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Lecciones del pasado: Una óptica revolucionaria Empty Lecciones del pasado: Una óptica revolucionaria {Dom 27 Feb 2022 - 0:46}

Lecciones del pasado


One Piece Definitive

Muchos te dirán que todo empezó en las Guerras de los Soles, que la inesperada aparición de Kepler y un plan tan bien orquestado que tomó al mundo por sorpresa fue lo que desembocó en todas las locuras de los últimos cincuenta años. ¿El East Blue dominado por reinos piratas y emporios del Bajo Mundo? Kepler. ¿El Cisma? Kepler. ¿Los genocidios de Katharina von Steinhell y su tripulación? Kepler, en última instancia. Al Gobierno Mundial le gusta fingir que nada es culpa suya, que todo empieza y termina en las traiciones. La Revolución, traicionando al mundo; la Marina, traicionando a sus hermanos… Una visión reduccionista que trata de ignorar los sucesos de Loguetown, Mary Geoise, Síderos e incluso los Cuatro Jinetes. La verdadera historia del mundo no empieza con Terra Kepler: Empieza con Lion D. Karl.

¿Sabéis por qué el Gobierno Mundial lo conoce como el Architraidor? Porque, en cierto modo, lo fue. Yo hablé mucho con él en sus últimos días, y mi única conclusión es que no puedes traicionar a alguien por quien nunca has sentido lealtad. Ataviado como marine, en un momento en el que el orgullo y la vanidad del Gobierno Mundial se acercaban a su punto álgido, Karl envenenó a dos almirantes. Achacarle toda la responsabilidad por la humillante derrota en Loguetown sería injusto, pero fue el primer paso hacia lo que sucedió en Mary Geoise. Aun así, todo es un poco caótico, ¿no? Tenemos que ordenar nuestros pensamientos.

¿Qué pasó en Loguetown? En todo el East Blue, más bien. Estábamos en la vieja era, una época cercana aún a los tiempos oscuros pese a que había pasado más de un siglo, un tiempo en que los cuatro emperadores del Nuevo Mundo valían menos todos juntos que lo que llegó a valer Edward Newgate hace trescientos setenta años. El Gobierno Mundial controlaba dos de cada tres islas incluso en el Nuevo Mundo, y los reinos de los yonkous se reducían a islas remotas o marginales. Fue así que alguien desde Marineford, o quizá desde más arriba, decidió destruir la moral pirata para siempre. Eligió bien a su víctima: Katrina Bellatona, exalmirante. Una traidora convertida en pirata, probablemente la única con verdadero poder entre los emperadores, pero no lo bastante poderosa como para evitar la caza combinada de la vieja Marina y el Cipher Pol. Adivinad dónde decidieron ejecutarla. Podría haber sido ahí mismo, o en la cumbre de Marineford, mucho mejor custodiada, pero se estableció una operación sin precedentes para enviar un mensaje: Donde inició la gran era pirata muere cualquier esperanza de su renacimiento. No podían estar más equivocados.

El odio por el Gobierno y el miedo a una persecución más salvaje llevó a Namzung Aksubi, Zero y Mihasy Hayato, tres nombres olvidados de los tres restantes emperadores, a aliarse por lo que todos creíamos que sería una única vez: Rescatar a Katrina, asestar el primer golpe a un Gobierno Mundial borracho de poder y excesivamente confiado. No se atacó solo Loguetown. Como si de un ejército coordinado se tratase los piratas asolaron el East Blue por completo, provocando cientos de miles de bajas y hundiendo cada barco de refugiados que abandonaba una isla cercana a ellos. El primer Baratie, que había sobrevivido a trescientos años sobre las aguas, fue usado a modo de brulote contra un buque insignia, y a la llegada a tierra de los yonkous, yacían en el suelo dos almirantes y Kurokku H. Duncan, el almirante de la flota, degollado por dos novatos. Uno de ellos fue Sharp D. Drake, el primer y único capitán ante el que rindió cuentas el Ángel Negro, Lion D. Émile, que no dudó en proclamar, con mucho más acierto del que pudo llegar a creer, que la hegemonía del Gobierno Mundial terminaba ese día. Y así lo hizo. El Gobierno Mundial sufrió una aplastante derrota, aunque la coalición pirata pagó como precio la destrucción total de la tripulación de Bellatona y la vida de Aksubi, quien murió frente a los ataques combinados de Takeshi Yamamoto, Krauser Redfield, Legan Legim y Lion D. Karl.
Si estáis pensando que Karl no inició nada, dos apuntes: Los emperadores pirata no habrían podido desembarcar si el almirante Irvin la Vega siguiese vivo y, más importante, esto era solo el prólogo. El primer capítulo de nuestra historia no empieza con un mar ardiendo, inicia con el cielo cayendo sobre nuestras cabezas.

