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[Privado Ral-Omega] La sombra de Baristán

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Mensaje por RAL el Dom 6 Sep 2020 - 1:12

La madera vieja y húmeda crujía bajo mis botas a cada paso que daba. El olor a salitre y metal oxidado permeaba por dentro de la máscara. Me preguntaba cómo podría vivir la gente en este sitio, siempre en movimiento, con calles cambiantes a merced de las mareas o de las tormentas, parecía mentira que pudiera haber alguien que considerase este sitio su hogar. Había desembarcado hace poco, pero el mapa dibujado en una servilleta ya estaba desfasado. Me había encontrado con el casco de un viejo galeón donde se suponía que debía estar "El tiburón degollado", un callejón sin salida, bueno, a no ser que quisiera nadar.

Me dí la vuelta y comencé a callejear, deambulando por lo que era un laberinto de madera y metal chirriante, ignorando las miradas de curiosos que atraía inevitablemente por mi indumentaria. No era precisamente normal ver a alguien con una gabardina, un gorro y una máscara de calavera, pero tampoco era lo más extraño que podías encontrate en esa isla. Lo más seguro es que nadie intentase nada porque pensasen que pertenecía a alguna banda, por aquella zona reinaba la ley de "cada uno a sus asuntos y no preguntes"

Por fin llegué a lo que parecía una especie de calle principal, una serie de cubiertas de grandes barcos despejadas, e incluso despojadas de mástiles, ancladas unas con otras y con pasarelas que llevaban a los lados. Por fortuna aquella ciudad tenía na decencia de haber señalizado con carteles colgantes los diferentes distritos a los que llevaba cada pasarela. En uno de ellos s podía distinguir, pintura descascarillada sobre un cartel colgante de metal, una jarra de cerveza, supuse que ese era el camino a la zona e bares y tascas. Caminé entre la muchedumbre y me perdí de nuevo entre el gentío, torciendo en la pasarela y descendiendo a una zona de la ciudad cubierta por las sombras de velas y tablones de madera. Tras dos horas buscando entre los pasillos y pasarelas, por fin, un letrero de vieja madera, clavado en el casco de una caravela relativamente nueva dada la vuelta, en el cual se veía a un tiburón colgado con las branquias cortadas.

Abrí la puerta para encontrarme con unas estrechas escaleras que bajaban a lo que, en su día fue el techo de la bodega de aquel barco, ahora convertido en el suelo sobre el que descansaban las mesas y la barra. Un montón me miradas me recibió, juicios silenciosos de todos y cada uno de los parroquianos. Los murmullos seguían cada paso que daba sobre los escalones, preguntándose quién era ese extraño que acababa de llegar, muchos pensando que serían alguien que se había perdido y ha acabado en el lugar equivocado. Pero estaba en el lugar correcto, el punto de reunión que Rustal me había ducho, la misión esta vez era difícil y tenía que hacerla en colaboración a un tal Agente Omega. No tenía más que una simple y vaga descripción de este, pero confiaba en que estuviera entre las más de tres docenas de parroquianos de aquel garito de mala muerte. Y también esperaba no tener que beber ni quedarme aquí mucho tiempo, tenía la sensación de que en un momento a otro me tocaría interactuar con alguna persona y no acabaría bien.
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Mensaje por Omega el Dom 6 Sep 2020 - 2:11

Le habían trasladado en aquella ocasión al West Blue, en una de esas operaciones de intercambio entre agencias. Normalmente ese mar era asunto del Cipher Pol 3, pero dado que tenía contactos en el Bajo Mundo de ese mar y ya había colaborado con el CP3, habían enviado una petición al Cipher Pol 7 para que le enviasen temporalmente a una misión. Al parecer una farmacéutica que antes trabajaba para el Gobierno había empezado a meterse en aventuras menos legales, y tras el trabajo de otro agente habían descubierto que pertenecía a una organización mucho más grande, Concerto. Una vez llegó al mar, tras una entrevista con el capo Frank McCardle, se cobró un viejo favor con él haciéndole darle información sobre esa gente. Así se había enterado de que un contacto de Concerto con la farmacéutica operaba en Baristán. Tras informar al CP3, estos le habían solicitado que actuase junto con otro agente, Ral.

Baristán era un lugar curioso. Caótico, húmedo, peligroso, sí. Pero curioso, cuanto menos. No era la clase de lugar en que uno se aburría. Las pasarelas que cambiaban repentinamente de destino, las cubiertas balanceándose y los poco amistosos lugareños hacían que fuese la clase de sitio en que ir leyendo el periódico por la calle o escribiendo en el iDen Den Mushi era una terrible idea. Así pues encontrar el local donde debía toparse con el agente Ral fue un auténtico desafío. Si al menos hubiera podido recorrer la "isla" usando su geppou no habría sido problema, pero no le apetecía plantarse un cartel que pusiera "HOLA, SOY UN AMISTOSO AGENTE DEL GOBIERNO, QUIÉREME" en el pecho. Al final llegó al sitio, bajando unas escaleras de mala muerte hacia las entrañas de lo que parecía una carabela ligera marine. Hermosa ironía.

Para evitar llamar la atención llevaba un abrigo marinero, una gorra de mar, camisa negra y pantalones oscuros a juego, con unas botas también marineras. A nadie debería llamarle demasiado la atención un lobo de mar en, bueno, un puto cementerio de barcos. ¿Quién en su sano juicio había decidido que era un buen sitio para establecerse? Panda de chalados sin cerebro... cuando al fin entró en el "Tiburón degollado" no le costó reconocer al agente Ral. Es decir, era la única persona enmascarada del lugar. No era un atuendo precisamente discreto. Ahora... ¿cómo saber si realmente era el agente Ral y no un impostor? Dado que no conocía su rostro real... iba a ser difícil. Ah, qué diablos. Usaría la frase de reconocimiento A-17 del manual de la Academia de agentes. Si era del CP, sabría terminar la clave. Se aproximó y le dijo:

- Cuando el grajo vuela bajo...
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Mensaje por RAL el Dom 6 Sep 2020 - 2:47

- Hace un frío del carajo. - Contesté al extraño que se había puesto a mi lado. Esa era una frase de reconocimiento, una bastante básica, pero por lo menos era un indicativo de que estaba en el lugar indicado.

