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El ilustre futuro del Cipher Pol [Pasado] [Privado] - Página 2 Empty Re: El ilustre futuro del Cipher Pol [Pasado] [Privado] {Vie 10 Jun 2022 - 22:05}

No me hubiera importado en absoluto que hubiera criticado mi trabajo, aquello no me hubiera importado lo más mínimo. No. Nada. Ni un poquito. Podría haber sacado mil críticas sobre alguna maliciosa coma mal puesta, una frase mal planteada, un tachón de la máquina de escribir o un... yo qué sé. Podría haberse metido con mis gustos, mis aficiones, mis escasas habilidades y mil puntos débiles. Podría simplemente haberse reído. Podría incluso haberme dicho con una sonrisa ancha y afilada como la de un viejo zorro villano de un cuento que iba a hacer todo lo posible para que no tuviésemos éxito y me echaran de allí.

Todo eso hubiera dolido menos.

Pero lo que hizo lo hizo con una naturalidad pasmosa. Una endiablada costumbre propia de todos los que tenían el gusto de ser francamente normales. Personas que sabían que no se diferenciaban de la media lo suficiente como para sentir por ellos una cortesía lastimera, o una lástima cortés. Tras obviar con esa franca naturalidad la anomalía estadística de mi discapacidad, ello me recordó cuán extraño debía serle al mundo. Cuán desgraciado.

Parte de mí quería seguir aferrándose a esa mentira obviada, dicha sin malicia alguna, porque aquella hermosa ficción en la que podíamos mantener una conversación yo era más de lo que jamás podría llegar a ser. Era alguien. Tenía voz. No dependía del papel que arrugaba en la mano.

Me forcé a comer pese a que el hambre había quedado destrozado bajo aquel aberrante peso en mi estómago. No quería dejar de sonreír, no cuando lo había hecho con ningún tipo de maldad considerada. Él no tenía la culpa, sino yo; no por ser así si no por recibirlo de mala manera.

¿Pero cómo iba a hacerlo si no? Sabía que pronto se rompería aquel silencioso embrujo producto de su inmisericorde olvido. Pronto, muy pronto, quizá si veía menguar mi falso gesto dispuesto para alegrar al mundo como fachada recién pintada de una casa en ruinas, aquello acabaría. Y tendría que enfrentarme a lo otro.

Al brillo del recuerdo. Aquella memoria oportunamente olvidada le haría llegar un tren cargado de lástima, pena y arrepentimiento por haberle dicho a un mudo que hablase. Que no escribiera bobadas. Que le contestase.

Odiaba que la gente se sintiese mal. Lo odiaba aún más cuando era por mi culpa. Cuando no podía hacer nada. Y odiaba cómo me ardían los ojos, ansiosos por llorar.
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