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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Miér 12 Oct 2022 - 17:50}

Por momentos aún me sorprendía cómo eras capaz de ocultarme algunos de tus pensamientos. ¿Cuánto tiempo llevabas fantaseando sin decirme nada? Por momentos me olvido de que tu vanidad roza la parafilia. Tú, sin embargo, parecías haberlo tenido presente durante todo el tiempo que Aria te estuvo tomando medidas. En silencio y sin decir nada, desatándolo de golpe en unas pocas palabras que yo era incapaz de hilar. En realidad tenías mucha suerte de que ella también pareciese dispuesta, aunque si no podía discernir tus rasgos en verdad podrías ser cualquiera. Idéntica a ella, pero no para ella en cierto modo. Pero a ti eso te daba igual. Ni siquiera tenías pensado llegar a nada más; ibas a jugar un poco, quizá descubrir qué se sentía al besarte a ti misma... Y ya. Si es que ese "y ya" no estaba viciado por un sinfín de pensamientos que aún ocultabas tras de ti, claro.

Ibas a comer. Estabas genuinamente dispuesta a quedarte sentada y mancharte las manos con el extraño pescado thai. Divertida, con una sonrisa malévola mientras dabas el primer bocado. Así te veías a unos segundos de abrir el envase, pero tus labios pintaron una o en tu rostro al tiempo que tus ojos se abrían de pronto, tan extrañados como complacidos. No contuviste un suspiro de agrado, dulce, que se iba convirtiendo poco a poco en una suave risa con eco entre tus mejillas. Efímera, pero cálida y candente, siguió brillando en silencio mientras contemplabas a la modista desnudarse. Gesticulaste con la boca una infinidad de sonidos, tontamente emocionada, apretando tus palmas con los dedos sin saber hasta dónde y qué podías alcanzar. Pero de pronto, lo querías todo.

- Técnicamente -acotaste- tú no ibas a darme un masaje. -Te levantaste del sillón cuidadosamente, tratando de disimular un poco tus piernas sutilmente temblorosas-. Pero si te gusta... -Un beso delicado en su oreja-. Podrías darme uno tú a mí. Ahora túmbate lo más estirada que puedas, con los brazos relajados y pegados al cuerpo.

No solías llevar aceite de masaje en el bolso, pero siempre te encargabas de llevar crema de manos por si acaso. Muy aromática, de vainilla negra, y untuosa. Siempre te sorprendía lo que una nuez del tamaño de tu meñique tardaba en absorberse. Necesitarías algo más que eso para su espalda, claro, pero no importaba. Todo lo relevante, en aquel momento, era que ella se sintiese bien.

- He de reconocer que me esculpieron los dioses -comentaste, observándola detenidamente-. No sabía que tenía tan buena vista desde la espalda.

Tenías espejos, pero el ángulo no ayudaba. Sabías que eras guapa, incluso preciosa, pero los músculos de Aria parecían tallados a mano desde un bloque de mármol. Relucía bajo la débil luz, de blancura impoluta y tenue palidez. Frotaste tus manos con la crema, calentándola hasta que se deshizo en un aceite blanquecino, y recorriste su espalda con ambas manos para extender una primera capa, como cuando barnizabas tus relojes ayudada de un pincel. Era cierto que no erais muy grandes, pero contra tus manos pequeñas Aria seguía pareciendo gigantesca. Acariciaste su piel a la altura de las caderas por ambos lados, aferrándola con fuerza tras unos instantes, y recorriste sus costados amasando suavemente. Repetiste el proceso en el lomo de su espalda y también en sus hombros, tratando de descubrir dónde estaba más tensa.

Como casi cualquier persona, acumulaba la mayor parte a la altura de los hombros. Como amante del ejercicio, también en los lumbares. Tenía los trapecios densos y dorsales duros, pero aquello era normal: Se trataba de músculos muy fuertes y expuestos. En la clavícula derecha, sin embargo, parecía tener un denso nudo que casi abultaba rompenso, de forma apenas perceptible, la perfecta simetría de su torso.

- Tienes una espalda perfecta -comentaste, casi con envidia-. Avísame si te duele algo, ¿vale?

Martilleaste un poco con el borde de la mano, recorriendo su columna sin golpearla directamente. Fuerza controlada, claro, pero intensa para ablandar cualquier núcleo de tensión que no hubieras detectado, y amasaste una vez más para buscar los que hubieran salido a la luz, tratando de deshacerlos con movimientos envolventes del pulgar. De vez en cuando se te secaban las manos, y mientras volvías a humectarlas le dabas un par de besos en las zonas que acababas de trabajar. estaban más despiertas por el masaje, y al estar más relajadas seguramente también más sensibles.

