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Chip y Chop [Privado con las ratas miserables]

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Mensaje por Alice Wanderlust Lun 26 Abr 2021 - 18:29

Habías tomado una decisión, cuanto menos, curiosa. No es que me molestase, pero aunque comprendí rápidamente que compartimos gran parte de nuestra personalidad, nunca habría esperado que optaras por llevar la vida de un cazador. O sea, yo había salido a cazar un par de veces cuando el dinero amenazaba con agotarse, ¿pero tú? Eras pequeña, frágil, delicada y demasiado inocente. Yo también era pequeño, frágil y delicado, pero no era inocente. Y lo que hacía... Castigaba la inocencia.

Tal vez para ti no era cuestión de dinero, o de ser o no ser inocente. Para ti corría el riesgo de ser una descarga de adrenalina, una búsqueda de superación, la demostración para ti misma y para cualquiera que llegase a conocerte de que daba igual cómo de mal estuvieses o cómo de débil pudieses verte: Eras apta. ¿Buscabas aprobación? Tal vez, pero cómo no buscarla, en cierto modo. Llevabas años siendo tratada como una figura de porcelana, y hasta que habías estado al borde de la muerte en batalla -dos veces- no habías sentido que alguien no se compadecía de ti. Te golpeaban, o lo intentaban, sin piedad; te miraban, aun desde arriba, como a una igual. Incluso alguno que otro había llegado a temerte. Me preocupaba tu vena masoquista, ¿pero desde cuándo tenías una vena sádica? Aunque, también había que reconocerlo, alguien debía ocuparse de los malhechores. Y desde luego como salida laboral parecía mucho más entretenida que fabricar vino.

Había muchos motivos, pensándolo bien, para que quisieses cazar. En consecuencia, había muchos motivos para adentrarte en Karakura. Uno de ellos tenía nombre y apellido: Theodore Clayton, un -para hacerlo todo más gracioso- cazador furtivo de lo más peculiar. Cansado, supuestamente, de abatir animales por su exagerada simplicidad, había dado el paso natural al asesinato en serie. Tal vez el término nos alejaba de la fría realidad detrás de sus acciones: Era un sicario, pero lo bastante torpe como para haberse ganado una jugosa recompensa sobre su cabeza de unos cuantos millones de berries; era la excusa perfecta para estrenar tu recién adquirida licencia de caza.

Habías decidido iniciar tu exploración por la ciudad. Tu físico jugaba en tu contra, pues no podías entrar en una taberna llena de hombres enormes sin destacar una barbaridad; no obstante, a nadie le extrañaba ver a una jovencita en medio de los puestos al aire libre del mercado local. Habías decidido no llevar el sable ni las pistolas; los cuchillos debían ser más que suficiente si eras lo bastante precisa..

- ¿Cuánto por esereloj? -preguntaste a un hombre joven que atendía tras el mostrador.

- Si me sonríes así... Treinta mil.

- Está bien -concediste. Por educación no le explicaste que te estaba doliendo la espalda, pero un descuento siempre era un descuento.

Te quedaste un rato charlando con él, pero al final pagaste y volviste a las calles abarrotadas. Encontrar a Clayton no iba a ser fácil, pero estabas segura de que si estaba ahí muy pronto saldría de caza. Además, el chico te había dado algún que otro dato interesante. Era sorprendente cuánta gente infiel había en la isla. Y, más aún, cuánta esposa rencorosa.
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Mensaje por Thyma Bandle Mar 27 Abr 2021 - 12:04

Karakura parecía un destino tan bueno como cualquier otro. Los mellizos Bandle habían comenzado a viajar lejos de su querida Mirrorball, en busca de aventuras y nuevas experiencias. Thyma se había enterado de que en esa isla no sólo había buenas zonas de bosque, si no que la ciudad contaba con un mercado precioso y enorme, lleno de cosas brillantes y maravillosas. No veía el momento de ir allí a revolver. Desde la grabación de la gran película, la Tontatta se había aficionado a ir de compras. Ella estaba acostumbrada a poder acceder, únicamente, a los retales que sobraban en el taller. Muy pocas veces había podido elegir por ella misma géneros para sus propias creaciones. Por lo que una de las cosas que haría en cada viaje, sería visitar los mercados locales para adquirir telas, tejidos, forros, botones, hilos y demás material de confección de diferentes calidades y de todas las partes del mundo. Soñaba con tener un vestido o un disfraz con materiales de cada punto del globo.

Llevaban dos días en aquella isla. Cuando llegaron, lo primero que hicieron fue alejarse un poco de la civilización. En el corazón del bosque, Thymo construyó una morada muy similar a la que hizo en su escapada a las montañas de Mirrorball. Un sitio donde descansar sin que nadie les molestase. Esa mañana Thyma tenía planes para ambos. Mientras preparaba el desayuno, muy alegre le dijo a su hermano. -Thym, hoy vamos a visitar el mercado. Ayer escuché que hoy es el único día de la semana que están todos los puestos abiertos y además ponen algunos extra.- Ella tenía una sorpresa para su querido mellizo. Buscaría los mejores cueros, las mejores cinchas y los mejores botones para fabricar la mejor mochila del mundo mundial. Totalmente a medida para su hermano.
Disfrutaron del desayuno con calma, entre bromas y alguna baya voladora. Después se prepararon para la visita a la ciudad. Thyma se puso un pañuelo rojo al cuello. Era fino, fresquito y muy ligero, perfecto para ocultar su rostro si así lo precisaba. -¿Crees que nos abordaran muchos super fans?- Le preguntó a su hermano entre temerosa y emocionada, mientras se colocaba el pañuelo.

Salieron del linde del bosque y tras una pequeña llanura, no tardaron en aparecer las primeras construcciones que avistaban la cercanía de la civilización. La ciudad no era muy grande y el mercado se encontraba justo en el centro. Las calles pronto comenzaron a estar llenas de gente que iba de un lado a otro sumidos en sus quehaceres. A Thyma le pareció que la ciudad tenía muchísima vida, para ser tan pequeña. Tal vez sería por el día grande de mercado, que venían visitantes de otras islas o tal vez era porque era un buen sitio para vivir. -Esto está abarrotado ¿A que sí?.- Le dijo a su hermano con una sonrisa, al tiempo que le cogía de la mano, para no separarse de él, entre la multitud. Thyma estaba ansiosa por llegar. Como no conocían la ciudad, llegaron al mercado dando un enorme rodeo. Atravesaron calles y callejones esquivando personas y mascotas. Caminaron a gran velocidad y evitaron ser vistos.

El mercado superaba todas las expectativas de la Tontatta. Había una infinidad de puestos de todo tipo. Alguno incluso podían hacer que a Thymo se le fuese los ojos tras ellos. Tras caminar un poco y observar todo lo que allí había, Thyma encontró el puesto de sus sueños. Estaba llenos de bobinas con telas estupendas, hileras e hileras de cajas con adornos de todo tipo, abalorios y utensilios. La pequeña abrió mucho los ojos al verlo y comenzó a tirar de Thymo para que la acompañase. Comenzó a rebuscar entre la cantidad ingente de materiales que allí había. Encontró unas planchas de cuero de gran calidad y muy emocionada con el hallazgo, se dirigió a la dependienta. -Disculpe quisiera cincuenta centímetros de este cuero negro.- Le dijo amablemente llamando su atención, poniéndose de un salto en el mostrador. La dependienta, se sorprendió al verla y de muy malos modos le contestó: -Sólo por metros.- Thyma frunció el ceño, no necesitaba tanto cuero y no era barato, por lo que utilizó el viejo truco del taller. -Un metro entonces.- Le dijo con decisión. La dependienta agarró sus tijeras y se dispuso a cortar el metro de cuero demandado. Su expresión era seria y de tener muy pocos amigos. Cuando terminó le hizo entrega del retal. Thyma le puso unos ojitos muy tiernos. -¿Podría usted cortarme el retal a la mitad? Soy pequeñita y me cuesta mucho.- Le dijo con voz cantarina. La dependienta resopló y accedió. Al poner las dos piezas sobre el mostrador, la Tontatta las observó y cogiendo sólo una de ellas dijo: -Me llevaré solo esta, es perfecta.- La dependienta fulminó con la mirada a la pequeña, dándose cuenta del engaño que pretendía hacerle. Pero ella era una mujer muy habituada al mercadeo y se las sabía todas. Cambió su expresión radicalmente y comenzó a fingir simpatía. -Está bien. Como este trozo no lo puedo sacar a la venta, te lo regalo.- Le dijo con una sonrisa muy falsa y sobreactuada. Le colocó "el regalo" al rededor del cuello y apuntó en la cuenta de la pequeña un metro de cuero. Thyma miró emocionada a su hermano. Para ella había triunfado más que la última gota de agua en el desierto. -¿Alguna cosa más?- Preguntó la dependienta. Thyma señaló una caja de botones negros diminutos. -Quiero dos de esos.- Dijo señalando el bote. -¿Me los puedes partir a la mitad?.- Preguntó con firmeza. Los mellizos casi salen volando del resoplido que pegó la mujer. -¡NO!- Le dijo casi en un grito. Thyma no quiso abusar más de su paciencia, pero pensó que tal vez esa mujer no estaba preparada para atender al público. Esperaba que ese no fuese el único puesto de telas del mercado, pues el resto de materiales no se los quería comprar a ella. -Pues con los dos botones, es todo.- dijo con simpatía. La tendera le cobró y ni siquiera se despidió. Thyma guardó los botones y el cuero en su mochila. -¡Que tía mas siesa, Thym!- Le dijo algo malhumorada, mientras contaba el cambio que le había dado. -Si llego a saber que los botones eran tan caros, ni siquiera se los hubiese comprado.- Ella seguía pensando que la tela había sido un regalo.
Cuando se alejaron del puesto, un preciosa joven rubia con un enorme lazo rojo en la cabeza, casi pisa a los mellizos. Thyma que estaba, en ese momento, mirando un pájaro raro que volaba por el cielo, pudo ver a tiempo el pie acercarse a sus cabezas. Entonces dio un fuerte empujón a su hermano, para desplazarlo del sitio. La muchacha parecía concentrada en sus pensamientos y no parecía consciente de su alrededor, al menos de la parte más bajita del mundo. Thyma todavía estaba furiosa con la mujer del puesto y cuando se levantó, alzó su puño amenazante hacia la joven. -¡Casi nos matas! ¡Salvaje! ¡Mira por dónde caminas!- Le dijo con una voz chillona llamando su atención. La Tontatta agitaba su puñito, haciendo pequeños círculos y su ceño se frunció del todo.
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Mensaje por Thymo Bandle Mar 27 Abr 2021 - 20:38

La vida de las pequeñas estrellas había dado un giro completo desde que rodaron aquella famosa película. “Con diez centímetros basta, para alcanzar las estrellas” dio la vuelta al mundo tras su estreno en Mirrorball, proporcionando unos ingresos para los que los mellizos no estaban preparados. Aquel giro en la economía familiar de los Bandle permitió a la pareja dejar sus adorados trabajos con una enorme fiesta de despedida que mando a la cama a varios de los asistentes durante un par de días debido a los excesos. Tejedoras y cazadores por igual, disfrutaron de la compañía mutua, unidos por la inmensa amistad que profesaban a los hermanos. La marcha no fue sencilla para nadie, pues aquello significaba que los pequeños desaparecerían de la isla durante solo dios sabe cuanto tiempo. Pero todo el mundo sabía que aquel viaje sería necesario para la evolución de los enanos, y todos estaban deseosos de ver como se desarrollarían los tontatta, cuando el mundo hubiera moldeado su forma de pensar.
Por su parte, Horacio estaba comprometido en hacer de sus pequeñas estrellas revelación alguien mucho más capaz y competente para las próximas producciones, por lo que el apoyo y las facilidades para que los pequeños salieran de Mirrorball no se quedaron en simples promesas salidas del corazón, sino que puso a disposición de los enanos todos sus contactos para que ambos pudieran viajar al mar del norte. El director prometió a los tontatta que estarían bien con su gente y los embarcó en un enorme acorazado privado. El mismo que transportaba a las grandes estrellas en sus giras mundiales. Los contactos de aquel hombre nunca dejarían de sorprender a los hermanos Bandle, que con lagrimas empapando el pelaje de sus diminutos rostros, se despidieron de su pasado y sonrieron al futuro brillante que todo el mundo les prometía.

La ciudad de Karakura, atrajo la atención de los enanos nada más llegaron al puerto y desembarcaron. A los lejos, bordeando la ciudad, podían ver bosque suficiente como para establecerse hasta conocer la zona. No tenían prisa en su viaje, el primer paso estaba dado y se tomarían con calma explorar cada isla, cada ciudad y cada pequeña área de descanso por la que pasaran en su viajar.
Tras encontrar un buen lugar donde construir una copia del modelo original de vivienda subterránea que había diseñado Thymo, reunieron comida y recorrieron la ciudad. Ser tan pequeño ayuda a escuchar a escondidas lo que la gente comenta por la calle. Así fue como Thyma se enteró del mercado, que sin duda visitarían. Ambos carecían del sentido del valor del dinero. Nunca necesitaron mucho para vivir y ahora tenían, cada uno, tanto como para siete vidas. Al menos eso pensaban mientras gastaban tanto como querían en fruslerías, recuerdos y comida.
Multitud de puestos llamaban la atención de los hermanos con sus colores, luces y aromas. Jarros de cerámica, silbatos de barro que imitaban el trino de los pájaros si les metías un poco de agua en su interior y soplabas con cuidado. Juguetes de madera para niños y coleccionistas, orfebres y artistas en general mostraban su genero al publico y deleitaban a los espectadores con su arte, creando ahí mismo pulseras, adornos y llaveros personalizados.

Escurriéndose entre los pies de la gente que abarrotaba el lugar, los tontatta visitaron todas y cada una de las tiendas que el mercado ofrecía, incluidos los puestos de los vendedores itinerantes que una vez al mes llegaban a la ciudad y montaban sus tenderetes con exquisitas maravillas de otras partes del mundo. Durante la segunda vuelta al mercado, lleno de aromas de comida y flores. Thymo se acercó al puestecito de caza. Muchas de las cosas que ahí se vendían no eran material profesional, de ahí los precios. Aquellos metales empleados en los cebos de pesca y las maderas utilizadas para los dardos no eran lo más apropiado para vivir de la caza, por lo que un poco decepcionado, abandono el lugar en busca su hermanita. Thyma corrió directa al puesto de telas que hizo que sus ojos se pusieran del tamaño de pomelos y, tras una pequeña discusión con la tendera, de la que Thyma pensaba había salido vencedora, se reunió en la puerta con Thymo, que había observado toda la situación.
Tras repartir el peso entre los dos continuaron visitando el lugar. Intentaban decidir donde ir a continuación, cuando tuvieron un encontronazo con una rubia que ni siquiera los prestó atención cuando casi los pasa por encima. -EH TUUUU, ¡COMO LE PRESTES LA MISMA ATENCIÓN A TODO, TENDRAS EL CULO LLENO DE ZURRASPAS!- exclamaba a voz en grito el pequeño que ofendido, intentaba llamar su atención.
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Mensaje por Alice Wanderlust Miér 28 Abr 2021 - 1:39

El reloj era una baratija, pero tu ojo de tasadora había detectado cosas interesantes, Si bien los materiales no eran los mejores, el mecanismo había quedado a la vista y había llamado tu curiosidad: Era sempiterno. Se le había dado cuerda, teóricamente, una única vez, y aunque sabías que eso era imposible tenías bastante claro que si el mecanismo mantenía eficazmente la marcha durante el tiempo suficiente para que el reloj se rompiese antes de tener que verlo fallar... ¿Tres años de cuerda? ¿Tal vez cuatro? Estabas segura de que no usaba pila, lo habías comprobado. Se trataba de una cápsula de vacío en la que el mecanismo flotaba casi libre, con transparencia de la esfera solo en la parte superior, pero podía sacarse de la correa para intercambiarla. Era una pequeña maravilla dentro de las baratijas, y estabas deseando analizarla porque, aunque todo debía cumplir con las leyes de la termodinámica, algunas cosas eran capaces de aparentar que escapaban a ella. A veces, en lo más pequeño se encontraba algo especial.

