sería alejarse de ahí y... Te acercaste.

- Bonita canción -comentaste, en voz muy baja, manteniendo las distancias, fingiendo que habías escuchado algo con claridad-. ¿Dónde la aprendiste?

Estabas nerviosa. No tenías en absoluto el control de la situación, y tal vez te habías acercado demasiado a un pez demasiado grande para tu aún pequeña caña. Ni siquiera te creería nadie si lograras entregarlo a la justicia. ¿Qué estabas haciendo, Alice?
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Mensaje por Freites D. Alpha Mar 31 Ago - 3:40

Observar los pequeños objetos flotantes me relajaba. El día de hoy era uno el cual muchos recuerdos pasaban por mi mente, especialmente los del pasado. Aún recuerdo como si fuera ayer la masacre que ocasionamos mi madre y yo, no es algo de lo que me sienta orgulloso, pero aún sigo pensando que era necesario. Eso me recuerda la plática que tuve con Dexter. De cierto modo, tiene razón, quizás mi madre fue paranoica y el miedo a convertir a todos en esclavos la hizo rechazar la idea de su hermano, conllevando a lo sucedido. Aunque, eso genera otra pregunta ¿Quién hizo saber a los nobles de nuestra existencia? Dentro de mis conocimientos, los Freites siempre fue un clan secreto. El simple hecho de que alguien supiera de nuestra existencia, tendría que ser de afuera. En aquel entonces, aun no tenía hermanos, yo fui el primero concebido de mi madre y… el único que sabía de nosotros era papa.

Padre… ¿Tu nos vendiste?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por una voz. Lentamente me gire para ver de quien se trataba. Era una hermosa chica. Cabellera dorada y de blanca piel. Sus ojos eran vedes, recordándome un poco a las esmeraldas. El vestido que cargaba le quedaba bastante bien, cada cosa estaba en su lugar. Además, los tatuajes le lucían, recordando que yo perdí el mío a cambio de algo importante. Lo que tenía al frente de mi podía notarse como una obra de arte en términos de belleza de la madre naturaleza.

Así son las mujeres. Hermosas, forjadas con las llamas del infierno y esculpidas por ángeles.

-Esta incompleta. – Dije, mientras miraba de nuevo hacia la fuente. – La he escrito yo. Quizás más pronto de lo que piense la complete y pueda utilizarla. – Dije sonriendo con melancolía hacia el agua. ¿Me ocurría algo? Era normal en mí que al ver alguna señorita guapa intentara algo con ella. Pero hoy no. Hoy era un día el cual los recuerdos invadían un poco mi mente. La ruptura de mi tripulación no es que me afectara. En realidad, sentí alivio. Por su parte, las preguntas con respecto a los extraños sucesos de mi pasado solo me decían que tenía más de un cabo que atar.

- No es necesario que hagas nada, Susanoo. – El plumífero se encontraba en unos de los tejados al frente de mí. Miraba a la pequeña dama con curiosidad. Por su parte Suzaku se acercó un par de pasos a la dama, aun tomando cierta distancia. – Ella es más educada que el de arriba. Parece que le agradas. – La plumífera después de mirarla fijamente, inclino la cabeza como si de una reverencia se tratase. De igual manera yo hice lo mismo. La educación sobre todas las cosas. – Soy Alpha. Es un gusto conocerla, señorita. - Me reincorpore. Bostece un poco. Me asegure de cubrir con cuidado mi boca para no parecer grosero.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 1 Sep - 1:05

- Parece que ya la estás utilizando -dijiste, encogiéndote de hombros-. ¿Una noche demasiado larga?

No supiste del todo cómo tu corazón se había asentado en un ritmo que, si bien ni de lejos era tranquilo, te dejaba respirar. Incluso te dejaba pensar con cierta claridad, lo que desde luego era de agradecer. No estabas en una situación en la que desearas perder los nervios, mucho menos una en la que pudieses permitírtelo.

Por suerte no parecía beligerante, sino más bien... ¿Deprimido? Su mirada soslayada y tono alicaído te hacían intuir cosas, aunque no entendías por qué un criminal buscado podía estar en medio de una escena como aquella: Bajo la luz de la luna, cantando amargamente sin más compañía que sus... ¿Qué coño eran esos pájaros? Tardaste unos momentos en recuperarte del susto, pero al final seguiste reflexionando. Era casi doméstico, como si hasta la más negra de las almas tuviese momentos en los que se reflejaba la luz. Cuanto menos, era curioso.

Al parecer los pájaros gigantes se llamaban Susanoo y Ella, aunque probablemente eso era una interpretación tuya y no su verdadero nombre, Te quedaste mirando durante no poco tiempo al pájaro amarillo, sin disimular la incomodidad que te producía, hasta que por fin fuiste capaz de devolver la mirada al niño. Era más alto que tú y tal vez en persona no pareciese tan infantil, pero era extremadamente bajito -tú eras razonablemente bajita, sin embargo- y su cara estaba aún dotada de un cierto atractivo pubescente. Por lo menos tenía educación, y tanto él como su fiera se inclinaron en una cortés reverencia. Tú avanzaste un par de pasos, tratando de verte segura de ti misma. O, por lo menos, elegante como siempre.

- Alpha -repetiste, como si fuese la primera vez que lo escuchabas-. Muchos significados para un nombre tan sencillo. ¿Sabes que originalmente su significado nació del buey? Es curioso que con los siglos un toro capado sea la letra más importante del abecedario, ¿no crees? -Tenías que practicar más tus presentaciones-. Alice -dijiste tras un incómodo silencio-. Mi nombre es Alice. Como la del País de las Maravillas, pero un poco menos loca. -Esa es tu opinión.

Llevada por tus costumbres, de manera instintiva tendiste tu mano para que la besara. Había gente en muchos lugares de English Garden peleándose por ese honor, aunque para cuando caíste en que eso se hacía solo desde la nobleza hacia la plebe ya era demasiado tarde. Optaste por no retirarla, manteniendo una sonrisa inocente todo el tiempo, rezando para que no se diese cuenta de a qué venía eso.
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Mensaje por Freites D. Alpha Miér 1 Sep - 2:01

-Una noche llena de recuerdos, señorita.

¿Alice? Era un nombre muy curioso. El comentario sobre el toro me hacía un poco de gracia, la cual no pude disimular. Sonreí un poco y deliberadamente cubrí mis labios con la manga de mi kimono. – Tenía entendido que Alpha significaba el principio de algo, pero lo que me cuentas me parece mucho más interesante. Además, jamás he tenido problemas con la locura. Que lo seas en gran o menos medida es lo de menos. Solo llaman locos a aquellos que no pueden comprender.

¿Está tendiéndome la mano? Ya veo… es aquella costumbre. Sé muy bien lo que tengo que hacer aquí. Pero más que nada, me da entender un poco el nivel de alcurnia con la que me he topado. En su caso, ella se ha topado con lo más bajo según el mundo. No reaccione de manera negativa ante ello. Después de todo, se me crió para ser alguien educado.

Con suma delicadeza levante mi mano derecha y tome la suya, acercando mis labios para propinar el cordial beso. Luego, volví a mirar hacia la fuente. Di un pequeño suspiro y luego volví a mirarla. - ¿Qué la trae al país del desierto? Puedo decir con certeza que usted no es de aquí. – Trate de sonar lo más ameno posible. Ciertamente no era una de mis mejores noches, pero tampoco me hacía mal un poco de compañía. – Por mi parte, solo estaré un par de semanas. Estoy de paseo y pretendo reunirme con alguien. Aunque no creo que mi estadía pase de tres semanas. – Quizás estaba exagerando un poco. Aunque no era mentira lo que decía. – Suzaku, mi botella. – Yo me dispuse a sentarme en la orilla de la fuente. La plumífera busco entre las alforjas una botella de sake, la cual me arrojo. Al yo atraparla, quité el corcho de la misma y comencé a beber lentamente. Estaba totalmente delicioso.