Pero seguiste con su espalda, sin alejarte de la más estricta decencia, hasta pasado un buen rato.
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Miér 12 Oct 2022 - 20:37}

 Un gemido ahogado escapó de entre sus labios al sentir ese beso en su oreja. ¿Cómo sabía lo sensible que era en esa zona? Ah. Cierto. Se quedó con ganas de más, deseosa de que esos labios bajasen por su cuello hasta sus hombros. Pero ya tendrían tiempo para jugar, ahora era su momento de relajarse y dejar que le diese un poco de cariño en forma de masaje. Llevaba mucho sin recibir uno, le apetecía.

 “Ya veremos… Aunque si sigues así me vas a volver loca,” susurró antes de tumbarse como le habían dicho. Entre comentario y sus acciones, la cara de Aria estaba ardiendo, roja como un tomate. Su parte más vergonzosa se alegraba de estar boca abajo y que no pudiese verlo.

 Vale, las manos de Alice, humedecidas con una especie de crema, le hacían sentirse en el cielo mientras recorrían su cuerpo por completo. Le era imposible evitar soltar suspiros de puro gusto de vez en cuando. Podría hundir la cara en un cojín o algo, pero eso la delataría por completo de todas formas. Al menos así, la rubia podía disfrutar de esos sonidos.  “Me gusta más nuestro culo, pero sí. Mientras tomaba medidas pude comprobar lo perfectos que son nuestro cuerpos.”

 Cuando Aria sintió como recorría su columna, se estremeció, sin poder evitar el arquear ligeramente la espalda. “L-lo siento, soy muy sensible ahí…” susurró antes de relajase, esforzando por contener sus impulsos mientras terminaba de trabajar esa zona.

 Sí, le estaba haciendo algo de daño. Pero no sentía nada fuera de lo normal, después de todo era un masaje,  no unas simples caricias. Y al parecer tenía mucha tensión acumulada, producto de infinitas noches encerrándose a trabajar. Pero pudo notar cómo una vez iba disminuyendo el dolor, sus nudos y durezas se iban aliviando. Entre eso, el cómo le untaba esa crema que olía tan bien, y los múltiples besitos que le iba regalando, estaba disfrutando como nunca, relajada.

 Luego siguió con su espalda, dandole el mejor masaje que Aria había recibido nunca. Casi que le dio ganas de empezar a acudir a un profesional. Aunque claro, esto también tenía un toque que no se podía replicar, no sentiría este deseo—y al parecer, compartido—ni esta comodidad si iba a una clínica cualquiera. Aunque le vendría bien para los dolores, demasiadas horas en posturas no precisamente recomendables pasaban factura muy rápido.

 “¿Qué tal si bajas un poco? Mis piernas se sienten un poco solas, no les importaría recibir unas caricias. Tampoco muchos de esos besitos tuyos, la verdad. O incluso en mis labios, si te animas…” Se dio la vuelta, poniéndose boca arriba. Su cara la delataba por completo, pero eso ya no le importaba. “Además, estoy cansada de estar boca abajo. Así una no puede apreciar tu belleza,” susurró, guiñándole un ojo. Le gustaba hacer eso.

 Entonces se le adelantó, levantándose un poco hasta que sus rostros quedaron el uno frente al otro. Fue a hacer el amago de besarla, pero en el ultimo segundo, se limitó a simplemente morder suavemente su labio inferior, tirando un poco con delicadeza. Luego subió hasta su hasta poder susurrar en su oido. “Considera esto mi pequeña venganza.” Sus labios atraparon el lóbulo de su oreja, apretando un poco antes de regalarle unos mordisquitos. Luego hizo un camino de besos hasta su hombro, pasando muy lentamente por su cuello. “Bueno, sigamos con el masaje,” susurró contra su piel, volviendo a tumbarse como antes en el sofá.
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Jue 13 Oct 2022 - 0:15}

A medida que ibas masajeándola tomabas nota mentalmente de cada punto en el que era especialmente sensible. El que le sacaba un suspiro, otro por el que se le escapaba un gemido ahogado... Con una sonrisa comprobaste que, si bien vuestros cuerpos eran extremadamente parecidos, no erais exactamente iguales. No en todo, al menos. Tú nunca habías podido explorar por ti misma la erogeneidad de tu espalda -no al menos más allá de los hombros y las caderas- pero habías comprobado que eran puntos, al menos bajo lo que percibías, un poco distintos. No eras especialmente sensible en ella, de hecho, si bien había algunos que te dejaban sin respiración. Sobre todo los que más lejos estaban de tus huesos, ya en la zona lumbar. A la altura de los riñones, de hecho, solías notar una sensación cuanto menos peculiar, muy distinta a todas las demás que experimentabas.

