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Mensaje por Roland von Klauswitz Mar 15 Jun 2021 - 18:51

El sol, ardiente e inmisericorde, afilado como una navaja de afeitar, sofocante como un saco sobre la cabeza, refulgía sobre las infinitas arenas de Arabasta y arrancaba del mar de dunas una suerte de destellos dorados que convertían una nada absoluta carente de todo atisbo visible de vida en una mina de oro basada en luces y engaños. Allá junto al mar corría una agradable brisa salada, pero que enseguida quedaba engullida por las emanaciones dignas del más profundo infierno que proyectaba el manto de arena.

Hacía calor. Y eso a Roland no le gustaba.

-Me cago en mi putísima madre, ¡¡¡joder!!! ¡¿Por qué coño hace tanto calor aquí?! ¡¿Por qué coño hace tanto calor en ningún sitio?!

-Ro-Ro-Roland, es un desi-sierto-to-to. En los desiertos ha-ha-hace calo-lo-lo-calor.

-¡Me importa tres mierdas lo que haga en los desiertos! A la mierda la caza y su muy putísima madre, yo me voy de aquí. ¡Subid al barco cagando leches!

Blitz Escupitajos tartamudeó una incomprensible excusa que solo sirvió para que Roland lo destripase con la mirada. En su profesión se aceptaba todo tipo de moneda, pero no las excusas.

-El Log tiene que cargarse, saco de mierda -le dijo Kelly. La mecánica iba vestida con un mono, con las perneras remangadas y la parte de arriba caída sobre su cintura, dejando a la vista un sujetador rosa y una hipnótica cascada de sudor que se derramaba lentamente sobre su entreteto.

-Mis cojones son los que tienen que cargarse. ¡He dicho que nos vamos!

-Pe-pe-pe-pero el Lo-Lo-Log...

-¡A tomar por culo la mierda esa!

-Eh, mira, ahí hay un caballo...

Roland casi le arranca la cabeza al yonqui de Donner ahí mismo. Él estaba muriéndose literalmente de calor y el muy subnormal le señalaba una especie de puto bicho feísimo con chepa que apestaba a mierda. Si se contuvo fue solo porque Kelly se giró y sus sudorosas y brillante domingas en movimiento arrastraron sus ojos tras su húmedo bamboleo.

-No es un caballo -sentenció Kelly-. No sé qué es.

-Por mí como si es el novio de tu puta abuela. ¡Vámonos!

-Es un ca-ca-came-me-llo-llo-llo.

Roland desefundó el pistolón y le descerrajó cuatro satisfactorios tiros a esa cosa. El humo de Lulú le entró por las fosas nasales, pero en lugar del habitual efecto reconstituyente solo consiguió secárselas más.

-A tomar por culo. ¡Déjate de animales raros y arregla la maldita nevera! -le gritó a Kelly. El enorme frigorífico donde guardaban las reservas de helado llevaba roto dos días y el helado se estaba echando a perder. Incluso Donner, que cuando iba puesto no había quien lo alejara del dulce, empezaba a hacerle ascos, y eso que Roland lo había visto comerse un chicle sacado de debajo de una mesa. Lo peor de todo, sin embargo, era que no podía meterse dentro y soportar el clima asqueroso de ese cajón de arena gigante.

-No seas gruñón. Estamos en una isla famosa. Tienen el mejor casino de esta zona del mundo.

Roland se calló un insultó, cosa inusitada en él.

-¿Casino? -Kelly asintió-. ¿Cuánto tenemos que estar en este cagadero?

-Al menos un par de días, creo. No sé, perdí el libro de instrucciones de esta cosa -dijo señalando el Log Pose.

-Mierda. Pues vamos al casino ese. A ver si al menos puedo saquear a algún capullo. -Roland fue a buscar su moto sin dejar de quejarse, agarró las últimas cervezas frías que le quedaban y encendió el motor-. ¡Arreglad la nevera! -gritó antes de echar a volar-. Joder, espero que tengan aire acondicionado.
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Mensaje por Thymo Bandle Sáb 19 Jun 2021 - 22:58

-MIRAAAAAAAAAAAAAAAAA MIIIIIIIIRAAAAAA- gritaba el enano a su hermanita mientras señalaba el cielo, el ardiente cielo de Arabasta -¿LO HAS VISTO? ESE GORDO HA DISPARADO A ESE CAMELLO, ESTOY SEGURO- El cazador parecía confuso -Tal vez deje la caza atrás para que la recoja su equipo- decía a su melliza mientras sobrevolaban las áridas arenas del desierto. Él en su forma de escarabajo, ella montada a horcajadas como solía ser habitual en la pareja.
Habían llegado a la isla hacía unas horas y la fascinación que sintieron al ver un mar de oro rodeando la ciudad los empujó a verlo más de cerca por si mismos. Tal solo para descubrir, desilusionados, que solo era arena, ardiente arena.

La moto voladora pasó por encima a los enanos, que se acercaron  a investigar tras los disparos. Thymo escuchó las detonaciones del arma en el aire y picaron su curiosidad como cazador. Ahora aquel tipo que descargo medio cargador sobre un camello, se dirigía a toda velocidad a la población -Seguro que va a presumir de su pieza, aunque ni la haya cobrado- dijo Thymo, que conocía otros cazadores así -Vamos a seguirlo- dijo a su melliza manteniendo la velocidad del artefacto mecánico volador de aquel hombre. Aquella velocidad no suponía ninguna reto para la habilidad en el aire del pequeño y estaba seguro de poder interceptarlo. Estaba seguro de poder describir círculos a su alrededor mientras continuaba la ruta hacia adelante, si continuaba a esa velocidad y era necesario.