-¿Alguna vez se ha preguntado si podríamos llegar a la luna? – Pregunte, mientras miraba al gran esférico iluminar el cielo nocturno.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 1 Sep - 2:32

- Ese sentido es algo posterior, me temo -contestaste con fingida lástima. En realidad te hacía gracia-. Al ser la primera letra del alfabeto, se la asoció al número uno. Aunque apropiarse de un nombre al que Dios da sentido sería un tanto blasfemo.

A Dios no le gustaría eso. No tenías muy claro que le importase, pero sin duda que alguien tomase su título de Alfa sería la clase de cosa que seguramente ninguna deidad estaría dispuesta a soportar.

Dejaste que te besase la mano antes de retirarla. Sus modales no eran los más pulidos, pero lo intentaba, y mientras se levantaba asentiste, indicándole que estabas complacida con sus atenciones. No mucha gente era lo bastante perspicaz para ver entre esa oferta, mucha menos lo bastante educada como para saber reaccionar. Que no se acomodase a un protocolo dentro de lo estrictamente establecido no terminaba de ser algo por lo que fueses a quejarte. Sí que podrías darle un par de lecciones, pero en cuanto te diste cuenta de que estabas volviendo a pensar como una simple noble dejaste que esa idea peregrina se alejase sin visos de volver.

- ¿Estás seguro de que no soy de aquí? -preguntaste, ladeando la cabeza con una sonrisa. Te refugiaste tras tu melena por un instante, antes de proseguir mirándole a los ojos-: Larga cabellera negra como el hollín, piel de bronce pulido, ojos verdes de gitana... -En realidad, sí tenías ojos verdes de gitana-. Mientras dure mi estancia soy de aquí. Luego ya veré de dónde soy; en eso consiste viajar, ¿no?

Tu respuesta te dejó satisfecha durante un instante. Hasta que te diste cuenta de que había muchas preguntas sin responder en tu contestación, y no pudiste contener la risa. Te sentías algo tonta, pero por alguna extraña razón allí, tan lejos de todo y en medio de esa marea de nervios que te consumía hacía un instante, eso te hacía feliz. Estabas frente a un hombre extremadamente peligroso teniendo una conversación tan banal como tendrías con Eli hacía años. Eran buenos tiempos.

- Mi padre estuvo destinado a esta isla hace muchos años -explicaste-. Siempre hablaba del festival de la llama, de la danza del fuego... Y de cómo tenía que regresar un día antes de morir. -Te encogiste de hombros-. Supongo que regresó un día después.

La muerte de Padre había sido dramática y repentina. A veces repasabas mentalmente tus conversaciones con él y Madre en busca de algo que lo hiciese menos casual, más controlado. No lo había. Te había costado lidiar con el caos que regía todo, y superar la desazón de un día, sin previo aviso, simplemente desaparecer. Ni siquiera tú, siendo creyente, considerabas que dejar atrás a tantos seres queridos pudiese ser llamado Paraíso.

- Yo marcharé cuando sea el momento. Ni antes... Ni después. Y ya me preocuparé más tarde por decidir cuándo es el momento.

La siguiente pregunta te cogió desprevenida, pero la disfrutaste más: Astronomía. Llegar a la Luna. Física. Termodinámica, aeronáutica... Creías tener una respuesta, aunque no te atrevías a darla con firmeza.

- Está demasiado cerca -comenzaste, ganando seguridad con cada palabra-. Si salgo hasta allí, será para ver Plutón.
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Mensaje por Freites D. Alpha Miér 1 Sep - 6:28

-Suena como toda una nómada, señorita Alice. – Dije, dando otro trago a mi bebida. – No existe nada mejor en este mundo que sentirse libre. Bueno, quizás esa sea la segunda mejor cosa para mí. Lo primero sería la fiesta.

Adoro una buena fiesta, a quien quiero engañar. Nada como poder comer, beber y bailar. Si alguien se dispusiera preguntar mi top tres de cosas que más me gustan respondería sin lugar las siguientes cosas: La fiesta, la forja y la batalla. Sin un orden muy en particular ni preferencias. Soy una criatura que se mueve absolutamente por instinto. Y, a pesar de tener aun cosas en mi mente con las cuales lidiar, la plática con esta dama me está ayudando.

- ¿Mmm? – Vi claramente cómo se encogió de hombros al momento de hablar de su padre. Por sus palabras no podía imaginarme un par de cosas. Las dos que se me pasaban por la cabeza eran que no se llevaban bien o que estaba muerto. Además, su comentario me daba a intuir que era lo segundo. Puedo entenderla, en caso de que mis sospechas sean ciertas. Se lo que es perder a alguien amado. En mi caso a mi madre. Aunque lo correcto sería no hablar de ello, se nota que le afecta. – Suena muy interesante eso del festival de fuego.  

Lo siguiente que comento acerca de la luna me hizo mucha gracia. - ¡Zehahahahaha! ¿Verdad que está bastante cerca? Yo quisiera ir y averiguar si existe algún metal y poder forjar algo de allí. Me hace mucha ilusión eso.

Ilusión… realmente me hacía mucha ilusión. Incluso había un montón de materiales que descubrir en este planeta. No solo de las rocas, también sobre animales. He escuchado historias sobre herreros que forjaron legendarias espadas a partir del colmillo de un dragón. La herrería era un mundo lleno de un sinfín de posibilidades, y yo estaba descubrirlas todas.

Y forjar lo imposible.

- Tenia mucho tiempo de no disfrutar una plática con alguien. Lo agradezco mucho, señorita Alice. Brindo por usted. – Levante mi botella y sin pensarlo mucho di un trago profundo acabándola. Di un gran suspiro al terminar. Arroje la botella hacia la plumífera. Ella la atrapo con su pico y la guardo.

- ¿Y cuándo es ese festival? - Añadí - Quizás allí pueda encontrar un buen café.
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Mensaje por Alice Wanderlust Jue 2 Sep - 0:28

- Algo habrá -dijiste-. El mundo está patas arriba porque una pepita gigante ha caído del cielo. El espacio guarda tantos misterios como la noche estrellada, y resulta mucho más aterrador cuanto más lejos intentas mirar. Pero al mismo tiempo, de alguna forma es... Esperanzador.

Solías tener un telescopio en casa. Hallstat también tenía una pequeña sala dedicada al cálculo de cartas celestes, aunque no habías dedicado tanto tiempo mientras estabas absorta en pagar las deudas y hacer que tu vino se convirtiese en la comidilla local. Te habías centrado en tus artilugios y pinturas, en el canto en ocasiones y a veces en el piano -más bien pocas-, olvidando un poco todo lo que se alejaba de la pequeña burbuja de seguridad que habías creado en villa Wanderwine.

Alpha agradeció la conversación. De nuevo, era la clase de educación que cabría esperar de un albañil, pero por lo menos era educado. Una cosa que podía llegar a enervarte enormemente de la plebe solía ser su poco interés en guardar unos modales mínimamente cuidados. El protocolo, aunque en algunas partes demasiado estricto y casi irracional, era parte del código de etiqueta que distinguía a los caballeros y damas de los simples animales.

- No es de la mejor educación beber cuando tu compañía carece de bebida -lo corregiste, con la mejor de las intenciones-. Si algún día quieres desposar a una jovencita casadera, necesitas refinar tus modales. -Tu tono era amable, pero tras unos segundos te diste cuenta de que tal vez tu reprimenda podía ser malinterpretada-. Lo siento; costumbres muy arraigadas, no debería importarme. Que aproveche.

Te acercaste un poco a la fuente, ignorando todo lo que flotaba en ella. El agua estaba limpia y hacía calor, por lo que sumergiste la mano y cuidadosamente te acariciaste el cuello, humedeciéndolo. Al principio te recorrió un escalofrío, peo tardó muy pronto en resultar agradable. Volviste la vista hacia el pirata.