Aria era, hasta cierto punto, un campo de pruebas perfecto para conocerte, para estudiarte. Tú, si embargo, te habías alejado del afán científico para deleitarte en el banal carácter de lo físico. Cuando ibas notando que su espalda estaba bien comenzaste a torturarla con un par de besos más poco a poco. Las escápulas, luego la nuca y un descenso beso a beso por sus costillas, una a una, sin dejar de darle calor en la baja espalda con manos firmes. Empezaban a molestarte un poco, aunque estaban lejos de quejarse. Tendrías que tener más cuidado para no lesionarte, pero bastaba con que no hicieses tanta fuerza sobre ella. Sí, con eso probablemente fuera más que suficiente.

¿Cómo que hablaba como yo? Esbozaste una sonrisa sutil cuando la escuchaste, con ese pensamiento en mente. Te hacía un poco de gracia que sonase tan grandilocuente en aquel instante. Siempre era buen momento para apreciar tu belleza, en eso estabas de acuerdo, pero en la situación que os encontrabais... Solo podías corresponder a su beso. Quizá porque lo deseabas la traición fue más dolorosa. Frunciste el ceño ante su mordisco, mordiéndote tú misma el labio para reprimir el impulso de cobrar el beso que te había dejado a deber. Cuando posó su boca en tu oído llegaste a pensar que te harías sangre, pero resististe. Aún te quedaba un poco de autocontrol.

Puede que se te escapara un gemido cuando recorrió tu cuello beso a beso. Pensaste en detenerla. Habría sido tan fácil empujarla contra el sofá y recuperar tu beso... Tan sencillo torturarla de vuelta a medida que tu lengua se acercaba a su vientre... Quizá le habrías mordido suavemente la piel alrededor del ombligo, también. O habrías seguido bajando.

- Creo que no te das cuenta de la situación en la que te encuentras. -Introdujiste la mano en el bolso, sacando una pareja de grilletes plateados y un poco de cuerda-. Si te portas así el masaje podría terminar mal. -Dejaste resbalar la soga entre tus manos. Negra y fina, de lino firme trenzado, nunca la habías utilizado con ningún criminal. Las esposas sí, pero estaban limpias. Las posaste bajo su pecho súbitamente, dejando que el frío funcionase a modo de advertencia-. Ahora, si sabes lo que te conviene, vas a extender -empezaste a aproximarte- los -descendiste hasta ella- brazos -recogiste las esposas- hacia delante. -Te vengaste. Luego buscaste el beso robado. Al principio solo posando los labios, pero luego con la decisión que te caracterizaba.

El corazón te latía a mil por hora. Era emocionante tener a una versión de ti misma deseando que la tomaras, pudiendo recorrer su cuerpo con las yemas de los dedos y saber que sentiría el cosquilleo. Cuando dejaste su boca en paz el clic de los grilletes selló los brazos de Aria.

- Te daré tu masaje en las piernas -dijiste-. Pero vas a tener que ganarte tu libertad.

Como si de un truco de magia se tratase abriste la mano para mostrarle una llave gris acerada, del tamaño de medio meñique y muchas muescas. Calmadamente apartaste la tela de tu escote y ocultaste el trozo de metal entre el sostén y tu pecho. Le devolviste el guiño de ojo maliciosamente, empezando a acariciar sus piernas delicadamente. No iba a ser un masaje tan intenso como el anterior, pero estabas segura de que no era tampoco lo que el cuerpo le pedía a Aria.
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Jue 13 Oct 2022 - 14:17}

 Aquellos besos por su espalda eran demasiado para ella. Después de un masaje así, estaba más sensible de lo normal, pero eso ni siquiera era lo que mas le gustaba. Simplemente la sensación se sentir sus labios paseando por su piel, el saber que la deseaba con las mismas ganas que ella en estos momentos… Le encantaba, le volvía loca, así que se limitó a dejar escapar múltiples suspiros y gemidos, disfrutando del momento.

 Cuando se levantó a darle aquel amago de beso, sonrió satisfecha al ver su reacción. Y esos gemidos mientras bajaba por su cuello tan cariñosamente… Música para sus oídos. Llenó sus hombros de pequeños besos, regalándole también algún que otro mosdisquito.

 Lo que sacó de repente le pilló un poco por sorpresa. A ver, tenía cierto sentido, era cazadora después de todo, pero siempre chocaba ver a alguien sacar cuerdas y unas esposas del bolso. Parecía que se iba a poner en serio. Y eso le encantaba. Se relamió los labios, mordiendo suavemente su propio labio inferior, dejando que se acercase a ella. El metal estaba congelado, provocando que se estremeciese ante el tacto.

 “Y pensaba que la de los juguetes era yo. Al menos no los llevo en el bolso…” Susurró con intención de provocarle un poco. Y para dejar caer lo último, por supuesto, estaba preparada, una tenía sus necesidades. “Aunque si esperabas escarmentarme con esto, siento darte una mala noticia,” dijo mientras obedecía, estirando los brazos para que pudiese ponerle las esposas. “Me pone que hagas estas cosas. Aunque supongo que eso ya lo sabías, ¿no?”