No dediqué una mirada al otro agente, hice como si fuera un encuentro casual, una conversación entre viejos conocidos, intercambiar miradas o gestos de complicidad podía volver este ambiente mucho más hostil de lo que ya estaba siendo, y el tabernero ya me estaba dirigiendo alguna mirada que exigía que pidiera algo. Si no quería estropearlo todo tenía que pedir algo, no acostumbraba a beber, menos en horario de trabajo, pero no quedaba más remedio, el caso era ¿Qué pedía?. Cerveza o ron, eran los brebajes más comunes que había en las mesas, pero la cerveza tenía gas, y no me hacía gracia la idea de eructar dentro de la máscara, menos con el sabor de las raciones de viaje aún en la boca. Levanté la mano para llamar la atención del tabernero y esperé a que se acercara.

- Dos vasos de ron. - Dije de forma seca, la voz mecánica pareció sorprenderle durante un momento, pero el "cada uno a lo suyo" tiró de su profesionalidad. Sin hacer preguntas sacó una botella de entre las estanterías y sirvió un par de vasos, no precisamente pequeños, para luego dejar que se deslizasen sobre la barra con un hábil empujón.

Tomé el mío y me dí la vuelta para encarar por fin al agente Omega, iba vestido de paisano, era una persona joven de pelo blanco y tez morena. Quizás fuese mejor que yo en fundirse con los autóctonos, aunque no tenía ropa propia de este sitio y, desde luego, no era una buena idea quitarme la máscara. Estaba más seguro con este atuendo que con cualquier otro, a pesar de que llamase más la atención. Llevé la mano al bolsillo y saqué una pajita de este, metiéndola en el baso y llevando el otro extremo a un discreto hueco en la boca de la máscara. Comencé a sorber el ron y de inmediato su fuerte sabor inundó mi boca, tragué y la sensación ardiente del alcohol bajó por mi esófago. Por eso era una buena idea la máscara, de no ser por ella mi expresión delataría que no era precisamente una buena bebedora.

- Y dime. - Comenté en tono un poco más bajo con la voz del filtro. - ¿Qué tal te va la vida?

Aquello era el equivalente de agente a "Compartir información valiosa". Si estuviéramos en un lugar más privado podríamos hablar sin tapujos, pero aquí era mejor hablar en código. Además, que un tipo sospechoso entrase y luego se fuera con otro que acababa de llegar era... más sospechoso todavía.
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Mensaje por Omega el Dom 6 Sep 2020 - 3:57

Le sorprendió la voz mecánica y monótona de la máscara. Al menos se había identificado como un miembro del Cipher Pol, porque si solía no mostrar su rostro y hablaba con un modulador de voz, el riesgo de que alguien le suplantase era real. Aunque por otro lado necesitarían su máscara o a alguien con acceso a una tecnología similar. En fin, no iba a ser él quien se pusiera a cuestionar el nivel de seguridad o subterfugio de alguien cuando era un hombre de pelo blanco y piel oscura. Era la clase de persona que todo el mundo reconocía al instante y a la que se señalaba por la calle. En cualquier caso, Ral pidió un ron para cada uno. No era su bebida preferida, pero ya había asumido que para pasar por uno más del lugar iba a tener que hacer cosas que no le gustasen. Cogió el vaso y bebió un trago de golpe, fingiendo tenerlo un momento en la boca y saborearlo. Por su parte su compañero usó una pajita que conectó a la máscara. Qué práctico. Y qué siniestro. ¿No se la quitaba ni para beber?

- Ya sabes, el trabajo es una mierda. En el barco en que estoy ahora tenemos un capitán obsesionado con la música. Tenemos conciertos a bordo a todas horas, incluso a la noche. No hay manera de pegar ojo.

Dedicó, para hacer la tapadera más creíble, dedicar unos minutos más a quejarse de su situación, mencionando cómo los músicos se creían dueños del lugar, trataban como escoria a los marineros y se pasaban el día drogados cuando no era su turno de tocar. Esperaba que Ral fuese lo bastante avispado para seguir el hilo de las pistas que le estaba dejando. Al fin y al cabo, para uno que supiera de qué hablaban, no estaban demasiado ocultas. No esperaba que hubiese un tipo de Concerto metido justo en aquella taberna atento a conversaciones que pudiesen usar un código en clave que les incumbiese.

- El caso, tengo un colega que me va a pasar unos somníferos, y seguramente tenga algunas otras "pirulas" interesantes. ¿Te vienes?

Cuando Ral aceptase, si es que lo hacía, pagaría la cuenta, acabaría su vaso y saldría del local. Al fin y al cabo, con su rango y el sueldo que cobraba estaría feo que le hubiese hecho pagar a un iniciado. Él mismo había estado cobrando el sueldo base hasta no hacía tanto y no era para tirar cohetes.
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Mensaje por RAL el Dom 6 Sep 2020 - 20:18

Era la información que esperaba escuchar, aunque cifrada y con detalles vagos, era la confirmación que decía que estábamos sobre una buena pista, por fin Rustal había dado con uno contacto que no era inútil. Si lo había entendido bien no sólo había encontrado a alguien de Concerto, sino que se las había arreglado para establecer un punto de reunión con esa persona. Omega terminó rápidamente la copa y pagó por las consumiciones, por mi parte sorbí por la pajita lo que quedaba de ron y aguanté las arcadas lo mejor que pude para salir detrás de él.

- Y dime, ¿dónde has quedado? - Pregunté mientras estábamos en las escaleras y reservé la segunda pregunta para cuando estuviéramos fuera del aquel garito. - Esta ciuadad es un laberinto, ¿estás seguro de que tu amigo no se perderá? a lo mejor tiene que venir con alguien que le haga de guía. - Dejé sobre la mesa la posibilidad de que esto fuera una trampa o de que hubiera más personas de las esperadas. - En fin, si la mercancía no nos convence siempre podemos preguntarle por más indicaciones.

Estaba claro que si el contacto no era de confianza o lo suficientemente importante siempre podíamos sacarle la información, pero rara vez sabían algo relevante, la cadena de información en organizaciones como esa estaba bien cuidada, habiendo gente que ni siquiera conocían el rostro de aquel para quien trabajaban. Pero quienes podían saber algo interesante eran las personas que acompañasen al contacto, al fin y al cabo eran los que tenían que rendir cuentas a la persona para la que trabajasen, informar de lo sucedido y recibir ordenes más específicas. Si era una cantidad manejable bastaba con dejar uno o dos vivos para poder averiguar qué se estaba cociendo en Baristán.