De pronto algo te sacó de tus pensamientos. Un grito extrañamente agudo, desde debajo de ti, y por instinto apartaste el pie hacia un lado, comprobando que debajo de tu falda había dos ratas cabezonas extremadamente maleducadas.

Contuviste el salto, pero sí diste un gritito y un paso atrás, asqueada. ¿Cómo había dos ratas sueltas por Karakura? Menudo asco. Habrías salido corriendo, pero claro... Huesos de cristal. No podías correr, así que optaste por analizarlo desde un punto de vista racional: Si ya habías conocido a humanos con poderes mágicos como Velkan, humanas medio animal como Illje y habías visto carteles de hombres con escamas, ¿por qué no iba a haber enanos cabezones peludos como ratas? No te convencía esa lógica, pero dado que no habías consumido ningún alucinógeno en los últimos veintiún años optaste por creértelo. Solo por el momento, eso sí.

Te agachaste, asegurándote de que no se viera nada bajo la falda al acuclillarte, y acercaste el dedo para pincharle la peluda cara a uno de ellos, tratando de hincar el dedo en su frente. Parecían demasiado amorfos, como si tuviesen una suerte de enanismo. Pero era excesivo, incluso para una especie de la que nunca habías oído hablar. Decidiste, pues, que si eran seres perfectamente funcionales podías tratarlos como tal:

- ¿Te crees que voy mirando por cada microbio en mi camino, peluche? -espetaste. Tal vez un poco más brusca de lo que deberías haber sido, pero un buen primer acercamiento-. A ver si os creéis que vosotros podéis moveros por ahí como si los demás tuviésemos que cuidar de vosotros. Poneos una banderita en la cabeza o algo para que podamos veros, o id pegados a la pared e los edificios. ¿Es que no veis lo abarrotado que está todo esto?

Con esas mismas, sonreíste. Te empezaban a doler las caderas de estar así, y encima tenías que aguantar a esos maleducados. Pero al menos podrías haberlo hecho de forma más comedida. Bueno, yo no soy tu madre, ya eres mayorcita. Tú sabrás cómo haces amigos.
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Mensaje por Thyma Bandle Miér 28 Abr 2021 - 12:55

Aquella despiadada pisa Tontattas reaccionó ante los gritos de los mellizos. Se agachó y posó dedo en la cabeza de Thyma, justo en su frente. La pequeña fue siguiendo la dirección del dedo de la rubia hasta quedarse completamente bizca. Después la miró con el ceño fruncido. "¿Nos ha llamado microbios?" pensó enfadada. La pequeña estaba acostumbrada a despertar el interés en los humanos. Adaptarse a un mundo tan enorme no había sido fácil y de no ser por la compañía y el apoyo de su hermano, no lo hubiese conseguido. No recordaba la última vez que se había encontrado a una persona tan descarada con ellos. Se había atrevido incluso a clavar su dedazo en su precioso y suave pelaje rojizo. El primer instinto de Thyma fue agarrarle el dedo y lanzarla a volar lejos de allí. Aunque esa chica era enorme, no parecía muy pesada y de seguro la Tontatta le haría aprender una importante lección. Pero en el fondo su respuesta le hizo mucha gracia y reprimió sus instintos asesinos al mínimo nivel.
En algo tenía razón la joven, las calles estaban abarrotadas. Sólo de pensar que su hermano y ella tenían que ponerse una banderita en la cabeza, Thyma se cayó al suelo muerta de la risa, pataleando, dando palmas y llorando. La imagen que vino a su mente junto a ese sonido carácterístico, era demasiado para ella.
Sonido en su mente:
-Aaaaaayyyyy JAJAJAJAJA, ¿Te imaginas Thymo como si fuésemos coches de choque?- Le dijo a su hermano tratando de recomponer la compostura. La idea de ir a toda velocidad por las calles con su banderín en la cabeza no le pareció tan descabellada, a fin de cuentas. Luego recordó lo maleducada que había sido esa chica y volvió a encararse a ella. -Lo de peluche te lo acepto, pero ¿Cómo que microbios? Si somos los más altos de nuestra familia.- Le dijo con toda sinceridad, mientras se rascaba la frente en el punto que la había tocado, atusando su pelaje. -¡Oy, oy, oy que modales!- Sentenció. Tras preguntar a su hermano si se encontraba bien tras el empujón y comprobar su estado, se calmó un poco. Él parecía tan molesto con la joven como ella, por lo que decidió sacar su carisma a relucir y tratar de mediar entre todos. Dio un pequeño suspiro y cambió expresión corporal a una un poco más amable. Posó las manos en sus caderas y se quedó mirando a la muchacha. -Bueno, todos nos hemos asustado, es normal. No pasa nada. Valoraremos lo de las banderitas, pero ten un poco de cuidado cuando caminas, sólo eso.- Le dijo con una sonrisa en el rostro. Después hizo una reverencia muy sobreactuada. -Me llamo Thyma, él es mi hermano. ¿Tú como te llamas? ¿Puedo preguntar que te tenía tan abstraída, para casi matarnos?... Me gusta tu lazo...- La Tontatta hablaba deprisa y de forma atropellada. En el fondo, desde que habían partido de Mirrorball, no habían tenido ninguna conversación con nadie de forma distendida. Todas habían sido protocolarias y carentes de interés alguno. De no tener a su hermano para ponerle cabeza loca, Thyma ya se hubiese hundido en la miseria. A ella le encantaba hablar con todo el mundo y ese era un aspecto que desde su estrellato se había reducido al mínimo. Echaba de menos la vida en el taller en ese sentido. Los mellizos tuvieron que esconderse un tiempo, para evitar el acoso de sus seguidores. Fuera de su ciudad, la gente no estaba habituada a su raza, por lo que la sensación de ser observados como bichos raros y curiosos estaba siempre presente, impidiéndoles poder ser ellos mismos con naturalidad. Es por ello que siempre preferiría la lejanía de la ciudad y el abrigo del bosque para descansar. Allí no tenían la necesidad de camuflarse o pasar desapercibidos, eran dos más en el entorno.
Aquella le pareció una buena oportunidad para socializar con alguien. La presentación no había sido muy positiva, pero Thyma estaba dispuesta a dejar todo eso de lado. Si tenían suerte esa chica podía conocer bien la ciudad de Karakura y mostrarles los sitios de más interés o divertidos. Entonces tuvo una idea y se dirigió a su mellizo. -Oye Thymo, las negociaciones y salvarnos la vida de su despiste me ha dado mucha sed, ¿Te apetece zumo de uva?.- Le dijo con una sonrisa. Luego miró de forma pícara a la rubia. -Te perdonamos si nos dices dónde hay una buena taberna para tomar algo.- Le hizo una mueca y finalmente le dijo: -¡Venga chica del lazo! Te invito a un zumito!- La sonrisa de su rostro mostraba sus diminutos y blanquecinos dientes. Cogió a su hermano por lo hombros con cariño e hizo el amago de comenzar a caminar.
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Mensaje por Thymo Bandle Miér 28 Abr 2021 - 20:54

La gente rodeaba al grupo parado en medio de la concurrida calle. La mayoría seguía su camino sin siquiera prestar atención a lo que sucedía ahí abajo, y los pocos que se dignaban a mirar podrían pensar, por el gesto en sus caras, que la chica estaba buscando algo que se le había caído.

Un enorme dedo se apoyó en la frente de la pequeña, y si no hubiera sido por el bulto de telas que lo mantenía ocupado, pues no quería dejar caer al suelo las preciadas compras de su hermana. Thymo hubiera mordido aquel dedo como una salchicha el día de la barbacoa en las fiestas del pueblo. -¡SIN TOCAR!- exclamó dando tirones al pliegue de la falda de la chica. -¡Claro que nadie se preocupa por pisar micobrios!- dijo recordando la espuma blanca que supuraban las heridas al contacto con el agua rara del botiquín de los cazadores. De todos modos no pudo evitar mirar a su alrededor esperando encontrar ríos de espuma maloliente bajando por la calle.
Thyma sacó de sus pensamientos al enano con sus carcajadas repentinas -¡¿Co... como en LA FERIAAA?!- exclamo más que preguntó imitando aquel sonido tan característico con la boca -”PIRUBIRU PIRUBIRU PIRUBÍ”- mientras simulaba estar sentado en un pequeño coche y daba vueltas alrededor del grupo moviendo rápidamente sus piernecitas -Sería genial Thym, podríamos ir corriendo a toda leche y rebotando contra todo, como en los coches de choque- dijo visiblemente emocionado -Yo me pido el modelo escarabajo- dijo guiñando a su hermana su ojo derecho mientras sonreía. Momento en el que carcajadas enlatadas comenzaron a resonar por el mercado, audible por encima de las conversaciones y los gritos exagerados de las vendedoras que vendían tres bragas a cien berrys.

La emoción duró hasta que el pequeño regresó a la realidad, junto a la chica que casi los pisa y luego los insultó tan gratuitamente. -Si, estoy bien- respondió a la pregunta de su hermana aun mirando fijamente a la chica del lazo. Pero aquel tono utilizado por su hermana presagiaba un cambio en el desenlace que Thymo ya veía venir. Las siguientes palabras surgieron en cascada de la forma habitual. El pequeño ya estaba acostumbrado a seguir el hilo de pensamientos de su melliza, pero conocía lo que podía hacer en la gente que no había conocido antes a semejante minitornado de curiosidad. -En fin- dijo el tontatta levantando una de sus manitas hasta su frente mientras seguía agarrando el bulto con la otra mano. -Un zumito esta riquillo, si- termino accediendo pues ya sabía que no tenía caso discutir con Thyma cuando se arrancaba a hablar con alguien nuevo. -Será mejor que simplemente digas que si y vengas con nosotros, te lo aseguro- le dijo a la chica mientras la pequeña seguía con su diarrea verbal. Thyma estaba decidida a continuar con aquello y Thymo no podía negar que tenía sed. No después de todo el día respirando el polvo de las calles, levantado por cientos de pasos, y un intento de asesinato -Pero también comeremos algo, que tengo un pozo en el ombligo- dijo mientras la pequeña lo apartaba hacia una de las calles laterales, donde el flujo de gente no era tan grande, donde podrían caminar más cómodamente.

Abandonar la corriente de personas ansiosas por encontrar gangas, fue relativamente sencillo para la pareja que, más atenta a lo que sucedía por encima de sus cabezas, no tenia impedimentos para moverse entre los pies de las personas que caminaban de un lado a otro visitando puestos, atraídos por los aromas, los colores y los berridos de los tenderos. La velocidad y el tamaño de los pequeños les permitía moverse de manera ágil entre las piernas de los humanos, que inconscientes de su presencia, continuaban sus vidas como si dos tontattas de diez centímetros no les hubieras pasado entre las piernas.

Al final de la calle, un letrero de madera sobresaliendo desde la fachada con un plato y una jarra de cerveza dibujados sobre un nombre igual de indicativo “El ganso asado”. Desde el exterior parecía una taberna de lo más común. Paredes de madera, bancos corridos para varias personas y mesas grandes. Parecía un restaurante de trabajadores o algo especializado en atender a grupos grandes de personas, por la disposición y el tamaño de las mesas. Como el lugar al que iba a comer algunas veces con sus compañeros del gremio de caza. -Si estos sitios se parecen algo de un mar a otro, deberíamos poder comer bastante bien- opinó el pequeño. -¿Crees que podrás evitar casi asesinarnos?- le dijo a la rubia con cierta sorna en el todo de su voz -¿Has pisado alguna vez una pastilla de jabón?- preguntó -¿Y una pieza de construcción de esas de plásticos de colores, con las que juegan los niños humanos?- Terminó riéndose, pues conocía las capacidades de su hermanita y las suyas propias. -Casi hubiera sido de risa verla patinar en medio del mercado- carcajeó mientras imaginaba la escena -Al final has tenido suerte, te hemos evitado un ridículo muy grande y te vas a tomar un zumito de uva, para que veas lo majos que somos- dijo sonriendo -¿Pasamos y vemos que nos pueden dar de comer?-
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Mensaje por Alice Wanderlust Jue 29 Abr 2021 - 1:54

La situación se volvió extraña muy deprisa. Al principio pareció que tus comentarios parecían molestar a los pequeños -de hecho, uno de ellos parecía querer levantarte la falda a tirones-, pero muy pronto uno de ellos, el que parecía levemente más femenino, si es que se podía decir así, empezó a reírse sin ninguna clase de control. Pareció que tus comentarios, pese a lo brusco, atinaron en una sensibilidad profundamente más arraigada que la molestia: El humor. De un momento a otro una te estaba invitando a tomar algo, mientras el que, por el parecido, asumiste que sería su... ¿Gemelo? ¿Era racista eso? Bueno, nunca habías visto ratas parlantes y tal vez todas pareciesen iguales a tus ojos, pero el caso es que el niño rata te conminó a aceptar la oferta.

- ¿Supongo que lo siento? -te disculpaste, confusa-. No tenía planes de matar a nadie hoy -salvo a Clayton, claro-. Supongo que podría tomarme algo, tanto pasear entre tenderetes ha acabado por darme un poco de hambre. ¿Queréis que os lleve?

Tal vez señalar tu hombro no era la mejor de las ideas. Quizá las pequeñas criaturas resultasen demasiado pesadas, o te lesionasen el brazo que necesitabas para cumplir con la cacería que habías tomado. Eras muy novata todavía, y como tal cometías errores de novato. El más flagrante de ellos, sin duda, era no reservarte para el momento clave durante una misión, y en tu situación... Cualquier equivocación de esa clase podía resultar fatal. Estoy seguro de que de alguna manera lo sabías, pero aun así lo ofreciste. Lógico, por otro lado; no era cosa de que los animalejos fuesen aplastados de camino a la taberna.

Y de ese modo los tres avanzasteis por las calles. Mientras buscabais un buen lugar -o más bien te dejabas guiar hacia uno- donde distender por un rato les fuiste explicando a los enanos qué estabas mirando, explicándoles con tal vez demasiada pasión lo interesante que resultaba ese reloj. Sí, era una baratija, pero su concepto era tan extraño como apasionante, y mientras le ibas señalando cada engranaje explicabas con cierta pasión cómo se había concebido en contra de las leyes de la termodinámica, lo que hacía al aparatejo una joya pese a su escaso valor cuantizable.

