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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Jue 22 Feb 2024 - 19:25}

El acero chilló cuando sus dedos lo quebraron como quien parte un palillo. Su hombro sangraba, pero el cuchillo apenas había penetrado la carne y de no habérselo quitado él habría caído en cuanto comenzase a moverse. En cuanto bajaste la mano nuevamente hacia la liga buscando el siguiente él se movió, tan deprisa que apenas pudiste seguirlo con la mirada y prepararte para encajar un golpe que te lanzó volando hacia atrás varios metros, chocando de espaldas contra un árbol. El dolor de tus costillas aplastándote por dentro fue agónico, si bien duró tan solo un segundo. La oscuridad en tu torso se desvaneció una vez más y cargaste contra él, esa vez con un cuchillo en cada mano.

Él era inusitadamente fuerte y veloz, también bastante resistente. Sin embargo había demostrado no ser particularmente flexible y sus reflejos dejaban bastante que desear. Trataba fútilmente de bloquear tus golpes, que arañaban su piel dejando tras de sí cortes más parecidos al arañazo de un gato que a un tajo. Gruñía indefenso con un brazo adelantado para cubrirse de la mayor parte, no tardando en lanzar el otro contra ti. Conocías ese movimiento, lo conocías muy bien: Recto y con la mano abierta, pretendía agarrarte. No era lo suficientemente hábil como para conseguirlo, claro, pero sí lo bastante peligroso como para obligarte a retroceder si querías evitarlo. Y entonces atacó otra vez.

Creías sentir que cada paso que daba hacía temblar ligeramente el suelo, o por lo menos revolvía la hojarasca cada vez que se apoyaba. Descargó un puño del tamaño de tu cabeza contra tu estómago, aunque era fácil de evitar con echarte a un lado. Algo más difícil fue el siguiente, que buscaba tu rostro, y de nuevo el primero... No encadenaba golpes muy veloces, pero te obligaba a retroceder un par de pasos cada vez y era cuestión de tiempo que chocases contra algo, o que tropezaras. Quizá por eso el siguiente golpe preferiste no esquivarlo y en su lugar agarraste ambos cuchillos con firmeza y aprovechaste su propia fuerza para ensartarlos entre sus nudillos. Tus brazos, ennegrecidos por la oscuridad, se sintieron como si estallasen, pero a ese impacto estabas ya hasta cierto punto acostumbrada y te superpusiste mejor que él, escalando rápidamente sobre su brazo y desenfundando un cuarto cuchillo, que clavaste de lleno en su cuello para seccionarle la médula espinal.

Gimió de dolor, pero aún se movía. Entre espasmos trataba de alcanzarte, pero tú giraste el cuchillo un poco y sajaste de lleno su cuello. Dejó de moverse por completo y su respiración se detuvo lentamente hasta que, por fin, dejó de ser una amenaza. Trataste de sacar el arma con tan mala suerte que se rompió dentro de él. Ni te molestaste en comprobar los otros dos; en cualquier caso, un poco de hierro era bajo precio a cambio de veinte millones de berries.

Te mantuviste un rato sentada sobre él, a la espera. Te dolía el hombro una barbaridad y sentías tus rodillas muy cargadas. Aunque las botas te ayudaban a aliviar la carga de tus pasos no estaban pensadas para moverte de formas tan acrobáticas ni en un bosque. La blusa blanca estaba llena de sangre, parte suya y parte tuya, pero respiraste con cierta tranquilidad. Abriste y cerraste las manos un par de veces mientras la sensibilidad volvía a tus dedos, y con ella el dolor. Sacaste una libreta y el Wanted de Ardew Veint, un semigigante pirata con no muy buen pronto que valía diecinueve millones setecientos mil treinta y cuatro berries, aunque el Gremio normalmente se dejaba regatear un poco para mantener a sus miembros contentos. Suspiraste. Tenías que cortarle la cabeza, pero tenías las manos hechas polvo.

Cuando por fin lo hiciste dejaste que la cabeza perdiera su sangre, o al menos parte de ella, y la metiste en una bolsa de plástico que a su vez guardaste en una bolsa de tela. Era fácil averiguar que se trataba de una cabeza, claro, pero en el peor de los casos tenías tu licencia a mano y unos cuantos berries por si tenías que sobornar a alguien especialmente insistente. El único problema entonces era ubicarte; estabas muy lejos de la ciudad y en tu estado habría sido una locura tratar de usar las alas de la libertad.
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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Dom 25 Feb 2024 - 3:59}

Aquella mañana había salido a pasear con la brisa matutina aprovechando que por fin volvía a estar solo. No mas herreras locas, no mas piratas fandangueros, de nuevo Greenlyn, Carvatea, mi cueva y una infinidad de posibilidades de objetos por diseñar y estudiar.

Tras encender un cigarro y servirme un te con aspecto de agua de lluvia desplegué algunos planos de los nuevo modelos de robot en los que tenia pensado comenzar a trabajar. Una suerte de destacamento de robot mineros autónomos que extraerían material de la mina las 24 horas del día a un coste mínimo, eran una obra de arte del diseño.

Ensimismado en mis pensamientos rellene mi cantimplora, mi pitillera, agarre mis armas, herramientas y pertrechos mientras mi gabardina venía sola a enfundarse en mi. Salí de mi hogar y me dispuse a atravesar el bosque en dirección a la zona en la que me abastecía de leña desde la última estación.

Había pasado algo mas de media hora cuando desde la espesura del follaje acerté a ver una escena de lucha un tanto extraña, un hombre mas o menos de mi tamaño trataba de liquidar a una escuálida joven. Bueno escuálida o no parecía no tener muchos problemas para esquivar los ataques del zarrapastroso. En uno de esos requiebros ví algo que  disparó mi curiosidad, los brazos de la joven se volvieron completamente negros cuando aprovecho un directo de grandullón para clavarle sus pinchos entre los nudillos.

Decidí activar mi haki de observación por lo que pudiera pasar, al menos estaría previsto ante cualquier incidencia o problema que pudiera causarme la muchacha. Tras trepar por el brazo del hombre pude ver con sorpresa cómo lo decapitó sin miramientos ni aspavientos y metió su cabeza en una bolsa junto a un cartel de Wanted.

Esta situación acababa de darme una idea grandiosa para cobrar determinadas deudas, igual hasta era mi día de suerte y todo.

Prendiendo un nuevo cigarro con una larga calada que me quemaba por dentro salí de entre la espesura saludando tímidamente desde la lejanía, “Disculpe, se encuentra usted bien? Necesita ayuda?. Está usted muy lejos de toda civilización, se ha perdido?”, dije mientras me acercaba despacito y guardando las distancias.

La joven estaba completamente cubierta de sangre, algo que contrastaba con su aspecto de niña buena que no había roto un plato en su vida.

¿Qué le trae a mi apacible rincón en una bella mañana como esta?, pregunté.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Dom 25 Feb 2024 - 16:29}

El bosque era denso, pero no lo bastante como para impedirte ver la posición del sol -más o menos-, de modo que los puntos cardinales estaban hasta cierto punto dominados. Habías dejado la ciudad en el sur, pero desde ese momento la persecución había sido especialmente caótica y el combate que siguió desorientador. Te sentías viva por todo ello, pero también notabas cada pulso de tu corazón en los oídos, impidiéndote pensar con claridad. Frustrada, no reprimiste un mohín mientras te movías como un cervatillo, sin saber muy bien hacia dónde debías avanzar a continuación. Al menos, hasta que escuchaste un ruido.