De todas formas mi mayor preocupación ahora no era eso, no sabía con seguridad si había alguien siguiéndome, si Omega tenía algún contacto era posible que alguien lo estuviera siguiendo a él, o puede que no, puede que todo esto fuera yo dejándome llevar por la paranoia. Desde luego estos callejones tenían la capacidad de llevar la precaución a un nivel tóxico. Hice ademán de rascarme la nariz, con un gesto sorprendido, como si no me acordase de que llevaba la máscara, un gesto de complicidad para decir de forma silenciosa que no bajase la guardia.

- Bueno, Tú conoces el camino, así que te sigo. - Comenté a mi compañero haciendo un educado y algo teatral gesto para que liderase la marcha. Sólo esperaba que no hubieran cambiado de sitio más calles y no nos tocase deambular más sin rumbo por aquellos apestosos callejones de la ciudad flotante.
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Mensaje por Omega el Mar 8 Sep 2020 - 0:47

- No creo que tenga esa clase de problemas. Es un lugareño - aclaró Atsu - Aún no he quedado con él, pero recibe a la gente en su casa sin problemas. Si vamos allá seguro que nos atiende. Aunque puede que haya más clientes y tengamos que esperar un poco.

Esperaba que captase bien el mensaje, aunque no importaba mucho. Tenía intención de buscar un lugar discreto y ponerle al corriente del plan de acción. Pero lo primero era lo primero: tenían que lograr llegar enteros, lo que no era poco. Su objetivo, Steffan Farel, tenía su base en una zona poco transitada y muy inestable de Baristán. El lugar era una trampa mortal lleno de pasarelas a punto de caerse en cualquier momento, barcos tan viejos que sus tablones podían ser arrancados con la mano desnuda e incluso algunos habitantes poco amistosos: desde criminales particularmente territoriales a algunos depredadores marinos como tiburones de gran tamaño que vagabundeaban entre los barcos o cangrejos gigantes. Así pues le guió hacia ese terreno, y en cuanto estuvieron sobre una plataforma que era un antiguo castillo de popa, le hizo un gesto para que se detuviera. Entonces cerró los ojos y se centró en su "sexto sentido", esa habilidad que había descubierto en Water Seven. No percibía más Voces en torno a ellos, solo las suyas.

- Estamos solos - dijo abriendo los ojos - De todos modos procura hablar en voz baja. Intuyo que esa máscara tiene un modo susurro, ¿no? - no tenía muy claro cómo funcionaba ese aparato - En cualquier caso, aquí podemos hacer un breve sesión informativa. Nuestro objetivo es Steffan Farel. El CP3 no tiene nada sobre él, pero tras un par de llamadas descubrí que es nativo del South Blue, así que contacté con el CP2. Este señor tiene páginas enteras de historial. Traficante de armas, narcóticos, personas, objetos robados, terrorismo, actos revolucionarios, compraventa con piratas, blanqueo de capitales... este señor no es un criminal a la usanza, es un intermediario. Su especialidad son las habilidades sociales, aunque probablemente no sea profano al combate. Hasta ahora el CP2 lo había tolerado porque en ocasiones colaboraba con los agentes de allí a cambio de inmunidad parcial, pero hace medio año que se había esfumado. Parece ser que Concerto lo ha contratado como nexo con otras organizaciones. Se dedica a negociar algunos contratos y transmitir órdenes y mensajes a los grupos anexos como la farmacéutica que has estado estudiando.

No se fiaba de que aún estuviesen solos, así que se detuvo un momento y volvió a rastrear los alrededores con su habilidad. No percibió nada nuevo salvo un animal nadando bajo el barco, alejándose de la zona. La Voz era demasiado primal para pertenecer a un hombre, así que no le dio mayor importancia.

- Farel se refugia en la zona vieja de Baristán, el lugar perfecto para matarse accidentalmente si eres un descuidado. Será un viaje movido. Nos esperan posibles pandilleros buscando sacarnos a cadenazos de su territorio y tal vez algún depredador. Además la madera de esos barcos es de lo mejorcito: tan vieja que un mal paso y nos iremos directos al agua. La residencia de Farel es un antiguo galeón que al parecer se ha tomado la molestia de decorar como una casa y muy probablemente reforzar desde el interior para que no se le venga encima - sacó una foto del lugar y se la enseñó - Me gustaría antes de continuar que me hables de cuáles son tus especialidades para tenerlas en cuenta. Por mi parte, soy especialista en combate cuerpo a cuerpo y con armas de fuego a corta distancia, y en manejo de explosivos.

Una vez estuvieran listos y se hubiesen explicado sus habilidades, sería hora de continuar avanzando.
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Mensaje por RAL el Mar 8 Sep 2020 - 23:24

Y en efecto, nos tocó deambular, aparentemente sin rumbo por los callejones de Baristán, por calles cambiantes de madera y peste a agua estancada. Por un momento estuve a punto de preguntar si se había perdido, pero pronto me percaté de un detalle. Cada vez había menos personas a nuestro rededor, los callejones atestados se fueron vaciando a cada esquina que girábamos hasta el punto de no escuchar ni ver ni un alma a nuestro alrededor. Me había traído a un sitio donde pudiéramos hablar sin un código.

El peliblanco se mantuvo unos segundos en silencio antes de abrir la conversación, o más bien informarme de los detalles de la misión que teníamos entre manos. Steffan Farel, por la descripción se podía decir que más que alguien que se ha dedicado a tantos crímenes era un comodín, una especie de traficante de contactos, o como bien él dijo, intermediario. Alguien tan cauteloso que el CP2 había tolerado sus actividades y el CP3 no tenía manera legal de encargarse de él. Si él estaba detrás de la coordinación de actividades criminales, y en especial de Concerto, significaba que era una oportunidad de oro para lisiar la cadena de mando de la organización. Omega me pasó una foto, un antiguo galeón que había sido reforzado y habilitado como vivienda. El camino hasta este estaba lleno de madera traicionera, pandilleros y alguna que otra criatura de la fauna local. Cada vez me "gustaba" más Baristán. Por último me preguntó por mis especialidades, algo justo dado que tendríamos que trabajar.

Llevé la mano a mi espalda, por debajo de la gabardina, y saqué mi arma. Purgatio, mi fiel compañera, mi escopeta preferida... y la única que podía llamar verdaderamente mía. Revelé bajo la gabardina tanto los bolsillos como las diversas cartucheras con varios tipos de munición. Inspiré antes de decir nada, procuré vivir el momento y sentir cómo el arma se cargaba con un sonoro "clack-clack" al mover el guardamanos de delante a atrás. Solté el aire y miré a mi compañero.