Tardasteis menos de lo que cabría esperar en llegar a un local llamado "El ganso asado". Era un nombre terrible para los locales que solías frecuentar, pero dado que evocaba a una comida de cierto valor y no a la cabeza de un animal degollado o algo más violento asumiste que no llamarías tanto la atención. En realidad era un lugar perfecto para comenzar una investigación, en un local lleno de parroquianos trabajadores y tal vez más borrachos de la cuenta que quizá supiesen algo que en otras situaciones no explicarían.

- Parece un buen sitio -confirmaste, con fingida inocencia. Realmente te lo parecía, pero el motor de tus pensamientos ya estaba en marcha-. Y... Si me hubiese resbalado, probablemente habría salido malherida. -Te encogiste de hombros-. Puede que no os lo parezca, dado que mido como dieciséis veces más que vosotros, pero mi cuerpo es bastante frágil.

Abriste la puerta tras eso como respuesta a su otra pregunta. El ambiente era festivo, casi como en un carnaval, y aunque nadie cantaba sí que se oían los gritos por doquier y corría el olor a cerveza y a -tal vez demasiada- testosterona. Había dianas de dardos, un billar y muchas, muchas mesas repletas de gente de lo más normal. Y entre ellos, una niña con un vestido tal vez más caro que todas las demás prendas presentes y dos peluches parlantes. Sin embargo, nadie se fijó en vosotros. Seguramente, eso pronto cambiase.

- Disculpe -llamaste la atención del barman-. ¿Podría servirme una copa de vino? Y un zumo de uva, para mis... Compañeros. -Miraste hacia ellos-. ¿Tenéis vuestro propio vaso o necesitáis un dedal?

No entendías del todo la situación, pero en cierto modo te agradaba. Al fin y al cabo lo que te había llamado de viajar era alejarte de todo lo que te atrapaba; te habían insultado, pero tampoco sabían quién eras. Bueno, en realidad fácilmente podrían haberlo adivinado: Ya no eras nadie. Y eso, eso estaba bien. Con ese pensamiento en mente optaste por sentarte a la única mesa que no estaba repleta y te corriste en el asiento hacia una esquina, esperando por las cosas.

- Por cierto, me llamo Alice -te presentaste-. Vosotros... Tú Thymo, ¿verdad? -la chica había dicho su nombre-. Y tú Thyma, ¿verdad? -Si acertabas, te reirías un poco-. ¿Sois pequeños minks, o algo? Nunca había visto cositas tan diminutas en mi vida.

Qué podían ser esas criaturas no lo sabías. Que no erran humanos, estaba claro.
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Mensaje por Thyma Bandle Jue 29 Abr 2021 - 12:34

Thymo y la rubia declararon estar hambrientos, por lo que la idea de la pequeña de ir a una taberna tuvo una gran aceptación. Ella tenía mucha curiosidad por descubrir los platos locales y cuáles eran sus ingredientes estrella. La gastronomía de los lugares siempre puede ser reveladora y descubrir mucho de su cultura y sus gentes. Alice les ofreció su hombro para llevarlos a lo que Thyma respondió con una sonrisa. -Muchas gracias, pero no es necesario.- Pronto vería la gran velocidad y destreza que tenían para moverse en un mundo tan grande para ellos. Era natural, pues ese era el mundo que siempre habían conocido. Comenzaron a caminar saliendo del mercado. Thyma estaba agarrada al hombro de su mellizo y escuchando todas esas cosas interesantes, pero incomprensibles que les contó la joven, sobre un reloj. Era tal la pasión que ponía en sus frases, que resultaba casi imposible apartar la atención de ella. La Tontatta entendía todas las palabras por separado, pero juntas se le hacían bola. Aun así no dejó de mostrar interés por todo lo que decía. -Pues es muy bonito y seguro que carísimo ¿A que si?- Le dijo con verdadera curiosidad.

Thymo avistó una taberna con un nombre muy sugerente al final de la calle. La pequeña estaba totalmente de acuerdo con su hermano, ella sabía que en esos sitios la comida solía ser casera y muy rica. Por lo que apoyó la idea. La rubia también parecía conforme. Antes de entrar Thymo hizo una apreciación muy ingeniosa, la Tontatta no pudo evitar reírse al imaginarse la escena, realmente ella podía ser muy resbaladiza y en una situación así, antes que morir aplastada, la otra persona acabaría en el suelo. -Es verdad, es verdad has tenido suerte jijiji.- Dijo animadamente. La respuesta de Alice preocupó mucho a la pequeña "¿Malherida por una caída?" Thyma pensó que tal vez aquella mujer era tan exagerada y dramática como ella y eso le gustaba, podrían hablar el mismo idioma y entenderse.

Entraron en la taberna y el ambiente era muy animado. Estaba concurrida de parroquianos que hablaban a un alto volumen. Thyma era capaz de escuchar perfectamente lo que hablaba cada grupo de personas. Como casi siempre en estos casos, no decían nada de interés. Unos hablaban de sus oficios, otros de hazañas, batallas y grandes logros y los que menos de mujeres y dinero. La rubia llamó la atención del camarero e hizo su pedido, luego se dirigió a los mellizos con una preocupación muy lógica. Thyma sonrió y se puso a rebuscar algo en su mochila, cuando lo encontró puso cara de felicidad. Sacó del interior una pequeña vara de madera. -¡Tenemos pajitas! Y queremos el zumo grande.- Pese a su tamaño podían llegar a comer y beber cantidades ingentes, haciendo que sus barriguitas ensancharan dándoles un aspecto muy redondo. Juntos se dirigieron a una mesa libre y la joven tomó asiento. Los mellizos se subieron a la mesa de un salto y Thyma comenzó a agarrar servilletas. Entrelazando los trozos de papel, rápidamente hizo un pequeño tejido improvisado. En un abrir y cerrar de ojos confeccionó unos asientos cómodos y a la medida de los pequeños. Para el de Thymo había utilizado las partes de la servilleta que tenían dibujos para que fuese más bonito, que el suyo que sólo era blanco. -Mira que molón, Thymo, cada vez me salen mejor.- le dijo a su hermano dándole golpecitos con el codo y guiñándole un ojo. Se sentaron a esperar las bebidas, cuando las trajesen les preguntarían tranquilamente por los platos que ofrecían. Mientras, a la joven se presentó. -Encantada, Alice, aunque hayas querido asesinarnos, pareces una chica muy maja.- Le dijo asintiendo con su cabeza dándole firmeza a sus palabras. En un principio y mientras no se demuestre lo contrario, a Thyma todo el mundo le venía bien. La pregunta de después la dejó un poco confundida, mientras se rascaba la cabeza miró a su hermano. -¿Qué es un Mink?.- le preguntó deseando que él tuviera respuestas y pensando que era un tipo de bicho. Tras su respuesta , se encogió de hombros y se puso en pie, mirando a la joven con una sonrisa. -Nosotros somos pequeños, adorables y rapiditos. Somos Tontattas y somos artistas hasta el infinito.- Dijo Thyma cantarina, finalizando con una teatral reverencia. Aquella parecía una carta de presentación tan desastrosa y ridícula como ella. Menos mal, que en ese momento llegaron las bebidas, porque Thyma ya estaba saludando y lanzando besos a su público invisible que aclamaba por su ídolo. El camarero cortó el glorioso momento de la pequeña Bandle, pero a ella no le importó mucho, pues Thymo tenía hambre y esa era su prioridad. Le preguntó por el plato estrella de la casa. Era un sitio especializado en todo tipo de aves. Miró con curiosidad a su mellizo. -¿Que te apetece? Yo quiero probar el pato.- Dijo salivando, al tiempo que introducía las pajitas en los vasos con zumo.
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Mensaje por Thymo Bandle Vie 30 Abr 2021 - 20:52

-HMM- Thymo emitió un sonido de confirmación asintiendo con su cabecita al escuchar su nombre. -Exacto, somos los mellizos Bandle- explicó mientras Thyma sacaba de la mochila las cánulas de madera que el propio Thymo había fabricado para los mellizos. De echo, tenían varias y podían acoplarse unas a otras si el vaso era muy largo. Ya habían tenido que bucear en algún zumo en busca de la pajita perdida, eso le dio la idea al enano para crear un conjunto de cañitas que, uniendo una con otra por los extremos, alargarían el tamaño lo suficiente como para sorber liquido de prácticamente cualquier  vaso. El sistema era ingenioso, y tras varias pruebas de tamaños con los que los hermanos sorbían y sorbían como locos sin mojarse los labios, al fin, Thymo dio con el sistema que los aseguraba hidratarse fuese cual fuese la situación.
La tontatta comenzó entonces a fabricar unos pequeños sillones estilo “puff” con relleno de servilleta de lo mas cómodos y molones. Con la practica cosiendo y la velocidad innata de la raza, los pequeños asientos estaban terminados en un periquete. No servirían para mucho, pues las servilletas de papel se volvían pasta con la humedad al cabo de un tiempo. Pero para mantener una conversación mientras terminaban de comer eran lo más apropiado para el tamaño de los hermanos.

Acompañando a su hermana en la presentación, aun confuso por aquello de los mink, sin saber como responder a su melliza. Thymo se levantó y continuó cuando la pequeña paso a las reverencias y saludos al aire -Somos de muy lejos, actores reconocidos en nuestra ciudad, y nos dijeron que viajar nos abriría la mente, pero solo me abrió el hambre, jajajaja- Los dicharacheros Tontatta difícilmente mantenían la boca cerrada bajo ninguna circunstancia, mucho menos cuando estaban a punto de comer. El hombre con pinta de llevar despierto y trabajando desde el alba acerco los vasos a la mesa con profesionalidad y maestría. Las cualidades de quien lleva tras la barra mas años que fuera. -¿Menú o carta?- preguntó entonces a los comensales antes de que la pequeña preguntase por el plato estrella. -¿PATO?- pregunto entonces el enano mirando a su hermana y al camarero como si hubiera oído cantar a un ángel -¿Podemos comer pato?- preguntó esperanzado al camarero, que asintió enseguida ante la respuesta -PATO- exclamó categórico solo para empezar a correr en círculos alrededor de su vaso -Pato-pato-cua pato-cua pato-pato-cua pato-cua- la cantinela que recordaba de las niñas de Mirrorball, sentadas en circulo. Nunca recordaba que canción cantaban durante ese juego, pero para él valía cualquier cosa, además, solo había comido pato en un par de ocasiones, en la isla eran difíciles de atrapar, había pocos y los que se cazaban eran para los grandes actores y dirigentes de la isla. Los demás debían conformarse con pollo y otras aves menos nobles y ahora que podía permitírselo, como aquellos consagrados artistas de las películas, lo haría. -Que rico, que rico- decía sonriente tras la marcha del camarero.

Durante la espera por la comida, el pequeño, curioso por naturaleza, preguntó -¿Y que haces por este mercado?¿En que trabajas?¿Te gustan los bichos?¿Cual es tu favorito?¿Cual es tu color favorito?¿Solo bebes vino?¿Te gustan las pajas?¿Te hago una?- La batería de preguntas del inocente tontatta hubiera continuado de no ser por la puerta del restaurante, que se abrió de par en par para dar paso a una cuadrilla entera de trabajadores. Estos, oliendo a salitre, y vestidos como marineros de tierra, solo podían trabajar en el puerto con esas pintas. Hombres adultos y hambrientos que, con sus voces y conversaciones, alteraron la ya escasa tranquilidad que quedaba en el lugar para disgusto del camarero, que se le acumulaba el trabajo.

Los aromas a comida provenientes de la puerta de la cocina tenían al pobre enano salivando hasta el punto que ni había probado su zumo. Temía mearse encima si seguía “bebiendo” sin meter nada solido al estomago con el liquido, por lo que la espera empezaba a resultar catastrófica para el estomago de Thymo, rugiente como tormenta. Al fin llego una bandeja con trozos de pan de manos del camarero que enseguida regresó a la cocina para seguir atendiendo a la clientela. -hmmmmmmm- exclamo el pequeño al oler aquellos trozos de pan del día casi recién hecho. -Me gusta comer por ahí- le dijo a su hermana con una sonrisa -Por que así después no tiene que limpiar ninguno de los dos... tú- terminó tras una pequeña pausa -¡Pero tu comida es la mejor!- dijo atropelladamente al darse cuenta de lo que había dicho -Tu me haces la comida como más me gusta, sin duda- aseguro el enano. Y era verdad, nadie como su melliza para saber lo que le gustaba, pero los gustos del escarabajo habían reducido su nivel de exigencia ante los sabores y aromas. La fruta o incluso la madera podrida era completamente comestible para el tontatta, que si bien era cierto, evitaba tener que comer ese tipo de cosas por pudor, por que nunca antes de comerse aquella fruta del diablo lo hubiera hecho, y por que su hermana era, para él, la mejor cocinera del mundo.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 30 Abr 2021 - 22:54

- En realidad es bastante barato -contestaste. Treinta mil berries no era un precio particularmente caro, al menos para ti. Habías llegado a gastar, cuando aún poseías las viñas, más de cien mil en una velada de un solo cubierto-. En realidad es una baratija que me gusta sobre todo por el mecanismo. Con un pco de suerte seré capaz de replicarlo cuando lo estudie.

No te gustaba demasiado, en realidad. En tu colección había relojes más y menos bonitos, pero todos tenían cierto encanto visual. Ese no. Ese era puramente una pieza de ingeniería que querías desmontar. Verde, con correa de falsa piel verde y esfera de plástico en los bordes, un producto de muy mala calidad que se vendía a un precio pensado para estafar a los turistas, claro, pero que tú sabías muy bien por qué aceptabas pagar. En realidad, dudabas que nadie cayese en comprarlo si no era por el mecanismo, y si lo hacían se merecían ser timados.

Para cuando el tabernero acercó las bebidas los pequeños se habían construido dos pequeños asientos sobre la mesa utilizando servilletas. Eran, en cierto modo, adorables; como dos muñecos malhablados y extremadamente locuelos, te recordaban a los hijos que tus primos más mayores habían osado alguna vez traer por casa. Aunque había que reconocer que resultaban algo más elocuentes. Bueno, Thyma parecía más elocuente, Thymo... Thymo gritaba "pato" como un poseso mientras corría alrededor de su vaso a modo de ritual, o, como supiste cuando finalizó su extraño éxtasis, porque le gustaba el pato. Bueno, en realidad podías haberlo intuido antes, pero su locura adormecía tu locuacidad. Al final, tú también optaste por el pato.

- ¿Magret con foie? -preguntaste ilusionada, pero te topaste con la negativa del tabernero-. Entonces lo que sea. Un muslo con patatas asadas o un buen estofado, lo... -Te callaste. "lo que sea que toméis aquí" no habría sido educado. Como tampoco lo era que te leyesen la mente-. ¿Disculpa?