 Aria fue callada con un beso, al parecer la rubia estaba ansiosa por recuperar lo que le debía. Había hecho bien torturándola un poco antes. Solo imaginar lo que le haría… Pero por ahora se limitó a disfrutar de ese beso, que tan poco tardo en intensificarse. Coló la lengua en sus labios, peleando un poco por el control hasta que vio que Alice no cedería. Así que le dejó jugar, se lo había ganado. Lo único es que se quedó con las ganas de acariciar sus mejillas, su pelo dorado… Pero claro, estaba un poco complicado.

 Escuchó el click de las esposas al tiempo que sus labios se separaban, un fino hilito de saliva uniendo las puntas de sus lenguas. Luchó contra la tentación de volver a besarla, separándose un poco mientras veía cómo sacaba una llave y la escondía bajo su sujetador.

 “Al menos quédate en ropa inferior, no quiero tener que arrancarte un conjunto nuevo y tan bonito con la boca.”

 Las caricias en sus piernas le gustaron demasiado como para seguir molestándole, así que se dejó querer un rato. Tal vez le daría por subir un poco, escalar por sus muslos con la yema de sus dedos, acercarse a territorio peligroso… Solo el pensar en ello le hizo volver a relamerse los labios. Después de relajarse un rato, decidió que era buen momento para seguirle el juego a Alice y recuperar su libertad. Aunque le gustase esta sensación de no poder moverse libremente, de estad a su merced.

 “Espero que me compenses apropiadamente por esto y sepas usar esas cuerdas tan tentadoras… Hay mas en el cajón de mi cuarto, si necesitas,” susurró antes de guiñarle un ojo y se levantó del sofá, caminando hasta estar a su espalda. No sabía si era tan erógena como la de ella, pero no pudo resistir las ganas de agacharse y hacer un camino de besos por su espina dorsal, subiendo poco a poco hasta llegar a su cuello. Dejó un par de lametones por la zona, antes de volver a bajar beso a beso, desabrochando su sujetador con los dientes. Este cayó al suelo, junto con el sonido de un objeto metálico.

 “Tranquila, te daré la atención que mereces…” Ignoró por completo la llave, al menos por ahora, y rodeó su cuerpo, mirándola de arriba a abajo, ahora frente a ella.
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Jue 13 Oct 2022 - 23:18}

En realidad no lo sabías. Sabías que para mucha gente ser dominada era una suerte de fetiche, pero tú lo odiabas. O eso creías. Al menos la idea te repelía; los recuerdos del secuestro se avivaban ante la perspectiva de ser encadenada de nuevo, y que te ataran era algo que desde niña llevabas muy mal. No habías podido ser libre en mucho tiempo, no se te antojaba ceder de esa forma algo que te habías esforzado tanto en obtener. Quizá te gustaría con la persona adecuada; quizá. Apenas conocías a Aria y no confiabas lo bastante en no sufrir una crisis de consentirle hacerte eso. Quizá algún día, en el futuro.

- Solo era un castigo -protestaste, esforzándote en notarte mentirosa-. Si vas a disfrutarlo voy a tener que esforzarme más.

Se trataba de una amenaza vacía. Tenías pocos escrúpulos, pero no te gustaba hacer daño a la gente. Quizá por eso cuando alzaste la mano hacia su cara fue tan poco intimidante. Quizá por eso no se te pasó por la cabeza abofetearla de verdad en ningún momento y terminaste por darle una sencilla caricia en el rostro.

Fue un beso intenso. Húmedo y cálido, pero agradable. En cierto modo se sentía familiar y extraño a la vez, recordándote un poco a la timidez que exhibías tan alegremente la primera vez que habías hecho el amor con otra mujer. Casi te reíste mientras vuestras bocas se apartaban con el recuerdo de lo que te había costado dar aquel primer paso y lo natural que había terminado por volverse. A veces casi agradecías a Lewis que te hubiese obligado a volver. Casi. Con el trauma había llegado una extraña lucidez, como si de pronto te conocieses más; te habían arrebatado tantas cosas y habías añorado con obsesa devoción otras muchas que habías aprendido.

Sin más, habías aprendido.

Resoplaste con desaprobación ante su petición. Chasqueaste la lengua, de pie en el salón. ¿Quizá deberías ir a su dormitorio y descubrir qué más escondía, aparte de cuerdas? Seguro que había alguna forma más de castigar su impertinencia.

- No estás en posición de hacer peticiones. -Tu tono era marcadamente autoritario-. Tienes suerte de coser tan bien.