Viraste la mirada hacia el origen del sonido dejando que la voz del mundo hablase por un instante, evaluando la amenaza. Con tu Haki no detectaste ninguna clase de peligro inminente, por lo que relajaste de golpe todo tu cuerpo. Luego le viste la cara y te tensaste de nuevo: Qué feo era; casi dolía mirarlo. Es posible que se te escapase un improperio que otro, aunque afortunadamente en voz baja, hasta que pudiste reaccionar a su presencia. No quitarte el horror del rostro, claro, pero más o menos disimularlo -regular- con una sonrisa histriónica y notoriamente falsa. No, en serio, ¿cómo podía ser tan...? Tan así.

- ¡Hola! -Tu tono sonaba más agudo que de costumbre, un poco chillón-. Sí, no, o sea... No lo sé. Yo estaba ahí -dijiste, señalando hacia ninguna parte- y él ahí, y luego por allá -tus manos se movían mientras marcabas inconscientemente cada giro que habíais tomado, aunque estabas convencida de que no habías ido tantas veces hacia el sureste- y entonces lo acorralé, o me acorraló... No sé. Sí, estoy bien. Perdida, más o menos. -Soltaste una risa forzada. Esa cosa era enorme-. Era una persona buscada, un criminal peligroso -te explicaste, aunque no había ninguna necesidad... O eso creías-. Tengo que entregar su cabeza en la sede del Gremio más cercana, y se supone que está en... ¿Dorithia? No sé, en una ciudad al sur, y debería llevarlo antes de que empiece a oler mal porque luego identificarlo es un problema y la Marina podría poner trabas a pagar su parte... O sea, es problemático llevar a la gente así pero este era como un rinoceronte: Me ha dejado sin la mitad de mis cuchillos solo para atravesarle la piel. No sé si podría haberlo cargado vivo.

Soltaste todo el aire de golpe en un suspiro que se hizo demasiado largo. No tenías claro que si ese tipo fuese finalmente hostil pudieses hacerte cargo de él y te preocupaba el tampoco ser capaz de huir, pero al mismo tiempo eso alumbraba una cálida emoción de desafío que te esforzaste por contener. Por el momento lo mejor era analizar la situación; con Alpha eso te había salvado la vida en Arabasta. Además estabas chorreando sangre ajena de un tipo de su propio tamaño; como mínimo debía tener claro que no ibas a ser una presa fácil.

Meneaste la cabeza, desechando esos pensamientos. Tu Haki no había detectado nada y, en realidad, entre todo lo que te transmitía esa cara no había una especial muestra de hostilidad... O algo así, la verdad es que seguía doliéndote mirarlo.

- ¿Este bosque es... Suyo? -preguntaste-. Este pirata se había colado. Puede que su tripulación ande escondida cerca, aunque por suerte no lo bastante como para husmear. Yo tendría cuidado, este tipo era peligroso y su gente no va a estar muy contenta al enterarse. -Señalaste hacia el sur-. ¿Dorithia... Por ahí, más o menos?
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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Dom 25 Feb 2024 - 21:45}

Fui acercándome a la muchacha de forma pausada, sentí su repulsa por mi casi al instante, eso era bueno, emociones claras, a flor de piel. Gente con caras sinceras era lo que necesitabas, notaste como intentaba no desagradarte, era gracioso que quedase gente que pensara que podían hacerlo.

No sentí que fuera una amenaza y no necesitaba el haki de observación para ello, una chiquilla cubierta de sangre mas preocupada por cómo había llegado allí y por orientarse que por lo que pudiera opinar de que tuviera una cabeza cortada en un saco chorreante y un cadáver enorme sin cabeza tumbado al lado.

“Y no… el bosque no es mio”, contesté, “Solo lo cuido, le quito las plagas y me abastezco de lo que necesito, pero no me gustaría que nadie estuviera husmeando. Valoro en demasía la intimidad.”, dije mientras comenzaba a quitarle la ropa al cadáver.

“Creo que puedo decir que es usted cazarrecompensas y dado que tiene la cabeza de su presa es el momento de que esto alimente al ecosistema”, concluí con determinación mientras comenzaba a trocear el cuerpo con el hacha.

Algunos pequeños carroñeros comenzaron a acercarse a la espera de su trozo. Mientras continuaba mi labor me encendí un nuevo cigarro, “Quieres uno pequeña?”, pregunté con tono conciliador y tranquilo dando un sorbo a mi cantimplora.

“Respecto al cobro de esa pieza, si, Dorithia está a unas horas de camino al sur siguiendo un camino de montaña que puedes encontrar en media hora caminando en aquella dirección.”, dije señalando hacia el camino que bajaba de Carvatea hasta el puerto comercial. “Por otro lado si quien paga tus recompensas es la marina, el cuartel de entrenamiento de la isla está en la ciudad de Morment al este. Desde aquí no hay un camino directo, pero podría guiarte campo a través mañana al amanecer. No me gustaría que se me echase la noche encima volviendo y por mucha prisa que tengas no me parece que estés en condiciones de hacer ahora mismo una ruta de mas de 10 horas de camino. Se que la mayoría de esa sangre no es tuya, pero también he llegado a tiempo de verte encajar un golpe directo y como mínimo debes estar dolorida.”

Retomando mi ingrata labor continué diciendo, “Vivo relativamente cerca y me dedico a la forja entre otros menesteres, podría reponerte tus cuchillos si decidieras quedarte el tiempo suficiente como para que podamos hacer negocios. Descuida, si no te interesa lo que te ofrezco, mañana al alba te acompañaré gustoso hasta el camino para llegar a Morment y no habrás perdido mas que algo de tu tiempo. Respecto a la cabeza del bandido, no te preocupes se como guardarla para que no se estropee y si te preocupa que te la quite, siempre puedes matarme para recuperarla.”, comenté rompiendo a reír en una sonora carcajada mientras el hacha golpeaba la caja torácica del cadáver.

“Enseguida termino, cogemos algo de leña y me dices que has decidido hacer. Por cierto puedo preguntar porqué tus brazos se ponen negros cuando combates?”, dije como no dándole importancia, aunque por dentro moría por saber más, “Por cierto donde están mis modales, me llamo Vanko y tú?”, me presenté extendiendo mi mano cubierta en sangre, vísceras y trozos de hueso.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Lun 26 Feb 2024 - 0:04}

Mentiría si dijese que por un momento no creí que ese hombre era necrófilo y exhibicionista, pero no tardó en empezar con lo que realmente pretendía hacer: Trocear al semigigante. De inmediato te alejaste para evitar que te salpicase la sangre o te saltase algún hueso, aunque contuviste una o dos arcadas mientras el espectáculo continuaba. A ti misma te costaba soportar las sangrías cuando combatías, ya ese espectáculo se te hacía demasiado crudo. Por lo menos, a pesar de que estabas segura de que había varias leyes en contra de aquello, su indiferencia ante la deducción de que te dedicabas a la caza -obvia, por otro lado- era reconfortante; no sería la primera vez que los habitantes de un lugar se ponían en tu contra como si fueses alguna clase de ser amoral solo movido por el dinero. Más cuando el dinero era lo último en lo que pensabas cuando te lanzabas a la acción.

- No fumo, gracias -contestaste casi de inmediato, evitando contemplar el espectáculo que sin embargo no tardó en atraer distintos tipos de alimañas-. Supongo que podría entregar el paquete en un cuartel Marine, pero no me gusta su actitud y además suelen poner muchas trabas al cobro. Las sedes del Gremio pagan sin dudar y luego ajustan cuentas con quien haga falta. Además hemos atracado el barco en Dorithia y si me retraso demasiado puede que empiecen a buscarme por toda la isla. -Casi lo decías como advertencia. Casi.