Miraste al enano con los ojos como platos. Tu sonrisa era una línea muy fina, casi inexistente, mientras te preguntabas a ti misma cómo podía haberlo sabido. ¿Lo habrías dicho en voz alta sin darte cuenta o te llevaría siguiendo un rato? Te pusiste roja de la vergüenza y estuviste al borde de entrar en pánico, hasta tal punto que casi pareció que me empujabas a mí para que tomase los mandos; pero no lo hice. Tú, por tu parte, seguiste con la vista puesta en el pequeño peludo, ignorando las preguntas de Thyma y completamente centrada en él. Por momentos movías los ojos buscando alguna mirada que furtivamente os buscara, pero no diste con ninguna. Aun así te mantuviste alerta por si un cuchillo legaba a tu espalda.

- Bebo agua, también, y leche. Suelo necesitar suplementos de calcio, además -explicaste-. Y por supuesto que puedes hacerme una paja, ¿pero podrás lidiar con la diferencia de tamaños? Esas manos son demasiado chiquititas y comparada contigo yo muy grande.

Tras hablar te diste cuenta de que tal vez estar hablando con una rata de diez centímetros sobre pajas y manos chiquititas no era lo más adecuado. De hecho echaste en falta un manto con el que cubrirte el cuerpo cuando te diste cuenta de que en ese momento, efectivamente, sí que había miradas sobre ti. Sobre tu cuerpo, concretamente, y no todas de asco. Algunas parecían... Demasiado excitadas ante la idea de verte jugar con esas cosas. Te dio un escalofrío.

- ¿Entonces se te da bien cocinar, Thyma? -preguntaste, ruborizada, intentando cambiar de tema-. ¿Cuál es tu plato favorito de preparar?
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Mensaje por Thyma Bandle Sáb 1 Mayo 2021 - 11:54

Desde que los mellizos saltaron a la fama en el mundo del cine para convertirse en unos pequeños grandes artistas, sus ingresos mensuales les hacían sentirse muchimillonarios. Aunque no eran derrochadores si disfrutaban de los buenos manjares y alimentos que la vida les ofrecía. Thymo parecía emocionado con la idea de comer pato y comenzó a realizar un baile divertido y frenético. Su hermana lo observo divertida, mientras daba palmas acompañando sus pasos, o eso creía ella. Tras eso hicieron el pedido: pata de pato con patatas. Thyma estaba ansiosa por hincarle el diente.
Thymo era muy servicial y amable cuando quería y se sentía tan orgulloso de lo bien que le salían las pajas que no dudó en ofrecerle una a Alice. -Eso, eso hazle una paja.- Le dijo Thyma muy contenta, para luego dirigirse a la rubia. -¿Sabes? mi hermano es el mejor hacedor de pajas del mundo. La mía fue la primera que hizo y todavía me dura. Además hacen un ruidito muy gracioso cuando chupas por ella. Hace "gloglogloglo". Mira.- Thyma introdujo su caña de madera en el zumo y comenzó a sorber con fuerza, forzando al mecanismo a hacer el ruido que tanto le gustaba. Cuando terminó de beber se quedó mirando a Alice con los ojos muy abiertos y asintiendo con la cabeza.

Thymo también tenía curiosidad por la muchacha y robó toda la batería de preguntas de Thyma para ella. Era algo que les sucedía a menudo, pues estaban en absoluta sintonía mental, ya no sólo por sus lazos de sangre, si no porque aquellos dos eran uña y carne. -Eso eso, cuéntanos cosas de ti...- se quedó pensativa un pequeño instante para luego ponerse en pie. Tomó aire, se aclaró la garganta y comenzó a cantar. -¿Qué hace una chica como tú en un sitio como ésteeeee?.- repitió la estrofa un par de veces cada vez más desafinada y menos acompasada. Los vítores comenzaron a sonar en toda la taberna. Al terminar la hiperactiva diminuta hizo dos reverencia a su amado público y se sentó en su sitio. Mirando atentamente lo que Alice quisiera contarles de ella misma.
El camarero trajo un cestillo con pan cortado, se veía muy tierno y con la corteza crujiente, el olor que desprendía era increíble. Thyma agarró un trozo y enterró su naricilla en la miga. Aspiró como si quisiese absorber todo el aroma. -AAAAHHHH en Mirrorball no tenemos estas levaduras. ¡Que riquillo!.- exclamó absorta por el olor. Luego su mellizo hizo un comentario sobre comer fuera de casa y lo mucho que le gustaba. Thyma no se sintió mal por el gesto, ella sabía que nadie en el mundo sabía preparar los platos al gusto del Tontatta como ella. Además, Thyma también disfrutaba de poder comer fuera de casa, descubrir nuevos ingredientes y la forma de procesarlos. Cada persona y cada región tenía sus propios métodos y era maravilloso descubrirlos e introducirlos en su recetario mental. Alice se mostró interesada en el tema. -Si, claro, soy una excelente cocinera, está mal que yo lo diga, pero es que es verdad. Me encanta cocinar y probar a hacer cosas nuevas, nunca repito una receta exactamente igual y nunca se me ha quemado o pegado la comida. Mis compañeros del taller siempre me piden hacer las tartas de cumpleaños y los festines de celebración.- Dijo con un tono orgulloso. Luego se quedó pensativa ante la pregunta de Alice. -Mmmm no sabría decirte cual es mi plato estrella, tal vez a eso tenga que responder mi hermanito, pero lo que más me gusta hacer es el solomillo wellington. Da mucho trabajo pero está taaaaan riquillo...- Thyma se pasó un buen rato hablando pasionalmente de recetas, ingredientes y guisos, de cómo había desarrollado afición a la cocina y de cómo poco a poco fue apasionándole ese mundo. Al principio fue sólo mera necesidad, pero al descubrir la buena mano que tenía nunca dejó de practicar y superarse día a día. Para ella era como un juego. En su cocina se sentía como una bruja diminuta haciendo pócimas secretas. De forma intuitiva había aprendido a equilibrar los menús para poder cubrir todas las necesidades nutricionales que los Tontattas exigían, que no eran pocas. Además había adquirido un par de libros de los que aprendió datos muy útiles para solventar algunos problemas de salud con la alimentación. Tras la perorata culinaria, Thyma reparó en algo que había dejado ver Alice y sin pudor alguno abordó ese tema. -Alice, ¿Qué te pasa en los huesos para necesitar un aporte calcio extra y para salir malherida por una simple caída?- le preguntó sin ningún tipo de tapujo. La Tontatta era bastante observadora y aunque pudiera parecer que siempre estaba en su mundo, ella se quedaba con todos los detalles que podía de su alrededor, ese aspecto le había llamado muchísimo la atención. Así como también lo hizo la forma que tuvo esa chica de ruborizarse ante las miradas de los parroquiano. "¿Por qué se avergüenza de que la miren? Es linda. ¿No debería sentirse orgullosa por ello?". Pensó para sus adentros. A Thyma le encantaba ser el centro de atención , hacer reír a la gente y que disfrutaran de su presencia. No entendía por qué había personas que disfrutaban de pasar desapercibidas y menos aun entendía por qué haría tal cosa una chica tan linda como le parecía que era Alice. Ella con ese aspecto y esa estatura estaría triunfando por los escenarios de medio mundo sin dudarlo. Alice suponía una caja de misterios para la pequeña y estaba dispuesta a abrir ese cajón desastre. Ellos había tenido que ocultarse por necesidad y en el caso de Thyma por respeto a su hermano, pero no era lo que más le gustaba del mundo. Ella adoraba los baños de multitudes.

Llegó el pato y con él nuevos aromas inundaron la pituitaria de la Tontatta. Lo primero que hizo fue analizar la salsa. Era densa y oscura, una excelente reducción de jugos de carne, hierbas aromáticas y verduras. El pato estaba perfectamente rostizado, creando una deliciosa capa en su superficie, dorada crujiente y muy sabrosa. -¡Que aproveche... y que por el culo lo eche!- Dijo sonriente, antes de empezar a devorar aquel manjar tan poco habitual en sus dietas. -Ñom Ñom Ñom... ¡Está deliciooooosooooo.!- Dijo una cantarina Thyma con los pelitos de la cara llenos de salsa.
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Mensaje por Thymo Bandle Sáb 1 Mayo 2021 - 21:07

-JHAH- exclamó confiado el pequeño -El tamaño no importa, espera y verás- dijo levantándose de su asiento -Sujétame esto- le pidió a su hermana entregandole el puff -Que va a volar hasta la cocina- aseguró con un guiño antes de salir por la puerta entreabierta más rápido de lo que cabría esperar. El pequeño podía casi desaparecer de la vista, gracias a la vertiginosa velocidad de carrera y el reducido tamaño. Para un humano sin entrenamiento ni capacidades sensoriales despertadas, casi cuarenta kilómetros por hora en un tamaño tan reducido, era simplemente imposible de detectar.

No tardó en alejarse lo suficiente del tumulto que se centraba en los alrededores del mercado central. Una vez a solas, comenzó la transformación. Comenzó aquel cambio a monstruo híbrido, entre tontatta y escarabajo que tantas capacidades extra le confería al pequeño.
Tras un par de segundos, las iridiscentes y robustas alas del escarabajo rinoceronte surgieron desde sus pequeños omóplatos. Las pequeñas piernas se tornaron robustas y quitinosas. Y brazos de escarabajo nacieron de los costados del torso de Thymo. Los ojos, enormes orbes en su estado normal, transformados parcialmente en ojos compuestos, lo que junto a las antenas le daban el aumento de percepción que necesitaba para volar a los más de cien kilómetros por hora que aquella forma le permitía, sin chocar. Aunque si chocase de frente, gracias al cuerno característico de la especie, podría atravesar el material, o hacer mucho daño si fuese un ser vivo.

El pequeño sabía donde tenia que ir para conseguir material perfecto para la tarea que tenía entre manos, y no quería que el pato se le enfriase. Con un potente salto vertical alcanzó los treinta metros, desplegando sus alas y arrancando el vuelo con cuatro rápidos aleteos. Las imágenes pasaban por los ojos compuestos como fotogramas, detectando cada árbol, cada edificio y cada pájaro que pasaba cerca. A esa altura y velocidad ni siquiera sería una mancha borrosa en la capacidad retentiva del ojo humano. El pequeño tontatta atravesaba la ciudad en dirección al riachuelo. Cerca del agujero en la tierra en el que los mellizos, se habían establecido unos días atrás. Thymo había visto juncos que podrían servir para realizar el trabajo y sabía como trabajarlos para hacer un buen par de pajitas. Frenando en pleno aire sobre el juncal, tardo apenas unos segundos en encontrar la vara perfecta. Joven, flexible, del diámetro adecuado y lo suficientemente alejado del bloque principal y del agua como para tener secciones secas. En apenas unos segundos tenía el tallo seccionado y limpio de hojas gracias a sus garras. Un corte en diagonal en uno de los extremos, redondear las puntas y listo. No era su mejor trabajo, pero haría el apaño y lo más importante. A tiempo para el pato.

El vuelo de vuelta, a tiro fijo por el cielo despejado, duró apenas un minuto a toda velocidad por encima de los edificios. Desde las alturas pudo observar claramente la parte trasera del restaurante, la puerta de servicio donde almacenaban las bolsas con basura y desperdicios del día. Con un silencioso aterrizaje entre las bolsas inicio el cambio a su cuerpo natural. Cada vez que regresaba se sentía extraño durante un rato y las ganas de probar comida fruta pocha aumentaban y de no ser por que aun portaba la pajita para Alice en la mano, se hubiera pegado un atracón ahí mismo. -¿Quien querría fruta pocha, cuando podría comer pato?- se convenció al fin para ignorar los aromas dulzones de las peras pasadas y el cítrico mohoso de las mandarinas. Una carrerita más y el pequeño habría regresado con lo prometido en apenas cinco minutos desde que salió por la puerta. Regresó a la mesa de un saltito con la vara en la mano y una sonrisa en el pequeño rostro -Ahí tienes, JE JE. Tenía localizada la vara perfecta- dijo orgulloso dejando frete a la chica una pajita del tamaño adecuado para un humano. Años cazando habían desarrollado en el pequeño un habito de observación de sus alrededores y si se trataba de montes o zonas boscosas, los detalles se quedaban adheridos a su cerebro sin que el enano pudiera evitarlo.
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Justo a tiempo para el pato, el pequeño había recuperado su asiento y estaba más que listo para engullir después de tantas prisas -PATOOOO- exclamaba visiblemente feliz tras dar un largo sorbo de su zumo y regresar a su asiento delante de su plato de pato. La mezcla entre guiso y asado mostraba las excelentes habilidades del chef en un solo bocado. Una salsa reducida y espesa con sabor perfectamente equilibrado a carne de caza y verduras asadas al fuego. Una carne que se despegaba del hueso, que Thymo descubrió al levantar el anca por el extremo más fino y ver como parte del muslo caía en la salsa, salpicando todo a su alrededor -Perdón- dijo casi avergonzado, casi. Pues aun resonaba la palabra en el aire y ya se había volcado con total descaro sobre el plato, más hambriento que una loba con cachorros.
Un trozo de pan más tarde el plato estaba como para regresar al armario -BUUUUAAAHHHH- exclamó -ME COMIA TRES BANDADAS ENTERAS- dijo con  la satisfacción escurriéndose de sus comisuras, en forma de gordas gotas de salsa que se habían quedado pegadas en el pelaje -Necesito una ducha tras esto jajajaja- se reía mientras se relamía hasta donde llegada con su lengua -Si no te manchas es que no disfrutas la comida- dijo categórico, excusando el desastroso estilo Bandle a la hora de enfrentarse a las salsas
-Quiero postre- dijo tras terminar su zumo y esperar a que Alice terminase de comer -¿Tendrán pato dulce? Tu siempre dices que la carne se carameliza, ¿no?- preguntó a la pequeña -El caramelo es dulce, ¿no?- preguntaba con sus deditos índices entrechocando sus puntas y la cabeza gacha deseando que la respuesta fuese afirmativa.
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 2 Mayo 2021 - 0:31

El rubor en tus mejillas iba siendo cada vez mayor. No solo lo que tú habías podido decir tenía demasiado doble sentido, sino que lo que ambos mellizos iban diciendo resultaba cada vez más y más lascivo, y que fuesen pequeños animales terminaba de hacerlo una idea disparatada. Sin duda mucha gente había reparado en la conversación, y aunque ante cualquier persona con un mínimo razonamiento crítico las frases malsonantes que acababais de intercambiar significaban poco más que nada, pero incluso esa clase de gente podía reírse de aquello. Eso, asumiendo que la mayoría tuviesen razonamiento crítico; además, aun si lo tuvieran, estabais llamando la atención, y eso te ponía nerviosa.

Afortunadamente el pequeño ratón halló un remedio expeditivo para convertirse por mérito propio en el centro de cada mirada. Para ti no fue difícil seguirlo, siempre habías tenido unos ojos muy desarrollados y buenos reflejos, pero para todos los que miraban hacia ahí había desaparecido. Escuchaste un ligero revuelo cuando la puerta se cerró de golpe y un par de comentarios acerca de lo que llegaban a hacer algunos animales. Otros comentarios dejaban en bastante peor lugar a los enanitos, pero preferiste omitirlos en ese momento. Había razones mejores para juzgar a la gente; no haber visto a nadie más como ellos antes no significaba que fuesen sirvientes de Satanás, heraldos de Belcebú o tejones despreciables. Eran demasiado pequeños para ser tejones, en realidad, y aunque tenían muy malas pulgas resultaban entrañables.