El pequeño empezó a elevarse gracias a las corrientes de aire caliente del desierto. Tomando altura fácil y rápidamente, hasta donde la espesura del aire era menor y la resistencia disminuía, facilitando la aceleración del pequeño. -EEEEHHHH BUENA CAZA, PERO NO VEO POR QUE DEJARIAS EL TROFEO EN EL SUELO- el pequeño seguía preocupado por los detalles que rodeaban la muerte de aquella bestia, pero sin percatarse que le estaba gritando a alguien volando sobre una moto. La deformación profesional del pequeño le impedía ver el resto de detalles que había alrededor de aquel hombre, tan solo la desfachatez de matar y abandonar al animal que hubiera servido de alimento para unos cuantos días -LO RECOGE TU EQUIPO, ¿VERDAD? Y VAS A VENDERLO A LA CIUDAD ADELANTANDOTE A LOS TUYOS PARA BUSCAR DONDE PAGAN EL MEJOR PRECIO, ¿A QUE SI?- gritaba mientras volaba cerca del bigote del humano.

Como un niño pequeño, inconsciente y desconocedor del sentido del decoro ni de ningún otro de los sentidos que se usan en sociedad habitualmente. Tan solo se acercaba y descargaba sus baterías de preguntas a los desconocidos movido por su espíritu curioso e ingenuo. Inconsciente del peligro de muchos de sus actos. Pero la verdad era que hasta el momento había conseguido salir bien librado, al igual que su melliza, por la inocencia que destilaban en cada una de sus acciones o palabras.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 20 Jun 2021 - 14:55

Durante la visita al mar dorado que rodeaba la ciudad, Thyma descubrió que la arena le molestaba mucho más que el sofocante calor. Los minúsculos granos se le metían entre los pelitos haciéndola sentirse sucia todo el tiempo. Por eso sacudía su cuerpo cada dos por tres. Casi se cae en varias ocasiones por querer espolsarse la arena del cuerpo. Aunque su hermano no estaba volando muy rápido, una caída desde esas alturas podía resultar fatal. No podía negar que las vistas eran bonitas. La arena se extendía frente a ellos hasta donde les alcanzaba la vista y seguramente mucho más allá. Era como un océano de arena dorada y cálida. Las partículas en suspensión simulaban la evaporación de una superficie acuosa. Era un verdadero trampantojo para los sentidos. En aquel lugar reinaba la calma y el silencio. Hasta que el sonido de los disparos llamó la atención de los mellizos, rompiendo la tranquilidad del entorno. Encendió su curiosidad y no pudieron evitar echar un vistazo por la zona. Un hombre muy gordo había "cazado" un camello. La pequeña observaba la escena, casi con indiferencia. Entonces, Thymo explicó la situación a su melliza, bajo los ojos expertos que le otorgaba su profesión. La pequeña dejó de rascarse la cabeza en cuanto entendió por qué ese hombre había dejado atrás su captura. Tenía sentido.

Cuando aquel frondoso hombre, dejó atrás su presa, arrancó su moto y echó a volar. Thyma no pudo ahogar un grito de emoción. -¡WALAAAAAAAA! ¡QUE PASADA!- Exclamó en el momento que la moto pasaba por encima de ellos. A ojos de la Tontatta, Thymo tuvo la mejor idea del mundo mundial. Debían seguir a ese hombre y disipar todas sus dudas, que, como siempre, eran muchas. Cada uno tenía las suyas. El Tontatta comenzó a bombardearle a preguntas sobre la pieza de caza no cobrada, era obvio que esas fueran sus mayores incógnitas. Las dudas de Thymo eran una mezcla de deformación profesional y sus ganas de aprender y mejorar día a día. Thyma, en cambio, estaba alucinada con el vehículo. No había visto algo así nunca y hasta ese momento no sabía que lo querí... que lo "necesitaba". Poder volar junto a su hermano y aprender a hacer piruetas en el cielo, suponía un sueño por cumplir. -¡Oyeeeeee! ¿Dónde la has conseguido? Yo quiero una para mi. No se conducir, pero no pasa nada, aprenderé. ¿A que si?- Le decía al rechoncho hombre, mientras señalaba la imponente moto con la manita. -¿Se pueden elegir colores? Yo quiero una rosa y negra, con pinchos, ruedas grandes, cintas que ondeen al viento y un claxon que suene muy molón.- Thyma ya se imaginaba montada en su moto, siendo esta vez, ella, la que llevase a su hermano de viaje. Una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro. -¿Nos das una vuelta en la moooto a mi hermano y a mi? Yo quiero ir delante y mi hermano también. ¿A que si Thymo?- Aunque los mellizos hablaban sin parar, habían aprendido, hace mucho tiempo, a no pisarse las palabras. Estaban sincronizados de tal manera que sus preguntas y diálogos se entrelazaban. Y es que, a ambos les interesaba saber que preguntaba el otro, para muchas veces, no preguntar lo mismo. Ajenos a la naturaleza de quién tenían en frente, se mostraron expectantes por sus respuestas.
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Mensaje por Roland von Klauswitz Mar 22 Jun 2021 - 21:05

Volar no arreglaba para nada el tema del calor. Había pensado que, tal vez, con algo de aire en movimiento dejaría de sudarle tanto la raja del culo, pero ni así. El viento en ese puto cagadero de gatos era como el bofetón de un horno industrial: caliente, amargo y cegador, porque encima estaba cargado de arenilla que se le metía en los ojos incluso aunque llevara gafas de sol. Cada poco tiempo tenía que echar un buen escupitajo para quitársela de la boca.