- Mi especialidad es investigar, rastrear y eliminar. - Hice una pequeña pausa para mirar el camino que teníamos por delante. - Como un perro de presa. - Paré de nuevo, tenía que pensar las palabras antes de decirlas, pero tampoco quería pausar demasiado la conversación para que esto se volviera una situación inquietante. - Ese galeón debe de tener pilares, si los encontramos puedo distraerlos mientras los vuelas. Si no muere por lo menos se quedará sin base y sin casa a la que volver... - De nuevo hice otra pausa, más que nada para poder añadir algo más de seriedad a mis palabras. - Será presa fácil.

Si no tenía más que añadir haría un gesto con la cabeza para darle a entender que estaba lista. Confiaba en que el suelo no nos diera problemas y si algo se ponía delante... no conocía a muchas personas que se quedasen mucho tiempo cuando empezaba a apretar el gatillo delante de ellos.
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Mensaje por Omega el Vie 11 Sep 2020 - 10:02

Eliminar a Farel era el camino fácil, y ciertamente con su licencia para matar nadie les diría nada, pero aunque era el método fácil y expeditivo, no era el mejor. Sin embargo no le acababa de parecer tan mala idea toquetear los puntos sensibles del galeón y volarlo todo. Con explosivos de baja potencia le daría tiempo a Farel a salir asustado, y entonces podrían secuestrarlo y llevárselo con ellos.

- Matarlo sería perder una oportunidad de oro para obtener información sobre las actividades de esa gente y el vínculo entre Concerto y sus empresas subordinadas. En lugar de eso, colocaré cargas poco potentes. El barco se desplomará, pero le daré tiempo suficiente para que salga de su hogar. Y entonces, estaremos esperándole.

La voz mecánica de su compañero seguía resultándole inquietante, y no ayudaba que hiciera esas pausas siniestras en medio de la oración. Eran agentes de neutralización, correcto. ¿Significaba eso que tenían que comportarse como villanos de cómic? ¿Tenía que raparse la cabeza, comprarse un sillón rotatorio y un gato y aguardar a sus presas sentado de espaldas a ellos? Probablemente el gato tendría que ser de pega, no le apetecía tener que estar pendiente del bicho solo por hacer la entrada.

- En fin, normalmente abogo por tácticas y armas algo más discretas... pero en este lugar no conviene andarse con miramientos.

Dejó caer el abrigo, revelando que era un hombre menos corpulento de lo que había aparentado, pues parte del bulto era porque llevaba a la espalda un maletín atado a modo de mochila. Se soltó el arnés y colocó el maletín sobre la balaustrada, abriéndolo al momento. En cuando lo hizo se desplegaron varios compartimentos llenos de pequeñas bolas metálicas, cargadores de armas y en el último su Ak-T-Meto, su rifle de precisión de precisión reconvertible en fusil de asalto. Comenzó a montarlo en modo de asalto, dejando la mira de precisión replegada. Le puso un cargador de asalto y se cogió otros dos por si las moscas: uno más de asalto y otro de precisión. Tras eso sacó seis Sorpresas de Cumpleaños y cerró el maletín. Entonces comenzó a inspeccionar por la zona hasta encontrar una zona donde los tablones estaban sueltos. Los levantó y guardó el maletín entre estos y una viga del barco. Entonces se volvió a poner el abrigo, se guardó las cosas en el abrigo y colocó una bala en la recámara del fusil.

- Estamos listos.

Tras eso dio un salto hacia la plataforma inferior. No fue su más lúcida idea, pues esta crujió sonoramente y por un momento estuvo convencido de que iba a quebrarse y mandarlo al mar. No fue el caso, por suerte. Armados hasta las cejas, continuaron el recorrido hacia la casa de Farel. Solo les faltaba caminar lenta y amenazadoramente para parecer villanos de cómic. Y el gato.
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Mensaje por RAL el Sáb 12 Sep 2020 - 18:08

Por lo menos Omega parecía que venía bien equipado, había escondido sus útiles bajo el abrigo, revelando ahora que era menos corpulento de lo que aparentaba. Su equipo era intrigante como poco y, si la vista no me fallaba, más refinado que el mío. No es que me quejase, Purgatio era la niña de mis ojos, pero me tranquilizaba ver que alguien traía los deberes hechos de casa. Esperé a que se preparase y escondiese sus cosas. Con la táctica hablada y el equipo listo el agente saltó a una plataforma que, por un segundo, dio la sensación de que cedería bajo sus pies. Aprendiendo de sus errores descendí con más cuidado hasta ponerme a su lado y ambos nos pusimos a caminar amenazadoramente en dirección a la casa de Farel.

No terminé de dar el cuarto paso cuando, lejos de romperse, el tablón que tenía bajo mi pie ni siquiera estaba clavado al suelo, cediendo y dejándome caer con un nada amenazador "Kya". Lo peor era que el tablón hizo palanca en la viga sobre la que estaba anclado, amenazando con golpear a Omega. Por fortuna, antes de caer a las aguas estancadas del fondo pude agarrarme al mástil inclinado de un barco medio hundido y balancearme hasta otra plataforma más sólida. Por fortuna los tablones de esta aguantaron y le hice una señal a mi compañero con el pulgar para indicarle que estaba bien. Este camino era un campo de minas, literalmente, pero había algo que me parecía raro, cuando pisé los tablones de al lado tenían aspecto de estar carcomidos, pero el que había pisado estaba relativamente bien. Que un tablón con ese aspecto le faltase casualmente un clavo era sospechoso, pero también era posible que la paranoia me estuviera jugando una mala pasada.

- No es sólo que este sitio esté en pésimas condiciones. - Pateé la tabla que había cedido bajo mi pie una vez subí por unas escaleras que había a un lado. - Creo que algunas partes las han alterado a propósito para que sean trampas.

Cogí el tablón y lo puse al lado de otro en peor estado, dándole la vuelta para mostrar que ni siquiera tenia un agujero que mostrase que en ese sitio hubo un clavo. Cuando observabas mejor la paranoia desaparecía y empezaban a salir pruebas de que de verdad no era imaginaciones. Alguien no quería compañía inesperada y había alterado este camino de tal forma que incluso los habitantes de la isla no les pareciera buena idea llegar.

- Pero hay algo que podemos aprovechar. - Dije a la vez que tiraba el tablón al mar. - Si ha puesto tramas deben de haber puesto una forma de marcarlas. Algo discreto que sirva para que un aliado las identifique.

Si se trataba de una señal o un patrón debíamos estar atentos para identificarlo y poder evitar las trampas que pudiera haber por la zona. Si encontrábamos algo podríamos avanzar más rápido y lo que era mejor, sin preocuparnos por alertar a nuestro objetivo y así poder conservar el factor sorpresa.