- Pues... No hay mucho que contar -dijiste, encogiéndote de hombros. En realidad había unos diecisiete capítulos de mi cuaderno de bitácora que contar en aquel momento, pero querías borrar de tu memoria la mayoría de ellos-. Me llamo Alice, crecí en English Garden y viajo de aquí para allá... -Miraste hacia una ventana. Siempre que no sabías cómo continuar la luz te relajaba-. Hago tareas por algunos berries, colecciono relojes, pinto cuadros... -Ah, sí. Y eras una bruja. No habías indagado mucho en ello tras lograr el disparo, pero sí habías invocado una esfera de oscuridad en tu mano. Te sorprendió haber dominado un poder tan similar al de Velkan, pero si tu magia había despertado por un sentimiento hacia él tenía cierta lógica haber emulado sus poderes, ¿no?-. Ah, sí, y una vez conocí a una chica conejo. Me hizo este tatuaje.

Le mostraste el hombro derecho a la pequeña, dejando ver en su parte posterior una pluma acuarelada de múltiples colores. Illje había hecho un gran trabajo, mejor que cualquiera de tus otros tatuajes. Era de las pocas cosas que te hacían sonreír sin que te dolieran.

- Una pluma puede representar muchas cosas -explicaste-. En este caso, ella y yo nos conocimos por carta. Es un recuerdo de todos los colores que me ha pintado en la mente mientras leía sus palabras.

Entonces llegó Thymo. Dejó frente a ti una pajita de caña perfectamente tallada y se sentó listo para atender un generoso plato de pata de pato con patatas. Te había hecho tanta gracia que habías pedido lo mismo, pero cuando estuvo a punto de embadurnarte con la salsa casi te arrepentiste. Menos mal que tenías buenos reflejos para interponer una servilleta en la trayectoria de los perdigones, porque te habría dejado bonita. En cualquier caso, aceptaste la disculpa y te quedaste mirando a Thyma. ¿Tal vez habías hablado demasiado? Explicarle tu problema podría ser... Complejo. Difícil. Aun así, trataste de hacerlo.

- Mi cuerpo es... Frágil -atajaste. Preferiste no dar rodeos para eso-. Estoy enferma, básicamente. Me duele moverme bruscamente, a veces respirar, el hipo... Y un simple golpe podría romperme los huesos. Aun así estoy mucho mejor que hace unos años; cuando era niña casi no podía caminar. De las setenta y siete roturas óseas que he pasado, solo cuatro han sido en los últimos seis años, y debe hacer ya dos o tres meses desde aquello. -Elevaste los ojos al techo por un momento, encogiéndote de hombros otra vez-. Se podría decir que estoy casi sana.

La comida avanzó con tranquilidad. No parecía que los Thymos fuesen gente particularmente educada, no al menos en las reglas de protocolo, pero sí simpáticos. Casi podrías acostumbrarte a su comportamiento hiperactivo. Te hacía mucha gracia, de hecho, el razonamiento del pequeño: Como la carne se caramelizaba, el pato de postre tenía que existir. Se te escapó una risita ante esos comentarios. Margaret tendría mucho que contravenir ahí.

- Si no te manchas, queda más que rebañar cuando terminas -dijiste al final, cogiendo un buen pedazo de pan y llevándolo a tu plato. A ti aún te quedaba bastante más de la mitad, pero le sacaste la lengua.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 2 Mayo 2021 - 15:12

Thymo desapareció a toda velocidad de la taberna para crear la paja a Alice. Era muy afanoso con sus cosas y muy perfeccionista, si prometía algo lo cumplía y su melliza no dudó ni por un momento que regresaría antes de que les trajesen la pata de pato. Su hermano no se perdería tal manjar por nada del mundo. Durante su ausencia la rubia le contó brevemente sobre su vida. Thyma la miraba entusiasmada, adoraba el arte en todas su expresiones y aquella mujer decía ser dibujante. -Me encantaría ver alguno de tus cuadros, seguro que son fabulosos.- Le dijo con una enorme sonrisa. No es que ella fuese una experta en la materia, ni mucho menos, pero admiraba a todo aquel que pudiese crear algo de la nada. En cierto, modo ella también era una artista de la confección, pero tal vez, por la costumbre no le daba tanto valor como a las creaciones de otros. Para ella eso era natural y no tenía nada de extraordinario. En cambio, alucinaba y se quedaba embobada con las obras de el resto del mundo, desde una simple pajita creada con madera hasta una representación musical. Todo para ella era maravilloso y digno de ser alabado.
Luego la rubia le enseñó su tatuaje. Era una preciosa pluma de colores. -¿Una mujer conejo te lo hizo? WOW es preciooooso.- exclamó totalmente absorta con lo que veía y oía, casi hasta ponerse bizca. -Yo no puedo hacerme dibujitos, no se verían por el pelaje.- Se rio ante la ocurrencia, pero en el fondo le daba pena y algo de envidia. Pensaba que ella y su hermano se verían bien molones con tatuajes en su piel. -Pero una vez me teñí, sin querer, las orejas de rosa con un tinte de la fábrica. Ahora ya no puedo.- dijo con algo de pesar, realmente le gustaban los colorines, pero por sus capacidades especiales ya no podía hacer tales cosas. Thyma continuó escuchando su explicación del tatuaje y le hizo ver lo mucho que le gustaba, incluso su significado. -Es un recuerdo hermoso, la coneja estará feliz por ello. ¿A que si?- le dijo empatizando con aquel misterioso ser capaz de hacer dibujitos en la piel.

Thymo regresó con la paja en la mano. -Alaaaaaa te ha quedado perfecta Thym. Eres un cacho de artista... No, perdona eres un artista entero.- le dijo dándole golpecitos en el hombro orgullosa de su creación. Justo en ese momento trajeron el esperado pato. Thyma se colocó una trozo de servilleta a forma de babero. A diferencia de su hermano ella odiaba mancharse, pero de poco le sirvió porque gracias a él acabó bañada en salsa al igual que toda la mesa. -No vas a ser el único que necesite un baño tras esto. ¡Marrano!- Le dijo refunfuñando mientras se quitaba un trocito de cebolla del hombro. Alice había logrado librarse de las manchas de salsa de Thymo y estaba a punto de terminar su plato cuando comenzó a contarles sobre su enfermedad. Thyma escuchaba el relato con absoluto estupor. -¡SETENTA Y SIETE ROTURAS! ¿En serio?. Eso debe ser horrible.- dijo con sorpresa. Ella nunca se había roto nada, pero había recibido muchos golpes y magulladuras en sus andanzas por los bosques. No se podía imaginar lo que era vivir así y comenzó a apiadarse de su invitada. Le parecía muy triste una vida en la que correr, bailar o saltar supusiera una tortura. Para alguien como la diminuta resultaba casi impensable, aun así esa chica era capaz de dibujar sonrisas en su rostro y eso para la pequeña era digno de admiración.
Alice hizo una inteligente apreciación sobre el aprovechamiento de la salsa, junto con una mueca dirigida a su hermano. La Tontatta comenzó a reírse mientras terminaba de rebañar su plato. -Tiene razón Thym, desparramar esta salsa debería estar penado por la ley.- Le dijo a su hermano ofreciéndole un trozo de pan chorreando de su propio plato. Cuando los tres terminaron, Thymo propuso tomar postre. Quería pato caramelizado, pensando que éste sería dulce. La pequeña que se encontraba sorbiendo fuertemente de su pajita, casi se le sale el zumo por la nariz al oírlo. -Pero, ¿Estás bobo? ¿Cómo va a ser dulce un pato caramelizado? Si te lo he explicado mil veces.- Con toda la paciencia del mundo volvió a contarle que esa era un forma común de llamar al proceso químico que se producía al llevar ciertos alimentos a altas temperaturas, dándole ese aspecto dorado y tostado a las carnes y otros alimentos que tanto les gustaban. Para ella era un proceso simple, pero entendía la confusión, aunque no viniendo de su hermano. -¿Es que no me escuchas cuando te hablo?- le dijo algo molesta.

El camarero llegó para retirarle los platos vacíos y limpiar con una desgastada bayeta el estropicio Bandle sobre la mesa. Thyma se puso en pie para pedirle la carta de postres. Tenían una amplia variedad, todos ellos dulces de verdad. Después de pensarlo un poco, se decidió por la tarta de manzana, pues les dijo que era casera, hecha de esa misma mañana. Había muchas recetas distintas de ese postre y sentía curiosidad por cómo la preparaban en el Mar del Norte. -Con mucha canela, por favor.- Añadió finalmente. Luego dejó espacio para sus acompañantes para que pidieran lo que más les apeteciera. Antes de que el camarero se marcharse a preparar el pedido, Thyma llamó su atención y le pidó que de su parte felicitase a la cocina por el excelente trabajo que habían hecho con el pato. -Estaba delicioooooso y muy tierno.- Una amplia sonrisa acompañó su apreciación. De buena gana le hubiese encantado entrar en ese cocina, que tan buenos olores emanaba, para ver como era el proceso de todo aquello, pero no era el momento, ni el lugar. Después se quedó mirando a la rubia y le preguntó. -Bueno Alice... ¿Qué cosas divertidas hay en esta isla? ¿Qué ha traído hasta aquí a una persona de tus características?- era evidente que Thyma se refería a su enfermedad, pues imaginaba que los viajes en barco se le podían complicar a una mujer con esas condiciones físicas. No debía ser cualquier cosa, para arriesgar su buena racha de lesiones.
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Mensaje por Thymo Bandle Dom 2 Mayo 2021 - 17:18

-Wow- dijo con los enormes ojos bien abiertos, ocupando más de la mitad de la cara debido a la sorpresa -¿Setenta y siete?- Thymo recordaba a Marcus, que quedó alimentando a las palomas del parque durante una buena temporada desde que se rompió la pierna. No podía ni imaginar el tiempo que aquella joven humana habría estado en cama o impedida. Pero estaba seguro de que aquello le habría llevado más de la mitad del tiempo que llevaba viva -Sabía que los humanos sois frágiles, pero jamás imagine que llegaríais a tales extremos- comentó sorprendido -¿Acaso os vais haciendo más fuertes y resistentes con la edad? ¿Por eso según pasan los años te rompes menos?- El pequeño era incapaz de imaginar el proceso de desarrollo de aquellos, para él, enormes seres que gobernaban el mundo. Al menos en número de habitantes.

-¡Jolín!- exclamó, pues como las manzanas caramelizadas que venden en la feria. -Tampoco son dulces, pero...caramelizadas...- Thymo no entendía los procesos que la cocina necesitaba para la creación de fantásticos platos llenos de sabor y matices. Si encima las palabras eran confusas y engañosas él no tenia la culpa de estar confundido. -Pues llámalo tostado, pero si es caramelizado, tiene que ser dulce- la lógica aplastante del enano se imponía ante la posibilidad de comprender que algo que tiene caramelo en el nombre, no sea dulce. Cuando estaba a punto de continuar explicando por que debería hacerse un buen uso del lenguaje apareció el camarero para retirar los platos sucios ya vacíos -Perdón por la mesa, fue mi culpa- dijo ante el rostro del pobre hombre que parecía no terminar jamás con aquel entrar y salir constante de gente. -¿TARTA DE QUESO?- preguntó escandalizado -¡YO QUIERO ESO!- casi en éxtasis, tras mirar a su melliza -¿Ves como si que hay cosas saladas de postre?- dijo convencido de haber ganado sin imaginarse lo lejos que estaba de acertar si quiera sobre la caramelización de las carnes. -Si estaba muy bueno- secundó a su hermanita tras las palabras para el cocinero. Aun con visibles manchas de la espesa salsa pegadas a los bigotes. Tras un largo trago al zumo suspiró con satisfacción. En verdad nunca pensó que ese día comería pato y queso de postre. -Tarta de queso...- decía pensativo -Vale, vale. ¿Pero entonces?¿Una tarta de pato?- pregunto, convirtiéndose en la viva imagen de la esperanza. Estaba claro que aquella ave traía de cabeza al tontatta.

Siete servilletas después, ligeramente humedecidas con el zumo a falta de algo mejor a mano. Thymo tenía de nuevo el pelaje casi limpio -Ya no estoy tan pegajoso, pero me temo que atraeré varios insectos JAJAJAJA- reía de su propio chiste, tal vez de manera lo suficientemente escandalosa como para que los parroquianos, quienes ya parecían tener algo que decir, mantuvieran la boca cerrada, iniciando lentamente susurros de desaprobación. -NO SOMOS RATAS, ¿VALE?- termino gritando en voz lo suficientemente alta como para que todos pudieran escucharlo -LAS RATAS NO HABLAN, ROBAN QUESO Y SE COMEN LAS PAREDES. NOSOTROS PAGAMOS.- exclamó recordando aquella aventura entre agujeros en los muros del taller de caza y la despensa donde se almacenaba el producto antes de ser vendido. El populacho, que por un momento quedó en silencio, comenzó a elevar el tono de voz, envalentonados por el número de ellos disgustados por alimentar “animales” en el restaurante. Cuando las culpas fueron desviadas al propio lugar en vez de a los tontattas por permitir aquella desfachatez fue el propio cocinero quien salió de la cocina, se plantó en medio del salón y argumentó -¿Os gusta el cine, bastardos?¿Conocéis al gran director Horacio Martinez?- en ese momento la congregación, con la vista fija en aquel corpulento hombre con manchas de todo tipo en su uniforme blanco, producto del trabajo del día. Asintió en su mayoría, pues las películas del bueno de Horacio habían dado la vuelta al mundo -Estas “ratas” como vosotros las llamáis, son actores y son nuestros comensales con mayor categoría en el día de hoy. Por lo que os agradecería, borricos, que mantuvierais las bocas llenas de comida, en lugar de insultos- con aquella simple sentencia los rostros de los humanos cambiaron radicalmente, al parecer no todos habían visto la película, pero si que habían oído hablar de ella. Los rumores sobre los enanos actores se extendieron por la novedad, pero ir al cine no estaba al alcance de todos como para ser reconocidos por la mayoría aún.
Con la cara desencajada, Thymo, que no esperaba tal reconocimiento en aquel lugar tan alejado de Mirroball, miró al camarero, que era quien los había reconocido -Mi mujer es una gran fan de las películas que hace ese tío, aunque yo las odio, son demasiado pastelosas para mí- explicó -Sabía quienes erais desde que entrasteis por la puerta y os sentasteis- reía -Tranquilos, el jefe puede parecer brusco, pero es buena gente. Si queréis pasar a saludarle a la cocina, me ha pedido que os diga que tenéis las puertas abiertas- Terminó con un guiño antes de regresar a su trabajo con los pedidos. La gente parecía mirar ahora a la mesa de los enanos con otros ojos, pero los susurros continuaron por un largo rato, esta vez mas sorprendidos que molestos.
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Mensaje por Alice Wanderlust Dom 2 Mayo 2021 - 17:51

Rápido dedujiste que Thyma era la inteligente de los dos. O la atenta, quizá. Thymo pareció razonar que la gente joven era frágil, y por eso tú debías haberte ido haciendo más resistente con el paso de los tiempos, en una especie de ritual de madurez un tanto macabro. En cierto modo era normal que lo supusiera, al fin y al cabo a casi nadie los huesos le curaban en menos de un par de semanas; no obstante, para ti era un proceso meramente ambulatorio. ¿Te rompías? Bueno, tener cuidado hasta entablillarte, asegurarte de que el hueso soldaría en el lugar correcto y esperar un par de días. Seguía siendo un mal terrible que te producía dolores constantes, sí, pero por lo menos habías tenido vida. No habías tenido una vida tan activa como habrías querido, claro, pero podías hacer un sinfín de cosas. Casi todas de ellas, porque habías decidido tú hacerlo.