Con una sonrisa pícara agarraste la manga de la camisa, tirando de la trabilla del pantalón mientras tanto. Habías aprendido -quizá era uno de los primeros trucos que habías aprendido- a dejar pasar las prendas a través de ti, casi como reflejo, desnudándote sin hacer apenas movimiento alguno. Diste un pequeño tirón y como por arte de magia el conjunto de dos piezas abandonó tu cuerpo, quedando tirado en el suelo junto a la ropa de la modista y tú en la misma y escasa ropa que habías llevado puesta mientras Aria te medía cuidadosamente. Entrecerraste los ojos por un momento, divertida, y sonreíste.

Aria se portó bien. Al menos mientras mantuviste la atención en sus piernas. A veces te acercabas peligrosamente a la ingle, rozando levemente la piel de su pubis con un meñique descuidado, buscando solo desesperarla. Pero en general optaste por portarte bien. Le regalaste caricias en los muslos y amasaste sus gemelos con suavidad, besándole una o dos veces el vientre, ya más cerca de su entrepierna que de su ombligo. Aunque, como esa clase de tortura sí la disfrutabas, te aseguraste de quedarte cada vez más cerca de la orilla, pero siempre sin alcanzarla.

Cuando terminaste, o cuando se cansó de tus tortuosas atenciones -no tenías claro qué había pasado primero- terminó por levantarse y tú recuperaste la postura. Erguida cuan alta eras, mostrando sin temor tu elegancia natural y aprendida, la recibiste con los brazos relajados, ligeramente atrasados respecto a las caderas. Como una reina frente a su sirvienta -aunque dudabas que Aria conociese semejante protocolo- te mantuviste digna a medida que los labios de la costurera descendían por el centro de tu espalda, suspirando entrecortadamente a medida que bajaba más y más, soltando breves chillidos muy agudos cuando en lugar de besar te lamía inesperadamente. Cuando tu sostén cayó, sin embargo, el instinto te empujó a cubrirte los pechos con el antebrazo.

- ¿Y qué... Qué me merezco? -preguntaste, desviando la mirada, con voz entrecortada.

Sentías el calor en tus mejillas. No sabías por qué de pronto te daba vergüenza aquello, pero era una batalla que te costaba pelear. Trataste de mirarla a los ojos, desafiante, pero casi de inmediato te diste cuenta de que tú estabas más atada que ella.
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Sáb 15 Oct 2022 - 18:13}

 “Conque solo un castigo… No seré yo quien le diga que no a eso,” susurro mientras sonreía dulcemente al ver como acariciaba su rostro de esa manera. Le respondió de la misma manera, pero subiendo a pasarle un mechón de pelo por detrás de la oreja. Luego simplemente disfrutó de aquel beso y dejó que la esposara.

 Se relamió los labios al escuchar su tono autoritario, pero por suerte aceptó desnudarse. Tenía muchas ganas de seguir con esto, pero no le haría eso a sus propio trabajo. Abrió la boca sorprendida al ver cómo lo hacía, con una especie de… ¿magia? No, en serio, ¿cómo demonios había hecho eso? Ya le preguntaría, ahora tenía otro tipo de intereses.

 Se acomodó de vuelta en el sofá, estirando las piernas para recibir un poco de amor. Disfrutó de las caricias, cerrando los ojos hasta que se inclinó sobre ella para besar su viente. Se estaba acercando demasiado, ¿estaba pensando en…? Ojalá. Pero no, se limitó a torturarla, a provocar algo de desesperación por que se dejase de juegos y le diese lo que quería, sacando varios gemidos de entre sus labios. Pero al mismo tiempo le encantaba la sensación de no poder hacer nada al respecto.

 Entonces llegó su turno de vengarse. Alice tomó una posición regia, noble, mientras que ella la llenaba de besos, disfrutando de los sonidos de placer que provocaba en ella. Se puso frente a ella, mirándola de arriba a abajo antes de clavar la mirada en los ojos. Si que había cambiado su actitud después de esto, parecía estar más avergonzada que ella, y eso que fue la que le puso las esposas en primer lugar. Notó la manera en la que le sostenía la mirada, con dificultad pero intentando disimular. Por suerte, al solo estar fijándose en esa zona, era capaz de notar esos matices.

 “Mereces todo el cariño que pueda darte, Alice. Pero… también mereces una pequeña venganza por torturarme de esa forma antes,” susurró en su oido, paseando la lengua por su oreja antes de bajar a su cuello, regalándole varios mordisquitos. Llenó de besitos las pequeñas marcas que le dejó, y bajó hasta su hombro, haciendo un camino de besos por sus brazos hasta llegar a sus manos. Besó delicadamente la palma de su mano, y luego siguió con sus dedos uno a uno. “Podría estar así toda la noche…”

 Cuando terminó con eso se agachó, cogiendo las llaves del suelo y librándose de sus esposas con ayuda de su boca. Luego se levantó y la empujó con cuidado en el sofá, obligándola a tumbarse. Fue con cuidado de no hacerle daño, ya le había contado sobre sus huesos de cristal. Se subió encima de ella y llevo una mano a su cuello y otra a su mejilla, acariciándola antes de que sus labios se fundiesen en un nuevo beso.