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Mensaje por Omega el Dom 13 Sep 2020 - 8:16

Había sonidos realmente terroríficos en el mundo. Escuchar pasos en tu habitación cuando estás totalmente solo en casa, por ejemplo. El de la puerta abriéndose cuando te has colado en un sitio y no hay más salidas. El del último trozo de papel higiénico despegándose del cartón cuando estás en un apuro. Pero ninguno de ellos llegaban a ser ni la mitad de escalofriantes que aquel horrendo sonido de ultratumba que emitió la máscara de Ral. Probablemente aquel gemido hubiese sido casi mono dicho por una chica joven, o risible y cómico por un hombre adulto y fornido. Pero aquella voz metálica y monótona hacía que pareciese un chillido salido de las más hondas profundidades del Averno. Fue tan siniestro que apenas notó el golpe de la tabla de madera contra su entrepierna, aunque sí que soltó un "auch". Por suerte el agente se las apañó sin ayuda para volver a suelo estable sin caer al agua, ahorrándole saltar tras él a ayudarle.

- Ten más cuidado, iniciado - dijo, tratando de mantener una voz neutra - Soy fuerte, pero me gustaría tener descendencia el día de mañana.

Su compañero pasó a apuntar que probablemente habría una manera de pasar por aquel sitio, y qué tal vez estuviera señalizada de alguna manera. No le faltaba razón del todo, pero no estaba convencido. Estaban rodeados de mar, nada les impedía ir en barca a otras partes de la ciudad. O, por otro lado, puede que simplemente hubiese alguna clase de patrón en las trampas, uno que conociéndolo fuese posible evitarlas sin necesidad de saber dónde estaban de antemano o poner señales visuales que otros pudieran reconocer. El agente suspiró silenciosamente y se agachó.

- Necesito que golpees el suelo. Simplemente da patadas o taconazos. No necesito que sean muy fuertes, solo contundentes. Al menos seis, y espácialos cuatro segundos.

Apoyó las manos en el suelo, cerró los ojos y esperó. Era especialmente sensible a las vibraciones y creía ser capaz de reconocer, con suficiente concentración, las irregularidades en la pasarela. En el primer golpe la gran cantidad de vibraciones diferentes simplemente lo confundió. Casi todos los tablones parecieron rechinar y temblar individualmente con diferente intensidad, evidenciando que no era una construcción estable o unificada. Sin embargo con los siguientes golpes fue reconociendo patrones. Había zonas más sueltas que vibraban diferente. Fue memorizando sus posiciones y haciéndose un mapa mental.

- No sé si hay alguna ayuda visual, pero claramente hay un orden a seguir. Hay un camino entre las trampas. Sigue en línea recta a un metro del borde izquierdo durante cinco, para luego continuar la misma distancia pero a un metro del borde derecho. Y así constantemente: primero cinco metros cerca de un borde, luego cinco por el siguiente, como si siguiese la forma de una cremallera - se levantó y se sacudió las manos - Honestamente, me parece casi una pérdida de tiempo seguirlo.

Por un momento se planteó decirle que avanzasen usando geppou, pero si alguien les veía estarían diciendo a gritos que se acercaba gente peligrosa. Qué remedio. Comenzó a avanzar siguiendo el camino seguro, procurando ser cauteloso y mirar siempre dónde pisaba, pero sin perder el tiempo.
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Mensaje por RAL el Dom 13 Sep 2020 - 18:19

Escuché las palabras del agente Omega, parecía que tenía un plan, o más bien el oído de un murciélago. Con un poco de escepticismo agarré la escopeta y le dí la vuelta para tomarla por el cañón. Me puse a un lado de la pasarela y, tal y como me dijo, golpeé de forma contundente el travesaño de uno de los extremos. La madera retumbó bajo nuestros pies, personalmente no notaba nada extraño, pero a juzgar por la cada de concentración a cada golpe parecía que se acercaba a algo. Abrió los ojos, había un patrón, cinco metros a un lado y cinco a otro, parecía que era la ruta correcta para llegar a la mansión.

Tal y como había dicho, cuando cambiamos un par de veces de la do sin ningún percance me fijé en una cosa, cada cinco metros salía de entre las olas el mástil de una embarcación hundida a unos pocos metros de la pasarela, con los restos de las velas apuntando hacia el lado que debíamos tomar. Era una indicación un poco cruda, pero se fundía perfectamente con la ciudad flotante y los restos de antiguas naves de los que estaba formada.

Por un momento me pareció notar cierto aire de impaciencia en mi compañero, pero supuse que no podíamos apresurarnos, no era un lujo que pudiéramos darnos en medio de territorio hostil lleno de trampas. Un paso como el de antes y podía significar el fin de la operación y de nosotros. Más por curiosidad que por precaución me asomé a uno de los bordes de la pasarela, mirando al lado en el que se supone que había una trampa. Ocultas bajo las olas había tablones afilados apuntando hacia arriba, si alguien caía ahí las lesiones podían ahogarlo. De todas formas, sin incidentes logramos acercarnos a los restos del barco transformado en vivienda. Puse una mano en el hombro de Omega, sabía que no seguiría avanzando de frente, pero necesitábamos un plan de aquí en adelante, nada más torcer una esquina estaríamos a la vista de cualquiera que estuviera vigilando.

- Si voy caminando es posible que sospechen, pero la incertidumbre atraerá su atención a mí el tiempo que tardo en llegar. Si encuentras otro camino estoy seguro de que podrás hacer lo tuyo sin que te molesten. - Comenté el plan ahora que estábamos a punto de empezar. - Sólo dime el tiempo que necesitas y procuraré gestionarlo.

Si sólo tenía que ganar tiempo era algo sencillo, caminaría de forma casual por la pasarela, estaba seguro que al encargarse de tantos negocios turbios no les extrañaría demasiado ver a alguien con mi aspecto aproximarse. De todas formas en cuanto nuestro objetivo me viese y no reconociese mi aspecto los pondría en alerta, una vez hicieran eso trataría de ser yo quien diese el primer disparo. A partir de ahí lo único que necesitaba hacer era encontrar cobertura y mantener su atención en mí mientras Omega se encargaba de su parte.