Apenas había puesto distancia de por medio entre sus chicos y él cuando una mosca cojonera se puso a seguirle. En realidad no tenía ni idea de lo que era, puesto que no se parecía a ningún bicho que hubiese visto nunca, pero el burro ese con chepa también había sido raro. Supuso que en un sitio así no podía crecer nada normal. Ni nada bueno, ya puestos. En opinión de Roland von Klauswitz, la única que tenía un poco de sentido en el mundo, había que ser un extraordinario trozo de mierda para vivir en un sitio semejante.

Para colmo, el diminuto insecto se puso a hablar. ¡A hablar con él! Y vaya voz tenía. Menudos pulmones. ¡Cuatro, debía tener! Acababa de darse cuenta de que eran dos... dos cosas. ¿Un bicho y un enano? ¿Dos enanos, uno de ellos con alas?

-¿Pero qué cojones queréis vosotros?

Esas dos mierdecillas gritonas le estaban sacando de quicio. La mecha de su paciencia era realmente corta en el mejor de los casos, y con ese calor, sabiendo el dineral que le costaría arreglar la nevera y habiendo bebido solo cerveza templada en los últimos dos días, Roland no estaba precisamente en sus cabales.

Seguramente por eso se decidió a sacar el lanzallamas.

Tocó una palanquita en el cuadro de mandos de Rudolf, un gigantesco cráneo de reno cuya mandíbula de abrió para dejar a la vista un tubo de metal agujereado. El aire onduló mientras el calor se acumulaba y se liberaba el combustible. Entonces dio una pasada con la moto para socarrar a esos dos bichos y poder seguir con su viaje al casino. A ver si allí al menos tenían bebida fría.
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Mensaje por Thymo Bandle Vie 25 Jun 2021 - 20:43

No fue el vocabulario, no fue la cabeza mecánica del reno moviéndose, no fue el aire ondulando ni el olor a combustible. Sino las vibraciones creadas por aquella arma lo que alertó a los avanzados sentidos del tontatta. Las antenas comenzaron a detectar la acumulación de energía dentro de la cámara de combustión del lanzallamas. El peligro se manifestó al iniciar la quema del combustible que pronto saldría despedido por el cañón con una tórrida exhalación. Pero los mellizos ya no estaban ahí.
-Sujétate- exclamó el pequeño a su hermana con su tono más serio antes de describir un giro en el aire y un tirabuzón que los pondría a los dos cabeza abajo, sobrevolando al hombre sobre la moto voladora. -SALAAAAOOO QUE SE TE QUEMA EL VEHICULO, COLEGA. ¿NECESITAS AYUDA? TE PUEDO DAR UN EMPUJON HASTA LA CIUDAD, ES MEJOR QUE SALTES, YO TE AGARRARÉ- gritó, por encima del ruido de las llamas, por encima del sonido de aquel extraño vehículo que tanto le había gustado a su melliza sin aparente resultado.
Thymo no entendía que aquello fuese un ataque hacia su persona ni hacia su hermanita, no lo veía como una acción agresiva hacia ellos, pues para empezar, era la primera vez que veía algo similar como un vehículo expulsando llamas, pero sabía que aquello no podía ser bueno por la cantidad de coches explotando que se rodaban en las películas de Mirrorball. Aunque a decir verdad, tampoco había visto nunca un vehículo que volase, por lo tanto, y ante la falta de referencias anteriores, su inocente forma de ver el mundo le impedía medir la situación correctamente. Él tan solo trataba de ayudar a un colega cazador en apuros, pero aquel gordo gigante continuaba subido encima de la moto como si fuese lo más normal del mundo.

La ciudad estaba cada vez más cerca, los sonidos aun no llegaban a los oídos del pequeño, pero su aguda vista ya podía discernir perfectamente los edificios y los tenderetes del mercado central -Va a provocar un accidente con ese cacharro estropeado, hermanita. Corramos a avisar para que preparen una pista libre de colisiones- dijo entonces a la pequeña, antes de arrancar a volar a toda velocidad. Las dunas se sucedían en rápida sucesión, una tras otra, mientras la distancia se acortaba rápidamente entre los hermanos y la población que tenían más adelante. No tardaron mucho en llegar gracias a la máxima velocidad de vuelo del enano, que cuando se lo proponía, podía volar realmente rápido. -VEHICULO EN LLAMAS, SE ACERCA UNA MOTO VOLADORA ARDIENDOOO- gritaba el enano al llegar a la ciudad. Los primeros en escuchar las advertencias miraban alrededor como espantados. Tal vez el susto que se llevaron al comenzar a oír los gritos que aparentemente salían de ningún lado fue la causa, pues segundos más tarde comenzaban a reír y mirar a todos lados como si alguien estuviera rodando una escena de den den mushi oculto. Una broma común en muchos reinos. Además la falta de motos en llamas estrellándose contra un edificio no ayudaban a la credibilidad de los gritos que habían salido de dios sabe donde.
El enano se dirigió a la zona que aparentaba mayor seguridad y medios para advertir y solicitar ayuda medica para cuando el enorme humano se estrellase -Supongo que casi-no, es un casi si- comentó jocoso con la pequeña, Thymo casi siempre tenía espacio para bromas y aquel nombre le parecía bastante gracioso -¿Lo pillas? Jajajaja.... MOTO VOLADORA EN LLAMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS- gritó, justo enfrente de los hombres trajeados que aguardaban frente a las puertas -Un gordo enorme vestido de rojo y con una moto voladora en llamas se acerca a la ciudad, va a necesitar ayuda cuando se golpee contra algún edificio- Lo mas peculiar del caso fue ver a los hombres de seguridad comunicarse rápidamente con sus pequeños caracoles con su equipo y ver el despliegue que se sucedió después. Aquel escarabajo hablador, lejos de ser tomado a broma, fue tomado más bien como una profecía y pese a la extrañeza del asunto a ninguno se le pasó por la mente que fuese mentira, pues los escarabajos en la cultura del desierto poseían cierta magia achacada por los propios humanos y ningún oriundo de las dunas mostraría incredulidad ante uno de estos insectos que se molestase en dar una advertencia, menos una tan seria como un accidente a punto de ocurrir.
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Mensaje por Thyma Bandle Lun 28 Jun 2021 - 21:02