 Sus dedos se pasearon peligrosamente por su abdomen, bajando lentamente, provocándole. Pero en vez de darle lo que probablemente quería, bajó hasta sus muslos, acariciándolos suavemente. Cuando rompió el beso, fue bajando en el sofá lentamente, llenando su cuerpo de besos mientras lo hacía. Dejó una lenta y cálida lamida a pocos centímetros de su entrepierna, y luego volvió a arriba, las manos subiendo por su cintura.

 Se llevó sus pechos a la boca, moviendo la lengua en círculos por sus aureolas antes de chupar sus pezones, notando satisfecha como se endurecían. Le dio un poco de cariño, y terminó por volver a acercar sus labios a los de ella, mirándola fijamente a los ojos sin llegar a besarla, sus dedos haciendo de las suyas.

 “¿Qué decías de no saber en qué posición estaba? Porque me da la sensación de que estoy encima tuya…”
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Dom 16 Oct 2022 - 2:02}

Sus palabras retumbaron en tus oídos, acrecentando el rubor de tu rostro hasta que te sentiste con fiebre, aunque era una fiebre extraña. Cuando el susurro se convirtió en lametón y este en beso, el calor se tornó placer. Lo notaste como un baño de hielo en todo tu cuerpo, pero también como un relámpago desde tu oreja hasta tu hombro. Aria iba despacio, pero todo lo sentías demasiado deprisa. Ella se tomaba su tiempo, meticulosa, mordiendo a saltos tu piel con delicada firmeza. No pudiste evitar sonreír -en general no podías evitar sonreír, pero esa vez no se debía al dolor- cuando la línea de tus brazos vio nacer flores de mil colores allá donde ella posaba sus labios.

Como si poseyese la llave de todas las puertas en su boca un beso de Aria te hizo estirar el codo lentamente mientras dejabas que siguiera descendiendo, pintando pequeñas manchas de saliva brillante más y más tenues a medida que tu otro brazo empezaba a cansarse de mantenerte cubierta. ¿Qué te avergonzaba? Si bien su pecho era más pequeño, en general también era idéntico al tuyo. Forma de lágrima con alegre simetría, un pezón rosado que... Te estaba distrayendo. Sus atenciones en tu mano te estaban distrayendo. El hormigueo en tu mano no fue nada cuando besó tu palma. No al menos comparado con lo que sentiste mientras cinco besos daban cuenta de tus cinco dedos.

- Voy a exigir que cumplas lo que me prometes -dijiste entre suspiros-. Y voy a tener que prometer tanto como te exija.

Apenas sí te diste cuenta, aturdida por la situación, de que Aria había llegado hasta la llave. Quizá deberías haberla dejado en un lugar más seguro. Cuando te percataste, sin embargo, no te molestó. Aquello significaba más atenciones, más roces en puntos inidentificables de tu piel, un abrazo en el que vuestras siluetas se difuminarían... Te imaginabas muchas cosas. Quizá no te imaginabas que ella tomaría tan fácilmente el control de tus manos desnudas, pero antes de darte cuenta estabas sentada sobre el mullido sillón. En lo que pareció un suspiro, yacías tumbada, las manos extendidas hacia el infinito y tu corto cuerpo casi rozando el reposabrazos opuesto. Con un parpadeo pareció que el mundo cambiaba de golpe. Notabas su calor y humedad, montada sobre tus caderas. Sentías su mano suavemente apoyada contra tu cuello, apeas presionando, y su cara acercándose hasta que os fundisteis en un beso.

Fue distinto al anterior. Todo lo que había decidido ceder lo tomaba ahora. Atacó tu lengua con descaro y correspondiste con vehemencia, dejando que se entrelazasen mientras vuestras bocas se apenas-separaban una y otra vez, variando de postura, tomando otra inclinación. Creíste que no aguantarías aquel ritmo, que necesitarías respirar en algún momento. Tu corazón palpitaba, nervioso y expectante, mientras tus pulmones reclamaban un aire que llegaba viciado. Pero querías ese aire. Los besos, aun cuando eran veneno, significaban una muerte tan dulce que era difícil no desearla.