La guerra de Mary Geoise fue menor en escala a la del East Blue, pero mucho más sangrienta. No importa demasiado por qué se inició ni cuáles eran los bandos, porque el ya en ese momento almirante Lion D. Karl se reveló como el genio detrás de una célula revolucionaria, aunque independiente de la Armada: El Proyecto Amanecer. Lideró un complot que puso patas arriba al mundo, acabó con la vida de los Cinco Ancianos y destruyó casi por completo el ala este del castillo Pangea. ¿Y por qué fue este evento importante? Es importante aún hoy porque fue el primer Cisma. Pequeño, momentáneo, ignorado… O eso pretendíamos. Todos queríamos fingir que era solo un traidor, que poco había que reconocerle más que una malévola inteligencia criminal que usó para hacer daño al mundo en sus momentos de mayor debilidad. Pero en todas nuestras mentes se sembró la semilla de la Revolución. Para algunos germinó, otros la cortaron, pero desde ese momento las diferencias entre lo que hoy conocemos como Marina y Legión comenzaron a verse.

Karl desapareció. Nadie sabe cómo volvió de entre los muertos, pero tampoco importa. Tras Mary Geoise personas de todo el mundo acudimos a la llamada de auxilio de Síderos, hoy recordada como una simple antesala de los Cuatro Jinetes. No me gusta ese capítulo de la historia porque, en esa ocasión, la Armada jugó un papel de villano. No hay justificación ni excusa a lo que David Brownie, autoproclamado líder de la Revolución, hizo con la tecnología armamentística sideriana que se había jurado destruir. ¡Armas de destrucción masiva! Grotescas agujas en cada mar cardinal construidas para enviar una onda sonora tan potente que, encendidas a un tiempo, echarían abajo la cima del mundo.

A ningún revolucionario le gusta recordar eso, pero precisamente por eso es lo más importante que debéis tener en mente: No somos héroes; no somos los buenos. El heroísmo y la bondad no son privilegios morales que se os otorguen, son deberes con los que debéis cumplir día a día. Con cada paso que dais debéis preguntaros si va a ser lo mejor para vuestros objetivos, pero también para el mundo y, más importante, si os va a costar vuestra humanidad en el camino. Cuando los años pasen no querréis pensar que toda vuestra vida ha seguido un rumbo equivocado, ni miraros al espejo y sentir odio hacia vuestro reflejo. Cada vez vuestras decisiones se volverán más difíciles. Mandaréis a gente más joven e inexperta que vosotros a una muerte segura, solo porque un ideal os impulsa, probablemente sabiendo cuántos van a morir en el proceso. Debéis siempre echar la vista atrás antes de mirar hacia delante si no queréis que los ideales nobles que defendemos se transformen en fanatismo. Tampoco debéis olvidar que el bien de todos está por encima del éxito de la Armada, aunque os duela. Si durante la guerra de Wano la Revolución no hubiese avanzado coordinada con la Marina probablemente las consecuencias para la isla hubiesen sido aún más terribles. Si nos hubiésemos centrado, como pensamos al principio, en aprovechar para reforzar nuestra presencia en Sabaody, probablemente hoy no existiría. Pero a cambio, tuvimos que abandonar a Zuko.

Es cierto que él era marine en aquel entonces, un vicealmirante prometedor en su carrera hacia el almirantazgo. Probablemente sea la segunda más importante en esta historia, ya que su derrota en Sabaody fue la que, tras más de una década germinando, la semilla arraigó. Quizá cometió errores, no es mi deber juzgar eso; quizá debió ser degradado por ellos. Pero el Gobierno Mundial se arrancó el brazo cuando lo señaló como traidor. Fue enjuiciado, apresado y condenado. También fue la primera vez que la flota coordinada de la Armada Revolucionaria asaltó Ennies Lobby. Nadie se atrevió a decir que no cuando la tormenta incendió la bandera del Gobierno Mundial, y Zuko fue liberado, dejando presos a un sinfín de Marines aun sin estar realmente encarcelados.

Hablé en algún momento con Al Naion antes del Cisma. Me confesó que sentía miedo porque nadie estaba a salvo. Cualquier marine, independientemente de su rango, era susceptible de ser señalado como traidor si no actuaba exactamente como alguien en un despacho de Mary Geoise desease, lo manifestase o no. Por aquella época ya se empezaba a desintegrar el Gobierno Mundial, e islas en todos los mares empezaban a invertir en nefastos ejércitos con un coste demasiado alto para su rendimiento. La Marina, igual que la Revolución, tenía vocación de servicio; servían al mal menor para tener oportunidad de hacer un bien mayor, pero el mal dejó de ser menor. No os engañaré, la Revolución ya estaba en contacto con los países de la Liga mucho antes de que la actual Marina se enterase, pero un paso atrás debilitó al Gobierno Mundial más de lo que lo habían hecho decenas de pasos adelante anteriormente.