- Está siendo ahora mismo -explicaste-. He venido aquí porque... -Te costó decirlo-. Bueno, la verdad es que había mucha gente caminando cerca de mí. Esperaba tardar un rato, para que todos estuviesen más disgregados o algo. No sé... Suena un poco tonto.

No te gustaba parecer endeble delante de nadie, ni siquiera delante de alguien a quien, algún día, tendrías que dar caza. Su cabeza valía un precio exorbitado, y eso significaba tres cosas: Había cometido grandes crímenes, ganarías mucho con su captura y, más importante, atraparlo sería emocionante. Inspirar ternura era algo que quizá podría darte la ventaja, pero no a precio de parecer frágil.

Porque no lo eras.
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Mensaje por Freites D. Alpha Jue 2 Sep - 7:41

Esa roca gigante del cielo. ¿Qué me dirías si te dijera yo que la vi muy de cerca, Alice? Aquel meteorito fue realmente sorprendente y lo fue aún más el estruendo que hizo. Soy uno de los pocos que conoce la verdad y la naturaleza de ese meteorito. Bueno, al menos conozco la supuesta “verdad” que me han contado. No diré que no muero por tener en mis manos en mi material y crear algo maravilloso con eso. Pero aún no he sido llamado, Aun debo esperar que Keppler mueva ficha. Aun debo esperar un poco más. Tanta espera me molesta. Iría yo mismo de no ser que estoy seguro que todas las fuerzas de Keppler irían a por mí. Sonaba emocionante, pero mis principios me impedían darle la espalda a quienes me abrieron las puertas.

Al menos no por ahora.

- He asumido que usted no tomaba licor, señorita Alice. Ha sido totalmente fallo mío. – Dije. Incline un poco mi cabeza en señal de disculpas. – Aunque no creo desposar a alguien, al menos no por ahora. Digamos que no pertenezco al mundo que usted está acostumbrada. – Un mundo lleno de momentos inolvidables, al menos para mí. – Y no tiene por qué disculparse. No merezco disculpa de una dama tan hermosa como usted. Y si no es mucho para mi pedirle que me habla un poco más sobre los modales. Se lo que se por mi madre. Pero para ser honestos, era un pésimo estudiante de pequeño, ya que lo único que me importaba era estar en la fragua aprendiendo sobre el oficio.

Aun recuerdos esas largas horas en la fragua con mucho cariño. Pude ver grandes trabajos desarrollarse allí. Por otro lado, al momento de las clases de modales, he de admitir que mi atención estaba más reducida. No puedo culparme, era un niño después de todo. Ahora es que puedo entender el significado y la “cierta importancia” que puede tener el conocimiento de los modales y protocolos. Tal vez me ayudaría entender un poco más a los nobles, que si muy bien no los odios a todos, quería entender un poco más su mundo. Quiero pensar que al igual que existen diferentes especies de piratas, existen diferentes especies de nobles. Hasta ahora, solo me en topado con idiotas que afirman ser de un linaje superior y por ello se comportan como idiotas. No soy fanático de ese tipo de gente. Si deseas algo, debes ganarlo y luchar por ello. Tu linaje no te daba el derecho a nadie de comportarse como idiota omnipotente y luego llorar en frente de mi suplicando por su vida.

Quiero pensar, que existen nobles que realmente han luchado por conseguir todo ellos mismos.

Eso genero otra pregunta en mi ¿Alice es noble? No quiero preguntar y tampoco me importa mucho ahora. La conversación es amena y no viene al caso. Y si lo fuera… creo que no afectaría mucho. Al menos no mientras no se comporte como el tipo de noble que odio. Generalmente no tengo ningún problema con el tipo persona que vive rodeado de lujos y sin hacer daño a nadie. Pero cuando eres uno más de esos esclavistas… no dudes que el ambiente va a comenzar a calentar.

- Si deseas que este un poco más aislado puedes esperar aquí. Y no, no suena tonto. – Dije. Devolviéndole la mirada. - Tonto es hacer algo que no le agrada por querer encajar. Ser fiel a uno mismo es más importante.

Eso me recordaba ¿Acaso no me quedaba un poco de eso en la alforja? Suzaku se acercó y yo revise. Era mi día de suerte, aun tenía algo de café de ese día. Era un alivio que hasta un tonto pudiera preparar café. Porque si tratara de cocinar, les aseguro que la cocina explotaría.

- Mientras esperamos y usted me comenta mas de modales ¿gusta de un café? – Dije mientras hacia los preparativos. - Espero que esto pueda enmendar mi error con el Sake.

Saque lo necesario para la preparación de la bebida. Un recipiente para hervir el agua, cuyo vertedero ya incluía colador interno. Un par de tasas de café grandes y los más importante, azúcar. Lo primero que me dispuse a hacer fue a hervir el agua. Berti el agua en el recipiente y lo atuve en la palma de mi mano, esperando que el agua hirviera.

Aunque no era mucha la espera. Detesto hacer esperar a la gente.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 3 Sep - 1:01

Asentiste, con cierta condescendencia. Estabas acostumbrada a tener razón, claro, pero que te la concediesen sin necesidad de esgrimir un título o a pesar de ser mujer te producía un cierto subidón. Te gustaba tener razón. Sin embargo, su expresión... Te hizo dudar. Abriste los ojos un poco, frunciendo los labios en una mueca que reflejaba cierta molestia. ¿Acaso no se casaban los plebeyos? ¿La educación era reservada solo a las altas cunas? Negaste con la cabeza.

- ¿Qué te hace pensar que no somos del mismo mundo? -preguntaste, algo ofendida-. Yo no...

Tenías tantas formas de continuar aquella frase que preferiste no hacerlo. En realidad, ninguna era buena. Sí, podía ser cierto que habías nacido en una gran mansión rodeada de médicos y cuidada por un sinfín de criadas. Eras consciente de que alguien con tu enfermedad habría sufrido una infinidad de deformidades de no haber recibido tantas atenciones. Sí, sabías que habías tenido mucha suerte en algunos aspectos, ¿pero y qué? Tu madre te había traído al mundo entre gritos y lágrimas, maldiciendo a tu padre; habías sufrido innumerables fracturas en los huesos desde una edad muy temprana, y siempre te habían mantenido alejada de cualquier cosa que pudiese romperte. Quizá vuestros mundos habían sido diferentes mientras el tuyo era tan pequeño como una jaula de oro, pero siempre habías tenido sueños de libertad.

- Yo soy del mismo mundo que tú. Solo he tardado un poco más en llegar -dijiste, finalmente-. Simplemente, los modales son los modales.

Apoyaste ambas manos sobre la fuente. Pese a que el frío estaba llegando esta todavía se notaba caliente, húmeda bajo tus manos todavía mojadas. Miraste tu reflejo en el agua durante un instante, preguntándote si de verdad habías salido. ¿Era ese vestido el que llevaría una plebeya? ¿Lo eran las joyas y tu ajuar? No, claro que no, pero nunca el hábito había hecho al monje.

- ¿No hacías caso a tu madre? -preguntaste, sin desviar la mirada de tu cara, atenta a cada movimiento en el agua-. Incluso en tu mundo eso no debe ser nada correcto. Ella quería lo mejor para ti. -¿Se lo decías a él o a ti misma? Aún hoy no sabías si la prohibición del caballo era por miedo a que te hicieses daño o por pura inquina. A nadie le gustaba tener una hija enferma, claro, pero nunca habías sentido que Madre te tratase de mala manera por ello. Aunque, en cierto modo, no podías evitar pensar que quizá te viese igual que Padre lo hacía. Quizá ella también era consciente de que años antes podría haberte conseguido un médico-. Las madres siempre quieren lo mejor para sus hijos, ¿no?

Creíste que ibas a llorar, pero golpeaste con la mano el agua en su lugar. Si bien tus ojos estaban rojos e hinchados, ni una sola lágrima se derramó. Aspiraste con fuerza y te levantaste nuevamente, casi con fuerzas recién adquiridas. Cuando Freites te dijo que ser fiel a uno mismo era lo más importante, casi te echaste a reír. ¿Qué significaba eso? Lo comprendías, pero al mismo tiempo, ¿qué era ser fiel? ¿Quién era uno mismo para sí? Y al mismo tiempo... ¿De verdad la incomodidad ante las multitudes era algo que alguien querría guardar como parte de su identidad?