Thyma se sujetó fuerte a su hermano, cuando éste comenzó a realizar tirabuzones y giros imposibles. A la pequeña, por un momento le pareció tan divertido, que no dudaría en pedirle una actuación así en cualquier momento más relajado. Ese no era el mejor momento, sin duda. Pues la moto de aquel deslenguado estaba a punto de salir ardiendo. -¡QUE SE TE QUEMAAAAA. QUE SE TE QUEMAAAAAAA! ¡AY AY AY!- Gritaba la Tontatta a pleno pulmón. No podía evitar preocuparse por la moto tan molona. Por lo que sacó su cerbatana y quiso expulsar espuma jabonosa de su interior. Intentando apagarla así, pero estaba tan nerviosa, que apenas le salieron unas pompas de colores. Thymo, por su parte le ofreció su ayuda, pero no dio resultado aparente, por lo que tuvo la genial idea de avisar a los aldeanos de la ciudad a la que se dirigía. El accidente era evidente e inminente, a ojos de los mellizos. Que se mostraron ansiosos por ayudar al pobre cazador. Los avisos de Thymo pareció hacer estallar en risas a muchos de las personas de la ciudad. Thyma no se lo podía creer. -¡MIRAD, MIRAD POR ALLI!- Las palabras de Thyma tampoco fueron suficientes para que los tomaran en serio y por mucho que ella señalase la dirección, el accidente no terminaba de suceder. Se podían oír mofas y sorna entre los habitantes, al oír a los mellizos.

Thymo decidió cambiar el rumbo hacia un lugar un poco mejor preparado, aparentemente. Su hermana se quedó rascándose la cabeza porque no entendió el chiste de su hermano, hasta que vislumbró el letrero del casino. Entonces estalló en una carcajada tardía, pero igualmente efectiva. Su hermano había visto el cartel desde mucho más lejos que ella. Cuando llegaron al extravagante edificio, en las puertas, se encontraron dos hombres vestidos de traje y con aspecto muy rudo. Thymo se puso frente a ellos y les advirtió del accidente. Ambos hombres abrieron mucho los ojos, ante la presencia de los mellizos y comenzaron a actuar de inmediato, con una coordinación excelente. Varios hombre con distintos uniformes hicieron presencia, casi al instante, frente a la empinada escalinata que daba al casino, en forma de pirámide. Por fin, les habían tomado en serio. Thymo aterrizó encima de una pequeña estatua, con forma de gato, que había a ambos lados de la entrada principal al casino. Thyma se soltó y bajó del caparazón de su hermano, de un salto, ante el asombro de los dos guardianes de traje. La Tontatta pensó que esos dos, no estaban acostumbrados a ver a pequeños, como ellos y menos en la forma con alas, de su hermano. Por lo que, aprovechando la atención de los hombres, se hizo la interesante y se sentó sobre la estatua, con las piernas entrelazadas. Mirando en la dirección por la que venía Roland. Alzó una de sus manitas y dijo: -Viene por allí.- Su voz sonó segura y contundente. Ambos hombres siguieron la mano de la pequeña, embelesados como si las palabras de la Tontatta hubiesen sido un hechizo. El asombro de aquellas personas iba mucho más allá del conocimiento de Thyma, pero eso no lo hizo menos entretenido para ella. Pues le gustaba ver cómo reaccionaba la gente al encontrarse con ellos. La mayoría nunca habían visto a un Tontatta en su vida y de ahí su asombro, pero para Thyma era causado por arte que los Bandle destilaban, que era capaz de embobar a cualquiera.
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Mensaje por Roland von Klauswitz Mar 29 Jun 2021 - 19:52

De inmediato, Roland se arrepintió de haber tirado de fuego. Era la primera vez que le pasaba; normalmente le ponía cachondo ver a Rudolf vomitar un buen chorro de llamas. Era poder puro, el infierno desatado a un gesto de su mano. Lo malo era el calor que pegaba. Como si el ardiente sol no fuera suficiente, tenía que ir él y añadirle un sofocante extra en forma de llamarada. En no pocas ocasiones había pasado mucho calor en su taller, pero ni eso podía acercarse a lo que estaba sintiendo.

Cortó el combustible y el reno cerró la boca. Entonces aceleró, haciendo rugir violentamente las entrañas de la Black Rodolfus al exigir más al motor para llegar cuanto antes al maldito casino. Ya no veía a esas cosas molestas, ni tampoco las oía. Aunque cualquiera podría oír nada con el ruido que metía la moto...

La ciudad apareció entre la arena en cuestión de un rato. Una enorme construcción piramidal destacaba por encima de todos los demás edificios, que eran poco más que manchas de colores claros desperdigadas por ahí, como una diarrea de gaviota. En lo alto de la pirámide había una gran estatua dorada que imitaba a una especie de animal feo con dientes y un sombrero ridículo.