Parpadeaste varias veces, perpleja. ¿Tanta distancia había entre ese bosque y Dorithia? Habías rastreado la isla durante un par de días, claro, pero moverte con las alas había hecho el espacio plegarse a tus pies. Ni siquiera habías pensado la posibilidad de estar tan lejos y de golpe el cansancio pesó como una piedra sobre tu espalda. Aun si podías llegar rápidamente necesitabas recuperarte lo bastante como para utilizar el aparato, y eso fácilmente pasaba por reposo de varias horas... Para entonces ya sería de noche y estarías agotada, o aturdida, o ambas. Mientras tu cuerpo se recuperaba exigía casi tanta energía como mientras hacías deporte. Chasqueaste la lengua; en realidad la opción menos mala era confiar en el gigantón de aspecto sospechoso que acababa de descuartizar un cadáver delante de ti. La otra era ofender la hospitalidad del gigantón sospechoso que acababa de descuartizar un cadáver delante de ti, vagar sin rumbo mientras te quedaban fuerzas y rezar para que no te encontrasen los compañeros de Veint si salían a buscarlo. Aunque, la verdad, no por eso se hacía más atractiva.

- No me irían mal otros cuchillos, en realidad -comentaste-. Con el tiempo me he acostumbrado a materiales de más calidad y me he vuelto algo descuidada. -En realidad ni siquiera estabas segura de que la hoja del Último Emperador o Cataclismo fuesen siquiera susceptibles de romperse-. No me sirve de mucho un cuchillo que se rompa al clavarse en carne, aunque sea solo por lo expuesta que me puede dejar. -Estabas hablando de más-. Supongo que no pierdo nada por acompañarte y ver tu mercancía.

El sonido de su risa era perturbador cuando se fundía con el redoble cartilaginoso de un esternón partido a la mitad, pero trataste de reír con él. No ibas a matar a alguien por un puñado de berries... No otra vez, al menos. Además, con todo el papeleo que había que hacer para sacar la licencia -visitar tres delegaciones de la Marina, la Legión y la Armada, superar el examen del gremio, pagar las tasas- mientras no fuese cazador ya quien te iba a dar cobijo se le pondría mala la cabeza antes de poder cobrarla, así que te negaste a preocuparte por ello.

Lo que sí te preocupó un poco más fue que se hubiese percatado de tu fruta. Gran parte de tu éxito se debía en gran medida a la discreción y, sobre todo, a que nadie al verte sospechaba que eras usuaria -o siquiera peligrosa-, y aunque era complicado que mantuvieses una imagen inocente delante de ese tipo después de verte pelear sí que te habría gustado que no se percatase. En cualquier caso poco le podías hacer ahora, y desde luego mentir no era una opción para ti. Así que con un gesto de cierta repulsión le diste la mano y te presentaste:

- Alice. Alice Wanderlust. -Dudaste si utilizar alguno de tus demás nombres, pero te incomodaría que alguien te conociese como Diane-. Aunque puedes llamarme Alice. -Tardaste en darte cuenta de lo ridículo que sonaba aquel reflejo. Desde joven te habías presentado con tu nombre completo, y solo tras la quema de Wanderwine habías dejado de utilizar la mayoría de ellos-. Los brazos... Un mecanismo de seguridad para evitar dañarme los huesos; una dama debe cuidarse en todo momento. -Decidiste desviar la conversación en cualquier caso-. ¿Tendrás hielo en tu casa? Me vendría bien evitar que este amigo se hinche demasiado o empiece a pudrirse antes de tener que entregarlo.
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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Vie 1 Mar 2024 - 13:30}

Una vez terminé con el cuerpo di varias patadas a los trozos esparciéndolos para que nutrieran el suelo sin abrasarlo. No era un experto en jardinería, pero al final ese cuerpo no era mas que otro montón de carroña y nutrientes para el suelo.

Mirando a Alice comenté, “En unas horas ya no quedará carne pegada a los huesos y en unas semanas los huesos serán casi irrastreables, además, si ahora lo encuentra alguien parecerá que ha muerto por el ataque de una bestia salvaje.”, afirmé con voz calmada.

“Espero que mi género sea de tu agrado”, continué, “Por otro lado si no te gustan ninguno de mis hijos siempre puedo forjarte algo mas a medida, algo mas personal. Me encanta poner a prueba mis habilidades.”

Comencé a andar en dirección a la espesura, tras poco mas de 15 minutos de paseo vi el lugar donde estaba abasteciéndome en esos días. Saqué mi hacha y sin pausa corté unos tocones de roble, recogí un saco enorme de yesca, con hojas y ramas secas del suelo y tras atarlo todo con una cuerda, me lo eché al hombro para retomar el camino en dirección a mi hogar.

Por el camino me permití apuntar, “Respecto a la cabeza no se preocupe, tengo una maquina que la dejará perfectamente preservada, al menos un tiempo. No soy un troll de las cavernas.”, bromeé mientras una extraña mueca que podría decirse que era una sonrisa se dibujaba en mi rostro de nuevo atronando con mi rasgada carcajada haciendo que algunos pájaros salieran volando.

Tras casi media hora más de paseo en subida casi constante, al fin, la espesura se abrió ante la montaña, allí como escondida entre un derrumbe rocoso, se veía mi puerta y mi ventana. “Hogar dulce hogar”, suspiré mientras me encendía el enésimo cigarro y echaba un trago de te de la cantimplora.

Al llegar a la puerta y tras abrirla saqué de mi bolsillo y activé todos los mushis necesarios para evitar que se pudieran rastrear llamadas y señales desde allí, saqué mi Den Den Mushi y le dije a la muchacha, “Puede llamar a su tripulación para tranquilizarles por estar fuera posiblemente más de lo esperado, estos “amiguitos” se encargaran de que no puedan localizarnos ni interferir la llamada. Le ruego se abstenga de dar pistas sobre nuestra ubicación. Soy un hombre celoso de mi intimidad y para mi la discreción es fundamental. Mas allá de esa norma, puede sentarse en el pollo de piedra de la puerta o en los butacones del interior para hablar y si me permite iré a preparar la cabeza para que no se eche a perder.”, sentencié mientras encendía un poquito de ámbar en el quemador para aromatizar el ambiente.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Vie 1 Mar 2024 - 19:35}

Por si no había pistas suficientes, Vanko estaba demostrando ser un poco rarito. Trataba el metal como si de un hijo suyo se tratase, tenía lo que apuntaba a ser un congelador específico para cabezas -aunque esperabas que no fuese nada por el estilo, o todo se volvería bastante incómodo- y sonreía de forma muy perturbadora tras algunos comentarios un tanto oscuros. Aunque para ser justos, todo en esa cara era extremadamente perturbador y hasta tenías que reprimirte para no preguntar cómo se había hecho esas cicatrices. Eran tan feas que por un lado daban miedo y por el otro casi te preguntabas cómo alguien tan desfigurado siquiera podía seguir respirando.

Al principio estabas cansada; apenas podías seguir su ritmo mientras buscaba yesca y leña, pero con el paso de los minutos -si bien la tensión te dejó baja de energías- volviste a tu postura habitual y a poder caminar junto a él, si bien estabas segura de que hasta cierto punto él se estaba adaptando a tu propio ritmo. En cualquier caso antes de una hora estabais delante de lo que obviamente era una caverna de troll, razón por la que miraste una vez más al grandullón con cierto recelo. ¿De verdad vivía en una cueva? Había tantos mitos acerca de monstruos horribles que atraían chicas jóvenes hasta sus sucios escondrijos y nunca más se sabía de ellas que si no fuese porque no eras especialmente supersticiosa estarías bastante asustada. Por suerte no lo eras, así que solo estabas un poco asustada.