- Realmente me apetece ver el festival. Ver la danza del fuego, los números de los acróbatas, los tragasables... -Siempre habías escuchado las historias del festival como algo único, y querías vivirlo-. Solo... No pensé que tanta gente quisiese verlo también. No se me da bien estar entre multitudes, es como si todas las miradas se clavasen en mí de pronto. Pero voy a tener que ir tarde o temprano, o no habrá otra oportunidad hasta el año que viene.

Alpha te ofreció café. ¿Por qué estabas teniendo una reunión amistosa con él? No lo tenías claro, pero en cierto modo la disfrutabas. Tal vez no invitarías a un criminal a pasar tiempo en tu casa -descontando, claro, a cierta Ignorante-, pero eso no significaba que no pudieses gozar de la buena compañía un rato. Al menos, mientras fueses capaz de mantener una sana precaución porque en cualquier momento podría descontrolarse.

- Me encantaría. Pero, si no es molestia, sentada. -Señalaste uno de los bancos cercanos-. No me gustaría acabar agotada sin haber llegado a un triste baile.

Te sentaste con las rodillas juntas y la espalda recta. Tal vez lo ideal habría sido dejarla caer contra el respaldo, pero no era lo correcto. Además, este era duro. No habría ayudado.

- Tengo algo más de conversación que protocolo -explicaste, finalmente-. Por esta vez perdonaré lo del sake, mientras el café esté bueno. -Le sonreíste con cierta burla. Aunque tras un momento rompiste tu silencio con una pregunta-: ¿Cómo acaba un herrero criando polluelos?
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Mensaje por Freites D. Alpha Miér 8 Sep - 17:31

- ¿Qué me hacen pensar en ello? Es simple. Yo voluntariamente he tomado un boleto de ida y sin retorno, a un lugar donde solo los demonios van.

La clave para preparar un buen café era saber cuándo parar. ¿A qué me refiero? Me refiero que a que es un error garrafal hacer que el agua llegue al punto de ebullición. En la mayoría de los casos, un buen café se podría diferenciar de uno malo por este simple hecho. Simplemente, no lo dejes quemar, tan sencillo como eso. – Así que ha llegado tarde... – Dije mientras me acerca a su dirección. Coloque una de las tasas de café a su lado derecho. Recogí la manga de manga de mi kimono y con sumo cuidado serví el preciado líquido negro. Tenía un olor magnifico. Claro, a mi gusto. –  En el caso de que seamos del mismo mundo, yo he hecho cosas de las cuales he estado orgulloso y otras no. Tarde mucho en darme cuenta de muchas cosas. De entenderme a mí mismo y saber lo que realmente quiero. Lo más increíble de todo, es que aún no termino de conocerme a mí mismo del todo. – Al terminar de servir, coloque la azuzar a un costado. -¿Desea algo de azúcar? – Pregunte esperando que me indicara cuantas cucharas en caso de que quisiera endulzar su bebida, la cual con gusto me encargaría de endulzar.

- Mi madre siempre quiso lo mejor para mí. Pero hablar de mi familia no es de mi agrado en estos momentos. -  Termine de servir. Tomé la tasa que me correspondía y di un sorbo al tan delicioso café. –  No me gustaría apagar la linda noche con recuerdos tristes. Esa es historia para otro día.

>> Aunque por otro lado, tengo tiempo antes de irme de esta ciudad. – Aclare. – Si gusta. Puedo ser su acompañante esta noche. Bueno, acompañantes. No vengo solo. – Me estaba refiriendo a mis compañeros plumíferos.

Su pregunta vino me causo gracia más que cualquier otra cosa. Aun recordaba la primera vez que conocí a Suzaku. Era muy terca y nunca me dejo montarle tan fácil. Tarde mucho en domarla y podría decirme que fue uno de los más grandes desafíos de mi niñez. – Suzaku está conmigo desde hace mucho tiempo. Fue un regalo de mi madre. Aunque si fuera usted, no los llamaría polluelos. Son aves bastante capaces e inteligentes.

La compañía de Alice era agradable, eso tenía que admitirlo. Era guapa y con mucha clase. Dentro de mi podía sentir que podría aprender algunas cosas más de ella. Por otro lado, el festival llamo un poco más mi atención. Quizás allí podría encontrar algo interesante para mí.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 10 Sep - 2:18

- Lo sé -contestaste sin dudar-. Eres Freites D. Alpha, no esperaba otra cosa. Pero es más fácil enfrentarse al peligro que a la ansiedad.

El café tenía truco. En realidad se trataba de termodinámica aplicada de manera muy simple, pero podía decirse que un secreto en la preparación de un buen agua de café se ocultaba un secreto que no mucha gente conocía, y que desde luego muchos no terminaban de entender completamente: El agua, solía decirse, no debía hervir. Había un sinfín de mitos al respecto, pero el correcto era que el agua muy caliente quemaba el delicado café tostado. Solía perder su aroma intenso al hacerlo así, y gran parte de su sabor quedaba desnaturalizado. Lo que no mucha gente terminaba de entender era que no importaba tanto la ebullición, sino su punto de ebullición. Moler un buen café fresco momentos antes de prepararlo también era fundamental, pero si el agua pasaba de ochenta y seis grados... Entonces daba igual lo demás. En ese aspecto Alpha, sin atrapar las sutilezas de la elegancia en la preparación, había captado a la perfección ese sutil detalle.

- Es imposible estar orgulloso de todo lo que hacemos -repusiste-. La vida es más que emoción y aventuras. Casi siempre está cargada de dolor y patetismo. -Apretaste la mano. Hacía tiempo que habías aprendido a crujirte los nudillos con un suave movimiento, y tras ello cogiste la taza con tu mano derecha. No había plato en el que reposarla y estaba muy caliente, por lo que la mantuviste en alto sin prestarle mayor atención-. Pasamos la vida llorando por errores en vez de mirarnos al espejo y sonreír porque nos hayan hecho lo que somos hoy; pero es normal. La mente tiende a magnificar el trauma. Es un mecanismo de protección.

Esa analogía me hizo sonreír, pero tú mirabas al suelo con cierta añoranza en los ojos. En cierto modo añorabas tu antigua vida, si bien correr y trotar era algo que no habrías podido hacer durante ella. Quizá ya tendrías hijos, como Eli seguro los tenía. Podrías haber encontrado a un hombre bueno que te hiciese reír con sus tonterías, o cuyas iniciales desearías marcar para siempre en un corazón de cerámica.

- Parece que la nostalgia es contagiosa -dijiste, secándote una lágrima-. Me vendría bien algo de compañía, al menos por un rato. Pero primero... ¿No deberíamos terminarnos el café?

Te resultaba contradictoria la idea de estar junto al primer pirata de gran recompensa al que habías decidido dar caza en un contexto tan íntimo. Tomando café, como viejos conocidos, mientras os dejabais llevar por vuestras miserias. Solo un poco, lo justo para que el otro os arrastrase fuera con alguna clase de chascarrillo o una frase trillada. Por momentos, con un recuerdo igual de valioso empapado de secretismo... ¿Qué demonios estabais haciendo?

- Qué menos que un brindis, ¿no? -propusiste-. Por los recuerdos.
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Mensaje por Freites D. Alpha Lun 20 Sep - 3:58

Levantar la ceja fue mi reacción al ver como ella afirmaba saber quién era yo. Era curioso el hecho de que alguien no temiera acercarse a alguien quien, para ojos de todos, es una “persona” peligrosa. Aclaro el hecho de que no me considero algo humano del todo. Después de todo, he desarrollado colmillos, garras, cuernos y seguramente desarrollare unas cuantas cosas más. Digamos que dé humano solo tengo la apariencia que doy a simple vista. Un joven de tan solo diecinueve años.