- No todo el mundo es así, chiquitín -contestaste, limpiándole detrás de la oreja un poco de salsa que no entendías del todo bien cómo había llegado hasta ahí-. Yo estoy enferma, y no se cura. Cuando sea vieja, de hecho, seguramente acabe siendo peor. Mira.

Sacaste de tu bolso una pequeña tabla de madera, apenas de una pulgada de largo, y una brida. También dejaste sobre la mesa unas vendas por si acaso y dejaste la mano derecha sobre la mesa, muy cerca de ellos, y levantaste el meñique. Apretando los dientes, pues aquel "espectáculo" era doloroso de realizar, lo apretaste hasta que restalló un sonoro "crac". No fue particularmente ruidoso, apenas un crujido como de madera, pero lo bastante doloroso como para que tu sonrisa se ensanchase. Con la disciplina de siempre te aseguraste de vendarlo e inmovilizarlo.

- Por suerte, a casi nadie le pasa. Yo soy la primera en ocho generaciones de mi familia, y ojalá la última en otras ocho.

Entonces entendiste por qué Thyma parecía creer que era una estrella. Cuando los susurros llegaron y la identidad de los pequeños actores fue revelada, todo cobró sentido. Habían participado en la película de un director famoso. Tú no veías cine, pues en English Garden era extraño que llegasen las cintas filmadas, y tampoco es que tuvieras un particular interés en conocerlas. Aun así, te picó un poco que estando delante de ti dijesen que ellos eran los comensales más ilustres. Por mucho que fingieras que sí no habías renunciado del todo a ese orgullo nobiliario que te caracterizaba.

En cualquier caso, tú pediste tanto tarta de manzana como sorbete de plátano, ambos postres caseros. No tenías muy claro que fuese la mejor tarta del mundo ni que fuese a ser un gran sorbete, pero igual que a ellos el dulce te podía. Y la manzana, en cierto modo, también. Al fin y al cabo, era lógico que por algo tan delicioso cualquiera hubiese estado dispuesto a pecar.

- Así que sois actores -dijiste, mordiéndote los labios por un instante-. Pues... La verdad, no sé mucho de esta isla, solo he venido a pasar unos días, a hacer amigos y a ver si puedo sacar algo de provecho al viaje. Aunque he oído que hay un circo permanente en el centro de la villa; tal vez podríamos ir. Si es que tenéis energías, cuando... Esto... Firméis autógrafos.

Mientras hablabas se había formado una cola de mil demonios a vuestro alrededor, más o menos ordenada, en la que todo el mundo quería una firma de los hermanos. Otros, además de eso, sacaban pequeños caracolillos cámara para hacerse una "selfie" con ellos.

Qué gente más rara.
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Mensaje por Thyma Bandle Lun 3 Mayo 2021 - 12:44

Alice despejó las dudas de los Tontattas con una demostración horrorosa. Dijo que con los años su enfermedad empeoraría. Allí en vivo y en directo, sacó una tablilla y unos vendajes y se rompió un hueso de la mano sin niguna dificultad y si que éste mostrara resistencia alguno. El sonido de su hueso quebrándose estremeció a la pequeña que acabó por cerrar los ojos, taparse los oídos y exclamar. -¡No, no, no!- Mientras la muchacha se colocaba los vendajes con gran habilidad, Thyma se acercó a ella, posó su manita en el antebrazo y como si de una pequeña madre se tratara comenzó a frotar. -Sana, sana culito de rana, si no sanas hoy sanarás mañana.- Recitó cantarina, para después dedicarle la mejor de sus sonrisas. -Te duele menos ¿A que si?- Thyma esperaba de corazón recibir una respuesta afirmativa. Ella no podía dudar de las palabras de la rubia, en realidad de las de nadie.

Thyma se quedó pensativa con la reflexión de su hermano. "¿Tarta de pato?" pensaba para sus adentros. Creía tener una solución viable para ello y así hacer feliz a su hermano. -Creo que tengo una receta de pastel de carne. Tal vez pueda modificarla para añadir pato en ved de res... No será dulce, pero será un pastel.- Dijo Thyma mientras se enroscaba los pelitos de la barbilla. Thymo comenzó a formar mucho revuelo con la tarta de queso. Pronto comenzaron los parroquianos a murmurar y a insultarles llamándoles cosas que no eran. La Tontatta asentía con lo que decía su hermano, estaba muy alejados de ser ratas. En ese instante salió el cocinero de su guarida, con la única intención de poner en su sitio a todas esas personas. Thyma se sentía orgullosa por sus palabras, que ellos no abusasen de la fama que tenían, no quería decir que no mereciesen un respeto. Para ella que el cocinero los nombrase "los comensales de mayor categoría" era todo un orgullo y no pudo evitar que su pecho se inflase por tal reconocimiento. El camarero se dirigió a ellos con dulzura, al parecer su mujer era seguidora de las películas de Horacio, pero a él le aburrían. Thyma tomó la palabra. -Te prometo que esta película sí te va a gustar, es divertida y alejada de los romanticismos a los que acostumbra el bueno de Horacio. Espera.- Thyma se giró y comenzo a rebuscar algo en su mochila, de ella extrajo un pequeño bloc de notas un pequeño bolígrafo y un bote de tinta. En el papel plasmó una invtación para dos personas y la firmó. -Toma os invitamos a que la veáis, seguro que a tu mujer le agrada que la acompañes. Sólo presenta esto en la taquilla, yo me encargo del resto.- La sonriente Tontatta le hizo entrega de la invitación muy feliz por el trato que les estaban dando. Despues se disculpó ante sus acompañantes en la mesa. -Voy a ver al cocinero. No tardo.- De un saltito bajó de la mesa y se dirigió al lugar sagrado de la taberna, dónde se creaba la magia a manos de ese rudo hombre. Llamó a la puerta y el hombretón la recibió con todos los honores. -Pasa pequeña, como si estuvieses en tu casa.- La cocina era enorme y las ollas que allí había haciendo "chup, chup" a fuego lento emanaban olores capaces de embriagar el alma de cualquiera. Thyma se quedó en la puerta. -Señor cocinero, soy una amante de su oficio y quería agradecerle los manjares que nos ha servido, en persona.- El dueño de la taberna se agachó para hablar con ella de una forma más cómoda y familiar. -Me sorprendió que pidierais pato, esa era la comida del equipo.- Thyma abrió mucho los ojos con su respuesta y se llenó de vergüenza. Cabizbaja y haciendo rotar uno de sus pies le preguntó: -¿Se han quedado sin comer por nuestra culpa?- El hombre estalló en una sonora carcajada. -En mi presencia nadie se queda sin comer, pequeña.- Aquello la reconfortó, por nada del mundo quería privar a nadie de esos manjares, no le parecía justo, ni tan siquiera por ella ser famosa. -Señor me encantaría aprender a guisar las patas de pato así. ¿Usted me enseñaría? Puedo darle varias recetas de mi isla a cambio... Pero ahora tengo compañia y no quisiera perderme mi tarta de manzana.- El hombre posó su manaza encima de la cabeza de Thyma y revolvió su pelaje. Se quedó pensativo y se puso en pie. Ese hombre podía resultar tosco al trato, pero se notaba que tenía un grandísimo corazón. -Vamos a hacer una cosa. ¿Qué te parece si vienes una mañana, bien temprano y preparamos juntos unos menús típicos de Karakura? Nuestra gastronomía es muy amplia, además tengo curiosidad por saber que sabéis hacer en el Mar del Este.- Los ojos de Thyma resplandecieron como dos luceros, mientras asentía con la cabeza a toda velocidad. El hombre estiró su mano para sellar el acuerdo, ella cogió uno de sus dedos sintiéndose muy feliz por el trato. -¡Hecho!- Dijeron al unísono. Tras despedirse, Thyma regresó a la mesa y les contó a sus acompañantes lo sucedido en la cocina, con la emoción todavía en su rostro. -Thymo voy a aprender a guisar pato, tendrás que cazarme alguno para practicar.- le dijo muy sonriente.

Alice fue consciente de con quién se había sentado en la mesa. Poco a poco, los parroquianos se fueron arremolinando a su alrededor, ya no se mostraban tan disconformes con la presencia de los Tontattas y ahora querían que les firmasen autógrafos. Era increíble ver cómo por un simple matiz las personas podían cambiar de opinión. Thyma los ignoró por unos instantes, pues la información dada por la rubia era mucho más suculenta. Le dio un codazo a su hermano totalmente emocionada. -¿Cuanto tiempo hace que no vamos a un circo? ¿Te apetece que vayamos?- Ella sabía el amor que sentía su mellizo por los juegos de manos y malabares, pensó que podía ser divertido ir los tres juntos. -¡Yo quiero ir, yo quiero ir.!- dijo dando pequeños saltitos. -Pero antes vamos a quitarnos a estos de encima.- Thyma se quitó el zapato y comenzó a plasmar su huella en un montón de papeles a toda velocidad, dándole los ya sellados a su hermano para hacer el resto. -Tal vez deberíamos tener unos cuantos papeles firmados de antemano, para evitarnos estas aglomeraciones.- Después se dirigió a la rubia con algo de pesar. -Lo siento Alice, no tardaremos en firmar todo esto, te lo prometo.- Sus disculpas sonaban sinceras, por una vez en su vida le apetecía mucho más ir al circo con su mellizo y su nueva amiga que el baño de multitudes.
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Mensaje por Thymo Bandle Lun 3 Mayo 2021 - 21:17

-AAAAAUUUUUUUUUUU- gritó el pequeño al escuchar claramente el hueso partirse como una rama seca, casi sintiendo en carne propia el dolor. -¡ESTAS LOCA!... ¿Y TU RECORD?... Ya se ha ido a la mierda- exclamó a medio camino entre la lastima y la incredulidad. Pronto la enana comenzó a frotar el brazo de la rubia con la antigua cantinela sanadora que la familia Bandle utilizaba cuando tenían pupa. No servía de mucho contra el dolor, pero el apoyo ayudaba. -Los humanos sois muy raros a veces con tal de demostrar una teoría. Varias chicas del taller de caza y recolección se agarraron una cagalera negra que casi se las lleva el diablo, o eso decían, por comer unas bayas que creían seguras. Aunque varios les dijimos que eran venenosas- Una simple mirada alrededor le bastó para recordar donde estaba -Perdón- repitió de nuevo con la cabecita gacha -No quiero amargarle el paladar a nadie- Pero las disculpas no hacían falta. El publico que observaba la escena se sentía igual de paralizado que el pequeño hasta que hizo su comentario. Momento en el que empezaron a reír por la naturalidad y franqueza del enano que no parecía mala gente pese a sus formas. Por suerte, aquella taberna estaba llena de trabajadores humildes en mayor o menor medida. Francos y pragmáticos, acostumbrados al lenguaje simple para comunicarse en los campos y granjas de manera rápida, ninguno se escandalizó por las palabras de Thymo. Las carcajadas por la apariencia arrepentida y el perdón sincero, no tardaron en llenar el salón del restaurante para satisfacción del cocinero, que adoraba ver feliz a su clientela.

Thyma fue entonces a visitar al chef y dueño del local. Era inevitable dado que siempre había cocinado ella desde que eran muy pequeños. Jamás se hubiera perdonado no entrar a una cocina profesional habiendo sido invitada por el mismísimo dueño. -Si... bueno...- comenzó a explicar Thymo -Hemos actuado en la ultima película, nosotros vivíamos en Mirrorball, muy lejos de aquí. Es una isla dedicada casi exclusivamente a las artes escénicas, sobre todo cine y teatro. Mi hermanita era costurera para uno de los estudios de grabación y yo cazador. Agarraba presas para que la isla pudiera satisfacer su hambre, así como frutos y bayas. Pero un día... bueno pedían candidatos, ella se presentó, yo la acompañe y al final me vi envuelto en esa aventura con ella- terminó mientras los susurros del publico alrededor continuaban, sorprendidos por la corta explicación -Estarán de gira- se podía entender entre las voces que los comenzaban a rodear, disimuladamente, pero cada vez más cerca.

La pequeña regresó entonces a la mesa con su carita reluciente de satisfacción. Había conseguido cumplir otro pequeño sueño. -Claro, tengo algo de practica, podría agarrar un par de ellos por el cuello y traerlos vivos incluso- comentó con el pecho lleno de orgullo. El pequeño medía significativamente menos que un solo ánade salvaje. Y pesaba sustancialmente menos, pero sus palabras y su expresión corporal indicaban que, o bien podía hacerlo y lo sabía. O bien estaba convencido de poder aunque no lo hubiera hecho nunca.
Alice entonces mencionó el circo de la ciudad, lo que imprimió en el rostro del pequeño una expresión de incredulidad que se intercambiaba intermitentemente con otra de esperanza. El rostro de los pequeños revelaba todo lo que su corazón sentía, incapaces de mentir, crédulos por naturaleza. Eran como niños pequeños en un parque de atracciones. Cada simple emoción parecía verse magnificada por la inocencia palpable que desprendían con cada palabra, con cada movimiento. -¡CIRCONUDO!- gritó con la cara mirando al techo y los puñitos cerrados visiblemente emocionado. Dando saltitos en la mesa, arrancando a bailar con pasos torpes y acelerados. Pasos de baile que aprendió para la película, pero que una vez fuera de cámaras, no pudo evitar darles el “toque Bandle”. La gente en aquel momento, incapaz de continuar simplemente observando y riendo con los pequeños, comenzó a pedir autógrafos. Tímidamente al principio, pero una vez descubierto lo llanos que eran los hermanos, y los cercanos al pueblo que parecían en comparación a otras estrellas de la gran pantalla. Animó al resto y al final, todos querían un papel con las firmas de los enanos.
Thyma, siempre preparada, sacó la tinta y comenzó, encantada de la vida, a pasar a su mellizo papeles y papeles con su firma para que Thymo hiciese lo propio. Pronto, una fila se había formado alrededor de la mesa para recibir los papeles firmados por los Bandle. El pequeño, que sabía lo importante que eran estas cosas para su querida hermana menor, se descalzó y continuó con la firma de autógrafos mirando avergonzado a la rubia -Solo será un momento- aseguró. Como si de una impresora bien engrasada se tratase, como si hubieran ensayado aquello la noche anterior, las hojas con las firmas de los mellizos comenzaron a salir rápidamente. Haciendo uso de la velocidad que la genética les había regalado, terminaron de firmar para todos y cada uno de los asistentes. Incluidas copias para el cocinero y la mujer del camarero, que agradecidos, invitaron a comer a los tres uniéndose a las carcajadas y el buen humor que ahora reinaba en la humilde taberna.
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Mensaje por Alice Wanderlust Mar 4 Mayo 2021 - 16:53

No les gustó que te rompieras el dedo. Para ser sinceros, a ti tampoco te hacía una gracia particular, pero aun así habías apretado. Thyma cerró los ojos, y aunque Thymo miró atentamente en su peludo rostro pudiste sentir cómo compartía tu dolor. Quisiste decirles que no era nada, pero enseguida la pequeña saltó a cantarte un "sana sana" y él te reprochó que tu récord acababa de perderse. En cierto modo era así, aunque en realidad era difícil que lo volvieses a superar: Casi seis años sin ninguna lesión, torcedura de tobillo o esguince eran en tu caso tiempo tan largo como una vida, y ahora que llevabas una vida más activa seguramente se volviera totalmente inalcanzable.