- Es mucha seguridad para un ermitaño -dijiste con cierta suspicacia-. Pero no te preocupes, hay formas y formas de saber que estoy bien. Con un trozo de papel basta.

En realidad no poseías una vivre card y dudabas que supiese qué era si no había viajado mucho, pero confiabas en que la frase resultase lo bastante amenazante como para que no se atreviese a tocarte aun si esa intención rondaba su cabeza. Eras fuerte, o eso pretendías transmitir; una rival temible que acababa de matar a un hombre de más o menos el tamaño de tu anfitrión. Algo que, por otro lado, ni siquiera había parecido ser capaz de impresionarlo. Quizá fuese u criminal buscado, un pirata retirado o sencillamente mucho más de lo que pretendía ser. O todo el mundo creía que era más de lo que era, que también podía ser.

Aun con todo, sí trataste de hacer una llamada. Te sentaste en la entrada y marcaste una vez, preocupada. Habían pasado muchas botellas por el camino, y cada cierto tiempo llamabas una vez más para cerciorarte de que seguía sin contestar. Te mordiste el labio, preocupada, esperando que sencillamente hubiese decidido separar vuestros caminos y no le hubiese pasado nada. Dolía un poco que ese fuese el mejor pronóstico, pero no se te ocurría otra razón para no contestarte más allá de...

Un nudo en la garganta te robó la voz. Colgaste antes de que el pitido resonase sin haber contestado y dejaste el caracol sobre una cómoda, diciéndote que todo iba bien. Todo estaba bien. Solo estabais teniendo un poco de mala suerte.

- ¿Vanko? -preguntaste siguiendo la estela del tabaco-. Ya he terminado. -Sacudiste la cabeza para despejar tus pensamientos-. ¿Por qué vives en una cueva? ¿Por qué no una casa? Aquí en medio nadie iba a encontrarla igualmente.
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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Sáb 2 Mar 2024 - 1:05}

“Ni es mucha seguridad, ni soy un ermitaño. Soy un artesano y no me gusta ni que me molesten visitas indeseadas, ni ser el posible objetivo de ladrones. Así que si piensan que esto es solo una cueva mejor que mejor.”, aseveré muy serio., “Nadie trata de robar una cueva”.

Me encontraba encendiendo el fuego y poniendo la tetera al calor cuando entró en mi hogar, la verdad es que todo era demasiado grande para ella, aparté los planos de la mesa y tomé una caja vacía para hacerlo servir de escalón improvisado para que pudiera subir cómodamente a cualquiera de mis muebles para sentarse.

En el techo y en barriles habían guardados muchas de mis creaciones, variado material bélico, pero también herramientas y útiles que servirían de ayuda a artesanos, eruditos y demás gente que lo necesitase.

“Si me permites la cabeza”, dije tomando un barril vacío del almacén, aquí se preservará. Tras meter la cabeza al barril y de forma muy disimulada la deje completamente integrada dentro de un cristal de ámbar, evitando así su deterioro y que la pudieran afectar los agentes climáticos. “No te la olvides cuando te marches”, bromeé, dímelo y te la sacaré de la cámara de estasis para que la tengas lo mejor posible.

“Puedes acurrucarte esta noche en la habitación de invitados, no es gran cosa, pero hay una cama de un tamaño mas acorde al tuyo y un cajón donde puedes dejar tus cosas.”, dije señalando el arco picado en la roca virgen.

Tras estas cortesías le acerqué una manta de cuero con distintos cuchillos dentro a la mujer. “Eche un vistazo y dígame si ve alguno que le guste o le produzca una especial atracción. Son piezas corrientes, pero incluso las piezas mas corrientes entre mis hijos son grandes filos.”, aunque si le soy sincero siempre me ha gustado considerarme una especie de genio. “Si tiene una fantasía, un arma que le ronde la mente, adoro retorcer metal, fuego y madera para dar a luz a emblemas de excelencia. Además, dado como la he visto combatir, no creo que se vaya a contentar solo con sustituir el acero perdido. Percibo en usted algo especial, no se muy bien que es, pero estoy seguro de que podré crear algo superior que haga sus combates mas cómodos.”, comenté tomando papel y un trozo de carboncillo para comenzar con el diseño.

“Que ansía señorita Wanderlust? Que necesita para complementar a su alma?”, pregunte posando mis rojos ojos salidos del abismo de deformidad directamente en sus delicados ojos verdes.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Sáb 2 Mar 2024 - 16:20}

Cuando entraste en la cueva te percataste -de una forma no muy digna- de que todo era enorme. Los muebles y los útiles de trabajo, como era lógico, estaban adaptados al tamaño de tu anfitrión, aunque también se sentía pobre. Humilde, más bien, como si en lugar de una casa Vanko hubiese elegido acampar en el interior y poco a poco hubiese admitido las mínimas comodidades. La cama era casi lo más prominente a simple vista, si bien seguramente lo único a lo que te podrías encaramar sin dar un espectáculo lamentable. En todas partes a donde mirases también había armas y creaciones, desde las paredes hasta el techo; el grandullón tenía una fijación, eso estaba claro.

- Pero... Es una cueva con puerta -argüiste-. Y con ventana. Y si forjas aquí dentro seguramente salga humo. ¿No es más probable que la gente intente robar en un lugar que alguien intenta ocultar?

Pocas veces te habías enfrentado a un ladrón, y todas ellas habían sido por el mismo ratero. Aunque solías recuperarlas en cuanto tenías una oportunidad, Hayato te había usurpado tres batas, un pijama que te iba grande -aunque seguramente a él le quedase justo- y seis pares de pantuflas. A pesar de que no parecía tener claro que aquello fuese un robo, siempre acababa llevándose algo de tu secadora y tenía un especial interés en entrar al único sitio prohibido del barco: Tu sala de los relojes. Aun así la experiencia con él te había enseñado un poco sobre los rateros, y tener algo que ocultar los atraía como miel a las moscas.

- Gracias -dijiste mientras subías de forma no muy elegante a la caja. A pesar de que servía como escalón seguía siendo casi dos tercios de tu altura-. Intentaré recordar que hay una cabeza humana en tu barril mágico.

Vanko parecía tener cierta tendencia a buscar la discreción y la seguridad por encima de todo, por lo que aunque se te hacía raro no era tan retorcido pensar que escondiese una envasadora en un tonel, aunque otras opciones eran más viables. Tu favorita era que se tratase de un depósito mágico, lógicamente, pero siendo realistas muy probablemente se tratase de un cubo de hielo. La cueva a pesar de todo era relativamente fresca y quizá mantener el hielo en buen estado fuese factible. O a lo mejor era un congelador. Tú no juzgabas.

Por suerte no dejó que tu mente divagase por mucho tiempo y rápidamente te acercó una gigantesca manta -aunque para él debía ser una manta de tamaño normal- con unos cuantos cuchillos de distintos tamaños y formas. Aunque reconocías algunas facturas mejores que las de varios herreros de confianza en Hallstat, con filos inusitadamente finos y otros de formas cuanto menos peculiares, ninguno te convencía del todo. Así que levantaste ligeramente la pierna, lo más discretamente que podías, y desabrochaste la muslera de la que ya solo pendían dos cuchillos. Buenos cuchillos, cuchillos que hasta ahora habían sido fiables, pero sus días de gloria estaban lejos. Si bien los mantenías bien afilados y los limpiabas con esmero el tiempo y rivales cada vez más resistentes habían acabado por mellarlos ligeramente en algunos puntos.