Espera… ¿Hoy es ese día? ¿Cómo pude olvidarlos? Hoy es trece de septiembre.

- Permítame decirle que solo me he topado con dos tipos de personas que me conocen. Los que me temen y los que quieren ir a por mí. ¿Usted en cual lista entra, señorita Alice? – Ninguna de las dos me molestaba. Si algo me gustaba era la honestidad total. No era un secreto que mucha gente quería venir a por mí. De hecho, me gustaría decir que la mayoría de la gente que ha venido a por mi cabeza ha sido un emocionante desafío que me ha puesto al, pero me temo que no es así. La última vez que recuerdo haberme emocionado tanto, fue aquella vez que, en la isla de las amazonas, donde entable brutal combate con aquellos marines. De hecho, quiero volver allí y volver a sentirme vivo una vez más. Luchando. Hasta mas no poder.

- No me mal intérprete. Su respuesta no afectaría en nada en lo absoluto este momento. Además, hoy estoy de cumpleaños. No quisiera arruinar el ambiente con cosas tan pequeñas como… el trabajo.

Menuda manera de referirme a luchar y saquear a otros piratas y reinos. ¿Trabajo? Si… de hecho si es un buen término. Después de todo así me gano la vida y las de mis aves. Así fue como recordé por un momento como mama me había recordado como tomar el té o café correctamente. ¿Por qué había venido ese venido recuerdo tan repentinamente? No lo sé, pero así mismo hice lo que mama me había indicado al pie de la letra. Y gracias a mis reflejos fotográficos, por un momento hice aquel ritual educada y perfectamente. Recogí la manga de mi kimono con total soltura y naturalidad y llevé lata tasa a mis labios, no sin antes agradecer cordialmente a la existencia misma por permitirme disfrutar de tal magnifica bebida.

Aunque yo mismo no cuidara tanto de ella.

- La nostalgia es algo que solo lo que vivimos buenos o malos momentos podemos sentir. – Dije soltando un suspiro. – Quisiera añadir un brindis más. Brindo por usted, Alice. Por ser una grata compañía en un largo tiempo. – Y termine de beber el oro negro.

La luna estaba hermosa esta noche. Mire de nuevo los ojos de Alice. Yo me encontraba totalmente en calma absoluta. Ella era una existencia totalmente desconocida para mí. Y a pesar de ser alguien que luce totalmente inofensiva, yo mismo sabía que el peligro podría venir de cualquier lado. Eso era algo maravilloso de la vida. Además, disfrutar de este regalo no suena tan mal.

Después de todo, por algo esta etapa del tiempo es conocida como presente.

- Si no le molesta que alguien como yo pase esta noche acompañándola. Me seria todo un honor acompañarla, señorita Alice. – Dije mientras extendía mi mano, esperando que ella la tomara.
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Mensaje por Alice Wanderlust Jue 23 Sep - 1:27

Todavía recordabas al tabernero de isla Copo. Viejo cazador, canceroso y en sus últimos momentos de vida, que sentía cierto apego por el pirata. Tal vez no cariño, pero desde luego no había miedo en él. Desde luego no quería cazarlo y hasta terminaba por justificar sus actos más viles o, más bien, a ignorarlos. Bien podía ser un anciano achacoso y demente, claro, pero por alguna razón sospechabas que entre gente dispuesta a tolerarlo había cierta distensión con respecto a él. Sin embargo, si estaba deprimido y pesimista había cierto sentido en que ignorase a la gente que demostraba cierta empatía hacia él. Suspiraste.

- Esta noche no entro en ninguna -contestaste. En cierta medida entrabas en ambas, pues en cualquier momento temías que se le fuese la cabeza y terminar teniendo que intentar pararlo, pero si bien valorabas esa posibilidad contabas con, o al menos tenías la esperanza de, no tener que hacerlo-. ¿O es que parezco una chica fácil de asustar?

Dejaste que tus palabras retumbaran en el aire mientras dabas un breve sorbo a tu café. No eras fácil de asustar, claro que no, pero un criminal sobre el que pesaba tantísima recompensa... ¿Cómo no temerlo, al menos un poco? Los carteles incluían a gente potencialmente peligrosa, normalmente asesinos o ladrones, pero superar los veinte millones requería ser un verdadero monstruo sin alma. Claro que, no obstante, eso no significaba que no pudieses tenerlo cerca un rato; el tiempo justo para analizar sus debilidades y prepararte para, según tuvieses oportunidad, darle la caza que merecía. Seguramente hacerlo fuese emocionante, aunque si mantenía el semblante depresivo que manejaba... En cualquier caso, apuntaste mentalmente el día. Si siempre estaba así en su cumpleaños, en un año resultaría presa fácil.

- Por mí solo brindo con alcohol; tendrás que disculparme. -Apartaste un poco la taza de tus labios-. Pero podría brindar por el festival. Seguro que es inolvidable.

Alzaste el brazo cuan largo era y bebiste el café de un solo trago. Entró con fuego y casi te hizo toser, pero pudiste contener la mueca mientras tus ojos lagrimeaban. Desde luego, hacer eso había sido un error. Sin embargo... Ya no quedaba café por tomar. Te levantaste con elegancia y diste un primer paso, tanteando tus piernas: Podías pasear.

Avanzaste hacia la fuente y enjuagaste el vaso con cuidado, dejándolo sobre el banco al finalizar. Te habías mojado las manos y tus mejillas se habían secado, así que estabas definitivamente a punto para acercarte a echar un vistazo. Con no poco recelo aceptaste extender la mano, invitándolo a tomarla. Dudabas que fuese buena idea.

- ¿Listo para la mejor noche del año?
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Mensaje por Freites D. Alpha Miér 6 Oct - 6:55

Lástima, fuera sido más interesante si ella trataba de capturarme. Ha decir verdad la noche resultaba más interesante bajo la compañía de Alice. Podía considerar incluso que poco a poco estamos rompiendo el hielo. Quisiera considerar que algún día quizás, tan solo quizás, podía considerar a Alice una amiga.

O quizás familia. Ya sabes, yo aprecio mucho esa palabra.

- ¿Fácil de asustar? No lo creo. De lo contrario, ni siquiera estarías aquí en frente de mí. – Muchas personas que lograban reconocerme solían poner caras de susto. Eso para mí es cosa de cada día. Aunque viendo un poco más de cerca de Alice, puedo percatarme de que ella no demuestra ni una pisca de temor en contra de mi persona. O quizás es lo suficientemente experimentada para aparentar sin inmutarse un poco.

Sea lo que sea, lo estoy disfrutando.

- Deberemos buscar un licor adecuado para la ocasión. – Mis ojos seguían cada uno de sus elegantes movimientos. Era curioso como cada movimiento que ella realizaba era tan delicado y cuidadoso, que incluso en algún momento llegue a imaginar que se trataba de una muñeca. ¿Una muñeca? Si… podía decir que ella era una representación en vida de una muñeca. Una figura delicada y sublime con cierto valor. Incluso para algunos coleccionarlas era un pasatiempo. Aunque por mi parte preferiría coleccionar otro tipo de cosas.

Después de todo, las muñecas suelen estar malditas.

- Siempre estoy listo – Tome su mano con delicadeza. Comenzamos a avanzar hacia la muchedumbre. Mientras tanto Suzaku comenzó a resguardar mis pertenencias y el plumífero alzo el vuelo sin dudarlo. Ambas aves me seguían desde la distancia, con recelo. Yo mientras tanto era el escolta y acompañante de Alice. Cuidaba cada uno de mis movimientos y procuraba caminar a su ritmo. Observaba con cuidado como todo pasaba de ser de un callejón solitario y silencioso, a un ambiente más lleno de personas y festejos. Puestos con juegos, personas bailando, puestos de comida y, podía ver a lo lejos una tarima. Ahora que me fijo bien, todo este ambiente esta con una temática bastante flameante. Antorchas por todos lados y color rojo. – Supongo que allá se dará un gran espectáculo. – Dije, señalando al escenario. Por ahora lo que llamaba más mi atención eran los puestos con comida y alguno que otro juego. ¿Eso era tiro al blanco? Quisiera intentarlo, pero no creo que sería de gran educación hacer cosas sin preguntar primero.

