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La hora del té y las conquistas [Moderado Nvl 5]

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Mensaje por Hazel Miér 21 Abr 2021 - 21:07

Cuánto ha pasado en tan poco tiempo, ¿verdad? Una guerra en la otra punta del mundo, en el hogar de los samuráis y el honor, Yonkous enfrentándose entre sí, alguna oportunidad que se te ha escapado de entre los dedos. Se podría decir que has madurado, o como poco te has dado cuenta de que va siendo hora de tomarte las cosas más en serio. El poder es importante, pero no sirve de nada en el mundo en solitario. Reflexionando mientras cada miembro de su banda tomaba su propio rumbo en pos de encontrar qué es lo que realmente quieren hacer y necesitan de la banda, de sí mismos y de ti; has llegado a la conclusión de que el primer paso para formar tu gran imperio es conseguir asentarte. Un lugar que sea tuyo, tus propios dominios. Y tú no necesitas una herencia de familia como podría ser la de Iván, ni que nadie te regale nada. Vas a forjar tu propio Imperio con tus propias manos.

Es con esas ideas que has llegado a la isla que será la primogénita de tu nación, English Garden. Ubicada en el North Blue, seguramente tú sepas mucho más que yo sobre este pintoresco lugar. Una tierra con dos mundos: En el Sur se encuentra la parte que muchos llamarían como «civilizada»: Casas bonitas y sofisticadas, decoradas de forma pomposa. El estilo victoriano rezumba de los preciosos suelos de las calles, adosados, de las lámparas, los jardines llenos de flores y de sus buenas gentes. Hasta los campesinos parecen tener clase. Y toda la clase que les sobra a ellos les falta a sus compatriotas del norte: Rudimentarios, sin educación, burdos… Aunque quizás una parte de ti tenga curiosidad sobre que esconde su cultura y sus creencias.

Como sea, ahora es cuando tienes que decidir, sobrevolando la superficie del océano, no tardas en avistar la isla. Imagino que no te conformarás con solo una mitad, sino que buscaras hacerte con ella al completo. La cuestión es por dónde empezar, pero seguro que tú ya tienes algo en mente mientras te acercas a tocar tierra firme, ¿verdad?
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Mensaje por Katharina von Steinhell Jue 22 Abr 2021 - 23:06

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvo en el North Blue. Recordaba con cierta nostalgia el viento frío, las grandes montañas congeladas y los extensos bosques que cubrían las llanuras eternas. Podía decir que su aventura había comenzado en el mar del norte, habiendo significado mucho para ella. Y, si había abandonado temporalmente la guerra que azotaba al mundo, era porque había algo más importante que cualquier otra cosa: dentro de una semana harían cuatro años desde la muerte de su hermana.

Sin embargo, no era el único motivo por el que visitaba el mar del norte. Uno de los reinos más prestigiosos e importantes del North Blue era English Garden, un país un poco atrasado en cuanto a avances científicos y nuevas tecnologías se refería, pero con un valor cultural e histórico incalculable. Lo había analizado desde hacía tiempo, llegando a la conclusión de que era un punto estratégico para formar su imperio pirata. ¿Cómo se coronaría Emperatriz si es que no tenía ninguna tierra propiamente suya? Tenía grandes ambiciones, y conquistar English Garden era una de ellas.

Imaginaba dos escenarios posibles para tomar el control del reino, aunque sentía predilección por uno de ellos. Podía obtener influencia y convencer a los nobles para que se le unieran, debilitar lenta y progresivamente el poder de la corona para entonces dar la estocada decisiva; esa era la ruta sensata e inteligente. O bien podía aparecer frente a la reina y declarar sus intenciones. Si había alguien tan poderoso como para detener a Katharina, English Garden sería un auténtico imperio y no un reino que ni siquiera podía conquistar la totalidad de la isla.

Por otro lado, conocía la situación del reino: muchos ciudadanos vivían en condiciones precarias. Usando la política a su favor, podía ganarse el corazón del pueblo y obtener el respaldo que necesitaba para mantener el poder. No obstante, debía ir paso a paso: primero la reina. Así que sobrevoló la ciudad y se dirigió directamente al castillo, palacio o lo que fuera, para entonces descender como un verdadero rayo y detenerse frente a las grandes puertas de la casa de la reina.

—¡Mi nombre es Katharina von Steinhell y exijo una audiencia con la reina! —vociferó a toda voz, esbozando una sonrisa cargada de confianza mientras su mano buscaba la empuñadura de Fushigiri.

En caso de que alguien osara intervenir, usaría su poderoso haki del rey para desmayarle y continuar con su objetivo. Confiaba en que la reina actuaría con prudencia e inteligencia, confiaba en que aceptaría la audiencia.
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Mensaje por Hazel Vie 23 Abr 2021 - 11:24

Una entrada espectacular, desde luego. En el patio que se ecuentra frente a la entrada del palacio resuena tu estrepitosa caída, como si un rayo hubiera penetrado con fuerza la tierra. Tras una polvadera tu figura se va vislumbrando poco a poco hasta que quedas completamente al descubierto para alzar la voz y exigir la audiencia con la reina. Bueno, te han escuchado alto y claro, pero como supondrás la respuesta no ha sido la más complaciente para ti. Si te fijas con tu mantra… O con el simple hecho de dar un vistazo veras que desde las vallas de hierro negro que hay delimitando el patio de las calles hay un par de soldados mirándote con una mezcla de miedo y confusión. Estaban en su puesto tranquilamente y les has sorprendido hasta el punto de tener que moverse. Por otro lado, delante de ti se encuentran custodiando la puerta dos hombres con el mismo traje y no menos intimidados por tu persona. Han cruzado sus lanzas en cuanto te han visto. Son débiles, mucho más débiles que tú. Pero hay que reconocerles el valor por no echarse a un lado en cuanto de has presentado toda grandilocuente exigiendo hablar con su majestad. Lealtades así quedan pocas en el mundo, ¿no crees?

Por suerte para ellos, y también para ti, hay más guardias en la zona, siendo uno de ellos el comandante de los que estaban vigilando la entrada. Este ha llegado antes de que te pudieras plantear el usar tu Haki del Rey para desmayarles. Asaltar el palacio de esa manera tal vez no te de la imagen que quieres para que el pueblo te acepte como su reina por mucho que haya gente sufriendo de hambruna o falta de recurso.

—¿Qué está pasando aquí? —cuestiona el recién llegado, primero mirando a sus hombres y después a ti. No le cuesta mucho reconocerte, aunque lo cierto es que salvo que se haya vivido debajo de una piedra nadie podría decir que no le suena el nombre de Katharina Von Steinhell. Jurarías que palidece un poco, pero su entereza es mayor que la de sus allegados, quienes le cuentan con voz trémula lo que acaba de ocurrir.

—E-Esta mujer acaba de caer desde el cielo… Ha dicho, ha dicho que se llama como la pirata Katharina… Y que exige ver a su majestad.

—¿Es así eso? —Ahora te pregunta a ti. Esperará a que contestes para tomar una decisión sobre si te dejará pasar o no. Aunque al final se quedará con qué, si no eres una visita esperada por su majestad deberá decidir ella si quiere recibirte o no—. Enviad a alguien a preguntar a su majestad, si ella lo ve conveniente o no está ocupada la dejaremos pasar. ¿Está bien eso para usetd también, Señorita Von Steinhell?

Bueno, el hombre trata de ser cortés contigo pese a todo… Sabe que no está en posición de contradecirte, pero no va a hacer algo que la reina no le ordene o que la ponga en peligro sin más. Y eso ya te debe ir dando pistas sobre la forma de pensar de este pueblo para con su monarca. Lo más probable es que, si buscases aliados contra la corona, solo las sabandijas más despreciables y traicioneras del reino se planteasen ponerse de tu parte. Dudo que quieras traidores ni gente que no te acepte, así que tu dificultad para hacerte con el reino no va a ser la fuerza para arrancarlo de manos del gobierno, sino para que no se revolucionen en cuanto te marches porque has venido sola y no hay nadie a quien dejar al cargo tras tu marcha.

Por el momento estás de suerte. La reina tiene un rato libre y ha decidido concederte la audiencia que pides mientras te ofrece acompañarla a tomar el té. Si aceptas, los dos guardias que custodiaban la puerta te acompañaran para guiarte por tu camino y para tenerte vigilada.

Caminais por los largos y bellos pasillos del palacio, con enormes cristaleras similares a las de las catedrales góticas en forma, pero sin adornos de vidrieras de colores, solo cristales transparentes y lisos que permiten ver los jardines del otro lado, llenos de hermosas flores y arbustos podados al milímetro. La reina te espera en el jardín, en lo que parece una pagoda de piedra que protege del escaso sol que pudiera haber, esta se encuentra situada sobre una plataforma que flota sobre un lago artificial de agua cristalina, decorada con faroles y flores de loto. El olor de la brisa del patio es embriagador y suave.

—Bienvenida, usted debe ser la afamada señorita Von Steinhell. Me han dicho que queréis tratar un asunto conmigo. Por favor, tomad asiento. ¿Qué puede hacer la reina de este humilde país por alguien como usted?

Mientras te vas acomodando y hablando te ofrecen una taza de té como la que sostiene la reina entre sus manos, además se te indica que puedes comer lo que quieras del surtido de pastas que hay servidas. No es poca cantidad de comida y dudas mucho que la reina coma tanto, así que o han puesto tal cantidad por ti, o el resto iba a acabar en la basura. Como sea, tienes vía libre para hablar.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 24 Abr 2021 - 0:10

Alejó la mano de la empuñadura de Fushigiri cuando apareció un hombre cortés y bien educado frente a ella. No mataría a alguien así, al menos no de primeras. Podía olfatear el miedo en él cual bestia, reconocer esa sensación tan propia del humano cuando se estaba frente a un monstruo, pero aun así intentaba mantener la serenidad y la lealtad hacia su reina. Mientras los soldados cumplieran las exigencias de la bruja, realmente no tendría razones para atacarlos.

Miró al capitán o lo que fuera y pensó en la respuesta. «Espero que la reina me reciba, por el bien del reino entero». «Me da igual lo ocupada que esté, la veré hoy. ¿O harás algo para detenerme?». «No tengo tiempo para estupideces, quiero ver a la reina ahora». Fueron algunas de las respuestas que se le pasaron por la cabeza, pero considerando que quería English Garden para ella…

—¿Cuál es tu nombre? Me tratas con demasiado respeto sabiendo que soy una pirata. ¿Lo haces porque me tienes miedo? —le preguntó al hombre, dando un paso al frente mientras sonreía—. Bueno, tampoco importa. No he venido a lastimar a nadie a menos que sea estrictamente necesario, pero si todos se comportan con tal educación nos llevaremos bien.