- Son cómodos y discretos -dijiste-. No despuntan bajo la falda, por eso son algo más cortos de lo normal. -Para casi nadie esos cuchillos serían cómodos, sumando apenas diecisiete centímetros entre filo y mango-. También tienen algo más de peso hacia la cabeza, aunque eso solo los estabiliza. Si tuviese que elegir lo que mi alma anhela, aunque es una forma muy poética de hablar sobre unas armas, serían unos cuchillos de buen filo, pequeños, discretos, que quepan en la muslera, resistentes y... No sé qué más se puede pedir de un arma sin esperar magia y leyendas.

Te encogiste de hombros. Tenías dos armas que se correspondían fácilmente a la descripción de magia y leyendas, pero no conocías a nadie capaz de replicar nada parecido.

- ¿Tú qué crees que me podría ir bien? Teniendo en cuenta que soy pequeña y más débil que la mayoría, claro.
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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Dom 3 Mar 2024 - 1:47}

“Comprendo”, dije, “Me gusta pensar que lo que forjo no son simples objetos, mis hijos e hijas deben cumplir su función a la perfección. Si forjo un pico debe ser el mejor para extraer mineral, si forjo un clavo debe ser excepcional y si te forjo un juego de cuchillos solo espero de ellos la excelencia que mis manos puedan darles.”, expliqué de forma pausada mientras acariciaba distintas creaciones en los estantes.

“He visto como los usas, por lo que veo eres diestra con ellos y por lo que me pides y tu falta de estómago para la casquería diría que buscas algo limpio, algo incapacitante y que a ser posible no deje lugar a un contraataque de tus oponentes”, elucubré en voz alta, “Creo que lo tengo…”

“Puedes ponerte cómoda por donde quieras, la habitación de invitados de atrás tiene muebles algo mas cómodos para los de tu tamaño”, comenté mientras comenzaba a encender la forja. “Aquí va a empezar a hacer mucho calor, aunque si quieres observar no tengo problemas.”, aseveré con una sonrisa impaciente algo tosca.

Tomé un trozo de papel y algo de carbón para dibujar un boceto de lo que mi mente ya había empezado a maquinar, una forma limpia, cómoda y estilizada, una estética limpia con un grabado de un zarzal alrededor de una luna creciente. Para cuando terminé el dibujo la forja ya estaba completamente operativa, tomé unas menas de tungsteno y me dispuse a preparar un lingote de la mayor pureza posible para la creación, preparé tambien unas varillas con algunas impurezas para usar su característico gris metalizado en los ornamentos del cuchillo.

Durante algunas horas trabajé aquel material, apartando escoria y buscando el punto de temperatura óptimo, cuando el lingote al fin refulgía como la luna comencé a martillearlo. Golpe tras golpe, sin descanso, creando a la vez diseño y funcionalidad sin desperdiciar ni un solo golpe, ni un solo gramo de material.

Hacia la mitad del proceso, aproveché la necesidad de dejar enfriar la pieza para tallar en nácar la pequeña luna creciente enroscada con espino forjado con el plateado metal. Era como trabajar un pieza de relojería, minúscula, delicada, pero de un material que doblegaría los huesos de cualquiera.

Golpes precisos, pero fuertes, controlando no golpear demasiado fuerte como para romper la pieza, no golpear lo demasiado suave como para no hacer mella, al final del día, con las luces del atardecer aun en le cielo, como un padre orgulloso sostuve con las tenazas la pieza que buscaba.

Saqué un pequeño recipiente de metal y con un cuchillo me hice un pequeño corte en la mano derramando mi sangre en el aceite de templado mas transparente que había podido destilar. Tras tenerlo todo listo bañé la daga en el aceite mientras con un tono paternal la decía, despierta Zarzal Cazador y saluda al mundo hijo mío.

Limpié la daga con mimo y tras vendarme el pequeño corte de la mano la tomé entre el dedo índice y pulgar de la mano derecha y la observé con admiración. El metal había adquirido un color blanco, impoluto acorde con el aspecto recatado de la clienta y las zarzas engastadas en el filo refulgían en un plateado maravilloso dotando a la pieza de un aura de paz ceremonial.

“Vamos a probarla”, dije en voz alta esperando que Alice me escuchara, la verdad es que no sabia muy bien donde estaba, solía quedarme absorto cuando forjaba.

Ya en la calle extendí en el suelo un paño negro en cuyo interior estaba el cuchillo, “Tómalo, siéntelo en tus manos, escucha lo que tenga que decirte, las sensaciones que te transmita y clávalo en aquél tocón, si no te he valorado mal y mi ojo no suele fallar demasiado creo que te gustará”, afirmé mientras me encendía un cigarro y bebía largos tragos de te aguarachado de mi odre.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Dom 3 Mar 2024 - 15:08}

Como esperabas, Vanko era un romántico. No en un sentido interpersonal, claro, pero cuando hablaba de su oficio notabas esa chispa que transmitía Eli al mencionar a Charlie, o Hayato cuando curioseaba tu armario para zapatos. Para él eran más que una herramienta, un medio expresivo similar a tus dibujos con cierta base en lo utilitario, pero con una expectativa mucho más elevada. Era posible que se tratase de un artesano, pero se comportaba como un artista.

Además resultaba más observador de lo que habrías supuesto. También había estado viéndote combatir más tiempo del que creías, pero algo de razón tenía en su divagar. La sangre era algo que tolerabas pero no te agradaba especialmente, y dada tu condición no podías permitirte choques especialmente violentos. Esperabas que no fuese lo bastante fácil diagnosticarla solo por cómo afrontabas el conflicto, aunque sospechabas que su aguda mirada solo te veía como una extensión de tus armas, quizá un buen escaparate para sus creaciones.

- Aprovecharé entonces para asearme -comentaste-. ¿Puedo darme una ducha en alguna parte?

Suspiraste mientras te quitabas la ropa. Hacía un buen día, pero incluso en un buen día la brisa traía consigo viento fresco y no podías sumergirte en el agua de un río, teniendo en cuenta todos los peligros que eso entrañaba. Vanko no tenía agua corriente, y si bien de ser únicamente sudor lo que debías limpiar no te habría importado del todo utilizar el barreño que había en el dormitorio de invitados la sangre no era ni tan fácil de quitar ni dejaba el agua precisamente limpia tras ser retirada. Doblaste la blusa empapada en sangre y la falda para dejarlas sobre una roca junto a la orilla, en una zona poco profunda junto a un recodo donde el agua se movía algo más despacio. Se te puso la piel de gallina nada más introducir los pies en ella, y a medida que te adentrabas hasta que te cubrió por encima de la rodilla cada parte de ti luchaba por salir. Esa no era tu bañera; estaba muy lejos de serlo. Al menos, tenías algo de jabón.

Frotar fue fácil, los restos de sangre y suciedad salieron bien. Aclarar fue otra historia. Te viste obligada a sumergir la cabeza por completo para deshacerte de todo lo que se te había pegado al pelo. Luego la cabellera, helada, te azotó la espalda. La peinaste y nuevamente lavaste hasta cuatro veces, que no podías notar ningún resto más. Aun con todo en cuanto regresaras al barco te ocuparías de darle un buen repaso final y dejarlo un rato largo con algo de reparador. En cualquier caso hacer un cuenco con las manos para echarte agua helada encima tampoco resultó agradable del todo.

Sacaste la muda del bolso: un pantalón negro de lino, holgado, con un top encorsetado de color rosa. También llevabas una rebeca a juego, pero pensando en el calor de la fragua preferiste dejarla guardada por el momento. Lo que sí hiciste antes de volver fue frotar un poco la ropa manchada para retirar lo máximo posible, aunque tendrías que pedirle ayuda a alguien para sacar las marcas más profundas.