Aterrizó justo delante, porque supuso que el lugar más extravagante sería donde estuviera la pasta. De inmediato, se fijó en la gente. La mayoría llevaban una ropa rarísima, como camisones de vieja que aleteaban al viento. También había muchos que llevaban gorritos de tela que parecían pañales. Los odió al momento, pero no les prestó mucha atención.

-¡Aquí está! -gritó alguinen en cuanto Rudolf tocó tierra entre una nube de polvo-. ¡Apagadlo!

La gente se fue agolpando a su alrededor por alguna razón. Roland supuso que sería una celebración ridícula o una costumbre de esas tontas que tenía la gente de los sitios raros. Podría incluso haberlo soportado de no ser porque alguien le tiró un cubo de agua. Ahí sí se cabreo.

Roland se alzó en toda su altura, cinco largos metros de carne y grasa sudada y manchada de aceite de motor. Se quitó las gafas mojadas con lentitud y taladró al desgraciado que le había mojado con una intensa mirada infernal. Abrió la boca para decir algo, pero estaba muy cansado como para escupir toda la bilis que le había gustado. Así que se limitó a soltarle un directo a la cara y dejarlo tieso en el suelo con el pañal de cabeza embutido en su cráneo reventado. Acto seguido enfiló para el casino.
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Mensaje por Thymo Bandle Miér 30 Jun 2021 - 13:48

Para cuando los maromos trajeados fueron capaces de disimular su asombro, Thymo aun tenía algo más para ellos. No dejaba de ser un Bandle como su hermanita y los aires teatrales los llevaba tan en la sangre como ella.
Sobre la estatua del gato, el escarabajo, enorme para los estándares locales, adoptó una posición erguida más propia de un bípedo. Mientras, las patas sobre las que se había levantado engrosaban y adquirían volumen. Lo mismo sucedía con su primer par de brazos, que se recolocaban en una posición más adecuada para los hombros que comenzaron a diferenciarse de la cabeza, a través de un incipiente cuello. A esas alturas varios transeúntes habían comenzado a arrodillarse de manera bastante incomoda a ojos del pequeño, que pensaba que estar tan encorvado no era bueno para la espalda. Murmullos rítmicos surgían alrededor con el sonido de decenas de voces acompasadas.
Al comenzar a reducir la armadura del escarabajo rinoceronte, transformándola en un cuerpo parecido al de Thyma pero con secciones queratinosas. Con antenas y una mandibula más propia del insecto. El enano comentó -Pues si que tienen una forma rara de saludar a los actores famosos, ¿No? Creo que no es necesario tanto-
En verdad se le podía ver lo avergonzado que estaba ante el reconocimiento. -¡Que soy muy Thym-mido, cabrones!- exclamo con los pies a un palmo del suelo por el nervioso e incontrolado movimiento de sus alas. Con la manita derecha rozando su nuca, completamente ruborizado.

-La que hemos liado hermanit...- El enano no pudo continuar, en su forma híbrida tenía una capacidad de observación enorme, aunque no hubiera hecho falta en este caso. El enorme y mórbido humano de la moto en llamas aparecía volando como si nada y paraba cerca del casino -Ahí esta- dijo el tontatta señalando en la dirección que su melliza había anunciado previamente cuando lo vio en la lejanía.
Con un salto y un aleteo rápido, Thymo logró subirse al letrero que anunciaba el tipo de negocio que era la pirámide. A tiempo para ver como la gente, arremolinada alrededor del motoaviador, comenzaba a organizarse para acarrear cubos de agua mientras aparcaba. En cuanto la respuesta al primer cubo fue dada, la cadena paró inmediatamente. Compungidos, demasiado sorprendidos o asustados como para gritar o correr, algunos algo salpicados de cosas que deberían estar dentro de la cabeza del pobre aguador, abrieron paso al agresivo anciano chorreante.

Unos segundos después, el primer grito desgarró el aparente silencio. Solo roto por el sonido del viento y una docena de cubos llenos golpeando el suelo casi al unísono tras el puñetazo. Como espoleados por el sonido, una estampida humana sucedió después. Llenando el aire de arena en suspensión y dejando alguna babucha abandonada en el suelo, mientras los hombres de seguridad contactaban a través de un pequeño den den mushi que portaba uno de ellos. Alertaban de la situación a quien quiera que estuviese al otro lado de la línea, que hacía al pequeño caracol adoptar una expresión más parecida a una serpiente que a un humano. Siseando apenas como respuesta.

-Lo puso a mimir- exclamó sorprendido el enano. Pero más se sorprendió cuando el viejo apareció atravesando la nube, con un montón de partículas de arena pegadas debido al contenido del cubo que le vaciaron encima -Claroooo es un monstruo de arena, por eso es tan fuerte...- un segundo después podía escucharse la voz del pequeño a varios metros a la redonda, gritando atemorizado -¡UN MONSTRUO DE ARENAAAA! ¡¡QUE MIEEEEDOOOOO!!- El valiente cazador había enfrentado a la madre naturaleza y a algunos de sus hijos en los bosques de Mirrorball, pero jamás pensó que vería de frente un monstruo como los de las películas de la isla. -TE DIJE QUE ALGUNAS DE LAS PELIS ERAN DEMASIADO REALISTAS COMO PARA SER MENTIRA- gritó a su melliza -Y ESO QUIERE DECIR QUE ALGUNOS ACTORES SON ZOMBIES.... QUE MIEDOOOO- El enano había perdido la atención de la situación mientras miraba a todos lados, esperando encontrar cualquier otro monstruo apareciendo por encima de su hombro.
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Mensaje por Thyma Bandle Dom 4 Jul 2021 - 20:42