Poco tiempo después, llegó un mensajero anunciando que la reina tenía tiempo para hablar con la hechicera. Los soldados que vigilaban la puerta intercambiaron miradas y recibieron la orden de escoltar a Katharina. ¿Qué harían esas pobres y frágiles criaturas en caso de que la bruja decidiera actuar? Nada, por supuesto. Antes de que pudieran desenfundar sus armas o dar aviso las llamas devorarían sus cuerpos y nada quedaría de ellos.

La reina esperaba a Katharina en un hermoso jardín, situada sobre una plataforma sobre la superficie del lago de aguas cristalinas. La reina era una mujer que rondaba los cuarenta años y tenía los rasgos marcados por el paso del tiempo, largas jornadas de trabajo y más discusiones de las necesarias. Tenía los ojos profundamente azules y el cabello rubio peinado en forma de cascada. Sobre su cabeza reposaba una delicada pero imponente corona con un gran rubí en el centro de esta.

Tomó asiento frente a la reina y la estudió con ojo clínico, esperando reconocer cualquier rasgo que pudiera darle información sobre su personalidad y pasado. Incluso dejó caer su desarrollado mantra sobre la mujer con la intención de leer sus pensamientos superficiales y, más importante aún, conocer sus ambiciones. Para algo estudiaba las mentes de los seres humanos y las lenguas que estos usaban, ¿no?

—¿De verdad considera un “humilde país” a uno de los reinos más influyentes y poderosos del mar del norte? —le preguntó, depositando su mirada en los ojos azules de la reina—. Si usted conoce mi nombre, sabe perfectamente quién soy por lo que es innecesario añadir cualquier advertencia de lo que sucedería si llegara a enfadarme, pero no he venido con la intención de lastimar a nadie. —Hizo una pausa para estudiar la reacción de la reina y luego continuó—. Quiero crear el primer imperio pirata que ha visto el mundo, una potencia tan poderosa como para hacerles frente a las influencias e intereses del Gobierno Mundial, y el Reino de English Garden es una pieza fundamental para dominar el mar del norte. Ahora mismo, su humilde país carece de protección externa y, considerando las precarias condiciones en las que vive su pueblo, diría que el Ejército Revolucionario se dejará caer en cualquier momento. Y enfrentar a Dexter Black es el mejor de los escenarios, ciertamente. ¿Qué pasaría si cualquiera de los otros Emperadores quisiera reclamar esta tierra? Los poderes que mantienen la balanza en el mundo están cambiando más rápido de lo que usted cree, eso es algo que está demostrando la guerra mundial. Por todo ello es que le ofrezco tanto mi protección como las ideas de alguien que ha viajado por casi todo el mundo, pero a cambio el Reino de English Garden pasará a formar parte de mis territorios y cumplirán mi voluntad.

Como la bruja carecía de una habilidad llamada «diplomacia» no dudó en disparar sus intenciones sin ninguna sutileza, pero al menos fue educada. Cualquier soldado del reino podía verlo como un insulto, una ofensa al honor y a la voluntad de la reina, pero tampoco es que le importara demasiado. Ante la fuerza, ante la verdadera fuerza nada ni nadie podía hacer algo. Era como querer cambiar las arenas del destino o luchar contra la misma naturaleza: sencillamente imposible. Y para English Garden, Katharina representaba una de esas fuerzas.
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Mensaje por Hazel Sáb 24 Abr 2021 - 13:34

—James. Ese es mi nombre, señora. Y sí, obviamente sé que sois una criminal para el gobierno, una persona peligrosa. Pero hay dos verdades aquí que parece no tener en cuenta: La primera es que en nuestras tierras aún no se ha demostrado que seáis alguien a quien considerar enemiga y, además, aunque lo fuerais no soy tan estúpido como para no valorar lo insulsos que podrían ser mis esfuerzos. Lo principal para mí es velar por la seguridad de las personas a mi cargo, pensar que el único método sería encararla… Bueno no me haría merecedor de mi puesto.

Vaya, estoy segura de que no esperabas a alguien con la cabeza tan bien puesta sobre sus hombros, ¿verdad? Una pena que fuera tan débil… Aunque si todo fuera tal y como tú quieres podría trabajar para ti a futuros… Tal vez entrenarle para volverle un soldado ejemplar. Pero para eso tendría que salirte todo como la seda.

Y tal vez lo hubiera hecho, si hubieras sabido controlar tus formas, pero ambos sabemos que la impulsividad de Katharina no tiene límites, menos ahora que se ve tan poderosa. ¿Pero de qué sirve el poder si no va acompañado de un carácter que incite a seguir a la persona que lo maneja? Jurarías que eso mismo se le pasa por la cabeza a la reina según te escucha hablar. No se mofa de ti en su cabeza, pero no pareces convencerla. Claro, ella podría perder la vida en cualquier momento a tus manos, pero eso no te daría el control sobre sus dominios… Así que.

—Por favor, toma asiento niña —Te ordena antes de dignarse a contestar a ninguna de tus «proposiciones»—. El té se va a enfriar, y sería muy descortés para con aquellos a quienes esperas ganarte como súbditos de tu parte, ¿sabes? Aunque eso será primero si consigues convencerme con más que amenazas o la idea de que otros instigadores no serán tan amables. Para empezar, me gustaría preguntarte algo —Su tono sigue calmado, es como un remanso de paz y jurarías que no siente miedo ninguno sentada frente a ti pese a su frágil apariencia. «Es así como debe ser una reina» podrías llegar a pensar. Tal vez fuera incluso admirable—. ¿Con cuántas personas ha venido para intentar hacerse con mi corona? —La pregunta llega como una flecha a perforar tu orgullo. ¿Está insinuando que eres demasiado débil como para hacerlo tú sola? Imposible. Estás segura de que el temor que desatas rezumbaría incluso por los caballeros más importantes de la guardia real. ¿Pero qué se ha creído? ¿Qué tiene el control? ¿Qué ella sola puede contigo? Como sea… Es un poco pronto para sacar conclusiones—. Quiero decir… Hay algo que leí en un libro, una historia interesante. Un cuento bastante popular, la verdad. En una de sus muchas versiones del libro La princesa cisne, el villano de la historia dice esta frase: «Cuando robas algo tienes que pasarte la vida luchando por mantenerlo». Este hombre hablaba de conseguir un reino, arrebatárselo a su monarca. Querer poder sin saber lo que esto conlleva y esperar mantenerlo por tu simple renombre no saldrá bien. Imagino que has pensado en ello. ¿Has traído a alguien que sea leal a ti? Alguien en quién confíes lo suficiente como para poder alzar el vuelo y saber con toda seguridad que no se revelará contra ti al tener el poder en sus manos. ¿O vas a dejar al pueblo abandonado y cruzar los dedos para que no se les ocurra sublevarse contra ti cuando no mires? Como ves, no es solo que no quieras hacernos daño. Es que, para cumplir tu objetivo debes lograrlo sin hacernos daño.

¿Qué opinas de las palabras que acaba de decir la reina? Parece que, como poco, te tocará recapacitar al respecto aprovechando ese momento para tomar el té. Ella desde luego va a hacerlo, más con el riesgo de que esa pueda ser su última taza de té. Así que cuando vea que te has decidido sobre si seguir charlando o pensar en otro plan, apartará por fin esos ojos azules que se clavan en los tuyos, profundos y serenos y tomará una pasta para mojarla en su té, disfrutando del sabor. Incluso verás cómo gira la cabeza para felicitar la elección a su sirviente y pedir que agradezcan de buena forma al cocinero que las ha preparado: el panadero del pueblo, alguien de palacio, quien fuera. ¿Y tú, aceptarás ahora la invitación a tomar el té de la reina? Si lo piensas bien, no te ha dicho que no de forma rotunda, aún.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Mar 27 Abr 2021 - 2:47

La hechicera frunció el ceño, mostrándose disgustada por las palabras elegidas por la reina. Esperaba que una persona educada para gobernar supiera escoger con más cuidado sus palabras, ser más rigurosa a la hora de analizar un panorama. Lo que había comentado era una predicción: el mundo estaba cambiando y tarde o temprano habría que tomar bandos. Encima le había tratado de niña y, si bien podía ser bastante más joven, no tenía ningún derecho en llamarle así. La reina debía agradecer que Katharina no fuera como el resto de los piratas, de lo contrario, su cabeza estaría en una pica y la mitad de Towerbridge en llamas.

Escuchó con atención el resto de la respuesta, tomando apuntes mentales para seleccionar lo más importante y aferrarse a ello para contraargumentar. Ahora, si la reina pretendía provocar a Katharina para que cometiera un error, tendría que hacerlo mucho mejor. Por ahora le había dado las herramientas necesarias para dirigir la conversación a su conveniencia, a un punto donde la reina no tuviera nada más que aceptar la voluntad de la bruja.

—Como puede ver, he venido completamente sola —contestó, tomando la taza de té—. ¿Es que acaso no escuchó mi propuesta, Su Majestad? No he venido a robarle la corona ni a dañar a nadie, traigo ante usted la oportunidad de pertenecer a algo mucho más grande. Y de paso evitar que su reino termine hecho cenizas, ¿o piensa que la guerra de Hallstat se debe únicamente a sus conflictos internos? Ambos sabemos que una reina como usted no puede ser tan ingenua. —Olfateó con el sentido de un perro el té mientras se lo acercaba a su boca, intentando reconocer alguna malicia en la bebida. Si no había nada, bebería—. Hay un enemigo tan poderoso como para haber puesto de rodillas al Gobierno Mundial. Puede que haya perdido en el lejano país de Wano, pero ha destrozado Hallstat, el Reino de Sakura y también el Archipiélago de Sabaody. La guerra se extiende por todos lados como un maldito virus, Su Majestad, y no tardará en golpear su puerta.

» Pero me dejaré de rodeos y contestaré su pregunta: no he traído a nadie que sea leal a mí porque pretendo que usted confíe en mí. Qué fácil sería para mí quitarle la corona por la fuerza, pero no soy ninguna salvaje. Fundaré un imperio pirata y entre sus dirigentes habrá confianza, comunicación y lealtad. —Dejó el té sobre la mesa y le sonrió a la reina, demostrándole que estaba convencida de lo que decía—. ¿Cómo pretendo hacer que usted confíe en una pirata como yo? Bueno, solucionaré los problemas del reino. Erradicar la pobreza, transformar la ciudad en un lugar y reformar el esqueleto de English Garden en pos de la modernidad, son cosas que lograré con todo lo que he aprendido en mis viajes.

La bruja giró la mano con la palma apuntando al cielo y entonces proyectó una preciosa ilusión con sumo detalle. En ella se veía Runaterra, la capital de Lëxius, y los sofisticados trenes que iban de allá para acá sin siquiera estar limitados a un riel. La gente bien vestida disfrutaba de la tranquilidad del día a día, y todo apuntaba a una sociedad tan avanzada tecnológicamente que parecía sacada de una obra de ciencia ficción.