Pero paró. Y por un momento deseaste haberte detenido tú con el beso. Tan intenso, tan tierno... Se deslizó por tus piernas con delicadeza y comenzó a besarte de nuevo, pero la añoranza ya se había instalado en tu lengua. El deseo frustrado y la cada vez más difícil de ignorar humedad que ocultabas bajo el encaje hicieron que gimieses varias veces mientras ligeros espasmos te sobrevenían, vibrando cuando el lametón pareció ir a dar contigo en el fondo... Pero se reprimió. Devolvió su atención más arriba y escaló por tu cuerpo hasta recordar tu pecho desnudo, que ella había desnudado, y comenzó a jugar con él.

No pudiste evitarlo. Un chillido se te escapó de entre los labios ante la sorpresa. Agradable, pero inesperada sorpresa. En ese momento no te limitaste a contemplar. Su lengua dibujaba patrones circulares en tus pezones y jugaba con sus manos. Tú llevaste una a su pecho, pellizcándole sin piedad el pezón entre tu índice y corazón, cerrando la mano entera alrededor, apretando. Era tan solo una distracción, pero la disfrutaste tanto como su juego mientras con la otra, en tacto ciego y voluntad presta, posaste un dedo juguetón perezosamente sobre su sexo.

Una sonrisa malintencionada.

- Cariño, estás justo donde yo quería.

Hundiste lentamente tu dedo, buscando su clítoris, y avanzaste por aquella sonrisa hasta dar con la puerta de su cuerpo. Presionaste un poco más, dejando que se hundiera ni medio centímetro, pero bastaba para sentirla, y volviste a su pequeña esmeralda, dibujando flores a su alrededor.

Justo donde la querías.
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Mar 18 Oct 2022 - 19:36}

 Escuchar a Alice en ese estado, logrando decirle esas cosas tan bonitas entre suspiros de placer, le volvía loca. Pero más pronto que tarde, después de librarse de las esposas y llevarla al sofá, sus labios se unieron en un beso intenso y pasional. Buscó con su lengua ansiosa, devorando de todas las maneras que encontró, encantada por cómo se lo iba devolviendo. Tenía que reconocer que besaba muy bien, llevaba tiempo sin disfrutar tanto de algo así.

 Continuó en ese segundo beso, deleitándose con la desesperación de la rubia por que le diese lo que ella quería, por que la tocase donde tanto lo estaba deseando. Pero no, aún no. Antes había estado torturándola con lo mismo, no podía darle ese placer. No aún.

 Al sentir cómo pellizcaba su pezón y manoseaba su pecho, un gemido escapó de entre sus labios, ya sin molestarse en intentar ocultarlo. Ya habían pasado de ese punto hacía un rato. Pero eso no era todo. Mientras que estaba ocupada disfrutando sus sus atenciones, había perdido su otra mano. Y esa mano estaba… En el mejor sitio posible.

 “Lo que tiene una que hacer para que la toquen así, ya tardabas…” Susurró con claras intenciones de picarle un poco, de incitarle a darle más de eso, a jugar un poco con ella. Sus gemidos siguieron resonando en aquella habitación, esa mano ajena haciendo lo que quería. Al menos, lo que quería era darle placer. Y joder si lo estaba consiguiendo. Le temblaban las piernas, pero se esforzó por mantener la posición, moviendo levemente las caderas para rozarse un poco más, buscándola, ansiosa.

 “N-ngh… Lo dices—“ Suspiró. “Lo dices cómo si estuvieses a salvo, cielo…”

 Entonces llevó las manos hasta su cintura, bajando lentamente por el contorno de su cuerpo, enganchando y bajándole las bragas de encaje lentamente, tomándose el tiempo de mimar un poco sus piernas con caricias. Luego subió la rodilla entre sus piernas, y comenzó a rozarla contra su intimidad, notando inmediatamente lo húmeda que estaba. No era la única.

 “Vas de subidita, cariño, pero estás igual de ansiosa que yo por esto. Vamos a la cama, tengo… Tengo cositas que te gustaran,” susurró en su oido después de inclinarse sobre ella, dejando un pequeño besito en su cuello antes de levantarse.

 Entonces tomo su mano, le giñó un ojo ya la guió al dormitorio. Dejó que se tumbase ella misma en la cama, tenía un poco de miedo de hacerle daño. Ella fue hasta la mesita de noche, abriendo el cajón y revelando una buena cantidad de juguetes. Empezó cogiendo un vibrador rosa liso. Nada del otro mundo, ya iría subiendo el nivel poco a poco.

 Se subió con ella en la cama, colocando una pierna a cada lado de sus caderas para volver a estar encima suya. Volvió a acercarse a su boca, atrapando su labio inferior entre los propios y apretando suavemente.