La llegada de Roland no se hizo esperar y fue tan escandalosa, como el propio Roland. La moto rugía en el cielo, un estruendo capaz de oírse en casi toda la isla. Thyma bajó su bracito, para permanecer con ellos cruzados sobre su pecho. Por detrás de ella escuchaba a su hermano avergonzarse por tal despliegue, aunque era capaz de entender su postura, Thyma no podía evitar disfrutar con todo aquello. El gigante aparcó la moto en la base de la pirámide, junto a la gran escalinata. Era todavía más grande de lo que cabía esperar... Y más terrorífico... Los serviciales hombre acudieron en su ayuda y lo bañaron con agua, hasta que el horondo hombre terminó con la situación de un plumazo. El aguador cayó al suelo unos metros desplazado por el impacto, regando el suelo de sangre y otros fluidos. Se hizo el silencio por unos instantes, hasta que un desgarrador grito y una posterior estampida cortó el momento.

Thyma posó su manitas sobre la boca que ahora estaba totalmente abierta. Estaba horrorizada por lo que veía. Aquel inocente personaje, sólo trataba de ayudar. Ese hombre gigante era un desconsiderado y un bruto, eso le enfurecía. Además de un mal hablado. En ese momento Thymo reveló la verdad del asunto. La diminuta había visto varias películas épicas donde los caballeros tenían que enfrentarse a poderosos monstruos de las arenas. Sabía de sobra que un desierto podía ocultar muchas sorpresas y no todas ellas serían agradables. Tenían frente a ello la prueba más irrefutable. -Alguien debería lavarle la boca con jabón... y el alma también.- Dijo, puño en alto a su mellizo, mientras Roland caminaba hacia la puerta principal. Cuando estuvo a su altura, Thyma le increpó. -¡Eh, tu grandullón! ¡Eres un abusón, métete con los de tu tamaño! ¡Bestia, Salvaje, Animal, Asesino! ¡No puedes poner a todos a mimir!- La pequeña sentía toda la furia Bandle en su diminuto cuerpo. En realidad estaba muerta de miedo. La idea de tener que enfrentarse a un monstruo de las arena le aterraba, pero no podía dejar que ese ser se marchara impune sin haberle dicho cuatro cosas primero. Y se las dijo. De una forma totalmente atropellada y confusa, pero se las dijo. Thyma trepó hasta estar junto a su hermano. -Vamos.- Thyma agarró a su hermano de la mano y comenzó a tirar de él, no estaba dispuesta a que aquel hombre pusiese a "mimir" a nadie más, dentro del casino. Además todavía no le había contado dónde consiguió una moto tan molona. El contacto con su hermano y su presencia le daba el valor que necesitaba, en ese preciso momento.
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Mensaje por Roland von Klauswitz Miér 7 Jul 2021 - 21:16

A decir verdad, Roland se sintió mejor tras aquel remojón, pero el puñetazo ya estaba dado y no podía despartirle los dientes a ese mamón. Así que siguió hacia el casino, haciendo caso omiso a los guardias de seguridad, que intentaban inútilmente ponerse en su camino. Roland se deshizo de los dos que lo sujetaban con un movimiento de su panza y empezó a pensar en cómo se iba a gastar las ganancias.

Sin embargo, estaba incómodo. El sudor, la arena y el agua le rozaban por todas partes, así que se quitó la camiseta de tirantes y dejó al descubierto su torso sucio, enorme y sudoroso. Mucho mejor. Bueno, un poco mejor. Por lo menos las damas tendrían un buen motivo para sonreír esa mañana.

De repente, una especie de mosca cojonera empezó a chillarle con una vocecita ridícula que sonaba como las tripas de un reno muerto cuando van soltando gas poco a poco. No olía tan mal, lo cual no quería decir que no fuese una lata.

-Quita, coño -gruñó Roland, agitando su manaza. ¿Era la misma cosa que le había acosado mientras volaba? Nah, esa ya debería estar frita. Sería de la misma especie. Putos bichos...

Aunque trató de dejar al bicho atrás, le siguió hasta el casino. Dentro ya le esperaban más guardias de seguridad, pero Roland no les hizo ni caso. El fresco de los ventiladores y las fuentes le tenía hipnotizado. Incluso se levantó una lorza para que el airecito le diese en  sus enrojecidos y sudorosos interiores. Como esa cosa diminuta no le dejaba en paz, decidió aplastarlo.

-Cierra la boca, mierdecilla.

Roland extendió la mano para agarrarlo y meterlo debajo de su peluda teta de hombre. Seguro que ahí se le quitaban las ganas de gritarle. Y en cuanto a los guardias, se limitó a meter la mano en el saco y sacar un lingote de oro. Todos menos uno se detuvieron con las armas en alto, mirándolo con otros ojos al ver esa suma de dinero. Al que no se dejó impresionar le aporreó con el lingote. Luego lo tiró al suelo, mandó que se lo cambiaran por fichas y pidió una copa y un tarro de pepinillos.
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Mensaje por Thymo Bandle Lun 12 Jul 2021 - 20:04

-Se arranca LA PELLEJAAAA- Exclamo, con los ojos muy grandes y las pupilas pequeñísimas el enano al ver al gigante sacarse la camiseta. Unos segundos más tarde Thymo, escandalizado, dijo con tono de sorpresa -Se puede disfrazar de humano... visiblemente mal por sus proporciones grotescas y todo lo sobrante que cuelga del cuerpo. Pero cualquiera que no lo vea transformarse, vería un humano gordo y feo en lugar de un monstruo de arena-
Thymo pensaba en voz alta mientras su melliza decía lo que nadie se atrevía, entretenido en sus propios pensamientos lo suficiente como para que la pequeña lo agarrase de la mano e intentase llevarlo a rastras tras el gigante.