—Podemos trabajar en equipo y alzar el primer imperio pirata no salvaje de la historia, Su Majestad —dijo finalmente, sonriendo ante su tonto chiste pero de pronto su rostro se tornó serio y su mirada intimidante—. O podemos hacer esto como enemigas.
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Mensaje por Hazel Sáb 1 Mayo 2021 - 16:33

Kath, la reina escucha tus palabras y sopesa las posibilidades, sus pros y sus contras, mientras tú das el primer sorbo a tu taza de té. Tienes suerte de que el gesto pudiera simplemente considerarse como una muestra de aprecio ante el agradable aroma que la infusión desprende con su vapor. No es que la reina pudiera hacerte mucho, pero le hubiera sentado muy mal que desconfiarais así cuando ella misma estaba bebiendo té salido de la misma tetera que la tuya. Y la verdad es que te resulta delicioso cuando lo pruebas, sería una pena que se hubiera desperdiciado.

La velada sigue su curso y llegamos al momento en que muestras lo que parece ser tu visión de la utopía que puede llegar a ser esta isla, combinando la tradición arquitectónica y la moda de la burguesía actual, sin gente pobre o muerta de hambre, el ferroviario llegando hasta la zona norte de la isla, las maravillas tecnológicas… Pero, lo que más llama la atención a la reina es que toda la isla es un conjunto en tu mente, la ausencia del territorio norte como zona enemiga.

—Puede, que os haya juzgado mal, Katharina Von Steinhell —dice, mucho más seria que antes, mientras que sus guardias te apuntan con sus armas ante tal amenaza. La reina alza la mano, indicando que esperen—. No soy una persona ingenua, tampoco tan tonta como para no saber lo que esas personas estaban buscando. Esa «guerra» se ha movido por uno u otro motivo siguiendo la estrella que cayó del cielo hace una semana. El seísmo fue tal que sacudió los mares y agrietó la tierra. Aún hay caminos, casas, estructuras portuarias y ferroviarias que necesitaran un duro trabajo y recursos para reconstruirlo. Sin embargo, es cierto que si estos grupos buscasen hacerse con el control de más islas no podríamos defendernos. —Hace una pausa, bajando la mano—. Mi pueblo no cuenta con la protección del gobierno mundial pese a ser un reino, y la marina de los blues es más débil que la del Paraíso, pero están más atentos que los del nuevo mundo en nosotros. Si te cedo mi territorio sin más estaría poniendo a mi pueblo en contra del gobierno mundial. ¿Qué haremos si nuestra benefactora no está aquí para asegurar la seguridad de este? Quiero confiar, y recibir el beneplácito de quien cree poder superar a estas fuerzas que van contra el mundo mismo, pero primero necesito una prueba de tus capacidades.

Tras decir estas palabras se levanta y da un par de pasos antes de volver a mirarte y hacer un gesto con la cabeza, te sonríe.

—Acompáñame, seguiremos esta conversación en privado.

Si la sigues, de conducirá de nuevo al interior del palacio, esta vez sin guardias acompañándoos, una muestra de parte de la reina para que veas que no solo no es tan tonta, sino que quiere confiar en ti y está dispuesta a acceder a tus peticiones, con sus propias condiciones, claro. Al final, acabaréis llegando a la que parece la biblioteca del palacio, llena de estanterías de libros que cubren las paredes de la primera y segunda planta, siendo esta una zona con el suelo abierto y barandillas de forma que se puede ver la planta baja casi en su totalidad. Un sistema planetario con el mundo en el centro adorna el centro de la estancia. Tras este, ventanales que quedan con un enorme mapa de la isla entre ellos, sujeto a la pared y dos largas mesas de estudio se disponen para el uso de la reina y los ministros… Y ahora para ti.

—Como reina, tengo que velar por mi pueblo, y tú tendrás que hacer lo mismo. Por eso mismo, nuestro primero objetivo tiene que centrarse en el interior. Necesitaremos que tu nos protejas, que consigas hombres que puedan unirse a los míos y sirvan de defensa contra el exterior… Y también terminar de obtener toda la isla para mi… nuestro pueblo. Cuando estas dos cosas estén hechas, podríamos hacer oficial este trato… Hasta entonces tendré que pedirte que esto se mantenga en secreto… ¿Te parece bien, señorita Steinhell?
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Mensaje por Katharina von Steinhell Miér 5 Mayo 2021 - 4:28

Pensó con cuidado su respuesta, pues así funcionaban la política y la diplomacia. Había que ir con paso calmado, midiendo cada palabra para evitar cualquier sacada de contexto, ver los puntos de dolor del adversario y usarlos a favor. Si a la reina tanto le preocupaba el reino, entonces le ofrecería protección. Si la reina quería prospección y mejoras tecnológicas, entonces le daría la puerta al futuro.

—Si el Gobierno Mundial no ha intervenido durante años en este reino, no lo hará cuando lo proclame como parte de mi territorio. A los grandes señores de nuestro mundo sólo les importa lo que pasa cuando ellos están involucrados, siempre ha sido así —contestó, acabando con la introducción a su jugada—. Si yo no estoy aquí para defender English Garden, lo estarán mis subordinados. Puede confiar en ellos, Su Majestad, si no fueran capaces de hacer algo así no les permitiría viajar conmigo.

De pronto, la reina se levantó y le pidió a la bruja que la acompañara. Así lo hizo. Caminó junto a ella, pensando en que todo parecía estar yendo a la perfección. Si las negociaciones seguían ese curso, tomaría English Garden sin derramar una sola gota de sangre. Sería un gran triunfo para la sanguinaria Katharina von Steinhell, pues de esa manera le demostraría al mundo que también podía hacer las cosas de otra manera, que era una persona digna para liderar y gobernar a la gente. Porque de eso se trataba todo, ¿no?

—Mi estandarte pesa más que un ejército de diez mil hombres entrenados, Su Majestad. Una vez anuncie la formación de mi Imperio Pirata con English Garden como uno de sus principales territorios, ningún pirata, criminal o marine osará levantar una espada —le aseguró la hechicera—. En los últimos años, ¿alguien ha atacado los territorios de Lion D. Émile, Julius C. Zar, Zane D. Kenshin? Estoy segura de que no, y soy alguien que constantemente se informa sobre los acontecimientos del mundo. —Sonrió con seguridad—. En cuanto a los asuntos internos… Hay diferentes formas de tratar con las tribus del norte. Podemos aniquilarlos, pero eso no mejorará nuestra imagen de cara a la ciudadanía y al mundo, así que descartaremos esa opción. Ahora bien, si la fuerza no es nuestra aliada frente a este problema, la diplomacia y la tecnología lo serán. —Señaló el mapa—. Hace meses se inició la construcción de un tren ferroviario que pretende unir la isla, de esta manera crecería la economía y prosperarían los ciudadanos del reino. ¿Por qué no les ofrecemos la promesa de un futuro mejor para todos?
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Mensaje por Narrador OPD Vie 11 Jun 2021 - 20:43

-Estandartes...

La voz resuena en la estancia con la rotundidad y la potencia de un buen puñetazo. Pertenece a un hombre mayor de porte militar, con el rostro arrugado pero aún orgulloso de la fuerza de su expresión. Lleva el pelo corto y la barba pulcramente recortada, viste con ropas caras pero sencillas, de un lujo comedido propio de quien no disfruta con la ostentación. En su cintura se balancea una espada envainada. Delgada, de guarda elaborada y con la vaina surcada por filigranas de plata.

-¿Sabes cuándo fue la última vez que un estandarte paró una bala? ¿O que detuvo una espada? Vienes a nuestro reino con afán de conquistar y someter y te consideras una santa porque lo haces sin provocar una carnicería. -El viejo sonríe sin una pizca de humor-. ¿Olvidas que cada pueblo tiene su orgullo, niña? No hemos luchado durante siglos por erigir nuestro reino para entregárselo a la primera asaltapesqueros que se planta en nuestra puerta. No ondeará una bandera pirata sobre mi cabeza ni la de mi reina mientras yo tenga algo que decir.

-Sir Walter, por favor, mi invitada y yo estábamos tratando los pormenores de su oferta, no de nuestro acuerdo. -El hombre asiente ante las palabras de la reina, que enfría el aparente compromiso que parecía estar gestándose-. Señorita Steinhell, este es el general Sir Walter Liftshire, mi más fiel consejero y consorte.

-¿Debo llamar a la guardia, Majestad?

-No será necesario.

-En tal caso, protesto enérgicamente. -No hay rastro de rencor hacia la reina, sino tan solo constata una opinión, como si fuese su papel. De hecho, su voz encierra un tono de cariño hacia ella que apenas se deja entrever entre su aire marcial-. Incluso suponiendo que consideremos de fiar la palabra de una pirata, incluso suponiendo que antepongamos la soberanía de nuestro pueblo y nuestra sangre a una extranjera con ínfulas, incluso suponiendo que supeditemos la reputación intachable de nuestra nación a las atrocidades que acompañan a la tuya, dime, ¿qué pretendes obtener de nosotros? ¿Recursos? ¿Soldados? ¿Depondrás a la dinastía real o te nombrarás por encima de ella? ¿Nos convertirás en un puerto pirata, en un nido de criminales acosado por la justicia y los buitres que esperarán a tu muerte para cobrarse venganza en nosotros? ¿Y qué recibiremos a cambio? ¿La protección de una desconocida ausente? ¿La promesa de que nos vengarás cuando tus enemigos no hayan destruido?

Sir Walter se planta frente a ti sin un ápice de miedo. Sus palabras suben de tono. En sus ojos se lee desafío, pero su mano se mantiene lejos de su espada. Por ahora.

-¿Y qué pasará si nos negamos? ¿Dónde quedará tu hipócrita pacifismo cuando te digamos que no y te mandemos por donde has venido? Así es como comienzan las guerras, niña: alguien quiere algo de otro y no es capaz de aceptar un “no” por respuesta. De todas las formas en las que uno puede hacerse con un reino has elegido la más estúpida. Si vienes a pedirlo al menos ten la decencia de amenazarnos con algo para cuando te mandemos a paseo. -Su gesto se contrae en una expresión de asco. Un hombre de menor rango habría escupido al suelo-. No somos niños que necesiten ayuda extranjera para prosperar. Podemos proteger nuestras fronteras perfectamente, y si no es así al menos lo haremos honradamente. Hemos construido todo esto de la nada nosotros solos, trabajando duro durante generaciones, y te aseguro que no ha sido para engordar nuestro país como un cebón para que una zorra venga y se lo coma. Puedes guardarte tu protección, ramera. -Con un tono mucho más calmado, se gira hacia la reina-. Ya he dado orden, como es mi deber, de disponer al ejército para cualquier eventualidad y las fuerzas de la Marina están en camino. Y ahora, con vuestro permiso, Majestad, ejerceré de guardia real mientras una criminal buscada por cientos de crímenes espantosos permanezca en palacio.