- Mucho que hacer y la noche es joven ¿Algo en particular que llame su atención?
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Mensaje por Alice Wanderlust Sáb 16 Oct - 1:03

Poco a poco, cuidando que un paso descuidado no te llevara a caer, avanzaste junto a Freites para salir del callejón. Por tu mente circulaba una mezcla de emoción y miedo, preocupada por si alguien te relacionaba con un criminal aunque, en cierta medida, segura. Para quien lo conociese no sería seguramente el mejor objetivo a batir, y quien no... Bueno, de alguna manera Alpha debía haberse ganado su fama y recompensa. Dudabas poder medirlo aquella noche, pero sin duda debía ser poderoso; probablemente, más que tú -por ahora-. Estar tan cerca del peligro y al mismo tiempo sentirte segura se te hacía cuanto menos extraño, aunque elegiste aceptarlo y, simplemente, disfrutar del ambiente.

No costó mucho dar con la calle. Los callejones serpenteaban y en un brevísimo paréntesis de calle llegasteis a la plaza, de dimensiones colosales. Apenas sí podías distinguir los edificios al otro lado de ella, y su espacio estaba dividido en rincones que podrían haber dado lugar a enormes plazas por sí mismas. Estaba lleno de gente, pero de alguna forma no se sentía abarrotado y, salvo en los puestos más populares donde la gente se iba arremolinando, cada persona llegaba a parecer una mancha salpicada por el campo.

Miraste a cada lado con cierta emoción. Aunque te daba reparo acercarte a tanta gente la comida y la bebida te llamaban; también los juegos. Sentías curiosidad por el escenario central, pero también por los comefuegos que había casi por cada esquina. De alguna manera no podías evitar imaginar que tendrían algo que ver con el espectáculo final; al fin y al cabo, era el festival de la llama.

- La verdad es que hay tantas cosas... -Te mordiste el labio, indecisa. No tenías hambre, pero sí ganas de probar el hawawshi local o, incluso, el kofta o el koshary. También de probar las bebidas, de jugar... De todo-. Podríamos coger algo de comer y luego tal vez jugar a algo. Quizá un baile, si puedo descalzarme en algún momento... No te imaginas lo dura que es la vida en tacones.

Con cierta determinación trataste de tirar de él hacia un kiosko lleno de gente y te pusiste al final de una larga cola, aunque muy pronto ni fue el final de ella ni te quedaste quieta mucho rato. El hombre despachaba a sus clientes con rapidez y todos parecían bastante satisfechos. Tragaste saliva, nerviosa. ¿A qué sabía la comida de Arabasta?

- Dime, Alpha... ¿Cuál es tu comida favorita? -preguntaste-. O, no sé... ¿Qué haces para divertirte?
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Mensaje por Freites D. Alpha Mar 2 Nov - 2:12

- Puedo darme una idea muy vaga de lo que puede tratar la vida en tacones. – Dije. Por un momento mira hacia mis pies. Yo siempre suelo usar getas porque me parecen bastante cómodas. Aunque en mis inicios solía usar unos zapatos con cierto modelo que me parecían bastante practico para ese entonces. De hecho, aún tengo mi primera muda de ropa en mi equipaje, un recuerdo del pasado.

Volví a la realidad cuando ella tiro de mi para llevarnos a cierta fila. Era algo larga, pero el caballero que cocinaba resultaba ser muy veloz. Esto no tardaría.

-Respondiendo a tus preguntas. Suelo hacer muchas cosas la verdad. Podría decirte que lo más me agrada es pasar tiempo encerrado en la fragua creando cosas, pero aun no encuentro el lugar indicado. Espero hacerlo pronto. También suelo disfrutar de todo tipo de comidas menos los frutos secos… no suelo llevármela muy bien con ellos. – Hice una pausa para ver a un par de niños tomados de la mano. Corrían y jugueteaban mientras admiraban la belleza tan singular que brindaba el festival. Sonreí amablemente, luego miré a Alice a los ojos para proseguir con mi platica. – También me gusta bailar y disfrutar de la fiesta. Pienso que no existe nada mejor que eso para pasarlo bien. Y aunque suene un poco extraño de mi parte, también disfruto mi tiempo en soledad. Por eso trato de mantener el equilibrio. Aunque tengo otros gustos más personales que no me puedo permitir compartir.

Poco a poco la fila estaba avanzando. Aun podía seguir platicando mientras esperaba y eso haría.

- ¿Y qué me podrías contar de tu vida, Alice? Digo… no estas obligada a responder. Pensé que preguntaría como conseguir esto. – Levante mi brazo mecánico por un momento. – Este fue un intercambio que hice con alguien que me dio una gran lección. Alguien que espero algún día llamar amigo, con el cual debo disculparme alguna vez. Me enseño mucho el valor de la vida misma con su mera presencia. Alguien con el quien pretendo batirme en duelo algún día. Por otro lado, ¿usted no practica ningún arte marcial o disciplina? Sería muy interesante ver como son las artes marciales de otras tierras. Me fascinan esas cosas.

Le miraba muy ilusionado. Ciertamente me parecía interesante el hecho de saber si podía o no defenderse. Es más, si me resultaba un estilo de pelea interesante quizás…. Tan solo quizás, intentara quedármelo.

Aunque todo depende de ella.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 22 Dic - 0:31

Dejaste pasar ese comentario condescendiente ante la graciosa perspectiva de que se viese tan bajito incluso usando alzas. Tú, en proporción, eras mucho más alta, y montada sobre unos tacones que cobraban en dolor constante lo espectacular que te veías en semejante conjunto, podías mirarlo ligeramente desde arriba. Una victoria pírrica y sin sentido, pero satisfactoria al fin y al cabo.

Las aficiones de Alpha eran, por otro lado... Respetables. Más o menos. Te costaba y no poco entender como una afición y no como un castigo el encierro, pero para ti nunca había sido una elección mientras lo sufriste. La sobreprotección de una familia que nunca tuvo interés en ayudarte y los años encerrada entre algodones por miedo a que la primera lesión te dejase postrada en cama de por vida... No, el miedo a que no llegases hábil al momento cumbre que tus padres habían preparado para ti, habían hecho que pasar demasiado tiempo en espacios cerrados terminase por agobiarte. A veces, incluso de quedarte demasiado tiempo en el mismo lugar llegabas a sentir la necesidad de salir corriendo. Aunque, curiosamente, durante las travesías en barco apenas notabas esa pulsión escurridiza.

- No hace falta esconder que te tocas -dijiste con una risita, antes de taparte la boca con apuro al darte cuenta de que lo habías dicho en voz alta-. ¡Perdón! No era mi intención, solo que... Bueno, tiempo a solas y cosas personales...

Dabas demasiadas explicaciones. Siempre te había sucedido que te costaba, casi siempre, llevar una conversación en términos socialmente ordinarios. Tu pánico social y unas costumbres anquilosadas se encargaban de ello muy eficazmente de forma habitual, además de que esa boquita tuya en ocasiones se convertía en un buzón sin filtro por el que soltabas cada cosa que a tu repipi interior hacía ahogarse en aspavientos.

- A mí... Bueno, siempre me ha gustado imaginar mi vida como un cuento truncado. La princesa encerrada en lo más alto de la torre, esperando por un príncipe que la rescatara pero, de pronto, un día alguien secuestró a la princesa y se la llevó lejos. Puede, y solo puede, que yo la secuestrara.