Muchos no lo entendieron; es normal. Habíamos luchado a capa y espada por tomar una Shellstown dominada por piratas tras la Guerra de los Soles en un mar que aún no se había recuperado tras la guerra de Loguetown veinte años atrás. Habíamos perdido muchos soldados defendiendo de la Marina algunas islas, algunos de ellos amigos muy cercanos. A mucha gente en la Revolución le costó comprender que la Marina no era nuestro enemigo, que lo era el Gobierno Mundial. ¿Por qué ser más que un ejército entonces? ¿Por qué ser un país? ¿Por qué no ser fundadores y brazo armado de la Liga de los mares? Sinceramente… Por pragmatismo. La Revolución no tenía ni de lejos tantos medios materiales y humanos como la Marina, y tampoco habría hecho tanto daño al Gobierno como la Marina hizo. Eso, sin contar que la mala prensa de la Armada Revolucionaria a causa de la propaganda gubernamental habría disuadido a muchas naciones de las más de cien que hoy conforman la liga. El bien del mundo, una vez más, por delante del nuestro.

Y por si no hubiese sido bastante con el Cisma y su guerra, la paz debió llegar de forma precipitada tras una lucha de doce años para hacer frente a una amenaza mayor: Katharina von Steinhell. La reina bruja, emperatriz del Nuevo Mundo y una de las personas más irresponsables que ha dado el mundo decidió no conformarse con unos cuantos dominios en el Grand Line, no. Nunca detuvo sus escaramuzas contra el Gobierno, ni contra la Liga, y todo estuvo bien hasta que atacó a los demás emperadores. No sé en qué momento la megalomanía de esa gorda idiota superó a la habitual precaución de Ivan Markov, pero habiendo abierto tantos frentes que no podía sostenerlos, intentó un movimiento que no sabemos si fue producto de la desesperación o de la borrachera de poder: Asaltar Mary Geoise.

No nos interesaba entrar en esa guerra. No teníamos nada que ganar. Pero era nuestra obligación. Convocamos a los cinco comandantes, que acudieron desde los cuatro puntos cardinales y Grand Line hasta el centro del mundo. Subimos hasta la cima y allí luchamos por primera vez en el mismo bando Lion D. Karl, comandante del East Blue; Zuko Kasai Kodomo, comandante del Grand Line y yo. Luchamos mano a mano con la Marina por defender al Gobierno Mundial y a su patética Legión mientras estos esperaban impacientes que Katharina nos masacrase, con suerte debilitándola lo suficiente como para ver a sus tres mayores amenazas diezmadas de golpe. Cuando el cerco combinado de Terra Kepler y Moja “Wordless” devastó en el mar la mayoría de sus naves y la batalla en lo alto se torció por completo Katharina huyó y la Marina inició su persecución. Parte de la Legión también se unió, aunque rezagada, y todos sabemos por qué.

Nosotros no perseguimos a un rival herido, sino que nos dimos la vuelta. Pangea era un palacio hermoso, más grande de lo que nadie podría soñar… Y lleno de esclavos. La batalla no terminó para nosotros; tampoco dejamos que terminase para la Legión. Tuvieron oportunidad de rendirse, pero en su lugar apuntaron las armas hacia nosotros. La conclusión del enfrentamiento dejó muchas bajas en ambos bandos, pero todos los esclavos que en ese momento habitaban en Mary Geoise, cerca de cincuenta mil, fueron evacuados y liberados. También el ala este de Pangea cayó ante el puño de Karl mientras el aliento de llamas de Zuko convertía la roca en brillantes piscinas de magma. Por esa batalla llegué tarde a Proodence. Katharina había caído, pero el viejo reino había muerto con ella.

Podríamos decir que la Revolución acumula victorias, que el bien se impone poco a poco, ¿pero es cierto? Desde la muerte de Katharina la Legión se ha vuelto más y más oscura. La Liga de los mares ha dejado de ser una alianza para convertirse en una Federación con su propia agenda al margen de los países que debería defender. Incluso en ocasiones temo que hayamos perdido nuestra alma. ¿Hasta qué punto somos los buenos de esta historia? ¿Sigue teniendo sentido nuestra existencia? Tal vez solo lo tenga porque reflexionamos sobre ella. Porque sabemos que hay una luz hasta en la más profunda tiniebla, y que podemos sacrificar nuestra grandeza por un bien mayor sin dejar nuestra alma en el camino. Pero, sobre todo, porque somos revolucionarios, y llevamos en las venas la semilla de vencer.

Dexter Black, Comandante Supremo de la Armada Revolucionaria.

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