Desde luego, el general y consorte no parece tan abierto a tu propuesta como la propia reina. Una persona malpensada diría que no le caes bien...
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 12 Jun 2021 - 1:53

La bruja levantó la mirada y dejó la taza en el platillo para prestarle atención al hombre que acababa de entrar en la habitación sin permiso de la reina. Creía que era una mujer débil, pero mantuvo una expresión serena y casi neutra para no denostar decepción, como si fuera un auténtico cristal de hielo. Convencer a la reina había sido sencillo, pero, como siempre, las cosas jamás eran tan fáciles como parecían.

Estudió con gesto analítico al hombre y, sin dudarlo, escarbó en los límites más profundos de su alma a través del mantra. Ojalá conociera una magia que le permitiera hurgar en las mentes de las personas, estaba segura de que las brujas hacían esas cosas, pero lo cierto es que nunca había estado cerca de encontrar un conjuro así. Sin embargo, tenía sus propios métodos para conocer los puntos de dolor de los seres humanos y tocarlos sin ninguna clase de cuidado.

Y entonces la descuidada boca del hombre comenzó a disparar sin tener en cuenta a quién tenía al frente.

Desafortunadamente, estaba obligada a escuchar los lamentables argumentos de un hombre como sir Liftshire, argumentos que habían pasado de moda y bien servían en el siglo pasado, pero los tiempos cambiaban. Habló sobre estandartes, orgullo e historia; preguntó sobre deseos y aspiraciones; y, por último, insultó como un vulgar bandido y dejó que las brasas de la guerra entrasen para incendiar English Garden. Las palabras de la bruja bien podían sonar a pura hipocresía, no obstante, de verdad tenía la intención de conquistar el reino sin hacer uso de la fuerza bruta.

Antes de responder, la bruja miró a la reina a los ojos con la intención de deleitarse con el terror que debía sentir al saber que el general de su reino había insultado a la mujer equivocada, y luego volteó la mirada hacia Walter.

—¿No deberías estar jugando al soldadito y dejarle las discusiones inteligentes a la gente, bueno, inteligente, Walter? En fin, si te has tomado las molestias de venir hasta aquí e incluso de reunir la valentía necesaria para insultarme, te daré una respuesta apropiada.

Katharina se levantó de la silla y caminó con las manos entrelazadas detrás de su espalda, alejándose del general.

—Un estandarte es un símbolo que reúne diferentes elementos tales como el prestigio o la fuerza ya sea militar o económica, pero siempre representa algo, ¿sabes? En el caso de mi tripulación representa como mínimo fuerza, conocimiento y ambición. Ahora bien, en términos puramente físicos, es impensable creer que una figurita bien pintada en un lienzo detendrá una bala o una espada. —La bruja se detuvo y sonrió—. ¿Te has puesto a pensar en por qué nadie, ni siquiera los piratas más anarquistas, atacan a los Dragones Celestiales? Detrás de sus estúpidas y obesas caras, detrás de esos ridículos trajes y esa falsa superioridad, hay muchísimo poder. —Miró a la reina, a Walter y otra vez a la reina—. Espero que al menos usted entienda el punto, Su Majestad.

Nadie en todo el salón imaginaba el esfuerzo que hacía la hechicera por no reducir a cenizas al imbécil de Walter. La conquista de English Garden entraba en un plan importante, en un propósito ambicioso como ningún otro, pero de la misma manera que había iniciado como un capricho podía terminar como uno.

—Qué fácil es hablar de orgullo y soberanía cuando tienes el privilegio de esconderte detrás de las gruesas murallas de este castillo, vestir ropas caras y llevar una bonita espada que, apuesto, ni siquiera sabes usar. Respóndeme una cosa, Walter, ¿cuántas veces has dado el discurso de orgullo y soberanía en los suburbios de Mudleaf? Créeme que a los pobres les importan más la comida, el abrigo y la vivienda que tus mierdas nacionalistas. No estoy tan segura de cuán familiarizado estás con los números, pero los pobres siempre han sido más que los ricos. —Una sonrisa distorsionada se asomó en el rostro de la bruja—. ¿Quieres que te cuente algo más sobre los pobres, Walter? La mayoría son unos tontos útiles que, con el liderazgo adecuado y las promesas apropiadas, podrían poner de rodillas al sistema más sofisticado y complejo del mundo. ¿Cuán difícil crees que será lograrlo para alguien que manipula la realidad, soldadito? —le preguntó con malicia en la voz—. He venido al reino con la promesa de prosperidad y desarrollo humano y tú solo me escupes en la cara, encima ignoras la voluntad de tu reina —le espetó, alzando el tono en las últimas palabras para que la mujer a cargo del reino se diera cuenta de lo que el general estaba haciendo.

De pronto, el suelo comenzó a retumbar y estremecerse como si fuera el inicio de un terremoto, pero solo era la bruja que se había cansado de contener su presencia. No quería que nadie perdiera el conocimiento, ni siquiera el estúpido de Walter, sino era un recordatorio de quién era Katharina von Steinhell.

—Reconozco tu valentía al haberme llamado “ramera” y “zorra”, incluso “niña”. Eso habla mucho de quién eres: un anciano al que no le importa una mierda la vida de su reina ni la integridad de su pueblo. En cierta parte lo entiendo, después de todo, es común que un hombre quiera presumir frente a la mujer de la cual se ha enamorado, pero el haberme provocado para alzar las armas en contra del reino también dice mucho de tu falta de profesionalismo. —La bruja se giró hacia la salida y les dio la espalda al general y a la reina—. No soy ninguna ignorante, Walter, sé muy bien que la Marina no tiene ninguna obligación con English Garden al ser un reino independiente. Incluso, si la tuviera, nada podría hacer: el mundo está en guerra y los altos mandos tienen países más importantes que proteger. No quieren que suceda lo mismo con el Archipiélago de Sabaody. —Katharina comenzó a caminar en círculos, estando pendiente del entorno en todo momento—. Su Majestad, sir Walter Liftshire acaba de comprometer nuestro pacto, el futuro de todo el reino y también su propia vida al tratarme como una puta cualquiera y ofrecerme la guerra. ¿Querías una amenaza, general? Todo lo que sus ancestros construyeron, desde leyes hasta monumentos, desaparecerá en una noche; las calles se inundarán de sangre y ni un solo cadáver quedará reconocible, pues mis llamas lo consumirán todo. Y todo por tus ideas nacionalistas, Walter, todo porque eres tan orgulloso que prefieres morir a perder. ¿Lo ve, Su Majestad? A este hombre solo le importa él mismo, el pueblo y el futuro le dan igual. Sin embargo, mantendré mi palabra y no levantaré mi espada en contra de English Garden a cambio de que este hombre sea destituido de su cargo y sea procesado por traición a la corona y por ir en contra del bienestar y de los intereses del reino. Tiene treinta segundos para decidir entre salvar cientos de miles de vidas, la historia del reino y su integridad, o proteger a un hombre descuidado e imprudente.
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Mensaje por Narrador OPD Sáb 12 Jun 2021 - 11:53

Kachak.

Un sonido extraño, aunque familiar. Seguro que te suena. Lástima que no te venga a la cabeza lo que es. Pero bueno, no será muy importante.

El general se posiciona al lado de su reina, adelantado para prevenir cualquier posible ataque. Intenta mostrarse confiado, aunque es un hombre lo bastante experimentado como para reconocer una batalla perdida. No obstante, es obvio que no se cree nada de lo que has dicho, o por lo menos que no se fía de ti.

-¡No insultaréis a Sir Walter en mi presencia! -restalla la reina con contundencia-. Además ¿quién sois vos? ¿Quién os ha permitido entrar aquí?

Sir Walter la mira con cara de preocupación. Le pone una mano en el hombro con gesto familiar y entonces susurra:

-Leanne... Deja que yo me ocupe de esto.

La reina asiente con una chispa de súbita comprensión en su mirada. El general, ajeno a tu ultimátum, extrae un documento de uno de sus bolsillos. Parece que lo llevaba preparado por si hiciera falta. La letra, curva y ampulosa, abarca tres cuartas partes de la hoja, dejando el resto para una serie de firmas y nombres rematados con el sello real.

-Su Majestad lleva enferma mucho tiempo. Hace casi un año delegó sus poderes y su autoridad en su consejo privado. -Si te fijas, verás que entre los nombres que figuran en el papel aparece el de Sir Walter. Entre otros siete-. Su figura es meramente simbólica. Somos sus fieles servidores quienes regimos en su nombre hasta que... -No osa decir "muera" en voz alta-. Y puedo aseguraros que jamás se plegarán a la autoridad de una extranjera. Estamos preparados para luchar hasta el final si es necesario. Destruid cuanto se os antoje y reinad sobre las cenizas si así satisfacéis vuestro ego. Ya han pasado vuestros treinta segundos.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 12 Jun 2021 - 21:05

La bruja se volteó con la boca medio abierta luego de escuchar a la reina. Incapaz de creer lo que había escuchado, entrecerró los ojos para analizarla mejor. De pronto, parecía una persona distinta a la sumisa y estúpida mujer de hacía unos segundos, pero lo más preocupante es que ni siquiera recordaba que había estado hablando con Katharina.

—Antes de continuar con las amenazas me gustaría saber si tienes las facultades cognitivas para limpiarte el culo por tu cuenta, ¿o Walter lo hace por ti? Espera, ¿siquiera te acuerdas de limpiártelo? Eres la reina de las cerdas, no te me acerques —dijo la hechicera, sonriendo y moviendo la cabeza de un lado a otro.

De entre sus prendas sacó un artefacto del tamaño de su mano, una especie de concha como la que había usado Ivan esa noche en Dark Dome cuando juró lealtad. A medida que la hacía funcionar, la bruja explicaba que se trataba de un dial de grabación, un instrumento fabricado en una isla del cielo. Básicamente servía para reproducir sonidos capturados con anterioridad.

¿Recuerda la expedición de hace seis meses, Su Majestad? Mis hombres encontraron a un brujo en las tierras del norte que puede tratar su enfermedad, pero no tenemos los recursos suficientes —se escuchó la voz de Walter—. El consejo cree que, si aumentamos en un veinte por ciento el impuesto al pan, en un mes recaudaremos los fondos para el tratamiento. Sin embargo, el pueblo…

El pueblo no me importa una mierda —respondió la voz de la mujer—. ¿Podría una reina tener súbditos más inútiles? Aumentaremos los impuestos en cuarenta puntos y comenzaremos mi tratamiento en dos semanas. Si mueren o no de hambre no es mi problema, mi vida está por encima de las demás. Si es necesario, usa a tus hombres para obligarlos a trabajar.

—Y aquí está la orden firmada por la benevolente reina. —La bruja sacó un documento, una hoja de papel idéntica a la que sostenía sir Walter, con una serie de firmas y nombres rematados con el sello real—. Un gobernante tiene la obligación de proteger a su pueblo y velar por el bien común, no servirse de él como lo ha estado haciendo esta vieja senil. ¡Al periódico nacional le encantará saber esto!