Pensaste que te habrías perdido gran parte del proceso, pero para cuando regresaste todavía estaba trabajando el lingote al blanco. No sabías mucho del proceso artesanal, lo justo para entender lo que iba haciendo, pero arrastraste un poco la caja que habías usado de estante y te sentaste allí, en silencio, mientras lo veías hacer. Se movía de forma casi elegante, meticulosa y no dejaba un segundo desaprovechado. Se trataba de un proceso casi hipnótico, hermoso en cierto modo, hasta que derramó su propia sangre en el aceite de templado. Definitivamente, había algo romántico entre Vanko y su forja.

Casi te dio un vuelco el corazón cuando llegó el momento de probarla. Estabas tan absorta en el proceso que por un momento habías olvidado para qué estaba forjando, pero te pusiste en el suelo de un salto enérgica y con ilusión, o con toda la ilusión que un cuchillo podía provocar. Lo seguiste hasta el exterior y escuchaste sus palabras una vez te lo dio, observándolo meticulosamente antes de juguetear con él: Completamente blanco, muy pesado también, y brillante. Quizá era demasiado largo para ser totalmente discreto, con varios centímetros más de hoja y una argolla en lugar de pomo que, si bien tenía sus utilidades, te iba a obligar a ser imaginativa para ocultarlo. Pero se sentía francamente bien.

Introdujiste el índice en el hueco y dejaste que girase un poco antes de sujetarlo con tes dedos, los que hacían falta para lanzar, lanzándolo un poco hacia arriba para recogerlo con la mano entera. Jugaste con él como si se tratase de una navaja normal, y aunque se notaba que no estaba del todo pensado para eso resultaba lo suficientemente cómodo. Diste algunas vueltas más con él, sin demasiada filigrana, para rematar arrojándolo contra el tronco que Vanko había señalado.

Sonó como una flecha rompiendo el viento y atravesó la corteza con facilidad, clavándose a varios centímetros de profundidad. Lo llamativo empezó más tarde, cuando empezó a incrustarse lentamente más y más hasta que solo quedó la anilla visible.

- Parece peligroso -admitiste-. Me lo llevo. Pero necesito cinco más.
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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Lun 4 Mar 2024 - 14:06}

Al lanzar el cuchillo fue maravilloso, voló recto, se clavó con un sonido seco y reptó por su victima buscando ahondar la herida. Un vez mas lo conseguí, mi hijo tenía buena salud y era un grande en lo suyo. Con todo esto la petición de la pequeña Alice me sorprendió, quería 5 hermanos mas? Te emocionó tener un buen pedido, sentías tu corazón palpitar de orgullo.

“Recoge el cuchillo y vamos dentro, podemos hablar del precio mientras comienzo a preparar los materiales”, dije conteniendo a duras penas mi emoción.

Mientras nos internábamos de nuevo en la forja comencé, “Tengo una tarifa que temo puede resultar algo extraña para usted. En primer lugar deberá cubrir los costes de los materiales gastados en la forja. En segundo lugar deberá darme su palabra de que dejará estipulado que a su muerte mis hijos vuelvan aquí, a su hogar, a descansar a la espera de su nueva aventura. Y en tercer lugar aceptaré por mis servicios el pago de la voluntad, por otro lado me gustaría proponerle un negocio extra que puede ser beneficioso para ambos.”, continué apurando el cigarro mientras elegía nuevas menas de mineral.

“Cuando alguien me pide algo, para mi solo es un cliente, no hago distinción y mi taller es una zona segura, pero a veces esto puede llevarme a intentos de robo o estafa una vez que deben pagar por su pedido. En ese momento, ya no son clientes sino ratas ladronas que solo merecen la muerte.”, dije enervándome según pensaba en ello, “Generalmente estas ratas tienen recompensas por sus cabezas, pero yo, como mero artesano, no puedo cobrarlas. Mi propuesta es la siguiente, una colaboración, si alguien con recompensa intenta jugármela yo me encargaré de esa rata y la contactaré para que usted con su flamante licencia pueda efectuar el cobro. Yo me quedo el 90% de la recompensa en pago por mi tiempo y usted se lleva un 10% simplemente por llevar unas cabezas al gremio, sin riesgo. Le parece interesante mi propuesta?”, la interrogué.

“Desde luego no necesito una respuesta ahora mismo, tómese el tiempo que tarde en forjar las armas como tiempo de reflexión y por supuesto no considere ni de lejos que el no aceptar hará que deje de considerarla mi cliente, ni que no vaya a tener sus armas. Digamos que es una propuesta accesoria, además sería una excusa perfecta para ver de vez en cuando a mis hijos e hijas.”, sentencié mas calmado mientras comenzaba a separar el tungsteno de la escoria de la mena.

“Tardaré toda la noche en prepararle su pedido, siéntase libre de dormir, leer si gusta algo de mi modesta biblioteca o dar un paseo a la luz de la luna. Este área es seguro, me he encargado personalmente de que no haya nada mas peligroso que una cabra en los alrededores.”, terminé.

Tras este intercambio de pareceres y con la propuesta aun flotando en el aire, me metí de nuevo en el proceso creativo, esperando forjar 5 hermanos que estuvieran a la altura de lo que sabía que mis manos podían llevar a termino.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Lun 4 Mar 2024 - 18:12}

¿Te habías precipitado? El dinero solía sobrarte, por lo que nunca te preocupabas de mirar los precios, pero viste algo en sus ojos cuando te invitó a recoger el primero de los cuchillos que te hizo temer un desembolso muy caro. No injusto, ese cuchillo acababa de penetrar la madera como si no opusiese resistencia ninguna y había comenzado a escarbar dentro de él mágicamente, deteniéndose en la profundidad justa para poder retirarlo con un dedo gracias a la argolla. ¡La argolla! Vacilaste un momento antes de intentar sacarlo. El cuchillo se había clavado en madera, y aunque resultaba más dura que la carne humana los monstruos que pululaban por Grand Line quizá resultasen un problema en el que no habías caído.

Con cierto miedo tiraste de él. Eras fuerte, pero tus huesos exigían delicadeza. Por eso suspiraste aliviada cuando sentiste que se dejaba extraer delicadamente, si bien vibraba un poco. Seguramente lo hacía para desahogar la presión lateral, asumiste, y facilitar así su retirada. Vanko había pensado en todo; definitivamente iba a cobrar una pequeña fortuna por ese cuchillo. Aunque podías conceder que se la merecía; aún faltaba por conocer el precio, pero mucho tenía que inflar sus tarifas para que no pagases con gusto. Aun así, solo por si acaso, lanzaste uno de tus cuchillos contra el tocón y comprobaste con una sonrisa que se había clavado apenas un par de centímetros en él: No había trucos baratos en aquella madera.

Mientras regresabais a la forja te sorprendió lo razonable que resultaba su precio hasta cierto punto, lo extraña que era su condición de devolver las armas tras tu muerte y lo vago que era el concepto de "voluntad". ¿De verdad forjaba a precio de coste para cualquiera que se presentase en el lugar? Te ponía nerviosa, hasta cierto punto, el hecho de tener que decidir tú cuánto valía su trabajo, aunque más o menos tenías una idea de cuánto podía valer atendiendo a la vida ermitaña que llevaba... O no tan ermitaña: Era un artesano gremial del Bajo Mundo. O al menos había utilizado varios de los eufemismos propios del sector; quizá el sosiego de la distancia y lo relativamente discreto de la cueva deberían haberte dado una primera pista, pero su nada opulento modo de vida te había despistado. Igual era las dos cosas.