- Ah, y necesitaremos saber dónde esperaremos a nuestro invitado.
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Mensaje por Omega el Lun 21 Sep 2020 - 23:33

En cuanto Ral lo paró, Omega frunció el ceño. No le faltaban razones para querer planear bien eso. Observó el ahora visible galeón y vigiló los puntos cercanos. Había un barco algo más grande a unos treinta o cuarenta metros. Desde el puesto de vigía del mástil sería posible vigilar bien los alrededores. En cuanto a lo otro... el tiempo no sería un problema serio. Con tener distracción para que el ruido que tuviese que hacer al entrar no llamase la atención, podría apañárselas para actuar rápido. Le preocupaba más que Ral fuese capaz de mantener su atención sin que intentasen pegarle un tiro allí mismo, pero tendría que fiarse de él. Parecía bastante capaz.

- El tiempo no es un factor problemático. Una vez esté dentro no me llevará más de medio minuto poner las cargas. Las he diseñado para que sean de rápida inserción. Lo que voy a necesitar es que estén ocupados cuando vaya a entrar, porque voy a tener que romper el casco y eso hará ruido.

Podía intentar colarse en el barco por arriba e ir desde ahí hacia la bodega inferior, pero dudaba que fuese el mejor plan. Aunque era discreto, no era el más hábil de los espías. Por algo era de neutralización y no de infiltración. Era bueno en entrar en sitios por la fuerza y eliminar a todo el mundo. Tendrían que planear de acuerdo a sus capacidades, y por eso prefería asumir que iba a hacer ruido. En cuanto al tema de por dónde escaparía Farel... eso era problemático. En apariencia la "casa" daba únicamente a la pasarela por la que estaban avanzando, pero probablemente tendría alguna salida posterior o de emergencia. Alguien tan escurridizo tendría una contingencia. Fue entonces cuando señaló al mástil del otro barco.

- Una vez coloque las cargas, subiré hacia allí. Si no sale por la puerta principal, lo veré y te alertaré. De todos modos si puedes evitar que consideren que la puerta principal es un lugar peligroso, mejor. Preferimos que salga por ahí. Por cierto, ¿cómo sabré que has empezado la distracción y que puedo penetrar el casco?

Una vez hubieron ultimado los detalles finales, se asomó al borde de la pasarela y saltó. Empezó a alejarse velozmente con su kamisori, desplazándose entre los barcos. Al avanzar hasta el cascos del barco de Farel buscó un punto donde posarse, pero no encontrando nada que le convenciera, empleó su geppou kenpo para quedarse estático en el aire frente al navío. Entonces arrancó un par de tablones del podrido casco, revelando la capa de madera nueva que habían puesto desde dentro. Se agarró al hueco que había hecho en el casco y apoyó los pies para tener más estabilidad. Entonces simplemente esperó.
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Mensaje por RAL el Mar 22 Sep 2020 - 0:54

Me giré al agente Omega antes de que este se marchara, habíamos acordado un plan de acción y un lugar de extracción, sólo quedaba la señal que necesitaba para colarse y comenzar a colar las cargas.

- Lo sabrás cuando empiece el ruido. - Y tras eso cada uno partimos por nuestro lado.

Omega se perdió entre los tablones, mientras que yo caminé tranquilamente por la pasarela, de manera natural y sin parecer alguien que se había perdido. Tenía que comunicar confianza, que pensasen que quería estar ahí, que no me importaban los guardias porque no me harían daño. Tenía que parecer alguien que pudiera ir a hacer negocios. Un paso tras otro me acercaba, podía ver movimiento entre la madera y las ventanas, brazos, dedos que me señalaban y escuchaba el retumbar de pasos apresurados. Tenía su atención sobre mí. Cuando estaba frente a unas escaleras que ascendían una decena de peldaños las puertas se abrieron y cuatro hombres armados con rifles salieron. Termine de ascender y acabé e una pequeña plaza hecha con restos de madera y metal, varios tiestos y floreros con plantas algo mal mantenidas que querían imitar un jardín, y una fuente en el centro hecha con el mascarón de proa con forma de sirena.

- ¿Quién eres y qué quieres? - Gritó uno de ellos, aunque por ahora mantenían las armas bajas, no había mostrado ser una amenaza, por lo que no tenían que encañonarme.

- Vengo a ver a Farel. - Comenté con voz alta y calmada. - Decidle que es para hablar del tema de la Botica.

Dudaron durante un momento y se miraron entre ellos, el portavoz le hizo una señal a uno de ellos, quien corrió al interior. Los segundos siguientes de espera se hicieron eternos, se notaba que estaban tensos, pero no podían arriesgarse a amenazar a un posible invitado del jefe. Por mi parte estaba reconociendo y familiarizándome con el terreno, el número de amenazas y lo que tardarían en apuntar. Tras un par de minutos el hombre que había entrado apareció de nuevo, susurrando algo a sus compañeros.

- Si eres de la organización será mejor que digas la contraseña antes de poder entrar. - Comunicó a la vez que su compañero volvía a su posición.

Chasqueé la lengua, no esperaba que fueran tan cautelosos como para tener una contraseña en estos casos, aunque ahora que lo pensaba parecía ser lógico. Empezó a contar atrás, parecía que se estaba descubriendo el pastel. 5, 4... sus compañeros tomaron los rifles con ambas manos. 3, 2... se escuchó como los amartillaban. Antes de que llegase el uno un disparo resonó por la plaza, el cañón de mi arma humeaba con el primer disparo, la madera de la barandilla que los cubría había estallado ante una lluvia de plomo, el hombre que estaba detrás cayó al suelo con el pecho reventado. Esa era la señal. No perdí el tiempo y me cubrí tras uno de los maceteros antes de que las balas silbasen sobre mis hombros. Era la hora de que Omega hiciera lo suyo, por mi parte tenía un plan para hacer que Farel saliera.
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Mensaje por Omega el Mar 22 Sep 2020 - 1:52

El disparo fue el sonido que necesitaba. Sonaba más cerca de lo que le había gustado de la puerta principal, pero tampoco podía pedirle milagros a Ral. Se colgó del hombro el fusil con la correa y entonces se preparó para golpear. Aprovechando que tenía el brazo izquierdo descolgado porque era el que había usado para agarrar el fusil, cargó el puño hacia atrás y lanzó un potente Demolitioner contra la zona dañada del casco, abriendo un notorio boquete en este. Lo suficiente como para colarse en el interior, cosa que efectivamente hizo. Cayó en un lugar húmedo y oscuro, con un fuerte olor acre que no lograba identificar. Además de diferentes pilares que salían del barco, probablemente uniéndolo a los otros barcos cercanos y a los escollos del fondo marino sobre los que se formaba Baristán, había cajas por aquí y allá. Antes de pasar a su trabajo, abrió varias al azar. Había paquetes, de distintos tamaños según la caja. Estaban cubiertos por un papel marrón. Tras desempapelar uno comprobó que tenían blísteres con pastillas. Era lo mismo en las otras cajas, aunque las pastillas cambiaban. Tras dudar unos segundos, se guardó un blíster de cada caja.