Guardó tanto el dial como el documento y luego comenzó a caminar hacia Walter mientras su cuerpo desprendía una bruma tan oscura como el carbón, expandiéndose rápidamente y en todas direcciones. Hizo aparecer una esfera violeta en su mano que se mezclaba con la oscuridad del entorno.

—Quería resolver esto sin derramar sangre, pero este pueblo tiene unos gobernadores incompetentes. Espero que tus hijos sean más inteligentes que tú, pues antes de que acabe la semana uno de ellos se alzará como rey o reina, me da igual.

La bruja intentaría colocar su mano sobre el pecho de Walter. Esperaba que estuviera tan asustado como para ser incapaz de reaccionar. Y, entonces, la esfera violeta comenzaría a entrar en su cuerpo.

—Acabo de maldecir tu alma, Walter, y cuando la luna se tiña de rojo al caer la noche del domingo… Bueno, ¿por qué arruinarte la sorpresa? A tu reina le gustará.

La bruja comenzaría a desaparecer transformándose en flores de fuego para entonces largarse de la habitación en dirección al centro de Towerbridge: tenía que organizar una reunión con el periódico nacional y conseguir información sobre los príncipes o princesas del reino.

Técnicas usadas para facilitar al moderador:
Desesperación [Power Up]: Una vez cada cuatro turnos es capaz de desplegar su voluntad de tal forma que crea un ambiente de terror y desesperación, afectando el estado de ánimo de sus objetivos siempre y cuando estos se encuentren a una distancia máxima de 20 metros. Los afectados sentirán soledad y miedo, desesperación e inseguridad, siendo incapaces de atacar durante un turno. Aquellos que posean una voluntad fuerte (haoshoku haki) pueden resistir los efectos de esta habilidad.
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Mensaje por Narrador OPD Sáb 19 Jun 2021 - 20:31

No está claro qué hace palidecer más a Walter. La aparición de su voz y la de la reina en ese extraño artefacto le supone toda una sorpresa, pero logra recuperar la compostura tras la sorpresa inicial trocando su expresión de desconcierto en una de infinito odio. Por otro lado, lo de maldecirle ya ha sido el colmo. Su rostro ha perdido todo color y el hombre tan solo se mantiene en pie por pura cabezonería militar.

-Por fin... muestras tu verdadera naturaleza... monstruo -logra balbucear.

Tú no lo ves, pero el general cae de rodillas en cuanto te desvaneces entre las llamas.

Ahora bien, hablemos de Towerbridge, porque le sede del único medio de comunicación del país -o al menos el único que le importa a alguien- es todo un hervidero de actividad. La Voz del Reino, sutil nombre donde los haya, jamás ha tenido una exclusiva semejante. Las noticias sobre el desabastecimiento de no sé qué construcción, del derrumbamiento de no sé qué mina y de la boda de algún que otro noble frívolo quedan totalmente aparcadas por tu presencia en la isla. Y es que has levantado una auténtica polvareda, una que tiene a todos los periodistas comiéndose las uñas de la emoción.

Aquí, o en cualquier parte, en realidad, te será fácil averiguar que Thomas es el primogénito y heredero, un gallardo combatiente y bailarín, tan bueno en la esgrima como en la poesía, y un “desviado peligroso que prefiere los hombres y hasta las mulas antes que a las mujeres” según otros. Little Robert es el segundo hijo y lo apodaron así porque nació prematuro, aunque ahora se ha convertido en un perfecto ejemplar de guerrero grande y bruto con ciertas tendencias hacia el cuestionamiento de la autoridad que le han llevado a ser enviado como embajador en multitud de ocasiones para así mantenerlo apartado de palacio. Luego hay un par de gemelos, Liz y Collem, que como son los menores no les importan a nadie. Lo más que se sabe de ellos por ahí es que son bastante liberales en cuanto a sus relaciones amorosas.

Pero ¿a quién le importa ya eso? Hay una noticia mejor, una mucho más jugosa cociéndose en la redacción. ¿La primicia? Pues está claro cuál es. ¿La aparición de una poderosa pirata que busca traer la seguridad y prosperidad a...? No. No exactamente.

En el centro de Towerbridge, una turba enfurecida se mezcla con otra multitud, aún más grande, de gente asustada. Los soldados tratan de mantener algo parecido a la paz en las calles mientras que que los ciudadanos les exigen explicaciones o soluciones, una de las dos cosas, a cada cual más difícil. Muchos de ellos se agolpan contra una serie de Den Den Mushis repartidos con generosidad por las zonas más importantes de la ciudad. Casi parecen... altavoces. Si coges uno de los ejemplares de La Voz del Reino verás una transcripción de lo que los altavoces acaban de emitir para que lo oiga toda la ciudadanía. El papel aún está caliente, recién salido de la imprenta a toda prisa, seguramente escrito mientras aún estabas en tu reunión con las altas esferas.

¿Quieres que te cuente algo más sobre los pobres, Walter? La mayoría son unos tontos útiles que, con el liderazgo adecuado y las promesas apropiadas, podrían poner de rodillas al sistema más sofisticado y complejo del mundo. ¿Cuán difícil crees que será lograrlo para alguien que manipula la realidad, soldadito?

Eh, eso me suena. En la noticia te atribuyen a ti esas palabras, explicando por encima lo peligrosa que eres, lo mucho que vale tu cabeza y la monstruosa cantidad de crímenes que has cometido. Pero la transcripción sigue:

He venido al reino con la promesa de prosperidad y desarrollo humano y tú solo me escupes en la cara, encima ignoras la voluntad de tu reina. Su Majestad, sir Walter Liftshire acaba de comprometer nuestro pacto, el futuro de todo el reino y también su propia vida al tratarme como una puta cualquiera y ofrecerme la guerra. ¿Querías una amenaza, general? Todo lo que sus ancestros construyeron, desde leyes hasta monumentos, desaparecerá en una noche; las calles se inundarán de sangre y ni un solo cadáver quedará reconocible, pues mis llamas lo consumirán todo.

Parece que se han saltado alguna parte. Una errata sin duda, aunque te hace quedar un poco mal. De todos modos, los altavoces deben haber retransmitido la conversación completa. El periódico solo se toma la molestia de filtrar lo más importante. Destaca lo siguiente en letras grandes: Antes de continuar con las amenazas me gustaría saber si tienes las facultades cognitivas para limpiarte el culo por tu cuenta, ¿o Walter lo hace por ti? Espera, ¿siquiera te acuerdas de limpiártelo? Eres la reina de las cerdas, no te me acerques.

Feas palabras. Y fea es la reacción de los ciudadanos, muchos de los cuales no terminan de decidirse entre huir o buscar un arma, entre subirse por las paredes de pánico o echar a correr para ajusticiar a quien ha osado amenazarles así. Al final, la mayoría se decanta por el miedo. Alguno incluso parece apoyar tu postura, aunque hay demasiado caos como para que sus voces se hagan valer -y demasiadas armas dispuestas a tornarse en su contra bajo acusaciones de traición-.

Cuando apareces, alguien te reconoce y grita tu nombre, Se hace un súbito silencio, tenso y breve, una enorme terea de furia, miedo y consternación apenas contenida por el hilo de la expectación. Entonces alguien grita "¡Bruja!", y el caso estalla.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Lun 2 Ago 2021 - 18:37

Era impresionante la cantidad de información que podía conseguir haciéndose pasar por un vagabundo borracho de cantina pueblerina. En las tabernas se hablaba de Thomas, el primogénito de sexualidad desviada, aunque poco se mencionaba sobre sus competencias políticas. Little Robert estaba en más de una boca, sin embargo, todo aludía a que era un bruto con más fuerza que neuronas. Qué… lamentable. Finalmente, y en boca de un par de prostitutas, escuchó hablar de los hermanos menores: un par de gemelos liberales con ganas de follarse al mundo; sólo esperaba que no fuera una afirmación literal.

No obstante, las rutinarias quejas y comentarios hacia los hijos de la reina fueron reemplazadas por una noticia más… interesante y alarmante. La Bruja había llegado a English Garden a Dios sabía qué. Si bien una parte del mundo la veía como una heroína atípica (posiblemente por culpa de Zane), lo único cierto era lo equivocada que estaba. A Katharina poco le interesaba mostrarse como una heroína de cuentos para niños, el mundo era mucho más depravado y oscuro como para jugar a ser el bueno de turno, pero tampoco aceptaría que se le tratase como un auténtico monstruo.

—Malditos ignorantes —gruñó para sí tras abandonar la taberna número… ¿ocho? ¿Nueve?—. Este país necesita una reforma educacional profunda y radical. Y sanidad.

Se dirigió al centro de Towerbridge porque…, bueno, porque algo había que hacer y decían que el centro era bien bonito. Ah, y también porque quería encontrar al noticiero local. Dejó atrás la forma de vagabundo apestoso, volviendo a ser la hechicera de toda la vida: una chica atractiva de metro sesenta, un oppai de fantasía degenerada y unos fríos ojos celestes. Vestía el Traje Mágico de Burbruja, una provocadora prenda que revelaba más carne de la que cualquier conservador religioso podría soportar.

¿Hm? ¿Y qué hace toda esta gente aquí…? Espera, ¿han venido a darme la bienvenida como su nueva gobernadora? Ja, si es que al final no todos son unos cavernícolas, pensó con el pecho inflado de orgullo y una sonrisa de suficiencia.

Pero la expresión de goce desapareció junto a su “buen humor” cuando reconoció su voz en los altavoces. Esos malditos hijos de perra habían filtrado la conversación y había principalmente tres responsables: el anciano, la vieja demente y La Voz del Reino. Putos periodistas, si es que al final todos eran unas sucias ratas que apuñalarían a su madre por una noticia exclusiva.

Antes del atentado contra su identidad y reputación ya era difícil ganarse el apoyo del pueblo, pero ahora…, ahora se había vuelto en una gesta épica digna de esos relatos que trascendían el tiempo. La sangre fluía dentro de su cuerpo como un chorro de lava y, de pronto, la temperatura de la atmósfera circundante se volvió peligrosamente caliente: estaba enfadada. Siempre que se enojaba se le marcaba notoriamente la vena de la frente. Su primer impulso fue generar una bola de fuego más grande que el sol y cumplir su amenaza, marcharse de esa isla de mierda y continuar su viaje a Lethuenia, pero tenía un capricho que cumplir.

La reina, el general y la prensa local se alinearon para confabular contra la bruja y mancillar su ya mancillada reputación. ¡Encima habían cortado convenientemente la conversación! ¿Acaso no era una declaración de guerra dialéctica directa? Podían ser unos sucios cavernícolas tan ignorantes como un terraplanista, pero no iba a negar que sabían cómo lidiar con un enemigo político. Sin embargo, se había acostumbrado a que todo el mundo creyese que tenía derecho divino de pisotear su reputación: le habían llamado ramera y puta, monstruo, puta otra vez, traidora, bruja loca y caprichosa, y un sinfín de descalificativos más que no merece la pena mencionar.