- Materiales y la voluntad... Eso es fácil -admitiste-. Regresar las armas tras mi muerte parece complicado, aunque nadie se escandalizará porque añada una nueva cláusula a mi testamento. No puedo garantizar que se cumpla, pero tengo tiempo de pensar en cómo garantizarlo -o de devolverlos el día que te retirases-. Respecto a lo otro... Greenlyn no es una isla muy remota, pero no puedo garantizar estar disponible siempre y por experiencia sé que algunos carteles viejos se retiran cuando sus caras pasan mucho tiempo desaparecidas. -Empezaste a hacer gestos raros con las manos, manteniendo sujeto un cuchillo con cada una-. Tardan relativamente poco en desechar carteles con precios bajos, y no puedo desplazarme por menos de... -Hiciste las cuentas-. Es una cifra complicada, porque si tengo que venir específicamente para entregar a un criminal y llevarme 500.000 berries pierdo dinero en el camino, pero tampoco me siento cómoda cobrando por un trabajo que no he hecho. Creo que voy a dar una vuelta mientras lo pienso.

Te habría gustado disfrutar del paseo, pero su propuesta mantuvo tu mente ocupada durante un largo rato. El Paraíso era un mar enorme; no tan grande como los Blues, pero mucho más peligroso y no había atajos: Siempre había que hacer la misma ruta. Si estabas en medio de una cacería alterar el camino podría hacerte perder una presa bastante más jugosa que un diez por ciento, un dinero que por otro lado no necesitabas -aunque podía aligerar algún mes que otro para pagar un extra a la tripulación-. También estaba que, si Vanko tenía la posibilidad de atraparlos personalmente, ¿por qué no se hacía cazador? Desechaste la idea de que fuese un hombre buscado al no sonarte su cara de ningún cartel, y aunque sus heridas podrían hacerlo irreconocible muchas cicatrices eran antiguas. Lo sabrías.

- Creo que tengo una contraoferta -Anunciaste a modo de saludo cuando regresaste-: Cuatro millones si me llamas para una recogida, valga lo que valga el criminal. Si atraco en la isla o forma parte de mi ruta te aviso, y si tienes algo lo entrego a cambio de un siete por ciento.

Te mantuviste a la espera por un instante por si contestaba. De estar ensimismado marcharías a dormir y se lo repetirías por la mañana con más calma.
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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Mar 5 Mar 2024 - 18:22}

Ya era noche entrada cuando la pequeña Alice regresó, por supuesto no esperaba que aceptase la oferta tal cual, escuchaste su contraoferta entre martillazos y resoplidos del fuelle con atención y cuando acabó sentenciaste.

“Tenemos trato entonces”, acaté sin dejar de martillear, como si mi cuerpo se moviera cual autómata. Las llamas de la forja bailaban como besando los cinco lingotes de acero que tenía dentro, el sudor recorría no solo cada cicatriz de mi cara si no cada centímetro de mi cuerpo. Escuchaba el crepitar del crisol, el sonido sordo del metal torciéndose bajo mi habilidad.

En un momento en el que me detuve para cambiar la herramienta, señalé al puchero humeante que había en el fuego de cocinar, “Si tienes hambre puedes servirte, es guiso de verduras y carne de cabra. No es gran cosa, pero alimenta.”, dije a Alice mientras aún se encontraba en la estancia.

Pulí cada pequeña rebaba de los cuchillos, cada diferencia, si algo me sentaba mal eran los inútiles artesanos que vendían un juego de cuchillos con distintos pesos, equilibrios o tamaños. Yo no me conformaba con nada que no fuera la perfección. Era consciente de que aún podía mejorar en muchas de las áreas de trabajo en las que era diestro y soñaba con que mis hijos e hijas llegasen a rivalizar incluso a superar a las Saijo O Wazamono llegado el momento.

La verdad es que hace tiempo había leído algo sobre un legendario carpintero de varios siglos atrás cuya máxima era hacer de sus creaciones algo con un Don y siempre estar orgulloso de ellas. Nunca supe si esto era real o solo leyendas del Grand line, pero cada vez que comenzaba un nuevo trabajo no podía evitar que pasara por su mente como un recuerdo fugaz.

Tal vez nunca podría alcanzar un nivel legendario en mis destrezas, pero en mi lecho de muerte me gustaría saber que al menos lo intenté y que di lo mejor de mi mismo en cada creación permitiendo que un trocito de mi ser surcase los mares marcando la diferencia en manos de diestros usuarios que les permitieran desarrollar todo su potencial.

Al fin y al cabo, “Quién quiere forjar una espada legendaria para que se se quede cogiendo polvo en el expositor?”, reflexioné.

Las horas pasaban, el metal tomaba su forma, las acanaladuras y engastes comenzaban a quedar dispuestos. Cinco hermanos menores para Zarzal Cazador, cada uno con su nombre, pero todos con una misma función. Púa Salvaje, Cardo Acechante, Espino Furtivo, Aguijón Sigiloso y Espiga Penetrante fueron cobrando vida mientras pasaban uno a uno por el aceite de temple y el regalo de mi roja esencia.

Algunos pensaban que estaba loco al ver como trabajaba, pero tras limpiarlos y dejarlos listos para su prueba, puedo asegurar que al igual que las madres siempre saben quien es cada gemelo entre sus hijos, yo podría reconocer sin duda a cada uno de los míos. Cada suave onda del metal y la textura de sus hojas son mas que suficiente.

Tras presentarlos en una manta, salí al exterior, me senté en el poyo bajo mi ventana con el paquete a mi vera disfrutando de los rayos del sol que ya salían por el horizonte esperando a que Alice despertase. Encendí un cigarro y me serví una taza de té frio mientras descansaba del calor de la forja con el fresco de la mañana y repasaba un tomo de electrónica pensando ya en mi siguiente gran proyecto minero.

Había vuelto a dar lo mejor de mi mismo y había tenido éxito en ello, "La vida era buena en estos días, ojalá mi madre estuviera aquí", pensé mientras la nube de humo de la primera calada brotaba de mis labios en un suspiro.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Miér 6 Mar 2024 - 0:05}

Asentiste con convicción, aunque te llevó unos segundos procesar que había aceptado la oferta. Nunca habías sido muy buena negociando, y cada vez que alguien no te regateaba sentías que de alguna forma habías hecho una oferta demasiado generosa. Aun así para ti era suficiente: Cuatro millones cubrían de sobra el sueldo de un mes de la tripulación; a poco que capturaseis alguna ratilla por el camino era fácil suponer que el viaje sería razonablemente rentable. Además, tenías ciertas dudas de que cuando se corriese la voz acerca del destino que corrían quienes trataban de robar al herrero ermitaño de las montañas fuese a haber demasiado negocio. Una o dos veces, algún granuja con más cartel que cerebro... Y poco más.

- Gracias -dijiste, aún sorprendida, mientras te acercabas al puchero. Aunque el olor que desprendía te alertó de que lo que había dentro no te iba a gustar, por lo que disimuladamente te retiraste a la habitación de invitados dispuesta a una noche de duermevela. Podía no haber hecho ningún movimiento todavía, pero eso no era suficiente garantía.

Te desabrochaste el corsé con cierta pereza. No era particularmente molesto, pero cada vez que te lo quitabas sentías como si te hubiese estado presionando más de lo que creías. Lo dejaste sobre la mesa, e hiciste lo mismo con el pantalón. No llevabas un pijama en el bolso, por lo que te ovillaste rápidamente entre las mantas no fuera a ser que entre martillazo y martillazo Vanko estuviese tratando de vigilarte. No lo creías probable, pero había un par de puntos del dormitorio desde los que tú podías verlo a él, y eso significaba que él a ti también. Maldijiste en voz baja momentáneamente por no ser capaz de perder el pudor tras varios años viajando con hombres, pero en realidad sabías que no era la mirada furtiva de un herrero pervertido lo que te preocupaba, sino todo lo que podía pasar si no quedaba en eso.