 “A ver cuánto aguantas ahora…” Susurró antes de llevar el vibrador contra su clítoris, encendiéndolo en un patrón sencillo. Y justo antes de que pudiese soltar un gemido, atacó sus labios con fiereza, buscando su lengua mientras que el juguete bajaba. Unos segundos después, comenzó a metérselo lentamente. La noche solo acababa de comenzar.
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Oye, me suenas [Aria - Alice] - Página 2 Empty Re: Oye, me suenas [Aria - Alice] {Mar 18 Oct 2022 - 23:27}

Sus dedos se movían grácilmente por tus piernas. El roce del encaje bajo la delicada fuerza de sus manos era suficiente para hacer que se te erizase la piel, pero dedicó atenciones mucho más allá de desvelar lo poco que la ropa te cubría. Desde el comienzo no era un secreto qué se ocultaba ahí, pero ver la tela caer al suelo, aun en medio de esa situación, te hizo sentir expuesta. Trataste de cubrir con las manos tu pubis. Más bien, tenías la intención de intentarlo. Las atenciones de Aria eran constantes y modélicas, sin reparar apenas en tu entrepierna, centrándose en tus muslos. Suspiraste, impotente, disfrutando de simplemente disfrutar. Hasta que, en medio del calor, la cálida rodilla de Aria se posó, gélida, en el núcleo de tu sofoco.

- Tú lo dijiste -contestaste, desafiante-: Venir de encaje es buscar marcha. No me escondo.

Quisiste protestar. Revolverte, y tirar de su brazo. Pedirle al oído que te hiciese el amor en ese sofá, que no abandonara tus piernas ni tus pechos, ni tus labios ni tu cuello. Sin embargo hiciste un mohín y te levantaste. También maldijiste. Casi te avergonzaba que con un simple beso y una frase sugerente pudiese hacer lo que se le antojaba de ti. Aun con todo ya te habías puesto de pie. Notabas cierta debilidad en las piernas, apenas un cosquilleo molesto, pero tu cuerpo sugería horizontalidad. Te pedía relajarse tirado, que le dieras el place que te habían prometido. Tu cuerpo exigía satisfacer lo que le habían ofrecido. Para ser justos, tu cuerpo no sabía que para eso había que caminar unos cuantos pasos tras la costurera.

Tu pecho pesaba. No más que de normal, claro, pero eras más consciente de ti misma, como si el deseo y la expectación te mantuviesen, si bien dentro de un hábito de ensoñación, más despierta. También sentías tu corazón palpitando y el apenas dolor de tus talones al pisar el suelo. Las palmas de tus manos bien rozaban tus caderas levemente, sin saber si separarlas o apoyarlas mientras avanzabas. Era incómodo, en cierto modo, que un exceso de autoconsciencia de pronto te hiciese cavilar sobre detalles que normalmente tenías tan interiorizados.

Te sentaste al borde de la cama, completamente erguida. Tensa. Cuando abrió su cajón de los juguetes no pudiste ocultar tu perplejidad. Algunos eran sencillamente obscenos, varios no tenías ni idea de para qué valían y un par de ellos eran misma marca y modelo que los escasos que en algún momento habías decidido comprar, aunque no usabas casi nunca. No porque en ocasiones no te excitases de pronto, sino porque ese momento siempre llegaba cuando más atareada estabas y no perdías el tiempo en rituales. No para eso. Pero tragaste saliva, curvándose tu sonrisa en una mueca de perversión mientras tus ojos golosos se posaban sobre todo lo que ibas a aprender a utilizar. Cosas demasiado exóticas, pero los misterios habían nacido para ser revelados y las noches para que el pecado se extendiera.

Las órdenes de Aria llegaban silentes, pero llegaban. Deseabas desobedecerla, pero tu cuerpo sin embargo mostraba la gentileza servil de una dama. El capricho de los juguetes te hizo tumbar en la cama, las piernas cerradas y una de ella reposando sobre la otra, levemente flexionada. Te debatías entre cubrirte el pecho de nuevo para conseguir más besos en los brazos o dejar las manos sobre la colcha, arrugándola poco a poco con los apretones que estaban por venir. Optaste por lo segundo cuando ella se te puso encima. Nunca habrías pensado que le gustaría dominar, pero en realidad... Tenía sentido. Cuadraba con su negocio, con lo riguroso de sus mediciones, con lo organizado del cajón... Todo cuadraba.

- Despacio -pediste con tono suplicante.

Recibiste un mordisco en el labio por respuesta, un zumbido bajo tus caderas y un gemido entrecortado que calló con un beso. Agresivo, apasionado. La lengua que te penetraba no pudo ocultar el camino que el artefacto dibujaba por los pliegues más sensibles de tu cuerpo. Aun así no pudiste hacerle nada; te sentías completamente a su merced y entró lentamente pero con facilidad pasmosa, cortándote la respiración por un momento. Con los ojos como platos frente a la intensidad del roce no pudiste contener tus jadeos.

La noche estaba comenzando muy bien.
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