Y, a base de caída tras caída, aprendió un principio elemental: la prensa mala no existía.

El impulso de volver Towerbridge un infierno terrenal se quedó en eso, en un pensamiento imprudente que significaría su más absoluta derrota. Cuando supo lo que tenía que hacer su cuerpo se paralizó durante un momento y comenzó a sudar frío. ¿Cómo iba a hablar en público después de semejante humillación? Subirse al podio y soltar un discurso memorable y encantador era más difícil que cazar a un Rey Marino, pero por el bien de su futuro tenía que hacer algo.

Dominada por la valentía y resignada a agachar la cabeza y comerse la humillación de su vida, buscó con la mirada el punto más alto y llamativo de la zona y de un salto se posicionó en él. Miró el caos bajo ella, cogió la espada y tomó una gran bocanada de aire como si fuera a devorar al mundo.

—¡¿Y qué si traté de vieja culera a la reina, amenacé al reino con una lluvia de fuego y traté a los pobres de tontos útiles?! —rugió a vivo pulmón, liberando un 3% de su voluntad para, bueno, llamar un poco más la atención. Triste sería gritar y que nadie le escuchase—. ¡No me avergüenza lo que hice y hasta lo volvería a hacer! ¿Y saben por qué? ¡Porque no tengo miedo a decir la puta verdad! ¡Porque tengo la fuerza para defender lo que pienso y poner en jaque a cualquier gobierno de este mundo!

Pareció buscar algo en su bolsillo y entonces sacó un gran caracalófono, más grande que todos los demás y con un gran sombrero de bruja.

Qué fácil es hablar de orgullo y soberanía cuando tienes el privilegio de esconderte detrás de las gruesas murallas de este castillo, vestir ropas caras y llevar una bonita espada que, apuesto, ni siquiera sabes usar. Respóndeme una cosa, Walter, ¿cuántas veces has dado el discurso de orgullo y soberanía en los suburbios de Mudleaf? Créeme que a los pobres les importan más la comida, el abrigo y la vivienda que tus mierdas nacionalistas. No estoy tan segura de cuán familiarizado estás con los números, pero los pobres siempre han sido más que los ricos.

A diferencia de Walter no había grabado una mierda, pero recordaba exactamente las palabras que dijo y, por suerte, tenía el poder para reproducirlas. Tanto el gran caracolófono como su voz tras este eran una ilusión que escondía una importante verdad.

—¡Qué conveniente para “La Voz del Reino” haber cortado mi discurso! ¡Corren de mí como si fuera un virus cuando ellos —apuntó en dirección al palacio— son los que los han tenido viviendo como sucias ratas! ¡¿Cuántos de los suyos murieron congelados el invierno pasado?! ¡¿Cuántos por hambre?! ¡¿Cuántos por enfermedad?! ¡Y todo mientras los “todopoderosos nobles” se refugian en sus cálidos palacios y comen venado! ¡¿Los tratan como ratas, los dejan morir congelados y de hambre, y resulta que deben correr de mí?! —Bum, ahora tenía otra vena hinchada por lo enojada que estaba—. ¡Vine a esta isla con la promesa de convertirla en un reino para todos, no para unos pocos! ¡Vine a este reino para pelear contra el hambre, la enfermedad, el frío y la pobreza! ¡Vine a este reino para pelear contra ellos! —Se detuvo para tomar la bocanada más grande de su vida y anunciar:— ¡Vine para formar el Imperio Pirata más grande de la historia, un Imperio Pirata que hará retumbar los cimientos de este mundo corrompido e injusto! ¡Decidan, pueblo de English Garden, ¿correrán de mí y vivirán como ratas, o se unirán y juntos cambiaremos el futuro de este reino?!
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Mensaje por Narrador OPD Sáb 7 Ago 2021 - 11:03

Desde luego, llamas la atención. En parte por tus gritos, en parte por los efectos de tu diluida dosis de Ambición, en parte porque en los barrios pudientes de English Garden no están acostumbrados a ver a señoritas tan ligeras de ropa y en parte porque alguien grita nada más verte: “Cuidado, la loca va a matarnos a todos”.

Durante tu discurso tendrás la oportunidad de aprender la primera regla de la prensa, y es que ningún desmentido importa tanto como la mentira que tratar de hacer desaparecer.

Lo peor de la gente es que no sabe estarse callada. Tu discurso desata todo tipo de reacciones en la multitud, que cambia su estado emocional con una rapidez y una estupidez sorprendente.

-¡Qué conveniente para La Voz del Reino haber cortado mi discurso! -exclamas-. ¡Corren de mí como si fuera un virus cuando ellos son los que los han tenido viviendo como sucias ratas!

-¡Va a soltar un virus para matarnos! -chilla alguien abajo, en la calle.

-¡Nos ha llamado ratas!

-¡Tú eres la rata!

-¡No le digas eso o nos matará!

-¡Con un virus!

-¡¿Cuántos de los suyos murieron congelados el invierno pasado?! ¡¿Cuántos por hambre?! ¡¿Cuántos por enfermedad?! ¡Y todo mientras los “todopoderosos nobles” se refugian en sus cálidos palacios y comen venado! ¡¿Los tratan como ratas, los dejan morir congelados y de hambre, y resulta que deben correr de mí?!

-¡Yo vivo en un piso muy bueno, señora! -exclama alguien indignado.

-Los mendigos se mueren en invierno, así son las cosas.

-Los nobles crean empleo. ¡Baja de ahí, hippie!

-¿Qué quieres: una paga para todos los pobres? Si tanto te gustan mételos en tu casa.

-¡Calla o nos matará!

-¡Con un virus!

-¡Vine a esta isla con la promesa de convertirla en un reino para todos, no para unos pocos! ¡Vine a este reino para pelear contra el hambre, la enfermedad, el frío y la pobreza! ¡Vine a este reino para pelear contra ellos! ¡Vine para formar el Imperio Pirata más grande de la historia, un Imperio Pirata que hará retumbar los cimientos de este mundo corrompido e injusto! ¡Decidan, pueblo de English Garden, ¿correrán de mí y vivirán como ratas, o se unirán y juntos cambiaremos el futuro de este reino?!

-Tiene razón. ¡Ya basta de opresión! ¡Viva el imperio pirata!

-Yo no quiero ser pirata. ¿Y cómo van a ser piratas los niños?

-¡No somos ratas, zorra gritona!

-¡Calla o nos matará!

-¡Con un virus!

Al final no obtienes una respuesta clara. Aplausos por aquí y por allá, insultos por allá y por acá, y una masa confusa, asustada y enfada de gente que se comporta como... pues como gente. Al poco tiempo llegan los soldados para desalojar las calles, y varios caballeros con armadura se apresuran en subir a un tejado para retarte.

Además, en el edificio de La Voz del Reino ya están repartiendo nuevas primicias. Sus pájaros emprenden el vuelo dejando caer folletos donde se lee: “La pirata conquistadora amenaza con sangre y muerte a nuestro noble pueblo, al que califica de ratas inmundas”. No es muy sutil, la verdad.

Unos metros más arriba, en la azotea, alguien te deslumbra en la cara con una luz. Es bastante molesto, tanto que no te culparía si no reconocieses que se trata de código morse. Es una palabra muy sencilla, un simple “Ven” repetido una y otra vez. ¿Será una trampa? Igual es que quieren una exclusiva.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 7 Ago 2021 - 20:50

Estaba acostumbrada a que le llamasen zorra, aunque seguía sin entender por qué. ¡Se le acusaba de puta, prostituta, golfa y ramera cuando aún era virgen! Muy probablemente la mayoría de esos sucios hombres que se atrevían a juzgar la vida sexual de una mujer eran los más putos de todos. En fin, el mundo era un lugar ciertamente hipócrita.

Lo que importaba era que su discurso había colado para bien o para mal, e intuía que la prensa opresora no tardaría en mancillar una vez más sus nobles intereses, pero solo tendría que liberar otro 3% de su potencial para deshacerse de todos los detractores y… No, no, por ahí no tenía que ir la cosa: debía ganarse a la gente, no calcinarla bajo una lluvia de fuego que representaría el más puro infierno en tierra.

Ahora bien, tampoco iba a negar que echaba de menos la violencia. Con gusto repartiría espadazos por aquí y por allá, así la gente aprendería a respetar y a temerle, pero había dicho que no… Espera, había dicho muchas cosas. Y la primera regla de todo político era no ser coherente. ¡Viva la política! Estaba en todo su derecho de prometer cosas y no cumplirlas. Así que una vez se aburriese o el pueblo de English Garden superase su nivel de tolerancia la bruja haría llover el fuego prometido, el fuego purificador, el fuego… Bueno, el fuego.

—¡Tienen una maldita semana para tomar una decisión! —anunció con desdén hacia los nobles.

A la vez que los soldados subían al tejado para un último acto de valentía, una luz molesta golpeaba a Katharina en el rostro. No tardó en entender que era un mensaje hacia ella. Dejó a los hombres del reino atrás y desapareció como volviéndose una con el viento. No sabía quién le llamaba, bien podía ser una trampa, pero ¿quién osaría jugársela a Katharina von Steinhell, además de la reina, el general, la prensa y básicamente cualquier enemigo que tuvo y tendría alguna vez?

Apareció en la azotea y registró el sitio con su haki de observación, intentando encontrar la presencia de la persona que le llamaba. O igual no era una persona, vaya a saber uno.

—Muéstrate y dime qué quieres —ordenó al aire, esperando que por fin alguien le hiciera caso.

Tenía muchísimas cosas que hacer como, por ejemplo, planificar la salvación o destrucción del Reino de English Garden. ¿Lo decidiría con dados? No era mucho de dejarle las cosas a la suerte, pero podía hacer una excepción. Si de pronto las cosas se volteaban a su favor, tendría que decidir a quién dejar en el trono. ¿O se cargaría la monarquía? A saber, pero quería tener un Imperio Pirata.
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Mensaje por Narrador OPD Jue 12 Ago 2021 - 12:46

Una periodista te espera en la azotea. Camisa a rayas, tirantes, pelo despeinado... Debe de tener unos veintimuchos, y sujeta un espejo de mano con el que ha provocado los reflejos luminosos. De su cuello cuelga un Den Den Mushi pequeñito que lleva una pluma y una libretita enganchados a cada uno de los lados de su caparazón. La joven carece considerablemente de pecho, y su figura es casi más masculina que femenina, pero a cambio tiene el pelo más amarillo que jamás hayas visto.