Te encogiste de hombros, inclinando la cabeza. En gran medida siempre había sucedido de esa forma: Esperando marido encerrada en casa hasta que huiste a Hallstat; encerrada en Hallstat hasta que nos marchamos. A veces soñabas con haber nacido pobre pero sana, llegando a preguntarte cuán distinta serías y, más importante, si serías más feliz que en ese preciso instante. No le dabas muchas vueltas, pero a veces fantaseabas con algunas cosas que, en realidad, sí habrías disfrutado de la vida que tenían preparada para ti. Cosas que aún querías, solo que no te sentías preparada.

- Pelear... No mucho, o al menos no de manera muy técnica -contestaste-. Siempre he sido muy peleona, claro, pero lo que es estilo poco. De todos modos, sabes que hay formas más sutiles de pedirle a una chica que se mueva, ¿verdad?

Le guiñaste un ojo y empezaste a tirar de él, directa al puesto de comida más cercano que encontrases. Lo primero era lo primero.
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Mensaje por Freites D. Alpha Vie 24 Dic - 3:13

Ante tales palabras no pude evitar abrir ambos ojos por la sorpresa. ¿Había escuchado bien? “No tienes que ocultar que te tocas”. Esa oración retumbo en mi cabeza por unos instantes y luego me dispuse a mirarla. Ella se disculpaba, justificando su comentario que mi tiempo a solas y cosas personales se referían a… bueno… eso.

- Nunca he tenido que hacer ese tipo de cosas. Además, personalmente lo considero algo aburrido. Es mejor cuando esta con alguien más. – Dije. Mira a la señorita que se trataba de dar explicaciones. No pude evitar reírme un poco. – No hace falta que justifiques nada, Alice. No soy de gran alcurnia y, a pesar de tener una especie de “sangre real”, si se le puede llamar así, soy alguien humilde y de gustos simples. – Luego de aquello ella comenzó a platicarme sobre el cómo imaginaba su vida. En cierto modo, todo me resultaba bastante triste, incluso, tachando en lo deprimente. – Ahora eres libre. – Dije mientras por un segundo tome su mano. – Puede que no sea el indicado para decirte esto, pero has hecho lo correcto. No conozco tu historia, pero si algo puedo intuir, es que, si quieres algo, lo tomas. – la solté. – Y eso es algo que puede hacer cualquiera, sin importar su raza, color, o estatus social.

Luego ella aclaro que solo sabía cosas básicas sobre defensa personal. – Si gustas… puedo enseñarte algo. – Dije. En serio me gustaba la idea de poder enseñarle algo algún día. Quizás así también me daba la oportunidad de entrenar a mí mismo.  Después de todo, debería darme el tiempo de desarrollar algo de haki para el futuro.

- N-no me refería a… - Y ella me jalo después de guiñarme el ojo.  Realmente era una chica algo extraña y resultaba un tanto fascinante para mí. Parecía tan frágil que casi podría llegar a pensar que con tan solo el mínimo de fuerza aplicada y la destrozaba en mil pedazos. Llegamos al puesto de comida, yo miraba, pero aun nada llamaba mi atención. – Creo que yo elegiré este. – Dije señalando algo que parecía ser carne. Suzaku no tardo en picotearme la cabeza, eso significaba una sola cosa. – De acuerdo, que sean tres. – Dije, claramente debía dar de comer a todas mis mascotas. – Por cierto, elije lo que quieras y cuanto quieras, Alice. Va por mi cuenta.  


Última edición por Freites D. Alpha el Dom 26 Dic - 8:17, editado 1 vez
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 26 Dic - 1:53

Como si de un niño se tratase la sorpresa había acudido a la cara de Freites. Afortunadamente no se había ruborizado, pero su respuesta había resultado tan puritana que bien podría haber sido la que tú darías a tu madre de tocar semejante tema. "No, madre, ¿por qué iba yo a experimentar con semejante órgano del pecado? Eso es de libertinas". Preferiste igualmente no insistir en el tema, tanto porque no querías presionar a un pirata peligroso por la relación que tenía con su pito -lo cual por otro lado tampoco era asunto tuyo- como porque, en realidad, te avergonzabas un poco de haber dado semejante respuesta.

Lo que sí te llamó más la atención fue lo de su supuesta sangre azul. Tú nunca habías creído en la sangre azul, pero comprendías por qué para alguna gente, e incluso para tu propio estatus, era importante: Por sangre eras legítima duquesa de Chesterton, vigésimo tercera heredera al trono de English Garden. ¿Tenía mucho sentido que por nacer en tu familia merecieses semejante privilegio? En realidad no te sentías cómoda intentando responderlo; querías decir que no, pero tampoco deseabas renunciar a lo que te habían prometido durante toda tu infancia. Aunque hubieses renunciado a ello, te lo habían prometido. Era tuyo. No había discusión posible.

Por un segundo te frenaste en seco. Estabas muy cerca de los puestos de carne, pero en tu cabeza se formó la imagen de una carne en palo que distaba mucho de la gastronomía local. ¿De verdad había insinuado...? No, no. Había algo en su voz, en sus palabras... Quería enseñarte algo, pero no había ningún afán oculto en lo que decía. Con el corazón aún en un puño retomaste la marcha y te acercaste al puesto. Mientras él pedía carne para sus aves tú mirabas indecisa a todas partes. No eras de mucho comer, por lo que lo que eligieses debía ser lo mejor, y eso hacía de la decisión algo mucho más delicado. Un mínimo error podía alejarte de delicias inimaginables.

- ¿Un shawarma con extra de feta, por favor? -solicitaste-. Y un poco de agua; muchas gracias.

Aceptaste la invitación de Alpha; ¿por qué no, al fin y al cabo? Se había ofrecido y no iba a robarla, nadie saldría perjudicado de ello. A quien le hubiese arrebatado la calderilla que costaba aquella comida seguramente no lo encontrases nunca para devolverle el dinero, así que tampoco era muy factible preocuparte de no dejarle gastar -y si así fuese, por el precio de tu pedido podrías reponerlo tú si estuvieras en la situación-. No obstante, con la comida a medio hacerse y la espera haciendo mella en tu curiosidad, decidiste hacer la pregunta:

- ¿Qué querías enseñarme, Alpha? -dijiste-. ¿Tiene que ver con pelear? Porque no creo que pueda copiar a... -Repasaste mentalmente. El pirata no tenía un arma definida, que supieses, pero atacaba frontalmente. Tú no podías hacer eso ni aunque quisieses; demasiado arriesgado-. No creo que esté a la altura de tus habilidades -te disculpaste-. Sería una alumna pésima, y no sé si es la mejor forma de aprovechar la noche.
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Mensaje por Freites D. Alpha Jue 6 Ene - 17:48

¿Shawarma? Definitivamente tenia gustos bastante finos. La notaba un poco nerviosa antes de haber elegido su comida… me pregunto que estará pasando por su cabeza. Pague por toda la comida y les entregue los respectivos alimentos a todos con mucho cuidado. Suzaku y Susanoo devoraban con felicidad su comida mientras yo me daba mi tiempo para disfrutar del mío. Un primer mordisco y, no estaba nada mal. No era lo mejor que había probado, pero era bastante aceptable.

- No soy tan fuerte como imaginas. – Decía mientras le entregaba la comida a Alice. – O al menos tengo esa imagen de mismo hacia mí. Pero eso no quita que pudiera enseñarte alguna que otra cuestión básica sobre defensa personal. Sin importar el arma que sea, por supuesto. – De todas formas, era su decisión aceptar o no. Anteriormente ella no había especificado si ella era de las que vendrían a por mí o las que me temían, cosa que me generaba un poco más de curiosidad. “esta noche no soy ninguna de las dos”

Me pregunto… ¿Qué serás el día de mañana?