Un suspiro de placer después, el enorme barrigón se ventilaba con el aire fresco del casino, lo cual parecía producir una distracción suficiente como para que los guardias del casino rodeasen a Roland. Distracción que se vio dada la vuelta tras aparecer un lingote dorado y brillante. Las caras de los trajeados decían cliente, pero los actos del sujeto seguían gritando “monstruo”. Tras poner a mimir a otro más, no se quedó satisfecho y agarro a la enana, sacándola del campo de visión del tontatta, haciéndola desaparecer en el interior de sus pliegues.

-ThiiiIIIIIMAAAAA- gritó el pequeño, presa de pánico y furia -ThiiiIIIMA- gritaba, pues era lo único que podía repetir el nervioso enano mientras se acercaba volando al cuerpo de arena del monstruo.
Las lorzas traseras fueron el primer objetivo del rápido tontatta, que no perdió el tiempo buscando una entrada al interior del monstruo. Estaba dispuesto a sacar a su melliza del cuerpo de arena que se la había tragado como arenas movedizas a toda costa. Por lo que no perdió el espíritu al levantar aquel trozo de cuerpo sudado solo para descubrir que no existía paso más allá del doblez del pliegue de carne. -THYMAAA- gritaba al levantar una nueva lorza. -THYYYYiiiiYYYYYmAHH- al descubrir el agujero del ombligo donde metió la cabeza tanto como pudo para llamar a su hermana.
El enfado llegó a su máximo cuando, incapaz de encontrar un agujero por el que entrar al interior del cuerpo, su propio cuerpo cambió.
Los brazos comenzaron a cambiar de forma, perdiendo las proporciones originales. El torso comenzó a inflamarse como si las costillas estuvieran saliendo por los laterales del pequeño cuerpo del tontatta. La cabeza pareció hincharse solo para recubrirse de una sustancia de color oscuro. Pronto, todo el cuerpo del pequeño vestía el indeterminado color oscurecido que variaba entre el azul y el negro, con reflejos morados o gris oscuro según golpease la luz.
Las piernas habían adoptado el aspecto que las patas de un escarabajo deberían tener, y el cuerpo se vio reforzado por placas oseas y pinchos. Completaba la armadura una serie de cuernos destinados tanto al ataque como a la defensa y un juego de ojos compuestos capaces de determinar hasta el más mínimo movimiento. Con los brazos convertidos en un escudo y una lanza, y un segundo par de apéndices de escarabajo ocupando el espacio donde antes estaban los costados de Thymo, el enano voló frente al monstruo con sus poderosas nuevas alas. -Suelta, bicho- exclamó como si riñera al perro -Deja salir a mi hermana de tu cuerpo arenoso y no me veré obligado a tirarte toda el agua que pueda encima. Se que es tu debilidad, lo vi en la película, y por eso te enfadaste tanto cuando te mojó ese señor- terminó con una sonrisa un tanto extraña en aquel rostro tan poco humano. Como si hubiera descubierto el secreto de la producción cuando aun faltan dos horas para que termine la película de suspense.

Transformación de Thymo: Forma caballero:

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Mensaje por Thyma Bandle Vie 16 Jul 2021 - 10:26

Caminaba agarrada a la mano de su hermano gritando, a ese gordo, todo lo que se le ocurría. Tanto fue así, que cuando se le acabaron los improperios, Thyma continuó gritando los pasos de una sopa de cebolla. No había pasado del sofrito, cuando la mano del gigante la agarró y la introdujo bajo su enorme pecho. Thyma quedó enterrada entre lorzas, sudor y suciedad. -¡QUE ASCAZOOOOOOO!- se la oyó decir en un agónico pitido. La pequeña lograba escuchar a su hermano buscarla desesperadamente. Thyma pudo comprobar que el interior de esa mole humana no era de arena, como habían pensado en un primer momento. Solo era un montón de grasa, carne y... pelos. Ella se revolvía con todas sus fuerzas, pero no lograba soltarse de su presa. El olor allí dentro era nauseabundo y vomitivo. Agrio y ácido al mismo tiempo. Esa mezcla plomiza y penetrante logró que la Tontatta emitiese dos poderosas arcadas.

Thyma no podía ver lo que sucedía en el exterior y para ser sinceros el oxigeno ahí dentro era demasiado escaso. Debía actuar pronto si no quería perder el conocimiento por hipoxia y asco. Aquella bestia, salvaje, animal y asesina no paraba de moverse. Aunque sus movimientos no creaban ninguna abertura en su grasiento pecho, que más que un pecho a Thyma le pareció una ubre gigante. -¡Que asco, que asco, que asco...!- Repetía una y otra vez. Thyma era pulcra, muy pulcra, no soportaba sentir su cuerpo sucio y mucho menos del sudor de otra persona. Aquello comenzaba a desesperarla y decidió tomar una medida arriesgada para ella. Sabía que aquello tendría consecuencia fatales para su organismo, pero no aguantaba más ahí dentro. Abrió la boca todo lo que pudo y le propinó un mordisco con todas sus fuerzas, a una de las paredes anatómicas que la aplastaban. Su refinado paladar se inundó del sudor recocido y rancio de Roland y ahora también de sangre del mismo. Su mordisco fue como un pellizco potente. Pequeño en dimensiones, pero lo suficientemente fuerte como para desagarrar parte de su carne y hacer derramar su líquido vital. Acto seguido recubrió su cuerpo de un gel viscoso y resbaladizo. Tomando impulso con sus piernas salió disparada de aquella presa sudorosa. Nunca lo habría logrado de no ser por la particularidad de sus habilidades especiales, que le hacían ser tan escurridiza.