-Ven -te dice. La chica te conduce a una zona un poco más resguardada de la azotea, a salvo de las miradas inquisitivas desde las calles.- Has montado una buena aquí, ¿lo sabías? -El caracol escribe con una de las plumas en una de las libretas, transcribiendo lo que la chica dice-. Teníamos un plan genial, uno muy bueno, pero te lo has cargado.

-¡La pirata quiere someternos a sus caprichos! -exclama alguien en la calle con un altavoz-. ¡Se acuesta con demonios, cabras y otros seres del infierno y ahora quiere traer aquí su maldad!

-Ignóralos. Te has puesto en contra a todo el mundo: a los soldados, a los ricos, a la prensa, a los locos... -El caracol continúa transcribiendo-. Pero yo estoy de tu parte. Soy Cóndor. Los míos y yo hemos decidido que, como no podemos matarte, te ayudaremos a tomar la isla pacíficamente. Sin matanzas ni batallas. Tal vez no haga falta ni derramar sangre.

-¡Se alimenta de hierba, rocas y ratas vivas, y lleva a cabo malvados aquelarres para hacer pactos con los seres del fondo del mar!

-Lo único que requerimos es... cierta colaboración. Que tu gobierno aquí sea acorde a nuestros intereses. Ya sabes, un favor por otro favor. La otra opción es que lo intentes tú sola y... visto lo visto, tendrás que aplastar a media isla, y al final la Marina aparecerá. O no, y acabarás gobernando sobre cenizas y calaveras, lo cual tampoco conviene a nadie. Un trato es mejor que nada, ¿no?

-¡Se disfraza de animales para bailar las noches de luna llena y ganar poderes sexuales!

-¿Qué me dices? ¿Negocias conmigo o con ese?
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 14 Ago 2021 - 3:57

Siguió a la desconocida que pronto se presentaría como Cóndor, y se detuvo cuando llegaron a una zona recóndita de la azotea, alejada de miradas inquisitivas. Dejó caer su mantra sobre la periodistas para tener una idea más o menos acertada de cómo era ella, y luego usó sus poderes psicológicos y lingüísticos para descubrir aspectos difíciles de alcanzar solo con haki. Le gustaba saber cómo era la gente con la que trataba, así que ¿por qué no analizarla un poquito?

Sí, definitivamente había montado una buena, pero era parte del espectáculo. Además, ponerse en contra de todo el mundo era parte del espíritu pirata. No le gustó mucho la parte de «como no podemos matarte», pero lo dejó pasar porque tampoco era el peor insulto que había recibido. ¿Siquiera era insulto? En fin, poco importaba.

—¿Cómo que me lo he cargado? Yo no sabía nada, ni siquiera sé quién eres, no me eches la culpa —se defendió con los brazos cruzados, apoyándose en la pared para parecer una adolescente ruda y enfadada con el mundo. Le faltaba el cigarro, pero el humo le sentaba fatal—. Bueno, admito que caí en una trampa estúpida, pero en esta vida todo tiene solución. Espera un momento, ¿también me grabarás a escondidas y luego manipularás mis palabras? Cómo detesto las guerras mediáticas…

Debí haber matado a la reina y al general cuando tuve la oportunidad. Suplantarlos me habría ahorrado toda esta mierda, pero aquí estoy: jugando a ser la pirata buena, pensó mientras presionaba el botón de la hebilla del sombrero de bruja. No quería más sorpresas, así que desactivaría todos los aparatos electrónicos a la redonda. Cualquier cosa que funcionase con ondas dejaría de funcionar por unos cuantos minutos.

—Quizá la mayoría de los ciudadanos de este reino están en mi contra, pero están hablando de mí y saben a lo que vine. Que me insulten y difamen lo que quieran, no serán los primeros ni los últimos en hacerlo —dijo entonces, elevando la mirada hacia Cóndor—. ¿Y bien? ¿Qué quieres?

La periodista habló sobre dos condiciones fundamentales: tomar la isla de manera pacífica, sin matanzas ni batallas, y que el futuro gobierno fuera acorde a sus intereses. No tenía problema con la primera, es decir, desde un principio tuvo la intención de conquistar English Garden sin convertir el reino en un baño de sangre. Sin embargo, jamás subordinaría un gobierno a los intereses de una desconocida, no importaba cuántos favores le hiciera.

—De acuerdo, sin matanzas ni batallas, pero seré honesta contigo. Aún no sé a quién dejaré a cargo de English Garden cuando regrese al Nuevo Mundo, pero definitivamente gobernará de acuerdo a mis intereses. No a los de los nobles ni a los tuyos, a los míos —respondió de manera tajante y con la voz seca, esta vez dejando las tonterías de lado—. Por cómo me ha tratado este reino tengo más razones para destruirlo que esforzarme por él, pero hablo en serio cuando digo que quiero traer progreso y desarrollo. Si tus intereses están bien con eso, podremos trabajar juntas. Sin embargo —de pronto, la atmósfera se volvió terriblemente densa: la bruja no estaba conteniendo en absoluto su presencia—, no creas que la Marina me asusta. No me apetece matar inocentes, pero si llego a cansarme de jugar a la pirata buena, haré las cosas como siempre las he hecho. English Garden será mío aun si tengo que gobernar sobre muertos vivientes.

La hechicera volvió a contener su propia voluntad para que la periodista pudiera respirar (o pararse, la mayoría de los humanos caían de rodillas cuando estaban frente a Katharina).

—¿Y bien? ¿Me presentarás a tus amigos?

Cosas:
Uso el Sombrero Mágico de Burbruja para desactivar aparatitos sospechosos y también mantra al 9, psicología al 11 y lingüista al 14 para saber cosas sobre Cóndor.
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Mensaje por Narrador OPD Miér 18 Ago 2021 - 18:13

Tienes un don para causar malas impresiones en la gente. Casi haces que Cóndor se caiga de bruces, lo cual no llega a ocurrir porque la muchacha alcanza a agarrarse a una pajarera. Ah, sí, la azotea está llena de pajareras con esas odiosas gaviotas cagonas que reparten los periódicos. A ellas tampoco les caes bien a juzgar por cómo graznan.

Tu nueva amiga tarda un poco en volver a parecer una persona entera. Se ha mordido el labio hasta hacerse sangre, y gotitas carmesí caen sobre la cocorota del pobre caracol que cuelga de su cuello. El bicho ha seguido escribiendo en una de sus libretas todas y cada una de tus palabras.

-Yo... No sé... -farfulla. Entonces el caracol comienza a escribir en la otra libreta. Debe ser un mensaje. Cuando acaba, Cóndor arranca la hoja y la lee, asintiendo y agradeciendo los segundos de recuperación. Da un paso atrás antes de hablar-. No te equivoques. No podemos oponernos a ti abiertamente, pero no te... -Traga saliva. Parece que se piensa dos veces si terminar la frase-... no te ayudaremos gratis. Algún día se te pedirá que devuelvas el favor. Estamos... en posición de...

Arruga la hoja, poco convencida de terminar la frase. Puedes ver determinación tras su miedo, el desafío pugnando por salir a flote. Es el valor de los débiles y los locos, la convicción de los idealistas y los insensatos. Su lenguaje corporal denota su lucha interna entre hacer valer la posición que representa o ceder ante el primitivo instinto de no cabrear a la bruja todopoderosa. También averiguas que no le gusta el melón.

-Estamos en posición de hacer que compenses nuestra ayuda si es necesario. Nosotros somos... Somos... -El caracol transcriptor manda otra hoja. Cóndor la lee, un tanto confusa-. ¿Es la chica salchicha? Pásamela, quiero hablar con ella. ¡Hola! Que alguien se lleve a esta cosa de aquí. ¿Cómo ha entrado? Tranquis, si la conozco. Es un poco gruñona. ¿Eso son donuts? Fuera de aquí, demonios. ¡Dame un donut por la Causa! Fuera de aquí, diantre. Salchibruja, sé buena con mis camaradas, va, y... Sí, sí, ya me voy. Viva la Revolución, leñe. Dame otro do...

Ahí acaba el fax. Cóndor no tiene claro qué decir, aunque al final se encoge de hombros.

-Somos el Ejército Revolucionario. Si accedes a gobernar para el pueblo y dar refugio a nuestros agentes te llevaremos al poder de la forma más sencilla posible. Y nos aseguraremos de prestar apoyo a tu gobernador cuando estés lejos de aquí.

Tal vez sea una oferta poco ortodoxa, pero puedes ver que es completamente sincera. Realmente parece preocupada por evitar una matanza y sacar algo de provecho para el pueblo.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Jue 19 Ago 2021 - 20:57

Debía admitir que sentía un poco de lástima por Cóndor al ver que apenas podía estar de pie. Había excepciones contadas con los dedos de una mano en las que la bruja tenía sentimientos compasivos, y la periodista no cumplía ninguna de esas condiciones. ¿Por qué se detuvo tan pronto en vez de infundir un poco más de miedo? Quizás era la misma razón por la que no había matado a nadie en la plaza. ¿Y si en realidad el jugar a la pirata buena no era un juego, sino más bien un deseo?

Escuchó paciente las palabras de Cóndor sin poder evitar preguntarse por qué creía que quería su ayuda gratuitamente. La periodista no le debía nada, así que resultaba un poco obvio que querría algo a cambio. Solo había dicho que no gobernaría bajo los intereses de otros, ni más ni menos. Además, sería interesante trabajar junto a una chica que, aún después de presenciar la fuerza de la bruja, seguía con las negociaciones.

Continuó escuchando hasta que una pregunta le desconcertó. ¿Cómo que chica salchicha? Había un solo idiota (vivo) en el mundo que había visto la transformación defectuosa de la bruja, y curiosamente era un pez gota del Ejército Revolucionario. La hechicera frunció el ceño y la vena de la sien se le hinchó un poco. ¿Le estaban tomando el pelo incluso después de haber sometido a la periodista? Ya aprenderían a respetar después de unas palizas…

Podía picar el anzuelo y enfadarse como siempre lo hacía, pero entonces mostraría debilidad frente a Cóndor. Una criatura irascible era fácil de manipular, lo sabía mejor que nadie, así que lo mejor sería disimular con una sonrisita nerviosa y evitar la mirada de la periodista con una pregunta propia de un genio:

—¿Eres del Ejército Revolucionario...?

No esperaba respuesta. Ya lo había dicho, no tenía que repetirlo, y ahora había que ponerse seria para disimular aún más.

La expresión de molestia fue reemplazada por una de seriedad con matices de preocupación. Ya tuvo un encuentro con Black en el lejano país de Wano y bastó para evidenciar que sus filosofías eran tan distantes como el cielo de la tierra. Ahora mismo, la decisión de trabajar o no con Cóndor se había vuelto mucho más difícil. Black no era simplemente una piedra que quitar del camino, sino una inamovible montaña. Podía derrotar al dragón, pero no sería fácil y acabaría con un desbalance caótico en las fuerzas que gobernaban el mundo.