- No te disculpes. Solo he querido buscar alguna manera más amigable de aprovechar la noche. No estoy lo suficientemente embriagado para ofrecerte otro tipo de cosas. – Dije mientras observaba hacia la luna. – En noches como estas simplemente me gusta beber y mirar hacia la encargada de iluminar el cielo nocturno. Beber y cantar hasta todo pulmón. Y depende de la compañía… dejarme llevar. – Cerré los ojos por un momento. Recuerdos agradables vienen a mi mente. Comienzo a tararear la misma melodía que cante con anterioridad mientras balanceaba mi cabeza de un lado a otro. – Como extrañaba sentirme así… - Suspire. Me sentía libre y más que nunca. Abrí nuevamente mis ojos para mirar a mi acompañante. – Pero hoy no se trata de mí. Se trata de que he de acompañarte a ver el festival ¿No es así? – Señale hacia la tarima. – Al parecer está a punto de comenzar algo ¿Nos acercamos?

Chasquee los dedos y Suzaku se acercó hasta Alice. Agachándose para que ella pudiera tomar haciendo sobre ella. Yo le extendí mi mano con la intención de ayudarle a subir en la plumífera. – No está bien que una dama coma de pie. ¿Permitiría que mi fiel compañera la llevara a usted? – La gente comenzaba a agruparse en el escenario. Al parecer algo estaba a punto de comenzar.
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Mensaje por Alice Wanderlust Sáb 8 Ene - 2:11

- No es porque seas más o menos fuerte -repusiste, encogiéndote de hombros mientras desenvolvías el papel de tu comida-. Es porque yo soy muy débil.

Tal vez frágil hubiese sido una palabra más adecuada. Hacías más ejercicio del que estabas dispuesta a reconocer, muchas veces superando con creces las expectativas de tus entrenadores personales y las tuyas propias, superando constantemente tus marcas en una competición contigo misma ya no por convivir con, sino por superar tu enfermedad. Tus avances eran francamente lentos, no podías entrenar al fallo -romperte una vértebra era muy fácil y podría desembocar en consecuencias terribles- y dolía como una tortura, pero eran avances. Mucho mayores de lo que habrías soñado nunca, mucho menores de lo que esperabas fuesen algún día.

- Cuando era pequeña solo quería poder correr con mis amigas, aprender a bailar y saber que no me rompería en caso de caerme -confesaste. No tenías muy claro por qué te abrías tanto ante una potencial presa, pero lo estabas haciendo-. En principio ya puedo hacer esas cosas, pero no sé si resistiría un entrenamiento duro. Tampoco es el momento, en cualquier caso; ¿no te parece?

Alpha se mostraba... Delicado. Cuidadoso, incluso, dirías. Utilizaba frases zalameras y agradables, mucho más caballerosas que en un primer momento. Quizá se había dado cuenta y estaba alerta, tal vez solo estaba tratando de coquetear. En cualquier caso asentiste con una sonrisa y te sentaste sobre el zancudo de lado, cuidadosamente colocada para evitar que la falda se arruinase. Agradeciste con una leve inclinación de cabeza su gesto y aceptaste que en esa situación él guiase la marcha. En una feria no tenía por qué resultar peligroso, y si te estaba llevando hacia una tarima eso solo podía significar que os esperaba un espectáculo tranquilo mientras terminabais la comida.

- ¿Qué es exactamente este animal? -preguntaste-. Nunca en mi vida había visto uno así. ¿De dónde has sacado una avestruz gigante y amarilla?

Mientras esperabas respuesta y llegabais al escenario diste el primer bocado. Estaba bueno. No era lo que esperabas, pero estaba bueno.
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Mensaje por Freites D. Alpha Jue 13 Ene - 18:05

Curioso… así que era débil cual cristal. No podría imaginar que existiese una persona así. Gente de cuerpo débil y enfermiza existe, por supuesto. Pero llegar a un punto donde incluso bailar podía llegar a ser perjudicial para el cuerpo… ya es otra historia.

Escuchaba atentamente sus palabras. Sus deseos. Sus anhelos. Honestamente llego a parecerme muy dulce y a la vez triste. También me hiso pensar la suerte que tenia de poder gozar todas las cosas de las cuales ella no pudo gozar en su niñez. Cada momento. Cada juego. Cada enseñanza. Recuerdos agradables pasan por mi mente por un instante. Recuerdo donde me encuentro yo jugando con mis hermanos y hermanas. Era… precioso. Nuestra familia era unida, fuerte e independiente. Herreros nacidos para hacer que nuestro arte llegara a superar a los mismos dioses.

Dioses… es curioso que las personas encargadas de hacer que nos corrompiéramos al sol de hoy se autoproclamen dioses. Por un segundo llega la imagen de ese fatídico día donde todos luchamos a muerte. Cierro mis ojos por un momento, buscando controlar mis emociones. Por suerte, las palabras de Alice hacen que regrese al presente, cosa que agradecía.

- Siempre es buen momento para cualquier cosa, Señorita. – Dije. Le ayude a subir sobre la plumífera y esta se levantó y comenzó a caminar. Les guiaba hasta la tarima, en donde se encontraba la gente a tope tratando de dejar todo listo para el espectáculo. Luego la dama pregunto sobre las supe aves. Cosa que me causo un poco de gracia por la manera en las llamaba.

- Ella son de esta isla. Son súper aves de batalla. Son lo suficientemente y letales como para arrancarte una extremidad de un picotazo. Yo cuidaría la manera de referirme hacia ellas.

Suzaku miro a Alice por unos instantes. No con una intención letal. Conozco esa manera de mirar de ella. La estaba detallando de pies a cabeza para no olvidarla. Por otro lado, llegamos a un punto bastante bueno donde podíamos esperar hasta que el espectáculo comenzara. Las personas poco a poco comenzaban a llegar y yo simplemente me limite a permanecer en silencio mientras todo comenzaba. - ¿Te parece bien este lugar? – Pregunte. – Puedo llevarte a cualquier lugar que te parezca más cómodo para ver el espectáculo.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 14 Ene - 1:51

Al parecer las avestruces eran nativas de ese lugar. No se llamaban avestruces, claro, sino que habían recibido como nombre súper aves de batalla -si es que no tenían otro nombre más mundano, lo aceptarías por el momento-, pero Suzaku era como un emú cargado de electricidad estática. Bonito a su manera, claro, pero no dudabas de su parentesco. Por otro lado casi te causó risa la idea de un animal arrancándote el brazo, en parte consciente de que difícilmente podría hacerlo. Podías no estar lista para la caza de Freites, pero una montura seguía sin ser rival para ti. Aunque tal vez él lo hubiese dicho teniendo en cuenta tu enfermedad, claro. Era muy probable que se hubiese dado cuenta.

Te dejaste guiar hasta muy cerca de la tarima. Sobre Suzaku tenías una posición privilegiada que te permitía verlo todo; sin embargo el espectáculo había pasado a un segundo plano. Alpha parecía muy interesado en enseñarte cosas, y aunque sentías cierto temor a que con ello pretendiese encamarse contigo la curiosidad empezaba a tentarte como si fueses un gato frente a un ovillo de lana. El pirata había tirado ligeramente del hilo, y tú te inclinaste hacia delante a modo de delicado zarpazo.

- ¿Y si quisiera aprender, qué me enseñarías? -preguntaste, con mirada felina y sonrisa más ilusionada de lo que debías-. ¿Qué querrías enseñarle a una dama en esta noche de fuego, capitán?

Retrocediste de nuevo, confiada. Creías tener de nuevo la lana entre tus manos, aunque de alguna manera sentías haberla empujado contra él. Aun así por un momento no te importó, tan solo te dejaste llevar; no ibas a hacer nada que no quisieras, y si de alguna forma hacía algo siempre te quedaba huir. No, huir no. Tú nunca huías.

- Es una noche muy bonita. -Miraste hacia el cielo; también hacia la tarima-. El espectáculo debe estar a punto de comenzar; si empezase y sigo aquí no creo que sea capaz de perdérmelo. Si pretendes aprovecharte de mi curiosidad tendremos que alejarnos ya.

Lo que habías dicho sonaba con demasiado doble sentido en tu cabeza, pero decidiste ignorarlo. No querías pensar en ello. Estabas cediendo demasiado control sobre tu noche a un desconocido muy peligroso, y aunque en parte te inquietaba... Era emocionante.
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