Aun así, lo que habías hecho era una completa gilipollez.

- Mucho mejor, ¡Gracias, Thyma! -exclamaste-. Y no te preocupes Thym, aún me quedan nueve. -Tecleaste su cabecita como si se tratase de un piano, haciendo un sonido almohadillado en él-. Cada día es una victoria. Es lo bueno de nacer con esto, que cada día sana es para celebrar.

Lo cierto era que sí, los humanos éramos extraños. Muchas veces hacíamos cosas que no entendíamos del todo o simplemente nos dejábamos llevar por nuestras venas más caóticas. Pero allí estabas, comiendo una tarta de manzana con el dedo roto, como si el dolor no importase en absoluto; y es que, tras tantos años de perseguirte constantemente, el dolor no importaba en absoluto. De hecho, era más verdad que mentira que casi celebrabas lo bueno por encima de todo, ya que si realmente eras capaz de disfrutarlo debía ser muy bueno. Aunque esa filosofía solías aplicarla siempre, por lo que estabas segura de disfrutar más de lo que debías. Pero, de todos modos, ¿alguna vez se disfrutaba demasiado?

Mientras Thyma se iba a hablar con el cocinero del local te quedaste a solas con su hermano, que te hizo un breve resumen de cuál había sido su vida hasta entonces. Si no recordabas mal, Mirrorball era una isla lejana en el East Blue, y poco sabías más de ella que su industria cinematográfica que, además, tampoco consumías. En English Garden había cámaras, claro, y también camarógrafos, pero se utilizaba la filmación como herramienta científica sobre todo; no había lugar para ningún arte por encima del teatro, tampoco. En casa la gente era particularmente conservadora.

- Sí, claro. Terminad sin problema -respondiste, viendo que la cola empezaba a ondularse y salía de la taberna. ¿Cuánto poder de convocación podían tener dos actores sobre el populacho? Tú te habías hecho una vez una fotografía con sir Ian Hollister, un reputado actor del sudeste, pero no habías presenciado semejante desorden.

Esperaste pacientemente hasta que cada servilleta, hoja, carátula, póster promocional e incluso algún que otro escote fue firmado por la parejita. Eran rápidos, dejando a la gente contenta más pronto que tarde, y enseguida estuvieron listos para presenciar un espectáculo circonudo.

- Qué rico está todo, de verdad -agradeciste. No era el mejor pato que habías probado, pero sí estaba entre las mejores comidas que te habían servido desde que abandonaste Hallstat.
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Mensaje por Thyma Bandle Miér 5 Mayo 2021 - 13:24

No tardaron mucho tiempo en tener a todo el mundo firmado, algunos incluso les pidieron que les firmasen en partes del cuerpo un tanto extrañas. Thymo plasmó su huella en un par de escotes y a Thyma le tocó "patear" un par de traseros. Cuando tuvo que hacerlo, miró a Alice encogiéndose de hombros y riendo al mismo tiempo. Los humanos eran muy raros a sus ojos y ese tipo de peticiones sólo hacían que confirmarlo. Finalmente el dueño y el camarero terminaron por unirse al jolgorio formado por los Tontattas y todos sus seguidores, sumando más risas y buen humor al ambiente. El dueño, que decía llamarse Bill, invitó a la comida que tomaron los tres, sin duda alguna, el renombre que los pequeños artistas habían dado, sin pretenderlo, al local le reportaría buenos beneficios en los días venideros. Pues todos querían ocupar la mesa que sus ídolos habían utilizado y comer la pata de pato que tanto les había gustado. Thyma descubriría que Bill, un hombre con buena vista en los negocios, acabaría por nombrar a su plato estrella "Pata de Pato estilo Bandle". Algo que le hizo mucha gracia e ilusión a partes iguales. Siempre deseo que un plato llevase su nombre y venido de aquel que sería su maestro culinario, era todo un orgullo para la pequeña. Si su fama podía ayudar a que ese señor embolsase más berries a su negocio, bien estaba. Ella no era ambiciosa, ni egoísta, todo lo contrario, le encantaba ver como la gente crecía y prosperaba. Según ella, todos salían ganando.

Tras el revuelo, poco a poco, la calma volvió al lugar. Terminaron sus deliciosos postres y se dispusieron a abandonar el local, no sin antes acordar una cita con el bueno de Bill, para el intercambio de conocimientos. Thyma estaba muy emocionada con lo sucedido y de camino al circo no paró de hablar de ingredientes, recetas y de todo lo que ese hombre le iba a enseñar. La comida no podía haber sido más productiva.
El circo se encontraba en el medio de la ciudad, en una enorme explanada que ocupaba toda su extensión. Antes de llegar, se vieron frente al cine. No quedaba muy lejos del circo. La cara de los dos pequeños aparecía en una enorme imagen anunciando el film. Thyma no pudo evitar dar saltitos y zarandear a su hermano para que viese aquella maravilla. -¡Alaaaaa que guapísimo estás! Parecemos muchos más grandes ¿A que si?- Thyma les pidió a Thymo y a Alice unos segundos para poder cumplir la promesa que le había hecho al camarero y a su mujer. Sacó un bonito monedero rosa y morado, de creación propia, de su mochilita y se dirigió a la taquilla. Se subió al mostrador y pagó las entradas de sus invitados sin perder la sonrisa en el rostro. No sabía a qué sesión acudirían, pero la taquillera quedó informada de la invitación que la pareja presentaría. No tuvo ningún problema y todo fueron facilidades. Al terminar su misión, volvió junto a sus acompañantes para por fin dirigirse al circo.

Al llegar, la emoción estaba presente en sus rostros. La carpa era enorme y desde la entrada ya se podía oler el rico algodón de azúcar, las manzanas caramelizadas, las palomitas y las almendras garrapiñadas, otorgando al ambiente los olores que anunciaban fiesta y diversión. -Vamos, vamos, vamos.- Dijo la pequeña con insistencia mientras daba toquecitos con su manita a la pierna de la rubia. -Alice, ¿Habrá animales? Yo quiero ver jirafas y pingüinos.- le preguntó dubitativa. Era totalmente ilógico, pero fue lo primero que se le vino a la cabeza. Luego se acercaron a la entrada y Thyma sacó de nuevo su monedero, se dirigió rauda a la taquilla y pagó las tres entradas. Por su puesto no iba a permitir que su nueva amiga acarrease ningún gasto, ya se le había olvidado que estuvo a punto de matarlos y encima la pobre tenía "pupa" en un dedo. "¡Qué menos!" pensó la compasiva Tontatta. Entregó una entrada a cada uno y un folleto con los horarios de los espectáculos. Thyma lo abrió para ver qué maravillas les deparaban y casi se pone a gritar cuando vio la actuación que había por la noche. Sus ojos resplandecieron y posó frente a los morros de su hermano el horario. -Miiiiira Thym, lo que pone aquí.- Dijo cantando. Ella sabía que a su hermano le encantaban los juegos malabares y esa noche había espectáculo súper especial con fuego y todo. -¡Alaaaaaa, yo no me lo pierdo!- Exclamó segura de que su hermano no se negaría ante ese hecho. Estaba tan feliz que no pudo evitar dirigirse a Alice con los ojitos vidriosos y una enorme sonrisa en su rostro. -Muchas gracias por traernos y acompañarnos. ¡Nos lo vamos a pasar piruleta!- Thyma era un despliegue de saltitos y bailes absurdos, en su vida se hubiera imaginado que esa isla, en apariencia normal, pudiese albergar tanta fantasía.
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Mensaje por Thymo Bandle Miér 5 Mayo 2021 - 20:28

El circo. Lugar de ensueño para grandes y pequeños, como rezaba el vocero que anunciaba los espectáculos -Acróbatas, contorsionistas, equilibristas, escapistas- gritaba a través de un simple cono de cartón que magnificaba el volumen de su garganta -Forzudos, hombres bala, magos, malabaristas, mimos, monociclistas, payasos- La lista de atracciones era interminable y prometía acción y diversión sin limites -Titiriteros, tragafuegos, tragasables, trapecistas, ventrílocuos- Para cuando el espectáculo comenzase un montón de gente, sobre todo turistas y visitantes del mercado, llenarían las butacas del patio central donde el jefe de pista presentaría a los artistas y sus espectáculos. Los aromas, los gritos de los niños emocionados al encontrar de frente leones y tigres, encerrados en sus carromatos-jaula hasta la hora de actuar. El sonido de la hierba seca crujiendo bajo cientos de pisadas apresuradas por encontrar el mejor lugar en las gradas, donde los espectadores pasarían varias horas entretenidos con el espectáculo.

Thymo compartía con su melliza la expectación y la esperanza. Para el pequeño, ver aquellos malabaristas y magos capaces de hacer desaparecer monedas, pelotas y toda suerte de objetos, incluso personas, era algo que siempre le había fascinado. Pese a no haber tenido muchas ocasiones para ver uno en directo. Las pocas veces que alguno de los circos ambulantes del mundo acudía a Mirrorball para entregar al publico unas cuantas horas de su vida y enseñar sus artes en los escenarios, Thymo tenía que hacer milagros con sus horarios para compaginar las horas de sueño y trabajo con las de los shows, por lo que tan solo conocía bien a los maravillosos payasos que anunciaban la llegada de las coloradas carpas, haciendo malabares por las calles, simulando tropezones y regalando entradas a los niños pequeños. Claramente todo estaba bien pensado, jamás perderían dinero con esos regalos. Al menos un adulto acompañaría a cada niño con entrada gratuita. Por supuesto pagando la entrada. Y si el niño no acudía, dejaría sitio para otra familia que si pagaría el precio de la entrada.
Todo eso preocupaba poco al tontatta, que si bien creía que eran muy buenas personas regalando pases gratis, en cierto modo también pensaba que eran un poco tontos por regalar su trabajo. El pequeño desconocía todo lo referente al marketing, las técnicas de venta y la picaresca y dobles sentidos que el mundo humano tenía.

Los papeles con el horario de las actuaciones, llenos de colores llamativos y olor a palomitas de caramelo no distrajeron al pequeño de su verdadero objetivo. El algodón de azúcar. Una enorme nube rosada y dulce más grande que los propios tontattas. -Ahora vuelvo- dijo a sus acompañantes antes de desaparecer levantando un montón de polvo y paja del suelo al arrancar a correr en dirección al puesto de golosinas. Las actuaciones de la tarde comenzarían en breve, los puestos de comida llevaban funcionando todo el día sin embargo. Eran una de las principales fuentes de ingreso del circo, de otro modo casi insostenible debido a las grandes cantidades de comida que los animales comían. Tras un rato más largo de lo que hubiera deseado, con gran esfuerzo por el tamaño de los aperitivos, regresó con las chicas -Tomad, había mucha cola, disculpad la espera- comentó mientras entregaba a cada una un palo recubierto de aquella ambrosía para adictos al azúcar. -Esto no salpica- reía recordando el incidente con el plato de pata de pato, no hacia ni una hora. Aun así, se las arregló para acabar con buena parte de las hebras rosadas pegadas al pelaje, al gorro y los pantalones. Cosa que parecía difícil, dada la voracidad con la que se encargó del dulce, incluido un trozo del palo antes de darse cuenta -ÑAM- exclamó complacido con el sabor azucarado que aun rondaba su paladar, sin darse cuenta que tenía la mitad por la ropa.

Una larga fila se comenzaba a formar a las puertas de la gran carpa central. Un enorme octógono de tela, tan alto como el edificio más grande de la ciudad y varias veces mas grande en diámetro. Tres pistas de arena, la central y otras dos de apoyo conformaban el interior de la masiva carpa donde los sueños se hacían realidad. Thymo tenia muchas ganas de entrar y ver desde dentro, con calma y con la tranquilidad de no estar quitándose horas de sueño por un poco de disfrute a escondidas desde un roto en la tela de la carpa. -Vamos, vamos, vamos, vamos- conminaba a las chicas, lleno de emoción por lo que estaba a punto de ver, cuando un fantástico malabarista apareció para animar la espera con su maquillaje y sus vivos colores reluciendo bajo el sol de Karakura. Atrayendo las miradas de grandes y chicos por igual, acortando la espera para todos y animando al publico antes de entrar.
El malabarista:
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Mensaje por Alice Wanderlust Jue 6 Mayo 2021 - 1:34

Terminaste tu postre antes de levantarte, y agradeciste con una leve inclinación de cabeza el servicio tanto al camarero como al cocinero. No respondieron con la misma educación, pero te dieron una leve palmada en el hombro. Muy leve, apenas dolorosa, y no te quejaste por ello. Al fin y al cabo no tenían que estar escuchando tus conversaciones; tampoco te gustaba que lo hiciesen, y aunque aún te quemaba en el orgullo que no te reconociesen, era lo que habías estado buscando. De hecho lo preferías así; saber que te trataban como a un humano por el mero hecho de existir y no por intereses ocultos. Aunque hubo algunas miradas entre gente que se despidió amablemente que te hicieron sentir sucia. Esa clase de intereses ocultos, aun así, te molestaban menos. Al menos tu culo era bonito por mérito, no por herencia.

Según os ibais acercando al circo pudiste ver que las calles eran más y más animadas. Al parecer el espectáculo en esa isla era casi una religión, y las caras de los hermanos Bandle en un gigantesco cartel frente al cine local te hizo comprender que toda clase de actividades performáticas gozaban de un alto estatus en el lugar.

Entre la ilusión y el deber la pequeña hermana se acercó a la taquilla, desplegando su encanto natural -y en cierta medida traficando con su influencia de estrella- cumplió con el deber que había pactado en la taberna: Ella invitaba a las entradas para que el matrimonio gozase de una velada fantástica en el cine. Tú por tu parte veías, con cierto embelesamiento, cómo la gente se arremolinaba en torno a los pequeños. Casi te habías olvidado de Clayton, o lo habrías hecho de no ser porque fue uno de los incautos que se había acercado a la taberna poco antes de que marchaseis, seguramente atraído por la masificación como una mosca a la mierda. Siendo un cazador de cabezas era posible que actuase en cierto modo como coleccionista, además de sicario, y tal vez los Bandle fueran un objetivo a la vista. ¿Tal vez tus descuidos habían dejado a la vista los suyos? Yo no apostaría un ojo, pero si lo hiciera ganaría un ojo.