La Tontatta se estrelló contra el suelo, pero la caída no le lastimó. -¡Thymo he visto la muerte de cerca!- Exclamó reprimiendo las arcadas. Se puso en pie y sacó la lengua todo lo que pudo. Con sus manitas y algo de jabón intentó arrancar frenéticamente, de la misma, el nauseabundo aroma de Roland. Aquello fue inútil, pues su pituitaria estaba totalmente colapsada. La pequeña alzó su mano en dirección al gigante y lo señaló con su dedo índice. -¡ERES UN MARRANO, DÚCHATE QUE HUELES PESTE!- Logró acusarlo antes de comenzar a vomitar violentamente. Thyma echó hasta su primera papilla ingerida y por un momento sintió que la vida se le escapaba entre arcadas y vómitos. -¡Ay de mi, ay de mi!- Exclamaba la pestilente Tontatta. Cuando parecía que su estómago regresaba a la normalidad, Thyma sacudió su cuerpecito y comenzaron a salir despedidas pequeñas gotas de jabón líquido en todas direcciones. Pronto quedó completamente limpia y con un agradable aroma a lavanda. Buscó a su hermano con la mirada para comprobar que él se encontraba bien y cuando logró verlo pudo comprobar que su aspecto era muy diferente al habitual. No estaba acostumbrada a verlo en esa forma y le pareció alucinante. En otra situación hubiese revoloteado a su alrededor, observando todos los detalles de esa transformación y alabando todas y cada una de sus partes, pero tenían un sudoroso gigante entre manos, que tenía una manera muy curiosa de librarse de sus molestias. Thyma estaba muy enfadada, casi podía verse salir el humo por sus peludas orejitas. A partir de ahora actuaría con "algo más de prudencia", pues no quería acabar otra vez bajo una teta sudorosa o quién sabe si algo peor. Thyma desapelmazaba los pelitos de su pomposa cola mientras miraba de forma acusadora al gigante sudoroso. "No te lo perdonaré jamás." Pensó furiosa.
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Mensaje por Roland von Klauswitz Mar 20 Jul 2021 - 14:05

Roland casi sonrió cuando vio las miradas serviles de aquella chusma. Nada como el dinero para callar a los plastas, salvo tal vez la violencia. Pero estaba demasiado cansado como para pelear con todo el mundo. Una vez quedó claro quién mandaba allí y quién era el cliente, tocaba pensar qué juego iba a desplumar primero.

Entonces le atacó otro bicho. Empezó a recorrer su cuerpo tan concienzudamente como las furcias de Ártica y tan sutilmente como un jabalí enfadado. ¿Qué clase de insecto era ese? Roland venía de un lugar donde el frío mataba a todo lo que fuese más pequeño que una rata de las gordas, así que estaba poco acostumbrado a esa clase de mosca cojonera. Encima le estaba haciendo cosquillas, lo cual le arrancó a Roland un pedo explosivo y sonoro.

A manotazos, intentó aplastarlo, pero el cabrón era rápido. ¿No podía morirse y ya está? Una vez un ciervo lamió el sudor de Roland y se cayó muerto; esos bichos deberían haber seguido sus pasos, ¿no? Claro que aquella fue la vez en que probó la absenta que hizo en su bañera... De repente, notó un fuerte y doloroso pinchazo en una teta. Tan repentino e inesperado había sido que se giró en redondo en busca del responsable.

-¡Joder, me han disparado! -gritó.

Acto seguido, desenfundó el pistolón y pegó tres tiros al techo.

Clientes y trabajadores empezaron una carrera para alejarse de él. Los gritos copaban el vestíbulo, los inútiles se agolpaban en las puertas, pisoteándose entre ellos, empujando a los guardias, arrasando con máquinas y desparramando monedas por doquier. Mientras, Roland giraba para volarle la cabeza a su agresor.

-¡¿Dónde estás, hijo de puta?! -Pum, tiro de advertencia contra un tipo con pinta de guardia que desenfundaba un arma. De advertencia porque le dio en el hombro y no en la frente-. ¡Te mataré, cerdo! -Pum, tiro contra una tragaperras, que escupió una golosa pota de monedas.

Una extraña cosa diminuta se le puso en medio. Era tan ridícula que tuvo que bizquear un poco para captarla bien. ¡Era el bicho! ¡Otro! Demasiadas de esas cosas por ahí. Putos desiertos... Casi diría que le estaba hablando, pero había tanto ruido y esa cosa era tan pequeña que le costaba enterarse. Así que le tiró un manotazo para aplastarlo.

-¡Alto!

Roland se vio rodeado por media docena de tipos armados, no como los pringaos de la puerta, sino de verdad, con rifles de aspecto mortífero, espadas curvas que parecían lunas y protecciones en pecho y cabeza. Parecían gente un poco más dura, de esos que sí que han peleado alguna vez. Lulú les arrancaría la cabeza igualmente, pero al menos no le ponían mocosos delante.

-¿Es que no podéis iros todos a la mierda? ¡¿Y dónde están mis pepinillos?!

Entre la seguridad y los insectos gritones ya se le estaba agotando la poca paciencia que tenía. Otra de esas moscas parlante le chillaba. ¿Como que apestaba? El olor a hombre era algo varonil, pero no le extrañaba que esa mierdecilla no lo entendiese.

-A la mierda, estoy harto.

Fue lo que dijo justo antes de empezar a disparar. Otra vez.
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