Aun así el calor de la fragua era reconfortante y el golpeteo rítmico relajante. No tardaste mucho en acabar dormida y despertaste horas más tarde ligeramente desorientada. Tu estómago rugía con ruidos bastante impropios de una señorita, pero los acallaste recogiendo un poco de agua de la tina -tras comprobar que era razonablemente fresca- y bebiste un trago. Luego otro. Y otro más. Hiciste unos estiramientos suaves en un punto ciego de la forja como preludio a unos pocos ejercicios de peso corporal, insuficientes para lo que tu cuerpo exigía pero necesarios para que tus huesos no se entumeciesen, con el dolor que ello provocaban. Te aseaste utilizando el agua tan bien como pudiste, colocaste la ropa encima de la cama y te pusiste, un poco contra tu voluntad, la que te habías quitado la noche anterior. ¿Qué iba a pensar Vanko si se daba cuenta?

Te reíste por un momento; Vanko seguramente no se había dado cuenta siquiera de que ya no llevabas una blusa ensangrentada. Aun así te generaba cierta ansiedad, pero cuando comenzaste a dar cuerda a los cinco relojes que siempre llevabas contigo se calmó ligeramente.

Ya preparada saliste del cuarto de invitados, una vez dobladas las sábanas a los pies de la cama para que pudiese cambiarlas más cómodamente. Vanko no se encontraba ahí, pero la puerta entreabierta te dio una pista. La seguiste y, en efecto, el gigantón estaba ahí con un libro técnico de electrónica mientras fumaba un cigarro. ¿Nunca se quitaba el abrigo? Era un poco perturbador, pero preferiste no mencionarlo.

- ¡Buenos días! -saludaste con voz cantarina-. ¿Cuántos cuchillos te dio tiempo a terminar antes de marchar a dormir? Yo me quedé dormida con los martillazos y la cama... -adornaste un poco la verdad-. Era sorprendentemente cómoda. Caí rendida casi sin darme cuenta. ¿Puedo verlos? -preguntaste finalmente, sin casi contenerte.

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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Jue 21 Mar 2024 - 20:35}

No llevaba leído ni dos decenas de páginas cuando escuché ruido en casa, enseguida lo identifiqué como Alice despertando. Apenas unos minutos después, la vi aparecer por la puerta de la calle con una energía palpable, saludando con su voz melodiosa. Su entusiasmo era evidente, especialmente por los nuevos cuchillos que había creado para ella. No quise hacerla esperar más para mostrarle el fruto de mi trabajo.

"Cuando estoy inmerso en un proyecto, rara vez duermo. No puedo relajarme sabiendo que podría estar creando algo con un Don y estoy perdiendo el tiempo.", confesé mirando a Alice mientras apoyaba mi libro cerrado en el quicio de la ventana. Con cuidado, desplegué la manta donde descansaban mis creaciones en el banco de piedra, presentándole a cada una por su nombre. "Aquí están todos los hermanos al completo. Espero que te satisfagan tanto como yo disfruté creándolos. Si quieres, puedes probar a tus nuevos compañeros de aventuras.", agregué, apartándome para darle espacio para examinar las armas con la luz de la mañana.

Mientras ella inspeccionaba los cuchillos con atención, me di cuenta de que era el momento perfecto para poner a prueba su destreza. Con rapidez y destreza, coloqué unos nuevos tocones de madera y pinte unas dianas con carbón en ellos, quedando así listos para servir de blancos. Los cargué y los coloqué a distintas distancias y en distintos ángulos, para poder probar distintos enfoques de ataque con ellos. En el centro de aquel enjambre de dianas coloqué una especie de maniquí tosco de madera con el que solía hacer puntería a veces, estaba algo cascado, pero dado que estaba preparado para mis dimensiones debería aguantar al menos unos envites de mi cliente. Además, en si mismo, todo esto me mostraría algo mas de cerca que sabía hacer la menuda Alice en combate.

Cuando terminé con los tocones y volvía hacia casa, pude observar cómo Alice se acercaba a los cuchillos con curiosidad, sintiendo la emoción palpable en el aire. Su mirada recorría cada hoja, cada mango, evaluando su peso, equilibrio y afilado con una minuciosidad admirable.

"¿Qué te parece?" pregunté, esperando ansiosamente su veredicto, como un padre orgulloso, pero temeroso. Te he preparado unas dianas por si te apetece probar puntería para familiarizarte con ellos.


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Say hello to my little friend [Alice-Vanko] Empty Re: Say hello to my little friend [Alice-Vanko] {Jue 28 Mar 2024 - 23:40}

- ¿No has... dormido? -preguntaste lentamente.

Tu primer impulso fue reprenderle, pero optaste por contener ese ímpetu. Había pasado la noche en vela por terminar un trabajo para ti, y aunque habrías podido esperar algo más regresar cuanto antes al barco era lo ideal. Marcus podría preocuparse, y se ponía muy sobreprotector en ocasiones -estabas segura que no tenía tanto que ver con tu enfermedad como con tu altura-, aunque Fred y Terry eran quizá los que antes estarían desesperados por ponerse a peinar cualquier rincón de la isla. Lo que, irónicamente, solo conseguiría retrasaros y que vuestra agenda de caza se viese perjudicada enormemente. Aunque, siendo justos, era algo que podrías haber solucionado llamándolos la noche anterior. O no, pero podrías haberlo intentado.

En cualquier caso Vanko te presentó los cuchillos con el orgullo que los artesanos solían mostrar tras un trabajo bien hecho, dándote el nombre de cada uno y haciendo hincapié en el placer que él había sentido fabricándolos. Elegiste grabarlos en tu memoria como las espinas, sin molestarte en aprender el nombre individual de cada uno y mucho menos tratar de discernir cuál era cuál. Eran de estilo kunai, blancos, casi idénticos -iguales a tus ojos, de hecho-, más apropiados para lanzar que para manejar cuerpo a cuerpo pero con un mango... Bueno, aceptable. Era algo estrecho, pero podía valer, y cuando te acostumbrases a su forma seguramente no echases de menos la solidez de los anteriores. Estos eran cómodos en la mano, más fáciles de mover entre los dedos, perfectos para fintar. Asentiste mientras uno de ellos giraba en tu dedo índice; el peso parecía bien distribuido, cargado ligeramente hacia la cabeza para evitar basculaciones. Era un gran trabajo.

- Es un gran trabajo -concediste-. Casi da pena usarlos.

No te daba pena en absoluto, y te lo pasaste como una enana en el circuito de dianas que había improvisado el gigantón. Había dos maneras de disparar cuchillos, una dejando al arma rotar, lo cual requería de gran destreza pero permitía una mayor acumulación de fuerza y un tiro recto, más centrado en una trayectoria precisa que garantizase acertar en el lugar adecuado, si bien perdía mucha potencia al requerir también un movimiento algo menos natural. A ti te gustaba lanzarlos rectos, pero ese día probaste ambas formas para tensar los límites de cada arma. También con algunos lanzamientos acrobáticos, recogidas y relanzamientos y cada pequeño detalle que se te ocurrió para conocer cualquier falla que tuviesen.

- Vale. -Resoplaste un poquito. Las piernas te dolían ligeramente, y los brazos. Nada fuera de lo normal realmente-. Ahora es cuando tenemos que hablar del precio, ¿verdad? - No sacaste la cartera. Imaginabas que lo que te iba a pedir superaba ampliamente lo que solías llevar encima-. ¿Cuánto es?
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