- Y ahora... al trabajo.

Sacó las sorpresas de cumpleaños y las colocó en diez segundos, sin pulsar el botón de detonación todavía. Repartió las seis sorpresas: cuatro para los pilares y dos para el suelo del barco, dejando pulsado el botón para que soltasen el adhesivo y se pegaran. Como era el creador de esos dispositivos y sabía cómo funcionaban, trucó los botones al pulsarlos para que se quedasen encajados y no se activase la cuenta atrás aún. Tal vez debería haber puesto el botón de la detonación y el del adhesivo por separado. O una cuenta atrás máxima más larga. Treinta o cuarenta segundos. Una vez tuvo todas distribuidas, comenzó con la fiesta:

- ¡Soru!

Comenzó a pasar al lado de cada carga velozmente, pulsando el botón para que se desbloquease y comenzase la cuenta atrás. Lo hizo con toda la presteza y velocidad que pudo y en cuanto hubo acabado, se lanzó con su kamisori hacia el boquete y corrió por el aire hacia el mástil que le había indicado a Ral. A su espalda sonaron varias detonaciones y la mole del galeón crujió y se quejó sonoramente. Pronto empezaría a hundirse cuando el agua comenzase a hacer pesar demasiado la estructura para los destrozados pilares, pero los habitantes lo notarían mucho antes. Se situó sobre el cesto de vigía y se descolgó el fusil. Colocó la mira de precisión, cambió el cartucho por el de balas de alto calibre y cambió el modo de disparo a acción manual, el que usaba el modo de francotirador. Tras eso se posicionó y aguardó. Si Farel intentaba huir, le reventaría las piernas.
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Mensaje por RAL el Mar 22 Sep 2020 - 13:44

Las balas pasaban por encima de mi cabeza, los disparos reventaban los bordes de los maceteros de madera y cerámica a la vez que arrancaban las pocas ramas sanas de los setos y arbustos que contenían. Cada vez que la cuenta de disparos me indicaba que uno de ellos estaba sin munición me asomaba para disparar, pero su formación era sólida. Me habían forzado a cambiar de posición dos veces y yo me había encargado de sólo tres de ellos, mientras que seguían saliendo del interior de la mansión, amenazando con rodearme.

- Dinos quine te envía y te prometo que morirás rápido. - Una frase cliché, pero estaban en posición de decirla.

- Farel sabe perfectamente quien me envía ¿Acaso no os lo ha dicho? - Se podía escuchar la confusión entre sus hombres, los disparos se detuvieron. - El Inversor no tolera que juegue a dos bandas, así que me ha enviado a encargarme de vosotros.

Aquel nombre hacía que me hirviese la sangre, simplemente mencionarlo hacía que me sintiera sucia, pero estaba detrás de muchos negocios turbios, que fuera él el contacto de Farel era una apuesta segura. Se miraron confusos hasta que unos pasos apresurados se escucharon sobre la madera, no podía verlo, pero por lo confiados que sonaban en un tiroteo supuse que se trataba de nuestro hombre.

- ¡Sabía que esa rata trajeada trataría de quitarme de en medio! - Su voz resonó por toda la plaza, furiosa e indignada. - ¡Dame eso! - Pude escuchar como le quitaba el arma a uno de sus hombres y comenzaba a disparar contra mi cobertura. - Dale mis saludos cuando llegue al infierno.

Y entonces una serie de estruendos amortiguados se escucharon. La mole comenzó a tambalearse, distrayendo a todos menos a Farel, quien seguía obcecado en dispararme, hasta que escuché un "Clink". Sólo un idiota usaría esos rifles, soltaban el clip que usaban para cargarlos cuando estaban vacíos y hacían un ruido característico, un arma que avisaba a todo el mundo cuando estabas recargando, los debían haber conseguido baratos. No había perdido el tiempo, había cargado un par de cartuchos naranjas en la escopeta mientras me disparaban, y estaba esperando el momento adecuado para salir.

Antes de que cayera el clip me asomé por encima, disparando el primer cartucho. Una veintena de perdigones en llamas salieron de la boca del cañón, engullendo en una llamarada a dos hombres a la derecha de Farel y creando una estela de llamas. Un segundo disparo repitió el proceso al otro lado, dejando solamente un pasillo con paredes de fuego y su casa que se hundía lentamente a sus espaldas. Tenía que agradecerle a Claris, estos cartuchos de fósforo habían demostrado ser útiles.

- Y bien Farel... Parece ser que no tienes escapatoria. - Me levanté mostrando todo mi cuerpo, la confianza era el mejor escudo que podía pedir en este momento, la confusión mi armadura y el miedo sería mi espada en caso de que intentase algo.
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Mensaje por Omega el Mar 29 Sep 2020 - 3:14

Una vez subió a su posición elevada, se acomodó y preparó el fusil pasándolo a modo de precisión. Escuchaba ruidos de tiroteo aún que las detonaciones no parecían haber detenido. Sobre la plaza flotante justo frente a la casa de Farel se había desarrollado una batalla campal. Un nutrido grupo de gente disparaba desde fuera de la casa y desde esta a Ral, intentando posicionarse para pillarlo fuera de cobertura. El agente se movía bien, pero era evidente que eran demasiados. Sería mejor que le echase una mano y limpiase terreno. ¿Qué podría haber hecho para cabrearlos hasta el punto en que ignorasen que su casa estaba viniéndose abajo y se centrasen en intentar matarlo? No le quedaba más remedio que intentar eliminar a los más problemáticos, así que decidió centrarse en los que estaban en posiciones elevadas. Había uno que estaba dirigiéndose a lo alto del antiguo castillo de popa del barco subiendo por una escalera de mano. Empezó centrándose por ese. Contuvo la respiración, alineó la mirilla con su cabeza y siguió cuidadosamente sus movimientos. Entonces apretó el gatillo, sentenciándole.

- Uno menos.

Tiro de la palanca y cargó la siguiente bala en la recámara, dejando caer el casquillo aún humeante sobre el suelo del puesto de vigía. Volvió a revisar las posiciones de los tiradores enemigos y vio a uno asomando desde una ventana de la "casa". Un fogonazo llamó su atención, así que decidió desviar por un instante la mira. Ral acababa de usar alguna especie de munición incendiaria para dejar el camino despejado hacia... oh, vaya. Un hombre trajeado. "¿Quién podría ser?" pensó irónicamente Atsu.