Aun así decidiste que mientras no se desvelase mantendrías la calma. Continuaste junto a los hermanos, escuchando cómo Thyma deseaba ver pingüinos -evitaste decirle que sería muy raro ver pingüinos tan cerca del trópico- y aceptando el algodón de azúcar que Thymo te tendió, arrancándole pellizcos de vez en cuando mientras peleabas por evitar que el caramelo dejase tus manos pegajosas. Esperar a la cola no era lo más entretenido que se te ocurría, pero un malabarista llegó como traído por mandato divino entreteniendo a la masa. Tú estabas más interesada en los números de trapecio, pero aun así lo apreciaste y le diste un par de monedas al artista cuando pudiste por fin entrar. Y cuando lo hiciste, buscaste un espacio de primera fila donde estar cerca del espectáculo, más para asegurarte de que los peludos no eran opacados por alguien frente a ellos.

Con todo eso, las luces se apagaron y un león rugió en la oscuridad. Luego llegó un anillo de fuego y la bestia saltó por él. Con eso, un disparo. Y con el disparo, el maestro de ceremonias cayó al suelo desplomado. ¡Pero se levantó de nuevo! Había sido una simulación; no ganabas para sustos, ya estabas buscando a Clayton por todas partes.

- Qué mal gusto -bufaste-. Casi me da algo.
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Mensaje por Thyma Bandle Jue 6 Mayo 2021 - 12:14

Thyma se puso feliz al ver que su hermano les traía algodón de azúcar. Aquella esponjosa y pegajosa nube rosa era todo lo que necesitaba en ese momento. Adoraba la manera que tenía de deshacerse en su boca dejando ese rico sabor dulce tras de si. -¡Aquí los hacen enormes!- Dijo entusiasmada mientras peleaba con una hebra que se le había pegado a una ceja. Cada vez que Thyma atacaba la gigantesca nube rosa acababa con algún resto de algodón adherido a su pelaje. Aunque eso no le impidió disfrutar de su dulce. Eso sí, a mucha menos velocidad que su hermano, ella sabía hacer que los grandes momentos perdurasen en el tiempo. Dar alegría a su paladar, sin duda, era uno de ellos. Cuando el palito de madera quedó totalmente libre de algodón de azúcar y Thyma llevaba, por lo menos un cuarto de nube en su cuerpo, se sintió muy mal. Aborrecía estar sucia y mucho más si la suciedad era pegajosa. Con cara de circunstancias miró a su hermano. -¡Me van a comer los bichos!- Le dijo con una preocupación genuina. La Tontatta miró a su alrededor para asegurarse de que nadie más que sus acompañantes la veía. Todo parecía tranquilo y desde el suelo nadie les prestaba atención. Thyma cerró sus ojos y sacudió todo su cuerpo en una veloz vibración. Al instante, su pelaje volvía a ser tan esponjoso como siempre, limpio, brillante y suave. Ahora la pequeña, además, olía a melocotón. Después sonrió, la incomodidad había desaparecido, aunque temía por el destino de su hermano.

Mientras esperaban en la larga cola, que se formó para la entrada a la Gran Carpa, un malabarista comenzó a amenizarles el momento. Thyma se quedaba con la boca abierta viendo las maravillas que hacía, hasta que descubrió algo en su disfraz que no le gustó. Notó que una de las costuras laterales de la camisa, se giraba un poco hacia la izquierda. Durante casi toda la actuación no podía parar de mirar la maldita costura. "Es que, la pieza está mal cortada." Se decía a si misma en un refunfuño. La cola avanzó y Thyma logró olvidarse de su divagación cuando comenzaron a pasar. Alice se dirigió a la primera fila, para que los pequeños pudiese ver mejor. Si esa mujer no fuese tan alta para la Tontatta, de seguro, le hubiese desgastado el moflete a besos. Desde su posición Thyma tenía las mejores vistas para disfrutar del espectáculo. Cuando se apagaron las luces, el imponente rugido de un león cortó el aire del lugar. La Tontatta contuvo la respiración unos instantes. Al encenderse el felino hizo su aparición. Thyma exhaló y no pudo contener un aplauso. La enorme bestia saltó por un aro de fuego, haciendo vibrar al público más inocente y arrancándoles exclamaciones de todo tipo. Luego un disparo pareció haber terminado con la vida del maestro de ceremonias. Su cuerpo se desplomó sobre el suelo, inerte. La Tontatta sin dudar un segundo agarró la cerbatana y sacó del zurrón un dardo, al tiempo que apuntaba en la dirección en la que le pareció oír la procedencia de la explosión del arma. Todos sus sentidos se pusieron alerta y su cuerpo se tensó, preparándose para actuar. La inocencia desapareció por unos instantes de su rostro.
Todo parecía formar parte del espectáculo. Aquello no fue divertido para Thyma, quien había creído la actuación a pies juntillas. Miró a Alice y la escuchó quejarse. La Tontatta asintió con la cabeza. -Eso ha estado muy feo...- Dijo apoyando las palabras de la rubia. La pequeña Bandle no se quedó conforme con lo sucedido y no terminó de guardar su cerbatana, ni el dardo, dejando ambos sobre su regazo. Miró a su hermano, había algo en toda esa actuación que no le gustaba y buscaba su apoyo.

El espectáculo continuó, pero Thyma entre los disfraces defectuosos y el incidente de la "bromita" sin venir a cuento, ya no es estaba en la misma actitud relajada. Aun así trató de disfrutar del resto del espectáculo. No pudo negar, que de cuando en cuando echaba un vistazo a la gente del público, buscando... buscando nada. Después del enorme felino, le siguió uno de menor tamaño, iguales a los que los humanos solían tener en sus casas. Parecía una réplica exacta del felino anterior pero de un tamaño ínfimo, en comparación. Este gato parecía no querer hacer los ejercicios que había hecho su primo mayor y prefirió acicalarse sus partes más íntimas sobre una de las tarimas. Mientras el minino tenía la pierna estirada, el maestro de ceremonias golpeaba su frente con la palma de su mano. Todos en el público estallaron en una sonora carcajada. Thyma también estaba desternillada de risa. Ella realmente pensaba que nada de aquello estaba preparado y lo vivió como una osadía del gato. Entre risas y miradas fugaces al público, el espectáculo parecía continuar de la forma más normal en un bonito número de mimos.
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Mensaje por Thymo Bandle Jue 6 Mayo 2021 - 20:20

Thymo miraba embelesado para todos lados, desde su altura era complicado conseguir ver los alrededores, pero el techo era alucinante. La lona carmesí descansaba sobre soportes de madera y metal que se sostenían gracias a una miriada de cables y cuerdas, dando ese aspecto tan típico al techo, dibujando varias aguas. Focos hábilmente colocados iluminaban los puntos calientes de las actuaciones, dejando zonas ocultas o en penumbra a placer del técnico de luces. Mientras que una serpentina de pequeñas lucecitas de colores blanco, azul y verde, recorría el techo como un tapete. Juguetona, casi colocada al azar, marcando el limite para las actuaciones de altos vuelos, como el hombre bala, los funambulistas y los trapecistas.

Antes de darse cuenta de donde estaba, debido a los tobillos de la gente a sus alrededores. Alice había guiado a los tontatta a primera fila -Valiente muchacha- pensó Thymo, que comenzaba a sentir respeto por aquella chica rubia. El enano se desternillaba con las historias que el grupo de recolección contaban sobre las primeras filas cuando llegaban al taller, ellos que tenían tiempo para dormir y podían ver las actuaciones. -Suertudos con suerte- como los llamaba Thymo -Buenoooo pero que cerquita estamos Thyma- decía con los ojos muy abiertos -Mira mira, desde aquí podemos verle los pelos del bigote a ese tipo- exclamó emocionado señalando al maestro de ceremonias. Thymo sabía que su hermanita también tenía buena vista después de tantas horas de practica con la cerbatana. Podría aprecian los detalles que él mismo veía sin genero de dudas.

El espectáculo comenzó en la oscuridad total, cuando un animal que Thymo no había escuchado en vivo jamás, rugió en las penumbras. Alucinado, el pequeño observaba con ojos grandes y pupilas dilatadas como, por arte de magia, un anillo de llamas iluminó la pista revelando al gran felino y su acrobacia. Los silenciosos pasos de una bestia semejante, mantenían al pequeño pegado al asiento. Ver al león atravesar el fuego sin dudarlo despertó algo en el interior del pequeño. Ver animales salvajes trabajando con seres humanos de aquella forma, en vivo y tan cerca. Le hizo comprender que había otras formas de comunicarse con los habitantes de la naturaleza. De todos modos, aquel momento de introspección y crecimiento personal, se vio repentinamente sacado de la mente del enano. Tras escuchar el disparo en la oscuridad, de manera instintiva debido a su oficio, dos antenas brotaron de la frente de Thymo. Podía sentir en la oscuridad la tensión en el ambiente, sentía el aroma de la pólvora, picante y amarga. Pero no sentía el aroma dulzón de la sangre, pese a haber visto caer al maestro de ceremonias. Tras analizar los alrededores ocultó los apéndices y esperó la reacción de los demás. Todo estaba contemplado dentro del espectáculo y aunque no fue muy bien recibido por el publico en general, sirvió como carta de presentación para el pistolero que actuaría más adelante.
El tono de la actuación cambió en el momento que los focos se posaron sobre el siguiente protagonista. Un gato común.
Thymo era incapaz de distinguir si aquello formaba parte de la actuación o el gato de verdad pasaba del espectáculo, dejando en ridículo a su dueño. Cosa que no le impidió reír a carcajadas, como el resto de los espectadores, que habían dejado atrás las caras de preocupación con la simple presencia de aquel animal. Cuando todas las miradas estuvieron centradas en el minino, los ayudantes disfrazados de payasos, sacaban al león de la pista sin que nadie se diese cuenta. Gracias también al trabajado juego de iluminación y sus técnicos.

Cuando todo estuvo preparado, el medido espectáculo de humor del maestro de ceremonias con el gato terminó. Entonces los focos se apagaron, pero antes de que las pupilas de la gente común pudieran adaptarse a la oscuridad, el centro de la pista brilló con fuerza. Presentando al pistolero que subió la adrenalina de los asistentes minutos antes. Cuando el foco se abrió, iluminando toda la pista, y las luces de apoyo enfocaron las plataformas donde estaban colocadas las dianas, el vaquero presentó su trabajo casi en silencio, de manera ceremoniosa y elegante.
Muy diestramente, efectuando tiros dobles imposibles, atravesando huecos diminutos y acertando siempre en el centro de sus objetivos. Abatía enemigos imaginarios representados en latas, globos y dianas. Aquello era magia para el enano, que solo podía mirar a su melliza con los ojos muy abiertos, pero la boca aun más, mostrando autentica estupefacción. Thymo tardaría en poder procesarlo, pero también le había dado cosas para pensar. Estaba resultando instructiva la visita al circo y solo había hecho que empezar.
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Mensaje por Alice Wanderlust Vie 7 Mayo 2021 - 15:50

Todo tu cuerpo se había tensado. Tanto que hace años se te habría fisurado una vértebra. Aun así cuando tu corazón volvió a latir con normalidad agradeciste el disparo, en cierto modo. La búsqueda del asesino había finalizado encontrando al asesino: Clayton estaba allí, a unas veinte posiciones a la derecha, en la tercera fila. Sabías que miraba de refilón hacia vosotros, pero no parecía haberse percatado de que tú también lo buscabas a él. Eso dejaba claras dos cosas: Estaba siguiendo a los mellizos la primera, y que no sabía que era tu presa la segunda.

Optaste por dejar pasar un tiempo y trataste de disfrutar el espectáculo. Era graciosa la contradicción que se presentaba entre el león, siguiendo órdenes, y el gato ignorándolas. Aun así no pudiste más que esbozar una ligera sonrisa; tus pensamientos se habían desviado definitivamente hacia Clayton. Su pelo engominado con un encanecido tupé entre amplias entradas, ese bigote recortado que parecía líneas impresas sobre sus labios, la nariz gruesa y talluda que abultaba su pequeño y huesudo rostro... Casi te costaba creer que alguien con una cabeza tan pequeña poseyese un cuerpo tan abultado, aunque supusiste que de cazar animales cada vez más grandes algo se le habría pegado. Con un poco de suerte era igual de patán y torpe que alguno de ellos.

El show continuó con el pistolero haciendo una demostración de habilidad. A ti te pareció que era el momento oportuno para levantarte.

- Disculpad, tengo que ir al servicio -musitaste para los pequeños-. Ahora vuelvo.

Echaste un último vistazo hacia el furtivo antes de alejarte y caminaste por el deambulatorio de la grada hasta rozar la salida. Sin embargo, una vez allí ascendiste por el entramado de escaleras hasta los niveles más altos de la bancada, y buscaste a Clayton. Sacaste uno de tus cuchillos de la liga y los grilletes del bolso. Sin embargo, cuando desde lo alto intentaste dar con él había desaparecido.

Aterrada caminaste hacia tu asiento, tratando de localizar a los Bandle, pero antes de llegar una mano aferró tu hombro. Apretaba con fuerza, no la bastante para romperte pero suficiente para hacerte daño, y cuando giraste la cabeza viste a tu espalda al hombre que habías estado buscando. ¿De verdad habías podido ser tan tonta? Tus ojos reflejaron pavor al ver su sonrisa socarrona; no había estado tras los pequeños; estaba detrás de ti. Trataste de resistirte, pero apretó con más fuerza.

- Yo en vuestro lugar no lo haría, milady -te recomendó, con un forzado y muy falso decoro-. El contrato no aclara cuántas extremidades debo respetar.

Agachaste la cabeza y dejaste que te quitase las esposas de la mano. Te ordenó tirar el cuchillo y que pusieses los brazos tras la espalda y obedeciste. Tu mente corría a mil por hora, tratando de aprovechar cualquier descuido que pudiese tener. Podría haber salido, quizás, pero aún no me necesitabas, y me alegro de ello porque, en cuanto relajó mínimamente su agarre para encadenarte levantaste la rodilla con todas tus fuerzas hacia su entrepierna. El aullido de dolor fue tan estremecedor que casi todo el público se giró hacia vosotros, y tú aprovechaste para tomar una postura no tan comprometida.

- ¿Nunca te han dicho que no se toca a una dama sin su permiso? -recriminaste,

Tardó unos segundos en levantarse, pero cuando lo hizo quedó patente la diferencia de alturas -como con casi todo el mundo, en realidad, eras bajita-, pero te hizo sentir algo más confiada. Mientras el gigantón de Clayton apenas podía maniobrar en el reducido espacio tú podías moverte casi por cualquier parte. Sacaste otro cuchillo más, lista para encararlo, y esperaste a que se abalanzase sobre ti. A fin de cuentas, esa era una de las situaciones -en tu caso, muy habituales- en que lo ideal era aprovechar la fuerza del otro contra él.

Mientras tanto el público en su mayoría debió creer que era un espectáculo más, porque empezaron a lanzaros cacahuetes, palomitas y alguna que otra guarrería más. Qué asco.
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