Sin embargo, podía aceptar la propuesta de Cóndor y utilizarla para mejorar las relaciones con el Ejército Revolucionario, aunque era imposible que esa chica tuviera un puesto importante. Ahora tenía la oportunidad de evitar un enfrentamiento indirecto con Black y centrarse tanto en C. Zar como en la creación del Imperio Pirata más grande de la historia. En fin, le estaba dando demasiadas vueltas a un trato que ni siquiera estipulaba una alianza.

—De acuerdo, los revolucionarios serán bienvenidos en English Garden y encontrarán refugio en esta tierra, pero debo rechazar tu apoyo a mi futuro gobernante. No quiero que el Gobierno Mundial nos relacione. En cambio, centrarán todos sus esfuerzos en ayudar al pueblo —determinó la hechicera, alejándose de la pared—. ¿Estás bien con eso?
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Mensaje por Narrador OPD Vie 27 Ago 2021 - 18:54

Cóndor se lo piensa unos segundos, buscando algún tipo de trampa o laguna en tus palabras. No parece que sea exactamente el acuerdo que esperaba, pero te tiende la mano igualmente y afirma que está de acuerdo. Su caracol lo retransmite todo por escrito.

-Bien, sígueme -te dice, aunque no se mueve del sitio. En vez de eso, se dedica a palpar el aire como si juzgase la madurez de un melón en la frutería mientras murmura-: ¿Dónde la habré dejado? ¡Ajá!

De repente su mano se transforma en una pala y, como por arte de magia, seguramente porque es arte de magia, se hunde en el aire. Cóndor arranca un trozo del paisaje igual que si fuese un terrón de tierra y lo tira a un lado. En el hueco que ha dejado se distingue algo, un trozo de madera. Poco a poco, Cóndor va dejando al descubierto una puerta, desenterrándola del mismo aire. Entonces devuelve su mano a la normalidad, la abre y te ofrece pasar.

-Perdona, a veces me olvido de donde entierro las cosas.

Dentro te espera una sala bastante poco acogedora. Una mesa con varias pilas de documentos, archivadores, corchos llenos de recortes de periódico y mapas con chinchetas y estimaciones de fuerzas... Hay toda una pared convertida en un extraño diagrama caótico y laberíntico formado a base de cordeles de colores y fotografías. En un aparador descansa una ristra de Den Den Mushis de todo tipo, desde inhibidores hasta interceptores de señal. El Den Den Fax ocupa su lugar junto a ellos. Aparte de eso solo hay una triste silla de aluminio considerablemente incómoda y una pequeña nevera con escasas provisiones. Está claro que lo revolucionarios no sabe disfrutar de la vida.

-Perdona el desorden. No sabes lo que me costó enterrar todo esto -dice tras hacer algo fuera, justo antes de cerrar la puerta. ¿Estará borrando el rastro, poniendo el aire en su sitio o algo así? -De acuerdo, comencemos. Por lo que sabemos, ya has probado a hablar con la reina. Me imagino que te habrás dado cuenta de que no está en sus cabales. Esos viejos de su entorno lo dirigen todo usándola como tapadera, así que por ahí no tienes nada que hacer. Antes revelarán que está chocha que ceder el... Oh, perdona, no te he ofrecido nada. ¿Quieres zumo de kimchi?

No, desde luego que son unos muermos.

Te ofrece una botellita con un líquido de aspecto asqueroso y ella se abre otra. Luego se dirige a su caótica pared, donde señala varias fotos.

-Thomas, el heredero al trono -apunta al señalar la primera foto, de un hombre rubio de porte majestuoso que bien podría ser el príncipe de cualquier cuento-. Es el soltero más cotizado del país, pero ha rechazado a todas las nobles que se le han propuesto. Hay rumores de que no le atraen, pero no hemos llegado a infiltrarnos tanto como para comprobarlos. Este de aquí -Siguiente foto: un enorme ejemplar de mastodonte de más de tres metros, con la barba de color bronce trenzada hasta el esternón y apenas contenido por las elegantes ropas que tan antinaturales resultan en él- es Little Robert. Una mala bestia. Ha matado a dos de nuestros agentes, aunque nunca los ha relacionado con nosotros. Los consideró espías de otros reinos, o eso creemos. Es el mejor guerrero del reino, aunque suele dar problemas. Hace poco que volvió de una misión en el exterior.

»Y estos son son Liz y Collem. -La última foto que señala es la de dos gemelos de cabello dorado que beben vino en una jarra engarzada de rubíes-. Vividores y despreocupados, entre ambos se han acostado con la mitad de la corte. Y eso porque la otra mitad son parientes suyos de un modo u otro. La cuestión es que estos cuatro de aquí son las llaves del reino. Si su madre muere o se descubre que está incapacitada para gobernar, el poder pasará a sus manos. Llevamos un tiempo planificando algo, pero creo que puede adaptarse bien a ti, dado lo que sabemos sobre tus... habilidades.

Cóndor va hacia los archivadores y deja sobre la mesa un dossier sobre cada uno de los hermanos, donde puedes ver gran cantidad de informes sobre sus hábitos, personalidad y relaciones, entre otras cosas. Cóndor adelanta el del primogénito.

-Liz va a celebrar una fiesta esta noche para celebrar alguna de sus tonterías, y te aseguro que es la clase de persona que no la cancelaría ni en una situación así. Es una buena ocasión para acercarte a ellos. Con suerte, Thomas aparecerá aunque solo sea para regañar a su hermana. Y ahí es donde entras tú. -Quizás sean impresiones tuyas, pero no termina de ser agradable cómo dice la palabra “tú”. Casi parece que vaya a decir algo que no te gustará-. Este es el plan, pirata: vas a casarte con el príncipe.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Mar 31 Ago 2021 - 2:45

Tomó nota mental de las interesantes habilidades de Cóndor pues parecían ser tanto útiles como extrañas. Los portales tenían más gracia, eran bien bonitos y versátiles, pero ser una mujer-pala tampoco estaba mal; quizás un poco denigrante, pero los revolucionarios eran pobres y no tenían orgullo, así que daba un poco igual. Tomó una segunda nota mental: la magia es mejor.

Al principio dudó un poco si cruzar la extraña puerta que apareció literalmente de la nada, es decir, cualquier cosa podía suceder del otro lado, pero la desconfianza desapareció enseguida. ¿Quién sería tan atrevido como para tenderle una trampa a la bruja? Bueno, conocía a un viejo estúpido que tenía los días contados. Tenía asuntos pendientes con el General, aunque de momento se conformaría con hacerle creer que estaba maldito.

Finalmente, la bruja atravesó la puerta-portal y entró en una habitación que le hizo estallar la mente. ¡¿Qué clase de ser humano disfuncional podía trabajar en ese espacio acosado por el caos?! Miró hacia un lado y vio desorden; miró hacia otro, más desorden. Sabía que los revolucionarios eran unos pobretones, pero no era excusa para trabajar como un animal.

—No, no te perdono el desorden: definitivamente no vamos a conspirar contra nadie en este… establo —sentenció la hechicera, cogiendo la varita mágica—. Huele un poco a comedor social y no me apetece comer aquí, puede que termine cogiendo hepatitis o algo. Hay una diferencia muy grande entre ser pobre y miserable, Cóndor.

Sin esperar la opinión de la mujer, la bruja hizo un sutil gesto con la varita y de pronto surgieron escobas, traperos y un montón de artículos de limpieza. Oh, y aparecieron muchas burbujas de todos colores. ¡Hasta comenzó a sonar una cancioncita de limpieza! No tocó los cordeles de colores ni las fotografías, ahí no había mucho que hacer, pero ninguna persona con un mínimo de preocupación por su bienestar mental trabajaría en un escritorio tan desordenado.

Arrugó la cara y expresó el más puro desagrado cuando Cóndor le ofreció lo que fuera que le estaba ofreciendo. Inyectó un poco más de energía en la varita mágica y apareció una jarra de cristal con jugo de naranja en la mesa. Espera, ¿había una mesa? Como sea, inyectó aún más energía para crear un auténtico festín dulce: donas, chocolates, tartas y muffins. La bruja podía ser una glotona tiquismiquis en toda regla, pero era generosa con la comida.

—Puedes sacar lo que quieras, no te cortes —le dijo tras echarse una dona entera a la boca—. La comida sabe mejor cuando la compartimos, ¿a que sí?

Vaya, por fin un arrebato de amabilidad…

Y ahora por fin podían conspirar en un espacio limpio, ordenado y medianamente armónico. La bruja escuchó en silencio a Cóndor mientras explicaba el contexto de English Garden, apoyándose en la pared repleta de fotografías e información propia de un demente. Ya había escuchado un poco sobre los hijos de la reina, y lo cierto era que ninguno le parecía interesante, sino más bien un montón de inútiles incapaces de asumir el liderazgo del país para conducirlo por un buen camino.

Deberíamos matar a toda la nobleza y exhibir sus cuerpos calcinados en la plaza de Towerbridge para mostrar mi autoridad, pensó mientras Cóndor continuaba con la explicación.

—Pues las llaves del reino son una verdadera mierda, no sé qué quieres que te diga. ¿Estás segura de que no podemos matarlos y ahorrarnos futuros problemas? —le preguntó, sabiendo que la respuesta sería un rotundo no—. Sí, sí, es broma. Ya te dije que haríamos esto sin derramar sangre, aunque, si te soy sincera, creo que es el camino más rápido y efectivo. ¿Qué propones?

Cóndor habló sobre una fiesta que realizaría Liz y que era una buena oportunidad para relacionarse con la familia real. Todo bien hasta ahí, pero ese no le dio buena espina. La bruja frunció el ceño, sabiendo que las próximas palabras no le gustarían en absoluto.

Y así fue: el plan de la revolucionaria era que Katharina se casara con el príncipe.

Nadie sabía cuánto la bruja amaba las novelas románticas y los clichés de cualquier joven enamoradiza, pero tampoco nadie sabía cuánto detestaba los matrimonios arreglados. Le daban asco. Su madre, su abuela y la madre de ella se casaron por obligación, no porque estuvieran enamoradas ni por elección personal, sino porque pensó que sería una buena táctica política. Ya no estaba segura de si quería continuar con el capricho de tomar English Garden, pues el precio por él era demasiado alto. Puede que para algunas casarse con un príncipe era solo un sueño que jamás conseguirían, pero no para Katharina.

—Cóndor, me estás pidiendo que renuncie a algo muy valioso para mí. Puede parecer estúpido, pero espero algún día casarme con alguien a quien yo quiera y formar una familia. Es lo único normal que podré tener en mi vida —confesó, agachando la mirada como si de pronto fuera una mujer común y corriente…, salvo que no lo era—. Lo siento, pero no puedo hacerlo. Puedo manipular a los príncipes para que trabajen para nosotras, o crear a nuestro propio heredero usando documentos falsos, pero no me casaré por conveniencia.
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