Decidido. Tenía que abrirle camino a lo grande. Tras ese bonito despliegue de medios no iba a robarle la gloria de arrestar al criminal en persona. Disparó primero la bala en la recámara contra el tirador de la ventana, que estaba la posicionado y listo para abrir fuego contra su compañero. A continuación quitó el cargador, tiró de la palanca para liberar la recámara y pasó a modo de asalto. Cambió al segundo cargador, el de balas de calibre menor, pero no cambio la mira de precisión por la de hierro. Entonces empezó a hacer llover plomo sobre la plaza, abusando del tiro semiautomático y la gran capacidad del cargador para disparar a placer y otorgar fuego de cobertura preciso a Ral. Con suerte, le compraría suficiente tiempo para ir contra Farel y asegurarlo.
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Mensaje por RAL el Mar 29 Sep 2020 - 22:41

Omega no se hizo de esperar, mientras ejecutaba mi distracción el agente comenzó con el apoyo, ahora que había salido de mi cobertura podía apreciar la extensión de su intervención. La casa estaba destrozada y hundiéndose, varios hombres por el suelo a los cuales no había matado. Los que quedaban en pie y no estaban en peligro por las llamas ahora le prestaban atención a él mientras se acercaba cubriéndome. Las distracciones habían desaparecido de en medio, el escenario estaba listo para que los actores principales brillasen.

Farel sacó un cargador del bolsillo pero el sonido de los disparos hizo que se sobresaltase, el clip cayó al suelo al tiempo que comenzaba a dar los primeros pasos entra las paredes de llamas. Me miró nervioso y tiró el rifle al suelo, llevando la mano a la espalda y sacando un revolver al ver que estaba acorralado. Comprobó que estuviera cargado y apuntó en mi dirección, su rostro ya se mostraba desfigurado y su mirada dubitativa, pero aunque su arma temblaba se mostraba reacio a bajarla.

- Será mejor que aciertes Farel, porque una vez llegue a ti, créeme, no vas a querer pulsar ese gatillo. - Dije con tono amenazante a la vez que mis botas prácticamente se clavaban en la madera que pisaba.

Un primer disparo pasó al lado de mi oído izquierdo, la bala silbó en el aire, perdiéndose tras de mí. Aunque aquel hombre había cogido su arma con ambas manos el retroceso hizo que las levantara, no estaba acostumbrado a ese calibre. Otros dos disparos nerviosos, uno astilló la madera a mis pies mientras me acercaba mientras que el otro agujereó mi gabardina. Un cuarto rozó mi hombro cuando estaba a menos de diez metros, abriendo una herida en este, aunque podía ignorar el dolor, todo con tal de hacer que temiera más lo que estaba por venir. Por fin a tres metros apuntó a mi cabeza, un movimiento predecible que pude esquivar apartándome a un lado. Di un paso rápido y agarré el arma por su cañón, notando como el calor que emanaba permeaba mis guates de cuero. Di otro paso y golpeé su costado, haciendo que se doblase, tras eso puse el brazo tras su codo para poder doblarlo y agarré su arma por la mano en vez de el cañón, haciendo presión para que no apartase el índice del gatillo. Empujé su brazo hasta doblarlo contra su voluntad a pesar de sus gritos y lo callé metiendo el cañón de su pistola en la boca. Podía apretar el gatillo, ese era un movimiento que estaba entre sus opciones... y las mías, pero supuse que no le parecería buena idea gastar la última bala que le quedaba en hacerse un agujero en el cráneo. Empujé hacia abajo y lo puse de rodillas.

Miré a los lados, parecía que omega estaba acabando, pronto los hombres de Farel estarían o muertos, o huyendo por el mar, o ahogados en la mansión. Él parecía ser más experto en esta materia, así que esperaría a que se acercase para saber lo que hacer. El paquete estaba asegurado, ahora sólo había que envolverlo bien para regalo.
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Mensaje por Omega el Miér 30 Sep 2020 - 5:03

Mientras Ral se dirigía hacia Farel, quien intentaba patéticamente frenarle con una pistola sin parar de temblar y errar los tiros, Omega se encargó del resto de sus subordinados. Varios disparos certeros acabaron con dos con armas de largo alcance que se se había vuelto hacia él. Sin haberlos priorizado podrían haberse acabado convirtiendo en un problema. No uno peculiarmente serio, salvo que hubiese tenido mala suerte, pero un problema al fin y al cabo. Luego simplemente terminó de matar a los que huían o intentaban intervenir en la pelea de Ral con varias balas bien situadas. Finalmente, el último enemigo visible fue derribado por un disparo. Asunto finalizado. Ya podía respirar tranquilo. Inspiró hondo, retuvo el aire y lo expulsó lentamente, tratando de encontrar un equilibrio interior. Se sentía horrorizado por el número de muertes que había causado, aunque sabía que era por un bien mayor y que aquella gente eran criminales que vivos habrían causado daño y sufrimiento. Él no era el malo, se dijo, lo eran ellos al obligarle a apretar el gatillo. Si nunca hubiesen emprendido el camino delictivo, no habrían ido a morir frente a su fusil.

Finalmente se limitó a suspirar, negar con la cabeza y empezar a desmontar el francotirador hasta devolverlo a la forma de un fusil de asalto. Se guardó las otras piezas, se colgó el arma del hombro y saltó fuera del puesto de vigía. Entonces con un veloz kamisori recorrió la distancia entre el mástil de aquel barco y la plaza flotante, posándose al lado de Ral. Al aproximarse, sacó un saco negro de tela y se lo pasó por la cabeza a Farel, tapándosela y cegándolo. Tiró de una cuerda cerrando la  abertura y dejándolo encerrado. Aquella tela dejaba pasar el aire, pero lo bastante poco como para que colocada en la cabeza diese sensación de ahogo. Unos minutos en el saco le aflojarían la lengua. A continuación sacó unas esposas y se las aseguró a las muñecas.

- Buen trabajo, agente - le dijo a Ral - Ahora toca entregarlo a base. Desde el momento en que caiga en manos de tu agencia, deja de ser responsabilidad mía. Buena suerte con todo este embrollo.

Tras eso sacó su den den mushi y dio el aviso al CP3 para que enviasen a un vehículo de extracción que se llevase a Ral y al paquete. Él tenía que ir a recuperar su maleta, y marcharía por sus propios medios de Baristán. Tenía su propio navío del CP7 esperándolo para llevarlo de vuelta a casa.
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